"(...) Recientemente, en su visita a Estados Unidos, presentó en la ONU una propuesta para impulsar lo que podría llegar a ser la primera resolución de la historia de Naciones Unidas sobre economía social.
¿Qué medidas cree que se pueden introducir para avanzar hacia esa verdadera democracia económica? Hoy existen numerosos debates acerca de, por ejemplo, la introducción de la renta básica o la recuperación de modelos de participación y cogestión de los trabajadores en las empresas, a la manera de lo que fue el plan Rehn-Meidner de la socialdemocracia sueca. ¿Cuáles cree que son los horizontes de lucha más importantes en lo laboral, lo social y lo económico?
Esto es clave. Lo cierto que me sorprendió la acogida que tuvo la propuesta que hacíamos de economía social en el mundo. Esto indica que los países están atentos, y que empieza a crecer una conciencia de que no todo tiene que ser consejos de administración con repartos de dividendos, sino que hay una creciente conciencia de que son necesarias otras fórmulas. Es posible que la resolución se apruebe en Naciones Unidas antes de diciembre.
Respecto a los grandes temas, a la mirada larga, hacia una democracia económica, para una abogada laboralista como yo lo primero y fundamental es pensar la reforma del estatuto del trabajo en el siglo XXI. Me refiero no ya a la mirada subjetiva o nominal del problema, como trabajadores y trabajadoras, sino a la conceptual. El trabajo ya no es el del fordismo, ya no es el del siglo XX. Ahora trabajamos en una plataforma digital en Australia desde una ciudad gallega. Y una buena parte de ese trabajo es el trabajo autónomo: más de 3 millones doscientos mil trabajadores y trabajadoras en España. Por tanto, ahí se precisa una mirada atenta a las transformaciones del trabajo y a sus múltiples conexiones con el todo, con muchas otras dimensiones y transformaciones sociales, económicas, tecnológicas, ecológicas, etc. Esto es clave.
En segundo lugar, como todo el mundo sabe —no voy a invocar ahora a los clásicos del marxismo—, desde el siglo XIX el gran conflicto entre capital y trabajo siempre surge en torno a un concepto del valor que tiene una variable que es el tiempo. Creo que este es el gran debate: hacer una ley de usos del tiempo. Esta es la gran mirada a largo plazo que hacemos, y no es un debate sencillo. Porque no se soluciona con reducir la jornada laboral. Es imprescindible reducir la jornada laboral pero también ir hacia una ley de usos del tiempo en la que los cuidados se coloquen en el centro. Un planteamiento más próximo al de los países nórdicos, con negociaciones bilaterales.
No te adecuas tú a las necesidades horarias del puesto de trabajo, sino que es el puesto de trabajo el que se tiene que adecuar a tus necesidades vitales. Esto es crucial, además, en un país como el nuestro que, sabemos, no tiene suficiente infraestructura social, por ejemplo, en centros de educación de 0 a 3 años, o de 0 a 6, o centros de atención a personas mayores. En nuestro país faltan cosas elementales. Ese es el gran planteamiento.
El debate sobre la democracia económica es fundamental. Hay 18 países en Europa que en sus leyes o textos constitucionales y a través de diferentes fórmulas se refieren a la democracia económica. Es muy curioso, muy llamativo, cómo uno de los preceptos de la Constitución Española de 1978, que habla directamente de la participación de los trabajadores en las empresas, jamás se desarrolló en nuestro país. Curiosamente, lo han metido en un cajón y esta parte de la constitución nunca se ha desarrollado. Obviamente no es ninguna casualidad, sino que es un modelo que ha imperado y del que quieren excluir a los trabajadores y a las trabajadoras.
Siempre que me preguntan sobre esto digo lo mismo: si alguien quiere su trabajo, quiere a su empresa, son precisamente los trabajadores y trabajadoras, que además tomarían decisiones mucho más responsables respecto a sus empresas porque no las tomarían en atención a repartos de dividendos sino por criterios ligados a las necesidades productivas. La mirada de un trabajador a una empresa es en ese sentido muy diferente a la de un empresario o a la de un accionista. Este es el gran tema que creo que está pendiente, que nunca se ha abordado.
Y, desde luego, está también el trabajo autónomo, que hay que revisar completamente, por ejemplo en lo referente a conciliación. Siempre lo digo: cuando trabajaba en mi despacho de abogados en Ferrol, conciliaba porque venía mi madre unas horas y cuidaba a mi hija. Quiero decir, ¿cómo hacemos para que los autónomos y las autónomas puedan conciliar? Es muy complicado, pero por eso mismo tenemos que pensar en esa dirección.
Por último están las subidas al salario mínimo, para las que ya he convocado a la comisión de expertos y expertas para que actualicen los datos salariales que están sin actualizar y por supuesto seguir en esta línea. Pero algo que me gustaría hacer, y en lo que estamos trabajando últimamente, es sacar el foco del salario mínimo y ponerlo en los salarios en general. Es algo que he hablado con el comisario europeo de trabajo Schmit y con el ministro italiano Andrea Orlando; también lo mencioné en la rueda de prensa con Marty Walsh y le pareció muy interesante. Tenemos que hablar de salarios, porque hay gente en las grandes energéticas que ganan a razón de 30 mil, 40 mil euros diarios. Se pone el foco en el salario mínimo y nos contentamos con alguna subida, cuando lo que necesitamos es subir todos los salarios, y de esto también hay que hablar. (...)"
(Entrevista a Yolanda Díaz, Vicente Rubio-Pueyo es lecturer en el departamento de Lenguas Modernas de Fordham University (Nueva York). JACOBINLAT, 21/08/22)
No hay comentarios:
Publicar un comentario