"La cuestión de las sanciones impuestas a Rusia tras la guerra en Ucrania ha hecho correr mucha tinta. Estas sanciones fueron mal pensadas y mal implementadas. Provocarán una grave crisis energética e industrial en los países de la Unión Europea.
De hecho, dada la dependencia de algunos importantes países de la UE de la energía producida por Rusia, desde el comienzo esta idea fue una estrategia perdedora. Por lo demás, de manera general, la eficacia de las sanciones económicas históricamente no ha tenido nunca éxito.
La estrategia de los líderes de los países de la UE (y de personajes como la Sra. Von der Layen) parecen infundadas y peligrosas. Las poblaciones de los países de la UE, por desgracia, probablemente pagarán el precio.
(...) podemos comprobar que la dependencia de Rusia varía según el producto. Es muy alto para gas natural, bajo para gas natural licuado o petróleo obtenido de condensados, y medio para el crudo, carbón, turba y coque.
Un segundo punto que debe analizarse es la capacidad de los países de la UE para sustituir las importaciones de Rusia por otras importaciones. El problema surge obviamente con el gas natural que se transporta por gasoductos. La única sustitución es el Gas Licuado (GNL). (...)
En resumen, la UE tiene una dependencia real del gas ruso. (...)
Por lo tanto, la cuestión de la dependencia de los países de la UE no debe verse solo desde el punto de vista de la energía, aunque se trata de un problema evidente, sino también, desde el punto de vista del suministro de la industria.
Hablamos mucho de posibles cortes de energía para el invierno de 2022-2023, pero tendemos a olvidar el impacto en la industria. (...)
Si tomamos como indicador el volumen de energía importado y el tamaño económico del país, está claro que los países más expuestos son Alemania, Italia, España y Francia.
Alemania es claramente la más expuesta tanto en términos de volumen de energía como de tipos de energía. Para Francia, la cuestión se plantea principalmente para los combustibles y menos para la electricidad. Para Italia, el problema parece ser más o menos del mismo orden que el de Francia, pero también existe una dependencia particular del gas.
Si miramos ahora la exposición por habitante (tabla 2) nos damos cuenta que 3 países pequeños (Bélgica, Austria y Holanda) están muy expuestos. De hecho, la exposición no debería considerar solo a la energía sino, como he dicho, a los usos industriales del petróleo y el gas. Claramente, aquí son Alemania e Italia las que corren mayor riesgo. (...)
En general, vemos que esta crisis energética, que inicialmente fue causada por las sanciones de la UE contra Rusia es una crisis global. Afecta no solo a la producción de electricidad y calor, sino también a la producción industrial debido al uso de gas y petróleo como materias primas industriales. En resumen, la crisis afectará más a los países con una gran industria química y metalúrgica.
2. ¿Existe una alternativa a la dependencia de Rusia?
Por supuesto, existen alternativas creíbles a largo plazo al gas ruso. Van desde la importación de GNL hasta sustituciones parciales de gas por energía nuclear. Pero estas alternativas no hacen más que subrayar la incoherencia de la política de la UE: ésta política pretendió obtener un resultado a corto plazo (el final «inmediato» de la intervención rusa) mientras que la capacidad de la UE para prescindir de los productos energéticos rusos sólo se construirá a largo plazo.
De hecho, parece que el cálculo que hicieron los distintos gobiernos a fines de febrero fue que las sanciones impondrían inmediatamente un coste prohibitivo a la economía rusa. Este cálculo fue totalmente incorrecto. Ahora, que Rusia iba a usar el arma energética frente a las sanciones tomadas por la UE era un asunto más que obvio. El error de estrategia aquí es a la vez grave y máximo. (...)
Si la Unión Europea mantiene una economía fuertemente dependiente del gas durante los próximos veinte años -lo que es más que probable- y si sustituye el gas ruso (y también del holandés que se está agotando rápidamente) por el gas licuado (GNL), tendrá que hacer frente a un aumento global del costo del gas que no debería ser inferior al 25%, o al 30 %.
Este aumento tendrá un impacto significativo en la competitividad de las industrias europeas, y no sólo porque aumentará el precio del gas, sino también, por el precio del petróleo y sus derivados. Además, Rusia seguirá ofreciendo hidrocarburos con importantes descuentos a países como China e India, que tienen una industria fuertemente competitiva.
Esta perspectiva permite comprender la lógica de la elección del gas ruso que hicieron inicialmente Alemania e Italia. Sus gobernantes sabían perfectamente que estaban construyendo una suerte de dependencia al basar sus sistemas de energía en los gasoductos rusos. Pero, esta elección la hicieron con el fin de obtener energía barata para promover la competitividad internacional de sus economías.
La incoherencia, por tanto, no radica en esta elección, sino en el hecho de no haber construido una relación estable de amistad con Rusia y de no haber evitado posible conflictos con ese país con acciones tan provocadoras como la ampliación de la OTAN.
El error estratégico hay que buscarlo mucho más en las políticas de la UE frente a Ucrania desde la década de 2010. El apoyo brindado por la Unión Europea al llamado movimiento “Maidan” fue un trágico error.
Es muy probable que la situación entre la UE y Rusia siga deteriorándose y las exportaciones rusas de productos energéticos a Europa sigan cayendo. Pero, ¿es soportable esta situación ?
La hipótesis “desfavorable” adoptada por los colegas economistas (del INP-RAN) para el gas, sería un desastre para varios países, en particular para Alemania e Italia. Y el gas no es el único culpable. El Petróleo y derivados del petróleo, como el gasóleo, imprescindible para el transporte por carretera y la calefacción, están involucrados. Más allá de los alegatos a la unidad, solidaridad y el apego a las normas comunes de la UE, tenemos que afrontar los hechos.
Incluso con una socialización de las distintas reservas energéticas entre los países de la UE, será necesario saber, tan pronto como comience el invierno, quienes – consumidores o productores- soportarán el impacto de una restricción del suministro de energía.
Si decidimos ayudar a la industria, es decir, a los productores, los recortes afectarán gravemente a la población y se correrá el riesgo de provocar una fuerte reacción social.
Si decidimos ayudar a los consumidores, algunas industrias no podrán funcionar, excepto a un ritmo bajo. Esto tendrá importantes consecuencias económicas, provocará una caída de la producción y bajarán los salarios, hecho que no será bien soportado por una parte de la población, sobre todo en épocas de inflación [5] .
La paralización -o casi paralización- de las entregas de energía por parte de Rusia podría, según un estudio del FMI, aumentar en un 7% el precio los productos básicos para los hogares (...)
En general, el impacto económico de una interrupción de las entregas rusas de gas, petróleo, derivados del petróleo y carbón, será muy importante. (...)
Esto no quiere decir que la llamada operación militar especial de Moscú no debiera ser criticada, pero la idea que podría ser detenida, por las sanciones económicas fue ilusoria desde el principio.
Por tanto, los países de la Unión Europea deben encontrar una salida a la situación actual antes de que el impacto de la interacción entre sanciones y contra-sanciones someta a su sistema político a una tensión insoportable provocando una crisis mayor e irreparable en la UE.
5. ¿Qué hacer?
Siempre podemos decir que Occidente ha pasado por peores pruebas en su historia. Esto es cierto, pero es irrelevante. Porque olvidamos decir que en esos momentos los occidentales estaban en guerra.
Hoy, ningún gobierno de un país de la UE asumirá oficialmente la responsabilidad de decir que está «en guerra» contra Rusia porque, tiene simpatía por Ucrania, al contrario lo que se aprecia son los síntomas de una «fatiga» de ayuda a la Ucrania de Zelensky .
Esta «fatiga» de asistencia sólo puede aumentar al comienzo del año escolar cuando se sientan los efectos negativos de la política de sanciones contra Rusia y cuando, al mismo tiempo, la opinión pública se dé cuenta que el gobierno ucraniano ciertamente no es un modelo de las virtudes que describe la propaganda occidental.
En este contexto, no se puede descartar que determinados gobiernos rechacen la “socialización” de sus reservas energéticas y apliquen la política del “sálvese quien pueda”. Por supuesto, países como Alemania e Italia, pero también Bélgica y Austria, serán los más afectados por esta ruptura de facto de la solidaridad europea.
Un segundo factor es el viaje de G. Schroeder a Moscú a fines de julio de 2022. Este periplo podría indicar que Alemania también está decida a negociar, directa o indirectamente, con Rusia para poner fin a las sanciones y a las contra-sanciones.
Y una pequeña recomendación, sería mejor que esta negociación la
llevara a cabo una alianza de países, incluso bajo la apariencia de la
UE, porque la situación está para una ruptura de la UE ." (Jacques Sapir, Observatorio de la crisis, 18/08/22)
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