28.10.26

La guerra civil en Francia... en 2018, una subida de los impuestos sobre el combustible desató la ira entre las personas que dependen del coche para desplazarse al trabajo. Este levantamiento se conoció como el de los Chalecos Amarillos... Cuando el presidente francés Emmanuel Macron redujo el impuesto sobre el patrimonio, los chalecos amarillos lo interpretaron como un insulto directo... en 2023 Macron quiso elevar la edad de jubilación de los 62 a los 64 años para evitar pagar dos años de pensión a los trabajadores de más edad. De nuevo, en 2025, el primer ministro François Bayrou propuso la supresión de dos días festivos. Para la ciudadanía francesa quedó claro que el tiempo libre de los trabajadores y las protecciones sociales se habían convertido en un recurso para saldar las cuentas del Estado, mientras que la riqueza de los multimillonarios era intocable... La traición a los trabajadores franceses afectó a sus hijos, y ahora son estos hijos los que están en las calles a causa de la traición que han sufrido en carne propia. Toda una generación ha crecido consciente de la brecha entre el discurso republicano y la realidad social... Los jóvenes que salieron a la calle eran demasiado jóvenes para haber formado parte del movimiento de los Chalecos Amarillos, pero ya habían experimentado —a través de sus padres— el gas lacrimógeno y las porras policiales, y habían vivido las protestas por la justicia racial... en 2025, Macron presentó a Rusia como una amenaza para Francia y Europa, y pidió una inversión militar adicional que se financiaría mediante recortes en el gasto social. El presupuesto propuesto para 2027 deja claras las prioridades, para el ejército y la guerra en Ucrania, el Estado francés ha podido encontrar fondos que, según afirmaba, simplemente no estaban disponibles para los programas sociales, incluidos los de educación y sanidad... El impulso procedente de las banlieues se extendió por toda Francia, alimentándose de la ira generalizada contra la actitud de la clase dirigente francesa ante la deflación salarial y la inflación de los precios, el genocidio israelí contra los palestinos, el creciente apoyo militar francés a Ucrania y, por último, el deterioro de los servicios públicos... Habrá más protestas de este tipo, oleadas crecientes de desesperación y desmoralización que no encuentran una salida fácil ante el compromiso europeo con la guerra y la austeridad (Vijay Prashad)

"Los estudiantes de los suburbios de París salieron a la calle simplemente para que los profesores volvieran a las aulas, para que hubiera suficientes pupitres para sus compañeros y para que el Estado construyera edificios escolares adecuados para la experiencia educativa. Estos suburbios, o banlieues, son el refugio de los trabajadores pobres de Francia, principalmente comunidades no blancas que habían llegado a Francia procedentes de sus colonias. La clase dirigente francesa no quiere hablar de racismo, envuelta en su ideología oficial del universalisme (universalismo republicano). Pero el racismo por parte del Estado (en particular de la policía) y de los partidos de extrema derecha es real, y la degradación de los servicios en las banlieues demuestra a los franceses no blancos que se les están negando sistemáticamente sus derechos. Por ello, cada pocos años, los jóvenes de las banlieues salen a la calle para exigir justicia.

El impulso procedente de las banlieues se extendió por toda Francia, alimentándose de la ira generalizada contra la actitud de la clase dirigente francesa ante la deflación salarial y la inflación de los precios, el genocidio israelí contra los palestinos, el creciente apoyo militar francés a Ucrania y, por último, el deterioro de los servicios públicos. Detrás de este abanico de reivindicaciones se esconde una pregunta fundamental: ¿qué tipo de futuro ofrece la República Francesa a sus jóvenes?

Deflación salarial, inflación de los precios

El 17 de octubre, la confederación sindical CGT contabilizó cerca de 800 000 personas, algunas de ellas procedentes de sindicatos, en las manifestaciones celebradas por toda Francia. Entre sus reivindicaciones figuraban salarios y pensiones más altos, precios más bajos y unos servicios públicos adecuados a las necesidades de la población. Las imágenes de edificios en llamas y tiendas saqueadas han dominado la cobertura mediática internacional y suelen utilizarse para desacreditar las protestas. Pero estas imágenes no explican por qué cientos de miles de personas, encabezadas por la clase trabajadora, han participado en toda Francia. Las escuelas están masificadas, los medios de vida son precarios y los hogares están agotados; nada de esto puede ser ignorado por el Gobierno francés, que quiere alegar que esta protesta no es representativa del pueblo francés en su conjunto. El escaparate roto no es tan significativo para las protestas como la promesa social incumplida que ha llevado a la gente a salir a la calle.

En 2018, una subida de los impuestos sobre el combustible desató la ira entre las personas que dependen del coche para desplazarse al trabajo. Este levantamiento se conoció como el Mouvement des gilets jaunes (Movimiento de los Chalecos Amarillos) porque quienes acudieron a la protesta llevaban los chalecos amarillos que se utilizan en caso de emergencia vial. Cuando el presidente francés Emmanuel Macron redujo el impuesto sobre el patrimonio, los chalecos amarillos lo interpretaron como un insulto directo. La gente se reunió en las rotondas de toda Francia, unida por sus quejas comunes contra la clase dirigente francesa. El Gobierno dio marcha atrás en el aumento del impuesto sobre el combustible, lo que fortaleció a los chalecos amarillos. Las brasas del movimiento de los chalecos amarillos permanecieron encendidas incluso después de que la gente regresara a sus hogares, y resurgieron en las calles en 2023 cuando Macron recurrió a un artículo de la Constitución para sacar adelante su legislación sobre las pensiones sin someterla a votación en la Asamblea Nacional. Quería elevar la edad de jubilación de los 62 a los 64 años para evitar pagar dos años de pensión a los trabajadores de más edad, muchos de los cuales simpatizaban con las reivindicaciones de los chalecos amarillos. De nuevo, en 2025, el primer ministro François Bayrou propuso un recorte presupuestario de 43 800 millones de euros, que incluía la supresión de dos días festivos. Para la ciudadanía francesa quedó claro que el tiempo libre de los trabajadores y las protecciones sociales de las que disfrutaban se habían convertido en un recurso para saldar las cuentas del Estado, mientras que la riqueza de los multimillonarios era intocable.

La traición a los trabajadores franceses afectó a sus hijos, y ahora son estos hijos los que están en las calles a causa de la traición que han sufrido en carne propia. Toda una generación ha crecido consciente de la brecha entre el discurso republicano y la realidad social. Esa promesa se ha ido deteriorando durante años, ya que el Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos (INSEE) de Francia constató que 9,8 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza en 2023, con una tasa de pobreza (15,4 %) que es la más alta desde que se iniciaron las series estadísticas en 1996. Los más afectados son los niños y las familias monoparentales. En las banlieues, la pobreza es el estado natural, y esta pobreza está entrelazada con el racismo cotidiano. La movilización francesa de Black Lives Matter comenzó durante la campaña en favor de la justicia para Adama Traoré (un joven de 24 años de ascendencia maliense) que murió bajo custodia de la gendarmería en julio de 2016, y se intensificó hasta convertirse en manifestaciones de decenas de miles de personas en junio de 2020, cuando la hermana de Traoré, Assa, encabezó una marcha hasta el juzgado de París. La protesta aúno las experiencias de violencia policial vividas por personas negras y árabes de clase trabajadora en las banlieues. Los jóvenes que salieron a la calle eran demasiado jóvenes para haber formado parte del movimiento de los Chalecos Amarillos, pero ya habían experimentado —a través de sus padres— el gas lacrimógeno y las porras policiales, y habían vivido las protestas por la justicia racial.

Palestina

Detrás de las actuales protestas en Francia se esconde la represión del establishment francés contra quienes querían oponerse al genocidio de los palestinos. El 12 de octubre de 2023, menos de una semana después de que comenzara la nueva ola de violencia contra los palestinos en Gaza, el ministro del Interior, Gérald Darmanin, ordenó a los prefectos que prohibieran las manifestaciones en apoyo a Palestina. Esa noche, la gente se reunió en la Place de la République de París con banderas palestinas, antes de que la policía los dispersara con gas lacrimógeno y cañones de agua. El 18 de octubre, el Consejo de Estado aclaró que los prefectos no podían prohibir todas las protestas en favor de Palestina, sino solo aquellas que entrañaran riesgo de desorden. Esto no supuso ningún consuelo, ya que la mayoría de las protestas se enfrentaron a la represión, y la mayoría de ellas acabaron girando en torno al derecho a manifestarse más que a Palestina.

En Sciences Po (París), al igual que en otros campus, los estudiantes organizaron reuniones y ocupaciones para manifestarse en contra de las colaboraciones de su institución con instituciones israelíes. Durante la noche del 24 de abril, la universidad llamó a la policía antidisturbios para expulsar a sesenta estudiantes del campus. Esto demostró a los estudiantes que los valores universales que promovían sus instituciones se habían dejado de lado con impaciencia ante los estudiantes que pedían que esos valores se aplicaran a los palestinos. La crisis de credibilidad de las instituciones francesas ha motivado durante los últimos años a los estudiantes, que han visto cómo su Gobierno distinguía entre vidas dignas de defensa (Ucrania) y vidas que pueden abandonarse (Palestina). Los recursos destinados a la reparación social, en la misma línea, se redirigen hacia objetivos militares: la facilidad con la que la clase dirigente francesa ha encontrado fondos para reforzar su ejército y armar a Ucrania ha dejado atónitos a los activistas estudiantiles.

Ucrania

El 5 de marzo de 2025, Macron presentó a Rusia como una amenaza para Francia y Europa, y pidió una inversión militar adicional que se financiaría mediante recortes en el gasto social. «Para lograrlo», dijo Macron, «necesitamos reformas, decisiones y valentía». Pase lo que pase con la guerra, Macron afirmó que Europa tendría que rearmarse. El 13 de julio de 2025, Macron comunicó a las fuerzas armadas en el Hôtel de Brienne que elevaría el presupuesto anual de defensa a 64 000 millones de euros para 2027, el doble de su nivel de 2017 en términos nominales. «Si nuestra libertad tiene un precio, aquí está», afirmó Macron, al tiempo que insistió en que Francia no recurriría al endeudamiento ni subiría los impuestos para financiar este aumento.

El presupuesto propuesto para 2027 deja claras las prioridades: destina 63 400 millones de euros a defensa, lo que supone un aumento del 11 % con respecto a 2026. Los principales programas de armamento recibirían 17 200 millones de euros, un incremento del 11 % respecto a 2026. En lo que respecta al ejército y a la guerra en Ucrania, el Estado francés ha podido encontrar fondos que, según afirmaba, simplemente no estaban disponibles para los programas sociales, incluidos los de educación y sanidad. La seguridad se define como ayuda militar a Ucrania y no como el aumento de fondos para mejorar las condiciones materiales que permiten a las personas vivir con dignidad. Las prioridades de la clase dirigente francesa se oponen, una vez más, claramente a las prioridades de la clase trabajadora del país.

Lo que ha avivado la guerra civil en Francia ha provocado revueltas en toda Europa, con cientos de miles de personas en las calles desde Albania hasta Italia y Francia. El detonante es diferente en cada caso: el desahucio de Maricarmen Abascal (de 87 años) de su piso en Madrid desencadenó las protestas en España, mientras que en Albania el motivo de la «Revolución Flamenco» fue un complejo turístico que estaba construyendo una empresa de inversiones vinculada a Jared Kushner e Ivanka Trump. Pero los problemas sociales subyacentes son los mismos (el aumento de los precios de la vivienda, la caída de los salarios y el colapso de la red de protección social). Habrá más protestas de este tipo, oleadas crecientes de desesperación y desmoralización que no encuentran una salida fácil ante el compromiso europeo con la guerra y la austeridad.

Resultados

El resultado sigue siendo incierto y peligroso. Las protestas van y vienen en oleadas, que se institucionalizan a su manera. De los Chalecos Amarillos surgieron asambleas locales, que a su vez celebraron una Asamblea de Asambleas en Commercy en enero de 2019. No surgió ningún partido nacional unificado, pero algunos de los participantes en las asambleas se presentaron a las elecciones municipales con un éxito limitado. Las protestas de Black Lives Matter reforzaron el Comité de Adama y otras redes que luchan contra la violencia policial, forjando alianzas con los Chalecos Amarillos, como en la movilización conjunta en Beumont-sur-Oise en julio de 2019. Lo que sigue sin resolverse es cómo convertir estas capacidades dispersas en una fuerza política duradera con un programa común capaz de hacer frente a la austeridad, la militarización y el racismo. Cuando los partidos de izquierda se unieron en 2024 en la alianza del Nuevo Frente Popular (NFP) —que incluía al Partido Comunista de Francia, La France Insoumise, el Partido Socialista y una serie de otros partidos— y obtuvieron el mayor número de escaños en las elecciones legislativas francesas.

Las jerarquías de la administración francesa impidieron que el Nuevo Frente Popular reclamara el cargo de primer ministro. Queda por ver si estas protestas podrán influir en las elecciones presidenciales de 2027, sobre todo si el NFP es capaz de aúnar fuerzas en torno a un único candidato (probablemente Jean-Luc Mélenchon). A medida que el centro se ve deslegitimado, es más probable que la ventaja recaiga en la extrema derecha de un tipo especial liderada por la Agrupación Nacional de Marine Le Pen. Esta extrema derecha utilizará la inseguridad como argumento contra los migrantes y convertirá la ira en demandas de mayor represión. Esto va totalmente en contra de los sentimientos de los jóvenes que han pedido los medios para formarse y vivir, y hacerlo con dignidad." 

( , CounterPunch, 27/10/26, traducción Salvadro L. Arnal) 

No hay comentarios: