"(...) El fantasma del desempleo, de la recuperación lenta y de la deflación
sobrevuela sobre las sociedades europeas. La principal razón es que la
política económica de la zona euro sigue bajo la influencia de malas
ideas y de prioridades equivocadas. Veamos.
Primero. El desempleo es el principal problema social y económico,
pero no es un problema político prioritario en Europa. En Estados Unidos
sí lo es. Ben Bernanke, el expresidente de la Reserva Federal, afirmó
que haría todo lo necesario, durante todo el tiempo necesario, hasta que
el desempleo bajase del 7,5%. (...)
Mario Draghi afirmó que el Banco Central Europeo (BCE) haría todo lo
necesario para “salvar el euro”, pero no dijo nada de salvar el empleo y
la economía. Europa no tiene bien definidas sus prioridades, la
estabilidad de la moneda domina sobre el empleo. Es una mala prioridad.
Segundo. En 2010, a la salida de la recesión de 2009, EE UU continuó
con las políticas de ayuda a la economía. Esas políticas han logrado
crear empleo, mantener un moderado crecimiento y reducir la deuda. En
Europa, por el contrario, se impuso el mantra de la austeridad como
solución a todos los problemas.
El resultado ha sido una segunda
recesión autoinfligida, que ha aumentado el paro, la desigualdad y la
deuda. La austeridad no funciona. Punto. Es una mala idea.
Por qué esta mala idea domina la política económica europea es intrigante. (...)
Tercero. Como la austeridad no funciona y ha perdido todo crédito
intelectual, los responsables de la política económica europea la han
sustituido por un nuevo mantra: la devaluación interna. Es decir, por
las reducciones salariales sistemáticas. Es también una mala idea.
Tampoco funcionará. Al contrario, complicará la vida europea en todas
sus dimensiones. (...)
No está de más señalar que los salarios no fueron los causantes de la
crisis. Al contrario, los salarios reales, y su participación en la
renta nacional, han venido descendiendo desde los noventa. De hecho, la
expansión del crédito a familias que no podrían devolverlo ha sido
interpretado por algunos economistas como un intento de darles la
capacidad de compra que no tenían vía salarios. El resultado lo hemos
visto y lo estamos padeciendo. (...)
Cuarto. De la misma forma que la austeridad provocó una segunda
recesión, la devaluación salarial sistemática puede abocar a la economía
europea a una deflación prolongada, que hará más difícil aún el
desendeudarse. (...)
La historia no se repite, pero rima. Y la que estamos viviendo hoy en
Europa rima demasiado con lo que ocurrió a principios de los años
treinta. Algo va mal con la Unión Europea. (...)" (
Antón Costas
, El País, 16 MAR 2014 )
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