"(...) Que el problema mayor que causa la Gran
Recesión es la demanda, no es difícil de mostrar. Se acaba de publicar
una encuesta realizada entre empresarios europeos en la que se les
preguntaba sobre las causas que les habían forzado a reducir su
actividad económica durante la crisis conocida como la Gran Recesión.
En
todos los países, la principal causa de que tuvieran que disminuir su
producción de bienes y servicios fue, según los empresarios, la
reducción de la demanda de tales bienes y servicios. Es decir, que la
gente compraba mucho menos de sus productos y servicios de lo que hacía
antes.
Esta era, con mucho, la mayor causa de que tuvieran que disminuir
su producción. Los españoles, por cierto, fueron los empresarios que
presentaron un porcentaje más grande (62% frente al 38% en el promedio
de la Unión Europea, UE) que indicaba la reducción de la demanda como su
mayor dolor de cabeza.
Seguía por detrás el acceso al crédito
bancario, señalando la dificultad de acceso a él como una causa de sus
dificultades.
Y muy en tercer lugar (con unos porcentajes muy bajos)
aparecía el nivel salarial de sus empleados como una causa del descenso
en la actividad económica de su empresa (todos estos datos proceden del
artículo de Ronald Janssen “No Investment But Reforms Until the Economy
Tanks Again”, Social Europe Journal, 03.12.14).
Estos datos y muchos otros publicados, tanto en las revistas científicas
como en los medios que gozan de credibilidad, muestran lo desacertadas
que son las propuestas que están haciendo tanto el Banco Central Europeo
como la Comisión Europea y el Consejo Europeo, así como el Fondo
Monetario Internacional (FMI), que continúan insistiendo en que una
condición indispensable para salir de la crisis es continuar con las
medidas de austeridad (que quiere decir reducir más y más el gasto
público, y muy en especial el gasto público social) y con la
profundización de las “reformas estructurales” (que quiere decir,
facilitar el despido de los trabajadores por parte de los empresarios a
fin de reducir los salarios). (...)
El lector se preguntará por qué entonces
estos organismos continúan proponiendo estas medidas. La respuesta es
múltiple, e incluye desde una gran incompetencia de algunos dirigentes
de estos organismos (hay que recordar que Rodrigo Rato llegó a ser
director del FMI) hasta la creencia extendida entre el personal de
tales agencias (personal muy cosmopolita y bien pagado) de que la manera
de salir de la crisis es mediante el crecimiento de las exportaciones
(en lugar de un aumento de la demanda doméstica), asumiendo que la
reducción de los salarios es una manera de incentivar las exportaciones
(y disminuir la demanda de importaciones, y con ello disminuir el
déficit comercial).
El problema con esta creencia es que el
sector exportador es, en cualquier país, un sector minoritario, cuya
influencia sobre toda la economía, en países como España, es
relativamente menor.
De ahí que su capacidad para estimular la economía
sea relativamente escasa. Y España es un ejemplo de ello. El sector
exportador ha sido exitoso durante todos los años de crisis sin que haya
permitido sacar a la economía de la crisis.(...)
Pero sería equivocado ver esta
insistencia en promover aquellas políticas solamente como un error o
como “una estupidez económica” (ver Joseph Stiglitz, “The Politics of
Economic Stupìdity”, Social Europe Journal, 21.01.15).
En realidad, sin
excluir que haya incompetencia (y claramente la hay), hay que concluir
que los grandes beneficiarios de estas políticas, que son
predominantemente el capital financiero, están hoy dominando el mundo,
no solo político-institucional, sino también el mediático y académico
(financia la gran mayoría de centros de investigación económica, y
revistas económicas) que continúa promocionando el dogma que sustenta el
aparato ideológico que lo sostiene (ver Los Amos del mundo. Las armas
del terrorismo financiero, de Juan Torres y yo).
Y en la Eurozona el
capital financiero alemán es el que domina el capital financiero europeo
que ejerce una desmesurada influencia sobre las instituciones del Banco
Central Europeo, de la Comisión Europea y del Consejo Europeo.
Pero tal aparato ideológico se está
desmoronando hoy a los dos lados del Atlántico Norte, donde la
percepción generalizada es que estas políticas han sido un desastre. (...)"
(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 12 de febrero de 2015. en www.vnavarro.org, 12/02/2015)
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