"La semana pasada estalló un episodio de turbulencia en los grandes
bancos internacionales. Una de sus manifestaciones se centró en el
Deutsche Bank, el grande de los bancos alemanes. Las acciones se
precipitaron en una caída en la que su precio llegó al nivel más bajo de
los últimos 30 años.
Cuando la dirección de Deutsche declaró que la entidad podía cubrir
sus deudas, la confianza de los inversionistas se mermó aún más, al
contrario de lo que se esperaba. Pero los directivos insistieron,
señalando que el banco era
sólido como una roca, el ministro de finanzas, Schäuble, dijo que no estaba preocupado por la situación del banco, y las acciones seguían bajando.
La situación de Deutsche no era única. Otros grandes bancos: Credit
Suisse, Standard Chartered, Bank of America, Merrill Lynch y Morgan
Stanley también registraron fuertes pérdidas. Todo esto tiene eco en la
crisis financiera de 2008.
Las interpretaciones que se dieron sobre esta condición fueron las
que se han vuelto convencionales en esta etapa en que la fragilidad
económica y financiera a escala global se han acentuado de nueva cuenta.
Se trata del relativo estancamiento de la economía china, de la
abrupta y persistente caída de los precios del petróleo, o bien, del
efecto de las políticas monetarias aplicadas por los principales bancos
centrales, que han llevado las tasas de interés a niveles negativos en
términos nominales.
El efecto de estas condiciones acaba incidiendo en la expectativa de
pérdidas en los créditos bancarios. Los rasgos son los conocidos y que
definen las crisis. Esto puede parecer un asunto lejano para la mayoría
de los mortales, después de todo, no tenemos acciones de estos bancos.
Pero no es así, las repercusiones afectan al proceso económico y a la
gente en general. No cabe ignorarlo.
Todo esto ocurre en un entorno de muy bajas tasas de inflación o, de
plano, de deflación. El mercado es muy sensible a la caída del nivel de
los precios, puesto que cambia de modo radical las expectativas de
ganancias y afecta negativamente las decisiones de inversión con las
secuelas de rebajas en la actividad productiva, el empleo y los
ingresos. (...)
Ante la caída del precio de las acciones del banco J. P. Morgan (el
más grande de Estados Unidos por sus activos), el director Jamie Dimon
compró acciones por valor de 26 millones de dólares. Se dice que esto
demuestra la confianza que tiene en su banco. Lo cierto es que las
compró a un precio muy reducido y, seguramente, no va a perder su
patrimonio.
El Deutche Bank también recompró a menor precio sus propias
acciones y provocó que aumentaran 10 por ciento su cotización. Las
acciones de los bancos europeos están en el nivel histórico más bajo.
Todo esto genera malas expectativas y, por otro lado, una renovada
especulación.
Los bancos centrales están en el centro del alboroto, tratan de
contrarrestar la tendencia deflacionaria que empuja la actividad
económica hacia la recesión. Las tasas de interés negativas son un
indicador de las malas condiciones prevalecientes y exhiben las
limitaciones de las políticas de austeridad.
Luego de subir las tasas de
referencia, la Reserva Federal indica ahora que podría incluso
volverlas a bajar e incluso llevarlas a territorio negativo. La
situación muestra, otra vez, la relevancia del alboroto económico
predominante. (...)" (León Bendesky – La Jornada, en Attac España, 24/02/16)
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