"(...) En
el caso de la presidenta Dilma, el único crimen que le atribuyen se
refiere a la administración de las finanzas públicas: en 2015, para dar
continuidad a los programas sociales, retrasó el crédito a los bancos
públicos, que tuvieron que asumir con sus propios recursos y que fueron
después resarcidos por el Gobierno.
Una práctica común en la
administración pública, practicada por los presidentes anteriores y que
la jurisprudencia del Tribunal de Conta nunca había considerado
suficiente para decretar la no aprobación del presupuesto público; sólo
en el caso de la presidenta Dilma. Y que, de cualquier forma, no
constituye un “crimen” suficiente para derribar a una presidenta electa
con 54 millones de votos.
Es importante resaltar que Dilma no está acusada en
ningún caso de corrupción, mientras el presidente de la Cámara, Eduardo
Cunha, que dirige el impeachment, está acusado de varias tramas
de corrupción vinculadas a la Lava-Jato y a otros episodios. Lo mismo
sucede con decenas de diputados y senadores.
Por esto, tenemos la
paradoja de una cámara con decenas de imputados en procesos criminales
que va a juzgar por crimen de responsabilidad a una presidenta que no
está implicada en ninguna acusación.
Por eso, se trata de un golpe, porque en un régimen presidencialista no
es suficiente la falta de apoyo político o la baja popularidad debido a
la crisis económica para expulsar la presidenta del Gobierno.
Las cosas están aún más graves porque el vicepresidente Michel Temer,
del PMDB, el mayor partido de apoyo al gobierno desde los tiempos de
Lula, es el principal articulador del golpe junto con Eduardo Cunha. La
semana pasada, el PMDB decidió retirar el apoyo a la Presidenta y exigir
la dimisión de todos los ministros del partido…obviamente menos del
propio. Temed, porque, en caso de impeachment ¡sería él el que asumiría la presidencia!
Y ésta es otra anomalía, ya que una vez que el vicepresidente también
firmó los mismos decretos que Dilma, debería ser objeto de impeachment
como la presidenta. (...)
Es en este contexto, aparecen las manifestaciones en la calle; de un lado, las de clase media apoyadas por la televisión; por el otro, las de los movimientos sociales y partidos de izquierda. Aquí se nota claramente el carácter de clase de la disputa: contra el gobierno están los blancos y los ricos, y también sectores de la extrema derecha que tienen saudade del régimen militar.
Por otro lado, están los militantes y la población de rentas bajas beneficiada por los programas de inclusión social.
En las próximas dos semanas, la cámara decidirá a favor o contra el impeachment: el resultado es imprevisible.
Hasta el momento ha aumentado la violencia verbal y el clima de odio, pero no se llegó a la violencia física: esperemos que continúe así y que el golpe sea derrotado. Si así no fuera, tendremos tiempos sombríos en Brasil y en toda Latinoamérica. " (Giuseppe Tosi, Público, en Jaque al neoliberalismo, 10/05/16)
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