"(...) Toda la banca europea está en la picota, y con ella la actitud del
Banco Central Europeo. Afronta su segunda crisis en menos de una década,
siendo el propio modelo bancario el que está en entredicho.
Además la
política de tipos de interés no ayuda. Los tipos a cero no sólo no han
asfixiado el margen bancario sino también el recurso a la compra-venta
de deuda, que también se ha quedado sin margen. Dejen ya de ocultar en
los cajones activos que no valen nada, obliguen a poner todo encima de
la mesa, como lo hicieron en Suecia en 1992, y que apechuguen sus
acreedores.
El problema es que mientras en 2008 con un corte de pelo al
bonista sénior era suficiente, me temo que ahora no. En el trasfondo
subyace un diseño institucional del Euro ineficiente, que no solo no
anticipó sino que alentó que los pasivos bancarios se convirtieran en
deuda pública en situaciones de crisis, impidiendo la restructuración
privada de la deuda.
El papel de los Bancos Centrales
Y
en el trasfondo, el papel de los Bancos Centrales. Deberían haberse
preocupado por un correcto mecanismo de transmisión de la política
monetaria a través del flujo o canal crediticio. Sin embargo, no ha sido
así. La autoridad monetaria se empecinó en proteger a la banca
sistémica, cuya excesiva asunción de riesgos y prácticas abusivas
causaron la crisis de 2008. Subsidió a los bancos demasiado grandes para
quebrar.
Pero además, la política monetaria implementada es
inefectiva en recesión de balances. Solo genera una mera ilusión óptica,
vía inflación de activos. Cuando un banco central realiza expansión
cuantitativa en un mercado donde los inversores ya están inclinados a
buscar riesgo sin importarle el precio, el exceso de la base monetaria
actúa como una patata caliente que pasa de un inversor a otro.
Hablamos
ya abiertamente de Juego Ponzi. Las políticas monetarias son
completamente inútiles en un entorno de deudas privadas excesivas y
mercados financieros sobrevalorados, siempre acaban en recesión de
balances.
Existían y existen alternativas a la delicada situación
actual. Por un lado, una reestructuración del sector bancario a costa de
sus acreedores, imponiendo límites al tamaño de los bancos. Se trataría
de terminar con la financiarización de la economía.
Por otro, una
expansión del gasto público financiado vía monetización o “señoreaje”
centrada en nuevos proyectos energéticos, tecnológicos, de mejora de la
educación, sanidad, del sector exportador…. Finalmente, la política
monetaria debería dirigirse a aliviar directamente la deuda de familias,
no de la banca, de manera que permita mantener un nivel de gasto
razonable.
Sin embargo no se ha hecho nada de esto. Simplemente se
ha protegido la riqueza de la superclase. A diferencia de la mayoría de
los ciudadanos, la élite bancaria y financiera tiene la mayor parte de
su riqueza financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que
se evaporarían si se dejasen caer a los bancos.
Si se reestructura el
sistema bancario y se redujera su tamaño acorde con la economía real,
serían los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Obviamente ni
lo han tolerado ni lo tolerarán. En su lugar, han diseñado una
estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantiene,
así como las instituciones que la controlan, y lo han hecho a nuestra
costa. Y ahora pretenderán hacer lo mismo. ¿Se lo consentiremos?" (Juan Laborda, Vox Populi, en Caffe Reggio, 29/09/16)
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