"Permítanme una pequeña confidencia. Sí, lo reconozco, estoy cansado de
los análisis simples, vacuos, que se hacen por estos lares. Nos han
estado torturando, la inmensa mayoría de los medios de comunicación
patrios, con la ayuda inestimable de cierta “academia”, de los mil y
unos males de la subida del salario mínimo -resulta hasta obsceno su
“apoyo” en curvas empíricas espurias-.(...)
Nos atontan constantemente con que los gobiernos son como las familias y las empresas, y que están sujetos a restricciones presupuestarias.
Obviamente no entienden cómo funcionan los sistemas monetarios fiat modernos,
y tampoco comprenden identidades básicas como las balanzas sectoriales
de una economía. Y, para rematar su “linda” faena, nos han mareado hasta
la extenuación con lo insolidarios que son los británicos, lo mal que
les va a ir fuera de la Unión Europea. Se equivocan todos y cada uno de ellos.
A
Reino Unido, con soberanía monetaria, subida del salario mínimo, y tras
abandonar la austeridad presupuestaria, le va a ir bien. Junto a Islandia son las democracias más antiguas. Por el contrario, la Unión Europea se está convirtiendo en una máquina de generar fascistas. Próxima parada, Francia e Italia.
Un falso europeo
El modelo
híper-exportador alemán ya está finiquitado, por mucho que algunos lo
intenten alargar. La enésima barrabasada es el falso New Deal verde
que presentó hace unas semanas la Comisión Europea. Se pretende
favorecer una nueva extracción de rentas privadas con la excusa del
cambio climático, cuyo único beneficiado, en la sombra, será el sector industrial alemán y sus satélites de mano de obra barata,
los antiguos países de Este.
Lo alucinante es que las élites españolas,
francesas o italianas aceptaran, y continúen aceptando, sin rechistar,
un modelo de crecimiento económico perjudicial para la salud de sus
conciudadanos. Y todo en nombre de un europeísmo falso.
Cabría esperar que, en algún momento, nuestros políticos y prohombres de
empresa reaccionarían, cambiarían de rumbo, y que buscarían un nuevo
marco económico más equilibrado entre países y ciudadanos. Pero, hete
aquí, que todo sigue igual. Repito una idea muy sencilla, asumida por
ingleses, estadounidenses, canadienses, japoneses, australianos,
neozelandeses, o islandeses.
Los gobiernos que emiten sus propias monedas
ya no tienen que financiar su gasto, ya que los gobiernos emisores de
moneda nunca pueden quedarse sin dinero. El culto a la austeridad se
deriva de la lógica del patrón oro y no son aplicables a los sistemas
monetarios fiat modernos.
Salario mínimo y austeridad
Reino Unido, tras abandonar la Unión Europea,
con políticas diametralmente opuestas a las que se siguen por estos
lares, podría ser la prueba del algodón que ponga de manifiesto el timo
del modelo híper-exportador alemán, y la distopía actual del Euro. Reino
Unido tiene soberanía monetaria, con un banco central que entiende la
endogeneidad del dinero y comprende la Teoría Monetaria Moderna. Pero
ahora, además, el nuevo gabinete de Boris Johnson se va a quitar el corsé de la austeridad.
Han entendido el dominio aplastante del principio de demanda efectiva, y
van a aumentar el gasto público en sanidad y educación. A la vez, en
abril de este año, subirán notablemente el salario mínimo. ¡Qué
izquierdista peligroso y populista este Boris Johnson! Reino Unido
demostrará con estas políticas lo tremendamente equivocados que se
encuentran en Bruselas, Berlín, París o Madrid.
Pero aquí nuestros políticos, especialmente el trío de las derechas
patrias, cierran los ojos, y mienten sobre el salario mínimo o la
política presupuestaria. Para ello cuentan con la ayuda inestimable de
ciertos economistas, y algunos servicios de estudios, que defendían que
la subida del salario mínimo iba, en principio, a generar paro, y que,
después, a última hora, según ellos, solo habría frenado la generación
de empleo. Falso.
Con una “curva empírica” dicen “demostrar” que existe
una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo
de las empresas, cuando en realidad es espuria, ya que una vez que
controlamos por el nivel de deuda privada dicha relación desaparece.
La Unión Monetaria Europea (UME) es un sistema defectuoso
desde sus orígenes. Se hizo caso omiso de los informes precedentes
(Werner, 1970; MacDougall, 1977) donde se avisaba de la necesidad de una
instancia fiscal federal y de los peligros de dejar todo en manos de un
Banco Central, como una parte no constituyente del gobierno, y de
establecer, en este contexto, unos tipos de cambio fijos entre los
estados miembros. Todo ello se puso de manifiesto con la Gran Recesión. Ésta sacó a relucir de qué iba realmente esto del euro.
Desde
el inicio de la crisis de la eurozona había soluciones más eficientes y
más justas, ampliamente entendidas por cualquier economista, y que no
eran difíciles de implementar -al menos técnicamente, otra cosa es la
política-. Había un camino alternativo, cancelación de deudas y mucha
menos austeridad. Pero este camino no fue tomado. La deuda (sobre todo
privada) fue utilizada como una excusa para apretar el orden económico neoliberal
dentro de un marco federalista conservador.
La alternativa habría
ayudado a preservar el modelo social europeo y habría cambiado la agenda
neoliberal. Pero fueron ignoradas. Las consecuencias ya las sabemos.
Pero en Bruselas siguen sin entender nada, ni tan siquiera nuestra
historia reciente. Pues ale, a disfrutar, que sigan así, de victoria en
victoria hasta la derrota final. " (Juan Laborda, Vox populi, 06/02/20)
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