"(...) Esta gravísima crisis ha constatado la fuerte dependencia de la energía eléctrica
en una sociedad como la nuestra.
La electricidad ha permitido el
funcionamiento de nuestras infraestructuras sanitarias y ha garantizado a
través de las redes y los sistemas de comunicación la permanente
información entre gobiernos y ciudadanos. Nuestro futuro, basado en la
digitalización, necesita que se garantice el suministro de energía y la seguridad de las redes eléctricas.
En un mundo que se encuentra en plena transición de las energías fósiles a las fuentes renovables, como la energía eólica y
la solar, la mejora del almacenamiento de energía eléctrica resulta de
vital importancia para propiciar el uso de estas tecnologías, asegurando
el máximo de eficiencia energética y el equilibrio del sistema.
El almacenamiento eficiente de energía es un pilar fundamental de la transición energética:
permite flexibilizar la producción de energía renovable y garantizar su
integración en el sistema. Al principio del proceso de transición y al
objeto de garantizar la estabilidad del sistema eléctrico, seguirán siendo necesarias las centrales de ciclo combinado que utilizan el gas natural como combustible. (...)
Habrá que apostar de forma inequívoca por la digitalización de las redes,
las llamadas “smart grids” (redes inteligentes) que permiten “integrar
de forma eficiente el comportamiento y las acciones de todos los
usuarios conectados a ella”, asegurando un sistema energético
sostenible, con bajas pérdidas y altos niveles de calidad y seguridad de
suministro. Otro elemento a tener en cuenta será la ciberseguridad para evitar la vulnerabilidad de las redes a los ataques cibernéticos. (...)
La transición energética supondrá un cambio estructural en los
sistemas energéticos. La transición en curso supone la sustitución de
las fuentes contaminantes por energías limpias además de la progresiva descarbonización y electrificación de la economía.
La era post-Covid podría ser una excelente oportunidad para acelerar la transición energética. (...)
Los fondos públicos deben utilizarse para invertir en el futuro, no
en el pasado, y fluir hacia sectores y proyectos sostenibles que ayuden
al medio ambiente y al clima. Se debe poner fin a los subsidios a los
combustibles fósiles, potenciando la utilización de las energías
renovables cuyos costes de generación cada vez son más competitivos.
Se debería apostar por el hidrógeno y las nuevas tecnologías como la Power-to-X , que permiten la reconversión y el almacenamiento de energía
eléctrica, utilizando generalmente los excedentes de origen renovable.
Cada vez será más necesario invertir en sistemas energéticos flexibles
que puedan atender mejor a la demanda de energía en momentos de baja
generación de energía de las renovables.
Por tanto, la era
post-Covid puede ser una excelente oportunidad para favorecer la
transición energética e intentar construir un mundo más saludable." (Manuel Gómez Acosta, Crónica Global, 12/05/20)
No hay comentarios:
Publicar un comentario