"El motivo oficial de los recortes de sus gastos que el Estado viene
haciendo desde 2010, particularmente de los sociales y los de inversión,
es la necesidad de reducir el déficit público –o de frenar su
crecimiento- en una situación en la que los ingresos caen por culpa de
la crisis económica. La presión europea completa esa visión oficial de
las cosas. (...)
El gobierno del PP repite ese mantra desde que ganó las elecciones en
noviembre de 2011 (antes de esa fecha, Rajoy evitó pronunciarse sobre
esa cuestión). (...)
Porque lo que España necesita, y bastante más que
cualquier otro país de nuestro entorno, es una reforma fiscal que
aumente de manera sustancial los ingresos estatales. Es la única manera
de parar la insensata carrera de los recortes.
Que si prosiguen al ritmo
actual durante unos cuantos años más, reducirán nuestro Estado a una
caricatura del actual, que ya es bastante más reducido que el de 2008.
Y la única vía para aumentar los ingresos consiste en lograr que paguen
impuestos todos los que tienen que pagarlos y que lo hagan en la medida
que en justicia les corresponden. Pero eso hoy sería una revolución
–tan gorda y tan seria como cualquier otra- en un país como el nuestro,
en el que hoy el fraude y la evasión fiscal –sobre todo la tolerada o no
perseguida-, así como las exenciones y deducciones fiscales sin cuento y
sin razones de peso, campan libremente y, según parece, están
creciendo, justamente al calor de la crisis. (...)
Alejandro Bolaños contaba en El País que el informe de recaudación de
Hacienda relativo a 2011 confirmaba que los grupos consolidados de
empresas, es decir, los gigantes empresariales españoles, habían pagado
en ese año 3.012 millones de euros por el impuesto de sociedades, es
decir, únicamente el 3,5 % de los 85.984 millones de beneficios que
habían declarado.
... otras fuentes indican que en 2012 Hacienda recaudó por
rentas de salarios cuatro veces y media más que por rentas de capital y
de empresas juntas, que sólo los impuestos aplicados a las pensiones
supusieron ese mismo año 1,62 veces más que las citadas rentas de
capital y de empresas, y, lo que es aún más significativo, que la crisis
está golpeando duramente todos los capítulos de ingresos fiscales…
menos los que tienen que ver con el trabajo: si la recaudación por IRPF
fue de 71.341 millones en 2008, sólo fue un 1 % menor -70.619 millones-
en 2012.
Eso querría decir que cualquier intento de
aumentar los ingresos del Estado tendría que hacerse a costa de elevar
otros impuestos y no el IRPF o el IVA.
Pues bien, en la única propuesta
de reforma fiscal que en los últimos tiempos ha hecho la derecha, que es
la que ha formulado José María Aznar y su FAES, se dice exactamente lo
contrario: que tienen que bajar todos los impuestos (en el caso del IRPF
sólo el tipo más alto, que debería pasar, según Aznar, del actual 52 %
al 40), incluido el IVA.
Esa posición conecta
perfectamente con el sentir generalizado en los ambientes de la gente
más rica de este país, en los que está muy extendida la idea de que
nuestro sistema fiscal es “confiscatorio”.
Justamente cuando en esos
medios es donde más se recurre al sinnúmero de instrumentos que las
leyes o la falta de regulación pone en manos de los particulares y de
las empresas para evadir impuestos.
Queda en el aire
la pregunta de cuánto tiempo puede aguantar un sistema fiscal en cuya
justicia y eficacia no cree nadie –ni los que pagan ni, obviamente, los
que defraudan- y que es la base de nuestro Estado de derecho. Aunque el
paro y la postergación social sean hoy los asuntos que mandan, parece
muy difícil que esa cuestión no termine un día por aparecer con toda su
crudeza." (Carlos Elordi
, eldiario.es, 06/08/2013)
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