3.4.25

Esteban Hernández: Un antiguo asesor de Putin da la clave: qué busca Trump con los aranceles... los imperios han solucionado muy a menudo sus problemas internos mediante la acción exterior... lo que se está viviendo en los EEUU es una sustitución de élites... Los señores de la tecnología y de sectores de las finanzas quieren apartar a los tecnócratas... EEUU está intentando afianzar su poder exterior y solventar la amenaza a su hegemonía, pero también solucionar su división interna mediante la expansión. Los aranceles forman parte de esa intención... los desequilibrios comerciales desfavorables ofrecen una paradójica ventaja al país que los sufre, si cuenta con el poder suficiente: son otros Estados los que temen perder un mercado que les resulta muy provechoso... Un buen número de gobiernos preferirá ofrecer cesiones a las empresas estadounidenses en sus territorios que renunciar a sus exportaciones... Esta nueva postura de la administración Trump operará con una eficacia más dudosa respecto de China, porque ambas economías están muy vinculadas, y la respuesta china puede causar daño a los estadounidenses, pero sí puede funcionar respecto de Europa... La UE podría responder implantando aranceles y aumentando impuestos a sectores estadounidenses como el financiero y el tecnológico, pero nada hace pensar que se vaya a utilizar ese instrumento... Y esto es especialmente importante porque las grandes posibilidades de expansión de EEUU se sitúan en el terreno financiero y, sobre todo, en el tecnológico... Ayer se entró en la fase inicial, con el anuncio de la cuantía de los mismos. Después llegará la fase de la negociación

 "Pocos meses antes de la invasión de Ucrania, Vladislav Surkov, quien fuera uno de los hombres más influyentes en el círculo de Putin durante más de una década, publicó un artículo revelador. En él, aseguraba que toda sociedad está sujeta a las leyes de la entropía. Por estable que sea, acaba generando caos en su interior. Llega el momento en que gestionarlo ya no es posible, por lo que la única manera de resolver el problema es exportarlo. Los grandes imperios de la historia se regeneraron desplazando el caos fuera de sus fronteras. Así ocurrió en el imperio romano, y sucede ahora con Rusia y con EEUU. Giuliano da Empoli, el autor de El mago del Kremlin, recoge esta reflexión en un estupendo libro, L’heure des prédateurs, que acaba de publicar Gallimard y que será traducido al español por Seix Barral.

Aunque sus ideas puedan formularse de una manera más precisa, no le falta razón a Surkov: los imperios han solucionado muy a menudo sus problemas internos mediante la acción exterior. Los romanos trataron de tapar sus grietas internas mediante la expansión guerrera de forma sistemática, el imperio británico podía sostenerse por su expansión comercial permanente y la Alemania nazi emprendió el camino de la conquista bélica.

Este momento de la historia tiene ecos de aquellos instantes: EEUU está intentando afianzar su poder exterior y solventar la amenaza a su hegemonía, pero también solucionar su división interna mediante la expansión. Los aranceles forman parte de esa intención.

Un arma contra Europa

Como oportunamente recordaba Varoufakis, esto ya lo hemos vivido en tiempos recientes, con la reacción de Nixon a un momento que los estadounidenses entendían complicado. Trump juega la baza de los aranceles del mismo modo que la Reserva Federal de Volcker utilizó los tipos de interés: “como un arma que inflige más daño a los capitalistas europeos y asiáticos que a los estadounidenses”.

El desequilibrio comercial desfavorable da ventaja a EEUU: son otros países los que temen perder un mercado que les resulta provechoso

El shock de Trump se mueve en una doble dirección. Ha insistido de manera muy expresa en que es la hora de que EEUU recupere sus capacidades productivas y que esa industria que perdió, y cuya ausencia somete al país a debilidades estratégicas significativas, comience a regresar a tierras estadounidenses. Sin embargo, ha puesto mucho menos acento en un elemento esencial, como es el lado expansivo: EEUU está intentando ganar terreno en sectores muy concretos y tiene todo el empeño en lograr su objetivo. Uno de ellos está ahora sometido a discusión, como es el del armamento: es obvio que su industria de defensa puede verse beneficiada por la inversión europea; Trump ha insistido en que los europeos deben comprar más gas a su país; y se ha quejado permanentemente de las regulaciones que el viejo continente impone a sus tecnológicas.

En ese escenario, los desequilibrios comerciales desfavorables ofrecen una paradójica ventaja al país que los sufre, si cuenta con el poder suficiente: son otros Estados los que temen perder un mercado que les resulta muy provechoso. En la hora de las negociaciones, EEUU se sienta a la mesa con muchas bazas a favor. Un buen número de gobiernos preferirá ofrecer cesiones a las empresas estadounidenses en sus territorios que renunciar a sus exportaciones. Con los matices que se quiera según los sectores, y dependiendo de la fortaleza de los países, en general la administración Trump inicia esta nueva época con gran ventaja negociadora.

Esto es importante, porque cuando los economistas hacen pronósticos (basados incluso en ridículos experimentos), suelen olvidar la variable del poder, que no es menor a la hora de conseguir que los demás hagan lo que deseas. Estados Unidos cuenta con el mayor ejército del mundo, con la moneda de reserva, el dólar, con grandes cantidades de capital que fluyen hacia su esfera financiera, con energía de sobra y con un potente sector tecnológico. Este giro hacia una nueva época le puede salir mal a la administración Trump, pero su punto de partida es mucho más sólido que el del resto; mucho tienen que torcerse las cosas.

El nuevo reparto

El orden internacional está cambiando, impulsado por la ruptura estadounidense, que pretende dibujar un nuevo reparto que le sea más favorable y que resulte menos provechoso para los países que estaban integrados en el antiguo orden global, como los europeos. Exactamente igual que hizo Nixon. Esta nueva postura de la administración Trump operará con una eficacia más dudosa respecto de China, porque ambas economías están muy vinculadas, y la respuesta china puede causar daño a los estadounidenses, pero sí puede funcionar respecto de Europa.

Estados Unidos vive una sustitución de élites: los señores de la tecnología quieren apartar del poder a los tecnócratas

La UE afirma contar con un “plan sólido” para hacer frente a los aranceles de Trump pero, como asegura Von der Leyen, preferiría negociar que competir. De momento, no hay grandes señales de que la respuesta que Europa tiene prevista cuente con la entidad suficiente. Cuando hay desequilibrios comerciales favorables, la otra parte tiene las de ganar. La UE podría responder implantando aranceles y aumentando impuestos a sectores estadounidenses como el financiero y el tecnológico, como subrayaba Letta, pero nada hace pensar que se vaya a utilizar ese instrumento. Como contaba ‘La Matinal Europea’, la UE podría estar dando marcha atrás en la Digital Services Act (DSA) y las multas de la Comisión contra Apple y Meta podrían rebajarse. La comisaria de Competencia, Teresa Ribera, visitará EEUU y, tras su regreso, la próxima semana, se conocerá la decisión. En todo caso, todo apunta a que la regulación digital podría aflojarse para satisfacer las exigencias estadounidenses.

Y esto es especialmente importante porque las grandes posibilidades de expansión de EEUU se sitúan en el terreno financiero y, sobre todo, en el tecnológico. La intención de las big tech, pero también de las empresas ligadas al venture capital, es la de estar presentes en muchas más áreas, incluida la gestión de servicios públicos. No es asunto menor, dada la influencia y los recursos que pueden proporcionar esos nuevos ámbitos de negocio. Pero, sobre todo, porque lo que se está viviendo en los EEUU es una sustitución de élites: las que provienen de la tecnología están intentando ocupar los lugares que antes detentaban expertos de la economía, del derecho, de la comunicación y de la consultoría. Los señores de la tecnología y de sectores de las finanzas quieren apartar a los tecnócratas.

En esa doble vertiente, de repliegue y de expansión, se mueven los aranceles estadounidenses. Ayer se entró en la fase inicial, con el anuncio de la cuantía de los mismos. Después llegará la fase de la negociación. México y Canadá dan una pista: tras el anuncio inicial, hubo un diálogo con Washington, tras el cual EEUU suspendió los aranceles en algunos sectores y para algunos bienes a cambio de determinadas ventajas. Esto puede ocurrir con otros países a partir de ahora. Ya conocemos la primera parte, que supone un golpe grande al comercio global. Veremos cómo se desarrolla la segunda.

En todo caso, la dirección prioritaria en la que se utilicen los aranceles impondrá una derivada política importante. Si, al final del camino, que tardará en llegar, se opta mayoritariamente por el repliegue, es posible que las tensiones internas disminuyan en EEUU, ya que una amplia recuperación de los empleos mejor pagados contribuirá a afianzar el apoyo electoral de la administración republicana. Si, por el contrario, triunfa el plan expansivo, que pretende mucho más abrir mercados para sectores estadounidenses que recuperar industria, las tensiones aumentarán, en la esfera interna y en las relaciones internacionales."

(Esteban Hernández, El Confidencial, 03/04/25)

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