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13.8.24

Žižek : El significado emancipador de la ceremonia inaugural de las Olimpíadas de París... El espectáculo irónico y obsceno de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos, recordó al mundo que sólo en Europa es posible una ceremonia así... La razón universal es lo que vimos en la ceremonia de apertura: un raro atisbo del núcleo emancipador de la Europa moderna. Sí, las imágenes eran de Francia y París; pero las bromas autorreferenciales dejaban claro que no se trataba de un uso privado de la razón... el espectáculo dejó entrar a todo el mundo. La cabeza de María Antonieta, guillotinada y cantando, se contrapuso a la Mona Lisa flotando en el Sena y a una alegre bacanal de cuerpos semidesnudos... Los obreros que reparaban Notre Dame bailaban en la obra, y el espectáculo no se desarrollaba en un estadio, sino en toda la ciudad, que permanece abierta al mundo... Un espectáculo tan irónico y obsceno es lo más alejado posible de la corrección política estéril y carente de humor... fue una rara manifestación del verdadero legado cultural de Europa

"El espectáculo irónico y obsceno de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París estuvo lo más alejado posible de la corrección política estéril y carente de humor que han denunciado sus detractores. No se limitó a presentar lo mejor de Europa, sino que recordó al mundo que sólo en Europa es posible una ceremonia así.

  Dos grandes acontecimientos culturales de este verano, la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de París 2024 y el estreno de Deadpool y Lobezno, ofrecen ambos deslumbrantes espectáculos saturados de ironía. Pero eso es todo lo que tienen en común, y analizando sus diferencias, podemos apreciar mejor la naturaleza profundamente ambigua de la ironía hoy en día.

La distancia irónica hacia el orden social imperante funciona a menudo como una forma apenas velada de conformismo. Como escribe Wendy Ide, de The Observer, sobre Deadpool y Lobezno, que no es más que la última entrega de un ciclo aparentemente interminable de superproducciones de superhéroes de Marvel, la película "puede ser odiosa y a la vez muy divertida .... Pero también es chapucera, repetitiva y de mala calidad, con una excesiva dependencia de los gags derivados de los memes y de los chistes metafísicos de los fans de los cómics". Qué descripción tan perfecta de cómo funciona la ideología hoy en día. Sabiendo que ya nadie se toma en serio su mensaje central, ofrece chistes autorreferenciales, saltos multiversales y apartes zalameros que rompen la cuarta pared. Este mismo enfoque -la ironía al servicio del statu quo- es también la forma en que gran parte del público soporta un mundo cada vez más loco y violento. 

Pero Thomas Jolly, el director de la ceremonia de apertura olímpica, nos recuerda que también existe otro modo de ironía. Aunque siguió al pie de la letra la Carta Olímpica al mostrar la ciudad anfitriona y la cultura francesa, fue muy criticado. Dejando a un lado a los católicos que confundieron la representación de las fiestas bacanales con una burla de la Última Cena, las reacciones negativas las capta mejor el Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán: "Los occidentales creen que los Estados-nación ya no existen. Niegan que exista una cultura común y una moral pública basada en ella. No hay moralidad, y si vieron ayer la inauguración de los Juegos Olímpicos, lo habrán comprobado".

Esto sugiere que lo que estaba en juego no podía ser mayor. Para Orbán, la ceremonia significó el suicidio espiritual de Europa, mientras que para Jolly (y para muchos de nosotros, espero), fue una rara manifestación del verdadero legado cultural de Europa. El mundo conoció el país de Descartes, el fundador de la filosofía moderna, cuya duda radical se basaba en una perspectiva universal y, por tanto, "multicultural". Entendía que las tradiciones propias no son mejores que las supuestamente "excéntricas" de los demás:

"Me habían enseñado, incluso en mis días de universitario, que no hay nada imaginable tan extraño o tan poco creíble que no haya sido sostenido por uno u otro filósofo, y reconocí además en el curso de mis viajes que todos aquellos cuyos sentimientos son muy contrarios a los nuestros no son sin embargo necesariamente bárbaros o salvajes, sino que pueden estar poseídos de razón en un grado tan grande o incluso mayor que nosotros."

Sólo relativizando la particularidad podemos llegar a una auténtica posición universalista. En términos kantianos, aferrarnos a nuestras raíces étnicas nos lleva a hacer un uso privado de la razón, en el que estamos constreñidos por presupuestos dogmáticos contingentes. En "¿Qué es la Ilustración?", Kant opone este uso inmaduro y privado de la razón a otro más público y objetivo. La primera refleja y sirve meramente al propio estado, religión e instituciones, mientras que la razón pública exige adoptar una posición transnacional. La razón universal es lo que vimos en la ceremonia de apertura: un raro atisbo del núcleo emancipador de la Europa moderna. Sí, las imágenes eran de Francia y París; pero las bromas autorreferenciales dejaban claro que no se trataba de un uso privado de la razón. Jolly logró magistralmente distanciarse irónicamente de todo marco institucional "privado", incluido el del Estado francés. Los conservadores simplemente se equivocan al denunciar la ceremonia como una muestra de ideología LGBTQ+ y de uniformidad políticamente correcta. Por supuesto, hubo críticas implícitas al nacionalismo conservador; pero en su contenido y estilo, se dirigió aún más contra el moralismo PC acartonado - o "wokeismo".

En lugar de preocuparse por la diversidad y la inclusión al modo estándar del PC (que excluye a todo aquel que no esté de acuerdo con una determinada noción de inclusión), el espectáculo dejó entrar a todo el mundo. La cabeza de María Antonieta, guillotinada y cantando, se contrapuso a la Mona Lisa flotando en el Sena y a una alegre bacanal de cuerpos semidesnudos. Los obreros que reparaban Notre Dame bailaban en la obra, y el espectáculo no se desarrollaba en un estadio, sino en toda la ciudad, que permanece abierta al mundo. Un espectáculo tan irónico y obsceno es lo más alejado posible de la corrección política estéril y carente de humor. La ceremonia no se limitó a presentar lo mejor de Europa, sino que recordó al mundo que sólo en Europa es posible una ceremonia así. Fue global, multicultural y todo eso, pero el mensaje se transmitió desde el punto de vista de la capital francesa, la ciudad más grande del mundo. Fue un mensaje de esperanza, imaginando un mundo de gran diversidad, sin lugar para la guerra y el odio. Contrasta con la visión ofrecida por el filósofo político ruso de derechas Aleksandr Dugin en una reciente entrevista con el periodista brasileño Pepe Escobar. 

Para Dugin, Europa es ahora irrelevante, un jardín podrido protegido por un alto muro. La única opción es entre el Estado profundo globalista estadounidense y un nuevo orden mundial pacífico de Estados soberanos. Sería pacífico, sugiere, porque Rusia distribuiría armas nucleares a todos los países en desarrollo, de modo que el principio de destrucción mutua asegurada se aplicara en todas partes. Por lo tanto, según Dugin, las elecciones presidenciales estadounidenses de este año decidirán el destino de la humanidad. Si gana Trump, la desescalada es posible; si gana un demócrata, nos dirigimos a la guerra global y al fin de la humanidad. Frente a lo que piensan personas como Orbán y Dugin, el mensaje de Jolly es profundamente ético. Está susurrando a los nacionalistas conservadores: Volved a ver la ceremonia con atención y avergonzaos de lo que sois"."

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6.11.20

Los alumnos españoles son un ejemplo mundial de respeto hacia otras culturas según el informe PISA. La irrupción y auge de la ultraderecha en España puede transmitir la sensación de que somos un país racista. Pero nada más lejos de la realidad... en la adaptabilidad cognitiva (la capacidad de adaptarse a cualquier cultura) los jóvenes españoles se colocan en la posición más destacada

"Los escolares españoles son los que muestran más aceptación y respeto hacia personas de otras culturas. Además de manifestar mayor facilidad de adaptación a los cambios culturales. Son datos que refleja el informe PISA 2018, en el que han participado alumnos de entre 15 y 16 años de 39 países diferentes.

Nada que ver con ellos

La irrupción y auge de la ultraderecha en España puede transmitir una sensación equívoca: la de que somos un país racista. Pero nada más lejos de la realidad. Los mensajes emitidos incesantemente por VOX, en los que apela al egoísmo patrio con proclamas como “los españoles primero”, contrastan con cómo los jóvenes contemplan a las personas que vienen de fuera. En el estudio han participado más de 35.000 estudiantes españoles, de más de 1.000 centros educativos, que demuestran que el ideario de la formación de Santiago Abascal no tiene nada que ver con ellos.

Los más respetuosos

Teniendo en cuenta el nivel de respeto hacia personas de otras culturas, España se coloca con el valor positivo más alto (0,38) seguida de Canadá (0,30) y de Escocía (0,25). En el otro extremo de la tabla encontramos dos países de la Europa del este: Hungría y Bulgaria. Coincidiendo con la fecha de elaboración del informe PISA 2018 el Parlamento Europeo amenazó a Hungría con la aplicación del artículo 7. Una medida que podía quitar al país su derecho a voto en el Consejo de la Unión Europea por negarse a acoger refugiados. Y es que el Gobierno de Hungría ha mostrado incesantemente una postura de rechazo a la migración algo que parece que ha calado entre la población despertando una actitud xenófoba.
Adaptabilidad cognitiva

Otro de los datos que el estudio aporta es el grado de capacidad de los alumnos para adaptarse a contextos nuevos y a moldear el comportamiento y el pensamiento propio al entorno cultural predominante. Estas aptitudes se conocen como adaptabilidad cognitiva y son fundamentales para que los jóvenes puedan adaptarse a cualquier cultura de más allá de nuestras fronteras. Aquí se colocan también los jóvenes españoles en la posición más destacada (0,28), seguidos por México (0,22) y de Turquía y Canadá (ambos con 0,20).

Interés por los demás

Los índices del estudio demuestran, también, que el alumnado español tiene altas capacidades para comprender y apreciar las perspectivas de los demás, para interesarse por la comunicación intercultural y para emprender acciones para el bien común. Pero este conjunto de actitudes no sólo tiene un impacto en el desarrollo humano y social de los jóvenes, ya que en una economía cada vez más globalizada se convierten en herramientas de gran utilidad. «Para encarar la globalización, esta generación requiere nuevas capacidades.

Tanto en ambientes empresariales tradicionales como en los más innovadores, los jóvenes necesitan colaborar con personas de diferentes disciplinas, culturas y sistemas de valores, con el propósito de solucionar problemas complejos y crear valor económico y social«, explica Andreas Schleicher, responsable de Educación de la Organización para la Cooperacion y el Desarrollo Económico (OCDE), en la introducción del informe.

Rendimiento escolar

En lo que tiene que ver con el rendimiento escolar. España baja posiciones, aunque logra posicionarse 13 puntos por encima de la media de la OCDE. Teniendo en cuenta los resultados por Comunidades Autónomas, las que mayor puntuación obtienen son Castilla y León (534 puntos), Asturias (527) y Cantabria (526); y las que menor puntuación tienen son Extremadura (499), Melilla (473) y Ceuta (438).

Superioridad femenina y desigualdad social

Destaca la superioridad en la puntuación de las alumnas sobre los alumnos. Que las sitúa 24 puntos por encima a nivel nacional y 26 a nivel europeo.(...)" (David Alves, Diario16, 26/10/20)

21.12.18

Los temas que preocupan hoy la izquierda son: el uso del lenguaje inclusivo, criticar el maltrato animal, reclamar en todo momento la paridad, hacer listados de canciones que desprecian algún colectivo, manifestarse contra el consumo de jamón, criticar a los cazadores... Con tal panorama, no sé cómo hay quien se extraña del crecimiento de Ciudadanos y del auge de Vox... Yo, cuando alguien empieza un discurso o una entrevista con un «todos y todas deberíamos» o con un «somos muchos y muchas que», ya desconecto, porque tengo la certeza de que es idiota...

"La izquierda pánfila está abonando el campo a la derecha con una alegría que avergonzaría los zurdos auténticos, de apenas hace una generación.

 Los temas que preocupan hoy la izquierda son, por ejemplo -seguro que me dejo, tan vastos son sus intereses- el uso del lenguaje inclusivo, criticar el maltrato animal, reclamar en todo momento la paridad, hacer listados de canciones que desprecian algún colectivo, manifestarse contra el consumo de jamón, criticar los cazadores, procurar que los escolares no sufran traumas por culpa de los suspensos, no utilizar según qué expresiones que pueden resultar ofensivas, censurar la publicidad sexista, utilizar el hashtag #metoo, inventar palabras cool como empoderar, migrantes o heteropatriarcado y tanto blablabla como sea necesario. 

Ah, y en Cataluña, mostrar connivencia con los CDRs, como si fueran los mismos, que no dejan de fastidiar a los ciudadanos normales -sí, he dicho normales-, los necesitados de amparo.

 Con tal panorama, no sé cómo hay quien se extraña del crecimiento de Ciudadanos y del auge de Vox: ¿a quien tiene que votar, la gente que quiere que le resuelvan los problemas reales del día a día? ¿Esperan que vote a quien como mágica solución a sus dolores de cabeza le propone pagar por las bolsas de plástico y no escuchar a Maluma?

Yo, cuando alguien empieza un discurso o una entrevista con un «todos y todas deberíamos» o con un «somos muchos y muchas que», ya desconecto, porque tengo la certeza de que es idiota. Con este sencillo método me ahorro perder el tiempo escuchando burradas. 

Lo mismo hago cuando alguien es tan capullo de criticar novelas o canciones por su temática, como si la ficción tuviera que ser siempre bonita. Los enciendo a tomar por el culo, a pesar de saber que los muy ignorantes me acusarán de homófobo.

En lugar de tomar nota y atreverse a tratar los asuntos que afectan a los ciudadanos, la reacción de la izquierda ha sido la previsible: llamar «que viene el fascismo», reclamar cordones sanitarios e intentar recuperar en la calle lo que pierden en las urnas por incompetentes.

Y si ahora yo acabo este artículo afirmando que la actual izquierda se comporta como un grupito de niñas adolescentes de un colegio de monjas, habrá quien me acusarà de sexismo. ¿Y saben qué? Me importará un rábano."                    (Albert Soler, Diari de Girona, 18/12/18)

30.10.18

Que la izquierda haya focalizado sus campañas en defender derechos civiles y culturales de minorías y no en re-centrar el conflicto económico que aqueja a las mayorías, ofreciendo razones sobre la crisis económica y soluciones la ha condenado al margen... Bolsonaro la redefine como élite dirigente que luce más preocupada por defender a “gente rara” que luchar por los de abajo... con un efecto simbólico brutal que crea la apariencia de que los progresistas abandonaron a los pobres por identidades minoritarias...

"(...) Luego de las inmensas movilizaciones sociales que se produjeron en las calles de las principales ciudades del país a propósito de la campaña #EleNão y unas encuestas que se mantuvieron favorables a Lula durante todo el año, se había construido cierto ambiente, cierto sentido común de victoria segura de las fuerzas progresistas. (...)

Los resultados electorales ha producido un baño de realidad política a las fuerzas progresistas del continente.  (...)

La descolocación moral de la izquierda ante el bochorno e irritación que le producen líderes políticos que desprecian a gays, negros y mujeres, y la focalización en luchar en clave de guerra de valores, anteponiendo valores progresistas versus valores conservadores, ha hecho perder tiempo y ha distanciado a la izquierda del campo de las soluciones concretas a los problemas que aquejan a los latinoamericanos en tiempos de crisis económica. Es decir, que la izquierda haya focalizado sus campañas en defender derechos civiles y culturales de minorías y no en re-centrar el conflicto económico que aqueja a las mayorías, ofreciendo razones sobre la crisis económica y soluciones, nos ha condenado al margen.

Esta ha sido la gran victoria del bullying de la ultraderecha. Con un estudiado cinismo se mofa de la izquierda y la redefine como élite dirigente que luce más preocupada por defender a “gente rara” que luchar por los de abajo, el efecto simbólico es brutal: producen la apariencia de que los progresistas abandonaron a los pobres por identidades minoritarias.

 Y aún cuando las mujeres y los negros no son minoritarios –mucho menos en Brasil–, en momentos de crisis, sin duda, los problemas económicos son lo más importante. Y esto es justo lo que busca la derecha: un show electoral dirigido a impedir que nadie piense en la economía, después de todo en el caos, las certezas sólo la otorgan los valores fundantes de lo social (¿familia, orden, progreso?).

Llama mucho la atención cómo luego de la masiva campaña #EleNão, Bolsonaro subiera en las encuestas. La sociedad brasilera indecisa se terminó de polarizar a favor de la ultraderecha. En momentos de crisis, la gente siempre recordará que todo pasado fue mejor y cuando se produce un relato que conecta crisis con “relajo” de los pilares que otrora articularon convivencia y funcionamiento social, los únicos garantes de la restitución del orden tienen nombre de derechas.

 En este caso, el reclamo de orden encuentra asidero en manos militares (Bolsonaro), en empresarios “exitosos” (Macri) o en personas que al menos no generen más caos (Moreno).

Una vez logrado el objetivo de distraer a la izquierda en la “guerra de valores”, lo demás fueron alianzas coyunturales y contextuales de gran pertinencia, además de giros técnicos de campaña que se deben anotar para afinar el olfato y la táctica en las próximas contiendas: muy poca propaganda tradicional en medios masivos. 

Evitar debates presidenciales para eludir el debate programático. Ninguna aparición en canales de televisión que no se controlen (sólo entrevistas complacientes). Focalización de campaña en redes sociales, pero la más personalizadas de todas: WhatsApp (lo cual denota un manejo descomunal de Big Data). Mucha fake news. Encuestas que nunca le dieron la victoria. Alianza con la principal fuerza política de anclaje popular: la iglesia evangélica. 

Los resultados electorales (...) no sólo responden a esta coyuntural contienda, donde la derecha introdujo innovaciones tácticas de ataque electoral que descolocaron a la izquierda, sobre todo mostrarán el notorio desgaste del Partido de los Trabajadores (PT), su estigmatización como partido corrupto, sus propias fracciones internas, sus dificultades para aglutinar a la izquierda y, sobre todo, su distanciamiento de los sectores populares.

Se avecina una época oscura en Brasil y en el continente, pero la historia nunca termina. La izquierda latinoamericana tiene retos que cristalizan cada vez más: producir un relato propio de la revolución política que produjo durante la primera década del siglo XXI en América Latina. Debemos estar en disposición de dejar de defendernos y poder contar qué pasó en este continente. 

Nuestra historia de luces y sombras. No me refiero sólo a logros gubernamentales (esto sigue respondiendo a una lógica defensiva), sino a transformaciones en los sentidos comunes, a los desplazamientos de ejes ideológicos, la acumulación lograda y los tejidos sociales construidos. También, estamos obligados a contar de nuestros errores, explicarlos, contextualizarlos y sobre todo compararlos con la oscura noche neoliberal de los 80’ y 90’. 

 Si hubo corrupción no le regalemos esa historia a la derecha, afrontémosla, contémosla desde nuestras posiciones. Esa será la mejor incorrecicón política que podremos producir; los latinoamericanos, si de algo estamos hastiados, es de la hipocresía e incluso del cinismo de aquellos que defienden al progresismo sin matices, de aquellos que hablan como si no se hubieran cometido errores. Para volver a ganar, tenemos que ser valientes y respetar la inteligencia de nuestros pueblos."                  (Lorena Freitez. Máster Análisis Político UCM, CTXT, 27/10/18)

22.9.17

¿Son los valores europeos que justificaron hundir a Grecia para pagar a sus deudores alemanes superiores a los del resto del mundo? Excluido Trump...

"(...) Pero ya no somos racistas. En nombre de la raza se aniquiló a millones de personas en la Segunda Guerra Mundial. Muchas de ellas europeas. El racismo mató a millones de blancos en manos de otros blancos. Fue así como se volvió inadmisible. 

(...) desde los setenta va tomando forma en algunos países la idea de que la presencia de ciudadanos venidos de las antiguas colonias amenaza a la identidad nacional. La alteridad, que ya no puede ser conceptualizada como raza, necesita de otro envoltorio. Emerge la cultura. (...)

Ya en los noventa la antropóloga Verena Stolcke hablaría del “fundamentalismo cultural” como la nueva retórica de la exclusión de la derecha. Una retórica que “entiende la cultura como algo compacto, estático, inalterable y homogéneo.”  (...)

Aquí hay dos opuestos, los nacionales y los extranjeros. Nosotros y los otros. Aquí, la cultura, sirve para dos cosas: potenciar el conflicto hacia afuera e invisibilizar las disidencias internas.  (...)

Este concepto esencialista de cultura se reprodujo también, hasta cierto punto, en el discurso pro diversidad cultural de la izquierda. Aludiendo a los derechos culturales, a los particularismos, se avalan relaciones de opresión históricas, se legitima como interlocutores a quienes, sin la excusa cultural, serían antagonistas.

 Hablamos con un imam antes que con un referente de la sociedad civil. En algunos discursos progresistas, al asumir el pack multicultural construido sobre esa idea de culturas compactas, ahistóricas, plácidas, se contribuyó a invisibilizar las tensiones internas dentro de las comunidades, las distintas interpretaciones de las culturas.(...)

 La retórica de la exclusión de la derecha nos dice que el desafío reside en conservar nuestra identidad. Que si preservamos a Occidente de la barbarie, abrazaremos de nuevo el progreso. Otro antropólogo, Talal Asad, se propuso deconstruir qué significa ser europeos para aquellos que se reivindican como tales frente a las personas de origen inmigrante. 

A grandes rasgos, concluyó que la identidad europea se define en oposición a otros, principalmente el islam, que es una amenaza externa e interna al mismo tiempo. Europa como civilización y el islam como barbarie, ese es el diagnóstico simple que nos venden las derechas europeas. 

Pero para que esa visión sea coherente hay que elegir bien adónde se mira: se requiere mirar a la Ilustración, el iluminismo, los derechos humanos, la democracia. Sin embargo, la esclavitud, el colonialismo, la caza de brujas y la inquisición, el holocausto, todo esto, ¿no formaría parte de la identidad europea?

 No hace falta irse tan lejos ni tan a la derecha. También en la retórica de la izquierda, en inteligentes y bien documentados artículos y análisis sobre el terrorismo, se apela a la necesidad de aferrarnos a “nuestros valores.” ¿Cuáles son nuestros valores? Son los de Trump, los de los supremacistas blancos, los del Frente Nacional, los de Intereconomía. 

¿Son los valores que permiten que se ahoguen miles de personas en el Mediterráneo? ¿Son los mismos valores europeos que justificaron hundir a Grecia para pagar a sus deudores? ¿Son los valores que respiran bajo los comentarios machistas y racistas en los diarios? (...)"              (Sarah Babiker, CTXT, 20/09/17)

1.6.17

La aceptación de las diferencias culturales sobrepasa el 75% en las barriadas populares con altos porcentajes de población inmigrante... y entre un 15% y un 25% forma la minoría social con actitudes de exclusión

"¿Un señor de origen africano que vive en el barrio es un extranjero o un vecino? ¿Y una señora de raíces asiáticas? Depende de quién responda. A dos de cada tres residentes en barrios españoles de elevada multiculturalidad les parece “bien” o “muy bien” que una parte de la población de su barrio proceda de otros países, algo más del 40% lo considera “una ventaja” o “una gran ventaja” y la aceptación de las diferencias culturales sobrepasa el 75%.

“Hay una mayoría social que podemos estimar entre el 60% y el 70% con actitudes de inclusión”, señala la última Encuesta de Convivencia Social e Intercultural en Barrios de Alta Diversidad, elaborada por La Caixa con datos de 2015, que, no obstante, recomienda precaución para “no interpretar esa estimación cuantitativa como el reflejo de un polo sólido de inclusión pues, a la hora de un conflicto de intereses, parte de esa actitud puede girar hacia posiciones más ambivalentes o incluso hostiles”.

El estudio, que sitúa “entre un 15% y un 25% como mínimo” la “minoría social” con “actitudes de exclusión”, señala que la mitad de la población de esos barrios considera que en ellos hay “coexistencia”, mientras que la percepción de “convivencia” sube al 36% y la de hostilidad baja hasta el 14%.

Ese rechazo al inmigrante crece con la edad: el 11,6% de los mayores de 55 años, casi uno de cada ocho, ve “mal” o “muy mal” que en su barrio viva gente procedente de otros países, tasa que baja al 10,4% entre los vecinos que tienen hasta veinte años menos y que desciende al 7,9% entre los jóvenes de 18 a 34.

El rechazo al extranjero también varía según la ocupación: supera el 12% entre los pensionistas y las amas de casa, baja al 8,8% entre quienes tienen empleo y se desploma el 3,2% entre quienes lo buscan, lo que parece apuntar que el aislamiento de la diversidad en las actividades cotidianas puede acabar influyendo en la aceptación de la diversidad.

Varios indicios apuntan a que ese pueda ser uno de los motivos de los elevados niveles de rechazo al otro detectados entre la población menor de edad de alguno de los barrios estudiados, lo que conecta con la segregación derivada del deterioro del sistema educativo público: colegios infradotados de personal y de infraestructuras para integrar a los escolares de origen extranjero acaban perdiendo población autóctona, que migra a colegios de otras zonas de la ciudad u opta por la concertada y la privada, cuyos precios resultan prohibitivos para buena parte de los vecinos de origen extranjero.
“Potenciar al que está a gusto”

Delicias, un distrito zaragozano de 109.901 habitantes con vecinos de 110 nacionalidades distintas de la española que suponen un 22,8% de su población, es uno de los barrios incluidos en el estudio, (...)

 “Un 77% de los vecinos de Las Delicias quiere seguir viviendo en su barrio, pero solo un 14% se siente seguro”, informaba hace unos días el decano de la prensa local, Heraldo de Aragón, al adelantar los primeros datos de la encuesta, tan demoscópicamente ciertos como racionalmente incongruentes. ¿Confortablemente inseguros? ¿Inseguramente arraigados? 

“Hay que potenciar el 75% de la población que está a gusto. En Delicias no hay rechazo, no hay problemas de convivencia”, sostiene Concha Remón, de la fundación para la promoción e integración social, educativa, cultural y laboral Adunare, que reclama como algo fundamental “una inversión importante en infraestructuras y personal para los colegios del barrio, en los que hay que bajar los ratios. 

Queremos una pública como el resto de la pública”. “Todos los niños del barrio no están en los colegios públicos del barrio”, en los que sobraron plazas en el curso 2015-2016.

Para entonces, como venía ocurriendo desde 2011, la población de origen extranjero era mayoritaria en tres de las ocho escuelas del distrito: el obsoleto Andrés Manjón, sobrado de niños con necesidades educativas especiales y falto de especialistas educativos para atenderlos; el Emilio Moreno, que, por carecer de infraestructuras, ni siquiera tiene comedor, y el Antonio Beltrán.

 La crisis ha reequilibrado los niveles, aunque la escuela sigue lejos del 76%-24% que se da en la calle. Una parte amplia de las familias autóctonas sigue tendiendo a llevar a sus hijos a centros públicos ubicados fuera del barrio o a concertados. “La desventaja con esas carencias no es solo para el niño que tiene necesidades especiales, sino para todos”, señala Remón.  (...)

“Los antiguos barrios obreros son ahora multiculturales”, (...) “Ya sabemos dónde está la pobreza. Ahora debemos integrar todo lo referente a la convivencia. Hemos pasado de barrio obrero a barrio pobre, por lo que, o hablamos en términos de civismo y nos dejamos de diferencias interculturales, o vamos en la misma dirección que Francia”, sostiene Gimeno, crítico con algunas intervenciones tradicionales (“los planes integrales no dan resultado porque en el fondo no lo son, ya que cada Administración despliega solo sus competencias”) y que plantea nuevos retos.

 “La planificación urbana sigue pensando en barrios obreros, pero ¿qué vamos a hacer ahora que el paradigma ha cambiado y cada vez hay menos trabajo?”.  (...)

La generación de la posguerra convive ahora con los migrantes extranjeros y con la parte de mayor edad de la clase obrera autóctona, después de que los hijos de los primeros tengan a los suyos en los barrios a los que se mudaron durante la burbuja inmobiliaria. “Una población migrante autóctona de origen rural convive ahora con una población migrante internacional”, señala Gimeno.  (...)

“¿Qué está pasando en los barrios?”, se pregunta Gimeno, mientras recuerda cómo la deficiente gestión de la resaca de las movilizaciones de los suburbios franceses en 2005, basada en el urbanismo gentrificador de antiguas zonas de vivienda social, es uno de los factores que están influyendo en la deriva extremista del país vecino.  (...)"               (Eduardo Bayona  , CTXT, 19/05/17)

23.11.10

Ciudadanía... o barbarie... en Europa

"La aceptación de la multiculturalidad, en el marco de los grandes movimientos migratorios de las últimas décadas, resulta así una exigencia compatible con la perspectiva de integración. Eso sí con dos limitaciones, ya que tal aceptación no debe dejar fuera la reflexión crítica, siempre referida a colectivos y nunca a individuos.

La primera, que los usos de un colectivo entren en abierto conflicto con la normativa de los derechos humanos. La segunda, que un grupo imponga a sus miembros su propia autoridad, bloqueando así su acceso a la ciudadanía. (...)

Los países europeos de punta, Alemania y Francia, precisaban una inmigración masiva para garantizar el crecimiento económico, y ello favorecía la aplicación del criterio humanista, acorde con la derrota de los fascismos. Le Pen rompió la regla y anunció el futuro.

Ahora los inmigrantes sobran. No solo se trata ya de limitar al máximo su llegada, sino de restringir sus derechos y, en lugares como la Italia de Bossi y Calderoli, hacerles literalmente la vida imposible. Es la cara de la política antiinmigrante hard que ahora es seguida en sus consecuencias restrictivas por el proyecto de ley Besson/Sarkozy en nombre de la "identidad de Francia": "A Francia se la ama o se la deja".

Y no hablemos de la floreciente islamofobia como política de Geert Wilders, en Holanda. Alemania es aún soft, pero Merkel ha anunciado ya el fracaso del multiculturalismo. En España despunta, con el PP catalán, la búsqueda del voto xenófobo. En todos los casos, el fin es la exclusión del otro. La humanidad se desliza hacia la barbarie." (ANTONIO ELORZA: La expulsión de los bárbaros. El País, 20/11/2010, p. 20)

30.10.10

Guisona, primera localidad española con más de un 50% de extranjeros

"Guisona (Lérida) es la primera localidad española que ha superado el 50% de vecinos extranjeros. Así, desde esta semana, 3.289 de los 6.568 vecinos empadronados (un 50,08%) no tienen nacionalidad española, según informa el Segre.

Los extranjeros proceden mayoritariamente de Europa del Este (2.379 personas, el 72% de los foráneos), liderados por los oriundos de Ucrania (1.069 personas) y Rumanía (1.056). A cierta distancia se sitúan los originarios de Senegal (376) y Marruecos (190).

La población acoge la Corporació Agroalimentària de Guissona (CAG), la mayor empresa de la provincia de Lérida, con 3.500 trabajadores, lo que ha sido un reclamo para muchas personas que buscan trabajo. De hecho, hace diez años, la localidad solo tenía 3.339 habitantes.

El alcalde, Josep Cosconera (ERC), asegura que no hay conflictos relevantes en el pueblo, a pesar de que conviven personas de 48 nacionalidades diferentes, y subraya que desde el Consistorio, los voluntarios lingüísticos, Cáritas y diferentes asociaciones y centros educativos, se pone énfasis “de forma especial” en mantener el catalán como lengua de convivencia." (lavozdebarcelona.com, 29/10/2010)

Comentario: ¿Y por qué no pueden elegir el alcalde? ¿Por qué no es alcalde un ucraniano, un senegalés o un rumano? ¿Y por qué no pueden elegir el idioma que más oportunidades les ofrezca?

29.10.10

El miedo al extranjero... es poco cristiano

"La reciente expulsión de Francia de los gitanos residentes en su territorio en situación ilegal, a los que se ha deportado a Rumanía, su país de origen, ha suscitado muchas protestas en toda Europa, en medios progresistas y también entre importantes políticos, y no solo de izquierdas. Sin embargo, las expulsiones no se han detenido, y constituyen además la punta de un enorme iceberg que se alza dentro de la política europea. (...)

Tras décadas de Estado del bienestar -o de su promesa-, cuando los recortes financieros se limitaban a breves periodos y se aplicaban prometiendo que las cosas pronto volverían a la normalidad, entramos ahora en una nueva época en la que la crisis, o más bien cierto estado de emergencia económica que precisa de toda clase de medidas de austeridad, es permanente, se convierte en una constante, en pura y simplemente una forma de vida. (...)

La única manera de introducir pasión en ese ámbito, de movilizar realmente a la gente, es mediante el miedo: a los inmigrantes, a la delincuencia, a la impía depravación sexual, al exceso de Estado (que abruma con unos impuestos y un control excesivos), a la catástrofe ecológica y, también, al acoso (la corrección política es el caso paradigmático de la política del miedo liberal). Esa forma de hacer política siempre se basa en la manipulación de un ochlos paranoico, en la aterradora concentración de hombres y mujeres atemorizados.

Esta es la razón de que el gran acontecimiento de la primera década del nuevo milenio fuera la entrada en la ortodoxia política del discurso contra la inmigración, que cortó por fin el cordón umbilical que lo unía a partidos marginales de extrema derecha. Desde Austria hasta Holanda, pasando por Francia o Alemania, y en virtud del nuevo orgullo que suscita la propia identidad cultural e histórica, los principales partidos ahora descubren que es aceptable insistir en la condición de invitados de unos inmigrantes que deben adaptarse a los valores culturales que definen la sociedad de acogida:

"Es nuestro país, si no lo quieres, te vas". Es imprescindible señalar hasta qué punto la tolerancia progresista liberal comparte ciertas premisas fundamentales con esta actitud: su exigencia de respeto y de apertura hacia la otredad (étnica, religiosa o sexual), tiene su contrapunto en el miedo obsesivo al acoso. El Otro está bien siempre que su presencia no sea molesta, siempre que no sea realmente un Otro...

En realidad, mi deber de tolerancia para con el otro significa que no debo acercarme demasiado a él, meterme en su espacio. En la sociedad capitalista tardía el derecho humano que va tornándose más esencial es el derecho a no ser acosado: a mantenerse a distancia prudencial de los demás. (...)

Todo ello nos conduce al tolerante multiculturalismo liberal, que es una experiencia del Otro privado de su otredad: un Otro descafeinado que practica danzas fascinantes y que aborda la realidad desde un enfoque holístico ecológicamente sensato, mientras rasgos como el maltrato a la esposa quedan fuera de cámara.

Quien mejor planteó, allá por 1938, el mecanismo que activa esa neutralización fue Robert Brasillach, el intelectual fascista francés condenado y fusilado en 1945, que, considerándose un antisemita "moderado", inventó la fórmula del "antisemitismo razonable": "Nos permitimos aplaudir en el cine a Charlie Chaplin, un medio judío; admirar a Proust, un medio judío, y aplaudir a Yehudi Menuhin, un judío. Y la voz de Hitler viaja por las ondas radiofónicas a continuación del nombre del judío Hertz. (...)

No queremos matar a nadie, no queremos organizar ningún pogromo. Pero también pensamos que la mejor manera de obstaculizar las siempre impredecibles acciones del antisemitismo instintivo es organizar un antisemitismo razonable".

¿Acaso no está presente esta misma actitud en la forma que tienen nuestros Gobiernos de abordar la "amenaza de la inmigración"? Después de rechazar con superioridad moral el descarado racismo populista tachándolo de "poco razonable" y de inaceptable para nuestras normas democráticas, avalan "razonablemente" medidas de protección racistas... o, como brasillachs de hoy en día, algunos de ellos incluso socialdemócratas, nos dicen:

"Nos permitimos aplaudir a deportistas africanos y de Europa del Este, a doctores asiáticos o a programadores informáticos indios. No queremos matar a nadie, no queremos organizar ningún pogromo, pero también pensamos que la mejor manera de obstaculizar las siempre impredecibles y violentas medidas defensivas que suscita la inmigración es organizar una protección razonable frente a los inmigrantes".

Esta concepción de la desintoxicación del vecino supone un paso claro de la barbarie directa a la barbarie con rostro humano. Plasma un retroceso que va desde el amor cristiano al vecino a la práctica pagana de privilegiar a la propia tribu frente al Otro bárbaro. La idea, aunque se envuelva en la defensa de los valores cristianos, constituye en sí misma la principal amenaza para el legado cristiano." (SLAVOJ ZIZEK: Barbarie con rostro humano. El País, 23/10/2010, p. 29)

22.12.09

La democracia corrupta

"La corrupción es hoy una pandemia que todo lo invade, que todo lo pervierte. La vida política, la realidad económica, las prácticas sociales, las acciones del gobierno, los modos y fines de la sociedad civil, la esfera del ocio, el mundo del trabajo, los múltiples procesos culturales en los que intervienen y la inmensa mayoría de los que afectan a los seres humanos en su conjunto son, cada vez más, objeto de estragamiento en sus fines, de adulteración en sus modos, de perversión total de su naturaleza y objetivos.

(...) quiero abordar la problemática de su corrupción radical, es decir, de la corrupción de su naturaleza misma, que ha transformado su triunfo en una lamentable estafa. Que ha sido consecuencia de la intervención de las condiciones dominantes, estructurales e ideológicas de la sociedad actual, en su práctica operativa. (...)

Para Rancière este planteamiento clásico tiene como objetivo principal la conciliación de dos fines, que sus formuladores consideran, no sólo compatibles sino esencialmente complementarios: el gobierno de los mejores y el de aquellos que defienden el orden social impuesto por los propietarios.

Gracias a la conjunción de ambos protagonismos y a la feliz combinación de las leyes e instituciones que impone la democracia, la clase dominante -burguesa y propietaria- dispone de los instrumentos necesarios para ejercer su dominación y dar, además, cabida a todos los deseos sin cuenta de la sociedad de masa moderna. (...)

Sin embargo, sólo la conjunción de realismo y exigencia podrá permitirnos superar la impotencia democrática a que nos condenan las tres características dominantes de la sociedad actual. En primer lugar, la glorificación del individuo, con la afirmación sin limites del yo, del sí mismo que cancela la existencia de los otros y de lo otro, absolutiza el individualismo e instituye esta avasalladora auto-celebración, este narcisismo plenario en el ideal de la existencia humana, destruyendo todos los vínculos sociales e incluso la mera referencia al otro. Zygmunt Bauman ha desarrollado el concepto de liquidez social para describir esta fragilización de todos los lazos sociales y de las formas más eminentes de las relaciones interpersonales.

Entre ellas, y de manera principal, la sustitución del amor por la consideración del cálculo costo/beneficio, de acuerdo con el cual, los miembros de cada pareja deciden clausurar o continuar su ejercicio amoroso. Lo mismo habría que decir de la implosión de la familia, responsable del extraordinario aumento de la soltería; del dramático destino de los viejos, convertidos en verdaderos desechos de la sociedad; para no hablar de la mercantilización de los nuevos ámbitos convivenciales, como las redes de sociabilidad, los espacios de encuentro o los mercadillos de bebés y de óvulos.

Frente a esta degeneración, George Orwell, ya en su tiempo, y en el nuestro Christopher Lasch nos proponen recurrir a la common decency, a la decencia ordinaria, que debe ayudarnos a agruparnos según afinidades e intereses altruistas; o incluso a recuperar la dimensión de lo colectivo y de la solidaridad espontánea, que Toni Negri y Michael Hardt defienden en sus obras Empire y Multitude. (...)

Conviene añadir que esa lógica que es la del mercado, está anclada en la escasez y en el egoísmo a las que hay que oponer el don y la gratuidad, también ilimitadas, pero susceptibles además de hacer posible y de consagrar la diversidad. Aunque sin olvidar, que la mitificación de lo diverso, proscribe lo igual y que la prédica del pluralismo, esconde casi siempre, como sostiene Walter Benn Michaels (en The Trouble with diversity cuando escribe "múltiple sí, pero a mi modo"), una incoercible voluntad de dominación.

A lo que cabría añadir, que una de las causas principales de la crisis de la democracia es el incontrolable crecimiento de las demandas que se dirigen a los gobernantes, derivadas de la pluralidad/multiplicidad de opciones, ideológicas y políticas, que tienen su origen en la sociedad y buscan en ella su imposible satisfacción. La cuidadosa ocultación de esta imposibilidad y su embellecido travestimiento por la retórica política y por las incumplibles promesas de los políticos es hoy la más frecuente y penosa de las formas de corrupción de la democracia." (JOSÉ VIDAL-BENEYTO: La corrupción de la democracia. El País, ed. Galicia, opinión, 12/12/2009, p. 41)

1.6.09

Integración de las costrumbres de los inmigrantes

"Un juez saudí rechazó recientemente y en dos ocasiones anular la boda de una niña de ocho años con un hombre de 50... Mientras el juez saudí se lo pensaba, un tribunal español condenaba a 17 años de cárcel a la madre de una adolescente mauritana residente en Cádiz por obligarla a casarse y mantener relaciones con un hombre de 40, sobre el que recayó una pena de 13 años.

Lo que la ley saudí ni se plantea (condenar al progenitor), no se discute entre los juristas españoles. Sin embargo, sí que hubo debate en el Tribunal Supremo al deliberar hace unas semanas sobre el caso de un ecuatoriano de 23 años que mantuvo relaciones consentidas durante un año con una niña de 11. El Supremo confirmó una condena de dos años de cárcel, pero con el voto particular de dos jueces que pidieron la absolución porque el procesado se había criado en la selva y, aunque llevaba siete años en España, no sabía que lo que estaba haciendo era delito.

Éstos y otros casos que han saltado a los medios en los últimos meses dejan una pregunta: ¿dónde hay que situar la frontera de la tolerancia del Estado ante determinadas tradiciones culturales o religiosas? (...)

Casos como el de la familia mauritana de Cádiz o el de niñas inmigrantes que son llevadas a su país para someterlas a una ablación de clítoris sobrepasan por mucho esa barrera del multiculturalismo, según Santolaya. Los compatriotas de la menor mauritana consideran, sin embargo, que ni la sociedad ni los jueces españoles deben inmiscuirse en sus costumbres. "No se están respetando nuestras tradiciones. En nuestro país es muy normal casarse con ocho o nueve años", lamenta Brahim Sall Oulddick, un mauritano que lleva una década en España y es amigo de los padres condenados. En su opinión, hay un malentendido: "Aquí se le llama violación y nosotros le llamamos casamiento".

Para Estrella Rodríguez, directora general de Integración de los Inmigrantes esa presunta colisión entre las costumbres de unos y otros es "un falso debate". "Una cosa es hablar de interculturalidad, de buscar espacios de encuentro, que siempre son positivos, y otra es hablar de costumbres que en nuestro país son delito. Ahí hay que ser firmes". Lo mismo opina Kaman Rahmouni, presidente de la asociación de trabajadores marroquíes Atime: "Las fronteras están claras: los principios constitucionales de España y las leyes en vigor. Dentro de esto puede caber cualquier costumbre. Fuera no cabe nada". (...)

El único pronunciamiento del Tribunal Constitucional, por lo que se considera la doctrina vigente, fue contrario a los intereses del trabajador, en este caso, una mujer que se había convertido a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, entre cuyas creencias está el cese de toda actividad desde la puesta del Sol del viernes a la del sábado. La mujer pidió en su empresa un cambio de régimen de su descanso semanal y al no conseguirlo, dejó de ir a trabajar y fue despedida. La afectada solicitó en los tribunales que el despido fuera declarado nulo por entender que estuvo basado en motivos religiosos, pero el Constitucional no le dio la razón.

Los expertos consultados coinciden en que en España aún queda mucho camino por recorrer. Santolaya pone como ejemplo el caso de Estados Unidos, con mucha más tradición de diversidad religiosa. Allí se ha generado ya una amplia jurisprudencia que se conoce como Sabbation cases (en referencia al Sabbath judío) y que reconoce un derecho de los trabajadores y una obligación para los empresarios la búsqueda de un acomodo entre los intereses de ambos." (El País, ed. Galicia, 29/05/2009, p. 32/3)