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24.2.26

Periodistas encarcelados por ICE revelan los horrores del encarcelamiento... El periodista británico Sami Hamdi viajaba por el país con una visa estadounidense válida, cuando fue secuestrado por funcionarios de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en un aeropuerto de California... Hamdi soportó el trauma de estar recluido en múltiples cárceles del ICE... describió haber sido tratado como un subhumano durante su detención por parte de funcionarios de ICE... a él y a otros se les negó el acceso a representación legal y tratamiento médico; la gente tenía que fingir emergencias de vida o muerte para tener la oportunidad de ver a un profesional médico. Hamdi también contó cómo se vio obligado a dormir en celdas sucias y superpobladas, y a consumir alimentos podridos que lo enfermaron violentamente... Liam Conejo Ramos, de 5 años, y otros niños pequeños, supuestamente han sufrido reacciones similares a las causadas por la comida contaminada que se sirve en las instalaciones de ICE... Mario Guevara, un periodista que había residido en Estados Unidos legalmente, fue arrestado mientras cubría una protesta, los funcionarios de ICE lo mantuvieron injustamente en régimen de aislamiento y le negaron el debido proceso. Tras su liberación, Guevara declaró que tuvo que buscar tratamiento de salud mental y empezar a tomar medicación psiquiátrica para tratar episodios de depresión y pesadillas recurrentes... Los relatos de personas detenidas por ICE muestran cómo ser retenido durante meses o incluso años antes de tener la oportunidad de impugnar la detención ante un juez conlleva serios costos personales, financieros y sociales. Pero su experiencia no es nueva. Un número significativo de ciudadanos estadounidenses soportan esto diariamente en todo el país (Jeremy Busby)

 "Durante décadas, los medios corporativos y los funcionarios electos han mostrado poco interés en los informes de personas encarceladas sobre el trato inhumano sin control y las condiciones deplorables dentro de las cárceles, centros de detención y prisiones de EE. UU.

Pero como resultado de la escalada de violencia antiinmigrante y los esfuerzos de la administración Trump por reprimir toda disidencia, los periodistas y escritores profesionales, a quienes normalmente se les restringe severamente el acceso a las instalaciones carcelarias de EE. UU., ahora están experimentando ellos mismos las duras realidades a las que están sometidas diariamente casi 2.1 millones de personas encarceladas en este país.

Inadvertidamente, esta visión interna ha reafirmado lo que los periodistas encarcelados han denunciado durante mucho tiempo: una privación generalizada de las necesidades humanas básicas, la denegación del debido proceso, la negligencia médica y una cultura desenfrenada de crueldad descarada. También ha provocado un nuevo escrutinio de las fuerzas del orden estadounidenses, así como del trato que las agencias penitenciarias públicas y privadas dan a quienes están bajo su control.

El periodista británico Sami Hamdi viajaba por el país con una visa estadounidense válida para una gira de oratoria pública cuando fue secuestrado por funcionarios de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en un aeropuerto de California. La administración Trump revocó la visa de Hamdi en respuesta a una campaña de influencers de redes sociales de extrema derecha a quienes no les gustaron las críticas de Hamdi al genocidio de Israel en Gaza. Durante más de dos semanas, Hamdi soportó el trauma de estar recluido en múltiples cárceles del ICE.

"Se sentía irreal, casi como estar en una película", dijo Hamdi a Truthout en una entrevista reciente.

Hamdi describió haber sido tratado como un subhumano durante su detención por parte de funcionarios de ICE. Además de ser mantenido en grilletes dolorosamente apretados durante días, con sus súplicas para aflojarlos ignoradas, Hamdi dijo que a él y a otros se les negó el acceso a representación legal y tratamiento médico; la gente tenía que fingir emergencias de vida o muerte para tener la oportunidad de ver a un profesional médico.

Hamdi también contó a Truthout cómo se vio obligado a dormir en celdas sucias y superpobladas, y a consumir alimentos podridos que lo enfermaron violentamente. Otros le dijeron que esa experiencia era común para los nuevos detenidos cuyos estómagos no se habían adaptado a sus nuevas dietas. Desde que Hamdi estuvo bajo custodia de ICE, muchos otros, incluyendo Liam Conejo Ramos, de 5 años, y otros niños pequeños, supuestamente han sufrido reacciones similares a las causadas por la comida contaminada que se sirve en las instalaciones de ICE. El caso de Ramos llamó especialmente la atención sobre las condiciones en la cárcel de inmigración de Dilley, pero esas condiciones no son únicas, ni dentro de las cárceles de ICE ni en el sistema carcelario estadounidense en general.

La historia de Hamdi también se asemeja al relato de Mario Guevara, un periodista originario de El Salvador que había residido en Estados Unidos legalmente durante más de 20 años. Arrestado por agentes de la ley locales en Georgia mientras cubría una protesta de "No Kings", ICE lo tomó bajo su custodia. Pasó meses en múltiples cárceles de inmigración antes de ser deportado ilegalmente de regreso al país del que huyó décadas antes por persecución política.

"No sé por qué ICE quiere seguir tratándome como a un criminal", escribió Guevara en una carta al medio de noticias The Bitter Southerner durante su detención. Me duele saber que me han negado todos los privilegios y el derecho a ser libre cuando nunca he cometido ningún delito.

Guevara escribió sobre cómo los funcionarios de ICE lo mantuvieron injustamente en régimen de aislamiento y le negaron el debido proceso. Tras su liberación, Guevara declaró que tuvo que buscar tratamiento de salud mental y empezar a tomar medicación psiquiátrica para tratar episodios de depresión y pesadillas recurrentes.

Luego está el atroz secuestro de Rümeysa Öztürk, estudiante de doctorado en la Universidad de Tufts. Después de coescribir un artículo de opinión para el periódico de su campus, The Tufts Daily, que reconocía el genocidio en Gaza, Öztürk fue arrestada en la calle por agentes de ICE. El caso de deportación contra Öztürk fue finalmente desestimado a principios de este mes, casi un año después de su secuestro, pero la administración aún podría buscar una revisión de esa decisión.

Durante los siguientes cinco meses, Öztürk, becario Fulbright, fue encadenado y trasladado a cárceles del ICE tan lejanas como Luisiana. Aunque no es periodista de carrera, Öztürk también compartió relatos alarmantes de trato tortuoso durante su detención.

"Nunca podría haber imaginado tal calvario cuando llegué por primera vez a Estados Unidos en 2018 para cursar mis estudios de posgrado, aprender y crecer como académica, y contribuir al campo del desarrollo infantil", escribió Öztürk en un ensayo para Vanity Fair titulado "Dios no puede escucharnos aquí: lo que presencié dentro de una prisión de mujeres del ICE".

Estos horrores no están reservados exclusivamente para no ciudadanos como Hamdi, Guevara y Öztürk, quienes, es importante señalar, tenían visas o permisos de trabajo. Los ciudadanos estadounidenses han sufrido el mismo destino.

Steve Held, periodista con sede en Chicago y cofundador de Unraveled Press, fue detenido por agentes federales fuera de una instalación del ICE mientras informaba sobre una protesta en septiembre. Sus captores aparentemente se dieron cuenta de lo que las autoridades de otros lugares no: cuando encierras a un periodista, es probable que informe lo que ve. Su solución, sin embargo, no fue cambiar sus prácticas, sino tapiar las ventanas de la celda de Held para que no pudiera ver hacia afuera.
Culpable hasta que se demuestre lo contrario

Los relatos de personas detenidas por ICE muestran cómo ser retenido durante meses o incluso años antes de tener la oportunidad de impugnar la detención ante un juez conlleva serios costos personales, financieros y sociales. Pero su experiencia no es nueva. Un número significativo de ciudadanos estadounidenses soportan esto diariamente en todo el país.

Organizaciones de libertades civiles como la Unión Americana de Libertades Civiles han condenado la práctica de mantener a las personas en detención prolongada antes del juicio. El enfoque de "culpable hasta que se demuestre lo contrario" viola los principios fundamentales de la Constitución de los Estados Unidos.

Al recordar su arresto, Hamdi dijo: "Un agente me agarró por detrás, me arrojó contra el coche, me esposó fuertemente y me metió en el vehículo. Repetidamente afirmé que no había cometido ningún delito... No me dejaron llamar a mis abogados ni a mi familia. Fue una experiencia muy surrealista.

Según un informe de la Prison Policy Initiative, en 2023, casi el 70 por ciento de la población carcelaria nacional eran detenidos en espera de juicio. Ahora hay decenas de miles de personas detenidas por ICE sin orden de deportación. Al igual que otras cárceles estadounidenses, las cárceles de ICE carecen de programación u oportunidades educativas, limitan el acceso de las personas a la representación legal y proporcionan alimentos y atención médica de baja calidad, mientras encierran a los humanos en condiciones de vida deficientes.

Para colmo, las detenciones previas al juicio y a la deportación inducen la pérdida de salarios, la desestabilización de las estructuras familiares, complicaciones de salud física y mental, y los innumerables efectos adversos de ser tratado como un criminal, como declararse culpable de un delito o aceptar la deportación a pesar de supuestamente tener la ley de su lado. La falta de debido proceso combinada con el trato inhumano socava su moral. "Todos estábamos perdiendo la esperanza y partes de lo que somos", escribió Öztürk.

"La carga de estar confinados en interiores y aislados de nuestras vidas cotidianas fue pesada para todos", añadió. "Pasó factura al crecimiento, a las perspectivas profesionales, a los sueños y a nuestro bienestar".

Hamdi describió cómo un anciano de Uzbekistán que había sido destrozado por 13 meses de detención por parte de ICE le confió que estaba listo para ofrecerse como voluntario para la deportación a su empobrecido país, a pesar de saber que podría ganar su caso en los tribunales.

"Puedes tener este país", dijo Hamdi que confesó el hombre uzbeko.
No podemos respirar

Al comienzo de un documental de ABC News llamado No Way Out sobre la fallida respuesta de las prisiones de Texas a la pandemia de COVID-19 (donde he pasado casi tres décadas), se me puede oír decir: "¡No podemos respirar!".

Esas palabras no eran mera hipérbole. Describieron las condiciones de vida asfixiantemente inhumanas y la crueldad descarada dentro de las prisiones de Texas.

Mi clamor fue producto de ver morir a personas sanas en números récord por negligencia médica después de contraer el virus COVID-19; de presenciar suicidio tras suicidio porque se les negaba el acceso a la salud mental a las personas encarceladas; de hacer súplicas de ayuda sin respuesta porque se nos negaban necesidades humanas básicas como papel higiénico, jabón y desodorante; de consumir alimentos incomibles e insalubres día tras día.

Ese documental no logró impulsar ningún cambio significativo en el sistema penitenciario de Texas. Los suicidios y homicidios solo han aumentado anualmente. Las personas encarceladas siguen muriendo o sufriendo problemas de salud de por vida debido a la falta de acceso a servicios adecuados de salud mental y médicos. Se han implementado nuevas reglas punitivas que interrumpen la comunicación con seres queridos y destruyen los lazos familiares saludables. La comida sigue siendo repugnante y las mentalidades de los guardias de la prisión son tan duras como siempre. La gente se muere por salir, literalmente.

"Hace una década, dos asesinatos, una presunta sobredosis de drogas y un suicidio en una sola prisión en menos de dos semanas habrían sido impensables", escribió la periodista de investigación Keri Blakinger para el Houston Chronicle en septiembre sobre los acontecimientos en una prisión de Livingston, Texas.

Esas mismas condiciones que alimentan la crisis en Texas existen en prisiones y cárceles de todo el país, incluidas las instalaciones de ICE.

Öztürk escribió que la gente llegó "en relativa buena salud, pero sus condiciones se deterioraron día a día debido al acceso inadecuado a la atención médica, alimentos nutritivos, sueño, luz solar y aire fresco".

Los agentes federales ni siquiera brindan tratamiento a los periodistas a los que disparan, como al reportero de TikTok de Los Ángeles, Carlitos Ricardo Parias. Los cargos de que Parias embistió su vehículo contra el coche de un oficial de inmigración antes del tiroteo en junio pasado fueron desestimados posteriormente porque la versión del gobierno no era creíble. Pero su abogado le dijo a un juez que se le negó medicación para el dolor por sus heridas durante horas. Adam Rose de la Fundación para la Libertad de Prensa (quien también es el presidente de derechos de prensa del Club de Prensa de Los Ángeles) dice que Parias necesitaba morfina pero se le negó incluso ibuprofeno, y el abandono continuó incluso después de que un juez ordenara tratamiento.

Hamdi describió cómo los funcionarios de ICE deshumanizaban a las personas detenidas hasta el punto de que algunas tenían que tomar medicamentos para la salud mental solo para sobrevivir. "Respirar dentro del centro de detención era difícil, tanto simbólica como físicamente", expresó Öztürk en su ensayo.
La Gran y Hermosa Mentira

La pregunta molesta ahora es por qué, como nación, Estados Unidos permite que existan tales modelos de crueldad.

Una teoría es el fenómeno llamado "pánicos morales". Los pánicos morales ocurren cuando figuras de autoridad, incluidos miembros de las fuerzas del orden y políticos, seleccionan un puñado de anécdotas verdaderas sobre un tipo particular de comportamiento de un grupo particular de personas y trabajan con los medios para crear un frenesí en toda la sociedad.

Por ejemplo, durante la administración Biden, personalidades de medios de extrema derecha y medios tradicionales centraron su cobertura en incidentes aislados de inmigrantes indocumentados que cometían crímenes horribles, creando una narrativa engañosa de que los inmigrantes indocumentados eran los únicos responsables de la delincuencia en Estados Unidos.

A pesar de la aparente cantidad ilimitada de datos para refutar esta noción, esta narrativa falsa se convirtió en una piedra angular para la campaña presidencial de Donald Trump y lo impulsó de regreso a la Oficina Oval.

Después de su elección, el presidente Trump y sus representantes siguen difundiendo la misma falsedad con la ayuda de los medios de comunicación. Llamaron a los inmigrantes indocumentados asesinos, violadores, miembros violentos de pandillas y traficantes de drogas que debían ser expulsados del país a toda costa.

Esa gran y hermosa mentira llevó a la creación y aprobación del primer logro legislativo de Trump, el Gran y Hermoso Proyecto de Ley (BBB).

En lugar de asignar fondos para ayudar a las personas que luchan por obtener necesidades básicas como vivienda, alimentos y atención médica, el BBB destinó la cifra récord de 170 mil millones de dólares a criminalizar a los inmigrantes. Cuarenta y cinco mil millones se reservan exclusivamente para construir más cárceles de inmigración. Esta legislación aumentó el presupuesto de ICE en un 265 por ciento y su capacidad de camas de 40,000 a 160,000. Según The Marshall Project, el 85 por ciento de las camas actuales y futuras se alojarán en prisiones privadas, que un informe de 2026 de la Prison Policy Initiative reveló que recaudan 2.4 mil millones de dólares anuales de dinero de los contribuyentes.

Estas pánico morales también sirven para generar consentimiento para algo más siniestro: la criminalización, el proceso por el cual las poblaciones son consideradas indignas de sus derechos y merecedoras de castigo. El Estado utiliza la criminalización para desviar su responsabilidad por los problemas sociales que causa —crisis económica, pobreza, desplazamiento, guerra— hacia poblaciones que a menudo son víctimas de las políticas estatales, y para justificar los daños de la vigilancia y el encarcelamiento.

La presentación de los inmigrantes indocumentados como criminales ha permitido a los agentes de ICE desatar tácticas violentas sin precedentes contra todos los inmigrantes, o simples visitantes del extranjero, incluidos periodistas como Hamdi.

Se le debe recordar al público estadounidense que esta es la misma estrategia retórica utilizada por la fallida "guerra contra las drogas" de las administraciones Reagan y Bush y la farsa de los "superdepredadores" para demonizar a los jóvenes negros perpetuada por los Clinton.

Estas administraciones contribuyeron a que Estados Unidos se convirtiera en el líder mundial en encarcelar a sus propios ciudadanos y resultaron en la desensibilización general del público sobre cómo se trata a los humanos enjaulados. Ahora, más periodistas lo están viendo por sí mismos.
Queremos ser vistos como humanos de nuevo

El enfoque de la administración Trump para sofocar la disidencia con fuerza bruta es un territorio inexplorado, pero el trato inhumano de quienes están bajo custodia estadounidense es rutinario.

Por eso, como periodista encarcelado que ha dedicado los últimos 20 años a intentar educar a la sociedad sobre la cultura de crueldad desenfrenada que existe dentro de estos muros de las cárceles, centros de detención y prisiones de la nación, me siento alentado por la asistencia que estas dignas causas están recibiendo de mis colegas como Hamdi, Guevara, Held y Öztürk, y por los medios de comunicación que están proporcionando espacio para estas historias. Como dijo Öztürk, todo lo que queremos es "ser vistos como humanos de nuevo".

Lo que está sucediendo dentro de estos lugares no solo debería alarmar a la sociedad en su conjunto, sino que debería movilizarnos a la acción, especialmente a aquellos que quieren promover la causa de la liberación. Eso incluye unirse y apoyar a organizaciones de libertades civiles, grupos de ayuda mutua liderados por presos, campañas contra la construcción y expansión de cárceles, grupos de apoyo legal y medios de comunicación como la organización sin fines de lucro que fundé para empoderar a los periodistas encarcelados y destacar su trabajo, JoinJeremy.

"Saben que está mal", dijo Hamdi a la Fundación para la Libertad de Prensa durante un evento en línea en noviembre. Saben que si el público estadounidense se entera de la realidad de lo que está sucediendo, el ICE será desmantelado en un instante.

Hamdi puede que nos haya sobreestimado. Las condiciones en Dilley han sido ampliamente reportadas últimamente, pero hasta ahora no ha habido desmantelamiento. En cambio, la administración planea expandir la capacidad de ICE para albergar a personas. Esperemos que los talentosos escritores que ahora conocen de primera mano los horrores que traerá la expansión puedan ayudar a persuadir al público para que finalmente reconozca las injusticias actualmente ejemplificadas por las cárceles de ICE, pero igualmente prevalentes en todas las instituciones carcelarias." 

( , truthout, 20/02/26, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

23.2.26

Un grupo de diputados de Texas alerta sobre las torturas, asesinatos y tratos inhumanos a los emigrantes detenidos en el centro de internamiento de Fort Bliss... señalaron que tres detenidos han muerto en el centro en tan solo dos meses... “Los abusos de los derechos humanos, el incumplimiento de los requisitos del proceso debido, la violación reiterada de las regulaciones federales, la clara falta de respeto a la Constitución de Estados Unidos y el asesinato son inadmisibles en cualquier rincón del territorio estadounidense, pero estos crímenes contra personas reales están ocurriendo en Texas y requieren que los orgullosos tejanos nos pongamos de pie en defensa de nuestra Constitución y usemos nuestro poder para poner fin a este abuso generalizado”, dicen los diputados (mpr21)

 "Un grupo de diputados de Texas alerta sobre las torturas, asesinatos y tratos inhumanos a los emigrantes detenidos en el centro de internamiento de Fort Bliss, el más grande del país, ubicado en una base militar en El Paso.

Al menos tres reclusos han muerto en el centro en tan solo dos meses, incluyendo uno que, según testigos, fue estrangulado por los carceleros.

“Hemos recibido numerosos informes creíbles de torturas, asesinatos y tratos inhumanos a personas detenidas en el centro de detención de migrantes Camp East Montana, ubicado en Fort Bliss”, declaró la diputada Ana María Rodríguez Ramos, quien se unió a otros 35 miembros de la Cámara de Representantes de Texas para exigir una investigación del centro.

Camp East Montana se construyó en agosto dentro de los esfuerzos del gobierno de Trump para intensificar la deportación masiva de inmigrantes por parte del ICE, la policía de emigración. La selección de Fort Bliss tiene un precedente histórico, ya que anteriormente se utilizó como lugar de internamiento de japoneses durante la Segunda Guerra Mundial.

Mediante la firma de un contrato secreto, el Pentágono otorgó en julio aproximadamente 1.200 millones de dólares a un contratista privado para construir un extenso campamento de tiendas de campaña que albergaría a unas 5.000 personas detenidas por la policía de emigración.

“Casi inmediatamente después de su apertura, los detenidos, sus familias y las organizaciones de vigilancia legal comenzaron a llamar la atención sobre las condiciones que se consideraban inadecuadas para los detenidos, incluso según los estándares internos establecidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)”, escribieron los diputados en una carta a Cole Hefner, que preside el Comité de Seguridad Nacional, Seguridad Pública y Asuntos de Veteranos de la Cámara de Representantes.

Durante los primeros 50 días de funcionamiento del campamento, las inspecciones del ICE revelaron que había violado más de 60 estándares de detención. El informe, elaborado en septiembre, no se hizo público, pero fue difundido por el Washington Post, que habló con decenas de detenidos.

“En la página web del ICE titulada ‘Gestión de la Detención’, se afirma que la detención no es punitiva”, escribieron los diputados. “Sin embargo, según un informe del Washington Post basado en declaraciones juradas de decenas de detenidos, el centro, durante meses, estuvo funcionando como una prisión en un país sin estándares de supervisión, salud ni seguridad para los reclusos”.

“Hubo quejas de que los inodoros y lavabos no funcionaron durante las primeras semanas tras la apertura del centro en agosto pasado. Se registraron quejas de que, durante las primeras semanas, el centro no alimentó adecuadamente a los detenidos. También se quejaron de otra violación de los estándares del ICE: la falta de acceso a teléfonos para que los detenidos se comunicaran con sus familiares y abogados”, asegura el informe.

A principios de esta semana, la congresista estadounidense Verónica Escobar, que visitó el centro sin previo aviso, reveló que se habían identificado al menos dos casos de tuberculosis y 18 casos de covid. “Mientras la empresa privada continúa embolsándose nuestros impuestos, es evidente que las condiciones empeoran”, declaró.

Los diputados estatales también citaron una carta enviada en diciembre por varios grupos de derechos humanos, que abordaba “casos de intentos ilegales y extrajudiciales de deportar detenidos a México”.

Un recluso, un inmigrante cubano identificado como “Benjamín”, dijo que fue amenazado por carceleros que intentaron obligarlo a firmar una carta en la que aceptaba ser deportado a México.

“Los guardias le dijeron que si no lo hacía, lo esposarían, le pondrían una bolsa en la cabeza y lo enviarían a México. Benjamín se negó a firmar el documento, alegando que tenía miedo de ir a México porque había oído que allí los emigrantes suelen ser secuestrados o asesinados”, decía la carta.

También enumeraba varios ejemplos de reclusos sometidos a agresiones físicas y sexuales a manos de los carceleros. “Las personas internadas en Fort Bliss denuncian que los carceleros les han aplastado los testículos con los dedos, los han tirado al suelo, los han pisoteado y les han dado puñetazos en la cara, y los han golpeado incluso después de estar esposados ​​e inmovilizados”, decía.

Los legisladores también señalaron que tres detenidos han muerto en el centro en tan solo dos meses. El 3 de diciembre se informó que el recluso guatemalteco Francisco Gaspar Andrés, de 48 años, falleció por causas naturales, concretamente por insuficiencia hepática y renal, según un comunicado de prensa de la policía de emigración.

Desde entonces, otros dos reclusos han fallecido. El 14 de enero, Víctor Manuel Díaz, de 36 años, fue hallado muerto en un aparente suicidio, aunque la causa de la muerte sigue bajo investigación.

Anteriormente, el Departamento de Seguridad Nacional informó que la muerte de otro recluso, Geraldo Lunas Campos, de 55 años y originario de Cuba, el 3 de enero. También fue un suicidio.

Sin embargo, testigos han declarado haber visto a carceleros asfixiando a Lunas Campos, a quien se le escuchó decir: “No puedo respirar”. Su muerte se ha declarado homicidio después de que una autopsia revelara que la causa de la muerte fue “asfixia por compresión del cuello y el torso”.

La carta señala que, si bien Lunas Campos fue “condenado por crímenes atroces”, incluyendo contacto sexual con una niña de 11 años, “no fue condenado a muerte por un juez ni un jurado; fue asesinado por alguien responsable de su cuidado, por razones o circunstancias desconocidas”.

“Como diputados texanos, es nuestra responsabilidad garantizar que podamos confiar en que las cárceles, prisiones y centros de detención en Texas operan conforme a nuestros altos estándares y expectativas”, declararon. “Debemos aprender más, investigar y dar respuestas a los millones de estadounidenses que exigen la verdad. También debemos asegurarnos de que esto no vuelva a suceder en ningún centro de detención federal”.

La solicitud de una investigación surge en un momento en que el DHS (Ministerio de Interior) planea convertir rápidamente al menos unas dos docenas de almacenes en nuevos centros de internamiento masivos en todo el país. Al menos tres de estos centros están previstos en Texas. Se espera que uno de ellos, previsto para la ciudad de Hutchins, a las afueras de Dallas, albergue a unos 9.500 reclusos.

“Los abusos de los derechos humanos, el incumplimiento de los requisitos del proceso debido, la violación reiterada de las regulaciones federales, la clara falta de respeto a la Constitución de Estados Unidos y el asesinato son inadmisibles en cualquier rincón del territorio estadounidense, pero estos crímenes contra personas reales están ocurriendo en Texas y requieren que los orgullosos tejanos nos pongamos de pie en defensa de nuestra Constitución y usemos nuestro poder para poner fin a este abuso generalizado”, dicen los diputados."                  (mpr21, 23/02/26)

3.5.19

El arresto de Assange marca el comienzo oficial del totalitarismo corporativo que definirá nuestras vidas. Lo que le espera a Assange en la mayor red de cárceles del mundo... el gulag americano... un agujero negro en el que las condiciones son atroces (como reveló un informe del Departamento de Justicia): violaciones, asesinatos, palizas, suicidios. Será interrogado sin pausa, le aplicarán todas las técnicas sicológicas posibles, le despertarán constantemente cada dos o tres horas para impedirle dormir... todo el mundo tiene su punto de quiebra, le intentarán destruir sicológicamente...

"Sobre lo que le espera a Julian Assange en Estados Unidos, mayor universo carcelario del mundo

 La obvia voluntad de los medios de comunicación establecidos al silenciar al mínimo posible el escandalosos caso de Julian Assange, es que nos olvidemos del asunto y que este se diluya en la ruidosa cacofonía de la coral informativa

(...)  Dejemos las cosas claras: esto no es el “caso Assange”, sino el de la libertad de información.

(...)  Desde el fin de la segunda guerra mundial, lo que el ex Presidente Jimmy Carter define como, “la corrupta oligarquía de Estados Unidos” ha llevado a cabo todo tipo de guerras, guerras comerciales, embargos, bombardeos, invasiones, operaciones de cambios de régimen que, según estimaciones internacionales arrojan unas cincuenta intervenciones directas en las que perdieron la vida entre 20 y 30 millones de seres humanos. Estados Unidos es, “la principal amenaza a la paz mundial”, dice Oskar Lafontaine.

Pues bien, Assange es culpable de haber revelado muchos detalles y métodos recientes de esa inusitada violencia. No ha sido el único, pero su informe, a través de WikiLeaks ha sido enorme y muy dañino para el Imperio. Periodísticamente ha sido, sin duda, el mayor scoop periodístico del siglo.

Por eso hay que escarmentar ese ejemplo, algo que afecta a todos los periodistas, incluso si no son estadounidenses (Assange no lo es), en cualquier parte del mundo.  (...)

Lo que le espera a Assange

“Cuando le echen la mano harán con él cosas criminales e inmorales, será la tortura”, explica Matthew Hoh, funcionario del Center for International Policy de Washington. “Le pondrán una capucha en la cabeza, será esposado y encadenado, lo embarcarán en un vuelo clandestino, será llevado a Estados Unidos y sometido a aislamiento, lo que es una forma de tortura”, explica el periodista Chris Hedges, premio Pulitzer.

 “Es así como rompen a la gente: será interrogado sin pausa, le aplicarán todas las técnicas sicológicas posibles, en su celda hará mucho calor, luego mucho frío, le despertarán constantemente cada dos o tres horas para impedirle dormir, puede que le metan en una celda sin agua para obligarle a pedir agua, para ir al lavabo o lavarse”, dice.

“Todo el mundo tiene su punto de quiebra, le intentarán destruir sicológicamente. Lo hemos visto con muchos casos de detenidos la mayoría vendidos a Estados Unidos por señores de la guerra en Afganistán o Pakistán: quedan emocionalmente inválidos de por vida. Será una tortura científica”, dice Hedges, citado por Elizabeth Vos en Consortium News.

 Todo eso puede deducirse del injusto proceso y detención sufrido por Chelsea Manning. “Habrá un barniz de legalidad, una apariencia, pero será tratado como todas las personas de todo el mundo que han desaparecido en ese sistema”, pronostica Hedges.

La cárcel interior del Imperio

Ese sistema es el que corresponde a la acción imperial de Estados Unidos, a la violencia exterior ejercida por ese país, pero tiene una dimensión interior muy clara y conocida     -aunque se hable poco de ella- que confiere a Estados Unidos la capitalidad mundial del Gulag: el mayor sistema carcelario del mundo. El Gulag son ellos.

En Estados Unidos más de mil personas mueren anualmente a manos de la policía, por arma de fuego, golpes o gases. La policía tiene, en la práctica, licencia para matar, a juzgar por el insignificante número de agentes juzgados.

“Venganza y represión son objetivos explícitos de las instituciones del Estado hacia los negros”, dice el periodista suizo Walter Tauber, un veterano ex corresponsal del semanario Der Spiegel. “Quien entra en la maquinaria de la justicia como negro casi nunca se convertirá de nuevo en un ciudadano libre, incluso si su delito original hubiera sido fumarse un porro en la juventud y luego robar una pizza por hambre. Millones de negros y latinos son liberados de la cárcel sin recuperar la libertad, porque muy pocos logran convertirse de nuevo en ciudadanos libres”, dice.

 Esa situación fue la que generó el movimiento Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan). (...)

Desde entonces, seis personas vinculadas a aquellas protestas han muerto en circunstancias escandalosamente sospechosas: dos fueron encontrados calcinados y con una bala en la cabeza dentro de un coche incendiado en dos sucesos independientes, otros tres murieron en extraños suicidios y un sexto murió en un autobús en lo que se explicó como consecuencia de una sobredosis.

Los líderes de la protesta reciben anónimos amenazantes. A uno de ellos, el sacerdote Darryl Gray, le pusieron dentro del coche una caja en la que había una serpiente. Esta serie de incidentes es atribuida por una de las activistas concernidas a “supremacistas blancos o simpatizantes de la policía”.

La mayor red de cárceles del mundo

En Estados Unidos más de 2,3 millones de personas, la mayoría de ellas negros y latinos, están recluidos en la mayor red mundial de cárceles y centros de detención para emigrantes del mundo. Si a ellos se suman aquellos que están en libertad provisional la cifra asciende a siete millones. Ningún país del mundo mantiene tantos prisioneros como Estados Unidos: 698 personas por cada 100.000 habitantes.

Más que la Unión Soviética en su etapa final, más que China que tiene 1,6 millones de presos con una población cuatro veces mayor, más que en la actual Rusia o en Brasil (600.000) y aún más que los 400.000 de India (cifras de 2015). Muchos están encarcelados por el hecho de ser pobres y no poder pagar una fianza de 10.000 dólares y uno de cada cinco presos por haber sido sentenciados a duras penas por asuntos de droga sin mediar violencia.

Las condiciones de encarcelamiento son atroces, como reveló en marzo un informe del Departamento de Justicia sobre las prisiones del estado de Alabama: violaciones, asesinatos, palizas, suicidios (15 en los últimos quince meses). Esta situación viene amparada por lo que un especialista define como, “la naturaleza oculta de las prisiones de Estados Unidos”, algo que parece, “una opción política deliberada única entre las democracias”. “No hay en Estados Unidos una institución nacional independiente que supervise las condiciones de vida en las cárceles”, dice.

Agujero negro

Unos 61.000 presos sufren diariamente celdas de aislamiento, procedimiento que Naciones Unidas equipara con tortura y de los que muchos salen mentalmente enfermos. Hace tres años entrevisté a Albert Woodfox, un activista negro de 71 años que me explicó lo que significa aislamiento: “Una celda de 6 metros cuadrados en la que estás solo y encerrado 23 horas al día con una hora en el exterior. También hay gaseamientos y golpes, es tortura”, decía el ex preso.

 “El sistema está diseñado para romper tu espíritu y tu dignidad, muchos se vuelven locos, otros se suicidan, hay gente que se corta las venas para poder salir unas horas al hospital”.  (...)

Woodfox y sus compañeros eran convictos del más grave delito: la rebelión de los negros para ser considerados y tratados como personas. De ahí parte toda una industria carcelaria de gestión frecuentemente privatizada que es alimentada por trabajo esclavo.

Tal es el contexto, general y concreto, de lo que le espera a Julian Assange en Estados Unidos cuando la judicatura británica apruebe su extradición: ingresar en ese agujero negro."                (Rafael Poch, blog, publicado en CTXT, 01/05/19)


"El arresto el pasado jueves de Julian Assange aniquila los pilares del estado de derecho y la prensa libre.

Las ilegalidades, abrazadas por los gobiernos ecuatoriano, británico y estadounidense, en la incautación de Assange son ominosas.

 Presagian un mundo donde el funcionamiento interno, los abusos, la corrupción, las mentiras y los crímenes, especialmente los crímenes de guerra, llevados a cabo por los estados corporativos y la elite gobernante global serán enmascarados del público.

 Presagian un mundo donde aquellos con el coraje y la integridad para exponer el mal uso del poder serán perseguidos, torturados, sometidos a juicios simulados y recibirán penas de prisión de por vida en régimen de aislamiento. 

Presagian una distopía orwelliana donde las noticias se reemplazan con propaganda, trivialidades y entretenimiento. El arresto de Assange, me temo, marca el comienzo oficial del totalitarismo corporativo que definirá nuestras vidas.

¿Bajo qué ley el presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, anuló de manera caprichosa los derechos de asilo de Julian Assange como refugiado político? ¿Bajo qué ley autorizó Moreno a la policía británica para ingresar a la Embajada de Ecuador, territorio soberano sancionado diplomáticamente, para arrestar a un ciudadano naturalizado de Ecuador? ¿Bajo qué ley la Primera Ministra Theresa May ordenó a la policía británica capturar a Assange, quien nunca ha cometido un crimen? ¿Bajo qué ley exigió el presidente Donald Trump la extradición de Assange, que no es ciudadano estadounidense y cuya organización de noticias no tiene sede en los Estados Unidos?

Estoy seguro de que los abogados del gobierno británico están haciendo lo que el estado corporativo les exige, utilizando argumentos legales engañosos para eviscerar los derechos consagrados por orden judicial.   (...)

Gran Bretaña utilizará como cobertura legal para el arresto la solicitud de extradición de Washington basada en cargos de conspiración. Este argumento legal, en un poder judicial ordinario, sería desestimado. Lamentablemente, ya no tenemos un poder judicial ordinario. Pronto sabremos si Gran Bretaña también carece de uno.

A Assange se le concedió asilo en la embajada en 2012 para evitar la extradición a Suecia para responder preguntas sobre denuncias de delitos sexuales que finalmente se retiraron. Assange y sus abogados siempre argumentaron que si se lo ponía bajo custodia sueca, sería extraditado a los Estados Unidos. Una vez que se le concedió el asilo y la ciudadanía ecuatoriana, el gobierno británico se negó a concederle a Assange un pasaje seguro al aeropuerto de Londres, atrapándolo en la embajada durante siete años  (...)

El gobierno de Trump intentará juzgar a Assange por cargos de haber conspirado con Manning en 2010 para robar los registros de guerra de Irak y Afganistán obtenidos por WikiLeaks.

 El medio millón de documentos internos filtrados por Manning del Pentágono y el Departamento de Estado, junto con el video de 2007de pilotos de helicópteros estadounidenses que dispararon despreocupadamente a civiles iraquíes, incluidos niños y dos periodistas de Reuters, proporcionaron abundantes pruebas de la hipocresía, la violencia indiscriminada y el uso habitual de la tortura, las mentiras, el soborno y las crudas tácticas de intimidación del gobierno de los Estados Unidos en sus relaciones exteriores y las guerras en el medio oriente. 

Assange y WikiLeaks nos permitieron ver el funcionamiento interno del imperio, el papel más importante de la prensa, y por esto se convirtieron en la presa del imperio.

Los abogados del gobierno de los Estados Unidos intentarán separar WikiLeaks y Assange del The New York Times y del periódico británico The Guardian, que también publicaron el material filtrado de Manning, implicando a Assange en el robo de los documentos. Manning fue presionada repetidamente y brutalmente durante su detención y juicio para implicar a Assange en la incautación del material, algo que ella rechazó firmemente. 

Actualmente se encuentra en la cárcel debido a su negativa a declarar, sin su abogado, ante el gran jurado reunido para el caso Assange. El presidente Barack Obama le otorgó a Manning, quien recibió una condena de 35 años, clemencia luego de haber cumplido siete años en una prisión militar.  (...)

Assange, quien con las filtraciones de Manning había expuesto los crímenes de guerra, las mentiras y las manipulaciones criminales de la administración de George W. Bush, pronto se ganó la ira del Partido Demócrata al publicar 70.000 correos electrónicos pirateados pertenecientes al Comité Nacional Demócrata (DNC) y senior Funcionarios demócratas. 

Los correos electrónicos se copiaron de las cuentas de John Podesta, presidente de la campaña de Hillary Clinton. Los correos electrónicos de Podesta expusieron la donación de millones de dólares de Arabia Saudita y Qatar, dos de los principales financiadores del Estado Islámico, a la Fundación Clinton. Expuso los 657.000 dólares que Goldman Sachs pagó a Hillary Clinton para dar charlas, una suma tan grande que solo puede considerarse un soborno. 

Expuso la mendacidad repetida de Clinton. Ella fue atrapada en los correos electrónicos, por ejemplo, le dijo a las élites financieras que quería “abrir comercio y abrir fronteras” y creía que los ejecutivos de Wall Street estaban mejor posicionados para administrar la economía, una declaración que contradecía las declaraciones de su campaña. Expuso los esfuerzos de la campaña de Clinton para influir en las primarias republicanas para garantizar que Trump fuera el candidato republicano.   (...)

WikiLeaks ha hecho más para exponer los abusos de poder y crímenes del Imperio Americano que cualquier otra organización de noticias. Además de los registros de guerra y los correos electrónicos de Podesta, hizo públicas las herramientas de piratería utilizadas por la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional y su interferencia en las elecciones extranjeras, incluso en las elecciones francesas.

 Divulgó la conspiración interna contra el líder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn por los miembros laboristas del Parlamento. Intervino para salvar a Edward Snowden , quien hizo pública la vigilancia general del público estadounidense por parte de nuestras agencias de inteligencia, de la extradición a los Estados Unidos al ayudarlo a huir de Hong Kong a Moscú. Las filtraciones de Snowden también revelaron que Assange estaba en una “lista de objetivos de caza” de los Estados Unidos.  (...)

 Si Assange es extraditado y juzgado, creará un precedente legal que pondrá fin a la capacidad de la prensa, que Trump ha llamado en repetidas ocasiones “el enemigo del pueblo”, para responsabilizar al poder. 

Los crímenes de guerra y finanzas, la persecución de disidentes, minorías e inmigrantes, el saqueo de las corporaciones de la nación y el ecosistema y el despiadado empobrecimiento de hombres y mujeres que trabajan para engrosar las cuentas bancarias de los ricos y consolidar el total de los oligarcas globales.

 El control sobre el poder no solo se expandirá, sino que ya no será parte del debate público. Primero ha sido Assange. Luego seremos nosotros."            ( Artículo de Chris Hedges publicado originalmente en inglés en Truthdig , En El Captor, 12/04/19)

14.11.16

Los grandes detractores de la legalización de la marihuana son las empresas que gestionan cárceles… porque la guerra contra la droga y las deportaciones dan muchos beneficios a las empresas penitenciarias, que se enriquecen con el encarcelamiento masivo de gente

"(...) Los grandes detractores de la legalización de la marihuana son las empresas que gestionan cárceles…
 
Las empresas de defensa y tecnología forman parte de una industria que rentabilizó la Guerra Fría y el estado de guerra permanente que ha vivido Estados Unidos desde que acabó la Segunda Guerra Mundial. Ahora se hace lo mismo con la seguridad interna, el estado penitenciario y la militarización de la frontera.

 La guerra contra la droga y las deportaciones dan muchos beneficios a las empresas penitenciarias, que se enriquecen con el encarcelamiento masivo de gente; la mayoría, pobres afroamericanos e hispanos. O indocumentados que esperan a ser deportados a su país. El pastel se lo reparten sobre todo dos grandes empresas que cotizan en bolsa. 

Por cada cama ocupada en sus cárceles cobran al Estado y llegan a venderlas como habitaciones de hotel o como si fueran empresas inmobiliarias en los informes que elaboran. Y en realidad en muchas de esas cárceles hay condiciones inhumanas. De ahí las guerras contra la droga y contra los indocumentados. 

O la obsesión con proteger la frontera… Las empresas de cárceles, tecnología y seguridad, entre muchas otras, financian a los partidos y tienen lobbies muy potentes en Washington que consiguen legislación favorable a sus intereses económicos de los miembros del Capitolio. Es el negocio perfecto en la ‘dolarocracia’.

Pero las cosas empiezan a cambiar en algunos estados…
 
Hemos llegado a un punto de inflexión en los últimos años hay estados que han despenalizado la marihuana, han caído las deportaciones y se han dejado de construir cárceles privadas en California… y empieza a haber críticas a este modelo. 

California es ahora muy progresista y ha reducido el número de presos de forma radical. Sobre todo en delitos menores como posesión de drogas. Además, en noviembre se votará sobre la despenalización de la marihuana o techos en los precios de algunos fármacos. (...)"                 (Entrevista a Andy Robinson, Iñaki Pardo Torregrosa , La Vanguardia, en Rebelión, 24/10/16)

15.6.16

Los ricos se van de Estados Unidos... por miedo a la guerra civil ya latente

"(...) Necesitamos mirar en otro de los cambios que ocurren en Estados Unidos. El New York Times publicó un artículo de primera plana el 23 de mayo acerca de la violencia con armas, a la que calificaba de interminable pero nunca escuchada. El texto no abordaba los tiroteos masivos con armas que llamamos masacres, que están muy documentados y que consideramos aterradores.

En cambio, el artículo persigue los tiroteos que la policía tiende a llamar incidentes y que nunca llegan a los periódicos. Describe uno de tales incidentes en detalle y le llama “la instantánea de una fuente diferente de violencia masiva –una que surge con regularidad anestésica y que resulta casi invisible, excepto para los casi siempre negros, sean víctimas, sobrevivientes o atacantes”. Y los números suben.

Conforme crecen estas muertes por violencia, interminables y nunca escuchadas, ya no es tan descabellada la posibilidad de que vayan más allá de los confines de los guetos negros a las zonas no negras en las que habitan muchos de los desilusionados. Después de todo, los desilusionados tienen razón en una cosa: la vida en Estados Unidos ya no es lo que era. (...)

Todo este tiempo Estados Unidos realmente ha ido perdiendo su autoridad en el resto del mundo. De hecho, ya no es hegemónico. Quienes protestan y sus candidatos han estado notando esto pero lo consideran reversible, pero no lo es. Estados Unidos es ahora un socio global considerado débil e inseguro.

Esta no es meramente la visión de los Estados que en el pasado se han opuesto con fuerza a las políticas estadunidenses, como Rusia, China e Irán. Esto es también cierto para los aliados presumiblemente cercanos, como Israel, Arabia Saudita, Gran Bretaña y Canadá. A escala mundial, el sentimiento de confiabilidad de Estados Unidos en el ámbito geopolítico se movió de casi 100 por ciento durante la época dorada a algo mucho, mucho menor. Y empeora a diario.

Y como se ha vuelto menos seguro vivir en Estados Unidos, hay también un incremento estable en la emigración. No es que otras partes del mundo sean seguras, sólo más seguras. No es que los estándares de vida en otras partes sean tan altos, pero ahora han aumentado en muchas partes del norte global.

Por supuesto no todos pueden emigrar. Hay una cuestión de costo y de accesibilidad a otros países. Sin duda, el primer grupo que puede incrementar su emigración es el de los sectores más privilegiados. Pero esto, conforme comienza a notarse, hace crecer los enojos de las clases medias más desilusionadas. Y al crecer, sus reacciones pueden asumir un giro violento. Y este giro violento se retroalimentará en sí mismo incrementando los enojos. (...)"             (Immanuel Wallerstein, La Jornada , en Jaque al neoliberalismo, 11/06/16)

8.5.15

The Washington Post publicó un análisis acerca de lo que habrían divulgado los medios más importantes sobre una situación como la de Baltimore, pero en otro país

"El diario estadounidense “The Washington Post” publicó en días pasados un curioso análisis especulativo llevado a cabo por sus periodistas acerca de lo que habrían divulgado los medios de prensa más importantes de Occidente sobre una situación tal como la que se creó en la ciudad de Baltimore:

- Numerosos analistas internacionales habrían presagiado el surgimiento de una “primavera” del tipo de las habidas en algunas naciones del Oriente Medio en el país tomado como base, elogiando la movilización de los jóvenes para la protesta a través de las redes sociales.

- Los gobiernos del mundo habrían expresado su preocupación por el auge del racismo y la violencia estatal en el país donde estuviera ocurrido el fenómeno. Habrían condenado el trato a las minorías étnicas y la corrupción de las fuerzas de seguridad al abordar casos de brutalidad policial en el país en cuestión.

- Londres habría emitido un comunicado llamando al régimen del país a frenar los excesos de los agentes de seguridad del Estado en la nación implicada por haber tratado brutalmente a miembros de minorías étnicas. Exigiría la aplicación de la ley en pie de igualdad para todos los ciudadanos, negros o blancos, así como el respeto a los derechos humanos esenciales, culpando al régimen local por atentar contra una democracia sana.

- La ONU, por su parte, también habría emitido una declaración condenando la militarización y la brutalidad policial “que hemos observado a lo largo de los últimos meses en el país de los hechos”, instando firmemente a las fuerzas de seguridad a llevar a cabo una investigación rigurosa sobre la muerte del detenido. “No hay excusa para la violencia policial excesiva”. Además, habría exhortado al gobierno de esa nación a hacer públicas las bases de datos sobre la violencia policial para mejorar la transparencia y reducir la corrupción en su sistema judicial.

- Los grupos internacionales que abogan en defensa de los derechos humanos se habrían dirigido a la comunidad internacional, pidiendo facilitar asilo a las minorías étnicas negras del país donde ocurrían los desórdenes causados por el asesinato del detenido.

Por supuesto que nada de lo anterior sería aplicable al gobierno del país culpable en el imaginario caso en estudio, dado que los hechos ocurrieron, han ocurrido muchas veces y nadie duda que sigan ocurriendo en Estados Unidos.

Un análisis de otro tipo había sido publicado por el diario estadounidense The New York Times  poco antes, resaltando que 1.500.000 afroamericanos han sido eliminados de la vida cotidiana de Estados Unidos en el período reciente (...)

Según el último censo realizado en Estados Unidos, el homicidio ocupa el primer lugar como causa de muerte de los hombres negros jóvenes. Estados Unidos es el país con mayor número de presos en el mundo (con el 5% de la población mundial posee el 25% de la población encarcelada). 

De los 2,3 millones de presos que tiene, casi el 40% son afroamericanos, quienes solo representan el 12.6% de la población total. Es seis veces más probable que sea encarcelado un hombre negro que uno blanco. (...)

Las familias negras estadounidenses fueron las más afectadas por el escándalo de los depredadores préstamos bancarios cuando explotó la burbuja inmobiliaria de 2007.

 Hacia fines del siglo XX, la familia blanca media en la superpotencia tenía una riqueza seis veces superior a la de la familia negra. Hoy, la familia blanca media posee doce veces más que la negra y la pronunciada desigualdad económica sigue agudizándose.

Estas disparidades se reproducen dramáticamente en las causas del desempleo subsiguiente, que afecta de manera muy superior a los ciudadanos que no son de piel blanca. (...)"                (Manuel E. Yepe , Alainet, 06/05/2015)

4.5.14

A la cárcel... si dejas tu cartón, con tus cuatro cosas, en la acera

"En cada vez mayor número de ciudades de Estados Unidos se criminaliza a las personas sin hogar (unas 620.000 en total, aunque se calcula que 3,5 millones de personas adultas y 1,5 millones de niños pasan por esa experiencia cada año). 

Eso ocurre, por ejemplo, considerando delito dejar o almacenar cosas personales en lugares de propiedad pública. Así sucede en ciudades de Florida. En otras como Columbia, Palo Alto, Miami, Raleigh, Tampa o Harrisburg también existen leyes que tratan a esas personas como criminales. 

16.3.14

El “complejo industrial carcelario” norteamericano

"(...) La mayor empresa de cárceles en Estados Unidos, Corrections Corporation of America (CCA), fue también la primera de esta innovadora industria.

Creada en 1983, fue ideada por Jack Massey, el mismo hombre que a fines de los años 60 fundó Hospital Corporation of America, hoy la mayor empresa de hospitales y centros de cirugía privados de Estados Unidos.

Al año siguiente, Wackenhut Corrections Corporation apareció en el mercado, una empresa que más tarde sería comprada por el Grupo Geo, la segunda compañía más grande del complejo industrial.

“La industria surgió en un contexto dominado por la mentalidad conservadora de la época de Ronald Reagan y por políticas de mano dura, que crearon la suficiente demanda para convencer a un grupo de inversionistas de que existía una oportunidad empresarial”, explicó a Télam Donald Cohen, director ejecutivo de la organización In the Public Interest.
Según relató por teléfono desde su oficina en Washington, las empresas comenzaron construyendo “cárceles especulativas”, es decir que lo hacían pese a no tener contratos con los gobiernos locales o estaduales.

Las primeras cárceles fueron construidas en pueblos pequeños y pobres con la promesa de garantizar empleos, aumentar la recaudación y abaratar los costos que provocaba la creciente población carcelaria a los gobiernos.

Cumplían las mismas reglamentaciones que las prisiones públicas y una vez en funcionamiento estaban bajo el control de los mismos entes gubernamentales, pero, como toda empresa, su objetivo último era el lucro.

Según Cohen, desde el principio la expansión de esta industria se basó en el “cortejo a los funcionarios”.

Primero fueron los municipios, luego los gobiernos de los estados, principalmente en el sur del país, cerca de la frontera con México, y finalmente, con la llegada de Bill Clinton a la Casa Blanca, el Estado nacional.

Clinton endureció aún más la política criminal del país, pero fue su compromiso con el fin de “la era del gran Estado” la que redujo dramáticamente la burocracia pública y abrió la puerta a que el Departamento de Justicia comenzara a contratar cárceles privadas para decenas de miles de inmigrantes indocumentados y criminales.

“Para mediados de los 90, CCA era una de las empresas que mejor cotizaba en Wall Street”, destacó Judy Green, directora de la organización Justice Strategies, una organización especializada en política criminal con base en Brooklyn, Nueva York.

Pero el mayor boom para el incipiente complejo industrial carcelario llegó después de la declaración de la “guerra contra el terrorismo” en 2001 y, especialmente, con la política para frenar la inmigración del segundo mandato del republicano George W. Bush.

Para fines de 2010 el complejo industrial carcelario concentraba el 8% de los presos en los sistemas federal y estadual, y se había instalado con distinta fuerza en 30 de los 50 estados del país, según la Oficina de Estadísticas de Justicia estadounidense. (...)

El porcentaje parece pequeño, pero lo que llama la atención es el ritmo al que creció la industria en relación al aumento de personas detenidas en el país.

Entre 1999 y 2010, la población carcelaria en Estados Unidos creció un 18%, pero el número de presos en cárceles federales y estaduales privadas aumentó alrededor de un 80%.

CCA posee 66 cárceles con capacidad para 91.000 presos, mientras que el Grupo Geo tiene 65 prisiones y puede albergar más de 65.700 detenidos. Sus ganancias anuales en 2011 fueron de 1.700 millones y 1.600 millones de dólares, respectivamente.

A nivel federal este crecimiento se basó en la privatización de gran parte del sistema de detención de inmigrantes indocumentados, mientras que a nivel de los estados se consiguió gracias al “cortejo” de las autoridades locales, que permitió la firma de contratos poco convencionales.

Un informe de 2012 de In the Public Interest analizó 62 contratos de empresas de cárceles con gobiernos estaduales y reveló que más del 65% contiene cláusulas que obligan al Estado a garantizar una ocupación mínima del 80 hasta el 100% de “las camas”, incluso si la tasa de criminalidad disminuye.

Por ejemplo, en Colorado, el número de crímenes se redujo en un tercio en la última década y eso permitió el cierre de cinco cárceles públicas desde 2009.
Originalmente, el gobierno de Colorado había defendido la firma de contratos con prisiones privadas argumentando que el sistema carcelario público estaba desbordado.

Sin embargo, en 2012 y tras el cierre de cinco prisiones, el gobierno local firmó un acuerdo con CCA para garantizar durante 2013 al menos 3.300 presos en las tres cárceles que la empresa tiene en ese estado, con un costo anual de 20.000 dólares por preso.
Como el complejo industrial militar, la industria carcelaria adquirió sus dones de negociación a fuerza de millones de dólares invertidos en lobby y consiguió parte de su influencia gracias al grupo ALEC (Consejo de Intercambio Legislativo Estadounidense). (...)

Medios estadounidenses, entre ellos el diario The New York Times y la revista The Nation, vincularon a ALEC con leyes de mano dura, como la que permite a los ciudadanos disparar cuando sienten que su vida está en peligro, y las principales normas que permitieron la privatización del sistema penitenciario.

“Las empresas de cárceles no crearon las leyes, pero ayudaron a que sean aprobadas… y tiene sentido. Si cotizás en Wall Street, tenés que crecer. Y para que tus acciones suban, tu mercado tiene que agrandarse”, sintetizó Judy Green.
Los últimos 30 años demostraron que la única forma que tiene el complejo industrial carcelario de aumentar su mercado es con políticas criminales más duras."         (Rebelión, 03/03/2014)

23.1.14

El sucio negocio de las cárceles privadas en Estados Unidos... y caro

"La tasa de crímenes se ha reducido un tercio en Colorado en los últimos 10 años, lo que ha provocado que desde 2009 este estado de Estados Unidos haya cerrado cinco de sus cárceles; pero paradójicamente las prisiones privadas están cada vez más llenas.

 El motivo es que disponen de una cuota mínima de ocupación acordada con el Gobierno estatal, que, con tal de garantizarla, se vio obligado hace unos meses a trasladar a 3.330 reclusos de las instalaciones públicas, que tenían camas vacías, a las privadas. El de Colorado no es, sin embargo, un caso aislado.

 Se repite en otras zonas del país y revela los entresijos detrás del auge de la privatización carcelaria en EE UU, así como la perversa disputa entre el interés público de rehabilitar a los presos y reducir la población carcelaria, y el objetivo inherente a toda empresa de maximizar sus beneficios. (...)

La privatización de las cárceles no ha cesado de crecer desde los años 80, cuando nació el primer operador, pero ha sido en la última década cuando se ha disparado con vigor. Entre 1999 y 2010, el número de reclusos en prisiones privadas aumentó un 80%, muy por encima del 18% que registró el conjunto de la población carcelaria, de acuerdo con las estadísticas oficiales.

 Takei tiene muy claras las causas de este fenómeno: “EE UU vive una epidemia de encarcelación masiva. Entre 1970 y 2010, la cifra de presos creció un 700% y eso ha impulsado a las compañías privadas”, esgrime. (...)

Sin embargo, el documento del ITPI considera “ilusorio” pensar que las cuotas mínimas de ocupación de las cárceles acaben beneficiando a los contribuyentes. La entidad asegura que, por ejemplo, en Arizona las prisiones privadas han acabado costando 33 céntimos más al día por recluso que las públicas, mientras que en Colorado el traslado de los 3.330 presos para cumplir la base mínima ha acarreado una factura de dos millones de dólares. (...)

Como es previsible el auge privatizador ha engrosado las cuentas de resultados de CCA y del otro gigante del sector, Geo Group. Por ejemplo, en el tercer trimestre de 2013 CCA registró un beneficio neto de 51,8 millones de dólares en comparación con los 42,3 millones del mismo periodo del año anterior. 

Ambos grupos cotizan en bolsa y su elevada rentabilidad ha atraído a grandes entidades financieras y bancos a invertir en ellas, según explica el activista Takei. En sus informes públicos, las compañías admiten que el aumento de la población carcelaria repercute positivamente en sus resultados, y que, en cambio, pueden suponer riesgos para sus negocios que se relajen los procedimientos de detención de inmigrantes y las leyes que rigen la duración de las penas.

En este sentido, según el informe de In the Public Interest, tanto CCA como Geo Group hacen intensamente lobby para tratar de que endurezcan las leyes con el objetivo último de aumentar —o como mínimo mantener— la población carcelaria. La primera destinó 17,4 millones de dólares en influenciar a políticos entre 2002 y 2012, mientras que la segunda gastó bastante menos (2,5 millones) entre 2004 y 2012, según datos del Center for Responsive Politics, una entidad civil. 

En paralelo, también hicieron generosas donaciones a las campañas de líderes políticos clave: entre 2003 y 2012, CCA destinó 1,9 millones, mientras que Geo Group 2,9 millones.

“Mantienen relaciones muy desarrolladas con las autoridades políticas para tratar de obtener más contratos”, apunta, por su parte, Shar Habibi, directora del departamento de investigación de ITPI. Y, en paralelo, en busca del mayor beneficio empresarial, ambas compañías intentan reducir al máximo los “costes operativos” de sus prisiones para convertir en ganancia las aportaciones que reciben de los gobiernos.

 Esto se traduce, critica, en tener el personal estrictamente necesario o ahorrar en mantenimiento de las instalaciones, seguridad y sueldos, lo que suele derivar en contratar a trabajadores sin la cualificación necesaria. Y todo ello puede generar un cóctel explosivo que, en algunos casos, ha desencadenado en malos tratos a los presos, un aumento de la conflictividad o incluso en fugas de reclusos. (...)

Habibi asegura que, en general, los estados mantienen una severa supervisión de las condiciones de las prisiones privadas, pero que, cuando ésta se relaja o deja de ser regular, los operadores privados tienden a tratar de gestionar las cárceles “por debajo de los estándares” con tal de rebajar aún más sus costes.

 Y en algunos casos la situación se les acaba yendo de las manos, como acaba de pasar en una prisión de CCA en el estado de Idaho. A principios de enero, las autoridades anunciaron que iban a retirarle la concesión después de múltiples denuncias de violencia y negligencias de los trabajadores. CCA reconoció el año pasado que falsificó los informes que proporcionó al Gobierno sobre la jornada laboral de sus empleados al notificar que estaban trabajando en momentos en que en realidad sus puestos estaban completamente vacantes.

 No se trata de un episodio aislado, pues el informe del ITPI incluye ejemplos muy parecidos en otras cárceles del país. Y en casos como el de Idaho el rescate público acaba disparando el presupuesto de gestión de la prisión y son los contribuyentes los que pagan los platos rotos.(...)"                     (El País, 23/01/2014)

16.12.12

En las cárceles privadas de Estados Unidos los ricos pueden pagar para disponer de celdas limpias, de iPods, bicicletas estáticas, teléfonos móviles, e incluso comprar los programas de redención de penas

"La población de Estados Unidos representa el 4,5% de la mundial pero allí está el 25% de todos los reclusos que hay en el mundo.
La inmensa mayoría de ellos son ciudadanos de muy bajos ingresos que están prisioneros en malas condiciones o incluso obligados a trabajar a cambio de salarios muy reducidos (0,17 euros a la hora cuando lo hacen fabricando misiles para el Pentágono, según Justin Rohrlich: Why are Prisoners Building Patriot Missiles?, marzo de 2011).

Por el contrario, los ricos no solo tienen la posibilidad de contratar a buenos abogados para defenderse, o de poder influir en los jueces para que sus causas prescriban o en los gobiernos para que los indulten si llegan a ser castigados, como ocurre a menudo en España. 

En las cárceles privadas de Estados Unidos los ricos pueden pagar (según el tipo de delito cometido) para disfrutar de celdas limpias, aisladas y tranquilas o para disponer  de servicios como iPods, bicicletas estáticas, teléfonos móviles, e incluso comprar los programas de redención de penas mediante el trabajo.

(Fuente: Jennifer Steinhauer, For $82 a Day, Booking a Cell in a 5-Star Jail. The New York Times, April 29, 2007; Matt Clarke, Celebrity Justice: Prison Lifestyles of the Rich and Famous, Prison Legal News, diciembre 2012)"         (Ganas de escribir, 12/12/2012)

10.10.12

Estados Unidos mantiene en sus cárceles a más de seis millones de personas, una cifra que supera el número de personas encarceladas por Stalin en la época más dura del archipiélago Gulag

"¿Saben de qué no hablarán Obama y Romney en la serie de debates que están manteniendo estos días? Del sistema penitenciario de Estados Unidos. 

Porque cómo explicar a los estadounidenses, y de paso al resto del mundo, que el país adalid de la libertad y de la democracia mantiene en sus cárceles a más de seis millones de personas, una cifra que supera el número de personas encarceladas por Stalin en la época más dura del archipiélago Gulag.

 Si todos esos presos fueran agrupados en un mismo centro penitenciario, sería la segunda ciudad de Estados Unidos.

¿Un gulag americano? Parece la típica acusación procedente de una China resentida por la extrema presión que se ve obligada a soportar por parte de Estados Unidos en razón de su penoso récord de derechos humanos. 

 Pero no es el caso: el demoledor dato proviene de un escalofriante reportaje de investigación publicado por la revista New Yorker. No se trata solo de un problema de cantidad, sino también de la extrema dureza y crueldad de las condiciones penitenciarias que imperan en dicho sistema. 

Unos 50.000 de esos reclusos viven en condiciones de aislamiento permanente, sin contacto con nadie y con derecho a solo una hora diaria de ejercicio en solitario. La vida no es mucho mejor para el resto: según varias estimaciones, unos 70.000 reclusos son violados cada año, un problema endémico del que las autoridades se desentienden. 

 El sistema también ofrece otro vergonzoso récord: los cientos de adolescentes condenados a cadena perpetua, algo sin parangón en el llamado mundo libre que Estados Unidos aspira a liderar. (...)

En 1980, el año en el que Ronald Reagan gana las elecciones y decide asfixiar a la Unión Soviética vía la combinación de una costosísima carrera de armamentos y la presión selectiva mediante operaciones encubiertas en varios frentes (desde Nicaragua a Afganistán), la población carcelaria era de 220 personas por cada 100.000 estadounidenses.

Dos décadas más tarde, en 2010, la potencia triunfante de la guerra fría había triplicado la población carcelaria hasta 731 reclusos por cada 100.000 habitantes. Para hacerse una idea de la magnitud relativa de estas cifras: la población carcelaria noruega es de 66 personas por cada 100.000 y la de España, de 144 por 100.000.

 La dimensión racial, por sabida, no deja de constituir también un escándalo de inmensas proporciones. El presidente de Estados Unidos que protagoniza los debates electorales es negro, sí, pero la probabilidad de estar en la cárcel si eres negro es siete veces superior a la de los blancos. La esclavitud terminó, sin duda, pero las estadísticas nos dicen que si sumas la población negra en prisión, libertad provisional y libertad condicional, la cifra resultante es mayor que el número de esclavos que había en Estados Unidos hacia 1850.

 E igualmente escandalosa es la dimensión económica pues el sistema penitenciario, en manos de compañías privadas, léase con ánimo de lucro, se ha convertido en un inmenso negocio y un grupo de interés con un enorme poder de cabildeo (lobby) en los pasillos del Congreso en contra de la relajación de las disposiciones legales (especialmente en relación al menudeo de droga) que garantizan un flujo de “clientes” estable.

 Véase el caso del Estado de California, en quiebra presupuestaria, que gasta 50.000 dólares al año por recluso, una cifra siete veces superior a lo que invierte en cada estudiante de primaria. 

 Las prioridades están claras: hace dos décadas, el gasto en universidades de California duplicaba al gasto en prisiones. Hoy, por el contrario, el gasto en prisiones (10.000 millones de dólares para atender a los casi 150.000 reclusos), duplica al gasto universitario."             ( , El País,  4 OCT 2012)

8.10.10

El encarcelamiento americano...

"Hola genio. He vivido durante un año en Chicago. Debo decir que me he encontrado una sociedad abierta, personas respetuosas y educadas, y no he visto una sola arma de fuego en todo ese tiempo. Viaje con una imagen de que Estados Unidos era una tierra violenta y deshumanizada. ¿No se vende en el exterior una imagen demasiado negativa de su país?

Estados Unidos tiene muchas buenas cualidades, pero una de las más negativas es su afán de encarcelar a las personas, creo que tiene la tercera población reclusa más grande del mundo, y casi la mitad son por crímenes sin víctimas, hay demasiados presidiarios pobres y negros, y demasiada policía, igual que en China y Rusia." (El País, Entrevista digital a Oliver Stone, 08/10/2010)

5.10.10

Legalización (regularización) de la droga ¡Ya! ... o todo irá a peor... empezando por México

"I. Un fracaso mundial

El consenso punitivo sobre las drogas vive una crisis de eficacia global. Sus resultados son pobres y sus costos altos. La prohibición, nacida en la Convención Internacional del Opio de 1912, se expandió paso a paso entre 1949 y 1961, y fue asumida por todos los países signatarios de la ONU en 1998. Su fin declarado: “Reducir tanto la oferta ilegal como la demanda de drogas”.

Nada indica que esto haya sucedido. En los países consumidores, luego de medio siglo de persecución, no han descendido ni la oferta ilegal ni la demanda. Se ha mantenido estable el consumo de cocaína y heroína. Ha crecido el de metanfetaminas y mariguana. Según la propia ONU, en 2008, diez años después del acuerdo universal de prohibición, consumían drogas entre 155 y 250 millones de personas, es decir, entre 3.5% y 5.7% de la población mundial, un rango similar al de la década anterior. (...)

Según la ONU, en 2003 el valor global del mercado de drogas ilícitas era de 322 mil millones de dólares. De ellos, 140 mil millones correspondían a la mariguana, 70 mil a la cocaína, 65 mil a los opiáceos y la heroína, 44 mil a las metanfetaminas. Del total del valor añadido a esas drogas por su carácter ilegal, el 76% se quedaba en los países consumidores y el 24% restante en los países productores y de paso. (...)

Es posible, según apuntan los defensores de la prohibición, que el consenso punitivo haya detenido la expansión del mercado en los países consumidores, logro no desdeñable. Pero es un hecho que no lo ha reducido, como era su propósito. En todo caso, con el paso del tiempo lo que se ha visto es un proceso de “maduración” de ciertos mercados, que no crecen más porque han llegado a un límite: una franja de equilibrio práctico entre consumo, tolerancia y persecución. (...)

La Comisión Europea calcula que hay en el mundo un millón de presos por delitos vinculados a las drogas: 500 mil están presos en Estados Unidos, la mayoría son negros o hispanos. (...)

Y, sin embargo, el mercado sigue tan estable como siempre en las grandes ciudades estadunidenses, en un esquema de territorios tolerados cuya dialéctica de control puede entreverse en series como The Wire, que ficcionaliza el fenómeno en la ciudad de Baltimore, o El cártel de los sapos, que lo ve desde los tratos de los cárteles colombianos.

Por la concentración del esfuerzo mundial en reducir la producción y el tráfico, los países productores y de paso pagan costos mayores en todos los órdenes. Son los verdaderos escenarios de la “guerra contra las drogas”, sin ser, como se ha visto, los beneficiarios mayores del valor añadido por el tráfico ilegal.

Países de producción y paso como Myanmar, Afganistán, Irán, o en América Latina, Perú, Colombia y México, han pagado en violencia, corrupción, inseguridad y desarticulación institucional, costos superiores a los que el consumo de las drogas prohibidas hubiera provocado en su salud, su economía, su seguridad o su equilibrio social. (...)

II. El fracaso de México

Los frutos de medio siglo de persecución de las drogas en México no podrían ser más amargos: una epidemia de inseguridad, violencia y corrupción institucional, incapaz de contener o reducir el flujo de enervantes hacia el estable mercado estadunidense.

Los resultados mexicanos en detenciones, decomisos o capturas de capos son notables. La irrelevancia de esos logros ante lo buscado, también. Todas las operaciones policiacas, todas las detenciones, campañas y muertes, no han reducido el flujo internacional de narcóticos prohibidos. (...)

Todo esto ha contribuido quizás al único beneficio alegable por nuestros vecinos: mantener estable o con crecimiento moderado el consumo de drogas en Estados Unidos. (...)

Los gobiernos locales de México son incapaces de administrar un esquema de tolerancia controlada como el que funciona en las grandes ciudades estadunidenses. Ciertas regiones y ciudades del país muestran síntomas de inseguridad semejantes a los que presentan los Estados fallidos. (...)

Las altas rentas de mercado ilegal de drogas han dado paso a un crimen organizado capaz de corromper y por momentos de suplir las funciones del Estado. El Estado mexicano no parece capaz de enfrentar organizaciones criminales que capturan rentas tan cuantiosas.

III. Las rentas del crimen ¿De qué rentas hablamos?

La cadena de valor de estas drogas explica por sí sola la razón del tráfico: un reparto exuberante de ganancias. (...)

Un kilo de pasta de coca en Colombia tiene un valor de 950 dólares. Convertido en base de coca, su valor sube a mil 430 dólares. Vuelto cocaína propiamente dicha, el valor del kilogramo sube a dos mil 340 dólares. Con ese precio sale de Colombia, o de Perú o de Bolivia, y va agregando valor conforme vence las barreras de su persecución.

Puesta en alguna ciudad mexicana de la frontera norte, el valor del kilogramo de cocaína es ya de 12 mil 500 dólares. En cuanto cruza la frontera y pisa territorio estadunidense, sube a 26 mil 500 dólares. Una vez que se divide en gramos y se reparte en sobres o líneas en las calles de las grandes ciudades de Estados Unidos, el prodigioso kilogramo de cocaína puede alcanzar un rendimiento de hasta 180 mil dólares.

Algo similar sucede en la cadena que la lleva a Europa. El hecho significativo para las rentas del narcotráfico mexicano es que por pasar la línea fronteriza con Estados Unidos, un kilo de cocaína puede dejar una ganancia de 14 mil 500 dólares. (...)

No hay cifras precisas del volumen de mariguana, cocaína, heroína o metanfetaminas que los narcotraficantes mexicanos pasan a Estados Unidos. De hecho, como hemos apuntado antes, no hay cifras precisas sobre el mercado global de enervantes.

Según la Oficina de la Casa Blanca para la Política de Control de Drogas, en el año 2006 los ingresos totales del narcotráfico mexicano eran de 13 mil 800 millones de dólares. El 60% de esa cantidad, ocho mil 600 millones de dólares, correspondía al tráfico de mariguana. (...)

De ahí el impacto extraordinario que podría tener sobre todo el cuadro la posible legalización plena de la mariguana que los ciudadanos de California decidirán en un plebiscito el 2 de noviembre próximo. Podría ser la bandera de salida para una legalización equivalente en México que golpearía un alto porcentaje de los ingresos del crimen organizado. " (Nexos en línea, 'Legalizar. Un informe, 01/10/2010)

25.3.09

Un policía de izquierdas

"Craig Russell (Fife, Escocia, 1956) es un hombre tranquilo y amable, pero sus asesinos en serie quitan el hipo.(...)

No fue lo único que aprendió en la policía. "Mi conciencia social se exacerbó, me hice más radical y más de izquierdas. Juzgué menos a la gente y llegué a sentir empatía por algún criminal. No surgen de la nada, son producto de un fallo de la sociedad.

Estuve en la policía antes de que llegara la señora Thatcher y todo fue a peor. La militarizó, les dio más sueldo y recursos y giraron hacia la derecha. En mi época, en el cuerpo había más representación de la sociedad real", expone." (El País, ed. Galicia, Cultura, 23/02/2009, p. 41)

18.2.09

los locos... a prisión, que son mas baratas qwu los siquiátricos

"Otro problema le quita el apetito: uno de cada cuatro presos sufre una enfermedad mental previa al delito. "Ahí falla la sociedad, que enquista los problemas; se cerraron los psiquiátricos, pero no se creó una alternativa". (MERCEDES GALLIZO : "He contestado 6.942 cartas de presos". El País, ed. Galicia, Última, 03/02/2009)

21.11.08

La cárcel es el manicomio del siglo XXI

"Uno de cada cuatro reclusos españoles (el 25%) padece alguna enfermedad mental, según datos de Instituciones Penitenciarias, tal y como explica su secretaria general, Mercedes Gallizo. No sólo eso, la mayoría de ellos (el 17,6%) tiene antecedentes psiquiátricos previos a su ingreso en prisión. La falta de detección y de atención adecuada -muchas veces motivada por la saturación de los centros especializados- provocan que muchos de estos enfermos pierdan el contacto con la realidad, caigan en la marginalidad y terminen cometiendo algún delito. Dos décadas después de la reforma que cerró los psiquiátricos, muchos consideran que las prisiones se han convertido en los manicomios del siglo XXI. (...)

"La reforma de salud mental no dio alternativas. Traspasó la responsabilidad del cuidado de esos enfermos a los familiares" (...)

"Hay enormes desigualdades en el tratamiento de estos enfermos en las comunidades. La reforma requiere una revaluación completa"

Para Mercedes Gallizo, muchos de estos presos "no habrían cometido ningún delito" si hubieran recibido el tratamiento psicológico que precisaban. También lo cree Orlanda Varela, psiquiatra en la cárcel de Valdemoro. "Si hubieran estado correctamente atendidos fuera, un altísimo porcentaje de los delitos podrían haberse evitado", dice. Pero no fue así, delinquieron y ahora viven en la cárcel. Un lugar "poco adecuado" para enfermos de este tipo, según Arroyo Cobo. (...)

"Hay mucha patología de poca monta que satura los servicios", remata Arroyo Cobo." (El País, 19/11/2008, p.38/9)

13.5.08

Están en el paro, están en prisión, están en la puta calle, están electrocutados

“Estados Unidos tiene el 5% de la población mundial pero el 25% de los presos.

Todos hemos escuchado hablar de Guantánamo y como Estados Unidos tiene encarcelados a extranjeros injustamente pero quizás lo que no nos damos cuenta es que para los norteamericanos encarcelar gente injustamente es bastante normal. Sino ¿cómo se explica que tienen el 5% de la población mundial pero el 25% de los presos? Un norteamericano tiene aproximadamente 10 veces más probabilidad de ir preso que un Europeo. Inclusive China que es tan famosa en teoría por su dura ley tiene menos presos que los norteamericanos y son 4 veces más en población. Un 1% de los adultos norteamericanos están presos y en otros artículos leí que un 2% están o siendo juzgados, o presos o en libertad condicional es decir más gente que la que vive en Madrid. ¿Mi opinión? El norteamericano promedio cree menos en la educación, menos en dar otra oportunidad, más en el castigo y más en la justicia como forma de venganza, de ahí que apoyen la pena de muerte. Cuando uno mira las estadísticas del paro en Estados Unidos estos números son para tener en cuenta porque si el paro (desempleo) es sólo del 5% pero resulta que luego 2% de la población está presa, un millón de habitantes son vagabundos, un porcentaje pequeño pero no insignificantes fueron matados por el gobierno vía la pena de muerte, al final resulta que en USA hay otra manera de “no tener trabajo” que es estar preso, vivir en la calle y no buscar trabajo, o estar muerto.

Lo que Estados Unidos necesita es más educación y menos castigo. Mucha gente simplemente no puede con el sistema y quedan totalmente afuera y a la primera van presos. En NYC donde vivía yo una persona que llevaba una pistola sin permiso iba si o si a la cárcel por un año. Es verdad que bajaron mucho el crimen pero a qué coste. Dicen que un preso norteamericano cuesta $35.000 dólares por año. Una locura si lo multiplicamos por los millones que están preso, pero aún más increíble es el tema de los ancianos presos que bien detalla este artículo. La edad promedio de los presos en California subió de 28 a 37 en los últimos años por el tema de tener a tanta gente encarcelada de por vida. Pero el coste real de un preso no es solo lo que cuesta a la sociedad, es lo que no produce para la sociedad.(…).” (Martin Varsavsky, Domingo, 4 de Mayo de 2008)