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15.3.26

La agricultura regenerativa produce la misma cantidad de alimentos sin ningún sobrecoste... Ya hay un primer estudio científico que lo prueba... la escala no varía, los alimentos son más saludables y los campos mucho más resilientes al clima extremo... las calabazas cultivadas en las parcelas regeneradas tuvieron un mayor contenido mineral y de sustancias antioxidantes. Y las peras regenerativas también maduraron con un contenido superior en polifenoles y el doble de capacidad antioxidante, “todo esto ayuda a reducir el estrés oxidativo celular y favorece una mayor protección frente a enfermedades”... la concentración de carbono en el suelo regenerativo es de al menos un 35% mayor en las parcelas regenerativas en comparación con las convencionales... Otro dato clave es la retención de agua, un 9% más alta en las parcelas regenerativas «Esto supone que pueden absorber más agua en caso de inundación y tener más reservas en caso de sequía”

 "La agricultura convencional suele invalidar las técnicas regenerativas argumentando que ofrecen menos cultivos con costes productivos más elevados. Ya hay un primer estudio científico –liderado por el CREAF– que lo refuta: la escala no varía, los alimentos son más saludables y los campos mucho más resilientes al clima extremo.

Cuando se habla de agricultura regenerativa –modelo agrícola que busca regenerar, estimular y mantener la fertilidad y biodiversidad de la tierra–, los empresarios agrícolas, defensores de los usos intensivos del suelo, suelen comenzar sus frases con un “sí, pero”. En el sí reconocen algunas de las bondades de estas técnicas alternativas –suelos más sanos, tierras más fértiles, cosechas de mayor calidad, etc.–. Sin embargo, tras el pero, repiten siempre el mismo argumento: que es imposible alimentar a las 8.000 millones de personas del planeta con una agricultura que tiene una escala limitada y unos costes de producción más elevados. En enero de 2026, este mantra ha sido refutado por la evidencia científica. 

En una sala céntrica de Madrid, ubicada a pocos metros de la estación de Atocha, el CREAF y la Asociación Española de Agricultura Regenerativa Ibérica dieron a conocer esta semana los resultados del primer estudio científico (Regenera.cat) que, durante dos años, ha comparado en un mismo territorio (Cataluya) parcelas regenerativas con convencionales. Una de las principales conclusiones es que las primeras –después de un periodo de transición y una vez se recupera la salud del suelo– producen misma cantidad de alimentos que el sistema tradicional y lo hacen con un coste similar o incluso inferior. 

“Esto es importante porque echa por tierra ese falso argumento de que con la agricultura regenerativa no se puede producir a gran escala. Siempre lo refutamos, pero hoy tenemos la validación científica”, ha explicado Javier Retana, catedrático de Ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona, investigador del CREAF y coordinador de este proyecto.

Múltiples beneficios 

Entre los resultados del estudio –realizado entre enero de 2024 y enero de 2026–, el equipo científico destaca que los productos obtenidos por técnicas regenerativas incrementan la concentración de algunos nutrientes y son, por tanto, más saludables. «Existen pocos trabajos que hayan evaluado la densidad nutricional de los alimentos obtenidos por técnicas regenerativas”, indica Dolores Raigón, investigadora de la Universitat Politècnica de València y experta en análisis nutricional. 

Por ejemplo, las calabazas cultivadas en las parcelas regeneradas tuvieron un mayor contenido mineral y de sustancias antioxidantes. Y las peras destacaron por su equilibrio en la concentración de ácidos y azúcares totales. “Es decir, son frutas más compensadas en el sabor, ni muy dulces ni muy ácidas”, explica la experta. Al igual que en las calabazas, las peras regenerativas también maduraron con un contenido superior en polifenoles y el doble de capacidad antioxidante, “todo esto ayuda a reducir el estrés oxidativo celular y favorece una mayor protección frente a enfermedades”.  

Por su parte, la leche procedente de las vacas de las fincas regenerativas de Planeses (Girona) presentaron un índice aterogénico claramente más bajo, “esto quiere decir que hay menos ácidos grasos asociados a la formación de placas en las arterias”, añade la experta. En el caso del yogur regenerativo, los resultados son aún más positivos, ya que presenta índices aterogénicos y trombogénicos -que mide la tendencia de las grasas a favorecer la formación de coágulos en la sangre- más bajos. «En general, esto se asocia a un perfil lipídico más saludable, con menor riesgo cardiovascular y de formación de trombos”, explican los científicos.

Más agua y carbono en el suelo  

Más allá de los alimentos, los resultados de este estudio pionero revelan que la gestión regenerativa tiene “efectos muy positivos” sobre el suelo. En concreto, la concentración de carbono en el suelo regenerativo es de al menos un 35% mayor en las parcelas regenerativas en comparación con las convencionales. “Para hacernos una idea de la importancia de este dato, se ha estimado que aumentando cada año un 0,4% la retención de carbono de todos los suelos agrícolas y forestales podría compensarse la totalidad de las emisiones actuales de gases de efecto invernadero”, destaca Sara Marañón, investigadora del CREAF, quien también forma parte del proyecto.

Otro dato clave es la retención de agua, un 9% más alta en las parcelas regenerativas «Esto supone que pueden absorber más agua en caso de inundación y tener más reservas en caso de sequía”, explica Marañón. Durante la presentación, Ana Digón, presidenta de la Asociación, mostró una foto de estos días de borrascas interminables de dos parcelas linderas pero con diferentes modelos agrícolas –tradicional/regenerativo–. Una estaba toda inundada, con la cosecha estropeada; la otra estaba verde, sin acumulación de agua, gracias a la esponja de su cobertura vegetal.

El estudio también muestra que el modelo regenerativo mantiene mejor el microclima del suelo. “Esto es muy positivo porque, por ejemplo, se amortigua la temperatura cuando hace calor y se mantiene mejor la humedad. De hecho, hemos visto que se pueden amortiguar hasta 3,6 ºC las temperaturas máximas del suelo en verano”, añade Marañón.

Se ha observado, además, que hay más biodiversidad de bacterias, hongos y microartrópodos en el suelo, y varias de las especies que se han detectado son bioindicadores de una mejor calidad del ecosistema. “También aparecen especies reconocidas como biopesticidas comerciales, como Metarhizium sp., es decir, que pueden actuar como control natural de plagas”, explica Xavi Domene, otro de los investigadores del CREAF.

10 criterios para evitar el greenwashing 

Con la presencia de agricultores que vienen desde hace años apostando por la agricultura regenerativa, la presentación de los resultados de este estudio sirvió para oficializar el primer documento que establece los diez criterios básicos que determinan qué es la agricultura regenerativa real.

El diagnóstico de la Asociación Española de Agricultura Regenerativa Ibérica es que el ansiado auge de este modelo no ha ido acompañado de una certificación oficial, “lo que ha provocado que empresas y otros actores se apropien de este término como herramienta de greenwashing”.

Este decálogo ha contado con el consenso de casi 200 personas productoras, entidades y representantes del sector, además de personal científico de universidades y centros de investigación de toda España. 

Los criterios:

1. Contextualidad: adaptar y aplicar las prácticas regenerativas al contexto territorial, ambiental, social y agronómico de cada finca, en coherencia con una planificación a largo plazo.

2. Agua: planificar, dimensionar y desarrollar la producción agroganadera acorde con la disponibilidad hídrica y la realidad geológica y edafoclimática de la región, y realizar prácticas de manejo hidrológico que promuevan un uso responsable y no contaminante del agua, favoreciendo la captación y retención de aguas pluviales en el paisaje.

3. Biodiversidad: realizar prácticas que activamente protejan y aumenten la biodiversidad tanto silvestre como cultivada/doméstica.

4. Pastoreo dirigido: en presencia de ganado herbívoro u omnívoro, que es una práctica altamente deseable y recomendable, integrarlo con pastoreo dirigido.

5. Sin labranza: eliminar el laboreo con volteo de las capas del suelo y reducir al máximo la labranza vertical.

6. Cobertura: mantener el suelo cubierto durante el mayor periodo de tiempo posible con materia vegetal o animal

7. Cultivos: en el caso de los cultivos estacionales, aplicar asociaciones y/o rotaciones y/o diversificación de cultivos combinándolos en el espacio y en el tiempo.

8. Insumos: gestionar, como objetivo fundamental, la finca sin fertilizantes o biocidas de síntesis química (herbicidas, insecticidas y fungicidas), transgénicos ni los generados por edición genética (aplicando siempre el principio de precaución y teniendo en cuenta los posibles avances científicos).

9. Plásticos y residuos: minimizar el uso de plástico y de materiales no reciclables, y garantizar el reciclaje adecuado del que se utilice.

10. Vínculo social y territorial: fomentar la cooperación territorial y la transferencia de conocimiento para fortalecer la comunidad y la sostenibilidad del territorio."

( Andrés Actis , Rebelión, 13/03/26) 

11.5.25

La agroganadería regenerativa del olivar más sostenible de España... “Lo que estamos haciendo no es nada nuevo, se trata de enmendar el error histórico cometido al desconectar la agricultura de la ganadería, que fue cuando nos hicimos esclavos de las grandes compañías que venden los insumos”... “Las plantas autóctonas juegan un papel clave en la agricultura regenerativa, ya que ayudan a mejorar la salud del suelo mediante la fijación de nutrientes y la retención de agua. A través de la fotosíntesis, capturan carbono y contribuyen a reducir los efectos del cambio climático promoviendo ecosistemas agrícolas más resilientes”... Las aves insectívorasayudan con la dispersión de semillas y polen que transporta el animal de unas parcelas a otras, así como el aporte de materia orgánica a los suelos y para combatir dos de las principales plagas que sufre el olivar, como la mosca del olivo y el prays (polilla del olivo)... “El resultado es un suelo verde y rico, homogéneo y variado, con variedad de plantas y sin surcos o cárcavas, que demuestran la capacidad del terreno para soportar la sequía y las lluvias torrenciales”... La apuesta por la sostenibilidad ha significado la multiplicación del valor de su producto, un beneficio que viene sobre todo del ahorro que supone la no utilización de abonos químicos y otros productos (Ginés Donaire)

 "El canto de los jilgueros, verderones, abubillas, currucas, mosquiteros, chochines e incluso el sonido de los mochuelos alegra el paseo matutino por la finca regenerativa Valle del Conde, en Luque, en el parque natural de las Sierras Subbéticas de Córdoba. Los buitres que anidan en cortados cercanos también dejan su impronta entre los visitantes, que transitan gratamente sorprendidos sobre un terreno con plantas autóctonas como la caléndula, achicoria o la mielga de caracolillo. Y en el otro extremo, cinco rebaños de ovejas participan en esta especie de simbiosis entre la naturaleza y el hombre, que es esta explotación agroganadera que acaba de ser reconocida con el premio al olivar más sostenible de España, galardón exaequo con la finca el Cortijo Guadiana (Úbeda), otorgado por la Asociación Española de Municipios del Olivo (AEMO).

“Lo que estamos haciendo no es nada nuevo, se trata de enmendar el error histórico cometido al desconectar la agricultura de la ganadería, que fue cuando nos hicimos esclavos de las grandes compañías que venden los insumos”, explica Francisco Ruiz, director técnico de esta finca cordobesa convertida en referente en la regeneración de la biodiversidad y la lucha contra el cambio climático a través de la recuperación del suelo, de las relaciones entre seres vivos y el conocimiento científico.

El Valle del Conde es un reducto montañoso de 230 hectáreas en el que las lomas y picos se entremezclan con un paisaje donde domina el olivar y que completa el bosque mediterráneo. La familia Ruiz adquirió esta finca en 1985 con la intención de resarcirse de la crisis que se llevó por delante su negocio de la industria textil. Pero no fue hasta el año 2019 cuando se produjo el punto de inflexión en la gestión de la finca, convertida en una explotación ecológica que alberga hoy unos 20.000 olivos que producen 150.000 kilos de aceite de oliva.

Al llegar a esta finca, que se encuentra encajonada y extendida entre varias elevaciones calcáreas y lindando con terrenos pétreos y boscosos, llama la atención el verde intenso de la cubierta vegetal que se extiende por toda la superficie agraria. Es un paisaje atípico en una zona como esta, la Subbética cordobesa, que acostumbra a mostrar terrenos secos y apelmazados más propios de un desierto que de un bosque. “El suelo es nuestro mayor tesoro y la clave de esta agroganadería regenerativa que implantamos”, subraya Ruiz, que comparte con sus hermanos la gestión de esta finca familiar.

Suelo sano

“La cobertura vegetal protege contra la erosión y mejora la estructura del suelo, reduciendo la necesidad de insumos sintéticos”, explica. Aunque el elemento diferenciador de esta finca respecto a otras experiencias de prácticas regenerativas en el campo es la apuesta de agricultura y ganadería. Las aves ayudan con la dispersión de semillas y polen que transporta el animal de unas parcelas a otras, así como el aporte de materia orgánica a los suelos y para combatir dos de las principales plagas que sufre el olivar, como la mosca del olivo y el prays (polilla del olivo). El hábitat protegido de estas pequeñas aves insectívoras les permite también ofrecer rutas ornitológicas para los visitantes.

De otro lado, las plantas que brotan en el suelo (apenas existen los jaramagos) retienen el agua, aportan nitrógeno y gestionan el carbono. “Eso es señal de vida y de que el suelo está sano y sin herbicidas, se ha regulado solo respetándolo”, expone el agricultor de Luque. Y añade: “Las plantas autóctonas juegan un papel clave en la agricultura regenerativa, ya que ayudan a mejorar la salud del suelo mediante la fijación de nutrientes y la retención de agua. A través de la fotosíntesis, capturan carbono y contribuyen a reducir los efectos del cambio climático promoviendo ecosistemas agrícolas más resilientes”.

No menos importante resulta el pastoreo regenerativo. Hasta cinco rebaños de ovejas participan en esta simbiosis, que alimenta al ganado y produce una labor de recorte y abonado, un proceso que se repite varias veces a lo largo del año, dando como resultado una especie de manto recortado todo el año. Incluso la lana de las ovejas, con un tratamiento de procesos naturales, se convierte en abono orgánico. Las labores de poda producen el típico picado de ramas que se encargan una vez expandidas de aportar nutrientes naturales. Tras la tala, la madera de los olivos se lleva para ser carbonizada y se transforma en pequeñas piezas que se reparten por el suelo. A esto se unen los restos orgánicos y de tierra que se criba en las almazaras cuando se realiza la entrega de la recolección. Es decir, un tipo de agricultura donde casi todo lo que genera la finca se queda en ella.

“El resultado es un suelo verde y rico, homogéneo y variado, con variedad de plantas y sin surcos o cárcavas, que demuestran la capacidad del terreno para soportar la sequía y las lluvias torrenciales”, relata Ruiz. Un estudio realizado por la Universidad de Berna (Suiza) demostró que el suelo de la finca permanecía en los meses de más calor hasta 10 grados por debajo de la media en las fincas colindantes y, pese a disponer de varias charcas de agua que utilizan para alimentar al ganado, el olivar ecológico no tiene necesidad de riego.

Este olivar tradicional de montaña tiene más de 120 años de vida y las variedades dominantes son picudo y picual. Se trata de un aceite de recolección temprana, que se produce entre los meses de octubre y diciembre, y comercializan bajo la marca de AOVE Ancestral, nombre que rinde tributo a sus antepasados. La apuesta por la sostenibilidad ha significado la multiplicación del valor de su producto, un beneficio que viene sobre todo del ahorro que supone la no utilización de abonos químicos y otros productos que sí se emplean en el olivar tradicional.

En definitiva, una agroganadería regenerativa que va más allá de una simple técnica de cultivo. “Se trata de una práctica agrícola, pero también de una filosofía de vida, una herramienta para la producción sostenible y un compromiso con el futuro”, concluye Ruiz. La finca cordobesa sirve en la actualidad como lugar de acogida de investigadores, profesores o alumnos que llegan hasta aquí (la última semana lo han hecho desde Chile y Portugal) para estudiar in situ este tipo de agroganadería regenerativa y trasladar esta experiencia a otros lugares del mundo."               (Ginés Donaire , El País, 09/05/25)

9.5.24

Los únicos que obtienen beneficios son quienes están entre el productor y el consumidor: las multinacionales y la agroindustria... La estrategia 'De la granja a la mesa' desactiva los tratados de libre comercio, por eso los agricultores neoliberales y conservadores están en su contra... la Ley de la Cadena Alimentaria del Estado español debe plantearse en el marco europeo: con legislaciones que planteen que no se puede vender a pérdidas, venga el producto de donde venga... y la UE tiene prohibido la utilización de hormonas para la producción de leche de vaca, antibióticos para el engorde del ganado e, históricamente, ha planteado que toda la leche y carne que entre de fuera cumpla esos parámetros que se exigen a los productores europeos. Pero esa ley no planteaba reciprocidad. Y debe reconocerla

"En Bizkaia no hay latifundistas ni señoritos. Hay una orografía llena de montes y valles que dejan poco espacio para bancales, huertas y fondos inversión. La tierra heredada es muchas veces una losa que hernia la espalda y, desde los municipios, aún no se ha perdido del todo el cordón umbilical que une la mesa con el campo: los mercados agrícolas son sagrados, excepto para los inspectores de la Seguridad Social.

Los sindicatos agrarios de Bizkaia, EHNE y ENBA, realizarán mañana una movilización conjunta bajo tres ejes unitarios: el cese inmediato de las negociaciones de los acuerdos de libre comercio, la necesidad de que los precios de los alimentos incluyan los costes de producción y la simplificación de la burocracia. Tres columnas de tractores llegarán a Bilbao desde Karrantza-Margen Izquierda, Busturialdea-Mungia-Txorierri y Durangaldea-Lea Artibai para desfilar a primera hora por la Gran Vía, hasta llegar a las 11h al Arenal. Allí celebrarán un mercado con cuartos de cordero a 20 euros, para protestar contra el acuerdo de libre comercio con Nueva Zelanda. Piden una moratoria para que el cordero de la otra punta del planeta no eche por el suelo los precios de este animal, para que se respete la producción local y para no contaminar el mundo. Unzalu Salterain es el coordinador de EHNE Bizkaia, su objetivo es la agroecología y la soberanía alimentaria.

En el Eroski, y también en la verdulería de mi calle, las manzanas rojas son de Chile, y no lo soporto. Para comprar unas que venga de Larrabetzu o Derio tengo que ir al mercado, específicamente a los puestos de los baserritarras. Uno de vuestros ejes son los acuerdos de libre comercio. ¿Por qué?

Pedimos una moratoria en todos los acuerdos de libre comercio que se están firmando. No es aceptable que se firmen sin analizar sus impactos en la producción local. Estamos hablando de, por ejemplo, la ratificación del nuevo acuerdo con Nueva Zelanda, que permitirá la importación de cordero y leche.

¿Importaremos leche de Nueva Zelanda, después de habernos cargado la ganadería de vacas lecheras tirando por el suelo el precio del litro durante los últimos 20 años?
 

Europa importará leche de Nueva Zelanda y exportará otro tipo de productos, que no tienen por qué ser alimentarios. Esta lógica carece de sentido. Los alimentos viajan de punta a punta del mundo, haciendo dumping y destruyendo la economía de la zona y, lo más grave, tienen un gran impacto en la crisis climática.

Como las manzanas que detesto.

Los sistemas globales no funcionan: agotan al planeta y al sector, y lo que no se dice es que la consumidora acaba pagando muchísimo por los productos. Hay que relocalizar los sistemas alimentarios y la Unión Europea lo plantea en la estrategia conocida como 'De la granja a la mesa' y la Agenda 30.

¿De qué hablamos cuando hablamos de libre comercio y de la PAC?

La PAC ha estado dirigida durante muchos años por la Organización Mundial del Comercio. La OMC aún tiene muchos tentáculos en la PAC, pero la estrategia 'De la granja a la mesa' es contraria a los tratados de libre comercio. Eso plantea dos debates: hay una parte de la izquierda que ha dicho que 'De la granja a la mesa' no es aceptable. Nosotros hemos dicho: vamos a fijarnos en qué ingredientes incluye y qué nos aportan en la producción alimentaria de Euskal Herria. Entendemos que el impacto será bestialmente positivo, que plantea virar hacia la agroecología, porque exige una disminución del uso de pesticidas, fertilizantes y antibióticos, algo que cambia absolutamente el modelo, pasando de uno industrial a otro con menos inputs. Además, dibuja un horizonte a 10 años en el que el 25% del territorio debe ser de producción ecológica. Consideramos que todo eso es suficiente, ya que podemos iniciar una transición muy profunda. La estrategia 'De la granja a la mesa' desactiva los tratados de libre comercio, por eso los agricultores neoliberales y conservadores están en su contra.

¿Hay algún pero?

Estados Unidos lo tiene clarísimo: con estas exigencias no podrá exportar a Europa carne hormonada, por eso trata de liderar el mercado de la carne sintética, donde también se han metido de lleno los fondos de inversión. Desde EHNE entendemos que 'De la granja a la mesa' no es perfecto, pero los procesos perfectos no existen y tienen contradicciones en cada etapa. Lo que debemos medir es si 'De la granja a la mesa' nos acerca a nuestro objetivo de la agroecología. Por ello desde EHNE decimos que estamos de acuerdo con estas estrategias, pero los mecanismos que la UE pone en marcha para hacer la transición no funcionan, también por la burocracia que implican.

En todas las protestas del campo se reclama “menos burocratización”. ¿Puedes explicar qué es el cuaderno digital de explotación?

Es el registro digital de toda actividad. Es un proceso que se suma a toda la burocracia que ya tienes que hacer, en un sector bastante envejecido y con una brecha digital evidente, por lo que el cuaderno genera rechazo y no es eficaz. Parece que la UE está dispuesta a revisarlo.

Burocracia para los agricultores y libre mercado para las empresas.

Sí, otra cuestión básica de los acuerdos de libre mercado es que la regulación del mercado es absolutamente liberal, con grandes multinacionales y fondos de inversión que están invirtiendo en alimentación, creando procesos de especulación. El cereal para los ganaderos, por ejemplo, está por las nubes porque desde la bolsa de Chicago está desorbitando los precios. Tiene que haber mecanismos de control para el mercado. Esas subidas a las que estamos asistiendo son absolutamente especulativas y repercuten en el precio de los alimentos que paga el consumidor. Y no olvidemos que la inflación de ahora es fruto, en gran medida, de la especulación.

Pasemos al tercer eje de vuestra tabla reivindicativa: los precios. Pedro Sánchez dijo ayer en el Congreso que se compromete a “fortalecer” la Ley de la Cadena Alimentaria. Los observatorios dependen de las comunidades autónomas. ¿Tenemos observatorio en la CAV?

Sí, lo tenemos. Pero además de observar, los observatorios tienen que hacer algo y los gobiernos deben poner mecanismos para que actúen de oficio frente a las infracciones, no solo cuando hay denuncia. Y esta misma lógica de la Ley de la Cadena Alimentaria del Estado español debe plantearse en el marco europeo: con legislaciones que planteen que no se puede vender a pérdidas, venga el producto de donde venga. Esto también es regular el mercado. Y, sin embargo, en estos últimos 30 años de política agraria del mercado libre, aunque hayan puesto ayudas, ha fracasado, tanto para el productor como para el consumidor. Ya que no hay alimentación barata para el consumidor. Los únicos que obtienen beneficios son quienes están entre el productor y el consumidor: las multinacionales y la agroindustria.

Sin embargo, indicas que aprecias un cambio en la UE.

Hay que resaltar que la Vía Campesina de Europa, en la Comisión Europea, está abriendo canales de interlocución para abordar estos temas y esto es muy importante. No vamos a ver cambios en dos días, pero es importante que el proceso empiece.

Recientemente, ha saltado a la prensa que inspectores de la Seguridad Social se han pasado por los mercados vascos y han aplicado, como mínimo, una docena de sanciones a baserritarras jubilados que venden lo que cultivan en casa.

Nos parece absolutamente inaceptable que se aplique de oficio y con miles de euros de multa, cuando hasta ahora hemos interpretado que la actividad era legal, siempre y cuando los ingresos no superaran el SMI. Nos parece absolutamente alucinante que la Seguridad Social vaya a por personas jubiladas seguramente con pensiones inferiores a 700 euros al mes, cuando vemos que en los consejos de administración de las grandes empresas hay jubilados cobrando miles y miles de euros cada mes.

La instrumentalización de la extrema derecha de las protestas en el campo, ¿qué?

Es clara: las movilizaciones del 6 de febrero están instrumentalizadas y, en parte, organizadas por la derecha. No solo por partidos políticos, sino por lobis de la agroindustria y de las empresas fitosanitarias, que son los que están abanderando las peticiones de la disminución del uso de plaguicidas, colocándose contra la estrategia ‘De la granja a la mesa’. Estos ‘promotores’ están haciendo una utilización indebida del sector agrario, beneficiando a la gran industria, porque detrás de todo está esa gente. Y el rechazo que han planteado a los sindicatos agrarios es claro. ¿Y por qué? Porque la interlocución con el Gobierno debe ser con nosotros, por ley es así. De ahí que traten de instrumentalizar las protestas.

En Bizkaia no la ha habido.

Hemos conseguido que no ocurra y los dos sindicatos agrarios que tenemos representación hemos acordado tres ejes de acción y una salida unitaria. En el proceso no ha habido intereses corporativistas, como los hay en otras provincias y comunidades autónomas. A la calle está saliendo mucha gente con elementos en común, como la falta de precios, pero no debemos olvidar que los intereses son distintos. No hay más que mirar a Francia: hay gente con muchas hectáreas, como el presidente del sindicato agrario mayoritario en Francia, FNSA, una persona muy conocida e inversor en bolsa. Está metido en el meollo de la especulación. En el Estado hemos salido todos a la calle, sí, pero no todos reivindicamos lo mismo.

En mi opinión, esta instrumentalización trata de opacar la línea divisoria entre señoritos y labradores, al menos en el Estado español.

Efectivamente. Están intentando meter a todo el mundo en el mismo saco: terratenientes legitimándose y utilizando a gente que vive de lo que produce, sin tener en cuenta que los grandes productores son los grandes explotadores de los temporeros inmigrantes, como en Peralta de Nafarroa. Nosotros, aquí en Bizkaia, siempre estaremos más con los temporeros que con los terratenientes.

Von der Leyen retiró el martes su proyecto para reducir los pesticidas en la UE para, supuestamente, contentar las protestas del campo. ¿Estás más contento?

Ha retirado un proyecto de ley, pero no ha especificado del todo. Da a entender que retira la obligatoriedad por ley de bajar los pesticidas. Si es así, es el camino equivocado. Es necesario articular y rebajar el uso de pesticidas, fitosanitarios y fertilizantes para 2030 un 50%. Todo lo que no sea eso, es mala noticia para nosotros. Ahora bien, el proyecto de ley no era muy de agrado incluso para una organización como la nuestra.

¿Por qué?

La UE tiene prohibido la utilización de hormonas para la producción de leche de vaca, antibióticos para el engorde del ganado e, históricamente, ha planteado que toda la leche y carne que entre de fuera cumpla esos parámetros que se exigen a los productores europeos. Pero esa ley no planteaba reciprocidad. Y debe reconocerla.

Volviendo al tema de las manzanas rojas y perfectas de mi calle, una vez hablé con un trabajador de los que hacen tratos comerciales para las distribuidoras. Decía, con razón, que como consumidores queremos manzanas rojas, perfectas y de tamaño uniforme. ¿Cuánta pedagogía necesitamos las consumidoras?

Muchísimos años. Para que las consumidoras quieran manzanas rojas brillantes iguales, la industria ha pasado décadas acostumbrando a la gente para que desee eso. Ahora ni siquiera se conoce a la manzana de Errezil y otras variedades autóctonas. Esas son las verdaderamente buenas, las que aguantan meses. Pero no se trata de ridiculizar a la consumidora, sino de sensibilizar, de explciar mucho y bien.

En tu comarca existe un movimiento fantástico que impulsa el producto de km 0 en los comedores escolares, esos sitios que desmanteló el Gobierno vasco para instaurar el menú de cátering.

Efectivamente. Los centros de enseñanza son clave. Debemos recuperar la conexión entre la producción y la urbe. Y esa conexión se hace a través de la alimentación. Cuando eso se rompe, aparecen las grietas que tenemos. La compra pública de alimentos no vamos a cambiar de noche a la mañana, pero si en 5 años ponemos como objetivo que el 40% se producto local y dentro de 7, el 60%, eso tendrá un efecto tractor en la parte productora, que demandaría más producción local y daría más seguridad a los que quieran instalarse. Y así debe ser, porque este planeta no aguanta este ritmo y desde la alimentación podemos contribuir a pararlo.

Una de mis iniciativas municipales preferidas, bien sea en Mallabia, Zarautz o Bilbao, son las huertas municipales. En las últimas elecciones municipales te presentaste por EH Bildu en tu pueblo, Abadiño, donde ahora eres concejal. ¿Qué ha pasado con las huertas?

Estaban al lado del río y había riesgo de que el agua se llevara la tierra. Ha habido que hacer limpieza y asegurar taludes. Cuando se termine la acometida, las huertas volverán y se ampliarán. Para nosotros el cultivo de la tierra es clave. El otro día llevé a mi hijo al instituto de Rekalde, en Bilbao, a jugar un partido de deporte escolar, y vi cómo habían instalado jardineras por todos los lados y los chavales cultivaban productos hortícolas. Esa pequeña pedagogía me parece muy importante. Están rodeados de asfalto, pero ahí tienen sus jardineras. Me alegró ver que el mensaje con el que tanto tiempo llevamos insistiendo esté calando. Los chavales que cultivan lechugas y que comen en el comedor son los consumidores de mañana."                (Gessamí Forner , El Salto, 08/02/24)

22.4.24

«Mientras no se garantice la renta de los agricultores vía precios hay un problema grave»... La cesta de la compra cada vez cuesta más y los agricultores cada vez ganan menos. Las cuentas no salen. El dinero se queda en el camino. Ahí está el problema. La agroindustria, la agricultura y ganadería intensiva, las macrogranjas, la mecanización a gran escala, los tratados de libre comercio y los acuerdos geopolíticos están acabando con el medio de vida de las y los agricultores. Los fondos buitres y las grandes fortunas especulan con los alimentos, van comprando las mejores tierras, las explotan, ponen regadío en tierras de secano y cuando agotan los acuíferos se van a esquilmar otros terrenos en los que tampoco viven. Es el neoliberalismo en estado puro... Es una lucha de clase: de un lado los agricultores, de otro las grandes corporaciones, los fondos de inversión y las grandes fortunas... Están enfrentando a los agricultores que se dedican a producir alimentos contra quienes se dedican a especular con ellos a escala mundial. Esta es la cuestión de fondo (Andoni García, COAG)

"La ciudad se divorció del campo hace mucho tiempo, los agricultores y agricultoras desaparecieron del imaginario urbano y sólo se acuerdan de ellos cuando organizados y movilizados cortan las carreteras y paralizan las calles de las grandes urbes para hacerse oír. Empezaron a hacerlo en Alemania el 15 de enero con una gran manifestación. Les siguió Francia y Bélgica. La oleada de protestas se ha ido extendiendo por toda Europa. En España comenzó el 6 de febrero. Y todos se unieron en Bruselas. Las reivindicaciones se adaptan a la coyuntura de cada país, pero el problema es común y la demanda se repite en todos los idiomas: proteger la agricultura europea, la de los pequeños y medianos agricultores. Hoy, por ejemplo, en Alemania dos tercios de la tierra están en manos de grandes explotaciones. Una tendencia de los últimos años que se replica globalmente. La uberización ha llegado al campo.

El pan, la leche y los garbanzos ya no vienen de la tierra sino de los lineales del supermercado, envasados y etiquetados. Muchos llegan de otros continentes. La cesta de la compra cada vez cuesta más y los agricultores cada vez ganan menos. Las cuentas no salen. El dinero se queda en el camino. Ahí está el problema.

La agroindustria, la agricultura y ganadería intensiva, las macrogranjas, la mecanización a gran escala, los tratados de libre comercio y los acuerdos geopolíticos están acabando con el medio de vida de las y los agricultores. Los fondos buitres y las grandes fortunas especulan con los alimentos, van comprando las mejores tierras, las explotan, ponen regadío en tierras de secano y cuando agotan los acuíferos se van a esquilmar otros terrenos en los que tampoco viven. Es el neoliberalismo en estado puro: sacar el máximo beneficio en el mínimo tiempo y a costa de quien sea. Se avanza peligrosamente hacia una agricultura sin agricultores.

En ese contexto, a los agricultores les piden que produzcan más y más barato para poder competir con los precios de los alimentos que llegan de países donde no se respetan los derechos laborales y se utilizan pesticidas prohibidos en el país de destino. Esos productos se venden más baratos y hunden los precios. Es así como se sustituye la producción local por otra que juega a la competencia desleal. En estas circunstancias muchas veces los pequeños y medianos agricultores y agricultoras acaban vendiendo por debajo de coste. Los tratados de libre comercio engordan con la globalización y socavan la renta de los agricultores. Pero hay que tener cuidado de dónde poner el foco: el enfrentamiento no es entre agricultores de uno y otro continente. Es una lucha de clase: de un lado los agricultores, de otro las grandes corporaciones, los fondos de inversión y las grandes fortunas. Muchos problemas a los que además se añaden todas las consecuencias provocadas por el cambio climático que se traducen en la pérdida de cosechas provocadas por la sequía, las plagas y los incendios cada vez más agresivo. El resultado es que no hay relevo generacional. En 10 años el 60 % de los agricultores y agricultoras se habrá jubilado. La España vaciada es esto. Por eso, las y los agricultores demanda regulación y ayudas para seguir existiendo. Hay que cambiar el modelo. Eso son decisiones políticas que competen a los gobiernos y administraciones, pero los consumidores también contribuyen cuando se informan y se responsabilizan de lo que compran

Hay una agricultura a dos niveles: las grandes explotaciones, que producen excelentes beneficios económicos y que cuentan con un gran capital y las pequeñas explotaciones familiares que sufren miedos existenciales y ansiedad económica. Y esos dos modelos de la agricultura se reflejan en dos perfiles diferentes de convocantes: el de las pequeñas explotaciones que luchan por sobrevivir y el de las grandes empresas, desde una posición más confortable. Unas movilizaciones las convocan las organizaciones agrarias y buscan la negociación; otras responden a otros intereses y trabajan el enfrentamiento frontal y transversal.

Andoni García responsable de organización de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), y miembro del Comité Coordinador de La Vía Campesina Europa, nos acerca a los problemas del campo y nos explica las reivindicaciones que traen al Ministerio de Agricultura. La agricultura necesita un cambio estructural, un cambio de modelo que deje da favorecer a la agroindustria para apoyar a las pequeñas y medianas explotaciones.

ANDONI GARCÍA: ¿Cómo valoráis estos casi dos meses de movilizaciones?

GEMA DELGADO: La valoración que hemos realizado en unidad de acción las tres organizaciones agrarias, en este caso COAG, ASAJA y UPA, es positiva porque ha habido una respuesta muy importante por parte de los agricultores y de las bases. Se han hecho movilizaciones bastante importantes en muchos territorios y la de Madrid del 26 de febrero fue una movilización muy fuerte en número de agricultores; también sirvió para distinguir entre las movilizaciones de personas y las de los tractores.

A.G.: ¿En qué se diferencian unas y otras movilizaciones?

G.D.: Las movilizaciones de las tres organizaciones agrarias han tenido unas reivindicaciones muy claras que reflejaban lo que respondían los agricultores de a pie o que conducían los tractores, al mismo tiempo que se abrieron las negociaciones con el Ministerio desde el principio. Por otra parte ha habido otras movilizaciones con otros intereses y una radicalización que rechazamos profundamente, como los intentos de entrar en el Parlamento de Navarra y en el de Aragón y los insultos que se hacían. Eso no tiene nada que ver con las movilizaciones unitarias que han hecho los tres organizaciones agrarias. Nosotros hemos ido respetando y buscando a la ciudadanía como un elemento clave.

En toda la trayectoria, desde el primer momento, además de tener una parte reivindicativa muy importante, se ha estado tratando con el Ministerio de Agricultura de forma constante; no sólo con el ministro, también en mesas de trabajo, y ha habido posibilidades de profundizar en los temas. Otra cuestión es dónde están los límites que plantea el gobierno en torno a algunas reivindicaciones como son los Tratados de Libre Comercio y en concreto Mercosur. Ahí directamente el gobierno no entra; el Ministerio de Agricultura y el gobierno mantienen una posición favorable a los acuerdos de Libre Comercio. En este punto, que es un elemento importante para nosotros, no hay cambio de opinión. Desde hace muchos años estamos viviendo una política agraria adaptada totalmente a la globalización: los tratados de libre comercio, la desregulación de los mercados, las importaciones de choque, la sustitución de las mujeres y hombres que producen alimentos para priorizar el negocio. Estás enfrentando algo absolutamente imposible: alguien que produce alimentos sobre alguien que está especulando con ellos a escala mundial. Esta es la cuestión de fondo.

COAG como parte de Vía Campesina tienen el mismo análisis: los agricultores en Europa, y también a nivel mundial, sufren el mismo problema, que es cómo la globalización impulsa a reducir los precios en todas las partes del mundo generando una competencia donde las reglas las fijan las grandes empresas del agro negocio y no se puede competir y donde continuamente se sustituyen los pequeños y medianos agricultores por otro tipo de modelo de agricultura.

A.G.: ¿Os estáis coordinando a nivel europeo?

G.D.: Sí, desde el principio. Cuando comenzaron las movilizaciones en Alemania y, posteriormente, en Francia, en Bélgica y aquí, hubo una coordinación a través de La Coordinadora Europea Vía Campesina Europa (ECVC) apoyando las movilizaciones y siendo parte convocante en Bruselas frente a las instituciones. No todo lo que se movía era igual. En Alemania, en Francia, en Bélgica y aquí no se ha movilizado la misma gente.

En esas reivindicaciones, y desde el primer momento, ECVC planteó el rechazo a los acuerdos de libre comercio, el impacto interno que provocan y cómo hunden los precios. También se reclama la modificación de la directiva marco sobre prácticas desleales y que aquí se ha desarrollado en la Ley de la Cadena que contiene un elemento muy importante y que es que los precios cubran los costes de producción y la prohibición de la venta a pérdidas. E igualmente se plantea la renovación generacional y la flexibilización de la PAC.

Son los 4 ó 5 elementos muy importantes que se trabajan a nivel europeo y que están incluidos en las reivindicaciones y las movilizaciones de COAG, ASAJA Y UPA.

A.G.: ¿Qué pasa con la Política Agraria Común (PAC)?

G.D.: Este ha sido el primer año de aplicación de la nueva PAC y se ha visto no sólo la complejidad sino también lo absurdo en algunos casos de la adaptación en el territorio de la normativa que llega desde Bruselas. Ya no es que se esté en contra del medioambiente, que es falso, sino que directamente hay normativas que no puedes cumplir porque no están adaptados al territorio. Hay muchos elementos técnicos que acaban siendo políticos y que al adaptarlos al territorio son una auténtica locura.

A.G.: ¿Puedes darnos algún ejemplo?

G.D.: Cuando te exigen dejar 5 metros libres de tu parcela en los cauces de los ríos, por ejemplo. El primer problema es que esos cauces no están definidos. Y luego, si eres un pequeño agricultor pierdes mucho espacio de tu terreno. No está adaptado si se trata de un cauce grande o de un cauce pequeño; si afecta a una parcela grande o a una parcela pequeña. Y esto perjudica también a la producción ecológica que debiera estar exenta de las exigencias y que generalmente se realiza en pequeñas parcelas.

Cuando se trazan las directivas desde Bruselas se ve el territorio desde arriba y no se dan cuenta que cuando hay que bajar a cada finca y a cada agricultor o agricultora no hay forma de entenderlo. Puede cumplirlo quien tiene capacidad financiera para hacerlo: grandes empresas, grandes extensiones, etc. Son técnicas agronómicas, pero hay una política por detrás que es no querer definir qué modelo de agricultura apoyar, y no hacerlo significa apostar por modelos de agricultura a gran escala. Y esa es la apuesta de fondo de la Unión Europea que luego se sigue tanto en el territorio español como en las comunidades autónomas.

A.G.: Habláis de la uberización del campo. ¿Qué significa?

G.D.: La industrialización de la agricultura. No es nuevo, ya lleva años. Llevado al comercio se podría entender lo que sucede con un pequeño comercio que se sustituye por cadenas y se franquician cuando llegan las transnacionales. Por una parte, con la industrialización de la agricultura se pierden los agricultores a favor de la gran escala. Ahora se ve de forma muy transparente cómo están entrando fondos de inversión y grandes fortunas acaparando tierra, producción y agua. Están comprando los mejores terrenos. Pero si hablamos de futuro, que es una de los puntos de las reivindicaciones de ECVC y de las tres organizaciones agrarias, tenemos que hablar de la protección de la tierra para facilitar la incorporación de los jóvenes al campo; hay que hacer políticas para el traspaso de la tierra a los jóvenes y favorecer el relevo generacional.

A.G.: Si en los próximos 10 años se va a jubilar el 60 % de los agricultores, ¿qué va a pasar con el campo?

G.D.: Ese es un gran problema. La agricultura es uno de los principales motores de la vida en el campo, pero si no hay una política estratégica de incorporar nuevas personas a la agricultura, qué va a pasar con esos pueblos. Y a su futuro va unido el del pequeño comercio y el autónomo en las zonas rurales. Hablamos de abandono, de reto demográfico pero no se toman medidas para abordarlo.

A.G.: ¿Qué medidas harían falta?

G.D.: Por una parte se necesitaría parar los acuerdos de libre comercio y, por lo tanto, cuestionar esa política de abrir y abrir acuerdos de libre comercio. Y, por otra parte, ver qué pasa con la OMC (Organización Mundial del Comercio). Si tu apuestas por que la alimentación en Europa esté basada en el comercio mundial, estamos hablando de otro modelo de alimentación y de otro modelo de agricultura. O se reconsidera eso o la seguridad y la soberanía alimentaria queda en entredicho. Lo vimos con el COVID y lo vemos con las guerras. La UE está reconociendo que hay problemas y que hay que abordarlos. En la política agraria y en la política alimentaria se han dado muchas mesas de trabajo y hay muchas reflexiones sobre la necesidad que hay de preservar la alimentación en Europa por parte de los y las agricultoras . Pero luego las políticas, al concretarlas, no llevan a ese nivel o hacen lo contrario.

A.G.: También demandan la regulación de los mercados, ¿Cómo afectaría?

G.D.: No se trata de cuestionar el comercio internacional pero hablamos de complementariedad; ese comercio tiene que estar basado en reglas de la soberanía alimentaria. Se necesita una política agraria con instrumentos de regulación de los mercados para que los precios cubran los costes y que las ayudas sean complementarias para hechos específicos. Mientras no se garantice la renta de los agricultores vía precios hay un problema grave.

La renta agraria a nivel europeo es un 50 % de la renta media de la población. En los últimos diez años en Europa se han perdido 5 millones de pequeñas y medianas explotaciones. Hay que abordar todo esto.

Por otra parte también se plantean la directiva sobre la tierra, la directiva marco sobre prácticas desleales para que también se actúe sobre los precios. Reivindicamos que la ley de la cadena sea mucho más efectiva y hay que reforzar instrumentos para que así sea: más inspecciones, pero además también estudios de la cadena de valor que deben hacerse por parte del Ministerio y las comunidades autónomas para que sirvan de referente. Ya sabemos que no se puede hacer una fijación de precios pero sí tener elementos más referenciales. Por otra parte hay que hacer un control sobre esas importaciones que están entrando, su precio y su cantidad; y un observatorio para que se vean los impactos internos y se adopten las medidas oportunas, cosa que no se está haciendo.

A.G.: Uno de los lema de las movilizaciones ha sido: “El campo exige apoyo, respeto y reconocimiento”. ¿Creéis que desde las ciudades y las administraciones hay un desconocimiento del mundo rural y agrícola?

G.D.: Sí. Inmenso. De hecho, desde COAG hemos planteado, y ha sido apoyado además por el Ministerio de Asuntos Sociales, que en educación, desde las primeras edades, haya una asignatura sobre la alimentación porque vemos un desconocimiento enorme sobre la producción de los alimentos y el trabajo que se hace en el campo. Y pasa también con las normativas, que tienen poco que ver con la realidad.

Hace falta mucha más información, un fortalecimiento de esas relaciones entre lo rural y lo urbano; y hace falta que lo urbano integre a lo rural como propio de una cultura más amplia no como algo ajeno al cual hay que enseñar. Y no es así. En la ciudad quieren decirle al campo lo que tiene que hacer desde una perspectiva urbana. En muchos casos se puede hacer con buena intención, pero la voz de los agricultores será la voz de los agricultores, y esa no se sustituye. O se abraza, se entiende y se asimila como parte propia de una sociedad o de lo contrario la puedes rechazar. Y eso es peligroso, más ahora cuando la extrema derecha está intentando aprovechar el descontento de las y los agricultores y dar una visión de que todo el sector agrario es suyo. Y esto hace mucho daño, además de no ser real.

A.G.: ¿Cuál es la relación entre el movimiento ecologista y los agricultores?

G.D.: Hay que hablar de varios elementos. Por una parte el mayor interesado en que la tierra produzca en buenas condiciones es el agricultor. Igual que con los animales. Eso está claro. Por otra parte está la presión que se recibe del comercio cuando a ti te exigen producir más barato, y a ver cómo compites en una situación desigual.

El mundo ecologista ha sentido que se ha empoderado en la política. Pero el mundo ecologista es diverso. Hay una política medioambiental que se ha olvidado de lo social porque es una política medioambiental en un sistema neoliberal. Parece que hay un ecologismo que entiende que la mejor manera de cuidar la naturaleza es sin agricultores. Pero al final son las grandes empresas las que van a gestionar ese territorio sin personas. No se si el turismo es más medioambiental frente a agricultores y ganaderos cuidando la tierra.

Pero hay otro ecologismo que entiende muy bien que la naturaleza, la agricultura y la ganadería forman parte del cuidado del medioambiente. Para nosotros no hay un medioambiente que no integre lo social y ese es el ecologismo que nos está apoyando.

A.G.: Potenciar la soberanía alimentaría, el comercio directo, los circuitos cortos es una demanda generalizada, pero ¿es suficiente?

G.D.: La clave de todo está por supuesto en la relación con el conjunto de la ciudadanía y de los consumidores. Cuanto más directa sea mucho mejor. Hablamos de venta directa, de circuitos cortos, de compra pública de alimentos, pero la realidad es que no hay venta pública ni se ha potenciado la venta directa ni los circuitos cortos. Y luego, si estás en Castilla y produces cereales, a ver qué haces con ellos.

Y si también hablamos del derecho a una alimentación sana para toda la población, hay que ver cómo se realiza. Esa producción no va a responder únicamente a la venta directa. Y para eso hacen falta más agricultores. La clave no está en «menos personas haciendo más, sino en más personas produciendo alimentos”.

A.G.: ¿Hace falta intervenir?

G.D.: Absolutamente. Sin regulación de los mercados no se va a poder hacer. Si regularizas el mercado ya estás ayudando. Otra forma es a través de apoyos públicos y económicos para incorporar nuevas personas a la agricultura, y para ayudar a zonas con mayores dificultades. Para abordar el abandono igual hay que hablar de un apoyo especial para garantizar que haya vida en el medio rural; de la misma forma en que se apoya al pequeño comercio o a otros sectores.

A.G.: ¿Qué hacemos con el agua?

G.D.: Hay que saber que el agua significa riqueza a la hora de producir alimentos y que siempre ha habido regadío. Otra cosa es que se estén realizando grandes inversiones para poner regadío en terrenos de secano. Una cosa es la agroindustria y otra el agricultor. Por eso no se puede estigmatizar ni condenar al agricultor que siempre ha tenido agua. Es un debate difícil y profundo

A.G.: ¿Qué podemos hacer como ciudadanos y consumidores?

G.D.: Mucho. Es absolutamente vital. A la hora de comprar hay que identificar muy bien lo que se compra y ser exigentes con ese productos. Y ser muy conscientes de que es lo que está en juego en la alimentación, que es también el poder sobre la tierra y sobre los recursos naturales.

A.G.: La ultraderecha, aquí y en otros países, quiere capitalizar el descontento de los agricultores. ¿Es el campo es un feudo de Vox?

G.D.: No. Mayoritariamente el campo no está ahí. Otra cosa es que la extrema derecha quiera dar esa visión, y que sea muy fácil comprarlo. No ayuda nada alguna de la imágenes que se han dado, pero a lo mejor es eso lo que buscaban. En cualquier caso el campo probablemente está reflejando una sociedad que también está evolucionando y que es muy compleja."                    (Gema Delgado, Mundo Obrero, 21/04/24)

8.4.24

POLITICO: La cría intensiva de cerdos acapara la escasez de agua en Cataluña, afectada por la sequía... La principal región productora de carne de cerdo de Europa es la zona cero de los sistemas intensivos que devoran el agua escasa y causan contaminación por nitratos... En la comarca de Osona, al norte de Barcelona, hay siete veces más cerdos que personas... Al acercarse, el hedor a amoniaco y los chillidos de miles de cerdos abruman los sentidos... el millón de cerdos de la región consume tanta agua como casi 200.000 personas... De las fuentes por las que aún corre el agua, más del 40% están contaminadas por nitratos, resultado del vertido excesivo de heces animales... Greenpeace descubrió que todas las aguas subterráneas catalanas medidas presentaban altos niveles de contaminación por nitratos, así como el 42% de las aguas superficiales, encabezando la lista de las regiones más contaminadas de España... es difícil creer que esta tendencia no conducirá a un colapso medioambiental irreversible

 "En la comarca de Osona, al norte de Barcelona, hay siete veces más cerdos que personas.

Hectáreas de granjas de cerdos - edificios largos de ladrillo con ventanas semicerradas - se extienden desde el borde de la carretera hasta la lejanía. Cilindros metálicos con toneladas de pienso sobresalen de sus paredes. Enormes estanques almacenan desechos animales en descomposición.

Al acercarse, el hedor a amoniaco y los chillidos de miles de cerdos abruman los sentidos.

Osona es famosa por su fuet, un embutido de cerdo tradicional catalán, y por sus impresionantes montañas y reservas naturales. Pero el agua de la mitad de sus fuentes ha dejado de fluir, según una plataforma ciudadana creada para defender el río Ter que atraviesa la comarca. Y no es sólo porque no llueva.

"El consumo de agua del sector porcino ya supera al de las personas", afirma la responsable de la plataforma, Ginesta María. Calculan que el millón de cerdos de la región consume tanta agua como casi 200.000 personas. El censo contabiliza una población de poco más de 150.000 habitantes.

Pero el consumo de agua no es el único problema que enfada a los vecinos humanos de los cerdos.

De las fuentes por las que aún corre el agua, más del 40% están contaminadas por nitratos, resultado del vertido excesivo de heces animales. Las concentraciones llegan a ser 10 veces superiores al límite establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), según ha constatado la plataforma River Ter.

 "Las heces no son un fertilizante, sino un agente contaminante", declaró María a POLÍTICO, pidiendo que se reduzca a la mitad el número de cerdos para cumplir los requisitos sobre nitratos.

Cataluña está a la cabeza de la producción y exportación de carne de cerdo del país y de la UE, y el negocio es muy rentable.

Pero la peor sequía de la historia reciente -que ha coincidido con una proliferación de periodos de sequía e inundaciones devastadoras en otros lugares de Europa - está poniendo de manifiesto cómo la ambición de Cataluña por satisfacer la creciente demanda mundial de carne de cerdo está llevando a la región más allá de los límites de lo que su medio ambiente puede soportar.

El agua es oro

Sin lluvias significativas en los últimos años, los embalses de agua cayeron al 16% de su capacidad a principios de año. Las lluvias de principios de abril trajeron algo de alivio, pero los niveles de los embalses siguen cuatro puntos por debajo de la peor sequía registrada en 2008. Como consecuencia, el paisaje catalán se está volviendo marrón y seco, y la competencia por el agua escasa se está recrudeciendo.

En febrero, el gobierno catalán activó un plan de emergencia en más de la mitad de su territorio que afectó a 6 millones de personas, cuatro quintas partes de la población. Las restricciones incluyen limitar el consumo diario de agua a 200 litros por persona. Esa cantidad podría reducirse a 160 litros si la situación empeora.

 "La mejor solución es que llueva. Pero no la tenemos, así que debemos estar preparados para el futuro", declaró a POLÍTICO Meritxell Serret, consejera catalana de Asuntos Exteriores y de la UE.

El plan también incluye restricciones a las actividades económicas, incluidos los sectores agrícola y ganadero, algunos de los mayores consumidores de agua. Las explotaciones ganaderas tendrán que utilizar un 50% menos de agua, lo que significa que los municipios afectados tendrán que reducir a la mitad el número de animales.

Los usos industriales, que incluyen la matanza y el procesamiento de la carne, también se enfrentan a reducciones del 25%.

El Gobierno también ha reducido el caudal del río Ter, que nace en los Pirineos.Con estas medidas, el gobierno intenta "ser más eficiente con el agua y, al mismo tiempo, mantener el nivel de ingresos de esta economía local", según Serret, ex ministro de Agricultura.

Los ecologistas locales afirman, sin embargo, que la reducción del caudal del río acabará perjudicando a la biodiversidad.

Para Annelies Broekman, agrónoma e investigadora del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) de la Universidad Autónoma de Barcelona, con demasiada frecuencia se culpa al clima de lo que en realidad es un planteamiento insostenible del uso del agua.

 El agua debe cumplir primero una función social, priorizando "toda la vida que depende de ella, en la que estamos incluidos", dijo, y luego distribuirse a lo largo de "toda la cadena de funciones y valores para la sociedad", incluidas las actividades económicas.

"Hay quien dice que hay que asignar el agua a los usos que generen más rentabilidad y, una vez más, ganarían los cerdos", dijo, advirtiendo de que no hay que "caer en la lógica de quien puede pagar hace lo que quiere".

Cerdos y Coca-Cola

La producción porcina española se ha duplicado en la última década, y ya compite con países como China y Brasil en el mercado mundial. No en vano, el país ocupa el primer lugar en número de cerdos de la UE, con cerca de 35 millones.

Sin embargo, más de la mitad de la carne de cerdo exportada por España procede de una sola región: Cataluña, que exporta más del 70% de la producción.

El mayor cliente es China, mientras que los principales destinos europeos son Francia, Italia, Rumanía, República Checa y Polonia.

"El sector ganadero catalán es un sector puntero a nivel europeo y un pilar de la economía de nuestras comarcas", explica Serret. "Es todo un modelo económico con una industria cárnica, un comercio minorista, un sector turístico y gastronómico totalmente asociados".

Pero entre todos ellos, el sector porcino es "la gallina de los huevos de oro", dijo Broekman. Los ingresos netos de una explotación porcina son 10 veces superiores a los de una explotación olivarera media y cinco veces superiores a los registrados por una explotación cerealista.

 Según el investigador, la industria porcina es rentable porque forma parte de un modelo integrado e industrializado que "no tiene nada que ver con la ruralidad".
"Es una industria: Igual que se fabrica Coca-Cola, se fabrican cerdos", explica. En Cataluña se sacrifican miles de cerdos al día, más de 23 millones al año. La edad media de un cerdo en el momento de la matanza es de 6 meses.

Para competir en este entorno, muchos ganaderos han optado por "integrar" -o alquilar- sus granjas a un puñado de empresas que, entre todas, dominan el mercado.
           
Estas multinacionales exigen a los ganaderos que cumplan determinados objetivos de productividad -cantidad de pienso; mortalidad animal; o número de lechones por cerda- a cambio de unos ingresos estables a final de mes. También suministran sus propios cerdos, piensos y tecnologías a estas granjas, integrándolas en su cadena de producción global. Las empresas suelen controlar todas las fases de la producción: partos, destetes, engorde, sacrificio y transformación.

Para los ganaderos, es un buen negocio. Para los ecologistas, es una receta para la concentración industrial y el abuso de los recursos naturales.
Martí Costal, de la organización catalana de jóvenes agricultores (JARC), posee manzanos, cultivos de cereales y dirige una granja con 1.100 cerdos. Sus tierras se extienden por las afueras de Jafre, un pueblo de no más de 400 habitantes en la comarca costera de Girona.

 

Hace años se pasó a un sistema de agricultura integrada. Dice que es la única parte de su negocio que le permite ganarse la vida.

La industria porcina es rentable porque forma parte de un modelo integrado e industrializado que "no tiene nada que ver con la ruralidad." | Alvaro Calvo/Getty Images

"Si eres pequeño tienes poco poder adquisitivo [...] se trata de que el pez grande se coma al chico", dijo.

Costal explicó que, cuando operaba como agricultor independiente, tenía que comprar y vender a precios fijados por proveedores y distribuidores. A menudo acababa teniendo pérdidas. "En cambio, vi que sólo engordando [en un sistema integrado] tenía más beneficios que haciéndolo todo por mi cuenta", dijo.

Sin embargo, para María, responsable de la plataforma ciudadana para la protección del río Ter, este modelo ha transformado el sector porcino en una "fábrica de carne barata". Además, subrayó, estos grandes e influyentes grupos cárnicos "pueden contaminar impunemente".

Las normativas medioambientales -como las destinadas a evitar la contaminación por nitratos- deben ser cumplidas por los ganaderos, que se subrogan o integran con las corporaciones.

"El exceso de estiércol pasa a ser responsabilidad del agricultor, pero estas grandes empresas son las culpables", añadió.

Eloi Boada es propietario de tres granjas integradas con 5.000 cerdos en Girona y trabaja para otra. Está sentado en la plaza mayor de Verges, un pueblo vecino, mientras sorbe su café solo.

 "Te echan [las empresas] si tienes un 50% de pérdidas de animales. Pero mientras la granja funcione, les da igual", afirmó, describiendo la actitud de las empresas ante la normativa medioambiental.

Batallé, una de las mayores empresas del sector, remitió una petición de comentarios a Miguel Àngel Higuera, director de la Asociación Española de Productores de Ganado Porcino

"La integración es el modelo más sostenible que permite repercutir los costes de producción, unificar el producto y garantizar la trazabilidad, así como el cumplimiento de todos los requisitos normativos, ya que una empresa integradora, por su visibilidad, no puede permitirse ningún fallo", dijo en comentarios enviados por correo electrónico a POLÍTICO.

Problemas subterráneos

El estiércol de las granjas porcinas acaba utilizándose como fertilizante en las mismas granjas o en otras cercanas. Pero hay desacuerdo sobre si se trata de una solución circular para deshacerse de él o si supone un riesgo para el agua y la biodiversidad.

"Los ecologistas son muy quisquillosos", dijo Boada, negando que las granjas contribuyan a la contaminación del agua.

Sin embargo, también añadió que "hay demasiadas granjas [y] muchas deberían cerrar porque les importan un bledo [las normas]". Los inspectores, añadió, "no van a algunas granjas porque saben que tendrían que cerrarlas".

Cataluña genera cerca de 90.000 toneladas métricas de nitrógeno orgánico procedente de la ganadería al año, según un informe de 2022 de la Agencia Catalana del Agua (ACA).

Costal, por su parte, dijo que utiliza todo el estiércol que produce su granja en sus campos, y que aún le falta un poco. "Pedí la capacidad de mi granja de cerdos en función de la capacidad de mis tierras", añadió.

Para Broekman es todo lo contrario. "Hay una abundancia de estiércol que el suelo no puede absorber", dijo, y añadió que "a menudo se aplica de forma incorrecta o en exceso, por eso las consecuencias que tiene".

Cataluña genera cerca de 90.000 toneladas métricas de nitrógeno orgánico procedente del ganado al año, según un informe de 2022 de la Agencia Catalana del Agua (ACA), tres veces el nitrógeno generado por la propia población humana.

La agencia concluyó que el exceso de nitratos estaba vinculado a la ganadería, ya que los mapas de producción de nitrógeno de origen agrícola son muy similares a los mapas de masas de agua afectadas por exceso de nitratos y zonas declaradas vulnerables.

En 2022, Greenpeace descubrió que todas las aguas subterráneas catalanas medidas presentaban altos niveles de contaminación por nitratos, así como el 42% de las aguas superficiales, encabezando la lista de las regiones más contaminadas de España.

Las crisis climáticas se están convirtiendo en la norma y la agricultura a pequeña escala está siendo engullida por empresas que dominan el mercado. En este panorama, es difícil imaginar una alternativa viable para muchos agricultores locales, mientras que para los activistas locales es aún más difícil creer que esta tendencia no conducirá a un colapso medioambiental irreversible.

 "Las pocas empresas familiares que tienen su propio mercado local sobrevivirán, pero el resto irá a parar a manos de las grandes corporaciones, o vendrá de otra parte", dijo Costal, que se acercaba a la edad de jubilación pese a ser miembro de la asociación de jóvenes agricultores.

De pie ante sus campos, dijo que su hija probablemente encontraría otra profesión. "Te sientes tan asfixiado por todas partes que ya no tienes fuerzas para luchar"."               ( Paula Andrés  , POLITICO, 0804/24, traducción DEEPL)

8.3.24

Aclamada por agricultores de Namur a Nápoles, la versión española de la ley de prácticas comerciales desleales es la más estricta de Europa. Permite la denuncia anónima de los infractores, prevé sanciones de hasta un millón de euros, obliga a una mayor transparencia en los contratos y crea observatorios para controlar los márgenes producto por producto... "Sólo en España esta ley ha sido efectiva y ha supuesto realmente una diferencia en el precio de los agricultores: obliga de hecho a cada eslabón de la cadena alimentaria a cubrir sus costes de producción, empezando por los productores", según la Coordinadora Europea de la Vía Campesina (ECVC), que representa a los pequeños agricultores... Los agricultores europeos dicen que las grandes empresas alimentarias les están jodiendo. ¿Es un precio mínimo la solución? Los precios mínimos darían respuesta a la preocupación de los agricultores por ser estafados por los compradores. Pero sería una receta para la sobreproducción (POLITICO)

 "Alexandre Vialettes y sus 300 ovejas se sienten ignorados.

La mitad de la leche que produce cerca del pueblo de Saint-Jean-et-Saint-Paul, en el sur de Francia, es recogida y procesada por el gigante lácteo Lactalis, a un precio sobre el que no puede influir.

Vialettes, que también fabrica sus propios quesos azules, no sabe adónde va a parar su leche después de cargarla en un camión de Lactalis. Pero de una cosa está seguro: debería haber costado más.
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Durante las negociaciones del año pasado, una agrupación de productores a la que pertenece tuvo que aceptar el precio propuesto por Lactalis, a pesar de recurrir a una ley francesa que pretende garantizar que los ganaderos puedan recibir precios justos por sus productos.

Después de que otra agrupación de proveedores llegara a un acuerdo con Lactalis, Vialettes y sus socios recurrieron a la mediación -como prevé la llamada ley Egalim- con la esperanza de conseguir un acuerdo mejor que cubriera sus costes de producción. En vano: el mediador les dijo que aceptaran el precio de Lactalis o lo dejaran.

"Lactalis no es el único malo. Todos los grandes grupos, cooperativos o privados, se comportan de la misma manera", afirma Vialettes.

 La amarga experiencia de agricultores como Vialettes es uno de los motivos de las protestas generalizadas de este año, aunque gran parte de su furia se ha dirigido contra la burocracia verde de la Unión Europea y la competencia de las importaciones baratas. Sus quejas han reavivado el debate político en Francia sobre la conveniencia de garantizar unos precios mínimos para los productos. El Presidente Emmanuel Macron se ha convertido tardíamente a la idea, provocando el fuego de los oponentes de izquierda y derecha que le acusan de robar sus políticas.

El debate plantea el espectro de un retorno a las políticas anticuadas de apoyo a los precios que pueden hacer poco para aliviar las dificultades rurales - y en su lugar podría estimular la sobreproducción y un retorno a los "lagos de leche" y "montañas de mantequilla" de antaño. Esto obligó a la Unión Europea a reformar su Política Agrícola Común, un programa de subvenciones agrícolas que se come un tercio de su presupuesto.
'Depredador de valor

Lactalis, propiedad de la hermética familia Besnier, ha recorrido un largo camino desde sus orígenes en los años 30 como pequeño fabricante de camembert en Mayenne (oeste de Francia) hasta convertirse en la mayor empresa láctea del mundo. Durante ese tiempo, la empresa ha enfurecido repetidamente a los agricultores, que la consideran el arquetipo despiadado de la gran alimentación.

 La última ronda de protestas agrícolas en Francia no ha sido diferente. Los agricultores ocuparon la sede de la empresa el mes pasado. Otros bloquearon un camión de Lactalis y redistribuyeron su leche entre los ganaderos locales del departamento de Haute-Saône. La ira llegó incluso al Salón Internacional de la Agricultura, donde los manifestantes atacaron el stand de Lactalis.

"Hemos señalado [a Lactalis] como un depredador de valor", declaró Stéphane Galais, un productor lácteo de Bretaña y representante de la Confédération Paysanne, un sindicato de agricultores de tendencia izquierdista que organizó las manifestaciones contra Lactalis.

"Esta empresa facturó 28.000 millones de euros en 2022 y está obteniendo beneficios. A su cabeza hay dos hermanos y una hermana que son multimillonarios. Es una empresa que no acepta pagar correctamente a sus agricultores, pagarles un precio que cubra el coste de producción, los salarios y la protección social, pero que está obteniendo beneficios récord", dijo a POLITICO en el stand de la Confédération, que estaba engalanado con carteles que atacaban a los grandes grupos alimentarios y los acuerdos de libre comercio.

 Pierre Maison, que produce queso raclette en el departamento alpino de Alta Saboya, está de acuerdo.

"El agricultor corre el riesgo de tener poco poder. En una situación de cuasi monopolio, ellos dictan el precio", afirma.

En su región, las pequeñas cooperativas lecheras han estado luchando contra Lactalis, ya que la empresa compra acciones de las cooperativas lecheras locales que producen queso reblochon.

"No debemos mezclar las acciones de los sindicatos agrícolas con las negociaciones que tienen lugar en el marco de un contrato legal privado con una organización de productores", dijo Lactalis en una respuesta por escrito a una solicitud de comentarios de POLITICO. "En cuanto hay un desacuerdo o tensión entre las partes, la comunicación se exacerba, ya que es una palanca en las negociaciones".

Lactalis dijo que los precios estaban influidos por el hecho de que la mitad de la leche de vaca que recoge se procesa o se vende fuera de Francia, donde los precios son más bajos - y actualmente están cayendo. Dijo que había aumentado los precios de compra en un 30 por ciento en los últimos dos años, y pagó más que sus rivales en 2022.

La empresa registró un descenso del 14 por ciento en sus beneficios en 2022 -su margen neto fue de sólo el 1,4 por ciento- y éstos se reinvierten en el negocio, dijo el gigante lácteo.

 La receta de Macron

El gobierno francés ha intentado, en respuesta a las protestas, desviar la culpa hacia las grandes empresas alimentarias, prometiendo una mejor protección a los agricultores en sus negociaciones con procesadores, fabricantes y supermercados.

El primer ministro Gabriel Attal ha prometido una cuarta versión de la ley Egalim para el verano. Por su parte, el Ministro de Economía, Bruno Le Maire, ha anunciado controles más estrictos para garantizar la eficacia de las normas actuales destinadas a reforzar el poder de negociación de los agricultores.

También ha amenazado con multar a dos plataformas centrales de compra -a través de las cuales los minoristas compran conjuntamente productos para obtener mejores precios- acusándolas de no respetar el calendario legal de negociación de precios.
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Macron ha aprobado tres versiones de las leyes Egalim con el objetivo de reforzar la mano de los agricultores en las negociaciones con los compradores, facultándoles para proponer un precio de partida basado en indicadores de referencia que reflejen los costes de producción.

Los agricultores se quejan de que la ley carece de fuerza.

"Es absolutamente inútil", dijo Vialettes, el ganadero de ovejas, pidiendo al gobierno que "use el palo".

Presionado por las protestas, Macron ha decidido ir más lejos. Durante una tensa visita al Salón, propuso fijar por ley precios mínimos sector por sector para que los agricultores vendan sus productos a la industria alimentaria.

 La propuesta de Macron de un precio mínimo se percibió como un giro de 180 grados después de que su Gobierno rechazara repetidamente propuestas similares de la oposición, tachándolas de medidas antimercado de estilo soviético.

También suscitó dudas en su propio bando.

"El anuncio sobre los suelos de precios no fue muy útil", dijo un legislador del partido de Macron, a quien se concedió el anonimato para hablar libremente. "La palabra no es buena", dijo el parlamentario, afirmando que sería mejor hablar de un "índice de precios" para evitar asociaciones con políticas erróneas de la UE que se remontan a la década de 1980.
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Lagos de leche y montañas de mantequilla

Como era de esperar, a las cadenas de supermercados no les gustó la propuesta. Michel Leclerc, presidente de la cadena de supermercados del mismo nombre, la calificó de "gilipollez".
Un agricultor conduce su tractor mostrando una pancarta en la que se lee "Países, ¿paisajes sin agricultores? Únete a nosotros". | Ludovic Marin/AFP via Getty Images

Los expertos tienen objeciones más de fondo.

"La UE tuvo un sistema de precios mínimos elevados para los productos alimentarios desde los años 60 hasta los 80 que condujo a la creación de excedentes alimentarios, altos costes presupuestarios y dumping de excedentes en los mercados de terceros países", afirma Alan Matthews, profesor de Política Agrícola Europea en el Trinity College de Dublín.

Los lagos de leche y las montañas de mantequilla resultantes reaparecerían probablemente si París diera marcha atrás al reloj, han advertido varios expertos. 

Esto no sólo fomentaría la sobreproducción, sino también una agricultura más destructiva para el medio ambiente, con un mayor uso de productos químicos, un riego que consume mucha agua y una ganadería intensiva. Entonces "tendríamos que destruir" la mayor parte del excedente, argumentó Matthews, "porque desde 2015 ya no se nos permite subvencionar las exportaciones".

Los negociadores comerciales de la UE acaban de regresar cojeando de la conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Abu Dhabi, tras días de enfrentamientos con India por esta misma cuestión. El programa de reservas contra el hambre de Nueva Delhi ha fomentado la sobreproducción, la expansión agrícola y el dumping de arroz y trigo en los mercados extranjeros.
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Los ganadores de los precios mínimos suelen ser los grandes operadores industriales. Si el precio mínimo es demasiado bajo, los pequeños agricultores quiebran y las grandes empresas los absorben. Pero si es demasiado alto, las grandes explotaciones cosechan pingües beneficios a costa de los fabricantes y vendedores de alimentos. "Esto sería la guinda del pastel", afirma Matthews.
El modelo español

Para Maison, agricultor de la Alta Saboya, Francia debería inspirarse en su vecina España, que ha convertido la directiva comunitaria sobre prácticas comerciales desleales (UTP) en un importante escudo para los productores agrícolas.

Aclamada por agricultores de Namur a Nápoles, la versión española de la ley de prácticas comerciales desleales es la más estricta de Europa. Permite la denuncia anónima de los infractores, prevé sanciones de hasta un millón de euros, obliga a una mayor transparencia en los contratos y crea observatorios para controlar los márgenes producto por producto.

"Sólo en España esta ley ha sido efectiva y ha supuesto realmente una diferencia en el precio de los agricultores: obliga de hecho a cada eslabón de la cadena alimentaria a cubrir sus costes de producción, empezando por los productores", según la Coordinadora Europea de la Vía Campesina (ECVC), que representa a los pequeños agricultores.

La Comisión Europea está realizando una encuesta entre los agricultores mientras se prepara para revisar la directiva sobre prácticas comerciales desleales. Aunque Macron ha pedido una versión europea de su ley Egalim, es más probable que Bruselas busque nuevas ideas en Madrid.

Es un debate complejo que reverberará por los pasillos del poder mientras los políticos intentan restablecer el orden en una cadena de suministro que está perjudicando a ganaderos como Alexandre Vialettes.

"Si dejáramos de suministrar leche, la industria láctea dejaría de existir, los supermercados dejarían de existir", declaró a POLÍTICO. "Pero hay una inversión de creencias que nos hace pensar que el distribuidor y la industria son lo más importante"."

( Giorgio Leali and Alessandro Ford, POLITICO, 06/03/24)

22.2.24

¿Quién gana con la competencia desleal en el campo? Son multinacionales, a menudo españolas, las que se encuentran detrás de las muchas verduras y frutas que llegan de fuera y generan las malas prácticas que denuncian las recientes movilizaciones ¿Se acierta apuntando solo a las administraciones? La agricultura y la alimentación son seguramente los sectores económicos con mayor concentración corporativa en todos los puntos de la cadena... paseando por alguna de las webs de las multinacionales españolas de fruta y verdura más importantes, vemos cómo presumen de sus negocios en terceros países... la multinacional valenciana Citri&co muestra con orgullo su presencia en Marruecos, Sudáfrica y Perú... además, las multinacionales han conseguido convencer a los gobiernos de que ellas deben ocupar un lugar central en cualquier debate sobre el futuro de los sistemas alimentarios (Gustavo Duch)

 "Que las políticas agrarias no están resultando satisfactorias para las gentes del primer sector ha quedado más que claro en las movilizaciones de estas últimas semanas. Y si bien hay muchas voces y diferentes mensajes, existe coincidencia en señalar la llegada de productos de terceros países como uno de los problemas que es necesario resolver. Pero, ¿es suficiente con señalar, así en genérico, esta competencia desleal? ¿Se acierta apuntando solo a las administraciones? Tenemos un elefante en la habitación.

La agricultura y la alimentación son seguramente los sectores económicos con mayor concentración corporativa en todos los puntos de la cadena. Vale la pena recordar las cifras. A nivel mundial, son solo seis las empresas que controlan el 58% del mercado de semillas; otras seis, el 78% del mercado de agroquímicos; diez, el 38% del mercado de fertilizantes; seis, el 50% del mercado de maquinaria agrícola; seis, el 72% del mercado farmacéutico para animales; cuatro, el 90% de la comercialización mundial de cereales y leguminosas; y, finalmente, diez supermercados controlan el 11% del gasto mundial del consumo alimentario, cifra que en el Estado español es mucho más alta, ya que las tres principales cadenas (Mercadona, Carrefour y Lidl) alcanzan el 41%.

Es obvio, entonces, que en cada eslabón estas pocas empresas juegan con mucha ventaja frente al resto de actores. Como dice el informe “¿Quién Inclina la Balanza?, del Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles- IPES FOOD”, del que estoy tomando los datos antes referidos, “sus significativas cuotas de mercado les confieren lo que se denomina ‘poder de mercado’”, que les permite, entre otras muchas cosas, jugar a su merced con los costes de los insumos, con los precios de los productos a vender y manejar las relaciones comerciales como un depredador se relaciona con su presa. 

Pero no solo. Su dominio y capacidad económica les permite armar lobbies muy bien preparados y financiados para ejercer presión directamente a legisladores gubernamentales, hasta el punto que en los últimos años, como advierte IPES FOOD, la influencia corporativa sobre la gobernanza agroalimentaria mundial se ha convertido en la nueva normalidad y las multinacionales han conseguido convencer a los gobiernos de que ellas deben ocupar un lugar central en cualquier debate sobre el futuro de los sistemas alimentarios. Debates, donde, desde luego, aparecen las negociaciones para aprobar y regular los acuerdos comerciales internacionales, regionales y bilaterales que hacen posible que muchos alimentos, tras recorrer miles de kilómetros y atravesando fronteras, aparezcan en cualquier mercado. 

Nombres propios

En la Unión Europea, según los últimos datos, la importación comunitaria de frutas y hortalizas frescas procedentes de terceros países ascendió a 13.907 millones de euros hasta septiembre de 2023. Los tres principales países proveedores son Marruecos, con 1.833 millones de euros; Sudáfrica, con 1.544 millones de euros; y Perú, con 1.361 millones de euros. ¿Quién se beneficia de estas importaciones? 

Sin hacer ninguna investigación exhaustiva, paseando por alguna de las webs de las multinacionales españolas de fruta y verdura más importantes, vemos cómo presumen de sus negocios en terceros países. De hecho, en la web de la multinacional Citri&co, con sede en Valencia y “líderes globales en el cultivo y comercialización de fruta fresca durante todo el año”, se muestra con orgullo su presencia precisamente en Marruecos, Sudáfrica y Perú. Si entramos en la página de Bollo, otra conocida empresa valenciana del sector, sabremos de su presencia en Brasil desde 2005 y en Senegal desde 2009. O el caso de Surexport, la mayor productora local de fresas, afincada en Huelva, (donde estos cultivos van asociados tanto a la explotación laboral como al abuso del consumo de agua), que es una de las principales compañías que están expandiendo la producción de frutos rojos en Marruecos. 

Como ven, no es aventurado afirmar que son multinacionales, a menudo españolas, las que se encuentran detrás de las muchas verduras y frutas que llegan de fuera generando esa competencia desleal que denuncian las recientes movilizaciones. Como tampoco lo es señalar, como lleva décadas haciendo la organización internacional Vía Campesina, a grandes empresas de la Unión Europea por arruinar a millones de pequeñas y pequeños agricultores del sur global con sus productos subvencionados por ventajosos acuerdos comerciales. En África, por ejemplo, se venden anualmente miles de toneladas de carne de pollo procedentes de Europa Occidental. Como resultado, más del 90% de los criadores de pollos en Camerún se han arruinado. También otros productos europeos como las cebollas, los tomates y la leche inundan los mercados locales de África. O los famosos cubitos de caldo que irrumpieron para desbancar a mucha de la producción local.

Y si nos paramos a analizar quiénes son los dueños de estas empresas, descubriremos que, si queremos frenar estas competencias, debemos dejar de hablar de productores y productoras de “otros países” para hablar de fondos de inversión. De capital. De capitalismo."

(Gustavo Duch   , Licenciado en veterinaria. Coordinador de 'Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas'  CTXT, 21/02/2024)

19.2.24

Cuando se satura el mercado de un producto agrícola y se hunden los precios, éste se destruye... esto se está haciendo ahora mismo con toneladas de limones en buen estado... “Para mí es un año perdido”, dice un agricultor murciano, que no entiende que estén entrando limones de otros países, más baratos y que cumplen menos exigencias ambientales, mientras se están tirando los de aquí

 "Aparte de arar la tierra, sembrar cosechas y bloquear carreteras, los tractores también sirven para destruir la cosecha que no se vende. Se les engancha una máquina trituradora y se pasan por encima de las frutas u hortalizas en el propio campo. Como cuenta José Ángel Morales, agricultor de San Javier (Murcia), esto se está haciendo ahora mismo con toneladas de limones en buen estado. “A pesar de lo que ha costado regar por la sequía, la mitad de la producción de limones va para destrío, es una pena, se están tirando al suelo y destruyendo”, se lamenta. Esto es lo que sucede cuando se satura el mercado de un producto agrícola y se hunden los precios. “Para mí es un año perdido”, incide este agricultor murciano, que no entiende que estén entrando limones de otros países, más baratos y que cumplen menos exigencias ambientales, mientras se están tirando los de aquí.

Cuando no hay salida para las frutas y las hortalizas en supermercados y fruterías, algunos productos como los cítricos se venden a precios más bajos para zumos u otras aplicaciones industriales, pero una vez se desbordan también estos canales, ya no quedan tantas opciones. “El mercado se satura y entonces te dicen que no hay precio. Simplemente con este calor, se adelanta una semana la cosecha planificada, y de pronto se junta una cantidad de brócoli que no sabes qué hacer con ella”, señala Francisco Gil, agricultor del Campo de Cartagena y secretario de COAG Murcia, que detalla cómo también se desechan muchas frutas y hortalizas por meras cuestiones estéticas, porque no cumplen los estándares visuales de los supermercados. “Este exceso de producción, yo lo cojo, lo trituro y lo uso como materia orgánica”, comenta. “Trituramos lechuga, materia orgánica; trituramos brócoli, materia orgánica; sandía, materia orgánica… También metemos las ovejas y se comen los melones… Es muy duro, pero cada uno se busca la forma, hablando claro, cada uno hace lo que puede”.

Aunque resulta muy difícil seguir el rastro de toda esa producción agrícola en buen estado que se desecha, existe un registro detallado en todo el país, mes a mes, de la retirada del mercado de productos agrícolas. Se trata de la parte subvencionada por la UE, a través de las llamadas Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas (OPFH). Aquí sí hay un control porque se dan unas compensaciones económicas a los agricultores, aunque lo retirado no puede superar el 5% de lo comercializado en campañas anteriores. Según estos informes publicados por el Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), organismo adscrito al Ministerio de Agricultura, en los últimos seis años se ha retirado una media de más de 70 millones de kilos anuales de frutas y hortalizas en el país. En este caso, los registros señalan que un 54,6% de los productos retirados fueron donados a comedores sociales o instituciones benéficas, pues como explica Agricultura, cuando esto sucede la ayuda que se paga a los agricultores es el doble que cuando va a otros destinos. Sin embargo, esto no quita que siga siendo un sobrante del sistema. Además, el 32,7% de las frutas y hortalizas acabó como comida para animales y el 12,6% fue a parar a la categoría de otros (biodegradación, compostaje, centros de gestión de residuos autorizados...). De entre toda esta montaña de frutas y verduras que no llegó al mercado, los productos con más millones de kilos retirados por esta vía desde 2018 han sido los tomates, las naranjas, los caquis, las clementinas y las sandías.

A partir de estos datos, el equipo de investigación en la Universidad de Alicante de Fernando Maestre, uno de los científicos españoles más citados, ha estimado el agua asociada a todos estos vegetales desechados, utilizando la metodología de huella hídrica. Según sus cálculos, el consumo de agua de riego de las frutas y hortalizas retiradas del mercado de esta forma en los últimos seis años alcanza una media de 10,7 millones de metros cúbicos anuales, lo que equivale a 10.700 millones de litros o 538 barcos cisterna al año como los que se quiere llevar a partir de junio a Barcelona si sigue sin llover. Esto es solo el riego, pero la huella hídrica aumenta a 31 millones de metros cúbicos anuales si, como ocurre con esta metodología, se incluye también el consumo de lluvia o el agua contaminada por los cultivos.

“Hay que tener en cuenta que esta parte que se retira del mercado es la punta del iceberg del desperdicio agrícola en el país, pero es muy interesante conocer estos datos porque reflejan la manera en la que producimos alimentos, con una sobreproducción de la que se habla muy poco”, destaca Maestre. “Con los problemas de sequía que tenemos en tantas regiones de España, que estemos tirando esta cantidad de agua es un disparate”.

Para cuantificar el derroche de agua, los investigadores han multiplicado los kilos retirados de fruta por la huella hídrica de cada variedad en cada territorio (que es distinta según el consumo de la planta y cómo se utilicen los recursos hídricos en ese sitio). De este modo, han estimado que los productos retirados que han generado un mayor despilfarro de agua desde 2018 son las ciruelas, los caquis, las naranjas, las nectarinas y las clementinas. Asimismo, también han calculado que el mayor derroche de riego por este motivo se ha producido en la Comunidad Valenciana (20,8 millones de metros cúbicos), Murcia (17,3 millones), Andalucía (11,6 millones), Extremadura (8,5 millones) y Cataluña (5,5 millones). Están justo en las zonas que tienen ahora mismo más problemas de escasez hídrica, Cataluña, Andalucía y Murcia (aunque la mayor producción agrícola en Cataluña se da sobre todo en el sur, donde no hay tantos problemas con el agua).

En el caso de los caquis, uno de los productos más retirados y con mayor huella hídrica en los últimos seis años, el motivo no es la saturación del mercado, sino los cánones estéticos en los lineales del supermercado. Como señala Bernardo Ferrer, agricultor de Alzira (Valencia) y vicepresidente segundo de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-Asaja), “el caqui tiene una piel muy frágil y el mercado no admite que tenga dos o tres marquitas; se ha dado a entender al consumidor que los árboles producen bolas de billar, fruta perfecta”, ironiza Ferrer, que asegura que esto provoca que se quede en las parcelas un 25%-35% de la cosecha, que se recolecta y se tira al suelo. Como mínimo, asegura este agricultor, unas 50.000 toneladas anuales, lo que es mucho más de lo que figura en las estadísticas de productos retirados por las OPFH. Además, esto se refiere solo a lo que se desecha en el campo, la criba sigue luego en las centrales hortofrutícolas, en el sector del procesado, en los restaurantes y en los propios hogares, donde no es raro que algún caqui de los supervivientes termine en la basura. De hecho, según datos de Eurostat, el mayor despilfarro en Europa de alimentos en general (no solo frutas y hortalizas) ocurre en las casas.

“Aquí hay varios culpables y uno de ellos es el consumidor, que está en plan pasota, va a comprar y ve solo el precio”, recalca Francisco Gil desde Murcia. “Y, luego, la fruta no es perfecta, eso es mentira. Como la gente quiere la perfección, hay empresas que solo presentan lo inmaculado, a unos precios exagerados; hombre, no, pon lo inmaculado y lo menos inmaculado, que el consumidor decida. Se puede comprar baratísimo, pero nos tienen que dar la opción”.

Estas cifras de productos desechados pueden parecer a veces pequeñas cuando se comparan con las gigantescas producciones del campo español. En 2023 se retiraron del mercado 6.165 toneladas de sandías, lo que representa menos del 1% de la producción total de esta fruta en el país, pero esto también equivale a 308 tráileres (los camiones más grandes, con capacidad para unos 20.000 kilos), de los que el 85% terminaron como comida de animales. “Se argumenta que estos son daños colaterales para producir a gran escala unos productos que generan mucho dinero, pero no entiendo que sabiendo que se va a tirar mucho no se intente planificar mejor y a la vez se pida a la gente que no malgaste agua al cepillarse los dientes”, comenta el ingeniero agrónomo Jaime Martínez Valderrama, otro de los investigadores de la Universidad de Alicante que ha participado en el cálculo de la huella hídrica. “Lo registrado es lo que se retira del mercado para cobrar la subvención, pero esto es el mínimo, se desecha mucho más”, subraya el ingeniero, que asegura que hay otros casos agrícolas en los que también se está despilfarrando mucha agua sin que aparezca en las estadísticas de productos retirados. “Se están convirtiendo miles de litros de vino de La Rioja de calidad máxima en alcohol etílico porque sobra producción, esto también resulta un derroche absurdo”, destaca.

En lo que se refiere al despilfarro en el sector vinícola, Alejandro García-Gasco, responsable de la sección de vino de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), defiende que la bajada del consumo se debe a un cambio de hábitos y asegura que el problema está en los tintos. “Con las temperaturas cada vez más altas, ¿qué apetece más: un vino fuerte, con madera, con mucho cuerpo, o un vino blanco o rosado, fresquito?”, incide este agricultor de Castilla-La Mancha, propietario de un viñedo familiar. “Francia ha pedido el arranque subvencionado, con dinero público, de más de 16.000 hectáreas de viñedo, para arrancar viñedo tinto”, comenta García-Gasco, que afirma que en España las regiones vinícolas que están sufriendo más este cambio de tendencia en el consumo son las que producen también más tinto. Según incide, en algunas zonas no solo están solicitando destilaciones de crisis (subvenciones para transformar vino sobrante en alcohol), sino también lo que se denomina vendimia o cosecha en verde, ayudas para destruir los racimos de uvas cuando todavía están inmaduros en la viña. “La Rioja, Navarra, Cataluña y Extremadura están pidiendo para la próxima brotación una vendimia en verde, que es tirar la uva al suelo”, subraya.

Para evitar este derroche de recursos con un cultivo que cada vez se pone más en regadío en España, el viticultor manchego no defiende tanto el arranque de viñedos como una reorientación de los cultivos y mejorar las relaciones contractuales con los agricultores. “No se puede plantar con esta alegría sin saber dónde voy a vender mi vino”, insiste García-Gasco. “Imagina que yo estoy regando una variedad de uva que no tiene mercado. ¿Tú lo ves lógico? Pues luego, después de utilizar un bien escaso como es el agua de esta manera, voy y pido dinero público para eliminar ese vino”."                    (Clemente Álvarez , El País, 18/02/24)