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30.6.26

Dos huelgas generales derrocan el paquete de medidas laborales del gobierno portugués... el paquete laboral solo fue rechazado porque quienes se declararon en huelga y quienes se manifestaron lograron situar la cuestión laboral en el centro de la vida política nacional, creando así una conciencia generalizada sobre la naturaleza de la contrarreforma prevista... El protagonismo que adquirió el tema laboral restó protagonismo a las guerras culturales promovidas por la extrema derecha, totalmente artificiales (como la prohibición del uso del burka, por ejemplo) e, incluso, a la agenda antiinmigrante que venía cobrando fuerza de la mano del Gobierno... la convergencia sindical en el rechazo de la propuesta -que alcanzó su punto álgido en la huelga general conjunta de diciembre- infundió confianza a los sectores sociales susceptibles de movilizarse en estos tiempos difíciles. Así fue como el paquete laboral, además de antipopular, se volvió impopular: aprobarlo pasó a tener un coste electoral más elevado... La izquierda que se enfrenta al neofascismo y al Gobierno no debe morder el anzuelo de las guerras culturales: es hora de tomar la iniciativa junto al pueblo que ganó el viernes, la mayoría social que rechaza la precariedad (Jorge Costa)

"El 19 de junio, el Parlamento portugués rechazó la propuesta de Reforma de la Legislación Laboral presentada por el Gobierno. Los 100 diputados que apoyaron al Gobierno (PSD, CDS e IL) quedaron en minoría cuando a los votos del PS (58) y de los demás partidos de izquierda (12) se sumaron –en contra de las previsiones de periodistas y comentaristas– los 60 votos de Chega (extrema derecha).

Los lectores de Viento Sur pudieron seguir la lucha contra este paquete de medidas brutales contra los trabajadores, incluidas las dos huelgas generales, en diciembre y en junio, la primera convocada por las dos centrales sindicales, CGTP y UGT. De hecho, el paquete laboral solo fue rechazado porque quienes se declararon en huelga y quienes se manifestaron lograron situar la cuestión laboral en el centro de la vida política nacional, creando así una conciencia generalizada sobre la naturaleza de la contrarreforma prevista.

El protagonismo que adquirió el tema laboral restó protagonismo a las guerras culturales promovidas por la extrema derecha, totalmente artificiales (como la prohibición del uso del burka, por ejemplo) e, incluso, a la agenda antiinmigrante que venía cobrando fuerza de la mano del Gobierno.

Al mismo tiempo, la convergencia sindical en el rechazo de la propuesta -que alcanzó su punto álgido en la huelga general conjunta de diciembre- infundió confianza a los sectores sociales susceptibles de movilizarse en estos tiempos difíciles. Así fue como el paquete laboral, además de antipopular, se volvió impopular: aprobarlo pasó a tener un coste electoral más elevado.

A pesar de que el Presupuesto del Estado se aprobó con los votos de los diputados del Partido Socialista, la derecha tradicional ha aprobado junto con Chega importantes leyes regresivas en ámbitos como la inmigración, la nacionalidad y la identidad de género. Esto llevó a mucha gente a creer que, tras frustrarse los persistentes intentos de someter a la UGT para arrastrar al PS, la presión patronal (y de las finanzas) sobre Chega llevaría al partido a salvar la ley del Gobierno. La sucesión de reuniones de negociación entre Montenegro y Ventura dio credibilidad a esa expectativa. El viernes, el voto en contra de Chega fue recibido con sorpresa.

La victoria de las huelgas y el poder de la lucha, incluso en un contexto tan adverso, no son la única lección que se puede extraer de este episodio. También queda patente la especificidad de Chega dentro del espectro de la derecha, su perfil típicamente neofascista. Al igual que el fascismo histórico, el neofascismo, antes de llegar al poder, evita aprobar las medidas impopulares de los liberales (sobre todo aquellas que aplicará con mayor rapidez si llega al Gobierno). Al igual que el Frente Nacional francés ante la reforma de las pensiones, Chega ha antepuesto la acumulación de fuerza electoral a la obediencia orgánica al plan patronal, distinguiéndose así del resto de la derecha. Por eso también ha ocultado su primer programa, de 2019, el más sinceramente ultraliberal. 

En resumen: ya se ha demostrado que la suma de los votos de la derecha tradicional y de los neofascistas es peligrosa, pero, por el momento, la táctica de Chega hace que esa mayoría sea demasiado inconsistente como para lanzarse a enfrentamientos frontales contra las mayorías sociales.

Aplicar el paquete de medidas laborales implicaría un enfrentamiento con la mayoría de los trabajadores y trabajadoras, incluido el proletariado industrial que trabaja por turnos, cuyo componente salarial por horas extras se veía afectado por la nueva ley. Al perder la hegemonía en el tema laboral, la derecha huyó de él tan pronto como pudo. Una vez descartada la posibilidad de un acuerdo con la UGT, Chega eligió como “exigencia negociadora” la reducción de la edad de jubilación, un anatema para Montenegro. Derrotado, el Gobierno tiró la toalla: con el apoyo de Chega, adelantó la votación parlamentaria y ni siquiera intentó remitir la ley, sin votación, a la comisión especializada (lo que habría prolongado la centralidad del tema en la agenda política). 

Ahora, el PSD y Chega intentarán devolver al país a la agenda conservadora y antiinmigración, el terreno de juego preferido de la disputa entre las derechas. En cuanto al PS, se prepara para, «en nombre de la estabilidad», volver a dar luz verde al presupuesto del PSD. La izquierda que se enfrenta al neofascismo y al Gobierno no debe morder el anzuelo de las guerras culturales: es hora de tomar la iniciativa junto al pueblo que, de hecho, ganó el viernes, la mayoría social que rechaza la precariedad." 

(Jorge Costa , Viento Sur, 23/06/26)

17.12.25

Huelgas generales en Europa, el aire está cambiando... las inició Grecia a primeros de octubre, contra una reforma laboral que permite jornadas de hasta 13 horas diarias... Siguió Bélgica, con un crescendo de huelgas de tres días... Ya en el mes de diciembre, se anunció una huelga general en Portugal para el pasado 11 de diciembre y otra en Italia para el viernes 12 de diciembre. Vuelve el conflicto en cascada al sur de Europa... en varios países europeos se están adoptando iniciativas de reforma que reducen y restringen derechos individuales y colectivos de los trabajadores –como sucede emblemáticamente con los proyectos legislativos en Grecia o Portugal– o políticas fiscales y sociales que no solo debilitan los servicios públicos, sino que reducen el gasto social y utilizan el instrumento impositivo en una dirección contraria a cualquier objetivo redistributivo junto con un presupuesto claramente restrictivo y antisocial... Se acercan negras tormentas y agitan los aires. El conflicto laboral y social comienza a plasmarse en las convocatorias de huelga de forma cada vez más frecuente (Antonio Baylos)

 "Aunque en todos los medios de comunicación se anuncia que llegan las fiestas navideñas, lo que parece que está alumbrando esta temporada son huelgas generales. Las inició Grecia a primeros de octubre, en dos jornadas de huelga el 1 y el 15 de octubre contra una reforma laboral que permite jornadas de hasta 13 horas diarias y semanas de 6 días, y que paralizó transportes y servicios esenciales. Siguió Bélgica, con un crescendo de huelgas de tres días de final de noviembre: el lunes 24 en el transporte público (trenes, autobuses, tranvías, metros), el martes 25 en todos los servicios públicos (incluida la educación y los hospitales) y el miércoles 26 de noviembre, con la suma del sector privado, un día de huelga general interprofesional muy seguido en Flandes, Valonia y Bruselas. Ya en el mes de diciembre, se anunció una huelga general en Portugal para el pasado 11 de diciembre y otra en Italia para el viernes 12 de diciembre. Vuelve el conflicto en cascada al sur de Europa.

Las inició Grecia a primeros de octubre, en dos jornadas de huelga el 1 y el 15 de octubre contra una reforma laboral que permite jornadas de hasta 13 horas diarias y semanas de 6 días

En lo que respecta a la huelga de finales de noviembre en Bélgica, es evidente el éxito del frente común sindical (Federación General del Trabajo de Bélgica FGTB, Confederación de Sindicatos Cristianos CSC y Confederación General de Sindicatos Liberales de Bélgica CGSLB) tanto más significativo cuanto que se produce tras 11 meses de movilizaciones sin que la determinación del movimiento disminuya. Esta huelga ha sido más seguida y larga que la del 31 de marzo y es continuación de la gran manifestación nacional que había reunido en Bruselas el 24 de septiembre a unos 140.000 trabajadores.

En Portugal, la huelga general convocada por CGTP-IN y UGT-Portugal, las dos centrales sindicales más representativas tiene como motivo la resistencia a la reforma laboral impulsada por el gobierno conservador, con el apoyo de la extrema derecha. El anteproyecto de ley -llamado Trabajo XXI-, constituye un gravísimo retroceso para los derechos sociales y laborales y ataca los pilares fundamentales de la democracia y del Estado social.

Las medidas incluidas en este paquete legislativo -más de un centenar de modificaciones que suponen un ataque directo a la clase trabajadora portuguesa- incluyen el debilitamiento de la negociación colectiva y un incremento del poder para las empresas, facilitar los despidos, nuevas fórmulas sancionadoras para las y los trabajadores y un aumento generalizado de la inseguridad laboral, la ampliación de la subcontratación de cara a beneficiar a empresas intermediarias en detrimento de las y los trabajadores, el aumento de los contratos temporales y la promoción de bancos de tiempo individuales, medidas que aumentan la precariedad, especialmente entre los jóvenes, la reducción de derechos de maternidad y paternidad y finalmente, como no podía ser menos, el ataque al derecho de huelga, la acción sindical y la representación colectiva.

Siguió Bélgica, con un crescendo de huelgas de tres días de final de noviembre: el lunes 24 en el transporte público, el martes 25 en todos los servicios públicos y el miércoles 26 con la suma del sector privado

Este paquete laboral supone una de las mayores agresiones contra la clase trabajadora lusa desde que se conquistó la democracia con la Revolución de los Claveles que derrocó el régimen del fascista Salazar. La huelga ha tenido un amplísimo nivel de adhesión popular, según han afirmado en la noche del jueves 11 los sindicatos convocantes. Más de tres millones de personas en huelga ha sido las últimas noticias por parte de los sindicatos respecto del éxito de la acción colectiva.

En Italia, la CGIL y la UIL convocaron una huelga general para el pasado viernes 12 de diciembre, que ha sido precedida de una convocatoria previa a finales de noviembre por parte de sindicatos autónomos y comités de base. La huelga del día 12 respondió a una situación conjunta que afecta a todo el mundo del trabajo. Es necesario -afirma la CGIL, la mayor y más representativa confederación sindical italiana- un cambio de rumbo en el plano económico, social e industrial. Es necesario devolver la dignidad a los salarios, a las pensiones y al contenido de la negociación colectiva. Es necesario detener las derivas que amplían las diferencias y empobrecen a quienes viven con ingresos fijos.

La primera gran razón de la movilización tiene que ver con los salarios y las pensiones. En los últimos tres años, los trabajadores, las trabajadoras, los jubilados y jubiladas han pagado 25.000 millones de euros adicionales en impuestos sin recibir nada a cambio. Los servicios públicos sufren una crisis estructural. La sanidad pública se encuentra en su nivel más bajo desde hace décadas, con una financiación que descenderá por debajo del seis por ciento del PIB. Casi seis millones de personas renuncian a recibir tratamiento médico. También la educación, la vivienda, el transporte, la asistencia a las personas mayores y la seguridad en el trabajo sufren recortes continuos, mientras que el dinero para el rearme se encuentra con sorprendente rapidez. En materia de Seguridad Social, la edad de jubilación se elevaría aún más, lo que afectaría al noventa y nueve por ciento de las personas, y se eliminaría toda flexibilidad en la edad pensionable. Lo que se perfila es una vida laboral más larga y pesada, mientras que para los jóvenes se reducen los espacios de autonomía.

Ya en diciembre, se anunció una huelga general en Portugal para el pasado 11 de diciembre y otra en Italia para el viernes 12. Vuelve el conflicto en cascada al sur de Europa

El objetivo de la huelga italiana es el de cambiar esta trayectoria. Se pide la renovación de los convenios colectivos vencidos. Se solicita una decimocuarta mensualidad reforzada, más equidad fiscal y una pensión contributiva garantizada para quienes tienen carreras discontinuas. Reclama políticas industriales reales para gestionar la transición y crear empleo de calidad. Pide garantías en materia de seguridad, un plan extraordinario de contratación en la administración pública, más servicios para el estudio, la vivienda, la discapacidad y la paternidad, y medidas concretas contra la precariedad y el trabajo irregular. Los recursos están ahí. Deben recuperarse de los beneficios, los beneficios extraordinarios, las grandes fortunas y la evasión fiscal, con una contribución solidaria del 1 % más rico que generaría 26.000 millones al año. Por último, es necesario detener la carrera armamentística, que restaría casi mil millones a las prioridades sociales.

Esperemos a la valoración que de esta huelga general efectúen los sindicatos convocantes.

En resumen, hay señales preocupantes de que en varios países europeos se están adoptando iniciativas de reforma que reducen y restringen derechos individuales y colectivos de los trabajadores –como sucede emblemáticamente con los proyectos legislativos en Grecia o Portugal– o políticas fiscales y sociales que no solo debilitan los servicios públicos, sino que reducen el gasto social y utilizan el instrumento impositivo en una dirección contraria a cualquier objetivo redistributivo junto con un presupuesto claramente restrictivo y antisocial.

De momento la situación en España, pese al tremendismo con el que se adornan las relaciones políticas y parlamentarias, las acusaciones de corrupción y los impúdicos intentos de socavar la actuación democrática del gobierno mediante la entrada directa en el juego político de la mayoría de la sala de lo Penal del Tribunal Supremo, no ha entrado en este cambio de sentido de la normación laboral. El gobierno y en especial el Ministerio de trabajo y de Economía Social mantienen una adecuada actividad en el marco del proyecto reformista que llevan adelante desde inicios del año 2020.

Hay señales preocupantes de que en varios países europeos se están adoptando iniciativas de reforma que reducen y restringen derechos individuales y colectivos de los trabajadores

Hay, sin embargo, indicaciones críticas en Comunidades Autónomas como la de Madrid, donde la degradación de los servicios públicos y la predilección del gobierno por derivar a los espacios mercantilizados la satisfacción de intereses y necesidades comunes de los ciudadanos está asumiendo ya caracteres insoportables. La movilización de las universidades públicas madrileñas y la huelga llevada a cabo masivamente los días 26 y 27 de noviembre en estos centros universitarios por profesores, PTGAS y estudiantes han sido una llamada de atención, pero todavía no hay una reacción generalizada ante este ataque decidido a los servicios públicos en oros sectores clave como el de la sanidad.

Por si fuera poco, el líder de la derecha política que aspira a gobernar en el próximo ciclo electoral, ha visitado al empresariado catalán, invitado por el presidente de Foment del Treball, Sánchez Llibre, lo que aprovechó para concretar su plan de “rebajar las cargas administrativas y burocráticas para las empresas que tienen entre 50 y 250 trabajadores”, para evitar burocracia y trámites para las empresas que superen el umbral de los 50 trabajadores. Entre estas medidas, se incluiría “la derogación de la norma que obliga a constituir comités de empresa de representación laboral en las empresas que tienen 50 o más trabajadores y solo se aplicaría a partir de los 250”, una propuesta que, a juicio de los asistentes, fue acogida “con expreso entusiasmo”. 

Es obvio que las promesas pre-electorales son siempre dudosas, pero permiten entrever cual es el propósito de cambio que las fuerzas políticas de oposición tienen en mente. El sindicato de CCOO ha respondido en las redes sociales que esta propuesta desmantela la estructura de representación de los trabajadores en empresas medianas, dejando a miles de trabajadores sin voz, y que no podrá llevarse a cabo ante la respuesta colectiva del conjunto de las personas que trabajan. Pero para ello es lo cierto que la movilización y la huelga sean tan potentes y continuadas como para que generar realmente una presión irresistible, más aún teniendo en cuenta que en las previsiones de la derecha contaría con una mayoría parlamentaria holgada para proceder a la misma. La reciente derrota sindical -y política- del sindicalismo español en el tema de la reducción de jornada, en donde la movilización sindical no fue capaz de generalizar el conflicto frente a la potencia de la patronal y sus voceros políticos, es una llamada de atención frente a estos indicios de profunda antisindicalidad y destrucción de la capacidad organizativa del sindicato del trabajo asalariado de este país.

Se acercan negras tormentas y agitan los aires. El conflicto laboral y social comienza a plasmarse en las convocatorias de huelga de forma cada vez más frecuente. Estaremos atentos." 

Antonio Baylos , Nueva Tribuna, 17/12/25)

14.11.22

Huelga general en Bélgica: El precio del gas ha subido un 130% en un año, el de la electricidad un 85% y el del combustible un 57%. Y ahora también suben los precios de los alimentos... mientras en el segundo trimestre de 2022, los márgenes de beneficio alcanzaron un máximo histórico del 46%... Si no es posible a nivel europeo, Bélgica debe tomar medidas a nivel nacional: Francia, España y los Países Bajos ya lo han hecho... Mientras tanto, muchas prestaciones sociales son a menudo demasiado bajas para permitir una vida decente... La huelga de hoy es también una importante señal de solidaridad entre los que trabajan y los que reciben prestaciones

" Muchos trabajadores belgas ya no pueden llegar a fin de mes: las facturas son demasiado altas, los salarios demasiado bajos. Por eso, los sindicatos belgas cambian de marcha y hoy hacen una huelga para presionar a los empresarios y al Gobierno.
Precios de la energía

El precio del gas ha subido un 130% en un año, el de la electricidad un 85% y el del combustible un 57%. Y ahora también suben los precios de los alimentos.

Bajo la presión de los sindicatos, el gobierno ha tomado medidas para aliviar la factura energética. Se redujo el impuesto sobre el valor añadido de los productos energéticos, se introdujeron subvenciones puntuales y se extendió una tarifa "social" más baja a los grupos más vulnerables.

Estas medidas son bienvenidas, pero el gobierno belga debería hacer más para limitar los precios para todos. Si no es posible a nivel europeo, Bélgica debe tomar medidas a nivel nacional: Francia, España y los Países Bajos ya lo han hecho.

 Indexación salarial

La indexación salarial es el mejor sistema para proteger el poder adquisitivo en tiempos de inflación. Pero la indexación en Bélgica no ofrece una protección del 100%. Unos 850.000 trabajadores tienen que esperar un año para su próxima indexación, hasta el 1 de enero de 2023.

Mientras tanto, han tenido que pagar sus facturas más altas, pero no han recibido ninguna compensación. La indexación salarial no tiene en cuenta específicamente el aumento de los precios de los combustibles, por lo que siempre hay una pérdida de poder adquisitivo.

La patronal y la derecha política presionan para que se produzca un "salto de índice" o incluso una alteración del mecanismo de indexación. Esto es inaceptable para los sindicatos. Sería un suicidio desde el punto de vista social, pero también económico, porque destruiría la confianza de los consumidores y nos hundiría en la recesión.

No hay pruebas de que exista una espiral de precios salariales. La inflación en Alemania y los Países Bajos es más alta que en Bélgica, aunque no tienen cláusulas de indexación salarial en sus convenios colectivos.
Beneficios no repartidos

Muchas empresas han aprovechado el alivio de la pandemia para aumentar sus precios y beneficios, contribuyendo a una mayor inflación, como ha reconocido un miembro del consejo ejecutivo del Banco Central Europeo. Esto también ha ocurrido en Bélgica. En el segundo trimestre de 2022, los márgenes de beneficio alcanzaron un máximo histórico del 46%. Sólo los Países Bajos se acercaron al 40%.

 Las empresas disponen así de un colchón financiero suficiente no sólo para hacer frente a la indexación salarial, sino también para aumentar los salarios de forma más estructurada. Sin embargo, desde la crisis financiera de 2009, los aumentos salariales reales (más allá de la indexación) han sido inexistentes en Bélgica.

Contrasta con los Países Bajos y Francia, donde los salarios reales han aumentado un 3% y casi un 6% respectivamente desde 2009, y con Alemania, donde han aumentado un 19%.  No es que la productividad de las empresas belgas no haya aumentado desde la crisis financiera, es que los beneficios adicionales no se han compartido con los trabajadores.

Los aumentos salariales además de la indexación están limitados en Bélgica por una ley muy restrictiva, la infame "ley de competitividad". Aunque los sindicatos belgas impugnan esta ley (a nivel nacional e internacional), el gobierno la aplica estrictamente.

Los empresarios presionan para que se congelen los salarios en 2023-24, basándose en la ley. La huelga general de hoy, tras la manifestación de 80.000 personas en Bruselas en primavera, es un fuerte llamamiento a la reforma urgente de la misma.
Impuestos extraordinarios

Las grandes empresas energéticas están viendo duplicar o incluso triplicar sus beneficios con respecto al año pasado. No cabe duda de que esta crisis no afecta a todos por igual.

Pero los que se benefician de ella no sólo se encuentran en el sector energético. Otras empresas están obteniendo grandes beneficios debido a las circunstancias excepcionales; ellas también deberían poner su granito de arena. Aquellas que registran márgenes excepcionalmente elevados deberían estar sujetas a un tipo impositivo mayor.

Mientras tanto, muchas prestaciones sociales son a menudo demasiado bajas para permitir una vida decente y se sitúan por debajo del umbral de pobreza europeo. Los sindicatos y las organizaciones patronales tienen un papel importante a la hora de decidir qué prestaciones sociales se aumentan y cómo.

Sin embargo, la patronal ha bloqueado este debate, por lo que corresponde al gobierno federal tomar una decisión unilateral para aumentar las prestaciones sociales. La huelga de hoy es también una importante señal de solidaridad entre los que trabajan y los que reciben prestaciones."      
       

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1.12.20

La huelga más grande del mundo: 200 millones de trabajadores paralizan la India

 "Este jueves unos 200 millones de trabajadores realizaron una huelga general en la India llamada por 10 centrales sindicales contra las políticas del gobierno de Narendra Modi, Primer Ministro del país. El paquete de reformas incluye nuevas leyes laborales, mayor flexibilización en las regulación de relacionadas con la seguridad y la salud en los lugares de trabajo y el sector agrícola, junto con privatizaciones del sector público.

El gobierno aprobó cuatro códigos laborales que reemplazan las leyes de protección de los trabajadores. Dichas normas permiten a empleadores y gobiernos aumentar la carga de trabajo, dificultar la obtención de salarios justos, despedir fácilmente a los trabajadores, reducir la cobertura del seguro médico y dificultan la formación de sindicatos.

Junto a los sindicatos, una plataforma de más de 300 organizaciones de agricultores convocó una protesta para mañana en coordinación con los sindicatos.

Trabajadores de los principales sectores industriales, como la producción de acero, carbón, telecomunicaciones, ingeniería, transporte, puertos y muelles, bancarios y transporte se sumaron a la huelga, mientras en varios estados se prepara un paro rural.

Las reformas contra los derechos de los trabajadores, que propone el gobierno, se dan en el contexto de los efectos que tiene la pandemia por el coronavirus en el país. El gobierno de Modi ante la pandemia, priorizando las ganancias de las grandes empresas y la protección de las fortunas de los multimillonarios por sobre la protección de las vidas y los medios de subsistencia de los trabajadores.

India tiene más de 9.2 millones de personas contagiadas por el COVID-19, el segundo recuento más alto del mundo y casi 135.000 muertes, según los datos oficiales. La pandemia se extendió en las grandes ciudades como Delhi, Mumbai y otros centros urbanos, y en áreas rurales donde la atención de salud pública es escasa o inexistente.

Millones han perdido ingresos, y esto en un país donde antes de la pandemia el 50 por ciento de todos los niños estaban desnutridos. Con la economía de la India contrayéndose en un 23,9 por ciento en el trimestre de abril a junio, mientras se espera que se reduzca en alrededor de un 10 por ciento durante el año fiscal de 2020-2021, decenas de millones han perdido permanentemente sus trabajos o se les ha reducido el horario. Según un informe del FMI de octubre, 40 millones más de indios quedarán en la "pobreza extrema", definida como sobrevivir con 1,90 dólares o menos al día, para fines de 2020.

Los trabajadores industriales, empleados del sector de servicios y público exigen el aumento de los salarios mínimos, el fin del trabajo precarizado, el control de los precios de los productos básicos esenciales y el fin de la política gubernamental de privatizaciones del sector público.

Las demandas incluyen 10 kilogramos de alimentos para las familias necesitadas, brindar asistencia de emergencia a los sectores más empobrecidos de la población, haciendo un pago único de 7.500 rupias (aproximadamente 100 dólares), el fortalecimiento del sistema de distribución pública, que se retiren los nuevos códigos laborales y tres leyes agrícolas que abren las puertas a los agronegocios corporativos, así como la marcha atrás a la nueva política educativa.

Además, la asignación del 5,0 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a la educación; atención sanitaria para todos y un 6,0 por ciento del PIB para la salud.

Los agricultores reclaman hace años mejores precios para sus productos, que el Ejecutivo declare precios mínimos de apoyo basado en la recomendación hecha hace 16 años por la Comisión Nacional de Agricultores, y la eliminación de la deuda de los trabajadores del campo.

Las direcciones sindicales convocaron a la huelga para descomprimir el descontento de millones contra el gobierno, pero por el momento no le dan continuidad a las protestas.

El Gobierno del perfil nacionalista y derechista, respondió a la pandemia intensificando un discurso contra las minorías religiosas, por ejemplo los musulmanes, y buscando atacar los derechos de millones con leyes que redunden en mayor flexibilización laboral en beneficio de multimillonarios locales y las empresas extranjeras.

También aumentó la retorica nacionalista de Modi, en especial contra China, además de profundizar la cooperación estratégica y militar con Estados Unidos tratando de sacar provecho de la disputa de Washington con Beijing."                  (Diego Sachi, IzquierdaDiario, 26/11/20)

18.1.19

India: las mayores huelgas del planeta... entre 150 y 200 millones de trabajadores contra la privatización del sector público, contra el desempleo, contra el aumento de los precios de los alimentos, contra la gran cantidad de contratos temporales y por obra y contra la precariedad de esos contratos. Una huelga que pedía salarios mínimos de 18.000 rupias (unos 220 euros), pensiones aseguradas, una seguridad social universal y el cumplimiento de las leyes laborales. Una huelga que exigía al Ejecutivo que tenga en cuenta a los trabajadores en sus planes de atraer inversión extranjera...

"El día a día en Delhi deja protestas minoritarias que no hacen mella en la rutina de una ciudad que ni siquiera las ve, porque están apartadas en una calle convertida en manifestódromo a la que acuden grupos organizados o individuos solitarios cargados de demandas. 

Allí se pueden pasar meses instalados sin que nadie escuche sus gritos. Pero, en ocasiones, entre infinitas reivindicaciones invisibles (invisibilizadas) se cuelan grandes movilizaciones. Masivas. Históricas. De decenas de miles y decenas de millones de personas. Las más grandes del mundo.

En un 2019 en el que los indios pasarán por las urnas, el primer ministro, Narendra Modi ha estrenado el año afrontando una huelga general de entre 150 y 200 millones de trabajadores, según quien cuente. La protesta multitudinaria duró dos días, el martes y el miércoles, y había sido convocada por diez de los sindicatos más fuertes del país contra las políticas “anti-empleo” del partido gobernante BJP (Partido del Pueblo de la India).

El paro se llevó a cabo, sobre todo, en transporte, industria, minería, comercio, oficinas gubernamentales, banca pública y fábricas. Se unieron trabajadores del llamado sector informal, el que domina la economía, en el que entran obreros de la construcción, conductores de rickshaws y autorickshaws, vendedores ambulantes o fabricantes de tabaco de liar. Agricultores, estudiantes y profesores mostraron su apoyo a la huelga, pero no la secundaron.

Los sindicatos celebran que el seguimiento fue masivo, especialmente en estados como Kerala, Bengala Occidental, Odisha o Maharashtra. Las minas de todo el país, dicen, echaron el cierre; la vida quedó parcialmente paralizada en grandes urbes como Delhi o Bombay; las zonas industriales de Punjab, Haryana o Rajastán tuvieron una “buena respuesta”; los trabajadores bloquearon las vías del tren en numerosas ciudades como Calcuta, Chennai o Thiruvananthapuram; los autobuses públicos no salieron de las cocheras; numerosos distritos tuvieron que ordenar el cierre de los centros educativos ante las dificultades de movilidad.

“La expansión sin precedentes y la participación activa de los trabajadores en esta huelga de dos días es un indicador claro del grado de rabia e indignación de los trabajadores contra las políticas neoliberales y los ataques en sus condiciones de vida y trabajo perpetrados por el gobierno”, señaló la federación sindical Centre of Indian Trade Union (CITU) en un comunicado.

Las demandas de los trabajadores son tantas como participantes en las protestas. Esta era una huelga contra la privatización del sector público, contra el desempleo, contra el aumento de los precios de los alimentos, contra la gran cantidad de contratos temporales y por obra y contra la precariedad de esos contratos.

 Una huelga que pedía salarios mínimos de 18.000 rupias (unos 220 euros), pensiones aseguradas, una seguridad social universal y el cumplimiento de las leyes laborales. Una huelga que exigía al Ejecutivo que tenga en cuenta a los trabajadores en sus planes de atraer inversión extranjera. “El gobierno ha fracasado a la hora de crear empleos y ha ignorado de forma flagrante a los sindicatos”, decía Amarjeet Kaur, secretaria general del All India Trade Union Congress (AITUC), a la agencia india PTI.

El ministro de Finanzas, Arun Jaitley, respondía en las redes sociales preguntándose si de verdad existe un “problema real” en torno a todas esas demandas o si la huelga, o lo que él llamó “malestar simbólico”, es parte de la estrategia de las organizaciones políticas de izquierdas para no “ser borradas” del mapa político nacional. (...)

Pero la última huelga general no es el único frente laboral que tiene abierto el gobierno nacionalista hindú de Modi. En 2018 los agricultores han llevado a cabo numerosas protestas y al menos tres marchas multitudinarias: mareas de decenas de miles de trabajadores del campo que caminan juntos cientos de kilómetros para plantarse en Delhi, la capital del país, y Bombay, el centro financiero, con el objetivo de visibilizar su situación ante las autoridades y ante los ciudadanos urbanos. Más de la mitad de la población india vive de la agricultura.

Los agricultores indios, que en sus movilizaciones inundan las ciudades de gorros rojos y banderas con la hoz y el martillo, denuncian que viven asfixiados por las deudas contraídas en préstamos agrícolas; deudas impagables en años de sequías y malas cosechas. Demandan la prometida exención de esos pagos, así como unos precios mínimos justos y tener derechos sobre la propiedad de la tierra, que en muchos casos se encuentra en manos del departamento forestal.

Los agricultores se sienten traicionados por un gobierno que llegó al poder en 2014 con grandes promesas en torno a la economía y los trabajadores. Cinco años después, el desempleo ha ido aumentando (11 millones de indios perdieron su trabajo en 2018) y las respuestas del Ejecutivo no convencen a los manifestantes. Tanto en 2015 como en 2016 se vivieron dos huelgas generales con paros de más de 100 millones de trabajadores. India, hogar de 1.300 millones de habitantes, tiene un mercado laboral de unos 400 millones de personas.

El año pasado un millón de trabajadores paralizaron durante dos días el sector bancario para pedir aumentos de sueldo, una huelga que dejó cerradas la mayoría de sucursales en todo el país. Un año antes, se habían manifestado de forma masiva 50 millones de comerciantes y pequeños empresarios, esta vez contra la histórica reforma fiscal que lanzó el Ejecutivo: la creación de un impuesto indirecto común para todo el país, algo insólito en India. 

La raíz de la queja de los pequeños empresarios: no iban a poder hacer frente a ese impuesto totalmente digitalizado si sus cuentas siempre han sido manuales. En la mayoría de empresas indias, los libros de cuentas son flexibles en sus anotaciones y las facturas, si existen, están escritas con lápiz.

El impacto de esta última huelga general no se mide tanto por su peso cuantitativo, sino por el tiempo en que se produce. La indignación de decenas de millones de trabajadores le ha estallado al gobierno de Modi a las puertas de unas elecciones generales previstas para abril-mayo (...)"           (Víctor M. Olazábal, El Salto, 12/01/19)

8.9.16

El éxito de la huelga general, seguida por más de 200 millones de trabajadores, por el acceso universal a la seguridad social y las pensiones, y contra las privatizaciones y el neoliberalismo, indica el rumbo a la India

"Entre doscientos millones y trescientos millones de trabajadores (según las distintas fuentes) secundaron el viernes 2 de septiembre la huelga general convocada en la India por los sindicatos. En Estados de la importancia de Bengala, Kerala, o Andhra Pradesh (donde la influencia comunista es determinante) la huelga fue completa, y, aunque con menor seguimiento, también en otros Estados indios la movilización fue gigantesca. 

En la industria, los transportes y las oficinas bancarias la huelga fue total, y las calles de las ciudades vieron la paralización de toda actividad. Entre los bancos públicos y privados, casi dos millones de bancarios siguieron la convocatoria. Aunque en Bengala occidental (donde ahora gobierna Mamata Banerjee, la presidente populista que se enfrenta al Partido Comunista), hubo duros enfrentamientos con la policía, en general, no se produjeron incidentes graves. 

En las grandes ciudades como Delhi, Bombay, Calcuta, Chennai (Madrás), los obreros paralizaron el transporte urbano, los trenes, puertos y fábricas. El gran cinturón industrial de Delhi estaba completamente paralizado.

Entre doscientos millones y trescientos millones de trabajadores (según las distintas fuentes) secundaron el viernes 2 de septiembre la huelga general convocada en la India por los sindicatos. En Estados de la importancia de Bengala, Kerala, o Andhra Pradesh (donde la influencia comunista es determinante) la huelga fue completa, y, aunque con menor seguimiento, también en otros Estados indios la movilización fue gigantesca. 

En la industria, los transportes y las oficinas bancarias la huelga fue total, y las calles de las ciudades vieron la paralización de toda actividad. Entre los bancos públicos y privados, casi dos millones de bancarios siguieron la convocatoria.

 Aunque en Bengala occidental (donde ahora gobierna Mamata Banerjee, la presidente populista que se enfrenta al Partido Comunista), hubo duros enfrentamientos con la policía, en general, no se produjeron incidentes graves. En las grandes ciudades como Delhi, Bombay, Calcuta, Chennai (Madrás), los obreros paralizaron el transporte urbano, los trenes, puertos y fábricas. El gran cinturón industrial de Delhi estaba completamente paralizado.

No es la primera huelga general convocada contra el gobierno derechista de Narendra Modi, que llegó al gobierno en 2014, tras su victoria electoral encabezando la Alianza Democrática Nacional, cuyo principal integrante es su partido, el Bharatiya Janata (BJP), una organización conservadora, de matriz hinduista, que ve a los indios musulmanes como enemigos, y peligrosamente nacionalista.

 Con la convocatoria de la huelga general los sindicatos exigen la retirada de la reforma laboral que impulsa el Bharatiya Janata Party, así como el aumento del salario mínimo en el país, junto a la revalorización de las pensiones, y pretenden que el gobierno acceda a ampliar la seguridad social a los sectores obreros del país, muy numerosos, que siguen sin estar protegidos.

 Anteriormente, Modi se había visto obligado a retirar su proyecto de ley sobre la compra de tierras, tras masivas protestas en el país. La protesta tiene antecedentes, y surge como reacción a los proyectos neoliberales de Modi: en enero de 2016, millones de mineros se declararon en huelga contra el propósito del gobierno de dar entrada a empresas privadas en las explotaciones mineras. Gurudas Dasgupta dirigente del sindicato All India Trade Union Congress (AITUC), declaró entonces que la huelga de los mineros era la huelga sectorial más grande de los últimos cuarenta años en la India. 

En septiembre de 2015, los sindicatos convocaron la primera huelga general contra el gobierno conservador, y, ahora, los sindicatos y los partidos de izquierda, que se muestran contrarios a la privatización de los sectores públicos que pretende imponer Modi y que desconfían de las condiciones en que el gobierno impulsa la llegada de inversiones extranjeras, creen que las masivas movilizaciones pueden no sólo conseguir mejoras sociales para la clase obrera si no además, contribuir decisivamente a la derrota de la política neoliberal del gobierno: tienen muy presente que la inflación está golpeando duramente a los trabajadores, que cuentan con salarios muy bajos, por lo que los sindicatos reclaman un salario mínimo de dieciocho mil rupias mensuales (unos doscientos cuarenta euros), así como el acceso universal a la seguridad social y las pensiones.  (...)"             (Higinio Polo, El viejo Topo, 06/09/16)

15.11.12

A las 24h, el consumo de electricidad imputable a la actividad productiva ha caído un 66,8%. Hubo farolas encendidas en pleno día en varias ciudades españolas durante la huelga general


 "ECONOMISTAS FRENTE A LA CRISIS informa:

En la primera hora de Huelga, el indicador de EFC ha puesto de manifiesto que desde las 00h hasta la 1h del 14N, la incidencia de la Huelga ha sido del 66%. (...)

 A las 24h el indicador de EFC pone de manifiesto que el consumo de electricidad imputable a la actividad productiva ha caído, desde la 00h del día de hoy 14N, un 66,8% (...)

 Economistas Frente a la Crisis quiere advertir que el Gobierno y algunos medios se limitan a informar sobre la caída del consumo de electricidad como porcentaje del consumo total previsto o comparado con otro día laborable, dando a entender de manera implícita o explicita, que ese porcentaje mide la incidencia de la Huelga 14N.

 Sin embargo, esta información es completamente irrelevante y puede dar lugar a malas interpretaciones del consumo de electricidad cómo indicador. En algunos casos se debe a puro desconocimiento, en otros a pura manipulación de los datos.

 Una huelga general sólo puede afectar -y no tiene otros objetivos- más que al consumo de electricidad imputable a la actividad productiva. No afecta, por ejemplo, al consumo de los hogares (iluminación, neveras, calefacción etc.) y tampoco afecta al consumo de electricidad del comercio y de los servicios que, aunque se vean afectados parcial o totalmente por la huelga, mantienen la iluminación, las calefacciones, los servidores de los sistemas informáticos y los electrodomésticos en funcionamiento (los cierres completos de estos establecimientos son, naturalmente muy escasos) 

A esto hay que añadir que las huelgas tampoco afectan a procesos industriales continuos como son los que se verifican en la electroquímica, en el aluminio, en la cadena del frio etc. De otra manera, se podrían producir daños en las infraestructuras productivas que están muy lejos de los objetivos de las huelgas convocadas por las organizaciones sindicales modernas. 

Estas son las razones por las que el indicador EFC disminuye su valor a medida que avanza el día y con el día el peso de los consumos en los que la huelga no influye.

 Esto quiere decir que informar sobre la caída de la demanda en relación con el consumo de un día normal es irrelevante y desinformador. En un día festivo el consumo es muy elevado por las razones apuntadas, y marca el suelo que puede caer la demanda en una huelga. 

A título de ejemplo, una caída del 20% de la demanda de electricidad podría suponer una caída del 100% de la demanda de electricidad que puede ser afectada por una huelga e indicaría que estamos ante una huelga absoluta y no ante una huelga de sólo un alcance del 20%.

Esta es la razón de que el indicador EFC constituya un indicador riguroso y científico, frente a otros malos usos de la información que suministra un dato en bruto sobre el comportamiento del consumo de electricidad que nada dice, que nada revela.


"Huelga 14-N: Manifestaciones multitudinarias por toda Galicia"      (La Voz de Galicia, 14/11/2012)

"Farolas encendidas en pleno día en varias ciudades españolas durante la huelga general.

Los lectores de eldiario.es nos han enviado por correo y redes sociales estas imágenes de varias calles de ciudades españolas donde se ve claramente que el alumbrado público está encendido a pesar de ser mediodía.

La medición de consumo eléctrico es un de los principales indicadores para determinar el seguimiento de las huelgas generales."   (eldiario.es, 14/11/2012)

"No hace falta justificar aquí, ni siquiera enumerar, las importantes razones que la ciudadanía tiene para una protesta de este calado. 

Empezando por los cinco millones de parados que, desgraciadamente, no pueden hacer huelga. Sobran motivos, efectivamente. 
Además de todas las huelgas sectoriales, ésta es la segunda huelga general que se convoca en 2012.

 Para una clase trabajadora ya demasiado castigada por eres, amenazas de despido, riesgos ciertos de quiebra empresarial, incremento de impuestos, deterioro, eliminación o privatización de servicios públicos, rebajas salariales, supresión de pagas extras, etc. el esfuerzo adicional que se le exige con la huelga de hoy es excesivo. (...)

En la de hoy, los objetivos que se persiguen son, cuando menos, difusos. Aparte de ese pretendido, y parece que finalmente fallido, carácter internacional, y esa protesta, en genérico, por las políticas económicas que se vienen aplicando, da la impresión que el principal motivo era recobrar protagonismo por parte de las organizaciones sindicales. 
Unos sindicatos convertidos desde hace años en anquilosados monstruos burocráticos que no tienen reparos en aplicar a sus propios trabajadores la abusiva legislación laboral contra la que dicen luchar.
 Unos sindicatos, por otra parte, carentes de alternativas, incapaces de hacer propuestas, aferrados a los viejos métodos que, se demuestra día a día, ya no valen para revertir la situación, ni, lo que es peor, para movilizar a los trabajadores.
Por eso, en nuestra opinión, ha sido un error quemar un cartucho tan caro y tan valioso como es una huelga general, de manera tan precipitada y tan poco planificada. Y no vale ahora, tratar de medir el éxito a través del recuento de los miles, o millones, de manifestantes en las ciudades españolas. 

Porque para ese tipo de movilización, evidentemente justificada y pertinente, no era necesaria una huelga general.
Así lo vemos. Con tristeza."                (A furada do trasno, 14/11/2012)

29.3.12

La Huelga General ha sido un éxito. Se produjo la mayor caída eléctrica de las últimas huelgas generales

 Una mujer cruza la calle con su perro ante la manifestación de UGT y CC.OO. en Vigo (La Voz de Galicia, 29/03/2012)

"El Indicador de Consumo de Electricidad debido a la actividad productiva elaborado por el grupo Economistas Frente a la Crisis, pone de manifiesto que el consumo de electricidad imputable a la actividad productiva ha caído hasta las 14 horas un 87,6 % debido a la incidencia de la Huelga General convocada por los sindicatos para el día de hoy día 29 de Marzo de 2012.

Este grupo utiliza una metodología de análisis constrastable y sencilla. Para ello estiman la demanda de electricidad imputable a la actividad productiva, que obtendrá descontando de la demanda de electricidad desestacionalizada de un día laborable, la demanda desestacionalizada de un día no laborale y medirá la demanda real imputable a la actividad productiva del 29 de marzo.

En la huelga del 2010 la caída del consumo eléctrico fue del 68,1 % y en la huelga de 2002 fue del 84,3 %. Los datos calculados hoy establecen que la caída del consumo eléctrico es de 87,6 %.

Para este grupo, el dato que dan los medios de comunicación carece de significación porque no distingue entre el segmento de consumo de electricidad de los hogares y de los servicios básicos de mantenimiento de los medios de producción y de los procesos contínuos y el debido a la actividad productiva que es el objeto de la huelga."       (La Voz de Galicia, 29/03/2012)

"Como era de esperar, la mayoría de los medios de información de mayor difusión de España (que son de persuasión conservadora y neoliberal) intentaron minimizar el éxito del paro como parte de la huelga general convocada por los sindicatos, subrayando que la disminución de la actividad económica había sido menor, mostrando la limitada caída del consumo de la electricidad como indicador de ello.(...)

 A ello se sumó una gran visibilidad de los actos violentos en los que participantes de la huelga general aparecían quemando propiedades privadas o públicas, y golpeando a personas, ya fueran civiles que querían trabajar, ya fueran los agentes del orden.

En el programa del Sr. Cuní en 8TV, propiedad del Grupo Godó (también propietario de La Vanguardia), dedicó especial atención a tales actos violentos. En realidad, en muchos de tales medios aparecía la imagen de la huelga a través de actos de violencia, en los que el fuego y las llamas siempre aparecían en las fotos. (...)

Los datos, sin embargo, muestran la manipulación (y no hay otra manera de definirlo) de estos reportajes. En primer lugar, señalar el descenso de consumo eléctrico en su totalidad no tiene mucho significado, pues la población que no trabaja también consume electricidad, pues está en casa o en algún lugar donde se consume electricidad.

La manera más rigurosa es calcular el consumo de electricidad del día de huelga respecto al de un día festivo, digamos domingo, cuando la mayoría de la gente no trabaja. Esto es lo que debe hacerse para comparar manzanas con manzanas y no con peras.

 Es decir, hay que comparar el consumo de electricidad entre dos días comparables, es decir, un día sin trabajo (el domingo) y un día de huelga general que intenta que, como ocurre con los domingos, la gente no trabaje.

Pues bien, tomando este indicador, se puede ver que, como bien han documentado un grupo de economistas (Economistas Frente a La Crisis) la huelga general fue un gran éxito, pues el consumo de la electricidad fue casi el mismo de un día festivo cuando la gente no trabaja (El País fue el único rotativo que hizo esa distinción, ningún otro rotativo la hizo).

 En realidad, la caída del consumo fue un 87%. Si hubiese sido un 100%, ello indicaría que el consumo de electricidad había sido el mismo que el de un domingo. Un 87% es bastante cercano a un domingo. Ello es una muestra clara de que la gran mayoría de la gente no trabajó el día de la huelga general.

En realidad, comparando tal indicador con los anteriores de otras huelgas generales, se ve que la huelga general en contra de las medidas altamente impopulares del gobierno Rajoy, fue una de las más exitosas de las que han existido durante la democracia, dato que el gobierno PP y sus avaladores, las élites gobernantes de la Unión Europea, incluyendo la Comisión Europea, intentan ocultar.

Las declaraciones de portavoces de tal comisión se centraron en indicar que el ”fracaso” de la huelga general era una señal más del apoyo popular hacia las medidas que estaba tomando el gobierno Rajoy.

Pero lo que alcanzó unos niveles de cinismo (y no hay otra manera de definirlo) inadmisibles es cuando el gobierno PP, a través de la Ministra de Trabajo, indicó que el gobierno estaba llevando a cabo las medidas que el pueblo español, a través de las últimas elecciones, había instruido al gobierno a realizar.

En realidad, ninguna de las reformas impuestas por el gobierno Rajoy estaba en su programa electoral. La huelga general, por lo tanto, era también una protesta en defensa de la democracia española, protestando por el incumplimiento de las promesas electorales del PP. (...)

En cuanto a los actos violentos –que, sin lugar a dudas, deben denunciarse con toda contundencia- éstos representaron una proporción minúscula de los participantes en la huelga. Centrarse en ellos es un insulto a la objetividad y equilibrio mediático que debería exigirse de tales medios.

Las treinta personas violentas que hicieron gamberradas en la estación de Sants, en Barcelona, no se merecían la promoción gratuita que el Sr. Cuní les proporcionó, consumiendo una sección muy prominente en su programa. El 99,8% de todos los participantes fueron no violentos.

¿Por qué entonces se dio tanta cobertura a los violentos?  La imagen deseada era relacionar una huelga general con un acto violento."                (Artículo publicado por Vicenç Navarro, 30 de marzo de 2012, en www.vnavarro.org, 30/03/2012)


"Chury: ¿Qué te pareció el paro, la huelga en España? ¿Fue numerosa, fue fuerte, llega a tiempo, puede solucionar algo, presiona? 

Petras: Hace tiempo hemos tenido esta discusión y creo que los capitalistas y gobernantes del capitalismo han tomado la decisión de no reprimir las huelgas pero tampoco tomarlas en cuenta en el cálculo de la política. Simplemente están actuando como si nada pasara.
 
 El mismo día de la huelga general el gobierno anuncia mayores recortes económicos. Por eso la huelga es un acto de solidaridad, es un acto de repudio, pero no es suficiente. Porque en las condiciones actuales donde el capital no tiene ninguna intención de consultar, de modificar, de reconciliar, sólo quiere bajar los salarios, bajar las condiciones de trabajo. 
 
Tiene una visión unilateral y frente a eso la burocracia sindical tiene que hacer algo. Entonces dicen montamos la huelga. Si el gobierno no se mueve, volveremos a pensar en otra huelga en 6 meses. Mientras tanto el gobierno está implementando los recortes. 
 
Sin una radicalización de la forma de acción directa nada va a pasar. Y hemos dicho eso hace varios años. En Grecia lo mismo. Sí por ejemplo los obreros y trabajadores no toman control de lugares de trabajo como oficinas, bancos, fábricas y ocupan indefinidamente, nada va a pasar. 
 
El Presidente Rajoy lo dice: hoy huelga, mañana trabajo. Hoy críticas, mañana implementamos nuestro programa. Frente a esta actitud no es suficiente la huelga general. Digo eso desde un país tan reaccionario que ni saben cómo organizar una huelga que es peor vergüenza aquí en Estados Unidos. 
 
En España por lo menos reconocen que hay una acción de clase directamente sobrepasando al sistema parlamentario. Pero más allá de la huelga general unas nuevas formas de intervenir en todos los espacios paralizando el funcionamiento del sistema definitivamente."               (Rebelión, 10/04/2012, 'Comentarios del sociólogo James Petras: "Hay un descontento generalizado en Inglaterra", de Efraín Chury Iribarne,
CX36 Radio Centenario)