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4.9.25

Nunca creí ver algo así: "Florida dejará de exigir la vacunación obligatoria para los niños El máximo responsable de la salud en el Estado, Joseph Ladapo, comparó las reglas para las vacunas con la esclavitud"... o sea, que a partir de ahora todo el que venga de Florida tendrá que pasar una cuarentena... cousas veredes

 "Pronto dejará de ser obligatorio vacunarse en Florida, incluyendo con vacunas que históricamente los niños se han puesto para asistir a la escuela, como las que protegen contra el sarampión, paperas o la hepatitis B. Así lo ha anunciado el miércoles el máximo responsable de Salud del Estado, Joseph Ladapo, en una conferencia de prensa en Tampa, donde comparó estas reglas con la “esclavitud”.

Ladapo, un médico estadounidense-nigeriano designado por DeSantis en 2021, ha sido ampliamente criticado por sus posturas desafiando recomendaciones de la comunidad científica, como el uso de mascarillas durante la pandemia del coronavirus y las vacunas contra la covid. también permitió que durante un brote de sarampión el año pasado, los niños sin vacunar fueran a la escuela, contradiciendo las directrices de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos. En 2023, sus comentarios sobre las vacunas le valieron una reprimenda de los CDC.

Por décadas, las vacunas han salvado millones de vidas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Los CDC estiman que las vacunas infantiles previenen unos 20 millones de casos y decenas de miles de muertes anualmente en el país. En Florida, enfermedades como el sarampión, paperas y rubéola se han erradicado desde que comenzó a vacunarse con la MMR en la década del setenta. Las infecciones crónicas de hepatitis B se han reducido un 90% desde que comenzó a aplicarse esta vacuna en los noventa. La poliomielitis, cuyas epidemias causaban cientos de parálisis en los años cincuenta, ha sido erradicada desde hace décadas, entre otros ejemplos. Los expertos coinciden en que las vacunas son más efectivas cuando se aplican masivamente.

La Academia Estadounidense de Pediatría, una organización profesional de médicos y especialistas en salud infantil, recomienda que todos los niños reciban las vacunas básicas y actualizaciones según la edad para prevenir enfermedades graves o potencialmente mortales. Entre las vacunas infantiles de rutina están la MMR, contra la varicela, difteria, tétanos y tos ferina, polio y hepatitis, entre otras. También recomiendan vacunas para adolescentes.

Las autoridades de Florida hasta ahora habían cuestionado las vacunas contra virus como la covid o la influenza, en consonancia con el escepticismo expresado por el presidente Donald Trump, quien nombró a Robert Kennedy Jr., un declarado opositor de las vacunas, para dirigir el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS). Kennedy ha impulsado cambios radicales en el HHS, despedido a miles de empleados, y destituido a los líderes de los CDC —en parte por desacuerdos sobre cambios en las políticas de vacunación. Otros jefes de los CDC han renunciado en protesta, incluyendo al Dr. Demetre Daskalakis, director de Inmunización y Enfermedades Respiratorias, quien a su salida señaló que se corre el riesgo de “deshacer los avances de la vacunación” logrados en décadas. En junio, el HHS destituyó a los 17 miembros del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP), un órgano independiente que hace recomendaciones sobre las pautas de las vacunas, que habían sido nombrados durante el Gobierno de Biden, y designó algunos nuevos, incluyendo algunos conocidos por posturas escépticas sobre las vacunas. Los CDC han quitado información de su sitio web sobre vacunas.

El gobernador de Florida, Ron DeSantis, se ha opuesto a las medidas del gobierno federal sobre la vacuna contra la covid, en particular a la imposición de vacunarse para ciertos trabajadores, defendiendo la “libertad personal” en ese tipo de decisiones. Es una posición que también ha adoptado la mayoría de la base del partido Republicano, que se ha mostrado opuesta a la obligatoriedad de las vacunas y otras restricciones, según encuestas, y el énfasis ha sido en la libertad personal y contra la injerencia del gobierno.

La eliminación de los mandatos de las vacunas en Florida ahora puede verse como otro alineamiento con la agenda de un ala del partido que puede chocar con sectores más tradicionales. Los críticos se apresuraron a señalar que la narrativa conservadora de la libertad individual sobre las medidas de salud pública contradice la evidencia científica. “El próximo gobernador podrá despedir a este tipo”, tuiteó el demócrata David Jolly, quien se prepara para ir contra DeSantis por la gubernatura de Florida en 2026.

El Departamento de Salud de Florida no respondió de inmediato a una solicitud de comentario. La oficina del gobernador Ron DeSantis tampoco respondió." 

(Abel Fernández , El País, 03/09/25) 

3.12.24

Recordando como fue realmente lo del COVID (ahora que se habla de que fue una maniobra preparatoria para la instauración de la dictadura mundial): Yo lo viví como sanitario en un centro de salud. No teníamos ni idea, ni idea, de lo que se nos venía encima. Ni la más remota idea. Recuerdo a algún compañero cubano, anticipándose, más acostumbrados que nosotros a epidemias naturales o provocadas, sugiriendo medidas básicas: lavado de manos... y… el director de mi centro riéndose por debajo del bigote de las medidas tercermundistas que proponía... me parece que no se pecó de exceso... las barbaridades vinieron de los libérrimos ayusistas y compañía, y de los criterios médicos y asistenciales que establecieron... Los que lo han criticado a posteriori se olvidan, o no quieren recordar, aquella situación que vivímos. Los que la criticaron entonces pecaron de ignorancia o fueron unos irresponsables... el poder público actuó correctamente al decretar el confinamiento como medida preventiva, conservadora. Me veo confirmado en esta apreciación cuando veo el paralelo con lo que acaba de suceder en Valencia. También un confinamiento a las 8.00 de la mañana, cuando la alerta era ya roja pero no había pasado aún nada, ni siquiera había llovido, hubiera sido una medida preventiva y conservadora (de vidas) correcta, aunque “el estado nos privase de libertad” (Manuel Monleón Pradas, Antonio Navas, José Luis Martín Ramos)

 "(...) Manuel Monleón Pradas:

  Veo en la miscelánea de CV-SLA que en “debats” habéis discutido (o leído un artículo) sobre el confinamiento durante la covid. Os digo mi opinión, discrepante quizá de la mayoría de cierta izquierda, que ve o vio en aquello una maniobra preparatoria para la instauración de la dictadura mundial. 

 Cuando se produjo aquello, el desconocimiento era total. Se movilizó en muy poco tiempo a todo el personal que podía saber o aportar algo. De eso soy testigo directo, porque inmediatamente se me llamó a participar en un comité (mi modesta ‘contribución’ fue una idea para producir mascarillas reutilizables, que no salió adelante quizá por absurda, por imposible a corto plazo, o porque era mejor vender muchas que pocas). En aquellas reuniones de los primeros días nos juntábamos gentes de todos los centros de investigación de España e incluso extranjeros (siempre telemáticamente), y aquellas empresas que conocíamos que tenían posibilidades y equipos. Hubo muchos comités y reuniones de ese género, con diferentes especialidades. Todo el mundo partía de cero, o de un infinitésimo. Lo que quiero decir es que, desde mi experiencia personal, yo afirmo que se sabía muy poco del origen, del peligro, y del riesgo, y se afrontaba una situación para todo el mundo nueva, en la que había que improvisar ideas que no tenían más filtro que… nuestra propia ignorancia y faliblidad. Porque, en efecto, no hubo dioses que nos soplaran al oído de qué iba la cosa, y ninguno de los actuantes tenía la cualidad de siquiera semidios. 

 En esas circunstancias, el poder público, en mi opinión, actuó correctamente al decretar el confinamiento como medida preventiva, conservadora. Me veo confirmado en esta apreciación cuando veo el paralelo con lo que acaba de suceder en Valencia. También un confinamiento a las 8.00 de la mañana, cuando la alerta era ya roja pero no había pasado aún nada, ni siquiera había llovido, hubiera sido una medida preventiva y conservadora (de vidas) correcta, aunque “el estado nos privase de libertad”.

Antonio Navas:

  Estoy total, completa y absolutamente de acuerdo con Manuel.
Yo lo viví como sanitario en un centro de salud. No teníamos ni idea, ni idea, de lo que se nos venía encima. Ni la más remota idea. 

 Recuerdo a algún compañero cubano, anticipándose, más acostumbrados que nosotros a epidemias naturales o provocadas, sugiriendo medidas básicas: lavado de manos improvisando con lo que tuviéramos: barreños con agua y lejía; mascarillas o protectores con lo que pudiéramos, y… el director de mi centro riéndose por debajo del bigote de las medidas tercermundistas que proponía mi compañero, más avezado que los demás y con experiencia sobre suelo cubano.

En todo lo que sucedió a continuación me parece que no se pecó de exceso, en todo caso al contrario en alguna ocasión; lo de las residencias de ancianos creo que es caso aparte y pone el foco justamente en lo privado; y las barbaridades vinieron de los libérrimos ayusistas y compañía, y de los criterios médicos y asistenciales que establecieron.
No me extiendo porque es asunto en el que ningún artículo ni texto me ha hecho dudar hasta ahora; tampoco ese artículo crítico que se ha pasado, aún cuando pueda tener algún argumento abstractamente razonable.

José Luis Martín Ramos:

   Gracias Manuel, estoy por completo de acuerdo contigo. Los que lo han criticado a posteriori se olvidan, o no quieren recordar, aquella situación que vivímos. Los que la criticaron entonces pecaron de ignorancia o fueron unos irresponsables. (...)"

(Salvador López Arnal, blog, 30/11/24)

31.5.24

Mariana Mazzucato: La economía de la salud para todos... las inversiones en salud impulsan de hecho el crecimiento a largo plazo. La proporción de deuda a PBI es una ratio: si los gobiernos se centran en recortar la deuda (el numerador) y no implementan inversiones que fomenten el crecimiento futuro (el denominador), la ratio no disminuirá... y hasta puede aumentar. Afortunadamente, la política industrial ha vuelto ser bien recibida en el mundo y ofrece a los gobiernos la oportunidad de orientar sus estrategias de crecimiento en torno a la salud y otras prioridades críticas... El problema es que el cabildeo de la industria farmacéutica sigue limitando la fuerza de esas condiciones... Los gobiernos deben fijar condiciones más estrictas a quienes solicitan apoyo público para la innovación en salud, principalmente exigiendo que los productos y servicios sanitarios resultantes estén disponibles de manera amplia y asequible... Esto también es aplicable al diseño de las finanzas mundiales, los países con ingresos bajos y medios necesitan margen de maniobra fiscal para llevar adelante las inversiones críticas en salud... Tal vez la pandemia esté perdiendo fuerza, pero el mundo todavía enfrenta múltiples crisis interrelacionadas vinculadas con la salud, el clima y la creciente desigualdad entre países y al interior de ellos... En vez de buscar el crecimiento económico olvidándonos de las consecuencias, debemos orientar la actividad económica hacia las metas de la salud y el bienestar humanos, y a garantizar un ambiente sano y sostenible; hay que escapar del pensamiento económico profundamente viciado que permitió que la pandemia de la COVID-19 adquiriera las dimensiones que tuvo... Para que la salud para todos sea una de las principales prioridades —como corresponde— debe quedar reflejada en el diseño de las estructuras de finanzas públicas y las políticas económicas, industriales y de innovación

 "El mundo necesita con urgencia un nuevo marco mundial que enfatice la equidad y aproveche las lecciones de la pandemia de la COVID-19; sin embargo, la Asamblea Mundial de la Salud avanza y la incapacidad de sus estados miembros para lograr un acuerdo sobre pandemias parece cada vez mayor. De todas formas, el encuentro de este año ofrece algunas esperanzas, ya que los estados miembros votarán por una resolución sobre la «Economía de la Salud para Todos», basada fuertemente en el trabajo del Consejo de Economía de la Salud para Todos, que presidí, de la Organización Mundial de la Salud.

Si se aprueba la resolución, la OMS estará obligada a comenzar a implementar las recomendaciones del Consejo a través de su trabajo con los estados miembros. La resolución destaca los vínculos entre la salud y la economía, e identifica pasos específicos que la organización y los gobiernos pueden adoptar para fijar a la salud y el bienestar como prioridades transversales de las políticas. El Consejo convocó a los gobiernos de todo el mundo a invertir en la salud para todos, y a organizar sistemas económicos que valoren y financien a esa meta, e innoven y generen capacidad para hacerla realidad.

Moldear nuestras economías para reflejar el objetivo de la salud para todos es crucial para prevenir las pandemias futuras o, al menos, responder más rápidamente frente a ellas; pero exige que se alineen los objetivos de las políticas sanitarias, económicas, sociales y ambientales. Aunque serán los ministros de salud quienes voten en esta asamblea, no hay que pensar que son los únicos responsables; la salud para todos requiere un enfoque en el que participe la totalidad del gobierno, con especial atención de los ministros de finanzas y política económica.

Esto es especialmente cierto hoy día: la resolución urge a los estados miembros a enmarcar el gasto en salud como una inversión a largo plazo en vez de como un costo a corto, pero la austeridad volvió a muchos países y amenaza a los presupuestos de salud que ya están bajo presión debido al costo del servicio de la deuda y la inflación. No es una mera cuestión comunicacional, las inversiones en salud impulsan de hecho el crecimiento a largo plazo. La proporción de deuda a PBI es una ratio: si los gobiernos se centran en recortar la deuda (el numerador) y no implementan inversiones que fomenten el crecimiento futuro (el denominador), la ratio no disminuirá... y hasta puede aumentar.

Afortunadamente, la política industrial ha vuelto ser bien recibida en el mundo y ofrece a los gobiernos la oportunidad de orientar sus estrategias de crecimiento en torno a la salud y otras prioridades críticas. En vez de centrarse en sectores o tecnologías clave, una estrategia industrial moderna debiera hacerlo en audaces misiones sociales y ambientales que catalicen a su vez la inversión, la innovación y el crecimiento en los sectores económicos relevantes.

Cuando dirigí el Consejo enfaticé que la innovación se basa en la inteligencia colectiva y no surge espontáneamente de una única empresa; en todo el mundo la innovación en salud se beneficia enormemente gracias a la inversión pública (para las vacunas de ARNm contra la COVID-19, EE. UU. invirtió aproximadamente USD 31 900 millones en fondos públicos —y este es tan sólo un ejemplo de muchos—).

Sin embargo, a menos que la innovación se rija por el bien común, es posible que sus beneficios no se difundan de manera amplia; para garantizar que los riesgos y recompensas se compartan adecuadamente debemos adoptar un nuevo enfoque en la colaboración público-privada. Los gobiernos deben fijar condiciones más estrictas a quienes solicitan apoyo público para la innovación en salud, principalmente exigiendo que los productos y servicios sanitarios resultantes estén disponibles de manera amplia y asequible.

El problema es que el cabildeo de la industria farmacéutica sigue limitando la fuerza de esas condiciones; en las negociaciones en curso por el acuerdo de pandemias, por ejemplo, los grupos de presión han logrado bloquear medidas importantes vinculadas con los derechos de propiedad intelectual.

Como sostuve anteriormente, esos derechos no deben estar estructurados de manera tal que protejan los beneficios monopólicos o inhiban el acceso a innovaciones sanitarias vitales (por ejemplo, bloqueando su producción oportuna y asequible, o limitando la transferencia de conocimiento y tecnología). En una emergencia sanitaria como una pandemia todos —y todas las economías— sufren en última instancia si no se da máxima prioridad al acceso equitativo a las pruebas, vacunas y productos de salud capaces de salvar vidas. En el caso de la COVID-19 se estima que murieron 14 millones de personas y la economía mundial perdió aproximadamente USD 14 billones (millones de millones).

La negociación del acuerdo de pandemias pone de relieve la necesidad de diseñar instrumentos de política orientados a misiones: si la meta es evitar amenazas sanitarias catastróficas, el acuerdo debe orientarse en torno a ella... y eso implica enfatizar la equidad. Esto también es aplicable al diseño de las finanzas mundiales, los países con ingresos bajos y medios necesitan margen de maniobra fiscal para llevar adelante las inversiones críticas en salud. El acuerdo de pandemias hace alguna referencia a la importancia de las medidas de alivio de la deuda, pero es necesario un compromiso mucho más fuerte —en línea con los requisitos de la Iniciativa Bridgetown, encabezada por la primera ministra de Barbados, Mia Mottley— para reformar los bancos multilaterales de desarrollo y garantizar que los países no sólo tengan acceso a la cantidad sino también a la calidad adecuada de financiamiento, y que una deuda insostenible no les impida llevar a cabo inversiones fundamentales a largo plazo en temas prioritarios climáticos, económicos y de salud.

Tal vez la pandemia esté perdiendo fuerza, pero el mundo todavía enfrenta múltiples crisis interrelacionadas vinculadas con la salud, el clima y la creciente desigualdad entre países y al interior de ellos. Tampoco estamos aprovechando las lecciones de los últimos cuatro años. Debido al cambio climático los brotes serán más frecuentes, pero el financiamiento para la preparación y respuesta contra epidemias sigue siendo insuficiente.

En vez de buscar el crecimiento económico olvidándonos de las consecuencias, debemos orientar la actividad económica hacia las metas de la salud y el bienestar humanos, y a garantizar un ambiente sano y sostenible; hay que escapar del pensamiento económico profundamente viciado que permitió que la pandemia de la COVID-19 adquiriera las dimensiones que tuvo.

La implementación de una economía de ese tipo no significa aspirar a un lujo, es una necesidad si deseamos evitar los costos en términos humanos y económicos de otra pandemia. Más allá de la adopción de la resolución, para esto será necesario el liderazgo de la OMS y de los delegados de los estados miembros. Para que la salud para todos sea una de las principales prioridades —como corresponde— debe quedar reflejada en el diseño de las estructuras de finanzas públicas y las políticas económicas, industriales y de innovación."

(Mariana Mazzucato, Profesora de Economía de la Innovación y Valor Público en el University College de Londres, Revista de prensa, 30/05/24 . Este artículo se publicó originalmente en Project Syndicate)

12.9.23

La investigación española contra el Covid… al servicio de la humanidad... El equipo del CSIC de Mariano Esteban y Juan García Arriaza transfiere a la OMS sus avances en el desarrollo de la vacuna Covid-19, para que llegue a países en desarrollo

 "La mayoría nos hemos olvidado del Covid, y la pandemia ha pasado a ser poco más que un mal recuerdo, pero la realidad es que el virus sigue entre nosotros. Aunque la amplia tasa de vacunación e inmunización en nuestro país ha hecho que la incidencia se desplome, no deberíamos bajar la guardia, sobre todo para los sectores más vulnerables: ancianos, inmunodeprimidos o niños. De hecho, el coronavirus acumula subidas desde finales de junio, tanto en Atención Primaria como en hospitales y la venta de test de antígenos en farmacias ha crecido un 372% en los últimos dos meses.

Pero si afortunadamente en los países desarrollados podemos dar por zanjada la pandemia, no podemos decir lo mismo de los países en vías de desarrollo, especialmente en los más empobrecidos: gran parte de África, y también varios países de Asia, Europa, o Latinoamérica.

A mediados de marzo de 2023, el 71,3% de la población mundial (5.500 millones de personas) ya habían recibido al menos una dosis de la vacuna contra el Covid. Pero otros 2.500 millones de personas siguen sin vacunar, especialmente porque sus gobiernos no pueden costear la compra, almacenamiento y logística (en condiciones de refrigeración o ultracongelación) de los preparados de las grandes farmacéuticas.

Y mientras el SARS-CoV-2 sigue circulando, sigue mutando, sigue generando variantes ante las cuales las primeras versiones de la vacuna no son tan eficaces. Este es el contexto en el que Mariano Esteban y Juan García Arriaza, -investigadores del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del CSIC- han decidido poner a disposición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) -a través de la iniciativa COVID-19 Technology Access Pool (C-TAP)- su prototipo de vacuna contra el coronavirus.

Una colaboración al servicio de la salud global

«Hay que poner la mirada en los países en desarrollo», decía Mariano Esteban en ‘La Linterna’ de la COPE, asegurando que el objetivo de esta iniciativa es transferir vacunas baratas y accesibles a países pobres. La contribución del CSIC, el mayor organismo de la investigación pública española, a la salud pública global, «busca llegar donde no se puede por los costes elevados de las farmacéuticas», asegura Esteban, que junto a García Arriaza lleva desde 2020 desarrollando una prometedora vacuna contra el coronavirus. (...)

El acuerdo firmado entre el CSIC y la OMS cede la patente de la vacuna y el poder de producir el medicamento. Incluye formación y asistencia directa a los países que vayan a elaborar la vacuna, y consultas continuas con los fabricantes receptores, incluso sobre cuestiones de calidad y reglamentación. El CSIC no cobrará regalías por la explotación de su vacuna siempre que se fabrique para países incluidos en la lista de aquellos con ingresos bajos o medios. Y no es la primera vez que la investigación pública española cede sus patentes a programas de la OMS: el CSIC ya lo había hecho anteriormente con fármacos para tumores.

 Pero además de una oferta altruista, es un «win-win» para el CSIC, porque aunque la vacuna de Esteban y García Arriaza ha obtenido muy buenos resultados en las pruebas con animales, se ha encontrado con grandes dificultades a la hora de realizar ensayos clínicos en España, donde más del 85% de la población ya tiene la pauta completa de inmunización.

De esta manera, asegura Eloísa del Pino, se «abre la posibilidad de encontrar socios en terceros países para avanzar en los ensayos clínicos con esta vacuna como futura alternativa a las opciones de vacunas covid autorizadas en todo el mundo, especialmente en países de escasos recursos».

Una vacuna robusta y eficaz

La vacuna del equipo de Esteban y Arriaza, del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del CSIC, es más que prometedora. Probada en modelos animales, ha demostrado un 100% de eficacia, y no sólo protege de la enfermedad grave, sino de la infección.

 Su prototipo vacunal -llamado MVA-CoV2-S(3P)- está basado en la tecnología del virus recombinante. Usa un vector sobradamente conocido y seguro: el virus vaccinia modificado de Ankara (MVA), un virus atenuado al que se le ha privado del poder de replicarse y producir enfermedad, pero que conserva la capacidad para penetrar en la células y desplegar la información genética para producir una proteína. En este caso, expresa en la superficie de las células la proteína de la espícula (S) del coronavirus, que es lo que desencadena la respuesta inmune.

Los estudios que los investigadores han realizado en diversos modelos animales son más que positivos, y demuestran de forma detallada que su vacuna activa el sistema inmunitario y protege frente a la infección por SARS-CoV-2. Por un lado, la vacuna activa una respuesta inmunitaria de células T CD4 y T CD8 específicas frente a SARS-CoV-2, que es robusta, amplia, de alta calidad y duradera. Por otro lado, induce altos niveles de anticuerpos de unión IgG frente a la proteína S y el dominio de unión al receptor (RBD) del SARS-CoV-2, así como de anticuerpos neutralizantes frente a la variante parental de Wuhan o frente a distintas variantes del virus, que también son duraderas.

Al contrario que otros preparados presentes en el mercado, que protegen de los efectos más graves de la enfermedad pero no consiguen impedir la infección y la transmisión del virus, en modelos animales esta vacuna del CSIC sí protege frente a la infección por el SARS-CoV-2, evitando la replicación del virus tanto en el pulmón como en el cerebro, así como la patología asociada (daño pulmonar y cerebral, y ausencia de tormenta de citoquinas, entre otros parámetros). Además, en el modelo de ratón, la vacuna previene de la mortalidad causada por el SARS-CoV-2.

Se trata por tanto de un prototipo vacunal más que excelente. Una contribución comparativamente valiosa de la investigación pública española a la salud pública global."                 (Pablo M. Escanciano, De Verdad Digital, 11/09/23)

29.8.22

La ocupación de las UCI por covid baja al mínimo registrado desde que comenzó la pandemia... al menos, una buena noticia

 "Este viernes había en las Unidades de Cuidados Intensivos de los hospitales españoles 241 personas ingresadas con coronavirus. Desde que el Ministerio de Sanidad comenzó a publicar este registro, en agosto de 2020, esa cifra nunca había sido tan baja. La séptima ola de covid ha concluido sin prácticamente afección en las UCI, cuya capacidad asistencial lleva tiempo sin estar en riesgo por culpa de la pandemia.

Es muy probable que en junio y julio de 2020, después del duro confinamiento que vivió España, las UCI estuvieran aún más vacías de pacientes de covid que ahora. Pero el caos de recolección de datos que se vivió durante los primeros meses de la pandemia no permitió recoger esta estadística de forma rigurosa hasta el 1 de agosto de 2020, cuando había 250 pacientes en cuidados intensivos.

 Mucho ha cambiado la situación en estas unidades desde que comenzó la campaña de vacunación. Las tres primeras olas (especialmente la primera y la tercera) desbordaron su capacidad y fue necesario en muchos hospitales hacer triajes para atender solo a los pacientes con más posibilidades de sobrevivir. A partir de la primavera de 2021, cuando la mayoría de la población vulnerable estaba vacunada o en proceso, ya ninguna ola fue igual.

La cuarta, vista en perspectiva, casi no merece el nombre de ola por su escasa propagación; la quinta afectó sobre todo a población joven y aunque hubo ingresos en UCI, no llegaron a su límite. En la sexta, la de las pasadas Navidades, hubo más diagnósticos registrados que nunca, pero el porcentaje de críticos bajó drásticamente y el mayor número de ingresados en cuidados intensivos apenas superó los 2.200, una cantidad muy asumible. En la séptima, de la que no hay registros fiables de contagios, pero que probablemente tiene una magnitud igual o superior a la sexta en cuanto a transmisión, la máxima cifra alcanzada ha sido 547. (...)"                 (Pablo Linde, El País, 26/08/22)

25.5.22

La primera ola de la covid que no se cuenta... los contagios se han debido disparar entre los menores de 60 años con el fin de toda restricción... vuelta a la normalidad, pero con contagios

 "Esta semana bajaron los contagios de covid en los mayores de 60 años de forma clara por primera vez respecto a la anterior contabilización tras semanas de aumento de la transmisión. Pero la única incidencia en un grupo de edad de la que se puede hablar es esta, porque no se conocen los datos de contagios sobre el resto de grupos desde finales de marzo, cuando el Ministerio de Sanidad decidió instaurar el nuevo sistema de vigilancia.

Desde principios de año sobrevolaba la idea de normalizar la covid, algo que se está viviendo en la práctica ahora con el nuevo sistema de vigilancia que solo contabiliza casos graves y de mayores y sin cuarentenas ni aislamientos, ni para positivos ni para contactos estrechos, que en los protocolos dejaron de existir.

Esto, junto a la poca repercusión que ha tenido el crecimiento de la transmisión en los hospitales, ha hecho que los nuevos contagios pasen desapercibidos. Gracias a las vacunas, la mayoría de los nuevos contagios son leves. Muchos infectados ni siquiera acuden al centro de salud, diagnosticándose con test de antígenos comprados en farmacias. Son aún menos los que tienen que ingresar en un hospital o en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI).

Estos datos suponen que se ha cumplido el escenario más previsible: los contagios se han debido disparar entre los menores de 60 años con el fin de toda restricción (la última en levantarse fue el uso obligatorio de mascarillas en interiores) y los festivos de los meses de abril y mayo. Sin embargo, estos datos no han provocado una situación grave como las vividas en las primeras olas de la pandemia.

La vuelta a la normalidad

Y es que la vida de la mayoría de la sociedad ha vuelto a la normalidad. Solo quedan restricciones en hospitales (se sigue haciendo pruebas a una persona antes de someterse a una operación y se cancela si es positivo), en centros sanitarios (con limitaciones y uso de mascarillas) y en el transporte público (el cubrebocas sigue siendo obligatorio).

La demanda de viajes vacacionales en España para este verano se ha recuperado

Por lo demás, todo recuerda más a febrero de 2020 que a los meses le siguieron. Por primera vez en dos años, se celebró la Semana Santa, las Fallas y la Feria de Abril, así como muchas otras festividades que han tenido lugar en estos meses en distintas comunidades autónomas.

De hecho, la demanda de viajes vacacionales en España para este verano se ha recuperado, alcanzando cifras prepandemia sobre todo en los viajes de corta y media distancia, según informa la plataforma de viajes Atrápalo.

El fin de todas las restricciones 

El fin de las mascarillas en espacios interiores, salvo en el transporte público y en centros sanitarios, supuso el fin también de todas las restricciones para la sociedad general en España. Y esto inquietó a parte de la comunidad científica. "Quitar la mascarillas en interiores antes o justo después de la Semana Santa puede ser precipitado", sostuvo Ignacio Rosell, secretario del comité de expertos de la Consejería de Sanidad de Castilla y León, a Público. "No está basada en criterios científicos, pero es una medida que lleva mucho tiempo y que genera cansancio", consideró Marcos López Hoyos, de la Sociedad Española de Inmunología (SEI).

Pasado ya un tiempo desde que se levantó la medida, desde la Sociedad Española de Epidemiología avalaron estas dudas sobre la retirada de las mascarillas ya que, desde finales de abril, insistieron en un comunicado en seguir recomendado la mascarilla "en lugares en los que haya contacto entre personas y no se pueda mantener la distancia de seguridad".

Así, para la principal sociedad de epidemiología del país, sigue siendo útil llevar el cubrebocas en situaciones en las que "puede haber contacto prolongado con otras personas y/o aglomeraciones" y "en espacios reducidos en los que no pueda mantenerse la distancia de seguridad, como eventos multitudinarios, y en lugares sin ventilación adecuada, como en andenes o estaciones concurridas".

De hecho, no descartó en el comunicado que la mascarilla "pueda volver a ser de uso obligatorio si la situación epidemiológica del país empeora, algo que ya ha ocurrido en otros países".           (Público, 24/05/22)

24.5.22

El fenómeno más importante que ha ocurrido en el siglo en el que vivimos, el siglo XXI, ha sido la pandemia causada por el COVID... está matando a muchísima más gente que cualquier guerra acontecida en los últimos tiempos... las tasas de contagiosidad, hospitalización y mortalidad más altas fueron hace tres meses... asé que debiéramos preguntarnos cómo es posible que se están promoviendo políticas de relajación de las medidas de prevención hasta prácticamente eliminarlas, actuando como si hubiéramos vuelto a la normalidad, bajo el supuesto de que el COVID-19 ha evolucionado y ahora actúa como si fuera una gripe... la inmunidad tanto natural como resultado de contagio, o de estar vacunado es relativamente corta, por eso la importancia de producir vacunas más protectoras y por más tiempo... pero, la pandemia forzó un cambio de orientación económica que ahora se quiere revertir, y de ahí parte la idea de que la pandemia es una gripe

 "El fenómeno más importante que ha ocurrido en el siglo en el que vivimos, el siglo XXI, ha sido la pandemia causada por el virus COVID-19, responsable del mayor número de víctimas mortales - 15 millones, mucho más que cualquier otro evento desde los principios del Siglo XX. Solo la II Guerra Mundial produjo más muertes, 48 millones de civiles no combatientes.

 La I Guerra Mundial causó 6.8 millones de muertes entre la población civil; 2.9 millones en la Guerra de Corea, 2.1 millones en la Guerra de Vietnam; casi medio millón la de Irak; y 71 mil en Afganistán, (Barry Levy- From Horror to Hope: Recognizing and Preventing the Health Impact of War, Oxford University Press, 2022). (...)

Sea como fuere, el hecho es que la pandemia está matando a muchísima más gente que cualquier guerra acontecida en los últimos tiempos. Y es más que probable que el número de muertos esté siendo incluso mayor del publicado, debido a los enormes déficits, sesgos y manipulaciones de los sistemas estadísticos de indicadores vitales -como son los de mortalidad- a nivel mundial. 

Por otra parte, la mortalidad causada por la pandemia incluye no solo las muertes debidas al virus, sino también a muertes resultado, por ejemplo, de escases de recursos sanitarios, al estar estos saturados por enfermos por COVID-19. Según el último informe de la OMS sobre la mortalidad causada por la pandemia, se incluye a España entre los países en que esta mortalidad indirecta ha sido más alta, lo cual evidencia una pobreza de recursos sanitarios. 

Hay que recordar que el gasto público sanitario en España es de los más bajos de la Europa Occidental, dato que apenas ha tenido atención mediática en este país. La característica de la Sanidad Española ha sido la polarización por clase social del sistema sanitario con la sanidad privada atendiendo al 30% de la población de renta superior (incluyendo a la mayoría de los funcionarios públicos del Estado que tiene derecho de acceso a la privada) y la sanidad pública para la mayoría de la población. (...)

Las causas de esta elevada mortalidad son múltiples pero las más determinantes han sido la elevada transmisión y diseminación del virus y la baja inmunidad de las poblaciones expuestas, bien sea por causas naturales o bien sea por falta de vacunación (el porcentaje de la población vacunada a nivel mundial es muy bajo, menos de un 20%, cifra que es incluso de dudosa credibilidad debido a la escasa información existente en grandes partes del mundo).

 Otra causa de la elevada mortalidad es el escaso desarrollo de las medidas preventivas que puedan evitar el contagio y contaminación de las poblaciones. La mortalidad es, en el peor de los casos, el punto final de la enfermedad. Y esta tiene un impacto devastador a nivel biológico, psicológico, social y económico. Y este último, el económico, es el que ha adquirido mayor visibilidad política mediática pues afecta a la economía de los países habiendo creado la mayor crisis económica y social desde la anterior pandemia mundial a principios del siglo XX.

EL FRACASO DE LA GUERRA MUNDIAL CONTRA EL VIRUS

Todos los gobiernos en el mundo y las organizaciones internacionales se movilizaron en una campaña global para presentarle la pandemia a la opinión pública en términos belicistas, como una Guerra Mundial contra el virus. Guerra que no se ha ganado y que continúa y continuará a no ser que se tomen las medidas necesarias para controlarlo.

 Y dudo que se tomen, puesto que éstas entran en conflicto con la enorme concentración del poder económico, político, y mediático existente hoy en el mundo, que reproduce una cultura que prioriza el proceso de acumulación y concentración de la riqueza económica, así como la expansión del dominio político por parte de Estados y organismos económicos y financieros que favorecen tal proceso.

 Es esta cultura de los establishments, económicos, financieros, políticos y mediáticos, la que está hoy promoviendo y expandiendo la percepción errónea de que la pandemia esta ya controlada, habiéndose convertido ya en algo como la gripe. Esta falsedad es el dogma actual que se está imponiendo con un coste de vidas enorme.

 Esta cultura, por cierto, es también la causante de la enorme crisis climática y de las grandes áreas de conflictos militares de las cuales la de mayor visibilidad política y mediática es en este momento Ucrania. Esta cultura es promovida por los grandes bloques de poder, tanto del Este como del Oeste, protagonistas de la vida económica y comercial del mundo, que basan su prominencia en ser los más exitosos dentro de un sistema vigente que promueve la competitividad  y la insolidaridad, creando un orden (o mejor: desorden) en el que la optimización de sus beneficios empresariales se toma como prioridad sobre el bien común de la gran mayoría de la población.

 En esta cultura, la crisis climática ha casi desaparecido de la atención mediática y los productores de energía no renovables contaminantes están, una vez más, liderando la política energética del mundo. Y la pandemia, también ha desaparecido del mapa. Y la militarización de los países, está alcanzando un nivel que amenaza con llevarnos a una guerra nuclear mundial. (...)

Este mismo Congreso había también estado en contra de la modificación del Tratado de Comercio Internacional para eliminar las patentes de las vacunas anti-COVID, Pfizer y Moderna, que hubiera permitido la fabricación de tales vacunas eficaces al nivel mundial. La industria farmacéutica es una de las industrias más poderosas y rentables del mundo. Y son las que han estado determinando la distribución y consumo de tales vacunas a nivel global. Este poder implica que miles de muertes ocurrirán por falta de vacunas, un número mayor que el número de muertos que están causando las guerras hoy en el mundo.

LOS DATOS MUESTRAN QUE NO SE HA CONTROLADO LA PANDEMIA

Sí miramos la curva de mortalidad por COVID en los países a los dos lados del Atlántico Norte (países de semejante nivel de desarrollo económico y estructura demográfica), veremos que unas de las tasas de contagiosidad, hospitalización y mortalidad (medida por el número de muertes por cada 100,000 habitantes) más altas desde el principio de la pandemia, fue para la mayoría de los países de tal parte del mundo, hace tres meses (diciembre 2021 enero 2022). (...)

El lector debiera preguntarse cómo es posible que solo unos meses después de una situación tan preocupante, se están promoviendo políticas de relajación de las medidas de prevención hasta prácticamente eliminarlas, actuando como si hubiéramos vuelto a la normalidad, bajo el supuesto de que la enfermedad COVID-19 ha evolucionado y ahora actúa como si fuera una gripe, asumiendo también que la mayoría de la población está ya inmunizada frente al virus debido  bien a la vacunación, bien a haber estado enferma de COVID y adquirido tal inmunidad. 

Ambos supuestos, sin embargo, son erróneos. Es cierto que hubo una mejora, pero que se está revirtiendo ahora, como algunos ya predijimos. En realidad, la inmunidad tanto natural como resultado de haber estado contagiado o resultado de estar vacunado es relativamente corta y de allí la importancia de, entre otras intervenciones, producir vacunas que sean más protectoras y por más tiempo, lo cual sería posible si hubiera habido mayor intervencionismo público no solo en la financiación, sino en la producción de las vacunas.

 Dejar estas dimensiones al mercado y al sector privado es suicida, pues el objetivo de tal sector es el de optimizar sus ingresos por encima de todo lo demás. No estoy haciendo una valoración moral sino una estimación de lo que es obvio y necesario puesto que no hay ninguna duda de que sumando y compartiendo el conocimiento científico existente, promoviendo el bien común en lugar de la comercialización y el mercadeo de los bienes y servicios esenciales, habríamos podido ir más rápido y más lejos de lo que se ha conseguido.

¿QUÉ DEBERÍA HABERSE HECHO EN LA SUPUESTA GUERRA CONTRA EL VIRUS?

(....) La falta de solidaridad entre países y dentro de cada país ha sido una característica de la respuesta a la pandemia en gran parte de los países del mal llamado mundo occidental. El anteponer los intereses empresariales de ciertas industrias, como las productoras de las vacunas por encima de todo lo demás, ha sido una práctica común. Imagínese en una guerra  en la que la industria  del armamento fuera la que definiera la estrategia a seguir en el conflicto.

Hoy, un problema gravísimo a nivel mundial es la probable explosión de mortalidad que ocurrirá en China debido a al Ómicron, que podría reducirse con la masiva producción de vacunas de alta eficacia tales como las de Pfizer y Moderna en aquel país, lo cual evitaría la producción de nuevas variantes insensibles a las inmunidades existentes que puedan crear otro problema mundial.

 No hay duda de que, como dije antes, si la comunidad científica internacional trabajara conjuntamente y con plena solidaridad compartiendo el máximo de información, en lugar de competir en términos comerciales como ahora, estaríamos ahora mucho más protegidos con vacunas más duraderas en su creación de inmunidad y más fácil distribución. Como ocurre siempre el problema no es falta de recursos sino el control de estos recursos y el fin que se dé su uso. 

Lo que existe hoy es un desorden internacional que está causando un enorme dolor y un costo humano y todo ello para el beneficio de grupos económicos que influencian los poderes políticos y las agencias internacionales, directa o indirectamente a través de filantropías basadas en los países ricos, como ocurre con la Fundación Gates, que continúan promocionando la mercantilización de los productos incluyendo las vacunas, habiéndose opuesto a la eliminación a las patentes y favoreciendo en su lugar la asistencia a las industrias privadas (las productoras de vacunas), que es precisamente la raíz del problema. 

El economista más conocedor de la industria farmacéutica, Dean Baker (Director del Center for Economic and Policy Research en Washington D.C.), ha indicado que la mayoría de la investigación básica de la industria farmacéutica está financiada con fondo públicos, siendo solo la investigación aplicada, la realizada por tal industria. De ahí que reconociendo que esta última fue también financiada por recursos público, Dean Baker propone que el sector público no solo financie, sino que produzca tales productos farmacéuticos, ahorrándose una gran cantidad de dinero, produciéndose además productos más afines a las necesidades de la población en lugar de solo beneficiar a las empresas privadas.

LA PANDEMIA FORZÓ UN CAMBIO DE ORIENTACIÓN ECONÓMICA QUE AHORA SE QUIERE REVERTIR. Y DE AHÍ PARTE LA IDEA DE QUE LA PANDEMIA ES UNA GRIPE

La parte positiva de la llamada guerra contra el virus fue la presión popular para que se cambiaran las políticas económicas neoliberales, caracterizadas por su promoción de la austeridad de gasto público, y muy especialmente, del social, y que había causado la enorme crisis social que se acentuó todavía más con la pandemia. Tal presión explica el intervencionismo de los Estados con expansión de los sectores y responsabilidades públicas, sobre todo en las esferas sociales.

 Este intervencionismo fue mucho menor en las áreas económicas, donde la pasividad adoptada por la mayoría de los Estados frente a las enormes necesidades creadas por la pandemia ha sido una constante. 

Existe una enorme necesidad, por ejemplo, de introducir sistemas de control de las ventilaciones y filtraciones que eliminan las bacterias y los virus, sector muy olvidado a pesar de su gran necesidad. Tales sistemas debían de haber sido instalados masivamente en los lugares de trabajo, consumo, transporte y ocio, puesto que la evidencia científica es contundente de su eficacia en la prevención de los contagios virales y bacterianos. Muy poco se ha hecho en estas áreas.

 La mayoría de la población se ha quejado con razón de que los sacrificios que la ciudadanía ha hecho han sido muy desiguales. Y para una minoría, la pandemia le ha ido muy bien. El enorme crecimiento de las desigualdades de capital y renta muestra esta realidad. La población, y muy en particular, las clases populares han estado pidiendo mayor intervencionismo público, que se está desoyendo por parte de las autoridades públicas, próximas a los intereses económicos de lobbies que están exigiendo "la normalización" que permita continuar las cosas como estaban antes de la pandemia

Un ejemplo de ello es que la mayoría de la ciudadanía de casi todos los países está a favor de la obligatoriedad de las vacunas, así como de las inversiones públicas en purificar los aires, como he indicado anteriormente, o utilizar las mascarillas en lugares cerrados incluyendo el transporte aéreo, entre otras muchas medidas ignoradas por gran parte de gobiernos. Pero la distancia entre lo que la mayoría de las poblaciones desean y lo que los gobiernos y agencias internacionales deciden o permiten es cada vez mas grande lo que explica que hoy estamos viendo no solo una de las mayores crisis sociales y económicas  conocidas sino también una enorme crisis política a nivel mundial."                   (Vicenç Navarro , Público, 22/05/22)

3.5.22

la mortalidad fue tan elevada durante la pandemia en Madrid que la esperanza de vida pasó de 85,8 años en 2019 a 82,3 años en 2020. La peor región europea con datos de Eurostat

 

Carmen San José @CarmenSanJose15

Así trató Ayuso a la población madrileña durante la pandemia: la mortalidad fue tan elevada que la esperanza de vida pasó de 85,8 años en 2019 a 82,3 años en 2020. La peor región europea con datos de Eurostat.

10:18 p. m. · 1 may. 2022

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"Madrid, la comunidad cuya esperanza de vida más descendió en 2020.

 Muchas han sido las ocasiones en las que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha negado que la región que preside haya sido la más afectada durante la primera ola de la pandemia. Una de las últimas, con enfado incluido, cuando la portavoz de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid, Alejandra Jacinto, pidió cuentas por las cifras de fallecidos. “Sobre las cifras de fallecidos… bueno, de verdad, hasta luego, paso”, respondía Ayuso.

Lo cierto es que los datos dibujan otra realidad. Y, según una reciente actualización de las cifras publicadas por Eurostat el pasado 26 de abril, la Comunidad de Madrid fue la autonomía con un descenso más pronunciado de la esperanza de vida. Así, los valores pasaron de los 85,8 años en 2019 a los 82,3, lo que suponen 3 años y medio de diferencia. (...)

Los datos se sitúan en consonancia con las cifras de fallecidos en 2020 recogidas por el INE y que se hicieron definitivas en noviembre de 2021. Las cifras demostraron que la pandemia produjo en España un incremento de mortalidad del 17,9% respecto a 2019, y, entre las comunidades más afectadas destacó Madrid, que duplicó la media estatal, con un aumento de un 40%. (...9

En cuanto el lugar de defunción, los datos del INE evidencian el impacto de esta tragedia en las residencias de mayores. Así, el número de fallecidos en geriátricos aumentó un 33,7% respecto al año anterior (hubo 18.463 más), frente al 25,7% de aumento en domicilios (un 27.115 más) y en centros hospitalarios un 15,6% (36.027 más). Diferencias que se dispararon en los meses de abril y marzo, donde las muertes en geriátricos se incrementaron un 201,4%, frente al 50% en domicilios y hospitales.

En total, 73.216 personas fallecieron en residencias sociosanitarias. Durante los meses más duros de la Comunidad de Madrid se emitieron órdenes para excluir de las derivaciones hospitalarias a ancianos provenientes de geriátricos en función de sus capacidades físicas y cognitivas, documentos que transcendieron tras los meses más duros."              (Sara Plaza, El Salto, 04/05/22)

13.4.22

El enfoque sueco de la epidemia de Covid ha sido un fracaso. Esta es la conclusión del primer estudio científico sistemático sobre la estrategia de gestión de la pandemia en Suecia dos años después de los primeros brotes... los costes humanos habrían sido significativamente menores en Suecia si se hubieran aplicado medidas más estrictas, sin impactos más perjudiciales para la economía... Se ha ocultado al pueblo sueco hechos tan básicos como que el Sars-Cov-2 se transmite por el aire, que las personas asintomáticas pueden ser contagiosas y que las mascarillas protegen tanto al portador como a los demás... A muchos ancianos se les administró morfina en lugar de oxígeno, a pesar de los suministros disponibles, acabando efectivamente con sus vidas... la narrativa común es que los que están en los hogares de ancianos están destinados a morir pronto de todos modos... Suecia obtuvo la puntuación más baja en cuanto a la accesibilidad de las camas de cuidados intensivos según un estudio de 14 países europeos... También se ha informado de la desigualdad y la injusticia social como resultado de la respuesta de Suecia, en particular con los ancianos, las personas en residencias de ancianos, las personas de origen inmigrante y los grupos socioeconómicamente menos favorecidos (incluidos los jóvenes) afectados por el exceso de mortalidad

 "El enfoque sueco de la epidemia de Covid ha sido un fracaso. Esta es la conclusión del primer estudio científico sistemático sobre la estrategia de gestión de la pandemia en Suecia dos años después de los primeros brotes, publicado en Humanities & Social Sciences Communications vía Nature.com.

Como es sabido, el enfoque de Suecia se orientó a evitar un cierre de la sociedad para limitar al máximo los daños económicos, buscando una inmunidad de rebaño "natural" y no imponiendo nunca cierres ni restricciones a la libertad de comercio y movimiento de los ciudadanos, sino confiando en la responsabilidad individual (los restaurantes y las escuelas para menores de 16 años, por ejemplo, permanecieron abiertos y con asistencia durante toda la pandemia).

 "Esta estrategia sueca de laissez-faire ha tenido un gran coste humano para la sociedad sueca" y "varios estudios han demostrado que los costes humanos habrían sido significativamente menores en Suecia si se hubieran aplicado medidas más estrictas, sin impactos más perjudiciales para la economía", escriben los autores del estudio, científicos de universidades de Bélgica, Suecia y Noruega, un "equipo multidisciplinar con formación en epidemiología, medicina, estudios religiosos, historia, ciencias políticas y derechos humanos". que fue "asesorado por varios expertos independientes nacionales e internacionales", revisó todos los "artículos científicos relevantes revisados por pares y publicados sobre la gestión de la pandemia en Suecia y los demás países nórdicos" y "trató de recopilar todas las conversaciones por correo electrónico, las agendas de las reuniones, las notas de las reuniones y los comunicados de prensa de las partes implicadas en el proceso de toma de decisiones a nivel nacional" invocando "las leyes de libertad de información".

 El gobierno sueco delegó la gestión de la pandemia en la Agencia de Salud Pública, pero desde 2014 había despedido o trasladado a todos sus asesores científicos más influyentes al Instituto Karolinska. "Con esta configuración, la autoridad carecía de experiencia y podía ignorar los hechos científicos", explica el informe.

 "La Agencia de Salud Pública no basó su asesoramiento en pruebas científicas, sino en ideas preconcebidas sobre las pandemias de gripe y la inmunidad de los rebaños, basándose principalmente en un pequeño grupo asesor con un enfoque disciplinario estrecho y una experiencia demasiado limitada", fue "sistemáticamente incorrecta en sus evaluaciones de riesgo, e ignoró las pruebas científicas sobre las estrategias de supresión, la transmisión por el aire".

 También ha "tachado de posiciones extremas los consejos de los científicos nacionales y de las autoridades internacionales, haciendo que los medios de comunicación y los organismos políticos acepten su política en su lugar" (Aquí la entrevista con el director de la estrategia de Estocolmo: "No hay bloqueo y ahora no hay segunda ola").

Se ha ocultado al pueblo sueco hechos tan básicos como que el Sars-Cov-2 se transmite por el aire, que las personas asintomáticas pueden ser contagiosas y que las mascarillas protegen tanto al portador como a los demás", prosigue el informe. Las consecuencias prácticas de esta elección han sido perjudiciales.

 Así los describe el informe publicado por Nature.com:

- "A muchos ancianos se les administró morfina en lugar de oxígeno, a pesar de los suministros disponibles, acabando efectivamente con sus vidas".

- "La decisión de proporcionar cuidados paliativos a muchos adultos mayores es muy cuestionable; muy pocos adultos mayores fueron ingresados por Covid 19. Se denegó un tratamiento adecuado (que podría salvar la vida) sin examen médico y sin informar al paciente o a su familia ni pedirles permiso. Muchos funcionarios siguieron negando cualquier responsabilidad, y sólo hubo una protesta pública limitada en Suecia cuando esto salió a la luz, la narrativa común es que los que están en los hogares de ancianos están destinados a morir pronto de todos modos."

- "Durante la primavera de 2020, muchos individuos no fueron admitidos en los hospitales y ni siquiera recibieron un examen de salud al no ser considerados de riesgo, lo que provocó que los individuos murieran en casa a pesar de buscar ayuda. Además, en la región de Estocolmo se disponía de instrucciones de triaje que indicaban que las personas con comorbilidades, índice de masa corporal superior a 40 kg/m2 y edad avanzada (más de 80 años) no debían ingresar en las unidades de cuidados intensivos, ya que era "improbable que se recuperaran"".

 "A pesar de los preocupantes indicios de que varios hospitales sobrepasaban sus límites, la Agencia de Salud Pública y el gobierno siguieron afirmando que todavía había camas de UCI disponibles en Suecia, y que su estrategia no fracasó, ya que pudieron mantener la infección en niveles que el sistema sanitario podía manejar. Sin embargo, Suecia obtuvo la puntuación más baja en cuanto a la accesibilidad de las camas de cuidados intensivos según un estudio de 14 países europeos que analizó el impacto en las tasas de mortalidad de Covid 19".

- "La Agencia de Salud Pública negó o restó importancia al hecho de que los niños pudieran ser infecciosos, desarrollar enfermedades graves o impulsar la propagación de la infección en la población; mientras que sus correos electrónicos internos indican su objetivo de utilizar a los niños para propagar la infección en la sociedad."

- "También se ha informado de la desigualdad y la injusticia social como resultado de la respuesta de Suecia, en particular con los ancianos, las personas en residencias de ancianos, las personas de origen inmigrante y los grupos socioeconómicamente menos favorecidos (incluidos los jóvenes) afectados por el exceso de mortalidad. Esta narrativa de desigualdad fue comunicada abiertamente por los funcionarios, incluida la Agencia de Salud Pública, afirmando que "la infección por coronavirus en las residencias de ancianos puede haber sido propagada por el personal que no domina el idioma sueco", "tenemos una mayor prevalencia debido a la mayor población inmigrante", "sólo los extranjeros enferman", "sólo las personas que parecen turistas llevan mascarillas en público". No se han hecho esfuerzos significativos para disminuir estas disparidades".

Además de las cuestionables decisiones sanitarias, el estudio destaca la falta de transparencia de las autoridades suecas, e incluso habla de "secretismo, encubrimiento y manipulación de datos". "Por ejemplo, aunque muchas de las personas implicadas declararon públicamente que las mascarillas eran innecesarias, o incluso "peligrosas" o contraproducentes, posteriormente afirmaron que siempre estuvieron a favor de su uso. La Autoridad Sueca del Medio Ambiente Laboral y el Epidemiólogo del Estado han empezado incluso a borrar los correos electrónicos sobre el tema solicitados por los periodistas. Aunque esto es ilegal, la práctica de ocultar información y borrar correos electrónicos se generalizó entre los organismos oficiales durante la pandemia, dando lugar a la llamada "gestión en la sombra", ya que aparentemente el riesgo de sanciones legales es muy bajo para los que están en el poder", dice el informe.

Las conclusiones son una condena poco atractiva de la política sueca que también arroja sombras inquietantes sobre su democracia. "Esta pandemia ha puesto de manifiesto varios problemas estructurales en la sociedad sueca, a nivel político y judicial, en la asistencia sanitaria, en los medios de comunicación oficiales y en la burocracia, con la descentralización, la falta de responsabilidad e independencia y la negación de información precisa y completa al público como problemas recurrentes a diferentes niveles." De nuevo: "El cuestionamiento crítico, incluso por parte de científicos y expertos de renombre internacional, se convirtió en algo arriesgado, incluso peligroso, en un país en el que el conformismo era fomentado por los medios de comunicación nacionales". Según los autores del estudio, existía un "problema de evasión de responsabilidades, gobierno autocrático, encubrimiento y secretismo" similar a la "sovietización" política. "Se esperaba una confianza unidireccional en las "autoridades" por parte de toda la población", explican. "La protección de la "imagen sueca" a nivel nacional e internacional parecía ser más importante que la protección de la vida de los habitantes de Suecia, incluidos los trabajadores sanitarios, los ancianos, las personas con factores de riesgo (por ejemplo, comorbilidades), los grupos minoritarios y las personas socioeconómicamente menos favorecidas. Así lo demuestra el elevado exceso de mortalidad en estos grupos, la falta de equipos de protección personal adecuados y la denegación de asistencia sanitaria. Sigue habiendo una falta de conciencia ética y de capacidad para incluir el razonamiento ético en los procesos de toma de decisiones; y una falta de compasión por las víctimas de la pandemia".

El informe nunca lo menciona explícitamente, pero, como es bien sabido, el arquitecto de la estrategia sueca contra los cóvidos es el ex epidemiólogo estatal Anders Tegnell, de 65 años. "Antiguo" porque dimitió el 9 de marzo, poco antes de la publicación del estudio sobre el fracaso de su estrategia. En ese momento, la Agencia de Salud Pública sueca dijo que Tegnell había dimitido para ir a trabajar como "experto de alto nivel de la Organización Mundial de la Salud" para coordinar la vacunación contra el Covid en los países pobres. Luego, tras la publicación del informe en Nature, tuvo que rectificar y explicar que el anuncio del nombramiento había sido prematuro: "Pensábamos que el proceso había terminado, pero ahora nos damos cuenta de que fue un error por nuestra parte", dijo el portavoz Christer Janson a la agencia de noticias Bloomberg. "La OMS pidió a Suecia apoyo técnico para esta asociación recién creada, y como nombramos a Tegnell en coordinación con el gobierno sueco pensamos que todo estaba resuelto".                (Elena Tebano, Corriere della Sera, 12/04/22)

25.3.22

Badiola: «¿’Gripalizar’ la Covid? Qué grave error»... Tenemos el caso de Dinamarca, donde tras un mes de eliminar todas las restricciones, la incidencia se disparó hasta más de 4.000. Está claro que bajar la guardia cuando no toca tiene graves consecuencias... Yo mantendría la mascarilla en interiores hasta los meses del verano

 "El epidemiólogo y veterinario Juan José Badiola adquirió una gran notoriedad, y un reconocido prestigio público, durante la recordada «crisis de las vacas locas» de 1996, pero también se ha convertido a lo largo de los dos últimos años en uno de los expertos de referencia en el seguimiento de la pandemia de Covid-19.

Al frente del Centro de Enfermedades Transmisibles de la Universidad de Zaragoza, y con su habla pedagógica y siempre cercana, este veterano investigador llama a no bajar la guardia aún contra este virus.

 Ahora mismo tenemos una IA de 430 casos 14 días/100.000 habitantes, es un nivel de «riesgo alto», y de hecho la incidencia parece que deja de bajar y se estabiliza en esta «meseta». Pero por otra parte tenemos a una variante ómicron dominante, predecible y menos virulenta, al 92,4% de la población diana con la pauta completa de la vacuna, y la situación en los hospitales está controlada en términos generales. Algunas voces ya señalan que -al menos en España- podemos dar la pandemia por finalizada, o casi. ¿Coincide o discrepa?

Yo no soy tan optimista. Con los datos que acabas de decir, hay que subrayar que la tendencia se ha empezado a revertir, incluso parece que la tendencia empieza levemente a incrementarse. Entonces hay que ver qué va a pasar, y no precipitarse.

El problema es que las administraciones están adelantando mensajes a la población que no son oportunos. Es un error de comunicación política. Si a la gente se le transmite la idea de que esto ya está superado, que la ómicron no es para tanto, ¿qué perciben los ciudadanos? Que la pandemia ya se ha acabado, que ya no hay que preocuparse. Y eso está reforzado porque ahora se ponen de primer plano cuestiones realmente muy preocupantes para la gente: la inflación, el precio de la electricidad, del combustible, la guerra en Ucrania… Todo eso no debe ocultar que la pandemia no se ha acabado.

Y es como la pescadilla que se muerde la cola, un círculo vicioso. Si la tendencia era a la baja, pero la gente interpreta -por los mensajes que se lanzan desde las administraciones- que esto está encarrilado, y que la tendencia irremisible es hacia abajo, pues te relajas. Es una reacción humana más que lógica, después de dos años de pandemia, pero eso favorece que suban otra vez los contagios. Y entonces se vuelve en contra del mensaje tranquilizador que se quiere dar. Una cosa es decir que con estas cifras no hay que decir cada día los casos que hay, que la monitorización no va a ser tan intensa, que vamos por el buen camino, que la situación en los hospitales está controlada, que estamos saliendo… pero otra es dar el mensaje de bajar la guardia.

 Afortunadamente en España hay mucha gente con sentido común y con prudencia, y que sigue aplicando los mecanismos básicos de prevención. Por ejemplo, en mi barrio de Zaragoza, San José, un barrio popular, la mayoría sigue llevando mascarilla por la calle, en exteriores, por si las moscas. En fin, no cocinemos la liebre antes de haberla cazado.

En todo caso, una pandemia es un fenómeno mundial. La alta incidencia en otras áreas del planeta, especialmente las más subdesarrolladas, hacen que puedan surgir en cualquier momento nuevas variantes que compliquen la situación. ¿Podemos dar por cerrada la pandemia en España mientras el virus sigue propagándose y mutando por el mundo?

Por supuesto que no. De aquí a mayo-junio, cuando mejore el tiempo, haya más horas al aire libre y bajen las posibilidades de contagio, faltan aún dos meses y medio. Nada garantiza que en ese lapso de tiempo no surja una nueva variante que cambie el panorama. En muchos países del mundo el virus sigue circulando sin cortapisas porque los porcentajes de vacunación son bajísimos. Hablo de países tan cercanos como los del Magreb. Mientras eso ocurra, la posibilidad de que surjan nuevas variantes es alta, y puede ocurrir que una de ellas cambie el escenario. Y por eso hay que intensificar la vacunación mundial, y mientras eso ocurra, ser cautos en países como el nuestro que tiene una situación relativamente benévola.

Ejecutivo y comunidades hicieron hace pocos días la «declaración de Zaragoza», que pone la primera piedra de la nueva estrategia sobre Vigilancia en Salud Pública. ¿En qué consiste esta nueva estrategia?

Pues consiste básicamente en «gripalizar» la pandemia, esa palabra tan fea que quiere decir tratar al coronavirus como al virus de la gripe. Y esto es un gran error. Otro grave error. Parece mentira que a estas alturas lo cometan gente que sabe de esto, directores de salud pública de comunidades autónomas.

 Me explico. Los virus de la gripe son muy conocidos. Sabemos que a lo largo de la historia han demostrado un enorme potencial para producir pandemias, como la tristemente conocida como «gripe española», la de Hong Kong, la aviar… Esos virus son poco fiables, mutan mucho, pero los conocemos y están muy vigilados. Hay un sistema de seguimiento mundial de los virus de la gripe, laboratorios que colaboran con la OMS, que están analizando permanentemente las cepas de la gripe que salen cada año, su genómica, y cómo se propagan, en qué dirección. ¿Ese sistema de monitoreo, de seguimiento mundial, existe para el coronavirus? No, ni en sueños. Hay un sistema de muestreo y alerta, pero no es lo mismo ni mucho menos.

Segundo: las vacunas de la gripe están muy desarrolladas y son muy eficaces, incluso para prevenir la infección. Las vacunas de la Covid se han desarrollado en tiempo récord, son eficaces para proteger de la enfermedad grave, salvan vidas, pero no están al mismo nivel de desarrollo que las de la gripe, no previenen del contagio ni cortan totalmente la transmisión. Tercero: este sistema de vigilancia que se propone está basado en el número de casos graves. Pero si hubiéramos monitoreado a la actual variante predominante por el número de casos graves, ¿qué habríamos pensado de ómicron? Pues como es una variante afortunadamente de menor patogenicidad, podríamos haber pensado que no tenía importancia, y ha sido la protagonista de la ola de contagios más intensa de toda la pandemia. Con la ómicron se ha contagiado hasta el apuntador.

 Y hay más. Los que nos hemos vacunado de la tercera dosis en diciembre, a los seis meses, en junio ya habrán bajado los anticuerpos neutralizantes en sangre. ¿Otra vez a las dosis de refuerzo, vamos a estar vacunándonos cada seis meses? ¿Con qué vacuna? ¿Con las mismas? Tendremos que desarrollar vacunas que aporten ventajas sobre las primeras, que sea multivariantes, o que consigan protegernos contra el contagio.

Muchos médicos, y organizaciones profesionales, sobre todo las de atención primaria y de médicos de familia, ya han manifestado su desacuerdo con este tratamiento de «gripalización» de la pandemia. Por eso yo creo que está habiendo una evidente precipitación por quemar etapas, y creo que no parte de las CCAA, que algunas son más cautas por la cuenta que les trae, sino del propio Ministerio.

Yo, personalmente, hoy por hoy, salvo que me demuestren lo contrario, discrepo de esta forma de enfocar «como si fuera una gripe» el tratamiento de la pandemia para la situación actual. Me parece prematuro. Es un virus poco previsible. Hay todavía demasiadas incógnitas, demasiados supuestos que están cogidos con alfileres, como para tomar ya la decisión de tratar al Covid como un virus respiratorio estacional. A ver si nos tenemos que echar marcha atrás, no sería la primera vez que ha pasado.

 Tenemos el caso de Dinamarca, donde tras un mes de eliminar todas las restricciones, la incidencia se disparó hasta más de 4.000. Está claro que bajar la guardia cuando no toca tiene graves consecuencias. ¿Qué condiciones se deben cumplir para que haya una relajación -con la debida prudencia- en las medidas clásicas como son las mascarillas en interiores, los aforos, etc…?

Que estuviéramos en una incidencia baja, o muy baja, de manera continuada y sostenida, durante varias semanas. Hablo de una IA de 30, de 40 casos. Yo no espero en el corto ni medio plazo la desaparición completa del virus, pero si la bajamos a ese nivel bajo, pues se pueden eliminar ciertas medidas básicas. Yo la de la mascarilla en interiores creo que debe acompañarnos un tiempo, creo que es la que más protege de la propagación del virus. En exteriores es irrelevante, pero en interiores es fundamental.

 Yo mantendría la mascarilla en interiores hasta los meses del verano, hasta la llegada del buen tiempo, mayo o junio mejor. Porque si quitas ahora la obligatoriedad de la mascarilla en interiores «menos en el transporte público», a mucha gente «se le va a olvidar» echársela al bolsillo, no sé si me entiendes. Si das ese mensaje con la medida más básica y eficaz de todas, estás dando el mensaje de la relajación. Y no hay que bajar la guardia antes de tiempo. Yo creo que hay que trabajar para que con la llegada del verano, del calor, con los meses del aire libre al sol, la incidencia sea muy baja y podamos estar en condiciones reales de relajar las medidas básicas."               

(Entrevista a Juan José Badiola, experto en Enfermedades Transmisibles de la Universidad de Zaragoza, Pablo M. Escanciano, De Verdad Digital, 21/03/22)

 

16.3.22

Así es como el mundo habría podido evitar la pandemia de la COVID-19... Corea del sur se apresuró a tomar medidas, y lanzr una campaña masiva de pruebas —llevaban desde enero preparando su capacidad de testeo—, con la posibilidad de hacerse la prueba sin salir del coche, y el rastreo vigoroso de los contactos. Corea venció un brote potencialmente catastrófico, y siguió limitando sus casos. Tuvieron menos de 1000 muertos en todo 2020. En Estados Unidos, eso se habría traducido en menos de 7000 muertos por la COVID-19 en 2020. En cambio, las muertes furon más de 375.000

 "(...)  Lo que podría haber pasado: los funcionarios podrían haber implementado estrategias de mitigación efectivas y tempranas

El resto del mundo podría haber entendido el virus como lo hicieron los funcionarios japoneses. Basándose en sus deducciones, a las que llegaron en febrero de 2020, de que la COVID-19 se transmitía sobre todo por el aire, se propagaba de forma asintomática cobraba impulso mediante focos de contagio, para principios de marzo ya estaban recomendando llevar la mascarilla, y a insistir en la necesidad de la ventilación y a aconsejar a la población que evitara las tres ces: espacios cerrados, lugares concurridos y entornos de contacto cercano.

Los estadounidenses, en cambio, desinfectaban los productos de sus compras, y la OMS siguió insistiendo en el lavado de manos y la distancia social, o mantenerse a dos metros de los demás. Japón ha tenido unas 25.000 muertes por COVID-19, que equivaldría a un poco menos de 66.000 en un país del tamaño de Estados Unidos.

Hacer pruebas de manera masiva podría haber detectado a las personas contagiosas antes de saber que estaban enfermas e incluso a las que nunca habían tenido síntomas. Con ventilación y sistemas de filtración del aire se podrían haber hecho más seguros los espacios interiores.

En vez de cerrar los parques, se podrían haber trasladado las actividades al exterior cuando el clima lo permitiera, puesto que la ventilación natural es más efectiva para disipar el virus. Se podría haber entendido antes la función fundamental de las mascarillas, además de los beneficios de aquellas de mejor calidad. En vez de gastar el dinero en barreras de plexiglás —que no impiden totalmente el paso de los aerosoles e incluso pueden crear zonas muertas sin ventilación—, los colegios podrían haber empezado a actualizar sus sistemas de ventilación y climatización, y a instalar filtros de aire HEPA, que pueden filtrar los virus. Se podría haber adoptado la estrategia de Japón de apuntar a los focos de contagio.

 Además, aunque es más fácil acabar con una epidemia si se actúa pronto, es su propagación silenciosa y los supercontagios lo que hace aún más importante reaccionar a tiempo, como demuestra la respuesta temprana de Corea del Sur.

Corea del Sur experimentó varios supercontagios en febrero de 2020, incluido uno en una iglesia secreta de Corea del Sur, donde se registraron más de 5000 contagios, se cree que derivados de una sola persona. El país tenía el mayor número de casos fuera de China en ese momento.

Los funcionarios surcoreanos se apresuraron a tomar medidas, y lanzaron una campaña masiva de pruebas —llevaban desde enero preparando su capacidad de testeo—, con la posibilidad de hacerse la prueba sin salir del coche, y el rastreo vigoroso de los contactos.

Corea del Sur venció ese brote potencialmente catastrófico, y siguió limitando en gran medida sus casos. Tuvieron menos de 1000 muertos en todo 2020. En Estados Unidos, eso se habría traducido en menos de 7000 muertos por la COVID-19 en 2020. En cambio, los cálculos sitúan la cifra de muertes en más de 375.000.

Lo que pasó: cuando se desarrollaron las vacunas, los países ricos las acapararon

El mayor logro científico de la pandemia ha sido quizá el rápido desarrollo de vacunas seguras y efectivas.

En enero de 2020, el CEO de BioNTech, Ugur Sahin, empezó a diseñar vacunas en cuanto leyó el estudio de The Lancet que señalaba la existencia de casos asintomáticos, lo que lo convenció de que probablemente habría una pandemia. Entonces convenció a Pfizer, su inversor, al principio escéptico, para que lo respaldara.

El 15 de mayo de 2020, Estados Unidos puso en marcha la Operación Máxima Velocidad, con la que financió el desarrollo de seis vacunas candidatas. Cinco de ellas resultaron ser altamente efectivas, sin ninguna garantía previa. La primera en producir unos resultados espectaculares fue la de Pfizer y BioNTech. La de Moderna le siguió poco después.

El suministro fue un problema inmediato. Al principio, Pfizer calculó que produciría hasta 1350 millones de dosis en 2021, suficientes solo para que el 8,5 por ciento de la población mundial recibiera las dos dosis. No se esperaba que Moderna, una compañía mucho más pequeña, pudiese superar eso. La vacuna de AstraZeneca tampoco podría salvar la brecha con la rapidez necesaria.

Además, hubo un compromiso insuficiente para que las vacunas se distribuyeran de manera justa en todo el mundo.

En cambio, fueron los países ricos que habían hecho pedidos anticipados o habían financiado la investigación los que recibieron la mayoría de las dosis iniciales.

La producción de vacunas aumentó, pero con lentitud. No hubo un consorcio o una puesta en común de recursos para redoblar los suministros. La tecnología no se transfirió a los países de renta baja y media. No se liberaron las patentes. La iniciativa de la OMS para conseguir vacunas para los países más pobres, conocida como Covax, no fue capaz de comprar las dosis necesarias, y las donaciones que se realizaron fueron insuficientes y caóticas.

Después, en un giro de los acontecimientos en gran medida inesperado, empezaron a aparecer peligrosas variantes del coronavirus a finales de 2020: alfa, delta y después ómicron.

Una vacunación generalizada más temprana podría haber ayudado a limitar la posibilidad de que surgieran estas variantes. Además, pueden haber aparecido muchas variantes a través del contagio persistente de las personas con inmunodeficiencia, como las que tienen el VIH y no reciben tratamiento, otro terrible legado de la desigualdad sanitaria mundial.

Lo que podría haber pasado: se redobla el suministro de vacunas, con una distribución razonable

Los líderes políticos de los países ricos deberían haber juntado a los fabricantes de vacunas para arreglar una serie de condiciones y acuerdos que solo se pueden alcanzar con la presión de los gobiernos: centros de fabricación compartidos, formación de expertos y puesta en común de la propiedad intelectual. La transferencia tecnológica a los países más pobres podría haber logrado el objetivo último: un mundo donde muchos países pueden producir vacunas efectivas. Los fabricantes de vacunas ya existentes seguirían obteniendo ganancias importantes, sobre todo teniendo en cuenta que ellos, también, se han beneficiado de la financiación pública de la investigación.

Los países pueden querer vacunar primero a sus propios ciudadanos, incluso a los que corren mucho menos peligro. Sin embargo, para salvar la mayor cantidad de vidas posible, se deben establecer las prioridades a nivel mundial. Los profesionales sanitarios, las personas mayores y las que corren un alto riesgo son las primeras a las que se debería haber vacunado.

Se podrían haber empezado de inmediato los ensayos clínicos para valorar si se podría funcionar bien con un retraso de la segunda dosis, y permitir un reparto geográfico más amplio de las dosis. Los resultados iniciales sobre el efecto protector de las primeras dosis fueron alentadores.

Algunos países, como Canadá y Gran Bretaña, sí prolongaron el periodo entre las dosis como estrategia para vacunar a más de sus ciudadanos, con buenos resultados. Se protegió rápidamente a más de su población vulnerable. Además, según habían predicho algunos inmunólogos, con unos intervalos más largos la gente sigue estando protegida: en parte, se había establecido un periodo inusualmente breve entre las dos primeras inyecciones para acelerar los ensayos. Sin embargo, en Estados Unidos, no se pudo estudiar o poner en marcha esas estrategias adaptativas.

Lo que es necesario que pase

Cuando termine la pandemia, la tentación será pasar página y recuperar lo que había sido la vida normal. Estará bien que así sea para cada persona. En cambio, las grietas descubiertas en nuestros gobiernos e instituciones sanitarias públicas por dos años de inercia, errores y resistencia a la evidencia hacen que sea fundamental una amplia y rigurosa disección de lo sucedido si es que queremos corregir el curso en futuros desafíos.

Los comités nacionales e internacionales tienen que ayudarnos a ver dónde nos equivocamos, sin recurrir a chivos expiatorios, y cómo responder ante futuros brotes, sin ponerse a la defensiva y justificar lo que hicieran las autoridades de la salud pública y los dirigentes nacionales durante este tiempo, aunque fuese bienintencionado. En algunos países, sería fácil concentrarse solo en dirigentes políticos como el presidente Donald Trump, quien perjudicó gravemente la respuesta estadounidense. Pero los altos funcionarios de la salud, los científicos de alto nivel y los gobernadores de los estados dieron muchos pasos en falso por el camino. En un momento de creciente desconfianza internacional, tenemos que trabajar para aumentar la confianza y la cooperación mutua. Tenemos que entender mejor cómo incorporar rápidamente la evidencia científica a las políticas públicas en la materia, y entender mejor la reacción humana ante unos sucesos tan importantes y complejos.

Si podemos hacer eso, salvar vidas y mitigar el sufrimiento en el futuro, no compensará las pérdidas y las adversidades que hemos padecido en los dos últimos años. Pero sí podemos decir al menos que hicimos lo posible por aprender de ello; que ese sea un legado positivo de todo esto."         

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