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17.5.18

La situación argentina se remonta a los comienzos del ciclo macrista, cuando la Casa Rosada decidió desregular la economía, eliminando impuestos a las mineras, la producción rural, el sector financiero y abrir la economía de par en par a las importaciones

"(...) Con una economía que no crece y una inflación aún no dominada, el gobierno decidió a partir de mayo imponer un gravamen a la renta financiera de los capitales extranjeros. Esa fue la luz roja y las alarmas se dispararon cuando la tasa de interés en Estados Unidos subió a fines de abril. 

En ese momento las monedas de países emergentes decidieron acompañar esa suba del dólar, menos Argentina que de la mano de Sturzenegger decidió clavar el dólar por indicación expresa de Macri para evitar un crecimiento de la inflación que impactara en los productos de la canasta básica de alimentos.

 “Eso retrasó el valor del dólar en Argentina y quedamos mal parados frente al resto de la región y otras economías emergentes”, señalaron economistas como José Luis Espert y Juan Carlos de Pablo, que suelen estar en sintonía con el gobierno. 

Secuelas de la desregulación

Sin embargo, para otros analistas (véase entrevistas con Matías Kulfas, Arnaldo Bocco y Mercedes Marcó del Pont) la situación se remonta a los comienzos del ciclo macrista, cuando la Casa Rosada decidió desregular la economía, eliminando impuestos a las mineras, la producción rural, el sector financiero y abrir la economía de par en par a las importaciones. “La desregulación económica le quitó herramientas al Estado para operar sobre este tipo de contingencias financieras”, aseguró Arnaldo Bocco a Brecha.

El mediodía del pasado martes Mauricio Macri anunció la reanudación de relaciones económicas con el Fmi a través de una cadena de préstamos disponibles a la brevedad. “Nuestra economía depende de los flujos externos y esas son variables que no dominamos”, dijo y reconoció que la creciente valorización del dólar, las subas en el precio internacional del petróleo y una trasmisión de ganancias de países emergentes hacia países centrales industrializados han generado cambios en la economía mundial.

 “Con eso no podemos hacer nada”, concluyó en su discurso. La eliminación de regulaciones a la economía con la idea de generar una lluvia de inversiones extranjeras de grandes firmas fue anunciada por Macri ya en la reunión del Foro Económico Mundial de Davos en enero de 2016, cuando participó como presidente. 

Desde entonces decretos y leyes acompañadas por buena parte de la oposición, fueron eliminando regulaciones para los actores económicos más importantes, como los productores rurales y el sector financiero y bancario. No así para las industrias locales y extranjeras que ya en marzo de 2016 advirtieron sobre los riesgos de una apertura indiscriminada de la economía nacional.

 Para Macri la fragilidad argentina depende de las variables económicas de los mercados, por eso se hace necesario recurrir al Fmi.  (...)

La idea es alejar cualquier recuerdo de aquellas relaciones con el Fmi, encabezado por Michel Camdessus en tiempos menemistas, que resultaron en el estallido social argentino de 2001. (...)

Argentina ingresó como socio del Fmi en 1956, durante el gobierno de la llamada Revolución Libertadora que derrocó a Juan Domingo Perón un año antes. Desde entonces la relación siempre fue tensa y con derrotas para la economía del país. (...)

Las dictaduras de Juan Onganía y Jorge Videla aceptaron a rajatabla sus recetas, los presidentes radicales Arturo Illia y Raúl Alfonsín ensayaron gestos infructuosos de rebeldía y el peronismo de 1973 cuestionó la permanencia del país en la institución. Los peronistas Carlos Menen y Eduardo Duhalde firmaron acuerdos de refinanciación de deuda y sólo Néstor Kirchner pagó toda la deuda con el Fmi, en 2006, para evitar condicionamientos económicos durante su gobierno. Ahora Macri retoma la senda del endeudamiento y el consiguiente ajuste con una previsible agudización del conflicto social."                 (Fabián Kovacic, Sin Permiso, 13/05/18)

10.2.17

Trump se va cargar la regulación bancaria Dood Frank y debería importarnos

"Si el algún momento alguien pensó que Trump iba a transferir el poder de Washington al pueblo, como aseguró en su investidura, me temo que estaba muy equivocado. 

Si algo parece fuera de dudas, tras la intensa actividad desplegada desde su aterrizaje en la Casa Blanca, es que los tradicionales lobbys de Washington están siendo las niñas de sus ojos. Desde las empresas petroleras a las constructoras, pasando por el sector sanitario. 

Las últimas en sumarse a la fiesta de favores públicos han sido las grandes firmas financieras, y eso a pesar de que a lo largo de su campaña, Trump prometió a los votantes no gobernar en favor de Wall Street. (...)

Estamos hablando de recortar la amplísima legislación desplegada por la administración de Barack Obama para controlar los excesos de la actividad bancaria que habían originado la crisis financiera. Más de 24.000 páginas que desarrollan alrededor de 400 medidas diferentes, de las cuales todavía el 30% está sin implementar. Desde su aprobación en 2010, esta medida tiene en contra a las viejas guardias de Wall Street y a los economistas y políticos más liberales del país.

Por ello, esta noticia no debería pillar por sorpresa a nadie. Donald Trump ha criticado en diversas ocasiones esas medidas. “Tengo amigos que no pueden lanzar empresas debido a que los bancos no quieren prestarles dinero a causa de las reglas y controles de la ley Dood Frank”, ha dicho el nuevo inquilino de la Casa Blanca para justificar este regalo a Wall Street.

Por otro lado, Trump ha configurado un equipo de económico con amplia representación de ex empleados de Goldman Sachs, el poderoso banco de inversión estadounidense de cuyos tentáculos hemos hablado en otras ocasiones en El Blog Salmón.

Tras casi ocho años alejados del poder, era cuestión de tiempo que tras su nuevo desembarco en los puestos clave de la política económica abordaran una reforma de un sistema regulatorio con el que nunca han estado de acuerdo. La Ley Dood Frank responde a la necesidad de evitar que vuelvan a ocurrir episodios como la caída de Lehman Brothers. Además, muchas de sus medidas están encaminadas a proteger a los pequeños inversores de los abusos de la banca.

Los grandes banqueros, en cambio, siempre la han visto como un corsé para desarrollar su negocio y recortar sus beneficios. Eso, a pesar de que por ejemplo, Goldman Sachs cerró sus cuentas de 2016 con incremento de beneficios netos del 22%.
 
Aunque el pasado viernes Trump no dio detalles sobre cómo iba abordar el desmantelamiento de Dood Frank existe una previsible la hoja de ruta, escrita incluso desde antes de su conquista de la Casa Blanca. La lideró el actual presidente de la Comisión de Servicios Financieros de la Cámara,el republicano Jeb Hensarling, donde acusaba a la reglamentación de 2010 de farragosa, compleja y excesivamente burocrática y apuntaba las reformas más urgentes que deben acometerse.
 
En base a ellas, podemos esperar:

Adiós a las entidades too big to fail, (demasiado grandes para caer)

Uno de los puntos más conflictivos de la Ley Dood Frank para las grandes entidades financieras ha sido la creación de un Consejo de Supervisión de Estabilidad Financiera ( Financial Oversight Stability Board, FSB). Como su nombre indica es el organismo encargado de supervisar el sistema financiero. Entre sus atribuciones está la de identificar a los famosos “Too big to fail”.

 Es decir, aquellas entidades financieras que por su volumen podrían poner en peligro al sistema financiero estadounidense, en caso de que se volviera a repetir una crisis financiera como la de 2008.

Desde 2010, el FSB ha identificado a este tipo entidades, como entidades de riesgo sistémico ( Systemically importan financial institutions o Sifis, según sus siglas anglosajonas). Normalmente, bancos o financieras con un volumen de negocio superior a los 50.000 millones de dólares. Estas han sido obligadas a incrementar las exigencias de capital, como colchón ante futuras crisis y se les ha sometido a pruebas anuales de estrés (...)

Recortes de cobertura para los consumidores


La Oficina Financiera del Consumidor (CFPB), creada por la Ley Dood Frank, ha resultado muy incómoda para la banca en los últimos años. Encargada de supervisar la relación entre bancos y clientes no le ha temblado el pulso en denunciar y multar aquellas prácticas poco éticas con los clientes. Han sido objetivo de su escarnio público, por ejemplo, el Banco Santander, multado con 10 millones de dólares por engañar a clientes y suscribirlos a un servicio de cobertura de descubiertos que no habían solicitado (...

El fin de la Regla Volcker
Tampoco parece quedarle mucho recorrido a una de las medidas estrella implantadas por Obama: La Regla Volcker. Esta prohíbe que una misma entidad pueda hacer trading con activos de clientes y al mismo tiempo con los suyos.

Obama apostó por esta medida, copiada de las implantadas tras la crisis de 1929, para obligar a que los gestores de carteras invirtieran pensando en el beneficio de sus clientes y no en el suyo propio.(...)
Flexibilizar el control sobre los mercados de derivados OTC 
Como consecuencia de la Ley Dock Frank, a partir de 2013 también se incrementó la regulación sobre los borkers intermediarios de operaciones fuera de mercado, lo que en jerga financiera se conoce como OTC, de cuya supervisión se ha encargado la Commodity Futures Trading Comission (CTFC).

 Entre los nuevos requisitos que impuso Dood Frank a este sector están la obligación de liquidar las operaciones a través de una cámara de compensación. Exigencias de colaterales como garantía en las operaciones o la necesidad de designa un director de cumplimiento para supervisar el cumplimiento de la legislación en cada entidad.  (...)

Solo reglas rentables

Finalmente, el documento de Jeb Hersaling mostraba su disconformidad con los rescates realizados por el Estado americano y el coste para los contribuyentes. Curiosamente, esta es una de las pocas cosas en la que coinciden las demandas del sector financiero con las expresadas por los anticapitalistas de Ocuppy Wall Street.

Para evitar que los contribuyentes tengan que asumir los excesos de los bancos privados o de decisiones políticas determinadas, Hersaling propone implantar la obligación de que cada nuevo reglamento financiero que se presente deba ser sometido a una prueba de costes y beneficios antes de su implantación.(...)"               (Pilar Blázquez, El blog salmón, 09/02/17)

1.12.16

Estamos en una recesión estructural de la que no hay plazos de salida. Este ciclo histórico recesivo dura ya más de 25 años, y no se ven elementos de superación

"La crisis actual en la economía internacional, iniciada en 2008 en el centro del sistema capitalista, no tiene plazo para terminar.

Genera desconcierto, agotamiento de argumentos y fórmulas, tasas de interés negativas y tasas de interés estratosféricas: ya nadie sabe cómo reaccionar, nada resuelve. Es ya como si la crisis recesiva estuviera naturalizada.

Porque en verdad no se trata de una crisis coyuntural, aunque prolongada, en la que el mismo mercado, depurándose de los más frágiles, recompone la economía para volver a un ciclo expansivo. Se trata de un ciclo largo recesivo al que el capitalismo internacional ingresó cuando se agotó el ciclo largo expansivo de la segunda pos guerra, alrededor de las décadas de 1970/1980, en el cual sigue.

Además de los ciclos cortos, caracterizados por Marx, como típicos del proceso de acumulación de capital, el economista ruso Nicolás Kondratieff agrupó a esos ciclos en conjuntos, algunos con tendencia expansiva, otros con tendencia recesiva, llamándolos ciclos largos.

El ciclo largo de la segunda pos guerra, que va hasta alrededor de los años 1970/1980 del siglo pasado, fue un ciclo largo expansivo, la edad de oro del capitalismo, según Eric Hobsbawm. Crecían virtuosamente todos los principales sectores de la economía mundial: Estados Unidos, Alemania, Japón, América Latina (Argentina, México, Brasil, principalmente), el campo socialista.

 Un ciclo largo en el que el sector hegemónico en la economía fue el de las grandes corporaciones industriales monopolistas internacionales, con la industria automotriz como modelo más característico. Cuando ese ciclo se agotó, vino el debate sobre sus causas y cómo superarlas. 

Triunfó el diagnóstico neoliberal, con su propuesta de desregulación y libre comercio, menos Estado y más mercado, menos derechos y más mercantilización. Como resultado, se desplazó el eje del proceso de acumulación hacia el capital financiero, bajo su forma especulativa. Porque el capital busca realizarse donde tiene más ganancias, en plazos más cortos y con menor tributación.

El rol hegemónico del capital financiero explica que se trate de un ciclo largo recesivo, porque la especulación no genera ni bienes, ni empleos, vive de la compra y venta de papeles y del endeudamiento de gobiernos, empresas y personas. (...)

Es una recesión estructural, característica de este ciclo histórico y del cual no hay plazos de salida. Al contrario de los otros ciclos largos que, agrupados tendían a durar más o menos 25 años, este ya dura bastante más que eso, y aun no se avizoran elementos de su superación. 

 Una vez establecida la desregulación y la libre circulación de capitales, no hay forma de retornar a modalidades de regulación. Es como si el conjunto del sistema fuera arrastrado por la lógica de la especulación financiera, sin formas de contenerla.

En 2008, cuando irrumpió la profunda y prolongada recesión actual, Obama afirmó que habría que ”salvar a los bancos”, caso contrario el techo caería sobre la cabeza de todos. Los bancos fueron salvados, están más fuertes que nunca, mientras son los países los que han quebrado: Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia.  (...)

Al tiempo en que en Europa comienzan a surgir fuerzas que se oponen a las políticas de austeridad, forma que asume el ciclo largo recesivo en ese continente. De la alianza entre los Brics incluyendo a los gobiernos progresistas de América Latina y fuerzas nuevas de Europa, es que puede surgir un horizonte político de superación del ciclo largo recesivo actual del capitalismo."               (Emil Sader, 07/11/16)

14.11.16

La gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora ha votado por Trump, que fue el que acentuó más el discurso de clase. Trump se presentó como el defensor del mundo del trabajo

"Lo que ha ocurrido en EEUU con la elección del candidato republicano, el Sr. Donald Trump, era predecible. Y así lo había yo indicado en un artículo reciente (ver “De lo que no se informa y/o se conoce sobre las elecciones en EEUU”, Público, 18.10.16). 

En realidad, la posibilidad de que ocurriera lo que ha ocurrido se ha ido fraguando desde los años noventa, cuando el partido Demócrata, bajo la presidencia del Sr. Bill Clinton, aplicó toda una serie de políticas de clara sensibilidad neoliberal (hasta entonces patrimonio del Partido Republicano), algo que también ocurrió en el Reino Unido cuando el Sr. Tony Blair, dirigente del Partido Laborista, adoptó las medidas neoliberales que había propuesto la Sra. Thatcher, dirigente del Partido Conservador.  (...)

 Estas políticas neoliberales significaron un cambio notable de las políticas del Partido Demócrata heredadas del New Deal establecido por el presidente Roosevelt, y que justificaban que tal partido se presentara como el “partido del pueblo llano” frente al instrumento político del gran empresariado, representado por el Partido Republicano. 

 Tales políticas del New Deal (y más tarde de la Great Society) fueron sustituidas por políticas neoliberales llevadas a cabo por el presidente Clinton, las cuales incluyeron la desregulación en la movilidad del comercio y del capital financiero, iniciándose toda una serie de tratados referidos como tratados de libre comercio, de los cuales el más importante fue el Tratado de Libre Comercio entre EEUU, Canadá y México, conocido en inglés como NAFTA. 

Tal tratado era altamente impopular entre los sindicatos y entre las bases electorales del Partido Demócrata, lo cual explica que la mayoría de los miembros del Partido Demócrata en el Congreso no votaran a su favor.

Solo los procedentes del sur de EEUU (que suelen ser los más conservadores) apoyaron dicho tratado, junto con la mayoría de los miembros del Partido Republicano. Tal aprobación significó un giro importante en las políticas del supuesto “partido del pueblo”, el cual dañó, como era predecible, a los trabajadores de los sectores manufactureros (los sectores mejor pagados dentro de la fuerza laboral en EEUU), pues vieron sus trabajos desplazados a Méjico cuando sus empresas se trasladaron a aquel país, perdiéndose con ello millones de buenos empleos en EEUU. 

Fue así como el Partido Demócrata favoreció extensamente el tipo de globalización económica que hemos conocido desde los años ochenta y noventa (iniciado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher).

 Este globalismo ha sido uno de los elementos que ha debilitado más a la clase trabajadora, pues el mundo empresarial ha utilizado contra el mundo de trabajo la amenaza de desplazarse a otros países en caso de no obtener concesiones en forma de bajada de salarios, de recortes en su protección social y de deterioro de sus condiciones de trabajo. (...)

 Tal globalización contribuyó al alejamiento de la clase trabajadora del Partido Demócrata. En realidad, la pérdida de la mayoría del Partido Demócrata en el Congreso (incluyendo el Senado) se debió a la masiva abstención de la clase trabajadora en las elecciones al Congreso del 1994, después de que el presidente Clinton aprobara en 1993 el NAFTA con el apoyo mayoritario del Partido Republicano. Fue entonces cuando ya se inició el enfado de la clase trabajadora. 

Como bien ha comentado el politólogo Thomas Frank en su libro Listen, Liberal, a medida que el Partido Demócrata fue distanciándose de la clase trabajadora, fue aumentando la influencia de la clase media profesional (personas con estudios superiores, incluyendo los universitarios) en los aparatos de tal partido.

 En realidad, fue el crecimiento de esta influencia, ejemplificada por la Administración Clinton, la que causó el distanciamiento de la clase trabajadora, algo semejante a lo que ha estado ocurriendo con los partidos socialdemócratas en Europa. (...)

Mientras las rentas del trabajo disminuían, las rentas derivadas del capital fueron subiendo, habiendo alcanzado niveles nunca vistos desde los años treinta del siglo XX (causa, por cierto, de la Gran Depresión).

Otra política pública introducida por el presidente Clinton fue la desregulación de la banca, eliminando la separación entre la banca comercial y la banca de inversión (y que exigía la Ley Glass-Steagall aprobada durante el mandato del presidente Roosevelt), medida propuesta por su Secretario del Tesoro (equivalente al Ministro de Finanzas), el Sr. Robert Rubin, que había sido codirector de la banca Goldman Sachs antes de incorporarse al gobierno del presidente Clinton. 

Esta medida desreguladora tuvo dos impactos sumamente negativos para el bienestar de las clases populares (y de la economía). Tal desregulación del capital financiero favoreció las burbujas especulativas, de las cuales la inmobiliaria afectó particularmente a la clase trabajadora y a las clases medias de renta baja, que tuvieron que endeudarse profundamente para pagar precios abusivos de las viviendas, resultado del carácter especulativo de las inversiones inmobiliarias. 

Esta desregulación bancaria era resultado de la complicidad nueva que se estableció entre Wall Street y el Partido Demócrata, que ha sido una constante de la Tercera Vía, iniciada por Clinton y continuada por Obama.

El resultado de tal complicidad es el rescate que el gobierno federal hizo de la banca cuando las burbujas especulativas estallaron, poniendo en peligro la viabilidad del sistema financiero, que estaba metido en la especulación hasta la médula. Es significativo resaltar que ningún banquero haya ido a la cárcel, a pesar de haber cometido delitos graves que afectaron muy negativamente el bienestar de las clases populares. 

En realidad, el enorme crecimiento de las rentas del capital se debe, en parte, a la gran expansión del capital financiero basada en un enorme endeudamiento de las clases populares, consecuencia a su vez del descenso de las rentas del trabajo. Hay que señalar que dirigentes de la empresa Enron terminaron en la cárcel durante la Administración Bush. No así los dirigentes de la banca en la Administración Obama. (...)

Era obvio que se estaba acumulando un enfado que podía apercibirse en el enorme descrédito de las instituciones llamadas representativas en aquel país, y que son ocupadas por una de las clases políticas más estables en el mundo capitalista avanzado, resultado del sistema de financiación, predominantemente privado, del proceso electoral de aquel país, en un sistema bipartidista carente de proporcionalidad y que prácticamente imposibilita la entrada de nuevos partidos.

Tal pérdida de legitimidad se traduce en que la mayoría de la clase trabajadora no vota en EEUU. Tal clase representa aproximadamente el 52% de la población estadounidense (un número bastante próximo a lo que la población señala como su pertenencia, cuando se le pregunta si se considera de la clase alta, la clase media o la clase trabajadora).  (...)

  En realidad, el descenso electoral del Partido Demócrata está muy marcado por el creciente grado de abstención de la población obrera identificada con este partido. El cambio del Congreso de demócrata a republicano que tuvo lugar en el año 1994, que he citado en un párrafo anterior, fue resultado del crecimiento de la abstención obrera en respuesta a la aprobación del NAFTA.

 El cambio de los partidos que electoralmente tenían como base central la clase trabajadora y otros componentes de las clases populares hacia otros sectores y clases sociales (definiéndose a sí mismos como partidos de las clases medias) fue resultado del cambio de composición de los aparatos de tales partidos, con un claro dominio de las clases profesionales, personas con educación superior que asumían que o bien la clase trabajadora estaba despareciendo, o bien se estaba convirtiendo en clases medias.

 Esta llamada “modernización” de tales partidos incluyó la adopción por su parte de elementos de la ideología neoliberal, que había sido transmitida desde los años ochenta por los partidos conservadores y liberales. En realidad, el Partido Demócrata hoy está próximo (sin estar afiliado) a la Internacional Liberal. Clinton fijó esta nueva línea. (...)

La desaparición de clase social como categoría sociopolítica por parte del Partido Demócrata (como también ha ocurrido con la socialdemocracia) implicó el abandono de las políticas redistributivas. El Partido Demócrata (considerado con excesiva generosidad como la izquierda en EEUU) enfatizó, en lugar de políticas de clase, políticas encaminadas a integrar a las minorías y a las mujeres en el sistema político, basando su estrategia política en combatir la discriminación en contra de las minorías (negras y latinas) y en contra de las mujeres. 

Estas políticas fueron, en parte, exitosas en incorporar estos grupos discriminados dentro de las instituciones políticas de carácter representativo y en la administración pública. Pero las mayores beneficiarias de estas políticas fueron personas de clase media de renta alta, sin que en general afectaran al bienestar económico y social de la mayoría de minorías y mujeres, que pertenecían a la clase trabajadora.  (...)

Y las elecciones del pasado 8 de noviembre han mostrado como la gran mayoría de las mujeres de clase trabajadora ha votado por Trump, que fue, de los dos candidatos (Trump y Clinton), el que acentuó más el discurso de clase. 

Trump se presentó como el defensor del mundo del trabajo, haciendo referencia constante a que su gente eran las personas con escasa educación, a las cuales el establishment político del país denominaba como “white trash” (basura blanca). Y el primer punto que subrayó en su discurso en la noche de las elecciones fue que él representaba a las personas olvidadas por el sistema. (...)

Mientras, la Sra. Clinton apelaba a las mujeres, habiendo definido a los seguidores de Trump como “deplorables”, un adjetivo parecido a “basura”.

 En las últimas elecciones hubo la alternativa a Hillary Clinton, que había apoyado todas las políticas de su esposo durante su mandato Se llamaba Bernie Sanders, el candidato en las primarias demócratas, socialista sin complejos, que siempre defendió los intereses de la clase trabajadora, Bernie Sanders, conocido por su integridad y compromiso con las clases trabajadoras, y que apostaba explícitamente por una “revolución política” encaminada a democratizar las instituciones políticas y económicas del país, movilizando a grandes sectores de la clase trabajadora y a la juventud del país. Fue un terremoto dentro del Partido Demócrata, y el aparato de tal partido se movilizó por todos los medios para parar tal candidatura, y ello a costa de perder las elecciones.

 La gran mayoría de encuestas mostraban que Sanders, cuando aparecía frente a Trump, sacaba mucho más apoyo popular que el que Clinton conseguía frente al candidato republicano. Sanders era la única posibilidad de parar a Trump. Y su lenguaje, el de Sanders, era clasista, subrayado la conjunción de intereses de todas las razas y de todos los géneros, unidos en sus reivindicaciones basadas en su clase. 

 Este mensaje hubiera sido imbatible. Pero el nuevo Partido Demócrata era incapaz de presentar esta imagen, pues el aparato estaba claramente conectado con la clase que se sentía amenazada con este enfoque de clase del candidato Sanders.

 La victoria de Clinton en las primarias desmovilizó a los votantes de Sanders, aumentando significativamente la abstención, un aumento que ha sido fatal para Clinton, pues su adversario tenía movilizada a la clase trabajadora blanca y a los grupos extremistas claramente racistas, que apoyaron masivamente a su candidato, y en cambio la candidata Clinton tenía a sus bases desmovilizadas. 

(...) la complicidad de Washington con lo que se llama “clase corporativa” vacía de sentido aquella famosa frase que aparece en la Constitución de EEUU, “We, the people”, debiéndose añadir que no es el pueblo, sino las grandes compañías que dominan la economía estadounidense, las que deciden en el gobierno.

 Y el Partido Demócrata es una fuerza clave en tal entramado. De ahí la necesidad de hacer una revolución política, para democratizar el país. La marginación del único candidato, Bernie Sanders, que hizo tal propuesta, enormemente popular, augura una continuidad de la extrema derecha en el gobierno. (...)

Como era predecible, los grandes medios de información no han explicado ni han entendido lo que está ocurriendo en EEUU. Durante toda la campaña se han centrado en la figura de Trump, presentándolo como un payaso. Es extraordinaria la enorme atención que dieron a este personaje, intentando ridiculizarlo.

 Pero estos ataques movilizaron todavía más a las clases populares que odian a los establishments mediáticos, hecho del cual Trump es consciente. Ni que decir tiene que Trump era y es una persona de gran astucia política, que sabe bien cómo canalizar el enorme enfado popular contra el establishment político-mediático del país.

 Pero si no hubiera habido Trump, hubiera habido otro personaje, tan o incluso más a la derecha que él. En realidad, algunos de los candidatos que derrotó en la campaña electoral en las primarias eran incluso más reaccionarios, queriendo prohibir, por ejemplo, el aborto. (...)

Pero para entender lo que está pasando, hay que entender y conocer lo que ha estado pasando en EEUU, y que, por desgracia, los medios no citan. Presentar lo ocurrido, como he leído en más de un reportaje, como una traición de las mujeres trabajadoras a la causa feminista, es no entender nada de lo que pasa en EEUU. 

Es urgente que las izquierdas, incluyendo los movimientos progresistas en defensa de las minorías y también los movimientos feministas, recuperen el concepto de clase en sus proyectos, pues la mayoría de cada uno de sus sujetos pertenecen a la clase trabajadora y clases medias de rentas medias y bajas, que constituyen la mayoría de la población en EEUU y en cualquier país de capitalismo desarrollado. 

Olvidarse de la clase trabajadora ha sido lo que ha llevado al tsunami que estamos viendo a los dos lados del Atlántico Norte. Así de claro."                (Vicenç Navarro, Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Director del JHU-UPF Public Policy Center, Público, 11/11/16)

22.1.16

Banco de Inglaterra: la actual política monetaria sólo genera burbujas financieras e inmobiliarias... y desigualdad

"(...) La única institución relevante que ha presentado investigación contra la actual ortodoxia monetaria es el Banco de Inglaterra a través de sus Boletines Trimestrales. De dicha investigación, como ya saben ustedes, surgen varias ideas clave.

 Por un lado, la actual política monetaria sólo genera burbujas financieras e inmobiliarias sin afectar a la economía productiva. Por otro, los Bancos Centrales inyectaban liquidez masiva para que se mantuviera el status quo del sistema bancario, sin solucionar sus problemas de fondo. Pero con esa liquidez, como hemos dicho, sólo se originaban burbujas e inflaciones de activos.

 Desde un punto de vista teórico el Banco de Inglaterra da soporte empírico una vieja idea defendida por los economistas postkeynesianos, totalmente diferente a la visión de la mayoría de los economistas y de la ortodoxia dominante -monetaristas, economistas de la oferta o keynesianos de la síntesis-. 

El dinero es endógeno, es decir, por mucho que se multiplique el tamaño del banco central si no circula el dinero dicha expansión no afectará a la economía real. Finalmente el Banco de Inglaterra documenta una idea que ya hemos detallado. La actual política monetaria aumenta las desigualdades.

 Aplicando la Hipótesis de Inestabilidad Financiera de Hyman Minsky, estas fases suele acabar en una Gran Depresión o Gran Recesión. Después de una fase de acumulación de deuda, siempre retroalimentada por una burbuja financiera, en el momento en el que esas tendencias al crecimiento de la deuda privada terminan, la economía se desploma, y los precios de los activos financieros y/o de las casas se hunden, produciéndose una recesión de balances. 

No vale con confiar en que los bancos aprenderán de la crisis y se comportarán de manera más responsable. Tienen un deseo innato de extender deuda y tratarán de convencer a sectores no bancarios para asumirla (primero sector privado, ahora sector público). 

En estos momentos, además, la situación se complica y de qué manera. El sistema bancario es demasiado frágil e ineficiente. Ello es debido, por un lado, a su opacidad, su complejidad e interconectividad. Por otro, a su excesiva dependencia (a corto plazo) de la deuda. Además, existen graves problemas de gobernabilidad y distorsiones que no se resuelven en los mercados.

 Si a ello unimos leyes y reglamentos defectuosos, la falta de coraje político para atarlos en corto y la ausencia de rendición de cuentas de las distintas gerencias bancarias, es fácil anticipar las consecuencias del colapso de los mercados que viene: una banca sistémica occidental insolvente. Simplemente echen una ojeada a los cálculos de Center for Risk Management at HEC Lausanne sobre necesidades de capital en la banca europea si las cosas vinieran mal dadas.

En definitiva, la mezcla de política económica propuesta y aplicada por la ortodoxia solo ha producido burbujas y desigualdad, sin generar inversiones productivas ni rentas."     (Juan Laborda, Vox Populi,  13/01/2015)

14.1.16

Lo que pasó... lo que está pasando: la ciudadanía ha mantenido la dignidad colectiva, frente al saqueo de las élites extractivas

"Dos noticias de hace unos meses son claro ejemplo del viaje a ninguna parte en el que se encuentran embarcadas España y Europa desde finales de los noventa.

 Por un lado, algunos barrios de Madrid han solicitado pagar más para recibir mejores servicios públicos; una suerte de privatización y guetización de barrios de clase alta.

 Por otra parte, la City de Londres ha empezado a colocar en ciertas esquinas y plazas pinchos antimendigos, unas protuberancias en el suelo para evitar que los sin techo busquen un sitio resguardado donde pasar la noche.

No deja de sorprender que las capitales de dos de los países que impulsaron el experimento desregulatorio de aquellos años planteen, tres lustros después, estas inquietantes soluciones frente al auge de la desigualdad.

 Serían la estación de llegada de aquel peligroso camino impulsado en 1999 por una élite extractiva que, embriagada por la idea del fin de la historia y la teórica autorregulación de los mercados, impulsó en EE UU la aprobación de la Ley de Modernización Financiera (más conocida como Gramm-Leach-Bliley Act). 

Un paquete legislativo que prácticamente derogaba la Ley Glass-Steagall, aprobada durante la Gran Depresión de los años 30 y que actuó durante más de medio siglo como un dique de contención frente a los excesos del sector financiero.

La siguiente parada del viaje fue la burbuja inmobiliaria fraguada en el arranque del presente siglo. Los mismos que aplaudieron la nueva (des)regulación financiera inflaron de forma imprudente un globo gigantesco. EE UU, España, Irlanda y otros países cebaron su mercado inmobiliario, permitiendo construir sin control y cerrando los ojos ante la pésima gestión de riesgos que estaban llevando a cabo tanto el regulador como las entidades financieras. 

El PIB subía, el paro bajaba, la ciudadanía se hipotecaba y el precio de la vivienda sufría aumentos de dos dígitos anualmente. La deuda privada alcanzaba cotas estratosféricas y la ingeniería financiera se ocupaba de titulizarla y empaquetarla de forma oscura con el apoyo de las agencias de rating. Al calor de la desregulación legislativa, el sector inmobiliario incubó un virus letal y el sector financiero lo propagó por el sistema económico mundial.

A la siguiente estación llegamos el 15 de septiembre de 2008, con la noticia de la quiebra de Lehman Brothers, uno de los bancos de inversión que se habían encargado de soplar la burbuja inmobiliaria y financiera. La música se detuvo bruscamente. Sonaron todas las alarmas y la resaca fue tan pavorosa que el conjunto del sistema económico occidental se tambaleó. 

Todos los agentes que en otro tiempo abominaban de la regulación y del gobierno, pidieron a gritos un gigantesco paquete de rescate financiero ante el peligro de derrumbe total. The Economist llegó a afirmar en un editorial que el rescate gubernamental del sector financiero no era socialismo, sino una medida pragmática para evitar la catástrofe.

Pero no terminó aquí el viaje. El crack de 2008 mutó en una Gran Recesión que ha barrido el tejido económico y productivo de varios países europeos, expulsado a cientos de miles de personas del mercado laboral y condenado al ostracismo a toda una generación de jóvenes.

 Y tras el masivo rescate financiero, que consiguió evitar el hundimiento, la élite económica salió de su refugio estatal y emprendió una nueva cruzada. Esta vez el objetivo era la propia Administración, que, exhausta y endeudada tras el esfuerzo del rescate, empezaba a dar los primeros pasos para volver a embridar al sector financiero. No se dio tiempo a los Estados para establecer nuevas reglas y diques de contención.

 Se predicó y se impuso la idea de la austeridad. Las empresas y entidades financieras rescatadas por los Gobiernos, una vez que recibieron la inyección de fondos necesaria, se volvieron contra ellos recriminándoles su excesivo endeudamiento. Una deuda causada, justamente, por su rescate.

La política de austeridad a ultranza, la pérdida masiva de empleos y la perpetuación de una desregulación brutal han originado una peligrosa desigualdad, que constituye la última parada de nuestro viaje. 

Una inequidad que ha ido empapando amplias capas de la sociedad, provocando respuestas como las de Madrid o la City londinense, y que autores como Wilkinson y Pickett han demostrado que es corrosiva para la actividad económica, el empleo y la cohesión social.

¿Cuál es la próxima estación de este tránsito de la desregulación a la desigualdad? La historia nos ha enseñado que las situaciones de concentración de la riqueza en manos de unos pocos y de destrucción de la clase media suelen desembocar en el auge de extremismos políticos. 

En Europa, cegados por una mirada excesivamente cortoplacista, estamos empezando a ver casos puntuales de esta nueva etapa. En Grecia hay grupos que persiguen y atacan a homosexuales. En Alemania células organizadas acosan a refugiados en albergues. No son hechos de los años 30 del siglo pasado, son sucesos de los últimos meses.  

(...) el viaje a ninguna parte en el que nos embarcamos en 1999 no es irreversible. Entre el Estado y el mercado siempre está la ciudadanía, verdadero motor de todo progreso económico, de todo cambio social. Esta misma ciudadanía es la que ha mantenido en España y en otros países de Europa la dignidad colectiva. 

Profesionales de la sanidad pública, docentes, empresarios comprometidos, periodistas, jueces, organizaciones sociales y miles de personas trabajadoras están poniendo pie en pared ante la evidente injusticia social y económica a que conduce este camino. 

Estas personas, de orígenes geográficos e ideológicos distintos, demandan que una nueva generación salga al campo de juego y vuelva a construir los diques políticos, sociales y económicos que nos defiendan de la ley del más fuerte, que es la barbarie."               (   , El País, 14 ENE 2016)

30.11.15

El poder económico ya no necesita someterse al imperio de la ley. Puede regularse a sí mismo. Es que la autorregulación empresarial fracasa siempre...

"(...) Demos un paso atrás y veremos que todas estas crisis surgen de la misma causa. A quienes despliegan un poder inmenso y un alcance global se les libera de restricciones democráticas. Esto se produce a causa de una corrupción fundamental en el corazón de la política. 

En casi todos los países el interés de las élites económicas tiende a pesar más gravosamente antes los gobiernos que los del electorado. Bancos, grandes empresas y terratenientes ostentan un poder que no rinde cuentas, que funciona dentro de la clase política con una palmada y un guiño. La gobernación global está empezando a parecerse a una inacabable reunión del Club Bilderberg.

Tal como sostiene un ensayo del profesor de Derecho Joel Bakan en la revista jurídica de la Universidad de Cornell (EE.UU.), Cornell International Law Journal, dos terribles cambios han venido sucediendo simultáneamente.

Por un lado, los gobiernos han ido eliminando leyes que restringen a bancos y grandes empresas, sosteniendo que la  globalización debilita a los estados y hace imposible una legislación eficaz. Por el contrario, afirman, deberíamos confiar en que quienes ostentan el poder económico se regulan a sí mismos.  (...)

 David Cameron se ha jactado de gestionar “el primer gobierno de la historia moderna que al final de su legislatura dispone de menos regulación de la que tenía en un principio”.

Esto, en un mundo de una complejidad que se acelera y de floreciente delincuencia empresarial, es pura temeridad. Pero no temáis, dicen: el poder económico ya no necesita someterse al imperio de la ley. Puede regularse a sí mismo.

Algunos de nosotros llevamos mucho tiempo sospechando que estos son tonterías con todas las letras. Pero hasta ahora todo lo que teníamos eran sospechas. Esta semana se ha publicado el primer informe global sobre autorregulación. 

Lo encargó la Real Sociedad Británica para la Protección de las Aves, pero cubre todos los sectores, desde el de los prestamistas que liquidan el día de paga a los criadores de perros. Y demuestra que en casi todos los casos,  el 82% de los 161 programas que evaluó, las medidas voluntarias han fracasado.

Así, por ejemplo, cuando la Unión Europea trató de reducir el número de peatones y ciclistas muertos por vehículos, podía haber aprobado sencillamente una ley que indicara a los fabricantes de automóviles que cambiasen la forma en que diseñan sus parachoques y capós, a un coste  aproximado de 30 libras esterlinas. Por el contrario, se atuvo a un acuerdo voluntario con el sector. El resultado fue un nivel de protección un 75% más bajo de lo que una ley habría garantizado.

Cuando el gobierno galés introdujo una tasa de cinco peniques por cada bolsa de plástico, redujo su uso en un 80% de la noche a la mañana. El gobierno británico argumentó que la autorregulación por parte de los minoristas haría el trabajo de igual de bien. ¿Resultado? Una enorme reducción del 6%. Después de siete años perdidos, sucumbió el mes pasada a la evidencia lógica e introdujo la tasa. 

Programas voluntarios destinados a impedir la publicidad de comida basura para niños en España, a reducir los gases de invernadero en Canadá,  ahorrar agua en California, salvar a los albatros de los palangres en Nueva Zelanda, proteger a los pacientes de cirugía estética en el Reino Unido, parar la mercadotecnia agresiva de medicamentos psiquiátricos en Suecia: todos, todos, todos, todos han fracasado.

 Lo que el Estado podía haber hecho de un plumazo de modo barato y eficaz se deja en cambio a los balbucientes esfuerzos de sectores que, aun siendo sinceros, se van fatalmente minados por gorrones y oportunistas. (...)

En varios casos las empresas pidieron nuevas leyes que con normas más rigurosas para todo el sector. Por ejemplo, quienes elaboran envoItorios plásticos para el forraje de explotaciones agrícolas trataron de conseguir que el gobierno británico incrementara el nivel de reciclaje, mientras que las empresas de jardinería querían una regulación que eliminara gradualmente la turba. Los gobiernos se negaron. 

¿Fue esto resultado de ciega ideología o de sórdido interés propio? Los mayores donantes a los partidos políticos tienden a ser los peores operadores, recurriendo a su dinero para que sigan siendo legales sus malas prácticas (pensemos en Enron).

Puesto que los partidos que financian se pliegan a sus deseos, todos los demás se ven forzados a adoptar sus reducidos baremos. Sospecho que los gobiernos saben tan bien como cualquiera que la Ley es más eficiente y eficaz que la autorregulación, y esa es la razón por la que no se utiliza. (...)"               (George Monbiot  , Sin Permiso, 13/11/2015)

3.2.14

Los derivados... podrían acabar con la economía mundial varias veces

"(...) Días antes de que comience la cumbre de Davos, uno de sus participantes, Paul Singer, el gestor de hedge funds de Elliott Management, ha disertado ya en una carta dirigida a sus inversores las líneas básicas de su discurso y debate posterior sobre el tema "¿Son los mercados más seguro ahora?”.

En ella, Paul Singer afirma que "sólo podemos asumir que la razón del sistema financiero mundial sigue siendo el sobreapalancamiento, su opacidad, su dependencia en el apoyo implícito y explícito de los gobiernos para su propia existencia”. 

Y es que en realidad, como sostiene en su misiva, arreglar el problema sería demasiado doloroso para los poderosos grupos de intereses.

Bajo este inquietante análisis, su auténtica preocupación, como la nuestra, es el estallido de la actual burbuja financiera y que según él afectará especialmente a los derivados no regulados.

 Contrariamente a lo que muchos políticos nos quieren hacer creer, ninguna regulación ha abordado adecuadamente la cuestión sobre la exposición a dichos derivados, que según el propio Paul Singer es tan grande y tan concentrada que podría acabar con la economía mundial varias veces. Incluso un rescate del Gobierno no podrá hacer frente a la que se avecina."                (Juan Laborda, Vox Populi, 22/01/2014)

1.3.13

¡El dinero escondido de los bancos supera al declarado en el sistema!

"La deuda que soportan los bancos nadie se la puede creer ya que puede ser cientos de veces más que la declarada en los balances contables. Es evidente, que se tiene que ocultar en sociedades instrumentales en los paraísos fiscales provocando una distorsión en el sistema cuando el dinero escondido supera al que se declara en los balances contables.

 Dicho en plata: el banco paralelo de cada banco es mayor que el banco matriz. ¿Parece increíble? Pero resulta que es verdad. Estoy hablando de los grandes bancos, las arruinadas cajas de ahorro no entran en esta operativa ya que tenían bastante con decorar en los balances contables el dinero que los miembros del consejo de administración estuvieron robando durante años. 

Lo dicho, no se trata de una elucubración de quien esto escribe ya que en 2010 un informe de la Fed de Nueva York ponía patas arriba el origen de la actual crisis financiera a causa de la total desregulación del sistema bancario. Un sistema bancario que en las últimas décadas creó bancos paralelos en una especie de clones de la banca tradicional. 

 Las operaciones financieras se internacionalizaron en un mundo global colocando papel sin soporte alguno y desconectado de la actividad real de la economía. El sistema bancario se desentendió de llevar a cabo la función tradicional de vincular a los ahorradores con los prestatarios y se tiró al monte de la especulación por lo que tuvo que ocultar los extraordinarios beneficios que se obtenían, 

En las altas esferas de la banca se conoce como el “sistema bancario en las sombras”. 

  16 billones de dólares corren por ahí salpicando por todo el sistema financiero de la banca estadounidense y contaminando a la banca mundial. 

 La cifra es mayor a todo el producto interno bruto de los Estados Unidos. El informe ofrece información de lo que realmente ocurrió: el volumen de los créditos se hizo más grande en la banca en las sombras que en la banca comercial. 

Las cédulas hipotecarias, los préstamos titulizados, el invento de los CDO, los CDS (del que otro día hablaré) la creación de dinero emitiendo acciones aportó enormes flujos de dinero para mantener al sistema en movimiento hasta que la caída de Lehman hizo que la fiesta terminara de golpe.

 En definitiva, los grandes bancos tienen bancos paralelos ocultos en su organización ¿Cómo es qué los gobiernos de turno les enchufan la manguera de miles de millones de euros sin una triste auditoria? Si los bancos se robaran entre ellos sería disculpable pero que roben, ésta es la palabra adecuada, a la población indefensa es un crimen al crear una deuda odiosa (Ver La corrupción y la deuda odiosa en los archivos del mes de diciembre de 2012)"           (Asalto al poder, 26/02/2013)

19.9.12

‘Estamos viendo cómo llega este tsunami y lo único que me propones es que nos planteemos qué bañador nos vamos a poner’

"Cuatro años después del colapso de Lehman Brothers, los contribuyentes de todo el mundo tendremos que seguir pagando las consecuencias de esa colosal estafa financiera porque nuestros gobiernos continúan demorando la entrada en vigor de regulaciones que impidan que los costes del hundimiento de un gigante bancario tengan que ser pagados con fondos públicos.

 En todo este tiempo de continuas promesas de “refundación del capitalismo”, sólo EEUU, Suiza y Reino Unido (este último, el mes pasado) han diseñado planes de contingencia para evitar que desastres como el de Bankia acaben siendo costeados por las arcas del Estado.

 Pero como el resto de los países ricos no están por la labor, esos proyectos de prevención de nuevos cataclismos económicos quedan en papel mojado, ya que la inextricable interrelación del sistema globalizado inutiliza cualesquiera medidas que se adopten a escala nacional, aunque las tome la mayor de las superpotencias. 

Y son precisamente los miembros de la tambaleante Eurozona, que tanto insisten en castigar a la población con recortes y austeridad, los que han bloqueado todo avance en ese camino de protección del dinero de los ciudadanos frente a los desmanes de banqueros y especuladores.(...)

 En resumen, tras cuatro años de penurias y promesas vacías, estamos exactamente igual de inermes ante los peligros de la codicia de los especuladores que cuando estalló la crisis.(...)

Hoy, los economistas apuntan a aquella revocación de la ley Glass-Steagall como el origen de la nefasta desregulación financiera que permitió el casino bursátil de los derivados y las subprime, cuyas consecuencias todavía estamos pagando. 

Claro que Phil Gramm nunca tendría motivos para quejarse, ya que después de su maniobra parlamentaria para beneficiar a Citigroup fue premiado con un altísimo cargo directivo en la madre de todas las entidades financieras: la Unión de Bancas Suizas (UBS). 

Hace cuatro años, la actual directora del FMI, Christine Lagarde, advirtió al entonces secretario del Tesoro de EEUU, Henry (Hank) Paulson, de que si permitía el hundimiento de Lehman Brothers se produciría un colapso financiero global. Largarde, que era en 2008 la ministra de Economía y Finanzas de Francia, confesaría después en el documental Inside Job: “Recuerdo claramente que le dije a Hank:

‘Estamos viendo cómo llega este tsunami y lo único que me propones es que nos planteemos qué bañador nos vamos a poner’.” La respuesta de su buen amigo Paulson fue: “Estamos estudiando cuidadosamente la situación y la tenemos bajo control”.                 (Rebelión, 18/09/2012,

20.10.11

"Algo similar a la caída del bloque soviético está pasando en Occidente... Tienes una crisis financiera donde el mercado colapsó, pero se ha mantenido vivo artificialmente gracias a las autoridades"

"El multimillonario inversor George Soros se ha sumado al coro de voces que anuncian el fin del actual sistema financiero señalando que "aún no se comprende que el sistema ha colapsado".

Con estas palabras recogidas por Bloomberg, Soros se suma a lo apuntado ayer por Robert Shapiro en esta entrevista de BBC, en la que anuncia que el mundo se encuentra al borde de una crisis bancaria mundial, que puede estallar en dos o tres semanas.

El experimentado inversionista de 81 años compara la actual y profunda crisis financiera con la caída del bloque soviético a comienzos de los 90.
"Algo similar a la caída del bloque soviético está pasando en Occidente... Tienes una crisis financiera donde el mercado colapsó, pero se ha mantenido vivo artificialmente gracias a las autoridades. La gente no se da cuenta de que el sistema, en realidad, ha colapsado".
En cuanto a los problemas concretos de Europa, Soros, famoso por tumbar al Banco de Inglaterra en 1992 apostando contra la libra (y ganando 1.000 millones de dólares de la época con ello), ha asegurado que no está seguro de como se pueden solucionar los problemas de deuda o de como se puede navegar actualmente en los mercados financieros. "Esto no es tan fácil. Hay mucho confusión y yo también estoy confundido".

Para Soros, el mayor error que han cometido los gobiernos para responder a la crisis de crédito de 2008 fue no aprobar las normas necesarias para regular los bancos y otras instituciones financieras a lo largo del mundo.

Mientras los mercados se han integrado e interconectado globalmente, las naciones siguen marcando sus leyes en forma individual, lo que ha provocado que la "desregulación se haya extendido como un virus". Ahora la regulación es muy difícil y no se ha hecho nada por superarla. En este aspecto se está peor que en el 2008, cuando estalló la crisis. "               (Jaque al neoliberalismo,07/10/2011)

11.8.11

"Mientras que la economía mundial... suman unos 50 billones de euros, los derivativos exceden 4.000 billones"

"Pero a nivel global, a la hora de señalar culpables, los mejores analistas como Bruce Scott, profesor de Harvard Business School, apuntaron en 2008 que el sistema financiero y los mercados, no regulados desde los años ochenta, han creado una inmensa riqueza ficticia: mientras que la economía mundial (Producto Mundial Bruto, bienes y servicios reales) suman unos 50 billones de euros, los derivativos exceden 4.000 billones.

Solo 1/80 de los títulos que se compran y venden corresponden a activos reales, y 79/80 de ellos no corresponden a activos tangibles. Esto se ha olvidado completamente.

Sin sentirme profeta ni visionario, en mi modesto libro El futuro de España predije hace 15 años que el capitalismo desbocado que impera desde el final de la guerra fría llevaría a una revolución en la que los perdedores, víctimas de la inequidad del sistema, acabarían aguando la fiesta a los vencedores y favorecidos.

Ya entonces advertí que el sistema no resistiría más de dos o tres décadas.

Creo que 2011 es el inicio de esa revolución, que las nuevas tecnologías han exacerbado el clamor contra la desigualdad injusta (no ya entre países, sino internas) que seguirá creciendo.

La única solución para evitar que esa revolución sacuda los cimientos del mundo sería que la inminencia del caos llevara a un gobierno global capaz de evitar abusos, introducir más racionalidad en la financiación de las empresas, imponer tasas que permitieran una redistribución a los más vulnerables, y de enfrentarse unido a los grandes problemas globales (cambio climático, agresiones al medio ambiente y biodiversidad, conflictos, proliferación de armamentos, pandemias) y capaz de regular los mercados." (DIEGO HIDALGO: Crisis, culpables y soluciones. El País, 07/07/2011, p. 27)

18.5.11

"La Gran Recesión la provocó un sector financiero fuera de control ¿Y quién fue responsable? Pues fue gente de Washington con mucho poder"

"La idea es que nos metimos en este lío porque los votantes querían algo a cambio de nada, y los políticos sin personalidad respondieron a la insensatez del electorado. (...)

El hecho es que lo que ahora mismo estamos experimentando es un desastre que se transmite de arriba abajo. Las políticas que nos metieron en este follón no eran respuestas a las exigencias ciudadanas.

Eran, salvo unas pocas excepciones, políticas abanderadas por pequeños grupos de personas influyentes, y en muchos casos, las mismas personas que ahora nos dan lecciones a los demás sobre la necesidad de ponernos serios. Y al tratar de echarle la culpa a la plebe, las élites están eludiendo algunas reflexiones muy necesarias sobre sus propios errores catastróficos. (...)

En los tiempos que corren, los estadounidenses no paran de oír sermones sobre la necesidad de reducir el déficit presupuestario. (...)

¿qué ha sido del superávit presupuestario que el Gobierno federal tenía en 2000?

La respuesta es que tres cosas principalmente. La primera fueron las bajadas de impuestos de Bush, que añadieron unos dos billones de dólares a la deuda nacional durante la década pasada.

La segunda, las guerras de Irak y Afganistán, que sumaron alrededor de 1,1 billones de dólares más.

Y la tercera fue la Gran Recesión, que provocó un desplome de los ingresos y un repunte del gasto en prestaciones por desempleo y otros programas de la Seguridad Social.

¿Y quién es responsable de estos destrozos presupuestarios? La gente de la calle, no.

El presidente George W. Bush bajó los impuestos por la ideología de su partido, no en respuesta a una oleada de exigencias populares (y el grueso de los recortes fue para una minoría pequeña y adinerada).

De manera similar, Bush decidió invadir Irak porque era algo que él y sus asesores querían hacer, no porque los estadounidenses estuviesen reclamando a gritos una guerra contra un régimen que no había tenido nada que ver con el 11-S. (...)

Por último, la Gran Recesión la provocó un sector financiero fuera de control, envalentonado por una liberalización imprudente. ¿Y quién fue responsable de esa liberalización? Pues fue gente de Washington con mucho poder y con vínculos estrechos con el sector financiero.

Permítanme que exprese públicamente mi especial gratitud a Alan Greenspan, que desempeñó un papel crucial tanto en la liberalización financiera como en la aprobación de las bajadas de impuestos de Bush (y que, naturalmente, ahora es uno de los que nos amenazan con el déficit).

De modo que fueron los desaciertos de la élite, y no la avaricia de la gente de a pie, los que causaron el déficit de EE UU. Y en líneas generales, lo mismo podría decirse de la crisis europea. (...)

La verdadera historia de la crisis europea es que los dirigentes crearon una moneda única, el euro, sin crear las instituciones que se necesitaban para hacer frente a los periodos de bonanza y de dificultad dentro de la zona euro.

Y el motor de la moneda única europea fue el proyecto de sentido descendente por excelencia, una visión impuesta por la élite a un electorado tremendamente reticente." (PAUL KRUGMAN: La imprudencia de las élites. El País, Negocios, 15/05/2011, p. 23)

Esta crisis fue resultado del esfuerzo de EE UU por estimular una economía debilitada por una mayor desigualdad a través de tipos de interés bajos

"Pero un cambio aún más importante es el vínculo que el FMI finalmente trazó entre desigualdad e inestabilidad. Esta crisis fue, en gran medida, resultado del esfuerzo de EE UU por estimular una economía debilitada por una mayor desigualdad a través de tipos de interés bajos y una regulación laxa (que hicieron que mucha gente pidiera prestado mucho más allá de sus posibilidades).

Deshacer las consecuencias de este endeudamiento excesivo llevará años. Pero, como nos recuerda otro estudio del FMI, este no es un patrón nuevo.La crisis también puso a prueba los viejos dogmas que culpan del desempleo a la rigidez del mercado laboral, ya que a los países con salarios más flexibles, como EE UU, les fue peor que a las economías del norte de Europa, entre ellas Alemania. (...)

Tan desigual como era EE UU antes de la Gran Recesión, la crisis -y la manera en que fue manejada- llevó a una desigualdad de ingresos aún mayor, haciendo que la recuperación sea mucho más difícil. Estados Unidos se está preparando para su propia versión de un malestar al estilo japonés." (JOSEPH E. STIGLITZ: El viraje a tiempo del FMI. El País, Negocios, 15/05/2011, p. 18)

16.5.11

Los Gobiernos movilizaron el 27% del PIB de Europa y Estados Unidos para evitar el colapso del sector financiero

"El presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, alertó ayer de que hay grupos de presión (es fácil imaginar cuáles son) que piden que se detengan las reformas que elevan los controles sobre la banca. La excusa es que ya se está iniciando la recuperación económica y que la regulación "es contraproducente".

Trichet afirmó estar "absolutamente" en contra y advirtió que "las democracias y los ciudadanos no permitirían, por segunda vez, que los Gobiernos movilizaran el 27% del PIB de Europa y Estados Unidos para evitar el colapso del sector financiero". (El País, 14/05/2011, p. 30)

11.5.11

"Hace 50 años los sueldos más elevados correspondían a las profesiones más prestigiosas como un médico o un piloto... (ahora) a Wall Street"

"Hay que agradecer a The Wall Street Journal, el puntal del mundo de los negocios, que tenga una zona donde diga las cosas tal cual son y donde no se escamotée ni se niegue la historia real de lo que nos ha llevado al descalabro.

En el artículo que hoy publica Paul Farrell, Bill Gross: The leader Treasury, Fed needs (Bill Gross, el jefe del Tesoro que la Fed necesita), Farrell da cuenta de lo mal que están las cosas para la economía de Estados Unidos, y de lo mal que seguirán cuando Ben Bernanke se vea obligado a subir en los próximos meses las tasas de interés.(...)

Coincidiendo con algunos artículos en los cuales he expresado que el gran problema es la enorme brecha de ingresos que se ha producido en los últimos 30 años, Farrell destaca que la brecha de ingresos en Estados Unidos "se disparó a niveles no vistos desde los días previos a la crisis de 1929".

El 1% de la población, como afirma también Joseph Stiglitz, se deja el 40% del ingreso total, y el restante 60% es repartido, también en esa dramática forma desigual, entre el 99% restante de la población.

Estas son las consecuencias de la políticas de endeudamiento masivo impulsadas por Ronald Reagan desde 1981 (ver gráfica, entre deuda pública y privada llega al 360% del PIB). Por eso Farrell señala que "la autodestructiva ideología de Reagan amenaza con derribar varios siglos de capitalismo en una sola generación" (...)

Farrel recuerda que hace 50 años los sueldos más elevados correspondían a las profesiones más prestigiosas como un médico o un piloto de avión que volaba la ruta de Los Angeles a Honolulú.

En los últimos años los mejores sueldos han ido a Wall Street, donde se crea dinero de la nada en base a derivados y titularizaciones de "cosas" en vez de productos que tengan un real sentido económico. Así es como los ejecutivos de la banca "han ganado diez veces más que cualquier otro trabajador".

Hoy, la cuarta parte de las personas más ricas de la lista de Forbes gana dinero del dinero, mientras que en la primera edición (1982) de la lista anual de esta revista, sólo el 8% formaba parte del sistema financiero." (Jaque al liberalismo, 10/05/2011)

6.5.11

"Esta crisis fue el resultado de estimular una economía debilitada por una mayor desigualdad a través de tasas de interés bajas y una regulación laxa"

"Pero un cambio aún más importante es el vínculo que el FMI finalmente trazó entre desigualdad e inestabilidad. Esta crisis fue, en gran medida, el resultado del esfuerzo por parte de Estados Unidos de estimular una economía debilitada por una mayor desigualdad a través de tasas de interés bajas y una regulación laxa (que hicieron que mucha gente pidiera prestado mucho más allá de sus posibilidades).

Deshacer las consecuencias de este endeudamiento excesivo llevará años. Pero, como nos recuerda otro estudio del FMI, éste no es un patrón nuevo.

La crisis también puso a prueba los dogmas de larga data que responsabilizan a la rigidez del mercado laboral por el desempleo, ya que a los países con salarios más flexibles, como Estados Unidos, les fue peor que a las economías del norte de Europa, entre ellas Alemania. (...)

Tan desigual como era Estados Unidos antes de la Gran Recesión, la crisis, y la manera en que fue manejada, llevó a una desigualdad de ingresos aún mayor, haciendo que la recuperación fuera mucho más difícil. Estados Unidos se está preparando para su propia versión de un malestar al estilo japonés. (...)

Sin embargo, existen soluciones para este dilema: fortalecer la negociación colectiva, reestructurar las hipotecas, utilizar zanahorias y bastones para que los bancos vuelvan a prestar dinero, reestructurar las políticas impositivas y de gasto para estimular la economía hoy a través de inversiones a largo plazo, e implementar políticas sociales que aseguren oportunidades para todos.

Como está hoy en día, con casi una cuarta parte de los ingresos totales y el 40% de la riqueza estadounidense en manos del 1% que más gana, Estados Unidos hoy es menos una “tierra de oportunidades” que incluso la “vieja” Europa." (Jaque al neoliberalismo, 05/05/2011. En este artículo publicado en Project Syndicate, Joseph Stiglitz analiza este viraje del FMI.)

18.2.11

“Esta crisis era evitable. Fue el resultado de la acción e inacción humanas”. Una manera nombrar a la corrupción generalizada de los financieros

"Es la primera conclusión del reciente informe de 545 páginas publicado por la Comisión de destacados expertos nombrados en 2009 por el Congreso para averiguar las causas de “la crisis financiera y económica en los Estados Unidos”. (...)

La Comisión concluye que “los extensos fallos en la regulación y la supervisión financiera resultaron devastadores para la estabilidad de los mercados financieros de la nación”. Fueron el resultado de más de treinta años de desregulación financiera, dicen. (En España, menos de veinte, diríamos)

Además, (cuarta conclusión en el Informe) “una combinación de prestamismo excesivo, inversiones arriesgadas y falta de transparencia encaminaron al sistema financiero hacia la crisis” (Como aquí, afirmamos) (...)

Por ejemplo en la página 5, se cuenta que hacia 2007 los cinco Bancos de inversiones más importantes – el desaparecido Bear Stearns, el exitoso Goldman Sachs, el quebrado Lehman Brothers, el Merrill Lynch (comprado por el Banco de America) y el Morgan Stanley – operaban con un capital extraordinariamente escaso, con ratios de apalancamiento de hasta 40 a 1; es decir, que por cada 40 $ dólares en sus activos solamente disponían de un dólar de capital.

De modo que habría bastado una caída del 3 % en el valor de sus activos para borrar la firma.

Y otro ejemplo en la página 165 relata el modus operandi de las firmas auditoras. En el período 2006-2007, la firma auditora Clayton Holdings fue contratada para examinar las condiciones de legalidad y solvencia de unas 900,000 hipotecas.

Entre las cuales encontró que el 28 % (unas 255,000) eran defectuosas para ser empaquetadas como respaldo de valores bursátiles hipotecarios. Pero los bancos siguieron adelante e incluyeron casi 100,000 de estos préstamos hipotecarios dudosos como respaldo de valores subprimes sin informar de ese carácter a los compradores, a los inversores, como comprobó la propia Comisión.

Y ante la cual, el Presidente de esta firma auditora describió estos hechos como “una cuestión de control del calidad”.

Sin embargo, de estos hechos y de otros similares que recoge el informe la Comisión no ha deducido denuncia alguna ante las autoridades y los jueces." (Attac España, 15/02/2011, citando a Juan Hdez. Vigueras: La crisis era evitable)

Los orígenes ideológicos de la crisis

"En realidad, los fallos en la predicción fueron muchos, tales como que se había olvidado algo que había sucedido en crisis anteriores: la euforia financiera y especulativa que preside los momentos anteriores a cuando se produce el crack.

Si los economistas de estas instituciones, en lugar de pasarse el día con los datos a vueltas, hubieran leído más a autores como Galbraith, seguramente no se hubieran cometido tantos errores.

Porque fallaron además las agencias de calificación, organizaciones nefastas que tendrían que desaparecer, así como las auditoras, y los bancos centrales.

Demasiados errores que ponen de manifiesto que lo que fallaba era todo un sistema financiero y de control y un sistema capitalista que abandonó los principios keynesianos para adentrarse en el camino de teorías económicas neoliberales que habían sido ya rebatidas por la historia.


Las autocríticas deberían servir para cambiar, pero nada de ello está sucediendo. Se han publicado numerosos libros sobre las causas de la Gran Recesión, y aunque con diferencias entre sí, hay una corriente que pone de manifiesto que la responsabilidad viene sobre todo del sistema financiero y de los procesos de desregulación que condujeron a la idea de que los mercados eran eficientes." (Madrid attac, 17/02/2011, citando a Carlos Berzosa: Esperando a Keynes, que no ha venido (y ya ni se le espera)

29.1.11

Los bancos pasan al ataque... ¡hay que tener caradura!

"Goldman Sachs, JP Morgan, UBS, Citigroup. Los primeros espadas de los grandes bancos del mundo llevan toda la semana en Davos avisando de que una excesiva regulación financiera puede ser perjudicial para el crecimiento. (...)

Ese estribillo constante que consiste en culpar a los banqueros, banqueros y más banqueros es improductivo e injusto", atacó Dimon. "El mundo ha pagado con decenas de millones de desempleados", replicó Sarkozy.

El economista del MIT Simon Johnson aseguró a este periódico que es una "tristísima ironía" que los bancos "que han recibido el rescate con dinero público más generoso de la historia desvíen la atención con desinformaciones interesadas hacia los problemas con la deuda pública que han contribuido a crear".

"La proliferación de bancos que no eran bancos, el uso omnipresente de derivados más con el fin de incrementar que de limitar el riesgo, el uso de vehículos fuera de balance y en general toda esa cultura de casino fue consecuencia de la desregulación.

Resulta sencillamente increíble que de nuevo los banqueros quieran saltarse directamente las reglas, o eviten que la necesaria regulación se imponga", cerró Johnson, ex economista jefe del FMI, frente a una taza humeante en una cafetería de Davos." (El País, 28/01/2011)