18.10.26

El último tren para la Unión Europea lo representa la energía rusa, aquella que Europa utilizaba hasta antes del conflicto ucraniano. Con el estallido de la guerra, la Unión Europea tomó la desastrosa decisión de romper sus relaciones comerciales con el «oso ruso» y, en consecuencia, se condenó a recibir suministros mucho más caros procedentes, en su mayoría —aunque no exclusivamente—, de Washington... ahora, los Estados Unidos de América han optado sabiamente por firmar acuerdos energéticos con la Rusia de Putin, sobre todo para proteger su propio interés nacional... ¿Qué piensa hacer, a estas alturas, la Unión Europea? ¿Acaso quiere la UE condenarse realmente a esa paradoja tragicómica, digna de burla mundial, por la que comprará a precios exorbitantes la energía a Washington, que, a su vez, la compra a precios asequibles a Rusia? Entendámonos bien: ya antes era una auténtica locura romper las relaciones energéticas con Rusia, pues esa decisión no perjudicaba a esta última, sino a la propia Europa. Ahora, sin embargo, se está yendo, literalmente, más allá de lo ridículo... a los ojos del mundo entero, la Unión Europea parece un manicomio, especializada en perjudicar sus propios intereses sin causar ningún daño a los de su supuesto enemigo (Diego Fusaro)

"Recurriendo a una metáfora ferroviaria, podríamos atrevernos a afirmar que, en estos momentos, está pasando el último tren hacia la Unión Europea. Como es sabido, el último tren es aquel que, si se pierde, te deja tirado, condenado a quedarte donde estás. En este caso concreto, el último tren hacia la Unión Europea lo representa la energía rusa, aquella que, por así decirlo, Europa utilizaba hasta antes del conflicto ucraniano que estalló en 2022. Con el estallido de la guerra, la Unión Europea tomó la desastrosa decisión de romper sus relaciones comerciales con el «oso ruso» y, en consecuencia, se condenó a recibir suministros mucho más caros procedentes, en su mayoría —aunque no exclusivamente—, de Washington. No me extenderé sobre la paradoja, a la que ya me he referido en varias ocasiones en el pasado, según la cual la Unión Europea pagaba la energía a precios moderados a su «enemigo» ruso y la paga a precios exorbitantes a su «amigo» estadounidense. Esto ya debería bastar para demostrar lo falaz que es la propaganda dominante, que resuena de forma insistente en todos los medios de comunicación alineados y subordinados al orden hegemónico. Como sabemos, en los últimos días también los Estados Unidos de América han optado sabiamente por firmar acuerdos energéticos con la Rusia de Putin, sobre todo para proteger su propio interés nacional.

 ¿Qué piensa hacer, a estas alturas, la Unión Europea? El tren, el último, está pasando en estos mismos momentos… ¿Acaso quiere la UE condenarse realmente a esa paradoja tragicómica, digna de burla mundial, por la que comprará a precios exorbitantes la energía a Washington, que, a su vez, la compra a precios asequibles a Rusia? Entendámonos bien: ya antes era una auténtica locura romper las relaciones energéticas con Rusia, pues esa decisión no perjudicaba a esta última, sino a la propia Europa. Ahora, sin embargo, se está yendo, literalmente, más allá de lo ridículo.

 El daño, además de económico, es literalmente de imagen, ya que hace que, a los ojos del mundo entero, la Unión Europea parezca un manicomio, especializada en perjudicar sus propios intereses sin causar ningún daño a los de su supuesto enemigo. No hay que pasar por alto, además, la paradoja ostentosamente absurda por la que la Unión Europea dice querer su independencia respecto a Washington y Moscú y luego se ve comprando energía a Washington, que se la revende a precios más elevados tras haberla comprado a Moscú. "

(Diego Fusaro blog, 17/10/26, traducción DEEPL) 

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