Artículo 129 de la Constitución española: Los poderes públicos... establecerán los medios que faciliten el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción - Implantar la democracia económica en España es constitucional
7.4.22
Un ejemplo de control público de precios de la energía es la Francia de Macron que con el control público de EDF impuso un tope de 40 euros Mwh... Por eso la inflación de Francia es la más baja de Europa
Un ejemplo de control público de precios de la energía es la Francia de Macron que con el control público de EDF impuso un tope de 40 euros Mwh. Por eso la inflación de Francia es la más baja de Europa. Espero que @FeijooGalicia deje de decir chorradas sobre impuestos y demás.
6:37 p. m. · 31 mar. 2022
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5.4.22
El País: El frío y el parón nuclear disparan la luz en Francia hasta casi 3.000 euros por MWh a primera hora del lunes... Los consumidores franceses, sin embargo, no lo notarán en el corto plazo: pase lo que pase, el Gobierno de Emmanuel Macron —que se somete a las urnas el próximo domingo— se ha comprometido a que la luz no se encarezca más de un 4% en 2022. La energética público-privada Électricité de France (EDF) está absorbiendo gran parte de esa brecha entre los mercados mayorista y minorista
"Francia romperá este lunes todos los récords de precios de la luz. El mercado mayorista rozará los 3.000 euros por megavatio hora (MWh) en dos franjas horarias —entre las siete y las ocho de la mañana y entre las ocho y las nueve—, un umbral para el que no existen precedentes.
Con casi la mitad de los reactores nucleares parados y una ola de frío inesperada a estas alturas del año, el gestor de la red eléctrica francesa (Réseau de Transport d’Électricité, RTE) ha emitido una alerta naranja en la que llama a ciudadanos y empresas a reducir lo máximo posible el consumo, en especial a primera hora.
El segundo mayor sistema eléctrico de Europa, solo por detrás del alemán, atravesará este lunes uno de los trances más críticos de su historia reciente. La red, admite RTE, se encuentra en una “situación tensa”. “Los eco-gestos de la ciudadanía son bienvenidos”, se lee en un comunicado publicado este sábado. El precio medio diario de la electricidad se disparará hasta los 551 euros por MWh, casi 200 más que en Italia, el doble que en España y siete veces más que en Alemania.
Los consumidores franceses, sin embargo, no lo notarán en el corto plazo: pase lo que pase, el Gobierno de Emmanuel Macron —que se somete a las urnas el próximo domingo— se ha comprometido a que la luz no se encarezca más de un 4% en 2022. La energética público-privada Électricité de France (EDF) está absorbiendo gran parte de esa brecha entre los mercados mayorista y minorista.
A las nueve de la mañana del lunes, las autoridades francesas calculan que el consumo rondará los 73.000 megavatios (MW). La generación, por su parte, se quedará en el entorno de los 65.000 MW y las importaciones alcanzarán los 11.000 MW. De esta forma, el colchón entre la oferta y la demanda quedaría en solo 3.000 MW.
A pesar de descartar cortes de suministro, el gestor eléctrico ha pedido que se “modere” la demanda entre las siete y las diez de la mañana, así como adelantar los consumos programables (como poner la lavadora o el lavavajillas) al domingo. “Todo el mundo puede ayudar con acciones sencillas: bajando la temperatura de su casa cuando no esté, apagando completamente sus dispositivos en stand by o reduciendo el número de luces encendidas en una habitación”, ejemplifica.
“Estos gestos pueden tener un impacto real: si todos los franceses apagan una bombilla, se ahorrarían 600 MW, aproximadamente el consumo de una ciudad como Toulouse [la cuarta urbe más poblada del país, con casi medio millón de habitantes]”.
La mayor presión de demanda por las bajas temperaturas previstas, mucho menores de lo habitual para un 4 de abril, coincidirán temporalmente con un factor que lleva semanas tensionando la oferta: el mantenimiento de gran parte del mayor parque nuclear del Viejo Continente —casi la mitad de sus 56 reactores nucleares están fuera de servicio—. Esa concatenación de factores obligará a Francia a aumentar la importación de electricidad de otros países vecinos, como Alemania, España o el Reino Unido." (I. F. , El País, 03/04/22)
23.9.21
Si la crisis del 2008 fue solventada mediante el austericidio, ésta, de momento, ha tenido unas características diferentes... apareció Von der Leyen con los fondos bajo el brazo... con el brexit y la aparición de la extrema derecha, la UE no se podía permitir otro descalabro en el sur... En aquella crisis lo laboral fue la pieza a cobrarse... el trabajo pasó a ser una mercancía barata que sobreexplotar. No sólo los ricos acabaron siendo más ricos, sino que también acabaron siendo más poderosos... En esta, con los ERTE, se ha demostrado que otra política laboral es posible... el Estado nacionalizó de facto los sueldos de millones de personas, para que la economía pudiera volver a ponerse en marcha tras el virus... Por eso se está pasando de soslayo sobre ésta política... lo que importa es que la gente no se entere de dos cosas: que la economía social funciona y que detrás de esa economía social hay ideología... Lacalle profetizaba que el 70% de las empresas cerrarían en 2021, que es lo que hubiese pasado si se hubiesen aplicado los recortes de Rajoy
"(...) millones de personas sentían un temor creciente al comprobar cómo una economía descontrolada había quebrado en 2008. A la Gran Recesión aún le quedaban varios años para finalizar, en términos estructurales, y unas cuántas víctimas que cobrarse, entre ellas los Estados del bienestar de la zona sur de Europa, a los que la UE dejó perecer ante el ataque de los fondos financieros a la deuda soberana. Cuando en 2012 Mario Draghi, gobernador del BCE, se decidió a actuar, España, mediante el Gobierno de Rajoy, ya había firmado terribles recortes públicos en aspectos tan esenciales como la salud o la educación. Pero no sólo.
De aquella crisis se salió a medias, porque si bien los cadáveres bancarios recuperaron el pulso perdido con el envenenamiento del ladrillo, el resto tuvimos que pagar los platos rotos. Siempre repito que hubo barrios de este país que nunca acabaron de recuperar algo más importante que el PIB, la esperanza, y que cuando empezaron a tomar aliento tras la década en la que vivimos peligrosamente, una nueva crisis, la pandémica, llegó para acabar de rematar la faena.
La diferencia es que si aquella primera crisis fue solventada mediante el austericidio, esta, de momento, ha tenido unas características diferentes. Si en aquella hubo mano de hierro de una Unión que sólo parecía hablar alemán, en esta la deuda se mutualizó y en vez de mandarnos a los hombres de negro apareció Von der Leyen con los fondos bajo el brazo. Un brexit y la aparición de la extrema derecha habían tenido lugar: la UE no se podía permitir otro descalabro en el sur.
En aquella crisis lo laboral fue la pieza a cobrarse con dos reformas laborales, 2010 y 2012, que acarrearon tres huelgas generales: el intento de acabar con la negociación colectiva estuvo sobre la mesa. Los ERE significaron algo más que el despido de millones de personas, fueron también una manera de inclinar la balanza en el conflicto capital-trabajo. Por cada puesto con derechos consolidados que se perdía, no sólo se añadía precariedad individual a los trabajadores, sino que se restaba capacidad de influencia a los sindicatos. Aquella crisis fue una batalla de clase en la que el trabajo disminuyó su capacidad de articulador social para pasar a ser una mercancía barata que sobreexplotar. No sólo los ricos acabaron siendo más ricos, sino que también acabaron siendo más poderosos a la hora de manejar los resortes productivos.
En esta, con los ERTE, se ha demostrado que otra política laboral es posible. Lo que ha sucedido, este último año y medio, es que el Estado nacionalizó de facto los sueldos de millones de personas, para que cuando la economía pudiera volver a ponerse en marcha tras el virus, esos puestos de trabajo no se hubieran perdido, salvando así de paso una gran parte del tejido empresarial. Por otro lado, el SMI ha subido ostensiblemente desde el 2018 y, contrariamente a lo que se nos dijo durante años, el paro no ha crecido.
Falta la tercera pata, una que se incluyó en el acuerdo de legislatura entre el PSOE y UP pero que sigue pendiente: el desmontaje de la reforma laboral, es decir, el volver a equilibrar la balanza entre el capital y el trabajo, al menos en unas condiciones previas al austericidio. Nos tememos, visto lo visto, que sin presión desde la calle ese nuevo pacto social no va a llegar. Los grandes empresarios pueden pagar algo más de dinero a sus trabajadores, pero no quieren, ni por asomo, volver a un momento donde un comité de empresa tenía una fuerza que la dirección se veía obligada a considerar.
Por eso se está pasando de soslayo sobre las implicaciones que tiene haber adoptado una política laboral diferente. De manera muy parecida a como se está obviando la utilidad de una política europea financiera y tributaria. No importa ceder una vez, piensan los señores del dinero, lo que importa es que la gente no se entere de dos cosas: que la economía social funciona y que detrás de esa economía social hay ideología, es decir, una manera pautada de enfrentar unos problemas con unas soluciones. No se engañen, ni todo el mundo conoce a Yolanda Díaz, ni todo el mundo sabe a qué partido pertenece. Pero eso no es lo importante: no todo el mundo conoce la diferencia entre la socialdemocracia y el neoliberalismo. Casi nadie recuerda ya aquel volcán y sus consecuencias, y no hablo del islandés, sino el de Lehman Brothers.
Lo importante es que, aunque las cosas sucedan en la línea contraria a la que desean los señores del dinero, nadie sepa muy bien por qué suceden, es decir, por qué la política vale para algo y cómo hay diferentes tipos de política. ¿Saben de otro suceso que acaeció entre 2009 y 2010 y del que tampoco nadie se acuerda? La pandemia de Gripe A, una mucho menos mortal que la del coronavirus, que se aprovechó para calificar las medidas sanitarias de alarmistas y a la compra de vacunas de despilfarro. En los diarios de la derecha quedó escrito, en jocosas columnas y artículos: leídas hoy tienen menos gracia. Aquel episodio acarreó la consecuencia de que ningún Gobierno quisiera aparecer como el primero en ponerse serio ante la amenaza que venía de Wuhan. Se sabía lo que había que hacer, pero nadie quiso ser el primero en hacerlo.
Hoy, tras año y medio de pandemia, nadie debería dudar de que se necesitan unos servicios públicos fuertes, un nuevo contrato social que atenúe las incertidumbres y una economía basada en lo productivo y no en lo especulativo. Sin embargo, a pesar de todo, el mensaje no ha calado. Tampoco con unas inclemencias meteorológicas cada vez más habituales. Tampoco con la erupción del volcán de La Palma. Si se detienen un momento, lo visto estos días en la isla canaria es un efectivo intento de control sobre las consecuencias de algo incontrolable. Bomberos, policías, protección civil, sanitarios y militares estaban ya coordinados en un plan de contingencias desde hace semanas. Un plan trazado gracias a expertos de los institutos de vulcanología. Todos ellos trabajadores públicos. Hasta la señal de televisión emitida a medio mundo proviene de una televisión pública y de cercanía como RTVC.
"(...) Según Adecco y el Banco de España, los salarios españoles podrían reducirse entre un 10% y un 15% en 2021 por la destrucción empresarial y caída de ingresos de aquellas que sobrevivan.
En un estudio reciente de McKinsey, reflejaba que de las más de 85.000 empresas que se han destruido desde febrero, el 83% son pequeños negocios con menos de cinco empleados. Una destrucción de empresas que viene de antes. España ha perdido más de 100.000 empresas en un año entre agosto de 2019 y 2020, es decir, casi el 7% del total.
Según el Banco de España, un 25% de las empresas de España están en situación de quiebra técnica y según al estudio de McKinsey antes mencionado, el 55% en economías como la española o la italiana se ven abocadas al cierre en septiembre de 2021 si las cosas siguen como hasta ahora y el 70% cerrarían si empeora.
14.4.21
El plan de Biden: Una economía de pleno empleo tiene beneficios que van mucho más allá de los beneficios directos de una mayor renta y producción... y es un acicate para la innovación y un crecimiento más rápido de la productividad. La deuda pública no importa y los los pagos directos y visibles a los hogares son mejores que los indirectos
"(...) Del otro lado están los que lo ven como una ruptura decisiva con el neoliberalismo. (...)
Desde este punto de vista, el hecho de que el gobierno de Biden no sólo haya conseguido impulsar un aumento del gasto público cercano al 10% del PIB, sino que lo haya hecho sin ninguna promesa de reducción del déficit a largo plazo, sugiere un cambio fundamental.
Personalmente, comparto esta segunda perspectiva. (...)
Realmente parece que, en las grandes cuestiones macroeconómicas, nuestro lado está ganando.
Para que quede claro, el proyecto de ley no se aprobó porque algunos economistas argumentaran convencieran a otros economistas. Fue un resultado político impulsado por las condiciones y el trabajo político. Lo más evidente es que es difícil imaginar este gobierno de Biden sin las dos campañas de Sanders que lo precedieron. (En el discurso del presidente tras la firma de la ley, Bernie fue la primera persona a la que se atribuyó el mérito). (...)
Aun así, desde mi rincón parroquial, es interesante pensar en la teoría económica que implica el proyecto de ley. Implícitamente, me parece, representa una gran ruptura con la ortodoxia imperante. (...)
Sin ser descrito como tal, es un reconocimiento decisivo de media docena de puntos que los que estamos en el lado izquierdo del debate macroeconómico hemos estado haciendo durante años.
1. La tasa oficial de desempleo siempre es una guía poco fiable del verdadero grado de holgura del mercado laboral y especialmente en las recesiones. La mayor parte del movimiento de entrada y salida del empleo corresponde a personas que no se cuentan oficialmente como desempleadas. (...)
2. El equilibrio de los riesgos macroeconómicos no es simétrico. No vivimos en una economía que fluctúa en torno a una senda de crecimiento a largo plazo, sino en una que cae periódicamente en recesiones o depresiones. Estas recesiones son una categoría distinta de acontecimientos, no un "choque" aleatorio a la producción o al gasto deseado. La actividad económica es un complejo problema de coordinación; hay muchas maneras de que falle o se interrumpa y que den lugar a una caída del gasto, pero no hay realmente ninguna manera de que se acelere bruscamente. (...)
En las economías reales, los déficits de demanda son mucho más frecuentes, persistentes y perjudiciales que el recalentamiento. Y en la medida en que este último es un problema, es mucho más fácil interrumpir el flujo de gasto que reiniciarlo.
3. La existencia de histéresis es una razón importante por la que los déficits de demanda son mucho más costosos que el efecto de sobrerreacción. La sobrerreacción puede tener costes a corto plazo en forma de mayor inflación, precios de los activos inflados y una redistribución de la renta hacia factores relativamente escasos (por ejemplo, el suelo urbano), pero también está asociado a un aumento a largo plazo de la capacidad productiva, que puede acabar cerrando la brecha inflacionista por sí sola. Por otro lado, los déficits conducen a una reducción de la producción potencial, por lo que pueden autoperpetuarse a medida que el PIB potencial disminuye. La histéresis también significa que no podemos contar con que la economía vuelva a su tendencia a largo plazo por sí sola: las grandes caídas de la demanda pueden persistir indefinidamente a menos que se compensen con algún gran impulso exógeno de la demanda. Lo que a su vez significa que las estimaciones estándar de la producción potencial subestiman la capacidad de la producción para responder a un mayor gasto.
Pero también hay importantes implicaciones para la distribución de la renta. Los más desfavorecidos en el mercado laboral son los que más se benefician de un desempleo muy bajo. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial, y la posterior evolución de la brecha salarial racial, sugiere que, históricamente, los mercados laborales ajustados y sostenidos han sido la fuerza más poderosa para cerrar la brecha entre los salarios de los negros y los blancos
.No estoy seguro de hasta qué punto los miembros de la administración y del Congreso utilizaron estos argumentos para elaborar el proyecto de ley. Pero incluso si no se argumentaron explícitamente, alguna mezcla de ellos se desprende lógicamente de la voluntad de aprobar algo mucho mayor de lo que implicarían las estimaciones convencionales de la brecha de producción.
En otros puntos hay una relación más directa entre el debate sobre el proyecto de ley y el cambio de visión económica que implica.
6. Los incentivos laborales no importan. Durante décadas, las medidas de
asistencia social en EE.UU. han sido cuidadosamente diseñadas para
garantizar que no ampliaran las opciones de las personas más allá del
trabajo asalariado. El compromiso de mantener los incentivos al trabajo
era lo suficientemente fuerte como para justificar la supresión efectiva
de todas las ayudas en metálico
a las familias que no tuvieran a nadie con un empleo remunerado, lo que
por supuesto incluye a los más pobres. El seguro de desempleo
pandémico de 600 dólares fue un cambio radical: llegar a todos los que
estaban sin trabajo tuvo prioridad sobre asegurar que nadie quedara en
mejor situación de la que tendría con un empleo. La evidencia empírica de que esto no tuvo ningún efecto sobre el empleo es informativa sobre los programas de apoyo a los ingresos en general. (...)
Como mucha gente ha señalado, esto es al menos un giro de 180 grados respecto a la "reforma del bienestar" de la era Clinton.
7. El gasto directo y visible es mejor que el gasto indirecto o el destinado a modificar los incentivos. Para cualquiera que recuerde los debates sobre la ARRA al inicio de la administración Obama, es sorprendente lo mucho que el Plan de Rescate se inclina por los pagos directos y visibles a los hogares.(...)
En otras áreas el marco conceptual no ha avanzado tanto como yo hubiera esperado, aunque estamos progresando:
8. La comprobación de los medios de vida es costosa e imprecisa. (...) nos encontramos con que la principal medida de los ingresos que utilizamos se basa en los registros fiscales de uno o dos años antes; hay muchos casos en los que el concepto de ingresos relevante no es obvio; y la necesidad de documentar los ingresos crea costes e incertidumbres sustanciales para los beneficiarios. (...)
9. La debilidad de la demanda es un problema permanente, no sólo a corto plazo. La crítica más seria al ARPA es, en mi opinión, que muchas de sus disposiciones están programadas para desaparecer progresivamente en fechas concretas, cuando podrían ser permanentes (el crédito fiscal por hijos) o estar vinculadas a las condiciones económicas (las disposiciones del seguro de desempleo). (...)
10. El sector público tiene capacidades de las que carece el sector privado. Aunque el ARPA de Biden es un gran paso adelante con respecto al ARRA de Obama en muchos aspectos, algo que tienen en común es una relativa falta de provisión pública directa.
(...)lo que necesitamos ahora son manuales y teorías que pongan de manifiesto, sistematicen y generalicen el razonamiento que justifica una gran expansión del gasto público, sin limitaciones por las estimaciones convencionales del producto potencial, la deuda pública o la necesidad de preservar los incentivos del mercado laboral. Las circunstancias del año pasado son obviamente excepcionales, pero eso no significa que no puedan convertirse en la base de una regla general.
Durante la última generación, la teoría macroeconómica ha sido en gran medida una parábola abstraída de los años 70, cuando los altos tipos de interés (supuestamente) nos salvaron de la inflación. Con suerte, quizá la próxima generación aprenda la macroeconomía como una parábola de nuestra propia época, cuando los grandes déficits nos salvaron del estancamiento secular y del coronavirus."
(J. W. Mason , profesor de economía en el John Jay College de la City University de Nueva York, Sin Permiso, 11/04/21 ; fuente: jwmason.org)
14.12.16
Fillon desde su despacho no tiene ni idea de la vida real de la gente. ¿Suprimir 500.000 funcionarios? Los hospitales ya están al límite, las bajas por enfermedad de las enfermeras están al límite... la educación, igual
17.10.14
Estudios académicos que demuestran las ventajas de lo público frente a lo privado
Servicios públicos
Sanidad
3.3.11
La nueva guerra de clases... no es entre los trabajadores y el capital, sino entre los trabajadores del sector público y los del privado"
La semana pasada, sin embargo, los trabajadores públicos sorprendieron a todos, incluso a sí mismos y a sus dirigentes sindicales al tomar la iniciativa en estas manifestaciones y obligar al liderazgo del sindicato de maestros a seguirles. El pasado martes, los maestros de la capital anunciaron su intención de salir a la calle y llevar a sus estudiantes consigo.
En Milwaukee, la ciudad más grande de Wisconsin, los profesores desafiaron las invocaciones de los administradores de escuelas y sus propios sindicatos de permanecer en el trabajo. El miércoles pasado marcharon en Madison, en tal número que su dirigencia sindical se vio obligada a unírseles. Así, 35 distritos escolares tuvieron que cerrar, a medida que miles de maestros y otros trabajadores del sector público caminaban hacia el centro de la ciudad. (...)
Para los veteranos de las protestas en las últimas décadas, esta vez había un ambiente totalmente diferente. La escena ha sido, al mismo tiempo, creativa, de buen humor, alegre y pacífica, pero también, enojada. Este movimiento no tuvo portavoces: la gente se organizó, tomó decisiones sobre el terreno, y actuó consecuentemente, y sus acciones e instintos dieron resultado, si vemos los acontecimientos posteriores. (...)
El alcance del movimiento es amplio. A los estudiantes y profesores y otros empleados públicos se les se unieron bomberos y policías, cuyos derechos de negociación colectiva no están bajo amenaza inmediata y que, por lo tanto, se hicieron presentes en demostración de una notable solidaridad. Juntos, han adoptado una nueva alianza y han puesto de lado una historia de antagonismo que data de los años 1960.
En este nuevo mundo, los policías ofrecen comida y café a manifestantes estudiantiles sentados en el suelo de la rotonda del Capitolio. Los bomberos, que llegan vestidos con sus trajes oscurecidos por el hollín o en faldas escocesas, tocan sus gaitas en apoyo a sus hermanos empleados públicos y estudiantes.
Envolverse en la bandera -¿quien más puede hacerlo sin verse cínico o tonto?- los bomberos han devuelto este poderoso símbolo a la clase obrera organizada.
Ya el sábado, el número de manifestantes se había incrementado a más de 60.000, mientras que los adherentes del Tea Party del gobernador pudieron reunir apenas unos cuantos miles. (...)Pero, a pesar de toda esta buena energía y del éxito obtenido, no todo está bien. Los trabajadores están seriamente divididos. La derecha política ha hecho grandes inversiones para poner a los empleados del sector privado en contra de sus contrapartes del sector público. Y lo han logrado.
Después de tres décadas de guerra contra los sindicatos del sector privado, sólo el 7% de los trabajadores no públicos están protegidos. Como era de esperar, esto se ha traducido en una erosión casi completa de los programas de salud, anteriormente en manos y planes de pensiones de los que alguna vez disfrutaron. (...)
Sin embargo, los demócratas no sacaron ningún beneficio tangible para los trabajadores desde que asumieron el poder y, ahora, la derecha ha sabido desviar la ira de la clase trabajadora, de Wall Street hacia los profesores y los empleados públicos. Hábilmente ejecutada, la táctica ha llevado a los trabajadores del sector privado sin beneficios a culpar a todo aquel que sí tiene beneficios como la causa de su privación. (...)
La nueva guerra de clases, como de hecho es percibido este conflicto, no es entre los trabajadores y el capital, sino entre los trabajadores del sector público y los del sector privado, éstos últimos azuzados por multimillonarios derechistas como los hermanos Koch." (Sin Permiso, 27/02/2011, citando a 'Guerra de clases en Wisconsin', de Jeffrey Sommers)
10.6.08
Lo público es lo privado, y lo privado es lo que digo yo, y no lo que quiera el del fotomatón
“En todo caso, y frente al elitismo del liberalismo decimonónico, que reconocía a todos (los hombres) la plenitud de los derechos civiles mientras reservaba sólo a unos pocos los derechos políticos, los regímenes democráticos se construyeron sobre la convicción de que existía, y existe, una relación indisoluble entre la defensa de nuestra libertad individual y la implicación en la vida política. (…)
Precisamente porque lo público y lo privado son construcciones históricas, obras nuestras y no de la naturaleza, la definición y defensa de lo que creamos que deban ser será producto de nuestras opciones y nuestras decisiones, de nuestra actividad política y de nuestra vigilancia continua. (…)
El carácter histórico (artificial y originalmente sexista) de la distinción entre lo público y lo privado no cancela el debate. Lo abre. ¿Estamos o no de acuerdo con que en la reserva de un espacio innegociable de privacidad está el germen de todas las otras libertades? ¿Creemos que no hay libertad política posible sin independencia individual y a la inversa?
Lo privado no es una mera concesión del poder o de la opinión de los demás, es un espacio que hay que defender porque a través de él nos jugamos el derecho a llenar nuestros días y nuestras horas de la manera más acorde con nuestras inclinaciones y nuestras fantasías, a salvo de la voluntad arbitraria de uno o varios individuos. Nos jugamos, en realidad, el cemento mismo sobre el que se ha construido la libertad de los modernos.” (ISABEL BURDIEL: Telma Ortiz y la libertad de los modernos. El País, ed. Galicia, Opinión, 07/06/2008, p. 35)