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21.10.25

Estados Unidos fue el gran responsable del conflicto ucraniano al negarse a llegar a un compromiso con Rusia para desactivar su dilema de seguridad, pero Alemania merece tanta culpa como Polonia y los Estados Bálticos, quizás incluso más porque era el líder de facto de la UE en ese momento... Merkel omite deshonestamente lo que presumió en diciembre de 2022 sobre cómo siempre consideró que Minsk era un engaño para ganar tiempo y fortalecer las capacidades ofensivas de Ucrania... Merkel estaba cuidando lo que ella creía (ya sea con precisión o no) que eran los intereses alemanes, por lo que capituló ante la presión de Polonia y los Estados Bálticos para evitar un diálogo de seguridad con Rusia y así no dividir aún más a la UE de facto liderada por Alemania (Andrew Korybko)

 "Estados Unidos fue el más responsable del conflicto ucraniano al negarse a llegar a un compromiso con Rusia para desactivar su dilema de seguridad, pero Alemania merece tanta culpa como Polonia y los Estados Bálticos, quizás incluso más porque era el líder de facto de la UE en ese momento.

La ex canciller alemana Angela Merkel insinuó fuertemente en una entrevista que Polonia y los Estados Bálticos son parcialmente responsables del conflicto en Ucrania. Según ella, "Quería un nuevo formato... en ese entonces (en junio de 2021) donde pudiéramos hablar directamente con Putin como la UE." Algunos [en el Consejo Europeo] no apoyaron eso. Principalmente fueron los Estados Bálticos; pero Polonia también estaba en contra porque temían que no tuviéramos una política común hacia Rusia. Tiene razón en parte y equivocada en parte.

Lo que ella tiene razón en afirmar es que esos cuatro están resueltamente en contra de Rusia por razones históricas (no importa si los lectores creen o no que esas razones deberían influir en la política contemporánea) y, por lo tanto, seguramente obstruirían cualquier diálogo propuesto entre la UE y Rusia sobre cuestiones de seguridad. Si Alemania hubiera entablado conversaciones bilaterales con Rusia sobre este asunto o junto con una "coalición de los dispuestos" compuesta por países de Europa Occidental, eso habría dividido aún más a la UE.

En ese escenario, Estados Unidos podría haber aprovechado esta grave ruptura para desplegar más tropas y equipo hacia las fronteras de Rusia, arruinando así el hipotético diálogo mencionado anteriormente y provocando a Putin en lo que finalmente se convirtió en la operación especial, que Merkel quería evitar. Como muchos, subestimó cuán seriamente consideraba él el dilema de seguridad de su país con la OTAN en ese momento, por lo que asumió que no recurriría a medios cinéticos en Ucrania para resolverlo.

No solo se equivocó en eso, sino que su relato omite deshonestamente lo que presumió en diciembre de 2022 sobre cómo siempre consideró que Minsk era un engaño para ganar tiempo y fortalecer las capacidades ofensivas de Ucrania antes de un futuro intento total de reconquistar Donbass. Nunca se le infligió una derrota estratégica a Rusia, ni en el mencionado escenario que la operación especial evitó por poco, ni a lo largo del curso del conflicto en curso, así que Merkel ahora está tratando de desviar la culpa.

 Otro punto es que cualquier temor que Alemania y otros pudieran haber tenido de que Estados Unidos explotara una fractura intra-UE sobre un diálogo de seguridad con Rusia podría haberse contrarrestado al impedir que utilizara su territorio y espacio aéreo para transferir tropas y equipo a Polonia y los Estados Bálticos. Probablemente habrían llegado allí de alguna manera incluso en ese caso, pero la logística militar necesaria para convertir lo que podría haber sido una campaña rápida en una guerra de desgaste podría no haberse materializado nunca.

En última instancia, Merkel estaba cuidando lo que ella creía (ya sea con precisión o no) que eran los intereses alemanes, por lo que capituló ante la presión de Polonia y los Estados Bálticos para evitar un diálogo de seguridad con Rusia y así no dividir aún más a la UE de facto liderada por Alemania. Sin embargo, resultó que el liderazgo de Alemania en la UE ya no es tan sólido como solía ser debido a que Polonia ha aprovechado la operación especial para revivir su estatus de Gran Potencia y posicionarse como el principal aliado de Estados Unidos en la Europa de la posguerra.

Los esfuerzos de Merkel por mantener el liderazgo alemán en la UE fracasaron, pero en lugar de admitirlo, está echando la culpa a uno de los países cuyo liderazgo (lo que no significa su gente) se benefició más, Polonia. Estados Unidos fue el más responsable del conflicto ucraniano al negarse a llegar a un compromiso con Rusia para desactivar su dilema de seguridad, pero Alemania merece tanta culpa como Polonia y los Estados Bálticos, quizás incluso más porque era el líder de facto de la UE en ese momento."

(Andrew Korybko , blog, 21/10/25, traducción Quillbot)

19.4.24

El crimen contra la paz cometido por Angela Merkel y Francois Hollande... Merkel había declarado a Die Zeit que ella misma y Hollande no habían firmado los acuerdos de Minsk para proteger a los pobladores del Donbass y poner fin a la guerra de Kiev contra ellos sino para que el régimen ucraniano tuviera tiempo de armarse contra Rusia... Francois Hollande declaró: «Sí, Angela Merkel tiene razón sobre ese punto. Los acuerdos de Minsk detuvieron la ofensiva rusa por un tiempo... nadie ha emitido órdenes de arresto contra Angela Merke y Francois Hollande, por «crímenes contra la paz» enunciados por el Tribunal militar internacional de Nuremberg... Según ese Tribunal, los «crímenes contra la paz» son los más graves, mucho más graves incluso que los «crímenes contra la Humanidad». Y, de la misma manera, son crímenes que no prescriben... no hay dudas de que llegado el fin de la guerra en Ucrania, Angela Merkel y Francois Hollande tendrían que responder por «crímenes contra la paz». Claro, que dependería de la aprobación de Alemania y de Francia (Thierry Meyssan)

 "Algunos colegas que trabajan para grandes medios de prensa han iniciado una polémica sobre una parte de una conferencia que impartí el mes pasado en Colmar [ciudad del este de Francia] [1]. Esos colegas me cuestionan porque yo hablé en esa conferencia sobre la responsabilidad personal de la ex canciller de Alemania, Angela Merkel, y del ex presidente de Francia, Francois Hollande, en la guerra que está teniendo lugar en Ucrania.

Seguidamente expongo, en detalle, los hechos que mencioné en aquella conferencia y que esos colegas niegan.

CRÍMENES CONTRA LA PAZ

El 28 de diciembre de 2022, el ex presidente francés Francois Hollande dio en París una entrevista a Théo Prouvost del sitio web ucraniano The Kyiv Independent, [2], entrevista que los colegas que me contradicen confunden con la llamada telefónica al propio Hollande que los humoristas rusos Vovan y Lexus realizaron después, inspirándose en las declaraciones anteriores de la ex canciller alemana Angela Merkel [3].

El hecho es que Francois Hollande confirmó claramente lo que la ex canciller alemana Angela Merkel ya había dicho, días antes, al semanario alemán Die Zeit [4]. Merkel había declarado a Die Zeit que ella misma y Hollande no habían firmado los acuerdos de Minsk para proteger a los pobladores del Donbass y poner fin a la guerra de Kiev contra ellos sino para que el régimen ucraniano tuviera tiempo de armarse contra Rusia.

Francois Hollande declaró: «Sí, Angela Merkel tiene razón sobre ese punto. Los acuerdos de Minsk detuvieron la ofensiva rusa por un tiempo. Lo que era muy importante era saber cómo utilizaría Occidente ese respiro para impedir toda nueva tentativa rusa.»

La «tentativa rusa» que menciona Hollande no era un envío de tropas rusas ordenado por Moscú sino la iniciativa privada del multimillonario ruso Konstantin Malofeyev, quien envió cosacos para apoyar a los pobladores del Donbass, algo que Malofeyev ya había hecho antes, para ayudar a los serbios en Bosnia.

Las palabras de Angela Merkel y de Francois Hollande fueron confirmadas por el secretario general del Consejo de Defensa y de Seguridad Nacional de Ucrania, Oleksiy Danilov, personaje que “dimitió” hace sólo 3 semanas, después de haber insultado al enviado especial chino [5].

Los acuerdos de Minsk se negociaron en dos fases:
-El primer protocolo fue firmado, el 15 de septiembre de 2014, por Ucrania, Rusia y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). También pusieron sus firmas al pie de ese texto los gobernadores de los oblast de Donetsk y de Lugansk, que ya se habían proclamado “Repúblicas”, como las antiguas regiones soviéticas, pero que no aspiraban entonces a la independencia. Aquel primer protocolo instituye un alto al fuego, una liberación de rehenes y la retirada de las fuerzas de ambas partes –incluyendo a los cosacos reclutados por Konstantin Malofeyev. También prevé una descentralización de los poderes, la realización de elecciones locales y la apertura de un diálogo nacional.

Pero no sucedió gran cosa, sólo se concretó la retirada de los cosacos porque el presidente ruso Vladimir Putin obligó Malofeyev a retirarlos –a Putin no le gustaba que un multimillonario se comportara como un gran duque de la época zarista. 

-El segundo protocolo fue firmado 6 meses después, el 11 de febrero de 2015. Las negociaciones se desarrollaron bajo la responsabilidad de la OSCE, nuevamente entre el régimen de Kiev y las “Repúblicas” proclamadas de Donetsk y Lugansk. Fue entonces cuando Alemania, Francia y Rusia asumieron la responsabilidad de garantizar la aplicación de los acuerdos de Minsk –en el marco del llamado «formato Normandía».
Ese segundo protocolo instituye más o menos las mismas disposiciones que el primero, pero precisando los detalles. Lo más importante es que indica que la descentralización de los poderes, que nunca llegó a aplicarse a pesar de lo acordado, tendría que instaurarse mediante una reforma constitucional.

Rusia temía que aquel segundo protocolo corriera la misma suerte que el primero –o sea, que Kiev no lo aplicara. Eso fue lo que explicó después Vladislav Surkov, quien estaba a cargo de aquel asunto en el Kremlin –aunque el diario francés Le Figaro interpretó al revés las palabras de Surkov y afirmó lo contrario, que Rusia no quería que los acuerdos de Minsk se aplicaran [6]. Esa interpretación es falsa, lo cual queda demostrado por el hecho que no fueron Alemania ni Francia quienes presentaron aquel protocolo al Consejo de Seguridad de la ONU. Quien sometió el segundo protocolo de los acuerdos de Minsk a ese órgano de las Naciones Unidas para su aprobación fue la Federación Rusa [7].

HACIA UN NUEVO PROCESO DE NUREMBERG

Luego de las declaraciones de la ex canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés Francois Hollande, Viacheslav Volodin, el presidente de la Duma Estatal –la cámara baja de la Federación Rusa–, intervino inmediatamente para expresar su indignación ante aquellas confesiones. Posteriormente, después de las fiestas de navidad, Volodin publicó sus comentarios en su cuenta de Telegram [8].
Los comentarios indignados de Volodin dieron lugar a dos despachos, uno de la agencia TASS [9] y otro de Ria-Novosti [10], despachos que mis colegas también han preferido ignorar.

Como presidente de la Duma Estatal, Viacheslav Volodin cita primeramente al presidente ruso Vladimir Putin: «Si la pelea es inevitable, debes golpear primero». Y luego resalta: «Las confesiones de un representante del régimen de Kiev y de ex dirigentes de Alemania y de Francia deberían ser utilizadas como pruebas ante un tribunal militar internacional. Esos dirigentes conspiraban para desatar una guerra mundial de consecuencias imprevisibles. Merecerían ser castigados por sus crímenes.»

Al calificar las declaraciones de Angela Merkel, de Francois Hollande y de Oleksiy Danilov como pruebas de «crímenes», Viacheslav Volodin se refería a los «crímenes contra la paz» enunciados por el Tribunal militar internacional de Nuremberg, luego de la Segunda Guerra Mundial. Según ese Tribunal, cuya autoridad es reconocida por todos los Estados miembros de la ONU, los «crímenes contra la paz» son los más graves, mucho más graves incluso que los «crímenes contra la Humanidad». Y, de la misma manera, son crímenes que no prescriben.

Sin embargo, nadie ha emitido órdenes de arresto contra Angela Merkel, Francois Hollande ni Oleksiy Danilov. Tampoco existe, al menos por ahora, una jurisdicción capaz de juzgar los crímenes de esos personajes. Es por eso que Viacheslav Volodin hablaba de un «tribunal militar internacional» –equivalente al célebre tribunal de Nuremberg–, que podría constituirse cuando termine la guerra en Ucrania.

Y no hay dudas de que llegado ese momento –el fin de la guerra en Ucrania–, Angela Merkel, Francois Hollande y Oleksiy Danilov tendrían que responder por «crímenes contra la paz». Claro, en los casos de Merkel y de Hollande eso dependería de la aprobación de Alemania y de Francia.

Sólo me queda entonces deplorar que los colegas que me contradicen no hayan encontrado los documentos que acabo de citar aquí. Por supuesto, es normal que no los encuentren si leen únicamente los despachos de las agencias de prensa anglosajonas y europeas, que simplemente se niegan a tomar en consideración el punto de vista ruso. Esos colegas se limitan a repetir la narrativa oficial y no hacen su trabajo de verificación.

¿POR QUÉ NUNCA LLEGARON A APLICARSE LOS ACUERDOS DE MINSK?

El 17 de febrero de 2015, como ya señalé antes, Rusia presentó el segundo protocolo de los acuerdos de Minsk al Consejo de Seguridad de la ONU y ese documento fue objeto de la resolución 2202 de ese órgano de las Naciones Unidas. Como anexo, Moscú obtuvo la adopción del texto del protocolo y de la declaración emitida por los cuatro jefes de Estado y de gobierno implicados: el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin; el presidente de Ucrania, Petro Porochenko; el presidente de Francia, Francois Hollande; y la canciller de Alemania, Angela Merkel. Durante los debates en el Consejo de Seguridad, el representante permanente de Ucrania incluso expresó su satisfacción ante el apoyo decidido de las Naciones Unidas.

Dicho sea de paso, es interesante observar que, ya en aquel momento, el representante permanente de China expresaba la posición que el gigante asiático sigue manteniendo hoy en día: la paz sólo puede ser duradera si responde a las preocupaciones de todas las partes.

Pero el segundo acuerdo de Minsk, aprobado en el Consejo de Seguridad de la ONU, nunca será aplicado. En el Donbass seguían los enfrentamientos esporádicos y cada una de las partes atribuía la responsabilidad a la otra. Kiev quería que la amnistía prevista se proclamara sólo después de las elecciones, mientras que los dirigentes de los oblast del Donbass exigían que se proclamara antes, para poder participar en las elecciones, que seguramente habrían ganado.

El 31 de agosto de 2015, las enmiendas constitucionales fueron presentadas al parlamento ucraniano… en presencia de la enviada especial de Estados Unidos, Victoria Nuland, quien había organizado el golpe de Estado que derrocó al presidente constitucionalmente electo de Ucrania en 2014, el llamado «EuroMaidan» o «revolución de la dignidad». 

Los diputados del partido nacionalista integrista Svoboda tratan entonces de impedir la votación e invaden la tribuna gritando «¡Vergüenza!» y «¡Traición!» [11]. Simultáneamente, fuera de la sede del parlamento, estallan enfrentamientos entre la policía y elementos paramilitares de los nacionalistas integristas, con saldo de 4 muertos y 122 heridos. En el hemiciclo no se alcanza la mayoría calificada. La reforma constitucional no será adoptada.

Los motines del 31 de agosto de 2015 fueron los más importantes desde el derrocamiento del presidente electo, Viktor Yanukovich, por los nacionalistas integristas de Sbovoda… respaldados por la subsecretaria de Estado estadounidense Victoria Nuland. El entonces presidente Petro Porochenko condenó aquellos motines… pero captó el mensaje: si trataba nuevamente de aplicar los acuerdos de Minsk, él también sería derrocado.

Así que el presidente Porochenko denunció súbitamente el segundo protocolo de Minsk. Afirmó que la firma que el ex presidente Leonid Kuchma había estampado en nombre de Ucrania al pie de aquel documento carecía de valor legal porque Kuchma no había sido acreditado por el parlamento. 

Eso es cierto… pero el propio Porochenko había estado presente en las negociaciones, en su calidad de presidente en ejercicio, y no había puesto reparos en el momento de la firma, ni tampoco cuando los acuerdos fueron ratificados por el Consejo de Seguridad de la ONU, el propio Porochenko incluso había firmado una declaración común comprometiéndose a aplicar los acuerdos de Minsk. ¿Qué conclusión se desprende de su actitud? Que Porochenko actuaba con la misma mala fe que el presidente francés Francois Hollande y que la canciller alemana Angela Merkel.

Inmediatamente después de haber denunciado los acuerdos de Minsk, el presidente ucraniano Porochenko encargó a los paramilitares de Svoboda la misión de “hacer presión” sobre las poblaciones del Donbass. Esa fue la tarea de la siniestra División Azov de Andriy Biletsky, quien se hace llamar el «Fuhrer Blanco». 

Durante 7 años, 80.000 combatientes lucharán entre sí. Los nacionalistas integristas de Kiev matan en el Donbass entre 17 000 y 21 000 de sus compatriotas, ucranianos rusoparlantes. Porochenko instaura un apartheid, una ciudadanía desigual en la que las poblaciones rusoparlantes del Donbass ya no tienen derecho a ningún servicio social, no tienen derecho a la jubilación ni a tener escuelas donde sus hijos aprendan la lengua de sus padres: el idioma ruso.

El Consejo de Seguridad de la ONU no interviene. Cuando más se limita, el 6 de junio de 2018, a emitir una declaración de su presidente [12]. Cuando logra llegar al poder, el hoy presidente Volodimir Zelenski trata de “atar cabos” convocando una reunión del formato Normandía, sin obtener resultados.

LA RESPONSABILIDAD DE PROTEGER A LA POBLACIÓN DEL DONBASS

El 2 de noviembre de 2021, el presidente Volodimir Zelenski nombra a Dimitro Yarosh, principal figura de los nacionalistas integristas y desde hace mucho tiempo agente de la CIA [13], como consejero del jefe de las fuerzas armadas ucranianas, el general Valeri Zaluzhni. Yarosh elabora rápidamente un plan de ataque contra las poblaciones del Donbass [14], plan que debía ponerse en aplicación el 9 de marzo de 2022.

Pero, el 21 de febrero, en una ceremonia improvisada en el Kremlin, la Federación Rusa reconoce sorpresivamente como Estados independientes las Repúblicas Populares proclamadas en Donestk y Lugansk. Al día siguiente, Rusia inicia una «operación militar especial» en Ucrania. Desde Rusia y Bielorrusia, fuerzas rusas cruzan simultáneamente la frontera ucraniana para evitar que las tropas de Kiev se concentren en el Donbass. El ejército ruso destruye el aeropuerto militar de Kiev pero sin tratar de tomar la capital ucraniana. En pocas semanas, Rusia libera la mayor parte del Donbass.

Moscú evita durante meses pronunciar la palabra “guerra”. El gobierno ruso explica que interviene en Ucrania únicamente para poner fin a los sanguinarios ataques de Kiev contra los civiles del Donbass.

Occidente acusa a Rusia de haber «invadido» Ucrania en plan de conquista. Pero Rusia no ha hecho otra cosa que aplicar la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU y la declaración de los jefes de Estado que habían negociado los acuerdos de Minsk. Fue precisamente para reservarse la posibilidad de emprender esa acción que Rusia había tenido la precaución de incluirla como anexo en la resolución del Consejo de Seguridad. Afirmar que Rusia invade Ucrania equivaldría a decir que Francia invadió Ruanda cuando intervino para poner fin al genocidio contra la etnia tutsi, en 1994… cosa que nadie dice.

Inicialmente Rusia no recurre al argumento de la «responsabilidad de proteger», el llamado «R2P» que las potencias occidentales tanto han utilizado en otras latitudes, pero al que Rusia se opone desde que comenzó a mencionarse en la ONU, sólo en 2005. No será hasta febrero de 2024 que Moscú utilizará ese concepto en una reunión del Consejo de Seguridad. En esa reunión, convocada por su misión en la ONU, Rusia expondrá nuevamente la posición que ha defendido desde el principio, pero no usará el mismo lenguaje diplomático que sus interlocutores.

LA PROPAGANDA DE GUERRA

Vuelvo ahora a mencionar los escritos de mis colegas. Según ellos, yo he “inventado” la responsabilidad de Francois Hollande y de Angela Merkel en el actual conflicto y si sostengo que Rusia no ha “invadido” Ucrania es porque repito la famosa “desinformación rusa”. Es probable que esos colegas hayan redactado sus artículos con la intención de vulnerar mi credibilidad. Quizás no son capaces de ver que cuando escriben esas idioteces en los grandes medios, lo que hacen es sobre todo orientar la opinión pública erróneamente y, en definitiva, hacerse eco de la propaganda de los partidarios de la guerra."

 ( THIERRY MEYSSAN, analista geopolítico francés, Observatorio de la crisis, 18/04/24)

4.1.24

Hoy la percepción predominante es que Alemania ya no consigue hacer nada bien (al menos, nada importante). El ánimo de la población refleja cansancio y pesimismo: el 46% de los alemanes cree que en diez años estarán peor... 2023 resultó un muy mal año para Alemania. La economía experimenta una recesión moderada pero persistente, y las perspectivas para 2024 son igualmente negativas ¿Qué salió mal? Tras dormirse en los laureles demasiado tiempo, quedó mal preparada para el mundo actual, la falta de mercados nuevos para los productos alemanes genera presión sobre la economía del país, orientada a las exportaciones. Además, no hay inversión suficiente, los mercados de capitales están muy debilitados, y una forma agresiva de tecnofobia ha frenado el impulso digitalizador (Helmut K. Anheier)

 "Hubo un tiempo en que, en opinión de muchos, nada podía salirle mal a Alemania: tenía una economía sólida, bajo nivel de desempleo y una estrategia de consolidación fiscal exitosa. Un amplio consenso político proveía estabilidad, y la sociedad alemana no padecía divisiones profundas. Como decía el eslogan de campaña de la excanciller alemana Angela Merkel en 2017, Alemania era «un país donde vivimos bien y felices».

Pero a estas alturas, el eslogan de Merkel (olvidado hasta por su propio partido) ya suena a ilusión vana. Hoy la percepción predominante es que Alemania ya no consigue hacer nada bien (al menos, nada importante). El ánimo de la población refleja cansancio y pesimismo: el 46% de los alemanes cree que en diez años estarán peor. A fines de 2022, sólo el 28% tenía esperanzas respecto de 2023 (fue la respuesta más negativa desde 1951).

Y no se equivocaron: 2023 resultó un muy mal año para Alemania. La economía experimenta una recesión moderada pero persistente, y las perspectivas para 2024 son igualmente negativas. Una grave y prolongada crisis presupuestaria tiene paralizados a los gobiernos federal y a los de los estados; los tres socios de la coalición de gobierno no dejan de pelearse; y numerosos intentos de reforma están detenidos o se han abandonado. No extraña que Krisenmodus (modo de crisis) haya sido la palabra alemana del año.

Hace poco, el influyente periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung dedicó toda una página a hablar de los mayores problemas de Alemania: trece en total, autoinfligidos muchos de ellos. Hoy la globalización está cambiando y se está frenando, y la falta de mercados nuevos para los productos alemanes genera presión sobre la economía del país, orientada a las exportaciones. Además, no hay inversión suficiente, los mercados de capitales están muy debilitados, y una forma agresiva de tecnofobia ha frenado el impulso digitalizador.

Y eso es sólo la punta del iceberg. Alemania también padece falta de inversión en infraestructura pública, exceso de regulación y de burocracia y escasez de mano de obra. La sociedad alemana enfrenta una variedad de problemas, entre ellos un sistema inmigratorio disfuncional, el alto costo de la vivienda, precios de la energía que están entre los mayores de Europa y malos resultados educativos.

Por el lado positivo, el periódico sólo pudo identificar tres signos alentadores: que es probable que la inteligencia artificial redunde en beneficio del núcleo industrial alemán; que el sector farmacéutico está recuperando su anterior fortaleza; y que el Mittelstand (las dinámicas pequeñas y medianas empresas manufactureras alemanas) se mantiene hasta cierto punto resiliente e innovador.

¿Qué salió mal? No hay duda de que la pandemia de COVID‑19, la guerra del presidente ruso Vladimir Putin en Ucrania (con la consiguiente crisis de la energía), un incremento súbito de las migraciones y los conflictos en Medio Oriente han contribuido a la situación actual. Pero sobre todo, han revelado lo mal preparada que estaba Alemania para enfrentar perturbaciones inesperadas y cambios geopolíticos.

Muchos de estos problemas se venían gestando hace tiempo: dependencias económicas y energéticas, sistemas administrativos obsoletos, regulaciones que asfixian la innovación, etcétera. Pero la dirigencia alemana decidió ignorarlos, y los votantes siguieron la corriente, convencidos de que al final todo saldría bien.

La desazón alemana tiene muchas causas, pero una de las principales es el (a menudo olvidado) peso del éxito. Vale para las empresas y vale para los países: una buena situación financiera puede generar autocomplacencia. En tiempos de crecimiento firme, los gobiernos se confían demasiado y dejan de prestar atención a cambios en las condiciones.

Este problema se agravó por la importancia que dan los votantes alemanes a la estabilidad del liderazgo político y a mantener el statu quo. Merkel (que está muy lejos de ser una política visionaria) le vino a Alemania como anillo al dedo, y en vez de impulsar reformas muy necesarias eligió el gradualismo.

La coalición gobernante (llamada Ampelkoalition, o coalición del semáforo, por los colores de los tres partidos integrantes) se formó con la consigna de «atreverse a más progreso». Pero el canciller Olaf Scholz no es ni un visionario ni un gerente eficaz para un gobierno atravesado por conflictos y propenso a cometer errores.

A la Ampelkoalition le ha sido prácticamente imposible encontrar coincidencias entre los miembros. Los socialdemócratas consienten a su vieja y menguante base electoral con dinero de los contribuyentes; los verdes tienen una visión reformista cada vez más alejada de la opinión pública; y los liberaldemócratas repiten la cantinela de «no crear más impuestos» y «limitar el gasto público», al tiempo que insisten en que se respete el límite constitucional a la emisión de deuda. Si las políticas de la coalición durante sus primeros dos años en el poder son indicación de lo que vendrá, los alemanes tienen motivos para preocuparse por el futuro de su país.

Es indudable que Alemania pagará un precio por la autocomplacencia. Tras dormirse en los laureles demasiado tiempo, quedó mal preparada para el mundo actual, y la falta de una respuesta decidida de la coalición gobernante agravó el problema. Y en la dimensión social, el consenso amplio que unía a la mayoría de los alemanes se ha debilitado, como demuestran las cada vez más frecuentes huelgas y manifestaciones.

Además, el futuro político del país es incierto. El partido de derecha Alternative für Deutschland (AfD) supera el 20% en las encuestas nacionales (hace menos de dos años estaba en 10%) y puede que el año entrante se convierta en primera minoría en los parlamentos de varios estados. De hecho, es posible que la Ampelkoalition no sobreviva hasta la próxima elección federal (prevista para 2025). Si los pedidos de elección anticipada se intensifican, tal vez Scholz intentará formar una «gran coalición» con los democristianos liderados por Friedrich Merz (hoy canciller del gabinete en la sombra).

Si la Ampelkoalition quiere permanecer en el poder y corregir su triste desempeño, Scholz tendrá que mejorar su comunicación con el electorado y explicar con más frecuencia y claridad las políticas de su gobierno. Y los tres partidos tienen que darse cuenta de que si insisten en seguir hablando de sus temas favoritos mientras el país se hunde, limitarán sus chances de reelección.

El gobierno de Scholz tiene que buscar un consenso en tres cuestiones fundamentales: no introducir nuevos programas sociales y no aumentar por encima de la inflación el gasto en los que ya existen; modernizar la administración pública; y flexibilizar la inversión pública, para lo cual se necesita una reforma del límite constitucional al endeudamiento. Tal vez no sean cambios muy atrevidos, pero no habrá ningún avance sin ellos."

(Helmut K. Anheier, Professor of Sociology at the Hertie School in Berlin, Revista de prensa, 20/12/23. Este artículo se publicó originalmente en Project Syndicate)

3.1.24

Europa fue traicionada por EEUU y Ucrania en los Acuerdos de Minsk... El actual conflicto en Ucrania es consecuencia directa del fracaso de los Acuerdos de Minsk. Entre 2014 y 2015, Rusia y la Unión Europea mediaron en las negociaciones entre las repúblicas secesionistas de Donbass y el gobierno de Kiev, alcanzando un protocolo mutuamente beneficioso que se esperaba garantizara la paz regional. Sin embargo, los términos del pacto nunca fueron respetados por el régimen ucraniano... Kiev quería la guerra total desde el principio... Al ser uno de los principales importadores de gas ruso y depender de la amistad con Moscú para garantizar su estabilidad económica y social, Berlín se implicó a fondo en el proceso diplomático para tratar de poner fin, o al menos congelar, el conflicto... en aquella época las relaciones entre Rusia y la UE eran prósperas, a pesar de la rivalidad ideológica y geopolítica. No había ninguna razón para que los europeos aceptaran participar en un plan bélico en el que saldrían gravemente perjudicados... Las circunstancias demuestran que Washington probablemente aprovechó la "estabilidad" generada por los Acuerdos de Minsk para preparar a Kiev para que actuara como apoderado contra Rusia. Los europeos nunca participaron en este plan y fueron traicionados por la OTAN al igual que los rusos... la dirección que tomó el conflicto demostró el fracaso de la diplomacia europea

"El actual conflicto en Ucrania es consecuencia directa del fracaso de los Acuerdos de Minsk. Entre 2014 y 2015, Rusia y la Unión Europea mediaron en las negociaciones entre las repúblicas secesionistas de Donbass y el gobierno de Kiev, alcanzando un protocolo mutuamente beneficioso que se esperaba garantizara la paz regional. Sin embargo, los términos del pacto nunca fueron respetados por el régimen ucraniano, que siguió atacando constantemente a las repúblicas y avanzando en su proyecto de "desrusificación" y limpieza étnica.

Según la ex primera ministra alemana, Angela Merkel, los Acuerdos no fracasaron, sino que cumplieron su verdadero objetivo: preparar a Ucrania para una guerra contra Rusia en un futuro próximo. Al comentar el inicio de la operación militar especial de Moscú y la escalada del conflicto en Donbass, la exfuncionaria alemana afirmó que este enfrentamiento se esperaba desde el principio, y que el alto el fuego establecido en Minsk sólo sirvió para aliviar temporalmente las tensiones, permitiendo a Kiev ganar tiempo.

Sin embargo, esta no parece ser la opinión de otras personas con información privilegiada que también estuvieron muy implicadas en las negociaciones en la capital bielorrusa. Recientemente tuve la oportunidad de visitar la región de Donbass como corresponsal de guerra. Allí entrevisté a varios dirigentes locales, políticos y funcionarios estatales, entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores de la República Popular de Lugansk, Vladislav Deinego, que fue uno de los negociadores en el proceso de Minsk.

En nuestra conversación, pregunté al ministro su opinión sobre el fracaso de los Acuerdos de Minsk y escuché de él una larga explicación sobre cómo la situación se descontroló y escaló hasta el actual estado de guerra. Según Deinego, Merkel miente cuando afirma que el plan siempre ha sido simplemente preparar a Ucrania. Para él, Europa tenía verdadero interés en lograr la paz regional y estabilizar sus relaciones con Rusia, evitando una escalada militar que pondría en peligro toda la arquitectura de seguridad continental.

Deinego afirma que Kiev quería la guerra total desde el principio. El Ministro explica que, antes de que se establecieran los Acuerdos de Minsk, los separatistas intentaron resolver la situación diplomáticamente de varias maneras. Después de que fracasaran los medios no militares, las repúblicas propusieron a Kiev que se limitaran algo los combates para evitar víctimas civiles.

En primer lugar, se propuso prohibir el uso de artillería y aviación, lo que Kiev negó rápidamente. A continuación, los dirigentes de Donbass intentaron establecer zonas de seguridad, limitando el uso de armamento pesado en función de su distancia a las zonas civiles. En este modelo, la artillería sólo estaría permitida en las regiones alejadas de las ciudades habitadas, mientras que en la "línea cero" el combate se limitaría al uso habitual de la infantería, lo que evitaría que los civiles fueran alcanzados por las armas pesadas. Aun así, Ucrania negó haber firmado tal acuerdo.

Esta insistencia del régimen neonazi en librar una guerra total contra los separatistas, según el ministro, generó verdadera inquietud entre los europeos. Cuanto más profundas fueran las incursiones ucranianas, más se acercarían los ataques a las fronteras rusas, empeorando la crisis de seguridad. En la práctica, la situación podía degenerar en cualquier momento en una situación de violencia absoluta en la que Moscú se vería obligado a intervenir, generando un conflicto de gran envergadura en Europa. Esto preocupaba a los miembros de la UE, especialmente a Alemania, muy dependiente de la asociación con Rusia.

Al ser uno de los principales importadores de gas ruso y depender de la amistad con Moscú para garantizar su estabilidad económica y social, Berlín se implicó a fondo en el proceso diplomático para tratar de poner fin, o al menos congelar, el conflicto. Por esta razón, Alemania fue el principal negociador del lado de Kiev en Minsk, mientras que Rusia negociaba en apoyo de las repúblicas del Donbass. En este sentido, tras muchas negociaciones, finalmente se firmó el pacto, que establecía medidas como el alto el fuego, la liberación de prisioneros y el respeto a la autonomía política de las regiones rusoparlantes.

Deinego cree que el cumplimiento real de los Acuerdos sería el mejor escenario para los europeos, ya que garantizaría la estabilidad en las relaciones entre Rusia y la UE, a pesar de la hostilidad ucraniana hacia Moscú. Sin embargo, como es bien sabido, Kiev nunca obedeció los términos de Minsk y continuó la violencia en la región, aunque la intensidad de los combates disminuyó obviamente. Deinego cree que esto nunca fue del interés europeo y que, de hecho, la dirección que tomó el conflicto demostró el fracaso de la diplomacia europea.

De hecho, en aquella época las relaciones entre Rusia y la UE eran prósperas, a pesar de la rivalidad ideológica y geopolítica. No había ninguna razón para que los europeos aceptaran participar en un plan bélico en el que saldrían gravemente perjudicados. Esto nos lleva a pensar que otros actores trabajaron para agravar la crisis, sin tener en cuenta los intereses europeos. Sin duda, Estados Unidos, que siempre quiso la guerra con Rusia, fue responsable de ello.

Las circunstancias demuestran que Washington probablemente aprovechó la "estabilidad" generada por los Acuerdos de Minsk para preparar a Kiev para que actuara como apoderado contra Rusia. Los europeos nunca participaron en este plan y fueron traicionados por la OTAN al igual que los rusos. En la actualidad, Europa sigue siendo víctima de los planes bélicos de la OTAN, obligada por Estados Unidos a imponer sanciones suicidas contra Rusia, que afectan a su propia economía.

La opinión de un conocedor del proceso de Minsk es vital para mostrar las verdaderas razones del conflicto. En la práctica, Deinego presenta pruebas de cómo las relaciones entre EEUU y la UE son semicoloniales, siendo los europeos utilizados por Washington en planes de guerra, sin que se respeten sus intereses."             (Lucas Leiroz, Jaque al neoliberalismo, 28/12/23)

25.9.23

El capitalismo europeo según el modelo alemán entra en crisis... cuando Vladimir Putin empezó la operación militar en Ucrania, el capitalismo alemán impulsado por las exportaciones chocó contra un muro y su sistema político ahora parece ingobernable. En términos más generales, el consenso político europeo que alguna vez apoyó la integración neoliberal del continente está hoy en ruinas... Un año y medio después de la era post-Merkel, el gobierno alemán encabezado por Olaf Scholz está tan profundamente dividido que los ministros se contradicen entre sí en prácticamente todas las iniciativas políticas importantes... la Unión Europea también enfrenta el colapso de las coaliciones políticas que sustentaron la fase neoliberal de la integración europea durante los últimos cuarenta años... Los dogmas políticos que encarnaban el neoliberalismo europeo (política de competencia reducida al “ bienestar del consumidor ”, austeridad fiscal, objetivos de inflación, desregulación y una creencia religiosa en la eficiencia de los mercados en la asignación de recursos) han sido cuestionados durante la última década

 "Cuando los grandes bateadores liberales como The Economist , Der Spiegel , Politico o Financial Times se apresuran a enterrar su legado político lamentando las “oportunidades perdidas”, se puede entender, sobre todo si están escribiendo acerca de Angela Merkel, que el  Time la coronó como la “ Canciller del Mundo Libre ”.

Los dieciséis años de Merkel al frente de Alemania mostraron su control sobre una Unión Europea de impasible resiliencia neoliberal. Su largo reinado perfeccionó el arte de disimular un bucle  interminable que abarcó la crisis financiera mundial, la crisis de deuda europea, el referéndum de Syriza, la crisis de refugiados de 2015, el Brexit, Donald Trump y el COVID-19.

Como si fuera una señal, el drama político estalló tan pronto como abandonó el escenario a finales de 2021: cuando Vladimir Putin empezó la operación militar en Ucrania, el capitalismo alemán impulsado por las exportaciones chocó contra un muro y su sistema político ahora parece ingobernable. En términos más generales, el consenso político europeo que alguna vez apoyó la integración neoliberal del continente está hoy en ruinas.

Un año y medio después de la era post-Merkel, el gobierno alemán encabezado por Olaf Scholz está tan profundamente dividido que los ministros se contradicen entre sí en prácticamente todas las iniciativas políticas importantes. 

Se llama coalición “semáforo”, en referencia a los colores respectivos del SPD (Socialdemócratas) “rojo”, el FDP (Demócratas Libres) neoliberal “amarillo”, y los Verdes. Cada partido apoya diferentes estrategias para gestionar el legado de Angela Merkel. Ya sea en la eliminación gradual de los combustibles fósiles de los motores de combustión o en los sistemas de calefacción de los hogares , en la reactivación o enterramiento de la austeridad en Europa o, como era de esperar, en cómo manejar el conflicto en Ucrania, el gobierno parece NO estar de acuerdo en nada.

Los Demócratas Libres son al menos coherentes: su obstinado apego a la austeridad fiscal y la política de competencia ordoliberal los convierte en un enemigo natural de los subsidios públicos utilizados para apuntalar las agendas de descarbonización alemana y europea. Tales dogmas incluso están empujando al partido libremercadista hacia una alianza de facto con los lobbys de los combustibles fósiles y las revueltas populistas contra la descarbonización.

Si los compromisos de los Verdes con el lobby energético han alienado a parte de su base, su desprecio por los efectos de la transición energética en la clase trabajadora alemana también ha logrado alienar a capas más amplias de la población preocupada que tendrán que pagar la factura de la descarbonización. 

En cuanto a los socialdemócratas, bajo el liderazgo vacilante de Scholz, el partido ha seguido comprometido con el status quo heredado de Merkel, oscilando esquizofrénicamente entre la necesidad de una política industrial verde y mantener competitivos los sectores exportadores alemanes junto con concesiones a la ortodoxia del rigor fiscal. 

El apoyo de cada uno de estos tres partidos hoy está por detrás del apoyo al partido de extrema derecha “Alternativa para Alemania”, que en las encuestas alcanza alrededor del 20 por ciento a nivel nacional.

No se trata de un asunto simplemente partidista ni estrictamente alemán: detrás del banal espectáculo de las disputas “democráticas” en Berlín se esconde una crisis existencial para el capitalismo alemán, un capitalismo impulsado por las exportaciones a la Unión Europea, que durante mucho tiempo ha funcionado como un recipiente para los alemanes.

Así como Alemania ha cambiado el orden merkeliano por la anarquía Scholziana, la Unión Europea también enfrenta el colapso de las coaliciones políticas que sustentaron la fase neoliberal de la integración europea durante los últimos cuarenta años. 

Los dogmas políticos que encarnaban el neoliberalismo europeo (política de competencia reducida al “ bienestar del consumidor ”, austeridad fiscal, objetivos de inflación, desregulación y una creencia religiosa en la eficiencia de los mercados en la asignación de recursos) han sido cuestionados durante la última década. 

Mientras los marcos ideológicos se desintegran, la coalición política entre el capital organizado, los gobiernos nacionales y las instituciones de la UE que durante mucho tiempo ha sostenido un modelo de integración europea sigiloso, también se está marchitando.

Las ramificaciones geoeconómicas de la acción militar en Ucrania, la crisis del modelo capitalista basado en las exportaciones de Alemania y la propia integración de la UE forman en conjunto un arco interconectado para lo que el neoconservador Robert Kagan y el equipo de Bungacast llamaron “El fin de la historia”. 

Lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario: un espectacular resurgimiento de conflictos (geo)políticos e ideológicos después de décadas de consenso neoliberal anclado a la hegemonía estadounidense.

Si estos conflictos marcan el canto del cisne del neoliberalismo o la aplicación de una escalada de violencia para sostenerlo es una cuestión divisiva: en ambos lados del espectro, el debate neoliberal entre muerte y continuidad es reduccionista cuando supone un sistema internamente coherente, que: a diferencia del gato de Schrödinger, está vivo o muerto. 

La realidad es que bajo el capitalismo, neoliberal o no, varios subsistemas, institucionales, políticos, ideológicos, pueden seguir (y de hecho lo hacen) diferentes trayectorias de cambio, estimulando una variedad de tensiones y contradicciones. 

La teoría de la regulación francesa propuso toda una taxonomía de crisis capitalistas que surgen de las fricciones entre un sistema dado de acumulación capitalista y el modo de regulación que lo sustenta. 

Resistiendo la tentación de sumarse al floreciente género de artículos de opinión que reciclan la misma cita evasiva de Antonio Gramsci sobre el “nuevo mundo que lucha por nacer”, un ejercicio más productivo para evaluar el estado actual del neoliberalismo europeo es identificar estas crisis emergentes con rigurosidad, habrá que por lo menos: desenmarañar el cambio y la continuidad a nivel de instituciones concretas, configuraciones políticas e ideologías que durante mucho tiempo estabilizaron el modelo alemán liderado por las exportaciones en el corazón de la Unión Europea (UE). (...)"

(David Karas, profesor de la Universidad Cenroeuropea,  Observatorio de la crisis, 22/09/23)

30.8.23

En la década de 1990, cuando se debatía el tema de la expansión de la OTAN, hubo un gran número de miembros muy destacados del establecimiento de la política exterior que decían que la expansión de la OTAN terminaría en un desastre... hubo una oposición generalizada a la expansión de la OTAN dentro del Pentágono en ese momento. Digo todo esto porque esa gente tenía razón... en 2008. Angela Merkel se opuso amargamente, y posteriormente dijo que la razón por la que se oponía era que entendía que Putin lo interpretaría como una declaración de guerra. Piensa en eso... era 2008

 "(...) si lo piensas bien, en la década de 1990, cuando se debatía el tema de la expansión de la OTAN, había un gran número de miembros muy destacados del establecimiento de la política exterior que decían que la expansión de la OTAN terminaría en un desastre. Esto incluyó a personas como George Kennan, William Perry, quien en ese momento era el Secretario de Defensa.

AARON MATÉ: Casi renuncia, dice.

JOHN MEARSHEIMER: ¿Perdón?

AARON MATÉ: Casi renuncia, dice, por el tema de la expansión de la OTAN. Cuando Clinton amplió la OTAN, dijo que consideraba renunciar, creo.

JOHN MEARSHEIMER: Sí, eso es exactamente correcto. Y, por cierto, hubo una oposición generalizada a la expansión de la OTAN dentro del Pentágono en ese momento. Y todo esto es para decir que esa gente tenía razón.

Y uno de mis ejemplos favoritos es Angela Merkel. Cuando se tomó la decisión en abril de 2008 en la Cumbre de Bucarest, la Cumbre de la OTAN de Bucarest, de traer a Ucrania a la OTAN, Angela Merkel y Nicholas Sarkozy, quien era entonces el líder francés, se opusieron rotundamente a traer a Ucrania a la OTAN. 

Fue entonces cuando comenzaron los problemas, abril de 2008. Angela Merkel se opuso amargamente, y posteriormente dijo que la razón por la que se oponía era que entendía que Putin lo interpretaría como una declaración de guerra. Solo piensa en eso. Angela Merkel dijo que en 2008, cuando se opuso a la idea de traer a Ucrania, y Georgia, por cierto, a la OTAN, se opuso. Se opuso porque entendió que Putin lo interpretaría como una declaración de guerra. (...)"

( John Mearsheimer es Profesor de Servicio Distinguido de Ciencias Políticas R. Wendell Harrison en la Universidad de Chicago, Other News, 22/08/23; traducción DEEPL)

9.2.23

José Antonio Zorrilla, diplomático jubilado. Fue Embajador de España en Georgia: En Ucrania nos hemos traicionado a nosotros mismos... Europa ha faltado a su palabra. Se la dimos a Rusia cuando le ofrecimos los acuerdos de Minsk como manera de desactivar el problema del Donabas por la via de la autonomía. Era la solución ideal. El Donbass seguía siendo ucraniano y mandaba parlamentarios a la Rada de Kiev. Por otra parte, Rusia ya había dicho que no le preocupaba ver a Ucrania en la UE... Pero todo era mentira... Sabían que el Maidan traía la guerra y querían que Ucrania estuviese militarmente preparada. Esa fue la política exterior de la UE: dar tiempo a que se intentase alumbrar esa imposibilidad estratégica, que es eliminar lo ruso de Ucrania. Y que lo hiciesen a tiros... Así que la UE es responsable- y por la via de una conducta deshonrosa- de la guerra que está asolando Ucrania y Rusia... Sin la truhanería franco-alemana no hubiese podido haber guerra... Para mí, la UE será ya siempre otra cosa

 "Cuesta decirlo, y a mí, escribirlo: Europa ha faltado a su palabra. 

Se la dimos a Rusia cuando le ofrecimos los acuerdos de Minsk como manera de desactivar el problema del Donabas por la via de la autonomía. Era la solución ideal. El Donbass seguía siendo ucraniano y mandaba parlamentarios a la Rada de Kiev. Por otra parte, Rusia ya había dicho que no le preocupaba ver a Ucrania en la UE. 

Pero todo ese artilugio era mentira. 

Metieron en el trampantojo hasta al Consejo de Seguridad de la ONU. 

Y era mentira. 

Tanto Merkel como Hollande acaban de confesar que Minsk era la manera de dar tiempo a que Ucrania se preparase para la inevitable guerra con Rusia que había traído el Maidan. 

Nunca pensaron en autonomías. Sabían que el Maidan traía la guerra y querían que Ucrania estuviese militarmente preparada. 

Esa fue la política exterior de la UE: dar tiempo a que se intentase alumbrar esa imposibilidad estratégica, que es eliminar lo ruso de Ucrania. Y que lo hiciesen a tiros. 

Así que la UE es responsable- y por la via de una conducta deshonrosa- de la guerra que está asolando Ucrania y Rusia. 

Sin la truhanería franco-alemana no hubiese podido haber guerra. 

Desde luego, sería bueno saber la razón última de tanta sinrazón. 

Honneur, en francés, es palabra respetable. Treu en alemán también. Ambos términos se han pisoteado. 

Se que, ni Merkel ni Hollande, van a leer estas líneas. Pero tengo la esperanza de que lo hagan algunos españoles. Para ellos indico que esa conducta de trileros afecta a un patrimonio digno del mayor respeto. Y que entre otros miliarios contiene: 

– a la Emperatriz Catalina la Grande que ponía letra con gran entusiasmo y gracia a las cantatas que para ella componía su músico de corte Don Vicente Martín y Soler, el autor que cita Mozart en el acto final de su Don Giovanni, y que en cualquier otro pais del mundo hubiese conocido otra posteridad mas aquilatada. 

– en un orden menos delicado, el General español José de la Riba conquistaba Odessa para la misma Catalina a las órdenes de un Potemkin que, ya agonizante, ayunaba mientras leía las cartas de su amada Emperatriz. A día de hoy, existe aún la calle Deribaskaya (de Rivas), una de las principales de la Odessa, que arranca en la estatua del General, cuya memoria nunca ha dejado de acompañar el desarrollo de la ciudad.

– al ingeniero Agustín de Bethencourt, que sirvió a Alejandro I y dejó varios testimonios de su talento en obras repartidas por toda la geografía de Rusia y, muy especialmente, el Picadero de Moscú, hoy felizmente alzado y lleno de vida y exposiciones de arte en las proximidades de la Plaza Roja. 

– a la expedición danesa de Carlos IV y otra vez Alejandro I, más precisamente a su esposa, Elizabeta Alekseevna y su madre, Maria Fiodorovna. Al saber que los supervivientes de tal expedición danesa luchaban contra Napoleon, bordaron con sus propias manos sus banderas de combate. Esos españoles formaron el Regimiento del Zar, con dos mil efectivos, y tenían por misión defender a Marina Fiodorovna. Se alojaban en Tsarkoye tselo.

– el compositor Glinka, que vino a España a vivir con nosotros y nos enseñó, sin mucho provecho, por desgracia, cómo la música popular podía convertirse en sinfónica. 

– la literatura dramática española, repertorio en San Petersburgo durante toda la época zarista. Todavía en 2008, tras una representación del ballet de Minkus, Don Quijote, en Tashkent, el Subsecretario de Cultura de Uzbekistan levantó su copa de cava «en honor del pais de Lope». 

– los 3.000 rusos que acudieron en ayuda de la Segunda República, pues la URSS y Méjico fueron los únicos países que ayudaron al gobierno legítimo de España. Muy en especial a los 59 Héroes de la Unión Soviética nombrados tales por su valor militar en la Guerra Civil. 

A los españoles que lucharon contra el nazismo desde la URSS, conocidos colectivamente como los Ispantsi (los españoles). Entre ellos:

– Enrique Líster, General de División del Ejército de la Estrella Roja.

– Rubén Ibarruri, hijo de Pasionaria, que cayó en Volgogrado. Héroe de la Unión Soviética.

– Santiago de Paul Nelken, hijo de Margarita Nelken caído en Mitrovanovka, (5-1-1944)

– Francisco Gullón, Comandante de la unidad Kliment Voroshilov que agrupó al mayor número de españoles guerrilleros. 

– El Regimiento 439 de Aviación de Caza de la Fuerza Aérea soviética, (con presencia española)

– A todos los españoles que en unidades regulares o bien como guerrilleros lucharon tras las líneas enemigas, y quedaron allí para siempre, testigos de nuestra complicidad democrática con Rusia, sea cual sea su encarnación. 

Pero en un orden europeo, tanto Merkel como Hollande, se han traicionado a si mismos porque si están hoy en sus respectivas poltronas es porque veinte millones de jóvenes rusos cayeron defendiendo los valores que tanto Alemania como Francia dicen compartir. Chavales, que, estoy seguro, ni siquiera habían besado todavía a una chica. Y sus verdugos fueron esos criminales de guerra, Bandera, Sukhevich, Konovalets, a los que nuestros amigos y aliados festejan en desfiles nocturnos con la misma escenografía con la que las falanges ucranianas desfilaban frente a su héroe, el Gauleiter de Hitler, Hans Frank. Para mí, la UE será ya siempre otra cosa."

( José Antonio Zorrilla ,  Diplomático jubilado. Fue Embajador de España para Georgia y Estados del Caucaso con residencia en Tbilisi, Diario16, 04/02/23)

15.12.22

Merkel revela que Estados Unidos y sus socios de la OTAN planificaron la guerra en Ucrania contra Rusia... ha sido la última fuente occidental en sincerarse o bajar la guardia. En una entrevista reciente concedida a Der Spiegel reveló las verdaderas raíces de la guerra... a partir de 2014 Ucrania estaba preparada para la guerra contra Rusia

 "Los comentarios de Merkel revelan que la mentalidad de guerra en Occidente contra Rusia existe desde hace más de una década, si no más.

Se está volviendo irrefutablemente claro que Estados Unidos y sus socios de la OTAN han estado planeando durante muchos años la guerra actual en Ucrania contra Rusia, lo que hace que las perspectivas de paz sean aún más esquivas. ¿Cómo negociar con una mentalidad beligerante tan profundamente arraigada?

Los gobiernos y los medios occidentales acusan a Rusia de “agresión no provocada” contra Ucrania y exigen que Moscú entregue una compensación financiera deslumbrante y que se enfrente juicios por crímenes de guerra.

La amarga ironía es que la guerra en Ucrania, que se está intensificando peligrosamente y podría convertirse en un cataclismo nuclear, fue sembrada por Estados Unidos y sus cómplices. Es Occidente quien es más responsable de esta pésima situación, no Rusia.

La excanciller alemana Angela Merkel (2005-2021) ha sido la última fuente occidental en sincerarse o bajar la guardia. En una entrevista reciente concedida a Der Spiegel reveló las verdaderas raíces de la guerra.

La revelación de Merkel fue involuntaria. Merkel hablaba de calmar al régimen ucraniano para acabar fortaleciendo su fuerza de combate contra Rusia. Menciona este razonamiento para justificar por qué se opuso a que Ucrania entrase en la OTAN en el 2008: según Merkel, no es que esa adhesión fuera errónea, sino que no era el momento adecuado.

Como señala el respetado analista militar independiente Scott Ritter, Merkel también sabía que al régimen de Kiev (instalado por el golpe de Estado respaldado por la CIA en 2014) no le interesaba una resolución pacífica de la guerra civil en ese país.

La política tácita de Berlín consistía en ganar tiempo para la agresión prevista contra Rusia. Y ello a pesar de que Alemania, junto con Francia, se suponía que era un garante de los acuerdos de paz de Minsk negociados en 2014 y 2015.

En otras palabras, a partir de 2014 Ucrania estaba preparada para la guerra contra Rusia.

Por lo tanto, la afirmación de Merkel realmente es una confesión de la duplicidad occidental respecto Rusia, como señala astutamente Ritter.

Cuando el presidente ruso Vladimir Putin ordenó la intervención militar en Ucrania el 24 de febrero de este año, la orden fue de fuerza mayor porque la amenaza ofensiva del régimen de Kiev respaldado por la OTAN había cruzado las líneas rojas establecidas por Rusia, unas líneas rojas que Moscú había comunicado repetidamente a Occidente en vano. Por lo tanto, las afirmaciones de los medios occidentales sobre la «agresión rusa» son propaganda que ocultan las verdaderas causas y las responsabilidades de la guerra.

El jefe de la OTAN, Jens Stoltenberg, y otros comandantes de la OTAN también han admitido en varias ocasiones que al golpe en Kiev le siguió un rearme masivo del régimen por parte de Estados Unidos y otras potencias occidentales. Entre 2014 y 2022 Washington inyectó miles de millones de dólares en armas a las fuerzas paramilitares neonazis. Adiestradores militares de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y de otros miembros de la OTAN estaban en Ucrania preparando el ataque, incluso mientras estas fuerzas bombardeaban y mataban gente en el Donbass. No fue casualidad o una asociación desafortunada, fue una calculada preparación de la guerra.

Esta nefasta perspectiva coincide totalmente con los comentarios que hizo a principios de este año del expresidente ucraniano Petro Poroshenko, el cual dijo que nunca se tuvo la intención de implementar los acuerdos de Minsk, sino que se usaron cínicamente como punto de partida para consolidar subrepticiamente las fuerzas ofensivas para luchar finalmente contra Rusia.

Se puede criticar a Moscú por dos motivos. Se podría decir que debería haber actuado antes para salvaguardar los territorios de Donbass. Esperar ocho años para hacerlo ha hecho aún más difícil la tarea.

En segundo lugar, es lamentable que Moscú se haya dejado engañar, nuevamente, por las promesas occidentales. Todo el proceso de paz de Minsk resultó ser una farsa que nunca respetaron las potencias occidentales y sus compinches de Kiev a pesar de la retórica. Resulta que Rusia fue la única parte que se tomó en serio los acuerdos de Minsk. Y ha pagado un alto precio por ello.

Se podría pensar que Rusia debería haber aprendido la lección de la forma en que se traicionaron descaradamente las promesas sobre la no expansión de la OTAN. Desde “ni una pulgada” hacia el este hasta 1.000 millas hacia las fronteras de Rusia, la peligrosa confrontación actual en Ucrania es una manifestación de la traición sistemática e implacable mostrada por Washington y sus secuaces de la OTAN.

La respuesta concertada a la intervención de Rusia en Ucrania, el reflejo de la Guerra Total, la avalancha de armas de Occidente, el sabotaje de los oleoductos Nord Stream y la disposición a escalar la violencia, todo ello indica que esta guerra estaba preparada de antemano.

El prepotente desprecio de las preocupaciones de seguridad estratégica de Rusia y el rechazo de cualquier compromiso diplomático señalan que los poderes occidentales están en pie de guerra desde el principio, preparados para saltar en cualquier momento.

Sin escrúpulo alguno, parece que las provocaciones aumentan gradualmente. Estados Unidos y sus aliados están canalizando armas más pesadas hacia Ucrania, que ahora pueden penetrar profundamente en territorio ruso. Esta semana hubo ataques con aviones no tripulados contra bases aéreas situadas dentro de Rusia, hasta 600 kilómetros de la frontera con Ucrania. Uno de los objetivos en Ryazan está a solo 185 km de Moscú.

Y, sin embargo, los altos cargos de Washington de lengua bífida afirman que no están alentando al régimen de Kiev a llegar a una escalada. Y eso después de armar hasta los dientes con armas de largo alcance a un régimen desquiciado y que odia a Rusia.

Moscú está atrapada en una contradicción. Afirma que las potencias occidentales participan directamente en las hostilidades. Si ese es el caso, entonces podría ser que Rusia tomara medidas militares contra bienes occidentales. Si Moscú se abstiene, entonces parecerá débil.

Lo desconcertante es que el plan de guerra contra Rusia es evidentemente un concepto enquistado que trasciende a los actuales altos cargos políticos occidentales. Como revelan los comentarios de Merkel, la mentalidad de guerra en Occidente contra Rusia existe desde hace más de una década, si no más. Como describíamos en el editorial de la semana pasada, la agenda antirrusa en los Estados Unidos y su maquinaria de guerra de la OTAN se remontan al final de la Segunda Guerra Mundial. Eso hace que los desafíos de la política y la diplomacia sean aún más abrumadores, porque al parecer Estados Unidos y sus secuaces no son capaces de negociar y, en última instancia, tal vez no estén dispuestos a ello. Están necesitados de guerra."

(Rebelión, 14/12/2022; Fuente: https://strategic-culture.org/news/2022/12/09/merkel-spills-beans-how-us-and-nato-partners-planned-war-ukraine-against-russia/

7.10.22

Ya no parece haber dudas sobre los autores del sabotaje de los dos gasoductos de North Stream, como nunca las ha habido sobre los objetivos que perseguían: golpear a Alemania y Rusia. ¿Quién tenía interés en cortar el flujo de gas a Alemania y al resto de Europa? Estados Unidos... Que los alemanes son conscientes del «fuego amigo» lo demuestra el posterior voto en contra del Bundestag al aumento del envío de armas y la más que autorizada intervención de la excanciller Merkel, quien habló de «la necesidad de llegar a un acuerdo con Moscú sobre seguridad colectiva”... La reducción de las sanciones por el gas estaría entre los primeros puntos de un posible acuerdo de paz del que Washington no quiere ni oír hablar

 "¿Quién tenía interés en cortar el flujo de gas a Alemania y al resto de Europa? Estados Unidos, cuya presión sobre Alemania no es nueva. Ya con Obama nació el programa de espionaje estadounidense hacia la canciller Merkel y todo el gobierno alemán, hasta los jefes del BND, destinado a chantajear a toda la clase política alemana si hubiera dado paso, como era de esperar, a North Stream 2.

Berlín es un competidor importante en los mercados de diversos productos y su fortaleza económica y política, combinada con una absoluta facilidad para defender sus intereses, no permite que Washington ignore sus ambiciones de poder. Que los alemanes son conscientes del «fuego amigo» lo demuestra el posterior voto en contra del Bundestag al aumento del envío de armas y la más que autorizada intervención de la excanciller Merkel, quien habló de «la necesidad de llegar a un acuerdo con Moscú sobre seguridad colectiva ”, alarmando así a los Estados Unidos, Polonia, los países bálticos y Ucrania. La creciente intolerancia de Berlín preocupa a EEUU porque podría evolucionar hacia un cambio parcial de rumbo. 

La reducción de las sanciones por el gas estaría entre los primeros puntos de un posible acuerdo de paz del que Washington no quiere ni oír hablar. Además de la derrota política, volvería a convertir el gas estadounidense en un costo político innecesario y costoso. De ahí la advertencia de EE.UU.: el desmantelamiento de gasoductos hace imposible hipotetizar la revisión de sanciones (aunque sólo se limiten al gas) en caso de acuerdos.

 Acuerdos cuyos posibles términos aún no se ven, pero Washington y Kiev temen que la llegada de un invierno especialmente duro y la crisis energética europea puedan resquebrajar el frente antirruso. Un contexto que puede poner a prueba el equilibrio en la UE, como demuestra la decisión alemana de intervenir con 200.000 millones de euros en apoyo energético, en medio de protestas de otros países europeos. También están empezando a pedir a Noruega los lujosos acuerdos sobre aumentos especulativos de su gas. En definitiva, no es un buen momento para la cohesión europea.

Estados Unidos mira el escenario con cierta preocupación. Por supuesto, se benefician de una crisis europea que mejora la competitividad estadounidense en los mercados y revierte el diferencial histórico entre el dólar y el euro. Sin embargo, el tambaleo de la UE produciría una reducción de la presión sobre Moscú y del apoyo económico a Kiev, pues EE.UU. sólo pone las armas de su industria bélica, feliz de entrar en nuevos pedidos para el ahora territorio estadounidense de ultramar.

 Pero captar los elementos de riesgo de una crisis europea no significa perder de vista el objetivo estratégico por el que Washington ha decidido hacer la guerra a Moscú: hundir cualquier hipótesis futura de colaboración en el ámbito energético y político entre Europa y Rusia. Queremos golpear la idea de Rusia como bisagra de un continente como Eurasia, impidiendo su papel político; en colaboración con la SCO, podría concretarse la constitución de una entidad geopolítica que, a nivel comercial y de seguridad compartida, mantendría a Europa segura y con un enorme mercado y haría que EE.UU. fuera poco irrelevante en dos de los cinco continentes.

Por eso en Washington quieren continuar la guerra a como dé lugar: genera otra ventaja estratégica para EE.UU. porque pone en condiciones de mayor dificultad a la estructura socioeconómica europea. Al fin y al cabo, el crecimiento alemán se basó en el superávit comercial obtenido también gracias al bajo coste energético para su producción en virtud del precio competitivo que Moscú exigía para su gas y petróleo. Ahora el escenario cambia radicalmente: el avance del GNL USA, aunque insuficiente, trae consigo un aumento de costes del 55% con el añadido del transporte y la triangulación y esto, unido a la continua subida de los tipos de interés del Euro (medida estúpida y contraproducente para contrarrestar el tipo de inflación que sufrimos) favorece la entrada del área de la UE en la recesión económica. Con esto, la economía estadounidense respirará profundamente: dos de cada tres de sus principales competidores -la UE y Rusia- estarán en problemas, en cambio Washington crecerá. (...)"        (Fabrizio Casari  , Rebelión, 05/10/2022)

3.10.22

Angela Merkel: "Debemos trabajar en una arquitectura de seguridad paneuropea con la participación de Rusia en el marco de los principios del derecho internacional. Mientras no logremos este objetivo, como demostró la amarga constatación del 24 de febrero, la Guerra Fría no tendrá fin"

 "Desde que dejó el cargo de canciller de Alemania, Angela Merkel ha hecho pocas apariciones públicas. Apenas cuatro. Esta semana incluso dos, una en la nueva Fundación Helmut Kohl y la otra como ponente en la "Ceremonia del 1100 aniversario de Goslar".

En esta ocasión, Angela Merkel pronunció unas palabras muy significativas refiriéndose a la situación actual en la que la Unión Europea sigue ciegamente los dictados de Washington, que empuja a todo el continente a la guerra con Rusia.

"Debemos trabajar en una arquitectura de seguridad paneuropea con la participación de Rusia en el marco de los principios del derecho internacional. Mientras no logremos este objetivo, como demostró la amarga constatación del 24 de febrero, la Guerra Fría no tendrá fin", fueron las palabras del ex canciller.

En este discurso de Angela Merkel vemos una clara referencia a la Alemania de Scholz, que en lugar de apostar por el diálogo con Rusia, se ha dejado arrastrar por el torbellino de las sanciones y el enfrentamiento con Rusia creado especialmente en Washington."       
             (L'Antidiplomatico, 30/09/22; traducción DEEPL)

29.9.22

Angela Merkel insta a la comunidad internacional: "No es un farol. Tómense en serio las palabras de Putin"... o sea, que estaremos al borde de una guerra nuclear, si seguimos haciendo como si no nos enteramos de por donde van los tiros

 "En un acto de la fundación Helmut Kohl, la ex canciller alemana Angela Merkel vuelve a hablar de la situación en Ucrania y lo hace para instar a la comunidad internacional a tomarse en serio a Vladimir Putin. Y para enfrentarse al líder ruso: "Hay que tomarse en serio sus palabras", dijo según los medios de comunicación alemanes.

"'Conozco a Putin desde hace mucho tiempo, ¿qué clase de persona es?' Le respondí que había que tomar en serio sus palabras. Y hoy, con respecto a los acontecimientos de los últimos días, me gustaría añadir: tomarse las palabras en serio, no despreciarlas como un farol, sino tratarlas con seriedad, no es en absoluto un signo de debilidad o aquiescencia, sino un signo de inteligencia política. Una sabiduría que ayuda a preservar el margen de maniobra o incluso tan importante que ayuda a desarrollar más", dijo.

Estas declaraciones confirman que, ciertamente, no es casualidad que la deflagración que condujo a la operación especial rusa en Ucrania coincidiera con la transición de Angela Merkel a Scholz al frente de Alemania."              
       

(L'Antidiplomatico, 28/09/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

26.8.22

No sé quién está ganando la guerra de Ucrania, pero sí sé quiénes la estamos perdiendo: las clases medias y las trabajadoras de Occidente, que somos quienes estamos pagando el precio de los problemas, como de costumbre en las últimas décadas. No era difícil de adivinar, porque se ha convertido en una constante: cada vez que ocurre algo, cada vez que hay que dar respuesta a una crisis, se carga sobre nuestros hombros el coste de las medidas de emergencia... Podría suponerse que, en un contexto de crisis energética muy seria, las empresas del sector tendrían resultados negativos y lo estarían pasando mal. Pero qué va, están ganando mucho dinero, no hay más que ver los resultados de Iberdrola... debe haber alguna ley económica escrita en las estrellas que dictamine que la forma de salir de las crisis es que los ciudadanos comunes tengamos menos dinero... se impusieron las sanciones, y los que vamos perdiendo somos los europeos. No parece una jugada brillante... Todos sabemos lo malo que es Putin, lo mucho que se equivocó Merkel, lo sibilinos que son los chinos y demás, pero lo cierto es que, si queremos enfrentarnos a la realidad, no estamos enfocando bien esta crisis: las recetas que se están implantando no son buenas. Es más, están empeorando la situación... lo que pensamos es que si hay desempleo y pérdida del nivel adquisitivo, la claudicación de Putin será inevitable... Puede parecer una broma, pero no lo es: es la manera en la que nuestro sistema está encarando la crisis provocada por la guerra

 "No sé quién está ganando la guerra de Ucrania, pero sí sé quiénes la estamos perdiendo: las clases medias y las trabajadoras de Occidente, que somos quienes estamos pagando el precio de los problemas, como de costumbre en las últimas décadas. No era difícil de adivinar, porque se ha convertido en una constante: cada vez que ocurre algo, cada vez que hay que dar respuesta a una crisis, se carga sobre nuestros hombros el coste de las medidas de emergencia. Aunque su lógica se me escape, debe haber alguna ley económica escrita en las estrellas que dictamine que la forma de salir de las crisis es que los ciudadanos comunes tengamos menos dinero.

No obstante, sería injusto decir que todo el mundo pierde, porque no es así. Podría suponerse que, en un contexto de crisis energética muy seria, las empresas del sector tendrían resultados negativos y lo estarían pasando mal. Pero qué va, están ganando mucho dinero, no hay más que ver los resultados de Iberdrola. Se supone que la energía puede sufrir desabastecimientos, que Europa puede sufrir un invierno muy duro, que tendremos que disminuir el consumo para no provocar males mayores y que los precios, ya muy elevados, lo pueden ser aún más. En ese escenario, cabría pensar que la crisis habría afectado también a las empresas energéticas. Pero no, nos afecta a los consumidores, individuales e industriales, y a los Estados, pero no a esas compañías, que lucen esplendorosas. No sé si soy el único que percibe aquí una contradicción, pero juraría que algo no funciona bien en nuestro sistema.

Errores de distintas clases

Por seguir con las paradojas, cuando nos explican las causas de nuestros males actuales, los focos apuntan hacia el mismo lugar, Alemania, y hacia una persona, Angela Merkel, la tejedora de la debilidad alemana y, por extensión, europea. Pero lo llamativo es que los mismos que la jalearon como la mejor líder posible para Europa, que la señalaban como modelo que imitar y afirmaban que era un dechado de prudencia, son ahora quienes más elevan la voz en su contra. Quizá Merkel se equivocara, pero juraría que hay quienes no están especialmente legitimados para ejercer la crítica, salvo que empiecen por sí mismos y luego continúen por donde quieran.

 Me temo que, por volver al presente, la cuestión es algo más compleja que la mala visión de Merkel. Las conexiones, frecuentes y enredadas, tejidas con la globalización, no podían desligarse sin daño para Occidente, en buena medida porque tenemos un sistema económico peculiar. En todo caso, era evidente que, si se imponían sanciones a Rusia, habría contrapartidas. Había un precio que pagar, tendríamos que hacer frente a problemas energéticos, alimentarios y económicos, y todos lo sabíamos.

 Se impusieron las sanciones, y los que vamos perdiendo somos los europeos. No parece una jugada brillante. Aquí siempre aparecen cuestiones ligadas con los valores, con la defensa de la democracia frente a los autoritarismos, con la necesidad de no dejar a Ucrania abandonada, con una respuesta a la altura del desafío ruso. No voy a entrar en la guerra, en si había que ser contundente con Rusia o no. Me limitaré a constatar un hecho: si eso es lo que hay que hacer, conviene hacerlo bien. Porque dar una respuesta en la que se recibe más daño del que se causa, no es una respuesta, sino una invitación.

El giro de Biden

Y esta es la clave, que no solo se hicieron las cosas mal en el pasado, también en el presente. Europa está retrocediendo, la amenaza del corte de gas sobrevuela permanentemente, la inflación está disparada y el otoño tiene unas perspectivas muy negras. Todos sabemos lo malo que es Putin, lo mucho que se equivocó Merkel, lo sibilinos que son los chinos y demás, pero lo cierto es que, si queremos enfrentarnos a la realidad, no estamos enfocando bien esta crisis: las recetas que se están implantando no son buenas. Es más, están empeorando la situación.

 A EEUU le va mejor que a Europa, pero no demasiado. Acaba de entrar en recesión técnica: ha encadenado dos trimestres con su PIB en negativo. Es llamativo, porque cuando Biden llegó al poder prometió prosperidad, empleo, inversión en infraestructuras, desarrollo económico y una apuesta decidida para luchar contra el cambio climático. Ahora está promoviendo el gas y el petróleo, de sus planes de desarrollo nada se sabe y está rodeado en política exterior de los 'neocon' que estaban con George Bush Jr., los que afirmaron que había que invadir Afganistán y nos hablaron de armas de destrucción masiva en Irak. (...)

 EEUU está ya en recesión justo cuando se acaban de dictar subidas sustanciales de tipos.

Cómo derrotar a Putin

La idea de fondo es que el mercado laboral estadounidense está funcionando demasiado bien, y que esa efervescencia es un problema serio para controlar la inflación. Sin embargo, si muchas personas pierden su empleo, habrá menos ingresos y se gastará menos, con lo que la demanda caerá más rápido que la oferta. Puede que haya problemas, pero vamos a ver si conseguimos hacerlos peores.

 Esa visión, que encaja con los preceptos de la ley escrita en las estrellas, es también sostenida, por otras vías, por las autoridades económicas y monetarias europeas. Hay que reducir la cantidad de dinero que tienen los ciudadanos y los Estados, y eso conseguirá que la inflación vuelva a la normalidad.

De modo que, como de costumbre, volvemos a lo de siempre: que haya menos empleo, que los salarios de los trabajadores y los beneficios de las pymes se reduzcan y que los ciudadanos desciendan en su nivel de vida, mientras los recursos se concentran en pocas manos, es el camino de salida. Eso nos hará fuertes y conseguirá que derrotemos a Putin. Si a la gente común le va bien, Rusia no caerá; sin embargo, si hay desempleo y pérdida del nivel adquisitivo, la claudicación de Putin será inevitable. Puede parecer una broma, pero no lo es: es la manera en la que nuestro sistema está encarando la crisis provocada por la guerra. Hay otras formas, pero no están inscritas en la ley estelar, de modo que para qué vamos a hablar de ellas."                    (Esteban Hernández, El Confidencial, 27/07/22)

11.2.22

Wolfgang Streeck: Los países que sufren la unión monetaria deberían pensar en cómo deshacerse de ella en lugar de esperar una compensación de los países que se benefician de ella. Lo único que harán los países ricos por los pobres es permitir que sus supuestas élites "proeuropeas" se mantengan en el poder con promesas irreales de "solidaridad europea"... Alemania hará lo que sea necesario para mantener unida su mina de oro que es la unión monetaria... El gobierno alemán hace política alemana, no francesa ni italiana, y ni siquiera "europea"... El dinero del fondo de reconstrucción también es una miseria, incluso para Italia, que recibe la mayor parte. Se trata sobre todo de una política simbólica, en la medida en que permite a los gobiernos nacionales prometer a sus ciudadanos que ahora todo va a ir mejor, como si el estancamiento secular del capitalismo, la crisis climática y la crisis sanitaria pudieran arreglarse con los trucos financieros de Bruselas y Fráncfort. Será interesante ver cuánto durará esta ilusión

"Wolfgang Streeck: "Berlín vela por sus propios intereses. Y seguirá haciéndolo" 

Alemania tras la larga cancillería de Angela Merkel y su papel en la UE. El análisis del sociólogo alemán: "No habrá cambios en los Tratados. Los países que sufren la unión monetaria deberían pensar en cómo deshacerse de ella en lugar de esperar una compensación de los países que se benefician de ella. 

Cinzia Sciuto : Tras 16 años en el poder, Angela Merkel dejó de ser canciller el 8 de diciembre. ¿Cuáles fueron los momentos más significativos de su cancillería, cuáles fueron los errores más graves? 

Esta es una pregunta que requeriría un libro o dos para responderla. Angela Merkel fue muy inteligente al hacer pasar el interés nacional alemán de preservar la unión monetaria por el interés europeo. Consiguió hacer pasar por méritos propios la unión monetaria de Kohl y las reformas neoliberales de Schröder. 

Al mismo tiempo, con las políticas presupuestarias de sus gobiernos, ha aceptado el avanzado deterioro de las infraestructuras alemanas. En el plano interno, también ha abandonado a su partido, el Cdu, a la decadencia, hasta el punto de que éste, habiendo perdido cualquier perfil programático, ha sido incapaz de presentar un sucesor creíble. 

El objetivo a largo plazo de Merkel de ganarse a los Verdes como socio menor de un centro liberal burgués también ha fracasado. Su postura sobre la energía nuclear, defendida precisamente para complacer a los Verdes, ha puesto en peligro el suministro energético a largo plazo de Alemania y la industria alemana. 

Su política de refugiados, adoptada también con vistas a una coalición con los Verdes, ha sentado las bases para la aparición de un nuevo partido extremista a la derecha del Cdu, que ya está firmemente arraigado y ha hecho imposible una mayoría en torno a la coalición Cdu/Csu-Verdes.

En las últimas elecciones, sin embargo, no hubo un cambio significativo de votos de la Cdu/Csu a la AfD: ¿qué significa esto? ¿Que la AfD ha alcanzado su máximo potencial? 

Nadie puede decirlo. La dirección de la AfD es políticamente incompetente. Sin embargo, cuenta con una sólida cuota de votos de alrededor del 10% y en amplias zonas del este de Alemania es incluso el primer partido. La AfD se nutre de las cuencas electorales no sólo de la Cdu/Csu, sino también del Spd e incluso de la Linke. En tiempos de rápidos cambios económicos y sociales, es necesario un partido conservador que represente a quienes temen estos cambios.

La Cdu bajo el liderazgo de Merkel fue incapaz de cumplir este papel y como resultado muchos votantes se pasaron a la AfD o se quedaron huérfanos políticamente. En Alemania, como en muchos otros países europeos, nos enfrentamos ahora a difíciles problemas de integración política y social.

Visto desde el exterior, es bastante impresionante que la AfD sea incluso el partido líder en algunos Länder del este: ¿hay todavía un muro invisible entre las dos Alemanias? ¿Sigue existiendo un muro invisible entre las dos Alemanias? ¿Un muro que ni siquiera un canciller del Este, que lleva tanto tiempo en el poder, ha conseguido derribar? 

No tengo respuestas fáciles ni recetas preparadas. El "muro invisible" es una metáfora que deja mucho que desear. ¿Existe un "muro invisible" entre Piamonte y Basilicata? ¿Entre Escocia e Inglaterra? La cuestión central es qué puede ofrecer el gobierno central de un país para salvar las diferencias económicas y culturales entre las distintas realidades que, como es normal, conviven en un gran Estado. 

Hace treinta años, los habitantes de Alemania del Este sufrieron un trastorno total de su modo de vida y esperaban que esta transición les llevara a un estado de seguridad razonable. Ahora se les dice que todo tiene que cambiar de nuevo. El lema del nuevo gobierno federal es "Atrévete a progresar".

 Pero cada vez hay más gente que desconfía y quiere saber de qué tipo de progreso se trata, en qué dirección quieren "avanzar". La modernización por sí sola ya no es suficiente para inspirar a la gente. Se trata de un problema general, que adquiere diferentes matices según las experiencias regionales o sociales particulares.

El nuevo gobierno llamado "semáforo" (el rojo del Spd, el amarillo del Fdp y el verde del Grüne) lleva unos meses en el poder. La impresión de muchos observadores es que los liberales del FDP se han impuesto en muchas cuestiones clave: han obtenido ministerios de mucho peso, entre ellos el de Finanzas y el de Transportes, y en el programa de la coalición no se menciona una política fiscal progresiva. ¿Qué podemos esperar del nuevo gobierno? ¿Se intensificarán las contradicciones sociales? ¿Existe el riesgo de que la crisis climática se convierta en una simple bandera que no vaya seguida de medidas concretas y radicales? 

Uno tiene la impresión de que la actual dirección de Los Verdes, después de que no fuera posible una coalición con la Cdu/Csu por la debilidad de esta última, quería entrar en el gobierno a toda costa y así se hizo chantajeable: ¡ahora o nunca! Por otro lado, los Verdes difícilmente podrían haber marcado la diferencia en otra constelación. 

La política climática está determinada por la renuncia a la energía nuclear y la crisis energética, y la política en general por la crisis financiera del Estado; la política de seguridad, o más bien de inseguridad, está determinada por los Estados Unidos y su rusofobia. Me temo que pagaremos la crisis climática mucho más de lo que prevemos hoy, ya que incluso si detuviéramos inmediatamente todas las emisiones de CO2, nos enfrentaríamos a décadas de catástrofes climáticas relacionadas con el calentamiento, en primer lugar las inundaciones, contra las que habría que tomar costosas medidas preventivas.

 Por eso también nos encontraremos muy pronto con que las políticas del nuevo gobierno sólo se diferenciarán muy marginalmente de las del anterior. Lo que significa que los problemas seguirán creciendo como hasta ahora y el truco, al igual que en la época de Merkel, será fingir que no existen o que las soluciones están al alcance de la mano.

Pronto se cumplirán 30 años del Tratado de Maastricht, que sentó las bases del euro, introducido diez años después. Muchos análisis coinciden en que el euro se construyó en torno a la economía alemana, y no cabe duda de que Alemania fue uno de los países que más se benefició de él. ¿Qué papel ha desempeñado Alemania en los últimos 30 años? ¿Ha sido un factor estabilizador en Europa o más bien desestabilizador?

 No hay que olvidar que el euro no se creó por iniciativa de Alemania: fue un proyecto francés e italiano, una coacción externa con la que sus respectivas élites nacionales querían obligar a sus países a ser finalmente como Alemania, competitivos, orientados a la exportación, etc. Pero esta idea fue contraproducente. 

Según la retórica de Italia y Francia, es como si se esperara que el gobierno alemán compensara a los países socios por su error de cálculo. Pero el juego que se juega en Europa se llama "mercado interior" y "capitalismo", no "amor familiar" y "solidaridad". Por cierto, en 3 Alemania sería imposible obtener mayorías de apoyo a las medidas de reparto de beneficios en la unión monetaria; pero, a la inversa, también sería imposible obtenerlas en Italia. 

Los países que sufren la unión monetaria deberían pensar en cómo deshacerse de ella en lugar de esperar una compensación de los países que se benefician de ella. Lo único que harán los países ricos por los pobres es permitir que sus supuestas élites "proeuropeas" se mantengan en el poder con promesas irreales de "solidaridad europea" o futuras decisiones mayoritarias en Bruselas. Esto no resolverá los problemas estructurales de la unión monetaria, en particular las crecientes disparidades económicas entre los Estados miembros.

Hay dos cuestiones en particular en las que Europa, especialmente los estados del sur, miran a Alemania: la primera es la inmigración. ¿Qué papel desempeñará el nuevo gobierno alemán en este asunto? ¿Estará dispuesto a revisar los acuerdos de Dublín para establecer por fin que las fronteras de los países del sur de Europa son las fronteras de la Unión y deben gestionarse conjuntamente como tales? ¿Y qué opina en general de la política europea de inmigración de los últimos años? ¿Está de acuerdo con los que hablan de la "Fortaleza Europa"? 

"La fortaleza de Europa" es sólo un eslogan. No hay ningún país en el mundo que tenga, al menos voluntariamente, las fronteras abiertas. El gobierno alemán tiene varios problemas: por un lado, tiene que lidiar con un número considerable de votantes, activistas y organizaciones que, una vez que se deja de eludir, están en principio a favor de la inmigración ilimitada de "solicitantes de asilo" y, por tanto, sólo apoyarían un reglamento europeo que extendiera este principio a toda Europa, lo que ningún país aceptaría. 

Por otro lado, hay un gran número de personas que están en contra del aumento de la inmigración, y esto no sólo en Alemania, sino también en Italia, Francia, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, etc. Dado que el tema es muy emocional, un gobierno que persiguiera una política de inmigración menos restrictiva tendría que contar con pérdidas de votos significativas y ganancias simétricas para el partido anti-inmigración AfD. 

En tercer lugar, Alemania, como motor del crecimiento en Europa, necesita urgentemente mano de obra que, sin embargo, debido a su baja tasa de natalidad, no puede crearse desde dentro. Por ello, Alemania necesita hoy una política de inmigración, no una política de asilo. 

Y por último, Alemania es un país en el que incluso la segunda generación de inmigrantes, que es muy numerosa, tiene muy pocas oportunidades en el sistema escolar y, por tanto, posteriormente en el sistema de empleo, algo que muchos -con razón- consideran intolerable. 

Merkel no ha hecho nada para resolver estos problemas, sólo se ha cuidado de no hacer nada que pudiera comprometer una posible alianza con los Verdes. No tengo ni idea de cómo intentarán sus sucesores desenredar este nudo gordiano; probablemente no de forma muy diferente a ella, por lo que lo evitarán en la medida de lo posible.

El segundo tema en el que se centra la atención de Europa en Alemania es la gestión financiera de la Unión. ¿Qué papel desempeñará la Alemania de Olaf Scholz en los cambios de los tratados europeos que muchos reclaman para sentar las bases de una Unión política más fuerte, por ejemplo con una deuda común y un sistema fiscal unificado? El acuerdo sobre la UE de nueva generación parece ir en esta dirección: ¿es un primer paso o se quedará en algo puntual? 

El gobierno alemán hace política alemana, no francesa ni italiana, y ni siquiera "europea": hace política europea alemana, que es diferente. Puede que no te guste, pero tienes que conocerlo y tenerlo en cuenta. No habrá cambios en los Tratados, al menos no con 27 Estados, de los cuales unos cuatro también planean un referéndum para aprobar cualquier cambio. Por otro lado, Alemania hará lo que sea necesario para mantener unida la mina de oro que es la unión monetaria. 

Para ello, lo más probable es que se permita a la UE contraer nuevas deudas, y Alemania acabará permitiéndolo, encontrando justificaciones para eludir los tratados. El endeudamiento es el método general de financiación de los Estados hoy en día, y cuando la deuda es contraída por la UE no es visible en los presupuestos nacionales, lo que la hace atractiva. Pero, por favor, ¡no piensen que esto va a cambiar nada económicamente! 

El dinero del fondo de reconstrucción también es una miseria, incluso para Italia, que recibe la mayor parte. Se trata sobre todo de una política simbólica, en la medida en que permite a los gobiernos nacionales prometer a sus ciudadanos que ahora todo va a ir mejor, como si el estancamiento secular del capitalismo, la crisis climática y la crisis sanitaria pudieran arreglarse con los trucos financieros de Bruselas y Fráncfort. Será interesante ver cuánto durará esta ilusión."  

(Entrevista a Wolfgang Streeck, Cinzia Sciuto , Micromega, 28/ 01/22; pdf , traducción DEEPL)

 

  Para luchar contra las epidemias y como alternativa a la salida del euro de los países del Sur, o como salida de emergencia ante la (más probable) ruptura de la UE por parte de los países del Norte... hay que conseguir la soberanía financiera... implantando una moneda digital paralela de circulación interna, en paridad 1:1 con el euro (¿europeseta electrónica?), en España: 

 
La propuesta de Garzón, basada en el Trabajo Garantizado:

Cómo aplicar el Trabajo Garantizado en ayuntamientos y autonomías... financiándolo con créditos fiscales municipales

Para Ecuador:

Hacia una "moneda electrónica paralela" para afrontar la crisis... en Ecuador (o en España) ¿Por qué y cómo hacerlo?

Para conseguir un monopolio financiero mundial, Facebook propone su propia moneda digital... LIBRA

Otras propuestas: 


Susana Martín Belmonte propone una 'coronamoneda' digital para potenciar la renta de cuarentena... una renta vehiculada a través de una moneda ciudadana digital descargable de una app y con respaldo del Banco de España.
Enlace: http://ojeandoelestadodelpais.blogspot.com/2020/04/coronamoneda-digital-para-potenciar-la.html 

El prometedor dinero fiscal

Emitir 'GREUROS'. Entre la salida del Euro, y la aceptación de la austeridad de la Troika, existe una tercera vía que se basa en la recuperación parcial de la soberanía monetaria

Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción, sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno impusiera una moneda digital (la sitúa en el 2020), para salir de la quiebra económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.


Los únicos perjudicados, los especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa, 2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )

Los artículos de Juan José R. Calaza, Juan José Santamaría y Juan Güell muestran con gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:

- Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html


- Para salir de la crisis sin salir del euro: España debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html

- Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815

Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:

-Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html

- Hay alternativas, incluso dentro del euro. Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/ mmmm

Más información en:
 
 
 
 'Si Grecia, España, o Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html