"Algunos colegas que trabajan para grandes medios de prensa han
iniciado una polémica sobre una parte de una conferencia que impartí el
mes pasado en Colmar [ciudad del este de Francia] [1].
Esos colegas me cuestionan porque yo hablé en esa conferencia sobre la
responsabilidad personal de la ex canciller de Alemania, Angela Merkel, y
del ex presidente de Francia, Francois Hollande, en la guerra que está
teniendo lugar en Ucrania.
Seguidamente expongo, en detalle, los hechos que mencioné en aquella conferencia y que esos colegas niegan.
CRÍMENES CONTRA LA PAZ
El 28 de diciembre de 2022, el ex presidente francés
Francois Hollande dio en París una entrevista a Théo Prouvost del
sitio web ucraniano The Kyiv Independent, [2],
entrevista que los colegas que me contradicen confunden con la llamada
telefónica al propio Hollande que los humoristas rusos Vovan y Lexus
realizaron después, inspirándose en las declaraciones anteriores de la
ex canciller alemana Angela Merkel [3].
El hecho es que Francois Hollande confirmó claramente lo que la
ex canciller alemana Angela Merkel ya había dicho, días antes,
al semanario alemán Die Zeit [4]. Merkel había declarado a Die Zeit
que ella misma y Hollande no habían firmado los acuerdos de Minsk para
proteger a los pobladores del Donbass y poner fin a la guerra de Kiev
contra ellos sino para que el régimen ucraniano tuviera tiempo de
armarse contra Rusia.
Francois Hollande declaró: «Sí, Angela
Merkel tiene razón sobre ese punto. Los acuerdos de Minsk detuvieron la
ofensiva rusa por un tiempo. Lo que era muy importante era saber cómo
utilizaría Occidente ese respiro para impedir toda nueva tentativa rusa.»
La «tentativa rusa» que menciona Hollande no era un envío de
tropas rusas ordenado por Moscú sino la iniciativa privada del
multimillonario ruso Konstantin Malofeyev, quien envió cosacos para
apoyar a los pobladores del Donbass, algo que Malofeyev ya había hecho
antes, para ayudar a los serbios en Bosnia.
Las palabras de Angela Merkel y de Francois Hollande fueron
confirmadas por el secretario general del Consejo de Defensa y de
Seguridad Nacional de Ucrania, Oleksiy Danilov, personaje que “dimitió”
hace sólo 3 semanas, después de haber insultado al enviado especial
chino [5].
Los acuerdos de Minsk se negociaron en dos fases:
-El primer
protocolo fue firmado, el 15 de septiembre de 2014, por Ucrania, Rusia y
la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).
También pusieron sus firmas al pie de ese texto los gobernadores de los oblast
de Donetsk y de Lugansk, que ya se habían proclamado “Repúblicas”, como
las antiguas regiones soviéticas, pero que no aspiraban entonces a la
independencia. Aquel primer protocolo instituye un alto al fuego, una
liberación de rehenes y la retirada de las fuerzas de ambas partes
–incluyendo a los cosacos reclutados por Konstantin Malofeyev. También
prevé una descentralización de los poderes, la realización de elecciones
locales y la apertura de un diálogo nacional.
Pero no sucedió gran cosa, sólo se concretó la retirada de los
cosacos porque el presidente ruso Vladimir Putin obligó Malofeyev a
retirarlos –a Putin no le gustaba que un multimillonario se comportara
como un gran duque de la época zarista.
-El segundo protocolo fue firmado 6 meses después, el 11 de febrero
de 2015. Las negociaciones se desarrollaron bajo la responsabilidad de
la OSCE, nuevamente entre el régimen de Kiev y las “Repúblicas”
proclamadas de Donetsk y Lugansk. Fue entonces cuando Alemania, Francia
y Rusia asumieron la responsabilidad de garantizar la aplicación de los
acuerdos de Minsk –en el marco del llamado «formato Normandía».
Ese
segundo protocolo instituye más o menos las mismas disposiciones que
el primero, pero precisando los detalles. Lo más importante es que
indica que la descentralización de los poderes, que nunca llegó a
aplicarse a pesar de lo acordado, tendría que instaurarse mediante una
reforma constitucional.
Rusia temía que aquel segundo protocolo corriera la misma suerte que
el primero –o sea, que Kiev no lo aplicara. Eso fue lo que explicó
después Vladislav Surkov, quien estaba a cargo de aquel asunto en
el Kremlin –aunque el diario francés Le Figaro interpretó al revés las palabras de Surkov y afirmó lo contrario, que Rusia no quería que los acuerdos de Minsk se aplicaran [6].
Esa interpretación es falsa, lo cual queda demostrado por el hecho que
no fueron Alemania ni Francia quienes presentaron aquel protocolo
al Consejo de Seguridad de la ONU. Quien sometió el segundo protocolo de
los acuerdos de Minsk a ese órgano de las Naciones Unidas para su
aprobación fue la Federación Rusa [7].
HACIA UN NUEVO PROCESO DE NUREMBERG
Luego de las declaraciones de la ex canciller alemana Angela Merkel y
del presidente francés Francois Hollande, Viacheslav Volodin,
el presidente de la Duma Estatal –la cámara baja de la Federación Rusa–,
intervino inmediatamente para expresar su indignación ante aquellas
confesiones. Posteriormente, después de las fiestas de navidad, Volodin
publicó sus comentarios en su cuenta de Telegram [8].
Los comentarios indignados de Volodin dieron lugar a dos despachos, uno de la agencia TASS [9] y otro de Ria-Novosti [10], despachos que mis colegas también han preferido ignorar.
Como presidente de la Duma Estatal, Viacheslav Volodin cita primeramente al presidente ruso Vladimir Putin: «Si la pelea es inevitable, debes golpear primero». Y luego resalta: «Las confesiones
de un representante del régimen de Kiev y de ex dirigentes de Alemania y
de Francia deberían ser utilizadas como pruebas ante un tribunal
militar internacional. Esos dirigentes conspiraban para desatar una
guerra mundial de consecuencias imprevisibles. Merecerían ser castigados
por sus crímenes.»
Al calificar las declaraciones de Angela Merkel, de Francois Hollande y de Oleksiy Danilov como pruebas de «crímenes», Viacheslav Volodin se refería a los «crímenes contra la paz»
enunciados por el Tribunal militar internacional de Nuremberg, luego de
la Segunda Guerra Mundial. Según ese Tribunal, cuya autoridad es
reconocida por todos los Estados miembros de la ONU, los «crímenes contra la paz» son los más graves, mucho más graves incluso que los «crímenes contra la Humanidad». Y, de la misma manera, son crímenes que no prescriben.
Sin embargo, nadie ha emitido órdenes de arresto contra Angela
Merkel, Francois Hollande ni Oleksiy Danilov. Tampoco existe, al menos
por ahora, una jurisdicción capaz de juzgar los crímenes de esos
personajes. Es por eso que Viacheslav Volodin hablaba de un «tribunal militar internacional» –equivalente al célebre tribunal de Nuremberg–, que podría constituirse cuando termine la guerra en Ucrania.
Y no hay dudas de que llegado ese momento –el fin de la guerra
en Ucrania–, Angela Merkel, Francois Hollande y Oleksiy Danilov tendrían
que responder por «crímenes contra la paz». Claro, en los casos de Merkel y de Hollande eso dependería de la aprobación de Alemania y de Francia.
Sólo me queda entonces deplorar que los colegas que me contradicen
no hayan encontrado los documentos que acabo de citar aquí.
Por supuesto, es normal que no los encuentren si leen únicamente los
despachos de las agencias de prensa anglosajonas y europeas, que
simplemente se niegan a tomar en consideración el punto de vista ruso.
Esos colegas se limitan a repetir la narrativa oficial y no hacen
su trabajo de verificación.
¿POR QUÉ NUNCA LLEGARON A APLICARSE LOS ACUERDOS DE MINSK?
El 17 de febrero de 2015, como ya señalé antes, Rusia presentó el
segundo protocolo de los acuerdos de Minsk al Consejo de Seguridad de
la ONU y ese documento fue objeto de la resolución 2202 de ese órgano de
las Naciones Unidas. Como anexo, Moscú obtuvo la adopción del texto del
protocolo y de la declaración emitida por los cuatro jefes de Estado y
de gobierno implicados: el presidente de la Federación Rusa, Vladimir
Putin; el presidente de Ucrania, Petro Porochenko; el presidente
de Francia, Francois Hollande; y la canciller de Alemania, Angela
Merkel. Durante los debates en el Consejo de Seguridad, el representante
permanente de Ucrania incluso expresó su satisfacción ante el apoyo
decidido de las Naciones Unidas.
Dicho sea de paso, es interesante observar que, ya en aquel momento,
el representante permanente de China expresaba la posición que
el gigante asiático sigue manteniendo hoy en día: la paz sólo puede ser
duradera si responde a las preocupaciones de todas las partes.
Pero el segundo acuerdo de Minsk, aprobado en el Consejo de Seguridad
de la ONU, nunca será aplicado. En el Donbass seguían los
enfrentamientos esporádicos y cada una de las partes atribuía la
responsabilidad a la otra. Kiev quería que la amnistía prevista
se proclamara sólo después de las elecciones, mientras que los
dirigentes de los oblast del Donbass exigían que se proclamara antes, para poder participar en las elecciones, que seguramente habrían ganado.
El 31 de agosto de 2015, las enmiendas constitucionales fueron
presentadas al parlamento ucraniano… en presencia de la enviada especial
de Estados Unidos, Victoria Nuland, quien había organizado el golpe de
Estado que derrocó al presidente constitucionalmente electo de Ucrania
en 2014, el llamado «EuroMaidan» o «revolución de la dignidad».
Los diputados del partido nacionalista integrista Svoboda tratan entonces de impedir la votación e invaden la tribuna gritando «¡Vergüenza!» y «¡Traición!» [11].
Simultáneamente, fuera de la sede del parlamento, estallan
enfrentamientos entre la policía y elementos paramilitares de los
nacionalistas integristas, con saldo de 4 muertos y 122 heridos. En el
hemiciclo no se alcanza la mayoría calificada. La reforma constitucional
no será adoptada.
Los motines del 31 de agosto de 2015 fueron los más importantes desde
el derrocamiento del presidente electo, Viktor Yanukovich, por los
nacionalistas integristas de Sbovoda… respaldados por la subsecretaria
de Estado estadounidense Victoria Nuland. El entonces presidente Petro
Porochenko condenó aquellos motines… pero captó el mensaje: si trataba
nuevamente de aplicar los acuerdos de Minsk, él también sería derrocado.
Así que el presidente Porochenko denunció súbitamente el segundo
protocolo de Minsk. Afirmó que la firma que el ex presidente Leonid
Kuchma había estampado en nombre de Ucrania al pie de aquel documento
carecía de valor legal porque Kuchma no había sido acreditado por el
parlamento.
Eso es cierto… pero el propio Porochenko había estado presente en las
negociaciones, en su calidad de presidente en ejercicio, y no había
puesto reparos en el momento de la firma, ni tampoco cuando los acuerdos
fueron ratificados por el Consejo de Seguridad de la ONU, el propio
Porochenko incluso había firmado una declaración común comprometiéndose a
aplicar los acuerdos de Minsk. ¿Qué conclusión se desprende de su
actitud? Que Porochenko actuaba con la misma mala fe que el presidente
francés Francois Hollande y que la canciller alemana Angela Merkel.
Inmediatamente después de haber denunciado los acuerdos de Minsk,
el presidente ucraniano Porochenko encargó a los paramilitares de
Svoboda la misión de “hacer presión” sobre las poblaciones del Donbass.
Esa fue la tarea de la siniestra División Azov de Andriy Biletsky, quien
se hace llamar el «Fuhrer Blanco».
Durante 7 años, 80.000 combatientes lucharán entre sí.
Los nacionalistas integristas de Kiev matan en el Donbass entre 17 000 y
21 000 de sus compatriotas, ucranianos rusoparlantes. Porochenko
instaura un apartheid, una ciudadanía desigual en la que las poblaciones
rusoparlantes del Donbass ya no tienen derecho a ningún servicio
social, no tienen derecho a la jubilación ni a tener escuelas donde
sus hijos aprendan la lengua de sus padres: el idioma ruso.
El Consejo de Seguridad de la ONU no interviene. Cuando más
se limita, el 6 de junio de 2018, a emitir una declaración de
su presidente [12]. Cuando logra llegar al poder, el
hoy presidente Volodimir Zelenski trata de “atar cabos” convocando una
reunión del formato Normandía, sin obtener resultados.
LA RESPONSABILIDAD DE PROTEGER A LA POBLACIÓN DEL DONBASS
El 2 de noviembre de 2021, el presidente Volodimir Zelenski nombra a
Dimitro Yarosh, principal figura de los nacionalistas integristas y
desde hace mucho tiempo agente de la CIA [13], como
consejero del jefe de las fuerzas armadas ucranianas, el general Valeri
Zaluzhni. Yarosh elabora rápidamente un plan de ataque contra las
poblaciones del Donbass [14], plan que debía ponerse en aplicación el 9 de marzo de 2022.
Pero, el 21 de febrero, en una ceremonia improvisada en el Kremlin,
la Federación Rusa reconoce sorpresivamente como Estados independientes
las Repúblicas Populares proclamadas en Donestk y Lugansk. Al día
siguiente, Rusia inicia una «operación militar especial»
en Ucrania. Desde Rusia y Bielorrusia, fuerzas rusas cruzan
simultáneamente la frontera ucraniana para evitar que las tropas de Kiev
se concentren en el Donbass. El ejército ruso destruye el aeropuerto
militar de Kiev pero sin tratar de tomar la capital ucraniana. En pocas
semanas, Rusia libera la mayor parte del Donbass.
Moscú evita durante meses pronunciar la palabra “guerra”. El gobierno
ruso explica que interviene en Ucrania únicamente para poner fin a los
sanguinarios ataques de Kiev contra los civiles del Donbass.
Occidente acusa a Rusia de haber «invadido» Ucrania en plan
de conquista. Pero Rusia no ha hecho otra cosa que aplicar la resolución
2202 del Consejo de Seguridad de la ONU y la declaración de los jefes
de Estado que habían negociado los acuerdos de Minsk. Fue precisamente
para reservarse la posibilidad de emprender esa acción que Rusia había
tenido la precaución de incluirla como anexo en la resolución del
Consejo de Seguridad. Afirmar que Rusia invade Ucrania equivaldría a
decir que Francia invadió Ruanda cuando intervino para poner fin
al genocidio contra la etnia tutsi, en 1994… cosa que nadie dice.
Inicialmente Rusia no recurre al argumento de la «responsabilidad de proteger», el llamado «R2P»
que las potencias occidentales tanto han utilizado en otras latitudes,
pero al que Rusia se opone desde que comenzó a mencionarse en la ONU,
sólo en 2005. No será hasta febrero de 2024 que Moscú utilizará ese
concepto en una reunión del Consejo de Seguridad. En esa reunión,
convocada por su misión en la ONU, Rusia expondrá nuevamente la posición
que ha defendido desde el principio, pero no usará el mismo lenguaje
diplomático que sus interlocutores.
LA PROPAGANDA DE GUERRA
Vuelvo ahora a mencionar los escritos de mis colegas. Según ellos, yo
he “inventado” la responsabilidad de Francois Hollande y de Angela
Merkel en el actual conflicto y si sostengo que Rusia no ha “invadido”
Ucrania es porque repito la famosa “desinformación rusa”. Es probable
que esos colegas hayan redactado sus artículos con la intención de
vulnerar mi credibilidad. Quizás no son capaces de ver que cuando
escriben esas idioteces en los grandes medios, lo que hacen es
sobre todo orientar la opinión pública erróneamente y, en definitiva,
hacerse eco de la propaganda de los partidarios de la guerra."
( THIERRY MEYSSAN, analista geopolítico francés, Observatorio de la crisis, 18/04/24)