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14.6.26

¿Por qué el fascismo aún atrae a millones de personas en todo el mundo? El fascismo triunfó porque hablaba directamente a un vacío emocional ya presente en la sociedad. Se basó en esperanzas, miedos, anhelos, prejuicios, odios y fantasías utópicas existentes —re- ensamblándolos en un poderoso movimiento político... Promete restaurar la grandeza perdida, recuperar una civilización herida, devolver la nación a su «verdadera» identidad... La retórica del nacionalismo hindú invoca constantemente la idea de la recuperación civilizatoria: una civilización hindú que una vez fue gloriosa, debilitada por el dominio musulmán, el secularismo constitucional, los disidentes, las minorías, los liberales o la traición histórica... Si la esperanza atrae a la gente hacia los movimientos fascistas, el miedo les enseña a quién culpar. La política fascista prospera al convencer a las sociedades de que la decadencia está siendo causada por «conspiradores externos» que operan desde dentro... El objetivo no es solo la discriminación, sino también un condicionamiento emocional a largo plazo. Hay que enseñar a asociar a todo un grupo con el peligro mismo. Como en la India actual los ciudadanos musulmanes... la población excluida por el movimiento fascista ya no es simplemente mal vista; es redefinida como un problema. En la India, este cambio se puede apreciar en el lenguaje cotidiano. Términos despectivos como «infiltrados», «terroristas» y «yihadistas» circulan ahora sin esfuerzo... Convierten los prejuicios en odio... La soledad es una de las condiciones esenciales que preparaban a las sociedades para los movimientos totalitarios y los regímenes autoritarios...«que la soledad se haya convertido en una experiencia cotidiana»... Los movimientos fascistas entienden este vacío emocional y ofrecen pertenencia... El individuo aislado de repente se siente parte de algo más grande, eterno e históricamente importante... La gente marchaba junta. Cantaban juntos. El movimiento fascista transforma las ansiedades privadas en una identidad colectiva... El individuo en la sociedad fascista queda liberado de inmediato del peso de la insignificancia... todo movimiento fascista promete alguna versión de un futuro purificado... Una nación sin musulmanes. Sin disidentes. Sin oposición ideológica (Deep Sharma)

" Por qué el fascismo aún atrae a millones de personas en todo el mundo.

 El fascismo se presenta como pertenencia, revitalización y esperanza. Este ensayo explica cómo funciona y por qué millones de personas en todo el mundo todavía lo encuentran atractivo.

Los movimientos políticos de extrema derecha en todo el mundo ya no se esconden en los márgenes de la vida pública. Se están volviendo más ruidosos, más fuertes electoralmente, más poderosos financieramente y cada vez más cómodos con el lenguaje del autoritarismo.

En Hungría, Viktor Orbán pasó dieciséis años concentrando el poder en torno a su partido mientras debilitaba las instituciones. En Turquía, los arrestos de periodistas, académicos y figuras de la oposición vaciaron la disidencia tras el fallido golpe de Estado de 2016. En Estados Unidos, Donald Trump desafió repetidamente la legitimidad de las elecciones de 2020, alimentando la crisis política que culminó en el asalto al Capitolio del 6 de enero.

En la India se están desarrollando patrones de populismo autoritario, donde la política nacionalista hindú ha pasado de los márgenes a la dominación —convirtiendo las instituciones públicas en armas para silenciar la disidencia y la oposición, capturando el aparato estatal, los medios de comunicación e incluso el cine. Pero el fascismo en la India debe entenderse en un contexto más amplio.

Desde 2014, las noticias principales en la India se parecen cada vez más a tribunales ideológicos. La propaganda de derecha y los videos de linchamientos multitudinarios circulan como trofeos en grupos de WhatsApp. Los lemas políticos se construyen en torno a la humillación y la purificación nacional. Los ecosistemas de noticias falsas en línea alimentan sin cesar la paranoia, el resentimiento y la sospecha en millones de indios cada día.

Más preocupante es lo normal que se ha vuelto todo esto. Uno debe detenerse y preguntarse:

### ¿Por qué millones de personas comunes y corrientes siguen cayendo bajo el hechizo de los movimientos fascistas —mucho después de que la historia haya demostrado a dónde conducen?

Parte de la respuesta reside en algo que el historiador George Mosse entendió con una claridad sorprendente. El fascismo no triunfó porque fuera original. Triunfó porque hablaba directamente a un vacío emocional ya presente en la sociedad. Se basó en esperanzas, miedos, anhelos, prejuicios, odios y fantasías utópicas existentes —re ensamblándolos en un poderoso movimiento político.¹

El fascismo, en otras palabras, ofrece muy poco que sea original.

## Esperanza: la promesa de un renacimiento nacional

Al principio, los movimientos fascistas no se presentan a sí mismos como destructivos. Se presentan como esperanzadores. En la República de Weimar en Alemania, tras la Primera Guerra Mundial, el nazismo surgió en el seno de una sociedad humillada por la derrota militar, el colapso económico, la inestabilidad política y el orgullo nacional herido. Al principio, Hitler no atrajo a millones de alemanes haciendo campaña abiertamente por la dictadura o el genocidio. Los atrajo prometiendo restauración y reformas radicales.

Alemania, afirmaba, había caído de su grandeza. La nación había sido debilitada, traicionada, contaminada y humillada, especialmente por la política de izquierdas. Solo un movimiento nacional unificado podía hacerla fuerte de nuevo. Esa promesa emocional sigue siendo central en la política autoritaria actual.

Los movimientos fascistas y los líderes populistas casi siempre hablan el lenguaje de la revitalización antes de hablar el lenguaje de la exclusión. Prometen restaurar la grandeza perdida, recuperar una civilización herida, devolver la nación a su «verdadera» identidad.

Esta retórica emocional es visible de manera ostensible en la India. La retórica del nacionalismo hindú invoca constantemente la idea de la recuperación civilizatoria: una civilización hindú que una vez fue gloriosa, debilitada por el dominio musulmán, el secularismo constitucional, los disidentes, las minorías, los liberales o la traición histórica.

El templo de Ram construido sobre la mezquita de Babri, demolida en Ayodhya, es quizás uno de los ejemplos más claros de esta lógica. *The Guardian* informó que Modi enmarcó el evento como el cumplimiento de «el sueño que muchos han acariciado durante años». En el pensamiento hindutva, la construcción del templo representaba una corrección simbólica de la humillación histórica —la recuperación de una civilización que finalmente recupera su lugar legítimo.

## Miedo: la búsqueda de enemigos internos

Si la esperanza atrae a la gente hacia los movimientos fascistas, el miedo les enseña a quién culpar.

La política fascista prospera al convencer a las sociedades de que la decadencia está siendo causada por «conspiradores externos» que operan desde dentro:

- Las minorías y los inmigrantes — los otros
- Los disidentes y los intelectuales — los refunfuñones (como los llamaba Goebbels)
- Los periodistas críticos y los «antinacionales» — los enemigos internos

Esta simplificación es políticamente dañina porque transforma cuestiones complejas en una explicación insulsamente simple.

La Alemania nazi perfeccionó este mecanismo mediante la representación sistemática de los judíos como corruptos, desleales y peligrosos para el cuerpo de la nación. El objetivo no era solo la discriminación, sino también un condicionamiento emocional a largo plazo.

Había que enseñar al público —lenta y repetidamente— a asociar a todo un grupo con el peligro mismo. Como en la India actual, los ciudadanos musulmanes son encuadrados a diario a través de una campaña coordinada de desinformación sobre infiltración, amenazas demográficas, incompatibilidad civilizatoria y teorías de conspiración como el *love-jihad*, la ocupación ilegal de tierras, el terrorismo, y a menudo se les exige que demuestren su lealtad a los hindúes mayoritarios a su antojo.

Crean una atmósfera donde grupos enteros empiezan a parecer culturalmente sospechosos dentro de la propia nación. Hemos llegado a un punto en el que la ciudadanía ya no es suficiente para ser indio —una cuestión que exploré en mi ensayo anterior, «cuando la ciudadanía no es suficiente».

## Anhelo: el deseo de pertenecer

Hannah Arendt advirtió que la soledad era una de las condiciones esenciales que preparaban a las sociedades para los movimientos totalitarios y los regímenes autoritarios. «Lo que prepara a la gente para la dominación totalitaria», escribió, «es que la soledad se haya convertido en una experiencia cotidiana».²

Los movimientos fascistas entienden este vacío emocional de forma instintiva y tienen algo que ofrecer: pertenencia. No una pertenencia democrática construida en torno a la convivencia y el pluralismo, sino una fusión emocional con la nación, la mayoría, el movimiento y el líder. El individuo aislado de repente se siente parte de algo más grande, eterno e históricamente importante. Condiciones como el desempleo, la violencia callejera y los políticos sin escrúpulos se convierten en un costo que una nación debe soportar para volver a ser «grande».

La gente marchaba junta. Cantaban juntos. Repetían lemas juntos. Llevaban símbolos juntos. El movimiento fascista transforma las ansiedades privadas en una identidad colectiva.

En la India, este anhelo de identidad colectiva a menudo toma la forma de restablecer la civilización antigua que fue interrumpida, humillada y obligada a olvidarse de sí misma. Las invasiones extranjeras, el dominio colonial y décadas de fracaso político se convierten en capítulos de una narrativa más amplia de decadencia de su gloria. A la generación actual y a los soldados de infantería del Hindutva se les dice que han heredado una misión histórica: completar la obra inconclusa de la restauración nacional.

La promesa de pertenencia es seductora porque convierte la vida ordinaria en un propósito histórico. En un movimiento fascista, el graduado desempleado ya no solo lucha por encontrar trabajo —está participando en un despertar civilizatorio de la nación. El individuo en la sociedad fascista queda liberado de inmediato del peso de la insignificancia.

Las decepciones y dificultades personales se disuelven en una historia más amplia sobre el destino de la nación. Por eso los movimientos de renacimiento nacional suelen inspirar una lealtad tan feroz. Los líderes de los movimientos autoritarios dicen a sus masas que sus antepasados fueron grandes, que su cultura está amenazada, que se ha negado a su nación el lugar que le corresponde en la historia —y que ellos han sido elegidos para restaurarlo.

## Convertir los prejuicios en odio

Los movimientos fascistas a menudo no empiezan con odio: toman los prejuicios, los miedos a medio formar y los resentimientos, y los arrastran hasta convertirlos en retórica política, dándoles legitimidad, lenguaje y propósito político.

George Mosse observó que los movimientos fascistas se basaban en gran medida en mitos, prejuicios, nacionalismo romántico y fantasías heredadas de la Europa del siglo XIX. No crearon estas creencias de la nada. Las recogieron, las organizaron en forma de propaganda y las fusionaron con la vida política común.

El prejuicio deja de ser vergonzoso cuando se repite en la televisión, es refrendado por políticos, circula en las redes sociales y es repetido por figuras culturales en una sociedad.

En ese momento, la población excluida por el movimiento fascista ya no es simplemente mal vista; es redefinida como un problema. Se cuestiona su lealtad, se escruta su presencia, se condiciona su pertenencia.

En la India, este cambio se puede apreciar en el lenguaje cotidiano. Términos despectivos como «infiltrados», «terroristas» y «yihadistas» circulan ahora sin esfuerzo entre los mítines políticos, los debates televisivos, los feeds de las redes sociales y la conversación cotidiana de la gente común. Repetidos con suficiente frecuencia, dejan de sonar como insultos y empiezan a sonar como descripciones.

El prejuicio por sí solo es inestable. Debe ser afilado, repetido, cargado emocionalmente. La propaganda moderna hace esto con una eficiencia despiadada. A través de estudios de televisión, grupos de WhatsApp, feeds algorítmicos y mensajes coordinados, opera incesantemente, incrustando la sospecha en el pensamiento cotidiano.

La lógica no es nueva. El régimen nazi la perfeccionó: los judíos no eran retratados simplemente como oponentes, el pensamiento y la propaganda nazi los presentaban como contaminantes —algo que corrompía la nación desde dentro. El objetivo no era solo la hostilidad, sino también la deshumanización.

Hoy en día, estos mecanismos se despliegan con herramientas más sofisticadas. En la India, la identidad musulmana es enmarcada a través de insultos, amenazas y como un problema. Los detalles específicos pueden cambiar, pero el efecto es la sospecha constante y la exclusión de los musulmanes de la vida pública.

Con el tiempo, la repetición hace su trabajo. El prejuicio empieza a sentirse como vigilancia. Y cuando esa transformación se completa, el odio ya no se anuncia a sí mismo como odio. Se llama a sí mismo patriotismo.

## Utopía: la fantasía de una sociedad pura

En última instancia, todo movimiento fascista promete alguna versión de un futuro purificado: una nación restaurada, un pueblo unificado, una sociedad finalmente limpia, libre de corrupción y con los enemigos internos completamente desaparecidos.

La política fascista está obsesionada con los pasados míticos y, en esencia, el fascismo ofrece una fantasía de pureza. Por ejemplo, la Alemania nazi idealizaba la pureza racial, la sangre, el suelo, la masculinidad heroica y la fantasía de una comunidad nacional orgánica no contaminada por forasteros. La democracia, el pluralismo, el desacuerdo y la diversidad no eran retratados como fortalezas, sino como síntomas de decadencia e incluso debilidad civilizatoria.

En la India, la imaginación política del Hindutva gira cada vez más en torno al sueño de una civilización hindú culturalmente unificada: una nación purificada de contradicciones internas, permanentemente mayoritaria y liberada de las molestias del pluralismo y del propio secularismo.

Una nación sin musulmanes. Sin disidentes. Sin oposición ideológica. Sin la fricción intelectual y moral que produce la democracia.

La utopía de un movimiento fascista no es un futuro al que llegar, sino un silencio producido por aquello que ha sido eliminado.

También te puede interesar:

1. George Mosse, *The Fascist Revolution: Toward a General Theory of Fascism*. Madison: University of Wisconsin Press, 1999.
2. Hannah Arendt, *The Origins of Totalitarianism*. Nueva York: Schocken Books, 1951." 

(Deep Sharma , blog, 31/05/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original) 

13.6.26

La ONU ha avergonzado a Israel por su violencia sexual en el conflicto. Ahora debe haber rendición de cuentas... La ONU es una institución cautelosa y esta inclusión no se hizo por capricho... Las pruebas son meticulosas. Entre 2023 y 2025, investigadores de la ONU verificaron abusos sexuales infligidos a 31 detenidos palestinos –14 hombres, siete mujeres, nueve niños y una niña– retenidos en bases militares, prisiones y centros de detención israelíes. Las violaciones incluían violación, violación en grupo, violencia genital como tortura, desnudez forzada, cacheos abusivos y repetidas amenazas de violación. Algunas víctimas sufrieron múltiples agresiones, humillación continua y dolor. Los perpetradores incluían a las Fuerzas de Defensa de Israel y al Servicio de Prisiones de Israel... Estos hallazgos se basan en años de trabajo de valientes organizaciones israelíes e internacionales de derechos humanos. B’Tselem expuso la crueldad sistémica en las prisiones israelíes mucho antes de que la ONU actuara... B’Tselem califica las prisiones como "una red de campos dedicados al abuso de los reclusos como cuestión de política"... ¿Qué sigue para Israel? Los perpetradores repiten sus crímenes sin castigo. Los sistemas que los permiten continúan sin obstáculos... Una verdadera rendición de cuentas significaría llevar a Israel ante la Corte Penal Internacional por el uso de la violación como crimen de guerra... como hemos visto, Benjamin Netanyahu ya ha sido acusado por usar el hambre como arma de guerra y por crímenes de lesa humanidad en Gaza sin que sirviera de nada... El mundo está observando, el mundo lo sabe. La cuestión ahora es si el mundo hará algo más que limitarse a mirar hacia otro lado (Janine di Giovanni, The Guardian)

"La ONU ha avergonzado a Israel por la violencia sexual en conflictos. Ahora debe haber responsabilidades.

Yousef, un periodista palestino, y yo estábamos en una playa de Gaza durante la primera intifada –el levantamiento que comenzó en 1987, definido por la resistencia popular y jóvenes lanzando piedras. Él tenía veinte años entonces, pero ya había pasado tiempo en Ansar III, la temida prisión israelí en el desierto del Néguev. Acababa de ser liberado.

Esto fue antes de que el trastorno por estrés postraumático (TEPT) fuera ampliamente comprendido, pero yo sabía que mi amigo estaba profundamente traumatizado. Mirando fijamente el mar, sus manos temblaban mientras hablábamos. Aunque estaba libre, dudaba que volviera a sentirse seguro alguna vez. La prisión había significado palizas, tortura, privación de sueño. "Los soldados me preguntaban una y otra vez si quería ser mujer", dijo. "Eso es lo peor: amenazar con destruir tu hombría".

Cada año, la ONU publica un anexo al informe del secretario general sobre la violencia sexual relacionada con conflictos. En él se nombra a las partes de las que se sospecha creíblemente que perpetran violaciones y abusos sexuales en conflictos armados. Durante años, aparecieron los sospechosos habituales: República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Siria, Irak, Myanmar. Este año aparecieron dos nuevos nombres: Israel y Rusia.

La inclusión de Rusia no fue sorprendente. Mi organización, The Reckoning Project, conoce bien los informes sobre violencia sexual gracias a nuestro trabajo. Rusia es también un caso atípico en el orden internacional, muy criticado por otros estados. Pero ver a Israel en la lista fue un shock, dado el apoyo existente a la nación por parte de muchos actores de la comunidad internacional, como EE. UU. y la UE. La ONU es una institución cautelosa y esta inclusión no se hizo por capricho.

Las pruebas son meticulosas. Entre 2023 y 2025, investigadores de la ONU verificaron abusos sexuales infligidos a 31 detenidos palestinos –14 hombres, siete mujeres, nueve niños y una niña– retenidos en bases militares, prisiones y centros de detención israelíes. Las violaciones incluían violación, violación en grupo, violencia genital como tortura, desnudez forzada, cacheos abusivos y repetidas amenazas de violación. Algunas víctimas sufrieron múltiples agresiones, humillación continua y dolor. Los perpetradores incluían a las Fuerzas de Defensa de Israel y al Servicio de Prisiones de Israel.

El informe documenta una falta sistémica de responsabilidad, "perpetuando un clima de impunidad". El caso más conocido es el de cinco soldados acusados de presunta agresión física. A pesar de las aparentes pruebas médicas y de vídeo de una agresión sexual, los cargos de agresión sexual o violación no se incluyeron en la acusación. Tras muchas protestas públicas en defensa de los soldados, los cargos fueron finalmente retirados.

Estos hallazgos se basan en años de trabajo de valientes organizaciones israelíes e internacionales de derechos humanos. B’Tselem expuso la crueldad sistémica en las prisiones israelíes mucho antes de que la ONU actuara. Un informe reciente, *Bienvenidos al infierno: el sistema penitenciario israelí como una red de campos de tortura*, documenta las experiencias de 55 palestinos detenidos después del 7 de octubre y puestos en libertad sin cargos. B’Tselem califica las prisiones como "una red de campos dedicados al abuso de los reclusos como cuestión de política".

En respuesta al informe, Danny Danon, embajador de Israel ante la ONU –un ex oficial de línea dura de las Fuerzas de Defensa de Israel y ex diputado del Likud– dijo: "El secretario general y su equipo siguen difundiendo mentiras contra Israel. Ponernos a nosotros y a los terroristas de Hamás en la misma lista es inaceptable". (Hamás aparece con razón en el informe por violencia sexual durante el 7 de octubre). Danon anunció que Israel rompería lazos con António Guterres hasta que el secretario general de la ONU deje el cargo en diciembre.

¿Qué sigue para Israel? Los Estados que aparecen repetidamente en la lista negra tienen prohibido participar en misiones de mantenimiento de la paz de la ONU, pero la aplicación rara vez va más allá de eso. La ONU solicita que los investigadores accedan a las instalaciones de detención, pero a menos que el Estado acusado coopere, no pueden organizar el acceso. Los perpetradores repiten sus crímenes sin castigo. Los sistemas que los permiten continúan sin obstáculos.

Una verdadera rendición de cuentas significaría llevar a Israel ante la Corte Penal Internacional por el uso de la violación como crimen de guerra. Esto es difícil cuando Israel no es signatario de la organización y, como hemos visto, Benjamin Netanyahu ya ha sido acusado por usar el hambre como arma de guerra y por crímenes de lesa humanidad en Gaza sin que sirviera de nada (él niega haber actuado mal).

Sin embargo, la presión internacional podría llegar de otras formas. Rusia niega a los investigadores el acceso a sus instalaciones de detención, pero aun así enfrenta una enorme presión por las sanciones económicas y diplomáticas como agresor en Ucrania. Israel aún se beneficia del comercio con otras naciones y participa en instituciones occidentales de las que Rusia no puede formar parte –la OCDE, el Foro Económico Mundial, los Juegos Olímpicos–, pero podría ser expulsado hasta que actúe para poner fin a la violencia sexual.

Debería haber compensación por parte del Estado israelí para los supervivientes a través de reparaciones y asistencia jurídica para quienes buscan justicia en otro lugar, pero más fundamentalmente, el Estado israelí debe reconocer que estos crímenes ocurrieron y no volverán a suceder.

Hay precedentes. Los monitores de derechos humanos en Ucrania documentaron 31 casos de violencia sexual por parte de las fuerzas ucranianas –golpes en los genitales, descargas eléctricas, desnudez forzada. Después de estas acusaciones, Ucrania siguió permitiendo el acceso de los monitores de la ONU, está enfrentando sus crímenes y ha actuado para fortalecer sus leyes e instituciones. Si Israel no tiene nada que ocultar –como insiste– debería conceder a los investigadores acceso sin restricciones a las prisiones.

Me pregunto si Yousef, con quien perdí el contacto hace muchos años, vería este registro documentado de su dolor como una victoria. Para supervivientes como él, esto significa que ahora hay un archivo oficial preservado, a la espera del día en que el mundo tenga la voluntad política para actuar en consecuencia. Imagino que desearía más acción.

Para aquellos de nosotros que trabajamos en la rendición de cuentas, la lista negra indica que hay testigos. El mundo está observando, el mundo lo sabe. La cuestión ahora es si el mundo hará algo más que limitarse a mirar hacia otro lado."

, Revista de prensa, 13/06/26, traducción Deep Seek, fuente The Guardian

El Reino Unido tiene ya una tradición anual de pogromos en verano... Durante tres años consecutivos, grupos racistas organizados han perpetrado ataques selectivos en Belfast, Glasgow, Liverpool, Londres y otras ciudades, en la que las personas fueron atacadas específicamente por el color de su piel en sus hogares y en las calles... Existe un patrón de comportamiento y tácticas... como el establecimiento de puestos de control donde se obliga a los conductores a declarar su raza... Gran Bretaña está en decadencia, y estas nuevas tradiciones de violencia racista son un síntoma... debemos reconocer que el Estado británico se está alejando cada vez más del centro del sistema mundial y se está adentrando en la periferia europea... así el racismo de los grupos extremistas organizados puede intimidar a la oposición y extenderse... Es urgente preguntarse por qué la izquierda no ha desarrollado una respuesta preparada para estas manifestaciones veraniegas tan predecibles. Sabemos que esto sucederá cada año. Eso significa que debe haber una respuesta institucional planificada con antelación... Debe ser una respuesta amplia y a gran escala, basada en los diversos sectores de la población que se oponen a esta violencia y racismo flagrante. No somos una minoría en nuestra oposición a esto... Tras la primera ola de violencia en 2024, surgieron llamamientos a favor de todo tipo de iniciativas hiperlocales y de organización profunda. Estos llamamientos fueron ampliamente aclamados como la solución obvia, pero luego cayeron en el olvido (David Jamieson)

"El Reino Unido tiene ya una tradición anual de pogromos en verano. Esta última oleada de ataques, desde Belfast hasta Glasgow, Liverpool, Londres y otras ciudades, en la que las personas fueron atacadas específicamente por el color de su piel en sus hogares y en las calles, debe entenderse dentro de este contexto.

Durante tres años consecutivos, grupos racistas organizados han perpetrado ataques selectivos contra diversas minorías. Si bien a menudo se justifican con el pretexto de un acto de violencia, es evidente que estos ataques son premeditados e involucran redes organizadas e información obtenida con antelación, como parece ser el caso en Belfast, donde se atacaron específicamente domicilios de personas no blancas.

Sabemos que estos eventos se organizan en plataformas de redes sociales encriptadas como Telegram. Existe un patrón de comportamiento y tácticas, como el acoso en zonas donde se sabe que se reúnen o poseen propiedades inmigrantes o de minorías raciales, ataques a zonas residenciales o el establecimiento de puestos de control donde se obliga a los conductores a declarar su raza.

Estas son 5 respuestas iniciales:

1. Los eufemismos «protesta», «ira» y «debate», tan apreciados por los medios de comunicación y la clase política, tienen poca validez para describir este fenómeno. La extrema derecha organizada utiliza la violencia para aterrorizar a sus oponentes y generar impulso para intensificar la violencia.

Estas personas no están dispuestas a debatir ni interesadas en resolver problemas políticos. Estaban listas para lanzar otra campaña de verano y no se trata simplemente de personas frustradas que se sienten ignoradas.

2. Personas como Nigel Farage y Kemi Badenoch, que en los últimos días han avivado las llamas del racismo paranoico, conocían el contexto en el que lo hacían. Entendían que el verano es temporada de disturbios racistas y promovieron la idea de que los blancos son víctimas del Estado, un dogma fundamental de los grupos más extremistas.

Las fuerzas políticas tradicionales y las autoridades estatales están jugando un juego muy peligroso. El racismo también se fomenta abiertamente por figuras poderosas del gobierno estadounidense, que promueven los intereses exteriores de su propio país socavando a su aliado.

3. Es urgente preguntarse por qué la izquierda no ha desarrollado una respuesta preparada para estas manifestaciones veraniegas tan predecibles. Sabemos que esto sucederá cada año. Eso significa que debe haber una respuesta institucional planificada con antelación.

4. Debe ser una respuesta amplia y a gran escala, basada en los diversos sectores de la población que se oponen a esta violencia y racismo flagrante. No somos una minoría en nuestra oposición a esto.

La amplitud, la cantidad de participantes y un enfoque nacional son importantes. Tras la primera ola de violencia en 2024, surgieron llamamientos a favor de todo tipo de iniciativas hiperlocales y de organización profunda. Estos llamamientos fueron ampliamente aclamados como la solución obvia, pero luego cayeron en el olvido.

La razón es que esas llamadas no eran más que un grito de frustración. No constituían un plan, no contaban con el respaldo de recursos, estrategia ni organización.

Es una plataforma paralizante cuando necesitamos demostrar la amplitud y el peso nacional de la oposición. Millones de personas no quieren que sigamos por este camino. Deben movilizarse.

5. Gran Bretaña está en decadencia, y estas nuevas tradiciones de violencia racista son un síntoma.

Debemos reconocer que el Estado británico se está alejando cada vez más del centro del sistema mundial y se está adentrando en una periferia europea en desarrollo. Las grandes potencias están reorganizando el sistema mundial entre ellas, y el capitalismo británico se ve presionado y mal gestionado, con la consecuencia de que amplios sectores de la población sufren privaciones y humillaciones.

Esta situación volátil es el único escenario político a nuestro alcance. En última instancia, necesitamos hacer frente a las crecientes dificultades y la marginación que sufren millones de trabajadores. Sin ello, el racismo de los grupos extremistas organizados puede intimidar a la oposición y extenderse." 

(David Jamieson, El Viejo Topo, 13/06/26, Fuente: Counterfire 

22.4.26

Según un informe, soldados israelíes utilizan la agresión sexual para expulsar a palestinos de Cisjordania... Más de dos tercios de los hogares encuestados identificaron el aumento de la violencia contra mujeres y niños, incluido el acoso sexual dirigido a niñas, como un punto de inflexión en su decisión de irse... Los hombres y los niños también fueron blanco de agresiones y acoso sexual... La violencia sexual y el acoso tuvieron graves impactos incluso cuando las comunidades no fueron desplazadas... para limitar la posibilidad de entrar en contacto con israelíes que pudieran agredirlas, las niñas habían dejado de ir a la escuela y las mujeres habían dejado de trabajar... Hubo una discusión en la Knéset sobre si está bien o no violar a una palestina... La incapacidad de Israel para procesar a los colonos que atacaron a palestinos en Cisjordania llevó al ex primer ministro del país, Ehud Olmert, a pedir a la Corte Penal Internacional que interviniera para salvar a los palestinos de los "terroristas judíos" (Emma Graham-Harrison, The Guardian)

 "Soldados y colonos israelíes están utilizando violencia de género, agresión sexual y acoso para obligar a los palestinos a abandonar sus hogares en la Cisjordania ocupada, según expertos en derechos humanos y legales.

Mujeres, hombres y niños palestinos han denunciado ataques, desnudez forzada, registros invasivos y dolorosos de cavidades corporales, israelíes exponiendo sus genitales, incluso a menores, y amenazas de violencia sexual.

Die Consorcio de Protección de Cisjordania registró dieciséis casos de violencia sexual relacionada con el conflicto en los últimos tres años, una cifra que probablemente esté subestimada debido a la vergüenza y el estigma que enfrentan las sobrevivientes.

"La violencia sexualizada se utiliza para presionar a las comunidades, dar forma a las decisiones sobre si permanecer o abandonar sus hogares y tierras, y alterar los patrones de la vida diaria", dijo el grupo de organizaciones humanitarias internacionales en un informe.

El estudio, "Violencia sexual y traslado forzoso en Cisjordania", detalla relatos de ataques sexualizados y humillaciones contra palestinos en sus comunidades y dentro de sus hogares desde 2023.

Otras formas de violencia denunciada incluyen orinar sobre palestinos, tomar y distribuir fotografías humillantes de individuos atados y desnudos, acosar a mujeres que usan letrinas y amenazar con violencia sexual contra mujeres. Los estudios de caso están anonimizados debido al estigma que rodea la violencia sexual.

Los ataques sexualizados estaban acelerando el desplazamiento de los palestinos, según el informe. Más de dos tercios de los hogares encuestados identificaron el aumento de la violencia contra mujeres y niños, incluido el acoso sexual dirigido a niñas, como un punto de inflexión en su decisión de irse, dijo el consorcio.

Los participantes describieron el acoso sexualizado como el momento en que el miedo pasó de crónico a insoportable. "Hablaron de ver a mujeres y niñas soportar humillación y de calcular lo que podría suceder a continuación", dice el informe.

Los soldados israelíes presentes durante el abuso habían fallado repetidamente en prevenirlo o en procesar a los responsables. Una mujer fue sometida a una dolorosa revisión interna por dos soldados femeninas que entraron en su casa con colonos, luego le ordenaron que se quitara la ropa para una revisión corporal completa.

"Ella describió que le indicaron que abriera las piernas de una manera que le causó dolor, y describió comentarios despectivos y tocamientos de áreas íntimas", dice el informe.

Los hombres y los niños también fueron blanco de agresiones y acoso sexual. El mes pasado, colonos israelíes desnudaron a Qusai Abu al-Kebash, de 29 años, de la comunidad de Khirbet Humsa en el norte del valle del Jordán, le pusieron una brida en los genitales y lo golpearon frente a su comunidad y activistas internacionales, dijeron testigos.

En octubre de 2023, colonos y soldados desnudaron, esposaron y golpearon a palestinos del pueblo de Wadi as-Seeq, orinaron sobre ellos, intentaron violar a uno con el mango de una escoba y les tomaron fotografías desnudos que luego distribuyeron públicamente.

 La violencia sexual y el acoso tuvieron graves impactos incluso cuando las comunidades no fueron desplazadas, y las mujeres y las niñas se vieron particularmente afectadas. Para limitar la posibilidad de entrar en contacto con israelíes que pudieran agredirlas o acosarlas, las niñas habían dejado de ir a la escuela y las mujeres habían dejado de trabajar.

También había provocado un aumento en el matrimonio precoz, ya que los padres desesperados por proteger a sus hijas buscaban formas de alejarlas de las amenazas. Al menos seis familias entrevistadas para el informe organizaron bodas para niñas de entre 15 y 17 años.

El Centro de Asistencia y Asesoramiento Legal para la Mujer (WCLAC), con sede en Ramala, también ha documentado el uso de la violencia sexualizada y el acoso contra mujeres y niñas palestinas para fragmentar y desplazar comunidades.

La WCLAC dijo que las mujeres en Cisjordania ocupada habían denunciado agresiones sexuales, incluida la penetración forzada durante los registros, y abusos, incluidos soldados israelíes que se exponían a niñas en los puestos de control y las acosaban durante los registros. La humillación había incluido la burla de las niñas que menstruaban, dijo.

Las niñas no van a la escuela, y ves matrimonios precoces y forzados. "Estos son menores, pero sabemos que sus madres y padres están tratando de protegerlos enviándolos fuera de la zona", dijo Kifaya Khraim, gerente de la unidad de defensa de WCLAC.

Las mujeres pierden sus empleos porque no pueden ir a trabajar debido a la violencia sexual y luego deciden quedarse en casa.

Khraim dijo que creía que su equipo solo conocía una fracción de los casos de violencia sexualizada por parte de soldados y colonos israelíes. "Esto es quizás el 1% de los casos, y tuvimos que investigar mucho en las comunidades locales solo para ganarnos la confianza de la gente y que nos contaran sobre estos casos".

Milena Ansari, jefa del departamento de territorios palestinos ocupados de Médicos por los Derechos Humanos – Israel, dijo que el aumento de la violencia sexualizada y el acoso en Cisjordania ocupada se estaba produciendo en medio de una cultura más amplia de impunidad para los ataques contra los palestinos.

Una decisión reciente de retirar los cargos contra los soldados por la violación filmada de un recluso en el centro de Sde Teiman envió un mensaje particularmente claro.

"Los funcionarios israelíes están dando luz verde de manera efectiva al uso de violencia sexual, cuando deciden no procesar el caso más destacado, que está extremadamente bien documentado", dijo Ansari. Hay una cultura de aceptar el asalto sexualizado contra los palestinos.

Hubo una discusión en la Knéset sobre si está bien o no violar a una palestina. Ni siquiera el primer ministro dijo que Israel se opone a violar a los detenidos.

La incapacidad de Israel para procesar a los colonos que atacaron a palestinos en Cisjordania llevó al ex primer ministro del país, Ehud Olmert, a pedir a la Corte Penal Internacional que interviniera para salvar a los palestinos de los "terroristas judíos", en una entrevista con The Guardian.

El informe sobre la violencia sexualizada como herramienta de desplazamiento forzado se basó en 83 entrevistas con comunidades palestinas de toda Cisjordania ocupada, incluidas aquellas que enfrentan violencia de colonos y restricciones de movimiento.

Los participantes incluyeron a personas en riesgo, a quienes ya se vieron obligadas a huir de sus hogares, mujeres, jóvenes activistas y líderes comunitarios. Los hallazgos no pretenden ser una muestra estadísticamente representativa de Cisjordania.

Las Fuerzas de Defensa de Israel no respondieron a las preguntas sobre las acusaciones de abuso sexual por parte de soldados." 

( in Jerusalem , The Guardian, 21/04/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

24.2.26

Žižek: Trump, el Rey Rebelde... una de las características clave del mundo actuales que cada vez más estados dependen de bandas armadas criminales para mantener su poder. Haití es simplemente el caso más extremo de lo que se denomina un estado fallido, cosas similares están sucediendo en Ecuador, y en aquellas zonas de México que están totalmente controladas por los cárteles de la droga... también debemos mencionar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la política moralista de Irán. Funcionan como una fuerza policial ideológica y a menudo llegan a extremos que parecen avergonzar al gobierno... Luego está el Grupo Wagner, que el gobierno ruso utilizó como intermediario para mantener una negación plausible de las operaciones militares en el extranjero. Al final, se volvió contra el régimen de Putin... Pero el caso más evidente es el de los colonos israelíes que aterrorizan abiertamente a los palestinos que viven en Cisjordania. Actúan como un movimiento independiente, cometiendo crímenes que van desde quemar las casas y los olivos de los palestinos hasta golpear y matar a los propios palestinos. Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa de Israel se limitan a observar... Una vez más, una banda criminal es tolerada e incluso incitada por un estado que busca mantener una negación plausible... Luego está Trump. Anteriormente instigador de una insurrección contra la sede constitucional del poder en Estados Unidos, ahora está llevando a cabo su propia colonización interna al desplegar agentes militarizados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) -y ya no de la Guardia Nacional- en ciudades gobernadas por los demócratas para aterrorizar a sus habitantes. El ICE ha aumentado su plantilla en un 120% desde que Trump regresó a la Casa Blanca... Con el rostro enmascarado, actúan como los propios colonos de Cisjordania de Trump, entrando por la fuerza en las casas de la gente sin órdenes judiciales... Sin embargo, hay una disparidad clave: a diferencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu o de Putin, Trump no mantiene ninguna distancia con su “banda”. Es su comandante directo y le ordena que ignore las instituciones democráticas y los deseos de las autoridades locales... Trump es el máximo responsable de la aplicación de la ley en Estados Unidos y el máximo líder de la pandilla, todo a la vez... el rey de facto de Estados Unidos, que gobierna su país principalmente por decreto y, al mismo tiempo, el principal rebelde contra el Estado

 "LJUBLJANA – En el verano de 1989, Francis Fukuyama presentó su visión del fin de la historia. Dado que el capitalismo liberal-democrático es el mejor orden social posible, argumentó, no era posible ningún progreso adicional, salvo mediante la realización gradual del orden preferido en todo el mundo.

Pero el “fin” duró apenas tres décadas como máximo, y ahora nos encontramos en el extremo opuesto: la idea predominante hoy es que el orden mundial capitalista liberal-democrático, con sus reglas complejas que garantizan los derechos humanos básicos (libertad de expresión, atención médica universal, educación pública, etc.), se ha desintegrado. Está siendo sustituido por un nuevo mundo brutal en el que los peces grandes se comen a los pequeños y las ideologías ya no se toman en serio, porque lo que importa es el poder económico, militar y/o político puro y duro.

Por lo tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no intervino en Venezuela para restaurar la democracia en ese país; lo hizo, aparentemente, para obtener libre acceso a las inmensas reservas venezolanas de petróleo y minerales. Del mismo modo, el presidente ruso, Vladimir Putin, atacó Ucrania para apoderarse de territorio y restaurar la Gran Rusia que existía antes de la Revolución Bolchevique y, de forma diferente, después de ella.

La cosmovisión predominante es un realismo despojado de todas las ilusiones e ideales. Si eres un país pequeño, acepta que debes vivir con miedo. Si puedes disfrutar de un poder obsceno, hazlo -pero ten en cuenta que los principios no importan-. En este nuevo mundo posideológico, se dice muchas veces, la máscara de los derechos humanos, el respeto a la soberanía de otros estados y demás han desaparecido.

Pero nada de esto es cierto. Nuestro mundo posliberal está aún más impregnado de ideología que el orden liberal-democrático. La visión MAGA de Trump es pura ideología, aunque sus propios actos lo contradigan a diario. Steve Bannon, ideólogo clave del populismo trumpiano, se describe a sí mismo como un leninista que trabaja para destruir el Estado. Pero bajo el gobierno de Trump, la maquinaria estatal estadounidense se ha vuelto más fuerte y dominante que nunca, violando regularmente las leyes existentes e interviniendo en los procesos democráticos y en los mercados. Para MAGA, la “libertad de expresión” es la prerrogativa de los poderosos para ofender a los débiles (inmigrantes, no blancos y minorías sexuales), no el poder de los oprimidos y explotados para que sus voces se escuchen.

Lo mismo ocurre con Israel y Rusia, por citar solo dos ejemplos. Israel se ve ahora asediado por el fundamentalismo sionista, que invoca el Antiguo Testamento para legitimar la colonización brutal de Gaza y Cisjordania. De igual manera, Putin legitima su poder con una ideología euroasiática que se opone al liberalismo individualista occidental y supuestamente aprecia los valores cristianos tradicionales. Al priorizar a la comunidad, las personas deben estar dispuestas a sacrificarse por el Estado.

En este sentido, Alexander Kharichev, uno de los principales ideólogos de Putin, ha formulado las características básicas del Homo putinus, con su supuesta “naturaleza abnegada”: “Para nosotros, la vida en sí misma parece significar mucho menos que para un occidental. Creemos que hay cosas más importantes que la mera existencia. Eso, en esencia, es la base de cualquier fe”.

En todos estos casos, estamos lo más lejos posible de ver el mundo tal como es: lo que el “realismo” predominante ignora es la ideología extrema que el statu quo necesita para reproducirse.

Esta tensión subyace a una de las características clave del mundo actual: cada vez más estados dependen de bandas armadas criminales para mantener su poder. Haití, castigado durante más de 200 años por su exitosa revolución esclavista, es simplemente el caso más extremo de lo que se denomina un estado fallido, con bandas que controlan el 80% del territorio. Ahora, cosas similares están sucediendo en Ecuador (donde las bandas ocupan abiertamente partes de las ciudades) y en aquellas zonas de México que están totalmente controladas por los cárteles de la droga.

En este contexto, también debemos mencionar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y la política moralista de Irán. Funcionan como una fuerza policial ideológica y a menudo llegan a extremos que parecen avergonzar al gobierno. Recordemos el asesinato de Mahsa Amini tras ser detenida por presuntamente llevar el velo de forma inapropiada. Luego está el Grupo Wagner, que el gobierno ruso utilizó como intermediario para mantener una negación plausible de las operaciones militares en el extranjero. Al final, se volvió contra el régimen de Putin.

Pero el caso más evidente es el de los colonos israelíes que aterrorizan abiertamente a los palestinos que viven en Cisjordania. Actúan como un movimiento independiente, cometiendo crímenes que van desde quemar las casas y los olivos de los palestinos hasta golpear y matar a los propios palestinos. Mientras tanto, las Fuerzas de Defensa de Israel se limitan a observar, interviniendo solo si los palestinos se resisten activamente a los colonos. Una vez más, una banda criminal es tolerada e incluso incitada por un estado que busca mantener una negación plausible.

América primero

Luego está Trump. Anteriormente instigador de una insurrección contra la sede constitucional del poder en Estados Unidos, ahora está llevando a cabo su propia colonización interna al desplegar agentes militarizados del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) -y ya no de la Guardia Nacional- en ciudades gobernadas por los demócratas para aterrorizar a sus habitantes. El ICE ha aumentado su plantilla en un 120% desde que Trump regresó a la Casa Blanca, reclutando a 12.000 nuevos agentes y oficiales mediante una campaña dirigida a los nacionalistas blancos, y entregándoles armas tras solo 47 días de entrenamiento. Con el rostro enmascarado, actúan como los propios colonos de Cisjordania de Trump, entrando por la fuerza en las casas de la gente sin órdenes judiciales. Un sacerdote mexicano que trabaja en Minneapolis describió al ICE como peor que los carteles de la droga de su país.

Sin embargo, hay una disparidad clave: a diferencia del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu o de Putin, Trump no mantiene ninguna distancia con su “banda”. Es su comandante directo y le ordena que ignore las instituciones democráticas y los deseos de las autoridades locales.

Así, como jefe del ejecutivo, Trump es el máximo responsable de la aplicación de la ley en Estados Unidos y el máximo líder de la pandilla, todo a la vez. Esto nos recuerda la visión de G. K. Chesterton de que “el cristianismo es la única religión en la tierra que ha creído que la omnipotencia hacia a Dios incompleto. Solo el cristianismo ha creído que Dios, para ser plenamente Dios, debía haber sido un rebelde además de un rey”. Con cierta ironía, podemos decir que Trump intenta, efectivamente, funcionar como el dios cristiano: el rey de facto de Estados Unidos, que gobierna su país principalmente por decreto y, al mismo tiempo, el principal rebelde contra el Estado.

El comportamiento reciente de Trump hace que esta paradoja sea aún más visible. Recientemente presentó una demanda contra el Servicio de Impuestos Internos (IRS), exigiendo 10.000 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios a una agencia del gobierno federal que él mismo supervisa, alegando que ha sido perjudicado a título personal. Parece que él tendría la última palabra sobre si acepta un acuerdo y de qué cuantía.

Incluso algunos legisladores republicanos han expresado sus recelos sobre una demanda que convierte a Trump en demandante y demandado a la vez, y él mismo ha reconocido su “posición extraña”, en la que tiene que “llegar a un acuerdo -negociar conmigo mismo”-. Como observó Adam Schiff, senador demócrata por California: “Hay que reconocerle una suerte de mérito perverso por la pura audacia de la estafa. Lisa y llanamente, descarado”.

Ya hemos visto algo similar antes, no en la realidad, sino en una película: la temprana obra maestra de Woody Allen Bananas (1971). En una escena en un tribunal, el héroe y acusado, Fielding Mellish, se hace pasar por su propio abogado y se interroga a sí mismo, lanzando preguntas agresivas al estrado vacío, para luego subir corriendo al banquillo y dar respuestas incoherentes y confusas. Medio siglo después, la realidad ha superado la broma."

(Slavoj Žižek, El Nuevo Siglo, 20/02/26, Copyright: Project Syndicate, 2026)

22.2.26

El lenguaje de la humillación, en el que los funcionarios se refieren a grupos sociales y raciales enteros como «alimañas», «basura» o «invasores»... no es simplemente insultar, sino alimentar el «ciclo de la carnada de la ira, "palabra clave de Oxford para 2025"... un alto funcionario ataca a toda una comunidad o al «otro bando» y espera una respuesta, intensifica los ataques y luego se presenta como protector de las tradiciones, los valores y de Estados Unidos... esto va más allá de simplemente «vaciar» la democracia, prepara al país para una «polarización afectiva «, donde las personas ya no solo discrepan en asuntos políticos, sino que se detestan activamente por quiénes son y lo que supuestamente representan... ¿De qué otra manera se pueden explicar las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump? Estamos entrando en una situación de división del régimen... una lucha política que ya no se centra en ganar elecciones, sino en una en la que los grupos dominantes discrepan fundamentalmente sobre la definición misma de lo que constituye una nación... Independientemente de los resultados de noviembre, gran parte del resultado ya está predeterminado: un conflicto social más amplio en Estados Unidos es inevitable. El punto de quiebre se acerca rápidamente... se está generando una guerra civil en Estados Unidos (Ramzy Baroud)

 "Una encuesta de Gallup de enero de 2026 mostró que el 89 por ciento de todos los estadounidenses esperan altos niveles de conflicto político este año, mientras el país se dirige hacia una de sus elecciones intermedias más decisivas de la historia.

Gallup, sin embargo, afirmaba lo obvio. Es sorprendente que no todos los estadounidenses piensen así, a juzgar por el discurso grosero, a menudo abiertamente racista, que actualmente normalizan los altos funcionarios estadounidenses. Algunos llaman a esta nueva retórica el » lenguaje de la humillación «, en el que los funcionarios se refieren a grupos sociales y raciales enteros como «alimañas», «basura» o «invasores».

El objetivo de este lenguaje no es simplemente insultar, sino alimentar el «ciclo de la carnada de la ira «, palabra clave de Oxford para 2025: un alto funcionario ataca a toda una comunidad o al «otro bando», espera una respuesta, intensifica los ataques y luego se presenta como protector de las tradiciones, los valores y de Estados Unidos. Esto va más allá de simplemente «vaciar» la democracia, como sugería un informe de Human Rights Watch de enero pasado; prepara al país para una «polarización afectiva «, donde las personas ya no solo discrepan en asuntos políticos, sino que se detestan activamente por quiénes son y lo que supuestamente representan.

¿De qué otra manera se pueden explicar las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien declaró en diciembre pasado: «Somalia… apenas es un país… Su país apesta y no los queremos en el nuestro… Vamos a ir por mal camino si seguimos recibiendo basura en nuestro país. Ilhan Omar es basura. Ella es basura. Sus amigos son basura». Esto no es simplemente un presidente enojado, sino un discurso político desmesurado, apoyado por millones de estadounidenses que siguen viendo a Trump como su defensor y salvador.

Esta polarización alcanzó su punto álgido en el Super Bowl de 2026, donde la selección del artista puertorriqueño Bad Bunny para el entretiempo desató una polémica sobre la identidad nacional. Mientras millones celebraban la actuación, Trump y comentaristas conservadores lanzaron un boicot, calificando el espectáculo en español de «insuficientemente estadounidense» e inapropiado. La retórica se intensificó aún más cuando la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, sugirió que agentes de ICE estarían presentes en todo el evento, excluyendo así a innumerables personas de su derecho a pertenecer a una cultura distinta dentro de la sociedad estadounidense.

La instrumentalización de la cultura y el idioma no se limitó al escenario; dividió a la audiencia estadounidense en dos bandos: quienes presenciaron la actuación oficial y quienes optaron por una transmisión alternativa «típicamente estadounidense» presentada por Turning Point USA con Kid Rock. Esta «contrarrevolución» es la esencia misma del conflicto estadounidense, que muchos han predicho acertadamente que eventualmente alcanzará un punto crítico similar a una guerra civil.

Esa conclusión parece inevitable ya que la guerra cultural se combina con tres tendencias alarmantes: la deshumanización de la identidad; el reflejo partidista (la visión de que la otra parte es una amenaza existencial); y el conflicto institucional (donde las agencias federales son percibidas como «sin ley», las congresistas en funciones son etiquetadas como «basura» y las opiniones disidentes son tildadas de traidoras).

Esto nos lleva a la cuestión fundamental de la legitimidad. En una democracia sana, todas las partes generalmente reconocen la legitimidad del sistema, independientemente de las disputas internas. En Estados Unidos, esto ya no es así. Estamos entrando en una situación de división del régimen : una lucha política que ya no se centra en ganar elecciones, sino en una en la que los grupos dominantes discrepan fundamentalmente sobre la definición misma de lo que constituye una nación.

La crisis actual no es un fenómeno nuevo; se remonta a la tensión histórica entre la «asimilación» dentro de un «crisol» estadounidense y el «multiculturalismo», a menudo comparado con una «ensalada». El principio del crisol, frecuentemente promovido como un ideal social positivo, presiona eficazmente a las comunidades inmigrantes y a las minorías para que se integren en una estructura social dominada por los cristianos blancos. En contraste, el modelo de la ensalada permite a las minorías sentirse profundamente estadounidenses, manteniendo sus lenguas, costumbres y prioridades sociales distintivas, sin perder así sus identidades únicas.

Si bien este debate persistió durante décadas como un ejercicio académico altamente intelectualizado, se ha transformado en un conflicto cotidiano y visceral. El Super Bowl de 2026 fue una clara manifestación de esta fricción cultural más profunda. Varios factores han empujado a Estados Unidos a este precipicio: una economía en crisis, una creciente desigualdad social y una brecha demográfica que se cierra rápidamente. Los grupos sociales dominantes ya no se sienten seguros. Aunque la amenaza percibida a su estilo de vida a menudo se presenta como un agravio cultural o social, es, en esencia, una lucha por el privilegio económico y el dominio político.

También existe una disparidad significativa en el enfoque político. Mientras que la derecha —representada por el movimiento MAGA y TPUSA— posee una visión clara y una relativa cohesión política, el otro bando permanece sumido en la ambigüedad. La institución demócrata, que pretende representar las reivindicaciones de todos los demás grupos marginados, carece de la confianza de los estadounidenses más jóvenes, en particular de los pertenecientes a la generación Z. Según una encuesta reciente del Centro de Información e Investigación sobre Aprendizaje y Participación Cívica (CIRCLE), la confianza en las instituciones políticas tradicionales entre los votantes de 18 a 25 años se ha desplomado a mínimos históricos, con más del 65 % expresando su insatisfacción con ambos partidos principales.

A medida que se acercan las elecciones intermedias, la sociedad está llevando su polarización actual a un nuevo extremo. Mientras la derecha se aferra a la esperanza de un salvador que haga al país «grande de nuevo», la izquierda se rige en gran medida por la política de contrademonización y agravios reactivos, lo cual no constituye un enfoque revolucionario de gobierno.

Independientemente de los resultados de noviembre, gran parte del resultado ya está predeterminado: un conflicto social más amplio en Estados Unidos es inevitable. El punto de quiebre se acerca rápidamente."

(Ramzy Baroud, Gaceta Crítica, 21/02/26, fuente Palestine Chronicle)

9.2.26

Un medievalista de origen español en los tiempos del ICE... extranjero en su propio país... El catedrático Roger Martínez-Dávila denuncia que tuvo que acreditar su ciudadanía ante una universidad de EE UU, algo que no fue requerido a sus compañeros sin ascendencia hispana... En Estados Unidos, una persona como yo —como millones de personas con ascendencia española— puede ser requerida, en cualquier momento, para demostrar su nacionalidad... La humillación pública se convierte en algo sin importancia, que te dicen que aguantes en silencio... En Minnesota, ahora mismo, la actuación del ICE se ha convertido en terror de Estado, pero esto también está ocurriendo en otros lugares, mediante procesos nuevos, silenciosos y públicamente invisibles... cuando las instituciones normalizan exigencias documentales —y cuando esas exigencias caen de manera desigual sobre ciertos apellidos y ciertos rostros— la historia lanza una advertencia. En Estados Unidos estamos “bien” por ahora… Hasta que dejemos de estarlo... así que inicié el proceso para obtener la ciudadanía española no solo por razones prácticas, sino también profundamente personales... Siento el tirón de España como hogar: mi hogar real. Pero ahora el amor no es la única razón. La necesidad lo es. Me pregunto si necesitaré esa ciudadanía no como símbolo sino como refugio, antes de que sea demasiado tarde (Roger Martínez-Dávila, catedrático de historia medieval española en la Universidad de Colorado)

 "Una terminología insidiosa se ha enraizado en Estados Unidos: distingue a los heritage Americans del resto de nosotros. Se trata de un eufemismo para definir a los protestantes anglosajones blancos y, cada vez más, también a los nacionalistas evangélicos. Este lenguaje se está desplegando de forma sistemática. En la práctica, la Corte Suprema de EE UU ha legalizado una maquinaria de control en la que la etnia —incluso cómo se habla, cómo se viste, a qué se dedica alguien— puede ser utilizada como justificación para que funcionarios federales, fuerzas cuasi militares como el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), detengan a alguien y le pidan “sus papeles, por favor”.

En Minnesota, ahora mismo, la actuación del ICE se ha convertido en terror de Estado —redadas, detenciones, miedo en barrios de inmigrantes y protestas públicas— y ha incluido la fuerza letal, con la muerte a manos de agentes federales de Renee Good y Alex Pretti. Pero esto también está ocurriendo en otros lugares, mediante procesos nuevos, silenciosos y públicamente invisibles.

El 5 de enero de 2026, después de trabajar durante 16 años en la Universidad de Colorado, el Departamento de Recursos Humanos me envió un correo diciendo que no había presentado documentos que demostraran que yo era residente legal o ciudadano/a de Estados Unidos. La universidad insistió en que yo no había aportado esa documentación cuando me contrataron. Y se me exigió presentar físicamente mi prueba de ciudadanía (mi pasaporte estadounidense) ante un funcionario de la universidad para su verificación. Soy un extranjero en mi propio país.

El correo utilizaba el lenguaje sereno de la administración. ¿Era, como decían, una “revisión interna rutinaria” que se aplicaba a todo el mundo? La frase importante era simple: “Este paso debe completarse presentando documentos originales y aceptables… No se aceptan copias”.

El personal de la universidad me dijo que no se me estaba señalando. Pero a ninguno de los heritage Americans de mi Departamento de Historia, con apellidos anglosajones y alemanes, se les pidió que acudieran y demostraran físicamente su ciudadanía. A mí sí: Martínez-Dávila. Y una compañera de mi departamento —empleada desde hace más de 25 años— también fue obligada a presentar sus papeles; sí, también tenía apellido español. ¿Qué probabilidades hay? El 100% en Estados Unidos.

Cuando compartí esto públicamente en una red profesional, un desconocido respondió con la clase de frase que normaliza todo: “A nadie le importa. Enseña los papeles y ya está”. La exigencia se vuelve banal, corriente. La humillación pública se convierte en algo sin importancia, que te dicen que aguantes en silencio.

Lo que resulta tan alarmante —y tan desorientador— es que soy descendiente de españoles con raíces indígenas mexicanas. Mi familia fundó el San Antonio español de Texas en 1718. Mis genes dicen la verdad: 33% ibérico, 16% judío sefardí y 25% indígena americano. ¿Quién es aquí el heritage American?

Mi relación familiar con Texas guarda su propio archivo de paradojas y se encarna en Juan Nepomuceno Seguín: mi antepasado. Nacido en 1806, fue un líder texano en la revolución por la independencia. Y estuvo en El Álamo. El 25 de febrero de 1836, durante el asedio de Santa Anna al Álamo, Juan Seguín fue enviado por el coronel William B. Travis para pedir refuerzos militares al general texano James Fannin. Juan fue el único superviviente de aquella desdichada demostración de resistencia y valentía.

El resto es historia y origen de nuestro grito de guerra: “¡Recordad El Álamo!”. Más tarde organizó la única compañía texana (hispanoestadounidense) que luchó en la decisiva batalla de San Jacinto. Después regresó a San Antonio y supervisó los enterramientos de los muertos del Álamo.

Y entonces la historia gira: tras servir en el Senado de la República de Texas, la creciente hostilidad anglosajona contra los texanos lo empujó a huir con su familia hacia su antiguo enemigo, México. En otras palabras: el mito fundacional estadounidense incluye a patriotas de habla española y, en mi caso, es literalmente sangre —como en el caso de millones de personas con ascendencia española—.

Volvamos al presente. En Estados Unidos, una persona como yo —como millones de personas con ascendencia española— puede ser requerida, en cualquier momento, para demostrar su nacionalidad. En Minnesota, la presión se ha hecho visible en las calles. En Colorado, viví la versión más silenciosa: no una redada, no un control, sino un correo institucional que termina en el mismo lugar: entregue sus documentos.

Los españoles saben —de un modo que los estadounidenses no— lo rápido que la identidad se endurece con el papeleo. Bajo el franquismo, el Estado activó la “obligatoriedad de su presentación” del DNI y puso en marcha la exigencia de probar la identidad para poder moverse por la vida ordinaria. No estoy diciendo que Estados Unidos sea la España franquista. Estoy diciendo esto: cuando las instituciones normalizan exigencias documentales —y cuando esas exigencias caen de manera desigual sobre ciertos apellidos y ciertos rostros— la historia lanza una advertencia.

En Estados Unidos estamos “bien” por ahora… Hasta que dejemos de estarlo. Esa es la mentira que nos contamos hasta el día en que ya no podemos.

El año pasado inicié el proceso para obtener la ciudadanía española no solo por razones prácticas, sino también profundamente personales. Como profesor de la España medieval y de la América colonial española, he dedicado mi vida a encontrar y recomponer esa comunión con España. Siento el tirón de España como hogar: mi hogar real. Pero ahora el amor no es la única razón. La necesidad lo es. Me pregunto si necesitaré esa ciudadanía no como símbolo sino como refugio, antes de que sea demasiado tarde." 

(Roger Martínez-Dávila  , catedrático de historia medieval española en la Universidad de Colorado,  El País, 07/02/26)  

8.2.26

Francesca Albanese: El sistema que oprime a los palestinos es una alianza consolidada entre Israel y muchos otros países”, y ese es el sistema al que pertenecemos las sociedades occidentales... hay un sistema de intereses financieros, económicos y de tecnología militar que hacen de Israel algo muy valioso, no solo para la economía mundial, sino para un modelo económico en auge impulsado por la seguridad. Estamos viviendo un proceso progresivo de israelización del espacio público, porque Israel representa un modelo para las democracias liberales... en las que hay pobres, migrantes, comunidades desposeídas que forman parte de nuestras democracias pero que no pueden disfrutar de esos derechos... y Washington quiere zanjar la cuestión palestina para siempre. ¿Por qué? Porque los palestinos, con su resistencia, con su insistencia en querer y desear ser libres, encarnan una idea que va contra este ultracapitalismo sin límites... Por eso Estados Unidos ha ido tan lejos. Lo que EEUU e Israel están haciendo es contrainsurgencia, normalizando la idea de que la guerra es un estado natural. Esta es una tendencia... pasamos de no hacer nada a hacer negocios inmobiliarios en el escenario de crímenes masivos, a costa del genocidio. ¿Se imagina que Camboya, Bosnia-Herzegovina, la Alemania nazi o Polonia se convirtieran en lugares de negocio violento de y voraz, extrayendo beneficio mientras la población sigue muriendo por bombardeos, por disparos de francotiradores, o por hipotermia, como continúa ocurriendo en Gaza? Este plan es el epítome de la decadencia de nuestro mundo actual... Podemos elegir si apoyamos la ocupación ilegal o no a través de nuestras propias acciones, a través de lo que compramos

 "La relatora de Naciones Unidas para Palestina, Francesca Albanese, lleva dos años denunciando que Israel comete un genocidio en Gaza y que el Gobierno israelí somete a la población palestina de Cisjordania y de Jerusalén Este a “un régimen de apartheid”. Sus investigaciones e informes, ceñidos al cumplimiento del derecho internacional, son claros en este sentido. 

Las denuncias de Albanese han acaparado titulares y portadas en la prensa internacional y han ofrecido datos precisos sobre el modus operandi del Ejército de Israel. La relatora también señala la complicidad con el genocidio israelí de grandes empresas y numerosos Estados “que incumplen sus obligaciones”.

Acaba de publicar un nuevo libro que ahora llega a España: “Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina” (Galaxia Gutenberg), una obra muy amena que contiene claves para entender cómo el pueblo palestino “ha sido ilegalmente ocupado, violentado y arrasado”. De ello conversa con elDiario.es en esta entrevista. 

En su libro usted escribe que “el sistema que oprime a los palestinos es una alianza consolidada entre Israel y muchos otros países”, y que ese es el sistema al que pertenecemos las sociedades occidentales.

Sí. Quizá para personas que siempre han pensado que lo que pasa entre Israel y los palestinos es un conflicto étnico o de religiones, sea difícil de apreciar. Pero lo cierto es que Israel es un proyecto colonial de asentamiento, y así puede comprobarse analizando su comportamiento. 

Israel mantiene un régimen de apartheid en los territorios ocupados palestinos, donde aplica ley militar a los palestinos y ley civil a la población israelí que ocupa esas tierras.

¿En qué se concreta ese proyecto colonial de asentamiento? 

Israel avanza en la apropiación de la tierra y de los recursos que pertenecen a los palestinos. El derecho internacional es claro, pero Israel sigue devorando territorio, demoliendo casas, arrestando, deteniendo y matando palestinos. Ha podido hacerlo con total impunidad porque hay un sistema que lo sostiene, y ese sistema es doble. 

Por un lado, hay complicidad de muchos Estados, que han seguido en gran medida comerciando e intercambiando bienes. Mire la Unión Europea, primer socio comercial de Israel. O los países que mantienen comercio bilateral con Tel Aviv. Por otro lado, están las relaciones militares. Israel produce tecnología de guerra que ha sido experimentada y probada sobre los palestinos. Esa tecnología es muy deseada, muchos países corren a conseguir los últimos productos israelíes de vigilancia y control de la población. 

También está el plano diplomático: Israel sigue sin ser expulsado, pese a los crímenes cometidos a lo largo de los años. Sigue disfrutando de un trato normal en el ámbito internacional, en Naciones Unidas, en la UEFA, en la FIFA, etc. Incluso desde el punto de vista del discurso, Israel sigue estando casi normalizado en gran parte de Occidente. 

Ante las sanciones de EEUU contra mí necesito un Estado que me garantice mi derecho a acceder a mis ingresos, que asuma la responsabilidad de decir a los bancos: ‘Nosotros respondemos por ella’ 

¿Por qué esta deferencia? 

Porque hay un sistema de intereses financieros, económicos y de tecnología militar que hacen de Israel algo muy valioso, no solo para la economía mundial, sino para un modelo económico en auge impulsado por la seguridad.

Estamos viviendo un proceso progresivo de israelización del espacio público, porque Israel representa un modelo para las democracias liberales: un modelo de democracia donde unos pocos pueden votar, sí, pero la mayoría no solo no vota, sino que está privada de derechos. Y este es también el modelo de democracia hacia el que se dirigen las democracias liberales, en las que hay pobres, migrantes, comunidades desposeídas que forman parte de nuestras democracias pero que no pueden disfrutar de esos derechos.  

Vivimos en un sistema gobernado por intereses financieros y capitalistas que dominan a los Estados y determinan nuestras vidas. Formamos parte de ello, Israel es parte de ello, el imperialismo estadounidense, nosotros en Europa también.

En el libro usted escribe que “la indiferencia es un monstruo. ¿Qué sentido tiene ver si no actuamos?” Ante ello, destaca la importancia de las redes internacionales de solidaridad y acción. 

La buena noticia es que ese despertar global que empuja a la acción ya está produciéndose. Por ejemplo, en España. No lo digo porque hable a un público español en esta entrevista. Lo digo por cómo se comporta el Gobierno español. No creo que lo haga porque sea particularmente excepcional, sino porque hay un pueblo excepcional. 

Quizá España no ha tenido las mayores protestas del mundo, pero está clarísimo lo que piensa su gente y cómo ve lo que pasa en Palestina. Hay una madurez en la población española que se refleja en la existencia de un periodismo libre, por ejemplo. Esto no tiene precio. Lo sé porque vengo de un país –Italia– donde ya no hay apenas prensa libre: todo está vinculado al régimen. 

En España vemos que hay universidades que usan su libertad académica para romper lazos con Israel, municipios que deciden romper relaciones, etc. Es toda una sociedad. Y, por suerte para vosotros, habéis tenido instituciones y un Gobierno que acompañan este proceso. Esto también se refleja en otros ámbitos de la vida, como en la medida de regularización para personas migrantes.

En otros países de Europa está ocurriendo lo contrario. En Italia, Alemania o Francia se recortan espacios de libertad académica y de protesta cada vez que hay manifestaciones de solidaridad con el pueblo palestino. 

Vivimos un proceso de ‘israelización’ del espacio público, con un sistema de control en el que mucha gente no puede votar ni gozar de derechos

Usted habla de un ‘sistema global de complicidad con la profunda injusticia en Palestina’ y de cómo nos afecta 

Hay injusticias que sufren los palestinos que reverberan en nuestro propio espacio de vida. Por eso la interseccionalidad de las luchas ahora tiene más sentido. Mucha gente ha entendido que la defensa del derecho a la vivienda y a la igualdad, por ejemplo, está conectada con la defensa de los derechos de la población palestina.

Es lo que llamo el “efecto Palestina”. Vivimos un tiempo horrible, pero sabemos que hay una grieta, una crisis ante la que tenemos que actuar, unidos.

Desde el presunto ‘alto el fuego’, anunciado en octubre, el Ejército israelí ha matado a más de 500 personas en Gaza. ¿Está bajando la presión internacional debido a ese ‘alto el fuego’?

Por parte de la gente no hay menos presión ni menos conciencia. Por un lado, Estados Unidos actúa con un liderazgo y una brutalidad hacia los palestinos que nunca había tenido. No es nuevo, pero ahora es más descarado y evidente que nunca. 

Washington quiere zanjar la cuestión palestina para siempre. ¿Por qué? Porque los palestinos, con su resistencia, con su insistencia en querer y desear ser libres, encarnan una idea que va contra este ultracapitalismo sin límites. Son una espina en el costado para todo el sistema, porque lo que hacen los palestinos corre el riesgo de ser contagioso. 

Por eso Estados Unidos ha ido tan lejos. Lo que EEUU e Israel están haciendo es contrainsurgencia. En los estudios coloniales, esto sería una pedagogía colonial de la contrainsurgencia. Esto se refleja en lo que ocurre entre los aliados de Estados Unidos: apuestan por blindar el mundo, normalizando la idea de que la guerra es un estado natural. Esta es una tendencia. 

La otra tendencia procede de un mundo que quiere paz, una paz basada en el respeto al derecho internacional y a los derechos humanos, que deben ser la lente con la que miramos el mundo. 

La razón por la que el poder —con P mayúscula, es decir, una minoría muy rica y poderosa, los gobiernos occidentales, pero también algunos líderes árabes plenamente alineados con ellos– empuja para mantener el sistema orientado a la guerra y a la seguridad, es precisamente esa. Tenemos que empujar en sentido contrario.

Hay sanciones de EEUU contra usted y varios jueces y fiscales del Tribunal Penal Internacional. Uno de esos jueces, el francés Nicolas Guillou, ha dicho que la Unión Europea podría activar su mecanismo de bloqueo para limitar los efectos de esas sanciones, que implican no poder acceder a sus cuentas bancarias. ¿Cómo le están afectando estas sanciones?

En los últimos siete meses no he podido acceder a mi cuenta bancaria, a mis ingresos, porque ningún banco en el mundo puede ayudarme. Necesito que un Estado me garantice ese derecho, que asuma la responsabilidad de decir a los bancos: “Nosotros respondemos por ella”.

Basta con que un país haga lo correcto para frenar estos abusos. ¿Por qué tengo que ser tratada como una terrorista, como una narcotraficante, siendo además una persona de la ONU? 

La gente se une para ayudarse mutuamente y, cuanto más lo haga, más podremos cambiar este sistema injusto. Por eso digo que el caso palestino es tan revelador. Se trata de resistir ante un sistema opresivo. Ione Belarra dijo una vez algo que he repetido a menudo: “Nunca saldremos de este genocidio de la misma manera en que entramos”. 

Eso significa que, o salimos mucho mejores y ponemos fin a todas las prácticas que han permitido esta situación, o será mucho peor, y el mundo será mucho más feo para todos nosotros.

Con su resistencia e insistencia en querer ser libres, los palestinos encarnan una idea que va contra este ultracapitalismo sin límites 

El plan de Donald Trump para Gaza fue aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Qué supone esto?

Como dijo hace poco un parlamentario italiano, esto supone que hemos pasado del inmovilismo occidental al “inmobili-arismo”. Es decir, de no hacer nada a hacer negocios inmobiliarios en el escenario de crímenes masivos, a costa del genocidio. 

¿Se imagina que Camboya, Bosnia-Herzegovina, la Alemania nazi o Polonia se convirtieran en lugares de negocio violento de y voraz, extrayendo beneficio mientras la población sigue muriendo por bombardeos, por disparos de francotiradores, o por hipotermia, como continúa ocurriendo en Gaza? 

Este plan es el epítome de la decadencia de nuestro mundo actual. Y eso, en cierta medida, también pertenece a la ONU. Cuando estudiamos la carrera de Derecho, en el primer año, aprendemos que hay una diferencia entre “lo justo porque es ley” y “la ley porque es justo”.

En su libro dice que es importante usar la palabra apartheid y también dedica espacio a explicar el movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones).

Apartheid no es un eslogan ni un término ideológico. Es un concepto jurídico que significa la institucionalización de la segregación racial. Es un sistema de dominación racial de un grupo sobre otro mediante actos inhumanos con la intención de mantener esa dominación. El apartheid es un crimen contra la humanidad que conlleva responsabilidad del Estado, según la Convención contra el Apartheid, y responsabilidad individual, según el Estatuto de Roma.

El crimen de apartheid se manifiesta cuando hay una división institucionalizada de regímenes jurídicos, por ejemplo. Esto ocurre en el territorio palestino ocupado, donde Israel aplica órdenes militares, revisadas en tribunales militares. No hay acceso real a la justicia para los palestinos allí. 

A ello se suman los colonos, ese 10 % de la población israelí judía que ocupa el territorio palestino. Están por encima de la ley, porque a ellos no se les aplica la misma ley que a los palestinos y, además, violan la ley: aterrorizando, destruyendo propiedad privada, medios de vida, golpeando y matando.  

Si se lo hicieran a un judío israelí, irían a la cárcel. Si se lo hacen a los palestinos, gozan de impunidad. Por eso digo que el genocidio no está solo en Gaza. Hay una destrucción intencional del pueblo como tal. Es una política de Estado.

Con el plan de Trump para Gaza pasamos del inmovilismo occidental al “inmobili-arismo”: de no hacer nada, a hacer negocios inmobiliarios en el escenario de crímenes masivos

¿Cómo puede el movimiento de solidaridad con Palestina ayudar a frenar estas dinámicas en todo el mundo?

Los ciudadanos comunes no deberían cargar con el peso de los Estados miembros, porque son los Estados los que tienen la obligación de prevenir y detener más actos de genocidio, el apartheid y otros crímenes contra la humanidad. 

Podríamos escribir una enciclopedia de cómo Israel ha puesto el derecho internacional patas arriba solo en estos dos últimos años, con sus crímenes, incluida la tortura contra los palestinos. Por eso tenemos que crear las condiciones para que la justicia prevalezca. 

A nivel individual, cada persona tiene un papel que desempeñar. Por eso el movimiento BDS –Boicot, Desinversión y Sanciones– es tan importante. Porque es una gramática de acción que activa el poder en cada uno de nosotros. Podemos elegir si apoyamos la ocupación ilegal o no a través de nuestras propias acciones.

¿Por ejemplo? 

A través de lo que compramos. Por eso animo a todo el mundo a boicotear a las empresas que se benefician de la ocupación israelí y del genocidio, como Booking.com o Airbnb. Estas empresas deben dejar de invertir en la ocupación y prescindir de los beneficios que obtienen en el contexto de un genocidio.

Pero también el boicot y la desinversión deben afectar a los institutos de investigación y a las universidades. En España hay una red de unas 40 universidades que han roto lazos con universidades israelíes.

Pero el programa Horizon de la Unión Europea continúa. Empresas israelíes de tecnología digital, de vigilancia y militar reciben fondos a través de ese programa. Esto es inaceptable.

Y, por supuesto, los Estados deben imponer sanciones a través del Consejo de Seguridad de la ONU y, si no funciona, a través de la Asamblea General o individualmente. Los países deben romper lazos con Israel, las empresas deben desinvertir y los individuos deben boicotear.Sam Rose: “El ataque de Israel a nuestra sede es como si un Estado estuviera incendiando la Carta de Naciones Unidas”

Quiero terminar esta entrevista diciendo que sí, somos frágiles, como las alas de las mariposas. Pero si las alas de las mariposas empiezan a batir todas juntas, pueden provocar una tormenta. Y esa es la tormenta que necesitamos: una tormenta que se llama justicia." 

(Entrevista a Francesca Albanese, Gaceta Crítica, 08/02/26, fuente eldiario.es)

28.1.26

Una sociedad que se acostumbra a las personas «no deseadas» también se acostumbra a las muertes no deseadas. Minneapolis es una llamada de atención... Renée Good y Alex Pretti murieron tiroteados en Minneapolis durante operaciones federales de inmigración... No se trata de «malos agentes», sino de un aparato que actúa de manera cada vez más agresiva y se deja controlar cada vez menos. Estas muertes no son «accidentes», sino el punto final lógico de un proceso de deshumanización que está en marcha allí... Es tentador descartar esta violencia brutal como un exceso de la cultura estadounidense o como los caprichos de un presidente autoritario. La verdad es mucho más incómoda. Lo que vemos en EE. UU. es la traducción física de un clima político que reduce a las personas migrantes y a las refugiadas a «el problema». Y en Europa también se ha convertido en la norma... En cuanto nuestro discurso político considera a las personas únicamente como aprovechadas, parásitos o un «tsunami», el paso hacia la violencia física se vuelve peligrosamente pequeño... También en Europa hay muertos a causa de la «caza de refugiados»... La caza continua de personas sin papeles crea un clima en el que el valor de una vida migrante se devalúa hasta convertirse en una carga administrativa que debe ser eliminada... Mientras EE. UU. construye un muro en la frontera, la Unión Europea subcontrata la crueldad a países en la frontera exterior... Financiamos a la guardia costera de dictaduras que empujan a las personas migrantes al desierto o las encierran en campos de tortura ¿Por qué mantenemos este sistema violento? Los países ricos atraen la mano de obra que necesitan, pero mantienen a otros fuera. Así surge un sistema de migración «deseada» y «no deseada». Este mecanismo sirve al máximo beneficio. La «reserva» de personas sin papeles es útil para la construcción, la limpieza y la agricultura. Mantiene los salarios bajos y crea una clase sin derechos, fácilmente explotada. Al mismo tiempo, se alimenta el miedo a la persona migrante para dividir a la clase trabajadora entre sí. Al calificar de «aprovechada» a la persona migrante, los gobiernos evitan que la ciudadanía mire hacia arriba, hacia los verdaderos aprovechados del sistema. La deshumanización en Minneapolis y las devoluciones en caliente en nuestras fronteras sirven al mismo objetivo: normalizar la exclusión para proteger el statu quo de la minoría poderosa... Cuando los trabajadores temen por su propia seguridad social, la persona migrante es un chivo expiatorio fácil... El resultado es una pendiente lenta hacia una ceguera ética completa (Marc Vandepitte)

"Una sociedad que se acostumbra a las personas «no deseadas» también se acostumbra a las muertes no deseadas. Minneapolis es una llamada de atención, también para nuestra política de refugiados.

En las últimas semanas Renée Good y Alex Pretti, ambos de 37 años, murieron tiroteados en Minneapolis durante operaciones federales de inmigración. A Pretti le dispararon diez balas mientras estaba desarmado. Ambos asesinatos han provocado una gran indignación en todo el mundo y han dado lugar a grandes protestas en EE. UU., así como a un conflicto abierto entre los servicios federales y las autoridades locales.

No se trata de «malos agentes», sino de un aparato que actúa de manera cada vez más agresiva y se deja controlar cada vez menos. Estas muertes no son «accidentes», sino el punto final lógico de un proceso de deshumanización que está en marcha allí.
Deshumanización

Es tentador descartar esta violencia brutal como un exceso de la cultura estadounidense o como los caprichos de un presidente autoritario. La verdad es mucho más incómoda. Lo que vemos en EE. UU. es la traducción física de un clima político que reduce sistemáticamente a las personas migrantes y a las refugiadas a «el problema». Y, por desgracia, vemos que en Europa también se ha convertido en la norma desde hace tiempo.

En cuanto nuestro discurso político considera a las personas únicamente como aprovechadas, parásitos o un «tsunami», el paso hacia la violencia física se vuelve peligrosamente pequeño. En un mundo polarizado en el que la humanidad cede ante el afán de sumar puntos electorales, una bala o una detención violenta se convierten en un instrumento aceptable.

No hace falta mirar al otro lado del océano para encontrar víctimas de esta política mortal. También en Europa hay muertos a causa de la «caza de refugiados». En mi país, Bélgica, cargamos con las cicatrices de Semira Adamu. Murió en 1998 después de que unos gendarmes la asfixiaran con una almohada durante una expulsión forzosa. Veinte años después murió la niña de dos años, Mawda, por una bala policial durante una persecución desenfrenada a una furgoneta llena de refugiados.

Este tipo de dramas no son incidentes aislados, sino las consecuencias de una política que acosa a las personas como si fueran presas de caza. La caza continua de personas sin papeles crea un clima en el que el valor de una vida migrante se devalúa hasta convertirse en una carga administrativa que debe ser eliminada.
El trabajo sucio de Europa en el patio trasero

Mientras EE. UU. construye un muro en la frontera con México, la Unión Europea aplica una estrategia aún más cínica: la «externalización». Subcontratamos la crueldad a países en la frontera exterior. Mediante acuerdos multimillonarios con regímenes autoritarios en Túnez, Egipto y Libia, dejamos que otros hagan el trabajo sucio, lejos de las miradas críticas de nuestra propia ciudadanía.

Financiamos a la guardia costera de dictaduras que empujan a las personas migrantes al desierto o las encierran en campos de tortura. Mientras bajen las cifras en Bruselas, Europa cierra los ojos ante las graves violaciones de derechos humanos que se financian con el dinero de nuestros contribuyentes.

El mar Mediterráneo es, entretanto, una frontera mucho más mortífera que la famosa frontera entre México y EE. UU. Cada año, más de 3000 personas refugiadas pierden la vida en su travesía hacia Europa.
Migración y capital

¿Por qué mantenemos este sistema violento? Porque la migración es, en esencia, un producto estructural del capitalismo global. Este sistema crea desigualdad, guerra y daño climático, lo que obliga a la gente a marcharse.

Al mismo tiempo, los países ricos atraen la mano de obra que necesitan, pero mantienen a otros fuera. Así surge un sistema de migración «deseada» y «no deseada». Este mecanismo sirve al máximo beneficio. La «reserva» de personas vulnerables sin papeles es sumamente útil para sectores como la construcción, la limpieza y la agricultura. Mantiene los salarios bajos y crea una clase sin derechos que puede ser fácilmente explotada. Al mismo tiempo, se alimenta el miedo a la persona migrante para dividir a la clase trabajadora entre sí.

Al calificar de «aprovechada» a la persona migrante, los gobiernos evitan que la ciudadanía mire hacia arriba, hacia los verdaderos aprovechados del sistema. La deshumanización en Minneapolis y las devoluciones en caliente en nuestras fronteras sirven al mismo objetivo: normalizar la exclusión para proteger el statu quo de la minoría poderosa.

Cuando las personas trabajadoras temen por su propia seguridad social, la persona migrante es un chivo expiatorio fácil. Los partidos de extrema derecha lo utilizan ávidamente, pero también los llamados partidos de centro se desplazan cada vez más hacia la derecha en una carrera por una política de asilo más estricta. El resultado es una pendiente lenta hacia una ceguera ética completa.
Alternativa

¿Cuál es la alternativa? Empieza por crear canales de migración legales. Si Europa necesita mano de obra para trabajos mal pagados, debe hacerse de forma legal y con plenos derechos. Esto evita el dumping salarial y saca a las personas de las garras de los traficantes.

Al mismo tiempo, Europa debe dejar de librar guerras y de apoyar dictaduras que obligan a la gente a huir. Si Europa contribuye a avivar guerras o deja que se prolonguen, no puede simplemente trasladar la acogida a los países vecinos. Con Ucrania hemos demostrado que sí podemos acoger a personas; por lo tanto, es posible.

Debemos trabajar en relaciones duraderas y justas con los países de origen. También debemos invertir seriamente en la acogida en la región. Países como Líbano y Kenia acogen, con diferencia, a la mayor parte de la gente, pero precisamente ahí es donde cerramos el grifo de los recursos. Si hay una lección que se mantiene vigente del acuerdo con Turquía, es esta: una financiación sólida sí marca la diferencia.
Llamada de atención para Europa

Los muertos en Minneapolis muestran lo que ocurre cuando se permite que una sociedad se acostumbre a la idea de que algunas vidas valen menos. Hoy son personas migrantes sin papeles. Mañana, como en Minneapolis, ciudadanos o ciudadanas que sean solidarios o que simplemente «estén en medio».

No debemos pensar que Europa es realmente mucho mejor que EE. UU. Más bien debemos preguntarnos cuántas muertes mantenemos fuera de la vista: en el desierto, en el mar, en detención, en persecuciones y en expulsiones. Y cuántas carreras políticas se construyen sobre la promesa de «la política más estricta de la historia».

Si no queremos terminar con escenas como las de Minneapolis en nuestras calles, debemos dejar de deshumanizar ahora mismo. No a la externalización de la violencia. No a la normalización de las devoluciones en caliente No a un lenguaje que reduce a las personas a una plaga. La alternativa es, sencillamente, igualdad de derechos, rutas seguras y una política que no trate la humanidad como un lujo."

( Marc Vandepitte , blog, 26/01/26, Traducción del neerlandés para rebelión por el propio autor.)