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14.1.16

Tenemos mucha gente sin trabajo, y mucha gente que trabaja más para ganar menos. Hay que reducir drásticamente las horas de trabajo

"(...) "El sistema no hace que las personas sean felices. Las sociedades desiguales no generan la felicidad, ya que ni siquiera los ricos son felices en sociedades desiguales", explica. "En los países más felices no se producen muchos coches, pero sí alegría de vivir", bromea el catedrático refiriéndose a países como Costa Rica, la Republica Dominicana o Jamaica.

Latouche considera una falacia tanto la idea de crecimiento como la de desarrollo sostenible, ya que ve imposible producir, consumir, explotar los recursos y contaminar de manera ilimitada. Según el erudito, el sistema está engrasado por la "triada infernal": la publicidad, los bancos y la obsolescencia programada. Una sociedad así, apostilla, "no es sostenible ni deseable".

El filósofo francés prefiere hablar de hundimiento antes que de crisis para referirse a una sexta extinción de las especies que avanza a "una velocidad aterradora" y tendrá como una de sus principales víctimas al ser humano. "El drama es que no creemos en lo que sabemos y, por tanto, no hacemos nada. Los 140 jefes de gobierno que se van a reunir en Paris lo saben y no van a hacer nada", en referencia a la Cumbre del Clima de París.

El autor de Pequeño tratado del decrecimiento sereno o La sociedad de la abundancia frugal cree que la única posibilidad que tiene la humanidad de sobrevivir ante dicha catástrofe es el decrecimiento basado en "la frugalidad y la autolimitación". 

Sería una revolución basada en el "círculo virtuoso" de las ocho erres: reevaluar, reconceptualizar, reestructurar, reubicar, redistribuir, reducir, reutilizar y reciclar.

"Debemos ser buenos jardineros, recuperar el sentido de los límites y de nuestra relación con el medio ambiente para ver que hay riqueza más allá de la económica", destaca. Se trata de " revisar el concepto de escasez. La naturaleza no es escasa, sino fecunda, pero se vuelve escasa cuando, por ejemplo, creamos organismos modificados genéticamente que no se pueden regenerar".

Programa reformista

A eso, explica, hay que añadir la reducción del exceso de consumo y reutilizar o reciclar lo que no se pueda utilizar. Latouche recalca que no se trata de un programa, sino de un proyecto o un horizonte que dé sentido a proyectos políticos y que ya propuso, como programa reformista, en las elecciones presidenciales francesas de 2007.

En su programa de diez puntos, Latouche invitó a los candidatos a apostar por una huella ecológica sostenible, reducir el transporte con ecotasas, relocalizar las actividades económicas, restaurar una agricultura productiva pero ecológica, reducir el tiempo de trabajo, invertir en "bienes relacionales" como el amor, la amistad o el conocimiento, reducir el derroche de energía y los espacios publicitarios, reorientar la investigación tecnocientífica y recuperar la gestión pública del dinero.

De todas esas medidas, la reducción de la jornada laboral es una de las más polémicas. El filósofo cree que "hay que reducir drásticamente las horas de trabajo". Rebate así el lema del expresidente francés, Nicolas Sarkozy, que defendía que había que "trabajar más para ganar más". 

"Tenemos mucha gente sin trabajo y mucha gente que trabaja más para ganar menos. Si uno trabaja más, aumenta la oferta y como la demanda no lo hace, hunde la ley de la oferta y la demanda. Es decir, si se trabaja más, se gana menos. Yo reprocho a los economistas de mi país que no hayan bajado a la arena a denunciar aquel eslogan presidencial", sentencia.

Latouche ve difícil que la sociedad se lance a cambiar el estado de las cosas antes de que se produzca este hundimiento. "Todo el mundo querría que el mundo fuera menos bárbaro, pero no tenemos el valor de cambiar el rumbo. La gente, manipulada por la publicidad y la propaganda, no quiere cambiar sus hábitos", subraya. En esa valentía de cambiar las cosas está la solución, asegura, de la lucha contra el paro, la pobreza extrema y la proliferación del terrorismo."                    (Entrevista a Sergi Latouche, eldiario.es, 05/12/15)

15.12.15

¿Reparto del trabajo? ¡Sí, pero manteniendo salarios!... La Toyota (Gotemburgo) tiene jornadas de 6 horas desde hace 13 años. Aumentó la productividad, la felicidad y los beneficios (un 25%). ¡O aumentan los salarios, o la economía occidental en su conjunto se hundirá!

"Allá por finales de abril del 2014, la ciudad sueca de Gotemburgo puso en marcha una jornada laboral de seis horas diarias sin rebajar salarios.

 El objetivo era trasladar a los trabajadores públicos de dicho ayuntamiento un horario experimental que ya llevaba funcionando 13 años en una fábrica automovilística de la misma ciudad, concretamente Toyota. Para ello dividieron a sus empleados públicos en dos grupos.

La mitad de ellos iban a trabajar durante un año 6 horas al día (60 minutos menos que el otro grupo) y percibirían el mismo sueldo. Con ello, el gobierno municipal quería comprobar si la nueva jornada laboral era beneficiosa para la productividad, la salud e, incluso, para la felicidad de los trabajadores. Ambas experiencias, en la misma ciudad, tanto la de Toyota como la del ayuntamiento, han sido un rotundo éxito.

En las instalaciones de Toyota en Gotemburgo, los empleados tienen jornadas de seis horas desde hace trece años. Antes de introducir este cambio los clientes ponían muchas más reclamaciones, había colas y los empleados estaban estresados. Solo había un turno que comenzaba a las siete de la mañana y terminaba a las cuatro de la tarde, con un descanso para comer. 

Con la introducción de la jornada de seis horas se han creado dos turnos, uno de seis de la mañana a doce y otro de doce a seis de la tarde. Tras estos cambios los trabajadores se siente mejor, tienen menos bajas voluntarias y es mucho más fácil encontrar nuevo personal para trabajar. El uso de la maquinaria es mucho más eficiente y se han reducido los costes del capital, y además los beneficios han crecido en un 25%.

En los funcionarios públicos el resultado ha sido el mismo: mayor productividad y menores bajas por enfermedad o depresión. Ahora, otras empresas de la ciudad y del país escandinavo copian este método para intentar mejorar la productividad y el bienestar de sus empleados.

 La productividad en Suecia se ha duplicado desde 1970, por lo que técnicamente hay potencial para que las jornadas laborales sean incluso de solo cuatro horas. Pero en todas estas experiencias hay un elemento clave del éxito: menor jornada laboral con el mismo salario como fórmula de reparto del trabajo.   (...)

Sin embargo, el sistema de reparto de trabajo no puede producir estos efectos positivos sobre la ocupación a no ser que el salario horario de los trabajadores se incremente, por lo menos en proporción al aumento de la productividad por hora de trabajo. 

Por lo tanto, para que un sistema de reparto del trabajo tenga éxito, es decir, genere nuevos empleos, debe ir acompañado por un aumento del salario hora de los trabajadores, a fin de evitar la disminución de la demanda efectiva.

 Los postkeynesianos, donde me incluyo, no somos muy partidarios de los programas de reparto de trabajo salvo que vayan acompañados de un aumento de la retribución horaria, es decir, mediante el mantenimiento de salario mensual previamente percibido por los ocupados.

El fundamento teórico tiene que ver con una de las mayores discrepancias entre la ortodoxia y la heterodoxia: la forma de la curva de demanda de trabajo. Para la ortodoxia, dado un gasto autónomo real, existe una relación negativa entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. 

Por el contrario, para aquellos que defendemos el principio de demanda efectiva, bajo unos supuestos microeconómicos realistas, existe una relación positiva entre el nivel del salario real y la demanda de trabajo de las empresas. Un aumento del salario real comporta un desplazamiento a lo largo de la curva de demanda efectiva de trabajo, de manera que la subida del salario real acarrea por tanto un nivel de ocupación más elevado. 

Esta relación positiva es paradójica. Lo que es cierto para una empresa, puede ser falso a nivel macroeconómico. Es la paradoja kaleckiana de costes que tantas veces hemos comentado.

En realidad, la relación negativa entre salarios reales y empleo presentada por distintos autores neoclásicos conforma una correlación espuria. En economías que crecen vía deuda, los salarios reales caen. Por eso, las recomendaciones de la ortodoxia, la disminución del salario real llevará en realidad a una subida del margen de beneficios por unidad vendida, pero la masa de beneficios totales no cambia en modo alguno, mientras que la renta nacional, ventas y empleo global disminuirán. 

La propuesta de recortes salariales que hacen y defienden la inmensa mayoría de los economistas para luchar contra el paro acaba siendo contraproducente, acelerando la espiral de deflación por deuda. En esa estamos. Además, recuerden, prevemos el final del ciclo secular de deuda iniciado en los años 80. ¡O aumentan los salarios, o la economía occidental en su conjunto se hundirá!"          (Juan Laborda, Vox Populi, 11/11/2015)

24.1.14

En 2005, y por primera vez, sólo 3 personas murieron por enfermedades laborales, según las mutuas patronales

"(...) Las cantidades que tales mutuas manejan son enormes. En 2010, la diferencia entre los ingresos y los gastos fue la impresionante cifra de 5.000 millones de euros. 

Estos fondos son gestionados por representantes del mundo empresarial que son también los que, en la práctica, gestionan los criterios de compensación a los trabajadores y el criterio de definir si las causas de la muerte, de incapacidad y/o enfermedad son laborales o no. 

Es esta capacidad de definición la que les da un enorme poder, que hasta hace muy poco no se ha cuestionado. Estas mutuas señalan que no son ellas, sino el Estado, quien define tales criterios. Según ellos, lo que la mutua hace es meramente aplicar la normativa oficial. La realidad, sin embargo, es muy distinta.

Como resultado de este poder, España se encuentra en una situación única en los países de la OCDE (el club de países más ricos del mundo): la de no haber tenido ninguna muerte debido a una enfermedad por causa laboral en 2000, en 2001, en 2002, en 2003 y en 2004. Y en 2005, por primera vez, tres personas -según las cifras oficiales aportadas por tales mutuas- murieron por enfermedades laborales. Este número no ha variado desde entonces.

 En el año 2009 continuaban siendo tres. Ningún otro país de la OCDE se encuentra ante esta situación de subregistro tan importante de mortalidad debido a enfermedades laborales. Es una situación que puede y debe definirse como escandalosa.

En realidad, es muy fácil calcular el número de muertes que España tiene como consecuencia de enfermedades adquiridas en el lugar de trabajo. Estos datos pueden obtenerse extrapolando la experiencia en otros países con poblaciones laborales parecidas que tengan condiciones de trabajo semejantes a las existentes en nuestro país. 

Según el Grupo de Investigación de Salud Laboral de la Universidad Pompeu Fabra, en España se mueren alrededor de 14.000 hombres y más de 2.000 mujeres por enfermedades contraídas en el lugar de trabajo.

 Cada año hay 9.400 muertos de cáncer, 3.600 muertos de enfermedades cardiovasculares y 1.700 muertos de enfermedades respiratorias causadas en el lugar de trabajo. Y ninguna (repito, ninguna) de ellas aparece en el registro oficial de muertes de causa laboral de tales mutuas, que son las que suministran este tipo de datos.

Esto quiere decir que las mutuas no pagan las compensaciones debidas a los familiares de los fallecidos, consiguiendo un ahorro y unos beneficios claramente exuberantes. Aun cuando se definen como entidades sin afán de lucro, los ingresos entre los dirigentes y gestores de estas mutuas, así como los pagos por dietas complementarias, están entre los más altos en el mutualismo español.

Un tanto semejante ocurre con las enfermedades laborales, que apenas se registran en tales mutuas. Sólo se registran 30.000 casos anuales, la inmensa mayoría de ellos leves y sin baja. Las cifras reales, sin embargo, son mucho más grandes: cerca de dos millones de personas padecen enfermedades laborales (un 9% de los trabajadores y un 13% de las trabajadoras).

 De nuevo, el ahorro de las mutuas, basado en este subregistro, es enorme. Su tasa de beneficios depende de este subregistro y a ello dedican una gran cantidad de recursos: abogados, “expertos” laborales y otros que constantemente y diariamente testifican en los tribunales negando la causa laboral de las enfermedades y de las muertes. Lamentablemente, no ha habido ningún canal de televisión público o privado que haya hecho un reportaje crítico de una de las prácticas más escandalosas existentes en nuestro país.

Esta situación no es sólo injusta para los muertos y sus familiares, así como para los pacientes de tales enfermedades, sino también para la ciudadanía en general, pues es esta la que paga los impuestos que financian -a través del sistema público sanitario- los cuidados médicos de tales enfermedades, cuando en realidad debieran ser pagados por tales mutuas.

 Una cifra que puede dar una idea de ello es que el 18% de los enfermos hospitalarios (estimación muy conservadora del Observatorio Social de España) tienen enfermedades laborales. El coste para el servicio público sanitario de atender a estos y otros enfermos por causas laborales representa un 14% de todo el gasto sanitario (cifra que, de nuevo, es muy conservadora, pues es más que probable que alcance el 20%).

 Si se corrigiese esta situación y las mutuas patronales pagaran esta cantidad al sistema público sanitario, el Estado y el Gobierno de la Generalitat se podrían haber ahorrado los recortes del 10%.(...)"                 (Vicenç Navarro, Artículo publicado en Público, en Attac España, 06/05/2011)

2.6.13

El 1% de los alemanes ricos concentra la mitad de la riqueza del país. El resto ha perdido en la última década unos 93 euros mensuales de media en su poder de compra

"Lo que usted describe del mundo laboral alemán tiene poco que ver con el mejor o incluso con el algo humano de los mundos posibles. Pero, en cambio, se suele afirmar, tal como en la España aznarista, que Alemania va bien, muy bien, que es el motor de la UE, el diesel del euro y una de las grandes potencias mundiales. ¿No hay aquí alguna contradicción?

Alemania va bien para una élite determinada. Sólo así se explica el boom económico, las cifras que aseguran que la economía crece cada ejercicio y las economías privadas, sobre todo las más humildes, menguan sin parar. La cifra que se maneja es que el 1% concentra la mitad de la riqueza del país. 

Aquí son realmente ese 99% del que hablaban los del movimiento occupy. El resto, salvo ciertos sectores muy concretos que aún conservan contratos en condiciones, la precariedad ha llegado al mundo académico, a la función pública, etc.

Habla usted, en algún momento, de la desindustrialización alemana. ¿Es así realmente? Estamos hablando del gran productor europeo.

No. Alemania conserva determinadas industrias como los laborator
ios farmacéuticos, las fábricas de armas o las que quedan de coches, pero la economía alemana se basa en las exportaciones de productos, que no necesariamente son producidos en el país.

 Las fábricas, al igual que los compradores no están, en su mayoría, en el país. Más del 70% de los empleos en Alemania son en el sector servicios. La industria ocupa tal vez a dos de cada diez trabajadores. Además, tras la reunificación alemana se destruyó el tejido productivo del este, mandando al paro a unos cuatro millones de alemanes. 

Ningún país europeo, afirma en su capítulo, ha vivido un retroceso salarial como la RFA. ¿De verdad? ¿Han calculado bien?

Yo no he hecho los cálculos. El instituto alemán para la investigación económica (Deutschen Instituts für Wirtschaftsforschung, DIW), por ejemplo, señalaba en un estudio que los alemanes han perdido en la última década unos 93 euros mensuales de media en su poder de compra. Solamente quienes ganan más han visto aumentados sus salarios. 

Recuerda usted, oportunamente, que una de las propuestas de Die Linke para las elecciones de septiembre de 2013 es la vindicación de un salario mínimo. ¿No existe un salario mínimo actualmente en Alemania?

No hay salario mínimo. Hay determinados convenios entre la patronal y los sindicatos en determinadas áreas. Estos acuerdos varían en función de si vives en Alemania del este o del oeste, ya que se sacaron de la manga que en el este los salarios son más bajos y que supuestamente tienen una deuda con el Estado central. Encima de saquearlos, ahora les hacen pagar. ¿Le suena la historia?  (...)

¿Qué es eso que llama usted la generación Praktikum?

Es la generación que enlaza una práctica detrás de otra, en ocasiones hasta bien remuneradas. Pero ser becario implica no tener prácticamente derechos laborales. Eso sucede en España y también en Alemania. 

¿Por qué afirma usted que jubilarse en Alemania y poder vivir dignamente será cada vez más complicado? ¿Son tan horribles las condiciones de jubilación en el país de Marx y Engels?

Desde que introdujeron el llamado “factor de sostenibilidad”, que por cierto quieren poner también en España, las pensiones de muchos alemanes se han visto reducidas. Cada vez mas jubilados se ven obligados a trabajar para completar la pensión y las personas que actualmente trabajan en el tramo de salarios bajos en el futuro tendrán una pensión mísera. El tema de las pensiones irá empeorando cada vez más. (...)

¿Quiénes son esos ciudadanos de tercera a los que hace referencia? ¿Son peores sus condiciones?

Son básicamente los solicitantes de asilo y los europeos del este, que son objeto de una dura discriminación laboral y social. Por una parte, los solicitantes de asilo se pasan años y años esperando una respuesta de las autoridades. Mientras, no tienen derecho a alquilar una vivienda, a firmar un contrato de trabajo. El Estado alemán los mantiene vivos al mínimo y los aparta recluyéndoles en asilos que en ocasiones están apartados de las poblaciones. 

Los europeos del este, por su parte, tienen derecho de circulación pero no tienen (hasta finales de 2013) derecho a trabajar en Alemania. Por eso se ven obligados a la ilegalidad para sobrevivir en el país. Otros europeos del este que vienen con contratos, formación y sobre todo dinero no tienen estos problemas. Se trata fundamentalmente de la comunidad roma."          (Entrevista a Carmela Negrete, Salvador López Arnal

5.1.12

Se dice que los griegos y los españoles son unos vagos y que los alemanes son los campeones de la productividad en Europa. No es cierto, como se puede ver



"Cada vez que se habla de trabajo y productividad existe el estereotipo de la eficiencia alemana y la indolencia griega. Se dice que los griegos son unos vagos y que los alemanes son los campeones de la productividad en Europa.

Sin embargo, estos datos publicados por la Oficina de Estadísticas Europea, para las horas trabajadas en los 27 países de la Unión Europea dicen otra cosa: los alemanes no son los más productivos de Europa y los griegos no tienen nada de flojos. De hecho son los que más trabajan, como muestra la primera gráfica.

 Cuando nos fijamos en los números reales, los griegos son los mayores trabajadores europeos junto con los austríacos: 43,7 horas por semana frente a 42 horas de los alemanes. España trabaja 41,6 horas a la semana, mientras Francia 41,1 horas. Los italianos están más abajo con 40,5 horas.

Los más flojos son los daneses, que trabajan 39,1 horas… Por el lado de la productividad (segunda gráfica) la de Alemania es sólo un 23,7% mayor al promedio de la Unión Europea. En este indicador gana lejos Luxemburgo, con una productividad 89% mayor a la media europea.

Le sigue bastante lejos Holanda, con 36,5% superior a la media europea; Bélgica con 34,7%; Francia con 32,7%, e Irlanda con 25,6%. España también está sobre el promedio con una productividad de 7,9%."                      (El Blog Salmón, 10/12/2011)

22.2.07

Typical employing

España, Eldorado de la Unión Europea. Ingleses, franceses, italianos y alemanes la prefieren como destino para trabajar. (El País, Economía, 20/02/07, pp. 64)

Les ofrecemos café, coca y simpatía.