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27.11.25

Franquismo, la pesadilla económica 1939-1950, el retroceso más grande de la historia contemporánea de España: Una hambruna sin paliativos, menos de 2.000 calorías y, en algún momento, 1.500 calorías de ingesta calórica para una parte de la población... con la consiguiente caída de la estatura de los jóvenes... desaparición del diez por ciento de la población activa, con afectaciones evidentes en grupos de alta cualificación (intelectuales, profesores, médicos, ingenieros, etc.)... 600.000 personas muertas y desaparecidas... Casi un cuarto de siglo de atraso económico en términos de renta per cápita... El consumo privado real per cápita de 1931 no lo hizo hasta 1957... el franquismo añade un enorme atraso económico al que ya coleaba en la economía española por su llegada más retardataria a la revolución industrial... Hambruna, miseria, pésimas condiciones de vida, represión feroz, ganancias para los sectores sociales privilegiados, eso fué el franquismo (Carles Manera)

 "Caracterización del franquismo

Un elemento central caracteriza el franquismo en su larga trayectoria: la extensión de la represión, en todas sus dimensiones. Una función netamente política, desde las furibundas disposiciones de los generales Mola y Queipo de Llano tras el estallido del golpe, hasta la profundización represora con el final de la contienda. El objetivo de los sublevados era la remodelación total de la sociedad, con una orientación retrógrada en todos los ámbitos, tal y como nos recordó en su momento Josep Fontana (“Reflexiones sobre la naturaleza y las consecuencias del franquismo”, en J. Fontana, ed., España bajo el franquismo, Crítica, Barcelona 1985).

El gran número de detenidos y represaliados por la dictadura franquista supuso la creación de un elevado elenco de campos de concentración y prisiones a lo largo de España. A efectos prácticos, la guerra no había terminado. Los vencedores se cebaban sobre los vencidos, de manera inmisericorde. Y esto se condensaba en la macroeconomía y en la economía pública: la política de alta represión disparó el gasto estatal en defensa, hasta niveles nunca vistos en Europa en situaciones de paz, tal y como han demostrado los profesores Francisco Comín y Daniel Díaz (“Sector público administrativo y estado del bienestar”, en Albert Carreras-Xavier Tafunell, dirs., Estadísticas Históricas de España. Siglos XIX-XX, 2.ª edición, revisada y aumentada, Fundación BBVA, Madrid 2005). Mientras esto sucedía, los indicadores sociales se desmoronaban, con la aparición de la hambruna (sobre esto: Miguel Ángel del Arco Blanco, La hambruna española, Crítica, Barcelona 2025).

La represión franquista, el exilio y la caída enorme de la economía tuvo otras consecuencias letales para el futuro del país: la pérdida de población con formación. De hecho, esto supuso la desaparición del diez por ciento de la población activa, con afectaciones evidentes en grupos de alta cualificación (intelectuales, profesores, médicos, ingenieros, etc.) cuya aportación era relevante en una situación de reconstrucción post-bélica. Al mismo tiempo, se observaron retrocesos de la escolarización –y la caída de la estatura de los jóvenes (Javier Puche-Antonio Cámara-José Miguel Martínez Carrión, “Estatura y mortalidad infantil durante la Guerra Civil y la dictadura franquista: la Comunidad Valenciana”, Papers de Demografia, 2015) –, por un motivo central: ante la situación de pobreza, muchas familias sacaron a sus hijos de los colegios y los pusieron a trabajar para obtener así un incremento en una renta que era de penuria. Variables conocidas, provenientes de investigaciones recientes en economía e historia económica, ponen negro sobre blanco que los años del franquismo –especialmente desde 1939 hasta 1959– significaron el retroceso más grande de la historia contemporánea de España (el compendio estadístico más completo en: Albert Carreras-Xavier Tafunell, dirs., Estadísticas Históricas de España. Siglos XIX-XX, 2.ª edición, revisada y aumentada, Fundación BBVA, Madrid 2005):

  • El PIB per cápita de 1935 no se recuperó hasta 1951;
  • El consumo privado real per cápita de 1931 no lo hizo hasta 1957;
  • Los salarios reales de 1936 no se recuperaron hasta 1956.

El pensamiento económico franquista

Se podría sintetizar en tres factores, ampliables:

  1. Una premisa fundamental en el ideario económico franquista era que la democracia –con la existencia de partidos políticos y sindicatos de clase– constituía un problema para el crecimiento económico. Esta tesis se ha actualizado recientemente por parte de think tanks del conservadurismo más extremo: se están viendo signos inequívocos en Estados Unidos, por ejemplo. También en Europa.
  2. La idea de que el mercado nacional proporcionará todos los bienes necesarios: “no tenemos necesidad de importar nada”, indicaba el dictador (Palabras del Caudillo, 18 de agosto de 1938, p. 263; vid. Fontana, cit., p. 29). La autarquía como guía de la economía, una reedición del “que inventen ellos” y de la proliferación de propuestas descabelladas, ocurrencias sin el más mínimo sustrato económico racional (desde la utilización de agua para fabricar combustibles; o, para aliviar las escaseces alimenticias, preparar bocadillos de carne de delfín, teoría de un tal Arrese, promocionado a gobernador de Málaga tras proponer este disparate).
  3. Una reconstrucción económica sustentada en la construcción de pantanos, una idea heredada de José Calvo Sotelo. La propuesta recuerda también lo que un partido político de extrema derecha sugiere para la recuperación de Valencia tras el fenómeno de la dana.
  4. El desprecio hacia toda teoría económica que pusiera en solfa los tres puntos anteriores: “nuestra guerra tendrá que influir seriamente en todas las teorías económicas defendidas hasta hace poco tiempo como si fueran dogmas” (Palabras del Caudillo, 31 de diciembre de 1938, pp. 309-310; vid. Fontana, cit., p. 29).

Estos cuatro argumentos se deshacen cuando la dura realidad económica sitúa la economía española al borde de la bancarrota, a fines de la década de 1950. Entonces, a regañadientes, Franco no tiene más remedio que escuchar a los economistas profesionales. Será la entrada de los tecnócratas y de los miembros del Opus Dei en el puente de mando de la economía española. Recuperación de la economía, en la que sigue perviviendo la represión y la falta de libertad.

El coste económico del franquismo: una aproximación

Los estudios sobre el impacto económico des ese primer franquismo, que marca la política autárquica y que, en definitiva, determina un nuevo e importante retroceso económico y social para España, son ya importantes. Tales investigaciones se han realizado desde perspectivas más nacionales, como desde ópticas regionales. En ambos casos, los análisis señalan una conclusión clara, con derivadas cualitativas y cuantitativas: el franquismo añade un enorme atraso económico al que ya coleaba en la economía española por su llegada más retardataria a la revolución industrial. Esa situación comportó pérdidas notables en ámbitos sociales, y un corolario en vidas humanas que ha significado, hasta hace relativamente poco tiempo, el silenciamiento de los familiares de los represaliados. Nos aproximamos a esto en los datos presentados en la tabla 1. Retraso económico crucial; pero, y esto es lo más destacado, eliminación física de miles de personas.

La lectura de los números de la tabla 1 nos aporta magnitudes de impresión. 

En primer lugar, unas 600.000 personas muertas y desaparecidas en muy poco tiempo, y a raíz de una proclamada “paz” inexistente. 

En segundo término, unas condiciones de vida lamentables, expresadas en la ingesta calórica calculada a partir de investigaciones recientes, componentes alimenticios alejados de lo que se consumía antes del estallido de la guerra civil, y que situaban a sectores importantes de la población española en el umbral del peligro demográfico: menos de 2.000 calorías y, en algún momento, 1.500 calorías. Una hambruna sin paliativos. 

En tercer lugar, el desastre educativo: depuración de docentes, adaptación de escuelas construidas durante la República a cuarteles militares –con la cesión de la educación a la Iglesia por parte del régimen–; una destrucción de un capital humano en un país con, en esos momentos (década de 1940), un 32% de analfabetismo (8,76 millones de personas: https://ricardotejada.wordpress.com/wp-content/uploads/2015/02/analfabetismo-en-espana-1860-1985.pdf).

Tabla 1. Algunos indicadores sobre el primer franquismo, 1939-1952

1. MUERTOS


CausaNúmero de muertos
Represión150.000 (*)
Hambruna400.000


Desaparecidos30.000
En campos concentración/cárceles15.000


2. ALIMENTACIÓN
Años/situacionesCalorías consumidas (persona/día)
19312.846
Cartillas racionamiento2.300
19411.980
19461.430


3. EDUCACIÓN
AñosObservaciones
1932-19369.991 escuelas construidas
193660.000 docentes
1939-1950Depuración de 16.000 maestros
Observaciones
(*) Sin garantías jurídicas
Stanley Payne presenta cifras entre-200.000 y 600.000
1939-1942:– 200.000 muertos por inanición

FUENTE: elaboración personal a partir de: Miguel Ángel del Arco, “Famine in Spain during Franco dictatorship, 1939-1952”, Journal of Contemporary History, núm. 56 (1), 2020; y de César. Luena-Fernando Martínez-José Félix Tezanos, “Presentación. El franquismo. Cincuenta años después”, Sistema, 273-274. El cálculo de 1941 es personal, teniendo en cuenta que la necesidad calórica media es de unas 3.000 calorías por persona y día y que en ese año solo se cubría el 34% de dicha necesidad.

 La tabla 2, que recoge dos variables cruciales, delata que en la década de 1940 las magnitudes alcanzadas se encuentran alejadas de las conocidas para el período de pre-guerra.

Tabla 2. Tasas de crecimiento del PIB y de la Renta Familiar Bruta disponible,

1930-1950

Tasa de crecimiento1930-19351935-19401940-1950
PIB, precios básicos constantes2,05-3,111,02
Renta Familiar Bruta Disponible (*)1,49-3,610,85
(*) A precios constantes de 1995.


FUENTE: elaborado a partir de Julio Alcaide, Evolución económica de las regiones y provincias españolas en el siglo XX, Fundación BBVA, Bilbao 2003.

Los gráficos 1 y 2 aportan variables complementarias. En el primero, se recogen los cálculos de Josep Fontana a partir de un contrafactual: cuál hubiera podido ser la renta de España sin la guerra civil y, por tanto, sin la postguerra del atraso económico. Fontana explica la metodología de su hipótesis suponiendo el mantenimiento del crecimiento económico de los años 1930 y el empuje que se hubiera dado a la economía española al acabar la Segunda Guerra Mundial, tal y como aconteció a buena parte de las naciones europeas. Esos supuestos, que son razonables, permiten inferir que, comparando las magnitudes reales, conocidas, con las derivadas de los cálculos contrafactuales, España hubiera ganado mucha renta tanto en la década de 1950 como en la de 1970 (cuando en las cifras reales se recogen ya los impactos de la apertura de la economía española y las consecuencias del avance del turismo de masas): un mayor crecimiento del orden del 67% en los años 1950 y 1970. He aquí, por tanto, una cifra que acerca al coste económico del franquismo.

Gráfico 1. Renta per cápita de España a precios constantes (números índice)

FUENTE: Fontana, op. cit., p. 37.

El gráfico 2 incide en el tema con el estudio sobre salarios reales en Cataluña entre 1939 y 1950: un descenso notable y generalizado si se contrasta con 1936, antes de la guerra, “pero los beneficios de los grandes propietarios agrarios, de las empresas y de la banca se incrementaron” (Carlos Barciela, “Guerra civil y primer franquismo (1936-1959)”, Francisco Comín-Mauro Hernández-Enrique Llopis, eds., Historia económica de España, siglos X-XX, Crítica, Barcelona 2002). Hambruna, miseria, pésimas condiciones de vida, represión feroz, ganancias para los sectores sociales privilegiados.

Gráfico 2. Salarios reales en Cataluña, 1939-1950 (1936=100)

FUENTE: elaborado a partir de: Carme Molinero-Pere Ysas, “Patria, justicia y pan”. Nivell de vida i condiciones de treball a Catalunya, 1939-1959, La Magrana, Barcelona 1985. También: Carlos Barciela, “Guerra civil y primer franquismo (1936-1959)”, Francisco Comín-Mauro Hernández-Enrique Llopis, eds., Historia económica de España, siglos X-XX, Crítica, Barcelona 2002.

                La evolución española contrasta con los países del sur de Europa en esos años. Italia, Grecia, Yugoslavia, duplicaban la producción industrial entre 1946 y 1950, mientras que en España se anotaba un incremento del 10% (Jordi Catalan, La economía española y la segunda guerra mundial, Ariel, Barcelona 1995). En definitiva, la tasa de aumento del PIB español a lo largo de la década de 1940 fue muy mediocre, hasta el punto de que el nivel de 1935 no se alcanzó hasta 1951 (Albert Carreras-Xavier Tafunell, Entre el Imperio y la Globalización. Historia económica de la España contemporánea, Crítica, Barcelona 2018). El nivel de renta nacional y de la renta per cápita de 1935 no se recuperó hasta entrados los años cincuenta (Carlos Barciela, “Guerra civil y primer franquismo (1936-1959)”, Francisco Comín-Mauro Hernández-Enrique Llopis, eds., Historia económica de España, siglos X-XX, Crítica, Barcelona 2002).

Conclusión

El coste del franquismo puede ser evaluado en una cifra entendible: entre 15 y 25 años. Este es el atraso. España quedó ancorada tras el desastre de la guerra en un régimen dictatorial que, en el campo de la economía, se edificó sobre propuestas y acciones irracionales, ineficientes, ineficaces, lesivas para el conjunto de la población y enriquecedoras de las elites que daban apoyo, desde 1936 –y antes– a los golpistas y a Franco. Existe una bibliografía afortunadamente copiosa, seria y presidida por el rigor científico, sobre la economía y los economistas durante la guerra civil y la post-guerra (véase Enrique Fuentes Quintana, dir.; Francisco Comín, cord., Economía y economistas españoles en la guerra civil, Galaxia Gutenberg-Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Madrid 2008), aportaciones que deben ser las de obligada consulta eludiendo las grotescas manipulaciones que se han realizado y se desarrollan en la actualidad por parte de pseudo-historiadores y pseudo-economistas.

Casi un cuarto de siglo de atraso económico en términos de renta per cápita: nadie en su sano juicio debería querer regresar a ese tétrico pasado económico y social." 

( 

21.11.25

“El franquismo hizo con el hambre lo mismo que Netanyahu en Gaza”... La dictadura hacía lo mismo que está haciendo ahora Netanyahu en Gaza: aquí entra la ayuda humanitaria que diga yo, y la damos nosotros como queramos y donde queramos, para mover a la población a un lado o al otro, o decidiendo que coman estos y que no coman los otros, por eso desincentivó la ayuda de los cuáqueros, que acabaron yéndose del país. El franquismo les hizo la vida imposible... Hubo un intento de la Cruz Roja americana de enviar no sé si veinte mil cajas de leche en polvo, y Serrano Súñer lo rechaza ¡La gente se estaba muriendo de hambre, literalmente! ¿Qué pasaba? Que Serrano era un pronazi que quería que España entrara en la guerra, y una ayuda de la Cruz Roja estadounidense resultaba problemática... En la corrupción del hambre está implicado desde el propio Franco, cuando vende de estraperlo el café que le mandan de Brasil, hasta su hermano, sus ministros… En España, la inflación era tan grande, los precios del mercado negro eran tan altos, que mucha gente no podía acceder a alimentos que sí había, pero no se encontraba, y los tenías que comprar de estraperlo. Mucha gente se murió de hambre porque no podía pagar esos precios... Las autoridades franquistas de Álava llegaron a decir literalmente: “Si estos desgraciados comieran, el número de protestas aumentaría, pero de momento los estómagos vacíos mantienen a la gente callada”. Los hambrientos pueden hacer una revolución; los famélicos, no... mi bisabuela compraba un pan para sus cinco hijos, se lo daba y solo comía lo que ellos dejaban: si eran nada más que unas pocas migas, esas pocas migas era lo que comía... a Miguel Hernández el régimen le ofreció muchas veces una reducción de condena o incluso ser liberado si escribía poemas a favor del franquismo. Miguel Hernández siempre dijo que no. En su hambre mandaba él. Cuando muere de hambre y enfermedad, su familia no lo puede velar porque en el cementerio, en 1942, todavía estaban fusilando gente. Las dos violencias coinciden en el tiempo (Miguel Ángel del Arco)

 "Dice el historiador granadino Miguel Ángel del Arco Blanco en el epílogo de La hambruna española (Crítica, 2025) que «lo que sucedió en la posguerra española no fue solo hambre, sino una auténtica hambruna homologable a las acaecidas en Europa y en el mundo. Pese a la negación de su existencia por parte del franquismo, este libro prueba que tuvo lugar, la identifica, explica sus causas, quiénes fueron sus víctimas y cuáles fueron sus consecuencias».

El libro tiene todo lo que debe tener uno de historia: documentación y rigor, pero también pasión humanista. En él habla Del Arco, pero se escucha también la voz de los hambrientos de 1939-1942 y 1946, un ciclo atroz que segó las vidas de más de 200.000 españoles. El franquismo pudo evitar esas muertes, pero no quiso. Charlamos por teléfono con el autor.

Miguel Ángel: con tu libro, ha sido la primera vez que he leído llamar “hambruna” al hambre española de los años cuarenta. Argumentas muy convincentemente por qué hay que hacerlo así. Pero la primera aportación novedosa del libro es esa: su mismo título, ponerle nombre a lo que no lo tenía, una hambruna como la irlandesa, la bengalí o la ucraniana.

Esa es la principal aportación del libro, sí: releer todo lo que pasó en los años cuarenta e identificar y explicar que esto fue una hambruna con unas características muy similares a las que vivió Europa en el siglo XX o el XIX.

Una hambruna deliberada, que podía haberse evitado, pero el franquismo no quiso evitar.

Generada por manos humanas, sí; por decisiones políticas, igual que las grandes hambrunas del siglo XX: la Gran Hambruna de Mao en China, el Holodomor ucraniano, otras hambrunas que tuvieron lugar en la Unión Soviética, la hambruna de los Países Bajos o antes la irlandesa. Siempre hay condicionantes, pero las decisiones políticas fueron claves en fomentarlas y, una vez que llegaron, en agravarlas.

Un ejemplo elocuente de las varias maneras con las que el franquismo provocó el hambre es aquella pugna de entonces entre el Auxilio Social de Mercedes Sanz-Bachiller y la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera. El Auxilio Social, con ser una institución fascista, tenía una mayor honestidad humanitaria: dar de comer a quien fuera y como fuera. La SF, en cambio, condicionaba el reparto de alimento a criterios políticos y de adoctrinamiento. Y acabó ganando la partida.

Mercedes Sanz-Bachiller, que evidentemente tenía una ideología fascista, estaba más cercana al Auxilio de Invierno nazi y consideraba que lo importante era asegurar el alimento para todos los españoles, a cambio de nada, bajo un principio de justicia. Pero esa batalla, como bien dices, la gana Pilar Primo de Rivera, que es una Falange mucho más conservadora, menos revolucionaria, si me permites el término, y que considera que el reparto de alimento es un gran instrumento para adoctrinar y reeducar a los españoles.

Sus usuarios son fundamentalmente los vencidos y sus hijos. Y para Pilar Primo de Rivera, lo importante no era darles comida, sino que hubiera una serie de rituales alrededor: el rezo antes y después de comer, los retratos de Franco y José Antonio y toda otra simbología en las paredes, los himnos… Los vencidos no querían enviar a sus hijos al Auxilio Social, porque eran conscientes de que era eso: un espacio de adoctrinamiento. Aquellos que habían dado un golpe de Estado y habían provocado la guerra civil, ahora utilizaban el alimento para reeducar a sus hijos. Muchos acabaron enviándolos allí con muchísima pena, porque estaba la vida de sus hijos en juego. En el libro recojo un poema demoledor sobre esto.

Hay mucha poesía, en el libro. Es otra de sus virtudes. ¿A qué poema te refieres ahora?

A ese poema de Joan Margarit que se titula Casa de misericordia y que recrea a una mujer a la que han fusilado a su marido y que tiene que escribir una carta pidiendo por favor que acojan al niño en el Auxilio Social. Es desgarrador y recrea perfectamente lo que tuvo que ser aquello. No obstante, había diferencias. En el libro también comento que el propio régimen reconocía que había comedores del Auxilio Social donde comían vencidos e hijos de vencidos y comedores de Auxilio Social adonde no iban hijos de vencidos, y en estos últimos se daba más comida; o cómo los propios funcionarios decían: “Primero, que coman estos, y luego los otros”. La victoria marcó al país profundamente.

[Buscamos el poema de Margarit en el libro al transcribir la entrevista. Dice así: “El padre fusilado. / O, como dice el juez, ejecutado. / La madre, ahora, la miseria, el hambre, / la instancia que le escribe alguien a máquina: / Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal, / Solicito a Vuecencia poder dejar a mis hijos / en esta Casa de Misericordia”.]

El libro desacredita los tres o cuatro mitos con los que el franquismo trató de excusar el hambre y su responsabilidad en ella. Uno de ellos es el ostracismo internacional. A la dictadura se le ofreció ayuda cuantiosa que rechazó. 

Es uno de los puntos del libro de los que más orgulloso estoy. Sí: el franquismo puso la ideología por encima de la necesidad. Por un lado, quería monopolizar la ayuda humanitaria que se diera, y entonces desincentivó la de los cuáqueros, que acabaron yéndose del país. El franquismo les hizo la vida imposible y acabaron yéndose. Eso me sorprendió. La ayuda debían prestarla el Auxilio Social y Falange. Cada vez que se conquistaba una ciudad durante la guerra, aparecían sus chicas dando pan. La dictadura hacía lo mismo que está haciendo ahora Netanyahu en Gaza: aquí entra la ayuda humanitaria que diga yo, y la damos nosotros como queramos y donde queramos, para mover a la población a un lado o al otro, o decidiendo que coman estos y que no coman los otros.

A veces se condicionaba la aceptación de alguna oferta de ayuda internacional a eso: me mandáis las cajas de alimentos, pero las reparto yo, con mis Cara al sol y mis retratos de Franco. Pero es que otras ofertas directamente se rechazaron.

Hubo, por ejemplo, un intento de la Cruz Roja americana de enviar no sé si veinte mil cajas de leche en polvo, te hablo de memoria. Media el embajador en Washington, Cárdenas, y es curioso cómo Serrano Súñer lo rechaza. Responde que gracias, pero que la situación de hambre en España no es para tanto. ¡La gente se estaba muriendo de hambre, literalmente! ¿Qué pasaba? Que Serrano era un pronazi que quería que España entrara en la guerra, y una ayuda de la Cruz Roja estadounidense resultaba problemática en ese sentido. Puso el interés de los ciudadanos por debajo del interés político del régimen.

Te ocupas en el libro de otra dimensión del franquismo en la que hacemos poco énfasis: su profundísima corrupción. El dictador y el régimen propagaron de sí mismos una imagen de austeridad y falta de ánimo de lucro que cuesta poco trabajo demostrar que era falsa. Pero la propagaron con tanto ahínco que ese mito sigue permeando incluso a gente de izquierdas que, cuando piensa en la dictadura y habla de ella, se fija sobre todo en su carácter represivo, y pocas veces en su carácter corrupto. Eso también jugó un papel en la hambruna.

Bueno, es que ya está bien. Clama al cielo. No lo digo yo, lo dicen los teóricos políticos, los economistas, los sociólogos… Las dictaduras siempre son más corruptas que las democracias, porque no hay transparencia, ni división de poderes, ni rendición de cuentas. La cosa se cae por su propio peso. ¿Por ser españoles tenemos una historia exclusiva? Para nada. Está demostradísimo que la cultura del franquismo era el pelotazo. Tenemos escándalos desde los años cuarenta hasta poco antes de la muerte de Franco, en la etapa del desarrollismo. Y en los cuarenta se juega con el hambre del prójimo, sí.

En la corrupción del hambre está implicado desde el propio Franco, cuando vende de estraperlo el café que le mandan de Brasil, hasta su hermano, sus ministros… Cuando le dicen a Franco que el general Saliquet tiene una fábrica de jabones clandestina, en la que usa grasas de estraperlo, dice: “A mí dejarme en paz”. Esa permisividad era una forma de comprar a los gobernadores civiles. El de Mallorca acabó siendo cesado y hasta se tuvo que ir al exilio, de la que había montado. Los alcaldes, los falangistas, todo el mundo está comprado, de arriba abajo. Y todo el mundo apoya el régimen de Franco, que reparte el botín y les permite que hagan su agosto.

Amartya Sen ya lo demostró hace tiempo estudiando la hambruna bengalí: el problema de la hambruna no es que no haya comida; es que la hay, pero la gente no puede acceder a ella. En España, la inflación era tan grande, los precios del mercado negro eran tan altos, que mucha gente no podía acceder a alimentos que sí había. Con un jornal de jornalero de seis pesetas al día, alimentar a tu familia era complicado si el pan oficial valía dos pesetas, pero ni siquiera lo encontrabas, y lo tenías que comprar de estraperlo a cuatro o cinco veces más el precio original. Imagínate lo que era eso. Mucha gente se murió de hambre porque no podía pagar esos precios.

Tener a la gente hambrienta también servía para aplacar el descontento. Las autoridades franquistas de Álava llegaron a decir literalmente: “Si estos desgraciados comieran, el número de protestas aumentaría, pero de momento los estómagos vacíos mantienen a la gente callada”. Los hambrientos pueden hacer una revolución; los famélicos, no.

Lo dice al final de sus memorias un preso republicano al que cito en el libro, Eduardo de Guzmán. El pasó por el campo de Los Almendros, en Alicante, después de haber pasado por el de Albatera. Era un periodista anarquista, muy formado, muy consciente políticamente. Reflexiona que el hambre deshumaniza, convierte a las personas en bestias, y dice: la revolución de los hambrientos se acaba en la panadería de la esquina. Demoledor.

Una cosa que yo quería con el libro también era tirar abajo los muros de las cárceles y los campos de concentración. Esa gente sufrió la hambruna especialmente. El caso de Miguel Hernández es especialmente significativo. A mí me llamó mucho la atención cómo la represión, la violencia física, se cruzaba con el hambre. También lo cuento ahí: cuando Miguel Hernández –una víctima más de la hambruna, que al estar debilitado primero tiene tifus y luego la tuberculosis que lo mata; todas las caras de la hambruna pasan por este hombre cuya hambre se reflejó también en su poesía–, cuando Miguel Hernández, digo, muere, su familia no lo puede velar. Lo llevan al cementerio, pero no lo pueden velar, porque en el cementerio, en 1942, todavía estaban fusilando gente. Las dos violencias coinciden en el tiempo.

Yo no sabía, y lo he leído en tu libro, que a Miguel Hernández el régimen le ofreció muchas veces una reducción de condena o incluso ser liberado si escribía poemas a favor del franquismo. El régimen no quería otro García Lorca, otro mártir, y pensaba que incluso podía aprovechar el talento de este otro poeta a su favor. Miguel Hernández siempre dijo que no. En su hambre mandaba él.

Sí. Es una cosa que, ¡fuf!, pone los pelos de punta. Los momentos más especiales para mí al escribir este libro fueron esos; descubrir todo eso. Cómo empezaron a visitarlo amigos como Cossío o Almarcha, que incluso al borde de la muerte le ofrecieron ser trasladado al sanatorio de tuberculosos, y cómo él se mantuvo en sus trece, con esa integridad. Es otro caso en el que ves que lo que pasaba con esta gente era una decisión completamente deliberada.

Otro de los mitos del franquismo sobre el hambre que desacreditas es el de la “herencia recibida” de “los rojos”. La destrucción causada por la guerra –una guerra que, en todo caso, no empezaron los rojos– no fue tanta como se cree.

No, no fue tanta. Eso requeriría solo un libro. Yo he bebido del trabajo de muchísimos historiadores; no me lo estoy inventando. Ya se ha demostrado que tanto la industria, como la agricultura, como incluso la marina mercante, no sufrieron tanto. Cuando cae el Frente Norte, los republicanos no destruyen la industria del País Vasco y Asturias, ni los franquistas la han bombardeado. Lo mismo pasa en Cataluña: cuando se van los republicanos, no destruyen tejido industrial. Por lo tanto, esa no es una explicación del hambre.

En cuanto a la agricultura, el bando franquista no pasó hambre. De hecho, hay muchas provincias que fueron las más castigadas por el hambre –Cádiz, Huelva, las extremeñas…– que durante la guerra estuvieron en manos franquistas. Así que no es razonable echarle la culpa a los republicanos. La destrucción afectó sobre todo a la vivienda, y los que más la pagaron fueron las clases bajas, claro.

Lo que yo digo es que la guerra no puede ser obviada, pero que el factor principal es posbélico. Son esos hombres y mujeres que se van al exilio, que son castigados, que acaban en campos de concentración y cárceles, etcétera, etcétera, y que dejan de producir, por ejemplo. También hay otra cosa: el bando republicano sí pasó hambre, sobre todo desde el año 38. No hubo hambruna, pero sí hambre, y eso preparó los cuerpos para que, cuando la hambruna llegara, fueran más vulnerables. La guerra es importante para explicar la hambruna, pero con la guerra solo no se explica todo lo sucedido durante más de una década, en un país cuya economía no levanta cabeza. Si lo comparas con otros países, ves que en Francia y Alemania, después de la segunda guerra mundial –que sí lo arrasó todo–, la industria ya funciona a pleno rendimiento al segundo año.

El libro también está lleno de historias personales, extraída de esa memoria oral que guardó el recuerdo de aquella hambruna silenciada. Todos –al menos todos los que tenemos un árbol genealógico poblado de pobres y vencidos– hemos escuchado alguna de esas historias. En mi familia se cuenta que mi bisabuela compraba un pan para sus cinco hijos, se lo daba y solo comía lo que ellos dejaban: si eran nada más que unas pocas migas, esas pocas migas era lo que comía. Y que un día uno de los niños se comió un pan entero que encontró desatendido, y aunque había dejado sin comer a sus padres y sus hermanos, su madre no fue capaz de reñirle. Venimos de ahí.

Esa memoria ha estado flotando en distintas generaciones. Lo ves en la literatura, el cine, las novelas, la poesía… Y también en todos esos testimonios. Yo he entrevistado como a veinte personas, y cuentan cómo el hambre se convirtió en algo esencial, y cómo las mujeres fueron claves para sacar a la familia adelante y conseguir suficiente para comer. Todos aquellos platos imposibles, inventados, todas esas maneras de llamar de una forma normal a algo que no era normal, para poder comérselo. Los derivados, los animales que no formaban parte de la dieta y de repente tuvieron que formar parte. 

«Dar gato por liebre» es una expresión que viene de esa época.

Eso es. Y mira, aquí ves también dos cosas. La historia siempre es compleja. Ves cómo las sociedades, a veces, saltan por los aires; cómo el hambre deshumaniza y cómo a veces hay incluso robos dentro de la propia familia, o entre amigos. La situación tuvo que ser extrema. Pero también surge la solidaridad. Escuché muchas historias de padres que comían después de los hijos, o lo contrario: el padre era el primero que comía, porque era el que traía el salario y tenía que estar fuerte, y los demás se repartían lo que quedaba.

Las madres siempre se sacrificaban: ese es un patrón constante, lo ves una y otra vez. O los presos: encontré un caso de unos presos padre e hijo, que el padre renunció a comer en favor del hijo, porque no había suficiente, y cuando el padre se debilitó y el hijo quiso hacerlo al revés, renunciar a comer él para que comiera el padre, ya no pudo, porque la situación del padre había degenerado ya demasiado, y se murió. 

Todas esas cosas son alucinantes y demuestran que también hay solidaridad. Entre familiares o dentro de las comunidades; la gente que pasaba por las casas a pedir comida y se la daban, o la gente que compartía o que fiaba para que se pudiese comer. Esas historias de superación personal y comunitaria merecían ser contadas. Muchos españoles estuvieron a la altura, y si no lo hubieran estado, habría habido muchas más víctimas. Esa historia que me cuentas encaja como un guante en todo esto.

La hambruna se acabó. Pero dejó una estela. Siempre he pensado que, detrás de ese mito popular entrañable de la abuela que te atiborra de comida, que a todos nos arranca una sonrisa, había algo muy siniestro. Esa abuela pasó hambre y se le quedó para siempre, grabada en la cabeza, la idea de que, cuando se puede comer, tienes que comer todo lo que puedas, porque nunca sabes si mañana podrás.

Es que es curioso, ¿no? Siempre hemos tenido ese latiguillo, y en el fondo pensábamos “qué pesada la abuela”. No nos dábamos cuenta de lo que había detrás, que era un sufrimiento y una superación y en el fondo un amor a nosotros. Yo recuerdo a mi madre llenando la despensa con cosas que no necesitaba. O el gesto este que rescata Almudena Grandes en una novelilla que se llama Los besos en el pan, que yo compré esperando algo sobre la posguerra, pero que en realidad son historias de la crisis de 2007. La introducción es una auténtica maravilla y cuenta lo de los besos en el pan cuando se caía al suelo. Mi abuela lo hacía. Lo cogía del suelo, le daba un beso y te lo daba, como diciendo: “Ya está bendecido”. No se podía tirar absolutamente nada. " 

(Entrevista a Miguel Ángel del Arco, Pablo Batalla Cueto ,  La Marea, 18/09/25)

20.11.25

Franco... un golpista. Un asesino. Un criminal... 100.000 desaparecidos entre 1936 y 1977... 150.000 asesinatos... 2.800 fosas comunes... medio millón de exiliados... 300.000 presos políticos en los primeros años del régimen... Y, sin embargo, el franquismo vive... uno de cada cinco ciudadanos defiende que la dictadura de Franco fue buena o muy buena. Un dato que produce estupor y escalofrío en la misma proporción (Esther Palomeras)

"Si hoy es jueves y es 20 de noviembre, toca hablar de Franco. De un golpista. De un asesino. De un criminal. De más de 100.000 desaparecidos entre 1936 y 1977. De 150.000 asesinatos. De 2.800 fosas comunes. De medio millón de exiliados. De 300.000 presos políticos en los primeros años del régimen militar. Y de un país que es incapaz de celebrar los 50 años de la muerte de un dictador.

Se cumplen hoy 50 años de aquel celebrado “Españoles, Franco ha muerto” con el que gimoteó Arias Navarro por televisión. Y, sin embargo, el franquismo vive. En los discursos políticos. En algunas estructuras del aparato del Estado celosamente conservadoras que no acabaron de hacer el tránsito a la democracia. En la persistencia de algunos símbolos. En el resurgimiento de una narrativa falaz con la que Vox se empeña en dar luz al tenebroso retrato del franquismo. 

Y en el blanqueamiento que el PP, con el aliento de Santiago Abascal en la nunca, ha hecho de sus nostálgicos.Sí, para el PP, hoy la sombra de Franco sigue siendo alargada, aunque no siempre fue así. Hubo una vez -tan solo una- en la que el partido de Alberto Núñez Feijóo condenó el golpe militar del 18 de julio de 1936 y pactó, en el Congreso de los Diputados. Apoyó entonces una resolución inapelable, que sentenciaba el alzamiento, hacía un “reconocimiento moral” de quienes “padecieron la represión de la dictadura franquista” y prometía ayudas para reabrir las fosas comunes. Fue en 2002, en el 27 aniversario de la muerte del dictador durante la segunda legislatura de José María Aznar y en una jornada que en el Parlamento se consideró histórica. 

No en vano, la izquierda había intentado antes durante años y sin ningún éxito que la derecha condenase el golpe militar de 1936 contra la legalidad de la República. El PP siempre se había negado con la excusa de que no convenía hablar “de buenos y malos”. En aquella ocasión, sin embargo, cambió el tercio y, a última hora de una noche de martes, el diputado popular José Antonio Bermúdez de Castro, portavoz entonces de la Comisión Constitucional, reunió a los representantes de los partidos de la oposición y negoció, con el apoyo de su grupo y del Gobierno, una solución intermedia a las proposiciones que habían presentado PSOE, IU y EA (Eusko Alkartasuna). 

«Tenemos que hacer este reconocimiento ahora. Es urgente. En poco tiempo no habrá exiliados, porque se están muriendo», clamó entonces el ex vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra, quien sostuvo que con este tipo de iniciativas no se estaban «reabriendo heridas», sino cicatrizándolas. Solo en aquella ocasión, todo el arco parlamentario conmemoró la muerte del dictador con un consenso insólito que hoy es impensable, como demuestra este 50 aniversario de la muerte del dictador y de los primeros pasos hacia la democracia que las instituciones españolas celebran con un perfil extremadamente bajo. Los motivos son varios. 

De un lado, el Gobierno, que siempre dijo que quería festejar, no el fallecimiento de Franco -aunque motivos hay para que así fuera-, sino medio siglo de libertad, llega a este 20N con intención de hacer el menos ruido posible. Por otro lado, la Casa Real, que ha decidido excluir por motivos obvios a Juan Carlos I de los actos programados para el 50 aniversario de la Monarquía. 

Entre otros, la publicación de sus memorias en las que confiesa su admiración por Franco, detalla su mala relación con Letizia y afea la “insensibilidad” de Felipe VI en el momento en que decidió apartar a su padre de la agenda oficial de la institución. Y por último, el cálculo de la derecha para pasar por la efeméride sin molestar ni a esa parte a su electorado que aún hoy defiende que con Franco se vivía mejor ni a quienes orbitan en torno a una ultraderecha que defiende el franquismo como una etapa de «progreso», «reconstrucción» y «unidad nacional». 

El caso es que todos los grupos parlamentarios, a excepción de PP y PSOE, darán plantón este viernes en un acto convocado en el Congreso para conmemorar el 50 aniversario del inicio de la Transición tras la muerte del dictador y el ascenso al trono de Juan Carlos I. La última formación en descolgarse ha sido Vox, un partido para el que esta celebración está pensada únicamente como una «oda al régimen totalitario de Sánchez». 

Los fastos han quedado reducidos a un coloquio académico sobre el papel de la Corona en la andadura del país hacia un régimen democrático, al que ni siquiera asistirá -por estar volando a la cumbre del G20 que se celebrará en Sudáfrica los días 22 y 23- el presidente del Gobierno.El Ejecutivo tiene, por otra parte, prevista la celebración de varios actos de menor relevancia este 20N, pero Pedro Sánchez no asistirá a ninguno de ellos “deliberadamente”, tal y como admiten en La Moncloa, “para no ayudar al discurso del odio y la división que pretende esparcir la derecha”.

 Donde sí estará es esta misma tarde de jueves en el Congreso de los Diputados para asistir a la proyección del primer capítulo de la serie ‘Anatomía de un Instante’ antes de que se estrene en Movistar.Los socialistas han sucumbido a la presión de quienes desde el lado contrario a su espectro ideológico cuestionaron desde el minuto uno el ambicioso programa con el que el Gobierno pretendía festejar durante todo 2025 los 50 años de libertad que empezaron con la muerte del dictador. Y esto justo en un momento en el que la ola ultraderechista que recorre el planeta reivindica los regímenes totalitarios y, en España, uno de cada cinco ciudadanos defiende que la dictadura de Franco fue buena o muy buena

Un dato que produce estupor y escalofrío en la misma proporción cuando, además, el apoyo a la democracia se reduce sobre todo entre los más jóvenes. Más del 17% de ellos asegura que la dictadura que no vivieron fue mejor que la democracia actual, según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), y se declara abiertamente fan del caudillo.

Qué mejor ocasión que el medio siglo de la desaparición del sátrapa Francisco Franco para hacer pedagogía de lo que fueron aquellos años y generar espacios de reflexión entre quienes no conocieron la ausencia de libertad que marcó las cuatro décadas del franquismo. Así se lo ha propuesto el ministro de Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, con la puesta en marcha de hasta 400 actividades desde distintos ámbitos y territorios y afanado en explicar que lo que se pretende es conmemorar el inicio de la Transición, y no la muerte de nadie. 

¿Y por qué no? Otras democracias occidentales celebraron antes que España la caída de sus dictaduras con la presencia de sus jefes de Estado y de todas las fuerzas políticas, y sin atisbo de la confrontación política que aún hoy suscita el mismo hito cronológico en nuestro país.Hoy más que nunca, con los fantasmas que nos acechan, es necesario transmitir a nuestros jóvenes la importancia de vivir en democracia, por mucha ira que esto suscite en las derechas y quienes prefieren extender un manto de silencio sobre la figura de quien llevó al país a una cruenta guerra civil y le sometió a una atroz dictadura.

Un repaso a cómo y cuándo se conmemoró por ejemplo en Italia, Alemania, Francia o Portugal el tránsito de la dictadura a la democracia resta argumentos a quienes han puesto el grito en el cielo -políticos, analistas y medios de comunicación- por lo que entienden es una iniciativa partidista y oportunista del gobierno para ocultar sus escándalos. (...)"

(Esther Palomera, Gaceta Crítica, 20/11/25, fuente el diario.es) 

26.5.25

Quienes hoy gritan “Palestina libre” no niegan el Holocausto. Lo recuerdan. La invocan para impedir que se repita, en otro lugar, con otras víctimas... El Holocausto fue manipulado por las élites israelíes para alimentar una identidad nacional basada en el miedo, la excepcionalidad y el victimismo perpetuo... una identidad nacional fundada no en el duelo, sino en su instrumentalización política. Israel dejó de conmemorar la Shoá como advertencia para convertirla en coartada. Del “Nunca más” para todos, al “Nunca más” solo para nosotros... el adoctrinamiento sistemático han generado un universo mental desconectado de la realidad, donde toda crítica es odio, todo palestino es una amenaza, y toda resistencia equivale a exterminio... y en Alemania el sentimiento de culpa histórica ha derivado, en muchos casos, en una forma de obediencia política y ceguera moral. Lo que debería haber sido un compromiso con los derechos humanos universales se ha convertido, para muchos gobiernos, en una coartada para apoyar, justificar o silenciar un nuevo crimen... Netanyahu conoce ese resorte mental y lo utiliza sin escrúpulos, lo ha convertido en una fuente inagotable de justificación del mal... a su banalización más perversa, la de convertir su memoria en justificación de lo injustificable (Jaume Asens)

 "Decir  “Palestina libre” no es un acto de odio. Es una expresión de justicia. Sin embargo, Benjamin Netanyahu este jueves 22 de mayo ha osado comparar esa consigna con el saludo nazi “Heil Hitler” a raíz del asesinato de dos trabajadores de la embajada de Israel en Estados Unidos. Lo ha hecho no por ignorancia, sino como parte de una estrategia calculada: criminalizar la solidaridad con Palestina, asociar toda crítica a Israel con antisemitismo y blindar así la impunidad de un Estado que se presenta como víctima mientras perpetra un crimen a la vista del mundo.

No es nuevo. Ya en 1988, el historiador israelí Yehuda Elkana advertía en su célebre ensayo Elogio del olvido cómo el trauma de la Shoá fue manipulado por las élites israelíes para alimentar una identidad nacional basada en el miedo, la excepcionalidad y el victimismo perpetuo. “Lo que ocurrió en Alemania puede ocurrir en cualquier parte, con cualquier pueblo, incluido el mío”, escribió Elkana con lucidez premonitoria. Para él, el uso político del Holocausto no solo deformaba la memoria, sino que moldeaba una psicología colectiva dominada por la angustia existencial, la desconfianza universal y la lógica del asedio permanente. Netanyahu no ha inventado nada. Antes que él, David Ben Gurión ya había equiparado la liberación de Palestina con una nueva Shoá. Ya había formulado la ecuación “árabes = nazis”. Lo que hoy llama “amenaza existencial” tiene décadas de gestación: es la prolongación ideológica de una narrativa que nazifica al enemigo para justificar su aniquilación.

Así se construyó, como advirtió la filósofa israelí Idith Zertal, una identidad nacional fundada no en el duelo, sino en su instrumentalización política. Israel dejó de conmemorar la Shoá como advertencia para convertirla en coartada. Del “Nunca más” para todos, al “Nunca más” solo para nosotros. En vísperas de la guerra de 1967, la sociedad israelí ya vivía bajo una suerte de histeria colectiva inducida, convencida de que una nueva catástrofe era inminente. La memoria tergiversada, la educación patriótica y el adoctrinamiento sistemático han generado un universo mental desconectado de la realidad, donde toda crítica es odio, todo palestino es una amenaza, y toda resistencia equivale a exterminio.

Que Netanyahu compare “Palestina libre” con “Heil Hitler” es una victoria póstuma de Hitler

Ese mismo fenómeno se extiende hoy a Europa y, de forma especialmente dolorosa, a Alemania, donde el sentimiento de culpa histórica ha derivado, en muchos casos, en una forma de obediencia política y ceguera moral. Lo que debería haber sido un compromiso con los derechos humanos universales se ha convertido, para muchos gobiernos, en una coartada para apoyar, justificar o silenciar un nuevo crimen. Alemania, en nombre de su pasado, sigue vendiendo armas a quien bombardea hospitales y campos de refugiados. El miedo a ser acusada de antisemitismo la ha convertido en cómplice de otro genocidio.

Netanyahu conoce ese resorte mental y lo utiliza sin escrúpulos. En su reciente declaración, al comparar “Palestina libre” con “Heil Hitler”, se dirigía a Europa. A sus élites. A quienes –ante la magnitud del crimen– empiezan tímidamente a cuestionar su complicidad. Por eso, les ha advertido de que cualquier gesto de crítica o distanciamiento “ayuda a Hamás”. Como si el único modo de proteger a Israel fuera permitirle arrasar Gaza.

Así convierte la culpa en chantaje, la memoria en arma y el pasado en licencia para destruir el presente. Y lo peor es que muchos gobiernos europeos –paralizados por su propio reflejo– siguen cayendo en la trampa. Por eso, que Netanyahu compare “Palestina libre” con “Heil Hitler” es una victoria póstuma de Hitler. Porque consagra su lógica, reproduce su visión paranoica del mundo como un campo de enemigos irreconciliables y convierte el trauma de Auschwitz en un arma ideológica.

El uso político del trauma en Israel se ha convertido en una fuente inagotable de justificación del mal. Hoy, la Shoá ha dejado de ser un límite ético para transformarse en excusa para la barbarie.
Por eso, muchos supervivientes, como Primo Levi, ya abogaban por una cierta amnesia parcial, conscientes de que la memoria convertida en fetiche podía corroer la decencia.

El uso político del trauma en Israel se ha convertido en una fuente inagotable de justificación del mal

La comunidad política israelí actual –obsesionada con la pureza étnica, dotada de rasgos mesiánicos, atrapada en una lógica de excepcionalismo moral– ya no se limita a defender su existencia: exige obediencia, exige silencio, exige complicidad. Se muestra impermeable a la crítica y al diálogo racional con el resto del mundo. Y quienes no la otorgan, son marcados como enemigos. Incluidos los propios judíos que se niegan a convertir el pasado en una cárcel.

El historiador israelí Meir Margalit lo expresó con claridad: la ocupación prolongada es el mayor enemigo del pueblo judío, porque destruye su alma y su legitimidad moral. Quienes hoy gritan “Palestina libre” no niegan la Shoá. La recuerdan. La invocan para impedir que se repita, en otro lugar, con otras víctimas.

La memoria de la Shoá es necesaria. Pero para abrir caminos hacia el futuro, no para quedar anclados en un pasado de victimismo obsesivo o temor existencial paralizante. Solo si Israel llega a asumir la legitimidad de otras víctimas, y acepta que, en su afán de asegurar un futuro para su pueblo, ha convertido a otros en víctimas, podrá reconciliarse con su entorno. Pero mientras crea que Auschwitz le otorga inmunidad, no habrá paz, ni justicia, ni verdad.

Israel, al definirse en torno a la Shoá, ha contribuido a su banalización más perversa: la de convertir su memoria en justificación de lo injustificable. “Palestina libre” no es antisemitismo. Es su antídoto. Un antídoto contra la injusticia, contra el supremacismo, contra la deshumanización. Y un grito de lucha por la dignidad, no una amenaza para Israel. Es una esperanza para todos los pueblos, incluido el judío."

( Jaume Asens , CTXT, 25/05/2025)

14.5.25

Editorial de La Jornada: Rescatar la verdad histórica... Rusia conmemoró ayer el 80 aniversario del Día de la Victoria, en recuerdo de la rendición incondicional de la Alemania nazi ante el Ejército Rojo... El Día de la Victoria es una ocasión inmejorable para desmontar la mitología occidental en torno a la caída del nazismo como una gesta estadunidense, con ingleses, canadienses, australianos, franceses y otros como comparsas. Para decirlo claro: la Wehrmacht ya no era sino un pálido reflejo de su anterior poderío cuando se produjo el desembarco aliado en Normandía del 6 de junio de 1944, que ocho décadas de tergiversación hollywoodense han elevado a la categoría de máximo punto de inflexión en la contienda... Los números son tan escalofriantes como elocuentes: en la mayor carnicería perpetrada por los seres humanos contra sus semejantes, fallecieron más de 32 millones de soviéticos, la inmensa mayoría, bajo el Plan Hambre de Hitler, que buscaba la desaparición de los pueblos eslavos para repoblar sus inmensos territorios con la raza aria... la Unión Soviética no sólo combatió contra los nazis, sino contra sus entusiastas colaboradores polacos, ucranios, húngaros, rumanos, búlgaros y de otras naciones europeas que facilitaron las acciones del ejército alemán... El arrebato colaboracionista fue tal que en Polonia los pro nazis siguieron asesinando judíos después del final de la guerra... En la posguerra, Estados Unidos implementó un cordón sanitario para erradicar el comunismo de Europa occidental, pero como los grupos partisanos que resistieron al nazismo eran rojos, las flamantes democracias las encabezaron personajes que escondieron a toda prisa sus insignias nazis o que, en el mejor de los casos, vieron los acontecimientos desde la seguridad de Londres o Washington... Por eso, no sorprende que los herederos de esa Europa cómplice hayan elegido el 9 de mayo para redoblar su embestida antirrusa, en nombre de una legalidad internacional y de unos derechos humanos que traen a los líderes occidentales sin el menor cuidado cuando Israel proclama sin tapujos su intención de exterminar al pueblo palestino

 "Rusia conmemoró ayer el 80 aniversario del Día de la Victoria, en recuerdo de la rendición incondicional de la Alemania nazi ante el Ejército Rojo, acontecimiento que puso fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa. El evento, quizá el más importante en el calendario cívico ruso, sirvió a Moscú para demostrar el fracaso del aislamiento que intentó imponerle Occidente a raíz de la invasión a Ucrania: además de contar con la presencia de 27 jefes de Estado, el presidente Vladimir Putin pudo presumir la cada vez mayor cercanía con su homólogo Xi Jinping, con quien ratificó que las relaciones entre Rusia y China se encuentran en el mejor momento de su historia.

El Día de la Victoria es una ocasión inmejorable para desmontar la mitología occidental en torno a la caída del nazismo como una gesta estadunidense, con ingleses, canadienses, australianos, franceses y otros como comparsas. Para decirlo claro: la Wehrmacht ya no era sino un pálido reflejo de su anterior poderío cuando se produjo el desembarco aliado en Normandía del 6 de junio de 1944, que ocho décadas de tergiversación hollywoodense han elevado a la categoría de máximo punto de inflexión en la contienda.

En el momento en que Washington decidió arriesgar las vidas de sus hombres (quienes, vale la pena recordar, se encontraban segregados racialmente de un modo que nada envidiaba al nazismo), las tropas de Hitler estaban conformadas, en gran parte, por niños y ancianos, pues su ejército original se había extinto en el frente oriental. Los números son tan escalofriantes como elocuentes: en la mayor carnicería perpetrada por los seres humanos contra sus semejantes, fallecieron más de 32 millones de soviéticos entre 9 millones 360 mil militares y más de 23 millones de civiles; la inmensa mayoría, bajo el Plan Hambre de Hitler, que buscaba la desaparición de los pueblos eslavos para re-poblar sus inmensos territorios con la raza aria.

Aunque se ha hecho todo por borrarlo, las segundas mayores víctimas de la guerra fueron los chinos abatidos por el indescriptiblemente cruel fascismo japonés: 14 millones de civiles y 2 millones 600 mil militares chinos murieron en el campo de batalla, en campos de exterminio o en los laboratorios donde los más eminentes científicos nipones usaban seres humanos como ratones. En contraste, Reino Unido perdió 60 mil civiles; Francia, 98 mil; Estados Unidos, menos de 6 mil. Por ello, la presencia de Xi al lado de Putin es una reivindicación histórica de dos naciones que lo sacrificaron todo para derrotar al fascismo.

Siguen los números para ilustrar la ferocidad con que se peleó en Leningrado, en Moscú, en Stalingrado, en Kursk y en los otros grandes teatros de esa tragedia. Tres millones de soldados nazis invadieron la Unión Soviética el 22 de junio de 1941. Eran 80 por ciento del ejército alemán y, entre muertos, heridos y capturados, muy pocos completaron el camino de regreso. La Wehrmacht yace en las estepas.

En casi cuatro años, la Unión Soviética no sólo combatió contra los nazis, sino contra sus entusiastas colaboradores polacos, ucranios, húngaros, rumanos, búlgaros y de otras naciones europeas que facilitaron las acciones del ejército alemán y se fueron sumando a él conforme los germanos caían en batalla. El arrebato colaboracionista fue tal que en Polonia los pro nazis siguieron asesinando judíos después del final de la guerra.

El Ejército Rojo fusiló a los antisemitas, y la mitología occidental los disfrazó de luchadores por la libertad contra la tiranía comunista. En la posguerra, Estados Unidos implementó un cordón sanitario para erradicar el comunismo de Europa occidental, pero como los grupos partisanos que resistieron al nazismo eran rojos y los liberales se acomodaron al fascismo o se exiliaron, las flamantes democracias las encabezaron personajes que escondieron a toda prisa sus insignias nazis o que, en el mejor de los casos, vieron los acontecimientos desde la seguridad de Londres o Washington.

Por eso, no sorprende que los herederos de esa Europa cómplice hayan elegido el 9 de mayo para redoblar su embestida antirrusa con la creación de un tribunal especial para juzgar a Moscú y el anuncio de un nuevo despojo de los activos rusos en el exterior, todo ello en nombre de una legalidad internacional y de unos derechos humanos que traen a los líderes occidentales sin el menor cuidado cuando Israel proclama sin tapujos su intención de exterminar al pueblo palestino."                  (Editorial de La Jornada, 10/05/25)

13.5.25

El margen de victoria de las fuerzas estadounidenses y británicas en Normandía fue escaso y habría sido aún menor si los soviéticos no hubieran llevado a cabo las dos ofensivas del Dniéper-Cárpatos (380 000 bajas alemanas), y Bagration (539 480 alemanes muertos)... Estas dos campañas provocaron que los soviéticos perdieran más del doble del número total de bajas sufridas por Estados Unidos durante toda la Segunda Guerra Mundial en ambos teatros de operaciones... los Archivos Militares Centrales de Moscú contienen los nombres de más de 14 millones de soldados del Ejército Rojo que murieron o desaparecieron durante los combates con la Alemania nazi. Millones más resultaron heridos en combate... Entre 15,9 y 17,4 millones de civiles fueron asesinados en territorio soviético por Alemania y sus aliados durante la guerra. Son cifras inconcebibles. Y son cifras que ninguna nación occidental, incluida Estados Unidos, habría podido soportar en condiciones similares y salir victoriosa... Como señaló el presidente estadounidense Franklin Roosevelt en 1942, «las tropas rusas han destruido —y siguen destruyendo— más mano de obra, aviones, tanques y cañones de nuestro enemigo común que todas las demás Naciones Unidas juntas»... Hoy, un presidente estadounidense en ejercicio denigra el sacrificio inimaginable del Ejército Rojo y del pueblo soviético —el pueblo ruso— para derrotar el flagelo de la Alemania nazi. Estados Unidos debería —de hecho, debe— honrar los sacrificios y los logros de sus propios soldados y ciudadanos que contribuyeron a la gran victoria aliada sobre la Alemania nazi. Pero no a costa de la verdad. El Ejército Rojo combatió y destruyó entre el 76 % y el 80 % de la maquinaria militar de la Alemania nazi (Scott Ritter, ex-marine)

 "(...) Los estadounidenses lucharon contra los alemanes y los japoneses al mismo tiempo, lo que requirió una división de recursos y una concentración nacional que nos impidió emplear todo el peso de nuestro poderío nacional contra nuestros enemigos.

Esto requirió un enfoque equilibrado en ambos teatros de conflicto, donde los plazos específicos estaban vinculados a la disponibilidad de mano de obra y recursos.

El margen de victoria fue a menudo más estrecho de lo que hubiera sido deseable. Tomemos, por ejemplo, el desembarco del Día D en Francia el 6 de junio de 1944. Estados Unidos había estado reuniendo cuidadosamente recursos para este evento, incluso mientras luchábamos contra los nazis en el norte de África, Sicilia e Italia.

Pero no había garantía de victoria, como demostró la declaración que preparó el general Dwight Eisenhower en caso de derrota: «Nuestros desembarcos en la zona de Cherburgo-El Havre no han logrado afianzarse satisfactoriamente y he retirado las tropas. Mi decisión de atacar en este momento y lugar se basó en la mejor información disponible. Las tropas, la fuerza aérea y la marina hicieron todo lo que el valor y la devoción al deber podían hacer. Si hay alguna culpa o responsabilidad en el intento, es mía y solo mía».

Prevalecimos en el Día D.

Pero el margen de victoria fue estrecho.

Uno de los factores que desempeñó un papel importante en el éxito de esta victoria fue la «otra guerra», aquella de la que la mayoría de los estadounidenses saben muy poco: la guerra en el frente oriental entre la Unión Soviética y la Alemania nazi.

Quienes conocen la historia de la operación de Normandía quizá estén familiarizados con la «Operación Bagration», la ofensiva soviética contra el Grupo de Ejércitos Centro de la Alemania nazi que se desarrolló entre el 22 de junio y el 19 de agosto de 1944. Esta ofensiva se programó aparentemente para impedir que los alemanes trasladaran tropas del frente oriental a Normandía. Los soviéticos emplearon una fuerza combinada de aproximadamente 1 670 300 efectivos de combate y apoyo contra una fuerza alemana de unos 849 000 soldados.

En comparación, la Operación Overlord, a mediados de julio de 1944, contó con el despliegue de unos 1 452 000 soldados estadounidenses y británicos en Francia, que se enfrentaron a una fuerza de aproximadamente 640 000 alemanes. Cuando concluyó Overlord, el 30 de agosto de 1944, los aliados habían sufrido unas 226 386 bajas en combate, mientras que los alemanes perdieron unas 323 000, incluidos unos 233 000 prisioneros.

Durante la Operación Bagration, que terminó el 30 de agosto de 1944, los soviéticos sufrieron unas 670 000 bajas en combate, mientras que infligieron pérdidas de 539 480 alemanes muertos, desaparecidos o capturados. En resumen, en solo cinco semanas, los soviéticos habían destruido 22 divisiones alemanas. Para estabilizar el frente, Alemania tuvo que trasladar 46 divisiones al frente oriental, incluidas varias divisiones que se suponía que iban a enfrentarse a las fuerzas estadounidenses y británicas en Francia.

Pero la verdadera historia del papel fundamental que desempeñaron los soviéticos para garantizar la victoria estadounidense y británica sobre los alemanes en Normandía fue la ofensiva del Dniéper-Cárpatos, que tuvo lugar entre diciembre de 1943 y mayo de 1944. En ella, los soviéticos perdieron unos 270 000 muertos y otros 840 000 heridos, más pérdidas que las sufridas por todo el ejército estadounidense en su lucha contra los alemanes y los japoneses, mientras que infligieron 380 000 bajas a los alemanes.

Pero esto no es todo.

Debido a la ofensiva del Dniéper-Cárpatos, en vísperas de la invasión de Normandía, Alemania retiró de Francia unos 46 000 soldados y casi 400 tanques y cañones de asalto organizados en algunas de las formaciones de combate más elitistas del ejército alemán, para reforzar las posiciones alemanas desplegadas contra los soviéticos.

Se trataba de tropas que, de otro modo, habrían sido desplegadas para contrarrestar el desembarco del Día D en Normandía, lo que habría aumentado las posibilidades de que Eisenhower tuviera que leer su declaración de derrota.

El margen de victoria fue escaso.

Pero la contribución soviética a la victoria aliada en Normandía no se detiene aquí. Las reservas móviles alemanas que se suponía que debían responder a cualquier invasión aliada consistían en seis divisiones y varias unidades independientes del tamaño de brigadas que fueron trasladadas de Rusia a Francia para reacondicionarse, lo que garantizaba que, cuando Alemania respondiera a la invasión anglo-estadounidense de Normandía, lo haría con divisiones que habían sido recientemente destrozadas por los soviéticos en el frente oriental.

El margen de victoria de las fuerzas estadounidenses y británicas en Normandía fue escaso y habría sido aún menor si los soviéticos no hubieran llevado a cabo las dos ofensivas del Dniéper-Cárpatos y Bagration. Estas dos campañas provocaron que los soviéticos perdieran más del doble del número total de bajas sufridas por Estados Unidos durante toda la Segunda Guerra Mundial en ambos teatros de operaciones.

Los estadounidenses harían bien en recordar las palabras del primer ministro británico Winston Churchill, quien señaló en una carta al líder soviético Joseph Stalin que «fue el ejército ruso el que destrozó la maquinaria militar alemana».

Y esto tuvo un coste inimaginable.

Unos 34 millones de hombres soviéticos sirvieron en el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien la cifra oficial de muertos del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial es de unos 8 600 000, los Archivos Militares Centrales de Moscú contienen los nombres de más de 14 millones de soldados del Ejército Rojo que murieron o desaparecieron durante los combates con la Alemania nazi. Millones más resultaron heridos en combate.

Pero esto es solo una parte de la historia.

La lucha contra la Alemania nazi tuvo lugar en suelo soviético, la tierra oscura de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y el Cáucaso. Entre 15,9 y 17,4 millones de civiles fueron asesinados en territorio soviético por Alemania y sus aliados durante la guerra.

Son cifras inconcebibles.

Y son cifras que ninguna nación occidental, incluida Estados Unidos, habría podido soportar en condiciones similares y salir victoriosa.

Tanto los estadounidenses como los rusos hablan de la importancia de la ayuda militar estadounidense —el «préstamo y arriendo»— para ayudar a mantener al Ejército Rojo durante los años críticos de 1942-1943.

Pero el «préstamo y arriendo» no ganó la guerra.

Lo hicieron la sangre y el sacrificio del Ejército Rojo.

Como señaló el presidente estadounidense Franklin Roosevelt en 1942, «las tropas rusas han destruido —y siguen destruyendo— más mano de obra, aviones, tanques y cañones de nuestro enemigo común que todas las demás Naciones Unidas juntas».

Fue el «hábil liderazgo, la sólida organización, el entrenamiento adecuado y, sobre todo, la determinación de derrotar al enemigo, sin importar los sacrificios propios» del Ejército Rojo lo que, según señaló Roosevelt en una carta dirigida a Joseph Stalin en 1943, «sin duda obligó a las fuerzas armadas de Hitler a seguir el camino hacia la derrota final y se ganó la admiración del pueblo de los Estados Unidos durante mucho tiempo».

Mucho tiempo.

Pero no para siempre.

Hoy, un presidente estadounidense en ejercicio denigra el sacrificio inimaginable del Ejército Rojo y del pueblo soviético —el pueblo ruso— para derrotar el flagelo de la Alemania nazi.

Estados Unidos debería —de hecho, debe— honrar los sacrificios y los logros de sus propios soldados y ciudadanos que contribuyeron a la gran victoria aliada sobre la Alemania nazi.

Pero no a costa de la verdad.

El Ejército Rojo combatió y destruyó entre el 76 % y el 80 % de la maquinaria militar de la Alemania nazi.

He leído y releído la increíble trilogía de Rick Atkinson sobre la historia del Ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial.

Y me sorprende lo estrecho que fue el margen de victoria en muchas de las batallas libradas entre las fuerzas estadounidenses y su enemigo nazi.

Un batallón alemán más aquí, unos cientos de tanques alemanes allí, y la batalla podría haber tenido un desenlace diferente.

Pero los alemanes no tenían los recursos, porque casi nueve millones de sus soldados lucharon y murieron en el frente oriental, nueve millones de soldados que, de otro modo, habrían podido inclinar la balanza del destino a favor de los ejércitos nazis que luchaban en el oeste.

El margen de la victoria estadounidense fue escaso.

Y sin los sacrificios del Ejército Rojo y los ciudadanos soviéticos, no habría habido margen de victoria.

Para el pueblo ruso, el 9 de mayo, Día de la Victoria, es una ocasión solemne y espiritual, en la que los ojos de los más de 27 millones de antepasados que perecieron en la horrible lucha contra la Alemania nazi miran a los ciudadanos de hoy, recordándoles los sacrificios que hicieron y desafiándoles a no deshonrar nunca su memoria.

El desfile militar es un momento de supremo orgullo nacional.

No se trata, como afirman algunos en Occidente, de una declaración de chovinismo militar ruso moderno.

Al contrario, el pueblo ruso ve ante sí a los descendientes de las tropas rusas que desfilaban por la Plaza Roja en diciembre de 1941, marchando directamente desde la ceremonia hacia el frente, a pocos kilómetros de distancia, donde derramaron su sangre para detener al ejército alemán que llamaba a las puertas de la capital soviética.

Ven en los soldados de hoy el orgullo del Ejército Rojo cuando volvió a desfilar al final de la guerra contra la Alemania nazi, arrojando las banderas de su enemigo derrotado.

Miran a los jóvenes que marchan hoy con orgullo y ven en ellos el mismo espíritu indomable de sus antepasados, que lo dieron todo para que el pueblo ruso de hoy pueda vivir en paz en la tierra de la Madre Rusia.

El Día de la Victoria no es un truco nacional ni un placer narcisista para un líder ruso.

Es una expresión del alma misma de una nación y su pueblo.

Un recordatorio de que el margen de victoria en la Segunda Guerra Mundial se mide en el sacrificio del Ejército Rojo y la nación soviética.

Donald Trump parece haber olvidado esta verdad.

Es responsabilidad de los ciudadanos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Francia y las demás naciones que, junto con la Unión Soviética, formaron la gran alianza que derrotó a la Alemania nazi.

El pueblo ruso nunca ha olvidado ni abandonado a estos aliados. De hecho, el Ejército ruso también marcha en su honor.

Nunca debemos olvidar el heroísmo y el sacrificio de los soldados estadounidenses que derrotaron a la Alemania nazi.

Pero el margen de nuestra victoria fue escaso.

Y solo se logró gracias al sacrificio de millones de soldados y civiles soviéticos.

Es nuestro deber honrarlos como honramos a los nuestros."

( Scott Ritter , blog, 09/05/25, traducción DEEPL)

10.5.25

Varoufakis: Algunas reflexiones sobre el 80º aniversario de la victoria sobre el fascismo... No fue una mera victoria militar; fue el triunfo de la solidaridad sobre el fascismo, del internacionalismo sobre la tiranía racial, del humanismo sobre la matanza industrial... esa magnífica victoria, que hoy tenemos motivos para recordar y celebrar, demostró que no existe la victoria final contra el fascismo, contra la misantropía, en un mundo construido sobre la explotación sistemática de las personas y de la naturaleza, un mundo que aún no está maduro para la Paz con Justicia... No pasó mucho tiempo después de aquella magnífica victoria contra el fascismo para que los vencedores cooptaran a los fascistas derrotados para aplastar a los luchadores por la libertad que habían luchado contra el fascismo. En Grecia, en Vietnam, en Indonesia, en Sudáfrica, en todo Occidente, los vencedores emplearon a fascistas para mantener el orden colonial de preguerra, los regímenes seudoliberales de preguerra cuya bancarrota económica y ética había engendrado el fascismo... Hoy, el fantasma del fascismo vuelve a resurgir... En la Unión Europea el fascismo ha vuelto, no en forma de botas militares y sieg heils, sino en los demagogos xenófobos de nuestros parlamentos, en las fronteras militarizadas de la Fortaleza Europa, en la locura del rearme de Europa, en el enfermizo apoyo de Europa al genocidio de los palestinos por parte del último Estado del Apartheid... La derrota del nazismo fue el resultado de los sacrificios de millones de héroes anónimos, partisanos, mujeres y hombres de la resistencia, soldados rasos, mujeres y hombres trabajadores que murieron de hambre y sangraron para doblegar al fascismo. Ese es el legado que debemos recuperar, la solidaridad radical e internacionalista que una vez unió al mundo contra la tiranía... el fascismo no sólo fue derrotado en 1945, sino que fue superado en organización, movilización y sueños. Y si hoy queremos derrotar a sus herederos, debemos hacer lo mismo. ¡No pasarán!

 "Hoy hace ochenta años, la monstruosa maquinaria del Tercer Reich fue finalmente reducida a polvo. La esvástica fue arrancada del Reichstag, los campos de exterminio liberados y Europa, ensangrentada y traumatizada, pero incólume, emergió de la noche más oscura de la historia.

No fue una mera victoria militar; fue el triunfo de la solidaridad sobre el fascismo, del internacionalismo sobre la tiranía racial, del humanismo sobre la matanza industrial.

Y, sin embargo, esa magnífica victoria, que hoy tenemos motivos para recordar y celebrar, demostró que no existe la victoria final contra el fascismo, contra la misantropía, en un mundo construido sobre la explotación sistemática de las personas y de la naturaleza, un mundo que aún no está maduro para la Paz con Justicia.

No pasó mucho tiempo después de aquella magnífica victoria contra el fascismo para que los vencedores cooptaran a los fascistas derrotados para aplastar a los luchadores por la libertad que habían luchado contra el fascismo. En Grecia, en Vietnam, en Indonesia, en Sudáfrica, en todo Occidente, los vencedores emplearon a fascistas para mantener el orden colonial de preguerra, los regímenes seudoliberales de preguerra cuya bancarrota económica y ética había engendrado el fascismo.

 Hoy, el fantasma del fascismo vuelve a resurgir. En Ucrania, en los mismos campos de batalla donde fue aplastado, el nazismo sigue vivo, armado hasta los dientes, golpeando tanto desde dentro del Batallón Azov como desde el Grupo Wagner. En la Unión Europea el fascismo ha vuelto, no en forma de botas militares y sieg heils, sino en los demagogos xenófobos de nuestros parlamentos, en las fronteras militarizadas de la Fortaleza Europa, en la locura del rearme de Europa, en el enfermizo apoyo de Europa al genocidio de los palestinos por parte del último Estado del Apartheid.

La derrota del nazismo no fue obra únicamente de generales o políticos. Fue el resultado de los sacrificios de millones de héroes anónimos: partisanos, mujeres y hombres de la resistencia, soldados rasos, mujeres y hombres trabajadores que murieron de hambre y sangraron para doblegar al fascismo. Ese es el legado que debemos recuperar. No el nacionalismo hueco del ondear de banderas, de los desfiles militares, sino la solidaridad radical e internacionalista que una vez unió al mundo contra la tiranía.

Ochenta años después, la lucha no ha terminado. No olvidemos que el fascismo no sólo fue derrotado en 1945, sino que fue superado en organización, movilización y sueños. Y si hoy queremos derrotar a sus herederos, debemos hacer lo mismo.

No pasarán, ¡nunca más!" 

 ( , blog, 08/05/25, traducción DEEPL)

15.1.25

No voy a poner un mínimo reparo a utilizar los 50 años de la muerte de Franco para que se haga pedagogía... habría que comenzar a ser valiente con la restitución patrimonial copiando la acción social del Bundestag que culminó en el año 2007 con la Fundación Memoria, Responsabilidad y Futuro a la que se adscribieron las empresas que se lucraron con el nazismo indemnizando a sus víctimas. Son muchas las empresas españolas con presencia en el IBEX que tienen mucho de su patrimonio forjado en el franquismo con el expolio y el trabajo esclavo y que tendrían que seguir el camino de Siemens o Basf. La actuación en materia legislativa es imperativa para que los actos no sean fuegos de artificio y consoliden el mensaje... existe un peligro de contrarreacción que conviene tener en cuenta para hacer las cosas bien... La profundidad de los actos y las medidas de este aniversario deberían engarzar con 2026 y 2027 para hacer lo mismo con la efeméride de la Guerra Civil y hacer pedagogía sobre ello y culminar de manera rotunda con el homenaje que se merecen las y los representantes de la Generación del 27 como epítome de la cultura de nuestro país que además fue abortada por la dictadura (Antonio Maestre)

 "No voy a poner un mínimo reparo a utilizar los 50 años de la muerte de Franco para que se haga pedagogía y se honre la memoria con argumentos tan peregrinos como que con su muerte ni se acabó la dictadura ni comenzó la democracia porque no gasto tiempo en rebatir perogrulladas. Pero existe un peligro de contrarreacción que conviene tener en cuenta para hacer las cosas bien y que no sea contraproducente dedicar un año entero a poner en primera línea la figura de Franco y el franquismo sin ser ambicioso y no hacer prisioneros con los actos, las medidas y la legislación al respecto. La polarización no aparece en quien honra la memoria de los represaliados, sino en quien se niega a hacerlo.

Basta preguntar a los docentes de secundaria para sentirse aterrorizado con la reacción fascista entre los jóvenes, sobre todo varones, y la banalización que se hace sobre el dictador y la represión durante la dictadura para entender que usar la efeméride como un simple ejercicio efectista que se traslade de manera superficial sobre la opinión pública puede provocar un efecto boomerang que usarán los ultras más entrenados y habituados para movilizar sus huestes digitales en las redes más manejadas por los más jóvenes. La fachosfera digital está copada por el movimiento reaccionario que ha funcionado como contrarreacción a los avances sociales en materia de feminismo como catalizador y que ahora ha usado el fascismo como método identitario entre los varones adolescentes. Conviene tener en cuenta las fuerzas del adversario antes de comenzar cualquier batalla.(...)

 La profundidad de los actos y las medidas de este aniversario deberían engarzar con 2026 y 2027 para hacer lo mismo con la efeméride de la Guerra Civil y hacer pedagogía sobre ello y culminar de manera rotunda con el homenaje que se merecen las y los representantes de la Generación del 27 como epítome de la cultura de nuestro país que además fue abortada por la dictadura. La ambición de las medidas propuestas marcará la distancia entre el éxito y el fracaso de los actos de conmemoración de este año y, ya que el monarca huye de España para cumplir el trámite honrando a las víctimas del nazismo, cojamos lo mejor de la reparación que el país alemán hizo.

Soy consciente de las limitaciones que tiene el gobierno y las diferencias con lo que propondría alguien como yo, e igual que Alemania celebró el atentado que intentó acabar con Adolf Hitler no voy a pedirle al Gobierno que lo emule con lo que ocurrió con Carrero Blanco. No estamos en esa fase todavía. 

Pero sí habría que comenzar a ser valiente con la restitución patrimonial copiando la acción social del Bundestag que culminó en el año 2007 con la Fundación Memoria, Responsabilidad y Futuro a la que se adscribieron las empresas que se lucraron con el nazismo indemnizando a sus víctimas. Son muchas las empresas españolas con presencia en el IBEX que tienen mucho de su patrimonio forjado en el franquismo con el expolio y el trabajo esclavo y que tendrían que seguir el camino de Siemens o Basf. La actuación en materia legislativa es imperativa para que los actos no sean fuegos de artificio y consoliden el mensaje. 

Fin a la ley de secretos oficiales y una legislación valiente en materia de restitución patrimonial. Que tiemblen las familias del régimen. Para terminar, un gobierno con coraje invitaría de forma pública a Felipe VI a acudir a una exhumación de víctimas del franquismo. Si no quiere estar a pie de fosa que lo exponga públicamente y así todos tomemos nota."               (Antonio Maestre, blog, 05/01/25)

17.4.24

Esperanza Aguirre blanquea el franquismo, Bildu blanquea a ETA... El revisionismo de nuevo cuño solo tiene un objetivo: enterrar la memoria histórica... Bildu, con maquiavélica habilidad, todo hay que decirlo, ha conseguido colocar su versión de la historia, una especie de revisionismo histórico abertzale concebido para mitigar o atenuar el remordimiento colectivo, el sentimiento de culpabilidad tribal, la magnitud de las atrocidades que en nombre de la patria y la independencia se cometieron... la misma infame maniobra de Espe Aguirre para justificar el fascismo (José Antequera)

 "Todas las encuestas dan ganador a EH Bildu en las elecciones vascas. Y el previsible vuelco supone un acontecimiento histórico que merece un análisis político y sociológico. Es evidente que todos estos años desde que ETA fue derrotada han servido para transformar a la sociedad vasca, tanto que Bildu ya no se ve como un agente siniestro al servicio de la violencia política, sino como un partido más. Y esto es así porque las nuevas generaciones ya no tienen conciencia de lo que fueron los años del plomo. Es cierto que han oído hablar a sus padres y hermanos de lo que fue aquello, del tiro en la nuca, del zulo y la kale borroka. Pero los relatos les quedan muy lejos en el tiempo, los escuchan sin demasiada implicación emocional, casi como una tediosa clase de bachillerato impartida por un aburrido profesor. La sangre y la pólvora solo ejercen su poder terrorífico cuando se huelen de cerca. La violencia no se define, se sufre, se siente.

Bildu, con maquiavélica habilidad, todo hay que decirlo, ha conseguido colocar su versión de la historia, una especie de revisionismo histórico abertzale concebido para mitigar o atenuar el remordimiento colectivo, el sentimiento de culpabilidad tribal, la magnitud de las atrocidades que en nombre de la patria y la independencia se cometieron en aquellos años negros de la historia, años en los que este país se desayunaba, día sí, día también, con la imagen de una sábana blanca cubriendo el cuerpo de un policía, un concejal o un trabajador cualquiera ejecutado en plena calle por maqueto, txakurra, demócrata o enemigo españolista. Ese relato, repetido una y otra vez hasta la saciedad, ha sido como un masivo lavado de cerebro eficaz, limpio, aséptico.

 Hace un par de días, en un coloquio pseudohistórico, Esperanza Aguirre se abrazaba a las teorías franquistas más descabelladas al culpar al PSOE del estallido de la Guerra Civil Española, situando el golpe de Estado no en 1936 (fecha del alzamiento militar del general Franco), sino en el 34, con la revolución obrera de Asturias. Semejante patraña o burdo revisionismo, que no es avalado por ningún hispanista serio del mundo, sino que es consecuencia de la diarrea mental o el exceso de anís de algún que otro charlatán de la escuela de la historia falangista, no se diferencia demasiado de lo que hacen los dirigentes de Bildu a la hora de blanquear a ETA. Ya se sabe que los totalitarismos se tocan y emplean técnicas de propaganda muy similares. Y ambos están obsesionados con enterrar la memoria para tapar sus crímenes.

 Así, esta misma semana hemos tenido la desgracia de comprobar, con tristeza y estupor, una muestra de esa estrategia política de manipulación completada con éxito por la izquierda abertzale tras largos años de falseamiento de los hechos del pasado. El candidato a lehendakari de EH Bildu, Pello Otxandiano, comparecía ante los micrófonos de la Cadena Ser, donde el periodista Aimar Bretos le preguntaba si “ETA fue un grupo terrorista”, en realidad una obviedad como otra cualquiera, algo tan de Perogrullo que en un mundo normal no debería ser preguntado. El problema es que ya no estamos en el mundo de ayer, como diría el gran Stefan Zweig, sino en la era de la posverdad, donde cada cual amolda la historia y la reinterpreta según sus fobias, sus filias y sus intereses particulares.

Otxandiano tuvo ante sí una magnífica oportunidad para posicionarse como un auténtico demócrata defensor de los derechos humanos, como un tipo decente que siente náuseas ante tanto asesinato y tanta mutilación, como un político del siglo XXI y no como uno de aquellos fanáticos anarquistas de comienzos del veinte que justificaban la monstruosidad del terrorismo con fines políticos (y que tan bien describió Joseph Conrad en su novela El agente secreto). Era el momento ideal para colocar al partido bajo sospecha en el marco ético de la democracia, pero lamentablemente el dirigente y candidato decidió responder con circunloquios, trucos retóricos y evasivas. “ETA fue un grupo armado que puede tener diversas consideraciones. Hay diferentes puntos de vista de lo que han supuesto los GAL o la violencia del Estado”, aseguró en una sentencia que le acompañará siempre.

 Sin duda, estamos ante la misma infame maniobra de Espe Aguirre para justificar el fascismo, la misma neolengua que empleaba Herri Batasuna cada vez que sus matones liquidaban a una persona inocente a sangre fría. ¿Pero qué “consideraciones” ni qué niño muerto cabe hacer aquí, habría que preguntarle al señor Pello? ¿Qué se puede decir del millar de muertos y de los miles de heridos y mutilados que quedaron de todo aquel absurdo, de todo aquel intento de limpieza étnica programado a lo largo de los años, de todo aquel “error y horror”, como muy bien ha dicho Imanol Pradales, el líder del PNV? Se empieza negando la historia y se acaba lanzando gas pimienta en los ojos del adversario político, como hizo ayer un fanático con el propio candidato peneuvista.

Otxandiano no tiene el valor de condenar el terrorismo porque piensa que es malo para el negocio electoral, o porque no se lo pide el cuerpo (esto sería más preocupante), o quizá porque aún le tiemblan las piernas cuando suena el teléfono, no vaya a ser que sea Pakito, Josu Ternera o Txapote dando las consignas pertinentes. Sea como fuere, y se mire como se mire, un lehendakari incapaz de condenar el terrorismo es una vergüenza para un país y un drama para una sociedad que ha dado pasos de gigante hacia la convivencia en paz. ¿Qué pensaríamos, por ejemplo, de un dirigente político que no condenara el genocidio israelí en Palestina? Un demócrata siempre está contra la violencia, venga del lado que venga.

En todos estos años, el partido que durante décadas fue el brazo armado de ETA se ha integrado en el marco institucional. Ha votado a favor del escudo social, de la reforma laboral, de la subida del salario mínimo interprofesional, del decreto anticrisis, de medidas por la sanidad pública y la vivienda, de la eutanasia. Es un partido impecable desde el punto de vista de la ideología de la izquierda, eso no se puede negar, pero sigue siendo un asco, se mire por donde se mire, desde la perspectiva de los derechos humanos, de la democracia y la decencia ética y moral. Eso lo sabe Pedro Sánchez, que cuando tiene que tratar con toda esta gente que no termina de quitarse la capucha de la cabeza siempre lo hace con una pinza en la nariz."              (José Antequera, Diario16, 17/04/24)

8.5.23

¿Estaría la derecha a favor de aplicar a ETA el mismo tipo de olvido que al franquismo? Imaginemos que un político de la derecha dice que va siendo hora de olvidarse de las víctimas de ETA para no dividir a los vascos, que eso ocurrió hace tiempo y que conviene centrar la atención en el futuro, o que es mucho menos importante que las hipotecas o la cesta de la compra. Poco probable... Lo que sí es perfectamente posible es que un portavoz del PP diga esto: “Movieron a Franco, hoy mueven a Primo de Rivera, pero lo que se mueven son las hipotecas, los precios de la vivienda, de los alimentos”. Es posible porque es lo que dijo Borja Sémper... La derecha ha mostrado una alergia especial por la memoria histórica, aunque en realidad hay que precisar que su oposición es a la memoria que recuerda el franquismo y la guerra civil... Imagina hablar con el descendiente de un judío europeo para decirle que no merece la pena seguir recordando el Holocausto

 "Imaginemos que un político de la derecha dice que va siendo hora de olvidarse de las víctimas de ETA para no dividir a los vascos, que eso ocurrió hace tiempo y que conviene centrar la atención en el futuro, o que es mucho menos importante que las hipotecas o la cesta de la compra. Poco probable, ¿no? Sería más fácil descubrir un cerdo volando.

Lo que sí es perfectamente posible es que un portavoz del PP diga esto: “Movieron a Franco, hoy mueven a Primo de Rivera, pero lo que se mueven son las hipotecas, los precios de la vivienda, de los alimentos”. Es posible porque es lo que dijo Borja Sémper cuando le preguntaron el lunes en una rueda de prensa por la salida de los restos de José Antonio Primo de Rivera de la basílica del Valle de los Caídos (hoy de Cuelgamuros).

La derecha ha mostrado una alergia especial por la memoria histórica, aunque en realidad hay que precisar que su oposición es a la memoria que recuerda el franquismo y la guerra civil. La posición de Sémper es la habitual cuando alguien no quiere que le relacionen con la dictadura de Franco ni en este caso con el fundador de la Falange. Hay cosas más importantes de las que ocuparse, dicen como cuando Sémper denuncia una “maniobra de distracción”, para resaltar que hablar de ello es una forma de confundir las prioridades. También es verdad que no quieren ofender a algunos de sus votantes.

Una versión extrema de ese desinterés fingido la ofreció Alberto Núñez Feijóo hace unos meses. “Hace ochenta años, nuestros abuelos y bisabuelos se pelearon y no tiene sentido vivir de los réditos de lo que hicieron”, dijo el líder del PP.

Imagina hablar con el descendiente de un judío europeo para decirle que no merece la pena seguir recordando el Holocausto. O intenta convencer a un polaco de que es una pérdida de tiempo conmemorar la tragedia que supuso la matanza de las fosas de Katyn. Lo cierto es que durante décadas Alemania vivió un periodo de amnesia histórica después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Finalmente, fue decisivo que las nuevas generaciones de alemanes exigieran a partir de los años setenta que el nazismo no quedara enterrado en los libros de historia. Había que recordar para que un espanto así no volviera a ocurrir.

No todas las tragedias son como el Holocausto. La historia de cada país es diferente. No es totalmente extraño, aunque no sea nada valiente, que una sociedad prefiera narcotizarse e intente olvidar el pasado durante un tiempo. Más tarde o más temprano, tendrá que afrontar esa tarea. La historia nunca desaparece por completo ni es tolerable que las víctimas de una dictadura tengan que soportar la pervivencia del homenaje público a los responsables de la muerte de sus seres queridos.

La exhumación del cadáver del fundador del principal partido fascista que ha existido en España no ha tenido el mismo impacto público que tuvo la de Franco en 2019. Los familiares de Primo de Rivera dejaron claro hace tiempo al Gobierno que no pondrían obstáculos legales a la medida y que además la deseaban, ya que el recinto de Cuelgamuros había dejado de tener el carácter de cementerio católico. 

 La presencia del ataúd con sus restos junto al altar de la basílica, al igual que antes el de Franco, suponía un homenaje público que la actual ley de memoria democrática no permitía. Su presencia en Cuelgamuros era una continuación del reconocimiento político que le concedió la dictadura cuando organizó su traslado desde El Escorial hasta allí en 1959.

Quienes siguen esperando son los familiares de los 118 presos más los republicanos ejecutados en otras zonas de España que fueron enterrados en el Valle de los Caídos y que aguardan desde hace años para sacar de allí los restos de sus parientes y que tengan finalmente los mismos derechos que la familia de Primo de Rivera. Algunos de ellos cuentan con el preceptivo permiso judicial y no les ha servido de mucho. Cuesta creer que el Gobierno carezca de los instrumentos legales para acelerar un proceso que parece no avanzar nunca.

El tiempo es inexorable. Un estudio de GAD3 de 2020 afirmaba que el 60% de los jóvenes españoles no sabía identificar a Miguel Ángel Blanco. Un porcentaje aun mayor decía lo mismo sobre el espíritu de Ermua o el caso Lasa-Zabala. No tienen que pasar décadas para que una parte creciente de la sociedad olvide hechos históricos del pasado por muy relevantes que sean. Lo que no vives en el presente, aunque sea de forma indirecta a través de los medios de comunicación, termina desvaneciéndose. Eso sin contar con que sobre algunos temas mucha gente prefiere no recordarlos.

El alcalde de Madrid dijo el lunes que la noticia de la exhumación de Primo de Rivera sólo puede interesar a “aquellos que entienden la política desde remover las heridas del pasado y no desde tratar de levantar un futuro en el que quepan todos”. 

Nunca diría nada parecido sobre los crímenes de ETA y los que intentan que no se olviden. Desgraciadamente para los intereses políticos de Martínez Almeida, no existe la memoria histórica a la carta."                  (Iñigo Sáenz de Ugarte , eldiario.es, 24/04/23)

23.10.20

Mi pobre Abascal, la inmensa mayoría de las víctimas de ETA murieron defendiendo la democracia... Largo Caballero fue internado en un campo nazi por defender la democracia... como los 130.000 fusilados por los franquistas... Josu Ternera y Franco no se cansaron de matar demócratas... los requetés, los padres de los etarras, le dieron la victoria a los fascistas... Josu Ternera y Franco son primos hermanos ideológicos... ambos descendientes de la carlistada, el verdadero fascismo español

 Hoy, los trabajadores esenciales mantienen en pie la democracia... arriesgando la vida... como los republicanos...

Hoy, Abascal, Ayuso, Casado, Torra, Urkullu y toda la pléyade de caciques autonómicos que juegan a ver quién la tiene más larga en plena pandemia, son los que desprecian la vida de la gente... como Franco o Josu Ternera, hermanos en el asesinato.

"Vox, tras las pintadas en una escultura de Largo Caballero: "Derogad la Memoria Histórica. Primer aviso"    (RTVE, 10/10/20)


21.9.09

El berlusconismo

"P. ¿Cómo empezó a cocerse el berlusconismo?

R. Cuando nadie se lo podía esperar, del proceso Manos Limpias surgió un político que encarnaba justamente la corrupción que se quería combatir. Ahí se vio la capacidad genial de Berlusconi para presentarse como lo contrario de lo que es. Ahorase muestra como es de verdad: insulta a los periodistas, a los adversarios, les llama farabutti (canallas), coglioni (capullos, gilipollas)... ¿Dónde se ha visto un primer ministro que insulte? (...)

P. ¿Cree que al no haber habido guerra civil subsiste un conflicto larvado, no resuelto?

R. El Movimiento Social Italiano se creó seis meses después de acabar la II Guerra Mundial. 18 meses más tarde, ya tenían diputados en el Parlamento. En el 45 llegué a Roma y había pintadas que decían: "Devolvednos al cabezón". ¡Querían a Mussolini otra vez! Recuerdo un artículo fabuloso de Herbert Matthews, periodista de The New York Times. Decía: "No habéis matado al fascismo realmente, y es una enfermedad que sufriréis durante décadas, reaparecerá en formas que no reconoceréis". Aquí estamos, preguntándonos si Berlusconi es fascista o no.

P. Pasolini también profetizó algo así.

R. Pasolini era discutible al opinar de sí mismo; pero su percepción sobre los otros era absolutamente aguda. Él y Sciascia son las dos grandes conciencias civiles que nos faltan. Siento una necesidad monstruosa de ellos." (ANDREA CAMILLERI: "No será la Iglesia la que acabe con Berlusconi". El País, ed. Galicia, Intrnacional,18/09/2009, p. 5)