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17.6.26

El acuerdo alcanzado entre Irán y Estados Unidos es el resultado de la necesidad que tenían de él ambas partes: Trump, por razones de política interna, y los dirigentes iraníes, por el deterioro económico de su país. Pero es enormemente frágil... El documento se firmará el viernes, y entrará en vigor ese día, si Trump logra sujetar hasta entonces a Netanyahu, que ha hecho, está haciendo y hará todo lo posible por boicotear un acuerdo que le deja aislado... Por el momento, el único resultado tangible del MOU será la reapertura del estrecho de Ormuz... este conflicto ha permitido a Irán demostrar su capacidad de cerrar a voluntad, y sin que nadie pueda impedirlo, uno de los puntos de estrangulamiento más importantes del planeta... aparentemente EEUU ya ha renunciado a dos de sus exigencias: la limitación del programa de misiles iraníes y el cese del apoyo de Teherán a Hamas, los hutíes, y Hezbolá. Pero lo cierto es que Irán mantiene sin fisuras su apoyo a Hezbolá, hasta el punto de condicionar cualquier acuerdo definitivo de paz al cese de las acciones militares de Israel en Líbano. Así, los dos asuntos importantes que quedan por resolver son el levantamiento de las sanciones a Irán y el desbloqueo de sus fondos depositados en el extranjero, y el futuro del programa nuclear iraní... los negociadores iraníes han declarado que el levantamiento de las sanciones al petróleo iraní será inmediato... Trump se agarra a un clavo ardiendo, el único que tiene, afirmando que Irán no tendrá nunca un arma nuclear, cuando Jamenei había emitido una fatwa prohibiendo el desarrollo de armas nucleares... se abre una ventana de oportunidad para la paz, a despecho de Netanyahu, que tal vez tenga éxito y que en todo caso es mejor que los bombardeos... Lo que es incontrovertible es que esta guerra, además de ilegal y criminal, era innecesaria e inútil, solo un enorme gasto que pagaremos de uno u otro modo los de siempre. Para conseguir nada. Como siempre, millones sufren por la megalomanía, la estupidez o los intereses espurios de algunos. Como siempre, se impone la fuerza sobre la razón, ante la indiferencia de muchos y la pasividad de casi todos los que podrían hacer algo para evitarlo (José Enrique de Ayala, general retirado)

"El acuerdo alcanzado hasta ahora es el resultado de la necesidad que tenían de él ambas partes: Trump, por razones de política interna, y los dirigentes iraníes, por el deterioro económico de su país. Pero es enormemente frágil y puede romperse incluso antes del viernes, o cuando se intente poner en marcha la negociación propiamente dicha

Después de tres meses y medio del comienzo de la guerra innecesaria, ilegal, y criminal que el presidente de EEUU, Donald Trump, lanzó contra Irán, junto con su amigo y aliado, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu; tras casi 40 anuncios de que el conflicto había terminado y la paz era cuestión de horas, o como mucho de días, porque Irán había perdido y aceptaba todas sus demandas; después de 67 días de un teórico alto el fuego lleno de incidentes armados, durante el cual la República Islámica ha continuado bloqueando el estrecho de Ormuz sin ceder a ninguna exigencia; por fin, en la noche del domingo día 14, se ha logrado consensuar un acuerdo de principio entre Washington y Teherán en forma de Memorando de Entendimiento (MOU) que deberá dar paso a una negociación en los siguientes 60 días para lograr un acuerdo de paz definitivo. El documento se firmará el viernes 19 en Suiza, y entrará en vigor ese día, si Trump logra sujetar hasta entonces a Netanyahu, que ha hecho, está haciendo y hará todo lo posible por boicotear un acuerdo que le deja aislado y sin conseguir ninguno de sus objetivos.

Por el momento, el único resultado tangible del MOU será la reapertura del estrecho de Ormuz, que ya estaba abierto sin ningún problema antes de la guerra. Con una diferencia: que este conflicto ha permitido a Irán demostrar su capacidad de cerrar a voluntad, y sin que nadie pueda impedirlo, uno de los puntos de estrangulamiento más importantes del planeta, causando una grave crisis económica global de la que solo hemos visto el principio. Porque después de que el Estrecho de Ormuz se abra, cuando pasen las semanas o meses necesarios para normalizar el tráfico, incluso una vez que los países del Golfo hayan reparado y recuperado sus infraestructuras dañadas o destruidas por la guerra, las consecuencias se seguirán sufriendo durante meses o años, tanto en los precios de los combustibles -y por tanto en la inflación- como en el de los fertilizantes nitrogenados, con la consiguiente reducción y encarecimiento de la producción agrícola mundial, que provocarán probables hambrunas. Pero, además, Irán pretende ahora -veremos si lo consigue en la negociación que seguirá- tener un cierto control sobre Ormuz que no tenía antes de la guerra, quizá no mediante el pago de peajes puesto que se trata de una vía internacional de acuerdo con el derecho del mar, sino mediante algún tipo de prestación obligatoria de servicios o suministros a los buques que lo transiten, que le produzcan ciertos beneficios económicos. De cualquier forma, Irán sale de esta guerra reforzado, con un poder -al menos potencial- que no tenía antes de ser atacado.

Si finalmente se consigue una reapertura total y sin incidentes de Ormuz, lo que todavía está por ver, en los 60 días siguientes se deberían resolver los temas más importantes, que aún están abiertos, para llegar a un acuerdo definitivo de paz que según Trump debería ser mejor que el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA). Un plan promovido por el presidente Obama y firmado en 2015 por los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, más Alemania y la Unión Europea, que Trump abandonó en 2018, durante su primer mandato, por presiones de Netanyahu -que era primer ministro de Israel por cuarta vez-, sin que hubiera ningún incumplimiento por parte de Irán.

El acuerdo definitivo no parece nada fácil, incluso si aparentemente EEUU ya ha renunciado a dos de las exigencias con las que pretendía mejorar el de 2015: la limitación del programa de misiles iraníes y el cese del apoyo de Teherán a las milicias afines enemigas de Israel, incluyendo a Hamas en Gaza, los hutíes en Yemen, grupos chiíes en Irak y Siria, y Hezbolá en Líbano. Aunque los negociadores estadounidenses han afirmado en algún momento que Irán aceptaba cortar la financiación a estos grupos, lo cierto es que la República Islámica mantiene al menos sin fisuras su apoyo a Hezbolá hasta el punto de condicionar cualquier acuerdo definitivo de paz al cese de las acciones militares de Israel en Líbano. Así, los dos asuntos importantes que quedan por resolver son el levantamiento de las sanciones a Irán y el desbloqueo de sus fondos depositados en el extranjero, y el futuro del programa nuclear iraní. Aunque ambos deben ser negociados en el plazo subsiguiente de 60 días, su formulación de principio en el MOU ha sido la causa principal del retraso en su aprobación, junto con los disensos políticos internos en EEUU y sobre todo en Irán -donde la facción más radical está muy descontenta- que todavía pueden dar lugar a diferencias de interpretación muy graves.

De hecho, lo que nos llega de fuentes estadounidenses sobre el primero de esos puntos es que el levantamiento de las sanciones y el desbloqueo de los fondos iraníes congelados estarían condicionados al resultado, o al menos al avance, de las negociaciones definitivas de paz, mientras los negociadores iraníes han declarado que el levantamiento de las sanciones al petróleo iraní será inmediato y que el plazo de 60 días empezará a contar cuando Irán reciba la mitad de los fondos congelados, que ascendería a 12.000 millones de dólares. Trump criticó severamente que Obama entregara en 2015 a Irán 1.700 millones, que eran parte de una deuda sancionada por el Tribunal de La Haya por una compra de equipo militar realizada por el gobierno del Sha antes de 1979 que nunca se suministró, y lo hizo además después de que se firmara el acuerdo que permitía el control del programa nuclear iraní. Si ahora Trump acepta que se entregue una cantidad siete veces superior antes de que haya un acuerdo en el tema nuclear, además de renunciar a limitar el programa de misiles iraní y a que Irán corte sus relaciones con las milicias antiisraelíes, será más que evidente que el acuerdo al que llegue será bastante peor que el JCPOA, aunque él insista en sostener lo contrario.

Finalmente, el asunto más importante sigue siendo -al menos oficialmente- el control del programa nuclear iraní. Aquí Trump, y el vicepresidente J. D. Vance que ha promovido el acuerdo, se agarran a un clavo ardiendo, el único que tienen, afirmando con mucho énfasis que Irán no tendrá nunca un arma nuclear, como queriendo hacer ver que no la tendrá gracias al providencial liderazgo del presidente, que se concretó en un ataque a la República Islámica cuando precisamente se estaba negociando -con buenas perspectivas- esta cuestión. Pero ni las fanfarronadas infantiles de Trump, ni los intentos de su secretario de Estado, Marco Rubio, de tergiversar sus declaraciones para hacerlas menos estridentes, pueden ocultar el hecho de que para conseguir eso no hacía falta ninguna guerra. El régimen iraní ya había renunciado a producir armas nucleares cuando suscribió JCPOA, en el que se comprometió a limitar el enriquecimiento de uranio al nivel del uso civil, disminuir radicalmente sus reservas y reducir en dos terceras partes sus centrifugadoras, además de autorizar al Organismo Internacional de la Energía Atómica el acceso a todas sus instalaciones para verificar el cumplimiento de lo pactado. Y mantuvo esa renuncia cuando Trump dinamitó el acuerdo, si bien reanudó como respuesta el enriquecimiento de uranio hasta alcanzar -según estimaciones del OIEA- 441 kilos con una concentración del 60%, menor de la necesaria para fabricar bombas (> 90%) pero muy por encima de la utilizable en plantas de generación eléctrica (3-5%) o incluso para plantas experimentales o investigación (<20%). 

El anterior líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, asesinado el 28 de octubre en los primeros bombardeos, había emitido una fatwa, un decreto religioso de obligado cumplimiento en un Estado teocrático como Irán, prohibiendo el desarrollo de armas nucleares. Apenas tres días antes del ataque, en la ronda de negociación que tuvo lugar en Ginebra entre EEUU e Irán, los representantes iraníes habían aceptado ya, según declaraciones del mediador -Badr Albusaidi, ministro de Asuntos Exteriores de Omán-, no sólo reiterar su renuncia a fabricar o adquirir armas nucleares, sino el compromiso de degradar el uranio altamente enriquecido que poseía, reducir las reservas del resto, y someter su programa nuclear civil al control no solo al OIEA sino incluso de inspectores de Estados Unidos. Un acuerdo muy similar al JCPOA que debía firmarse a la semana siguiente en Viena. Finalmente, en la propuesta de 10 puntos que presentó Irán el 8 de abril, y que dio lugar al alto el fuego, figuraba explícitamente su renuncia a poseer armas nucleares y su compromiso de negociar el programa de enriquecimiento. 

En este contexto, intentar vender como un éxito, o un logro de la guerra, que Irán no vaya a tener armas nucleares es absolutamente ridículo y no tiene ningún sentido, pero es lo único que le queda a Donald Trump para poder presentar algún éxito, por débil que sea, en una guerra que incluso dentro de su país no ha sido comprendida ni apoyada por una mayoría de la población. A lo máximo que puede aspirar es a reproducir las condiciones del JCPOA, o las que ya se habían acordado en Ginebra. No se va a llevar el uranio altamente enriquecido de Irán, como había asegurado muchas veces, aunque es muy probable que los iraníes acepten degradarlo -lo que es tan fácil como mezclarlo con uranio natural-, así como reducir sus reservas y someter su programa de enriquecimiento a inspecciones internacionales como han hecho en ocasiones anteriores.

Para Netanyahu sería un drama que la República Islámica tuviera un arma nuclear, pero no porque piense que la emplearía, ya que él podría responder con su gran arsenal destruyendo completamente Irán, sino porque su supremacía militar se vería disminuida si otro país de la región adquiriera esa capacidad, con las consiguientes consecuencias políticas. Pero aunque ese peligro se aleje ahora un poco más, eso no va a ser suficiente para garantizar una paz duradera. Porque la cuestión nuclear no es el verdadero problema. Netanyahu empezó a advertir de que Teherán estaba a semanas o meses de tener armas nucleares en su primer mandato como primer ministro, en 1996, y de eso hace 30 años. Cuando se materializó, en el JCPOA, el mecanismo de control del programa nuclear iraní que garantizaba que no llegara a tenerlas, Netanyahu instó a Trump a abandonarlo, porque prefiere correr un riesgo que él minimiza con bombardeos selectivos o asesinatos de científicos, que aceptar que el régimen islámico se consolide. Irán es el único enemigo existencial que le queda a Israel en la región, y el único apoyo de otras amenazas como Hezbolá. El gobierno de Israel quiere la eliminación total del régimen islámico, incluso la destrucción completa y la disgregación del país, con lo que tendría las manos definitivamente libres para terminar de anexionarse Palestina, y partes del Líbano y de Siria. Y no va a parar sus agresiones militares hasta conseguirlo.

El acuerdo alcanzado hasta ahora es el resultado de la necesidad que tenían de él ambas partes: Trump, por razones de política interna, y los dirigentes iraníes, por el deterioro económico de su país. Pero es enormemente frágil y puede romperse incluso antes del viernes, o cuando se intente poner en marcha la negociación propiamente dicha. Las diferencias de interpretación del Memorándum, las líneas rojas de cada una de las partes, la continuidad de los ataques de Israel en Líbano, una reanudación mínima de la violencia por un error o por una provocación pueden dar al traste con la iniciativa, una vez más. Y también puede romperse cuando los negociadores entren en los asuntos esenciales, tanto económicos como del programa nuclear, porque las posiciones son muy distantes. Pero también se abre una ventana de oportunidad para la paz, a despecho de Netanyahu, que tal vez tenga éxito y que en todo caso es mejor que los bombardeos.

Ojalá el proceso que ahora empieza prospere y llegue a una paz estable y duradera; es difícil creer en ello, pero no imposible. Lo que es incontrovertible es que esta guerra, además de ilegal y criminal, era innecesaria e inútil, y no va a lograr ningún avance en la estabilidad de Oriente Medio, ni ninguna ventaja para sus iniciadores -salvo para las empresas de armamento y las grandes petroleras-, sino solo un enorme gasto que pagaremos de uno u otro modo los de siempre, la destrucción de infraestructuras industriales y civiles, y la muerte de miles de personas, incluidos niños. Para conseguir nada. Como siempre, millones sufren por la megalomanía, la estupidez o los intereses espurios de algunos. Como siempre, se impone la fuerza sobre la razón, la violencia sobre el diálogo, el egoísmo sobre la solidaridad, ante la indiferencia de muchos y la pasividad de casi todos los que podrían hacer algo para evitarlo. Y como siempre, los que no tenemos poder ni capacidad para detener estos crímenes seguiremos levantando la voz, lo único que tenemos, con la esperanza de que se vayan uniendo otras y algún día sean tantas que su grito de paz pueda acallar el siniestro estallido de las bombas."

(José Enrique de Ayala, general retirado, eldiario.es, 16/06/26)

6.5.26

Un impresionante informe de investigación del medio hebreo Ynet ha dejado al descubierto el esfuerzo constante de Israel por acabar con la República iraní con operaciones militares y de inteligencia... expone niveles extraordinarios y peligrosos de delirio y arrogancia imperial en los niveles más altos de Tel Aviv y Washington... estaban completamente convencidos de que sus fuerzas tenían el poder de colapsar toda la República Islámica... "Fomentar protestas masivas" y alentar la "resistencia armada de las minorías", específicamente, los kurdos dentro y fuera de Irán, en "paralelo" con el asesinato del líder supremo Ali Jamenei era la estrategia de golpe de estado de tres puntas. Netanyahu creía verdaderamente que la "victoria total" sobre la Resistencia estaba al alcance en todos los teatros de Asia Occidental... El Mossad presentó su plan directamente a la CIA... mientras que Netanyahu presionó personalmente a Trump, "convencido de que no había límites para las capacidades del sistema militar a su mando" después del secuestro de Nicolás Maduro.... Trump indicó su respaldo a la conspiración el 13 de enero... y la Guardia Revolucionaria bloqueó el Estrecho de Ormuz... Ynet informa que Estados Unidos "no estaba preparado para este movimiento y sus devastadoras consecuencias económicas"... Washington fue tomado tan desprevenido por las garantías personales de Netanyahu a Trump de que la República Islámica colapsaría en cuestión de días. Sorprendentemente, no había un plan de contingencia más allá de eso... una Tel Aviv enormemente sobreextendida ha caído en una trampa colosal en Líbano, y la Resistencia observa y espera atentamente (Kit Klarenberg)

" Imperio en Colapso: Cómo Irán Derrotó a Israel

Un impresionante informe investigativo del medio en hebreo Ynet ha dejado al descubierto el vergonzoso cataclismo no solo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, sino del esfuerzo constante de la entidad sionista por acabar con la República Islámica mediante operaciones militares y de inteligencia encubiertas y abiertas. Protestas violentas orquestadas por el Mossad, el asesinato del líder supremo Ali Jamenei y una invasión kurda tenían como objetivo producir un cambio de régimen y una "victoria total" sobre Teherán. Sin embargo, como concluye Ynet: "lo que comenzó como una jugada israelí de gran alcance, rica en imaginación y definitiva en su solución, termina en desconsuelo".

Con gran detalle, la investigación rastrea cómo el demente plan de la entidad sionista germinó en las mentes de los jefes de inteligencia, militares y políticos israelíes, antes de que la administración Trump fuera completamente convencida del complot. En el camino, Ynet expone niveles extraordinarios y peligrosos de delirio y arrogancia imperial en los niveles más altos de Tel Aviv y Washington. Por ejemplo, Benjamin Netanyahu creía sincera y peligrosamente que la criminal agresión israelí contra Líbano en septiembre de 2024, y la guerra de 12 días en junio de 2025, habían diezmado a Hezbolá e Irán.

Esta perspectiva era compartida por el Mossad, que había estado construyendo un enorme y dedicado ejército antigubernamental en Teherán desde 2022. La entidad sionista estaba completamente convencida de que sus fuerzas tenían el poder de colapsar toda la República Islámica. "Fomentar protestas masivas" y alentar la "resistencia armada de las minorías" —específicamente, los kurdos dentro y fuera de Irán— en "paralelo" con el asesinato del líder supremo Ali Jamenei eran partes dedicadas de una estrategia de golpe de estado de tres puntas. Netanyahu creía verdaderamente que la "victoria total" sobre la Resistencia estaba al alcance en todos los teatros de Asia Occidental. Ynet informa:

*"Derrocar al régimen era el corazón del plan de guerra general de Israel".*

Se suponía que la operación se pondría en marcha este junio. Sin embargo, en enero, con "decenas de miles" de insurgentes dirigidos por el Mossad en las calles de Teherán y otras ciudades iraníes, la entidad sionista sintió que las condiciones se habían "madurecido" lo suficiente para dar un paso decisivo. La "organización de influencia" del Mossad en la República Islámica nació en 2022, alcanzando la "madurez operativa hace dos años y medio", casualmente en la época del 7 de octubre. Ynet alardea sombríamente del "esfuerzo y sofisticación" del ejército clandestino armado de alborotadores antigubernamentales de la entidad sionista en Teherán:

*"Israel ha establecido su propia máquina de veneno. Este es un sistema de armas serio que, si está completamente operativo, puede ser fatal".*

El Mossad presentó su plan de cambio de régimen, carente de inteligencia, directamente a la CIA, se informó al Mando Central del Pentágono sobre él por el jefe de estado mayor visitante de las Fuerzas de Ocupación Sionistas, Eyal Zamir, mientras que Netanyahu presionó personalmente a Trump. El presidente —"convencido de que no había límites para las capacidades del sistema militar a su mando" después del secuestro de Nicolás Maduro el 3 de enero— y su administración fueron una audiencia muy receptiva. Trump indicó su respaldo a la conspiración el 13 de enero, informando públicamente a los iraníes que "la ayuda está en camino".

Inmediatamente comenzó una enorme acumulación militar estadounidense en Asia Occidental, mientras se llevaban a cabo supuestas conversaciones de paz con Teherán. Las negociaciones eran, por supuesto, un engaño, destinado a adormecer a la Resistencia en una falsa sensación de seguridad antes de que comenzara la siguiente fase del intento de golpe palaciego previsto por Israel. El 28 de febrero, los bombardeos aéreos sionistas-estadounidenses cayeron sobre Teherán. Israel y Estados Unidos estaban seguros de que el liderazgo iraní había sido eliminado o dispersado, y de que el sistema de mando y control de la República Islámica estaba "gravemente golpeado". Pero entonces, comenzó a estallar la catástrofe.

**'Levantamiento Popular'**

Si bien el Líder Supremo fue asesinado —en un asesinato demoníacamente celebrado por los medios occidentales como "el asesinato del siglo"—, lo que envió temporalmente a la clandestinidad al liderazgo iraní, se ejecutó con éxito "un cambio ordenado de gobierno, de acuerdo con la voluntad de Jamenei". El sistema de mando y control iraní no fue, en realidad, interrumpido significativamente, volviendo a su plena capacidad en cuestión de horas. No se produjeron deserciones. Aun así, la "euforia" abundaba en Washington y Tel Aviv. Trump —que en privado "acogió con satisfacción el golpe israelí"— emitió una declaración en video instando al pueblo iraní a tomar el poder por la fuerza, advirtiendo:

*"A los miembros de la Guardia Revolucionaria Islámica, a las fuerzas armadas y a toda la policía. Les digo esta noche que deben deponer sus armas y recibirán inmunidad total, o de lo contrario, enfrentarán la muerte segura".*

Netanyahu se unió al llamado insurreccional. Problemáticamente, sin embargo, "la multitud optó por quedarse en casa", en gran parte debido al bombardeo genocida estadounidense-sionista desde el cielo. Un ataque deliberado contra una escuela primaria mató a 156 niños y niñas pequeños, provocando una airada condena internacional, un duelo vengativo en toda Asia Occidental e investigaciones de la ONU. Los iraníes, en cambio, salieron a las calles en cantidades considerables para lamentar la muerte de Jamenei, mientras celebraban el ascenso de su hijo, Yuyusef Mojtaba, como Líder Supremo. Inmediatamente, la IRGC (Guardia Revolucionaria) se movió para bloquear el Estrecho de Ormuz.

A pesar de que el cierre era una consecuencia absolutamente inevitable de la agresión sionista-estadounidense contra Irán, que las evaluaciones de inteligencia occidentales habían pronosticado durante mucho tiempo, Ynet informa que Estados Unidos "no estaba preparado para este movimiento y sus devastadoras consecuencias económicas". Se ignoraron las amenazas de Trump a Teherán de no bloquear el Estrecho. El enigma de por qué Washington fue tomado tan desprevenido se responde con las garantías personales de Netanyahu a Trump de que la República Islámica colapsaría en cuestión de días. Sorprendentemente, no había un plan de contingencia más allá de eso.

Mientras tanto, otro engranaje de la operación sionista-estadounidense de cambio de régimen en Teherán también estaba fallando fatalmente. "Después de 100 horas de actividad aérea... se suponía que comenzaría una invasión terrestre de milicias kurdas con base en Irak". Una fuerza de invasión había estado entrenando allí durante las semanas anteriores, preparándose "para llegar a la región kurda de Irán" y vincularse con combatientes locales antes de una "marcha masiva" sobre Teherán. En busca de inspiración, Tel Aviv miró la abrumadora caída de Damasco en manos de las fuerzas de HTS apoyadas por el MI6 en cuestión de días en diciembre de 2024.

Sin embargo, Ynet informa que la inteligencia iraní se enteró "con anticipación sobre la invasión planeada", y supuestamente informó a Turquía, lo que llevó a Recep Tayyip Erdoğan a exigir personalmente a Trump que la cancelara. Independientemente, toda la propuesta era, según cualquier medida objetiva, una locura manifiesta. Después de que surgieran informes a principios de marzo sobre la CIA entrenando a militantes kurdos "con el objetivo de fomentar un levantamiento popular en Irán", incluso los expertos de los think tanks sionistas y los activistas de la diáspora advirtieron que la invasión era una receta para el desastre total, que uniría a los iraníes de toda extracción en la oposición.

Sin inmutarse, la invasión kurda siguió siendo un componente fundamental de la estrategia de cambio de régimen de Israel contra Teherán durante toda la guerra. Cuando se alcanzó un alto el fuego tentativo el 7 de abril, después de 40 días de devastadores ataques iraníes, Ynet informa que los funcionarios israelíes se preguntaron por qué la invasión nunca se materializó. ¿Acaso Estados Unidos nunca creyó en la operación desde el principio? ¿Quizás Trump cambió de opinión después de que Erdoğan cogiera el teléfono? ¿O era "toda la idea una fantasía, sin posibilidad de hacerse realidad"?

**'Efectos Involuntarios'**

Que la entidad sionista estuviera tan convencida de que su misión suicida, evidentemente equivocada, pudiera tener éxito es aún más condenable, dados los contenidos de un informe de julio de 2025 del altamente influyente Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Tel Aviv. Una evaluación mordaz de la guerra de 12 días, el think tank reconoció que el "cambio de régimen" iraní había sido un objetivo sionista declarado desde el inicio de ese conflicto, que fracasó espectacularmente. El INSS todavía abogaba por destruir la República Islámica, pero advirtió contra ciertas estrategias.

Llamativamente, el think tank advirtió contra el empleo precisamente de las tácticas de cambio de régimen de las que dependían las Fuerzas de Ocupación Sionistas y el Mossad, durante la última guerra sionista-estadounidense contra Irán. Por un lado, el INSS predijo correctamente que cualquier esfuerzo militar israelí —incluyendo el bombardeo de civiles— destinado a provocar protestas masivas antigubernamentales no tenía posibilidades de éxito. Tales acciones durante la guerra de 12 días habían producido, por el contrario, una intensa "ola antiisraelí" entre los iraníes, quienes "mostraron un grado notable" de "unión en torno a la bandera" en respuesta.

La determinación de los iraníes "de defender su patria en un momento crítico contra un enemigo externo" perduró después de que terminó la guerra de 12 días, hasta el punto de que todos los rastros de disidencia pública en la República Islámica "casi desaparecieron por completo" a raíz del conflicto. El INSS también advirtió vehementemente contra el fomento de "tendencias separatistas" en Irán, como el militantismo kurdo. Debido a la "mayor sensibilidad pública ante cualquier intento extranjero percibido de promover la fragmentación étnica", la insurrección separatista, y más aún la invasión abierta, uniría a "grandes segmentos" del público iraní "contra Israel".

Además, una porción particularmente profética del informe del INSS advirtió firmemente contra el asesinato del líder supremo Ali Jamenei, ya que hacerlo "no resultaría necesariamente en un cambio de régimen" y, inevitablemente, tendría un efecto contraproducente. El think tank predijo con precisión que Teherán "probablemente tendría poca dificultad para seleccionar un sucesor, que podría resultar más extremo o más capaz". El INSS también predijo que el gobierno iraní saldría fortalecido y que el sentimiento antisionista se dispararía en Irán y más allá, dejando cualquier "esfuerzo posterior para desestabilizar el régimen a través de protestas populares" muerto al llegar.

Todos estos humillantes resultados ocurrieron efectivamente después del 28 de febrero. En otra parte, el INSS pronosticó que los esfuerzos israelíes de cambio de régimen impulsados militarmente en Irán podrían obligar a la República Islámica a buscar la capacidad de armas nucleares "como una póliza de seguro existencial". Esto aún no se ha materializado, aunque los funcionarios occidentales ahora temen ampliamente que pueda suceder. Mientras tanto, desde que se implementó el alto el fuego, las conversaciones entre Washington y Teherán han estado estancadas en un punto muerto aparentemente insuperable. Si bien los funcionarios estadounidenses siguen comprometidos a imponer límites estrictos a la investigación nuclear iraní, la República Islámica se niega siquiera a negociar el tema.

Además, Teherán ha dejado claro que su control sobre el Estrecho de Ormuz solo se aflojará cuando el Imperio deje de bloquear el país y ponga fin al conflicto. Si bien Netanyahu todavía alberga sueños de destruir la República Islámica, el Imperio carece de la fuerza económica y militar necesaria. Mientras tanto, una Tel Aviv enormemente sobreextendida ha caído en una trampa colosal en Líbano, y la Resistencia observa y espera atentamente. Al buscar imprudentemente un "cambio de régimen" evidentemente inalcanzable en Irán, la entidad sionista solo ha acelerado su propia destrucción permanente." 

(Kit Klarenberg , blog, 05/05/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original)  

5.5.26

Bajo una presión implacable de Israel para reiniciar la guerra con Teherán, Trump tiene un poder individual casi sin precedentes para desencadenar una serie de eventos que podrían detener el sistema económico mundial... hemos roto todos los sistemas racionales en los Estados Unidos... todos los procesos reales de toma de decisiones están bastante expuestos ahora mismo y recaen en Trump... el primer ministro israelí y el director del Mossad, David Barnea, a través de una conexión de video, convenció a Trump de atacar a Irán... "Trump fue lo suficientemente tonto como para comprarlo o estar de acuerdo con ello, dada su gama de puntos de presión, intereses y delirios"... No estamos hablando de que el presidente de los Estados Unidos consulte con los líderes del Congreso. No estamos hablando de la opinión pública estadounidense, que va abrumadoramente en contra de todo lo que está sucediendo... "Estamos hablando de unas pocas personas lideradas por un viejo delirante que nunca fue muy bueno en nada, pero es muy malo en esto... Así que no hay proceso. Este es un caso en el que un individuo puede tomar decisiones. Netanyahu es un caso aparte. Es una figura patológica muy, muy oscura. ... Esto es lo que tenemos. No tenemos ni liderazgo racional ni un proceso racional en ninguno de los dos países, ni en Estados Unidos ni en Israel. En realidad, ambos países añaden una cepa de fanatismo religioso que también es bastante extraña... Así que esta decisión trascendental depende de un solo hombre, muy inestable. Relanzar la guerra invitaría a la prometida represalia iraní contra las instalaciones energéticas en todo el Golfo, sumiendo al mundo en una edad oscura económica (Joe Lauria)

"Donald Trump extendió el alto el fuego con Irán "indefinidamente" el 21 de abril y en los últimos 12 días el hombre certificado en la Casa Blanca ha oscilado entre palabras de paz y amenazas de guerra total, mientras se encuentra solo al borde de una decisión que podría poner fin al mundo tal como lo conocemos en el futuro previsible.

Bajo una presión implacable de Israel para reiniciar la guerra con Teherán, Trump tiene un poder individual casi sin precedentes para desencadenar una serie de eventos que podrían detener el sistema económico mundial.

A esos guerreros de sillón que creen ser más inteligentes que todos los demás y ridiculizan a cualquiera que piense que el presidente estadounidense a veces realmente dirige el espectáculo y no está siempre sujeto a las maquinaciones del Estado Profundo, consideren lo que el economista Jeffrey Sachs tiene que decir al respecto.

El exparlamentario británico y presentador de televisión George Galloway le preguntó el domingo: "Si hay una guerra, parece basarse en la especulación torturada y febril, en los divagaciones en las redes sociales, etc., de un solo individuo. ¿Cómo puede ser eso?

Sachs respondió:

¿Marcan la diferencia los individuos? Bueno, cuando hay sistemas, la respuesta es no, no tanto. Pero hemos roto por completo todos los sistemas racionales en los Estados Unidos. Y con eso me refiero a que los procesos reales de toma de decisiones están bastante expuestos ahora mismo y recaen en Trump. Es raro. Pero no es una exageración.

En una reunión en la Casa Blanca el 11 de febrero, el primer ministro israelí y director del Mossad, David Barnea, a través de una conexión de video, convenció a Trump de atacar a Irán. Netanyahu admitió más tarde que había estado tratando de convencer a los presidentes estadounidenses durante 40 años para que hicieran eso. Todos habían estado en desacuerdo porque sus asesores explicaron lo que sucedería: Irán contraatacaría, atacando a Israel, las bases estadounidenses y sus aliados en el Golfo, y cerrando el Estrecho de Ormuz, exactamente lo que ha sucedido ahora.

"Trump fue lo suficientemente tonto como para comprarlo o estar de acuerdo con ello, dada su gama de puntos de presión, intereses y delirios", dijo Sachs. "Todos los demás en esta pequeña habitación básicamente pensaron que era una locura, excepto [el secretario de Defensa Pete] Hegseth, que es un idiota absoluto junto con Trump."

El New York Times informó que ninguno de los asistentes de Trump en la sala habló en ese momento, pero que después dijeron al periódico que pensaban que los israelíes estaban vendiendo la ilusión de que el gobierno iraní colapsaría en cuestión de días. El secretario de Estado Marco Rubio fue citado diciendo que la propuesta israelí era "una mierda".

"No estamos hablando de un proceso interinstitucional", dijo Sachs. No estamos hablando de estimaciones de inteligencia. No estamos hablando de un plan. No estamos hablando de que el presidente de los Estados Unidos consulte con los líderes del Congreso. No estamos hablando de la opinión pública estadounidense, que va abrumadoramente en contra de todo lo que está sucediendo.

Él dijo:

"Estamos hablando de unas pocas personas lideradas por un viejo delirante que nunca fue muy bueno en nada, pero es muy malo en esto... Así que no hay proceso. Este es un caso en el que un individuo puede tomar decisiones. Netanyahu es un caso aparte. Es una figura patológica muy, muy oscura. ... Esto es lo que tenemos. No tenemos ni liderazgo racional ni un proceso racional en ninguno de los dos países, ni en Estados Unidos ni en Israel. En realidad, ambos países añaden una cepa de fanatismo religioso que también es bastante extraña.

Después de que el Estado Profundo intentara destruir la primera presidencia de Trump interfiriendo ilegalmente en la política interna de Estados Unidos en el escándalo conocido como Russiagate, Trump reunió para su segundo mandato una administración de aduladores que no se opondrán a él como lo hicieron John Bolton, Jim Mattis y el general Mark Miley en el primero. (Bolton ciertamente estaría a favor de un cambio de régimen en Irán).

Así que esta decisión trascendental depende de un solo hombre, muy inestable. Relanzar la guerra invitaría a la prometida represalia iraní contra las instalaciones energéticas en todo el Golfo, sumiendo al mundo en una edad oscura económica.

Al tratar de decidir qué hacer, Trump podría estar calculando si obtendrá ganancias personales mientras interpreta el papel del empresario estadounidense por excelencia: ganancias sobre todo... (como discutí hoy en mi entrevista con Regis Tremblay).

 Trump está bajo considerable presión israelí para reanudar los bombardeos y arriesgarse a una catástrofe.

Se rumoreaba que Miriam Adelson, la donante multimillonaria israelí de Trump, había regresado a la Casa Blanca para presionar a Trump a favor de la guerra. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, dijo la semana pasada en un video escalofriante que Israel está "esperando una luz verde de Estados Unidos" porque "Israel está listo para renovar la guerra contra Irán... para devolver a Irán a la edad oscura y de piedra volando por los aires las instalaciones centrales de energía eléctrica y aplastando la infraestructura nacional".

Katz se quejó: "No pedimos un alto el fuego, nunca buscamos un alto el fuego... Quiero enfatizar que no abandonaremos este campo hasta que el agresor sea severamente castigado y hasta que finalmente se arrepienta. Extraordinario que llamara a Irán el agresor y en términos religiosos.

Después, Trump publicó una foto de sí mismo sosteniendo una ametralladora frente a un campo de batalla explotando con las palabras: "Se acabó el buen chico...".

¿Se le puede detener?

Hace un par de semanas, Galloway dijo que si un primer ministro británico publicara imágenes de sí mismo como Jesucristo y al momento siguiente amenazara con la destrucción genocida de la civilización iraní, hombres con batas blancas estarían en el número 10 a la mañana siguiente para destituirlo. ¿Por qué esto no está sucediendo en Estados Unidos?

En un sistema parlamentario, el propio partido del primer ministro británico estaría de acuerdo en este caso con un voto de censura, el gobierno colapsaría, se elegiría a un nuevo líder del partido y primer ministro, y eso sería el final.

En el sistema estadounidense, destituir al líder, que es a la vez jefe de gobierno y jefe de estado, es extremadamente difícil. Las únicas opciones son la destitución y la condena, o la invocación de la 25ª Enmienda. Quizás eso es lo que motivó a Cole Allen, dadas las apuestas y el poder inusual en manos de un presidente inestable.

La Ley de Poderes de Guerra

Edificio del Capitolio de los Estados Unidos, febrero de 2021. (Guardia Nacional del Ejército de EE. UU./Ashley Goodwin/Dominio público)

La Ley de Poderes de Guerra de 1973, que otorga a un presidente de EE. UU. 60 días para iniciar una guerra antes de que el Congreso pueda ponerle fin, tampoco parece detener a Trump. Hegseth y Trump intentaron engañar al Congreso haciéndole creer que Trump "terminó" la guerra y que solo está librando un bloqueo económico para cumplir con el plazo de 60 días de la Ley de Poderes de Guerra.

Trump le dijo al Congreso en una carta el viernes pasado, el día límite, que "no ha habido intercambio de disparos entre las fuerzas de Estados Unidos e Irán" desde el 7 de abril, lo que significa que las hostilidades que inició el 28 de febrero "han terminado".

Con respecto a la necesidad de que el Congreso autorice la guerra o deba ponerle fin, Trump dijo: "No creo que sea constitucional lo que están pidiendo". Dijo que Estados Unidos está en camino a una "gran victoria" en Irán. Estas no son personas patrióticas las que están preguntando.

Si reinicia las hostilidades, podría argumentar que ha comenzado una nueva guerra con 60 días adicionales. ¿Tiene el Congreso el valor de llamarlo a cuentas?

¿Un Gran Acuerdo?

Rusia está haciendo su oferta para evitar que Trump reinicie la guerra. En una llamada de 90 minutos a Trump la semana pasada, el presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió que la reanudación de las acciones militares por parte de Estados Unidos e Israel tendría "consecuencias inevitables y extremadamente perjudiciales".

Trump dijo a los periodistas que a Putin "le gusta involucrarse" y que se ofreció a tomar el uranio enriquecido al 60 por ciento de Irán. Trump dijo que le dijo a Putin que se concentrara primero en poner fin a la guerra en Ucrania. Trump dijo que las dos guerras en Ucrania e Irán podrían terminar en un "plazo similar".

En el programa del sábado por la noche de Consortium News, The World This Week, el analista Scott Ritter sugirió que Putin podría estar ofreciendo a Trump un gran acuerdo para resolver ambas guerras. Rusia salvaría a Trump de la trampa de Irán tomando el uranio y a cambio Trump accedería a los términos rusos para poner fin a la guerra en Ucrania.

Suponiendo que tal oferta se hiciera, no resolvería el problema del control que Netanyahu tiene sobre Trump, muy posiblemente porque Israel, con toda probabilidad, posee una copia de los archivos y videos sin editar de Epstein, lo que bien podría incriminar a Trump.

También estaría la cuestión de convencer a los ferozmente rusófobos europeos, entre ellos principalmente Gran Bretaña, de aceptar un acuerdo en Ucrania que favorecería a Rusia. Mientras Trump ridiculiza al primer ministro Keir Starmer, reverencia al rey. Mira a los ojos del rey y parece ver otro. 

 Charles se entromete

Carlos III se dirigió al Congreso la semana pasada. (Captura de pantalla de AP)

El mismo día en que Trump habló con Putin, el rey Carlos III estaba en el Capitolio de los Estados Unidos dirigiéndose a una sesión conjunta del Congreso. En un momento dado, el rey esencialmente habló de prepararse para la guerra contra Rusia.

Dijo que Gran Bretaña estaba "comprometida con el mayor aumento sostenido en el gasto de defensa desde la Guerra Fría". Habló de Estados Unidos y Gran Bretaña "hombro con hombro, a través de dos Guerras Mundiales, la Guerra Fría, Afganistán y momentos que han definido nuestra seguridad compartida... esa misma resolución inquebrantable es necesaria para la defensa de Ucrania y su pueblo más valiente".

Elogió a la OTAN por mantener a los norteamericanos y europeos a salvo de "nuestros adversarios comunes". Y luego elogió a los dos más importantes de los Cinco Ojos. "Nuestros lazos de defensa, inteligencia y seguridad están intrínsecamente unidos a través de relaciones medidas no en años, sino en décadas", dijo.

A pesar de estar hipnotizado por la corona, Trump aparentemente no entendió el mensaje sobre mantener la presión sobre Rusia. Dos días después, retiró a 5.000 soldados estadounidenses de Alemania en un arrebato de ira, después de que el canciller alemán Frederic Merz dijera con precisión que Irán había "humillado" a Estados Unidos.

Es esa humillación de haber perdido la primera fase de esta guerra lo que podría ser un factor clave para que Trump sea lo suficientemente imprudente como para reiniciarla."

 ( Joe Lauria  , Consortium News, 04/05/26, traducción Quillbot, enlaces en eloriginal)

12.4.26

Poner fin a la guerra de Israel contra la paz... Para lograr una paz duradera en Oriente Medio, Estados Unidos debe poner fin a su política de financiación ilimitada de las guerras perpetuas de Israel y unirse al resto del mundo para obligar a Israel a vivir dentro de las fronteras reconocidas internacionalmente del 4 de junio de 1967... La guerra de Irán, y las demás guerras que asolan Oriente Medio, tienen su origen en una idea central israelí: que Israel se opondrá de forma permanente e inquebrantable a un Estado palestino soberano y derrocará a cualquier gobierno de Oriente Medio que apoye la lucha armada por la soberanía nacional... Los sionistas cristianos estadounidenses, representados por el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee , y una sólida base de votantes de Trump, hablan de la promesa divina a Israel de las tierras entre el Nilo y el Éufrates. Una idea descabellada, pero no por ello menos real, que se difunde en la Casa Blanca... La estrategia de Israel consiste, por lo tanto, en un cambio de régimen en todos los países que se resistan al Gran Israel... Por otro lado, los funcionarios estadounidenses sueñan con la hegemonía mundial. Y Trump sueña con dinero. Anhela el petróleo iraní y así lo ha manifestado repetidamente... En cualquier caso, está claro que esta guerra fue idea de Netanyahu... existe una vía hacia la paz, y es que Estados Unidos afronte la realidad. Israel es el verdadero «estado terrorista», en este caso el plan de diez puntos de Irán puede ser la base de una paz regional integral, si Estados Unidos acepta la realidad de un Estado palestino (Jeffrey D. Sachs)

 "Para lograr una paz duradera en Oriente Medio, Estados Unidos debe poner fin a su política de financiación ilimitada de las guerras perpetuas de Israel y unirse al resto del mundo para obligar a Israel a vivir dentro de las fronteras reconocidas internacionalmente del 4 de junio de 1967.

Un alto el fuego de dos semanas ha frenado parcialmente la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán. La guerra no logró absolutamente nada que un diplomático competente no pudiera haber conseguido en una tarde. El estrecho de Ormuz estaba abierto antes de la guerra y vuelve a estarlo ahora, pero con mayor control iraní.      

Mientras tanto, el caos continúa. Israel está decidido a romper el alto el fuego, pues esta guerra fue de Israel desde el principio. Israel deslumbró a Trump con la perspectiva de un ataque decisivo de un solo día que lo pondría al mando del petróleo iraní . Israel, a su vez, buscaba un objetivo mayor: derrocar al régimen iraní y, de ese modo, convertirse en la potencia hegemónica regional de Asia Occidental.

La base del alto el fuego es el plan de diez puntos de Irán , que Trump (quizás sin darse cuenta) calificó como una « base viable para negociar ». El plan tiene sentido, pero supone una importante concesión por parte de Estados Unidos y probablemente una línea roja para Israel. Entre otros puntos, el plan exige el fin de las guerras que asolan Oriente Medio, casi todas ellas con Israel como causa principal. El plan también resolvería la cuestión nuclear, básicamente volviendo al JCPOA que Trump anuló en 2018.

La guerra de Irán, y las demás guerras que asolan Oriente Medio, tienen su origen en una idea central israelí: que Israel se opondrá de forma permanente e inquebrantable a un Estado palestino soberano y derrocará a cualquier gobierno de Oriente Medio que apoye la lucha armada por la soberanía nacional. Es crucial señalar que la Asamblea General de la ONU ha aprobado múltiples resoluciones, como la Resolución 37/43 (1982), que afirman que la autodeterminación política es tan vital que la lucha armada en su búsqueda es legítima. La ONU nació, en parte, de la determinación de poner fin a siglos de dominación imperial europea sobre África y Asia. Por supuesto, no habría motivo para la lucha armada si Israel aceptara una solución política, en particular la solución de dos Estados, que cuenta con un apoyo abrumador en todo el mundo.

El objetivo principal de Netanyahu se resume en el concepto de Gran Israel. Esto implica la ausencia de soberanía palestina y la falta de fronteras claras para Israel, incluso más allá de la Palestina histórica bajo dominio británico tras la Primera Guerra Mundial. Extremistas sionistas como los aliados políticos de Netanyahu, Ben-Gvir y Smotrich, defienden el control israelí sobre partes del Líbano y Siria , así como el control permanente sobre todo lo que fue la Palestina británica. Los sionistas cristianos estadounidenses, representados por el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee , y una sólida base de votantes de Trump, hablan de la promesa divina a Israel de las tierras entre el Nilo y el Éufrates. Una idea descabellada, pero no por ello menos real, que se difunde en la Casa Blanca .

La estrategia de Israel consiste, por lo tanto, en un cambio de régimen en todos los países que se resistan al Gran Israel, un plan que ya se vislumbraba en el famoso documento político « Una ruptura limpia: una nueva estrategia para asegurar el reino », escrito por neoconservadores sionistas estadounidenses como plataforma para el nuevo gobierno de Netanyahu en 1996. Desde entonces, hemos librado constantes guerras en Oriente Medio para implementar la visión de la ruptura limpia. Esto incluye la guerra en Libia para derrocar a Muamar Gadafi, las guerras en el Líbano, la guerra para derrocar a Bashar al-Asad en Siria, la guerra para derrocar a Saddam Hussein en Irak y, ahora, la guerra para derrocar al régimen iraní.

Esto no quiere decir que Estados Unidos carezca de ideas grandiosas. Israel aspira a la hegemonía regional , y eso no es ningún secreto. Netanyahu confirmó estas ambiciones en sus recientes declaraciones sobre la posibilidad de que Israel se convierta en " una potencia regional y, en ciertos ámbitos, en una potencia mundial". Por otro lado, los funcionarios estadounidenses sueñan con la hegemonía mundial. Y Trump sueña con dinero. Anhela el petróleo iraní y así lo ha manifestado repetidamente.

En cualquier caso, está claro que esta guerra fue idea de Netanyahu. Él y el jefe del Mossad vinieron a Washington para engañar a Trump. No es difícil. Trump cayó en la trampa, mientras que todos los demás dudaban de las afirmaciones de Netanyahu sobre un ataque de decapitación fácil en un solo día, esencialmente una repetición de la operación estadounidense en Venezuela .

Resulta patético escuchar las conversaciones en la Casa Blanca, tal como reveló el New York Times . Netanyahu, un estafador, presentó escenarios optimistas de cambio de régimen que la inteligencia estadounidense desmintió, pero Trump, ingenuamente, los aceptó. Trump y Netanyahu contaron con el apoyo de sionistas cristianos (Hegseth), sionistas judíos y promotores inmobiliarios (Kushner y Witkoff), un curandero (Franklin Graham) y aduladores de alto nivel (Rubio y Ratcliffe).

Hasta el martes por la noche, parecía que Trump podría llevar al mundo a ciegas a la Tercera Guerra Mundial. La vulgaridad y brutalidad de su retórica pública no tenían parangón en la historia presidencial estadounidense. Ahora sabemos que buscaba desesperadamente una salida y que utilizaba a Pakistán para ello. Mientras Trump decía al mundo que Irán suplicaba un alto el fuego, era él mismo quien lo suplicaba. El líder pakistaní se lo concedió.

El alto el fuego es positivo, y el plan de diez puntos también, aunque quizás Trump desconociera su contenido cuando afirmó que constituía una buena base para la negociación. En cualquier caso, Israel hará todo lo posible por romperlo, y de hecho ya ha comenzado a hacerlo con los bombardeos masivos de Beirut , que están causando la muerte de cientos de civiles, y con otros ataques. Un acuerdo permanente entre Estados Unidos e Irán es lo último que desea Netanyahu. Eso acabaría con su sueño del Gran Israel.

Sin embargo, existe una vía hacia la paz, y es que Estados Unidos afronte la realidad. Israel es el verdadero «estado terrorista», que libra una guerra perpetua en todo Oriente Medio por una razón totalmente indefendible: tener libertad absoluta para aterrorizar y gobernar al pueblo palestino y expandir sus fronteras según lo consideren oportuno sus fanáticos. Para lograr una paz duradera en Oriente Medio, Estados Unidos debe dejar de financiar las guerras perpetuas de Israel y unirse al resto del mundo para obligar a Israel a vivir dentro de las fronteras reconocidas internacionalmente del 4 de junio de 1967. El plan de diez puntos de Irán puede ser la base de una paz regional integral, si Estados Unidos acepta la realidad de un Estado palestino. En ese caso, Irán probablemente aceptaría dejar de financiar a beligerantes no estatales, e Israel, Palestina, Líbano y toda la región podrían vivir en paz y seguridad mutuas. Ese resultado debería ser la base de un acuerdo negociado entre Estados Unidos e Irán en las próximas dos semanas.

El pueblo estadounidense ha dejado clara su postura. Una encuesta de Pew de 2025 revela que la mayoría de los judíos estadounidenses desconfían de Netanyahu y apoyan la solución de dos Estados. La mayoría de los estadounidenses ahora tiene una opinión desfavorable de Israel , la más alta de la historia. La simpatía por Israel ha caído a su nivel más bajo en 25 años. Ahora la clase política debe ponerse al día con la opinión pública.

La paz está al alcance, si Estados Unidos la aprovecha. La propuesta de Irán es seria y el alto el fuego representa una frágil oportunidad para una solución integral. La cuestión es si Estados Unidos permitirá, una vez más, que Israel destruya la paz, o si, por el contrario, esta vez defenderá los intereses estadounidenses y los del mundo en aras de una paz duradera.2

( Jeffrey D. Sachs y Sybil Fares , Other news, 09/04/26)

11.4.26

Netanyahu ordenó la guerra, pero la oposición la vendió. Ahora Israel pagará las consecuencias... Es el mayor fracaso de su vida, mucho más grave que el del 7 de octubre... él, y solo él, es el único responsable de este. Si el proyecto de vida de Netanyahu fue —y lo fue— la lucha contra Irán, la obsesión de un solo hombre, esta guerra es el fiasco de su vida. Israel emerge de esta guerra más maltrecho de lo que parece, más débil y más marginado que cuando entró. Irán emerge maltrecho, pero fortalecido y recompensado con creces... Fue un fracaso estrepitoso, comenzó con la idea megalómana de que Israel puede derrocar regímenes, continuó con la ilusión de que la guerra es la solución a todos los problemas y terminó con el fracaso en alcanzar siquiera uno de los objetivos de la guerra, ni uno solo. Y ni siquiera hemos hablado de los costos... Pero a medida que la guerra llega a su fin, hay algo seguro: Israel no ha aprendido nada. Los seguidores de Netanyahu seguirán apoyando a sus ídolos, los que se oponen a ellos seguirán atacando a su Satanás (mientras veneran al ejército que ejecuta sus planes) e Israel seguirá lanzándose a la próxima guerra con la misma ceguera y entusiasmo con que se lanzó a esta (Gideon Levy)

"Es el mayor fracaso de su vida, mucho más grave que el del 7 de octubre. El fracaso anterior de Benjamin Netanyahu tuvo muchos responsables; él, y solo él, es el único responsable de este. Si el proyecto de vida de Netanyahu fue —y lo fue— la lucha contra Irán, la obsesión de un solo hombre, esta guerra es el fiasco de su vida. Israel emerge de esta guerra más maltrecho de lo que parece, más débil y más marginado que cuando entró. Irán emerge maltrecho, pero fortalecido y recompensado con creces.

Así es precisamente como luce una misión de vida fallida. Netanyahu, quien llevó a Israel a esta guerra, el primer ministro que se vio obligado el martes a ponerle fin sin ser consultado, el hombre que pensó que esta guerra lo consagraría en los libros de historia como un salvador, tiene la responsabilidad total y exclusiva de su fracaso.

Fue un fracaso estrepitoso, cuyo precio aún no se ha pagado por completo. Comenzó con la idea megalómana de que Israel puede derrocar regímenes, continuó con la ilusión de que la guerra es la solución a todos los problemas —siempre la primera opción adoptada, la única intentada— y terminó con el fracaso en alcanzar siquiera uno de los objetivos de la guerra, ni uno solo. Y ni siquiera hemos hablado de los costos. Un mes y medio de terror para los 10 millones de habitantes de Israel, de destrucción y dificultades económicas, la pérdida de otro año escolar y los últimos vestigios de cordura, además de la intensificación del aislamiento internacional de Israel.

El 7 de octubre era imposible culpar únicamente a Netanyahu. Junto a él, y a su cargo, se encontraban un ejército ineficaz y agencias de inteligencia inexistentes, una política de obstaculizar cualquier proceso diplomático —una política respaldada por la mayoría, incluida la oposición— y un brutal asedio que no fue impuesto por Netanyahu. Del mismo modo, Netanyahu no es el único responsable de la insensata guerra de venganza que Israel emprendió tras el 7 de octubre.

El genocidio también tiene muchos autores. Netanyahu fue el primero, pero no el único. La historia, y quizás el mundo, les rendirá cuentas a todos ellos: los comandantes militares, los pilotos de la fuerza aérea, los soldados, los agentes del Shin Bet, los destructores de Gaza, los asesinos de niños, los asesinos de médicos y periodistas, los medios de comunicación israelíes que colaboraron con la causa y todos los demás cómplices de los crímenes de Gaza, crímenes que jamás podrán ser perdonados.

Netanyahu, un vendedor particularmente inescrupuloso, logró una vez más ganarse al gobierno de Trump con esta patraña. Pero esta vez, perdió. El gobierno le pedirá cuentas, quizás pronto.

Por otro lado, la oposición israelí no tiene derecho a criticarlo. Quienes apoyaron la guerra desde sus inicios, todos los Yair Lapids y Yair Golans que no se atrevieron a decir una sola palabra negativa sobre unirse a ella, quienes se alinearon en su justificación, perdieron el derecho a criticarla. ¿La apoyaste? Ahora cállate. Todos aquellos que aplaudieron la guerra, algunos por cobardía, otros por miopía, la mayoría por ambas, quienes propusieron bombardeos y destrucción mientras establecían grotescas "salas de guerra de propaganda", no pueden ahora atacar a Netanyahu por la guerra.

Tenemos la suerte de contar con un líder nato. De no ser por Trump, Netanyahu habría persistido en Irán hacia un fracaso aún más devastador. Tal como intentó hacerlo en Gaza hasta que Trump lo detuvo, tal como ahora está ansioso por hacerlo en Líbano , camino a otro fiasco. Pero a medida que la guerra llega a su fin, hay algo seguro: Israel no ha aprendido nada. Los seguidores de Netanyahu seguirán apoyando a sus ídolos, los que se oponen a ellos seguirán atacando a su Satanás (mientras veneran al ejército que ejecuta sus planes) e Israel seguirá lanzándose a la próxima guerra con la misma ceguera y entusiasmo con que se lanzó a esta.

El sábado bajé al refugio antiaéreo público que tan amablemente nos había acogido durante casi seis semanas para apagar las luces. Al hacerlo, supe que no permanecerían apagadas." 

(Gideon Levy, La casa de mi tía, 11/04/26, fuente Haaretz)

5.4.26

Hoy, el secretario de Defensa (o, mejor dicho, de Guerra), Pete Hegseth, ha solicitado la destitución de tres altos oficiales del ejércit estadounidense... ¿se está destituyendo a los generales que discrepan de la línea que la Administración pretende adoptar en los próximos días? Teniendo en cuenta que la llegada de las últimas fuerzas de desembarco estadounidenses está prevista para dentro de una semana, las posibilidades de que este despido sea el preludio de una operación terrestre son elevadas... Queda el enigma de qué impulsa al Gobierno estadounidense a intentar una aventura tan arriesgada y potencialmente catastrófica... La cuestión es que, mientras que desde el principio Estados Unidos tenía motivos muy modestos para provocar a Irán, esta guerra ha sido deseada y sigue siendo deseada por Israel como un enfrentamiento terminal, como un ajuste de cuentas definitivo con el único adversario regional digno de mención... Trump participa en este proceso no porque sea completamente ajeno a sus graves implicaciones, incluso para su propio futuro político, sino simplemente porque, de alguna manera, Israel lo tiene en sus manos. Cuáles sean las palancas de chantaje, solo podemos imaginarlo, pero esto explica bien lo que está sucediendo... Israel está enviando a los marines y paracaidistas estadounidenses a hacer lo que nunca sería capaz de hacer por sí solo... El espíritu que hemos visto en la decisión occidental de «luchar hasta el último ucraniano» encuentra una versión renovada en la propensión israelí a «luchar hasta el último estadounidense» (Andrea Zhok)

"Hoy, el secretario de Defensa (o, mejor dicho, de Guerra), Pete Hegseth, ha solicitado la destitución, respectivamente, de:

el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Randy George,

el general David Hodne, al frente del Mando de Transformación y Entrenamiento del Ejército,

y el general de división William Green, jefe del Cuerpo de Capellanes del Ejército.

Las hipótesis que explican esta decisión son básicamente dos, una centrada en el pasado y otra en el futuro: o bien la Administración Trump busca chivos expiatorios para justificar el fracaso de la operación iraní hasta la fecha (pero, en tal caso, la destitución debería ir seguida de una campaña de acusaciones), o bien se está destituyendo a los generales que discrepan de la línea que la Administración pretende adoptar en los próximos días.

Teniendo en cuenta que la llegada de las últimas fuerzas de desembarco estadounidenses, destinadas al Golfo Pérsico, está prevista para dentro de una semana, las posibilidades de que este despido sea el preludio de una operación terrestre son elevadas.

Queda el enigma de qué impulsa al Gobierno estadounidense a intentar una aventura tan arriesgada y potencialmente catastrófica. Pero creo que la respuesta, como ocurre cada vez con más frecuencia, no reside en razones públicas o públicamente inteligibles.

Para comprender lo que está sucediendo hay que, en mi opinión, combinar la triple destitución de hoy de los altos mandos militares con un segundo hecho, aparentemente irracional. Se ha observado a menudo cómo los repetidos asesinatos selectivos —siempre llevados a cabo por las FDI— han dejado en circulación muy pocas figuras de mediación. En los periódicos se ha ironizado, como si se tratara de un error, diciendo que esta estrategia había eliminado a todos los sujetos disponibles para negociar, bloqueando de entrada cualquier posibilidad de mediación.

Que esto haya ocurrido, es cierto; que haya sido un descuido, no lo creo en absoluto.

La cuestión es que, mientras que desde el principio Estados Unidos tenía motivos muy modestos para provocar a Irán, esta guerra ha sido deseada y sigue siendo deseada por Israel como un enfrentamiento terminal, como un ajuste de cuentas definitivo con el único adversario regional digno de mención.

Todos los Estados árabes de la zona se encuentran en una situación de humillante vasallaje. La frase de Trump sobre el soberano saudí Bin Salman, obligado a «besarle el culo», no creo que deje mucho margen de interpretación, sobre todo teniendo en cuenta la sumisión con la que se ha aceptado.

Trump participa en este proceso no porque sea completamente ajeno a sus graves implicaciones, incluso para su propio futuro político, sino simplemente porque, de alguna manera, Israel lo tiene en sus manos.

Cuáles sean las palancas de chantaje, solo podemos imaginarlo, pero esto explica bien lo que está sucediendo.

Israel está enviando a los marines y paracaidistas estadounidenses a hacer lo que nunca sería capaz de hacer por sí solo.

También aquí funciona ese mecanismo tan en boga hoy en día por el cual se continúa tranquilamente una guerra, aunque aparentemente irracional, siempre que sean «los aliados» quienes mueran.

El espíritu que hemos visto en la decisión occidental de «luchar hasta el último ucraniano» encuentra una versión renovada en la propensión israelí a «luchar hasta el último estadounidense»." 

(Andrea Zhok, blog, 03/04/26)

2.4.26

La resistencia de Irán ha significado que Estados Unidos e Israel han perdido la iniciativa estratégica... Una de las principales razones de esto es que los objetivos estratégicos de Estados Unidos e Israel son diferentes... la guerra va en contra de la estrategia de larga data de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, cuando Jimmy Carter declaró que cualquier intento de tomar el control del Golfo Pérsico sería repelido, incluso con la fuerza militar... Con este fin, la Quinta Flota de los Estados Unidos se estacionó permanentemente en el Golfo Pérsico y se impusieron sanciones económicas a Irán y a la URSS... con este dominio militar, las sucesivas administraciones aceptaron el statu quo provisional con Irán. Entendieron que si bien todavía se consideraba una amenaza, cualquier acción militar para eliminarla sería contraproducente... Para Israel, los cálculos estratégicos para una guerra con Irán son diferentes. Irán es un miembro clave del Eje de la Resistencia... Los principales objetivos del eje son resistir la dominación regional de Estados Unidos, destruir a Israel y apoyar la resistencia palestina, lo que solo puede hacer con el apoyo de Irán... Estados Unidos no permitió a Israel tomar acciones militares sostenidas contra los miembros del eje... Esto mantuvo el statu quo del Golfo y permitió que el petróleo siguiera fluyendo. Pero desde octubre de 2023, esta restricción se ha levantado... ahora Israel tiene la estrategia de destruir Irán, como hizo con Gaza y ahora Líbano (Martin Kear, Un. Sídney)

"La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán entra ahora en su segundo mes. A pesar de los espectaculares éxitos iniciales, la resiliencia del gobierno y el ejército de Irán ha significado que Estados Unidos e Israel hayan perdido la iniciativa estratégica.

Esto significa que están siendo más reactivos que proactivos a la hora de determinar el resultado de la guerra. Una de las principales razones de esto: los objetivos estratégicos contradictorios de Estados Unidos e Israel. Desde que comenzó la guerra, la administración Trump ha tenido dificultades para justificar su ataque a Irán.

Una razón por la que está fracasando es que la guerra va en contra de la estrategia de larga data de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. La estrategia se basa en la Doctrina Carter de 1980, que se emitió en respuesta a la Revolución Iraní de 1979 y a la invasión de Afganistán por parte de la URSS.

En su discurso sobre el estado de la Unión de 1980, el entonces presidente Jimmy Carter declaró que cualquier intento de tomar el control del Golfo Pérsico era contrario a los intereses vitales de Estados Unidos y sería repelido por cualquier medio, incluido el uso de la fuerza militar.

Con este fin, la Quinta Flota de los Estados Unidos se estacionó permanentemente en el Golfo Pérsico y se impusieron sanciones económicas a Irán y a la URSS. Desde 2001, ha habido un crecimiento exponencial en las bases militares estadounidenses en el Golfo, con aproximadamente 50,000 efectivos militares estadounidenses estacionados allí actualmente.

A pesar de este dominio militar, las sucesivas administraciones aceptaron el statu quo provisional con Irán. Entendieron que si bien todavía se consideraba una amenaza, cualquier acción militar para eliminarla sería contraproducente.

Esto se debe principalmente a que arriesgaba precisamente lo que la doctrina buscaba prevenir: el control del Golfo Pérsico, en este caso a través de la negación de Irán de acceso a través del Estrecho de Ormuz.

Cómo difieren los objetivos de Israel

Para Israel, los cálculos estratégicos para una guerra con Irán son vastamente diferentes. Irán es un miembro clave del Eje de la Resistencia. Esta es una coalición vagamente alineada que consta de Irán, Siria, Hezbolá, los hutíes y Hamás.

 Los principales objetivos del eje son resistir la dominación regional de Estados Unidos, destruir a Israel y apoyar la resistencia palestina a la ocupación israelí. El Eje no podía esperar desafiar el dominio estadounidense ni destruir Israel. Pero Irán sí brindó apoyo a Hezbolá y Hamás para resistir a Israel y su ocupación de los territorios palestinos.

A pesar de la constante amenaza a la seguridad israelí que representa el eje, Estados Unidos había logrado restringir con éxito a Israel de tomar acciones militares sostenidas contra los miembros del eje. Esto mantuvo el statu quo del Golfo y permitió que el petróleo siguiera fluyendo.

Pero desde octubre de 2023, esta restricción se ha levantado. En represalia por los ataques liderados por Hamás contra Israel, el gobierno de Netanyahu implementó su estrategia de "cortar el césped".

Aquí es donde Israel busca gestionar un conflicto con un enemigo intentando eliminar su liderazgo inmediato y destruir o degradar significativamente sus capacidades económicas, políticas y militares para establecer un nivel de disuasión.

Israel está utilizando esta estrategia contra Hamás y Hezbolá con efectos devastadores. Las tropas israelíes avanzan hacia el sur de Líbano, con el objetivo de ocupar territorio libanés para actuar como zona de amortiguamiento entre Líbano e Israel del norte. Esto privaría a Hezbolá de la mayor parte de su bastión tradicional en Líbano.

Sin embargo, esto ha provocado la muerte de cientos de civiles libaneses. También ha significado la destrucción sistemática de la infraestructura civil.

Israel ahora está utilizando la misma estrategia de destrucción contra Irán: asesinando a líderes políticos y militares clave y destruyendo infraestructura política y civil en todo el país.

Netanyahu como líder de guerra en un año electoral

Esta guerra no solo está degradando seriamente el poder militar y político de Irán, sino que también representa una gran ventaja para el primer ministro Benjamín Netanyahu en un año electoral. Los ataques de Hamás a Israel en 2023 fueron una enorme vergüenza para el primer ministro, quien apostó su reputación a ser visto como el "protector de Israel".

Ahora, en el período previo a las próximas elecciones, que deben celebrarse a más tardar el 27 de octubre, Netanyahu puede argumentar que su gobierno ha aplastado a Hamás y Hezbolá, y humillado a Irán. Netanyahu está desesperado por ganar las elecciones y probablemente usará la guerra de Irán como trampolín para retener el cargo de primer ministro.

Esto lo colocaría en una posición más fuerte para que el presidente Isaac Herzog lo perdonara y cancelara su juicio por corrupción de años. En resumen, Netanyahu tiene muchos incentivos para seguir atacando tanto a Irán como a Hezbolá. Pero el problema es que esta aparente bonanza política tiene un costo.

Primero, el apoyo a su gobierno vacila, a pesar del respaldo abrumador a su guerra contra Irán y Hezbolá. Si bien encuestas recientes indican que el partido Likud de Netanyahu está en lo más alto en las encuestas, esto parece depender de que Netanyahu logre sus objetivos declarados desde hace mucho tiempo: la destrucción de Hamás, Hezbolá y el colapso del actual régimen iraní.

Las encuestas a principios de 2025 también mostraron que el apoyo al Likud se desplomó ante la noticia de un inminente alto el fuego con Hamás. Esta inconstancia seguramente debe preocupar a Netanyahu, en caso de que la administración Trump negocie un alto el fuego que Irán dice que debe incluir a Hezbolá.

Segundo, el apoyo a Israel en Estados Unidos se ha desplomado después de 2023, con el 65% de los demócratas y el 41% de los independientes simpatizando ahora con los palestinos. Si bien el apoyo a Israel sigue siendo fuerte entre los republicanos, la encuesta también señaló que se encuentra en sus niveles más bajos desde 2004.

Lo mismo puede decirse del apoyo a Israel en Europa, con encuestas realizadas en 2025 que revelan que se encuentra en mínimos históricos. Esto no es un buen augurio para Israel, ya que necesita desesperadamente los 3.8 mil millones de dólares que recibe anualmente de Estados Unidos, junto con acceso sin restricciones al equipo y las municiones militares estadounidenses. 

 Sin esta ayuda, Israel ya no podría actuar contra las amenazas externas con impunidad y enfrentaría una grave recesión económica. Dada la histórica imprevisibilidad del presidente estadounidense Donald Trump, este apoyo no puede darse por sentado.

Tercero, altos ministros del gobierno de Netanyahu, incluido el propio Netanyahu, están siendo investigados por la Corte Penal Internacional (CPI) por genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en relación con su conducta durante la guerra de Israel contra Gaza.

Mientras el gobierno de Netanyahu continúa protestando su inocencia, cualquier hallazgo adverso probablemente disminuiría aún más el apoyo internacional a Israel, dejándolo más aislado que nunca.

Finalmente, si bien Israel y Estados Unidos han debilitado seriamente a Irán, Hamás y Hezbolá, el simple hecho de sobrevivir al ataque es considerado una victoria por estos actores, dadas las vastas diferencias en capacidad militar.

También ha llevado a la instalación de un liderazgo más joven, envalentonado y de línea dura, especialmente en Irán, lo que hace más probable la revitalización de un Eje de Resistencia más militante con la intención de vengarse.

Así que, en lugar de mejorar la seguridad de Israel, Netanyahu paradójicamente podría haber hecho que el futuro entorno de seguridad de Israel fuera cada vez más complicado y peligroso. Tal resultado dejaría a Israel más vulnerable a un ataque en un momento en que el apoyo de sus partidarios tradicionales es incierto." 

(Un. Sídney,  

31.3.26

Israel se está asegurando de que Trump no encuentre una vía de salida en Irán... El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, debió de haber convencido a Donald Trump de que una guerra contra Irán se desarrollaría de forma muy similar a el ataque con buscapersonas perpetrado en el Líbano hace 18 meses... El presidente de EE. UU. debería haber mirado hacia otro lado: hacia el colosal fracaso moral y estratégico de Israel en Gaza, dónde tras dos años y medio de destrucción de Gaza por parte de Israel, Hamás no solo sigue en pie, sino que está al mando de las ruinas... es Israel quien se ha retirado a una zona segura, desde la cual está reanudando una guerra de desgaste contra los supervivientes de Gaza... ¿por qué iba a imaginar Washington que la tarea de destruir Irán resultaría más fácil? Como Trump parece estar aprendiendo ahora por las malas, Irán dispone de palancas estratégicas que puede accionar con consecuencias devastadoras a escala mundial... Teherán está ahora sancionando al mundo, privándolo del combustible necesario para hacer girar las ruedas de la economía global... Estados Unidos e Israel están destruyendo la infraestructura militar visible de Irán, pero —tal y como descubrió Israel cuando invadió Gaza— no tienen prácticamente ni idea de lo que se esconde fuera de su vista... Israel e Irán tienen todas las cartas importantes. Trump, a pesar de su bravuconería, está siendo arrastrado por su estela... Irán busca causar tal caos en la economía mundial y en los Estados clientes de EE. UU. en el Golfo, que Washington no se atreva a considerar una secuela... La salida de Trump es difícil de alcanzar (Jonathan Cook)

"El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, debió de haber convencido a Donald Trump de que una guerra contra Irán se desarrollaría de forma muy similar a el ataque con buscapersonas perpetrado en el Líbano hace 18 meses.

Los dos ejércitos decapitarían conjuntamente a los dirigentes de Teherán, y estos se derrumbarían tal y como lo había hecho Hezbolá —o al menos eso parecía entonces— después de que Israel asesinara a Hassan Nasrallah, líder espiritual y estratega militar del grupo libanés.

De ser así, Trump se creyó profundamente esta artimaña. Asumió que sería el presidente de EE. UU. que «reestructuraría Oriente Medio», una misión que sus predecesores habían rechazado desde el lamentable fracaso de George W. Bush al intentar alcanzar el mismo objetivo, junto a Israel, más de veinte años antes.

Netanyahu dirigió la mirada de Trump hacia la supuesta «hazaña audaz» de Israel en el Líbano. El presidente de EE. UU. debería haber mirado hacia otro lado: hacia el colosal fracaso moral y estratégico de Israel en Gaza.

Allí, Israel pasó dos años reduciendo a escombros el diminuto enclave costero, matando de hambre a la población y destruyendo toda la infraestructura civil, incluidas escuelas y hospitales.

Netanyahu declaró públicamente que Israel estaba «erradicando a Hamás», el gobierno civil de Gaza y su movimiento de resistencia armada que se había negado durante dos décadas a someterse a la ocupación ilegal y al bloqueo del territorio por parte de Israel.

En realidad, como prácticamente todos los expertos en derecho y derechos humanos concluyeron hace tiempo, lo que Israel estaba haciendo en realidad era cometer un genocidio y, en el proceso, rompiendo las normas de la guerra que habían regido el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Pero, tras dos años y medio de destrucción de Gaza por parte de Israel, Hamás no solo sigue en pie, sino que está al mando de las ruinas.

Puede que Israel haya reducido en alrededor de un 60 % el tamaño del campo de concentración en el que el pueblo de Gaza se encuentra encerrado, pero Hamás está lejos de haber sido derrotado.

Más bien, es Israel quien se ha retirado a una zona segura, desde la cual está reanudando una guerra de desgaste contra los supervivientes de Gaza.

Sorpresas en perspectiva

Al plantearse si iniciar una guerra ilegal contra Irán, Trump debería haber tenido en cuenta el fracaso total de Israel a la hora de destruir a Hamás tras bombardear desde el aire durante dos años este pequeño territorio —del tamaño de la ciudad estadounidense de Detroit—.

Ese fracaso fue aún más evidente dado que Washington había suministrado a Israel un suministro inagotable de municiones.

Ni siquiera el envío de fuerzas terrestres israelíes logró sofocar la resistencia de Hamás. Estas eran las lecciones estratégicas que la Administración Trump debería haber aprendido.

Si Israel no pudo dominar militarmente a Gaza, ¿por qué iba a imaginar Washington que la tarea de hacerlo en Irán resultaría más fácil?

Al fin y al cabo, Irán es 4.500 veces más grande que Gaza. Tiene una población y un ejército 40 veces mayores. Y cuenta con un temible arsenal de misiles, no con los cohetes caseros de Hamás.

Pero lo que es aún más importante, como Trump parece estar aprendiendo ahora por las malas, Irán —a diferencia de Hamás en la aislada Gaza— dispone de palancas estratégicas que puede accionar con consecuencias devastadoras a escala mundial.

Teherán está igualando el ascenso de Washington por la escalera de la escalada peldaño a peldaño: desde atacar la infraestructura militar estadounidense en los estados vecinos del Golfo y la infraestructura civil crítica, como las redes energéticas y las plantas desalinizadoras, hasta cerrar el estrecho de Ormuz, el paso por el que se transporta gran parte del suministro mundial de petróleo y energía.

Teherán está ahora sancionando al mundo, privándolo del combustible necesario para hacer girar las ruedas de la economía global, de forma muy similar a como Occidente sancionó a Irán durante décadas, privándolo de los elementos esenciales necesarios para sostener su economía nacional.

A diferencia de Hamás, que tuvo que luchar desde una red de túneles bajo las llanuras arenosas de Gaza, Irán cuenta con un terreno que le proporciona una ventaja militar enorme.

Los acantilados de granito y las estrechas calas a lo largo del estrecho de Ormuz proporcionan un sinfín de lugares protegidos desde los que lanzar ataques sorpresa. Las vastas cadenas montañosas del interior ofrecen innumerables escondites: para el uranio enriquecido que EE. UU. e Israel exigen que Irán entregue, para los soldados, para las bases de lanzamiento de drones y misiles, y para las plantas de producción de armas.

Estados Unidos e Israel están destruyendo la infraestructura militar visible de Irán, pero —tal y como descubrió Israel cuando invadió Gaza— no tienen prácticamente ni idea de lo que se esconde fuera de su vista.

Sin embargo, de una cosa pueden estar seguros: Irán, que lleva décadas preparándose para esta lucha, tiene muchas sorpresas reservadas en caso de que se atrevan a invadir.

No hay confianza en Trump

El principal problema para Trump, el narcisista en jefe de EE. UU., es que ya no está al mando de los acontecimientos —más allá de una serie de frases efectistas, que alternan entre la agresividad y la complacencia, y que parecen haber enriquecido únicamente a su familia y amigos a medida que los mercados petroleros suben y bajan con cada una de sus declaraciones.

Trump perdió el control de la contienda militar en el momento en que cayó en la trampa de Netanyahu.

Puede que sea el comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo, pero ahora se ha visto inesperadamente en el papel de un cerdo en medio.

Carece en gran medida de poder para poner fin a una guerra ilegal que él mismo inició. Ahora son otros quienes dictan los acontecimientos. Israel, su principal aliado en la guerra, e Irán, su enemigo oficial, tienen todas las cartas importantes. Trump, a pesar de su bravuconería, está siendo arrastrado por su estela.

Puede declarar la victoria, como ha dado a entender en repetidas ocasiones. Pero, habiendo liberado al genio de la lámpara, poco puede hacer realmente para poner fin a los combates.

A diferencia de Estados Unidos, Israel e Irán tienen interés en que la guerra continúe mientras cualquiera de ellos pueda soportar el dolor. Cada régimen cree —por diferentes razones— que la lucha entre ellos es existencial.

Israel, con su visión del mundo de suma cero, teme que, si Irán igualara el estatus de potencia nuclear de Israel y se nivelara el campo de batalla militar en Oriente Medio, Tel Aviv ya no contaría con la atención exclusiva de Washington.

Ya no podría, a su antojo, sembrar el terror por toda la región. Y tendría que llegar a un acuerdo con los palestinos, en lugar de llevar a cabo su plan preferido de cometer genocidio y llevar a cabo una limpieza étnica contra ellos.

Del mismo modo, Irán ha llegado a la conclusión —basándose en la experiencia reciente— de que no se puede confiar en Estados Unidos, y especialmente en Trump, más de lo que se puede confiar en Israel.

En 2018, durante su primer mandato, el presidente estadounidense rompió el acuerdo nuclear firmado por su predecesor, Barack Obama. El verano pasado, Trump lanzó ataques contra Irán en medio de las negociaciones. Y a finales del mes pasado desató esta guerra, justo cuando las negociaciones renovadas estaban a punto de culminar con éxito, según los mediadores.

Las palabras de Trump no valen nada. Podría aceptar las condiciones mañana mismo, pero ¿cómo podría Teherán estar seguro de que no se enfrentaría a otra ronda de ataques seis meses después?

Irán observa el destino de Gaza durante las últimas dos décadas. Israel comenzó bloqueando el territorio y sometiendo a la población a una dieta que se intensificaba si se negaban a permanecer callados en su campo de concentración.

Luego, Israel comenzó a «cortar el césped» cada pocos años, es decir, a bombardear el enclave con ataques aéreos. E Israel terminó desatando un genocidio.

Los líderes de Irán no están dispuestos a arriesgarse a seguir ese camino.

En cambio, creen que deben dar a EE. UU. una lección que no olvidará fácilmente. Irán busca causar tal caos en la economía mundial y en los Estados clientes de EE. UU. en el Golfo, que Washington no se atreva a considerar una secuela.

Esta semana, el New York Times informó de que los ataques iraníes habían dejado muchas de las 13 bases militares estadounidenses de la región «prácticamente inhabitables». Los 40 000 soldados estadounidenses en el Golfo han tenido que ser «reubicados en hoteles y oficinas», incluidos miles que han sido «dispersados… hasta lugares tan lejanos como Europa».

Avivando las llamas

Como se hace cada día más evidente, los intereses de Estados Unidos e Israel respecto a Irán se encuentran ahora en oposición.

Trump necesita devolver la calma a los mercados lo antes posible para evitar una depresión mundial y, con ella, el colapso de su apoyo interno. Debe encontrar una forma de restablecer la estabilidad.

Dado que los ataques aéreos no han logrado desalojar ni a los ayatolás ni a la Guardia Revolucionaria, tiene ante sí dos opciones: o bien dar marcha atrás y entablar negociaciones humillantes con Irán, o bien intentar derrocar al régimen mediante una invasión terrestre e imponer un líder de su elección.

Pero dado que Irán no ha terminado de causar daño a EE. UU. y no tiene ningún motivo para confiar en la buena fe de Trump, Washington se ve empujado inexorablemente hacia la segunda vía.

Israel, por su parte, se opone con vehemencia a la primera opción, las negociaciones, que lo llevarían de vuelta al punto de partida. Y sospecha que la segunda opción es inalcanzable.

La principal lección de Gaza es que el vasto territorio de Irán probablemente convertiría a las tropas invasoras en blancos fáciles para los ataques de un enemigo invisible.

Y existe un apoyo demasiado amplio a los dirigentes entre los iraníes —aunque los occidentales nunca se enteren de ello— como para que Israel y EE. UU. impongan a la población al pretendiente al trono, Reza Pahlavi, quien ha estado aplaudiendo el bombardeo de su propio pueblo desde la seguridad de un segundo plano.

Israel inició esta guerra con una agenda totalmente diferente. Busca el caos en Irán, no la estabilidad. Eso es lo que ha estado tratando de provocar en Gaza y el Líbano, y todo apunta a que busca el mismo resultado en Irán.

Esto debería haberse comprendido hace tiempo en Washington.

Esta semana, Jake Sullivan, exasesor de seguridad nacional de Joe Biden, citó unos comentarios recientes de Danny Citrinowicz, un veterano exjefe de inteligencia militar israelí especializado en Irán, según los cuales el objetivo de Netanyahu es «simplemente destrozar Irán, provocar el caos». ¿Por qué? «Porque», dice Sullivan, «en lo que a ellos respecta, un Irán destrozado supone una menor amenaza para Israel».

Esa es la razón por la que Israel sigue asesinando a líderes iraníes, como ya hizo anteriormente en Gaza, sabiendo que figuras aún más beligerantes ocuparán su lugar. Quiere líderes radicalizados y vengativos que se nieguen a dialogar, no pragmáticos dispuestos a negociar.

Por eso Israel está atacando infraestructuras civiles en Irán, tal y como hizo en Gaza y está haciendo ahora mismo en el Líbano, para infundir desesperanza y fomentar la división, y para provocar que Teherán arremeta en represalia, lo que provocaría una mayor indignación entre los vecinos del Golfo de Irán y arrastraría a EE. UU. a una implicación aún mayor.

Por eso Israel ha estado colaborando en secreto con —y sin duda armando a— grupos minoritarios en Irán y sus alrededores, tal y como ha vuelto a hacer en Gaza y el Líbano, con la esperanza de avivar aún más las llamas de la desintegración interna.

Los Estados en guerra civil, consumidos por sus propias luchas internas, suponen una amenaza mínima para Israel.

Mensajes confusos

Como es habitual, Trump está enviando mensajes confusos. Pretende negociar —aunque no está claro con quién— mientras acumula tropas para una invasión terrestre.

Resulta difícil analizar las intenciones del presidente estadounidense porque sus declaraciones carecen por completo de sentido estratégico.

El pasado miércoles por la noche, declaró en una recaudación de fondos en Washington que Irán deseaba «llegar a un acuerdo a toda costa», y añadió: «Tienen miedo de decirlo porque creen que su propio pueblo los matará. También temen que los matemos nosotros».

Esta no es la lógica de una superpotencia que busca reforzar su propia autoridad y restablecer el orden en la región. Es la lógica de un jefe del crimen acorralado, que espera que una última y desesperada jugada pueda trastocar los planes de sus rivales lo suficiente como para darle la vuelta a la situación.

Esa jugada parece ser un plan para enviar fuerzas especiales estadounidenses a ocupar la isla de Kharg, el principal centro de las exportaciones petroleras de Irán a través del estrecho de Ormuz.

Trump parece creer que puede utilizar la isla como moneda de cambio, exigiendo a Teherán que reabra el estrecho o pierda el acceso a su propio petróleo.

Según los diplomáticos, Irán no solo se niega a ceder el control del estrecho, sino que amenaza con bombardear la isla —y a las fuerzas estadounidenses allí estacionadas— antes que conceder a Trump esa ventaja. Teherán también advierte de que comenzará a atacar el tráfico marítimo en el mar Rojo, una segunda vía navegable vital para el transporte de suministros de petróleo desde la región.

Aún le quedan cartas que jugar.

Este es un juego de gallina en el que Trump tendrá dificultades para ganar. Todo ello deja a los dirigentes israelíes en una posición muy cómoda.

Si Trump sube la apuesta, Irán hará lo mismo. Si Trump declara la victoria, Irán seguirá disparando para subrayar que es él quien decide cuándo se pone fin a todo. Y en el improbable caso de que EE. UU. haga concesiones importantes a Teherán, Israel dispone de múltiples formas de avivar las llamas de nuevo.

De hecho, aunque los medios occidentales apenas lo informan, ya está avivando activamente esos incendios.

Está destruyendo el sur del Líbano, utilizando como modelo la demolición de Gaza, y preparándose para anexionar tierras al sur del río Litani de acuerdo con su agenda imperial del Gran Israel.

Sigue matando a palestinos en Gaza, sigue reduciendo el tamaño de su campo de concentración y sigue bloqueando la ayuda, los alimentos y el combustible.

E Israel está intensificando los pogromos de sus milicias de colonos contra las aldeas palestinas en la Cisjordania ocupada, como preparación para la limpieza étnica de lo que en su día se suponía que sería la columna vertebral de un Estado palestino.

Sullivan, asesor principal de Biden, señaló que la visión de Israel de un «Irán destrozado» no redundaba en interés de Estados Unidos. Suponía el riesgo de una inseguridad prolongada en el estrecho de Ormuz, el colapso de la economía mundial y un éxodo masivo de refugiados de la región hacia Europa.

Esto agravaría aún más una crisis económica europea a la que ya se culpa a los inmigrantes. Reforzaría el sentimiento nativista que los partidos de extrema derecha ya están aprovechando en las encuestas. Intensificaría la crisis de legitimidad a la que ya se enfrentan las élites liberales europeas y justificaría el creciente autoritarismo.

En otras palabras, fomentaría en toda Europa un clima político aún más propicio para la agenda supremacista de Israel, basada en la ley del más fuerte.

La salida de Trump es difícil de alcanzar. E Israel hará todo lo posible para asegurarse de que siga siendo así." 

(Jonathan Cook , blog, 30/03/26, traducción DEEPL)