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11.2.22

Turchin: “Dadas las tendencias de las principales variables estructurales y demográficas de los últimos 40 años, nos espera una ola bastante importante de violencia sociopolítica, a menos que algo cambie”

 "El investigador Peter Turchin lleva una década luchando contra el apelativo de Nostradamus actual que, una y otra vez, insisten en atribuirle tras haber publicado en Nature, en febrero de 2010: “Es probable que la próxima década sea un período de creciente inestabilidad en los Estados Unidos y Europa”. Pero él no ceja en defender que sus afirmaciones son “predicciones científicas” resultantes de la aplicación de la matemática a los macrodatos. Asegura que su modelo, que ha bautizado como cliodinámica (Clío por la musa de la Historia y dinámica por la ciencia del cambio), “trata de comprender por qué y cómo cambian los sistemas sociales”. (...)

“Dadas las tendencias de las principales variables estructurales y demográficas de los últimos 40 años, nos espera una ola bastante importante de violencia sociopolítica, a menos que algo cambie”. (...)

Este profesor en la Universidad de Connecticut (EE UU) e investigador asociado de Oxford es también jefe de grupo en el Complexity Science Hub de Viena, una red para el estudio de sistemas complejos que den sentido y utilidad a los macrodatos, o big data, para la sociedad.

Macrodatos para las grandes cuestiones de la historia

“Necesitamos modelos matemáticos para comparar predicciones de teorías con datos. Lo más importante es que necesitamos macrodatos para probar estas predicciones. Durante los últimos 10 años, he dedicado la mayor parte de mi energía a coordinar un consorcio de investigación internacional e interdisciplinario que ha estado construyendo un enorme compendio de conocimientos sobre sociedades pasadas. Lo llamamos Seshat, banco de datos de historia global. Fue diseñado para responder grandes preguntas en la historia, como qué impulsa la evolución de la tecnología. La clave consiste en traducir ese conocimiento en datos para el análisis. Y eso es lo que ha hecho Seshat: ha llevado el big data a las grandes cuestiones de la historia” (...)

Así lo resume Turchin: “Buscamos principios generales (leyes, si se quiere) y construimos modelos matemáticos basados en estos principios. Luego viene la parte más crítica: probar las predicciones del modelo con datos históricos para que podamos decir qué modelos y teorías son correctos y cuáles no. Por lo tanto, la predicción es instrumental: está subordinada al objetivo principal, el de la comprensión. El propósito principal de las matemáticas es asegurarse de que las predicciones sigan lógicamente a las premisas”.

Pero el científico rechaza —ahora ya incluso con humor— el carácter profético que le han querido atribuir: “Es útil distinguir este tipo de predicción [cliodinámica], que está subordinada al objetivo principal de probar teorías (lo llamaré “predicción científica”) de la profecía. Una profecía es una declaración incondicional de lo que sucederá en el futuro. Por ejemplo, ‘la vida en la Tierra terminará en 2012′. Otro ejemplo es ‘Estados Unidos colapsará en 2020′. Para mi gran regocijo, ¡hay reporteros por ahí que afirman que propuse tal profecía! Para que conste: nunca lo dije”.

 Turchin hace referencia a las consecuencias de su artículo en Nature hace 12 años y cuyas secuelas siguen alimentando los medios. En aquel texto, el investigador se refería a la congelación salarial, a la brecha creciente entre ricos y pobres, a la “sobreproducción de jóvenes graduados” en las universidades y a una “deuda pública explosiva”, entre otros aspectos, como indicadores que ya antes habían precedido a épocas de inestabilidad política. Entonces escribió en aquel artículo de 2010: “En los Estados Unidos, los picos de inestabilidad de 50 años ocurrieron alrededor de 1870, 1920 y 1970, por lo que otro podría estar previsto alrededor de 2020″.

Pero nunca se refirió a un colapso y hoy lo considera difícil, aunque posible: “Podría suceder; los grandes imperios colapsaron en el pasado, pero la probabilidad de tal evento en los próximos 10 años, en mi opinión, es bastante baja. En cualquier caso, el modelo estructural-demográfico que he desarrollado para los Estados Unidos no predice tal cosa. Lo que el modelo predice es que, dadas las tendencias de las principales variables estructurales-demográficas en los últimos 40 años, nos espera una ola bastante importante de violencia sociopolítica, a menos que algo cambie. El modelo dice lo que se debe hacer para evitar el estallido de inestabilidad: revertir la tendencia de la creciente desigualdad de ingresos, moderar la competencia entre las élites, volver a equilibrar la financiación estatal, etcétera”. E insiste: “La mala noticia es que el futuro es impredecible”.

 El investigador resalta que las sociedades pueden evitar el desastre y, de todos los factores que forman parte de sus funciones matemáticas para determinar el futuro de un Estado o civilización, la fundamental es la asabiya de Ibn Jaldún o capacidad de realizar acciones colectivas. Según escribe en la obra recién publicada en español: “No importa cuántos súbditos tenga un imperio. Si no pueden o no quieren trabajar juntos, el poder del imperio será nulo y sin efecto”.

En este sentido añade que la fuerza imperial “es un producto de la población y la asabiya” frente a la que apunta que las coacciones son insuficientes o ineficaces: “Los sistemas coercitivos son más débiles que los sistemas cooperativos. Los sistemas coercitivos pueden persistir durante mucho tiempo, pero si tienen que competir con una sociedad cooperativa, pierden”.

 Y uno de los elementos claves para este “capital social”, según él lo describe, es la comunicación social, que puede ser ambivalente: con capacidad para desarrollarlo o destruirlo. A esta cuestión responde: “La comunicación social puede hacer ambas cosas; la forma en que funciona depende de otros factores. Por ejemplo, si la competencia interna es demasiado intensa, socavará la cooperación”. Al potencial efecto pernicioso de las redes sociales se uniría la corrupción, como uno de los factores que minan la asociación interpersonal, la confianza y la cooperación. “Sin duda, es un factor importante que contribuye, pero no el único” afirma para señalar las crisis migratorias, el cambio climático o la pandemia como elementos a considerar como desencadenantes de desastres.

En el lado contrario, como uno de los elementos que ha favorecido históricamente el capital social, Turchin señala la religión. Pero admite que en la sociedad occidental ha perdido peso. Según afirma, ese papel lo ha asumido la “ideología secular, como la que vemos en los países nórdicos”.

Si algo ha aprendido Turchin en la última década es a eludir las trampas proféticas. Defiende que medio siglo es el período más preciso para el estudio de las sociedades, pero, ante la pregunta ¿cuál será la evolución en los próximos 50 años?, responde tajante: “No puedo hacer tal predicción”.       (Raúl Limón, El País, 01/02/22)

8.2.22

Michael Roberts: El azúcar se acaba... las perspectivas de recuperación en 2022 parecen ahora peores que las previstas por el FMI el pasado mes de octubre: los principales culpables, según el FMI, son la variante Omicron Covid-19, la escasez de suministros y una inflación inesperadamente alta... Esto aumenta el riesgo de una crisis de la deuda en 2022 que implosione la burbuja de los activos financieros, alimentada por el crédito barato de los dos últimos años. Tal es la magnitud de la deuda de las empresas y el gran número de las llamadas "empresas zombis" que ni siquiera obtienen beneficios suficientes para cubrir el servicio de sus deudas (a pesar de los bajísimos tipos de interés), que podría producirse un crack financiero

 "A principios de enero, publiqué mi previsión económica para la economía mundial en 2022.  Afirmaba que, aunque era probable que las principales economías capitalistas se expandieran durante 2022, el crecimiento del PIB real, de la inversión y de los ingresos sería mucho más lento que el rápido repunte de 2021 tras la caída de la pandemia mundial de 2020.  

El año pasado se había producido un salto atrás, al reabrirse las economías tras la primera y segunda oleada de COVID de 2020.  En las principales economías, especialmente en EE.UU., ese repunte se había visto favorecido por una importante inyección de crédito fácil, tipos de interés cero y un considerable gasto fiscal.  Este repunte fue similar al "subidón de azúcar" que obtenemos si ingerimos una gran cantidad de cosas dulces para ponernos en marcha.  Hay un gran impulso, pero no dura.

Y ese parece ser el caso a medida que nos adentramos en 2022.   (...)

De hecho, si se consulta el nuevo rastreador semanal del PIB de la OCDE, basado en los índices de actividad de Google, el PIB real de EE.UU. estaba retrocediendo al entrar en enero y la brecha entre el crecimiento actual y la tendencia pre-COVID se estaba ampliando, hasta un -2,8% por debajo del crecimiento de la tendencia pre-COVID. Y ha estado retrocediendo desde noviembre de 2021 bajo la presión de la ola Omicron. (...)

Después de tener en cuenta este ajuste puntual del censo, los puestos de trabajo en enero cayeron realmente en 272.000, mientras que la encuesta de hogares (otra medida de los puestos de trabajo) mostró una caída de 90.000, la peor caída desde el comienzo de la pandemia.  La realidad es que sólo el 80% de los estadounidenses en el grupo de edad laboral más avanzada (25-54 años) que tenían trabajo antes del COVID lo tienen ahora. (...)

El principal banco de inversión, Goldman Sachs, estima que el crecimiento económico de EE.UU. se ralentizará hasta el 0,5% interanual en el primer trimestre de 2022. Esta cifra es inferior a su anterior estimación del 2,2% y GS también ha recortado su previsión para el conjunto de 2022 del 3,8% al 3,2%.

La historia es similar, pero peor, para la Eurozona.  El PIB real de la zona euro aumentó un 0,3% en el cuarto trimestre de 2021. Este fue el crecimiento trimestral más lento de 2021, ya que la ola de Omicron golpeó. Esto significa que el PIB real del cuarto trimestre de 2021 aumentó un 4,6% en comparación con el cuarto trimestre de 2020. En el conjunto del año, el PIB real aumentó un 5,2% tras una contracción del 6,4% en 2020. 

Se trata de la expansión más rápida desde 1977, pero sigue siendo más lenta que la subida de Estados Unidos, del 5,7%.  Pero, como en el caso de EE.UU., el aumento del PIB en el cuarto trimestre se debió sobre todo a la acumulación de existencias y no a las ventas, por lo que el ritmo de crecimiento caerá bruscamente en el primer trimestre de 2022.  (...)

Así pues, las perspectivas de recuperación en 2022 parecen ahora peores que las previstas por el FMI el pasado mes de octubre: los principales culpables, según el FMI, son la variante Omicron Covid-19, la escasez de suministros y una inflación inesperadamente alta. 

(...) ¿Por qué está desapareciendo la "fiebre del azúcar"?  No se trata sólo del impacto de la ola Omicron.  Las principales razones las expuse en mi post de enero.   En primer lugar, se ha producido una importante "cicatriz" en las principales economías a causa de la pandemia de COVID en cuanto a puestos de trabajo, inversión y productividad del trabajo que nunca podrá recuperarse.  Esto se manifestó en un enorme aumento de la deuda, tanto del sector público como del privado, que pesa sobre las principales economías como el daño permanente del "largo COVID" en millones de personas.

Esta "cicatrización" también se exhibió en una caída de la rentabilidad media del capital en las principales economías en 2020 hasta un nuevo mínimo, cuya reactivación en 2021 no fue suficiente para restaurar la rentabilidad ni siquiera al nivel de 2019.  Con la rentabilidad media de las principales economías en mínimos, no hay incentivos para aumentar la inversión lo suficiente como para impulsar la oferta.  La inversión productiva de EE.UU., aunque se ha recuperado de la caída de la pandemia, sigue estando por debajo de la tendencia anterior a la crisis.

Esto aumenta el riesgo de una crisis de la deuda en 2022 que implosione la burbuja de los activos financieros, alimentada por el crédito barato de los dos últimos años.  Tal es la magnitud de la deuda de las empresas y el gran número de las llamadas "empresas zombis" que ni siquiera obtienen beneficios suficientes para cubrir el servicio de sus deudas (a pesar de los bajísimos tipos de interés), que podría producirse un crack financiero.

Ya en enero, el enorme auge bursátil se ha "corregido".  En particular, los valores tecnológicos y de medios de comunicación que han impulsado el auge: Facebook, Alphabet, Microsoft y Netflix se han desplomado junto con el fenómeno de los coches eléctricos de Tesla.

Y esa otra burbuja loca del periodo COVID, las criptodivisas, también ha sufrido un golpe. (...)

En mi opinión, es la desaceleración de las principales economías y los continuos cuellos de botella de la oferta para satisfacer la demanda de los consumidores lo que ha provocado el enorme repunte de las tasas de inflación.

Esto se revela especialmente en los precios de la energía, el principal motor de la inflación.

Y como ya he comentado antes, esto pone a los bancos centrales en un dilema.  ¿Suben los tipos de interés oficiales para intentar controlar la inflación, pero se arriesgan a un desplome de los mercados financieros y a una recesión, o esperan que las tasas de inflación disminuyan durante este año y puedan evitar provocar una crisis?  La respuesta es que no lo saben. 

 Pero con las tasas de inflación aún en aumento, los principales bancos centrales están revirtiendo a regañadientes sus políticas de dinero fácil de los últimos diez años.  La Reserva Federal está "reduciendo" sus compras de bonos y preparándose para subir los tipos de interés varias veces este año.  El Banco de Inglaterra ya ha subido su tipo de interés dos veces, mientras prevé que la inflación supere ampliamente el 7%.  E incluso el BCE habla de "endurecer" su política a finales de este año.

La realidad es que los bancos centrales no tienen ningún control real sobre la inflación. Pero aun así, lo están intentando. Como resultado, los tipos de interés del mercado ya están subiendo.  El bono del Tesoro de EE.UU., el piso de referencia para los préstamos de las empresas, está en alza con rendimientos de 50 puntos básicos. (...)

Esto aumenta el riesgo de una crisis de la deuda corporativa con una sección tan grande de empresas en las principales economías que ya se encuentran en un estado "zombi" (es decir, que no obtienen suficientes beneficios para "servir" sus deudas existentes).

En cuanto a las llamadas economías emergentes, ya se encuentran en un estado calamitoso. Según el FMI, cerca de la mitad de las economías de renta baja están ahora en peligro de impago. La deuda mundial ha alcanzado ya los 300 billones de dólares, es decir, el 355% del PIB mundial.  Se calcula que una subida de los tipos de interés del 1% aumenta el pago de intereses a nivel mundial de 10 billones de dólares al año a 16 billones, es decir, el 15% del PIB mundial.  Y con una subida del 2% de los puntos, los costes de los intereses serán de 20 billones de dólares, es decir, el 20% del PIB.  Entonces, no sólo varios países pobres se verán obligados a incumplir, sino que también lo harán muchas empresas más débiles de las economías avanzadas, lo que provocará un efecto rebote en el sector empresarial.

En los últimos 70 años, cada vez que la tasa de inflación de Estados Unidos superaba el 5% anual, era necesaria una recesión para bajarla.  Y los inversores financieros están tomando nota.

Esto se pone de manifiesto en lo que se denomina "curva de rendimiento" de la deuda pública, es decir, la diferencia entre el tipo de interés de los bonos a largo plazo (10 años) y los de corto plazo (3 o 2 años).  Esta "curva" se ha ido aplanando.

Históricamente, cuando la curva se aplana completamente o incluso se "invierte", es decir, cuando el tipo de interés de los bonos a largo plazo es inferior al de los bonos a corto plazo, suele producirse una recesión.  La curva se está aplanando ahora porque los inversores esperan que la Reserva Federal suba los tipos de interés con fuerza este año.  Si los inversores empiezan a pensar que la economía también se está desacelerando hacia el estancamiento, entonces comprarán bonos seguros a largo plazo y el tipo de interés bajará en ellos.  La curva de rendimiento se invertirá.  Será un indicador de que se avecina un desplome."     
             (Michael Roberts, Brave New Europe, 07/02/22)

27.1.22

Para construir mejores sociedades post-Covid, debemos romper el ciclo de alta desigualdad y alta pobreza... La estrategia de cuatro décadas a favor de la desigualdad ha creado dos fuerzas destructivas e interrelacionadas. En primer lugar, los países más apegados a la contrarrevolución social y económica de la década de 1980 han sucumbido a un ciclo arraigado de alta desigualdad y alta pobreza. En segundo lugar, este ciclo está siendo impulsado por un modelo de capitalismo extractivo en el que las élites financieras con excesivo poder han podido asegurarse una parte desproporcionada de las ganancias del crecimiento... Las tasas de pobreza infantil han aumentado en dos tercios de los países de la OCDE en los últimos 15 años, mientras que la ayuda alimentaria benéfica ha aumentado en toda Europa... la pandemia ha demostrado ser otra bonanza para los ya ricos y acaudalados... la élite financiera y empresarial mundial no está dispuesta a aceptar nada que no sea una erosión simbólica de su poder, sus privilegios y su riqueza... De ser así, las sociedades post-Covid terminarán pareciéndose mucho a sus modelos pre-pandémicos, impulsores de la desigualdad.

 "En los últimos 40 años se ha producido un notable -y prolongado- experimento mundial de desigualdad. Si bien los años de reforma social de la posguerra dieron lugar a un nuevo impulso hacia una mayor igualdad, esa tendencia se invirtió después. Hoy en día, la mayoría de las naciones ricas son significativamente más desiguales que en la década de 1980.

 Este retroceso se ha producido en gran parte por el fracaso del movimiento igualitario a la hora de recuperar el terreno ideológico. Mientras que los igualitarios ganaron la batalla de las ideas en 1945, el testigo ideológico fue tomado por un grupo de evangelistas pro-mercado, antes marginados. Afirmaron que la construcción de economías más fuertes y emprendedoras requería una fuerte dosis de desigualdad. 

Pocos lo han expresado con tanta contundencia como Robert E. Lucas, uno de los sumos sacerdotes de la revolución del mercado posterior a los años 80, con sede en Chicago. De las tendencias perjudiciales para una economía sólida", escribió en 2003, "la más venenosa es centrarse en cuestiones de distribución". Fue una teoría que se convirtió en la sabiduría convencional, abrazada por los economistas de la corriente principal y aplicada por muchos, incluidos los gobiernos de centro-izquierda.

Hoy tenemos la evidencia de ese experimento. La estrategia de cuatro décadas a favor de la desigualdad ha creado dos fuerzas destructivas e interrelacionadas. En primer lugar, los países más apegados a la contrarrevolución social y económica de la década de 1980 han sucumbido a un ciclo arraigado de alta desigualdad y alta pobreza. En segundo lugar, este ciclo está siendo impulsado por un modelo de capitalismo extractivo en el que las élites financieras con excesivo poder han podido asegurarse una parte desproporcionada de las ganancias del crecimiento. La práctica de la extracción por parte de las grandes empresas en las últimas décadas ha conducido a un sesgo de desigualdad en muchas naciones, con choques económicos, como el Crash de 2008 y Covid-19, que han llevado a una mayor ampliación de las brechas de ingresos y oportunidades.

Todas las sociedades necesitan justificar sus desigualdades. Sin embargo, el experimento de la desigualdad ha demostrado ser un ejemplo clásico de lo que el filósofo del siglo XVII Francis Bacon llamó "ciencia de los deseos". Lejos de los beneficios económicos prometidos, el experimento ha traído consigo el debilitamiento de las economías, un rastro destructivo de fragilidad social y un retroceso en las oportunidades de vida para muchos. Las tasas de pobreza infantil han aumentado en dos tercios de los países de la OCDE en los últimos 15 años, mientras que la ayuda alimentaria benéfica ha aumentado en toda Europa. 

Las elevadas diferencias de renta y riqueza también están asociadas a democracias divididas y debilitadas. Estados Unidos, el país más rico del mundo, se enfrenta a una nueva crisis democrática. En el Reino Unido, en las elecciones generales de 2010 hubo una diferencia de 23 puntos porcentuales entre la participación de los grupos de ingresos más ricos y más pobres. El 1% más rico del mundo emite el doble de emisiones de carbono que la mitad más pobre, por lo que la enorme brecha de riqueza e ingresos está alimentando la crisis climática mundial.

Con el impacto de la pandemia soportado en mayor medida por los más pobres, Covid-19 ha reforzado el argumento de una mayor equiparación. Se habla mucho de construir un mundo mejor después de Covid, y de la necesidad de un reajuste radical del actual modelo de capitalismo, que favorece la desigualdad. Sin embargo, la respuesta política a estos llamamientos ha sido, en el mejor de los casos, marginal. 

En contraste con el aumento de la inseguridad para muchos, la pandemia ha demostrado ser otra bonanza para los ya ricos y acaudalados. La riqueza de los 2.189 multimillonarios del mundo aumentó en más de una cuarta parte en los cuatro meses anteriores a julio de 2020, llevando su riqueza conjunta a un nuevo máximo. Los dos grupos empresariales que mejor han salido de la crisis han sido las "grandes finanzas" y las "grandes tecnologías".

A pesar de una serie de planes para una economía política posneoliberal, ha habido pocos intentos de hacer que los líderes corporativos y financieros compartan la carga de la reducción y un mínimo reconocimiento oficial de lo frágiles que se han vuelto las economías de mercado. Los instrumentos de extracción -el desvío de los crecientes beneficios de las empresas hacia mayores rendimientos para los accionistas y los ejecutivos, un aumento de las adquisiciones de capital privado apalancado, el descremado de los rendimientos de las transacciones financieras y un proceso continuo de monopolización- siguen vigentes.

Hay algunos signos, aunque limitados, de cambio. La agenda de Joe Biden para el cambio social progresista en Estados Unidos ha hecho algunos progresos, pero se enfrenta a las habituales limitaciones políticas a las reformas radicales incorporadas al sistema estadounidense. En Europa, desde Alemania hasta Portugal, las fuerzas progresistas están ganando la discusión ideológica. Sin embargo, la creciente presión para actuar no se ha traducido en un programa tangible de cambio, mientras que la élite financiera y empresarial mundial no está dispuesta a aceptar nada que no sea una erosión simbólica de su poder, sus privilegios y su riqueza. Como advirtió George Orwell en 1941, "los banqueros y los grandes empresarios, los terratenientes y los cobradores de dividendos, los funcionarios con sus culos prensiles, obstruirán todo lo que puedan".

Si los mecanismos extractivos actuales que impulsan la polarización permanecen en gran medida intactos, los niveles de renta y riqueza seguirán estando muy concentrados. De ser así, las sociedades post-Covid terminarán pareciéndose mucho a sus modelos pre-pandémicos, impulsores de la desigualdad."          
        

(, Brave New Europe, 25/01/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

13.1.22

Catherine Mann, ex economista jefe de la OCDE: EE.UU. es una economía de baja inversión y baja productividad, con una gran desigualdad y con pocas perspectivas de convertirse en una economía más igualitaria y caracterizada por una mayor inversión, unos mercados laborales fuertes y una mejor productividad... Las empresas estadounidenses están atesorando hasta 3,17 billones de dólares en efectivo y se preparan para recomprar aún más sus propias acciones, mientras duplican las fusiones, en lugar de invertir productivamente. Un mayor número de fusiones reduciría la propia competencia necesaria para la innovación en las economías capitalistas... Así que el crecimiento económico de EE.UU. durante el resto de la década de 2020 será aún más bajo que en la década anterior (la de la Larga Depresión)

"(...) Sorprendentemente, en una de las sesiones la ex economista jefe de la OCDE, Catherine Mann, se mostró decididamente pesimista sobre el futuro a largo plazo de la economía estadounidense.  En su opinión, EE.UU. es una economía de baja inversión y baja productividad, con una gran desigualdad y con pocas perspectivas de convertirse en una economía más igualitaria y caracterizada por una mayor inversión, unos mercados laborales fuertes y una mejor productividad. "¿Y si el auge de las opciones políticas no cataliza una actividad sostenida del sector privado, se producirá una espiral de inflación? Si es así, las políticas tendrán que recortarse, lo que llevará a un colapso", advirtió.

Mann se preguntó cómo conseguir que aumente la inversión.  Al parecer, en las encuestas, un mayor número de directores generales de las principales empresas esperan que continúe el bajo crecimiento económico anual del 1,5-2,0%, en lugar de las expectativas oficiales más optimistas de más del 4%.  Y las previsiones de aumento de la inversión sólo llevarían los niveles de capex a los de 2019.  

Las empresas estadounidenses están atesorando hasta 3,17 billones de dólares en efectivo y se preparan para recomprar aún más sus propias acciones, mientras duplican las fusiones, en lugar de invertir productivamente.  Un mayor número de fusiones reduciría la propia competencia necesaria para la innovación en las economías capitalistas.  Así que Mann calculó que el crecimiento económico de EE.UU. durante el resto de la década de 2020 sería aún más bajo que en la década anterior (que he llamado la Larga Depresión).

En cambio, fue el economista de la izquierda liberal Joseph Stiglitz quien puso una nota de optimismo.  Alabando el impulso dado a la economía estadounidense por la Bidenonomía, es decir, el gasto fiscal en infraestructuras, Stiglitz consideró que el periodo posterior a la COVID era un posible "punto de inflexión para que la economía estadounidense" saliera de su estancamiento de bajo crecimiento anterior a la COVID.  Stiglitz consideraba que había claros indicios de un cambio en la política económica del gobierno hacia una macrogestión keynesiana y también más medidas para reducir el enorme aumento de la desigualdad de la riqueza y la renta en los últimos 40 años.  Sus pruebas de este punto de inflexión optimista eran escasas en comparación con la dura realidad de los datos presentados por Mann. (...)

Por último, Larry Summers, ex secretario del Tesoro con Clinton y otro gurú keynesiano, resumió la confusión entre los principales economistas estadounidenses, al argumentar que si bien la Bidenomía con el aumento de los impulsos fiscales era "el experimento político más audaz de los últimos 40 años", "podría conducir a un crecimiento rápido, a la estanflación o a la recesión, cada uno con más o menos la misma probabilidad".  Y como dijo Jason Furman, ex asesor económico de Barack Obama, en otra sesión, "es imposible calcular cuándo se producen las crisis, ya que podrían ser una mera casualidad, como lo fue la COVID". Eso fue útil.  Lo que nadie mencionó fue que el llamado impulso fiscal de Biden estaba cayendo de todos modos y se revertiría en pocos años.  Así que el "audaz experimento" no era realmente tan audaz, mientras que las "medidas estructurales" más profundas no estaban en absoluto en la agenda.

Mientras que la corriente principal estaba dividida en cuanto a la probabilidad de que la economía estadounidense se recupere a un ritmo más rápido o simplemente se hunda de nuevo en la depresión de bajo crecimiento previa al COVID, había bastante acuerdo en cuanto a las débiles perspectivas para el resto del mundo, especialmente en el Sur Global. Los déficits disminuirán, pero la deuda aumentará.  La actual economista jefe del Banco Mundial, Carmen Reinhart, recordó a los asistentes en otra sesión que la depresión pandémica había sido realmente global, con el 90% de las naciones del mundo en depresión.   Las cosas estaban mucho peor que en la Gran Recesión de 2008-9, especialmente para las economías emergentes e incluso para China e India, dos economías que evitaron una gran recesión entonces.  De hecho, el 60% de las economías de bajos ingresos, las más pobres, se encuentran en "dificultades de endeudamiento", es decir, no pueden "servir" sus deudas. (...)

Pero, ¿qué pasa a más largo plazo con las economías avanzadas?  ¿Pueden las principales economías capitalistas dar la vuelta a su baja tasa de crecimiento de la productividad y abrir una nueva era de vida? De nuevo, en una sesión sobre el futuro de la economía mundial, Catherin Mann lo dudó.  Como dijo: "Mucha gente habla de 'volver a la normalidad' cuando la pandemia esté finalmente controlada. Tenemos que esperar que la economía mundial no vuelva a la 'normalidad' anterior a la pandemia. La productividad ha sido demasiado baja, la desigualdad demasiado alta, la globalización en retroceso y el cambio climático sin control". No esperaba muchos cambios.

De nuevo, en contraste, el izquierdista liberal Joseph Stiglitz se mostró más confiado en que la productividad podría aumentar debido a la mejora de los acuerdos globales de cooperación (¡!).  Y otros ponentes de la corriente principal argumentaron que la caída de la pandemia había "acelerado el desarrollo y la adopción de soluciones tecnológicas digitales en busca de la continuidad y la resistencia empresarial y económica".  Así que "hay una posibilidad razonable de que la economía mundial post-pandémica experimente un aumento de la productividad y el crecimiento, incluso mientras se adentra en una transición energética en busca de la sostenibilidad".  Mary Amiti calcula que los "efectos indirectos" de la productividad de las empresas multinacionales innovadoras pueden aumentar la productividad de las empresas más pequeñas del mismo sector en aproximadamente un 10% al cabo de cinco años.

Este optimismo no fue repetido por el principal economista que estudia el impacto en la productividad de las tecnologías digitales de IA.  Daron Acemoglu consideró que la IA había tenido hasta ahora poco impacto en la mejora de la productividad de las economías.  La difusión no se ha extendido de los sectores tecnológicos a otros sectores ni ha habido un aumento de los beneficios.  Su respuesta fue que las empresas no deberían limitarse a obtener beneficios, sino que deberían aspirar a mejorar la producción.  Parece que la gran historia de la innovación de COVID sigue siendo lo que el veterano economista neoclásico Robert Solow (que ahora tiene 97 años) dijo famosamente en 1987 sobre la era de la informática: "Veo innovación en todas partes, excepto en las estadísticas". (...)" 
    (Michael Roberts, Brave new Europe, 12/01/22; traducción DEEPL)

11.1.22

Roubini: nubes en el 2022... el mayor desacople entre las economías china y norteamericana se está acelerando... este desarrollo tendrá consecuencias estanflacionarias con el tiempo... Israel está considerando abiertamente ataques contra instalaciones nucleares iraníes. Si esto sucediera, las consecuencias estanflacionarias serían peores que las crisis geopolíticas relacionadas con el petróleo de 1973 y 1979... La cumbre climática COP26 en Glasgow implicó esencialmente palabras huecas, dejando al mundo camino a sufrir un calentamiento devastador de 3° Celsius este siglo... el gran impulso por descarbonizar la economía está llevando a una inversión insuficiente en la capacidad de combustibles fósiles antes de que haya una oferta suficiente de energía renovable. Esta dinámica generará precios mucho más altos de la energía... Estados Unidos está experimentando niveles casi sin precedentes de polarización partidaria, paralización y radicalización, que plantean un riesgo sistémico serio... La normalización de las tasas de interés por parte de la Fed y otros bancos centrales podría provocar crisis financieras en mercados emergentes frágiles como Turquía y Líbano, y en muchos países en desarrollo con ratios de deuda que ya son insostenibles

 "A pesar de las caídas y alteraciones generadas por las nuevas variantes del COVID-19, el 2021 resultó ser un año relativamente positivo para las economías y los mercados en gran parte del mundo. El crecimiento subió por encima de su potencial después de la dura recesión de 2020 y los mercados financieros se recuperaron de manera robusta. 

Esto es lo que sucedió especialmente en Estados Unidos, donde los mercados bursátiles alcanzaron nuevos picos, debido en parte a la política monetaria ultra laxa de la Reserva Federal de Estados Unidos (aunque los bancos centrales en otras economías avanzadas implementaron sus propias políticas radicalmente acomodaticias). 

 Pero el 2022 puede ser más difícil. (...)

La incertidumbre y la aversión al riesgo resultantes sofocarán la demanda y exacerbarán los cuellos de botella de las cadenas de suministro. Junto con un exceso de ahorros, una demanda reprimida y políticas monetarias y fiscales laxas, esos cuellos de botella alimentaron la inflación en 2021.

 Muchos de los banqueros centrales que insistían en que el alza inflacionaria era transitoria ahora han admitido que persistirá. Con diferentes grados de urgencia, están planeando eliminar gradualmente las políticas monetarias poco convencionales como el alivio cuantitativo, para poder empezar a normalizar las tasas de interés.

 El próximo año también trae consigo crecientes riesgos geopolíticos y sistémicos. En el frente geopolítico, existen tres amenazas importantes a tener en cuenta. Primero, Rusia se está preparando para invadir Ucrania y todavía está por verse si las negociaciones sobre un nuevo régimen de seguridad regional podrán impedir una escalada de la amenaza. 

Si bien el presidente norteamericano, Joe Biden, ha prometido más ayuda militar para Ucrania y ha amenazado con sanciones más duras contra Rusia, también ha dejado en claro que Estados Unidos no intervendrá directamente para defender a Ucrania de un ataque. Pero la economía rusa se ha vuelto más resiliente a las sanciones que en el pasado, de manera que estas amenazas tal vez no disuadan al presidente ruso, Vladimir Putin. (...)

Segundo, la guerra fría sino-norteamericana se está volviendo más fría. China está incrementando su presión militar sobre Taiwán y en el Mar de la China Meridional (donde se están gestando muchas disputas territoriales), y el mayor desacople entre las economías china y norteamericana se está acelerando. Este desarrollo tendrá consecuencias estanflacionarias con el tiempo. Tercero, Irán ahora es un estado nuclear umbral

 Ha venido enriqueciendo uranio a pasos acelerados hasta alcanzar prácticamente un grado de armas nucleares, y las negociaciones por un nuevo acuerdo nuclear o un acuerdo renovado no han llegado a ninguna parte. Como resultado de ello, Israel está ataques contra instalaciones nucleares iraníes. Si esto sucediera, las consecuencias estanflacionarias probablemente serían peores que las crisis geopolíticas relacionadas con el petróleo de 1973 y 1979.

 El nuevo año también trae consigo varias cuestiones sistémicas. En 2021, las olas de calor, los incendios, las sequías, los huracanes, las inundaciones, los tifones y otros desastres dejaron al descubierto las implicancias en el mundo real del cambio climático. La cumbre climática COP26 en Glasgow implicó esencialmente palabras huecas, dejando al mundo camino a sufrir un calentamiento devastador de 3° Celsius este siglo. (...)

 Para colmo de males, el gran impulso por descarbonizar la economía está llevando a una inversión insuficiente en la capacidad de combustibles fósiles antes de que haya una oferta suficiente de energía renovable. Esta dinámica generará precios mucho más altos de la energía con el tiempo. Asimismo, los flujos de refugiados climáticos hacia Estados Unidos, Europa y otras economías avanzadas aumentarán en tanto esos países cierran sus fronteras.

 En este contexto, la disfunción política está creciendo tanto en las economías avanzadas como en los mercados emergentes. Las elecciones de medio término en Estados Unidos pueden ofrecer un adelanto de la crisis constitucional hecha y derecha –si no de la violencia política absoluta- que podría producirse luego del voto presidencial en 2024. Estados Unidos está experimentando niveles casi sin precedentes de polarización partidaria, paralización y radicalización, que plantean un riesgo sistémico serio. Los partidos populistas (tanto de extrema derecha como de extrema izquierda) se están consolidando en todo el mundo (...)

La normalización de las tasas de interés por parte de la Fed y otros bancos centrales importantes podría provocar crisis financieras en estos y otros mercados emergentes frágiles como Turquía y Líbano, para no mencionar los muchos países en desarrollo con ratios de deuda que ya son insostenibles. (...)

 Mientras los bancos centrales estaban en una modalidad de políticas poco convencionales, la fiesta podía seguir. Pero las burbujas de activos y de crédito pueden desinflarse en 2022 cuando empiece la normalización de las políticas. Asimismo, la inflación, un crecimiento más lento y los riesgos geopolíticos y sistémicos podrían crear las condiciones para una corrección del mercado en 2022. Pase lo que pase, es probable que los inversores sigan sentados en el borde de la silla durante gran parte del año."                          (

10.1.22

Pronósticos para España en el 2022: Mantenimiento del crecimiento económico... Transitoriedad de la inflación... Reducción en la tasa de paro... Contracción de la deuda pública... Crecimiento de las exportaciones... Avance de la inversión... Las tendencias son hacia la consolidación en la recuperación para 2022... Quién nos lo iba a decir

 "(...) Tomando el caso de España, los ajustes del PIB –incorporando el más reciente del INE, en relación al último trimestre analizado, publicado hace apenas una semana– sitúan el cierre de 2021 con un crecimiento del 5%, inferior al que ha expuesto el gobierno. Se ha criticado mucho esto, ya que los Presupuestos Generales del Estado se han elaborado a partir de una tasa de crecimiento superior; pero, al mismo tiempo, recuérdese que esos presupuestos han sido calificados por las mismas instituciones europeas como “contractivos”, es decir, sin agotar los posibles márgenes de expansión que tenían.

 El caso de Italia sería el contrapunto a esto. En cualquier caso, un crecimiento económico del 5% en 2021 rompe con la tendencia regresiva de 2020, con otro factor más: la tasa de paro se ha reducido hasta el 14% –nueve meses seguidos de descenso–, las afiliaciones a la Seguridad Social superan ya las conocidas en 2008, y la recaudación fiscal ha crecido un 16% (sin incremento de la presión fiscal). Esta evolución económica se explica a su vez por las medidas adoptadas por el gobierno en política fiscal:

  • Ayudas a las empresas: 7 mil millones de euros,
  • Fondo COVID: 16 mil millones de euros,
  • Transferencias a las regiones: 14 mil millones de euros,
  • Previsión, para 2022, de 7 mil millones de euros entre la compensación del IVA de 2017 y la condonación de las liquidaciones negativas del modelo de financiación de 2020,
  • Implementación de los ERTE, que han paralizado la destrucción de empleo y el cierre empresarial.

Esto ha supuesto que las comunidades autónomas –que tienen las competencias sanitarias– cierren el 2021 con un ligero superávit (+0,1% sobre PIB), un escenario sólo perceptible en dos ejercicios en un pasado más lejano –2004 y 2006–, según un reciente estudio de Fedea (https://documentos.fedea.net/pubs/eee/eee2021-32.pdf)

  1. Sigamos explorando ese futuro incierto

Los dos puntos anteriores han especificado aspectos clave en la evolución de la economía. Las proyecciones hacia el futuro son –recuérdese nuestra introducción– inestables. Debemos fijarnos con las tendencias que diferentes instituciones están marcando, de cara al 2022, 2023 y 2024. Los dos últimos años, demasiado alejados para ser certeros. Pero determinan la visión que se tiene. Los cálculos del Banco de España ofrecen un claro panorama de recuperación, a pesar de los retrocesos ya comentados. Veamos seis indicadores clave:

Previsiones de tasas de crecimiento para la economía española, en %

(sin incorporar la última revisión de INE)

Indicador202220232024
PIB5,43,91,8
IPC3,71,21,5
PARO14,212,912,4
DEUDA S/PIB115,7113,7113,5
EXPORTACIONES9,14,63,1
FORMACIÓN BRUTA DE CAPITAL FIJO7,83,72,1

Fuente: Banco de España.

Estos números  remarcan varios aspectos:

  • El mantenimiento del crecimiento económico,
  • La transitoriedad esperada de la inflación,
  • La reducción en la tasa de paro,
  • La contracción de la deuda pública,
  • El crecimiento de las exportaciones,
  • El avance de la inversión.

Se reitera que estamos hablando de previsiones, que deben tomarse con prevención y cautela. Pero las tendencias son hacia la consolidación en la recuperación para 2022 y la ralentización en 2023 y 2024.

Insistimos en nuestras advertencias iniciales: la incertidumbre va a estar presente en todo este contexto, motivada por la evolución de la pandemia y sus impactos directos sobre las disrupciones en las cadenas globales de producción y de distribución y los precios de futuro del gas.

Pero la apocalipsis se seguirá utilizando para desviar el análisis más adecuado de las variables económicas. Esa apocalipsis debería ser medida con datos, desde el momento en que configura enormes riesgos. Pero los indicadores que se están manejando, con diferencias numéricas entre las instituciones, coinciden en un punto común: la recuperación es efectiva, solo posiblemente transgredida por esos cisnes negros que, que, abruptamente, pueden aparecer, aunque sean por ahora desconocidos. La incertidumbre, de nuevo."               ( , Economistas frente a la crisis, enero 4, 2022)

4.1.22

Antonio Turiel, pronósticos para el 2022: La CoVid, superada, hacia el invierno del año que viene se considerará extraoficialmente que la pandemia acabó... Los problemas de la cadena de suministros se recrudecen... Crisis del petróleo y del diesel, el precio de este carburante ya se va a disparar por encima de niveles asumibles con un barril de petróleo a 100 dólares... Crisis de la electricidad... Crisis económica global caracterizada por una alta inflación... Crisis alimentaria fruto de la escasez de fertilizantes... Revueltas generalizadas por los problemas con el suministro de alimentos y la crisis económica mundial... Eventos climáticos extremos, es previsible que en 2022 veamos media docena de eventos excepcionales... Inestabilidad estadounidense, las elecciones de medio mandato en noviembre de 2022 traerán un vuelco pro-republicano y un giro a las posiciones más extremas a la derecha... Inestabilidad europea, algunos países tomarán un giro fuertemente nacionalista como contraposición a la inanidad de las instituciones europeas... Creciente confrontación académica, en vista de que el único plan de salvación que se propone es el Green New Deal entendido como se entiende desde las grandes instituciones públicas, habrá una contestación creciente desde el mundo científico y técnico

 "(...) Pasemos, por fin, a las previsiones para este año.

  • La CoVid, superada: Aunque es arriesgado hacer esta previsión, todo indica que el SARS-COV-2 está siguiendo el proceso natural de adaptación a su nuevo huésped, el ser humano, y se está volviendo más contagioso pero menos peligroso. Aún es demasiado pronto para cantar victoria, pero este proceso de integración en el viroma humano es el camino natural hacia la superación de esta pandemia. Se da la circunstancia de que los Gobiernos tienen cierta prisa por dar superada esta emergencia y recuperar la normalidad, con lo que, aun cuando las tasas de morbilidad todavía fueran significativas, la tendencia va a ser a ir relegando la CoVid-19 a un segundo plano. Si tenemos suerte y no se produce una mutación peligrosa, hacia el invierno del año que viene se considerará extraoficialmente que la pandemia ha sido superada, y hacia 2023 la OMS rebajará su grado de vigilancia, considerándola como una enfermedad endémica pero de menor importancia.
  • Los problemas de la cadena de suministros se recrudecen: A pesar de los cantos de sirena que repetidamente durante todo 2022 anunciaban el fin de los problemas de la cadena de suministros en pocos meses, los problemas van a persistir para muchas materias primas, aunque no para todas. Lo malo es que algunas de las materias más afectadas son bastante críticas, como el cobre, el acero o el aluminio, por no hablar del carbón o el uranio. Se celebrarán encuentros internacionales del más alto nivel para abordar el problema y se propondrán una serie de medidas para favorecer el comercio y la explotación más económica de estas materias que proporcionarán un alivio ligero y poco significativo. Por el lado de las empresas, las que consigan no cerrar mejorarán sus procesos productivos para no necesitar tantas materias primas. Eso, junto con las quiebras de empresas e incluso de sectores enteros de algunos países, llevará a una caída de precio de las materias primas implicadas, incluso aunque su suministro no haya aumentado significativamente: es la espiral de volatilidad de la que tantas veces hemos hablado. Hacia finales de año se verá que nada ha cambiado, y con la llegada del nuevo invierno y la mayor demanda de gas se verá que vuelven los problemas.
  • Crisis del petróleo: Dada la tendencia acelerada a la caída de la producción de petróleo causada por la fuerte desinversión de los últimos años, el precio del petróleo oscilará con fuerza de 2022, pudiendo llegar a causar no uno sino dos picos de precios: el primero, a principios de año, antes de la primavera, y el segundo, en el segundo semestre. Estos picos se caracterizarán por una subida del precio del barril hasta los 100 dólares, pero probablemente no muy por encima de ese valor. Y es que en la situación actual con la caída de producción de diésel, el precio de este carburante ya se va a disparar por encima de niveles asumibles con un barril de petróleo a 100 dólares. De hecho, se va a hablar mucho, también en conexión con la crisis de suministros, de los elevados costes del transporte y se incidirá mucho en la necesidad de "descarbonizar el transporte", eufemismo para decir "que no dependa del diésel".
  • Crisis del gas: Las dificultades con el suministro global de gas van a ir en aumento, y es que la producción global de gas ya está muy cerca de los valores máximos a los que podrá llegar: estamos llegando al pico del gas. Esto tendrá un impacto muy importante en Europa y en otras regiones, sobre todo en la generación eléctrica. Además, seguirá impactando sobre la industria intensiva en calor, la industria química y en especial la producción de fertilizantes.
  • Crisis de la electricidad: El precio de la electricidad en Europa se mantendrá caro durante todo el invierno, inclusive con algún pequeño incidente de corte de suministro temporal en algún país, pero hacia la primavera la situación mejorará un poco, aunque sin retornar a los niveles de precios de 2019. El verano volverá a mostrar un nuevo incremento momentáneo de los precios, pero el momento complicado llegará en el último trimestre del año, donde viviremos una repetición de lo sucedido durante 2021. En China, India y otros países fuertemente dependientes del carbón continuarán los cortes intermitentes en el suministro eléctrico y las restricciones de uso.
  • Crisis económica: A pesar de todos los esfuerzos, con todo el recorrido problemático que ya tenemos en 2021, no se va a poder evitar que en 2022 debute ya una crisis económica global de grandes proporciones y encima caracterizada por una alta inflación, la peor pesadilla de los economistas. En España es probable un alto repunte del paro, sobre todo si los repetidamente extendidos ERTEs se acaban convirtiendo en EREs.
  • Crisis alimentaria: A los altos costes del transporte y en general del diésel, que está encareciendo el trabajo agrícola, se le va a añadir la mala cosecha del cereal de invierno fruto de la  escasez de fertilizantes que ha caracterizado la segunda mitad de 2021. En Europa y en España no sería de extrañar ver que algunos alimentos básicos como el pan o la leche multiplican su precio por 2 y hasta por 3, pero en otros países menos favorecidos lo que va a haber directamente es escasez de alimentos, que se va a empezar a manifestar a partir de la primavera y estallará con toda su intensidad durante el verano.
  • Revueltas generalizadas: Los problemas con el suministro de alimentos y la crisis económica mundial harán más que probable el estallido de revueltas y crisis humanitarias. El norte de África es una región particularmente proclive a estas revueltas, pero en 2022 no sería de extrañar observar una generalización a prácticamente todas las partes del mundo.
  • Eventos climáticos extremos: Resulta que el otro problemilla de sostenibilidad que tenemos, la Emergencia Climática, no se va a detener, por muy enfrascados que estemos con otras cuestiones perentorias. Dado el ritmo de aceleración de los eventos extremos de los últimos años, es previsible que en 2022 veamos media docena de eventos excepcionales, al estilo de lo que ha pasado en 2021, pero que en esta ocasión uno de ellos sea de verdaderamente gran impacto. La probabilidad marginal de tal evento es pequeña, y por eso esta previsión en concreto fácilmente no tendrá lugar, pero si por desgracia se materializa su impacto se dejará sentir a escala regional y quién sabe si en todo el planeta. Y esto favorecerá y agravará las revueltas.
  • Inestabilidad estadounidense: Con las elecciones de medio mandato en noviembre de 2022, la capitalización del descontento generado por la CoVid por la extrema derecha americana, la radicalización política, el revanchismo narcisista de Donald Trump y la falta de peso político de Joe Biden, es previsible que esas elecciones lleven a un vuelco pro-republicano y un giro a las posiciones más extremas a la derecha de la Cámara de Representantes. Como el objetivo de los nuevos representantes no será favorecer una acción de gobierno sino allanar el camino a su candidato de cara a las elecciones presidenciales de 2024, la política estadounidense puede adentrarse en una ciénaga al lado de la cual los últimos meses de Trump podrían parecer un idílico lago de aguas limpias y tranquilas.
  • Inestabilidad europea: El fracaso de las recetas liberales para encarar la crisis energética y de materiales cada vez más generalizadas forzará algunos debates tensos e incómodos en el seno de la Unión Europea. Los economistas liberales, que dominan las instituciones europeas, no querrán dar su brazo a torcer, pero será cada vez más evidente que su diagnóstico es completamente erróneo y sus recetas inútiles, cuando no contraproducentes. Algunos países europeos tomarán un giro fuertemente nacionalista como contraposición a esta postura de inanidad de las instituciones europeas. Se empezará a ver los primeros indicios de competencia entre diversos países europeos por los recursos escasos.
  • Inestabilidad española: La situación general de 2022 le va a hacer las cosas muy complicadas al actual Gobierno de España. Aunque aún le quedan dos años de legislatura y es difícil que pierda los apoyos que le permitieron constituirse y sacar adelante los presupuestos, las presiones van a ser infames y el presidente Pedro Sánchez deberá valorar cuidadosamente si le interesa adelantar las elecciones para evitar sufrir un desgaste político mayor delante de la derecha. No preveo que se convoquen elecciones, sin embargo, ya que las condiciones  previsiblemente no van a ser favorables en ningún momento del año.
  • Creciente confrontación académica: Dada la evidencia de la gravedad de los problemas que atenazan al mundo, y en vista de que el único plan de salvación que se propone es el Green New Deal entendido como se entiende desde las grandes instituciones públicas, habrá una contestación creciente desde el mundo científico y técnico al plan propuesto. Una contestación que ha sido acallada durante estos años pero que va a comenzar a subir en fuerza, tanto argumental como pública. Las dificultades de ejecución de muchos de los macroproyectos renovables previstos debido a la escasez de materiales va a forzar a abrir este debate robado, y por desgracia el nivel de confrontación no va a ser siempre todo lo correcto y educado que se requeriría. Y todo eso en el año en el que el famoso informe "Los límites al crecimiento" cumple 50 años. (...)

    Como pueden ver, mi previsión es que 2022 será un año de fuertes cambios. Dentro de 12 meses nos encontraremos aquí y veremos cuánto de todo esto se ha materializado. Entre tanto, cuídense mucho.

    Salu2.

    AMT"         (Antonio Turiel, blog, 29/12/21)

3.1.22

Michael Roberts: Previsión económica para 2022... La mayoría de los pronósticos para este año, 2022, son más o menos iguales a los de 2021. Se espera que la economía mundial crezca alrededor de 3.5-4.0% en términos reales, una desaceleración significativa en comparación con 2021... Además, se prevé que las economías capitalistas avanzadas crezcan a menos del 4% en 2022 y a menos del 2,5% en 2023... las economías capitalistas avanzadas tienen una gran cantidad de ‘empresas zombis’ no están obteniendo suficientes ganancias para cubrir el servicio de sus deudas (a pesar de tasas de interés muy bajas), por tanto, podría sobrevenir una crisis financiera... Las llamadas economías emergentes ya se encuentran en una situación desesperada. Según el FMI, aproximadamente la mitad de las economías de bajos ingresos (LIE) están ahora en peligro de incumplimiento de la deuda... Los bancos centrales han inyectado 32 billones de dólares en los mercados financieros desde el inicio de la pandemia de COVID-19... Pero, a medida que avanzamos hacia 2022, los días del ‘dinero fácil’ y los préstamos baratos están llegando a su fin... Así que este año podría ser el de un colapso financiero o al menos de una corrección severa en el mercado de valores y los precios de los bonos, a medida que suben las tasas de interés, lo que eventualmente llevará a un sector de las empresas zombis a la bancarrota. Eso es lo que temen los bancos centrales. Es por eso que la mayoría están siendo muy cautelosos a la hora de poner fin a la era del dinero fácil. Y, sin embargo, se ven obligados a hacerlo debido al fuerte aumento de las tasas de inflación de los bienes y servicios... para fines de este año, la mayoría de las principales economías habrán comenzado a retroceder hacia tendencias de bajo crecimiento y baja productividad, con perspectivas de un crecimiento aún más lento durante el resto de la década

 "(...) El pronóstico del año pasado fue relativamente fácil. Estaba claro que las principales economías se iban a recuperar de la recesión de 2020. Escribí: » El PIB real crecerá, las tasas de desempleo comenzarán a disminuir y el gasto de los consumidores se recuperará». Con el lanzamiento de las vacunas, las: “economías del G7 deberían recuperarse significativamente a mediados de año”. 

Pero agregué que “esta no será una recuperación en forma de V. Para fines de 2021, la mayoría de las principales economías (excepto China) todavía tendrán niveles de producción por debajo de los de principios de 2020 «. Estas previsiones se han confirmado.

Había dos razones principales por las que se esperaba que la recuperación económica no restableciera la producción mundial a los niveles de 2019 para fines de 2021. En primer lugar, hubo un ‘corte’ significativo de las principales economías por la pandemia de COVID  tanto en el empleo, la inversión y la productividad. Esto se manifestó en un enorme aumento de la deuda, tanto del sector público como del privado, que pesará sobre las principales economías como un daño permanente para millones de personas (“COVID prolongado”).

 Esta ‘cisura’ también se manifestó en una caída en la rentabilidad promedio del capital en las principales economías, cuya recuperación en 2021 no fue suficiente para restaurar la rentabilidad incluso al nivel de 2019.

 Sin embargo, como se esperaba, el crecimiento del PIB real mundial en 2021 fue probablemente de alrededor del 5%, después de caer un 3,5% en la recesión de 2020. Según el FMI, en las economías capitalistas avanzadas, el PIB real por persona cayó un 4,9% en 2020 pero, aumentó un 5,0% en 2021. Eso significaba que el PIB real por persona en estas economías todavía estaba ligeramente por debajo del nivel alcanzado a fines de 2019. Así que hay dos años de adversidades.

La mayoría de los pronósticos para este año, 2022, son más o menos iguales a los de 2021. Se espera que la economía mundial crezca alrededor de 3.5-4.0% en términos reales, una desaceleración significativa en comparación con 2021 (25% menos que la tasa). Además, se prevé que las economías capitalistas avanzadas crezcan a menos del 4% en 2022 y a menos del 2,5% en 2023.

 China fue la única economía importante que evitó una recesión en el año 2020. Pero el crecimiento de la producción de China en 2021 fue mucho más débil que después del final de la Gran Recesión en 2009. El Conference Board subestima gravemente las tasas de crecimiento de China, pero en 2022 es poco probable que el PIB real de China suba mucho más del 5%.

Lo que sugieren estos pronósticos es que la “fiebre del gasto” de los consumidores engendrada por los subsidios en efectivo del COVID (provenientes del gasto fiscal de los gobiernos y de las inyecciones de dinero crediticio) está menguando y seguirá haciéndolo este año. De hecho, como sabemos, los bancos centrales ahora planean «reducir» la creación de crédito e incluso aumentar las tasas de interés oficiales sobre los préstamos. El Banco de Inglaterra ya ha comenzado a subir su tasa y la FED de EE UU ha planificado aumentos en la última parte de 2022.

Y todos los pronósticos para este año se basan en que la nueva variante Omicron será de corta duración y levemente dañina para la salud humana, gracias a las vacunas y los nuevos tratamientos médicos. Esto puede ser demasiado optimista, incluso si Omicron no logra perturbar las economías este año, no hay certeza que no surja otra variante más devastadora.

Luego, en mi opinión, hay un tercer aspecto después del fin de la pandemia. En mi pronóstico para 2021, planteé la posibilidad que el tamaño de la deuda corporativa y una gran cantidad de ‘empresas zombis’ no están obteniendo suficientes ganancias para cubrir el servicio de sus deudas (a pesar de tasas de interés muy bajas), por tanto, podría sobrevenir una crisis financiera.

 Este es el riesgo para las economías capitalistas avanzadas. Las llamadas economías emergentes ya se encuentran en una situación desesperada. Según el FMI, aproximadamente la mitad de las economías de bajos ingresos (LIE) están ahora en peligro de incumplimiento de la deuda. La deuda de los ‘mercados emergentes’ con respecto al PIB ha aumentado del 40% al 60% con esta crisis. Y hay poco espacio para impulsar el gasto público para paliar el golpe.

Los países «en desarrollo» se encuentran en una posición mucho más débil en comparación con la crisis financiera mundial de 2008-09. En 2007, 40 países de mercados emergentes y de ingresos medios tenían un superávit fiscal equivalente al 0,3% del producto interno bruto, según el FMI. El año pasado, registraron un déficit fiscal del 4,9 por ciento del PIB. (...)

Por tanto, los gobiernos de economías emergentes se enfrentan a la aplicación de una severa austeridad fiscal que prolongaría su estancamiento; o a devaluar sus monedas para intentar impulsar el crecimiento de las exportaciones.

El gobierno turco de Erdogan ha optado por la política de recortar y no aumentar las tasas de interés, siguiendo las ideas de la Teoría Monetaria Moderna. Esto ha provocado una salida de capital y una depreciación del 40% de la lira turca frente a las principales monedas. La inflación se ha disparado. En 2022, la economía turca se hundirá y se producirá una ‘estanflación’.

En 2021 no se produjo una crisis financiera y de deuda. Por el contrario, los mercados mundiales de acciones y bonos nunca lo habían tenido tan bien. El crédito financiado por el banco central inundó los activos financieros como si no hubiera un mañana. El resultado ha sido un aumento asombroso de los precios de los activos financieros (acciones y bonos) y de los bienes raíces.

Los bancos centrales han inyectado 32 billones de dólares en los mercados financieros desde el inicio de la pandemia de COVID-19, elevando la capitalización bursátil mundial en 60 billones de dólares. Y las empresas de todo el mundo recaudaron $ 12,1 billones vendiendo acciones y obteniendo préstamos como resultado. El índice del mercado de valores de EEUU subió un 17% en 2021, repitiendo un aumento similar en 2020. El índice S&P 500 alcanzó un máximo histórico. El índice Nikkei 225 registra sus mayores ganancias anuales desde 1989.

Pero, a medida que avanzamos hacia 2022, los días del ‘dinero fácil’ y los préstamos baratos están llegando a su fin. Es probable que el enorme auge del mercado de valores de los últimos dos años se apague. De hecho, desde abril de 2021, solo cinco acciones de alta tecnología (Apple, Microsoft, Nvidia, Tesla y la matriz de Google, Alphabet) han representado más de la mitad del aumento en el índice S&P de EEUU. Mientras que 210 acciones están un 10% por debajo de sus índices máximos semanales. Y un tercio de los «préstamos apalancados estadounidenses» – una forma de creación de deuda- tiene una relación deuda / ganancias superiores a seis, un nivel considerado peligroso para la estabilidad financiera.

Así que este año podría ser el de un colapso financiero o al menos de una corrección severa en el mercado de valores y los precios de los bonos, a medida que suben las tasas de interés, lo que eventualmente llevará a un sector de las empresas zombis a la bancarrota. Eso es lo que temen los bancos centrales. Es por eso que la mayoría están siendo muy cautelosos a la hora de poner fin a la era del dinero fácil. Y, sin embargo, se ven obligados a hacerlo debido al fuerte aumento de las tasas de inflación de los bienes y servicios

Este pico de inflación se debe principalmente a la demanda reprimida de los consumidores, ya que la gente desembolsó los ahorros acumulados durante los bloqueos y los «cuellos de botella» de la oferta. Estos “cuellos de botella” son el resultado de las restricciones al transporte internacional de bienes y componentes y de mar erias primas y componentes para la producción. Todo este fenómeno es parte de las secuelas del COVID y, porque gran parte del mundo todavía sufre la pandemia.

La economía dominante está dividida. Algunos creen que el pico de inflación es «transitorio» y la tasa de inflación volverá a niveles «normales» , pero, otros piensan lo contrario. En mi opinión, es probable que las altas tasas de inflación actuales sean ‘transitorias’ porque durante 2022 el crecimiento de la producción, la inversión y la productividad probablemente comenzará a descender a tasas de ‘una depresión prolongada’. Eso significará que la inflación también disminuirá, aunque seguirá siendo más alta que en la pre-pandemia.

Se promueve la opinión que el 2022 será el comienzo de nuevos niveles de crecimiento del PIB y de la productividad como la experimentó Estados Unidos en los ‘locos años veinte’ del siglo pasado, después del fin de la epidemia de gripe española. Durante los llamados locos años veinte, el PIB real de EEUU aumentó un 42% (un 2,7% anual per cápita) Pero, hoy parece que no hay evidencia que justifique la afirmación de los “optimistas” de la corriente principal. La gran diferencia entre la década de 1920 y la de 2020 es que la recesión de 1920-21 en los EEUU y Europa limpió el ‘bosque muerto’ de empresas ineficientes y no rentables para que los sobrevivientes más fuertes se pudieran beneficiar de una mayor participación de mercado. La rentabilidad del capital aumentó considerablemente en la mayoría de las economías. Nada de eso se pronostica para 2022.

Los optimistas del nuevo auge prolongado basan su argumento en una reactivación de la productividad total de los factores (PTF). Esta medida capta supuestamente el papel de la eficiencia y la innovación en el crecimiento de la producción. El banco central calcula que la PTF mundial aumentará un 0,4% en promedio anual esta década en comparación con cero en los últimos 20 años. Eso no es una gran mejora en comparación con el pronóstico de desaceleración, la caída del empleo y el débil crecimiento de la inversión de capital a nivel mundial. De hecho, en el tercer trimestre de 2021, el crecimiento de la productividad de EEUU se desplomó en el nivel más alto en 60 años, mientras que la tasa interanual cayó un 0,6%, la mayor caída desde 1993, ya que el empleo aumentó más rápido que la producción.

Un auge prolongado solo sería posible, según Marx, si hay una destrucción de capital producto como consecuencia de una recesión importante. Este tipo de crisis barre con las tecnologías obsoletas, el capital fallido y no rentable, permitiendo, entonces, que la innovación tecnológica pueda prosperar. Esto ocurre porque la ‘destrucción creativa’ generaría una tasa más alta de rentabilidad.

Sin embargo, todavía no hay indicios de una fuerte recuperación de la rentabilidad media del capital. Probablemente sea necesario un aumento sostenido de alrededor del 30% para generar un nuevo boom como el de los ‘locos años veinte’ o de la ‘edad de oro’ de la posguerra.

Además, es una ilusión esperar más ayuda fiscal y monetaria de los gobiernos. Dado el alto nivel de deuda del sector público, los gobiernos de todo el mundo buscan reducir el gasto fiscal y los déficits presupuestarios. De hecho, se prevé un aumento de los impuestos y una reducción del gasto público. Según el FMI, el gasto de los gobiernos en 2022 caerá un 8% con respecto al año pasado. Esta caída se debe en parte a un menor gasto en el apoyo del COVID.

 Si miramos las proyecciones de gastos e ingresos del gobierno de EEUU, según la Oficina de Presupuesto del Congreso, el gasto del gobierno federal se reducirá en un 7%, en promedio, hasta 2026 en comparación con los niveles de 2021, mientras que se espera que los ingresos fiscales aumenten en un 25%. El presupuesto de EEUU se reducirá a la mitad en 2022 y se mantendrá bajo durante los años siguientes. Por tanto, no se prevé ningún estímulo fiscal al estilo keynesiano.

Los planes del presidente Joe Biden para expandir el gasto fiscal se han visto obstaculizados por el Congreso y, de todos modos, solo habrían tenido un pequeño impacto en la actividad económica. El fondo de recuperación de la UE para las economías más débiles de la eurozona ni siquiera ha comenzado y, de nuevo, será insuficiente para mantener un crecimiento económico más rápido.

En conclusión, suponiendo que no se produzcan nuevos desastres por la pandemia la economía mundial crecerá en 2022, pero no tan rápido como en el año de la ‘fiebre del gasto’ de 2021. Y para fines de este año, la mayoría de las principales economías habrán comenzado a retroceder hacia tendencias de bajo crecimiento y baja productividad, con perspectivas de un crecimiento aún más lento durante el resto de la década."                        (Michael Roberts, Observatorio de la crisis, 01/01/22)

29.12.21

La razón por la que hay una inflación "inesperada" se debe a las circunstancias extraordinarias de la pandemia... Si va a haber algún 'aumento de costes' este año, vendrá de las empresas que suben los precios a medida que aumentan los costes de las materias primas, los productos básicos y otros insumos, en parte debido a la interrupción de la 'cadena de suministro' de COVID... un estudio tras otro ha demostrado que las enormes inyecciones de crédito monetario por parte de los bancos centrales durante los últimos 20 años no han provocado una aceleración de la inflación, al contrario... La inflación ahora es 'transitoria' en el sentido de que después de que termine la 'fiebre del azúcar' del gasto de consumidores y de la inversión durante 2022, el crecimiento del PIB, la inversión y la productividad volverán a caer a tasas de 'depresión prolongada'... Eso significará que la inflación disminuirá... La Fed pronostica un crecimiento del PIB real de solo 2% para 2024 y 1.8% un año después... ¿Está volviendo la estanflación (bajo crecimiento y alta inflación) de la década de 1970?

 "La inflación que obtuvimos no es en absoluto la inflación que estábamos buscando", dijo el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jay Powell, en su conferencia de prensa después de que el comité de política monetaria de la Fed decidiera acelerar la 'reducción' de sus compras de bonos hasta finalizar el programa en marzo de 2022 y sugiriese que comenzará a subir su tasa de interés de política (la tasa de 'fondos federales') desde cero poco después de esa fecha. (...)

Parece que la Fed ya no considera que el aumento de la inflación sea 'transitorio', sino que probablemente se mantendrá por algún tiempo, aunque su pronóstico promedio es que la tasa de inflación del consumo personal (PCE) termine siendo de 5.3% en 2021 pero que luego retroceda al 2,6% en 2022 y eventualmente caiga al 2,1% en 2024. En ese sentido, la Fed aún considera que la inflación es 'transitoria', pero será más alta de lo que se pensaba a corto plazo.

Powell reconoce que la razón por la que hay una inflación "inesperada" se debe a las circunstancias extraordinarias de la pandemia. (...)

la pandemia ha empeorado la inflación debido a 1) la demanda reprimida del consumidor a medida que la gente agota los ahorros acumulados durante los cierres y 2) los 'cuellos de botella' de la oferta que surgen al tratar de satisfacer esa demanda; estos cuellos de botella son creados por las restricciones en el transporte internacional de bienes y componentes y las continuas restricciones de suministros, porque gran parte del mundo todavía sufre la pandemia.

Por tanto, la Fed se encuentra ante un dilema. Si 'endurece' la política monetaria 'demasiado' y sube las tasas de interés 'demasiado rápido', podría hacer que el coste de pedir prestado para invertir o gastar aumente hasta el punto que la nueva inversión en tecnología se desacelere y la demanda de productos por parte de los consumidores se desvanezca y haya una recesión económica. Este es particularmente el caso, dado el nivel récord de deuda corporativa. Alternativamente, si no actúa en el sentido de reducir y detener sus inyecciones monetarias y aumentar las tasas, la alta inflación puede que no sea transitoria en absoluto. 

El resultado es que la Fed está buscando un camino intermedio. Lo mismo se aplica al Banco de Inglaterra y al Banco Central Europeo, que también se reunieron esta semana. Las tasas de inflación en la zona euro y el Reino Unido también han alcanzado nuevos máximos. 

En mi opinión, el dilema de estos bancos centrales entre controlar la inflación y evitar una recesión es falso. Esto se debe a que la política monetaria (inyectar o retirar dinero a crédito o subir o bajar las tasas de interés) es realmente ineficaz para controlar la inflación o la actividad económica. Un estudio tras otro ha demostrado que la "flexibilización cuantitativa" tuvo poco o ningún efecto para impulsar la economía "real" o la producción y la inversión; y un estudio tras otro ha demostrado que las enormes inyecciones de crédito monetario por parte de los bancos centrales durante los últimos 20 años no han provocado una aceleración de la inflación, al contrario. Entonces, si la Fed, el Banco de Inglaterra o el BCE aceleran el endurecimiento de la política monetaria, no servirá para "frenar la inflación". La política monetaria no funciona, al menos a los niveles de tipos de interés previstos por los bancos centrales.  

Por supuesto, si la Fed recurriera a tasas de interés que produjeran una tasa de interés real positiva alta (es decir, después de la inflación), similar a lo que hizo el ex presidente de la Fed, Volcker, para poner fin a las altas tasas de inflación de la década de 1970, eso podría funcionar. La tasa de los fondos federales alcanzó un récord del 20 por ciento a fines de 1980, mientras que la inflación alcanzó un máximo del 11,6 por ciento en marzo. Pero, como descubrió Volcker, todavía se necesitaron años para lograr una inflación más baja y solo después de sufrir la depresión económica más profunda del período de posguerra hasta la fecha, es decir, la de 1980-82.

¿Por qué la política monetaria es ineficaz? Como he argumentado en artículos anteriores, se debe a que la inflación no es un 'fenómeno monetario' como argumentó el monetarista Milton Friedman. Tampoco es producto de los costes salariales que elevan los precios, a pesar de los intentos de los economistas del gobierno del Reino Unido de defenderlo. (...)

Les recuerdo a mis lectores lo que señalé antes. Nunca ha habido inflación por "empuje salarial". De hecho, durante los últimos veinte años hasta el año del COVID, los salarios semanales reales aumentaron solo un 0,4% anual en promedio, menos que el crecimiento promedio anual del PIB real que fue alrededor de +2%. Lo que creció es la proporción del crecimiento del PIB que se destina a las ganancias. Marx argumentó que cuando los salarios suben, eso no conducirá a aumentos de precios, sino a una caída de las ganancias, y esa es la verdadera razón por la que la economía dominante hace tanto alboroto por la inflación impulsada por los salarios.

Si va a haber algún 'aumento de costes' este año, vendrá de las empresas que suben los precios a medida que aumentan los costes de las materias primas, los productos básicos y otros insumos, en parte debido a la interrupción de la 'cadena de suministro' de COVID.  (...)

En cambio, la inflación de los precios de producción depende en última instancia de lo que está sucediendo con la generación de nuevo valor en una economía, y eso depende de la tasa de acumulación del capital y la rentabilidad de ese capital. Las tasas de inflación alcanzaron mínimos de posguerra en la década de 2010 a pesar de la "flexibilización cuantitativa" porque el crecimiento del PIB real se desaceleró junto con el crecimiento de la inversión y la productividad. Todo lo que hizo la política monetaria fue contrarrestar débilmente esa presión a la baja sobre la inflación de precios. 

Por otro lado, la "relajación monetaria" provocó especulación financiera y un auge del mercado de acciones y bonos, ya que el coste cero de los préstamos más el suministro ilimitado de dinero impulsó los mercados financieros y de propiedad. Ahí si hubo mucha inflación. Pero a medida que la velocidad del dinero (la rotación de transacciones en la economía 'real') disminuyó, reduciendo el impacto de las inyecciones monetarias en la inversión productiva y los precios de bienes y servicios, los precios de los activos financieros y otros activos improductivos como la propiedad se dispararon.

La inflación ahora es 'transitoria' en el sentido de que después de que termine la 'fiebre del azúcar' del gasto de consumidores y de la inversión durante 2022, el crecimiento del PIB, la inversión y la productividad volverán a caer a tasas de 'depresión prolongada'. Eso significará que la inflación disminuirá. La Fed pronostica un crecimiento del PIB real de solo 2% para 2024 y 1.8% un año después, una tasa más baja que el promedio de los últimos diez años. En el tercer trimestre de 2021, el crecimiento de la productividad de EEUU se desplomó trimestralmente hasta el nivel más alto en 60 años, mientras que la tasa interanual cayó un 0,6%, la mayor caída desde 1993, ya que el empleo aumentó más rápido que la producción. 

Algunos optimistas argumentan que habrá un auge en el gasto de capital en nuevas tecnologías, automatización, etc. que impulsará la productividad del trabajo al alza. Pero la rentabilidad de la acumulación de capital en todas las principales economías sigue deprimida y casi en mínimos históricos a pesar de una recuperación en 2021.  

Como lo expresó Brian Green en un artículo reciente:

“Es probable que la inflación impulsada por la demanda haya disminuido. Parece que ahora que los fondos de Covid se han agotado, los consumidores estadounidenses se están uniendo al resto del mundo en su frugalidad, mientras que los buques portacontenedores continúan haciendo cola fuera de los puertos para cargar y descargar. Lo que queda son los cuellos de botella en el suministro y la especulación del sistema. La inflación de los oleoductos o la inflación en la puerta de la fábrica es evidente. Tanto los EEUU como el Reino Unido han hecho publicos precios récord o casi récord de producción. Cuando la inflación no puede ser satisfecha por la demanda, son los márgenes de beneficio los que sufren y eso es lo que está sucediendo ahora y se intensificará en el nuevo año".

Y las variantes Omicron y Delta de COVID están afectando a la producción de bienes y servicios.  Las últimas encuestas de actividad económica de diciembre (denominadas PMI) mostraron una desaceleración significativa en el ritmo de recuperación de la recesión pandémica. Las tasas del Reino Unido y la Eurozona se encuentran ahora en mínimos de nueve meses.

¿Está volviendo la estanflación (bajo crecimiento y alta inflación) de la década de 1970? Bueno, la parte "estan" parece muy probable; la parte "flación" dependerá de factores que escapan al control de los bancos centrales porque no es el tipo de inflación que esperaba Jay Powell."              (Michael Roberts  , Sin Permiso, 17/12/2021)

20.12.21

Se perfila un nuevo régimen de crecimiento débil en el que aumentará la presión sobre el trabajo y la naturaleza... Un "régimen de crecimiento débil", acompañado además de una tendencia al alza de los precios de la energía y de los principales productos básicos, conduce a exagerar el reflejo de "cada uno para sí", así como a endurecer la competencia internacional. Estos factores flotaron sobre la COP26 en Glasgow, de donde los países en extrema necesidad de asistencia financiera, para su consternación, salieron con las manos vacías... los activos financieros globales marcaron otro hito en 2020: por primera vez, han superado el 300% del PIB mundial... pero, mucho más que un contagio financiero global, lo que amenaza a la economía global es la desaceleración de uno de los pulmones del crecimiento, China... el gobierno chino apenas tiene más soluciones a este problema estructural del capitalismo contemporáneo que sus pares occidentales o japoneses. Sin duda, esta convergencia marca el final de una era

 "La segunda reunión semestral de 2021 del FMI y el Banco Mundial  se realizó a mediados de octubre. Si bien los precios de la energía y las principales materias primas aún no habían despegado, el tono ya era sombrío. La presentación del Informe de estabilidad financiera global de octubre de 2021 por un miembro de la secretaría del FMI habla de una economía mundial "obstaculizada" (la palabra inglesa hobbled es más colorida , los hobbles son piedrecitas en los zapatos o debajo de los pies). [1] Las preocupaciones de la organización se exponen con franqueza en el resumen ejecutivo del propio informe:

“A pesar de algunas mejoras desde el Informe de Estabilidad Financiera Global de abril de 2021, las vulnerabilidades financieras continúan siendo altas en varios sectores, en parte enmascaradas por medidas de estímulo masivas. Quienes toman las decisiones se enfrentan a un desafío: mantener su apoyo a corto plazo a la economía global evitando al mismo tiempo consecuencias y riesgos no deseados para la estabilidad financiera en el mediano plazo. Un período prolongado de condiciones financieras extremadamente favorables, si bien necesario para respaldar la recuperación económica, puede generar valoraciones de activos excesivamente tensas y podría alimentar vulnerabilidades financieras.[subrayado por mí]. Algunas señales de advertencia, por ejemplo, una mayor asunción de riesgos financieros y una creciente fragilidad en el sector de las instituciones financieras no bancarias, apuntan a un deterioro de los cimientos subyacentes de la estabilidad financiera. Si no se controlan, estas vulnerabilidades podrían convertirse en problemas estructurales heredados, poniendo en peligro el crecimiento a mediano plazo y poniendo a prueba la capacidad de recuperación del sistema financiero mundial".  (...)

El repunte de la tasa de crecimiento del PIB mundial entre 2020 y 2021 se frenará, según las proyecciones, en 2022, en particular debido a los resultados de las economías capitalistas avanzadas (...)

Tanto las instituciones de Washington como la OCDE temen una tercera ola de pandemia. Se han unido a la OMS para advertir sobre los peligros de la enorme brecha de inmunización entre los países de la OCDE y los países denominados "emergentes" (principalmente China) por un lado y el resto del mundo por el otro (Gráfico 6). Han tenido cuidado de no pronunciarse a favor del levantamiento de patentes, a lo que los países de origen, particularmente los países europeos (Alemania, Suiza, Francia) de los principales grupos farmacéuticos, se oponen radicalmente. (...)

Las consecuencias de esta brecha global en el acceso a las vacunas son bien conocidas. Fue en India primero y ahora en Sudáfrica (Omicron) donde aparecieron las nuevas formas mutantes de Covid-19.

La emisión masiva de letras del Tesoro y su compra por parte de los bancos centrales ha contribuido a un nuevo aumento de los activos financieros que constituyen capital ficticio, acompañado de un fuerte repunte del sector inmobiliario. Los activos financieros son capital ficticio. El término se refiere a la naturaleza económica de los valores resultantes de préstamos a gobiernos o empresas o de la financiación (la mayoría de las veces inicial) del capital de las empresas. 

Valores - bonos y acciones - derechos abiertos (más exactamente reclamos, ya que los derechos pueden desaparecer en caso de un colapso) para participar en la distribución de las ganancias de las empresas o para extraer, a través del servicio de la deuda pública, ingresos provenientes de impuestos . En este sentido los títulos son muy reales pero, visto desde el ángulo del movimiento del capital productivo de valor y plusvalía, no son capital. En el mejor de los casos, son el "recuerdo" de una inversión ya realizada. Sus tenedores ven en ellos un "capital" del que esperan un rendimiento regular en forma de intereses y dividendos (una "capitalización") por los retiros sobre el valor que autorizan, como por las ganancias ficticias resultantes de operaciones especulativas exitosas en los mercados financieros.

Desde 1994, el McKinsey Global Institute ha calculado la diferencia entre la tasa de crecimiento de los activos financieros y la del PIB global y ha seguido su evolución en sucesivos estudios publicados en 2009, 2011 y 2013. En su último estudio, la compañía quería mejorar sus estimaciones mediante un enfoque basado en la construcción de un balance global "análogo a la forma en que una empresa construye su balance". [5]Los autores informan que de 2000 a 2020, los activos financieros como acciones, bonos y derivados crecieron de 8,5 a 12 veces el PIB mundial. Más importante aún, los bienes raíces representan dos tercios de los activos reales o del patrimonio neto global.

 El valor de los bienes raíces residenciales, incluidos terrenos, se situó en el 46% del patrimonio neto mundial en 2020, y los edificios y terrenos propiedad de corporaciones y entidades públicas (estado, municipios) representaron un 23% adicional. “Otros activos fijos, como infraestructura pública, maquinaria y equipo, activos intangibles y reservas minerales, los tipos de activos que normalmente estimulan el crecimiento económico, constituían solo una quinta parte de los activos reales o del patrimonio neto.que van desde el 15% en el Reino Unido y Francia hasta el 39% en Japón. "

Por su parte, el gigante asegurador alemán Allianz señaló en septiembre: “2020 fue el año de los contrastes extremos. El nuevo virus SARS-CoV-2 ha destruido millones de vidas y medios de subsistencia, hundiendo a la economía mundial en su recesión más profunda desde la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, la política monetaria y fiscal ha movilizado cantidades inimaginables de dinero para apoyar con éxito a la economía, los mercados y las personas. Los ingresos se estabilizaron y los mercados de valores se recuperaron rápidamente. 

Los activos financieros globales crecieron un + 9,7% en 2020, alcanzando por primera vez la marca mágica de los 200 billones de euros. La brecha entre la riqueza y el crecimiento económico rara vez ha sido tan pronunciada como en 2020: los activos financieros globales crecieron un 11,6% más que la producción económica. Como resultado, los activos financieros globales marcaron otro hito en 2020: por primera vez, han superado el 300% del PIB mundial ”(subrayado por mí). (...)

Ahora iremos de la esfera financiera a la producción y consideraremos una serie de factores que inciden en el coste de vida y dan actualidad a la consigna contra la carestia de la vida, pero que podemos suponer que afectan negativamente la tasa de ganancia, cuyo movimiento se recordará en la última parte de esta nota. El primer factor es el aumento de los precios de la energía y las materias primas. Empecemos por el precio del gas. Hoy la nueva subida del precio del petróleo es en gran parte consecuencia del precio de otras fuentes de energía, el del carbón en China y la India, el del gas en Europa. (...)

El precio del gas en el mercado mayorista está alcanzando récords porque la oferta ya no satisface la demanda, todo ello agravado por la especulación que permite la financiarización nacida de la desregulación impuesta por los tratados europeos. A partir de la década de 1990, pasamos de una industria regida por estrategias públicas a una industria en la que el gas es un commodity regido por el mercado spot . (...)

Pero detrás de este conjunto de factores hay un movimiento fundamental a largo plazo. Un estudio sobre materias primas de McKinsey en 2013, gráfico 11, señala que su movimiento ha cambiado repentina y dramáticamente desde principios del 2000. Durante el siglo XX, su precio en términos reales ha caído un poco más de medio punto por ciento anual en promedio. Pero a partir de 2000, los precios se duplicaron de media. En segundo lugar, la volatilidad de los precios también ha aumentado considerablemente desde el cambio de siglo. De hecho, la oferta de materias primas “parece ser cada vez menos capaz de adaptarse rápidamente a los cambios en la demanda porque las nuevas reservas son más difíciles y caras de acceder. Por ejemplo, el petróleo en alta mar requiere técnicas de producción más sofisticadas. La tierra cultivable disponible no está vinculada a los mercados finales por falta de infraestructura. Los recursos minerales deben desarrollarse cada vez más en áreas de alto riesgo político. Estos factores no solo aumentan el riesgo de interrupciones del suministro, también hacen que la oferta sea aún más inelástica. A medida que la oferta se vuelve cada vez más insensible a la demanda, incluso pequeños cambios en esa demanda pueden provocar grandes cambios en los precios. Los inversores pueden verse disuadidos por la volatilidad de los precios de los recursos y estar menos inclinados a invertir en nuevos suministros o iniciativas de productividad de los recursos. "

En tercer lugar, los precios de los diferentes tipos de productos básicos están cada vez más estrechamente relacionados. Primero, los recursos representan una proporción significativa de los costes de entrada de otros recursos. Por ejemplo, el aumento de los costes de la energía en los fertilizantes conduce a mayores costes de producción en la agricultura. En segundo lugar, los avances tecnológicos permiten un mayor grado de sustitución entre los recursos en la demanda final, por ejemplo, los biocombustibles vinculan la agricultura y los mercados energéticos. " [10] Existe una grave amenaza para la producción agrícola, el suministro de alimentos sufre un proceso de reducción para su uso como combustible, cuyos efectos se combinan con los del cambio climático. (...)

Cuando nos referimos a los sectores de manufactura y servicios, el índice de crecimiento de la productividad total de los factores (...) sugiere que en manufactura y servicios, la robótica y la inteligencia artificial tienen poco margen para mejorar las perspectivas de ganancias en general, incluso si empresas específicas han podido aprovecharse. (...)

Otro factor que afecta a la tasa de ganancia de un número creciente de empresas son los retrasos en las entregas y los cuellos de botella en las cadenas de suministro globales. Los investigadores coinciden en que estas revelaron su gran fragilidad durante la crisis nacida de la pandemia. [13] Pero podemos medir su importancia gracias a un índice elaborado por el FMI a través de encuestas a los gerentes de compras a quienes se les pregunta si los plazos de entrega son en promedio más largos, más rápidos o sin cambios en comparación con el mes anterior. (...)

Robert Reich sostiene que, en lo que respecta a Estados Unidos, la inflación de precios es síntoma de un problema estructural más profundo: la creciente consolidación (centralización / concentración) de la economía a favor de un puñado de grandes empresas con poder suficiente para aumentar los precios y beneficios.  (...)

Según los cálculos del último estudio de McKinsey, “durante las últimas dos décadas, la inversión neta como porcentaje del PIB ha sido pequeña y en declive, especialmente en las economías avanzadas, contribuyendo sólo con un 28% a la expansión de la economía.  (...)

Es en este contexto en el que se produce la anunciada quiebra de la gigantesca promotora inmobiliaria Evergrande. [21] El grupo es demasiado grande para quebrar. Su rescate financiero y su reestructuración / desmantelamiento parcial están en marcha.  (...)

Como escribe Romaric Godin, “mucho más que un contagio financiero global, lo que amenaza a la economía global es la desaceleración de uno de los pulmones del crecimiento, China. Es probable que la desaceleración del crecimiento y el efecto de esta quiebra en la demanda interna tengan un gran peso, porque, durante 30 años, el crecimiento chino ha arrastrado al resto del mundo. Entre 2013 y 2018, China contribuyó directamente con el 28% del crecimiento mundial. Sin duda, esta cifra es aún mayor cuando sumamos el efecto de las inversiones chinas en el exterior, incluso más allá de esta crisis”. Y para continuar: “Evergrande es el síntoma de una economía china que ya no es capaz de generar fuerte crecimiento, salvo para crear burbujas. Se enfrenta, tras 30 años de crecimiento, a los mismos problemas que las economías occidentales: la incapacidad de generar suficientes ganancias de productividad para un desarrollo capitalista equilibrado. Incluso si Beijing tiene los medios para moderar los efectos de esta crisis subyacente, el gobierno chino apenas tiene más soluciones a este problema estructural del capitalismo contemporáneo que sus pares occidentales o japoneses. Sin duda, esta convergencia marca el final de una era. 

 A partir de ahora, los motores del crecimiento serán débiles o muy peligrosos. Se perfila un nuevo régimen de crecimiento débil en el que necesariamente aumentará la presión sobre el trabajo y la naturaleza. Sin duda, la inestabilidad amenaza a China, pero no solo a China".

Para concluir

Un "régimen de crecimiento débil", acompañado además de una tendencia al alza de los precios de la energía y de los principales productos básicos, conduce a exagerar el reflejo de "cada uno para sí", así como a endurecer la competencia internacional. Estos factores flotaron sobre la COP26 en Glasgow, de donde los países en extrema necesidad de asistencia financiera, para su consternación, salieron con las manos vacías. A nivel doméstico, en Europa la única respuesta para que ese “cada uno para sí ” no alimente aún más los reflejos racistas y xenófobos y para salvaguardar las condiciones básicas de vida de los trabajadores es impulsar la lucha política contra el coste de vida y las fuerzas responsables de ello. (29 de noviembre de 2021)"                          (François Chesnais  , Sin Permiso, 04/12/2021)