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25.10.21

Cómo se fabricó el discurso de Colin Powell en la ONU sobre el arsenal iraquí que no existía... se decide que muestre un pequeño vial que podría contener una cantidad similar de ántrax en polvo a la empleada en un ataque contra el Congreso de EEUU ocurrido en 2001... Muestra fotografías obtenidas vía satélite que dan a todo un aire de precisión... Se ofrecen fragmentos de conversaciones entre responsables iraquíes de las que se deduce que estaban ocultando algo... Casi todas las acusaciones presentadas por Powell resultaron ser falsas. El ejemplo más evidente son los laboratorios móviles tan bien dibujados en las ilustraciones

 "Colin Powell, que ha fallecido esta semana a los 84 años, fue el mejor vendedor de una guerra en la que en el fondo no terminaba de creer. Es lo que lleva a Spencer Ackerman a escribir que Powell fue «el único hombre que pudo haber parado la guerra de Irak».

 Es una observación algo arriesgada, aunque sólo sea por el hecho de que la decisión de invadir Irak y derrocar a Sadam Hussein estaba tomada desde muchos meses atrás en la Casa Blanca de George Bush. Sin embargo, la cobertura política de la campaña militar dependía de otros muchos factores que podían hacerla descarrilar o quizá retrasar (el apoyo en Estados Unidos o en la comunidad internacional), y ahí es donde la intervención del secretario de Estado y antes jefe de las Fuerzas Armadas en la Guerra del Golfo resultó decisiva.

En los ambientes políticos y periodísticos de EEUU, el discurso de Powell en el Consejo de Seguridad de la ONU cimentó la idea de que la guerra era necesaria por la magnitud de la amenaza que suponía Irak y por la claridad de las pruebas obtenidas. Así era más fácil desdeñar el deseo del secretario general de la ONU de que continuaran las inspecciones y el rechazo de Francia, Alemania, Rusia y China a la vía militar.

Powell era la herramienta de propaganda más efectiva al alcance de la Casa Blanca y de los neoconservadores. Precisamente, porque no era como estos últimos, no era un ideólogo que creyera que el mantenimiento de la hegemonía norteamericana en el mundo, y en concreto en Oriente Medio, requería eliminar a Sadam. Los medios lo consideraban un intervencionista reticente que había combatido en Vietnam, muy consciente de la necesidad de que una guerra sólo podía entablarse con un claro apoyo de la opinión pública y el despliegue masivo de medios militares.

Cómo se llevó a cabo el proceso de elaboración del discurso ayuda a entender las prioridades de los gobernantes de EEUU y hasta qué punto estaban dispuestos a hacer lo que fuera para conseguir la guerra que deseaban.

A finales de enero de 2003, Bush encarga a Powell que sea él quien pronuncie un discurso en la ONU para explicar al mundo los argumentos de EEUU contra Irak. Los índices de apoyo al secretario de Estado en las encuestas superan el 70%, muy superiores a los de los demás miembros del Gabinete. «Te puedes permitir perder algunos puntos», le dice el vicepresidente, Dick Cheney. La Casa Blanca va a ordeñar su credibilidad para convencer a los gobiernos más escépticos de la solidez de las acusaciones norteamericanas.

El paso siguiente es preparar el discurso de Powell. La Casa Blanca recibe el material solicitado a la CIA, pero no le parece lo bastante contundente, así que encarga la tarea a dos convencidos de la causa, Stephen Hadley, número dos del Consejo de Seguridad Nacional, y Scotter Libby, jefe de gabinete de Cheney. En el texto estánn todos los asuntos empleados por las autoridades en sus declaraciones públicas, así como las informaciones filtradas a los grandes medios de comunicación, incluida la alegación (falsa) sobre los contactos entre Irak y Al Qaeda. Ese informe, o borrador de discurso, tiene 48 páginas.

Powell ya había garantizado a Bush que lo apoyaría en la decisión de ir a la guerra. Encarga a su jefe de gabinete, el coronel Larry Wilkerson, que revise cada uno de sus puntos. En los medios, ya se lee que puede ser un discurso con tanto impacto como el que tuvo en 1962 el de Adlai Stevenson en la crisis de los misiles de Cuba. Powell y Wilkerson examinan grabaciones de ese discurso.

 Cuando Wilkerson pide saber cuáles son las pruebas que sostienen cada acusación, empieza a detectar inconsistencias. Recibe el informe de inteligencia que sustenta una determinada alegación y ve que no dice exactamente lo que le han contado. Hay artículos de periódicos que emplean información filtrada por altos cargos del Pentágono o de la oficina de Cheney ansiosos por promover la invasión. Buena parte de la información, comprueba Wilkerson, procede del Congreso Nacional Iraquí, el grupo de exiliados iraquíes dirigido por Ahmed Chalabi al que los neoconservadores pretenden poner en el poder en Bagdad.

Las objeciones de Wilkerson hacen que se decida utilizar como materia prima del discurso el último informe consensuado por todos los servicios de inteligencia sobre la amenaza iraquí, el llamado National Intelligence Estimate. Ahí están los principales argumentos que Powell presentará en la ONU: los laboratorios móviles donde se producían armas biológicas o los tubos de aluminio con una serie de especificaciones técnicas que los hacían útiles para un programa de armas nucleares. Sobre este último punto, un informe de la IAEA (Organismo Internacional de Energía Atómica) ya los había descartado como prueba por creer que se habían utilizado en la producción de cohetes de artillería, no en las centrifugadoras de una planta nuclear.

 En las reuniones, se sugiere que Powell enseñe un tubo similar de forma dramática en su discurso. Finalmente, se decide que muestre un pequeño vial que podría contener una cantidad similar de ántrax en polvo a la empleada en un ataque contra el Congreso de EEUU ocurrido en 2001. Esa será la imagen que aparecerá al día siguiente en las portadas de muchos periódicos del mundo.

El 1 de febrero, el equipo de altos cargos que prepara el discurso recibe del Pentágono un informe de 25 páginas con los supuestos contactos de Sadam con grupos terroristas. Buena parte de la información no contiene ninguna prueba consistente. La relación en el pasado del Gobierno iraquí con terroristas de Oriente Medio era conocida, pero lo que de verdad interesa a la Casa Blanca es la conexión con Al Qaeda. En la versión final, se incluye con el consentimiento de la CIA referencias a un terrorista jordano llamado Abú Al Zarqaui, del que se dice que ha encontrado refugio en una zona del norte de Irak.

Powell se refiere en 21 ocasiones en el discurso a Zarqaui, que años después dirigiría el grupo Al Qaeda en Irak. Sólo eso ya le convirtió en una celebridad. Antes no era muy conocido en círculos yihadistas. Según una investigación del programa ‘Frontline’ de la cadena pública PBS, su aparición estelar en el discurso le dio un perfil público que no tenía y le permitió conseguir más partidarios y fondos.

«Las autoridades iraquíes niegan las acusaciones de tener relaciones con Al Qaeda. Sus desmentidos simplemente no son creíbles», dice Powell. Zarqaui nunca tuvo contactos con altos cargos del Gobierno o la inteligencia iraquíes. Huido de Jordania, donde fue condenado a muerte en ausencia, se estableció en una zona del norte de Irak controlada por el grupo yihadista Ansar el Islam, opuesto al régimen de Sadam.

 Otro de los momentos dramáticos del discurso es la referencia a los laboratorios móviles de armas biológicas, fundamentalmente porque además se ofrecen unas ilustraciones que reflejan su interior. Demuestra un elevado nivel de conocimiento sobre esos vehículos al incluir una descripción de su interior. George Bush lo había citado en su discurso del Estado de la Unión unas semanas antes. Lo que no se dijo entonces es que había un fuerte debate dentro de la CIA sobre la fiabilidad de esas pruebas.

En su mayor parte, la revelación procede de una sola fuente a la que han puesto el sobrenombre de Curveball. Había sido captado por los servicios secretos alemanes. Un informe de la estación de la CIA en Berlín informó a finales de enero de que los alemanes no habían podido verificar los datos aportados por esa fuente a la que consideraban «problemática». Después de la invasión, quedó confirmado que Curveball era un ingeniero de bajo nivel que había sido despedido de un centro de investigación militar en una fecha tan lejana como 1995 y que había terminado trabajando como taxista en Bagdad.

El día del discurso, 5 de febrero de 2003, George Tenet, director de la CIA, está sentado detrás de Powell. El secretario de Estado le ha pedido que esté en la ONU con la intención de que dé más fuerza a sus alegaciones. Que se vea que el mayor servicio de inteligencia de EEUU ha suscrito las acusaciones que se presentan a la opinión pública internacional.

«We know» son dos palabras que usa con frecuencia. No hay margen para la incertidumbre. No hay podrías ni quizás. «Sabemos que…» es el comienzo de varias frases. Muestra fotografías obtenidas vía satélite que dan a todo un aire de precisión. Aparecen zonas que EEUU está vigilando de forma estrecha con sus avanzadas técnicas de espionaje. Se ofrecen fragmentos de conversaciones entre responsables iraquíes de las que se deduce que estaban ocultando algo.

El gran ejemplo del secretismo con el que Irak oculta su programa de armas de destrucción masiva son los laboratorios móviles para la fabricación de armas biológicas en forma de camiones o vagones. «La descripción que nuestras fuentes nos facilitaron, sobre las condiciones técnicas requeridas en estas instalaciones, es muy detallada y extremadamente precisa», dice. Su carácter móvil hacía que fuera sencillo que se ocultaran a las inspecciones de Naciones Unidas. Esos laboratorios «podían producir una cantidad de veneno biológico similar a todo lo que Irak dijo haber producido en los años anteriores a la Guerra del Golfo» en 1991, sostiene Powell.

Powell afirma que un dirigente de Al Qaeda había confirmado que «Irak había facilitado entrenamiento en el uso de estas armas (químicas) a Al Qaeda». La fuente es Ibn Al-Shaykh al-Libi, que había sido detenido e interrogado en Egipto. Además del hecho de que probablemente había sido torturado, un informe interno de la CIA de enero había llegado a la conclusión de que no estaba en la posición de «poder saber si ese entrenamiento se había llegado a producir».

El discurso dura 67 minutos. «Cada declaración que he hecho hoy está apoyada por fuentes, fuentes sólidas. No son aseveraciones. Lo que les estamos ofreciendo son hechos y conclusiones basados en inteligencia sólida».

Powell habla en la ONU con una decisión y claridad que nunca ha tenido en privado en las semanas de deliberación sobre el contenido del discurso.

Las dudas de Wilkerson son aún mayores. El jefe de gabinete de Powell dijo después que ese discurso fue «el punto más bajo de mi carrera profesional». Powell tuvo que reconocer la evidencia años después y su incomodidad cuando le preguntaban por su intervención. En algunas ocasiones, lamentó que no le llegaran las dudas que había dentro de los servicios de inteligencia sobre la entidad de las pruebas. En otras, culpó de todo a la CIA.

 Casi todas las acusaciones presentadas por Powell resultaron ser falsas. El ejemplo más evidente son los laboratorios móviles tan bien dibujados en las ilustraciones. Fue después de la caída del régimen de Sadam cuando las tropas de EEUU descubren unos camiones que podían parecerse a la descripción hecha de los laboratorios (lo que no era complicado). A finales de mayo, la CIA toma la poco habitual decisión de hacer público un informe en el que se identifica estos camiones como centros móviles para la producción de armas biológicas. Durante una visita a Polonia y al saber la noticia, un entusiasmado Bush llega a decir que ya se han encontrado las armas de destrucción masiva.

David Kay, que había dirigido el equipo de inspectores de la ONU en 1991 y al que Tenet encarga que viaje a Irak después de la invasión de 2003 para encontrar pruebas del arsenal, dice posteriormente que la difusión de ese informe fue un error. En junio, la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa) y la sección de inteligencia del Departamento de Estado llegan a la conclusión de que el uso más probable de estos camiones encontrados era la producción de hidrógeno para su uso en globos meteorológicos.

La recepción del discurso de Powell en los medios de comunicación de EEUU y Europa es incluso mejor de lo que esperaba la Casa Blanca. En la CNN, preguntan a Bob Woodward qué podría pasar si EEUU va a la guerra y no se encuentran después las armas de destrucción masiva, como así ocurrió: «Creo que las posibilidades de que eso ocurra son cercanas a cero», dice el célebre periodista de The Washington Post. «Irrefutable», titula el Post. Las pruebas son «abrumadoras», dice el editorial del diario. El columnista Roger Cohen escribe que es obvio que Sadam conserva el arsenal prohibido: «Sólo un idiota, o posiblemente un francés, podría pensar distinto».

 El discurso es «impresionante en su amplitud y elocuencia», señala The San Francisco Chronicle. El Denver Post compara a Powell con «el marshall Dillon enfrentándose a un pistolero en Dodge City» (Dillon es el marshall de la ciudad en el western ‘Gunsmoke’).

La magia de Colin Powell ha funcionado. George Bush tendrá su guerra."                  ( Iñigo Sáenz de Ugarte , Guerra eterna, 19/10/21)

9.1.20

Con el asesinato de Qassem Soleimani, Trump juega con fuego para salvar su presidencia

"El asesinato de Qassem Soleimani, el principal comandante de Irán, perpetrado este viernes por EE. UU., y de varios líderes de la milicia iraquí, representa una importante escalada equivalente a un acto de guerra que tendrá graves consecuencias a largo plazo. (...)

Visto desde Teherán, se trata de un comportamiento canalla descontrolado, un acto de guerra flagrante con la arrogancia total de una superpotencia en declive dispuesta a cruzar cualquier línea roja, a transgredir cualquier Estado de derecho para lograr sus fines hegemónicos. (...)

El momento en que se ha producido la operación es esencial.


Para el gobierno de Trump, 2019 terminó con una nota amarga, con el doble revés de una crisis política doméstica inducida por el impeachment y una escalada peligrosa y explosiva en Iraq que podría, a la luz de este último acontecimiento, convertir fácilmente 2020 en otro año de guerra para EE. UU. en Oriente Medio.


Con las semillas de esa guerra firmemente plantadas por una iranofobia ilimitada, que se refleja en la guerra unilateral de EE. UU. emprendida bajo la rúbrica de una “estrategia de máxima presión”, su manifestación lenta pero constante en el conflictivo escenario iraquí se ha convertido en una realidad ineludible .


Encerrados en una competencia de suma cero en aras a conseguir la máxima influencia en Iraq, Washington y Teherán están ahora en curso de colisión y, a menos que prevalezca una diplomacia prudente, una posibilidad altamente improbable a la luz del asesinato de Soleimani, es probable que la situación actual desencadene una nueva dimensión militar en la estrategia anti-Irán de Trump.


Violación flagrante de la soberanía


Para comprender bien los sucesos de esta semana resulta de utilidad aportar algo de contexto.


Coincidiendo con un ejercicio naval conjunto Irán-Rusia-China en el Golfo de Omán como clara señal de la antipatía de Beijing y Moscú hacia la política anti-Irán de Trump, se caracterizó a los ataques aéreos estadounidenses de la semana pasada contra las milicias pro-Irán en Iraq y Siria como ataques “defensivos de precisión” del ejército de EE. UU. en respuesta a la creciente amenaza de las fuerzas proiraníes en la región.


Sin embargo, es bastante obvio que estos ataques tienen también connotaciones geoestratégicas a la luz del acercamiento del Secretario de Estado Mike Pompeo a los líderes de Israel, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí inmediatamente después de lanzarlos, ataques que fueron denunciados por Iraq y Siria como una violación flagrante de su soberanía.


Con las autoridades de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos alentando la idea de un deshielo en las relaciones con Irán, la intención de Pompeo es claramente neutralizar esa perspectiva que va en contra de los intereses hegemónicos de EE. UU. en la región. La dependencia de los Estados árabes del Golfo de EE. UU. significa que están hipotecados por una rivalidad sostenida con Irán, que está presionando su propia carta de paz en la región y al mismo tiempo elevando la apuesta contra el dominio de los Estados Unidos.


Pero sería un error reducir la suma de las intenciones del presidente estadounidense Donald Trump respecto a los recientes ataques aéreos -y lo más importante, un riesgo mal calculado como el asesinato de Soleimani- a las circunstancias externas en Iraq y la región, y pasar por alto la clara posibilidad de que Trump haya echado mano del viejo libro de jugadas de instigar una crisis extranjera para desviar los peligros internos de su presidencia. Esto recuerda cómo Bill Clinton, en 1998, ordenó un ataque aéreo contra Iraq en vísperas de una importante votación de destitución.


Del mismo modo, buscando desviar la atención del proceso de destitución, que ha cobrado impulso al revelar más pruebas condenatorias que sugieren un “quid pro quo” en relación a Ucrania, Trump y su equipo de política exterior cuentan con los dividendos políticos de su último “desafío” a Irán, incluso con respecto al asalto de los iraquíes a la embajada estadounidense fuertemente fortificada en Bagdad.

 Por lo tanto, todos los medios dominantes de comunicación estadounidenses se han alineado detrás de Trump, acreditándole un uso prudente de la fuerza y ​​dándole palmaditas en el hombro por dejar de lado sus reservas anteriores sobre el uso de la fuerza. Pero poco de esa propaganda de los medios estadounidenses a favor de una política estadounidense belicista -que está en violación directa del derecho internacional- caerá en saco roto respecto a la población local en la región, ya que incluso el New York Times ha admitido que los iraquíes de todo el espectro político se unieron en la condena de los ataques estadounidenses, que han matado e herido a docenas de iraquíes.  (...)

En esencia, todo esto refleja una bifurcación de intereses, por lo que Trump puede terminar infligiendo graves daños a los intereses estadounidenses en el extranjero al crear una crisis artificial para salvar su propia presidencia, envolviéndose en la bandera y aprovechando el reservorio oculto del patrioterismo estadounidense para neutralizar el desgaste que enfrenta su presidencia. (...)

Es difícil sobreestimar el grave error estadounidense al perpetrar este acto de terror patrocinado por el Estado que probablemente desencadenará un ciclo mortal de violencia que se llevará muchas vidas.


No obstante, es a Estados Unidos a quien le interesa evitar que se profundice la crisis que ha generado intencionalmente en Iraq; sin embargo, carece de control total para contenerla.


Dentro de Iraq se ha desarrollado, en esencia, una consecuencia de la crisis entre Estados Unidos e Irán que podría escalar mucho más allá de las “guerras en la sombra” y del uso de apoderados, con giros impredecibles que representan un riesgo claro para los miles de militares estadounidenses en la región; por no mencionar la salud de la economía global, que está ligada al flujo libre de petróleo a través del estrecho de Ormuz.


Jugando con fuego para apuntalar su presidencia en declive y socavado por el aguijón de la destitución, Trump muestra ahora todos los síntomas de un presidente de gatillo fácil dispuesto a desencadenar otra guerra calamitosa en Oriente Medio traicionando su promesa de evitar que Estados Unidos se enrede en otro conflicto.


Lamentablemente, como muestran claramente sus equivocadas políticas con respecto a Irán e Iraq, Trump no solo está repitiendo la táctica de su predecesor para evitar la destitución, sino que también está a punto de reciclar los errores de las guerras de la era Bush en el Medio Oriente."              

30.7.18

La “lucha de clases” vuelve a Irak... el Partido Comunista ha recuperado un protagonismo político que prácticamente había desaparecido con la hegemonía social de las organizaciones integristas chiíes

"Durante las dos últimas semanas, las provincias chiíes de Irak, que forman la mitad sur del país y donde vive la mayor parte de la población, viven un verdadero clima de revolución social. 

Aunque no haya cifras totalmente fiables, el Gobierno reconoce al menos ocho muertos y una cifra de heridos que se acercaría a los trescientos, muchos de ellos policías.  (...)

También llegan noticias de (...) 

asalto a oficinas gubernamentales y, por primera vez, a las sedes de los principales partidos chiíes, por lo general de orientación integristas, que han controlado los sucesivos gobiernos desde la invasión angloamericana de 2003.

Entre estas sedes se encuentran las de los grupos Hezbolah (Partido de Dios) y la organización Al Bader, vinculados a la familia Al Hakim, una de las más prestigiosas entre la comunidad chií, las sedes de los partidos del actual primer ministro, Haidar Abadi, y de su antecesor, Nuri al Maliki, e incluso de las Unidades de Movilización Popular, que, con el apoyo de Irán, han llevado el peso de la lucha contra el Estado Islámico.

Las protestas se iniciaron el 8 de julio en Basora, donde en verano se superan diariamente los 50 grados de temperatura, debido a la falta de agua potable y de electricidad para los ventiladores y el aire acondicionado, pero de forma inmediata se volvieron contra la ineficacia del Gobierno, la corrupción de los partidos dominantes, un paro que castiga fundamentalmente a la juventud –el 60 por cien de la población tiene menos de 24 años- y, en definitiva, contra la pobreza de una zona de Irak por donde entran y salen la mayor parte de las mercancías y la producción petrolífera. (...)

No es ninguna casualidad que precisamente esta “revolución social” haya cuajado en las provincias donde consiguió sus mejores resultados la coalición Sairún (En Marcha), una alianza formada tras la confluencia entre comunistas y seguidores de Muqtada al Sader en las mencionadas concentraciones semanales de la plaza Tahrir contra la corrupción y la ineficacia gubernamentales.

Ambos, comunistas y saaderistas, han llevado el peso de esas movilizaciones que exigen, como las actuales protestas, que el Gobierno no responda a posiciones sectarias religiosas o étnicas sino a una justicia social que trate a todos los ciudadanos por igual y saque de la pobreza a amplias capas de la población marginadas por la nueva clases político-religiosa que se ha instalado en el poder.

En concreto, Sairún, que propugna igualmente una reconstrucción total del Estado iraquí, consiguió el primer puesto en las provincias de Bagdad, Najaf, Misan, Wasit, Muthana y Dhi Qar, y el segundo en Babel, Kerbala y Basora.

Lo más novedoso de la actual situación es que el Partido Comunista –el más antiguo del país- ha recuperado un protagonismo político que prácticamente había desaparecido con la hegemonía social de las organizaciones integristas chiíes.

Gracias a esta alianza, por ejemplo, han entrado en el Parlamento dos mujeres comunistas que se han distinguido por su compromiso con la justicia social y los derechos de la mujer. Una de ellas es Haifa al Amín, a la que se le pudo ver durante la campaña electoral repartiendo flores entre los trabajadores de Nasiriya, capital de Dhi Qar y donde el Partido Comunista abrió su primera sede el año 1934, nada más proclamarse la independencia de Irak en forma de monarquía; la otra, Suhad al Khatib, ha logrado un importante triunfo en Najaf, “la ciudad santa del chiísmo”.

No es la primera vez que el Partido Comunista juega un papel importante en la vida política iraquí. También lo tuvo durante el Gobierno progresista de Abdelkarim Qasem, militar que derribó la monarquía con la Revolución del 14 de Julio el año 1958 para ser, a su vez, asesinado cinco años más tarde por el Baath que llevaría a Sadam Huseín al poder.

Entonces el PC de Irak tenía una gran ascendencia social entre los campesinos chiíes del sur, los trabajadores de la industria petrolífera y ciertas minorías étnicas o religiosas, como los kurdos, yezidis o failis. Después, tras la Revolución Islámica de Irán en 1979, las corrientes chiíes pro-iraníes y las wahabíes pro-saudíes irrumpieron con fuerza luchando contra la dictadura de Sadam, contra la invasión angloamericana y finalmente enzarzándose en una lucha sectaria entre chiíes y suníes que ha llevado a Irak a la guerra civil.

La actual oleada de protestas y el “voto castigo” a favor de saaderistas y comunistas, parece indicar un cambio de ciclo, volviendo así a una lucha popular basada más en planteamientos sociales que religiosos."           (Manuel Martorell, Cuarto Poder, 20/07/18)