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11.7.26

POLITICO: La ambiciosa propuesta de España de solicitar un préstamo adicional de 850.000 millones de euros anuales en nombre de los países de la UE genera un enfrentamiento con los países del norte de Europa... Madrid presenta su propuesta para incrementar el endeudamiento conjunto con la UE como una medida de ahorro... la propuesta —basada en la premisa de que un mayor endeudamiento de la UE abarataría los pagos de intereses— podría ahorrar a los países hasta 5.000 millones de euros anuales inicialmente, gracias a la reducción de los intereses, y 25.000 millones de euros a largo plazo... La idea es que los países de la UE con un alto nivel de endeudamiento se beneficien de los menores costes de endeudamiento de la Comisión Europea, liberando miles de millones para destinarlos a prioridades nacionales... La UE lanzó su primer programa conjunto de deuda en 2021 tras acordar la emisión de hasta 750.000 millones de euros en subvenciones y préstamos para hacer frente a la recesión económica provocada por la pandemia de la COVID-19... Con deudas relativamente bajas y sólidas calificaciones crediticias, Berlín y La Haya no tienen nada que ganar con la iniciativa española, ya que pueden endeudarse a un coste menor que la Comisión a su propio nombre

"La ambiciosa propuesta de España para aumentar la deuda con la UE genera un enfrentamiento con los países del norte de Europa. Madrid presenta su propuesta para incrementar el endeudamiento conjunto con la UE como una medida de ahorro.

 España presiona a la Comisión Europea para que rompa un tabú de larga data y solicite un préstamo adicional de 850.000 millones de euros anuales en nombre de los países de la UE.

La propuesta española, contenida en un documento de debate distribuido a los países y al que ha tenido acceso POLITICO, avivará las tensiones durante la reunión de ministros de Finanzas de la eurozona que se celebrará el jueves, donde se espera que el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, presente su propuesta.

La idea de una deuda común de la UE es una de las más controvertidas para los gobiernos, enfrentando a los países del sur de Europa, partidarios del gasto público, como Francia y España, con el bloque del norte, liderado por Alemania y los Países Bajos.

En un intento por superar esta división, España afirmó que su propuesta —basada en la premisa de que un mayor endeudamiento de la UE abarataría los pagos de intereses— podría ahorrar a los países hasta 5.000 millones de euros anuales inicialmente, gracias a la reducción de los intereses, y 25.000 millones de euros a largo plazo.

La idea es que los países de la UE con un alto nivel de endeudamiento se beneficien de los menores costes de endeudamiento de la Comisión Europea, liberando miles de millones para destinarlos a prioridades nacionales. La peor pesadilla de Alemania

La UE lanzó su primer programa conjunto de deuda en 2021 tras acordar la emisión de hasta 750.000 millones de euros en subvenciones y préstamos para hacer frente a la recesión económica provocada por la pandemia de la COVID-19.

Desde la crisis de la eurozona en la década de 2010, Alemania y los Países Bajos se han opuesto sistemáticamente a los planes de la Comisión para emitir deuda de forma permanente en nombre de los países. Solo autorizaron el programa posterior a la COVID-19 porque se trataba de una medida excepcional.

Aunque la Comisión goza de la máxima calificación crediticia (A), sus costes de endeudamiento son relativamente altos porque su emisión de deuda se percibe como temporal y no está clasificada como emisor soberano en los mercados de deuda.

Con deudas relativamente bajas y sólidas calificaciones crediticias, Berlín y La Haya no tienen nada que ganar con la iniciativa española, ya que pueden endeudarse a un coste menor que la Comisión a su propio nombre.

Para convencerlos, España ha propuesto compensar los costes adicionales que les supondría la deuda conjunta de la UE mediante un nuevo mecanismo financiero, denominado Fondo Soberano Europeo (FSE), que permitiría a la Comisión emitir deuda en nombre de los países de la UE y canalizar los fondos a través de préstamos.

El documento argumenta que una emisión de deuda significativamente mayor reducirá la prima de riesgo que los inversores exigen a la Comisión.

«Con el tiempo, se espera que el consiguiente aumento de liquidez reduzca los costes de financiación de la UE a niveles cercanos —o incluso inferiores— a los de Alemania, generando ahorros para los países participantes», reza la propuesta.

España desea que el nuevo sistema entre en vigor una vez que el próximo presupuesto plurianual del bloque entre en vigor en 2028 y que se limite a los países que cumplan las normas fiscales de la UE. Si todos los países y el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), el fondo de rescate de la eurozona, participaran, el FSE podría captar hasta 850.000 millones de euros anuales, según el documento.

Sin embargo, la participación de Berlín y La Haya —que será difícil de conseguir— se considera crucial para dotar de credibilidad económica al plan.

«Todos sabemos que los eurobonos son inviables para varios Estados miembros. Esto no llegará a ninguna parte», declaró un diplomático de la UE, que solicitó el anonimato para hablar con libertad.

Si bien la adhesión sería voluntaria, la participación de los cinco mayores emisores de la eurozona —Alemania, Francia, Italia, España y los Países Bajos— es necesaria para que la iniciativa prospere, según la propuesta."

( Gregorio Sorgi  , POLITICO, 08/07/26, traducción google, enlaces en el original) 

23.3.26

Wolfgang Munchau: Cuando los europeos dicen le hoy que "esta no es nuestra guerra", Donald Trump podría responder: "Es mi guerra, pero es tu problema". A solo tres semanas de la guerra entre Estados Unidos e Irán, las tasas de interés europeas han subido y hay informes de escasez de gas. ¿Por qué los tanques de gas europeos están casi vacíos? Europa no solo ha sacrificado su independencia energética, sino también su independencia militar. Nuestros ejércitos europeos están en un estado terrible... La razón por la que los europeos hiperventilamos tanto sobre Trump es que amenaza nuestra dependencia de Estados Unidos como nadie más lo ha hecho jamás... una de las muchas consecuencias no deseadas de su guerra contra Irán, que es un gran error político y militar, es que expone las debilidades de nuestras políticas energéticas. Realmente es su guerra, y nuestro problema... Si el euro se hubiera fortalecido con una unión de mercados de capitales y un instrumento de deuda soberana, la UE habría adquirido un instrumento de fuerza geopolítica, muy parecido a la forma en que Estados Unidos está explotando el dólar y su dominio del mercado financiero global como herramienta para las sanciones geopolíticas. La crisis de la eurozona fue el momento en que quedó claro que la UE no iría en esa dirección... La oportunidad llegó y se fue. La UE eligió la opción blanda, un rescate bancario central que transformó una crisis aguda en la decadencia a fuego lento y a largo plazo en la que se encuentra la UE hoy... La forma más probable de que ocurra el cambio es a través de una crisis existencial, provocada por uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis

"El dólar es nuestra moneda, pero es su problema", le dijo una vez John Connally, el secretario del Tesoro de Nixon, a los europeos. Eso fue en 1971, y la broma es un buen recordatorio de que la dependencia de Europa de Estados Unidos se remonta a mucho tiempo atrás. En aquel entonces, el sistema monetario global centrado en el dólar se estaba colapsando, dejando a los europeos expuestos a un grado de volatilidad cambiaria que no habían experimentado antes. Así que cuando los europeos dicen hoy que "esta no es nuestra guerra", Donald Trump podría responder: "Es mi guerra, pero es tu problema". Europa se ha convertido en una dependencia débil de Estados Unidos en todas las dimensiones: su ejército, su sistema financiero y su tecnología.   

Nadie en el mundo es completamente independiente, pero muchos países son más fuertes que nosotros. Rusia ha demostrado ser resistente, sacudiéndose las sanciones occidentales, lo cual no debería sorprender a nadie que conozca el país. China también es claramente resistente. Y Estados Unidos es más que resistente. Es un país que prospera bajo la adversidad, muy en línea con la noción de "Antifragilidad" de Nassim Nicholas Taleb. La Europa moderna, sin embargo, ciertamente no es antifrágil. Con cada golpe, se debilita. Después de la pandemia de Covid, Estados Unidos se reconectó con su trayectoria de crecimiento prepandémico. Los europeos, en su mayoría, no lo hicieron. Nuestro PIB se situó en un nivel inferior a su trayectoria anterior, creciendo a un ritmo cada vez más bajo.

Ahora está sucediendo de nuevo. A solo tres semanas de la guerra entre Estados Unidos e Irán, las tasas de interés europeas han subido y hay informes de escasez de gas. ¿Por qué los tanques de gas europeos están casi vacíos? ¿Por qué los europeos no han construido una gran reserva estratégica de petróleo, como Estados Unidos y China, o reservas de gas que duren varios años?

La esencia misma de la dependencia es cuando dejas que otros hagan tu pensamiento estratégico. En la biografía de Niall Ferguson sobre Kissinger, el exsecretario de Estado es citado diciendo en 1966 que "el sistema actual anima a demasiados de nuestros aliados a trasladarnos los costes y las responsabilidades de la defensa común". Este ha sido un tema en las relaciones transatlánticas desde entonces, a medida que la cultura de dependencia de Europa se expandió a otras áreas, incluida la tecnología. Es como una adicción a las drogas que comenzó de manera casual e inofensiva pero que eventualmente se volvió destructiva.

El problema con las adicciones políticas, especialmente aquellas que se han dejado pudrir durante décadas, es que se vuelven difíciles de revertir. Por ejemplo, Alemania se hizo dependiente de Rusia para sus suministros de gas durante las dos décadas hasta que Rusia invadió Ucrania en 2022. Se necesitó una guerra para terminarlo. En ese momento, los alemanes cambiaron hacia el gas de Estados Unidos y Qatar y reemplazaron una dependencia por otra. Dependen del gas porque persistieron en matar las únicas dos fuentes de energía que tenían: el carbón y la nuclear. Sí, claramente hay una buena razón ambiental para eliminar gradualmente el carbón, pero este no era el momento adecuado. Terminar tanto con el carbón como con la energía nuclear juntos, y hacerlo simultáneamente, es una locura. Nadie entendía mejor la ingeniería nuclear que los alemanes; renunciaron a una importante fuente de energía, así como a una tecnología.

Si priorizas la independencia estratégica, la combinación de políticas adecuada para los países europeos sería el enfoque de "todo vale" y hacer de todo: nuclear, renovables, gas y carbón. Si uno se va, todavía tienes a los demás. La idea de que Europa, que es uno de los lugares con menos recursos del planeta, tiene una opción en este asunto es una ilusión. Los Verdes europeos tenían razón sobre las energías renovables, pero se equivocaron al convertirlo en un debate ideológico. También lo hicieron los partidos de derecha, que eran anti-renovables. Creo que esto es igual de estúpido.

Europa no solo ha sacrificado su independencia energética, sino también su independencia militar. Nuestros ejércitos europeos están en un estado terrible. La decadencia no puede medirse adecuadamente en términos de gasto militar como proporción del PIB. La métrica subestima enormemente la verdadera magnitud del estado ruinoso de nuestras fuerzas armadas. El general Sir Richard Barrons, excomandante del Mando Conjunto de las Fuerzas Armadas británicas, dijo que el Ejército británico, si actuara solo, "podría tomar una pequeña ciudad comercial en un buen día". He escuchado comentarios similares de generales de la Bundeswehr alemana. Todos están de acuerdo en que no podrían luchar contra Rusia. Cuando Europa gasta en promedio el 2% de su PIB en defensa, y Estados Unidos gasta el 3,5%, esto ni siquiera empieza a decirte lo que realmente está pasando. Si lo mides en términos de la seguridad que ha comprado el dinero, la brecha es mucho mayor que la que existe entre esas dos cifras principales.

 Debido a esto, no podemos suministrar más armas a Ucrania. No nos queda nada que podamos descartar sin poner en peligro aún más nuestra propia seguridad. Las fuerzas armadas de Europa tampoco logran atraer a las personas adecuadas. Conozco a alguien que fue rechazado por el ejército alemán hace más de una década con el argumento de que estaba sobrecualificado. En aquel entonces, el ejército alemán era un programa de bienestar para jóvenes desempleados. Esto fue cuando Ursula von der Leyen era ministra de Defensa de Alemania. Hoy es Presidenta de la Comisión Europea,

La razón por la que los europeos hiperventilamos tanto sobre Donald Trump es que amenaza nuestra dependencia de Estados Unidos como nadie más lo ha hecho jamás. Amenazó con retirarse de la OTAN a menos que gastemos más dinero en defensa. Y ahora una de las muchas consecuencias no deseadas de su guerra contra Irán, que es un gran error político y militar, es que expone las debilidades de nuestras políticas energéticas. Realmente es su guerra, y nuestro problema.

Realmente es su guerra y nuestro problema.

Si tenemos que pagar nuestra propia defensa, nuestra propia seguridad energética y a Ucrania de nuestro propio bolsillo, entonces las matemáticas son bastante simples: ya no podemos permitirnos sistemas de bienestar desde la cuna hasta la tumba. Los europeos miramos con arrogancia a los estadounidenses porque Estados Unidos tiene cupones de alimentos, mientras que nosotros tenemos ingresos garantizados para los ciudadanos. Nosotros, los europeos, vivíamos en un estado delirante, en el que confundíamos nuestra patética dependencia con la superioridad cultural. Una vez que llegas a una etapa tan avanzada de delirio, va a ser muy difícil reconectarte con la realidad. No veo ningún partido político, en ningún país europeo, ni de izquierda, ni de derecha, ni de centro, que tenga una estrategia concreta para una Europa independiente. Todo lo que se ofrece son diferentes formas de dependencia.

Esto lleva naturalmente a la pregunta de qué esperar en el futuro. Hasta hace una década, era moderadamente optimista de que la UE, o más bien la eurozona, pudiera emerger como un vehículo de poder e independencia geopolítica. Si el euro se hubiera fortalecido con una unión de mercados de capitales y un instrumento de deuda soberana, la UE habría adquirido un instrumento de fuerza geopolítica, muy parecido a la forma en que Estados Unidos está explotando el dólar y su dominio del mercado financiero global como herramienta para las sanciones geopolíticas.

La crisis de la eurozona fue el momento en que quedó claro que la UE no iría en esa dirección. Fue una decisión de importancia histórica. La oportunidad llegó y se fue. La UE eligió la opción blanda, un rescate bancario central que transformó una crisis aguda en la decadencia a fuego lento y a largo plazo en la que se encuentra la UE hoy.

La forma más probable de que ocurra el cambio es a través de una crisis existencial, provocada por uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis: la guerra, la peste, el hambre o la muerte. Tuvimos una pandemia. Luego una guerra. Luego otra guerra. La escasez de fertilizantes podría provocar una hambruna. La crisis financiera global fue un evento histórico importante, pero no fue el grande. No hay un cronograma predeterminado para nada de esto. El estado de delirio puede durar más que todos nosotros. Pero por mucho que persista, es insostenible. Esto no va a seguir así, no porque no deba, sino porque no puede. Una dependencia solo es sostenible si la parte de la que dependes colabora. Trump ha roto ese vínculo. Creo que es poco probable que incluso un sucesor demócrata lo restablezca. Ya no puedes ser un drogadicto cuando se acaba el suministro.

La verdadera ironía aquí es que los europeos solíamos ser aquellos de quienes dependían los demás. Pero ya no más. La famosa frase de Connally sobre el dólar como moneda estadounidense y problema de Europa tuvo un precursor europeo: el diplomático austriaco Klemens von Metternich. Una vez dijo de Francia, la potencia continental dominante en los siglos XVIII y XIX, que "cuando Francia estornuda, el resto de Europa se resfría". Hoy, es América la que estornuda — y Europa no puede sacudirse su resfriado."

 , Un Herd, 23/03/26, traducción Quillbot)

10.9.25

¿Hacia nuevas burbujas económicas? Dos elementos deben ser destacados en la génesis de burbujas: la expansión del crédito y de la deuda de la mano de las políticas de Trump... y el desempeño enorme de la IA... El incremento de la deuda en Estados Unidos tiene como poco tres ingredientes de inquietud: su ampliación a fuerza de recortar ingresos y mantener o expandir gastos... los procesos des-regulatorios a partir del uso de instrumentos como las criptomonedas... y la desconfianza hacia el dólar como moneda refugio. Importantes importantes empresarios se están percatando que catapultar la deuda nacional puede causar un colapso en términos relativamente breves... esta situación debería activar una mayor oportunidad para las economías europeas. Europa ha de entender que para ser una potencia financiera le urge disponer de un activo robusto, fiable, sólido, que son los eurobonos... una emisión conjunta de deuda (Blanchard y Ubide hablan de un umbral del 25% del PIB para que cada nación destine esos recursos a lo que estime más conveniente), con un tipo de interés inferior... propuesta alejada de la de Draghi, que que reseñaba una cifra anual de inversiones del orden de los 800 mil millones de euros... Estimular la palanca de la inversión pública se ha revelado, en general, como una estrategia esencial para incentivar el crecimiento económico... Sin embargo, la austeridad ortodoxa no ceja. Y en pocas semanas se ha podido transitar desde este desiderátum casi neokeynesiano, a un escenario en el que el mismo canciller alemán está indicando que es difícil mantener el Estado del Bienestar, al tiempo que defiende sin ambages casi duplicar el gasto militar (Carles Manera)

 "1. Estados Unidos: atención a la deuda

Las burbujas en economía constituyen uno de los problemas más acuciantes para los economistas, a pesar que, en más ocasiones de lo recomendable, los propios economistas, que asesoran a gobiernos y fondos de inversión, contribuyen activamente a su formación. En la economía mundial, y partiendo de la de Estados Unidos por su enorme influencia (puesta cada vez más en entredicho, como se está viendo con las nuevas configuraciones geopolíticas encabezadas por China, Rusia e India), dos elementos –entre otros– deben ser destacados en la actualidad, conducentes a la génesis de burbujas: por un lado, la expansión del crédito y de la deuda de la mano de las políticas de Trump; por otro, el desempeño enorme de la IA. Ambos aspectos coexisten con indicadores significativos para Estados Unidos: un déficit del 7% y una deuda que llega al 124% sobre PIB, según datos recientes (Congressional Budget Office, CBO). A su vez, el magnate de la Casa Blanca aboga por la rebaja de los impuestos, es decir, menores ingresos, que piensa equilibrar con la política arancelaria. Un mercantilismo económico que está sujeto a una artificialidad política, un dominio imperial de Estados Unidos que se está agrietando, junto al avance de otros ejes geo-políticos, como decíamos, nucleados en torno a China. No obstante, instituciones solventes (CBO: https://www.cbo.gov/) advierten que esa ratio de deuda sobre PIB se puede elevar al 156% hacia 2055. Tales proyecciones infieren un riesgo profundo para la sostenibilidad fiscal de Estados Unidos. Mientras tanto, China reduce sus exportaciones a Estados Unidos –una caída del 30%; los aranceles son responsables de esto–, e incrementa a una tasa del 25% sus ventas hacia África, según Bloomberg (https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-08-26/china-is-pouring-exports-into-africa-faster-than-anywhere-else).

La historia económica revela, con nitidez, que cebar burbujas económicas, atendiendo estrictamente a beneficios inmediatos, ya sean financieros y/o políticos, pasa una factura de gran potencialidad destructiva. Lo vimos a fines del pasado siglo (con episodios en las décadas de 1980 y 1990), y lo rubricamos con la Gran Recesión. El incremento de la deuda en Estados Unidos tiene como poco tres ingredientes de inquietud: su ampliación a fuerza de recortar ingresos y mantener o expandir gastos –que no son los sociales–, lo que va a incidir en un aumento en la prima de riesgo que se devengue (pensemos que las agencias de rating ya han bajado la solvencia de la deuda estadounidense); los procesos des-regulatorios a partir del uso de instrumentos como las criptomonedas –Trump incluso ha creado una propia–; y la desconfianza hacia el dólar como moneda refugio, lo que está incentivando un mayor apetito inversor de los fondos hacia divisas consideradas como más solventes. Datos disponibles hasta junio de 2025 indican el incremento de los flujos de inversión hacia activos europeos, en detrimento de los activos estadounidenses (véase: https://dealogic.com/). En tal contexto, la actitud de la Casa Blanca no contribuye a tranquilizar el panorama a medio plazo. E importantes empresarios (por ejemplo, el gestor de fondos Ray Dalio, que expone la posibilidad de consolidar una autocracia en Estados Unidos, en declaraciones al Financial Times) están ya percatando que catapultar la deuda nacional puede causar un colapso en términos relativamente breves. Sin embargo, esto puede abrir posibilidades para otras zonas.

  1. Una oportunidad para Europa

En efecto, esta situación debería activar una mayor oportunidad para las economías europeas, sobre todo si se unifican los mercados de capitales. Diferentes expertos, como Olivier Blanchard y Ángel Ubide (https://www.piie.com/blogs/realtime-economics/2025/now-time-eurobonds-specific-proposal), defienden la activación de los eurobonos, con espoletas concretas: el recorte fiscal a los más ricos, la cancelación de ayudas a los sectores más vulnerables, los despidos de empleados públicos, la expulsión de inmigrantes, el mantenimiento de gastos militares, elementos que aterrizan en un aumento del déficit público. Y de la deuda, como se ha dicho. Todo esto deja margen a Europa, para atraer no solo capitales, sino talento científico, habida cuenta la lesiva política que está desarrollando Trump en este terreno. Europa ha de entender que para ser una potencia financiera le urge disponer de un activo robusto, fiable, sólido, que son los eurobonos, instrumento ya conocido de mutualización y de cohesión financiera en el marco de la Unión Europea. Es decir, una emisión conjunta de deuda (Blanchard y Ubide hablan de un umbral del 25% del PIB para que cada nación destine esos recursos a lo que estime más conveniente), con un tipo de interés inferior al que debe asumirse cuando cada país acude individualmente a los mercados de crédito.

Ahora bien, en Europa los vaivenes están siendo enormes, con posiciones contradictorias y sin una claridad de actuación conjunta. Y con crecimientos económicos dispares. La Eurozona cerró 2024 con un crecimiento del 0,8%; se espera un 0,9% en 2025 y un 1,1% en 2026, con tasas particularmente bajas en Alemania y Francia, y con indicadores más robustos para España (3,2%, 2,4% y 2% para 2024, 2025 y 2026, respectivamente; todos los datos en el Informe Mensual, 502, julio-agosto 2025, de CaixaBanck Research). Los informes de Mario Draghi y Enrico Letta van en esa dirección de articular formulaciones de mutualización, y tuvieron un enorme impacto ya que se vieron avalados en una primera instancia por movimientos políticos específicos. El canciller alemán Friedrich Merz parecía dinamitar la tesis ortodoxa del control numantino de la deuda, para encauzar esfuerzos hacia el gasto militar, al tiempo que se anunciaba desde la cancillería germánica la creación de un fondo de medio billón de euros para inversiones en infraestructuras. Otros dirigentes europeos han enfatizado la importancia de la expansión del gasto, esencialmente el militar, a partir de los acuerdos de la OTAN. A su vez, la Comisión Europea plantea la creación de un fondo anti-crisis, que se financiaría por emisiones conjuntas de deuda, teniendo en cuenta dos elementos centrales: las partidas ya existentes del Marco Financiero Plurianual para 2021-2027 y el Next Generation (tabla en el original); y las apetencias de los inversores por Europa, ante las incertidumbres que está provocando la política de Trump.

Las cifras de la tabla son importantes; pero se encuentran alejadas de propuestas mucho más ambiciosas, como las del propio Draghi, que reseñaba una cifra anual de inversiones del orden de los 800 mil millones de euros. La inversión pública en la Unión Europea es del 3,76% s/PIB para 2025, parecida a la de Estados Unidos (3-4%), y alejada de la impulsada por China (sin posibilidad de disponer de variables desglosadas entre inversión pública y privada, con un agregado total que supera el 40%; todos los datos proceden de Eurostat, OCDE, Banco Mundial). Estimular la palanca de la inversión pública se ha revelado, en general, como una estrategia esencial para incentivar el crecimiento económico. Retomar prácticas de constricción inversora argumentando los incrementos de deuda pública no ayudará a reducirla, ni a engrasar las ruedas del crecimiento.

Porque, sin embargo, la austeridad ortodoxa no ceja. Y en pocas semanas se ha podido transitar desde este desiderátum casi neokeynesiano, a un escenario en el que el mismo canciller alemán está indicando que es difícil mantener el Estado del Bienestar, al tiempo que defiende sin ambages casi duplicar el gasto militar. En paralelo, el gobierno francés, con una deuda pública en avance, ha planteado ya medidas para recortar el gasto social en más de 40 mil millones de euros (véase al respecto el reciente trabajo de Judith Arnal: https://www.realinstitutoelcano.org/comentarios/francia-y-su-imprescindible-consolidacion-fiscal-el-fin-de-las-diferencias-entre-paises-perifericos-y-centrales/). ¿Cómo encajar todas estas disposiciones, que van oscilando en poco tiempo? ¿Cómo aportar tranquilidad inversora, si no se dispone de una herramienta como los eurobonos, que pueden aportar un mayor sosiego financiero? En síntesis, a tenor de lo conocido en la historia económica más reciente, no es reduciendo el gasto público en su esfera de infraestructuras y asignaciones sociales el camino adecuado para resolver los problemas de anemia en el crecimiento económico del conjunto de Europa, frente a los envites que se están abriendo en la geopolítica, escenarios que la volátil política de Trump está azuzando. En este punto, el auto-aislamiento de Estados Unidos está fomentando la reestructuración de la nueva globalización económica.

  1. Conclusión como interrogante: ¿pueden explotar las burbujas existentes (deuda, IA)?

Las burbujas económicas siempre acaban explotando, si se persiste en inocular los gases que las engordan. En la coyuntura actual, los problemas derivados de procesos de endeudamiento encadenados a políticas económicas erráticas –como es el caso expuesto de Estados Unidos–, producen preocupación ahora, y ansiedad si se atisba el medio y largo plazo. Para la IA, la orgía inversora está siendo tremenda. Países árabes han anunciado inversiones de más de 3 billones de dólares en Estados Unidos en inteligencia artificial. Los grandes consorcios tecnológicos (Microsoft, Amazon, entre otros) han desplegado 320 mil millones de dólares hasta el momento, frente a 246 mil millones que desplegaron en 2024 (los datos en Le Monde Diplomatique, agosto 2025, artículo de Evgeny Morozov).

Esta enorme competencia entre gigantes tecnológicos, calificados como “tecnofeudales” (un concepto altamente discutible) o “tecnolibertarios” (una calificación más realista), tiene como característica común el alud inversor, que se bifurca tanto en capital físico (infraestructuras como almacenes logísticos y aparatos informáticos) como en capital digital (producción de algoritmos, criptomonedas y proliferación de redes). Manuel Castells define a estos conglomerados empresariales con intensas sobre-inversiones como la Pay Pal Mafia (Vanguardia Dossier, 96, julio-septiembre 2025). Ésta es integrada por nuevos tecnólogos emprendedores que, según Castells, son diferentes a los originarios del Silicon Valley, cuando la base de todo el engranaje eran pequeñas y medianas empresas, con tendencias oligopólicas. Otra diferencia entre los dos complejos empresariales –el “viejo” Silicon Valley y el “nuevo”– es la absoluta conexión de los segundos con el Estado. A pesar de que, como ha explicado y demostrado Mariana Mazzucato, el sector público siempre ha estado presente en la gran mayoría de iniciativas de innovación, incluyendo los orígenes del ecosistema tecnológico californiano. Pero esto es lo que explicaría el apoyo recibido por Trump por parte de los milmillonarios de esas empresas, que buscan afanosamente contratos públicos y, a su vez, incentivan fuertes inversiones que disparan al alza su protagonismo en los principales parqués bursátiles.

La ruptura de esas burbujas es más que plausible. Las dificultades de las deudas obligarán a repensar su articulación por parte de los bancos centrales, si se tiene en cuenta que este tema suele ser recurrente e impondrá actuaciones muy directas en las que la articulación entre política fiscal y política monetaria debe ser cómplice. En el caso de la IA, su conexión con la economía real, desde la especulación bursátil, no es despreciable, de forma que movimientos especulativos pueden romper la aparente tranquilidad relativa de los mercados. Este es un tema sobre el que urge más investigación."

(Carles Manera, Universitat de les Illes Balears, Economistas frente a la crisis, 06/09/25)

20.7.25

La clase media en las últimas décadas ha atravesado un proceso de desintegración en todo Occidente... En Francia, la riqueza, la educación y las oportunidades están concentradas en unas pocas grandes ciudades; el resto del país (áreas rurales y municipios pequeños, incluidos antiguos centros industriales) se caracteriza cada vez más por el deterioro del nivel de vida y el malestar político. La situación es similar en Estados Unidos hay un sinnúmero de pueblos sin una oferta de empleo digno que siguen decayendo mientras se derrumba la confianza social y cívica... existe el riesgo de que la inteligencia artificial acelere este proceso... Pero no es un destino inevitable. La IA tiene potencial para subir los salarios y mejorar la productividad en los servicios públicos, la educación, la sanidad y las pequeñas empresas, pero sólo si se la desarrolla y emplea con la guía de políticas audaces e inclusivas. Aquí no se necesita adaptación o ajuste, sino ambición, en la forma de una estrategia económica y social transformadora: un Plan Marshall para el empleo, la formación y la justicia... Esto implica, ante todo, una inversión masiva en educación y capacitación, ofrecer formación permanente (no cursos aislados).... Europa debería adoptar un enfoque de innovación tecnológica regionalizado y crear clústeres de fabricación ecológica, centros de innovación en IA y nodos de producción de bienes estratégicos en áreas post‑industriales (no sólo en los centros urbanos). El último pilar de este Plan Marshall es un nuevo contrato social. De la vivienda y la sanidad a la política tributaria y la movilidad... Esto incluye restaurar los servicios públicos en áreas periféricas y poner la dignidad (en vez de la eficiencia) como indicador clave del éxito. En tiempos de presión para los presupuestos públicos europeos, financiar esta estrategia demandará ideas nuevas. Por eso proponemos una nueva generación de bonos soberanos europeos, según el modelo del fondo de recuperación para pandemias NextGenerationEU, pero a más largo plazo y con un uso más estratégico... La emisión de los bonos enviaría una fuerte señal geopolítica: que Europa puede trazar su propio rumbo económico y al mismo tiempo ofrecer a los inversores de todo el mundo una alternativa segura a los bonos del Tesoro estadounidense y a los activos chinos. Y sobre todo, sería un beneficio directo para la clase media, ya que permitiría a la Unión Europea financiar las escuelas, el transporte, la vivienda y las redes digitales que hacen posible la movilidad ascendente. Esto es esencial no sólo para sostener el crecimiento económico y el dinamismo a largo plazo, sino también para revitalizar y fortalecer la democracia europea (Bertrand Badré)

 "La clase media siempre ha sido la columna vertebral de la estabilidad democrática: motor de crecimiento económico, puntal de la legitimidad institucional y transmisora de valores cívicos. Pero en las últimas décadas ha atravesado un proceso de desintegración en todo Occidente. Muchos ciudadanos creen que el esfuerzo ya no recompensa, que la movilidad social es una quimera y que las «élites» gobernantes están desconectadas de las necesidades de la gente común.

En Francia, el Reino Unido o el «cinturón oxidado» (Rust Belt) estadounidense, los síntomas son los mismos: regiones despojadas de las industrias que otrora las sostenían, economías trastocadas por el cambio tecnológico y familias que trabajan más por menos. En Francia, uno de cada cinco hogares de ingresos medios hoy gasta más de lo que gana. En Estados Unidos, el poder adquisitivo del salario medio en 2018 fue aproximadamente igual al de cuatro décadas antes.

Pero los datos económicos son sólo una parte de la historia. Detrás de las cifras que muestran el estancamiento de los salarios o el vaciamiento de la clase media hay hogares reales, en comunidades reales de todo el mundo industrializado. En Francia, la riqueza, la educación y las oportunidades están concentradas en unas pocas grandes ciudades; el resto del país (áreas rurales y municipios pequeños, incluidos antiguos centros industriales) se caracteriza cada vez más por el deterioro del nivel de vida y el malestar político.

La situación es similar en Estados Unidos. Aunque algunas iniciativas de renovación urbana lograron revivir ciudades del Rust Belt como Pittsburgh y Detroit, hay un sinnúmero de pueblos sin una oferta de empleo digno que siguen decayendo mientras se derrumba la confianza social y cívica.

Estas dislocaciones no son un efecto secundario inevitable del progreso, sino síntomas de una desatención prolongada. Cuando las élites se retiran a enclaves globalizados y abandonan la responsabilidad con el entorno local, rompen el contrato social, y a nadie debería sorprender que se produzca una reacción popular.

¿Pero qué clase de reacción? Los jóvenes que crecen en pueblos olvidados, con padres frustrados y un futuro incierto, a menudo no tenderán a la revolución, sino más bien a la resignación y la desesperación. Y que las élites urbanas tomen nota: cuando esta deriva melancólica (desgarradoramente retratada en las novelas de Nicolas Mathieu) provoca una ruptura del tejido social en cualquier lugar, tarde o temprano se extenderá a todas partes.

Ahora existe el riesgo de que la inteligencia artificial acelere este proceso. Estudios recientes señalan que la automatización basada en IA puede sustituir puestos de trabajo de cualificación media (sobre todo en administración, logística y atención al cliente) y llevar a una concentración de ganancias en los profesionales altamente cualificados (por ejemplo, los que tienen competencias digitales de alto nivel y acceso a redes internacionales). En vez de una marea que levante todos los barcos, la IA puede ser un maremoto que hunda a muchos y perdone a pocos.

Pero no es un destino inevitable. La IA tiene potencial para subir los salarios y mejorar la productividad en los servicios públicos, la educación, la sanidad y las pequeñas empresas, pero sólo si se la desarrolla y emplea con la guía de políticas audaces e inclusivas. Aquí no se necesita adaptación o ajuste, sino ambición, en la forma de una estrategia económica y social transformadora: un Plan Marshall para el empleo, la formación y la justicia.

Esto implica, ante todo, una inversión masiva en educación y capacitación. Hay que dar a todos los trabajadores afectados por la automatización acceso a programas de recualificación financiados. Los gobiernos deben actualizar la educación técnica, extender el uso del contrato de aprendizaje y crear una nueva infraestructura de enseñanza público‑privada para ofrecer formación permanente (no cursos aislados).

Para sostener empleos de clase media también se necesitan ecosistemas de innovación regionales. El expresidente estadounidense Joe Biden trató de promover este objetivo con la Ley de CHIPS y Ciencia y la Ley de Reducción de la Inflación. Donald Trump puso fin a esa política, pero Europa debería adoptar un enfoque de innovación tecnológica regionalizado y crear clústeres de fabricación ecológica, centros de innovación en IA y nodos de producción de bienes estratégicos en áreas post‑industriales (no sólo en los centros urbanos).

El último pilar de este Plan Marshall es un nuevo contrato social. De la vivienda y la sanidad a la política tributaria y la movilidad, hay que rediseñarlo todo para ponerlo al servicio de todos los ciudadanos, incluidos quienes hoy se sienten ignorados. Esto incluye restaurar los servicios públicos en áreas periféricas y poner la dignidad (en vez de la eficiencia) como indicador clave del éxito.

En tiempos de presión para los presupuestos públicos europeos, financiar esta estrategia demandará ideas nuevas. Por eso proponemos una nueva generación de bonos soberanos europeos, según el modelo del fondo de recuperación para pandemias NextGenerationEU, pero a más largo plazo y con un uso más estratégico. Ya que el endeudamiento en la eurozona ronda el 90% del PIB (menos que en Estados Unidos) y las necesidades de inversión en infraestructura crecen a toda marcha, estos bonos son a la vez factibles y oportunos.

La emisión de los bonos enviaría una fuerte señal geopolítica: que Europa puede trazar su propio rumbo económico y al mismo tiempo ofrecer a los inversores de todo el mundo una alternativa segura a los bonos del Tesoro estadounidense y a los activos chinos. Y sobre todo, sería un beneficio directo para la clase media, ya que permitiría a la Unión Europea financiar las escuelas, el transporte, la vivienda y las redes digitales que hacen posible la movilidad ascendente. Esto es esencial no sólo para sostener el crecimiento económico y el dinamismo a largo plazo, sino también para revitalizar y fortalecer la democracia europea.

Aunque la clase media es el núcleo de las sociedades y el andamiaje que mantiene las democracias en pie, se la suele tratar como daño colateral de un progreso inevitable. Pero Europa todavía puede elegir su futuro: uno que esté en manos de unos pocos o uno que lo construyan todos. Las herramientas para actuar las tiene, sólo necesita voluntad para usarlas." 

, Revista de prensa, 18/07/25, fuente )

18.5.25

Varoufakis: Europa se está suicidando... ¿Y cómo afrontó la unión europea la crisis del euro? Mediante una austeridad dura, increíblemente dura y mucha impresión de dinero, lo que por supuesto significó que Volkswagen no invirtió nada porque si recibes ese dinero gratis y los clientes no tienen dinero para comprar Volkswagens, no invierten en nuevas tecnologías, es muy caro... las empresas se quedaron con el dinero que imprime el Banco Central y fueron a la bolsa de Frankfurt y recobraron sus propias acciones. El precio de las acciones subió y los directivos de Volkswagen se forraron. Esto significó que durante 15 años no tuvimos inversión... la política se volvió tóxica porque cuando al aplicar la austeridad al pueblo alemán, francés, o griego y así sucesivamente, todos terminan odiándose entre sí... No hay coordinación, no tenemos liderazgo... ¿cómo está respondiendo Europa al shock de Trump? Pues no lo está haciendo... Úrsula van der Leyen ha creado una pequeña camarilla a su alrededor. Y ella no tiene legitimidad ni apoyo democrático, pero está concentrando el poder en sí misma, haciendo cosas realmente absurdas... Tenemos un déficit de inversión 600,000 millones al año y nadie habla de ello... Van a comprar tanques y torpedos... Hará subir el precio de las acciones de Rhine Metal y la industria armamentística. Pero no tendrá ningún efecto macroeconómico para Europa... nos hemos quedado atrás en las tecnologías del futuro. La razón porque nos hemos quedado atrás en la energía verde, como paneles solares, energía eólica y fusión, es porque no hemos invertido nada... necesitamos es un programa de inversión paneuropeo que no financia a los gobiernos, sino proyectos concretos que sean potencialmente rentables, estén donde estén, en el sur de Europa, o en el norte de Europa. Y sabemos que necesitamos unos 600 a 700,000 millones para eso... y crear una cartera digital en el BCE para que cada ciudadano europeo pueda descargarlo desde la tienda de Android o Apple, igual que pueden hacerlo los chinos, porque el Banco Central de China ha proporcionado a los ciudadanos chinos una cuenta bancaria digital gratuita... pero no están haciendo nada. Con la actual política Europa se esta suicidando

 "El profesor universitario y politólogo noruego Glenn Diesen entrevistó recientemente al conocido economista Yanis Varoufakis*, quien hace un cuestionamiento a fondo de la Unión Europea 

Glenn Diesen

Hola a todos y bienvenidos. Hoy me complace contar con la presencia de Janis Varoufakis, economista, exministro de finanzas Grecia y también un autor sumamente prolífico. Así que bienvenido al programa Yanis. 

Bueno, parece que hemos llegado al final del camino en cuanto a cómo ha funcionado el sistema económico internacional durante las últimas décadas. Trump parece reconocer que Estados Unidos está en una situación difícil y ha iniciado un esfuerzo para reorganizar la economía mundial a su favor, lo que incluye una guerra comercial muy disruptiva. tanto contra adversarios como contra sus aliados. 

Pero, si nos alejamos un poco de los detalles del día a día, ¿qué es lo que realmente estamos presenciando en cuanto a los objetivos de Estados Unidos y cómo intenta alcanzarlos? 

Yanis Varoufakis

En realidad el objetivo de Estados Unidos ha sido el mismo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y probablemente ese objetivo sea Alemania.

Estados Unidos salió de la Segunda Guerra Mundial habiendo heredado esencialmente el imperio británico después que este quedara en bancarrota. La doctrina Truman iba de la mano con el sistema de Breton Woods, así que en esencia todo giraba torno a mantener la producción de industria manufacturera estadounidense después de 1945.

Su gran temor en aquel momento era que con el fin de la guerra desapareciera la necesidad producir a más del 100% , Estados Unidos se enfrentaba a la seria amenaza de volver a 1929, una gran recesión, una gran depresión. Era el mismo modelo, si se quiere, que el de China hoy en día. En esa época los dirigentes de estadounidenses eran lo suficientemente inteligentes como para entender que no se pueden mantener exportaciones netas para siempre, a menos que transfieras parte de tus excedentes a las regiones deficitarias de su sistema económico, para mantener la demanda de sus exportaciones netas.

Así que Europa y Japón se dolarizaron, ya fuera a través del plan Marshall, o de créditos o préstamos privados o públicos. Es decir, una gran parte de los excedentes estadounidenses se enviaban a Europa y Asia para que pudieran mantener las importaciones netas de Estados Unidos.

Ese era el sistema de Breton Woods. Ese sistema estaba destinado a morir en el momento que Estados Unidos deja de tener excedentes. Y fue entonces cuando “el Trump de aquella época”,  un caballero que recordaréis como Richard Nixon, hizo estallar el sistema monetario y sistema comercial mundial que los estadounidenses habían creado.

Así que lo está haciendo Trump ya se ha hecho antes. Un presidente estadounidense ya ha hecho saltar por los aires el sistema financiero y comercial global diseñado y construido por Estados Unidos. Y ese es un periodo, desde mediados de los años 70 en adelante, de un mecanismo global de “reciclaje invertido”.

En lugar que los excedentes estadounidenses se reciclaran al resto del mundo, los déficits estadounidenses proporcionaron una enorme demanda agregada para financiar su déficit. Para eso era necesaria alimentar el milagro económico alemán, el milagro económico japonés y permitir que el milagro económico chino echara raíces y creciera. 

Así que para decirlo de forma vulgar, esencialmente, la economía estadounidense generaba demanda agregada para los exportadores alemanes, japoneses y chinos. A estos se les pagaba con pagarés llamados dólares y esos regresaban a Estados Unidos través de Wall Street para financiar al gobierno estadounidense, a la bolsa estadounidense y al sector inmobiliario estadounidense. Esa era la situación y por supuesto ese tsunami de capital que llegaba a Wall Street requería la desregulación de Wall Street.

Entonces , los banqueros se volvieron locos. empezaron a construir enormes y gigantescas pilas de derivados tóxicos y este sistema colapsó en 2008. Todo ese sistema entró en una crisis muy grave, con un sistema de reciclaje tan extraño… una suerte de “socialismo” para los banqueros. Eso es la flexibilización cuantitativa, la impresión de dinero para los banqueros y austeridad para casi todos los demás.

Con este sistema se provocó un colapso muy significativo de la inversión en Estados Unidos y en Europa. Los únicos que realmente invirtieron gran parte del dinero que estaban imprimiendo los bancos centrales fueron los grandes propietarios tecnológicos, ya sabes, los Amazon, los Google, los Meta y así sucesivamente.

Por eso tenemos una nueva forma de capital, la llamo capital en la nube. Y en este contexto, mientras Estados Unidos, estaba siendo diezmado con un proceso de desindustrialización, la clase rentista estadounidense lo estába pasando realmente muy bien. Las personas que vivían de los mercados financieros y del sector inmobiliario prosperaron enormemente con el reciclaje del dinero y con los beneficios producidos por el déficit comercial de Estados Unidos.

Pero si eras un trabajador de la construcción o de la manufactura, un obrero en el medio oeste estaba siendo precarizado. Y entonces llega Trump y declara: » Esto no puede continuar. Nos hemos pasado y voy a hacer que América vuelva a ser grande. En otras palabras, voy a reequilibrar la relación entre el mundo del dólar y la capacidad manufacturera estadounidense, que llegó a ser totalmente desproporcionada.

Dicho de otro modo, las finanzas estadounidenses, el mundo dolarizado, se convirtieron en un parásito gigantesco que se alimentaba de un organismo diminuto: la manufactura estadounidense. Ahora bien, esto no significa que Trump vaya ha lograr lo que promete. No significa que porque Nixon tuvo éxito con su shock, Trump vaya a tener éxito con el suyo.

No significa que vaya a haber continuidad, porque no es solo cuestión de lo que haga Trump para este proyecto funcione. La próxima administración y la siguiente también tendrán que participar. Nixon no lo hizo solo. Carter, Reagan y luego Bush continuaron esa política. Así que estamos viviendo tiempos muy interesantes, por decir lo menos.

Glenn Diesen

Bueno, parece que Trump intenta hacer que América vuelva a ser grande y está haciendo esfuerzos por reindustrializar el país y reducir su monstruoso déficit de comercio exterior . Me parece que Trump acertó en parte al tomar el pulso, reconociendo que tal como están la cosas esta situación es insostenible para EEUU . 

Pero, ¿qué significa esto para Europa? Porque desde la Segunda Guerra Mundial tuvimos una especie de acceso preferencial al mercado estadounidense, también por motivos políticos  disfrutamos de energía barata de los rusos. ¿Cómo se están reorganizando los europeos o qué están haciendo en esta guerra comercial  que en esencia es construir un nuevo modelo económico? 

Yanis Varoufakis

La respuesta es que no mucho. Sea lo que sea estén haciendo, lo están haciendo en un estado de pánico y sin ninguna planificación. El shock de Nixon fue el mundo que engendró el euro, la eurozona. Porque pensándolo bien, lo que hizo Nixon en 1971 fue expulsar a Europa de la zona dólar. 

En 1971 teníamos tipos de cambio fijos con el dólar. En otras palabras, éramos parte de la zona dólar, aunque lleváramos nuestras propias monedas nacionales en los bolsillos. Piénsalo, durante 20 años no tuvimos que comprobar los tipos de cambio porque eran los mismos. Los tipos de interés eran más o menos, entre un 4 y 5% constantes.

Era un mundo magníficamente aburrido. Era el mundo en que la maquinaria manufacturera alemana se volvió sustancialmente exitosa. Pero, lo que hicieron los estadounidenses en 1971 fue echarnos fuera. Nos arrojaron a los lobos. El secretario del tesoro John Conell iba por ahí diciendo, «No me importa cuál sea tu problema, amigo. El dólar es nuestra moneda, pero es tu problema.» 

Y en un estado de pánico total en los años 70, los europeos empezaron a intentar crear su propio sistema de Breton Woods, su propio régimen de tipos cambio fijos. Esta es razón por la que lo necesitaban crear la Unión Europea que se construyó como un cartel de grandes empresas.

Claro que el primer nombre fue “Comunidad Europea del carbón y del acero”, que funcionaba como lo hace la OPEP con el petróleo. Los europeos lo hicieron con el carbón y acero. Se trataba de limitar la competencia, tener precios estables, precios acordados, precios de cartel y luego, por supuesto, incluyeron a los agricultores con el tratado de Roma, a quienes le ofrecieron una parte de los beneficios de la industria pesada.Eso es la política agrícola común. 

Ahora bien, para que un cartel funcione se necesita tener una moneda común o tipos de cambio fijos. Porque si los tipos de cambio fluctúan, realmente es muy difícil mantener la colusión. Los cárteles son inestables, están sujetos a fuerzas centrífugas y si permites que los precios varíen porque los tipos de cambio varían, entonces no puedes mantener el cártel. 

Así que Europa necesitaba otra construcción con una moneda común. Entonces entramos en un proceso. Primero fue el llamado sistema monetario europeo. Después el mecanismo de tipos cambio. Todo esto fracasó. Así que decidimos federar nuestro dinero, crear una moneda común, el euro.

Pero en el proceso olvidamos crear un tesoro común, olvidamos crear las instituciones democráticas que puedan gestionar la política monetaria de una manera mínimamente democrática. Esto, por supuesto, fue la causa de la crisis del euro.

¿Y cómo afrontó la unión europea la crisis del euro? Mediante una austeridad dura, increíblemente dura y mucha impresión de dinero, lo que por supuesto significó que Volkswagen no invirtió nada porque si recibes ese dinero gratis y los clientes no tienen dinero para comprar Volkswagens Caros o máquinas tipo Tesla, las automotrices no invierten en nuevas tecnologías, es muy caro. 

Lo que ha pasado es que las empresas se quedaron con el dinero que imprime el Banco Central y fueron a la bolsa de Frankfurt y recobraron sus propias acciones. El precio de las acciones subió y los directivos de Volkswagen se forraron porque sus salarios están vinculados al precio de las acciones. Esto significó que durante 15 años no tuvimos inversión.

Mientras tanto, la política se volvió tóxica porque cuando al aplicar la austeridad al pueblo alemán, francés, o griego y así sucesivamente, todos terminan odiándose entre sí. Si hoy vas a conversar con  los europeos, incluso con los europeos progresistas, y les dices, «¿Qué tal si nos federamos ahora?» Te responden, «Vete, simplemente vete, no me hables de esto.

Estas son personas que hace un tiempo querían una federación europea, así que la política se ha vuelto tóxica. No hay coordinación, no tenemos liderazgo. En su momento, como lo sabes, yo me opuse abiertamente a alguien como Angela Merkel, ¿verdad? Al menos ella era una líder, al menos tenía capital político.

Ahora tenemos gallinas sin cabeza corriendo por ahí,.. un tipo como Merz que ni siquiera logra ser elegido la primera elección como canciller de Alemania. Tenemos a Macron, un pato cojo. Cuando yo estaba en el gobierno griego había un choque muy fuerte entre el norte y el sur. Ahora tenemos un choque aún peor entre el este y oeste.

¿Por qué te cuento todo esto? Perdona mi respuesta es tan extensa, pero tu pregunta es, ¿cómo está respondiendo Europa al shock de Trump? Pues no lo está haciendo, porque para responder necesitas tener un centro coherente de toma de decisiones políticas y no lo tenemos.

En cambio tienes a Merz que quiere un acuerdo de libre comercio con Trump. Eso es caer directamente en la trampa que Donald Trump está tendiendo. Tienes a un Macron que no quiere eso. Y para más remate ni Merz ni Macron no tienen poder sobre la Comisión Europea.

De hecho,  Úrsula van der Leyen ha creado una pequeña camarilla a su alrededor. Y ella no tiene legitimidad ni apoyo democrático, pero está concentrando el poder en sí misma, haciendo cosas realmente absurdas que no tienen absolutamente ninguna relación con el verdadero problema que tiene Europa.  Nos faltan, nada menos que unos 600,000 millones al año en términos de inversión. Tenemos un déficit de inversión 600,000 millones al año y nadie habla de ello.

Y que hacen, ¿sabes? No tengo mucho pelo, pero el poco que tengo me lo arranco porque están hablando de rearme. Van a comprar tanques y torpedos y no sé qué otras ideas idiotas tienen sobre lo que van a adquirir. Esto no va a generar crecimiento. Hará subir el precio de las acciones de Rhine Metal y la industria armamentística . Pero no tendrá ningún efecto macroeconómico para Europa.

Así que en resumen, la respuesta a tu pregunta es que Europa se está quedando atrás.

Glenn Diesen

Creo que la falta de cohesión política y capacidad decisión es un problema clave. Y  comparto tu pesimismo respecto al keynesianismo militar, pero un componente fundamental a abordar en el actual shock de la economía internacional es el cambio industrial, que ahora muchos denominan la cuarta revolución.

En particular Europa se esta quedándose atrás en el sector tecnológico, especialmente ahora que todo se está digitalizando. Vemos que las tecnologías digitales se están fusionando cada vez más con las industrias físicas o las están transformando. ¿Cuáles son los principales retos para Europa en este sentido? ¿Hay algo en camino o simplemente se está subordinando a Estados Unidos? 

Yanis Varoufakis 

Están intentando subordinarse a un líder como Trump que curiosamente no los quiere como subordinados. Están suplicando, «Déjanos ser tus esclavos.» Y él responde, «No, no quiero que seáis mis esclavos.» Así que en realidad es bastante cómico. Mira nos hemos quedado atrás en las tecnologías del futuro. La razón porque nos hemos quedado atrás en la energía verde, como paneles solares, energía eólica y fusión, es porque no hemos invertido nada.

Alemania solía ser el principal productor de paneles solares en el año 2000. ¿Y qué pasó? Dejaron de invertir en ello. Los chinos nos han adelantado en dos revoluciones industriales, no solo una. Están por delante en la fabricación de paneles solares y en los vehículos eléctricos.

Esa idiotez de que los chinos están inundando el mercado con productos baratos por las subvenciones del gobierno chino es una tontería completa. Simplemente nosotros no tenemos la tecnología de los Chinos. ¿Por qué? Porque no se ha invertido. Nosotros hemos pasado los últimos 20 años sin invertir y al final todo esto pasa factura.

Cuando te pierdes 20 años de inversión en plena revolución tecnológica estás fuera. Y lo que han hecho en lugar de invertir es una tontera. En su inmensa necedad pensaron que somos una economía de 500 millones personas y debido a nuestro peso, nuestra magnitud, nuestro tamaño, vamos a regular, vamos imponer nuestros propios estándares al resto del mundo.

Bueno, ya sabes, esa política no funciona durante mucho tiempo. Si no tienes ningún capital en la nube, entonces en algún momento el capital va a superar tus propias regulaciones. La última tontera son los comentarios en Bruselas:  si Trump impone aranceles terribles a nuestros productos, a nuestros coches, al aluminio, a nuestros bolsos Hermes y Louis Vuitton, entonces vamos a imponer impuestos digitales a las grandes tecnológicas Silicon Valley.

Bueno, por cierto, estoy totalmente a favor de los impuestos las grandes tecnológicas. Lo llamo el impuesto a la nube. He defendido esa idea. Pero, ¿sabes qué? Ni siquiera harán eso porque son unos charlatanes y no lo harán porque a diferencia de los chinos que han desarrollado sus propias grandes tecnológicas, por cada gran empresa tecnológica estadounidense hay un equivalente en China que realidad es mejor que la estadounidense en cuanto a funcionalidad. Baidu, Tencent, Alibaba y otras, si los comparas técnicamente son mejores.

Las empresas tecnológicas Chinas son realmente mejores que las estadounidenses. Nosotros no tenemos nada en Europa. Y lo que hacemos es vender nuestras empresas tecnológicas. Bolt fue vendido al Silicon Valley, así que no tengo ninguna duda que si Bruselas intenta tomar represalias contra los aranceles estadounidenses con un impuesto a la nube para las grandes tecnológicas estas chantajearán a Europa simplemente diciendo, «Cortaremos todos los servicios para vosotros, los europeos.» 

Y entonces, ¿qué dirá Ursula van der Leyen a los europeos? Porque los europeos no tendrán acceso a YouTube, no tendrán acceso a X. ¿Sabes? Los estadounidenses pueden hacer esto fácilmente. Solo haría falta una semana sin acceso a YouTube para que toda la comisión europea se venga abajo.

Así que todas estas son amenazas no creíbles en nuestro lenguaje económico. Lo que normalmente se haría para superar estos desafíos, es decir, la dependencia excesiva de un solo actor extranjero, sería buscar una mayor autonomía estratégica,  también la soberanía tecnológica, además de diversificar las alianzas externas, pero parece que los europeos se están aislando de otros centros clave, siendo China uno de los más importantes.

Glenn Diesen

Me alegró que menciones a China porque ellos están desarrollando su autonomía estratégica. están diversificando sus alianzas exteriores. Pero en esta guerra económica,p los dos actores principales parecen ser, obviamente, Estados Unidos y China, ¿quién tiene las cartas ganadoras? ¿Cómo ves que se va a desarrollar esta guerra económica? ¿Por qué los chinos no están respondiendo de forma más contundente? ¿Cómo interpretas la situación? 

Los chinos son los adultos en la sala. Son los que están respondiendo de una manera muy conservadora, racional y sensata. Y tienen un plan. Los europeos no tienen un plan. El plan que principalmente nos falta es un plan macroeconómico y de inversión. Eso es lo único que no tenemos. Tenemos todo tipo de otros planes y regulaciones, pero lo que realmente necesitamos no lo tenemos y ni siquiera estamos trabajando para conseguirlo.

Así que permítanme decir que hay tres cosas que deberían haberse hecho ayer, pero al menos hagámoslas hoy. No creo que se hagan, pero déjenme decirles cuáles son. En primer lugar, no hagan nada respecto a Trump. No vayan verle. No respondas con represalias ni vayas mendigando un acuerdo comercial, simplemente ignóralo.

En su lugar, abre una línea de comunicación con Pekín. No estoy diciendo que debamos convertirnos en vasallos de Pekín la misma manera que fuimos vasallos de Estados Unidos. No, pero sí coordinar. En primer lugar, elimina todos los aranceles que la Unión Europea impuso a China instancias de Estados Unidos.

Esos aranceles sobre los paneles solares, por ejemplo, nos los impuso EEUU. Washington llamó a Bruselas y dijo, » Poned aranceles a los paneles solares porque estamos en guerra con los chinos.» Bueno, ya sabes, ahora los estadounidenses en una guerra económica con nosotros. ¿Por qué deberíamos estar en guerra con los chinos? ¿Solo porque estadounidenses lo están?

Necesitamos paneles solares. Ellos fabrican paneles solares de muy buena calidad y a un precio muy bajo, Así que compremos esos paneles sin hacer que nuestra gente en Europa tenga que pagar precios desorbitados por algo que necesitamos. ¿De acuerdo? Primer punto, eliminar los aranceles que Europa impuso en nombre de Estados Unidos.

En segundo lugar, coordinar entre el Banco Central Europeo y el Banco de China un programa de estímulo común, porque tanto China como la Unión Europea necesitan un estímulo coordinado para hacer frente a las olas recesivas que se avecinan como resultado del impacto de los aranceles de Trump sobre el comercio mundial.

En tercer lugar, buscar formas de colaborar en la producción conjunta. Ya lo hemos hecho antes. Fueron Siemens y Alst quienes fueron a China y les ayudaron a construir ferrocarriles que ahora son mucho mejores que los nuestros. ¿Por qué no hacemos  lo mismo? ¿Por qué no hay empresas conjuntas entre Volkswagen y BYD para producir coches eléctricos en Alemania, por ejemplo? Así que eso es lo primero que haría.

Lo segundo que haría sería poner en marcha un programa de inversión que cubra el déficit de inversión que mencioné antes… de unos 600 700,000 millones cada año. Y la forma de hacerlo no es a través de un fondo de recuperación como el que creamos durante la pandemia, eso es absurdo. Fue una idea terrible porque esencialmente lo que hizo fue grabar a los trabajadores alemanes pobres para dar dinero a los oligarcas en Italia y

Eso fue como decirle al pueblo alemán y al pueblo holandés, «Nunca más ayudemos a los griegos y a los italianos”.  Lo que realmente necesitamos es un programa de inversión paneuropeo que no financia a los gobiernos, sino proyectos concretos que sean potencialmente rentables, estén donde estén, en el sur de Europa, o en el norte de Europa.

Y sabemos que necesitamos unos 600 a 700,000 millones para eso. Ahora no hay tiempo para tener esta discusión sobre los eurobonos y un tesoro federal, porque como dije antes, esa discusión se envenenó hace mucho tiempo, pero tenemos el Banco Europeo de Inversiones que emite bonos. Bueno, denles luz verde para emitir bonos por valor de 600,000 millones de euros cada año durante los próximos 5 años y el Banco Central Europeo debería  declarar que si es necesario intervendrá en los mercados secundarios para comprarlos. 

Esto significa que los bonos que propongo tendrán tipos de interés inferiores al 2%, quizá incluso menos del 1%, porque serán muy seguros si cuentan con el respaldo del BCE. y coges esos 600, 700,000 millones y los inviertes en las tecnologías que tanto nos faltan y lo haces a nivel paneuropeo.

Ni siquiera lo haces a través de los gobiernos. Lo haces mediante un programa europeo de inversión como el plan Marshall  que fue un programa estadounidense de inversión. Así que eso es lo segundo haría.

 Y lo tercero que haría es crear una cartera digital en el BCE para que cada ciudadano europeo pueda descargarlo desde la tienda de Android o Apple, igual que pueden hacerlo los chinos, porque el Banco Central de China ha proporcionado a los ciudadanos chinos una cuenta bancaria digital gratuita.

Lo que obtienes es que cualquier dinero tengas en esa cartera genera el tipo de interés overnight del Banco Central, lo cual es una forma fantástica de competir con China. Los bancos comerciales son terribles, pagan poco a los ahorradores y cobran de más a los prestatarios y entonces de repente tienes este nuevo y asombroso ámbito digital de pagos gratuitos, transfronterizos como el de los chinos

Así es como compites con el WCAT chino, con la moneda digital china. Así es como obligas a los banqueros. Básicamente les dices que ya no tienen el monopolio del sistema de pagos. Si quieres ofrecer buenos servicios a los clientes, hazlo. 

Glenn Diesen

Antes de terminar, solo una última pregunta muy rápida. Entonces, ¿por qué no hacemos realmente estas cosas? Sé que antes llamaste a Europa el continente estúpido, pero es por falta de conocimiento y ideología.¿Cómo lo entiendes tú? 

Yanis Varoufakis 

Es una combinación de ideología y conveniencia. Tomemos, por ejemplo, el sistema de pagos digitales que mencioné. Los bancos de Frankfort y los bancos de París van a decapitar cualquier político que sugiera esto porque esencialmente les estás quitando su monopolio sobre el sistema de pagos. Cuando lo propuse en 2015, no solo fui demonizado, sino que fui decapitado discursivamente.

Publicaron todo tipo de tonterías patrocinadas por banqueros que quieren  anularme como entidad, porque para ellos es mucho dinero. En cuanto a la organización y creación de este programa inversión mi opinión al respecto es que el establishment financiero e industrial alemán aún no ha aceptado el euro.

Tenemos el euro desde 1992 ¿verdad? Pero realmente los alemanes no lo han aceptado. Lo han aceptado formalmente , pero quieren mantener su derecho y oportunidad de salir del euro. Ese es el establishment alemán. Nos han permitido usar su marco alemán en forma de euro, pero quieren poder desconectarse y salir, lo que significa que no quieren tener deuda común.

Cuando dicen no a la deuda común esto significa que la Unión Europea no pueden tener un programa común de inversiones. Esto es el derecho de Alemania a salir de Europa y no es una idea irracional por su parte porque es la manera de tener la máxima influencia dentro de Europa.  Esta estrategia de salida no la tienen los italianos ni los franceses porque son países deficitarios.. 

Un ejemplo es California que no puede salir de la unión del dólar, porque si sale de dólar es imposible saber qué parte de la deuda soberana estadounidense corresponde a California. Así que eso es lo que pasa si estas atado a una deuda común.

Este es mi análisis por las que no están haciendo nada aunque en el fondo saben lo que hay que hacer. Con la actual política Europa se esta suicidando.

Denn DIesen

Tu análisis ha sido muy interesante, gracias Yanis Varoufakis.

Nota

*Yanis Varoufakis es economista, exministro de Finanzas de Grecia y autor de numerosos libros superventas. Varoufakis sostiene que el antiguo modelo económico centrado en Estados Unidos se ha agotado y que EE. UU. está impulsando una reestructuración de la arquitectura económica internacional para obtener una posición favorable. China es el principal rival en este nuevo sistema, mientras que los europeos se están convirtiendo en un apéndice empobrecido de EE. UU."

(Varoufakis, Glenn Diesen, Observatorio de la crisis, 14/05/25)

1.4.25

El plan europeo por el que apuesta Pedro Sánchez (en la era de Trump y Putin)... Describió una serie de prioridades europeas con las que está alineado y que han sido y son un factor relevante en su interlocución con Bruselas. Cada vez más la política internacional influirá en la nacional... El problema es que debe ser acordado en el seno de la Unión... La salida debe ser mediante respuestas mancomunadas que sean eficaces, pero también equitativas. Hay que caminar hacia una mayor integración, en la que debe existir una cesión de soberanía, que se apoye en la definición de una serie de bienes públicos europeos, como la defensa y el cuidado del medio ambiente y la defensa, y han de articularse instrumentos económicos comunes para defenderlos... La deuda mancomunada es importante en dos sentidos. De adoptarse, tendría peso simbólico, ya que marcaría una intención expresa de avanzar hacia la integración, pero también contaría con repercusiones económicas. Si la inversión europea en defensa se realiza fundamentalmente desde los presupuestos nacionales, se estará cayendo en el mismo error que se incurrió en 2008 con la crisis financiera... La partida que se está jugando no es puramente militar, ya que esta reconstrucción del orden internacional opera en términos comerciales, industriales, financieros, monetarios, energéticos y tecnológicos: mientras no exista una acción integral de la Unión en todos esos ámbitos, Europa no volverá a hablar el lenguaje del poder en su propia lengua... Si se pretende que la salida se produzca a través de los presupuestos nacionales, como se hizo en 2008, se obtendrán los mismos efectos que en 2008: más opciones nacionalistas y un frenazo a la economía de muchos países... A la Unión solo le quedan dos posibilidades en un contexto mundial como el presente: o hay más UE o habrá mucha menos (Esteban Hernández)

 "Pedro Sánchez presentó un plan en el Congreso el pasado miércoles que iba mucho más allá de la inversión en defensa. Describió una serie de prioridades europeas con las que está alineado y que han sido y son un factor relevante en su interlocución con Bruselas. Cada vez más la política internacional influirá en la nacional, y este momento es expreso en ese sentido.

Fue el primer pleno en el Congreso en el que se habló abiertamente del nuevo escenario geopolítico y de qué hacer en él. Es cierto que el planteamiento de Sánchez se perdió después en el revuelo de la política interna (salvo alguna intervención puntual), pero el planteamiento del gobierno socialista sobre el futuro europeo quedó bien dibujado en la intervención inicial del presidente.

El plan

El problema del plan descrito por Sánchez es que no es estrictamente suyo. Describió un cúmulo de intenciones que deben ser acordadas en el seno de la Unión, que será quien fije definitivamente las líneas maestras de la acción europea y sus derivadas nacionales.

Sánchez insistió en una idea muy repetida en los últimos años, la enunciada por Jean Monnet, según la cual la Unión Europea sale fortalecida con las crisis, porque solo puede forjarse a base de ellas. La UE es la suma de las soluciones que se aportan a los problemas que surgen. El modo reactivo es una característica constitutiva de Europa.

El presidente apostó por una UE lo más influyente posible, que se convierta en un faro y en un ejemplo para el mundo

Aseguró Sánchez que estamos ante el inicio de un nuevo orden internacional en el que quedan por determinar muchas cosas, también el papel que tiene que jugar Europa. El presidente apostó por una UE lo más influyente posible, que se convierta en un faro y en un ejemplo para el mundo. En un instante en que otros países se repliegan dentro de sus fronteras, Europa debe aportar un proyecto de paz y de desarrollo global. Debe comprometerse con los grandes desafíos y con los debates mundiales: el compromiso con los derechos humanos, la participación en las políticas para el desarrollo, la emergencia climática, la migración, la igualdad de género y la lucha contra la pobreza. Aseguró que estos desafíos debían abordarse fortaleciendo la ONU y reforzando la diplomacia.

En ese escenario, la guerra de Ucrania, aseguró Sánchez, no es un mero conflicto regional. Lo que se está dirimiendo es si se respeta el multilateralismo, el orden internacional y la integridad territorial que este asegura. La paz es un objetivo común, pero para que sea justa y duradera, no puede convertirse en un premio para el agresor. En ese caso, se incentivarían futuras agresiones rusas a territorios colindantes con Ucrania.

"Hay que caminar hacia una mayor integración, con cesión de soberanía, y que defina una serie de bienes públicos europeos"

Dado que el desafío ruso obliga a Europa a reaccionar, debe fijar cuál será el rumbo, hacia dónde debe ir y qué UE se quiere construir. Para el presidente, no se pueden repetir los errores de la crisis financiera, donde se dejó al pairo a los países del sur. La salida debe ser mediante respuestas mancomunadas que sean eficaces, pero también equitativas. Hay que caminar hacia una mayor integración, en la que debe existir una cesión de soberanía, que se apoye en la definición de una serie de bienes públicos europeos, como la defensa y el cuidado del medio ambiente y la defensa, y han de articularse instrumentos económicos comunes para defenderlos.

Frenar a Trump y a Putin

Este es el proyecto para España y para Europa que Sánchez presentó en el Congreso el pasado miércoles. Más allá del juicio que a cada cual le merezca, se trata de un proyecto que, en muchos de sus aspectos, es compartido por la Comisión y que es respaldado por países europeos relevantes. Sin embargo, los aspectos negativos van más allá de su validez; apuntan hacia la dificultad de ejecución. Es un proyecto continuista, muy anclado en los propósitos europeos y en la dirección sistémica que impulsaba antes de la crisis del covid, de la guerra de Ucrania y de las tensiones en la cadena de suministros. Este es otro momento, y realizar lo que Sánchez sugiere, y lo que la Comisión impulsa, requiere tanto de la derrota de Putin en Ucrania como de un viraje muy sustancial de la actual administración estadounidense. Ninguna de las dos cosas parece muy factible hoy, pero la UE está actuando, a la hora de diseñar su futuro, como si la guerra fuera a ganarse y fuese posible frenar contundentemente a Trump.

Estamos viviendo la recomposición del orden internacional en beneficio de EEUU y una nueva división del mundo en términos imperiales

El del miércoles fue el primer pleno en el que se abordó expresamente la ruptura de la globalización y el asentamiento de los imperialismos, pero no lo pareció, porque la propuesta de Sánchez no parece haber tomado conciencia de esa ruptura. El orden precedente está partido, ese que aseguraba la hegemonía estadounidense en un escenario global integrado en el que cada potencia desempeñaba un papel. EEUU era la policía del mundo, Wall Street y el Tesoro estadounidense el refugio de los capitales mundiales, China el pulmón productivo, Europa la potencia reguladora intermedia y el horizonte un mundo regido por normas comunes que se apoyaban en el respeto a los derechos humanos y que promovían la democracia. Todo eso ha saltado por los aires, en buena medida por la reacción estadounidense.

Lo que tenemos es algo muy diferente, la recomposición del orden internacional en beneficio de EEUU, y una nueva división del mundo términos imperiales. Los acuerdos que se están negociando parecen fijar un nuevo terreno de juego que es un gran problema para una UE que no ha aprendido a hablar el idioma del poder.

Subir o bajar

En este escenario, Sánchez tiene razón en un aspecto: si se pretende que la UE avance, la inversión en defensa debe afrontarse mancomunadamente, y como paso previo para una mayor integración en todos los sentidos. El presidente habló en el Congreso de manera muy expresa de cesión de soberanía. Enrico Letta ha recordado estos días, como lo hizo Draghi, que es imperativo dar pasos adelante en el mercado de capitales, en la unión fiscal y en tantas otras cosas. Esa es una dirección indispensable para que la UE tenga peso internacional. Este es un momento en el que las capacidades estatales resultan decisivas, y la Unión no es un Estado. Mientras no cuente con recursos similares a los que un Estado puede movilizar, seguirá cayendo por la pendiente.

La deuda mancomunada es importante en dos sentidos. De adoptarse, tendría peso simbólico, ya que marcaría una intención expresa de avanzar hacia la integración, pero también contaría con repercusiones económicas. Si la inversión europea en defensa se realiza fundamentalmente desde los presupuestos nacionales, se estará cayendo en el mismo error que se incurrió en 2008 con la crisis financiera.

La partida que se está jugando no es puramente militar, ya que esta reconstrucción del orden internacional opera en varios planos

En aquel momento, la insistente voz de alarma repetía que, si no se dotaba de capital a los bancos, las consecuencias para el sistema financiero y para las economías occidentales serían catastróficas. España, como otros países del sur de Europa, tuvo que realizar un esfuerzo ingente del que nuestras economías, y el bolsillo de una gran mayoría de ciudadanos, se resintió de forma muy seria. Pero una vez realizado ese esfuerzo, nada cambió. No hubo una comprensión del momento sistémico que la UE afrontaba, y las decisiones tecnocráticas dieron una muy mala solución a la crisis, lo que lastró la cohesión interna de la Unión y su influencia externa. Los términos morales, los sermones del norte, añadieron una carga de humillación al desastre.

El esfuerzo en defensa lleva camino de convertirse en otro momento de shock que se resuelve mediante una inversión pública elevada que terminaremos pagando los ciudadanos. Sin dar pasos más decididos en más direcciones, el gasto en defensa tendrá efectos muy limitados. Europa no va a recuperar poder construyendo tanques y drones, simplemente contribuirá a la OTAN. La partida que se está jugando no es puramente militar, ya que esta reconstrucción del orden internacional opera en términos comerciales, industriales, financieros, monetarios, energéticos y tecnológicos: mientras no exista una acción integral de la Unión en todos esos ámbitos, Europa no volverá a hablar el lenguaje del poder en su propia lengua.

La otra opción

Si se pretende que la salida se produzca a través de los presupuestos nacionales, como se hizo en 2008, se obtendrán los mismos efectos que en 2008: más opciones nacionalistas y un frenazo a la economía de muchos países.

Hay diversas fuerzas políticas que aspiran a que sus países recuperen soberanía y que pretenden que Bruselas tenga muchas menos competencias. Es el deseo de las derechas populistas y de las extremas, pero también de algunas liberales. De momento, su intención es que los lazos con la Unión sean menores y las conexiones con EEUU mayores.

A la Unión solo le quedan dos posibilidades en un contexto mundial como el presente: o hay más UE o habrá mucha menos

Esos partidos que abogan por la disgregación juegan ahora un papel relevante, pero no decisivo, en el seno de la Unión. Lo relevante se sitúa, de momento, en un plano superior. Las presiones exteriores son notables en este mundo que está reorganizándose. Y a la UE solo le quedan dos posibilidades en un contexto como el presente: o gira hacia una mayor integración, o las capitales irán alejándose de las instituciones comunitarias; o más UE o menos; o más libertad de acción para los gobiernos nacionales o menos. No vamos a quedarnos en el mismo lugar, porque estamos ante un cambio de época que obligará a tomar una decisión.

El presupuesto de defensa es una prueba de fuego, ya que ofrecerá muchas y relevantes pistas respecto de cuál será el camino que se emprenderá. En este sentido, el gobierno de Merz puede jugar un papel integrador, pero también uno disgregador, y más decisivo que el de las extremas derechas. Pero, sea cual sea la decisión, la UE resultante tendrá poco que ver con la del pasado, esa que promovía el orden basado en reglas y que pretendía ser el espejo en el cual se mirase el mundo. El plan de Sánchez, en este sentido, puede aportar elementos estructurales necesarios para caminar en la dirección que pretende, pero su contenido tiene un componente de irrealidad en una época como esta."

(Esteban Hernández, El Confidencial, 30/03/25)

31.3.25

Eduardo Garzón: No hace falta recortar en gasto social para aumentar el militar... Vaya por delante que yo estoy en contra de aumentar el gasto militar: me parece que se exagera la amenaza a la que se enfrenta la Unión Europea (ya sea por parte de Putin o de Trump); ya gastamos muchísimo en seguridad y defensa... Si se quiere que haya más dinero para algo, se puede lograr muy fácilmente. La prueba es que siempre ha habido dinero suficiente para rescatar a la banca tras la crisis financiera del año 2008, para la emergencia sanitaria en 2020, o ahora para el gasto militar. Durante la pandemia del Covid se crearon cantidades mastodónticas de dinero y nadie dijo que eso implicaría recortes en otras partidas sociales porque había consenso en que era un gasto muy necesario... Fue la prueba fehaciente de que el dinero no es una limitación técnica, sino simplemente una cuestión de voluntad política. El problema es que su creación y regulación se utiliza siempre en favor de la élite, no en favor del interés general. Pero no caigamos en su falaz discurso de que “no hay dinero”, porque claro que lo hay... la Unión Europea va a eximir el incremento del gasto militar de las reglas fiscales, además de que va a emitir deuda conjunta para que el peso no recaiga sobre cada uno de los países. Esto quiere decir que el Gobierno español podrá aumentar el gasto militar sin vulnerar sus compromisos de estabilidad presupuestaria y sin aumentar su riesgo financiero... A los Estados nacionales desgraciadamente les va a salir gratis aumentar el gasto militar

 "Vaya por delante que yo estoy en contra de aumentar el gasto militar. Pero no caigamos en el falaz discurso de la derecha de que no habría dinero para el gasto social, porque claro que lo hay. El dinero es simplemente una cuestión de voluntad política

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aseguró en sesión parlamentaria que el incremento del gasto militar comprometido con la Unión Europea se va a realizar sin recortar en gasto social, pero esto es algo que ponen en duda tanto los partidos de la oposición como algunos socios de gobierno. Ya sea por una cuestión de restricción presupuestaria (no hay suficiente dinero para todo) o política (el PSOE tendrá la excusa perfecta para recortar en partidas sociales), muchos dan por hecho que el Gobierno meterá la tijera. Sin embargo, realmente no hay motivos serios y rigurosos para pensar que el Gobierno español vaya a realizar semejante acción. Paso a explicarlo y argumentarlo con detalle.

Vaya por delante que yo estoy en contra de aumentar el gasto militar: me parece que se exagera la amenaza a la que se enfrenta la Unión Europea (ya sea por parte de Putin o de Trump); ya gastamos muchísimo en seguridad y defensa; y las mejores vías para canalizar los conflictos siempre pasan por la diplomacia y no por el rearme. Sin embargo, la posición de cada uno sobre este tema es una cuestión independiente del debate sobre si el aumento del gasto militar necesariamente implica recortes en lo social. 

Más allá de mi opinión sobre el aumento del gasto militar me parece fundamental explicar por qué es compatible con aumentar el social; no sólo porque es un escenario obviamente preferible aunque haya más gasto para la guerra, sino porque aceptando que debe haber recortes estamos comprando el marco teórico y el relato que la derecha siempre ha utilizado para oponerse a cualquier conquista social.

Siempre que la izquierda ha demandado un aumento de pensiones o de sanidad, por ejemplo, la derecha ha saltado en tromba a decir que “no hay dinero”. Ahora la izquierda no puede utilizar el mismo argumento, más que nada porque es falso. El dinero es un invento abstracto del ser humano y no tiene sentido hablar de su finitud. Si se quiere que haya más dinero para algo, se puede lograr muy fácilmente. La prueba es que siempre ha habido dinero suficiente para rescatar a la banca tras la crisis financiera del año 2008, para la emergencia sanitaria en 2020, o ahora para el gasto militar. Durante la pandemia del Covid se crearon cantidades mastodónticas de dinero y nadie dijo que eso implicaría recortes en otras partidas sociales porque había consenso en que era un gasto muy necesario. Los poderosos tiraron a la basura su relato austericida y suspendieron las sacrosantas reglas fiscales porque no les quedó más remedio que hacerlo. Fue la prueba fehaciente de que el dinero no es una limitación técnica, sino simplemente una cuestión de voluntad política. El problema es que su creación y regulación se utiliza siempre en favor de la élite, no en favor del interés general. Pero no caigamos en su falaz discurso de que “no hay dinero”, porque claro que lo hay.

Es importante entender que la disyuntiva no está entre elegir que el destino del dinero, sino de los recursos reales. El dinero es abstracto e ilimitado; siempre se puede crear más. En cambio, no se pueden crear más materias primas, combustibles u horas de tiempo. Cuando un gobierno aumenta el dinero para gasto militar no está prescindiendo de aumentarlo en cualquier otra partida, lo que está haciendo es que el litro de combustible que se utiliza para un avión militar no se podrá utilizar para un autobús urbano, o que la hora de trabajo de un militar no podrá utilizarse para una emergencia natural. El trade-off es de recursos naturales; nunca de financiación. Por eso, entre otras cosas, debemos oponernos a esta histeria belicista, pero no porque “no haya dinero”.

Se han referenciado mucho las declaraciones del primer ministro de Finlandia –dirigidas al propio Pedro Sánchez– afirmando que tuvieron que recortar en gasto social para aumentar el militar. Pero eso no sirve como argumento a favor de que para aumentar el gasto militar hay que recortar en lo social. Básicamente porque el primer ministro de Finlandia es del Partido de Coalición Nacional, el equivalente al Partido Popular español, y encima actualmente gobierna con la ultraderecha. Si Alberto Núñez Feijóo estuviese gobernando España con Vox y dijese lo mismo, ¿daríamos por buena esa afirmación? ¿No dudaríamos en ningún momento que es el resultado de su voluntad política de recortar y no de una inevitabilidad técnica?

Además, el actual gobierno finlandés de derechas comenzó a gobernar el 20 de junio de 2023, siguiendo a un gobierno de corte progresista, y los datos demuestran que durante ese año el gasto militar se disparó (1,47 puntos porcentuales del PIB) al mismo tiempo que aumentó el gasto social monetario y en especie –sanidad, educación y vivienda– (0,6 puntos porcentuales del PIB). Ésa es la constatación empírica de que se puede aumentar el gasto militar sin recortar en lo social. No hay todavía datos para 2024 pero, aunque hayan recortado en lo social, eso respondería simplemente a la voluntad de un gobierno de derechas, no a una necesidad económica.

Recientemente también se está poniendo de ejemplo el gobierno laborista del Reino Unido, porque parece que va a aumentar el gasto militar al mismo tiempo que recortará en algunas ayudas sociales. Pero estas afirmaciones omiten que el gobierno de Starmer ya estaba realizando recortes bastante antes de que llegara esta histeria colectiva por aumentar el gasto militar, como expliqué en este artículo publicado hace 9 meses. Volvemos a lo mismo: no confundamos lo que se decide voluntariamente hacer con lo que inevitablemente hay que hacer.

En cuanto a que el PSOE utilice este escenario como excusa para recortar, es importante entender que la Unión Europea va a eximir el incremento del gasto militar de las reglas fiscales, además de que va a emitir deuda conjunta para que el peso no recaiga sobre cada uno de los países. Esto quiere decir que el Gobierno español podrá aumentar el gasto militar sin vulnerar sus compromisos de estabilidad presupuestaria y sin aumentar su riesgo financiero.

A los Estados nacionales desgraciadamente les va a salir gratis aumentar el gasto militar. Por lo tanto, y teniendo en cuenta que este Gobierno no ha hecho más que aumentar el gasto social desde que llegó al poder, ¿qué sentido tiene pensar que ahora va a hacer lo contrario? Ni está obligado ni se enfrenta a ninguna presión para hacerlo, y encima correría el riesgo de perder el apoyo de sus propios electores. No es verosímil pensar que el Gobierno español vaya a recortar en gasto social. Así que, por favor, por mucho que nos duela el incremento del gasto militar, evitemos el alarmismo infundado con respecto a los recortes en partidas sociales."                 (Eduardo Garzón, eldiario.es, 29/03/25)

12.3.25

El rearme europeo, ¿de las palabras a los hechos? La referencia estrella de la reunión comunitaria ha sido el anuncio de un plan, Rearme Europa, que no deja de generar dudas... lo mínimo que cabe reclamar es que ese esfuerzo en el ámbito militar vaya acompañado de otro para dotarnos de los mecanismos políticos que nos permitan tener una voz común en el escenario internacional, en esencia, operar como un solo Estado. Y de eso no ha habido nada en la reciente reunión del Consejo Europeo... el grueso de la tarea debería realizarse recurriendo a la mutualización del coste en el que haya que incurrir, con fondos a disposición de las instancias comunitarias para cubrir cuanto antes las carencias actuales... No parece que esa vaya a ser la opción elegida... la vía preferente será la de sacrificarse en términos nacionales, recurriendo al recorte de los gastos sociales para poder rearmarse. Un paso de evidente coste electoral, que puede disuadir a muchos gobernantes... es bien sabido que no existe una industria de defensa europea (lo que tenemos son sectores nacionales más o menos potentes en determinados nichos de mercado)... el conjunto de las empresas existentes tardará años en estar en condiciones de atender el grueso de las necesidades que puedan plantear los ejércitos... eso, aplicado a Ucrania, significa que ni en el mejor de los escenarios imaginables es posible que la UE pueda sustituir militarmente a EE UU. Eso coloca a Volodímir Zelenski en una situación desesperada... Un panorama que deja a Ucrania vencida y a la Unión Europea en una grave situación de vulnerabilidad (Jesús A. Núñez Villaverde, IECAH)

 "Por si con un reto no bastara —como apoyar a Ucrania en pleno huracán Trump—, el Consejo Europeo extraordinario del pasado día 6 proclamó la voluntad de los Veintisiete (incluidos Hungría y Eslovaquia) de activar definitivamente el proceso para lograr, en palabras del próximo canciller alemán, Friedrich Merz, independizarse de Estados Unidos en materia de seguridad y defensa. Antes de dejarse llevar por la algarabía que ha generado el anuncio de un paquete económico de hasta 800.000 millones de euros, como si fuera una señal inequívoca de que ahora va en serio, es obligado recordar que ya hace 11 años de la anexión rusa de Crimea, ocho desde que Angela Merkel declaró que EE UU no era un socio fiable y tres desde la invasión rusa de Ucrania, sin que ni la Estrategia Global (2016) ni la Brújula Estratégica (2022) hayan logrado satisfacer las expectativas creadas (baste recordar, a modo de ejemplo, que el nivel de la ambición comunitaria se reducía a disponer en 2025 de una fuerza de intervención rápida de ¡5.000 efectivos!).

Eso no quiere decir, evidentemente, que no se hayan producido algunos avances con el objetivo de evitar que la autonomía estratégica termine por ser un sueño roto. Pero ante los dos retos, ahora renovados, vuelve a quedar claro que para superarlos es imprescindible salirse drásticamente del carril en el que hasta ahora se ha desarrollado la política exterior, de seguridad y defensa de la Unión. Un carril que establece un proceso de toma de decisiones lastrado por la regla de la unanimidad, lo que como mínimo ralentiza y debilita cualquier propuesta desde su arranque (sirvan de muestra los 22 días que han pasado desde que Trump y Putin dieron a conocer que habían hablado para restablecer relaciones y acordar una solución para la guerra de Ucrania hasta que, por fin, se han reunido los jefes de Estado y de Gobierno europeos). Y de ese ritmo necesariamente lento solo se deriva, aunque los pasos adoptados puedan ser en sí mismos adecuados, una menor capacidad de maniobra internacional a la UE.

La referencia estrella de la reunión comunitaria ha sido el anuncio de un plan —Rearme Europa— que, a pesar de las apariencias de firme determinación política, no deja de generar dudas. Más allá de volver a confundir a la UE con Europa, la apelación directa al rearme hace pensar que el camino para garantizar la seguridad de los Veintisiete y para reequilibrar el orden de seguridad continental está únicamente empedrado con armas y con presupuestos para dotarse de ellas. Una idea que, en cuanto se compara con lo que sucede a escala nacional, no solo deja fuera al resto de los componentes no militares de la seguridad, sino que nos hace ver la distancia que queda por recorrer para que esos medios militares (muchos o pocos) estén sometidos e integrados en una estructura de mando y control de naturaleza esencialmente civil. En la UE no tenemos esa estructura; de ahí que, sin cuestionar la necesidad de contar con medios militares de disuasión y de último recurso para defender nuestros legítimos intereses sin depender de nadie, lo mínimo que cabe reclamar es que ese esfuerzo en el ámbito militar vaya acompañado de otro para dotarnos de los mecanismos políticos que nos permitan tener una voz común en el escenario internacional, con un organigrama operativo para emplear todos los instrumentos que acumulan los Veintisiete al servicio de una causa común. Es, en esencia, operar como un solo Estado. Y de eso no ha habido nada en la reciente reunión del Consejo Europeo.

Por otra parte, parecería dar la impresión de que la cifra de los 800.000 millones de euros ya se puede dar por materializada, cuando se trata de un asunto sometido a muchos imponderables. De inmediato queda de manifiesto que el grueso de ese esfuerzo (650.000 millones) recaerá en decisiones de los gobiernos nacionales, si deciden aprovechar el relajamiento acordado de las reglas fiscales y las facilidades adicionales del BEI. Pero, al margen de la mayor o menor inclinación de cada uno de esos gobiernos a seguir la senda marcada (asumiendo ya que se trata de pasar del 2% al 3,5% del PIB dedicado a la defensa para finales de esta década), el camino nacional no puede ser el más adecuado. Resulta evidente, como nos demuestra la situación actual tras variados e incumplidos Planes de Desarrollo de Capacidades, que por esa vía terminan por aumentar las duplicidades en ciertos ámbitos y siguen sin cubrirse las necesidades que tantas veces se han ya identificado. La suma de las capacidades de cada de los ejércitos nacionales no da como resultado la fortaleza del conjunto, y ya no cabe contentarse con mejorar la coordinación entre los diferentes gobiernos nacionales.

De ahí se deriva que el grueso de la tarea debería realizarse recurriendo a la mutualización del coste en el que haya que incurrir, con fondos a disposición de las instancias comunitarias para cubrir cuanto antes las carencias actuales y para orientar el trabajo a realizar con vistas a reducir el grado de dependencia industrial de suministradores externos (es decir, de EE UU). No parece que esa vaya a ser la opción elegida, lo que, en línea con lo que Emmanuel Macron acaba de advertir a sus conciudadanos, implica que la vía preferente será la de sacrificarse en términos nacionales, recurriendo al recorte de los gastos sociales para poder rearmarse. Un paso de evidente coste electoral, que puede disuadir a muchos gobernantes, y del que los grupos de ultraderecha tratarán de sacar tajada.

Por último, sin negar el pulso imperialista que lleva a Vladímir Putin a intentar recuperar (por vía militar cuando lo vea conveniente) una zona de influencia propia al menos en su vecindad europea inmediata, las conclusiones del citado Consejo no despejan las dudas sobre la ambición de la UE. Es obvio que la autonomía estratégica resulta inalcanzable en el plazo de los cuatro años mencionados por Ursula von der Leyen al anunciar el plan de rearme; lo que supone asumir que la dependencia de otros va a seguir siendo inevitable. Y eso ocurrirá al margen de que Macron se decida finalmente a ampliar la cobertura nuclear de su Force de Frappe al resto de miembros de la Unión o de que Polonia apueste abiertamente por la proliferación nuclear. Pero es que, aunque milagrosamente se alineara la voluntad de los Veintisiete para dotarse de los medios necesarios para responder a cualquier nivel de amenaza que pueda plantear Rusia o cualquier otro actor, es bien sabido que no existe una industria de defensa europea (lo que tenemos son sectores nacionales más o menos potentes en determinados nichos de mercado). Más aún, incluso con todos los vientos a favor, el conjunto de las empresas existentes tardará años en estar en condiciones de atender el grueso de las necesidades que puedan plantear los ejércitos.

Y todo eso, aplicado a Ucrania, significa que ni en el mejor de los escenarios imaginables es posible que la UE pueda sustituir militarmente a EE UU. Eso coloca a Volodímir Zelenski en una situación desesperada, dado que no tiene más remedio que aceptar los términos establecidos de común acuerdo entre Trump y Putin para llegar a un acuerdo desventajoso, acompañado de lo que solo cabe calificar como extorsión estadounidense para asegurarse buena parte de las riquezas mineras ucranias. Un panorama que deja a Ucrania vencida y a la Unión Europea en una grave situación de vulnerabilidad."

(Jesús A. Núñez Villaverde es codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH). El País, 09/03/25)

26.2.25

En Alemania ha ocurrido lo mismo que en muchas de las elecciones recientes, las formaciones que estaban en el gobierno caen y las que están fuera suben... han ganado los dos partidos de derechas: la CDU y AfD suman prácticamente el 50% de los votos... Sin embargo, un pacto con la AfD supondría romper la arquitectura ideológica desde la que la UE se ha construido, algo a lo que la CDU no se quiere arriesgar... El segundo plano, el económico, es crucial, porque es donde Europa se juega el futuro... Para que Alemania tuviera opciones reales de crecimiento, necesitaría apoyarse en la UE, y avanzar muy decididamente hacia la unión de los mercados de capital, la unión fiscal y el refuerzo del mercado interior, y hacia una política de inversión muy intensa, financiada a través de eurobonos, para desarrollar las capacidades europeas. Del mismo modo, tendría que ser más atrevida a la hora de defenderse de los aranceles de Washington y contestar imponiéndoselos a las empresas financieras y tecnológicas estadounidenses, así como aumentando los impuestos que pagan... pero la derecha conservadora alemana no solo se ha mostrado hostil con el impulso integrador en la UE, sino que ha adoptado posiciones que tienden hacia un nacionalismo más alejado de Europa... los programas de la derecha contemporánea han penetrado en el centro de Europa. Las amenazas para la UE no solo vienen de las derechas trumpistas (Esteban Hernández)

 "A veces conviene dar un paso atrás para tomar perspectiva, y las elecciones alemanas son uno de esos casos. La interpretación más extendida subraya que el motor de Europa se ha enfrentado con éxito a la amenaza trumpista, lo que ha generado un alivio importante en la Unión Europea. Pero, antes de llegar ahí, convendría constatar algo más modesto, porque en Alemania ha ocurrido lo mismo que en muchas de las elecciones recientes: los partidos que formaban la coalición del gobierno han perdido voto; algunos mucho, como los socialdemócratas, otros lo suficiente como para convertirse en irrelevantes, caso del FPD, el Ciudadanos alemán, y otros menos de lo que hubieran merecido, como los verdes. Por el lado contrario, han subido el partido mayoritario de la oposición, la CDU, y el partido más antisistema, la AfD, así como la izquierda de Die Linke. En resumen, las formaciones que estaban en el gobierno caen y las que están fuera suben. Es algo usual: los votantes no están satisfechos con la gestión de sus países y eligen nuevas opciones.

El segundo elemento objetivo es que han ganado los dos partidos de derechas: la CDU y AfD suman prácticamente el 50% de los votos. Ambos comparten muchas creencias, ya que son partidarios de los recortes en el gasto público y de las rebajas de impuestos, apuestan por eliminar prestaciones sociales y normativas regulatorias (y demás elementos típicos de las derechas neoliberales), y su perspectiva sobre la inmigración no está alejada. Les diferencian varios elementos, y el principal es la posición sobre Ucrania y sobre la Unión Europea, que es su gran ámbito de choque. Aquí llega el primer enredo para el próximo canciller, Friedrich Merz: con sus socios tradicionales, los de la gran coalición habitual, pueden darse acuerdos más sencillos en lo que se refiere a la UE, al papel de las instituciones y a la guerra de Ucrania; con la AfD sería más fácil acordar aspectos económicos, desde gasto público hasta impuestos, e incluso sobre la inmigración.

Sin embargo, un pacto con la AfD supondría romper la arquitectura ideológica desde la que la UE se ha construido, algo a lo que la CDU no se quiere arriesgar. Y menos ahora: AfD está estrechamente ligada a la derecha trumpista y Merz ha afirmado que se debe poner fin a la dependencia de Washington, después de décadas de estar íntimamente vinculado a la esfera de seguridad estadounidense. Según el próximo canciller, Alemania debe emprender su propio camino, como lo debe hacer la UE, frente a los EEUU de Trump.

Esta afirmación, de la que parte la idea de que, en Alemania, la democracia europea ha vencido a las tentaciones autoritarias de la derecha trumpista, debe ser matizada, cuando no radicalmente matizada.

El centro de la partida

La partida entre Washington y Bruselas se está jugando en varios niveles. Desde luego, el político es uno de ellos, con el crecimiento de las derechas populistas y las extremas en Europa, y con su intento de cambiar el eje en Bruselas. El deseo de Patriotas y ECR de llevar al Partido Popular Europeo hacia una coalición que rompa la tradicional unión de PPE con socialdemócratas y liberales es evidente. La afinidad de ambas formaciones con Washington es innegable.

Para que Alemania tenga opciones reales de crecimiento, necesitaría una UE más integrada. Nada hace pensar que apueste por ello

El segundo plano, el económico, es crucial, porque es donde Europa se juega el futuro. El momento alemán es especialmente difícil, por los cambios en los equilibrios geopolíticos, la creciente influencia china, la pérdida de la energía barata que provenía de Rusia y la declarada animadversión de Trump hacia la UE y hacia Berlín a causa de su déficit comercial. Los anunciados aranceles, que están por concretarse, supondrían un freno relevante a la economía europea, como son los intentos de la administración Trump de que la industria germana se reubique en EEUU. Para que Alemania tuviera opciones reales de crecimiento, necesitaría apoyarse en la UE, y avanzar muy decididamente hacia la unión de los mercados de capital, la unión fiscal y el refuerzo del mercado interior, y hacia una política de inversión muy intensa, financiada a través de eurobonos, para desarrollar las capacidades europeas. Del mismo modo, tendría que ser más atrevida a la hora de defenderse de los aranceles de Washington y contestar imponiéndoselos a las empresas financieras y tecnológicas estadounidenses, así como aumentando los impuestos que pagan, como sugirió Enrico Letta. Mario Draghi ha insistido repetidamente en que se tome esta vía integradora, pero sin apenas suerte.

Merz no se ha mostrado hasta ahora partidario de ninguna de estas medidas, por lo que es complicado que ahora dé pasos en esa dirección. Y si no lo hace y decide invertir únicamente en su propio país, estará poniendo las bases para que la UE se debilite de manera acelerada. Justo ese es el proyecto de Trump, paradójicamente.

La diferencia respecto de Ucrania

Merz, como otros líderes europeos, difiere sustancialmente de Trump en lo que se refiere a Rusia, pero se hace difícil ver cuál es el punto de divergencia en concreto. El presidente estadounidense quiere que los europeos gasten más en defensa y se hagan cargo de la seguridad del continente; los líderes europeos afirman que eso es justo lo que harán, aunque, añaden, con la intención de tomar distancia de EEUU. Sin embargo, asumir en solitario responsabilidades económicas y militares en la seguridad posbélica en Ucrania, que es lo que pide Trump, es una manera extraña de independizarse, especialmente si reforzar su defensa pasa por comprar armas a Washington.

Europa carece del poder que necesitaría para buscar una resolución distinta en Ucrania

Sin duda, la UE y muchos miembros de la OTAN prefieren que la guerra con Rusia siga hasta la derrota de Putin, mientras que Trump quiere parar la guerra ya, pero tampoco las divergencias parecen ir más allá de la declaración de intenciones. Mark Rutte, el secretario general de la OTAN, acaba de afirmar queseguir adelante sin Estados Unidos no es práctico en el corto plazo”. Y aunque los europeos quisieran, carecen hoy de las capacidades militares que podrían equilibrar el frente. Y así podría ser en el futuro: un informe del think tank Bruegel estima que “una disuasión europea creíble –por ejemplo, para impedir un rápido avance ruso en el Báltico– requeriría de una potencia de combate mayor que la que tienen actualmente las fuerzas terrestres francesas, alemanas, italianas y británicas juntas”. De manera que Europa carece del poder que necesitaría para buscar una resolución distinta en Ucrania.

Además, hay asuntos importantes en la agenda internacional en los que los principales países europeos y EEUU coinciden. En Oriente Medio, un foco muy relevante, que lo será aún más en los próximos tiempos, el apoyo alemán a Israel ha sido incondicional, como el de Francia, Italia o Reino Unido. Trump ha dado su respaldo a Netanyahu repetidamente.

El poder financiero

En tercer lugar, es muy difícil que Alemania se desvincule financieramente de EEUU, y no solo por el hecho de que el dólar sea la moneda de reserva, sino por la elevada interconexión entre su país (como en Francia, Reino Unido, Italia o España) y los circuitos financieros de Wall Street. No solo por el hecho de que gran parte del ahorro europeo está situado en esa esfera, sino porque los inversores estadounidenses tienen participación o son los dueños de buena parte de las firmas europeas. Merz fue uno de esos facilitadores que ayudaron a los acuerdos para que las empresas europeas, y particularmente las alemanas, fueran adquiridas por compañías estadounidenses. Incluso llegó a publicar en plena crisis financiera una alabanza del libre mercado, que tituló ‘Atrévete a ser más capitalista’.

Las elecciones se pueden leer de muchas maneras, pero no se puede obviar el peso que tienen las derechas y el declive de las izquierdas

Merz trabajó durante cuatro años para la empresa con más peso entre las cotizadas europeas, BlackRock, un auténtico gigante con grandes intereses en Alemania y en el continente. Fue, según asegura su biógrafo, la época más feliz de su vida. Y de ahí saltó a la política para enfrentarse en el seno del partido conservador a la corriente de Merkel, que consideraba demasiado blanda. Sería muy extraño que Friedrich Merz, con todos estos antecedentes, fuera el político que optase por una Alemania y una Unión Europea con mayor autonomía estratégica respecto de Washington.

 De manera que quizá convenga regresar al principio, y constatar que las elecciones en Alemania las ha ganado la derecha, y que por tanto esa va a ser la opción ideológica que va a gobernar. La derecha conservadora alemana no solo se ha mostrado hostil con el impulso integrador en la UE, sino que ha adoptado posiciones que tienden hacia un nacionalismo más alejado de Europa. Ahora cuenta, además, con una fuerza a su derecha a la que no quiere dar espacio, pero que es el segundo partido en Alemania, y que le está empujando a ser más atrevido en la agenda que ya tenía. El contrapeso en el gobierno a esa derecha, que deberá ser el SPD, ocupará un lugar menor en la coalición y tendrá una capacidad de influencia escasa. En definitiva, las elecciones alemanas se pueden leer de muchas maneras, pero lo que no se puede obviar es hasta qué punto los programas de la derecha contemporánea han penetrado en el centro de Europa. Las amenazas para la UE no solo vienen de las derechas trumpistas."                 (Esteban Hernández , El Confidencial, 25/02/25)