"León XIV: conciliación; Argüello: “¡Banda de ladrones!”
"Cuando el Estado se olvida de la ética se convierte en una banda de ladrones”. Palabras de Luis Argüello,
arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal
Española, un mes después de la visita del Papa a España. El paréntesis
apaciguador de aquella visita se ha cerrado. Vuelve el Ruedo Ibérico y
el presidente del episcopado se une al combate. Le gusta el Ruedo
Ibérico a Argüello, uno de cuyos objetivos pastorales es poder reabrir
en Roma la causa para la beatificación de la reina Isabel de Castilla.
León XIV
viajó a España durante toda una semana (Madrid, Barcelona y Canarias),
del 6 al 12 de junio, se cumple ahora un mes, con el manifiesto
propósito de atemperar los ánimos y pedir un poco más de concordia en el
país con la monarquía católica más antigua de Europa. León XIV pidió
serenidad y entendimiento a los españoles y fue aplaudido durante siete
minutos en el Congreso de los Diputados por casi todos los grupos.
Cuatro semanas después de aquel significativo acontecimiento, el
presidente del episcopado local echa leña a la caldera digital con unas
declaraciones que todo el mundo ha leído como una invectiva contra el
Gobierno: “¡Banda de ladrones!”
La reacción del Ejecutivo ha sido fulminante. El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños,
una de cuyas funciones es la relación institucional con la Iglesia
católica, ha remitido una carta a Argüello preguntándole al presidente
del episcopado que le parecería si el Gobierno se refiriese a la Iglesia
católica como una “banda de agresores sexuales”. Fogonazo político en
un verano tórrido que se está cobrando vidas en incendios infernales,
mientras el país disfruta con el Mundial de Fútbol. Hemos regresado,
sí, al Ruedo Ibérico, con el termostato averiado. El incendio de
Almería es mal presagio.
Ante la fuerte
reverberación de sus palabras en un coloquio en la sede de la Fundación
Pablo VI de Madrid, el arzobispo Argüello ha precisado que se refería al
Estado en su conjunto. Y ha añadido con ironía: “Cada uno verá por qué
se siente aludido, porque yo no he hablado del Gobierno”. El presidente
de la conferencia episcopal ha añadido que se limitó a citar una frase
de san Agustín, extraída del libro La ciudad de Dios.
Cada
vez más gente cita a san Agustín en el interior de la Iglesia católica.
Hay una curiosa fiebre agustiniana. El vicepresidente de Estados
Unidos, por ejemplo, no dudó en acudir a san Agustín para criticar al
papa Francisco a propósito de la inmigración. Dijo que el orden
natural del amor católico empieza con los más cercanos, formando un
orden concéntrico, en el que los “extraños” se hallan en el último
círculo. JD Vance, que estudió a san Agustín en su periodo de
conversión al catolicismo, quiso dar clases de teología al obispo de
Roma. El cardenal Robert Francis Prevost, entonces prefecto del
Dicasterio de los Obispos, que alguna cosa sabe de san Agustín, le
corrigió: “JD Vance se equivoca”, escribió en las redes sociales.
Febrero del 2025.
Muchos
citan hoy a san Agustín para situarse bajo la capa de León XIV. Como es
bien sabido, el sucesor de Francisco es fraile agustino y ejerció
durante doce años como Prior General de la orden de san Agustín. Citar
al santo que escribió sobre la Ciudad de Dios se está convirtiendo en
una suerte de salvonducto. Los argumentos que incluyen una cita de san Agustín parecen timbrados por el Papa.
En el caso que nos ocupa no es así. Ni siquiera puede afirmarse que monseñor Argüello hay citado literalmente a Agustín de Hipona,
padre de la Iglesia, nacido en el siglo V en el norte de África, en una
localidad bereber que actualmente pertenece a Argelia, muy cercana a la
frontera con Túnez. San Agustín escribió lo siguiente. “Sin la
justicia, ¿que serían los reinos sino grandes bandas de ladrones?” El
sentido de sus palabras podría ser este: la práctica de la justicia
hace que un reino -un Estado, diríamos hoy- no sea un mero instrumento
depredador.
Monseñor Argüello ha evitado
cuidadosamente la palabra “justicia” en su cita agustiniana, puesto que
este horno no está para bollos en España. Si el presidente del
episcopado hubiese dicho: “Cuando la justicia no funciona bien en un
Estado, este se convierte en una banda de ladrones”, hoy tendría un
serio problema con el Consejo General del Poder Judicial y con buena
parte del sistema de poderes articulado en Madrid. Hábil en el manejo de
la retórica, Argüello ha adaptado san Agustín a la coyuntura política,
ha dicho lo que algunos oídos querían escuchar y ha encendido la
polarización que el Papa parecía querer rebajar hace un mes.
León
XIV vino a España a intentar apaciguar los ánimos. El presidente del
episcopado, por el contrario, está tomando posición en la refriega.
Recordemos las palabras del Papa nada más llegar a Madrid, durante su
discurso en el Palacio Real, el día 6 de junio: “La Iglesia hoy está
dispuesta a ponerse al servicio del futuro de un pueblo que busca la
reconciliación y la paz. Invito a todos, por amor a la verdad, a
abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad
social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a
la apreciación fecunda de la complejidad”.
“Apreciación
fecunda de la complejidad”. Es impresionante esa afirmación de León
XIV. Nadie, o casi nadie, utiliza hoy ese tipo de lenguaje en la arena
pública. Es una expresión conmovedora, en la medida que contradice la
furia de los tiempos. Las palabras de Luis Argüello, con una creativa
adaptación de san Agustin a la coyuntura, difícilmente pueden ser
consideradas como una apreciación fecunda de la complejidad, más bien
han sido demostración de un hábil sentido de la oportunidad. Y la
reacción del Gobierno ha sido exagerada. Hay nervios en el Gobierno.
El
presidente del episocopado ha querido cerrar el paréntesis abierto por
la visita del papa a España, para ubicarse en las coordenadas del
combate político, forzosamente a título personal, puesto que no ha
hablado en nombre de todos los obispos.
Argüello,
que no tiene en estos momentos el rango de cardenal, ha querido señalar
que la Pax Romana ha finalizado en España. El combate político se
acentúa y él se ubica en el mismo. En diciembre del año pasado, Luis Argüello ya sorprendió a muchos pidiendo la convocatoria inmediata de elecciones en una entrevista con La Vanguardia.
Estuve presente en aquella entrevista, le hice varias preguntas, y me
sorprendió su instinto político; le gusta la política, piensa en
términos políticos.
“Mación de censura, moción
de confianza o elecciones”, nos dijo en aquella entrevista. Me
sorprendió también la soltura con la que proponía una reforma de la
Constitución para revisar la actual ordenación territorial española.
Al
arzobispo Argüello no le gusta el término ‘nacionalidades’ incluido en
el artículo 2 de la Constitución, cree que debería haber una
clarificación al respecto, y también cree necesario reformar la Carta
Magna para dejar claro la preminencia de la lengua castellana en todo el
territorio español. Argüello tiene un programa y nos lo explicó en
diciembre del 2025. Acabada la visita del Papa a España, apagados los
ecos de la misma, el presidente del episcopado ha estimado oportuno
tomar posición, acercándose al lenguaje del Partido Popular y Vox,
partidos que pueden formar bloque de Gobierno dentro de unos meses. Todo
está bastante claro, con el permiso de san Agustín.
La
Iglesia católica es un organismo muy complejo, con muchas opiniones y
miradas en su interior, que deben obediencia al Papa en las cuestiones
doctrinales, pero que a la vez pueden expresar posiciones muy diversas
sobre la realidad social y política. La Iglesia católica es muy
jerárquica y a la vez muy flexible. Dos mil años de historia nos
contemplan. Las palabras del presidente del episcopado llegan en un
momento en el que Roma debe decidir el relevo del arzobispo de
Barcelona, cardenal Juan José Omella, que ya ha superado con
creces el periodo de jubilación. En las actuales circunstancia, el
nombre del nuevo arzobispo de Barcelona cobra una singular importancia.
¿Monseñor Argüello ha querido enviar un mensaje cifrado a Roma, o más
bien ha calibrado mal el alcance de sus palabras?"
(Enric Juliana , La Vanguardia, 11/07/26)
"El presidente de los obispos achaca a la falta de ética
que el Estado se convierta en “una banda de ladrones”: “A los hechos me
remito”.
El tema de conversación era el “colapso de la democracia”.
La primera de las palabras ha asegurado que lo “asusta” el presidente de
la Conferencia Episcopal Española y arzobispo de Valladolid, Luis
Argüello, que este jueves ha advertido en una ponencia que “cuando un
Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones”
parafraseando a Agustín de Hipona. “A los hechos me remito”, ha
insistido el prelado en su charla en la Fundación Pablo VI de Madrid,
una reflexión sobre cómo regenerar la democracia en la que ha pedido que
quienes participan en los sistemas democráticos pongan sobre la mesa su
forma de “acoger, aceptar, proponer una referencia ética”. Los
católicos españoles, entre ellos.
La intervención de
Argüello ha derivado en encontronazo con el Gobierno. El ministro de
Presidencia, Félix Bolaños, le ha replicado por carta este mismo jueves
mostrando su “sorpresa” y aludiendo directamente a la expresión “banda
de ladrones”. “Para mostrarle que su razonamiento no es solo injusto,
sino profundamente contraproducente para la institución que usted
preside, permítame hacerle una pregunta”, adelanta el ministro. “¿Qué le
parecería si un miembro del Gobierno calificase a la Iglesia entera
como ‘banda de agresores sexuales, a las pruebas me remito’?
Evidentemente sería falso y profundamente injusto”, le dice. Bolaños ha
instado al prelado a que las relaciones de la Conferencia Episcopal con
el Gobierno estén “marcadas por la moderación, el respeto y la justicia
en lugar de por la exageración y el partidismo en favor de las fuerzas
de la derecha y la ultraderecha”, y le ha recordado unas palabras que
atribuye a León XIV en su reciente viaje apostólico a España: “Quienes
ejercen una responsabilidad pública tienen una especial obligación de
custodiar la palabra para desarmar el lenguaje”.
En
la misma charla en la que ha rescatado a San Agustín (“Si de los
Gobiernos quitamos la justicia, ¿en qué se convierten sino en bandas de
ladrones a gran escala? Y estas bandas, ¿qué son sino reinos en
pequeño?“, afirma el filósofo en La ciudad de Dios), Argüello ha
recalcado que esa exigencia ética a los dirigentes políticos tiene que
partir del buen ejemplo de los ciudadanos. “Si hemos hecho trampas en el
solitario a la hora de hacer la declaración de la renta, porque
pensamos que ese es el pan de nuestros hijos, o si pedimos un contrato o
mejor una factura en negro, ¡ojo!, porque las referencias éticas son
para todos. Porque si no hay un pueblo, un demos, con referencia
ética, ¿cómo vas a exigirlo a alguien que sea tu representante?“, se ha
preguntado en la clausura de la Escuela de Verano organizada por la
Conferencia Episcopal Española, la Universidad Pontificia de Salamanca y
la Fundación Pablo VI.
Pero el obispo de Valladolid ha
cargado también contra algunas leyes aprobadas por Gobiernos
progresistas en los últimos años, que él enmarca en un plan para
“deconstruir”. “Basta leer las exposiciones de motivos de las leyes
aprobadas en España en los últimos diez años, referidas a las cuestiones
de sexo y género, para ver cómo hay un proyecto de deconstrucción
antropológica”. Y ahí ha atacado la legislación pro-LGTBI y hasta al
Orgullo, porque ese proyecto deconstructor, ha dicho, es de “autonomía
para decidir yo mi propio género, despreciando a Dios y cuerpo, como
expresión máxima orgullosa —género del orgullo, orgullosa, porque es el
pecado de Satanás el orgullo—, para decir: ‘Yo puedo hacer lo que quiera
y el cuerpo no es más que un instrumento”.
Argüello ve
en esa legislación una falta de “neutralidad”. Es más, detecta incluso
una falta de “aconfesionalidad” del Estado. “Nuestras leyes están
consolidando en cuestiones que tienen que ver con lo que antes se
llamaba disforia de género y hoy se llama territorio del orgullo
LGTBIQ+”, ha criticado. “Se prohíben las terapias de conversión y al
mismo tiempo que se consolidan las terapias afirmativas”, un concepto
este último que parece salir de su cosecha. “En cuestiones que son
límites, de la vida y la muerte, cuestiones del aborto, eutanasia,
tampoco hay vacío antropológico ni neutralidad del Estado, sino
afirmaciones de cuándo empieza la vida, de cuándo termina, de qué
criterios morales seguir”, ha señalado en el marco de un curso en el que
también ha participado el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.
“Lo
peor que podría ocurrir es que, hablando de la democracia y de su
crisis, pensáramos, esto no va con nosotros”, ha apelado el obispo, que no es novato en enfrascarse en polémicas.
Al estallar los casos de pederastia en la Iglesia, aseguró primero que
solo eran “pequeños casos” y que España era una excepción en el mundo
católico.
El
jefe de los obispos españoles también ha criticado que “las democracias
liberales” se hayan “convertido en democracias asistencialistas” en las
que se da “una paguita” porque les “interesan ciudadanos pasivos
comprados por las subvenciones” y ha subrayado que el Estado no debe
“convertirse en una Cáritas laica que da limosnas”. Sin dejar
casi ningún gran asunto de actualidad en el tintero, el obispo
vallisoletano también ha apelado a los inmigrantes, que “tienen deberes a
la hora de su integración porque, si no, aprenden rápido el camino de
los derechos”.
No han faltado alusiones a la bajada de la
natalidad, habituales en un preboste de la Iglesia. Pero con una
llamativa coincidencia que Argüello ha visto entre el capitalismo y la
izquierda europea a cuenta de la disminuciónen el número de hijos. “El
capitalismo mundial tiene una estrategia, llevada a cabo
fundamentalmente por sus grandes fundaciones, que surgen desde
laboratorios fundamentalmente estadounidenses, y que luego han tenido en
la izquierda europea a sus cómplices, sus sicarios, en el cumplimiento
de este proyecto de disminuir los comensales a la mesa”."
(José Manuel Abad Liñán , El País, 09/07/26)