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13.1.23

Nouriel Roubini: Más guerra es más inflación... El mundo atraviesa una especie de «depresión geopolítica»... Hay un auge de guerras frías y calientes... Estados Unidos, Europa y la OTAN se están rearmando, como casi todos en Medio Oriente y Asia, incluido Japón... la guerra global contra el cambio climático también será onerosa para los sectores público y privado... También estamos librando una costosa guerra contra pandemias futuras... se intensificará la guerra contra los efectos disruptivos de la «globótica»: la combinación de globalización y automatización (incluidas la inteligencia artificial y la robótica) que plantea una amenaza creciente a todo tipo de ocupaciones de alto y bajo nivel de calificación... también tenemos que librar una guerra urgente (y relacionada) contra la creciente desigualdad de ingresos y riqueza. Si no lo hacemos, el malestar que aflige a los jóvenes y a muchas familias de clase media y trabajadora seguirá impulsando un rechazo a la democracia liberal y al capitalismo de libre mercado... Librar estas cinco «guerras» será costoso, y habrá factores económicos y políticos que limitarán la capacidad de los gobiernos para financiarlas con más impuestos... Crecerá aun más el déficit presupuestario estructural, con posibilidad de llegar a ratios de deuda insostenibles que aumentarán los costos de endeudamiento y culminarán en crisis de deuda, con obvios efectos adversos sobre el crecimiento económico... se pueden implementar medidas drásticas, como la represión financiera, impuestos al capital o incluso la cesación de pagos (en el caso de países que se endeudan en moneda extranjera)... La Gran Moderación está muerta y enterrada; la Gran Crisis de Deuda Estanflacionaria ya está aquí

 "En 2022 hubo un marcado aumento de la inflación tanto en las economías avanzadas como en los mercados emergentes. Las tendencias estructurales hacen pensar que será un problema secular y no transitorio. En concreto, muchos países están trabados en «guerras» (algunas reales, otras metafóricas), que producirán expansión del déficit fiscal, más monetización de deudas y más inflación en el futuro.

El mundo atraviesa una especie de «depresión geopolítica», coronada por la creciente rivalidad entre Occidente y varias potencias revisionistas alineadas (o aliadas) como China, Rusia, Irán, Corea del Norte y Pakistán. Hay un auge de guerras frías y calientes. La brutal invasión rusa de Ucrania todavía puede expandirse con inclusión de la OTAN. Israel (y por tanto, Estados Unidos) se encuentra en rumbo de colisión con Irán, que está muy cerca de obtener armas nucleares. Medio Oriente en su conjunto es un polvorín. En tanto, Estados Unidos y China están enfrentados por dos cuestiones: el dominio de Asia y la posibilidad de una reunificación forzosa de Taiwán con el territorio continental.

Es así que Estados Unidos, Europa y la OTAN se están rearmando, como casi todos en Medio Oriente y Asia, incluido Japón, que ha iniciado su mayor acumulación de fuerza militar en décadas. Es casi seguro que habrá más gasto en armas convencionales y no convencionales (incluidas las nucleares, cibernéticas, biológicas y químicas) y esos desembolsos pesarán sobre el erario.

En tanto, la guerra global contra el cambio climático también será onerosa para los sectores público y privado. Las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático pueden costar billones de dólares al año durante décadas, y sería ingenuo pensar que todas estas inversiones serán un estímulo al crecimiento. Es verdad que después de una guerra real, con destrucción de buena parte del capital físico de un país, una oleada de inversiones puede producir una expansión económica; pero aun así, el país en cuestión será más pobre por haber perdido una gran proporción de su riqueza. Lo mismo vale para las inversiones relacionadas con el clima: una proporción significativa del stock de capital actual se tendrá que reemplazar por haberse vuelto obsoleto o haber quedado destruido por fenómenos climáticos.

También estamos librando una costosa guerra contra pandemias futuras. Por una variedad de razones (que en algunos casos se relacionan con el cambio climático), los brotes de enfermedades con potencial pandémico se volverán más frecuentes. Sea que los países inviertan en medidas de prevención o enfrenten las futuras crisis sanitarias una vez producidas, experimentarán un aumento permanente del gasto, y ese gasto adicional se sumará a la creciente carga asociada con el envejecimiento poblacional y el mantenimiento de sistemas sanitarios y jubilatorios pagados con ingresos corrientes. Se calcula que en la mayoría de las economías avanzadas, esta carga de deuda no financiada implícita ya es comparable con la deuda pública explícita.

Además, se intensificará la guerra contra los efectos disruptivos de la «globótica»: la combinación de globalización y automatización (incluidas la inteligencia artificial y la robótica) que plantea una amenaza creciente a todo tipo de ocupaciones de alto y bajo nivel de calificación. Los gobiernos estarán bajo presión de dar auxilio a los excluidos, sea mediante esquemas de ingreso básico, transferencias fiscales a gran escala o una enorme expansión de los servicios públicos.

Estos costos serán altos incluso si la automatización provoca un gran aumento del crecimiento económico. Por ejemplo, a un país como Estados Unidos, sostener un ingreso básico universal de apenas mil dólares al mes le costaría alrededor del 20% del PIB.

Por último, también tenemos que librar una guerra urgente (y relacionada) contra la creciente desigualdad de ingresos y riqueza. Si no lo hacemos, el malestar que aflige a los jóvenes y a muchas familias de clase media y trabajadora seguirá impulsando un rechazo a la democracia liberal y al capitalismo de libre mercado. Para evitar que regímenes populistas lleguen al poder y apliquen políticas económicas imprudentes e insostenibles, las democracias liberales tendrán que gastar una fortuna en reforzar sus redes de seguridad social (algo que muchas ya están haciendo).

Librar estas cinco «guerras» será costoso, y habrá factores económicos y políticos que limitarán la capacidad de los gobiernos para financiarlas con más impuestos. En la mayoría de las economías avanzadas (y sobre todo en Europa), la presión tributaria ya es alta, y los intentos de subir impuestos a las rentas altas y al capital (suponiendo que esas medidas puedan superar la barrera de los lobistas o conseguir apoyo de los partidos de centroderecha) chocarán contra prácticas de evasión, elusión y arbitraje fiscal.

De modo que estas guerras necesarias aumentarán el gasto público y las transferencias como proporción del PIB, sin un aumento comparable de los ingresos fiscales. Crecerá aun más el déficit presupuestario estructural, con posibilidad de llegar a ratios de deuda insostenibles que aumentarán los costos de endeudamiento y culminarán en crisis de deuda, con obvios efectos adversos sobre el crecimiento económico.

Para los países que se endeudan en moneda propia, la opción más sencilla será permitir una mayor inflación para reducir el valor real de la deuda nominal a tasa fija a largo plazo. Esta estrategia actúa como un gravamen al capital que perjudica a ahorristas y acreedores en beneficio de solicitantes de crédito y deudores; y se puede combinar con medidas complementarias drásticas, como la represión financiera, impuestos al capital o incluso la cesación de pagos (en el caso de países que se endeudan en moneda extranjera o emiten mayoritariamente deuda a corto plazo o indexada por inflación). Como el «impuesto inflacionario» es una forma subrepticia de tributación que no necesita aprobación de los poderes legislativo o ejecutivo, es la vía de menor resistencia por defecto cuando el déficit y la deuda se vuelven cada vez más insostenibles.

Me he centrado ante todo en los factores del lado de la demanda que causarán más gasto, déficit, monetización de deudas e inflación. Pero a mediano plazo, también puede haber numerosos shocks negativos de oferta agregada que se sumen a las presiones estanflacionarias actuales y aumenten el riesgo de recesión y crisis de deuda en cadena. La Gran Moderación está muerta y enterrada; la Gran Crisis de Deuda Estanflacionaria ya está aquí."                   ( Revista de prensa, 03/01/23; fuente: Project Syndicate)

4.5.20

Roubini: 10 tendencias, diez riesgos, que ya eran grandes antes de la COVID‑19, ahora amenazan con impulsar una tormenta perfecta capaz de hundir a toda la economía mundial en una década de desesperación... en algún momento de esta década habrá una «Mayor Depresión» en forma de L

"Después de la crisis financiera de 2007‑09, políticas desacertadas agravaron desequilibrios y riesgos muy extendidos en la economía global. 

 Así pues, en vez de encarar los problemas estructurales revelados por el derrumbe financiero y la posterior recesión, los gobiernos en general los patearon para adelante; esto creó grandes que hicieron inevitable el surgimiento de otra crisis.

 Y ahora que se produjo, los riesgos se agravan cada vez más. Por desgracia, incluso si el resultado de la «Mayor Recesión» de este año fuera una deslucida recuperación en forma de U, diez ominosas y peligrosas tendencias indican que en algún momento de esta década habrá una «» en forma de L.

 La primera tendencia tiene que ver con el déficit y sus riesgos derivados: la deuda y el default.  

La respuesta oficial a la crisis de la COVID‑19 implica un aumento enorme del déficit fiscal, del orden del 10% del PIB o más, en un momento en que los niveles de deuda pública en muchos países ya eran altos e incluso insostenibles.Para peor, la pérdida de ingresos de muchos hogares y empresas implica que los niveles de deuda del sector privado también se volverán insostenibles, lo que puede llevar a una catarata de impagos y quiebras. 

Sumado al aumento de los niveles de deuda pública, esto es garantía casi segura de una recuperación más anémica que la que siguió a la Gran Recesión de hace una década.

Un segundo factor es la bomba de tiempo demográfica en las economías avanzadas. 

La crisis de la COVID‑19 muestra que es necesario asignar mucho más gasto público a los sistemas sanitarios, y que la atención médica universal y otros bienes públicos relevantes son necesidades, no lujos. Sin embargo, por el envejecimiento poblacional de la mayoría de los países desarrollados, la financiación futura de esos desembolsos aumentará todavía más las deudas implícitas de los sistemas de salud y seguridad social, que ya están desfinanciados.

El tercer elemento es el riesgo creciente de deflación. 

Además de causar una recesión profunda, la crisis también está creando un inmenso excedente en los mercados de bienes (máquinas y capacidad productiva no utilizados) y mano de obra (desempleo a gran escala), además de impulsar un derrumbe de precios de materias primas como el petróleo y los metales industriales. Eso hace probable una deflación de deudas, lo que aumenta el riesgo de insolvencia.

 Un cuarto factor (relacionado) será la pérdida de valor de la moneda. 

Los intentos de los bancos centrales de combatir la deflación y anticiparse al riesgo de una suba de tipos de interés (como resultado de la inmensa acumulación de deudas) llevarán a políticas monetarias todavía más heterodoxas y extensivas. En lo inmediato, para evitar la depresión y la deflación, los gobiernos deberán apelar al . Pero con el tiempo, los resultantes de la desglobalización acelerada y del renovado proteccionismo harán casi inevitable la estanflación.

 Una quinta cuestión es la disrupción digital de la economía en general. 

Con millones de personas que perderán el empleo o trabajarán y ganarán menos, las disparidades de ingresos y riqueza de la economía del siglo XXI se profundizarán. Para protegerse de futuras perturbaciones en las cadenas de suministro, las empresas en las economías avanzadas repatriarán producción de regiones de bajo costo a mercados locales más costosos. 

Pero en vez de favorecer a los trabajadores locales, esta tendencia acelerará la automatización, lo que generará presiones bajistas sobre los salarios y dará más sustento al populismo, el nacionalismo y la xenofobia.

Esto nos lleva al sexto factor importante: la desglobalización. La pandemia está acelerando tendencias ya muy avanzadas hacia la balcanización y la fragmentación. 

El desacople entre Estados Unidos y China se acentuará, y la mayoría de los países responderán con políticas todavía más proteccionistas para blindar a empresas y trabajadores locales contra disrupciones internacionales. El mundo posterior a la pandemia se caracterizará por restricciones más estrictas al movimiento de bienes, servicios, capital, mano de obra, tecnología, datos e información. 

Ya está sucediendo en los sectores farmacéutico, de equipamiento médico y de los alimentos, donde en respuesta a la crisis los gobiernos han comenzado a imponer restricciones a las exportaciones y otras medidas proteccionistas.

La avanzada antidemocrática reforzará esta tendencia. 

Los líderes populistas suelen sacar provecho de la debilidad económica, el desempleo a gran escala y el aumento de la desigualdad.  En condiciones de mayor incertidumbre económica, habrá un fuerte impulso a echar la culpa de la crisis a los extranjeros. Los trabajadores industriales y grandes franjas de la clase media se volverán más permeables a la retórica populista, en particular en lo referido a restringir las migraciones y el comercio.

Esto nos trae a un octavo factor: el enfrentamiento geoestratégico entre Estados Unidos y China. 

Con el gobierno de Trump empeñado en culpar a China por la pandemia, el régimen del presidente chino Xi Jinping insistirá en afirmar que Estados Unidos conspira para impedir el ascenso pacífico de China. El sinoestadounidense en comercio, tecnología, inversiones, datos y acuerdos monetarios se intensificará.Para peor, esta ruptura diplomática creará condiciones para una nueva guerra fría entre Estados Unidos y sus rivales, no sólo China, sino también Rusia, Irán y Corea del Norte. 

Con la cercanía de una elección presidencial en Estados Unidos, sobran motivos para esperar un incremento de , que pueden llevar incluso a conflictos militares convencionales. 

Y como la tecnología es el arma clave en la lucha por el control de las industrias del futuro y en el combate a la pandemia, el sector privado estadounidense quedará cada vez más ligado al complejo industrial/de seguridad nacional.

Un último riesgo que no es posible pasar por alto es la disrupción medioambiental, que como muestra la crisis de la COVID‑19, puede causar mucho más daño económico que una crisis financiera. 

Las sucesivas epidemias (el VIH desde los ochenta, el SARS en 2003, el H1N1 en 2009, el MERS en 2011, el ébola en 2014‑16) son, como el cambio climático, desastres creados básicamente por la acción humana, derivados de malas condiciones sanitarias, el abuso de los sistemas naturales y la creciente interconectividad de un mundo globalizado. En los años venideros, las pandemias y los numerosos síntomas mórbidos del cambio climático se volverán más frecuentes, graves y costosos.

Estos diez riesgos, que ya eran grandes antes de la COVID‑19, ahora amenazan con impulsar una tormenta perfecta capaz de hundir a toda la economía mundial en una década de desesperación. 

Tal vez cuando lleguen los años treinta, la tecnología y un liderazgo político más competente puedan reducir, resolver o minimizar muchos de estos problemas y producir un orden internacional más inclusivo, cooperativo y estable. Pero el final feliz depende de hallar un modo de sobrevivir a la inminente Mayor Depresión."                  (

21.2.20

Roubini: Los cisnes blancos del 2020 potencialmente sísmicos. Cualquiera de ellos podría gatillar graves perturbaciones económicas, financieras, políticas y geopolíticas, no vistas desde la crisis de 2008

"(...) Más allá de los riesgos de políticas y económicos usuales de los que la mayoría de los analistas financieros se preocupan, este año hay visibles en el horizonte una serie de cisnes blancos potencialmente sísmicos. Cualquiera de ellos podría gatillar graves perturbaciones económicas, financieras, políticas y geopolíticas, no vistas desde la crisis de 2008.

Para comenzar, Estados Unidos está enzarzado en una rivalidad estratégica creciente con al menos cuatro potencias revisionistas implícitamente alineadas: China, Rusia, Irán y Corea del Norte. 

Todas ellas tienen interés en desafiar el orden mundial liderado por los estadounidenses, y el 2020 podría representar un año crucial para ello, debido a las elecciones presidenciales en EE.UU. y el potencial cambio subsiguiente de las políticas globales estadounidenses.  (...)

De manera similar, los cuatro revisionistas desean socavar el poder duro y blando de esta potencia en el exterior al desestabilizarla desde adentro mediante técnicas de guerra asimétrica. Si las elecciones estadounidenses terminan en rencores partidistas, caos, recuentos de votos en disputa y acusaciones de elecciones “arregladas”, tanto mejor para ellos. Si el sistema político estadounidense entrara en crisis, su poder en el exterior se debilitaría.Más todavía, a algunos países les interesa particularmente sacar a Trump del poder. 

La aguda amenaza que su gobierno representa para el régimen iraní da a este para escalar el conflicto en los próximos meses, incluso si eso significa una guerra abierta, apostando a que el alza subsiguiente en los precios del petróleo sería catastrófica para la bolsa de valores de EE.UU., gatillaría una recesión y acabaría con las perspectivas de reelección de Trump. 

Sí, la opinión general es que el de Qassem Suleimani ha disuadido a Irán, pero ese argumento malinterpreta los perversos incentivos del régimen. Sigue siendo probable una guerra entre Estados Unidos e Irán este año, y la calma actual es la que existe antes de la proverbial tempestad.  (...)

En cuento a las relaciones sino-estadounidenses, el reciente acuerdo de “fase uno” es un parche temporal. La bilateral actual en temas de tecnología, datos, inversiones, divisas y finanzas está escalando rápidamente. (...)

Aunque la guerra fría sino-estadounidense es, por definición, es un conflicto de baja intensidad, es probable una aguda escalada este año. Para algunos altos funcionarios chinos, no puede ser coincidencia que el país experimente al mismo tiempo un brote masivo de gripe porcina, una grave gripe aviar, una epidemia de coronavirus, disturbios políticos en Hong Kong, la reelección de un presidente pro-independentista en Taiwán y el aumento de las operaciones navales estadounidenses en los Mares del Este y Sur de China. 

Más allá de que China solo se tenga a sí misma como culpable de algunas de estas crisis, el ánimo en Beijing se está inclinando hacia las teorías conspirativas.Pero en este punto una agresión abierta no es realmente una opción, considerando la asimetría del poder convencional. La respuesta inmediata de China a los esfuerzos de contención estadounidenses probablemente se exprese en la forma de tácticas de ciberguerra. Hay varios objetivos evidentes.

 Los ciberpiratas chinos (y sus contrapartes rusos, norcoreanos e iraníes) podrían interferir en las elecciones estadounidenses inundando a los votantes con información errónea y noticias falsas. Puesto que el electorado estadounidense ya está tan polarizado, no es difícil imaginar que partisanos armados se tomen las calles para cuestionar los resultados, generando hechos graves de violencia y caos.  (...)

Para el año próximo, el conflicto entre ambas potencias podría haber escalado desde una guerra fría hasta una casi caliente. Un régimen y una economía chinas afectados seriamente por la crisis del COVID-19 y con disturbios masivos necesitará un chivo expiatorio externo, y es probable que dirija la vista hacia Taiwán, Hong Kong, Vietnam y las posiciones navales estadounidenses en los Mares del Este y el Sur de China; la confrontación podría llegar a accidentes militares en aumento. También podría adoptar la “opción nuclear” financiera de volcar sus reservas de bonos del Tesoro Estadounidense si se intensifica el conflicto. 

Puesto que los bonos estadounidenses constituyen una parte tan grande de las reservas en moneda extranjera de China (y, en menor medida, de las de Rusia), a los chinos les preocupa cada vez más que se puedan congelar mediante sanciones de EE.UU. (como las ya utilizadas contra Irán y Corea del Norte).Por supuesto, el dumping de los Bonos del Tesoro de EE.UU. impediría el crecimiento económico si se vendieran los activos en dólares y se convirtieran de vuelta a renminbi (que se apreciaría). 

Pero China podría diversificar sus reservas convirtiéndolas en otro recurso líquido menos vulnerable a las sanciones primarias o secundarias de Estados Unidos: el oro. De hecho, China y Rusia han estado acumulando reservas de oro (abierta y solapadamente), lo que explica el aumento de un 30% en los precios de este metal desde principios de 2019.

En un escenario de venta total, las ganancias de capital obtenidas con el oro compensarían cualquier pérdida sufrida por deshacerse de los Bonos del Tesoro de EE.UU., cuyas rentabilidades subirían a medida que sus precios de mercado y valor cayeran.  (...)

Por supuesto, Estados Unidos no se quedará quieto mientras recibe este ataque asimétrico. Ya ha estado aumentando la presión sobre estos países con sanciones y otras formas de hostilidades comerciales y financieras, para no mencionar sus propias y muy refinadas capacidades de ciberguerra. Este año seguirán intensificándose los ciberataques estadounidenses contra sus cuatro rivales, elevando el riesgo de que se produzca una primera ciberguerra mundial y un enorme desorden económico, financiero y político.

 Más allá del riesgo de que se produzcan serios conflictos geopolíticos en 2020, existen riesgos de medio plazo adicionales relacionados con el cambio climático, que podrían causar costosos desastres ambientales. 

El cambio climático no es solo un torpe gigante que causará caos económico y financiero en algunas décadas. Es una amenaza aquí y ahora, como lo testimonian la creciente frecuencia y gravedad de los fenómenos climáticos extremos.Además del cambio climático, hay evidencias de que están en ciernes movimientos sísmicos, que llevarán a rápidos movimientos globales en la polaridad magnética y la aceleración de las corrientes oceánicas

Cualquiera de ellos podría augurar un cisne negro ambiental, como podrían hacerlo “puntos de inflexión” climáticos tales como el derretimiento de las principales capas de hielo y nieve en la Antártida o Groenlandia en los años venideros. Ya sabemos que está en aumento la actividad volcánica submarina: ¿qué pasaría si esa tendencia se traduce en una rápida acidificación marina y la desaparición de los recursos pesqueros de los que dependen miles de millones de personas?

 La situación es esta a principios del 2020: Estados Unidos e Irán ya han tenido una confrontación militar que es probable que se intensifique pronto; China sufre una epidemia viral que podría convertirse en pandemia mundial; hay una constante ciberguerra; importantes tenedores de Bonos del Tesoro de EE.UU. buscan estrategias de diversificación; las primarias presidenciales del partido Demócrata están poniendo al descubierto rencillas en la oposición a Trump y ya siembran dudas sobre los procesos de recuento de los votos; las rivalidades entre EE.UU. y cuatro potencias revisionistas están en aumento, así como crecen los costes en el mundo real del cambio climático y otras tendencias medioambientales.

Esta lista no es para nada exhaustiva, pero apunta a lo que podría esperarse razonablemente en el 2020. Mientras tanto, los mercados financieros siguen negándose a ver los riesgos, complacientemente convencidos de que las principales economías y los mercados globales pueden esperar un año tranquilo, y hasta bueno."                (Nourel Roubini, Project Syndicate, 17/02/20)

22.11.19

Roubini: Por qué la nueva exuberancia de los mercados financieros es irracional... los riesgos fundamentales de la economía global subsisten. De hecho, en una perspectiva a mediano plazo, en realidad se están agravando...

"En mayo y agosto de este año, sendas escaladas en el conflicto comercial y tecnológico entre Estados Unidos y China sacudieron las bolsas y hundieron los rendimientos de los bonos a mínimos históricos. Pero ya pasó; después de eso, los mercados financieros han vuelto a la euforia. (...)

Los mercados se entusiasman con las posibilidades de “comercio de reflación”, en la esperanza de que la reciente desaceleración global ceda paso en 2020 a una aceleración del crecimiento y a una inflación más firme (un entorno favorable a las utilidades y a los activos de riesgo).

 Este repentino paso del rechazo a la aceptación del riesgo es reflejo de cuatro hechos positivos. 

En primer lugar, es probable que Estados Unidos y China alcancen un acuerdo en “fase uno” que evite al menos en forma temporal una futura escalada de su guerra comercial y tecnológica. 

 En segundo lugar, pese a la incertidumbre en torno de la elección del 12 de diciembre en el Reino Unido, el primer ministro Boris Johnson consiguió al menos un acuerdo tentativo con la Unión Europea para un “Brexit blando”, y las chances de que el RU se vaya del bloque por las malas se han reducido considerablemente.

En tercer lugar, Estados Unidos mostró contención ante las provocaciones iraníes en Medio Oriente; el presidente Donald Trump se dio cuenta de que responder con ataques quirúrgicos en Irán podía dar lugar a una guerra declarada y a una grave escalada de precios del petróleo. 

Y finalmente, la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco Central Europeo y otros bancos centrales importantes adoptaron una política monetaria más expansiva, en previsión de la posible aparición de vientos de frente geopolíticos. 

El hecho de que los bancos centrales acudan una vez más al rescate lleva a que incluso pequeños “brotes verdes” como la estabilización del sector fabril estadounidense y la resiliencia del crecimiento del consumo y los servicios se tomen como preanuncio de una nueva expansión global.

Pero hay muchos indicios que hablan de que no todo anda bien en la economía mundial. 

Para empezar, datos recientes de China, Alemania y Japón sugieren que la desaceleración continúa, aunque haya perdido algo de fuerza.

En segundo lugar, aunque Estados Unidos y China acuerden una tregua, es casi seguro que el actual desacople de las dos economías más grandes del mundo volverá a acelerarse después de la elección estadounidense en noviembre del año entrante. En el mediano a largo plazo, lo mejor que puede esperarse es que la nueva guerra fría en ciernes no se convierta en una “guerra caliente”.

En tercer lugar, si bien China mostró contención en su respuesta al levantamiento popular en Hong Kong, la situación en la ciudad está empeorando, de modo que es probable que haya una represión violenta en 2020. Entre otras cosas, una respuesta china militarizada puede frustrar cualquier acuerdo comercial con Estados Unidos y provocar un cimbronazo en los mercados financieros, además de favorecer a las fuerzas independentistas de Taiwán, algo inadmisible para Beijing.

 En cuarto lugar, aunque un “Brexit duro” esté fuera de cuestión, la situación en la eurozona está empeorando por motivos que no se relacionan con la inminente partida del RU. Alemania y otros países con espacio de maniobra fiscal siguen resistiéndose a los pedidos de políticas de estímulo. Para colmo, todo indica que la nueva presidenta del BCE, Christine Lagarde, no podrá ofrecer mucho más en materia de estímulo monetario, ya que un tercio del Consejo de Gobierno del BCE ya se opone a la ronda de estímulo actual.

Además de los desafíos derivados de una población que envejece, el debilitamiento de la demanda china y los costos del cumplimiento de nuevas normas ambientales, Europa también sigue siendo vulnerable a la muy repetida amenaza de Trump de imponer aranceles a las importaciones de autos alemanes y de otros países europeos. 

Y economías europeas importantes (en particular Alemania, España, Francia e Italia) experimentan conflictos políticos que pueden convertirse en problemas económicos.

En quinto lugar, ahora que las paralizantes sanciones estadounidenses impulsan disturbios callejeros en Irán, el régimen no verá otra opción que seguir fomentando la inestabilidad en la región circundante, a fin de aumentar los costos de la estrategia actual de Estados Unidos. Medio Oriente ya está en llamas. 

Protestas masivas han en Irak y en el Líbano, un país que en la práctica está quebrado y en riesgo de sufrir una crisis monetaria, de deuda soberana y bancaria. Con el vacío político que se abrió allí, es posible que la milicia con respaldo iraní Hezbollah decida atacar a Israel. 

En tanto, la incursión turca en Siria plantea numerosos riesgos nuevos, incluido el suministro de petróleo desde el Kurdistán iraquí. La guerra civil en Yemen no tiene fin a la vista. Y hoy Israel está sin gobierno. La región es un polvorín; un estallido puede provocar un shock petrolero e iniciar un nuevo episodio de huida del riesgo.

En sexto lugar, los bancos centrales están llegando al límite de lo que pueden hacer para sostener la economía, y una respuesta fiscal sigue limitada por la política y por el alto endeudamiento. Es verdad que en caso de nueva desaceleración las autoridades podrían apelar a políticas todavía menos convencionales (en concreto, una ), pero no lo harán hasta que la próxima crisis ya sea grave.

 En séptimo lugar, la reacción populista contra la globalización, el comercio internacional, las migraciones y la tecnología se está agravando en muchos lugares. Puede producirse una competencia proteccionista en la que más países apliquen políticas que restrinjan los movimientos de bienes, capital, mano de obra, tecnología y datos. 

Si bien las recientes protestas masivas en Bolivia, Chile, Ecuador, Egipto, España, Francia, Hong Kong, Indonesia, Irak, Irán y el Líbano obedecen a una variedad de causas, todos estos países experimentan dificultades económicas y un creciente resentimiento político en relación con la desigualdad y otras cuestiones.En octavo lugar, es posible que Estados Unidos bajo Trump se convierta en la mayor fuente de incertidumbre. 

Las políticas comerciales proteccionistas de Trump amenazan con destruir el orden internacional que Estados Unidos y sus aliados crearon después de la Segunda Guerra Mundial. Algunos en Europa (por ejemplo el presidente francés Emmanuel Macron) temen que la OTAN ya esté en coma, mientras Estados Unidos provoca en vez de apoyar a sus aliados asiáticos (por ejemplo Japón y Corea del Sur). 

Dentro de Estados Unidos, el proceso de juicio político llevará a un agravamiento de la sectarización y de la parálisis política, y algunos precandidatos presidenciales demócratas tienen plataformas que inquietan a los mercados financieros.

Finalmente, las tendencias a mediano plazo pueden causar todavía más daño económico y disrupción: el envejecimiento demográfico en las economías avanzadas y en los mercados emergentes reducirá inevitablemente el potencial de crecimiento, y las restricciones a las migraciones empeorarán el problema. 

El cambio climático ya está causando un costoso daño económico al aumentar la frecuencia, virulencia y destructividad de los fenómenos meteorológicos extremos. Y aunque a la larga la innovación tecnológica puede agrandar el tamaño del pastel económico, antes de eso la inteligencia artificial y la automatización generarán trastornos a los mercados laborales, las empresas e incluso a industrias enteras, lo que agravará niveles de desigualdad que ya son altos. 

Cuando sea que se produzca la próxima desaceleración grave, el alto y creciente endeudamiento público y privado resultará insostenible, y se generará una ola caótica de impagos y quiebras.La desconexión entre los mercados financieros y la economía real se está volviendo más pronunciada. 

Los inversores se entusiasman con la atenuación de algunos riesgos extremos a corto plazo y con el regreso de los bancos centrales a la expansión monetaria, pero los riesgos fundamentales a la economía global subsisten. De hecho, en una perspectiva a mediano plazo, en realidad se están agravando."                             (Nourel Roubini, Project Syndicate, 20/11/19)

27.11.12

Nouriel Roubini advierte que lo peor está por venir

"Comenzando por los países avanzados, la recesión de la zona del euro se ha propagado desde la periferia hasta el centro, al entrar en recesión Francia y afrontar Alemania una doble mala racha de crecimiento desacelerado en un importante mercado de exportación (China/Asia) y una clara contracción en otros (Europa meridional). (...)

Entretanto, las economías con mercados en ascenso –incluidas todas las de los BRIC (el Brasil, Rusia, la India y China) y otros participantes importantes como la Argentina, Turquía y Sudáfrica– también se desaceleraron en 2012. (...)

En 2013, los riesgos para el crecimiento mundial resultarán exacerbados por la propagación de la austeridad fiscal a la mayoría de las economías avanzadas. Hasta ahora, el lastre fiscal recesivo se ha concentrado en la periferia de la zona del euro y el Reino Unido, pero ahora está invadiendo el centro de la zona del euro. 

Y en los EE.UU., aun cuando el Presidente Barack Obama y los republicanos del Congreso acuerden un plan presupuestario que evite el “precipicio fiscal” que se cierne, los recortes de gasto y aumentos de impuestos provocarán invariablemente algún lastre en el crecimiento en 2013: al menos el uno por ciento del PIB. 

En el Japón, el estímulo fiscal representado por la reconstrucción posterior al terremoto desaparecerá progresivamente, mientras que de aquí a 2014 se introducirá gradualmente un nuevo impuesto al consumo.

Así, pues, el Fondo Monetario Internacional está absolutamente en lo cierto al sostener que una austeridad fiscal excesivamente concentrada en el comienzo y sincronizada en la mayoría de las economías avanzadas ofrecerá unas perspectivas de crecimiento poco brillantes en 2013. (...)

Pero ahora parece estar en marcha una corrección de los mercados mundiales, debida, en primerísimo lugar, a las poco optimistas perspectivas de crecimiento. Al mismo tiempo, la crisis de la zona del euro sigue sin resolverse, pese a las audaces medidas adoptadas por el BCE y a que se habla de una unión bancaria, fiscal, económica y política. 

Concretamente, Grecia, Portugal, España e Italia siguen en riesgo, mientras que el centro de la zona del euro está hartándose de los rescates. Además, abundan las incertidumbres políticas y normativas en los frentes fiscal, tributario, regulador y de la deuda.(...)

 De hecho, ahora hay también mayores incertidumbres geopolíticas: sigue habiendo un gran riesgo de enfrentamiento militar entre el Irán e Israel, pues las negociaciones y las sanciones podrían no disuadir al Irán de desarrollar su capacidad en materia de armas nucleares; una nueva guerra entre Israel y Hamás en Gaza es probable; la primavera árabe está volviéndose un invierno sombrío de inestabilidad económica, social y política; y las disputas territoriales en Asia entre China, Corea, el Japón, Taiwán, las Filipinas y Vietnam están enardeciendo a las fuerzas nacionalistas. 

Al volverse los consumidores, las empresas y los inversores más cautos y reacios al riesgo, la recuperación de los mercados de acciones en la segunda mitad de 20012 ha llegado al máximo y, en vista de la gravedad de los riesgos para el crecimiento tanto en las economías en ascenso como en las avanzadas, la corrección podría ser la punta de lanza de males peores por venir para la economía mundial y los mercados financieros en 2013."        (Nouriel Roubini, Project Syndicate, Jaque al neoliberalismo, 24/11/2012)

15.9.11

"No puedes perseverar en el desplazamiento de ingresos del trabajo al capital sin tener un exceso de capacidad y una falta de demanda agregada. Y eso es lo que ha ocurrido"... Ya lo deciá Marx

"Wall Street Journal: Usted pintó una imagen sombría del crecimiento económicobajo par en curso, con creciente riesgo de otra recesión a la vuelta de la esquina. Eso suena terrible. 

¿Qué puede hacer el gobierno y qué pueden hacer las empresas para volver a encarrilar la economía, o se trata simplemenete de sentarse y esperar la tormenta?

Roubini: Las empresas no están haciendo nada. No están sirviendo de ayuda. Todo este riesgo no hace sino ponerlas más nerviosas. Tiene su lado bueno esperar. Dicen que están haciendo recortes porque hay exceso de capacidad y que no contratan a trabajadores porque no hay suficiente demanda final, pero hay una paradoja aquí. 

Si no estás contratando trabajadores, no habrá suficientes ingresos salariales, suficiente confianza en los consumidores, suficiente consumo, no habrá suficiente demanda final.

En los últimos dos o tres años hemos experimentado un genuino empeoramiento porque hemos asistido a una radical redistribución del ingreso desde el trabajo hacia el capital, desde los salarios hacia los beneficios, y la desigualdad de ingresos ha crecido y la propensión marginal al gasto de un hogar es mayor que la propensión marginal de una empresa, porque, si comparamos empresas con hogares, éstos últimos tienen más propensión al ahorro. 

De modo que la redistribución del ingreso y de la riqueza empeora el problema de la inadecuada demanda agregada.

Karl Marx llevaba razón. Llegado a cierto punto, el capitalismo puede destruirse a sí mismo. 

No puedes perseverar en el desplazamiento de ingresos del trabajo al capital sin tener un exceso de capacidad y una falta de demanda agregada. Y eso es lo que ha ocurrido. Pensábamos que los mercados funcionaban. Pues no están funcionando. 

El individuo puede ser racional. La empresas, para sobrevivir y salir adelante, puede abaratar más y más los costes del trabajo, pero los costes del trabajo son los ingresos y el consumo de algún otro. Por eso es un proceso autodestructivo."                (Sin Permiso, 11/09/2011, '“Al final, Marx tenía razón: el capitalismo es autodestructivo”. Entrevista Nouriel Roubini)  

26.1.11

Hay que hacer una 'una reestructuración ordenada de las deudas de la eurozona'

"El año pasado, Roubini usó esa primera aparición para poner a España en el disparadero: "Si cae Grecia es un problema, si cae España es un desastre". Davos 2011 empieza poco más o menos igual: "España es demasiado grande para caer, demasiado grande para ser rescatada", ha asegurado el gurú que saltó al estrellato al vaticinar la crisis de las subprime para abrir boca en su particular remake de El día de la marmota.

Roubini aboga por establecer mecanismos para poner en marcha "una reesteructuración ordenada de las deudas de la eurozona". Cree que Europa, a pesar de todos los esfuerzos, sigue necesitando "una respuesta política fuerte". Y teme el contagio de Grecia, Irlanda y Portugal "hacia España y Bélgica".

Desde sus declaraciones de 2010 España ha aplicado un draconiano plan de austeridad, un impulso reformista sin precedentes, un recorte del déficit notable. Pero para Roubini la vida sigue igual: "Hay muchas cosas que pueden ir mal". (El País, 26/01/2011)

4.11.10

"Al paso que vamos la próxima crisis financiera será aún peor"

"(Nouriel Roubini) ¿Cómo se detiene un huracán? Roubini da una receta general: más regulación. "La banca es la semilla del problema, el ojo del huracán, y todo lo que se haga por darle una vuelta de tuerca a la regulación llegará ya demasiado tarde y será demasiado poco; y aun así hay que reconstruir los diques financieros para hacer frente a futuras crisis.

Al paso que vamos la siguiente crisis financiera será aún peor que esta".

El caso es que Roubini sigue viendo el horizonte sombrío. La crisis va por barrios: "Estados Unidos está algo mejor que Europa; y la periferia de Europa peor que el centro. Y aún dentro de Europa, Grecia y algunos países del Este están peor que Irlanda y Portugal, y esos dos países tienen más problemas que España", dispara.

Sus prescripciones son distintas en unos y otros casos. "Estados Unidos tiene margen para un segundo estímulo como el que propone Obama. Y su banco central está haciendo los deberes. Pero a la larga no podrá mantener su déficit fiscal: los riesgos se acumulan, y las presiones sobre el dólar dejan una especie de equilibrio del terror financiero.

Estados Unidos devalúa su moneda con la política monetaria [la expansión cuantitativa: la máquina de imprimir dinero que supone la compra de deuda] y los países emergentes, empezando por China, siguen comprando bonos estadounidenses e impiden así que el dólar baje más. (...)

Para Estados Unidos, Roubini ve riesgos: de recaída si no se estimula la economía, de crisis del dólar -a la larga- si no se solucionan sus abultados déficits. Para Europa, ve más dificultades. Una década perdida a la japonesa o incluso algo peor: una espiral parecida a la que sufrió Argentina en 2001.

"A pesar del plan de rescate anunciado, a pesar de las ayudas a Grecia y a pesar de las pruebas de esfuerzo a la banca, la deuda de los países periféricos sigue presentando problemas.

Y el crecimiento en Europa, especialmente en los PIGS [acrónimo de Portugal, Italia, Grecia y España], va a ser muy bajo e incluso negativo. El panorama asusta", dice. "Con esas deudas tan altas y con los planes de austeridad, la deflación es un riesgo serio.

Y en esa tesitura, países como Grecia van a tener que reestructurar su deuda, y eso generará una nueva crisis fiscal: ya no es una cuestión de si va a ocurrir, sino solo de cuándo". (...)

Llegan las bofetadas. Roubini considera que tanto el Banco Central Europeo como Alemania están usando políticas equivocadas, por decirlo de forma suave. "La tozudez del BCE, que se empeña en ver fantasmas de inflación, es un desastre para Europa y en particular para los países periféricos. El euro se ha ido por las nubes por la negativa del BCE a dar pasos en la compra de bonos parecidos a los de la Reserva Federal.

Como siga en esa línea y el euro llegue a 1,60 por dólar habrá desaparecido cualquier posibilidad de recuperación, y probablemente veamos que junto a Grecia algún otro país tenga que pedir rescate. Irlanda y Portugal son los peor situados. España ha conseguido desmarcarse y está algo mejor, aunque está metida en otros líos".

Roubini nunca ha sido optimista con España. Al inicio de la crisis fiscal griega fue muy duro: "Si cae Grecia es un problema para la UE; si cae España es el desastre". Ahora rebaja la dosis: "España está mucho mejor que Grecia, y mejor que Irlanda o Portugal.

Pero tiene una deuda privada enorme, un paro muy elevado que no va a bajar a medio plazo y un pinchazo inmobiliario en el que los precios aún tienen que caer más.

Las pruebas de esfuerzo de la banca fueron muy positivas y la competitividad está mejorando, pero créame si le digo que los ajustes han sido duros pero probablemente tengan que ser aún más severos. Sobre todo si Alemania -con esa manía de la austeridad fiscal- y el BCE -incapaz de ser menos rígido- persisten en sus graves errores".

En fin, Roubini en estado puro: "El principal riesgo es la recaída en la recesión o un largo estancamiento, combinado con la deflación: con niveles de endeudamiento público y privado tan altos, eso supondrá suspensiones de pagos en familias, empresas, bancos y, finalmente, Gobiernos". (NOURIEL ROUBINI:"Al paso que vamos la próxima crisis financiera será aún peor". El País, Negocios, 31/10/2010, p. 4/5)

21.9.10

¿Una segunda recesión?

"La aceleración del crecimiento que conoce en la actualidad la zona euro no es más que temporal. Los principales problemas aún están lejos de ser resueltos, previene el "Doctor Catástrofe" Nouriel Roubini.

Después de un verano en que los europeos han olvidado sus desdichas bronceándose en la playa, ha llegado el momento de comprobar cuál es la situación real, pues los problemas fundamentales de la zona del euro siguen sin resolver. En primer lugar, un plan de rescate de un billón de dólares impidió en mayo una quiebra inmediata de Grecia y una desintegración de la zona del euro, pero ahora las diferencias de deuda soberana en los países periféricos de la zona del euro han vuelto a los niveles vistos en el punto máximo de la crisis en mayo.

En segundo lugar, con una serie de “pruebas de resistencia” financiera amañadas se intentó convencer a los mercados de que los bancos europeos sólo necesitaban 3.500 millones de euros en nuevo capital, pero ahora ya sólo el Anglo-Irish puede tener un agujero de capital de nada menos que 70.000 millones de euros, lo que inspira poderosas dudas sobre la verdadera solvencia de otros bancos irlandeses, españoles, griegos y alemanes.

Por último, una aceleración temporal del crecimiento en la zona del euro en el segundo trimestre impulsó los mercados financieros y el euro, pero ahora está claro que se trató de una mejoría transitoria. El PIB de todos los países periféricos de la zona del euro sigue contrayéndose (España, Irlanda y Grecia) o creciendo apenas (Italia y Portugal).

Incluso el éxito temporal de Alemania está cargado de reservas. Durante la crisis financiera del período 2008-2009, el PIB se redujo mucho más en Alemania –por su dependencia de un comercio mundial que se desplomaba– que en los Estados Unidos. Un rebote transitorio de semejante caída pronunciada no es de extrañar y la producción alemana sigue siendo inferior a los niveles de antes de la crisis.

Además, todos los factores que en la segunda mitad de 2010 y en 2011 provocarán una desaceleración del crecimiento de la mayoría de las economías avanzadas siguen activos en Alemania y en el resto de la zona del euro. El estímulo fiscal se está volviendo austeridad fiscal y un lastre para el crecimiento. El ajuste de existencias que impulsó la mayor parte del crecimiento del PIB durante unos trimestres ha concluido y las políticas tributarias que robaron la demanda al futuro (“dinero para fracasos” en toda Europa, etcétera) han expirado.

La desaceleración del crecimiento mundial y los riesgos reales de que haya una recesión con doble caída en los Estados Unidos y en el Japón impedirán fatalmente el aumento de las exportaciones, incluso en Alemania. De hecho, los datos más recientes de Alemania –descenso de las exportaciones, disminución de los pedidos a las fábricas, crecimiento anémico de la producción industrial y desplome de la confianza de los inversores– indican que ha comenzado la desaceleración.

En la periferia, el plan de rescate de un billón de dólares y las blandas “pruebas de resistencia” aplazaron el momento de la verdad, pero los problemas fundamentales no han desaparecido: grandes déficits y cantidades de deuda pública que serán difíciles de reducir suficientemente, en vista de la debilidad de los gobiernos y la violenta reacción pública contra la austeridad fiscal y la reformas estructurales; grandes déficits de la balanza de pagos por cuenta corriente, pasivos externos del sector privado que serán difíciles de refinanciar y amortizar; pérdida de competitividad (debida a la pérdida de cuota de mercado en materia de exportaciones con gran densidad de mano de obra a mercados en ascenso, al aumento de los costos por unidad laboral y a la fortaleza del euro hasta 2008); escaso crecimiento real y potencial y riesgos enormes de los bancos y las entidades financieras (exceptuada Italia).

Ésa es la razón por la que Grecia es insolvente y una reestructuración coercitiva de su deuda pública es inevitable y por la que España e Irlanda tienen graves dificultades e incluso Italia, que tiene una base fiscal relativamente más sólida, pero ha tenido una renta por habitante estática durante un decenio y ha hecho pocas reformas estructurales, no puede mostrarse autocomplaciente." (...)

De modo que una zona del euro que necesita austeridad fiscal, reformas estructurales y políticas financieras y macroeconómicas apropiadas está políticamente debilitada tanto en el nivel nacional como en el de la UE. Ésa es la razón por la que mi mejor hipótesis es la de que la zona del euro vaya tirando mal que bien en los próximos años; en el peor de los casos (y con una probabilidad de más de un tercio), la zona del euro se fragmentará por la combinación de reestructuraciones de la deuda soberana y salidas de algunas de las economías más débiles."(Presseurop, 20 septiembre 2010, citando a Les Echos París)

30.12.08

El "credit cruch" ya está a las puertas...

Guillermo de la Dehesa ya lo había advertido, pero ¿Qué es el "credit crunch"? Y ¿Porqué el credit crunch"? Veamos:

"La Comisión Europea ha avisado hoy del riesgo de que en los próximos meses se produzca un "desplome del crédito" (credit crunch) debido a las pérdidas que ha ocasionado en los bancos la crisis financiera. Esta contracción crediticia podría restar al crecimiento económico entre 0,5 y 6,4 puntos porcentuales, según las estimaciones recogidas en el informe semestral sobre la Eurozona. S&P recorta los 'ratings' de doce gigantes de la banca por el agravamiento de la crisis.

Para evitar caer en este "círculo vicioso", el Ejecutivo comunitario pide la recapitalización de los bancos.

Los bancos ya han empezado a endurecer "sustancialmente" las condiciones de crédito y pretenden seguir haciéndolo durante los próximos meses para compensar las pérdidas sufridas a causa de la crisis financiera. Y aunque todavía no esta claro si la crisis conducirá a un desplome del crédito o simplemente a un racionamiento del mismo, Bruselas considera que "el riesgo de un colapso del crédito es claramente más alto ahora".

Según las estimaciones de la Comisión, la oferta de crédito podría caer entre un 1,5% y un 17%. Y esta contracción conduciría a una reducción del crecimiento del PIB de entre 0,5 y 6,4 puntos. Se entraría así en un "círculo vicioso" que podría tener "consecuencias dramáticas" para el crecimiento y el empleo en la eurozona, según alertó el director de Asuntos Económicos del Ejecutivo comunitario, Marco Buti.

"El crecimiento del PIB real en 2009 depende por tanto de manera decisiva de que los bancos presten a la economía", resalta el informe. En este sentido, la Comisión subraya que "la recapitalización de los bancos tiene una importancia crucial para evitar un credit crunch que puede tener efectos serios negativos en la economía real".

El informe destaca que desde el pasado mes de octubre la crisis financiera ha seguido agravándose. Los planes de rescate bancario han impedido que se derrumbe el sistema financiero, pero las tensiones en los mercados "siguen siendo extraordinariamente altas" (Eleconomista.es, 19/12/2008)

  • El auge inmobiliario vivido en España ha permitido que la deuda viva haya pasado de representar en 212% del PIB nacional en 2002 al 344% en 2007.
  • Desde 1989 hasta 2007, la capacidad de servicio de la deuda privada española ha pasado del 50,7% al 29%. Una reducción del 42,7%.
  • En 2007 la economía española sólo generaba 28 céntimos de PIB por cada euro de deuda comprometido.
  • Las malas inversiones financieras en los últimos años dispararán los impagos en los sectores alrededor de la construcción y los servicios inmobiliarios. (Instituto Juan de Mariana, 18/06/2008)
Solución: nacionalizar la banca. Lo dice Nouriel Roubini:

"“EEUU debe nacionalizar sus bancos”, es una de las contundentes afirmaciones que el profesor Nouriel Roubini, uno de los gurús del credit crunch estadounidense, ha declarado al diario alemán Frankfurter Allgemeine en una entrevista publicada el mismo día en que trascendía el colapso del banco de inversión Bear Sterns. (...)

P.- ¿Qué se puede hacer en estos momentos?

R.- Algunos bancos sencillamente se van a la ruina si no los nacionalizamos. O si ahora el Gobierno no compra los créditos malos a precios por debajo del mercado. Esto le supondrá al Estado un coste enorme, pero tiene un problema de todos modos. No se puede hacer nada salvo una intervención mayor.

P.- ¿Es esa la solución?

R.- ¿Nacionalizar los bancos? No del todo. Pero antes de que palmen, no hay otra opción. Si el Estado acapara todos los créditos basura, esto no es otra cosa que una enorme subvención. Él puede comprar los bancos y luego hacer dinero.

P.- ¿Tendría el Estado suficiente dinero como para eso?

R.- Si hacemos caso a los cálculos, el valor de los bancos distressed supone sólo el 7% del PIB. Se trata de una gran suma de dinero, pero es sólo la parte de creación de valor. En el peor de los casos, sería el 20%. Otros países ya lo han hecho." (Cotizalia, 23/12/2008)

28.10.08

Otro que lo vió venir... y lo dijo (y van dos, entre millones)

""Espero no haberle deprimido demasiado". Nouriel Roubini (Estambul, Turquía, 1958) cierra la entrevista con una amable sonrisa para quitar hierro a la andanada de malos augurios que acaba de lanzar. Este profesor de Economía de la Universidad de Nueva York es muy consciente del impacto que causan sus palabras. No siempre fue así. Sus investigaciones vaticinaron, con escaso eco, un colapso del sistema financiero de EE UU ya en 2004. Y cuando expuso sus conclusiones ante la flor y nata de los economistas del FMI, en 2006, cundió el escepticismo. Ahora, con el acierto de su parte, sus duras advertencias se rumian una y otra vez. (...)

"El miedo se ha adueñado de los mercados, todo el mundo quiere vender y nadie compra, sólo va quedando la alternativa de cerrarlos un tiempo", afirma sin pestañear. Cuando el presidente italiano, Silvio Berlusconi, dijo algo parecido hace tres semanas, todo el mundo lo tomó como una más de sus célebres meteduras de pata. Pero ahora que lo vaticina Roubini, nadie se lo toma a chanza. (...)

"Los mercados ya saben que los Gobiernos harán todo lo que esté en su mano para apoyar al sector financiero, pero siguen desplomándose. Ya no funcionan, no responden a ningún incentivo, están en un proceso imparable de liquidación de activos, se han convertido en una fuerza destructiva. Cada vez estoy más convencido de que la única solución es un cortocircuito temporal". (...)

"El impacto en la economía real será muy duro, la recesión mundial es inevitable y durará al menos dos años", sentencia. Obviamente, no cree posible una recuperación en 2009. Ni que las economías emergentes se salven de la quema. Recita sin respirar una veintena de países que ya afrontan problemas. Y advierte que "para China crecer menos que un 7% o para Brasil menos que un 2% es lo mismo que una recesión, aumentaría la pobreza".

Cuando se le pregunta por la economía española, reparte estopa. "En España, la recesión será más dolorosa, la burbuja inmobiliaria ha ocultado los problemas de falta de competitividad, los avances en productividad son aún más débiles que en Italia, Grecia o Portugal". Y es aún más contundente cuando se le inquiere por Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal. "Con Greenspan y ahora con [Ben] Bernanke, la Reserva Federal ha sido la principal cheerleader [animadora] de la ingeniería financiera que nos ha llevado a este desastre".

"Cuando la supervisión se guía por la ceguera ideológica se va de un extremo a otro: antes eran defensores a ultranza de una autorregulación que no ha funcionado, ahora parecen la Unión Soviética", bromea." (NOURIEL ROUBINI: "El miedo domina los mercados, sólo queda la opción de cerrarlos". El País, ed. Galicia, Economía, 25/10/2008, p.24)