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7.7.26

La empresa china Gotion High-Tech, en colaboración con la eslovaca Inobat, ha presentado este miércoles su proyecto de construcción en Valladolid de dos gigafactorías pioneras destinadas a cubrir toda la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos en territorio europeo... la producción de cátodos permitirá completar la cadena de valor del vehículo eléctrico en el continente y reforzar la competitividad de la industria europea gracias a una estrategia que combinará el reciclaje de baterías con el aprovechamiento de materias primas procedentes de Marruecos... Óscar Puente ha atribuido el éxito de la operación al trabajo desarrollado durante estos años, pero también a factores como la disponibilidad de energía limpia y competitiva en Castilla y León, el ecosistema industrial de la automoción, los fondos europeos y una estrategia de colaboración con China... la implantación del grupo chino convertirá a Valladolid en uno de los grandes “hubs” europeos de la movilidad eléctrica y permitirá completar en España toda la cadena de valor de las baterías, “el corazón del vehículo eléctrico” (EFE)... o sea, reindustrialización

"Gotion presenta sus plantas de baterías de Valladolid, en las que invertirá mil millones de euros.

La empresa china Gotion High-Tech, en colaboración con la eslovaca Inobat, ha presentado este miércoles su proyecto de construcción en Valladolid de dos gigafactorías pioneras destinadas a cubrir toda la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos en territorio europeo y que tendrán un valor cercano a los mil millones de euros, con mil empleos estables.

Una delegación de la tecnológica llegada de China ha expuesto, junto a los ministros de Transportes y de Industria, Óscar Puente y Jordi Hereu, respectivamente, un proyecto que ha obtenido subvenciones públicas que suman 138,21 millones de euros a cargo del PERTE VEC V de 2026.

A largo plazo

«Los peces no van solos del mar a la cesta, hay que tirar la caña. Muchos se escapan y vuelven al mar, pero no es el caso. Este pez ya está en la cesta», ha afirmado durante la presentación el ministro y exalcalde de Valladolid, Óscar Puente, en alusión al proyecto empresarial de Gotion.

El vicepresidente de Gotion, Fu Zhou, ha asegurado que tienen una «visión a largo plazo en España», de la mano de las administraciones, para convertir a este proyecto en una «referencia en Europa de la transición energética».

El complejo, que comenzará a construirse en 2027, ocupará una superficie de 700.000 metros cuadrados y se desarrollará en dos fases: una primera destinada al reciclaje de hasta 200.000 toneladas anuales de baterías y una segunda para fabricar otras 200.000 toneladas de cátodos, el componente que concentra alrededor del 60 % del valor de una batería.

La empresa prevé crear unos 2.500 empleos durante la construcción de las instalaciones y un millar de puestos de trabajo estables en la primera fase de explotación, con el objetivo de levantar una planta “con cero emisiones” y convertir Valladolid en un referente europeo de la movilidad eléctrica.

Una planta “única” en Europa

Puente ha defendido que el proyecto no consiste simplemente en construir “dos fábricas de baterías”, sino en implantar una instalación que “no existe en ningún otro lugar de Europa”.

Según ha detallado, la producción de cátodos permitirá completar la cadena de valor del vehículo eléctrico en el continente y reforzar la competitividad de la industria europea gracias a una estrategia que combinará el reciclaje de baterías con el aprovechamiento de materias primas procedentes de Marruecos.

Puente ha atribuido el éxito de la operación al trabajo desarrollado durante estos años, pero también a factores como la disponibilidad de energía limpia y competitiva en Castilla y León, el ecosistema industrial de la automoción, los fondos europeos y una estrategia de colaboración con China.

«A vosotros os toca cocinar el pez y ponerlo en la mesa», ha afirmado dirigiéndose al Ayuntamiento de Valladolid y a la Junta de Castilla y León, de quienes ha dicho no tener dudas sobre su implicación para hacer realidad el proyecto.

El Gobierno destaca la “solvencia” del proyecto

El ministro de Industria, Jordi Hereu, ha subrayado que las ayudas concedidas a Gotion responden exclusivamente a la elevada calidad técnica de una iniciativa que ha obtenido de forma definitiva 138,2 millones de euros del PERTE del Vehículo Eléctrico y Conectado.

De esa cantidad, 82,3 millones se destinarán a la planta de reciclaje y recuperación de materiales, y otros 55,9 millones a la futura fábrica de cátodos.

Hereu ha considerado que la implantación del grupo chino convertirá a Valladolid en uno de los grandes “hubs” europeos de la movilidad eléctrica y permitirá completar en España toda la cadena de valor de las baterías, “el corazón del vehículo eléctrico”.

 (EFE, 01/07/26) 

1.7.26

Eurointelligence: "Las empresas automovilísticas europeas se han incorporado tarde al mercado del coche eléctrico y ahora deben decidir cómo reaccionar: luchar o subirse a la ola china... Stellantis optó por aliarse con sus socios chinos e invitarlos a producir en sus plantas europeas... Leapmotor se hará cargo de la planta de Stellantis en Madrid y de una línea de producción en Zaragoza (España)... esto representa un cambio radical en el equilibrio de poder. No hace mucho, eran los chinos quienes se beneficiaban de la llegada de las automotrices europeas a China para producir allí y compartir su tecnología. Ahora son los chinos quienes llegan a Europa como líderes... Para Stellantis, la alianza es la mejor opción entre las alternativas disponibles. Invitar a empresas chinas a producir en Europa resuelve el problema del exceso de capacidad que tienen en el continente sin tener que tomar la difícil decisión de reducir personal o cerrar plantas... ¿Podría esta nueva empresa conjunta convertirse en una tendencia para las automotrices europeas? El grupo franco-italiano-estadounidense podría ser el primero en Europa en acoger a su socio chino, y es poco probable que sea el último. Volkswagen también parece dispuesta a abrir sus puertas a sus socios chinos... Al mismo tiempo, estas dos automotrices presionan a la Comisión Europea para que incluya una cláusula de preferencia europea para el sector automovilístico. El objetivo es garantizar un contenido local mínimo para los automóviles vendidos en Europa y así poder optar a subvenciones públicas"... o sea, que Pedro Sánchez tiene razón en aliarse con China, por mucho que enfade a Trump

"Stellantis abre las puertas a China...

La revolución del coche eléctrico chino es una realidad en Europa. Las empresas automovilísticas europeas se han incorporado tarde al mercado y ahora deben decidir cómo reaccionar: luchar o subirse a la ola. Stellantis optó por aliarse con sus socios chinos e invitarlos a producir en sus plantas europeas.

Leapmotor se hará cargo de la planta de Stellantis en Madrid y de una línea de producción en Zaragoza (España). Además, Dongfeng llegará pronto a Francia para compartir una planta con Citroën en Rennes.

Para Stellantis, la alianza es la mejor opción entre las alternativas disponibles. Invitar a empresas chinas a producir en Europa resuelve el problema del exceso de capacidad que tienen en el continente sin tener que tomar la difícil decisión de reducir personal o cerrar plantas. También tiene la ventaja de mantener la paz con los sindicatos y asegurar la buena voluntad de las autoridades locales, interesadas en preservar los puestos de trabajo.

Stellantis también ha implementado salvaguardias en sus empresas conjuntas con socios, asegurando así que mantengan el control sobre las operaciones y se beneficien de la transferencia de tecnología, en este caso de la empresa china a la europea.

Para algunos, esto representa un cambio radical en el equilibrio de poder. No hace mucho, eran los chinos quienes se beneficiaban de la llegada de las automotrices europeas a China para producir allí y compartir su tecnología. Ahora son los chinos quienes llegan a Europa como líderes.

¿Podría esta nueva empresa conjunta convertirse en una tendencia para las automotrices europeas? El grupo franco-italiano-estadounidense podría ser el primero en Europa en acoger a su socio chino, y es poco probable que sea el último. Volkswagen también parece dispuesta a abrir sus puertas a sus socios chinos.

Al mismo tiempo, estas dos automotrices presionan a la Comisión Europea para que incluya una cláusula de preferencia europea para el sector automovilístico. El objetivo es garantizar un contenido local mínimo para los automóviles vendidos en Europa y así poder optar a subvenciones públicas.

Esto beneficiaría a ambos socios de la empresa conjunta: para el socio europeo, significa obtener más supercréditos de CO2 incluso para plantas bien establecidas, y representa un incentivo adicional para que los fabricantes de automóviles chinos establezcan operaciones mediante empresas conjuntas.

¿Se rindió Stellantis demasiado pronto? Les Echos escribe que:

«Al compartir sus fábricas subutilizadas, estos fabricantes de automóviles reconocen implícitamente que su producción no volverá a sus niveles anteriores, incluso cuando el mercado europeo sigue siendo el único que no se ha recuperado completamente de la crisis sanitaria. Lo mismo ocurre con su cuota de mercado, que se está erosionando gradualmente por la entrada de nuevos competidores».

Esto sugeriría que existían mejores opciones, pero no se les dio el tiempo suficiente para que surgieran. Pero, ¿acaso no es toda decisión, en última instancia, una cuestión de espacio y tiempo? Las especulaciones son solo ilusiones, mientras que el camino a seguir ya lo han marcado los pioneros. Stellantis sienta las bases para muchos fabricantes de automóviles europeos que quizás aún no estén preparados para dar el paso.

Viene a la mente la llegada de los coches japoneses en la década de 1990. De entre todos los competidores que intentaron conquistar el mercado automovilístico europeo, solo Toyota logró mantener una cuota de mercado significativa. Sin embargo, esta vez es diferente. Ya no hablamos de coches con motor de combustión, sino de un vehículo eléctrico. Esto representa una revolución en sí misma: ya no se trata de una competencia por superar a los europeos en aquello en lo que son expertos, sino de una competencia en un producto donde los europeos se encuentran a la zaga."

  (Eurointelligence, 30/06/26) 

30.6.26

La UE está trabajando en paquetes legislativos extremadamente hostiles contra China, como el llamado "instrumento de sobreproducción", una herramienta que dice que si China es competitiva en un sector dado de tal manera que exporta mucho, eso es prueba de sobreproducción, y legalmente significaría que todo el sector puede ser restringido en el mercado de la UE. En esencia, dice: si tus productos son lo suficientemente buenos como para que la gente quiera comprarlos, eso es motivo para prohibirlos... Ante esto, la cuenta Yuyuantantian, del canal estatal chino CCTV y creada durante la primera guerra comercial de China con EE.UU. para transmitir la posición de China, dice que "no tiene miedo" de un "punto de congelación" en las relaciones comerciales y económicas con el bloque, lo que presumiblemente significa una interrupción total del comercio... Como dice el artículo: los actores que pueden llevar a cabo tácticas de presión extrema solo pueden hacerlo si tienen "posiciones de liderazgo absoluto en áreas clave o una influencia internacional insustituible"... La UE no tiene ninguna de las dos, por lo que concluyen que la UE solo puede producir un tigre de papel"... explican que la UE se ha enfrentado a China en el pasado, pero siempre dentro de las reglas de la OMC, y siempre de una manera justificada y predecible. Sin embargo, el nuevo enfoque está diseñado para ser impredecible y arbitrario, y como tal hace que Europa sea cada vez menos atractiva y más riesgosa... el enfoque de Europa es puramente punitivo, cerrando todas las puertas simultáneamente: no puedes exportar a la UE (sobreproducción), no puedes invertir aquí (riesgo legal impredecible y arbitrario), y no te venderemos lo que quieres comprar (controles de exportación)... se entiende por qué China contempla un "punto de congelación" en las relaciones comerciales y económicas con Europa... no podría ser peor: habiéndose cortado de la energía rusa, habiendo cedido a los aranceles estadounidenses y habiendo desestabilizado su propia base industrial, el siguiente paso lógico aparentemente era elegir una guerra comercial con tu socio comercial más grande y la última gran potencia restante con buena voluntad genuina hacia ti. Porque esa es la verdadera tragedia de la relación China-Europa (Arnaud Bertrand)

Arnaud Bertrand @RnaudBertrand

Este es un mensaje realmente importante de China a Europa. La cuenta de redes sociales Yuyuantantian, operada por el canal estatal chino CCTV y creada en 2019 durante la primera guerra comercial de China con EE.UU. específicamente para transmitir la posición de China, acaba de publicar un artículo largo (https://mp.weixin.qq.com/s/lO6LXYcY7U_zuYkohReF6w) sobre la guerra comercial que se avecina entre China y Europa. 

Lo más notable es que dicen que la estrategia actual de la UE para tratar con China "solo puede producir un tigre de papel" (lo que significa que no puede dañar a China) y que China "no tiene miedo" de un "punto de congelación" en las relaciones comerciales y económicas con el bloque, lo que presumiblemente significa una interrupción total del comercio. 

Esta frase es inquietantemente similar a lo que China le dijo a Trump cuando este reveló los aranceles sobre China (y el mundo entero) en abril de 2025. En ese momento, el Ministerio de Comercio de China dijo que "si EE.UU. insiste en salirse con la suya, China luchará hasta el final" (https://english.mofcom.gov.cn/News/PressConference/art/2025/art_3f539956ed274e34b61d9b4df5634677.html). 

El contexto es que la UE está trabajando actualmente en una serie de paquetes legislativos nuevos y extremadamente hostiles contra China, como el llamado "instrumento de sobreproducción" sobre el que escribí una publicación larga a principios de mes (ver abajo).

 Este instrumento es básicamente una herramienta legal que dice que si China es competitiva globalmente en un sector dado de tal manera que exporta mucho, eso es prueba de sobreproducción, y legalmente significaría que todo el sector puede ser restringido del mercado de la UE. En esencia, es una ley que dice: si tus productos son lo suficientemente buenos como para que la gente quiera comprarlos, eso es motivo para prohibirlos.

 ¡Lo cual es bastante loco! También hay un llamado "instrumento de diversificación" en desarrollo junto con él, que —según el propio Maroš Šefčovič, el jefe de comercio de la UE— está modelado en cómo la UE redujo su dependencia de la energía rusa después de la invasión de Ucrania (https://scmp.com/news/china/diplomacy/article/3356159/eu-needs-dedicated-instrument-unwind-china-dependencies-trade-chief-says) y se desarrolla pensando en China. 

En su artículo, Yuyuantantian dice que todo esto forma parte de una estrategia de "escalar primero, desescalar después" —esencialmente acoso— que la UE tomó prestada de observar a EE.UU., pero sin ninguno de los recursos para respaldarla. Como dice el artículo: los actores que pueden llevar a cabo tácticas de presión extrema solo pueden hacerlo si tienen "posiciones de liderazgo absoluto en áreas clave o una influencia internacional insustituible".

 La UE, señala, no tiene ninguna de las dos, por lo que concluyen que la UE "perseguir forzosamente 'escalar primero, desescalar después' solo puede producir un tigre de papel". Otro encuadre muy consequential en el artículo es que caracterizan a Europa como convirtiéndose —esencialmente— en un actor renegado en el sistema internacional, que ya no se preocupa por las reglas. 

Lo cual, dicen, es suicida para Europa en varios sentidos. Primero que nada, como escriben, la identidad internacional de la UE en el sistema internacional —su USP, si se quiere— descansa enteramente en ser un "poder normativo", un actor institucional basado en reglas con el que puedes hacer negocios precisamente porque no moverá los postes de meta. 

Eso es lo que hizo que los estándares europeos valieran la pena cumplir y que los mercados europeos valieran el costo de entrada. Como explican, la UE se ha enfrentado a China en el pasado, pero siempre dentro de las reglas de la OMC (con herramientas como antidumping y antisubvenciones), y siempre de una manera algo justificada y predecible, básicamente el costo de hacer negocios. 

Sin embargo, el nuevo enfoque está diseñado para ser esencialmente impredecible y arbitrario, y como tal hace que Europa sea cada vez menos atractiva y más y más riesgosa. Señalan la ironía de Europa por un lado diciendo que quiere más inversión y cooperación industrial para aprender de China, pero al mismo tiempo "elevar constantemente la vara para atraer inversión y mantener la cooperación industrial". 

Como escriben: "cuanto mayor sea la incertidumbre, menos probable es que el capital a largo plazo y las cadenas de suministro se atrevan a entrar, dañando en última instancia las propias fuentes de crecimiento de Europa". En segundo lugar, el artículo expone lo que es arguably la contradicción más autodestructiva en todo el enfoque de la UE: la justificación declarada de la UE para todas estas nuevas herramientas es su déficit comercial "insostenible" con China. 

Pero cuando China llegó a la mesa de negociaciones y dijo "de acuerdo, compraremos más de ti", la UE no tenía nada que ofrecer, porque lo que China quiere comprar son productos de alta tecnología, y eso es exactamente lo que Europa restringe bajo su política de controles de exportación (en gran medida a instancias de EE.UU.). 

En esencia, el enfoque de Europa es puramente punitivo, cerrando todas las puertas simultáneamente: no puedes exportar a nosotros (sobreproducción), no puedes invertir aquí (riesgo legal impredecible y arbitrario), y no te venderemos lo que quieres comprar (controles de exportación).

 Ahora entiendes por qué China se está frustrando hasta el punto de contemplar un "punto de congelación" en las relaciones comerciales y económicas con Europa. Cuando la parte al otro lado de la mesa te castiga por exportar, te bloquea de invertir y se niega a venderte lo que arreglaría el problema del que se quejan, no queda mucho de qué hablar. 

Mi opinión personal es que es innegable que Europa está sufriendo graves problemas económicos, pero está confundiendo síntomas con causa: está haciendo lo equivalente a querer castigar al corredor que te adelantó en lugar de preguntar por qué te están adelantando. La industria automovilística es un caso realmente bueno: los vehículos eléctricos chinos realmente son mejores que los autos alemanes en esta etapa, y NO es por subsidios (de hecho, todo lo contrario, ver esto: https://x.com/RnaudBertrand/status/2065354449225424925?s=20). 

Como tal, ¿cómo ayuda castigar a China por su competitividad a la industria automovilística alemana, específicamente? Lo que ayudaría son más bien iniciativas para aprender de lo mejor: cosas como asociaciones tecnológicas y dar la bienvenida a fábricas chinas en suelo europeo. 

La noción de que si prohíbes a China el problema desaparece es exactamente lo que hizo la dinastía Ming —en la China del siglo XVII— y eso es lo que directamente llevó al siglo de humillación porque se volvió tecnológicamente atrasada: es lo que llamamos en francés la "política del avestruz" ("la politique de l'autruche"), meter la cabeza en la arena y esperar que eso haga las cosas mejores. 

Y en términos de timing, no podría ser peor: habiéndose cortado de la energía rusa, habiendo cedido a los aranceles estadounidenses y habiendo desestabilizado su propia base industrial, el siguiente paso lógico aparentemente era elegir una guerra comercial con tu socio comercial más grande y la última gran potencia restante con buena voluntad genuina hacia ti. Porque esa es la verdadera tragedia de la relación China-Europa: hay un deseo genuino y francamente casi conmovedor de compromiso y cooperación del lado chino y Europa está haciendo todo lo posible por malgastarlo.

(traducción google)

4:39 a. m. · 29 jun. 2026 ·110,3 mil Visualizaciones

  
Arnaud Bertrand @RnaudBertrand

Siempre me asombra cómo prácticamente NO hay debate público —ni siquiera conciencia pública— en Europa sobre las decisiones que más moldearán la vida de las personas comunes. 

Estos días, la UE está redactando un nuevo marco legal anticompetencia china donde —literalmente— cuanto más asequibles y competitivos sean los productos chinos, más ilegales se volverían. Uno pensaría que los ciudadanos de la UE querrían estar informados sobre tales cosas —ya que no podría ser más consequential para su prosperidad—. 

Sin embargo, apuesto a que virtualmente ningún ciudadano de la UE es siquiera consciente de ello, más allá de una vaga sensación de que hay algún tipo de disputa comercial en curso. Entonces, ¿qué está pasando exactamente? Todo gira en torno a un nuevo instrumento legal que la UE está redactando llamado el "instrumento de exceso de capacidad" (https://euobserver.com/218003/china-threatens-retaliation-over-new-eu-tool-to-curb-chinese-overcapacity/). 

En primer lugar, la misma noción de "exceso de capacidad" es bastante ridícula desde el principio, especialmente la forma en que la está definiendo la UE, ya que básicamente significa ser lo suficientemente competitivo como para exportar. Por esta definición de "exceso de capacidad", prácticamente toda industria europea que alguna vez haya tenido un superávit comercial —los autos alemanes, el vino francés, la moda italiana— ha sido culpable de "exceso de capacidad". 

Ni siquiera estoy exagerando: si lees este estudio del Parlamento de la UE sobre "Excesos de capacidad industrial, con enfoque en China" (https://europarl.europa.eu/RegData/etudes/STUD/2026/783610/EXPO_STU(2026)783610_EN.pdf), definen "exceso de capacidad" como construir más capacidad de la que tu mercado doméstico puede absorber. Así que en el momento en que construyes capacidad para exportar al extranjero, estás en "exceso de capacidad". 

Totalmente ridículo. Y de lo que se trata este "instrumento de exceso de capacidad" es de crear un mecanismo legal permanente para que la UE bloquee la competencia china en sectores enteros de la economía, si resulta que están en "exceso de capacidad". En efecto, esto significa que si China es competitiva globalmente en un sector dado de tal manera que exporta mucho, eso es prueba de exceso de capacidad, y legalmente significaría que todo el sector puede ser restringido del mercado de la UE. 

Lo que significa que realmente, factual y literalmente, es un marco legal donde cuanto más asequibles y competitivos sean tus productos, más ilegales se vuelven. ¡Que es un CONCEPTO ECONÓMICO LOCO! Por favor nota que es diferente del instrumento legal antisubvenciones, que la UE ya implementó en 2023 (el "Reglamento de Subvenciones Extranjeras": https://competition-policy.ec.europa.eu/foreign-subsidies-regulation_en). 

Este "instrumento de exceso de capacidad" estaría por encima y más allá de esto: ni siquiera importaría si un sector particular estaba subsidiado por el gobierno chino o no, el mero hecho de su competitividad en exportaciones sería motivo para restricciones en la UE. 

No hace falta ser un genio para entender cuán mal podría impactar esto a la gente cotidiana: esto es a los consumidores europeos siendo obligados por ley a pagar más por productos peores, para que las empresas europeas no competitivas no tengan que mejorar. 

Los políticos lo enmarcan como evitar un "shock China 2.0", pero realmente esto es elegir un declive autoinfligido aún más pronunciado que el que ya existe, donde los ciudadanos de la UE subsidiarían a empresas mediocres de la UE que tendrían aún menos presión para ponerse al día. 

Es un impuesto oculto: subvenciones para empresas no competitivas pagadas por los consumidores en lugar de los gobiernos, lo que a su vez las hace menos incentivadas a volverse competitivas. El primer "shock China" sí desindustrializó un poco a Europa, pero al menos hizo las cosas más baratas para los consumidores europeos. 

Si esto se convierte en la respuesta de Europa a un segundo "shock China", no solo haría todo más caro, sino que no haría nada por la industria de la UE: no te vuelves competitivo prohibiendo la competencia... Mira a China misma: la forma en que se industrializó NO fue prohibiendo empresas occidentales, sino todo lo contrario, recibiéndolas estratégicamente y aprendiendo de ellas. 

Aprendes a competir... compitiendo, ¡duh! Lo que encuentro más impactante en todo esto ni siquiera es la política en sí —puedes hacer argumentos a favor y en contra del proteccionismo, y personas razonables pueden disentir—. Lo impactante es que virtualmente ningún medio europeo está explicando nada de esto al público. 

Esto es innegablemente una de las decisiones económicas más consequential que la UE tomará esta década, afectando el precio de todo, y se está redactando en un silencio casi total. Ningún periódico está publicando el titular "La UE planea hacer ilegales los bienes chinos si son demasiado asequibles" —a pesar de que eso es esencialmente lo que está pasando—. Pero eso es lo que llaman una "democracia" con "libertad de expresión" estos días, aparentemente...

(traducción google)

De euobserver.com

 5:19 a. m. · 2 jun. 2026·393,5 mil Visualizaciones

11.6.26

POLITICO: China está matando la industria química de Europa... "Toda la industria química está sangrando... Es un suicidio industrial"... El lobby químico Cefic estima que la industria europea ha perdido casi el 10% de su capacidad y 20,000 empleos en los últimos tres años... la planta química Vynova consume tanta electricidad como toda la ciudad de Amberes, y los precios de la electricidad de la UE para la industria duplican a los que pagan sus competidores estadounidenses y chinos... Una solución buscaría frenar la avalancha de importaciones chinas y permitir a los productores nacionales aumentar los precios a niveles sostenibles. La UE ya ha sentado un precedente al imponer salvaguardias para el acero... La producción de acero en la UE había alcanzado mínimos históricos debido a un excedente de acero barato, en parte procedente de China. La Comisión respondió con cuotas de importación, aliviando la presión sobre los fabricantes nacionales al limitar la competencia de las importaciones a precios muy bajos... Sin embargo, algunos productores químicos europeos prefieren evitar una confrontación directa con China. El productor químico alemán BASF mantiene 29 sitios en China e invirtió recientemente casi 9.000 millones de euros para construir un nuevo complejo químico en Zhanjiang

"China está matando la industria química de Europa. Bruselas quiere intervenir.**

Los fabricantes están cerrando plantas y recortando empleos mientras la UE debate cómo presionar a China.

TESSENDERLO, Bélgica — La Comisión Europea está preparando nuevas medidas para apuntalar la industria química de la UE, ya que una ola de importaciones chinas baratas lleva al sector al borde del abismo.

Los líderes de la UE discutirán un esfuerzo de la Comisión para frenar el excedente de suministro chino en una cumbre los días 18 y 19 de junio. Pero la maquinaria de Bruselas se mueve lentamente, y diseñar medidas podría llevar meses o incluso años, un tiempo que, según los fabricantes de productos químicos europeos, no tienen.

"Toda la industria química está sangrando", dijo Rudy Miller, vicepresidente de la empresa química belga Vynova. "Es un suicidio industrial".

Vynova solía ser el segundo mayor productor de cloruro de polivinilo (PVC) de Europa, un plástico versátil utilizado en fontanería, baldosas, aislamiento de cables y dispositivos médicos.

Ya no es así. Vynova afirma que está siendo socavada por la competencia de China, un importador neto de PVC hasta hace poco en 2019.

Vynova ha cerrado la producción en una planta neerlandesa, mientras que otras tres fábricas están en procedimientos de reestructuración legal. Ha presentado una denuncia antidumping contra sus competidores chinos, aunque aún no se ha abierto ninguna investigación. La Comisión declinó hacer comentarios.

El lobby químico Cefic estima que la industria europea ha perdido casi el 10% de su capacidad y 20,000 empleos en los últimos tres años.

Mientras tanto, la dependencia europea de los productos químicos importados está creciendo. Los proveedores extracomunitarios entregaron el 31% de los productos químicos consumidos en el bloque en 2023, frente al 22% en 2013, según Cefic. China, el mayor proveedor, ha duplicado su participación en las importaciones hasta el 18% en la última década.

El ejecutivo de la UE está estudiando ahora una serie de opciones para salvar a empresas como Vynova. Van desde cuotas sectoriales y restricciones a la importación (un enfoque pionero con el acero) hasta aranceles específicos más agresivos contra los productores chinos.

Pero con el debate sobre medidas de defensa comercial más duras contra China apenas comenzando, Miller teme que Vynova ya pueda haber quebrado para cuando esas medidas sean efectivas.

**Un negocio que se disuelve**

Los productos químicos pueden carecer del glamour de la inteligencia artificial y la biotecnología, pero son insumos esenciales en todo, desde municiones hasta baterías y automóviles. Los responsables políticos temen que la creciente dependencia de la UE de China pueda dejar al bloque en apuros si ese suministro se corta alguna vez.

La fabricación petroquímica de China se duplicó aproximadamente entre 2010 y 2024, dijo Edse Dantuma, economista senior del banco neerlandés ING. Mientras tanto, la capacidad de Europa disminuyó un 14%. A juzgar por las inversiones en plantas que aún no están en línea, se prevé que la producción china solo aumente.

"El efecto es, por supuesto, una recesión para la industria química europea", afirmó.

El canciller alemán Friedrich Merz, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y otros líderes de la UE discutieron la crisis del sector con líderes empresariales en febrero en la ciudad portuaria belga de Amberes, un centro clave de transporte y producción en la red de la cadena de suministro químico de Europa.

Durante el evento, el primer ministro belga, Bart De Wever, describió el escenario expuesto por Cefic como una "crisis existencial".

"No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras otros países, como China, inundan nuestro mercado con sus productos", declaró.

**De jabón a plástico**

Un canal conecta Amberes con la planta flamenca de Vynova, en un rincón boscoso del municipio de Tessenderlo. El lugar se utilizó por primera vez como fábrica de jabón en 1892 y comenzó a fabricar productos químicos en 1972.

Con sus torres de almacenamiento cónicas y columnas de destilación acanaladas, el extenso sitio se asoma a través de los árboles que bordean la carretera. Más allá de la verja de seguridad hay montones de lo que parece nieve fuera de temporada: el polvo es sal común, cloruro de sodio, del que se puede espolvorear en la comida. Llega en barcazas, 2.000 toneladas al día.

La sal se disuelve en agua y se hace pasar una corriente eléctrica para separar el cloro en un proceso llamado electrólisis. Luego, el cloro se combina con moléculas de hidrocarburo y se destila. El resultado se envía a otra planta para su transformación final en PVC.

Es un proceso de uso intensivo de energía: la planta de Vynova consume tanta electricidad como toda la ciudad de Amberes, y los precios de la electricidad de la UE para la industria duplican a los que pagan sus competidores estadounidenses y chinos.

El sector químico europeo, como otras industrias de uso intensivo de energía, también está sujeto a uno de los precios del carbono más altos del mundo bajo el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE, actualmente en torno a 75 euros por tonelada de CO2. La industria se queja de que esto añade costes adicionales que los competidores chinos no afrontan.

Para Miller, que también es director del negocio de PVC, China sigue siendo la "amenaza más significativa a medio plazo para la industria".

Pekín realizó inversiones masivas en la producción de PVC para abastecer un boom inmobiliario sin precedentes que comenzó a principios de la década de 2000. La burbuja inmobiliaria estalló en 2021, pero las fábricas siguieron produciendo mucho más de lo que el mercado interno podía absorber.

La amenaza para los productores europeos va mucho más allá del PVC. La penetración en el mercado de China es mayor en la parte más básica de la industria química, el llamado segmento upstream (de materias primas).

Los productos petroquímicos básicos representan casi la mitad de los cierres de capacidad de producción europeos recientes, según Cefic, mientras que los productos químicos básicos e inorgánicos constituyen aproximadamente un tercio. Los polímeros y otros productos químicos especializados representan el 15%, mientras que los productos químicos de especialidad suponen solo el 5%.

**De las palabras a la acción**

La Comisión confía actualmente en investigaciones antidumping y antisubvenciones para tratar de hacer frente a lo que considera competencia desleal de China. Pero estas requieren mucho tiempo, se dirigen a productores individualmente y están limitadas por la falta de investigadores en el departamento de comercio del Berlaymont.

La actual política de defensa comercial de Bruselas es un enfoque "fragmentado, producto por producto" que "no está a la altura de las distorsiones macroeconómicas de China", afirmó Sander Tordoir, economista jefe del Centro para la Reforma Europea.

Una solución más integral en debate buscaría frenar la avalancha de importaciones chinas y permitir a los productores nacionales aumentar los precios a niveles sostenibles. La UE ya ha sentado un precedente al imponer salvaguardias para el acero.

La producción de acero en la UE había alcanzado mínimos históricos debido a un excedente de acero barato, en parte procedente de China, que inundaba el mercado único. La Comisión respondió con cuotas de importación, aliviando la presión sobre los fabricantes nacionales al limitar la competencia de las importaciones a precios muy bajos.

Una ventaja de las salvaguardias es que no son específicas de un país, lo que las alinea con las normas de la Organización Mundial del Comercio. La UE puede fijar una cuota sin señalar a China y luego negociar cuánto acceso al mercado recibe cada socio comercial.

Pero a diferencia del acero, que solo tiene unas 30 categorías de productos, los productos químicos son más complejos, con miles de productos. Las salvaguardias sobre los productos químicos básicos encarecerían la fabricación de los más especializados. Mientras tanto, fijar las cuotas sería políticamente delicado.

El Berlaymont también está estudiando la posibilidad de un "instrumento de sobrecapacidad", que se dirigiría más ampliamente a las exportaciones chinas.

Tordoir, junto con su colega Brad Setser, ha pedido un enfoque más amplio, al estilo estadounidense, contra la discriminación comercial china. "Europa necesita formular urgentemente una respuesta", dijo.

Sin embargo, algunos productores químicos europeos prefieren evitar una confrontación directa con China.

El productor químico alemán BASF mantiene 29 sitios en China e invirtió recientemente casi 9.000 millones de euros para construir un nuevo complejo químico en Zhanjiang.

Daniela Rechenberger, representante de BASF, dijo que "la sobrecapacidad es un problema global más amplio y no se limita a China". Añadió en comentarios escritos que la empresa apoyaba el libre comercio y se oponía a "barreras comerciales generalizadas que aislarían a Europa", aunque también reconoció que era necesario abordar las prácticas comerciales desleales.

Hasta ahora, no se ha anunciado ninguna salvaguardia. Y un instrumento de sobrecapacidad tardaría años en pasar de la propuesta legislativa a la acción.

Casi todo el mundo coincide en que el statu quo no puede continuar.

Vynova presentó su denuncia sobre el PVC en febrero, pero aún no ha comenzado formalmente ninguna investigación. De seis a doce meses (la duración típica de una investigación una vez abierta) "es una eternidad para la velocidad geopolítica actual", dijo Miller.

Incluso los derechos provisionales a finales de año o principios del próximo pueden llegar demasiado tarde, añadió. "Puede que para entonces ya estemos muertos".

 (Carlo Martuscelli, , POLITICO, 07/06/26, traducción Deep Seek, enlaces y gráficos en el original) 

9.6.26

Dice Tooze: imagina que Arabia Saudita ofreciera vender sus pozos de petróleo con un 80% de descuento, y de alguna manera pudieras transportarlos a casa. Llamarías completo idiota a cualquier líder que rechazara ese trato... eso es más o menos lo que China está haciendo con los paneles solares... hay una competencia tan intensa y tanta oferta en China —el llamado fenómeno de la "involución"— que eres TÚ, como cliente, quien recibe subsidios cuando compras paneles solares... Esto es literalmente China pagando tu factura de energía. Y es como pozos de petróleo porque, una vez instalado, no hay dependencia. Lo compras una vez, y durante tres décadas (la vida útil promedio de un panel solar) estás extrayendo energía de tu propio sol, igual que un pozo de petróleo extrae de tu propio suelo... La respuesta racional cuando ves esto es comprar tantos como puedas, lo más rápido que puedas. Más aún cuando eres Europa y tienes problemas masivos de suministro energético (y no tienes una industria solar propia que proteger)... Pero no, gritamos "sobreproducción" y ponemos aranceles. Estamos tan metidos en los delirios geopolíticos que no podemos reconocer el mejor trato en la historia de la energía (Arnaud Bertrand)

Arnaud Bertrand @RnaudBertrand

Buen análisis de @adam_tooze en el FT. 

Creo que una buena analogía para usar es esta: imagina que Arabia Saudita ofreciera vender sus pozos de petróleo con un 80% de descuento, y de alguna manera pudieras transportarlos a casa. 

Llamarías completo idiota a cualquier líder que rechazara ese trato. Bueno, eso es más o menos lo que China está haciendo con los paneles solares. 

Eso es lo que la gente no entiende: hay una competencia tan intensa y tanta oferta en China —el llamado fenómeno de la "involución"— que eres TÚ, como cliente, quien recibe subsidios cuando compras paneles solares. 

Esto es literalmente China pagando tu factura de energía. Y es como pozos de petróleo porque, una vez instalado, no hay dependencia. Lo compras una vez, y durante tres décadas (la vida útil promedio de un panel solar) estás extrayendo energía de tu propio sol, igual que un pozo de petróleo extrae de tu propio suelo. 

Es uno de los activos energéticos más soberanos que puedes comprar. 

La respuesta racional cuando ves esto es comprar tantos como puedas, lo más rápido que puedas. Más aún cuando eres Europa y tienes problemas masivos de suministro energético (y no tienes una industria solar propia que proteger). 

Pero no, gritamos "sobreproducción" y ponemos aranceles. Estamos tan metidos en los delirios geopolíticos que no podemos reconocer el mejor trato en la historia de la energía. 

(traducción google)

3:43 a. m. · 8 jun. 2026·119,1 mil Visualizaciones

28.5.26

La dependencia de la industria alemana de China ha crecido en algunos de los sectores industriales más críticos: baterías de automóviles, paneles solares y antibióticos... La pregunta a plantearse es si las empresas pueden encontrar proveedores alternativos. En muchas de esas áreas de productos, esto simplemente no es posible a corto plazo... Por eso nos oponemos con tanta fuerza a la idea de una guerra comercial con China... Alemania se enfrenta al dilema de que la industria necesita protección del país del que depende para sus suministros. El panorama general de la desindustrialización alemana no está relacionado con China. La causa principal es la falta de inversión, la falta de innovación y la falta de diversificación... Una guerra comercial con China sería el equivalente moderno de la Carga de la Brigada Ligera. La UE, y Alemania en particular, tendrían que reducir primero su dependencia de China... La ministra de Economía de Alemania, Katherina Reiche, está visitando China actualmente, tratando de impulsar una dirección muy diferente: conseguir que China invierta más en Alemania. Eso nos parece una estrategia más sensata que golpear a China con aranceles (Eurointelligence)

"Lucharemos contra los chinos. Oh, espera...

Uno de los temas de nuestra sesión informativa de hoy es el mal consejo que los europeos están recibiendo del extranjero. La más peligrosa de todas es la idea de que deberíamos imponer aranceles a China.

Ayer se publicó un estudio oportuno que muestra por qué es así: la dependencia de la industria alemana de China ha crecido en algunos de los sectores industriales más críticos: baterías de automóviles, paneles solares y antibióticos. Según citó el FAZ de un estudio de la Fundación Friedrich Naumann, alrededor de dos tercios de las importaciones directas de baterías de iones de litio provinieron de China el año pasado. Dos años antes, la cifra era poco menos de la mitad. Para los paneles solares, la cuota aumentó de alrededor del 89% al 93%, y para los antibióticos del 65% al 73%. Los hallazgos se basan en datos oficiales de la Oficina Federal de Estadística.

Lo que este estudio demuestra es que Alemania, y por extensión la UE, no se está diversificando. Durante la pandemia, los líderes de la industria dijeron que lo harían. Pero nunca sucedió. La Ley de Materias Primas Críticas de la UE de 2024 también buscó lograr una mayor diversificación – de nuevo sin éxito, como señaló el Tribunal de Cuentas Europeo en un informe de abril.

El problema se extiende más allá de estas tres importantes categorías de productos. La cuota de importación de China también aumentó para metales como el magnesio, el galio y el germanio. El país es el único proveedor de ciertas tierras raras como el praseodimio, el neodimio y el samario. Aunque la cuota general de China en las importaciones a Alemania ha disminuido, el valor de las importaciones ha aumentado. La verdadera dependencia no se expresa con esos números. Es un efecto de red. La pregunta a plantearse es si las empresas pueden encontrar proveedores alternativos. En muchas de esas áreas de productos, esto simplemente no es posible a corto plazo.

Por eso nos oponemos con tanta fuerza a la idea de una guerra comercial con China, una que va más allá de las medidas clásicas de política comercial que la UE adopta legítimamente para defenderse de los subsidios injustos y las estrategias de dumping.

Un problema particular para la UE es que Alemania, y las industrias controladas por Alemania, representan una proporción mucho mayor en la UE que el peso de Alemania en el PIB. Por eso es tan importante la relación comercial entre Alemania y China. China es el mayor socio comercial de Alemania, con un aumento de las importaciones y una disminución de las exportaciones. El superávit comercial de China con la UE aumentó un 26% en los primeros cuatro meses de este año, en comparación con el mismo período de 2025.

Alemania se enfrenta al dilema de que la industria necesita protección del país del que depende para sus suministros. El panorama general de la desindustrialización alemana no está relacionado con China. La causa principal es la falta de inversión, la falta de innovación y la falta de diversificación. La resistencia de Alemania a un sistema financiero basado en el mercado de capitales ha contribuido a las tres.

Una guerra comercial no logrará su propósito previsto, ya que la dependencia de materias primas críticas exacerbaría el problema de competitividad. Como informamos ayer, la UE se vio obligada a levantar las sanciones contra un fabricante chino de semiconductores, tras las quejas de la industria automotriz de que se estaba quedando sin semiconductores. Una guerra comercial con China sería el equivalente moderno de la Carga de la Brigada Ligera. La UE, y Alemania en particular, tendrían que reducir primero su dependencia de China.

La ministra de Economía de Alemania, Katherina Reiche, está visitando China actualmente, tratando de impulsar una dirección muy diferente: conseguir que China invierta más en Alemania. Eso nos parece una estrategia más sensata que golpear a China con aranceles. Deberíamos preguntarnos por qué los economistas, que criticaron rotundamente los aranceles de Donald Trump, tienen una visión más positiva sobre los aranceles de la UE. Esto es especialmente cierto dado que Estados Unidos tiene un déficit comercial con el resto del mundo, mientras que la UE tiene un superávit estructural." 

(eurointelligence, 27/05/26 )

27.5.26

Wolfgang Munchau: ¿Por qué Europa sigue perdiendo? China tiene un control absoluto sobre el comercio... Los europeos están enfadados por cómo juega China, con amenazas, como los controles de exportación de tierras raras o la prohibición de la venta de semiconductores a la UE. La UE depende de ambos... Esto es esencialmente una pelea de bar entre dos mercantilistas. Durante las crisis del euro, la UE también devaluó su moneda y comenzó a registrar grandes superávits comerciales frente al resto del mundo. El lamento de la UE tiene cierta cualidad de "yo lo robé primero"... Ahora mismo, China está ganando esta guerra comercial, tal como Trump ganó su propia guerra comercial contra la UE. La razón es la misma en ambos casos. La UE es demasiado dependiente de ambos: de Estados Unidos para la defensa y de China para las importaciones críticas... así que en lugar de imponer nuevos aranceles a China, los levantó después de que los fabricantes de automóviles alemanes advirtieran sobre el caos en la cadena de suministro. Este patrón se repite constantemente... no pudieron hacerlo, porque la industria automotriz europea emplea a 13,2 millones de personas... Las semillas de esta dependencia se sembraron en las décadas de 2000 y 2010. La industria automotriz europea, con el objetivo de optimizar sus cadenas de suministro, cometió el error crítico de depender de China. Como tantas veces, Europa eligió la ganancia a corto plazo sobre la resiliencia a largo plazo... La pregunta importante no es cuánto nos vende China, sino cuántas importaciones chinas se utilizan en nuestras exportaciones al resto del mundo, y si tenemos proveedores alternativos... a la UE le iría mejor resolviendo sus problemas subyacentes de dependencia de la cadena de suministro, ¿por qué no trazar un plan vinculante a 10 años para reducir las dependencias de suministro?

"A menudo pienso en la UE como un equipo de fútbol confundido. Hay demasiados jugadores en el campo. Algunos de los jugadores no saben para qué equipo están jugando. Son animados por los fanáticos desde las gradas, muchos de ellos del Reino Unido, a quienes les encantaría estar en el campo ellos mismos.

Algunos de estos espectadores les dan a los jugadores y a su director de equipo consejos realmente malos. Animaron al equipo de la UE cuando luchaban contra Donald Trump por sus aranceles comerciales. Nunca olvidaré el titular de The Economist la semana después de que Trump impusiera sus aranceles en abril del año pasado. Bajo el titular "Trade Fight Club", el titular decía: "La respuesta de la UE a los aranceles de Donald Trump parece funcionar".

Lo que realmente sucedió es que la UE, sabiamente, optó por no luchar. Ursula von der Leyen cedió notoriamente cuando firmó un humillante acuerdo comercial después de peregrinar al resort Trump Turnberry en Escocia tres meses después. La ocasión fue vergonzosa de principio a fin, incluyendo la obligatoria foto grupal con el pulgar hacia arriba con Trump. Pero la delegación de la UE no tuvo otra opción.

Seis meses después, el Parlamento Europeo contempló brevemente una insurrección, pero se detuvo cuando se asomó al abismo. En enero, después de que Trump amenazara con invadir Groenlandia y cuando la Corte Suprema de EE. UU. declarara ilegales los aranceles de Trump, Bruselas suspendió la ratificación del acuerdo comercial UE-EE. UU. Pero después de que Trump amenazó a la industria automotriz alemana con aranceles aún más altos, los eurodiputados también cedieron. La semana pasada, lo aprobaron.

Ahora mismo, la UE está intentando jugar un juego similar con China, y está recibiendo consejos igualmente malos.

Los europeos están enfadados por cómo juega China. Sabine Weyand, la directora general de comercio saliente de la UE, comparó la estrategia china con poner un pescado apestoso sobre la mesa de negociaciones. Se refería a nuevas amenazas chinas, como los controles de exportación de tierras raras o la prohibición de la venta de semiconductores a la UE. La UE depende de ambos. Siempre que la UE intenta imponer aranceles de represalia a China, ese pez apestoso vuelve a la mesa.

La UE tiene razón aquí. Las políticas económicas de China son la mayor fuente de desequilibrio económico global en este momento. Las exportaciones de China están en auge, pero China reprime el consumo interno. Se puede ver esto en los datos comerciales entre la UE y China en los últimos años. Las exportaciones chinas a la UE han ido aumentando, y las importaciones chinas desde la UE están disminuyendo. Y este año, todo ha empeorado dramáticamente. De enero a abril, el superávit comercial de China con la UE aumentó un 26% en comparación con el mismo período de 2025. Lo que sucedió es que los aranceles estadounidenses llevaron a China a desviar parte de sus exportaciones de Estados Unidos a Europa.

La moneda de China, el yuan, no flota libremente como el dólar, el euro o la libra. China lo mantiene estable frente al dólar. Cuando el dólar se debilitó frente al euro después de que Trump asumió el cargo, el yuan también lo hizo. Eso significa que los productos chinos son aún más baratos de lo que eran antes. Y los productos europeos son aún más caros.

Kaja Kallas, la jefa de diplomacia de la UE, a menudo poco diplomática, comparó la situación de Europa con China con la de un paciente que lucha contra el cáncer. Si tienes una enfermedad muy difícil, si tienes cáncer, tienes dos opciones. O aumentas la morfina o empiezas la quimioterapia.

Los europeos deberían tener cuidado de no ser demasiado santurrones. Esto es esencialmente una pelea de bar entre dos mercantilistas. La UE ha estado jugando el mismo juego. Durante las crisis del euro de la última década, la UE también devaluó su moneda y comenzó a registrar grandes superávits comerciales frente al resto del mundo. El lamento de la UE tiene cierta cualidad de "yo lo robé primero".

Ahora mismo, China está ganando esta guerra comercial, tal como Trump ganó su propia guerra comercial contra la UE. La razón es la misma en ambos casos. La UE es demasiado dependiente de ambos: de Estados Unidos para la defensa y de China para las importaciones críticas. La UE no está en posición de tomar represalias. Esto no se debe a la falta de instrumentos políticos. Algunos nunca se han utilizado, como el "Instrumento contra la Coerción", que daría a la UE poderes discrecionales para tomar represalias contra China sin obstáculos burocráticos.

  La razón por la que la UE no puede hacer esto no es solo una cuestión de división política o debilidad, sino también de dependencias económicas. Lo vislumbramos la semana pasada, cuando la UE hizo exactamente lo contrario de lo que exigían sus animadores. En lugar de imponer nuevos aranceles a China, los levantó. Como informó Bloomberg, la UE había impuesto previamente sanciones contra Yangzhou Yangjie Electronic Technology, una empresa de semiconductores, pero decidió levantarlas después de que los fabricantes de automóviles alemanes advirtieran sobre el caos en la cadena de suministro.

Este patrón se repite constantemente. Los europeos realmente querían fastidiar a Trump. Y también a los chinos. Pero no pudieron hacerlo, porque la industria automotriz europea emplea a 13,2 millones de personas en la UE, según datos recopilados en 2022.

Las semillas de esta dependencia se sembraron en las décadas de 2000 y 2010. La industria automotriz europea, con el objetivo de optimizar sus cadenas de suministro, cometió el error crítico de depender de China. Como tantas veces, Europa eligió la ganancia a corto plazo sobre la resiliencia a largo plazo.

Los primeros signos de estrés se hicieron evidentes durante la pandemia, cuando la industria automotriz alemana sufrió una escasez aguda de semiconductores procedentes de China. En ese momento, todo el mundo hablaba de la diversificación de la cadena de suministro, pero no ha pasado mucho. Después de la pandemia, la industria volvió a la normalidad.

China tiene varios otros puntos de estrangulamiento en este sector. Las baterías de coche son un ejemplo. Esta es una tecnología en la que China está años por delante de los europeos. China tiene un monopolio casi total de los imanes de tierras raras, que son ingredientes críticos para todos los motores eléctricos. Tus limpiaparabrisas no funcionarían sin ellos, ni tampoco tu avión de combate F-35. Los paneles solares son otro mercado que China ha acaparado.

La forma en que mucha gente piensa en la globalización es anticuada. Ya no vivimos en un mundo de fábricas que construyen bienes desde cero, y a partir de productos locales. Más bien, las relaciones comerciales modernas son una red compleja. Los coches fabricados en Europa están llenos de componentes chinos. La balanza comercial bilateral que tanto molesta a todo el mundo no te dice lo que necesitas saber. No capturan estos efectos de red y todas sus interdependencias. La pregunta importante no es cuánto nos vende China, sino cuántas importaciones chinas se utilizan en nuestras exportaciones al resto del mundo, y si tenemos proveedores alternativos. Medir los efectos de red es una tarea técnicamente compleja, como bien saben los ingenieros eléctricos. La economía global no es menos complicada que una red eléctrica, y sin embargo la medimos con el equivalente a un ábaco.

La forma en que mucha gente piensa en la globalización es anticuada.

Incluso Trump tuvo que ceder en sus aranceles contra China, ya que Estados Unidos dependía de China para las tierras raras. Gracias a la subcontratación, Estados Unidos tiene una participación mucho menor de la industria en su economía que la UE. Su industria también es menos dependiente de China para los insumos, pero sus industrias de defensa necesitan productos de tierras raras de la República Popular. La dependencia es mutua. China también depende de los mercados occidentales, siendo Estados Unidos y la UE los más grandes.

La UE difiere de EE. UU. solo en que su interconexión con otras economías es más fuerte y la cohesión entre los países de la UE es más débil. Puedes tener tantos economistas de comercio internacional, expertos de think tanks y periodistas apoyando al Equipo de la UE como desees. Si Friedrich Merz y Giorgia Meloni se presentan a una cumbre clave y dicen no a los aranceles, el juego termina antes de siquiera empezar. Esto no es una cuestión de voluntad política, sino de realidad económica; Merz o Meloni no tienen otra opción.

En lugar de hiperventilar sobre China o Trump, entonces, a la UE le iría mejor resolviendo sus problemas subyacentes de dependencia de la cadena de suministro. Japón logró reducir su dependencia de China para las tierras raras, después de que Pekín impusiera una prohibición de exportación tras una disputa en 2010 sobre islas en el Mar de China Oriental. En lugar de reflexionar sobre otro instrumento comercial discriminatorio que la UE nunca utilizará, ¿por qué no trazar un plan vinculante a 10 años para reducir las dependencias de suministro?

 La UE también pensó en esto y en 2024 propuso la Ley de Materias Primas Críticas. En un informe publicado el mes pasado, el Tribunal de Cuentas Europeo afirmó que la regulación es bienintencionada, pero su implementación es deficiente. Su devastador veredicto fue: "Los objetivos establecidos en la Ley marcan el rumbo para los Estados miembros y para la industria, pero no son vinculantes, solo cubren materias primas estratégicas y carecen de justificación".

Mi consejo sería resolver el problema, adoptar paciencia estratégica e ignorar a los fanáticos hiperventilados. El equivalente futbolístico de una guerra comercial para la que no te has preparado es una trampa de fuera de juego que sale mal: todos los jugadores avanzan, excepto uno que tiene dudas y de repente se detiene.

A algunas personas les gusta pensar que en el fútbol, el mejor equipo gana. Todos sabemos que esto no es cierto. El equipo ganador, más bien, es el que mantiene la calma bajo presión."

( , UnHerd, 26/05/26, traducción Quillbot, enlaces en el original)

28.4.26

Lo más difícil de aceptar para los europeos liberales es el auge del mundo no eurocéntrico. Los europeos pueden lidiar con la extrema derecha, o con los exabruptos de Donald Trump contra ellos. Pero no pueden lidiar con ser ignorados... La Europa liberal ha respondido a la implosión del poder con negación... Cuando escuchamos a Elina Valtonen, la ministra de Asuntos Exteriores finlandesa, amenazando con vetar un acuerdo de inversión de la UE con China alegando que China apoya la guerra de Rusia contra Ucrania, no podemos evitar pensar que debemos haber entrado en la etapa final de la integración europea... escuchamos una cantidad desproporcionada de exhibicionismo moral de Finlandia y los Estados bálticos en particular es su papel desmesurado en el discurso europeo. Juntos, los tres Estados bálticos más Finlandia tienen una población aproximadamente del tamaño del área metropolitana de París, y sin embargo, Alexander Stubb es el "susurrador de Trump" de Europa, Kaja Kallas su ministra de guerra, y políticos como Valtonen sacan la carta del veto... Nos hemos quedado atrás en casi todas las tecnologías importantes del siglo XXI, excepto en la farmacéutica. Pero estamos tratando de imponernos, y nuestros valores, a países como China... esta década reveló las múltiples debilidades y dependencias de Europa: de Rusia para el gas, de Estados Unidos para la defensa y de China para el comercio. Cuando Alemania inundó China con productos alemanes en la última década, nos jactamos de la calidad superior. Cuando China hace lo mismo ahora, nos quejamos de subsidios injustos. Europa necesita un acuerdo de inversión con China en parte para corregir los crecientes desequilibrios bilaterales. Este es un momento para la realpolitik, no para señalar con el dedo... Será interesante presenciar lo que le sucederá a la UE cuando algunos países comiencen a reconocer la realidad de quiénes son (Eurointelligence)

 "Adiós al mundo eurocéntrico

Con mucho, lo más difícil de aceptar para los europeos liberales es el auge del mundo no eurocéntrico. Los europeos pueden lidiar con la extrema derecha, o con los exabruptos de Donald Trump contra ellos. Pero no pueden lidiar con ser ignorados. Durante más de 3000 años, Europa fue el centro del universo político, cultural y económico. Todavía cree que lo es.

La Europa liberal ha respondido a la implosión del poder con negación, como los Borbones de quienes se decía que no aprendieron nada y no olvidaron nada. Cuando escuchamos a Elina Valtonen, la ministra de Asuntos Exteriores finlandesa, amenazando con vetar un acuerdo de inversión de la UE con China alegando que China apoya la guerra de Rusia contra Ucrania, no podemos evitar pensar que debemos haber entrado en la etapa final de los Borbones de la integración europea. La razón por la que parece que escuchamos una cantidad desproporcionada de exhibicionismo moral de Finlandia y los Estados bálticos en particular es su papel desmesurado en el discurso europeo. Juntos, los tres Estados bálticos más Finlandia tienen una población aproximadamente del tamaño del área metropolitana de París, y sin embargo, Alexander Stubb es el "susurrador de Trump" de Europa, Kaja Kallas su ministra de guerra, y políticos como Valtonen sacan la carta del veto.

El problema no es la disminución de la participación de Europa en la producción económica mundial. Esa es una consecuencia matemática del auge de Asia. Es la falta de innovación. Nos hemos quedado atrás en casi todas las tecnologías importantes del siglo XXI, excepto en la farmacéutica. Pero estamos tratando de imponernos, y nuestros valores, a países como China. Alcanzamos el pico de delirio a principios de 2020, cuando el Parlamento Europeo congeló el acuerdo de inversión UE-China alegando abusos de derechos humanos chinos contra los uigures. El resto de esta década reveló las múltiples debilidades y dependencias de Europa: de Rusia para el gas, de Estados Unidos para la defensa y de China para el comercio. Cuando Alemania inundó China con productos alemanes en la última década, nos jactamos de la calidad superior. Cuando China hace lo mismo ahora, nos quejamos de subsidios injustos. Europa necesita un acuerdo de inversión con China en parte para corregir los crecientes desequilibrios bilaterales. Este es un momento para la realpolitik, no para señalar con el dedo.

En cuanto a Finlandia, es una de las economías europeas con peor desempeño en este momento, con un crecimiento tendencial apenas por encima de cero, similar al de Alemania. Finland está un poco más abajo en el camino de una trayectoria de deuda insostenible. Con un crecimiento nulo, los países europeos ya no pueden permitirse sus modelos sociales. Será interesante presenciar lo que le sucederá a la UE cuando algunos países comiencen a reconocer la realidad de quiénes son."

 (Eurointelligence, 27/04/26, traducción Quillbot)

22.4.26

¿Por qué España apuesta por una mayor relación con China? El sostenido compromiso de alto nivel de España con China puede interpretarse como una divergencia estratégica por parte de Madrid. Sin embargo, esa lectura interpreta erróneamente tanto las intenciones de España como su lógica estratégica. El enfoque español responde a una evaluación pragmática de lo que Europa debe hacer para proteger mejor la prosperidad y la seguridad de su población... El diálogo de Sánchez con los líderes chinos no fue de cooperación incondicional... se ha subrayado la necesidad de una relación con China que refuerce la reciprocidad, fortalezca la resiliencia y reduzca el atractivo de enfoques más proteccionistas dentro de la UE... existen varias áreas en las que ese progreso podría materializarse. En primer lugar, garantizar un acceso estable a insumos críticos es esencial. Evitar restricciones a la exportación de tierras raras e imanes para los socios europeos... En segundo lugar, Pekín debería abordar cuestiones relativas al acceso al mercado, la transparencia regulatoria y unas condiciones de competencia equitativas... En tercer lugar, la apertura del sector servicios a las empresas europeas representa una gran oportunidad... Para Sánchez, relacionarse con China no es una alternativa a la protección de la seguridad y la prosperidad europeas; forma parte de cómo debe llevarse a cabo esa protección (Miguel Otero Iglesias, Real Instituto Elcano)

 "La cuarta visita en cuatro años del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, a Pekín ha vuelto a suscitar recelos tanto en Europa como al otro lado del Atlántico. En un contexto marcado por el aumento de las tensiones entre China y Estados Unidos (EEUU) y por el énfasis de la Unión Europea (UE) en la reducción de riesgos (de-risking), el sostenido compromiso de alto nivel de España con China puede interpretarse como una divergencia estratégica por parte de Madrid.

Sin embargo, esa lectura interpreta erróneamente tanto las intenciones de España como su lógica estratégica.

El enfoque español no pretende cuestionar la relación transatlántica ni alinearse con China frente a EEUU. Más bien, responde a una evaluación pragmática de lo que Europa debe hacer para proteger mejor la prosperidad y la seguridad de su población. Desde la perspectiva de Madrid, esto exige algo más que una estrategia defensiva de reducción de riesgos. Requiere reforzar las capacidades europeas y relacionarse con China de forma que amplíe el margen de maniobra de Europa en lugar de restringirlo.

China no es un actor marginal que Europa pueda permitirse relegar. Es un pilar central de la producción industrial global, un actor clave en las tecnologías verdes y un socio indispensable para abordar desafíos globales. Para España, por tanto, la cuestión no es si relacionarse con China o no, sino cómo hacerlo de una manera que refuerce la resiliencia económica y contribuya a la autonomía estratégica europea en un sentido más amplio.

Este pragmatismo se basa en la experiencia histórica de España. Los periodos de cierre han coincidido con el estancamiento, mientras que la apertura al comercio, la inversión y las ideas han impulsado la modernización y el crecimiento. Este legado sostiene una preferencia clara: el proteccionismo no se percibe como una estrategia viable a largo plazo, sino como una fuente de debilitamiento.

Al mismo tiempo, España es ante todo un actor firmemente comprometido con Europa. El gobierno apoya plenamente el marco de la UE que define a China como socio, competidor y rival sistémico, y participa en los esfuerzos para reforzar la seguridad económica. España no busca romper filas con Bruselas; aspira a influir en la política europea hacia China desde dentro.

Lo que sí cuestiona España es la tendencia a reducir el debate europeo sobre China exclusivamente a la reducción de riesgos. Si el objetivo es proteger mejor la prosperidad y la seguridad, centrarse únicamente en disminuir las dependencias de China resulta demasiado limitado y, en última instancia, miope. La autonomía estratégica no equivale a autarquía. Europa seguirá siendo interdependiente con el exterior y su tarea consiste en gestionar esas interdependencias de forma que reduzcan la vulnerabilidad, al tiempo que generan capacidad de influencia, resiliencia y oportunidades.

En este contexto, el acercamiento de España a China representa un intento de recalibrar el actual énfasis en el de-risking hacia un enfoque más eficaz que combine iniciativas reactivas y proactivas: proteger sectores críticos cuando sea necesario, pero también invertir, negociar y cooperar allí donde el compromiso pueda ayudar a Europa a mejorar sus capacidades.

La alternativa española no es, por tanto, una apertura ingenua, sino un compromiso estructurado y condicionado. Aunque acoge la inversión china, especialmente en energías renovables y vehículos eléctricos, para reforzar su capacidad industrial, también reconoce los riesgos asociados a las asimetrías, las dependencias y la competencia industrial.

Sin embargo, la respuesta no puede limitarse a la retirada. Europa también debe aprovechar las oportunidades que ofrece China, especialmente en sectores donde España y la UE pueden ganar escala, tecnología, acceso a mercados o mayor relevancia en las cadenas globales de valor. Si Europa quiere proteger su prosperidad y su seguridad a largo plazo, debe volverse más capaz y más estratégicamente indispensable, no simplemente menos expuesta.

Precisamente por estas preocupaciones y oportunidades, el compromiso debe ir acompañado de expectativas claras.

El diálogo de Sánchez con los líderes chinos lo sitúa en una buena posición no sólo para trasladar directamente las preocupaciones europeas, sino también para explorar posibles avances que hagan la relación más equilibrada y productiva. Su mensaje en Pekín, por tanto, no fue de cooperación incondicional. Más bien, se ha subrayado la necesidad de una relación con China que refuerce la reciprocidad, fortalezca la resiliencia y reduzca el atractivo de enfoques más proteccionistas dentro de la UE.

En el futuro, existen varias áreas en las que ese progreso podría materializarse y es muy probable que se abordaran por Sánchez y Xi.

En primer lugar, garantizar un acceso estable a insumos críticos es esencial. Evitar restricciones a la exportación de tierras raras e imanes para los socios europeos reduciría la incertidumbre en las cadenas de suministro y generaría confianza.

En segundo lugar, Pekín debería abordar las preocupaciones planteadas por la comunidad empresarial europea, lo cual enviaría una señal clara. Las cuestiones relativas al acceso al mercado, la transparencia regulatoria y unas condiciones de competencia equitativas siguen siendo esenciales. Los avances en estos ámbitos demostrarían el compromiso de China con la reciprocidad.

En tercer lugar, la apertura del sector servicios a las empresas europeas representa una gran oportunidad. Europa, y España en particular, cuenta con ventajas competitivas en ámbitos como los seguros, la sanidad, el turismo, la ingeniería y la logística.

Por último, no puede ignorarse el contexto geopolítico más amplio. El entorno de seguridad europeo está marcado por la guerra de Rusia en Ucrania y la posición de China es objeto de estrecha atención. Un mayor compromiso chino para contribuir al fin del conflicto de una forma aceptable para la parte invadida tendría un efecto positivo significativo en Europa.

Las frecuentes visitas del presidente del gobierno español a China reflejan un esfuerzo por preservar margen de maniobra, diversificar alianzas y contribuir a una posición europea más equilibrada y autónoma. Para Sánchez, relacionarse con China no es una alternativa a la protección de la seguridad y la prosperidad europeas; forma parte de cómo debe llevarse a cabo esa protección, siempre que esté guiada por el principio de la reciprocidad, el realismo y unos intereses europeos claramente definidos.

Que este enfoque se convierta en un paradigma europeo más amplio dependerá tanto de la evolución de las propias políticas chinas como de la capacidad de Madrid para persuadir a otras capitales. Una relación productiva debe construirse, en última instancia, en ambas direcciones."

(Miguel Otero Iglesias, Mario Esteban, Real Instituto Elcano, 21/04/26) 

18.4.26

¿Qué quiso hacer Sánchez en China? Articular un eje sino-europeo de responsabilidad climática, que permita acelerar la transición energética ¿Cómo entender el proyecto de Sánchez de acercamiento en nombre de la ecología? La energía ha pasado a ocupar, una vez más en la historia, el centro del tablero... las alternativas tecnológicas son ya una realidad tangible, están disponibles en generación eléctrica, edificación y movilidad... sin embargo, esta misma coyuntura revela con crudeza hasta qué punto esa gran transición necesita un nuevo impulso geopolítico, pues, una alternativa tecnológica superior en términos costo-eficientes, ha desatado la furia en sus centros de poder político: Washington, Moscú y Riad... Se ha conformado, así, una nueva Santa Alianza que persigue prolongar el control sobre una de las bases materiales que han sostenido la arquitectura geopolítica de los siglos XX y XXI... la descarbonización supone una profunda reorganización de las bases materiales del poder. De llevarse a cabo con éxito, supondría el mayor proceso de descapitalización de la historia económica por los ingentes recursos fósiles que se quedarían varados... Quienes se benefician de las ingentes rentas y activos patrimoniales derivadas de los recursos fósiles se han conjurado para hacer fracasar por todos los medios la transición global de la energía. Y la Unión Europea, con sus políticas climáticas y de transición energética, se erige como un obstáculo prioritario a debilitar, cuando no a derribar... así pues, la relación de Europa con China adquiere un significado renovado que trasciende la lógica convencional de competencia entre potencias, para pasar a una cooperación de largo recorrido y orientación pragmática entre dos polos geopolíticos, económicos y tecnológicos que concentran capacidades decisivas para evitar el caos climático y reconfigurar el sistema energético global. Europa aporta un marco normativo avanzado, una experiencia pionera en políticas de descarbonización y un modelo social que integra cohesión y sostenibilidad. China, por su parte, dispone de la escala industrial, la capacidad de despliegue y el control de las cadenas de valor tecnológicas que hoy determinan el ritmo de la transición... El interés de ambas converge, además, en su vulnerabilidad compartida ante un orden fósil que no sólo no controlan, sino que se erige como grave amenaza a su seguridad... Se trata de esquivar los peores escenarios climáticos y contribuir al fortalecimiento del sistema multilateral y al papel central de las Naciones Unidas (Emilio Santiago Muíño)

 "Durante una gran ceremonia celebrada en el Gran Palacio del Pueblo, en Pekín, Xi Jinping declaró con cierta solemnidad que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se encontraba «en el lado correcto de la Historia».

De trasfondo una delicada reconfiguracion de las relaciones internacionales en las que España, actuando como avanzadilla consciente de las posiciones europeas, busca fortalecer de manera significativa la colaboración entre Europa y China, dejando atrás años de desconfianza y recelo.

¿Cómo entender el proyecto de Sánchez de acercamiento en nombre de la ecología? Este texto, cuyos análisis son fundamentales para definir la política española, revela un contexto general de la cuarta visita de Sánchez a China en cuatro años y cómo los retos globales necesitan más que nunca como condición imprescindible un gran acuerdo de largo recorrido entre ambas potencias.

El orden mundial vigente en las últimas décadas se encuentra en plena reconfiguración y el horizonte estratégico europeo precisa ser reformulado. El retorno de las lógicas imperiales —nostálgicas de un “gran ayer” glorioso—en las dos grandes potencias nucleares, Rusia y Estados Unidos, junto al ascenso de China y la regresión democrática global, están redibujando en profundidad los contornos de dicho orden.

La Unión Europea precisa leer acertadamente las nuevas tendencias globales y el poder inherente en la disposición específica de los elementos.

Hay sobrados motivos para creer que el proyecto político que representa la Unión Europea se encuentra sometido a un creciente cerco estratégico.
El incendio de Oriente Medio provocado por la guerra unilateral e ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán es el último episodio de dicha reconfiguración. Y la energía ha pasado a ocupar, una vez más en la historia, el centro del tablero.

El Estrecho de Ormuz se ha convertido en dramático símbolo del paso muy angosto no solo geográfico sino geopolítico, económico y de seguridad, que supone la dependencia energética de unos combustibles fósiles utilizados como vectores de poder. El contraataque iraní sobre las infraestructuras energéticas del Golfo y, sobre todo, el cierre del mencionado estrecho —por donde transita la mitad de las exportaciones mundiales de petróleo— han situado al sistema económico global al borde de un shock de grandes dimensiones. La disrupción del suministro ha sido descrita, de hecho, por la Agencia Internacional de la Energía como potencialmente más grave que la crisis de 1973.

Es probable, por tanto, que la guerra provoque un profundo punto de inflexión en el sistema energético mundial. Acelerará en el medio plazo el abandono de la dependencia del petróleo y el gas, en especial en países asiáticos que están viviendo una emergencia energética que afecta de lleno no sólo a su economía sino a su seguridad nacional. La razón es simple: las alternativas tecnológicas son ya una realidad tangible, están disponibles en generación eléctrica, edificación y movilidad. Y, sin embargo, esta misma coyuntura revela con crudeza hasta qué punto esa gran transición necesita un nuevo impulso geopolítico que permita quebrar la estructura de dependencia fósil que sigue atenazando a la mayoría de la humanidad.

Para Europa la lección es clara y contundente. Tras la crisis derivada de la invasión rusa de Ucrania y tras la agresión militar a Irán, la política energética ya no puede pensarse solo en términos de eficiencia y sostenibilidad climática, sino como el eje central de la seguridad y la soberanía estratégica.
Esta es, en última instancia, la cuestión de fondo del este ensayo: en un momento en que la transición energética empieza a perfilarse como una alternativa real al orden fósil global, los centros de poder que se benefician de él redoblan sus esfuerzos por prolongar su dominio económico y geopolítico. Urge, en consecuencia, una reformulación estratégica que sitúe la energía y el clima en el corazón del proyecto político europeo. Y es que ya no se trata sólo de preservar las bases naturales/ climáticas de la existencia, sino de garantizar la autonomía material de nuestras sociedades en un mundo peligrosamente inestable.

Hacia el caos climático

El importante informe científico publicado en febrero de 2026, The risk of a hothouse Earth trajectory, 1 ofrece una conclusión contundente a la vez que preocupante: tras doce meses consecutivos habiendo superado el incremento de la temperatura media de la atmósfera en 1,5 grados, el objetivo más ambicioso fijado en el Acuerdo de París ha sido ya superado o lo será en breve.

Lo que es aún más grave, dada la actual dinámica de las emisiones globales y el contexto geopolítico internacional, hay muchas posibilidades de que el umbral de seguridad de los 2 grados se supere hacia 2045. Y es que el incremento de la temperatura de la atmósfera se ha acelerado. Mientras que entre 1880 y 1970 el aumento por década fue de 0,05 grados y entre 1970 y 2010 de 0,19 grados, entre 2010 y 2025 ha sido ya de 0,31 grados, un salto significativo. De no mediar una reducción drástica de las emisiones globales en el horizonte temporal 2026-2035, algo relativamente poco probable a la vista de los débiles compromisos adoptados por los grandes emisores, el incremento de los 2 grados su superará en apenas veinte años.

Ese escenario supondría el fracaso de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) aprobada en 1992 en la cumbre celebrada en Río de Janeiro. Dicha convención ha vertebrado la respuesta climática internacional, incluyendo el Protocolo de Kioto en 1997 y el Acuerdo de París en 2015.

Desde el primer informe de síntesis del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), publicado en 1990, el umbral de los 2 grados ha sido la referencia que ha guiado a la comunidad científica. De hecho, cuando la CMNUCC formuló su objetivo central de “evitar una interferencia antropogénica grave sobre el clima de la Tierra”, ese nivel de aumento era el que definía la interferencia.

Respecto a la dinámica de las emisiones conviene destacar tres aspectos.

Primero, once años después del Acuerdo de París, éstas continúan aumentando, no se ha producido aún el punto de inflexión. Segundo, China principal emisor mundial, responsable de aproximadamente el 30 por ciento de las emisiones anuales, se ha fijado objetivos de mitigación poco ambiciosos en el horizonte 2035, del orden del 7-10 por ciento respecto al máximo que alcance a lo largo de esta década, por lo que su reducción será “neutralizada” por los incrementos esperados en otros países intensivos en el uso de carbón como India, Indonesia o Vietnam. Tercero, Estados Unidos, principal emisor en términos históricos y segundo emisor en la actualidad, no sólo se ha desentendido de sus responsabilidades adquiridas, sino que ha puesto en marcha una ofensiva contra los acuerdos climáticos y la transición energética y en defensa del poder fósil.

Como consecuencia de dichos factores, el escenario más realista entre 2026 y 2035 es una relativa meseta (plateau) de las emisiones globales, o quizás una pequeña disminución de las mismas, en lugar de la pronunciada curva de descenso que se precisaría para situar su trayectoria en una dirección compatible con los 2 grados.

La trayectoria de emisiones entre 1980 y 2025 que finaliza en dicho punto, sitúa como escenario más probable, dadas las actuales circunstancias, el denominado SSP2-4.5, línea de color amarillo ocre, que conduciría a un incremento de la temperatura media a finales del presente siglo de 2,7 grados.

Otro mensaje importante que se desprende de la mencionada figura es que, como consecuencia del Acuerdo de París y de la transición energética global, los dos peores escenarios climáticos, el SSP5-8.5 y el SSP3-7.0, contemplados por la comunidad de la ciencia del clima como posibles hace apenas una década, se puede decir, con bastante seguridad, que han quedado descartados. Asimismo, también se desprende que, dada la situación actual, acceder al escenario climático más optimista, la línea violeta SSP1-1.9, es ya virtualmente imposible.

Partiendo de los actuales compromisos adoptados por los diferentes países, las modelizaciones llevadas a cabo tanto por la Agencia Internacional de la Energía, como por el centro de investigación Climate Tracker Initiative prevén también un ascenso de la temperatura a finales de este siglo en torno a los 2,7 grados sobre la existente en la época preindustrial. Y ello sin tener en cuenta los posibles efectos de retroalimentación positiva que se pueden activar en el sistema climático global, una vez que los umbrales 1,5 y 2,0 grados queden desbordados, que es lo que proporciona el título al estudio arriba citado (The risk of a hothouse Earth trajectory). Por ello, no es exagerado afirmar que la actual trayectoria conduce hacia el caos climático.

Transición energética: una revolución retrasada

Una de las paradojas del siglo XXI es que el agravamiento de la crisis climática coincide con un avanzado nivel de madurez de las posibilidades tecnológicas para la descarbonización, prerrequisito fundamental —aunque no único— para estabilizar el clima planetario. La “revolución electrotécnica”, en términos del centro de investigación EMBER, está produciendo la transformación energética más disruptiva y prometedora desde la revolución industrial.

Sin embargo, dicha revolución está teniendo lugar con una generación de retraso para poder cumplir con el mandato de la CMNUCC. Además, se está viendo confrontada por poderosos intereses fósiles que han conformado un bloque histórico —en el sentido gramsciano— de alcance internacional que trabaja incansablemente para hacer descarrilar dicha transición.

En las últimas décadas la energía solar fotovoltaica, la energía eólica y, más recientemente, los sistemas de almacenamiento de baterías han conocido una de las curvas de abaratamiento de costes más impresionantes de la historia económica de la energía. En el 80 por ciento de las latitudes del mundo apuntar hoy con un panel al sol se ha convertido en la forma más económica de generar electricidad.

A ello se añade la notable ampliación de los procesos económicos electrificables en términos coste-eficientes. Mientras que a comienzos de este siglo XXI apenas un 25 por ciento de los consumos energéticos finales eran electrificables, hoy alcanzan el 70 por ciento, incluyendo edificación, movilidad y, de modo incipiente, algunos procesos industriales.

Dos son las razones clave que explican esa disrupción en los costes. En primer lugar, la morfología de las tecnologías es modular, lo que las hace muy sensibles a las economías de escala que se obtienen con políticas industriales decididas, una cualidad que hace de la descarbonización un cambio tecnológico más parecido al que supuso la informática que al de las transiciones energéticas del pasado. En segundo lugar, el hecho de  mover electrones es mucho más eficiente que quemar moléculas. La electricidad obtenida del proceso fotovoltaico supone una ganancia en captación de energía solar de un orden de magnitud respecto a la fotosíntesis.

No estamos, por tanto, ante un pequeño avance ambiental, sino ante un cambio disruptivo en la historia de la energía.

Las potencias centrales del imperio de los combustibles fósiles contraatacan

El que los intereses del complejo fósil se enfrenten no solo a un amplio cuestionamiento derivado de la crisis climática y la contaminación atmosférica de las ciudades, sino a una alternativa tecnológica superior en términos costo-eficientes, ha desatado la furia en sus centros de poder político: Washington, Moscú y Riad. Por casualidad (¿o no?), Rusia y Arabia Saudí están a la cola a nivel mundial en calidad democrática, según el último informe de 2026 del instituto de investigación Varieties of Democracy, de la Universidad de Gotemburgo (los puestos 162 y 167, respectivamente, de un total de 179 países). El proceso de autocratización que atraviesa Estados Unidos con Trump lo ha llevado a ocupar el puesto 51, cuando en 2017 estaba veinte puestos por encima. 2

Se ha conformado, así, una nueva Santa Alianza que persigue prolongar el control sobre una de las bases materiales que han sostenido la arquitectura geopolítica de los siglos XX y XXI. Y es que los combustibles fósiles han conformado, desde la revolución industrial, la columna vertebral energética que ha sostenido el desarrollo de la economía-mundo. La transformación en curso se percibe como una amenaza a ese dominio global.

Para comprender en toda su dimensión lo que está en juego es preciso tener presentes algunos datos. Estados Unidos, con 20 millones de barriles diarios, es el primer país productor de petróleo del mundo y el mayor productor de gas. Arabia Saudí, con 12 millones de barriles, el segundo, y Rusia, con 10 millones, el tercero, además de ser la segunda potencia gasística.

No se trata solo mantener intactas rentas económicas y activos patrimoniales de gran magnitud. El gas y el petróleo se utilizan como vectores de poder, es decir como instrumentos de coacción estratégica en un mundo en el que la mayoría de las naciones son dependientes de los combustibles fósiles. La actual crisis energética, derivada del ataque norteamericano-israelí a Irán, constituye el enésimo ejemplo de la gran vulnerabilidad de los países obligados a importar petróleo y gas.

La magnitud de los intereses en juego es difícil de exagerar. Según la organización experta en este ámbito Carbon Tracker Initiative, el tamaño del capital fósil mundial, incluyendo las reservas probadas comercialmente explotables, así como las infraestructuras de oferta y demanda y los activos financieros implicados, supera los 90 billones (europeos) de dólares, una cifra cercana PIB mundial.

A la vista de las magnitudes económicas y los reajustes geopolíticos implicados, se comprende que la descarbonización del sistema energético global sea mucho más que un cambio tecnológico. Supone una profunda reorganización de las bases materiales del poder. De llevarse a cabo con éxito, supondría el mayor proceso de descapitalización de la historia económica por los ingentes recursos fósiles que se quedarían varados.

En los últimos años el núcleo de la transición energética se ha desplazado a Asia, concretamente a China. Tecnologías diseñadas en su día en los Estados Unidos y que, posteriormente, alcanzaron su madurez coste-eficiente en la Unión Europea gracias a las políticas públicas desplegadas por la Erneuerbare-Energien-Gesetz del gobierno de coalición rojiverde alemán, han alcanzado en China su desarrollo industrial a gran escala. De hecho, el país asiático ejerce, no sólo el liderazgo en innovación, sino que domina entre el 60 y el 90 por ciento de la capacidad industrial global en tecnologías clave como paneles solares y baterías, así como el refinado de minerales críticos. Además, uno de cada dos coches vendidos en la actualidad en el mercado chino es ya eléctrico.

Mientras que el núcleo duro del sistema fósil se encuentra en Washington, Moscú y Riad, el 80 por ciento de la humanidad incluyendo Europa, China, India, Japón y Corea del Sur, precisa importar la mayor parte de sus necesidades de petróleo y gas. Quienes se benefician de las ingentes rentas y activos patrimoniales derivadas de los recursos fósiles se han conjurado para hacer fracasar por todos los medios la transición global de la energía. Y la Unión Europea, con sus políticas climáticas y de transición energética, se erige como un obstáculo prioritario a debilitar, cuando no a derribar. Todos los medios invertidos en tal fin son bienvenidos por parte los valedores geopolíticos de las energías fósiles, incluida la inestimable colaboración de formaciones populistas de derecha que han adquirido un peso específico incontestable en nuestro continente en el último cuarto de siglo.

La «fósil-nostalgia» del populismo europeo

Los países neurálgicos de las energías fósiles, con Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudí a la cabeza, no cabalgan solos en su afán por truncar la transformación del modelo energético hacia modelos menos agresivos con el clima y con la salud de las personas. Cuentan con aliados relevantes en el propio seno de la Unión Europea, una suerte de quintacolumnistas del modelo fósil. Nos referimos, claro está, a las formaciones nacionalpopulistas que están protagonizando la regresión democrática en las sociedades liberales de nuestro entorno más inmediato.

Así, entre 2000 y 2024, partidos de ese espectro ideológico participaron en un total de 28 gabinetes de 15 países europeos. En el Parlamento Europeo los grupos Patriots for Europe (incluye a Fidesz, Rassemblement National, Vox o Chega), Europe of Sovereign Nations (con Alternativa para Alemania como partido más destacado) y European Conservatives and Reformists (con Fratelli d’Italia y los polacos de Ley y Justicia como mascarones de proa) representan a una cuarta parte del electorado.

Todos ellos comparten un hilo común: su rechazo frontal al proyecto postnacional europeo, a esa aspiración que se ha venido fraguando desde que, en 1951, con la pesadilla nazi y el Holocausto aún recientes, viese la luz la Comunidad Europea del Carbón y el Acero con el Tratado de París. Lo que nació como una comunidad económica desde intereses compartidos ha ido avanzando hacia una unidad política articulada en torno a unos principios y valores comunes, como la separación de poderes o el respeto del pluralismo.

Hoy día, los partidos populistas de derecha europeos, con el aval y la logística de la administración Trump y de no pocos tecno-oligarcas de su país, ponen palos en las ruedas de ese proyecto civilizatorio que representa la Unión Europea. Un ambicioso proyecto político que descansa normativamente en el reconocimiento y preservación de esa “ciudad entera” (por tomar prestada la expresión del primer filósofo de nuestra civilización que nos legó obra escrita, de Platón) de casi 450 millones de personas.

Las propuestas de los partidos de la derecha radical cuando están en la oposición, y sus políticas cuando gobiernan, vienen presididas por una profunda animadversión a todo aquello que signifique avanzar en la preservación de las bases naturales de existencia a partir de la evidencia científica disponible. El medio ambiente figura en sus programas y políticas incrustado en un marco nacionalista y, la gran mayoría de las veces, negacionista del cambio climático. Un marco nostálgico de la hegemonía del carbón y el petróleo como motores de la economía.

En Estados Unidos, Trump, el movimiento ultranacionalista MAGA y un Partido Republicano rendido a ambos, resultan elocuentes en ese sentido. El mismo día de su toma de posesión como presidente en su segundo mandato, el 20 de enero de 2025, Trump firmó un total de 26 órdenes ejecutivas, más que cualquier predecesor suyo en la historia del país. Nunca un presidente estadounidense se había acercado tanto a la caracterización hobbesiana del monarca como alguien que “por naturaleza, siempre está dispuesto y es capaz [in potentia proxima] de ejecutar actos de gobierno”. 3

Varias de dichas órdenes afectaban directamente a la agenda climática-ambiental, siempre en aras de un supuesto “interés nacional”. Así, una orden anunciaba la retirada de los Estados Unidos del Acuerdo de París de 2015, y posteriormente de la propia CMNUCC. Otra posibilitaba “maximizar de forma eficiente y efectiva el desarrollo y la producción de los recursos naturales ubicados en los territorios tanto federales como estatales de Alaska”, dando así vía libre al “drill, baby, drill”. Una tercera aspiraba a potenciar el aprovechamiento de los recursos energéticos y naturales disponibles en territorios y aguas federales, incluidas tierras raras. Contemplaba, asimismo, una “elección real del consumidor” eliminando las barreras regulatorias a los vehículos de combustión; o lo que es lo mismo, renunciando al impulso del vehículo eléctrico mediante “subsidios injustos y otras distorsiones del mercado impuestas por el gobierno”. 4

Los epígonos de Trump en Europa surcan la misma senda negacionista y nostálgica de los combustibles fósiles. El apartado dedicado a la política energética del programa de Alternativa para Alemania (AfD), de 2016, sostiene que el cambio climático “ocurre desde que existe la Tierra” y que “el dióxido de carbono no es un contaminante, sino un integrante indispensable de todas las formas de vida”. En abierta oposición al consenso científico, defiende que “la política climática descansa en modelos climáticos hipotéticos basados en simulaciones informáticas del IPCC”.

Los homólogos españoles de la AfD insisten en la misma línea. En su programa para las elecciones generales de 2023, Vox denunciaba a “los lobbies de la religión climática” y al “ecologismo radical” impuesto por las élites de la Unión Europea y de los organismos transnacionales. Entre las medidas que proponía figuran seguir explotando los combustibles fósiles y revertir la prohibición adoptada por la Unión Europea de vender coches de gasolina y diésel a partir de 2035, así como extender la vida útil de las centrales nucleares existentes, siempre con el horizonte de “alcanzar la soberanía energética”. 5

Estos partidos suelen hacer una encendida defensa de fuentes de energía derivadas de los combustibles fósiles en su calidad de materiales hundidos en las profundidades del territorio patrio. En cambio, según especula de forma sugerente (y provocadora) el investigador sueco Andreas Malm, las energías renovables (sol, viento, agua, olas) fluyen de un lugar a otro.

Con la salvedad parcial de la energía hidráulica, no hay equivalente renovable a nuestro carbón, nuestro petróleo, nuestro gas. Se trata “de una herencia material ultraprofunda que resulta fácil ligar a la mística del nacionalismo patrio”. Las reservas siempre estarán bajo el suelo nacional, mientras que el flujo del que se nutren las renovables guarda un vínculo débil con la patria; no pertenecen a ningún lugar particular, carecen de raíces. Para estos partidos nacionalpopulistas “la energía solar y la eólica son el judío y el musulmán de la energía”. 6

Los franceses de Agrupación Nacional (RN) se ajustan a ese imaginario. En el programa presidencial de su candidata Marine Le Pen de 2022, RN apuesta por “detener los proyectos eólicos y desmantelar progresivamente los parques existentes”. En Alemania la AfD entiende que la energía eólica presenta más inconvenientes que ventajas para humanos, animales y el paisaje. De ahí que proponga consultas ciudadanas sobre su construcción. En cambio, a modo de excepción que confirma la regla, para el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) “la transformación de nuestro sistema energético hacia energías locales y renovables constituye un elemento fundamental de una protección climática activa y es una exigencia de nuestro tiempo” que permitiría a Austria consolidar una economía descarbonizada en el horizonte de 2050. En cuanto a la energía eólica, el FPÖ admite la construcción de parques eólicos, aunque solo allí donde se minimice su impacto sobre los núcleos poblacionales y el medio ambiente. 7

El mundo de ayer no va a regresar

Las instituciones de la Unión Europea no supieron interpretar adecuadamente la situación internacional generada con la primera presidencia de Trump en 2017. Un abierto negacionista climático en la Casa Blanca suponía un disruptivo punto de inflexión. Si, tal y como afirmaban los tres últimos secretarios generales de las Naciones Unidas, la comunidad de la ciencia y el Parlamento Europeo, la emergencia climática era el problema llamado a definir el siglo XXI, lo correcto hubiese sido mantener una posición propia cuando, ese año 2017, Estados Unidos reseteó su política exterior haciendo de la contención hacia China el eje definidor de la misma (great power competition).

Europa se plegó a los nuevos vientos que llegaban del otro lado del Atlántico, en detrimento de una estrategia exterior centrada hasta entonces, en gran medida, en reconducir la crisis del clima e impulsar la transición de la energía, algo solamente viable mediante una colaboración constructiva con China. La Unión practicó un seguidismo acrítico hacia un giro geopolítico cuyo fin no era otro que preservar la hegemonía mundial estadounidense, obstaculizando, cuando no impidiendo, el despegue económico, tecnológico y militar del país asiático. No supo mantener una posición propia, autónoma, deslizándose hacia una definición confusa de sus relaciones con Pekín, en las que prevalecería la desconfianza derivada de lo que se calificaba como “rivalidad sistémica”.

Mientras que Estados Unidos protagonizaba el citado año 2017 el segundo default climático (el primero tuvo lugar con el Protocolo de Kioto) abandonando el Acuerdo de París, Pekín proyectaba estabilidad geopolítica y se atenía a los compromisos internacionales. La razón era prístina. China se había beneficiado como nadie de la globalización económica posterior a la finalización de la Guerra Fría, en especial a raíz de su incorporación a la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2001. El país asiático había sacado de la pobreza extrema a ochocientos millones de personas en cuatro décadas y había transitado desde los márgenes al centro del sistema económico, industrial y comercial mundial. Era una nación interesada, en consecuencia, en preservar la relevancia de la red de relaciones institucionales que vertebraban el sistema internacional. 8

La segunda presidencia de Trump ha agravado la desorientación europea.

La nueva doctrina definida por la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) dirige su hostilidad más afilada no ya hacia Pekín o Moscú, sino, sorpresa, hacia el proyecto político comunitario. Como resultado de ese asalto dialéctico de la ESN y la posterior amenaza de ocupar Groenlandia, la brújula europea se encuentra todavía en modo shock respecto a cómo perfilar su relación con Estados Unidos.

La desorientación es consecuencia de la dificultad para superar la dependencia hacia Estados Unidos que se percibe en algunas capitales, singularmente Berlín. Prevalece una fuerte nostalgia de los buenos viejos tiempos, en especial en las esferas conservadoras de Alemania.

Esa nostalgia es, sin embargo, mera ilusión. El mundo de ayer no va a regresar. Las placas tectónicas políticas del coloso norteamericano se han desplazado irreversiblemente. Europa ha de aceptar de manera realista los hechos, abandonar toda ingenuidad y mirar hacia el futuro.

No será fácil.

Existe, por un lado, una muy importante agenda de seguridad y defensa en relación con la guerra de agresión y desgaste de Rusia contra Ucrania, a la que Europa ha prestado acertadamente una gran atención. En buena parte de los países comunitarios del Este y de Centroeuropa la percepción de inseguridad respecto a la Rusia neoimperial de Vladimir Putin condiciona de manera decisiva su orientación estratégica.

Reaccionar al cerco estratégico fósil

La Unión Europea se ha situado desde hace más de tres décadas a la vanguardia mundial de la descarbonización.

Ha sido y es un actor fundamental en la diplomacia climática global. De hecho, ninguna otra región del globo ha llevado más lejos la posibilidad de combinar prosperidad económica y descarbonización.

Desde 1990 hasta 2025, el PIB real europeo ha crecido un 70 ciento en términos reales, mientras que sus emisiones de gases de efecto invernadero han disminuido un 37 por ciento. Un ejemplo empírico de desacoplamiento protagonizado por cientos de millones de personas a lo largo de 35 años. Pese a que China ha tomado el testigo de la innovación tecnológica y la capacidad industrial verde, ningún otro lugar como Europa presenta una proporción tan relativamente equilibrada entre desarrollo económico, desempeño ambiental, justicia social y compromiso climático.

En los nuevos centros imperiales, la actual Casa Blanca y Moscú, la Unión Europea se percibe como un proyecto político que precisan debilitar al objeto de que su agenda de refundación del orden mundial, basado en la completa dominación en sus respectivas esferas de influencia, pueda hacerse realidad.

En esta difícil encrucijada la dependencia energética constituye una seria vulnerabilidad estratégica.

Pese a las numerosas experiencias del pasado, y pese a haber abierto el camino a la competitividad de las renovables en la primera década de este siglo, la matriz energética de la Unión Europea sigue dependiendo todavía en un 70 por ciento de los combustibles fósiles, la inmensa mayoría de ellos importados. Una vulnerabilidad económica y de seguridad que ha regresado al primer plano a raíz de los efectos derivados de la guerra de Irán, cuando todavía estaba reciente el shock de oferta de gas provocado por la invasión de Rusia a Ucrania en 2022.

El proyecto político europeo se encuentra, así, sometido a un creciente cerco estratégico por parte de dos potencias agresivas, que buscan, en el marco más amplio de una reconfiguración del orden mundial, hacer descarrilar la transición de la energía y así preservar sus ingentes activos fósiles y el poder geopolítico que les proporciona.

Europa precisa, en consecuencia, reformular sus relaciones internacionales para sobrevivir y prosperar en un mundo post-atlantista. Tras el retorno de las lógicas imperiales encara el que posiblemente sea el mayor desafío existencial que ha conocido en las siete décadas transcurridas desde sus orígenes.

Ante este grave diagnóstico se impone una mirada realista.

Ideas contra los imperios

La descalificadora y agresiva visión sobre Europa articulada por la ESN de Estados Unidos y las pulsiones imperiales moscovitas, surgen de respectivas corrientes muy profundas de la historia. Es preciso responder. Las siguientes ideas-fuerza pueden servir de guía.

La primera, la Unión Europea ha de poner en marcha sin demora un salto cualitativo en su proceso de integración.

Es imprescindible sortear la capacidad de veto y bloqueo interno que poseen las naciones satélites del Kremlin dentro de Europa, con Hungría en un papel estelar; un país que, de la mano de un gobierno nacionalpopulista encabezado de forma ininterrumpida desde 2010 por Viktor Orbán, ha derivado en el país de la Unión Europea con la democracia más defectuosa, según informes solventes sobre calidad democrática en el mundo. Dada la dificultad para acordar por unanimidad la respuesta a los bloqueos sistemáticos ante crisis graves, la vía de la Cooperación Estructurada Permanente recogida en el acervo comunitario parece la opción más viable. En esa dirección, la reciente creación del E6 —Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Holanda— para acelerar la toma de decisiones, la competitividad económica y los avances en seguridad y defensa es una iniciativa muy prometedora que merece pleno apoyo.

La segunda, los informes Draghi y Letta deben reorientar el presente y futuro económico de Europa.

Se necesita un impulso expansivo sin precedentes financiado con la emisión de eurobonos, tal y como se ha hecho últimamente con la ayuda a Ucrania. Una inyección estructural de recursos que sirva para cubrir déficits críticos en materia de seguridad y defensa europea, salvar la actual brecha tecnológica con China y Estados Unidos y contribuir a reforzar el modelo social del continente, ingrediente clave de la cohesión social y expresión máxima de nuestros valores. Este enfoque económico habría de garantizar, asimismo, las inversiones requeridas por la Gran Adaptación Climática que tendrá que  desplegarse en los próximos años.

La tercera, tal y como ya hemos señalado, Europa habría de reformular sus relaciones internacionales.

En un contexto que se desplaza aceleradamente hacia lógicas de poder duro, no puede nadar sola asediada por depredadores imperiales y las relaciones con las denominadas potencias medias siendo necesarias, no son suficientes.

China es hoy día, tal y como se ha señalado, un factor de estabilidad geopolítica y epicentro de la gran transformación del sistema energético. A la Unión Europea le interesa una aproximación cooperativa de largo alcance estratégico con el país asiático, nucleada en torno a la transición energética, la acción climática responsable, relaciones comerciales en pie de igualdad y la defensa de un mundo basado en reglas, el multilateralismo y el sistema de Naciones Unidas.

Finalmente, una consideración desde la experiencia reciente de España. La economía española ha mostrado estos últimos años un desempeño notable con relación al resto de países de la OCDE. Existe consenso en que, parte del éxito, ha sido gracias a su apuesta decidida por la transición energética, en especial el formidable despliegue de energías renovables desde 2018. Ello ha favorecido precios de la electricidad más competitivos, lo que a su vez ha contribuido a atraer grandes inversiones.

Dicha apuesta no fue una improvisación. Se formuló dentro de un marco estratégico sobre clima y energía situado, desde el primer momento, en el centro del proyecto político del gobierno progresista de coalición.

Tras casi ocho años de recorrido, dicha experiencia contiene ingredientes muy aprovechables para una Europa social y climáticamente comprometida. Y ahora que los tambores de la guerra han regresado a Oriente Medio, también para una cultura de la paz.

El futuro acercamiento sino-europeo

El acercamiento de Europa a China que defendemos no supone compartir valores y modelos de sociedad. Supone compartir, de manera realista, intereses comunes derivados de la pertenencia a un mundo lleno de turbulencias, conflictos y guerras que, además, se desliza sonámbulo hacia el desastre climático.

Europa es hija de la Ilustración y de una Modernidad en la que los derechos individuales, las libertades políticas, la formación democrática de la voluntad popular, el Estado de derecho, la protección de las minorías, la propiedad privada, la cohesión social y el respeto escrupuloso a los derechos humanos forman parte de un acervo civilizatorio en el que nos reconocemos con orgullo y al que no podemos renunciar. Sin embargo, lo anterior no nos proporciona un pedestal para considerar desde una posición de superioridad filosófica o moral otros modelos de sociedad y otros valores.

Sin negar los numerosos tramos oscuros existentes en sus trayectorias históricas, Europa y China son depositarias de dos antiguas civilizaciones. Como tales han visto ascender y colapsar imperios, dinastías y regímenes políticos.

Les une el respeto hacia el conocimiento surgido de la observación empírica de la naturaleza y el aprecio por la verdad, es decir hacia la ciencia, lo que el gran reformador y estratega Deng Xiaoping llamaba “”buscar la verdad a partir de los hechos”. Sus tradiciones culturales son diferentes, pero complementarias.

La primera es heredera de la razón discursiva socrática, base de la orientación ilustrada por la deliberación democrática. La segunda es depositaria de un legado confuciano y taoísta basado en la armonía y el equilibrio entre la naturaleza y la sociedad, fuente de inspiración, por tanto, para afrontar la crisis ecológica planetaria. 9

Ambas civilizaciones han conocido en sus territorios numerosas invasiones, guerras, catástrofes, miseria y sufrimiento. Han aprendido por experiencia propia que nada hay más valioso que la paz, la prosperidad y la cohesión social de sus sociedades. Cuentan, por tanto, no sólo con los recursos económicos, industriales y tecnológicos, sino cosmovisivos y de valores para aunar esfuerzos de cara a evitar que el mundo se adentre en una espiral de autodestrucción.

En otras palabras, los liderazgos políticos, filosóficos y culturales de China y Europa atesoran la experiencia histórica necesaria para mantener las luces largas a la hora de comprender las amenazas que afronta la humanidad en este turbulento siglo XXI, entre las que la emergencia climática ocupa un lugar central.

La nueva soberanía estratégica europea

Recapitulando nuestro análisis, defendemos que Europa se encuentra ante una convergencia de riesgos sistémicos que no admiten dilación.

El riesgo climático y el energético no pueden pensarse como agendas separadas. Constituyen, en realidad, dos dimensiones complementarias de un mismo programa de emancipación de alcance civilizatorio: la transición hacia un nuevo sistema energético mundial cuya consecución permitirá tres logros históricos. Primero, estabilizar una muy peligrosa trayectoria climática planetaria; segundo, liberar inmensas posibilidades económicas de las que se beneficiarán las mayorías sociales; y, tercero, apaciguar un sistema internacional crecientemente conflictivo como consecuencia del carácter dominador con que se emplean los recursos fósiles. En otras palabras, pacificación geopolítica, estabilidad climática y fuerte impulso a la innovación y el desarrollo económico para beneficio de las mayorías sociales.

En ese sentido, la reciente crisis desencadenada en el Golfo Pérsico ha actuado como recordatorio de una verdad incómoda: mientras Europa dependa estructuralmente de flujos fósiles externos, su autonomía estratégica será siempre relativa. Sin soberanía energética Europa será vulnerable ante potencias imperiales que han situado el concepto de “dominación” en el centro de su doctrina energética.

La transición ha dejado de ser, en consecuencia, únicamente una política climática y económica. Se sitúa en el corazón mismo de la soberanía estratégica europea, al afectar al núcleo mismo de nuestra seguridad.

En este contexto, la relación de Europa con China adquiere un significado renovado que trasciende la lógica convencional de competencia entre potencias. Una cooperación de largo recorrido y orientación pragmática entre dos polos geopolíticos, económicos y tecnológicos que concentran capacidades decisivas para evitar el caos climático y reconfigurar el sistema energético global. Europa aporta un marco normativo avanzado, una experiencia pionera en políticas de descarbonización y un modelo social que integra cohesión y sostenibilidad. China, por su parte, dispone de la escala industrial, la capacidad de despliegue y el control de las cadenas de valor tecnológicas que hoy determinan el ritmo de la transición.

El interés de ambas converge, además, en su vulnerabilidad compartida ante un orden fósil que no sólo no controlan, sino que se erige como grave amenaza a su seguridad. Se trata, por tanto, de ir articulando un eje sino europeo de responsabilidad climática y cooperación energética, que permita acelerar la transición, esquivar los peores escenarios climáticos y contribuir al fortalecimiento del sistema multilateral y al papel central de las Naciones Unidas.

En última instancia, la cuestión es sencilla en su formulación y decisiva en sus consecuencias: o Europa sitúa la acción climática y la soberanía energética en el centro de su proyecto político y de su acción exterior —lo que pasa por replantear su relación con China—, o el creciente cerco estratégico fósil por parte de Rusia y Estados Unidos nos abocará no sólo al empobrecimiento relativo, sino a la continua dependencia y vulnerabilidad hacia un régimen energético desestabilizador. Lo que podría acabar provocando la involución del proyecto político europeo.

Actuar con la escala, la ambición y la inteligencia estratégica que exige este momento histórico es, probablemente, la tarea más importante a la que se ha enfrentado la Unión Europea desde su fundación.

Notas al pie
  1. William J. Ripple et al., «The risk of a hothouse Earth trajectory», One Earth, vol. 9 (2), 20 de febrero de 2026.
  2. «Unraveling The Democratic Era?», V-Dem Institute, 2026.
  3. Thomas Hobbes (1998 [1642]): On the Citizen. Cambridge: Cambridge University Press, p. 97.
  4. Executive Order 14162 of January 20, 2025: “Putting America First in International Environmental Agreements”, en: https://www.govinfo.gov/content/pkg/FR-2025-01-30/pdf/2025-02010.pdf; Executive Order 14153 of January 20, 2025: “Unleashing Alaska’s Extraordinary Resource Potential”, en: https://www.govinfo.gov/content/pkg/FR-2025-01-29/pdf/2025-01955.pdf; Executive Order 14154 of January 20, 2025: “Unleashing American Energy”, en: https://www.govinfo.gov/content/pkg/FR-2025-01-29/pdf/2025-01956.pdf.
  5. “Programm für Deutschland. Das Grundsatzprogramm der Alternative für Deutschland”, Stuttgart (2016), pp. 156, 170, en: https://www.afd.de/wp-content/uploads/2017/01/2016-06-27_afd-grundsatzprogramm_web-version.pdf; Vox. Un programa para lo que importa. Programa electoral para las Elecciones Generales del 23J de 2023, p. 117, en: https://www.voxespana.es/programa/programa-electoral-vox.
  6. Andreas Malm & Zetkin Collective (2024): Piel blanca, combustible negro. Los peligros del fascismo fósil. Madrid: Capitán Swing, pp. 333-334.
  7. “M la France. 22 mesures pour 2022”, medida nº 12. En: https://mlafrance.fr/pdfs/22-mesures-pour-2022.pdf; “Zusammen. Für unser Österreich. Regierungsprogramm 2017-2022”, p. 169 y 179. En: https://nfz.fpoe.at/fpo-ovp-regierungsprogramm-2017-2022/59887739 ; Handbuch freiheitlicher Politik (4ª ed., 2013), p. 59.
  8. Antxon Olabe Egaña, “China, la dinastía roja”, Política Exterior Vol. 32, nº 185, septiembre-octubre 2018.
  9. Antxon Olabe Egaña, “The EU-China Climate Agreement: Building Success at the Crucial Glasgow Summit”, Real Instituto Elcano. Documento de Trabajo 20, 2020. "
(Emilio Santiago Muíño, Jesus Casquete, Antxon Olabe , El Grand Continent, 16/04/26)