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19.11.19

De lo que no se ha hablado en la campaña electoral... de la potencial crisis económica que puede llegar... ni de hacer a la economía española más eficiente...

"(...) en la campaña electoral que acabamos de vivir. Se han esgrimido argumentos por parte de cada uno de los partidos que eran difíciles de rebatir por los otros partidos, que podían llevar a una discusión eterna, pero que en ningún caso solucionaban los problemas de la economía del país. (...)

¿Cuáles son los peligros que nos acechan? ¿De qué no se ha hablado en economía en esta campaña? En primer lugar de la potencial crisis económica que puede llegar.

Lo que pasará en el futuro nadie lo sabe, pero nadie puede negar que efectivamente existe la posibilidad de que haya una crisis económica de la envergadura de  la que hubo en el 2008. Que hay una desaceleración está aceptado por el consenso de los economistas “oficiales”, pero nadie advierte a la ciudadanía de que la crisis del 2008 se cerró en falso,de que no es normal la situación monetaria en la que nos encontramos. ¿Es posible que los tipos de interés estén al cero por ciento? ¿Es lógico que el banco central europeo esté comprando deuda pública?

La obligación de nuestros políticos debería haber sido advertir de esto, pero sobre todo, proponer medidas para estar preparados en caso de que finalmente se produjera dicha crisis. La economía tiene aspectos difíciles de entender, pero todo el mundo sabe que la mejor manera de enfrentar una situación incierta es fomentar el ahorro de las familias, y esto no se ha mencionado a lo largo de la campaña.

Tampoco se han mencionado medidas para hacer a la economía española más eficiente. Estas deben venir tanto de partidos de izquierdas como de derechas. Es de suponer que los partidos políticos tienen asesores suficientes como para tener una estrategia de mejora de la economía. De ser esto así, deberían compartir dichas ideas con los ciudadanos, y sobre todo, en época de campaña electoral, para que éstos decidieran quien es más creíble, a quien votar y a quien exigir resultados durante la fase de gobierno.

En este sentido, se echa de menos una política industrial desarrollada, donde el gobierno apoyase a sectores estratégicos de nuestra economía. Donde se señalasen cuáles son las industrias en que España pudiera ser competitiva a nivel internacionaly qué pasos habría que tomar para serlo. Esta sería la mejor manera de prepararse para futuras crisis.

En definitiva, en las campañas electorales se deben hacer propuestas concretas, planes de trabajo donde los votantes de ahora tengan argumentos suficientes para decidir en siguientes elecciones si el partido político en cuestión ha cumplido con su plan o ha fracasado a la hora de llevar a cabo las medidas prometidas, y así dar paso a otro partido mejor preparado."              (El Captor, 13/11/19)

9.7.19

Presento una propuesta sobre los debates electorales... éstos deberían centrarse en algunos de los temas más importantes para los ciudadanos... en estos momentos, los tres primeros son el paro, la corrupción y los partidos políticos. Los candidatos tendrían que concretar las medidas que propondrían para solucionarlos...

"Ahora que termina este ciclo electoral de generales, europeas, locales y autonómicas es el momento de reflexionar sobre algunas de las características de nuestra democracia y proponer reformas que puedan ser útiles a todos los partidos y, por tanto, al conjunto de los ciudadanos.
A continuación, presento una propuesta sobre los debates electorales que podrían discutir todos los partidos.   (...)

Llevamos ya varias elecciones discutiendo sobre si los candidatos deben o no celebrar debates.(...)

 Respecto a los ciudadanos, ¿para qué nos sirven las campañas electorales? Nos sirven tanto para (1) controlar o contrastar lo que se ha hecho como para (2) publicitar lo que se dice que se va a hacer. Teniendo en cuenta esto, en los dos debates de estas elecciones generales pasadas vimos bastante de lo primero pero menos de lo segundo: si pensamos en alguna medida o propuesta concreta, difícilmente recordemos algo. 

Los candidatos controlan y publicitan sus argumentos teniendo en cuenta, en teoría, lo que más preocupa a los ciudadanos, y lo que estiman que les puede ir mejor. ¿Fue ese el caso? Según el CIS (estudio 3240), no. He mirado la respuesta a la pregunta sobre el principal problema de España.

 La columna recoge el total de las respuestas y está disponible aquí. Por cierto, cuando se pregunta por los problemas que más les afectan a los encuestados, la independencia de Cataluña baja hasta el 5% en el acumulado.


Si bien durante los debates electorales se trataron varios asuntos, la presencia del asunto catalán superó, con mucho, la de asuntos clave como la educación y la sanidad o la calidad del empleo. En definitiva, los partidos durante los debates hicieron una cosa mientras que los intereses de los españoles habrían sugerido otra.

A pesar de este desfase entre los intereses ciudadanos y los asuntos discutidos, los debates electorales generan grandes audiencias y nos proporcionan información valiosa. Pero, a mi juicio, podemos obtener más y mejor información. ¿Cómo? Imitando a Indonesia. Allí se han realizado 5 debates ante las elecciones presidenciales de este año. 

En cuatro de ellos los dos principales candidatos (Widodo y Subianto) debatieron sobre (1) derechos humanos, terrorismo y corrupción, (2) energía, alimentación, recursos naturales o energía, (3) política exterior y defensa y (4) economía. También hubo uno (5) entre los candidatos a vicepresidentes.

La propuesta, por tanto, consiste en realizar debates electorales entre los candidatos que se centren en algunos de los temas más importantes para los ciudadanos.

 (...) no es necesario que todos los debates los hagan los líderes y así se pueden dar a conocer a los respectivos equipos (ya lo vimos con el debate de Solbes y Pizarro) 

(...) los candidatos se verían obligados a concretar sus medidas en mayor medida que ahora. Un ejemplo: cuando dicen que les interesan asuntos como la despoblación del interior del país y que eso es un problema, más allá de la declaración, ¿Qué propondrían? (...)

Esta propuesta no es ideal. Como bien escribía Víctor Lapuente hace unos días, estamos expuestos al contraste electoral cuando es menos efectivo, durante el periodo electoral. Pero esta propuesta aumentaría los elementos de contraste para mejorar la calidad de nuestra democracia."          (Ferran Martínez i Coma, eldiario.es, 10/06/19)

28.6.19

Ann Pettifor: El Green New Deal ofrece un cambio radical ambiental y económico. Solo cuando apaguemos, regulemos y moderemos el "toque" del "dinero fácil" será posible regular y "apagar" las emisiones tóxicas de los combustibles fósiles...

"El resurgimiento de la idea del Green New Deal (desarrollado por primera vez en un informe publicado en 2008) y popularizado por Alexandria Ocasio-Cortez y Justice Democrats en los EE. UU. Es un gran avance para los activistas ecológicos y, con suerte, para nuestras especies amenazadas. 

Esto se debe a que tiene una única pregunta radical: una transformación ecológica y económica del sistema actual para terminar con nuestra adicción a los combustibles fósiles y el consumo sin fin de los activos finitos de la tierra.

¿Qué es el Green New Deal y cómo beneficiaría a la sociedad?

 El Green New Deal exige importantes cambios estructurales (gubernamentales e intergubernamentales) (no solo cambios de comportamiento) en nuestro enfoque del ecosistema. Además, y como en la década de 1930, este cambio será impulsado por la transformación estructural radical del sector financiero y la economía. 

Fue desarrollado en el entendimiento de que las finanzas, la economía y el ecosistema están estrechamente vinculados entre sí. Proteger y restaurar el equilibrio del ecosistema no se puede abordar de manera efectiva sin la transformación de los otros sectores. Financiar la transformación de la economía lejos de su dependencia de los combustibles fósiles no puede lograrse sin una transformación del sector financiero.

 En 2009, antes de la conferencia de Copenhague sobre el cambio climático, observé consternado como una manifestación “verde” organizada en la plaza Trafalgar de Londres (...) estaban allí para exigir que los líderes mundiales hicieran algo para proteger a las sociedades de la degradación del clima. Pero no estaba del todo claro qué se quería exactamente de esos líderes.

 No había un eslogan similar a "dar a las mujeres el voto", "cancelar la deuda del país pobre para el año 2000" o "derogar las leyes de apartheid". La razón era fácil de ver.(...) Trafalgar Square se cubrió con pancartas y carteles de muchas organizaciones no gubernamentales diferentes, algunas verdes y otras no. A pesar de todos sus "mensajes", estas organizaciones estaban preocupadas por su propia supervivencia y no habían podido cooperar para unirse detrás de una sola demanda para los líderes mundiales.  (...)

El movimiento verde, denominado el "movimiento más grande en la tierra", es vasto, dispar, atomizado y marginado. Como señala el siempre vigilante Paul Hawken, "nadie puede verlo ...". No ha logrado conectarse con movimientos contra las élites "globalistas", ni contra la austeridad y la inseguridad.

  Una de las razones es que sus defensores tienden a centrarse en la acción individual ("cambiar sus bombillas") o en la comunidad ("reciclar, reutilizar, reducir, localizar"). Han sido débiles en comprender y promover la necesidad de un cambio estructural radical en todos los sectores, a nivel mundial y nacional, un cambio que involucra la acción del estado. 

Y ese cambio estructural no puede emprenderse simplemente a nivel de las negociaciones internacionales sobre el medio ambiente. Tiene que aceptar, como lo hace el Green New Deal, la necesidad de un cambio estructural en el sistema financiero y económico global.

 Su ambición está en una escala mucho mayor que la del New Deal de Roosevelt en la década de 1930. (Recordemos que su administración también enfrentó una catástrofe ecológica: la cuenca del polvo). Las amenazas climáticas a las que nos enfrentamos están en una escala más allá de la imaginación de los New Dealers. Aún debemos aprender de la administración de Roosevelt.

 Para enfrentar el cambio climático, necesitamos abordar simultáneamente la causa raíz del aumento de las emisiones tóxicas: un sistema financiero autorregulado y globalizado que inyecta suministros exponenciales de crédito no regulado en manos de especuladores y consumidores. El crédito que se utiliza a su vez para inflar los precios de los activos existentes y para alimentar el consumo de los activos finitos de la tierra extraídos a través de la energía de los combustibles fósiles. Solo una vez que apaguemos, regulemos y moderemos el "toque" del "dinero fácil" será posible regular y "apagar" las emisiones tóxicas de los combustibles fósiles.

 El realismo de la demanda Green New Deal se debe precisamente a que se remonta a una era en la que la economía global se transformó (casi de la noche a la mañana) por las políticas monetarias revolucionarias keynesianas de un presidente estadounidense. Esto le permitió a su administración implementar una política fiscal para transformar tanto la economía doméstica como la cuenca del polvo. 

Esto se hizo creando millones de empleos a través del Cuerpo Civil de Conservación, cuyos trabajadores plantaron más de 3 mil millones de árboles y construyeron senderos y refugios en más de 800 parques en todo el país durante nueve años de existencia.

 La experiencia y el éxito del New Deal, profundamente defectuoso en muchos aspectos, nos asegura que la transformación es posible. Después de todo, se ha hecho antes, y aún vive en nuestra memoria. 

 Y sabemos que se puede hacer, porque se hizo antes, por la voluntad popular que respaldó a la administración de Franklin D Roosevelt cuando comenzó (en la noche de su inauguración en 1933) a desmantelar el sistema oro globalizado.

 Ese es el amplio marco conceptual que ofrece Green New Deal. Un “paraguas” para movilizar y unificar los esfuerzos de millones de personas que luchan contra la crisis climática, el fracaso del sector financiero y la inseguridad económica globalizada. Un paraguas que, con suerte, unirá e inspirará a un gran número de activistas verdes en todo el mundo y, a su vez, desencadenará la acción estatal para subordinar las finanzas a los intereses de la sociedad y el ecosistema, y ​​así garantizar un planeta habitable para las generaciones futuras."

(
es Directora de Investigación de Políticas en Macroeconomía (PRIME) y coautora del Informe original de Green New Deal (2008), The Guardian, 11/02/19 , traducción google)

6.5.19

Hay una relación directa estadística entre la intensidad del discurso “patriótico” de un dirigente (de ambos lados, el españolista y el catalanista) y su neoliberalismo. Cuanto más neoliberal es el político, más patriótico y nacionalista es su discurso. En España, el partido más neoliberal es Vox, y también el que habla más de patria. Es casi imposible que el tema de la crisis social aparezca en el debate político. Han sido los mayores medios los principales responsables de la ocultación de la crisis social...

"(...)  Todas las encuestas creíbles (que no son muchas) señalan que el interés y las preocupaciones de las clases populares (que son la mayoría de la población) son la elevada tasa de paro (que alcanza unas dimensiones alarmantes entre las personas que desean trabajar y no encuentran trabajo), la excesiva precariedad entre gran parte de los que sí que lo encuentran, los bajos salarios (y, consecuentemente, la dificultad para llegar a fin de mes), la limitada accesibilidad al alquiler y a la vivienda, la reducción de la capacidad adquisitiva de las pensiones (sí, repito, en contra de lo que se publica en los mayores medios, de las más bajas de la UE-15), el crecimiento de las listas de espera en la sanidad, la subfinanciación del sistema educativo (con las tasas universitarias más altas de la UE) y otras realidades que señalan la enorme crisis social que existe en España, sin precedentes en la época democrática, como he documentado extensamente en mis trabajos (ver mi artículo El enorme sufrimiento causado por el neoliberalismo y sus responsables, Público, 26.03.19).

En cambio, en los grandes medios de comunicación y en los fórums políticos el GRAN TEMA que ha absorbido la gran mayoría del espacio y tiempo ha sido lo que se llama en ocasiones el “tema territorial”, también conocido como el “tema nacional” o también “la relación entre España y Catalunya” (ignorando, en este último caso, que la mayoría de catalanes no desea la independencia).  
Tan alejada está la percepción de lo que es “más importante” por parte de los representantes políticos por un lado, y de los representados por el otro, que este alejamiento ha pasado a ser percibido por la mayoría de la población como un problema grave del país. 

Desde hace años se ha ido percibiendo que existe una clase política ensimismada y supertensa, absorbida en su propio discurso y temáticas, aislada de los problemas de la vida cotidiana de las clases populares. Mientras la tensión territorial entre el Estado español y la Generalitat de Catalunya ocupa la mayor parte del espacio político y mediático del país, apenas aparece entre las principales preocupaciones a nivel de las clases populares. 

Sí que aparece, en cambio, como problema, el comportamiento de la clase política. No hay duda de que ello está creando un problema de legitimidad del Estado, así como el crecimiento de la desorientación, el cansancio y la abstención.

¿Por qué existe esta distancia entre lo que preocupa a la gente y lo que preocupa a la clase política? ¿Y por qué no se habla de ello?

Para dar respuesta a esta pregunta hay que conocer dos cosas. Una es la principal causa de la gran crisis social que ha tenido lugar en el país. Y la causa de tal crisis es fácil de ver (aunque raramente leerá sobre ella o la verá en los mayores medios de información): es la aplicación de las políticas públicas neoliberales impuestas (y digo impuestas, pues no estaban en sus programas electorales) por los partidos gobernantes en España (y también en la Generalitat de Catalunya), las cuales han dañado enormemente la calidad de vida y el bienestar de la mayoría de la población (y muy en particular de sus clases populares). 

Tales políticas, como las reformas laborales del gobierno PSOE y del gobierno PP (con apoyo de Ciudadanos y de Convergència, rebautizada como PdeCAT) y los enormes recortes de gasto en transferencias (como las pensiones) y servicios públicos del escasamente financiado Estado del bienestar (como la sanidad, educación, vivienda social, servicios sociales, escuelas de infancia o servicios domiciliarios), realizados también por los partidos gobernantes en España y en Catalunya, han sido la causa de dicha crisis social.

 He escrito extensamente señalando con nombres y apellidos quiénes son los responsables, artículos que nunca se hubiera permitido que aparecieran en los mayores medios de comunicación (ver Cómo los ‘superpatriotas’ de ambos lados ocultan la enorme crisis social que han creado, Público, 20.03.19).

 La gran mayoría (aunque no todos) de tales responsables son partidos de derechas. No se subraya suficientemente que los partidos más neoliberales en el país, PP y C’s en España y CDC en Catalunya, son también los que dirigen los dos bloques que dominan el debate político del país y que hablan del tema nacional, liderando las “fuerzas patrióticas” de cada bando.

 Los “superpatriotas” que están enarbolando las banderas (la de la monarquía borbónica por un lado y la estelada secesionista por el otro) son los que en privado han aprobado las mismas leyes neoliberales aplicándolas cuando han gobernado. En realidad, hay una relación directa estadística entre la intensidad del discurso “patriótico” de un dirigente (de ambos lados, el españolista y el catalanista) y su neoliberalismo

Cuanto más neoliberal es el político, más patriótico y nacionalista es su discurso. En España, el partido más neoliberal (que llega a un extremismo dentro de la ultraderecha sin parangón en la UE), Vox, es también el que habla más de patria, seguido de Ciudadanos y del PP. Es el intento exitoso hasta ahora de desviar la atención pública de la crisis social y ocultar su responsabilidad por haberla creado. 

Y ello no hubiera ocurrido sin la complicidad de los grandes medios de información, que están controlados o bien por los partidos gobernantes o por intereses financieros y económicos que los financian (que son los mismos que financian a los partidos). La gran mayoría de los grandes medios de información han estado promocionando el neoliberalismo. Véanse los “gurús” económicos en sus páginas o en sus espacios televisivos.  (...)

 La polarización del debate político, centrándose en el tema nacional, y el control mediático del marco en el cual los temas deben debatirse, explica la dificultad de cambiar la temática del debate.

 Es casi imposible que el tema de la crisis social aparezca en el debate político. Si un dirigente de Unidas Podemos denuncia la crisis social en una entrevista, tal denuncia no aparece en la versión escrita o televisiva, dándole visibilidad en cambio a cualquier cita del tema territorial. Han sido los mayores medios los que han configurado este marco de lo aceptable o no en el debate político. Se han convertido en los principales responsables de la ocultación de la crisis social y sus responsables.

 De la misma manera que vemos en los partidos políticos que a mayor es su neoliberalismo, mayores son su “patriotismo” y su ondeo de las banderas, vemos en los medios que, a mayor neoliberalismo, mayor espacio dan al tema nacional. Y el problema es que en España no hay ningún gran medio ni de centroizquierdas ni de izquierdas.

 De ahí la gran visibilidad del tema territorial. Quieren evitar que el debate se presente en términos de derechas versus izquierdas, pues saben que sus aliados, las derechas, perderían si tal debate se presentara en estos términos. De ahí que quieran centrarse en el tema nacional

Ahora bien, sería muy fácil desmontar tal patraña, preguntándole en directo a los grandes “superpatriotas” del país “¿Cómo puede usted, Sr. Casado, Sr. Rivera, Sr. Abascal o Sr. Mas, Puigdemont, Torra, decir que aman tanto a su patria (España los primeros, y Catalunya los segundos) cuando a la vez han estado aplicando políticas que han dañado tanto a la población española y catalana, respectivamente? Tal pregunta obvia nunca se ha hecho en los principales medios de comunicación. 

Pregúntese, lector, por qué, y mire qué han estado haciendo tales medios durante todos estos años y su servilismo hacia las estructuras del poder. Naturalmente que obvia decir que hay también profesionales del periodismo que no merecen ser incluidos en esta crítica que hago en este artículo, pero lo que destaca, por un lado, es que sean tan pocos, y por el otro, que el cuerpo de periodistas tenga tan poco compromiso con la ética de su profesión, pues hay muchos manipuladores y falseadores de la realidad en los medios que deberían ser censurados por los organismos profesionales representativos de tal cuerpo, los cuales permanecen en silencio ante casos tan obvios de mala práctica y sinvergüencería. Así de claro."              

(Vicenç Navarro. Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra, Público, 18/04/19)

26.4.19

Votaré a quién nombre un robot como Ministro del Futuro... algunas propuestas escandinavas dejan en manos de software algunas ‘decisiones’ de interés público...

"(...) Por primera vez en la historia es imposible saber a que se dedicarán nuestros hijos. Dentro de 15 años el mundo laboral que conocemos será una litografía en color sepia. Lo grave es que nadie está trabajando para evitar que ese parto sea doloroso. 

Lo evidencia cada vez más el tinglado que montan los partidos políticos en campaña electoral. Sus meriendas pre-organizadas y sus discursos diseñados al milímetro. Permitidme que sonría cuando escucho esto último: ‘discursos diseñados al milímetro’. Menos mal que los preparan, si no serían de aurora boreal.
 
Votes lo que votes, no votaras a nadie que ahora mismo esté teniendo en cuenta lo que va a pasar en unos pocos años. A veces me acuerdo cuando hace doce años pensaba lo mismo y nadie hacía caso. Es de cataclismo intelectual comprobar el modo en el que se preocupan de los debates televisados, de las redes sociales, de la gestión de datos o del uso que ‘dicen’ hacer de la inteligencia artificial y luego comprobar como nada de eso está en sus programas, en su plan político. No lo tienen en cuenta. Permitidme que dude de que usen nada de eso. (...)

Ahí va un resumen muy simple a lo visto hasta ahora en la campaña electoral que se arrastra estos días por la geografía española, cansina, a ritmo de procesiones, con las saetas de siempre y la ensalada de encuestas tan interesantes como interesadas.

 Tenemos un partido de color rojo que se esconde porque todo le va genial mientras obvia la tormenta económica que se avecina. 

 Hay otro de color azul que incapaz de empatizar con los problemas reales de todo un país que aun no percibe que ha salido de la crisis en términos generales.

 El de color naranja es el que nos ha descubierto el centro político. El centro era un punto intermedio desde que lo dijera Euclides hace miles de años. Ahora ya no, el centro es un lugar entre la derecha y la derecha. 

Un cuarto partido de color morado es capaz de defender a las clases populares desde su mansión con hipoteca concedida por la banca ética. Que no se diga. 

El de color verde no es ecologista. El verde es el quinto partido en liza. Es la irrupción de la denominada ultraderecha. Una urticaria naturalizada en el resto de Europa y que en realidad es la escisión natural del sector más conservador del antiguo partido que controlaba la derecha en su conjunto. 

Hay más. Desde un partido que defiende a los animales con posiciones de vergüenza ajena, al listado habitual de partidos con intereses territoriales que amenazan con imponer voluntades locales si alguien quiere o necesita su apoyo. En general, el mismo arcoíris.

Me pregunto sobre los ‘expertos’ de los partidos de siempre. ¿Dónde se han pasado los últimos diez años los estrategas de partido, los directores de comunicación y táctica política?¿De qué leches hablan cuando plantean estrategias a sus clientes? Es divertidísimo leer las propuestas de algunas consultoras políticas sobre eso de ‘estrategia de partido’ en redes sociales o ver como muchos ‘políticos’ se ven la mar de actuales poniendo un ‘@’ delante de su nombre un ‘#’ en sus eslóganes. 

Es que esto ya no es lo que era. Digamos que la gente va decidiendo lo que votar por otros canales que no tienen mucho que ver con la estrategia (mejor dicho, táctica) de los que llevan tanto tiempo en un sillón de alcántara, del cual, cuando se levanten no habrá manera de que regrese a su forma original del tiempo y peso que lleva sufriendo el pobre asiento.

Te guste o no, la sociedad en red (que sí, también consume tele), se nutre del debate entre las ideas que se derivan y no de la visualización de unos teatros que simulan ser nutritivos. Esos espacios, esa estrategia orgánica y viva, que no depende de órdenes directas sino de su voracidad distribuida, de que la tecnología y su enlace con lo analógico permita canalizarse, aun no ha empezado a detectar el desastre económico y social al que nos encaminamos sin remedio. Un descontento social que espera a que la ‘tele’ explique que volvemos a estar en ‘crisis’ y no una ligera ‘desaceleración’.

 Esto no va de mensaje, ni de líderes, es un tema más complejo. Los americanos lo inventaron pero quienes mejor lo manejan ahora son los escandinavos. Creas un entorno, derivas un mensaje, utilizas la tecnología y la dejas fluir. Luego, sólo tienes que dejar que los datos y su gestión capaciten tus decisiones electorales y tus acciones de gobierno. Se sorprenderían el uso básico e ineficiente que se está haciendo ahora mismo de todo eso en la mayoría de países europeos y la mayoría de latinoamericanos.

Pero lo importante es económico y de lo económico no se habla. Mejor dicho, si se habla no se emite y si se emite no se escucha. Da igual como lo digas. Da lo mismo que expliques la mutación de nuestro entorno. 

Ya no escribimos cartas, no elaboramos álbumes de fotos, nos reunimos sin estar juntos, no compramos entradas en ninguna taquilla, no se utilizan mapas callejeros, las guías turísticas son reliquias, no compramos periódicos, no visitamos tiendas de música, no conservamos nada en papel, no programamos un aparato para poder ver más tarde una película, no vamos al banco, leemos libros en pantallas digitales, conversamos en cualquier momento con personas que están a miles de kilómetros sin coste y en idiomas que desconocemos a tiempo real y las ciudades se gestionan por sistemas expertos que lo regulan todo de forma automática. Todo es distinto, pero la política se mantiene voluntariamente igual. Hierática ante los cambios que se suceden en el exterior de su burbuja.

Pero les llegará. Hoy en día las decisiones políticas se toman en base a tres criterios: presupuesto, interés partidista y capacidad de gestión. La primera la gestionaría increíblemente mejor un software inteligente que una docena de ministros de economía visto lo visto. Lo segundo, más divertido, un gestor de datos masivos capaz de trabajar en base a variables de bienestar social no dependiente de votos, podría gobernar sin esperar ‘encuestas’ o lo que fuera. La tercera es pura evidencia.

 ¿Quién más eficiente que un software aséptico? La política del futuro también será tecnológica y de verdad. Ya hay síntomas en algunas propuestas escandinavas que dejan en manos de software algunas ‘decisiones’ de interés público. En un par de décadas el escenario político también será muy distinto.

 Tal vez antes. No hablo de ideología, nuevos actores, ni tan siquiera de líderes modernos ofreciendo respuestas modernas. Me refiero a que, a la política, también le llegará la disrupción, su transformación digital poco tendrá que ver con los procesos técnicos, que también, sino con los modelos de decisión y estrategia ejecutiva. Tardará porque se van a defender, pero llegará.

El camino será el mismo del de otras ‘industrias’. Pasaremos de un escenario en el que los partidos proponen y la sociedad dispone, a otro en el que la sociedad exigirá y los partidos se adaptarán a esas peticiones. Para ello hará falta mucha democracia, viva y constante, automatizaciones, aceptación de que las deducciones estratégicas y políticas pueden establecerse mucho mejor a partir de la interpretación de los datos masivos y de la inteligencia artificial. No es ciencia ficción. 

Tiene poco de ficción y mucho de ciencia. Como ejemplo decir que existen compañías cotizadas en Japón que están siendo dirigidas por un software. En concreto hablo del caso del cerebro digital ‘Vital’ de la empresa Aging Analytics. Un CEO digital que gobierna una multinacional y que tiene voto de valor en un consejo de administración que está a sus órdenes. Por cierto, el incremento de facturación y beneficios ha permitido que se le renueve el contrato indefinidamente.

La convivencia entre lo tecnológico aplicado a la política es potencialmente viable. ¿Por qué van a ser los políticos los únicos a los que no les afecte ese futuro mundo sin empleo? Yo lo tengo claro visto lo visto. Yo votaría a un robot. 

Seguramente falta tiempo para que pueda depositar mi voto en una urna digital para votar a un software con una ‘ideología’ técnica, pero, mientras eso no llega, veamos a qué se dedican los actuales ‘líderes’. Les llamamos líderes vete tú a saber por qué, pues su lejanía de lo que sucede es de tal calibre que probablemente cuando todo esto se los lleve por delante pasarán años hasta que se den cuenta. 

Ellos seguirán yendo a su puesto de trabajo como si nada hubiera pasado, como en un guión de Asimov entrarán en su despacho rodeados de máquinas, se sentarán a ‘gestionar’ y nadie se dará cuenta de su presencia. Tanto tiempo ralentizando el mundo, tanto tiempo derivando sus responsabilidades, jugando a sus juegos de tertuliano de bar, tanto tiempo hablando de ellos mismos, que nada cambiaría con su presencia. Fin del juego.

Propuse hace tiempo que se considere la opción de crear un Ministerio del Futuro. Parece absurdo pero no lo es. Hay países que tienen cosas parecidas. Un departamento transversal que analice de manera objetiva la que se nos viene encima.

 ¿Quién mejor que un software inteligente para llevarlo a cabo? ¿Quién mejor que un robot para un cometido como ese? No estoy de coña, es que corren tiempos nuevos que nadie interpreta correctamente. Seguimos con ideas de siempre (todos), estrategias de pena (la mayoría) y tácticas de gente desconectada de la realidad (en general).

 Cuando la realidad haga ‘turn on’, va a ser divertido. El mundo sigue su curso hacia un escenario con poco empleo o hacia un tipo de empleo muy distinto. Todo lo que pueda ser automatizable, lo será. Periódicos sin periodistas, bibliotecas sin bibliotecarios, bares sin camareros, tiendas sin vendedores, empresas sin directores, taxis sin taxistas, hoteles sin recepcionistas, transporte sin transportistas, clínicas sin doctores y, quien sabe, parlamentos sin políticos. ¿Para qué se precisa un político humano?"                        (Marc Vidal, blog, 22/04/19)

8.3.19

¿Una política para todos? El Green New Deal de Alexandria Ocasio-Cortez... una política progresista y respetuosa con el clima puede ser una respuesta para los “perdedores de la globalización”, para esas capas de trabajadores y precarios a quienes el neoliberalismo ha arrancado su bienestar, deslocalizando sus trabajos, recortando sus derechos y deteriorando sus condiciones de vida

"Un fantástico artículo aparecido en The Atlantic nos revela que el referente más importante para entender la apuesta de Alexandria Ocasio-Cortez por el Green New Deal no es ningún insigne marxista o comunista, sino… Alexander Hamilton. 

Primer secretario del Tesoro y padre fundador de los Estados Unido, responsable de las políticas económicas de Washington, lideró la creación de un banco nacional, la financiación estatal de la deudas pública y un sistema de tarifas. Es decir, defendió un fuerte poder ejecutivo que operaba sobre la deuda nacional, invertía en infraestructuras, protegía la industria, administraba las finanzas y se financiaba mediante aranceles sobre las importaciones. 

Opuesto a la defensa británica del libre comercio, lideró la corriente proteccionista y nacionalista que inspiraría a la “Escuela americana”, con la que Estados Unidos se convirtió en la primera economía del mundo.

El Green New Deal, sostiene el artículo, es la resurrección progresista de esta tradición de intervención en política industrial que va mucho más atrás del New Deal de Roosevelt. El programa apunta a una energía más barata y una economía respetuosa con el medio ambiente, y lo hace proponiendo la mayor intervención en política industrial que se ha visto en Estados Unidos en mucho tiempo.

No propone medidas técnicas concretas como tasas puntuales sobre la electricidad o el transporte, sino una intervención integral, con cauces variados -políticas del Gobierno federal, cooperación entre sector público y privado, gestión municipal-. Influido por un grupo de intelectuales que se inspiran en científicos y economistas no precisamente revolucionarios, sino más bien pragmatistas, como Vaclav Smil o Mariana Mazzucato, la tesis es que el abandono de la economía doméstica por parte del Gobierno desde los 80 es una tragedia nacional mayúscula.

 El esquema argumentativo no apela a la solidaridad o a los valores socialistas, sino a puros y duros argumentos económicos pragmáticos. Durante toda su historia, dicen, EE.EE. ha elaborado políticas para dirigir su economía hacia el crecimiento; y “Las naciones que dejan al libre mercado decidir cómo ganarse la vida retroceden hasta el final de la cadena alimentaria económica”.

¿Qué nos interesa de esto a nosotros, más allá de la curiosidad por la política interior estadounidense? Además de la evidencia de que solo un sector público fuerte puede hacer frente a los retos sociales y medioambientales actuales, creo que hay dos claves importantes. La primera es esta frase del artículo: “AOC tiene la oportunidad de remodelar una de las intuiciones económicas de Trump –que el declive de la industria ha roto algo fundamental en la economía de EE.UU.- en forma de política del clima”. 

De este modo, una política progresista y respetuosa con el clima puede ser una respuesta para los “perdedores de la globalización”, para esas capas de trabajadores y precarios a quienes el neoliberalismo ha arrancado su bienestar, deslocalizando sus trabajos, recortando sus derechos y deteriorando sus condiciones de vida; esas capas que pueden ser potenciales votantes de formaciones de extrema derecha. La propia AOC situaba el Green New Deal en este marco: “Hoy es un gran día para las personas a las que se ha dejado atrás”, decía el día de su presentación.

Esto lleva a lo segundo. AOC no vende políticas solo para un sector agraviado de la población, para los trabajadores de los Apalaches o para los niños que respiran aire contaminado en el Bronx. Presenta su plan como “una agenda amplia de justicia económica, social y racial”, es decir: una agenda para la mayoría. 

Es la misma lógica que subyacía a una afirmación de Errejón en un encuentro con los sindicatos del Metro: “No reivindican solo lo suyo, sino lo de todos”, dijo.

En este punto, el autor del artículo sobre AOC no llega tan lejos como el propio curso de su argumentación sugeriría. 

El Green New Deal, afirma él, contiene las ideas de Hamilton enterradas entre “losas” de temas de debate progresista. Como si la reforma industrial fuera el núcleo de verdad y la agenda progresista una envoltura retórica. No es así: es que son lo mismo. 

Él mismo concede: una política sobre el clima no puede ser de parte, sino que debería tener “alguna clase de atractivo crossover”. No hay otro modo: una política verde exige un cambio de medidas concretas (policies) desde los cimientos, y apelar a un interés común, universal, de toda la sociedad (politics).  

 Seguramente esto es un ingrediente del reciente desinflamiento de Podemos. No basta con hablar de los sectores castigados por la crisis, sean pensionistas, taxistas o los que cobran el SMI, pensando que el poder performativo de las palabras “hacemos políticas para los más desfavorecidos” será bastante para mágicamente movilizar a un pueblo entero. A la sociedad le sigue sonando como una política meramente de parte.

Hay que conseguir que esas políticas a favor de los vulnerables aparezcan como políticas por el bien común. Esto no es un engaño: en política, lo que aparece es lo que es. Pero, como decía Aristóteles, común es lo que aparece a todos: una política no será hegemónica si no logra aglutinar la identificación de mayorías amplias. No solo lo de una parte, lo “nuestro” sino lo de todos. 

Y eso sólo se logrará, como está haciendo AOC, cuando se consiga transmitir la idea de que proteger el medio ambiente es la misma batalla que proteger a los que han quedado atrás: la batalla por el interés general."                   (Clara Ramas, Cuarto Poder, 28/02/19)

25.2.19

Piketty: la creación. por primera vez en los Estados Unidos de un verdadero impuesto federal progresivo a la riqueza... establecería una tasa del 2% en fortunas valoradas entre 50 millones y 1 billón de dólares, y 3% por encima de 1 billón...

"¿Y si el golpe final para Emmanuel Macron proviene del senado del estado de Massachusetts y no de los chalecos amarillos? 

Elizabeth Warren, profesora de derecho de la Universidad de Harvard, no es realmente adepta al chavismo ni a la guerra de guerrillas urbana, candidata en las primarias demócratas en 2020, acaba de hacer público lo que sin duda será uno de los puntos clave de la próxima campaña, a saber, la creación. por primera vez en los Estados Unidos de un verdadero impuesto federal progresivo a la riqueza.

 Calculado cuidadosamente por Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, apoyados por los mejores constitucionalistas, la Propuesta Warren establece una tasa del 2% en fortunas valoradas entre 50 millones y 1 billón de dólares, y 3% por encima de 1 billón. La propuesta también contempla un impuesto de salida equivalente al 40% de la riqueza total para quienes eligen abandonar el país y renunciar a la ciudadanía estadounidense. El impuesto se aplicaría a todos los activos, sin exenciones, con sanciones disuasorias para las personas y los gobiernos que no transmiten la información adecuada sobre los activos mantenidos en el extranjero.

El debate acaba de comenzar y el cronograma propuesto aún podría extenderse y hacerse más progresivo con las tasas en aumento, por ejemplo, a 5% -10% anual para multibillonarios. Lo cierto es que el tema de la justicia fiscal será fundamental para la campaña presidencial en 2020. La representante de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez, sugirió una tasa del 70% sobre los ingresos más altos, mientras que Bernie Sanders defiende una tasa impositiva de 77% en las propiedades heredadas más altas. Si bien la propuesta de Warren es la más innovadora, los tres enfoques son complementarios y deberían ser mutuamente beneficiosos.

Para entender esto, miremos hacia atrás. Entre 1880 y 1910, mientras que la concentración de la riqueza industrial y financiera estaba ganando impulso en los Estados Unidos, y el país amenazaba con volverse casi tan desigual como la vieja Europa, se estaba desarrollando un poderoso movimiento político a favor de una mejor distribución de la riqueza. Esto llevó a la creación de un impuesto federal sobre los ingresos en 1913 y sobre las herencias en 1916.

Entre 1930 y 1980, la tasa aplicada a los ingresos más altos fue en promedio del 81% en los Estados Unidos, y la tasa aplicada a las propiedades heredadas más altas fue del 74%. Claramente esto no destruyó el capitalismo estadounidense, ni mucho menos. Lo hizo más igualitario y más productivo, en un momento en que Estados Unidos no había olvidado que era su nivel de progreso educativo y su inversión en capacitación y habilidades lo que era la columna vertebral de su prosperidad, y no la religión de la propiedad y la desigualdad. .

 Reagan, luego Bush y Trump intentaron posteriormente destruir esta herencia. Dieron la espalda a los orígenes igualitarios del país, contando con la amnesia histórica y alimentando las divisiones basadas en la identidad. En la retrospectiva que tenemos hoy, es obvio que el resultado de esta política es desastroso. 

Entre 1980 y 2020, el aumento del ingreso nacional per cápita se redujo a la mitad en comparación con el período 1930-1980. El poco crecimiento que hubo allí fue absorbido por los más ricos, lo que tuvo como consecuencia un estancamiento total en los ingresos para el 50% más pobre. Hay algo obvio en el movimiento de retorno a la tributación progresiva y a una mayor justicia que está surgiendo hoy y que está demasiado atrasada.

La innovación es que ahora se trata de crear un impuesto anual a la riqueza, además de los impuestos a la renta y heredados. Esta es una innovación crucial en términos de justicia y eficiencia. Se han aplicado con éxito numerosos impuestos extraordinarios a los activos inmobiliarios, profesionales y financieros posteriores a las guerras mundiales para pagar las deudas públicas, en particular en Japón, Alemania, Italia, Francia y en muchos países europeos. 

 Con un impuesto anual a la riqueza diseñado para aplicarse de manera permanente, las tasas son necesariamente más restringidas. Sin embargo, deben ser lo suficientemente altos para permitir la movilidad genuina de la riqueza. Desde este punto de vista, el impuesto sobre la riqueza heredada llega demasiado tarde.

 No vamos a esperar hasta que Bezos o Zuckerberg alcancen la edad de 90 años antes de comenzar a pagar impuestos. Con la tasa anual del 3% propuesta por Elizabeth Warren, una propiedad estática por un valor de 100 mil millones regresaría a la comunidad en 30 años. Este es un buen comienzo pero, dada la tasa promedio de progresión de los activos financieros más altos, el objetivo debería ser sin duda más alto (5% - 10% o más).

También es crucial destinar todos los ingresos a la reducción de las desigualdades. En particular, el impuesto a la propiedad estadounidense, como el impuesto inmobiliario francés (taxe foncière), pesa mucho sobre aquellos con recursos limitados. 

Esos dos impuestos a la propiedad antigua que, contrariamente a lo que a veces se dice, imponen impuestos no solo a la propiedad de la vivienda (independientemente de cualquier ingreso, que todos admiten fácilmente, al menos para los propietarios más grandes), sino también impuestos a los activos comerciales (oficinas, parcelas de terrenos, almacenes, etc.). 

El problema es que nunca se han repensado realmente desde el siglo XVIII. Ha llegado el momento de que se conviertan en impuestos progresivos con tasas graduadas sobre los activos netos, siendo el elemento clave fuertes reducciones para los hogares endeudados que buscan acceder a la propiedad de la vivienda.

 Esperemos que la próxima campaña estadounidense, como la discusión francesa en torno a los chalecos amarillos, por fin dé la oportunidad de una discusión en profundidad sobre la tributación de la propiedad y la justicia fiscal."                      (Piketty, blog, 12/02/19)

18.2.19

Las cinco libertades del Nuevo Ideal Verde de la izquierda norteamericana

"(...) Los principios que animaron el New Deal a menudo se asocian con la Declaración de Derechos Económicos propuesta por Franklin Delano Roosevelt (FDR) (pero nunca se promulgó). Estos incluían los derechos de empleo, atención médica, vivienda, educación y seguridad social.

 Esos objetivos son trágicamente no realizados para muchos estadounidenses, y cualquier versión justa del Green New Deal debe comenzar allí. Son objetivos familiares para la izquierda, son los que hemos estado defendiendo durante décadas. Pero también debemos volver a trabajar en otra declaración de principios de la era del New Deal: las Cuatro libertades del FDR.

 En 1941, la idea de las Cuatro Libertades fue un puente entre el activismo federal sin precedentes del New Deal, impulsado por una ola masiva de militancia obrera y comunitaria, y la movilización de la guerra que siguió, cuya velocidad y escala ahora inspiran la visión de un New Deal Verde. 

 Aquí, modestamente subimos al FDR con cinco libertades que pueden orientarnos hacia un futuro incierto.

 1 - Libres del miedo

FDR pidió la libertad del miedo al conflicto militar. Todavía estamos trabajando en su llamado al desarme: podríamos comenzar con el Ejército de los EE. UU., El mayor consumidor de petróleo del mundo y un proveedor de miedo en todo el mundo.

Pero también debemos transformar nuestro entorno construido para que nos libere del temor a los cambios físicos que ya están relacionados con el calentamiento global: incendios y huracanes, temperaturas extremas, aumento del nivel del mar y marejadas ciclónicas, y libertad del temor de que esos peligros Crecerá exponencialmente peor.

También significa abolir los desastres sociales que un planeta volátil podría exacerbar. Necesitamos liberarnos de la escasez de alimentos y la escasez de agua; libertad frente a la violencia racista, colonial y sexual; y libertad de las fronteras militarizadas. Liberarnos del miedo significa empleos y hogares garantizados para que podamos sobrevivir a todas las tormentas, reubicaciones y reorganizaciones de la industria.

 2 - Libres de la explotación laboral

No podemos escapar del trabajo por completo, y hay mucho trabajo que tenemos que hacer, de manera inmediata ya largo plazo. Pero el trabajo no necesita gobernar nuestras vidas.

El gran socialista inglés del siglo XIX William Morris hizo una distinción entre trabajo útil y trabajo inútil: necesitamos lo primero, pero deberíamos liberarnos de lo segundo. Podemos evitar el aplastante costo de trabajar largas horas por bajos salarios para hacer algo que otra persona posee.

En la actualidad, hay mucho trabajo que es peor que inútil, es un trabajo que es perjudicial para las personas que lo hacen y para el mundo en el que vivimos. Pero incluso el trabajo útil debería distribuirse más ampliamente para que todos podamos hacer menos y pasar más tiempo disfrutando de sus frutos.

 3 - Libres para moverse

Vivimos en un hermoso planeta que pertenece a todos; Todos deberíamos ser libres para moverse alrededor de él.

La libertad de movimiento es particularmente crucial para aquellos cuyos hogares se están volviendo imposibles de vivir por el aumento de las temperaturas y los mares. 

(...) es el desperdicio imprudente de los ricos lo que debe terminar, no el placer ocasional de una persona común al descubrir un nuevo rincón del mundo.

El transporte público gratuito es necesario para moverse sin depender de los coches y aviones que emiten emisiones. La libertad de moverse también significa la libertad de empacar y vivir en otra ciudad, región o país. Para hacer frente a los inevitables desplazamientos climáticos, necesitamos solidaridad sin vallas ni muros.

 4 - Libres de dominación

Los liberales dicen que el mercado nos da libertad para elegir. Pero bajo el capitalismo, el mercado es el que determina qué podemos hacer y quiénes podemos ser. Cada año o dos, podemos marcar una papeleta. Cada hora de cada día, la compulsión del mercado pone su voluntad en cada aspecto de nuestras vidas.

La izquierda siempre ha buscado acabar con el poder arbitrario de unos pocos sobre los muchos. Debemos continuar buscando la libertad no solo del trabajo, sino también del despotismo del jefe, de un orden racial brutalmente impuesto y de la violencia íntima del patriarcado. Ahora, el poder indignante de los pocos amenaza a miles de millones con la ruina.

La dominación también nombra nuestra impotencia ante el capitalismo global. Necesitamos saber que es posible cambiar nuestro propio destino, poder imaginar el fin del capitalismo más fácilmente que el fin del mundo.

Pero también debemos dejar de lado las viejas fantasías de lograr la libertad dominando temerariamente la naturaleza para servir a los fines humanos, esos sueños se han convertido en pesadillas. Necesitamos vivir en este planeta con otras personas y especies. Con innovación, igualdad, cuidado y sabiduría, todos podemos tener libertad dentro de la necesidad ecológica.

 5 - Libres para vivir bien

Hay suficiente en nuestra Tierra para que las personas de todo el mundo tengan lo que necesitan para vivir bien. Reutilizar, reciclar y, lo más importante, redistribuir nuestra abundancia abrirá nuevas perspectivas. La libertad de vivir incluye libertad de querer: acceso abundante a lo básico, como comida, bebida, refugio, atención médica, odontología, educación, música, arte y espacios verdes.

Las personas también tienen derecho a la libertad de querer: la libertad de disfrutar de la vida, de ser creativos, de producir y deleitarse con los lujos comunitarios, de absorber los bienes públicos que creamos para el placer de todos, de amar a quienes amamos y de encontrar nuevas personas a las que  amar tambien La libertad de vivir una buena vida abarca las maravillas compartidas del conocimiento, el ocio y la aventura.

Los enemigos de la acción climática advierten sobre el aburrimiento totalitario, mientras que la industria fósil comete crímenes de lesa humanidad para mantener los privilegios de unos pocos. 

El objetivo de un Green New Deal es construir lo contrario: una democracia colorida para todos, para vivir a través del sol y la tormenta."              (Kate Aronoff , Alyssa Battistoni , Daniel Aldana Cohen , Thea Riofrancos , Jacobin; traducción google)

15.2.19

Monereo: la única forma de derrotar a la hidra de las derechas es si Unidos Podemos, no solo recupera votos, sino que los amplía... Hay que “organizar la subjetividad” relanzando un proyecto que sigue estando vivo, que es más necesario que nunca y que hay que convertirlo en programa, en propuesta, en una esperanza concreta... La pelota sigue estando en nuestro campo. Catarsis y nuevo inicio

"Lo que quiero argumentar es lo siguiente: 

1) Unidos Podemos corre el riesgo de difuminarse o desdibujarse por su cooperación, más o menos conflictiva, con el Gobierno de Sánchez; 

2) si esto ocurre, una parte del voto de Unidos Podemos terminaría en el PSOE y otra en la abstención; 

3) la suma del voto del PSOE y de Unidos Podemos no daría para derrotar a las derechas. 

En positivo, parto del convencimiento de que la única forma de derrotar a la hidra de las derechas es si Unidos Podemos, no solo recupera votos, sino que los amplía. Vayamos por partes.

Si algo nos dice la experiencia con el Gobierno de Sánchez son las profundas diferencias en temas de fondo y en el estilo de hacer política. Este no ha sido capaz de construir una mayoría programática y tiene enormes dificultades para definir una alianza política a corto y a medio plazo. 

Vive por y para ganar las próximas elecciones; todo lo demás es secundario. Los acuerdos alcanzados tienen que ser peleados minuto a minuto y, a veces, la síntesis final produce una frustración difícil de ocultar. 

Las líneas rojas de este gobierno chocan con el programa de Unidos Podemos y, más allá, con aspiraciones de una mayoría social que creyó que con Sánchez algunas cosas cambiarían. Las gentes no esperaban demasiado, solo coherencia con lo que el PSOE había defendido en la oposición a la derecha. Al final, lo que queda son titubeos, vacilaciones, retrocesos y batallas perdidas antes de darlas.

Los límites del Gobierno están quedando claros: primero, alineamiento férreo con la política exterior norteamericana; segundo, aceptación consciente del “consenso de Bruselas”, es decir, de las reglas neoliberales de la Comisión europea (...)

Lo de la Unión Europea no resulta extraño por la trayectoria de la actual ministra de Economía; sorprende la falta de crítica, de oposición con los enormes problemas que deja la crisis en España y cuando, de nuevo, aparecen señales de otra por venir. 

(...) lo que nos espera es una polarización dura y sistemática entre las derechas y el PSOE. Se ha hablado mucho en estos días –es la típica movida madrileña- de un gran centro que impidiese un futuro gobierno PSOE/Unidos Podemos. 

Lo que viene es algo más que eso y lo llevará hacia adelante como táctica electoral el Partido Socialista: definir un espacio moderado y centrado en torno al Gobierno de Sánchez para vencer a las derechas y, desde ahí, movilizar el voto útil debilitando la fuerza electoral de Unidos Podemos. 

El problema, insisto sobre ello, es que esto puede no ser suficiente para ganarle a las derechas y sirva para liquidar la capacidad de resistencia popular a un gobierno Ciudadanos-PP-VOX.

No comparto el pesimismo en torno a Unidos Podemos, ni comparto la idea de su decadencia electoral. Creo que hace falta iniciativa política, claridad de ideas, imaginación y una dirección capaz de estar a la altura del tiempo histórico. Tampoco comparto la idea de que nuestra mejor campaña sea reivindicar lo acordado con el Partido Socialista.

 Conectar con una base electoral y social desmovilizada y, me temo que desmoralizada, requiere algo más que una buena campaña electoral. Hay que cambiar los imaginarios sociales, generar ilusión y compromiso en un momento en el que los jóvenes, trabajadores, autónomos, mujeres y hombres, se juegan el futuro. 

La clave: un proyecto de país en positivo, posible y asumible por una gran mayoría disputándole la hegemonía a una socialdemocracia sin proyecto que lo único que defiende es el mal menor.  

Ahora todo es más difícil. El viento de cola ya no nos sopla con la fuerza de antes. Hay que “organizar la subjetividad” relanzando un proyecto que sigue estando vivo, que es más necesario que nunca y que hay que convertirlo en programa, en propuesta, en una esperanza concreta. Nuestras gentes son personas que conocen su mundo, que saben las enormes dificultades de cambiar unas relaciones de poder consagradas durante años y que han aprendido la dureza de unos poderes fácticos que no perdonan a quienes los cuestionan. 

La pelota sigue estando en nuestro campo. Catarsis y nuevo inicio."                 (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 11/02/19)

7.2.19

Manolo Monereo: “Hay que hacer una catarsis en Podemos, un nuevo comienzo”... tenemos que ir hacia una especie de conferencia política donde hagamos un diagnóstico del país en serio, de este país y de este momento... Situar un decálogo de ideas fuerza y que sepa todo el mundo qué proyecto queremos...

"(...) —  La semana pasada no asistió al Consejo Ciudadano Estatal (CCE) que se celebró para dirimir sobre cómo solucionar la crisis abierta en Podemos en la Comunidad de Madrid.

— No asistí porque hace meses que dimití. Dimití porque sabía que los malos métodos y formas de organizar los debates tienen siempre consecuencias. En mi vida política he aprendido una cosa, las crisis reales son causadas, más que por la ideología o por el programa, por los métodos y estilos de trabajo del partido.

 Podemos tiene un estilo de trabajo que no está a la altura de los retos que tiene. Por decirlo en claro, en Vistalegre II teníamos que acabar con las facciones, no que una se coma a todas las demás. Eso se consigue generando organicidad, creando instituciones con debate político y reglas claras para el mismo, profundizando en el debate. Ese método no es el que se está empleando en Podemos y tiene consecuencias.

Pongo un ejemplo. En general, el CCE se reúne y el secretario general hace un análisis político brillante, habla el tiempo que considera necesario y luego nos dan tres minutos al resto para intervenir. 

Nunca se sabe qué hemos aprobado, es como si fuéramos una ONG donde el director hace un buen análisis de lo que pasa, pero luego no hay acta, documentos ni resoluciones políticas. Es un debate que no genera compromisos. Se va degradando el funcionamiento del órgano y no se debate de política. (...)

— ¿En qué situación queda Podemos tras Errejón?

— La situación que hoy vivimos tiene unas causas coyunturales y otras de fondo. A mi juicio, el problema que tenemos por delante tiene una causa inmediata, las primarias a las generales. De golpe y porrazo se hacen unas primarias, a las que decido no presentarme. 

El secretario general presenta su lista, no pasa por el Consejo, una lista monocolor, donde las otras dos facciones no están representadas. Eso se hace en un momento en el que no hay elecciones convocadas por delante. 

El mensaje que se da es que no se cuenta con las otras familia y que estas no van a contar con ningún papel en la organización. Una situación muy complicada, quedan fuera las otras dos tendencias pero también muchas federaciones que no han sido consultadas por la dirección estatal. Se ha creado una crisis de gobernabilidad. En ese contexto aparece la salida de Errejón. Con todas las dificultades que eso tiene.

Hay causas más de fondo, para mí, una mala valoración de los resultados de Andalucía.(...)

 Hay cuestiones que quedan profundamente alteradas tras las elecciones andaluzas: la excepción española y la opción del cambio político.  (...)

—  ¿En qué sentido?

—  La excepción española se basaba en que había habido un gran movimiento que nos había inmunizado del fascismo, el 15M, y la aparición de una gran fuerza alternativa, Podemos, así como que había un partido socialista que estaba desapareciendo en Europa pero que aquí conservaba fuerza. En Andalucía se cuestiona todo eso, se cuestiona la excepción española. Un amigo italiano me escribió: “Ya sois europeos”.

Aparece Vox, pero también el bloqueo del cambio. Mucha gente en Andalucía ha reflejado la sensación de que la ocasión ya pasó, ya pasó el cambio, que el cambio no vendrá, que era más difícil de lo que se pensaba. Ha entrado el pesimismo, la desmovilización y despolitización. Por un lado, emerge un viento europeo, una fuerza de extrema derecha. 

Y aparece la posibilidad de una nueva CEDA que es capaz de ganar la autonomía andaluza. Por otro lado, hay una desmovilización muy grande en la izquierda, en el PSOE, algo normal por lo que significa Susana Día, pero no fuimos capaces de aparecer como una alternativa. Los vientos de desmoralización también nos tocaron.

Luego hay otro fenómeno más que no se ha discutido bien, en Andalucía se demuestra que el PSOE y Unidos Podemos no somos capaces de tener una mayoría frente a las derechas. A mi juicio, tiene mucha importancia política reflexionar sobre esto. Tengo el convencimiento de que la única fuerza política que es capaz de ganar a las derechas es lo que significa Unidos Podemos. 

Para eso, Unidos Podemos tiene que conservar su fuerza actual y ganar más votos. Es decir, si Unidos Podemos acaba en un proceso en el que lo que perdemos se lo lleva el PSOE, aún así las derechas ganarán.

 Tenemos la necesidad de un Unidos Podemos con un proyecto propio, nítido y diferenciado. Si entramos en un proceso de subalternidad con el PSOE, este se llevará parte de nuestros votos y la suma no nos dará para ganar a las derechas. Tenemos que acentuar la diferenciación y autonomía con respecto al PSOE, que la gente sepa identificar qué somos.

 Esa reflexión, a mi juicio, ha faltado en Unidos Podemos y nos lleva a una situación de fragmentación, una idea de que ya fuimos y no seremos en el futuro. Creo que no hay razones para eso y tenemos que superar el pesimismo que invade a buena parte de nuestra base social, militante e, incluso, dirigente.  (...)

— ¿Cómo valora el nuevo proyecto de Íñigo Errejón, Más Madrid?

— Mi posición política es muy diferente a la de Errejón, evidentemente. Creo que si hay futuro es desde Unidos Podemos, hablo de futuro y de proyecto, lo de los nombres me da igual. Creo que la construcción es sumar, no dividir, hay que apostar por la unidad, una unidad amplia, donde quepa todo el mundo, pero que tenga un programa de transformación claro y diáfano, en esto soy un anguitista-leninista.

Podemos está entrando en una etapa de malas noticias, de divisiones sucesivas, de fragmentación, de desmoralización… Hay que hacer un gran esfuerzo para impedir que esta etapa se convierta en una transición hacia la nada. Hay que tomar iniciativas políticas fuertes y poderosas, por eso hablo de catarsis. Hay que hacer una catarsis en Podemos e iniciar un nuevo comienzo, con ideas imaginativas, como siempre ha tenido Unidos Podemos. 

 — ¿Alguna aportación? ¿Algunas “ideas imaginativas”?

— Ya lo he explicado otras veces. Creo que tenemos que ir hacia una especie de conferencia política donde hagamos un diagnóstico del país en serio, de este país y de este momento. Hemos venido trabajando con distintas hipótesis, una de ellas era que el cambio no se había cerrado y que seguía teniendo posibilidades. Hay que discutir esto a fondo. 

En segundo lugar, una estrategia, una hoja de ruta. Este es el país que hay, ¿cómo somos capaces de cambiarlo y suponer una alternativa? Como implica la catarsis, hay que dejar a un lado las crisis, hacer autocrítica a partir de los problemas que hay y buscar alternativas. Una conferencia política con 2.000 o 3.000 personas, un buen informe y discutir sobre él.

Creo que, en segundo lugar, esa conferencia política debería abrir unos estados generales de la alternativa, de la ciudadanía. Crear un proyecto alternativo de país. Situar un decálogo de ideas fuerza y que sepa todo el mundo qué proyecto queremos. Esto no hay que cerrarlo mañana, sí antes de las generales, pero no de las municipales y autonómicas. 

En una segunda asamblea, más adelante, deberíamos aprobar ese decálogo que sería nuestro programa electoral para las generales, nuestro manifiesto electoral. Estoy hablando de movilización, de generar esperanza e ilusión.

Para mí, la tercera cuestión es la más complicada. Definir qué estrategia de unidad popular vamos a tener. Es increíble que se hable de unidad electoral sin mecanismos de autorganización desde abajo. Necesitamos comités de unidad popular a todos los niveles de la sociedad. Si pensamos construir una alternativa solo electoral, hemos perdido, hace falta que la unidad llegue abajo. 

Había miles de personas que llenaban nuestros círculos y ya no están. Esa gente se está despolitizando y se irá o a la abstención, o al PSOE o, lo que es peor, a Vox. Hay que volver a politizar a la sociedad.

Otra cosa más difícil, tenemos que plantear una nueva formación política a partir de Unidos Podemos, sumando. Unidos Podemos es un grupo parlamentario, no tiene traslación en provincias. Vaya dificultad vamos a tener ahora de cara a las municipales y autonómicas. Córdoba, León, Soria… Si queremos ir como Unidos Podemos, tendremos que organizarnos. Hay que sacar listas en muchos pueblos, eso es muy difícil. Estas son mis ideas, hay que superar el pesimismo.  (...)" 

 (Entrevista a Manolo Monereo, diputado de Unidos Podemos, Sato Díaz, Cuarto Poder, 04/02/19

1.2.19

Aunque la inmigración sea positiva para la sociedad en su conjunto, los beneficios se sienten sobre todo en las áreas urbanas y cosmopolitas con élites muy educadas, mientras que sus inconvenientes se notan sobre todo en las zonas rurales y otras en las que viven los trabajadores menos educados y menos cualificados. Si la izquierda quiere contrarrestar las preocupaciones sobre la inmigración y el aprovechamiento que hace la derecha, necesita construir mejores argumentos y políticas que hasta ahora...

"(...) Nagle señalaba que, al afirmar que “ningún ser humano es ilegal, lema de las manifestaciones, la izquierda está aceptando implícitamente el argumento moral en favor de que no haya fronteras ni naciones soberanas”, posición que suele ser la de la derecha partidaria del libre mercado. 

“¿Pero qué connotaciones tendría una inmigración sin límites para proyectos como la sanidad y la educación públicas universales o una garantía federal de empleo? ¿Cómo lograrán los progresistas explicar esos objetivos a la gente?”. Nagle tuvo réplicas como: “No hay argumentos de izquierdas en favor del nacionalismo”.  

Estas reacciones hacen que a la izquierda le sea más difícil afrontar la amenaza de la derecha, porque, en lugar de tener en cuenta las inquietudes de los votantes, las desprecian. Los electores en Estados Unidos y Europa identifican constantemente la inmigración como uno de los principales problemas de sus países, y la mayoría de los encuestados en la mayoría de esos países está a favor de que se limite.

 Todavía más preocupante, muchos ciudadanos dicen que la inmigración está cambiando sus países para peor, y muchos votantes de izquierdas creen que las posturas de sus partidos sobre la inmigración están muy alejadas de las suyas. 

Si la izquierda quiere contrarrestar las preocupaciones sobre la inmigración y el aprovechamiento que hace la derecha, necesita construir mejores argumentos y políticas que hasta ahora.

Algunas de esas preocupaciones son económicas. Aunque la inmigración, como la globalización y los cambios tecnológicos, son positivos para la sociedad en su conjunto, los beneficios se sienten sobre todo en las áreas urbanas y cosmopolitas con élites muy educadas, mientras que sus inconvenientes se notan sobre todo en las zonas rurales y otras en las que viven los trabajadores menos educados y menos cualificados. 

El hecho de que la inmigración, en general, aporte más trabajadores no cualificados que cualificados, en una época en la que los trabajos poco cualificados y bien pagados escasean, es quizá el motivo de que los trabajadores en puestos poco cualificados sean los que más suelen temer la competencia de los inmigrantes, también poco cualificados. 

Asimismo, sobre todo en periodos de más riesgos económicos y más austeridad, los ciudadanos tienden a desconfiar de las cargas fiscales que suponen los inmigrantes, y los trabajadores y otros miembros del “precariado” tienden especialmente —como han revelado Arlie Hochschild, Katharine Cramer y otros— a sentir rencor hacia esos recién llegados, que consideran que “se saltan la cola” de las prestaciones públicas. Como dice un estudio realizado en Alemania y Francia, “mientras la gente se angustie por su futuro, mirará con escepticismo la ayuda a los forasteros”.

 Los votantes suelen mencionar “la saturación de los servicios públicos” y los costes financieros como motivos para oponerse a la inmigración.

Junto a las preocupaciones económicas, la izquierda debe afrontar directamente también la preocupación de los votantes por la asimilación y las amenazas contra la identidad nacional. En los últimos años han llegado inmigrantes de culturas muy diferentes y en cantidades sin precedentes. 

Aunque muchas élites de izquierda creen que la nación es un artificio “retrógrado” o incluso peligroso, la mayoría de los ciudadanos no está de acuerdo: los europeos están orgullosos de sus identidades nacionales y creen que, “por el bien de nuestro país, es necesario que los inmigrantes adopten nuestras costumbres y tradiciones”. 

Los investigadores descubren una y otra vez que los miedos y las preocupaciones por la repercusión social y cultural de la inmigración son uno de los principales motivos —quizá el principal— de las actitudes respecto a los inmigrantes.

 Abordar estas preocupaciones no es lo mismo que adoptar o “normalizar” la xenofobia y el racismo de la derecha populista. Existe una diferencia entre rechazar a los partidos populistas y no tener en cuenta los sentimientos   (...)

Aunque muchas élites de izquierda creen que la nación es un artificio “retrógrado” o incluso peligroso, la mayoría de los ciudadanos no está de acuerdo: los europeos están orgullosos de sus identidades nacionales y creen que, “por el bien de nuestro país, es necesario que los inmigrantes adopten nuestras costumbres y tradiciones”.

 Los investigadores descubren una y otra vez que los miedos y las preocupaciones por la repercusión social y cultural de la inmigración son uno de los principales motivos —quizá el principal— de las actitudes respecto a los inmigrantes. (...)

Los partidos de izquierdas y la democracia en general tienen la obligación de ofrecer explicaciones y soluciones a los problemas y la insatisfacción de la sociedad. La tendencia a ignorar o desdeñar las preocupaciones sobre la inmigración y la identidad nacional no ha impedido la expansión del populismo sino quizá todo lo contrario, porque ha permitido que los populistas las explotaran aún más.  (...)

Afortunadamente está surgiendo una “reacción contra la reacción” en contra de abordar estos temas. (...)

La izquierda debe elaborar respuestas propias, positivas y viables a la inmigración que frenen las respuestas distópicas de la derecha. Si no, dejará que la derecha siga definiendo y controlando el debate.

Aproximadamente hace un siglo, en vísperas de la Primera Guerra Mundial y el periodo más atroz de la historia europea, los nacionalismos destruyeron trágicamente el movimiento socialista internacional y muchos de sus partidos. La situación actual no es tan crítica, pero, para que no llegue a serlo, la izquierda debe tener en consideración los motivos de queja y las inquietudes que agitan sus sociedades."               (Sheri Berman, El País, 18/01/19)

23.1.19

Macron pone en marcha una consulta pública con el envío de una “Carta abierta” a los ciudadanos en la que propone 35 preguntas para debatir por la ciudadanía con la promesa de llevar adelante las medidas que se negocien finalmente... ¿Democracia referendaria? (Victoria de los chalecos amarillos), o simplemente, habilidad política (victoria para Macron)

 "El presidente de Francia, Emmanuel Macron, puso en marcha hace unos días la iniciativa ‘Le grand Débat National’, una iniciativa que pretende dar voz, y estructura para encauzarla, a los ciudadanos galos.

La implementación se extenderá hasta el 15 de marzo y, según él, pretende ‘transformar la práctica democrática’. Para ello ha vinculado un modelo tecnológico que permita abordarlo con la promesa de llevar adelante las medidas que se negocien finalmente.
Para el desarrollo de esta serie de consultas públicas, el presidente envió una “Carta abierta” a los ciudadanos en la que propuso 35 preguntas, que fueron estructuradas en los ejes de transición ecológica, organización del Estado, fiscalidad, democracia y ciudadanía. Según Macron, la idea es que se registre la mayor participación posible en este debate.(...)"

"(...) Las diez preguntas principales del debate planteado por Macron:

1. ¿Qué impuestos hay que bajar, a su juicio, según la prioridad?
2. ¿Hay que suprimir ciertos servicios públicos demasiado caros para su utilidad?
3. ¿Cree usted que hay nuevas necesidades de servicios públicos? ¿Cómo financiarlos?
4. ¿Es necesario reforzar la descentralización y dar más poder de decisión a la acción más cercana a los ciudadanos? ¿A qué niveles y para qué servicios?
5. ¿Cómo financiar la transición ecológica: con impuestos, tasas y a quién debe afectar prioritariamente?
6. ¿Qué propuestas concretas haría usted para acelerar nuestra transición medioambiental?
7. ¿Cómo podemos compartir estas decisiones a escala europea e internacional para que nuestros productores no se vean penalizados con respecto a sus competidores extranjeros?
8. ¿Hay que reconocer el voto en blanco?
9. ¿Hay que hacer obligatorio el voto?
10. ¿Hay que incrementar el recurso para los referendos y quién debe ponerlo? (...)"    (France24, 15/01/19)


"(...) Cuestiones directas que los franceses están debatiendo ya en entornos digitales y presenciales como ¿qué impuestos hay que bajar, a su juicio, según la prioridad? ¿hay que suprimir ciertos servicios públicos demasiado caros para su utilidad? ¿cree usted que hay nuevas necesidades de servicios públicos? ¿cómo financiarlos? ¿es necesario reforzar la descentralización y dar más poder de decisión a la acción más cercana a los ciudadanos? ¿A qué niveles y para qué servicios? ¿cómo financiar la transición ecológica: con impuestos, tasas y a quién debe afectar prioritariamente? ¿qué propuestas concretas haría usted para acelerar nuestra transición medioambiental? o ¿cómo podemos compartir estas decisiones a escala europea e internacional para que nuestros productores no se vean penalizados con respecto a sus competidores extranjeros?

Otro grupo de preguntas inciden en la fase quirúrgica en la que se encuentra la propia fórmula democrática. Para debatir al respecto hay tres aspectos concretos que también me parecen muy interesantes como ¿hay que reconocer el voto en blanco? ¿hay que hacer obligatorio el voto? o ¿hay que incrementar el recurso para los referéndums y quién debe ponerlo?

Dejando de lado el hecho de que hay quien considera que este podría ser el último recurso que le queda a Emmanuel Macron tras la crisis de los ‘chalecos amarillos’ y que podría ser una especie de burbuja de oxígeno para intentar salir de la profunda crisis social y política que atraviesa Francia, que no dudo, prefiero analizar el hecho de que estamos ante la obligatoria modificación de los modelos de uso que tiene nuestra democracia.

Dos de cada tres franceses son escépticos ante la utilidad de este gran debate nacional. Hay quien considera que este debate no es más que una precampaña electoral de las europeas y que lo que va a provocar es lo contrario de lo que busca: abrir la caja de Pandora.

No obstante, es indudable que los ciudadanos tienen ahora dos meses por delante para expresar su planeamiento político y económico y hablar de sus propuestas sobre cómo afrontar el futuro.

Algo que va más allá de organizaciones establecidas o comicios programados. Los debates, organizados en su mayoría en los ayuntamientos, han comenzado a partir de un modelo híbrido entre lo digital y lo analógico y los resultados serán canalizados y estudiados por el Gobierno en abril.

Independientemente del uso que hagan los franceses, de la utilidad del proceso y de los efectos políticos que tenga, algo es algo. No se trata de ‘trending topics’ o de ‘likes’ colectivos, ni siquiera de salir a la calle a gritar ‘estoy en contra de todo’.

Independientemente de que nos parezca una estrategia electoral o de un salto arriesgado frente al follón que tienen allí, la verdad es que ofrecen una metodología y un contenido interesante para debatir.

Veo muy positivo aprovechar lo que nos permite la vanguardia tecnológica, y una nueva cultura de uso de la misma socialmente, para algo más que ofrecer videos ocurrentes en las redes sociales. " (Marc Vidal, blog, 21/01/19) 


"Lettre aux Français  (traducción google)

Queridos franceses, queridos franceses, mis queridos compatriotas,

En un período de cuestionamiento e incertidumbre como el que estamos atravesando, debemos recordar quiénes somos.

Francia no es un país como los demás.

El significado de la injusticia es más vívido que en otros lugares. La necesidad de ayuda mutua y solidaridad más fuerte.

En casa, los que trabajan pagan las pensiones de jubilados. En el hogar, un gran número de ciudadanos paga un impuesto sobre la renta a veces pesado, que reduce las desigualdades. Con nosotros, la educación, la salud, la seguridad, la justicia son accesibles para todos, independientemente de la situación y la fortuna. Las dificultades de la vida, como el desempleo, pueden superarse gracias al esfuerzo compartido por todos.

Por eso Francia es, de todas las naciones, una de las más fraternales y las más igualitarias.

También es uno de los más libres, ya que todos están protegidos en sus derechos y en su libertad de opinión, conciencia, creencia o filosofía.

Y todo ciudadano tiene derecho a elegir a los que tomarán su voz en la conducta del país, en la elaboración de las leyes, en las decisiones importantes que deben tomarse.

Todos comparten el destino de los demás y todos están llamados a decidir el destino de todos: eso es todo, la Nación francesa.

¿Cómo no sentir el orgullo de ser francés?

Sé, por supuesto, que algunos de nosotros hoy estamos insatisfechos o enojados. Debido a que los impuestos son demasiado altos para ellos, los servicios públicos están muy lejos, porque los salarios son demasiado bajos para que algunos puedan vivir con dignidad porque no ofrecen las mismas oportunidades para tener éxito como de donde viene la familia A todos les gustaría un país más próspero y una sociedad más justa.

Esta ambición, la comparto. La sociedad que queremos es una sociedad en la que tener éxito no debemos necesitar relaciones o fortuna, sino esfuerzo y trabajo.

En Francia, pero también en Europa y en el mundo, no solo una gran ansiedad, sino también un gran problema han ganado el ánimo. Debemos responder con ideas claras.

Pero hay una condición para esto: no aceptar ninguna forma de violencia. No acepto la presión y el insulto, por ejemplo sobre los representantes electos del pueblo, no acepto la acusación general, por ejemplo, medios de comunicación, periodistas, instituciones y funcionarios. Si todos atacan a todos, la sociedad se deshace de ello.

Para que las esperanzas dominen los temores, es necesario y legítimo que descansemos juntos las grandes preguntas de nuestro futuro.
Por eso propuse y lanzo hoy un gran debate nacional que se prolongará hasta el 15 de marzo.

En las últimas semanas, los alcaldes han abierto sus ayuntamientos para que pueda expresar sus expectativas. Tuve una primera retroalimentación que podría tener en cuenta. Ahora entraremos en una fase más amplia y podrá participar en debates cerca de su hogar o expresarse en Internet para presentar sus propuestas y sus ideas. En Francia, en el extranjero y con residentes franceses en el extranjero. En aldeas, pueblos, barrios, por iniciativa de alcaldes, funcionarios electos, líderes comunitarios o ciudadanos comunes ... En asambleas parlamentarias como regionales o departamentales.

Los alcaldes tendrán un papel esencial porque son sus representantes electos y, por lo tanto, el intermediario legítimo de la expresión de los ciudadanos.

Para mí, no hay preguntas prohibidas. No estaremos de acuerdo en todo, es normal, es democracia. Pero al menos mostraremos que somos personas que no tememos hablar, intercambiar, debatir.

Y tal vez descubriremos que podemos estar de acuerdo, en su mayoría, más allá de nuestras preferencias, más a menudo de lo que pensamos.

No he olvidado que fui elegido para un proyecto, sobre las principales orientaciones a las que me mantengo fiel. Todavía creo que Francia debe ser restaurada a la prosperidad para que pueda ser generosa, porque una va con la otra. Siempre pienso que la lucha contra el desempleo debe ser nuestra principal prioridad, y que el empleo se crea ante todo en las empresas, por lo que debemos darles los medios para desarrollarse. Todavía creo que debemos reconstruir la soberanía industrial, digital y agrícola e invertir en conocimiento e investigación. Sigo pensando que debemos reconstruir una escuela de confianza, un sistema social renovado para proteger mejor a los franceses y reducir las desigualdades en la raíz. Sigo pensando que el agotamiento de los recursos naturales y el cambio climático nos obligan a repensar nuestro modelo de desarrollo. Debemos inventar un nuevo proyecto productivo, social, educativo, ambiental y europeo que sea más justo y efectivo. 

En estas orientaciones principales, mi determinación no ha cambiado.

Pero también creo que de este debate puede surgir una aclaración de nuestro proyecto nacional y europeo, nuevas formas de ver el futuro, nuevas ideas.

En este debate, espero que pueda participar el mayor número de franceses, el mayor número de nosotros.

Este debate deberá responder a las preguntas clave que han surgido en las últimas semanas. Por eso, con el Gobierno, hemos elegido cuatro temas principales que cubren muchos de los temas principales de la Nación: impuestos y gasto público, la organización del estado y los servicios públicos, la transición ecológica, la democracia. y la ciudadanía. Sobre cada uno de estos temas, propuestas, preguntas ya expresadas. Deseo formular algunos que no agotan el debate sino que me parecen en el centro de nuestras preguntas.

El primer tema es sobre nuestros impuestos, nuestros gastos y la acción pública.

El impuesto está en el corazón de nuestra solidaridad nacional. Él es el que financia nuestros servicios públicos. Paga a maestros, bomberos, policías, militares, magistrados, enfermeras y todos los funcionarios públicos que trabajan para usted. Permite pagar los beneficios sociales más frágiles, pero también financiar algunos grandes proyectos futuros, nuestra investigación, nuestra cultura o el mantenimiento de nuestras infraestructuras. También es el impuesto que paga los intereses de la deuda tan importante en que nuestro país ha incurrido a lo largo del tiempo.

Pero el impuesto, cuando es demasiado alto, priva a nuestra economía de recursos que podrían invertir en negocios, creando así empleos y crecimiento. Y priva a los obreros del fruto de sus esfuerzos. No volveremos a revisar los pasos que hemos tomado para corregir esto para alentar la inversión y hacer que el trabajo pague más. Acaban de ser votados y están empezando a mostrar sus efectos. El Parlamento los evaluará de forma transparente y con la retrospectiva necesaria. En cambio, debemos cuestionarnos a nosotros mismos para ir más lejos.

¿Cómo podemos hacer que nuestro sistema fiscal sea más justo y eficiente? ¿Qué impuestos crees que deberían reducirse primero?

En cualquier caso, no podemos perseguir recortes de impuestos sin disminuir el nivel general de nuestro gasto público.

¿Qué ahorros crees que son las prioridades?

¿Deberíamos eliminar algunos servicios públicos que están desactualizados o son demasiado caros en comparación con su utilidad? Por el contrario, ¿ve nuevas necesidades de servicios públicos y cómo financiarlos?

Nuestro modelo social también es cuestionado. Algunos lo consideran insuficiente, otros demasiado caros debido a las contribuciones que pagan. La efectividad de la formación como servicios de empleo suele ser criticada. El gobierno ha comenzado a responder, después de consultas extensas, a través de una estrategia para mejorar nuestra salud, luchar contra la pobreza y contra el desempleo.

¿Cómo organizar mejor nuestro pacto social? ¿Qué objetivos deben ser priorizados?
 El segundo tema sobre el que debemos tomar decisiones es la organización del estado y las autoridades públicas.

Los servicios públicos tienen un costo, pero son vitales: la escuela, la policía, el ejército, los hospitales, los tribunales son esenciales para nuestra cohesión social.

¿Hay demasiados niveles administrativos o niveles de gobierno local? ¿Debemos reforzar la descentralización y otorgar más poder de decisión y acción a los ciudadanos? ¿A qué niveles y para qué servicios?

¿Cómo le gustaría que se organizara el estado y cómo puede mejorar su acción? ¿Debemos revisar el funcionamiento de la administración y cómo?

¿Cómo pueden mejorar las comunidades estatales y locales para enfrentar mejor los desafíos de nuestros territorios más problemáticos y qué proponen?

La transición ecológica es el tercer tema, esencial para nuestro futuro.

Estoy comprometido con los objetivos de preservar la biodiversidad y combatir el calentamiento global y la contaminación del aire. Hoy nadie discute la urgente necesidad de actuar con rapidez. Cuanto más nos demoremos en cuestionarnos, más dolorosas serán estas transformaciones.

Hacer la transición verde puede reducir los costos de combustible, calefacción, desperdicios y transporte. Pero para tener éxito en esta transición, debemos invertir mucho y apoyar a nuestros conciudadanos más modestos.

La solidaridad nacional es necesaria para que todos los franceses puedan lograrlo.

¿Cómo se financia la transición ecológica: por el impuesto, por los impuestos y cuál debe preocuparse en prioridad?

¿Cómo hacemos que las soluciones de concreto sean accesibles para todos, por ejemplo, para reemplazar la caldera vieja o el carro viejo? ¿Cuáles son las soluciones más simples y financieramente sostenibles?

¿Cuáles son las soluciones para mudanzas, viviendas, calefacción, alimentación que deben diseñarse a nivel local en lugar de a nivel nacional? ¿Qué propuestas concretas harías para acelerar nuestra transición ambiental?

El tema de la biodiversidad es también un problema para todos nosotros.

¿Cómo debemos garantizar científicamente las elecciones que debemos tomar en este sentido? ¿Cómo compartir estas opciones a nivel europeo e internacional para que nuestros agricultores y nuestros industriales no sean penalizados en comparación con sus competidores extranjeros?
 Finalmente, está claro que el período que está atravesando nuestro país demuestra que debemos dar más fuerza a la democracia y la ciudadanía.

Ser ciudadano significa ayudar a decidir el futuro del país mediante la elección de representantes a nivel local, nacional o europeo. Este sistema de representación es la base de nuestra República, pero debe mejorarse porque muchos no se sienten representados después de las elecciones.

¿Debería reconocerse el voto blanco? ¿Debemos hacer obligatoria la votación?

¿Cuál es la buena dosis proporcional a las elecciones parlamentarias para una representación más justa de todos los proyectos políticos?

¿Deben y en qué proporciones, limitar el número de parlamentarios u otras categorías de elegidos?

¿Qué papel deben desempeñar nuestras asambleas, incluidos el Senado y el Consejo Económico, Social y Ambiental, en la representación de nuestros territorios y la sociedad civil? ¿Debemos transformarlos y cómo?

Además, una gran democracia como Francia debe poder escuchar más a menudo la voz de sus ciudadanos.

¿Qué cambios quiere que sea más activa la participación ciudadana, más participativa la democracia?

¿Deberíamos involucrar a ciudadanos más directamente y no elegidos, por ejemplo, elegidos por sorteo, para la decisión pública?

¿Debemos aumentar el uso de referendos y quién debería tener la iniciativa?

La ciudadanía también es convivencia.

Nuestro país siempre ha sabido acoger a quienes huyeron de las guerras, las persecuciones y buscaron refugio en nuestro territorio: es el derecho de asilo, que no puede ser cuestionado. Nuestra comunidad nacional también siempre ha estado abierta a aquellos que, nacidos en otros lugares, han elegido Francia en busca de un futuro mejor: así se construyó. Sin embargo, esta tradición hoy se ve sacudida por tensiones y dudas relacionadas con la inmigración y los fallos de nuestro sistema de integración.

¿Qué propones para mejorar la integración en nuestra Nación? En materia de inmigración, una vez que se cumplan nuestras obligaciones de asilo, ¿quiere que podamos establecer objetivos anuales establecidos por el Parlamento? ¿Qué propones para responder a este desafío que durará?

La cuestión del secularismo todavía está en Francia sujeta a importantes debates. El secularismo es el principal valor para que diferentes creencias, religiosas o filosóficas, puedan convivir en armonía y armonía. Es sinónimo de libertad porque permite que todos vivan de acuerdo con sus elecciones.

¿Cómo fortalecer los principios del secularismo francés, en la relación entre el estado y las religiones de nuestro país? ¿Cómo asegurar el respeto por toda la comprensión recíproca y los valores intangibles de la República?

En las próximas semanas, los invito a debatir para responder estas preguntas cruciales para el futuro de nuestra Nación. También desearía que pudieras, más allá de estos temas que te propongo, evocar cualquier tema concreto del cual tengas la impresión de que podría mejorar tu existencia diaria.

Este debate es una iniciativa sin precedentes de la cual estoy decidido a sacar todas las conclusiones. Esto no es una elección ni un referéndum. Es su expresión personal, correspondiente a su historia, sus opiniones, sus prioridades, lo que se espera aquí, sin distinción de edad o condición social. Creo que es un gran paso adelante para que nuestra República consulte a sus ciudadanos de esta manera. Para garantizar su libertad de expresión, deseo que esta consulta se organice con total independencia y que esté enmarcada por todas las garantías de lealtad y transparencia.

Así es como pretendo transformar la ira contigo.

Por lo tanto, sus propuestas permitirán construir un nuevo contrato para la Nación, estructurar la acción del Gobierno y el Parlamento, pero también las posiciones de Francia a nivel europeo e internacional. Le informaré directamente el mes siguiente al final del debate.

Queridos franceses, queridos franceses, mis queridos compatriotas, espero que tantos de ustedes como sea posible puedan participar en este gran debate para hacer una contribución útil al futuro de nuestro país.

En confianza,

Emmanuel MACRON