"(...) Por primera vez en la historia es imposible saber a
que se dedicarán nuestros hijos. Dentro de 15 años el mundo laboral que
conocemos será una litografía en color sepia. Lo grave es que nadie está
trabajando para evitar que ese parto sea doloroso.
Lo evidencia cada
vez más el tinglado que montan los partidos políticos en campaña
electoral. Sus meriendas pre-organizadas y sus discursos diseñados al
milímetro. Permitidme que sonría cuando escucho esto último: ‘discursos
diseñados al milímetro’. Menos mal que los preparan, si no serían de aurora boreal.
Votes lo que votes, no votaras a nadie que ahora mismo esté teniendo en cuenta lo que va a pasar en unos pocos años. A veces me acuerdo cuando hace doce años pensaba lo mismo y nadie hacía caso.
Es de cataclismo intelectual comprobar el modo en el que se preocupan
de los debates televisados, de las redes sociales, de la gestión de
datos o del uso que ‘dicen’ hacer de la inteligencia artificial y luego
comprobar como nada de eso está en sus programas, en su plan político.
No lo tienen en cuenta. Permitidme que dude de que usen nada de eso. (...)
Ahí va un resumen muy simple a lo visto hasta ahora en
la campaña electoral que se arrastra estos días por la geografía
española, cansina, a ritmo de procesiones, con las saetas de siempre y
la ensalada de encuestas tan interesantes como interesadas.
Tenemos un
partido de color rojo que se esconde porque todo le va genial mientras
obvia la tormenta económica que se avecina.
Hay otro de color azul que incapaz de empatizar con los problemas
reales de todo un país que aun no percibe que ha salido de la crisis en
términos generales.
El de color naranja es el que nos ha descubierto el
centro político. El centro era un punto intermedio desde que lo dijera
Euclides hace miles de años. Ahora ya no, el centro es un lugar entre la
derecha y la derecha.
Un cuarto partido de color morado es capaz de
defender a las clases populares desde su mansión con hipoteca concedida
por la banca ética. Que no se diga.
El de color verde no es ecologista.
El verde es el quinto partido en liza. Es la irrupción de la denominada
ultraderecha. Una urticaria naturalizada en el resto de Europa y que en
realidad es la escisión natural del sector más conservador del antiguo
partido que controlaba la derecha en su conjunto.
Hay más. Desde un
partido que defiende a los animales con posiciones de vergüenza ajena,
al listado habitual de partidos con intereses territoriales que amenazan
con imponer voluntades locales si alguien quiere o necesita su apoyo.
En general, el mismo arcoíris.
Me pregunto sobre los ‘expertos’ de los partidos de
siempre. ¿Dónde se han pasado los últimos diez años los estrategas de
partido, los directores de comunicación y táctica política?¿De qué
leches hablan cuando plantean estrategias a sus clientes? Es
divertidísimo leer las propuestas de algunas consultoras políticas sobre
eso de ‘estrategia de partido’ en redes sociales o ver como muchos
‘políticos’ se ven la mar de actuales poniendo un ‘@’ delante de su
nombre un ‘#’ en sus eslóganes.
Es que esto ya no es lo que era. Digamos
que la gente va decidiendo lo que votar por otros canales que no tienen
mucho que ver con la estrategia (mejor dicho, táctica) de los que
llevan tanto tiempo en un sillón de alcántara, del cual, cuando se
levanten no habrá manera de que regrese a su forma original del tiempo y
peso que lleva sufriendo el pobre asiento.
Te guste o no, la sociedad en red (que sí, también
consume tele), se nutre del debate entre las ideas que se derivan y no
de la visualización de unos teatros que simulan ser nutritivos. Esos
espacios, esa estrategia orgánica y viva, que no depende de órdenes
directas sino de su voracidad distribuida, de que la tecnología y su
enlace con lo analógico permita canalizarse, aun no ha empezado a detectar el desastre económico y social al que nos encaminamos sin remedio.
Un descontento social que espera a que la ‘tele’ explique que volvemos a
estar en ‘crisis’ y no una ligera ‘desaceleración’.
Esto no va de
mensaje, ni de líderes, es un tema más complejo. Los americanos lo
inventaron pero quienes mejor lo manejan ahora son los escandinavos.
Creas un entorno, derivas un mensaje, utilizas la tecnología y la dejas
fluir. Luego, sólo tienes que dejar que los datos y su gestión capaciten
tus decisiones electorales y tus acciones de gobierno. Se sorprenderían
el uso básico e ineficiente que se está haciendo ahora mismo de todo
eso en la mayoría de países europeos y la mayoría de latinoamericanos.
Pero lo importante es económico y de lo económico no
se habla. Mejor dicho, si se habla no se emite y si se emite no se
escucha. Da igual como lo digas. Da lo mismo que expliques la mutación
de nuestro entorno.
Ya no escribimos cartas, no elaboramos álbumes de
fotos, nos reunimos sin estar juntos, no compramos entradas en ninguna
taquilla, no se utilizan mapas callejeros, las guías turísticas son
reliquias, no compramos periódicos, no visitamos tiendas de música, no
conservamos nada en papel, no programamos un aparato para poder ver más
tarde una película, no vamos al banco, leemos libros en pantallas
digitales, conversamos en cualquier momento con personas que están a
miles de kilómetros sin coste y en idiomas que desconocemos a tiempo
real y las ciudades se gestionan por sistemas expertos que lo regulan
todo de forma automática. Todo es distinto, pero la política se mantiene
voluntariamente igual. Hierática ante los cambios que se suceden en el
exterior de su burbuja.
Pero les llegará. Hoy en día las decisiones políticas
se toman en base a tres criterios: presupuesto, interés partidista y
capacidad de gestión. La primera la gestionaría increíblemente mejor un software inteligente que una docena de ministros de economía visto lo visto.
Lo segundo, más divertido, un gestor de datos masivos capaz de trabajar
en base a variables de bienestar social no dependiente de votos, podría
gobernar sin esperar ‘encuestas’ o lo que fuera. La tercera es pura
evidencia.
¿Quién más eficiente que un software aséptico?
La política del futuro también será tecnológica y de verdad. Ya hay
síntomas en algunas propuestas escandinavas que dejan en manos de
software algunas ‘decisiones’ de interés público. En un par de décadas
el escenario político también será muy distinto.
Tal vez antes. No hablo
de ideología, nuevos actores, ni tan siquiera de líderes modernos
ofreciendo respuestas modernas. Me refiero a que, a la política, también
le llegará la disrupción, su transformación digital poco tendrá que ver
con los procesos técnicos, que también, sino con los modelos de
decisión y estrategia ejecutiva. Tardará porque se van a defender, pero
llegará.
El camino será el mismo del de otras ‘industrias’.
Pasaremos de un escenario en el que los partidos proponen y la sociedad
dispone, a otro en el que la sociedad exigirá y los partidos se
adaptarán a esas peticiones. Para ello hará falta mucha democracia, viva
y constante, automatizaciones, aceptación de que las deducciones
estratégicas y políticas pueden establecerse mucho mejor a partir de la
interpretación de los datos masivos y de la inteligencia artificial. No
es ciencia ficción.
Tiene poco de ficción y mucho de ciencia. Como
ejemplo decir que existen compañías cotizadas en Japón que están siendo
dirigidas por un software. En concreto hablo del caso del cerebro
digital ‘Vital’ de la empresa Aging Analytics. Un CEO digital que
gobierna una multinacional y que tiene voto de valor en un consejo de
administración que está a sus órdenes. Por cierto, el incremento de
facturación y beneficios ha permitido que se le renueve el contrato
indefinidamente.
La convivencia entre lo tecnológico aplicado a la política es potencialmente viable. ¿Por qué van a ser los políticos los únicos a los que no les afecte ese futuro mundo sin empleo?
Yo lo tengo claro visto lo visto. Yo votaría a un robot.
Seguramente
falta tiempo para que pueda depositar mi voto en una urna digital para
votar a un software con una ‘ideología’ técnica, pero, mientras eso no
llega, veamos a qué se dedican los actuales ‘líderes’. Les llamamos
líderes vete tú a saber por qué, pues su lejanía de lo que sucede es de
tal calibre que probablemente cuando todo esto se los lleve por delante
pasarán años hasta que se den cuenta.
Ellos seguirán yendo a su puesto
de trabajo como si nada hubiera pasado, como en un guión de Asimov
entrarán en su despacho rodeados de máquinas, se sentarán a ‘gestionar’ y
nadie se dará cuenta de su presencia. Tanto tiempo ralentizando el
mundo, tanto tiempo derivando sus responsabilidades, jugando a sus
juegos de tertuliano de bar, tanto tiempo hablando de ellos mismos, que
nada cambiaría con su presencia. Fin del juego.
Propuse hace tiempo que se considere la opción de
crear un Ministerio del Futuro. Parece absurdo pero no lo es. Hay países
que tienen cosas parecidas. Un departamento transversal que analice de
manera objetiva la que se nos viene encima.
¿Quién mejor que un software
inteligente para llevarlo a cabo? ¿Quién mejor que un robot para un
cometido como ese? No estoy de coña, es que corren tiempos nuevos que
nadie interpreta correctamente. Seguimos con ideas de siempre (todos),
estrategias de pena (la mayoría) y tácticas de gente desconectada de la
realidad (en general).
Cuando la realidad haga ‘turn on’, va a ser divertido.
El mundo sigue su curso hacia un escenario con poco empleo o hacia un
tipo de empleo muy distinto. Todo lo que pueda ser automatizable, lo
será. Periódicos sin periodistas, bibliotecas sin bibliotecarios, bares
sin camareros, tiendas sin vendedores, empresas sin directores, taxis
sin taxistas, hoteles sin recepcionistas, transporte sin transportistas,
clínicas sin doctores y, quien sabe, parlamentos sin políticos. ¿Para
qué se precisa un político humano?" (Marc Vidal, blog, 22/04/19)
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