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19.4.26

Qué les pasa a los que votan a la izquierda en las grandes ciudades... Se degradan los servicios y bienes estándar al mismo tiempo que se encarecen los servicios y bienes mejorados... En Europa, la enseñanza y la sanidad públicas cada vez cuentan con menos inversión, se degradan, y los ciudadanos optan por la privada. Ocurre con las viviendas... El electorado de Mamdani y de La France Insoumise se alimenta de jóvenes y personas de mediana edad con titulación universitaria y salarios que están por debajo de lo que esperaban, pero también de lo preciso para mantener una vida estable... Es uno de los factores que ayudan a que las grandes capitales (Londres, París, Roma o Nueva York) suelan tener alcaldes progresistas... Es una fuerza social que creyó que por su titulación y por estar formada por jóvenes que exhibían nuevas ideas, no sería alcanzada por el declive... lo cierto es que el trabajo profesional para las clases formadas se está partiendo en dos, y unos se dirigen hacia la estandarización, y por eso sus opciones vitales menguan, y los otros no alcanzan los entornos de exclusividad, con lo que caen en la escala social.. Cada uno de estos sectores encuentra sus chivos expiatorios. Los progresistas señalan a los caseros, porque entienden que el precio de los alquileres es el principal problema, y los conservadores señalan a los boomers de pensiones elevadas. El chivo expiatorio contiene una solución reconfortante porque les permite conservar la autoestima (son gente de valía explotada por viejos acomodados) y porque justifica su malestar con quienes, en teoría, están taponando su ascenso (Esteban Hernández)

"En los años 80 del siglo pasado, los parques de atracciones cambiaron las condiciones de acceso e implantaron un nuevo sistema: el pase único con acceso a todas las instalaciones. Las más populares atraían más público, y por tanto se generaban colas para acceder a ellas. Otras suscitaban menos interés y estaban más disponibles. Disney fue una empresa pionera en estos sistemas, ya que contaba con algunos de los parques más populares del mundo, como Disney World.     

Desde entonces hasta hoy, el sistema de acceso vivió cambios sucesivos, que cristalizaron en los pases premium. Eran bastante caros, pero permitían acceso rápido a todas las atracciones en cualquier momento del día. Los nuevos sistemas tenían un cliente prioritario, el que pertenecía “al 20 % de los hogares estadounidenses con mayores ingresos”. Al mismo tiempo, quienes pagaban precios que no eran exactamente baratos por el acceso normal, se veían sometidos a esperas cada vez mayores: las colas se hicieron más grandes. Es la “Economía Mickey Mouse”, un ejemplo cristalino de cómo los procesos generales que perjudican al ciudadano promedio se implantan con la excusa de lograr mayor eficiencia.

Se degradan los servicios y bienes estándar al mismo tiempo que se encarecen los servicios y bienes mejorados

Lo cierto es que esa bifurcación atraviesa nuestra sociedad: se produce al mismo tiempo la degradación sistemática de los servicios y bienes estándar y la elevación de precios de los servicios y bienes mejorados. Hay ámbitos muy evidentes: los transportes, la comida o los servicios de las plataformas. Como de costumbre, los cambios aparecen con una promesa ventajosa: los precios bajan y atraen al cliente. Más tarde el mercado se concentra, lo barato deja de ser tan barato y lo caro se vuelve más caro. Con el tiempo, la mínima calidad, esa que antes se ofrecía en los bienes o servicios estándar, solo se puede conseguir con un suplemento. La cuerda se va estirando hasta que la calidad es ínfima en lo estándar y hay que gastar mucho más para obtener algo satisfactorio. Los conciertos (o los acontecimientos deportivos) son otro buen ejemplo: se pagan cantidades muy elevadas por un asiento muy lejano al escenario, y precios desorbitados por las localidades más cercanas.

Una dinámica general

No es una tendencia imperante en el mundo del ocio, sino una concepción de la economía que opera a nivel general. En Europa, la enseñanza y la sanidad públicas cada vez cuentan con menos inversión, se degradan, y los ciudadanos optan por la privada. Ocurre con las viviendas: los precios suben, de manera que los pisos con pocos metros cuestan mucho dinero, y los que ofrecen espacio y comodidad se vuelven carísimos.

Los centros de las ciudades, en especial los de grandes urbes, se convirtieron en espacios reservados para turistas

Eso genera efectos de exclusión bien conocidos, pero también crea exclusividad. La manera en que son sustituidos los negocios de una zona, al igual que lo hacen sus habitantes, lo subrayan. Los locales comerciales de los lugares céntricos elevaron mucho su precio, lo que expulsó a los negocios tradicionales: solo quienes contaban con mucho capital podían pagar los alquileres, en general marcas prestigiosas y franquicias. Ese movimiento fue a la par de la conversión de los lugares céntricos, en el caso de Madrid (y de otras grandes ciudades) en espacios reservados para turistas. El barrio de Salamanca ha quedado reservado para los ricos de otros países que vienen a Madrid a residir. Los clubes privados han comenzado a proliferar. Hay gente que es expulsada, pero también se crean zonas de exclusividad.

Esa bifurcación aparece en el recorrido formativo y, por supuesto, en la trayectoria laboral. Los títulos que tienen valor real los expiden universidades muy concretas. Hay muchas personas con educación superior que no encuentran cómo hacer valer su grado o su máster en el mercado. Al igual que en otros campos de la sociedad, el recorrido ha llegado al mismo lugar. De una época en la que el acceso a la universidad se democratizó y se sumaron a las aulas los hijos de las clases trabajadoras gracias a un sistema público de precios bajo, se pasó a otra en la que el precio de la educación se ha multiplicado, y en el que los títulos que de verdad aportan recorrido laboral los expiden pocos centros, la mayoría de élite.

Los cambios políticos

Hay muchos ribetes políticos en esta cuestión, con consecuencias también en las urnas. El electorado de Mamdani y de La France Insoumise se alimenta de jóvenes y personas de mediana edad con titulación universitaria y salarios que están por debajo de lo que esperaban, pero también de lo preciso para mantener una vida estable. Son quienes creyeron que bastaría con comprar una entrada al parque y hacer cola para subirse en la atracción. Están descubriendo que existen los pases exclusivos y que hay gente que puede montarse en las atracciones que desea, mientras ellos tardan horas para acceder a una.

Es uno de los factores que ayudan a que las grandes capitales (Londres, París, Roma o Nueva York) suelan tener alcaldes progresistas. No es el caso de Madrid, aunque sí de Barcelona. Hay factores específicos de la política española que lo pueden explicar. Aun así, Carmena gobernó la capital no hace tanto tiempo, y lo hizo apoyándose en clases socioculturales que ahora se ven en declive, presionadas tanto por los precios de la ciudad como por la falta de expectativas cumplidas. Es una fuerza social que creyó que por su titulación y por estar formada por jóvenes que exhibían nuevas ideas, no sería alcanzada por el declive. Descubrieron tarde que no iban a estar protegidos y ahora muestran su descontento. Sin embargo, quien más apela a ese sector, Más Madrid, no vive momentos especialmente brillantes en las encuestas.

Votan a la izquierda quienes sufren la degradación de lo general y a la derecha quienes han sido apartados por la exclusividad

Parte de la explicación reside en que el voto de esos grupos descontentos también se va a la derecha. El marco interpretativo de la realidad no siempre apunta en la misma dirección y fenómenos similares derivan en lecturas políticas distintas. La izquierda es mejor aceptada por quienes han visto cómo lo general se ha visto degradado, y la derecha por quienes han visto que la exclusividad les ha dejado fuera de sitio. Es uno de los fenómenos más significativos de los últimos años, ya que hijos de las clases con recursos están descubriendo que el lugar al que se dirigían está ocupado. Les esperaba una gran consultora o un despacho jurídico de prestigio, o un cargo directivo en la gran empresa, y lo que han encontrado son largas jornadas laborales con salarios decepcionantes y una posibilidad más estrecha de progresar de lo que esperaban.

Cada uno de estos sectores encuentra sus chivos expiatorios. Los progresistas señalan a los caseros, porque entienden que el precio de los alquileres es el principal problema, y los conservadores señalan a los boomers de pensiones elevadas. El chivo expiatorio contiene una solución reconfortante porque les permite conservar la autoestima (son gente de valía explotada por viejos acomodados) y porque justifica su malestar con quienes, en teoría, están taponando su ascenso. Pero lo cierto es que el trabajo profesional para las clases formadas se está partiendo en dos, y unos se dirigen hacia la estandarización, y por eso sus opciones vitales menguan, y los otros no alcanzan los entornos de exclusividad, con lo que caen en la escala social. Ni unos ni otros tienen para para pagar la fila rápida en el parque de atracciones del éxito laboral, y eso es complicado de encajar. Y ahora llega la IA.

Son asuntos políticamente relevantes. En ese mundo dividido entre las ciudades florecientes y con pujanza y las pequeñas ciudades en declive, el descontento está apareciendo también en las grandes urbes. Y eso es señal de cambios políticos."

Esteban Hernández , El Confidencial, 05/04/26) 

1.6.23

Los pésimos resultados para la izquierda no han reflejado la gestión de ayuntamientos y comunidades, ni siquiera la del Gobierno de coalición, sino la imposición de una narrativa del apocalipsis nacional... pero el súbito adelanto electoral arruina el paseo militar de la derecha, la noche de los cuchillos largos en Ferraz y seis meses agónicos tras la derrota sin paliativos del 28-M... Pedro Sánchez sigue siendo el Cary Grant, que resiste encaramado en el Monte Rushmore... Para Yolanda Díaz, como para todos, los mapas de la batalla van a tener que trazarse mientras esta se libra...La premura con que tendrán que colocarse las sillas no es mala noticia para Sumar, que se verá exento de un larguísimo proceso de negociación con Podemos. No habrá tiempo para su narrativa del todo o nada... e Izquierda Unida, allá donde se ha presentado en solitario, ha aguantado con solvencia la ola derechista... Si la izquierda agrupada en torno a Díaz debe tener un cometido antes de las próximas generales del 23 de julio es encontrar un solo concepto, una personalidad propia, que reclame su capacidad de enfrentarse a las múltiples emergencias acaecidas: garantes del orden frente al caos. Pero, además, marcar un horizonte apetecible al que llegar, una esperanza... explotar el papel de mujer de Estado, de vicepresidenta encargada de lo útil, que Díaz ha desplegado tantas veces sobre la tribuna del Congreso. El objetivo, casi único, debería ser transformar sus hechos en un relato comprensible para los cercanos, pero sobre todo para aquellos que observan distantes desde la abstención (Daniel Bernabé)

 "Súbito adelanto electoral que arruina el paseo militar de la derecha, la noche de los cuchillos largos en Ferraz y seis meses agónicos tras la derrota sin paliativos del 28-M. Hay algo de la épica del antiguo ciclismo alpino en la decisión, un cambio de ritmo en la pedalada que desconcierta a los rivales y recupera todas las miradas que seguían la carrera. También un indudable principio democrático: las grandes encrucijadas de un país se deciden votando. Pedro Sánchez, a pesar de todo, sigue siendo Cary Grant, no ya el del encanto irónico de las primeras escenas, sino el que resiste encaramado en el Monte Rushmore.

Para Yolanda Díaz, como para todos, los mapas de la batalla van a tener que trazarse mientras esta se libra. Diez días, desde este lunes, para inscribir cualquier candidatura en coalición, que no será solamente una marca y una candidata, sino el reparto de los recursos. La premura con que tendrán que colocarse las sillas no es mala noticia para Sumar, que se verá exento de un larguísimo proceso de negociación con un Podemos que, aunque exiguo, iba a contar con la astucia comunicativa de Pablo Iglesias. No habrá tiempo para instalar más narrativa que la del todo o nada. Se acabó el delirio de mantener que una hoguera digital para unos pocos convencidos calienta a millones de votantes.

Diaz ha quedado apenas tiznada, a pesar de sus pactos, por la debacle autonómica y su imagen está más que asentada entre el público como una de las más valoradas. Lo que empezó con un esperanzado municipalismo en 2015, ha terminado en 2023 con un laberinto de siglas, tan fragmentado que apenas era imposible saber qué o quién aparecía en la papeleta. Un nombre, una cara, pero sobre todo una idea: dirigirse de frente a esos más de 11 millones de personas que, en España, se han movilizado desde el progresismo alguna vez en la última década. Esos ciudadanos que, si algo penalizan, es que se sitúe por delante el cálculo interno de mesa camilla a sus problemas.

Hay un detalle que puede indicar algo importante: Izquierda Unida, allá donde se ha presentado en solitario, ha aguantado con solvencia la ola derechista. Donde existe organización y arraigo, donde militantes y trabajo cotidiano se han puesto por delante del efectismo, la muralla ha permanecido firme. La toxicidad en política, sobre todo en la izquierda, se manifiesta cuando el voto pierde su utilidad y se asocia con lo estrafalario: reclamarse como centralidad de una sociedad no se puede declamar desde los márgenes. Y ahí, todos los avances sociales que han tenido despegue en esta legislatura no pueden darse simplemente por amortizados.

Seamos claros: los pésimos resultados para la izquierda del pasado domingo no han reflejado la gestión de ayuntamientos y comunidades, ni siquiera la trayectoria del Gobierno de coalición, sino la imposición de una narrativa del apocalipsis nacional. Si las derechas han llegado a poner en tela de juicio la limpieza de nuestro proceso electoral, no podemos simplemente analizarlo como una mera cuestión de táctica política, sino dejar constancia, firme, de que no ha habido reparos en vestir el traje del trumpismo. No sólo por decencia democrática, sino por la tentación de asumir que esas medidas sociales, ese impulso laborista, han sido baldíos.

Lo que tampoco valdría de nada es que la izquierda se quedara en la denuncia airada, en ese indeseable papel de víctima que podría entenderse como una coartada para no reconocer sus errores. Se debe reclamar a la derecha civilidad, es pueril esperar que llegue. Si desde el 2020 se ha intentado ilegitimar al Ejecutivo, con La Moncloa a tiro de piedra, nos esperan semanas de un ruido atroz. La única reflexión que cabe es que pese a que muchas medidas sociales han funcionado, su ejecución no ha sido suficiente frente al estrépito. No es tan sólo lo que ha faltado por hacer, no es que lo hecho haya sido inútil, sino la falta de coherencia, de unidad, en aquello que ha sido exitoso. Que algo funcione no significa que se entienda por qué y por quién funciona.

Si la izquierda agrupada en torno a Díaz debe tener un cometido antes de las próximas generales del 23 de julio es encontrar un solo concepto, una personalidad propia, que reclame su capacidad de enfrentarse a las múltiples emergencias acaecidas: garantes del orden frente al caos. Pero, además, marcar un horizonte apetecible al que llegar, una esperanza que suene para la mayoría como algo más que un concepto vacío. Y aquí no caben los experimentos, tampoco apelar al miedo, sino explotar el papel de mujer de Estado, de vicepresidenta encargada de lo útil, que Díaz ha desplegado tantas veces sobre la tribuna del Congreso. El objetivo, casi único, debería ser transformar sus hechos en un relato comprensible para los cercanos, pero sobre todo para aquellos que observan distantes desde la abstención."                 (Daniel Bernabé , El País,  29/05/23)

11.5.23

Para quien considera que su mundo es perdedor o ignorado por la política tradicional, este populismo ofrece esperanza inmediata, atajo rápido y soluciones fáciles y directas. ¿Qué más se puede pedir cuando el futuro ha dejado de ser superador y el presente es decepcionante? Cuando el miedo a lo desconocido es menor que el miedo, y la desesperanza, de lo que ya se conoce… Para muchos electores que viven ⎯o sienten⎯ que su metro cuadrado, sus expectativas presentes (y mucho más las futuras) no tienen horizonte de superación, la frontera entre estar mal o muy mal no es movilizadora... El insulto o la grosería forman parte de una descarada pose desafiante que estimula la peineta verbal y es vista por muchos electores como expresión de rabia legítima, valentía o sinceridad extrema

 "Es difícil combatir lo que no se comprende. Y la tentación de usar un repertorio de tópicos agotado e insuficiente para analizar y competir con fenómenos nuevos forma parte de la incapacidad de la política formal y tradicional. Sucede así con la irrupción desbordante de actores políticos difíciles de clasificar como los libertarios en Argentina o los republicanos en Chile. ¡Qué fácil es reducirlos a tópicos y etiquetarlos de extrema derecha! Pero la realidad ⎯tozuda⎯ es más compleja. 

Ambos proyectos han acechado a la derecha tradicional y la arrinconan con un renovado brío y audacia que los hace muy atractivos para un amplio registro de votantes: desde los más conservadores a amplios sectores de jóvenes que donde la política tradicional ve involución reaccionaria, ellos ven innovación revolucionaria.

Y crecen sobre una izquierda que sigue mirando estas realidades desde la atalaya de la arrogancia intelectual y la superioridad moral. Esta izquierda, por incapacidad o por comodidad, prefiere usar el catálogo del miedo ⎯con todas sus variantes⎯ para alertar y ahuyentar a los electores del poderoso atractivo del este tipo de populismo tan eficaz. “Nosotros ⎯la izquierda, los académicos, los profesores⎯ hemos abandonado la política en manos de aquellos para quienes el poder real es mucho más interesante que sus implicaciones metafóricas”, escribió Tony Judt en El refugio de la memoria.

En lugar de comprender su magnetismo y su seductor lenguaje y armado formal y estético, la pereza intelectual prefiere el tópico del “¡No pasarán!”, como si esta nueva derecha fuera un revival de las reaccionarias del siglo pasado. Pero el miedo ya no da miedo. O al menos no como único movilizador del voto anti.

Estas podrían ser las razones por las cuales este recurso no sirve y hay que explorar otras vías si se quiere competir ⎯y ganar⎯ a una expresión política difícilmente clasificable.

1. La autopercepción de lo negativo. Para muchos electores que viven ⎯o sienten⎯ que su metro cuadrado, sus expectativas presentes (y mucho más las futuras) no tienen horizonte de superación, la frontera entre estar mal o muy mal no es movilizadora. Para quien no tiene nada, ¿qué significa estar peor? Para quien considera que su mundo es perdedor o ignorado por la política tradicional, el miedo significa otra cosa. ¿Cómo pueden estar peor de lo que ya están?

2. La falta de cultura política. La banalización del fascismo, la relativización moral, y la falta de cultura democrática profunda transforma en superficial el relato peligroso de la derecha radical. Hay datos que sobrecogen. Según el último Latinobarómetro, uno de cada cinco menores de 25 años preferiría un sistema autoritario.

3. La historia no está presente. El peso y las enseñanzas de la historia están cada vez más ausentes de nuestras vidas. El desconocimiento de los hechos, la lejanía de estos, la falta de testimonios revalorizados y la pérdida de sentimientos de culpa o deuda, hace que la amenaza reaccionaria (del pasado) no tenga un efecto en la conciencia de los electores. La historia ha dejado de ser una herencia que conservar, cuidar o valorar. La oferta autocrática o radical no se siente como amenaza al desconocer el pasado. Se ha perdido el vínculo de las relaciones causales.

4. La naturalización del exceso. El populismo radical polariza, divide, agrede y no duda en usar el lenguaje como arma de guerra. El insulto o la grosería forman parte de una descarada pose desafiante que estimula la peineta verbal y es vista por muchos electores como expresión de rabia legítima, valentía o sinceridad extrema. Así, el lenguaje políticamente correcto es desafiado por el exabrupto que se presenta como un signo de audacia revolucionaria. Cada vez más, el despropósito o la provocación blanquea las posiciones extremas y radicalizadas. No se ven como extremas, sino como histriónicas, a lo sumo. Y se tienden a disculpar. En la sociedad de los gritos, los insultos o las mentiras parecen más ruido, simplemente.

5. Sin culpa. Muchos electores se atreven a compartir ideas, temas, y contenidos abiertamente radicales y reaccionarios. Pero estos ciudadanos no se sienten de derechas ⎯y mucho menos fascistas⎯, no se sienten interpelados o avergonzados por la identificación acusatoria de una supuesta identidad reaccionaria. Esas etiquetas han perdido sentido para ellos. E incluso se pueden volver como argumento de afirmación y combate. «Si ser de derechas es esto…, ¡pues soy de derechas!», piensan para sus adentros.

Competir contra lo nuevo con las lógicas del pasado es melancólico e inútil. La política tradicional ⎯conservadora y progresista⎯ debe rearmarse inteligentemente para confrontar con un populismo reaccionario que no da miedo, aunque esto nos escandalice. Este populismo ofrece esperanza inmediata, atajo rápido y soluciones fáciles y directas. ¿Qué más se puede pedir cuando el futuro ha dejado de ser superador y el presente es decepcionante? Cuando el miedo a lo desconocido es menor que el miedo ⎯y la desesperanza⎯ de lo que ya se conoce… la posibilidad de que irrumpa lo impensable es más cierta de lo que nos podemos imaginar."                  (Antoni Gutiérrez-Rubí , El País, 07/05/23)

15.2.22

Ayuso vapulea a Pablo Casado... Porque Ayuso acompleja a Casado... Casado quería con estas elecciones vencer a su rival interno en el partido, Ayuso, y al externo en su espectro ideológico, Vox, pero va camino de reforzar a ambos y seguir el camino de Albert Rivera... Ayuso puede enterrar a Pablo Casado en la tierra donde nació simplemente asistiendo al espectáculo

 "Isabel Díaz Ayuso realizó una declaración en la Asamblea de un minuto que no incluía ningún dato falso ni manipulación y que se separaba del discurso de la extrema derecha. 

(...)  lo que dijo fue totalmente cierto en respuesta al discurso racista de VOX contra la inmigración ilegal al asociarla con la delincuencia de las bandas. No lo hizo por convencimiento, porque si necesita a la extrema derecha para sacar adelante unos presupuestos y los posfascistas le vuelve a pedir poner a los menores no acompañados en la diana lo hará sin complejos. No es que tenga muchos escrúpulos, pero eso no implica que la declaración puntual vaya en la línea correcta. 

El problema es que en su delirio populista habitual no hay coherencia en sus palabras y no lo acompaña de hechos. No hay diferencia entre la relación con VOX que tiene Ayuso y una declaración puntual con el discurso que Pablo Casado tuvo en la moción de censura. Son retazos de derecha europea que rápido caen en el olvido. 

Pero Ayuso marca tendencia en el PP, todo lo que hace influye en Casado. Es su némesis.

Isabel Díaz Ayuso es la misma que solo un día antes declaró que su partido tiene que pactar con VOX en Castilla y León solo para llevar la contraria a la estrategia de Pablo Casado, que intentó en campaña evitar decir que pactarán con la extrema derecha. Ayuso puso en valor su política y reconoce lo que todos sabemos y la dirección en Génova no se atreve a explicitar.

 Si algo tiene la lideresa es que cuando habla de sus políticas y estrategias a los de su clase suele ser clara, expresa de manera diáfana sus intenciones y deja claro a los suyos que va a gobernar para ellos, por eso gusta a los suyos. No juega a ser la presidenta de todos los madrileños, es solo la presidenta de quien le ha votado y pertenece a una clase social determinada. Y sigue marcando el paso a Pablo Casado.

La relación de Ayuso con VOX suele ser el termómetro que marca la relación que quiere Pablo Casado para combatir a la extrema derecha en su espectro basada en la falsa premisa de que Isabel Díaz Ayuso y su discurso tapan a los posfascistas. Porque eso no ocurre. En Madrid el éxito de Ayuso se debió a la absorción íntegra de Ciudadanos y la infiltración en bolsas del PSOE, pero en ningún caso logró parar a VOX, que creció en apoyos. 

 El error de diagnosis del éxito electoral de Ayuso ha llevado al PP a iniciar una serie de delirios políticos y discursivos que creen posible imitar la campaña madrileña en Castilla y León sin contar que la base electoral del votante es totalmente diferente y el contexto diametralmente opuesto. Porque Ayuso acompleja a Casado.

 Teodoro García Egea y Génova han planteado la campaña electoral en Castilla y León como una mala copia de la que Miguel Ángel Rodríguez planteó en Madrid. Ayuso basó la campaña en contraposición a Pedro Sánchez después de meses confrontando contra el gobierno por la crisis de la pandemia y aprovechando el error de Moncloa de aceptar esa dinámica que finalizó con aquella reunión bilateral en la sede la Comunidad de Madrid con banderas y boato de representación de jefes de Estado. Con esos mimbres era fácil plantear la campaña en oposición al "sanchismo", más aún cuando Pablo Iglesias se presentó a las elecciones en Madrid y le dio hecho un lema: 'Comunismo o libertad'.

Ahora nos parece chusco, pero tenía un elemento concreto de contraposición en el líder de Unidas Podemos que daba credibilidad a las elecciones de Madrid como plebiscito contra el gobierno central en una de las regiones más derechizadas de España y con la pandemia y las medidas de restricción como elemento troncal de la elección de los ciudadanos. 

Todos los condicionantes favorecían la campaña de Ayuso y son irreproducibles en Castilla y León. No son exportables. Sin contar que los genios estrategas de Génova no han valorado la falta de carisma de Mañueco que, consciente de sus limitaciones, suplicaba a Génova que le dejara llevar a Ayuso a todos los mítines.

 La urgencia de Pablo Casado se le ve en la mirada y en los gestos, ha usado las elecciones en uno de sus feudos para reforzar su posición y las expectativas dicen que saldrá de ellas como un líder tocado al que se le pondrá en cuestión que sea el candidato en las generales. Casado quería con estas elecciones vencer a su rival interno en el partido y al externo en su espectro ideológico pero va camino de reforzar a ambos y seguir el camino de Albert Rivera. Ayuso puede enterrar a Pablo Casado en la tierra donde nació simplemente asistiendo al espectáculo."                   (Antonio Maestre , blog, La Sexta, 11/02/22)

29.6.21

La argumentación política ha desaparecido... cede el paso a la mentira. Sin más. Una mentira que consiga emocionar al votante. Lo único que conduce a la credibilidad son las emociones. Dan sentido a votar al político desde el... vacío político... por eso ganó Ayuso

 (...) El escenario actual ha cambiado. De forma galopante ha crecido –está creciendo– la crisis, por no decir la desaparición, de la cultura social asentada en ideologías transformadoras. El otorgamiento de sentido como opción de asumir, justificar, apoyar –a vivir– un proyecto individual y colectivo transformador hacia el futuro, ha dado paso a la cotidianeidad del sinsentido. Donde lo único que mueve es competir en la búsqueda de la inmediata supervivencia.

Esta crisis de sentido y también ideológica, produce un vacío cultural político. Para muchos y crecientes sectores de población, y ahora nos referimos a las clases bajas y medias/bajas en general y grupos /sectores sociales en particular que ya están fuera -arrojados del sistema- (jóvenes, mujeres, precarios, parados, emigrantes etc. ) Lo político es un referente sin contenido. Lo que les lleva a considerar una pérdida de tiempo la relación de presentar, vía voto, propuestas ligadas a intereses individuales y colectivos a los candidatos políticos para que éstos luego tomen decisiones a su favor.

 (...) en el escenario descrito, el razonamiento político, la argumentación política ha desaparecido –ya no existe– en las tres instancias: en el votante, en el candidato y en la relación entre ambos Resulta especialmente relevante el grado de desconexión del votante con los objetivos y estrategia política de los candidatos. 

(...) es creíble para el/la votante que su consigna y promesa, sin más explicaciones, es que va a vivir mejor. Lo único que le hace ser creíble es que es cómo la misma es presentada y exaltada. Cómo la misma genera emociones e ilusiones que promueven la votación a favor.

En un escenario así, lo que determina por tanto el resultado de la votación, es una adecuada y por supuesto manipulada comunicación en donde la argumentación cede el paso a la mentira. Sin más. Una mentira que, por otro lado, consiga emocionar al votante. Una emoción operando sobre y con la mentira.

 El discurso implícito y explícito consiste en que tus problemas serán solucionados (lo cual es una mentira), y la prueba de ello es que vas a sentir una maravillosa emoción a la hora de escuchar mi consigna. Esa emoción es la que otorga, como una especie de manto de veracidad, la creencia de que tus problemas serán solucionados. Esa emoción que surge de alguien – tu simpático y decente candidato- que te emociona; de una emoción. Como el amor a la patria o a tu barrio, inserta en mensaje. Como la consigna que incrementa el odio -¡gran emoción! - al malvado contrincante del candidato, otorga a su vez más emoción en la defensa del candidato elegido.

Así, el voto que busca resolver una cierta preocupación o interés individual se deposita en el candidato realmente culpable de ese malestar. El asunto funciona porque la mentira – yo soy el que quiero y puedo resolver tu problema -no puede ser desvelada y rechazada. Es una afirmación vacía desconectada de argumentos, realidades, antecedentes que harían posible desmontar la consigna. Lo único que conduce a la credibilidad son las emociones que puede crear al votante. Éstas operan como una especie de manto protector, asegurador, y al mismo tiempo marginador, del desconcierto del votante. Dan sentido, dan salida, a votar al político desde el... vacío político.  (...)

Ahora el voto a la derecha… desde la derecha. En la clases altas y medias, las consecuencias de la crisis ideológica, del escenario del vaciado político, no son tan evidentes. Para la derecha es tarea sencilla mantener no una ideología, pero sí una ciertas ideas muy simples de cómo deben funcionar las cosas. Los votantes de derechas siempre han tenido las mismas convicciones de qué es lo que debían hacer e iban a hacer los políticos de derechas. Siempre han estado convencidos de que lo que tenían que hacer era mantenerles (y aumentar) sus intereses, patrimonios, privilegios, diferencias sociales, seguridades, etc. Y como sabían que eso es lo que iba a hacer la derecha, que iba a mantener -a conservar- su situación, siempre han votado a la derecha. Para siempre.  (...)

La interpretación populista afirma la progresiva desaparición de los votantes analíticos y nos dice que el voto político se ha acabado para todas las clases; baja, media, alta etc, El voto ahora solo se orienta por la emoción. El candidato emociona al votante con sus consignas vacías (si se llenan no tienen capacidad de emocionar). Reiterando ejemplos anteriores, generan en el votante un explosivo afecto, o/y entusiasta devoción por el líder, o/y amor a la Patria exaltada y defendida por el candidato; o/y simpatía en cuanto le divierten las majaderías que dice. Y generan odio para el que se opone a su querido líder. La emoción de poder ser libre no se sabe para qué; ni hace falta que se sepa, dado que es el vaciado de la consigna el que produce la emoción movilizadora. La emoción de odiar al Malvado oponente que tampoco se sabe muy bien por qué es malvado, por qué las consignas no exigen descripciones. Y así sucesivamente. En el caso de las supuestamente graciosas consignas majaderas del candidato, sí sorprende que generen la emoción de la alegría. Pero por lo que parece también en este caso funciona la agitación emotiva.

Sin embargo, en el caso de las clase altas o medias hay que poner en su sitio -limitar- esta interpretación populista sobre la emoción como LA causa del voto. Muchos votantes de derecha y extrema derecha, más allá de que los tremendos y delirantes mensajes del/la candidata les produzcan una cierta emoción, en última instancia le han votado porque la política que va a llevar a cabo ese candidato/a… les interesa. En concreto, las clases altas en Madrid votan a la derecha y también, por supuesto, a la ultraderecha por una eterna y obvia razón. Porque esos partidos van a mantener intactos sus bienes y rentas económicas. Los partidos de derecha reducen los impuestos a las clases altas y establecen todo tipo de no-políticas publicas, aunque las mismas perjudiquen a las clases inferiores, para que aquellas clases alcancen el máximo de propiedades, privilegios y rentas. Un gran número de ciudadanos y ciudadanas votan a la derecha y a sus ultras porque tienen un proyecto económico que va a ser defendido por sus elegidos. Su emotividad es marginal .Si dicen que les han votado solo por que les conmueve el candidato… mienten. Sin más.

Parecería que cuando desciende el nivel social crece el voto emotivo. Pero también en las clases medias tiene fuerza y presencia la argumentación del voto contra la izquierda porque - entienden- ello les puede suponer una pérdida, una reducción de sus intereses económicos y también de sus ciertas posiciones superiores en la jerarquía social. Por tanto, votan contra políticas de izquierda que favorezcan el trabajo de los inmigrantes o, en última instancia, que no reconozcan su cierta superioridad respecto a sectores que tradicionalmente han sido diferentes e… inferiores. Además entienden que su seguridad está más garantizada por la derecha. También en estas clases medias hay una cierta cultura -no ideología- tradicional, conservadora, aún autoritaria, que es activada por ciertos emocionantes mensajes políticos: exaltación de la Patria, veneración del orden, etc. Refuerzan la opción por su escenario político y social a defender. Pero no lo sustituyen.

En consecuencia, en el voto del ciudadano a las derechas, las emociones pueden impulsar, animar, reforzar (y eventualmente sustituir) la decisiones políticas previas. Decisiones tomadas porque entienden que la derecha respetará y hará crecer sus intocables intereses. Sin embargo, la emoción impulsa… pero no construye la decisión. (...)

En síntesis y desde la perspectiva de izquierdas, la situación es grave. El voto a la derecha se está expandiendo desde una ausencia, indiferencia, un vaciado político muy difícil de rellenar. No es cuestión ahora de ver cuál ha sido el proceso de esta desertización, pero las causas de lo ocurrido marcan ya la dificultad de reconstruir el escenario. En última instancia, de recuperar y extender una cultura de la solidaridad, de lo común."               ( , Viento Sur, 22 mayo 2021)

15.6.21

Daniel Bernabé: ¿Y ahora qué? Esta, y no otra, es la pregunta que ha sobrevolado la cuarta asamblea de Podemos... la respuesta, no pedir perdón por las expectativas inconclusas, sino reclamar su trayectoria presente. Nadie había llegado tan lejos en tan poco tiempo... Toca situar lo deseado sobre lo que se permite hacer. Y ahí está la llave para sobrevivir a tu protagonista

 "(...) En el final de la primavera de 2021, Podemos, ese partido, también objeto de deseo para los que escribimos, agitador del tablero conocido como bipartidismo, torre magnética para los odios reaccionarios, ha celebrado su cuarto congreso sin la presencia de su centro de gravedad, Pablo Iglesias, eligiendo como secretaria general a Ione Belarra (Pamplona, 1987), que ya relevó también al antiguo líder en el ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 tras su retirada a principios de mayo después de las elecciones madrileñas. (...)

La participación de un 38,5%, de un censo de simpatizantes que convendría actualizar desde los tiempos de fascinación popular tras la aparición de la organización, ha sido ligeramente menor que en la anterior asamblea, pero ha mantenido el tipo, a pesar de la ausencia de Iglesias, con 53.500 votos. (...)

De las fiestas conviene saber irse, como Iglesias, sobre todo cuando estas decaen en una liturgia en la que todo el mundo se conoce y el fin del festejo ya no ilusiona ni entristece, una situación en la que la izquierda más allá del PSOE está inmersa esperando contestar a una pregunta tan emocional como factual: ¿y ahora qué? (...)

Esta, y no otra, es la pregunta que ha sobrevolado la cuarta asamblea de Podemos, más allá incluso del relevo en su dirección.  (...)

En esta cuarta asamblea, ya sin Vistalegre, ni Iglesias, después del año y medio que nos ha dado la vuelta a la vida, ha tenido lugar esta nueva cita.  Podemos ha hecho algo bien en esta cuarta temporada, no abrirse las carnes en público, algo por lo que tuvo, más que afición, devoción en episodios anteriores. (...)

Parece lógico pensar que el congreso de un partido, más uno del que fue el abanderado de la nueva política, debería haber sido un debate diáfano en torno a cuestiones de urgencia sobre la implantación territorial, la afiliación declinante, los nuevos liderazgos pero, sobre todo, el programa político, el deseado pero sobre todo el posible, o ese paso irresuelto que tantas frustraciones está creando de asaltar los cielos a gestionar lo terreno. 

 Las cuestiones quedan pendientes, mal haría su renovada dirección en no enfrentarlas, pero peor hubiera hecho si ante una ausencia de oposición real interna, hubieran dejado entrever sus conflictos e incógnitas con tantas escopetas apuntándoles. Entre otras cosas porque, como ya le pasó a Izquierda Unida en su reciente XII Asamblea Federal de marzo de este año, la gran incógnita es cómo trasladar ese espacio llamado Unidas Podemos del Congreso de los Diputados a esa España que trasciende las fronteras que van de Neptuno a Sol. (...)

 Los mapas del futuro inmediato deben pasar por algo más que la construcción de un personaje público en torno a Yolanda Díaz. 

(...) existe una urgencia, en la derecha pero también en el progresismo, de acabar definitivamente con una izquierda que no sabe o no puede decantar el Gobierno hacia un cambio con lo esperable mayor, pero que por otro lado recuerda que en este país se obró un cambio social en la pasada década que sólo se reconocerá con el transcurrir del tiempo. Por ahora ese cambio es minusvalorado (...)

Podemos nació hijo de un momento tan duro como espectacular, en el amplio significado del término. Uno donde el país no sólo enfrentaba la salida a la mayor crisis económica de los últimos ochenta años, sino un grave problema territorial y una notable crisis de legitimidad institucional. Hoy, siete años después, muchos de esos problemas permanecen, algunos de ellos en mayor magnitud, otros esperando un camino para su atenuación. (...)

Una de las organizaciones clave para entender nuestra historia reciente permanece, ya en su forma adulta, esa donde todo brilla menos pero los resultados de su acción política son algo más que una chispeante narrativa de horizonte. 

Ese y no otro debe ser el contrato con el que Podemos encare su cuarta temporada: no pidiendo perdón por las expectativas inconclusas, sino reclamando su trayectoria presente. Nadie había llegado tan lejos en tan poco tiempo, el problema es que la distancia se queda corta de la marcada en sus inicios y los límites de lo posible demasiado estrechos para alguien que tuvo esa inexactitud llamada cambio como apellido. Toca situar lo posible sobre lo deseado, pero también lo deseado sobre lo que se permite hacer. Y ahí está la llave para, a diferencia de House of Cards, sobrevivir a tu protagonista."             (Daniel Bernabé, Público, 14/06/21)

16.4.21

El paso a un lado de Pablo Iglesias: entre la supervivencia y la coherencia política. Hoy más que nunca, el futuro de UP es incierto, pero su decisión de no aferrarse a la poltrona lo engrandece por lo que tiene de gesto de coherencia, una cualidad de la que suelen carecer los gobernantes españoles... Iglesias ha sabido leer el momento y ha dado el paso a tiempo antes de mudar el pelaje y convertirse en otro personaje distinto. Esa, quizá, sea su mejor lección...

 "Pablo Iglesias ha salido finalmente del Gobierno, que es tanto como salir de la historia de España. Su decisión de presentarse como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, pasando a la vida pública regional, no deja de ser un descenso a la Segunda División de la política para un hombre con perfil de estadista que estaba llamado a hacer grandes cosas, entre otras asaltar los cielos y transformar España hasta que no la conociera ni la madre que la parió, como diría Alfonso Guerra

A esta hora, los analistas y politólogos de este país (que no son pocos) siguen buscándole el sentido a un movimiento político extraño que sin duda obedece no solo a causas políticas, sino también personales que se irán conociendo con el tiempo. Para tratar de comprender este histórico episodio, conviene no olvidar que hablamos de un político racial, indómito, un activista que suele moverse más por el impulso inmediato, por el olfato de la pólvora y la trinchera, que por consideraciones tácticas o cortoplacistas. 

Pero más allá de si su decisión es afortunada o un grave error (eso se verá el 4 de mayo cuando se abran las urnas para contar los votos) el abandono de Iglesias del Consejo de Ministros para dar la batalla de Madrid (...) tiene algo de claudicación, de asunción de la derrota y de postrero canto de cisne. El líder de Unidas Podemos aterrizó en el Gobierno de coalición con el objetivo de convertirse en la mosca cojonera o Pepito Grillo del presidente Sánchez y de hacerle la guerra de guerrillas desde dentro mismo del sistema. 

Él y sus cuatro ministros (no todos de Podemos sino también de las confluencias, conviene no olvidarlo) venían a dar la batalla contra la corrupción, el poder controlado por la casta y los señores del Íbex 35 que con sus siniestras manos negras tienen la sartén por el mango.

 Y así fue como el lobby morado terminó siendo parte del Gobierno pero también parte de la oposición en un claro ejercicio de desdoblamiento de personalidad política que ha provocado no poco ruido, numerosas trifulcas y múltiples desencuentros en el gallinero monclovita, hasta el punto de que el Consejo de Ministros ha estado a punto de descarrilar en varias ocasiones por las desavenencias de las dos almas en liza. (...)

Así las cosas, entre el electorado morado empezaba a circular cierta sensación de frustración y melancolía y la peligrosa idea de que los líderes de Podemos se habían convertido en meros actores secundarios sin capacidad de cambiar las cosas, cuando no en parte del establishment. (...) (eso al menos dicen los últimos resultados electorales y las encuestas que dan una progresiva pérdida de apoyo popular al partido de Iglesias). Sin duda, todo ello suponía la muerte de facto del proyecto nacido en 2011 con el movimiento de los indignados del 15M.

Las divisiones y disensiones internas en Andalucía y en otras partes del país han agravado la situación, ya que minan la cohesión de las confluencias (en realidad la unidad ya se había roto con la purga de Íñigo Errejón y el sector socialdemócrata a manos del aparato pauloeclesial) y hoy más que nunca el futuro de UP es incierto. 

El runrún asambleario de las bases contra la cúpula empezó a hacerse todavía más intenso justo cuando llegaba el momento crucial de la Legislatura, la tramitación de la ley de la vivienda y la reforma laboral, dos cuestiones irrenunciables del programa pactado por PSOE y Unidas Podemos que prometían un encarnizado debate como así ha sido.

En estas últimas semanas, Iglesias ha tratado de echar toda la carne en el asador para imponer sus tesis en el Consejo de Ministros (control de los alquileres mediante un rígido sistema de intervencionismo estatal en los precios del mercado y abolición total de los aspectos más lesivos de la ley laboral de Rajoy) pero todo apuntaba a que iba a perder el órdago a cara de perro que le había echado a Sánchez. 

El PSOE ha terminado por frenar las medidas más izquierdosas y si Iglesias se quedaba un minuto más en la vicepresidencia corría el peligro no solo de que el Gobierno se fuera al garete (dando paso a unas nuevas elecciones con la amenaza de victoria de la extrema derecha) sino de que su propia gente terminara por cortarle la cabeza por traición al programa y a los principios.

Por tanto, se imponía un giro brusco de guion por coherencia y por propia supervivencia política, como en las mejores series de Netflix a las que es tan aficionado Iglesias. Desde ese punto de vista, su decisión de abandonar el poder central no deja de ser un repliegue a los cuarteles de invierno, quizá una huida hacia adelante ante la imperiosa necesidad de salvar los pocos barcos que le quedan ya a su flota. (...)

Su movimiento, más que a la épica, obedece a la necesidad de reorganizar el partido, pasándole la batuta a la brillante Yolanda Díaz en un intento desesperado por reflotar el proyecto.

A Iglesias hay que reconocerle que haya dado un impulso de revitalización ideológica a la izquierda española (marchita tras la conversión del socialismo felipista en un partido moderado, centrista y liberal) y en cierta manera algunos de los logros conseguidos en política social es preciso anotárselos en su haber. 

No hay que negar que su decisión de no aferrarse a la poltrona (la tentación era grande) lo engrandece por lo que tiene de gesto de coherencia, una cualidad de la que suelen carecer los gobernantes españoles de nuestro tiempo siempre obsesionados con alargar la carrera para seguir viviendo del negocio de la política.

Iglesias ha sabido leer el momento y ha dado el paso a tiempo antes de mudar el pelaje y convertirse en otro personaje distinto al que era cuando su gente le votó por primera vez. Esa, quizá, sea su mejor lección."                      (José Antequera, Diario16, 31/03/21)

23.3.21

Con el movimiento de Pablo Iglesias, los comicios en Madrid pasan a ser el episodio clave de la defensa de los valores sociales de la izquierda frente al auge de la extrema derecha, que simboliza Ayuso... y de paso, revitalizar un partido que se encontraba a la deriva desde la salida de Errejón

 "Con un vídeo de ocho minutos emitido hoy, 15 de marzo, Pablo Iglesias, todavía ministro de Derechos Sociales, ha sacudido el terreno político. El secretario general de Podemos remueve las cartas para presentarse como candidato a presidente de la Comunidad de Madrid el próximo 4 de mayo.

 De este modo, abandona el Gobierno de Coalición, señala a quien prefiere como su sucesora, la actual titular de Trabajo, Yolanda Díaz, que pasará a ser vicepresidenta; se mete en la disputa con el Partido Popular más bronco y se la juega a iniciar la remontada de Podemos en el lugar en el que nació, Madrid. 

1. Gobierno de coalición. 

La presencia de Unidas Podemos en el Consejo de Ministros ha sido un aspecto tan conflictivo que ha supuesto al menos dos repeticiones electorales.  (...)

 De entre todos esos ministros, Pablo Iglesias era, sin duda, el más discutido en los medios de comunicación convencionales. Era también quien iba a tener la última decisión de abandonar el Gobierno en el caso de que el PSOE no cumpla sus acuerdos en el marco del pacto de investidura.

Con su salida a la Comunidad de Madrid, Iglesias quita un peso de encima a Sánchez y a sus propios compañeros de coalición, que estarán menos marcados por la presencia del actual vicepresidente en el Consejo de Ministros. Pero, además, marca un punto de inflexión clave en la legislatura. Los resultados en Madrid redefinirán el balance de fuerzas de la izquierda del sistema (PSOE) y de Unidas Podemos, extremadamente favorable a los primeros desde la formación de Gobierno.

 2. Batalla contra el trumpismo.  

(...) La decisión del vicepresidente se enmarca en un clima de asalto final en la batalla electoral de las fuerzas de extrema derecha por el control de las instituciones, tras la caída definitiva de Ciudadanos de la semana pasada.(...)

 Con el movimiento, los comicios en Madrid pasan de tener una perspectiva regional a ser el episodio clave de la defensa de los valores sociales de la izquierda frente al auge de la extrema derecha, que en Madrid simboliza Díaz Ayuso. A priori, suena como un intento de renacimiento de Unidas Podemos en Madrid, una comunidad en la que se empezó a torcer definitivamente el proyecto tras la salida de Íñigo Errejón (...)

Iglesias buscará aglutinar el voto de la indignación contra el estado actual de cosas en una comunidad marcada por sus altos niveles de desigualdad y por el extremismo ideológico de su actual presidenta. Pero también quiere que señale un hito, el de la reconstrucción de UP a través de buenos resultados y de una disputa frontal del lenguaje político de la extrema derecha.

 3. Recuperar el espacio de Más Madrid. 

(...) La presencia de Iglesias como cabeza de cartel de Unidas Podemos tiene como objetivo indisimulado volver a atraer a quienes votaron “el cambio” en 2015 y deja a Más Madrid en una situación complicada. Aceptar la propuesta de Iglesias de concurrir juntos a las elecciones o a competir con el efecto “coletas” y el esfuerzo que Unidas Podemos hará para hacer que la estrategia de Iglesias sirva para algo. 

En cualquier caso, el doble o nada de Iglesias tiene fecha de supervisión. Si el 4 de mayo el aspirante a candidato de UP no consigue los resultados esperados y que la Comunidad de Madrid cambie de signo político, el futuro de su proyecto quedará de nuevo en barrena. La cuestión fundamental del anuncio de esta mañana se centra, pues, en si Iglesias ha visto que este movimiento era el único posible para cambiar la suerte de Podemos y revitalizar de este modo un partido que se encontraba a la deriva precisamente desde la salida de Errejón en 2019."             (Pablo Elorduy, El Salto, 15/03/21)

Ciudadanos, en obras por demolición... Fran Hervías está metido en la operación para destruir desde dentro el partido que era el suyo y que le ha encargado Teodoro García Egea, número dos del PP... el mensaje suele ser claro: los que se den más prisa, podrían tener sitio. Llegar el último significa quedarse sin silla

 "El dirigente de Ciudadanos que nunca leía libros tiene mucho trabajo estos días. Fran Hervías está metido en la operación para destruir desde dentro el partido que era el suyo y que le ha encargado Teodoro García Egea, número dos del PP. Consiste en ponerse en contacto con cargos de Cs descontentos con la gestión de Inés Arrimadas para comunicarles que su futuro está en la formación de Pablo Casado. 

Ya vale de angustiarse con la pelea de sobrevivir en un partido que se ha ido desangrando en todas las citas electorales celebradas desde abril de 2019. En la calle Génova les esperan con los brazos abiertos. Con el fin de eliminar dudas y doblegar voluntades, el mensaje suele ser claro: los que se den más prisa, podrían tener sitio. Llegar el último significa quedarse sin silla.

Hervías se jactaba de no perder el tiempo en leer libros, según contó el exdirigente de Ciudadanos Xavier Pericay. Sus habilidades eran otras y no pasaban por la elaboración de mensajes políticos. Era el guardaespaldas orgánico de Albert Rivera, el que se ocupaba de impedir cualquier conato de disidencia a través de una red de confidentes que le mantenían informado. Como secretario de Organización, no le bastaba con tener una comunicación permanente con dirigentes locales o regionales. Con vistas a ofrecer al líder un plan B en cada zona, se cuidaba de tenerlos vigilados con la información que le aportaban otras personas.

En un partido en que la voluntad del líder es de obligado cumplimiento, ganas mucho tiempo si consideras sospechosos a todos los demás por si es necesario ajustar cuentas. Ese conocimiento nunca caduca.

Ahora Hervías es el ingeniero que está construyendo los túneles subterráneos con los que conseguir que Ciudadanos se venga abajo. El Español publicó el jueves una foto del nuevo experto en demoliciones a las órdenes de García Egea reunido un día antes en un restaurante con la diputada Marta Martín y dos senadores del partido. Hervías había negado tener algo que ver con las maniobras del senador Emilio Argüeso, uno de los presentes en la comida y dedicado a la labor de captador de tránsfugas. La foto confirmó que estaba mintiendo.

La imagen dejó a Martín sin más opciones que anunciar su dimisión como diputada. Sabía que iba a ser especialmente dolorosa para sus compañeros. Como principal especialista en educación, había tenido un papel muy relevante en las últimas legislaturas. Al despedirse, suscribió el mensaje que están extendiendo desde la derecha los que han firmado la carta de defunción del partido: «Que ese escaño no sirva jamás para dar alas ni al nacionalismo ni a la corrupción». Es curioso que se refiriera a este último punto en la semana en que Ciudadanos presentaba una moción de censura en Murcia a la que probablemente se oponía.

Los tímidos y calculados intentos de Arrimadas por llegar a acuerdos con el Gobierno de Pedro Sánchez en algunos puntos han provocado que haya sido excomulgada. Ahora también ella es sospechosa de nacionalismo.

La otra asistente a la comida con Hervías también anunció que deja Ciudadanos, pero no el escaño. Ruth Goñi, senadora de Navarra, jugó el papel de esos políticos que niegan la evidencia sin mover una ceja. «Es un cambio ideológico que me expulsa del partido», dijo. Aparentemente, Cs se ha hecho independentista o socialista. Para justificar quedarse en el Senado, alegó que el escaño podía caer en manos del enemigo: «No puedo dejar esta acta para que la ocupe una persona que va a apoyar el sanchismo». Ella seguirá cobrando para salvar a Navarra de ese infausto e improbable destino.

 La política puede llegar a ser un negocio implacable. Algunos de sus elementos como Hervías ayudan a entender cómo se viven los conflictos internos en un partido. Los mismos que impusieron la disciplina con mano de hierro pueden convertirse después en los infiltrados que fomentan las deserciones. Lo que no cambian mucho son sus métodos.  (...)

El Partido Popular no iba a dejar sin castigo la provocación de Murcia. En enero, aún andaba diciendo que sólo buscaba preparar el terreno para que ambos partidos «sumaran» juntos en la próxima campaña electoral nacional. «No vamos a recibir cargos de nuestro socio ahora y no vamos a propiciar el cambio de siglas y la desunión», decían entonces. 

El fracaso en Catalunya y la oportunidad surgida en Madrid con la convocatoria de elecciones les han hecho cambiar de opinión. Sea o no un cálculo acertado, creen que la llegada a Moncloa pasa por aniquilar antes a Ciudadanos. Y si vas a invadir un país, es más rápido cuando cuentas con traidores que te abren la puerta de la muralla."                 ( Iñigo Sáenz de Ugarte  , Guerra eterna, 19/03/21)

3.3.21

La hoja de ruta de Vox para continuar creciendo parece clara: presión con la inmigración en barrios con pocos recursos, oferta de seguridad para las clases medias, defensa de pequeños negocios y autónomos y penetración en el ámbito rural. Su posición no va a ser la de los antisistema de derecha: quieren salvar el sistema, aunque sea a la fuerza, lo que les otorga elementos antiliberales pero no revolucionarios... no necesita hundir al PP, le basta con sobrepasarlo y convertirse en el partido mayoritario de la derecha. Una pista la ofrecerá lo que ocurra con Ciudadanos... lo que ha desaparecido es la derecha moderada (Le Pen, Ukip, CiU), y quizá ese camino lleve también España... quizá al final sea Francia el modelo que imitemos

 "(...) Hasta la fecha, la época parece sonreír a dos partidos en España, PSOE y Vox, y las elecciones catalanas son una señal más.

La estrategia de crecimiento que Vox ha mostrado de cara al 14-F ha aportado pocos elementos novedosos. No han subrayado la unidad de España como elemento central, algo que se daba por supuesto; y su discurso se ha centrado en ideas que ya estaban manejando, como la inmigración y la seguridad. Sin embargo, hay un par de tendencias estructurales de las que pueden sacar partido y que han asomado con mayor insistencia en las catalanas.

El deterioro de los pequeños negocios, las dificultades de los autónomos y la falta de trabajo van a generar consecuencias políticas evidentes, y quien sepa canalizar las aspiraciones de esos sectores dará un salto electoral importante. Vox tiene ahí un espacio evidente de crecimiento, en la medida en que son ámbitos que saldrán muy dañados en los que se generará malestar y resentimiento y a los que ni desde la derecha ni desde la izquierda se les está dando solución. 

La izquierda ha ignorado habitualmente a los pequeños empresarios y a los autónomos (quizá porque no entiende que muchos de ellos han terminado por ser trabajadores pauperizados que aportan sus propios medios de producción) y la derecha porque les promete bajadas de impuestos, algo nada probable porque tras la crisis aumentarán y porque el problema, más que esos pagos, es la falta de ingresos y de actividad. 

El otro gran espacio de desarrollo lo tienen en la España vacía, en esos territorios deteriorados y con escasas opciones de futuro, en los que la desesperanza y la resignación por el declive pueden transformarse en malestar político, cuando no en ira, y las manifestaciones de Jaén y Linares ofrecen una pista. 

Vox, como otros partidos, puede conseguir ahí un nicho de votos importante si consigue salvar un par de obstáculos obvios: en los entornos locales importan mucho más las personas que las siglas, y la implantación territorial de Vox es escasa; y, por otra parte, las redes de poder locales están ya organizadas y suelen ser difíciles de desplazar electoralmente.

En todo caso, la hoja de ruta de Abascal para continuar creciendo parece clara: presión con la inmigración en barrios con pocos recursos, oferta de seguridad para las clases medias, defensa de pequeños negocios y autónomos y penetración en el ámbito rural. Está por comprobarse que sus mensajes sean los más adecuados para esos propósitos o que, siéndolo, logren calar de una forma más profunda que los de su competencia. Sin embargo, además de todos estos elementos sectoriales, cuentan con una baza muy relevante.

1. El partido que no existe en España

Para entender el auge de Vox, hay que comprender cómo ha funcionado la derecha en los últimos años, porque los de Abascal se han movido en esa misma línea, aunque intensificándola y acelerándola. Desde la aparición de Podemos, el argumento central ha consistido en la defensa del orden establecido, amenazado por enemigos que pretendían quebrarlo.

 Podemos, además, aspiraba a cambios profundos e insistía en ellos con su denuncia del Régimen del 78, con lo que constituía un enemigo perfecto. Esa estrategia le hizo a Rajoy ganar las elecciones: era la normalidad contra el populismo, la democracia contra los bolivarianos. El crecimiento del independentismo y el 1-0 reprodujo ese marco de una manera más viva: no solo había que defender la unidad española, sino las mismas instituciones, que estaban cuestionadas, desde la monarquía hasta la judicatura, con el telón de la corrupción de fondo y con el añadido de que los ataques secesionistas encontraban aliados demasiado complacientes en el Congreso. 

Cuando llegó al poder Sánchez, el discurso no varió, simplemente encontró nuevos actores principales: la alianza del PSOE con Iglesias suponía una amenaza al orden establecido y, por lo tanto, la derecha debía jugar inequívocamente el papel de estabilizador de un sistema amenazado. Ese es el mensaje que se repite con insistencia.

A esa tesis se sumaron también partes del centroizquierda, preocupadas por la deriva que estaba imprimiendo Sánchez a España: en particular, dirigentes del viejo PSOE, antiguos cargos públicos y muchos columnistas e intelectuales. Se conformó así un frente anti-Sánchez que abarcaba desde el centroizquierda hasta la extrema derecha. (...)

Vox va a operar en ese estrato, añadiéndole intensidad, energía y actitud, pero conformándose como una fuerza de derechas, no antisistema. Suelen repetir que están al lado de la Constitución, del Rey, de los cuerpos de seguridad del Estado y de las fuerzas armadas, del poder judicial y de la normalidad institucional. Incluso las tentaciones antieuropeístas, que asoman de vez en cuando, los sitúan mucho más cerca de Visegrado que del Brexit.

 Su posición no va a ser la de los antisistema de derecha: quieren salvar el sistema, aunque sea a la fuerza, lo que les otorga elementos antiliberales pero no revolucionarios. Nada en sus programas hace pensar en ellos como en un partido fascista, del mismo modo que nada en el programa de Podemos los hace equivalentes a Chávez o a Putin. Ocupan un espacio más a la derecha que el resto, y por lo tanto se sitúan en el extremo, pero no abogan por la disolución de la democracia ni proponen un Duce ni quieren volver al franquismo: su modelo es más la actual Polonia.

Ahí reside el escollo que debe solventar Abascal, y el territorio en el que pueden cazar a la presa. Hasta ahora, Vox es un partido que resulta antipático a muchos constitucionalistas, que lo ven demasiado extremo como para darle su confianza. Prefieren una formación de derechas moderada, firme pero dialogante, comprometida con la defensa de las instituciones hasta el final pero con un tono más relajado y abierto que el de Abascal. Vox tiene demasiado ruido, demasiados gritos, demasiados guiños al pasado, demasiada inclinación religiosa. Prefieren un partido más tranquilo y sosegado. El problema es que ese partido no existe en España.

2. El eje

Vox está lejos, si nos fiamos de las encuestas, de convertirse en el partido líder de la derecha, pero no olvidemos un par de aspectos importantes. La capacidad de gestión del PP de su mal momento está siendo enormemente pobre. Las reacciones tras las elecciones catalanas lo demuestran, y marcharse de Génova 13 porque es caro y poco funcional y venderlo como solución simbólica al problema de la corrupción es un mal chiste. Además, generan la sensación de no saber bien cómo salir de esta (...)

El segundo aspecto tiene que ver con el marco discursivo en el que se desenvuelve la derecha española. Si la división no se establece entre izquierda/derecha, sino desde sistema/ antisistema, y si se atribuye al Gobierno el papel de perturbador de la normalidad y de disruptor del orden común, Vox tendrá mucho recorrido. 

Los perturbadores de las instituciones, los enemigos del orden constitucional y los enemigos de la patria son espacios separados hoy por una línea demasiado fina que hace posible un deslizamiento sencillo de uno a otro si el deterioro económico se hace más profundo y si la convivencia se vuelve más dura y agresiva. Cuanto más se perciba la situación como peligrosa y a quienes dirigen el país como una amenaza, y cuanto menos se crea en la eficacia de las instituciones, más crecerá Vox. (...)

 Es en situaciones vividas como excepcionales cuando los partidos típicamente minoritarios encuentran su oportunidad. En este marco radicó la esencia del éxito de Trump: el sistema no funciona, hay que arreglarlo; y para ello hay que promover cambios radicales, pero no para sustituirlo por otro, sino para conseguir que vuelva a ser lo que fue: ‘Make America Great Again’ o ‘Take Back Control’ sintetizan bien esta idea y definen de manera precisa cómo la derecha se desplazó varios pasos más allá.

3. Cualquiera antes que Sánchez

Vox no necesita hundir al PP, le basta con sobrepasarlo y convertirse en el partido mayoritario de la derecha. Si al mensaje que ha enviado hasta ahora, que ya está asentado, le suma simpatizantes y votos de barrios deteriorados de las periferias urbanas, de la España vacía y del mundo rural, tiene espacio para crecer. 

Y si a estos sectores se les suman quienes están preocupados por la amenaza del orden constitucional y por una conviviencia difícil, es fácil que muchos de ellos crean que será mejor votar por cualquiera antes que por Sánchez. Esta es la presa real que Abascal aspira a capturar: si su formación continúa creciendo, es probable que esos sectores de la derecha constitucionalista que abogan por una mayor moderación den el paso y prefieran votar a Vox antes que contemplar cómo Podemos sigue en el Gobierno.

Parece una posición improbable, pero en los próximos meses podremos comprobar cómo se va desarrollando la partida. Una pista la ofrecerá lo que ocurra con Ciudadanos y sepamos cuántos de sus cuadros y asesores darán el salto a Vox si su partido sigue cayendo y cuántos buscarán sitio en el PP. (...)

Lo que está ocurriendo con Ciudadanos tiene una notable dimensión simbólica, en la medida en que refleja el estado de la derecha: el partido moderado está siendo barrido por el PP de Díaz Ayuso y el Vox de Abascal. La derecha moderada, constitucionalista, reformadora e institucional está desapareciendo electoralmente, al menos de momento. 

Quizá la foto de este momento sea también la del futuro, y sean perfiles como Díaz Ayuso y Abascal los que dominen la oferta de la derecha en las próximas generales. Si ese es el escenario, habrá ganado Vox, bien porque su opción sea la dominante en su estrato ideológico, bien porque habrá convertido al PP en una imitación de sus posiciones. 

La primera vía la vimos en el Reino Unido, con el UKIP transformando a un partido conservador que absorbió sus ideas; la segunda en Francia, con Le Pen encabezando la derecha por encima de los republicanos. Y lo hemos visto en Cataluña, con CiU convirtiéndose en derecha neoliberal secesionista. En todos estos casos lo que ha desaparecido es la derecha moderada, y quizá ese camino lleve también España.

4. La pregunta de fondo

Este escenario no es únicamente español, sino occidental. La política se está sustentando en un eje diferente del de izquierda/derecha, el que enfrenta a un partido sistémico con una formación desafiante: Macron contra Le Pen, Draghi contra Salvini, Biden contra Trump, los partidos europeístas contra los de la Europa de Visegrado en el Este. Hay excepciones, como Alemania o Portugal, pero esta es la tendencia habitual. Aquí nos estamos empezando a parecer al entorno occidental, y quizá al final sea Francia el modelo que imitemos.

Hay que insistir en que la ventaja está todavía en manos del PP. Cuenta con más organización, más implantación territorial, más poder local y regional y más simpatizantes. Para que Vox crezca lo suficiente, hay una condición previa: que el PP ponga mucho de su parte. Es a partir de errores ajenos cuando Abascal podría desplegar con éxito una estrategia de crecimiento que le permitiese llegar a sectores ahora vedados, como el de quienes abogan por una defensa de las instituciones firme pero sosegada.

(...)  Las amenazas al orden establecido vienen mucho más de partidos populistas de derechas que desde la izquierda, ya que esta cuenta con poco peso parlamentario en Occidente y con menor influencia social. 

El despzamiento de la derecha europea puede ser interpretada como un signo de los tiempos: de la democracia cristiana pasó al liberalismo mercantilista, más tarde al neoliberalismo y ha acabado siendo populista. La izquierda ha realizado el camino inverso, ya que pasó del comunismo y de la socialdemocracia a la tercera vía, el socialiberalismo y de ahí a Macron.

Se ha conformado así una nueva política que se parece poco a la del pasado cercano. Este nuevo eje ha producido también una suerte de vaciamiento ideológico que ha dejado con poco contenido a ese espacio político. Los representantes de las posiciones prosistema en los países europeos más importantes son Merkel, Macron y Draghi. 

La primera pertenece a una formación de derechas, el segundo venía del partido socialista y creó un espacio a lo Ciudadanos y el tercero es un tecnócrata. La pregunta es, por tanto, qué puede aportar la derecha moderada, en qué ideas puede apoyarse, qué posición ideológica puede aportar para volver a ser una fuerza dominante. Porque la posición central de defensa y estabilización del sistema la puede realizar cualquiera, desde un socialista hasta un tecnócrata."                (Esteban Hernández, El Confidencial, 20/02/21)

5.2.20

La rebelión de la periferia: la batalla que ya está aquí... Las zonas agrarias y ganaderas están sufriendo lo mismo que en su día padecieron los obreros con la desindustrialización...

"El resultado electoral de Teruel Existe, las protestas del sector olivarero en Jaén o los disturbios protagonizados por agricultores extremeños en Don Benito, son todas ellas caras de la misma moneda. El malestar en los territorios periféricos de las grandes urbes metropolitanas se viene gestando desde hace tiempo, pese a la sorpresa generalizada con las que se ha acogido su estallido.


Las zonas agrarias y ganaderas están sufriendo lo mismo que en su día padecieron los obreros con la desindustrialización. En un tiempo en el que la polarización del empleo es la regla general de nuestros mercados laborales, en el que por un lado, existen grupos profesionales muy bien remunerados (como por ejemplo, los vinculados a las grandes tecnológicas) y por otro, empleos precarios, inestables y mal remunerados.


El geógrafo francés Christophe Guilluy afirma en su obra ‘No society. El fin de la clase media occidental’ que sobre las ruinas de la clase media occidental —la cual se encuentra en proceso de extinción— conducido por categorías que ayer estaban social o culturalmente enfrentadas, pero que hoy comparten la misma percepción de la globalización, ha emergido el mundo de las periferias. 

Apartados de las grandes metrópolis, sin conciencia de clase, esos obreros, empleados, campesinos, trabajadores independientes, representan en el conjunto de los países desarrollados un potencial mayoritario a los que asola una doble inseguridad: una social, vinculada a los efectos socioeconómicos, y otra, cultural, vinculada a la sociedad multicultural.


Asistimos así a una recomposición de las clases sociales, especialmente la trabajadora, que hoy en día, sin conciencia de pertenencia a la misma, tienen como denominador común la percepción de los efectos de la globalización, los cuales consideran que les convierte en «perdedores» del modelo económico imperante. 

De esta forma, tenemos a trabajadores, empleados y agricultores que comparten precariedad, incertidumbre, expectativas frustradas y una relegación territorial y cultural que confluyen en sus demandas sociales y, también, en muchas ocasiones en su voto a formaciones populistas.


Por su parte, la relegación territorial tiene una consecuencia directa que supone que estas clases populares no vivan en lugares donde se crea empleo, al contrario de lo que ocurre en las grandes ciudades. Se genera así otra dificultad añadida que supone la imposibilidad, incluso, de acceder fácilmente a empleos precarios, a diferencia de las grandes urbes donde la rotación en este tipo de empleos es más viable.


Esta periferia que no es solo la de territorios rurales, lo son también ciudades de tamaño medio, capitales de provincia y regiones (como Asturias o Extremadura) que viven desde hace décadas en una decadencia continua, sin perspectiva de futuro y que ven como cada año su población activa decrece y emigra hacia esas «aspiradoras» en las que se han convertido las grandes metrópolis como Madrid o Barcelona.


Las respuestas hacia las posiciones de la periferia se han basado de forma recurrente en un desprecio continuado. Así, el escepticismo de los obreros frente al modelo globalizado y la construcción europea se ha traducido en considerar a estos como ignorantes que se resisten al progreso. De la misma forma, la demanda de regulación era contemplada como una señal de repliegue identitario. 

Ejemplo de ello son las explicaciones que en reiteradas ocasiones se dan respecto a los resultados electorales de opciones populistas, especialmente las relativas a la ultraderecha, o en votaciones como la del Brexit, cuestión directamente relacionada con la demanda de regulación y de «tomar el control» —lema de campaña de la opción del Brexit—. La esfera dominante usa esta postergación cultural para acelerar el proceso de marginalización y exclusión intelectual de la antigua clase media occidental.

En el caso de las recientes protestas agrarias en España las respuestas en esta dirección no se han hecho esperar. Acusaciones de que las protestas están promovidas por los terratenientes y por la derecha, son acompañadas por afirmaciones de que reciben cuantiosas subvenciones que recuerdan a las quejas que en su día se vertían contra los subsidios de las zonas mineras o metalúrgicas, mientras sufrían una desindustrialización masiva que era sustituida por la precarización de los puestos de trabajo alternativos.


Por último, esta reconfiguración social se está traduciendo en cambios políticos. La fractura generacional del voto, sumada a la de periferia/ciudad, proseguirán aumentando por el peso que va a desempeñar el eje proteccionismo/globalismo, el cual aún no ha sido explotado por ningún partido español."                  (Eduardo Bayón, Debate21, 31/01/20)