Mostrando entradas con la etiqueta l. Drogas: usos medicinales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta l. Drogas: usos medicinales. Mostrar todas las entradas

22.4.25

La única solución para combatir la droga... Para luchar contra la plaga de los opioides, Canadá permitió el programa 'suministro seguro', a través del que se recetan opiáceos farmacéuticos gratuitos a personas en alto riesgo de sobredosis... los drogadictos podían comprar hasta 14 gramos semanales de estas sustancias, analizadas previamente y ofrecidas a un precio ligeramente inferior al del mercado callejero. Las drogas se entregaban en envases precintados, etiquetados con su contenido exacto y advertencias sobre los efectos del consumo, de manera similar a las cajetillas de tabaco... la mayoría de los participantes redujeron el consumo de drogas, disminuyó el riesgo de sobredosis y mejoraron su salud mental, física y bienestar general La iniciativa de vender sustancias ‘limpias’ compradas en la ‘dark web’ consiguió reducir el consumo y el riesgo de sobredosis... algo parecido a tratamiento del alcohol y del tabaco, drogas legalizadas (Irene Serrano, El País)

 "Todos a los que quiero están muertos”, declaraba la activista canadiense Eris Nyx en una entrevista en junio de 2023 en la web The Tyee. Un mes antes, en Columbia Británica, su lugar de residencia, 198 personas habían fallecido por consumo de drogas, víctimas de un mercado contaminado con fentanilo. La crisis de los opioides alcanzaba su punto más crítico ese año en Canadá. Convencida de que esta emergencia sanitaria es consecuencia de un negocio no regulado y lucrativo, Nyx, junto al también activista Jeremy Kalicum, lideraba desde agosto de 2022 el Frente de Liberación de Usuarios de Drogas (DULF por sus siglas en inglés): un club, conocido como compassion club, que vendía cocaína, metanfetaminas y heroína con composición verificada.

En la última década, las sobredosis han provocado una crisis de salud pública sin precedentes en Canadá y EE UU, debido principalmente a la adulteración de las drogas ilegales con fentanilo, un opioide sintético 50 veces más potente que la heroína, mucho más barato de producir que otros opioides y altamente adictivo. Con más de un millón de fallecidos desde el año 2000, cifra comparable a la de la pandemia de covid. Pero esta crisis afecta sobre todo a jóvenes: en EE UU es la principal causa de muerte entre personas de 18 a 44 años, y en Canadá, las muertes por opioides en 2024 se concentraron en personas de 30 a 39 años. Columbia Británica, una de las regiones más afectadas en Norteamérica, registra una tasa de mortalidad por sobredosis de 45 por cada 100.000 habitantes, con el fentanilo implicado en más del 85% de estas muertes.

La provincia canadiense ha respondido a la crisis con iniciativas como el programa safer supply (suministro más seguro), a través del que se recetan opiáceos farmacéuticos gratuitos a personas en alto riesgo de sobredosis. El compassion club de DULF proponía extender este modelo a contextos no supervisados en Vancouver, epicentro de la crisis. Descrito por The Economist como “revolucionario”, el club estuvo activo durante un año y dos meses en el Downtown Eastside, un barrio caracterizado por la pobreza, la falta de vivienda y los problemas de salud mental y drogodependencia.

Para unirse al compassion club, los interesados debían cumplir requisitos como ser mayores de 19 años, consumir heroína, metanfetaminas o cocaína de origen ilegal, y estar en alto riesgo de sobredosis. Tras ser admitidos, podían comprar hasta 14 gramos semanales de estas sustancias, analizadas previamente y ofrecidas a un precio ligeramente inferior al del mercado callejero. Las drogas se entregaban en envases precintados, etiquetados con su contenido exacto y advertencias sobre los efectos del consumo, de manera similar a las cajetillas de tabaco. “Hacía tiempo que el modelo del compassion club se planteaba en los debates sobre políticas de drogas para abordar la actual crisis”, explica Gillian Kolla, investigadora en salud pública de la Memorial University de Newfoundland. “Nyx y Kalicum se esforzaron mucho para hacerlo con las autorizaciones pertinentes”, afirma. Solicitaron financiación y una exención a la legislación canadiense, pero su petición fue rechazada en marzo de 2022. Aun así, decidieron continuar el proyecto, notificándolo a las autoridades, y comenzaron a adquirir drogas en la dark web, que analizaban en su laboratorio.

 Tras 14 meses en los que vendieron 3.000 gramos de droga a 49 personas, una redada puso fin a la actividad de DULF, y sus fundadores fueron acusados de posesión de drogas con fines de tráfico. Kolla señala que Nyx y Kalicum “decidieron seguir adelante con la intervención como parte de una comunidad que enfrentaba un ritmo alarmante de muertes por sobredosis de fentanilo. Fueron totalmente transparentes, publicando sus protocolos y el modelo del programa en internet. Lo que hicieron no fue una sorpresa para nadie”. Además de abrir DULF a medios de comunicación, colaboraron con investigadores de la University of British Columbia y el British Columbia Centre on Substance Use (un centro de investigación sobre la drogodependencia), convirtiendo el compassion club en un caso de estudio académico, del cual se han publicado cuatro artículos científicos entre 2024 y 2025.

Jeanette Bowles, la investigadora del British Columbia Centre on Substance Use encargada de las entrevistas para el estudio cualitativo sobre DULF, habla de un caso de éxito, de una iniciativa piloto que mejoró la salud de sus participantes: “Mandaba un mensaje muy potente: eres digno de buena salud y de acceso a drogas menos perjudiciales. Lo que descubrí al hablar con los participantes fue que se sentían parte de una comunidad única y encontraban en el club un espacio libre de riesgos donde recibían lo que pedían sin temor a violencia”.

El artículo científico más reciente sobre DULF, de marzo de 2025, destaca que la mayoría de los participantes en su estudio redujeron el consumo de drogas, disminuyó el riesgo de sobredosis y mejoraron su salud mental, física y bienestar general. Estos resultados llevan a Kolla a defender, con mucha precaución, que el modelo es lo suficientemente interesante como para “aprender de él y combinarlo con otras intervenciones necesarias para abordar esta crisis”. Además, hace hincapié en la importancia de tratar paralelamente problemas como la crisis de vivienda y salud mental.

 Sin embargo, la comunidad científica canadiense no es unánime en su postura. Mientras algunos, como Kolla, apoyan enfoques de reducción de daños mediante acceso a sustancias no adulteradas y espacios y prácticas seguras, otros sostienen que la solución a la crisis de los opioides pasa, entre otras medidas, por la rehabilitación de los adictos. Para Julian Somers, psicólogo clínico y profesor de la Simon Fraser University, el hecho de que el compassion club operase durante más de un año es una “catástrofe sanitaria”. Argumenta que “la adicción se caracteriza por la pérdida de control y autonomía”, y permitir acceso a drogas sin intervenciones simultáneas es “como jugar a la ruleta rusa”. Somers considera que se debe “proteger” a los drogadictos de un consumo “malsano e inadecuado”.

En España, una investigación de junio de 2024 del Ministerio de Sanidad descartaba la posibilidad futura de una crisis de salud pública relacionada con el fentanilo. Y aunque no hay ejemplos de iniciativas tan arriesgadas como la de DULF, Diego Fernández Piedra, investigador en psicología social de la salud y las adicciones y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, subraya la importancia del PEPSA, un programa experimental de prescripción de heroína farmacéutica inyectable e inhalada de la Junta de Andalucía. Fernández Piedra considera que “lo que hizo DULF fue crear un modelo donde se prioriza el cuidado frente al castigo, la vida frente a la norma. Es valiente y, al mismo tiempo, muy concreto”. Y añade que es “difícil imaginar algo así en España sin consecuencias legales inmediatas”.

Más allá del debate, la viabilidad y el futuro del modelo del compassion club en Canadá dependerán del juicio contra Nyx y Kalicum, previsto para finales de este año. “Los fundadores de DULF, después de ser muy transparentes acerca de lo que estaban haciendo, enfrentan actualmente cargos penales graves bajo la ley canadiense de drogas —sostiene Kolla—. Esto ha frenado la idea de los compassion clubs por ahora”."

(Irene Serrano , El País, 19/04/25)

2.2.25

Los avances científicos con las sustancias psicodélicas están revolucionando la investigación farmacológica y la terapia psicológica... La pandemia global de la salud mental ha llevado al gobierno australiano a regularizar el uso de MDMA y psilocibina como tratamientos de salud mental... han considerado que existen suficientes pruebas para abrir la puerta a su uso por parte de médicos y psiquiatras... En Estados Unidos, varios fármacos están cerca de ser aprobados y las clínicas que usan algunas de estas drogas se extienden cada vez más. Pero como suele ocurrir, en Europa las cosas van más despacio y el uso de este tipo de sustancias sigue encontrándose en un limbo regulatorio... Es por ello que un grupo de 32 asociaciones lideradas por un colectivo multidisciplinar de científicos, médicos, terapeutas y defensores de los derechos humanos de 18 países ha lanzado una campaña ciudadana de recogida de firmas bajo el nombre PsychedeliCare con el objetivo promover el acceso seguro y legal a terapias asistidas por sustancias psicodélicas, integrándolas de forma regulada en los sistemas de salud pública de Europa (Yago Álvarez Barba)

 "Los avances científicos con las sustancias psicodélicas están revolucionando la investigación farmacológica y la terapia psicológica. Pero la pandemia de problemas de salud mental va más rápido que las aprobaciones por parte de las autoridades farmacológicas y que los ensayos clínicos. En Australia, por ejemplo, han decidido no esperar más. La pandemia global de la salud mental ha llevado al gobierno australiano a regularizar el uso de MDMA y psilocibina como tratamientos de salud mental. Muchos de los ensayos con esas sustancias todavía no han pasado todas las fases hasta su aprobación, pero han considerado que existen suficientes pruebas para abrir la puerta a su uso por parte de médicos y psiquiatras.

En Estados Unidos, varios fármacos están cerca de ser aprobados y las clínicas que usan algunas de estas drogas se extienden cada vez más. Pero como suele ocurrir, en Europa las cosas van más despacio y el uso de este tipo de sustancias sigue encontrándose en un limbo regulatorio. Lo que va igual de rápido o más en el viejo continente son los graves problemas de salud mental como la depresión, estrés postraumático o los desórdenes por consumo de sustancias.

Según datos del último barómetro de salud de la Unión Europea (UE), una de cada seis personas en el continente sufre algún tipo de problema de salud mental. La ansiedad y la depresión eran los más frecuentes en la UE antes de la pandemia, seguidos de los trastornos relacionados con el consumo de alcohol y drogas, el trastorno bipolar y la esquizofrenia.

Es por ello que un grupo de 32 asociaciones lideradas por un colectivo multidisciplinar de científicos, médicos, terapeutas y defensores de los derechos humanos de 18 países ha lanzado una campaña ciudadana de recogida de firmas bajo el nombre PsychedeliCare con el objetivo promover el acceso seguro y legal a terapias asistidas por sustancias psicodélicas, integrándolas de forma regulada en los sistemas de salud pública de Europa. 

La campaña arrancó el pasado 14 de enero y tiene un año para recoger un millón de firmas en un año. De conseguirlo, la Comisión Europea tiene tres meses para pronunciarse y plantearse su implementación, lo que podría dar forma a una iniciativa legislativa que se debería votar y debatir en el Parlamento Europeo.

El primero objetivo de la campaña es “apoyar el establecimiento de un consenso de expertos con psicodélicos y promover una postura unificada que facilite su regulación”, explica a El Salto Elizabet Domínguez, psicóloga y doctora en farmacología, coordinadora del equipo español de PsychedeliCare y vocal de la Sociedad Española de Medicina Psicodélica (Sempsi).

Por el momento, son solo algunas empresas farmacéuticas las que firman acuerdos con hospitales para avanzar en la investigación y en los ensayos clínicos. Es por ello que la campaña también exige que  se fomente la inversión pública europea de las terapias asistidas con psicodélicos. “Se necesita que, tanto los profesionales como los pacientes, tengan más seguridad regulatoria y que este tipo de terapias lleguen a más gente”, dice Domínguez, que señala que actualmente este tipo de tratamientos en Europa se hacen en clínicas privadas que no todo el mundo se pueden permitir: “La inversión pública y su fomento en la sanidad pública favorecerá que estas terapias lleguen a más gente”.

Ese mismo enfoque lo comparte la fundación International Center for Ethnobotanical Education, Research and Service (ICEERS), que apuntan en un comunicado en apoyo a la campaña que “este tipo de regulaciones no sólo beneficiarán a los pacientes, sino que también contribuirán al desarrollo de un modelo de salud pública más inclusivo e innovador”. Desde esta organización que también forma parte de la campaña, defienden que “estas prácticas, respaldadas por investigaciones científicas, ofrecen soluciones prometedoras para trastornos mentales que los tratamientos convencionales no han logrado resolver de manera efectiva”, en palabras de su director científico José Carlos Bouso, el cual trabaja actualmente en un prometedor ensayo clínico para tratar las adicciones a drogas usando la ibogaina, una sustancia extraída de un arbusto original de África llamado iboga.

El arranque de la recogida de firmas también tendrá su presentación en las instituciones europeas el próximo 6 de febrero en el que expertos en la materia y componentes de la campaña la presentarán en el Parlamento Europeo. El evento unirá a legisladores, sociedad civil, médicos, investigadores y representantes de pacientes y manifestará “una llamada a la acción hacia la innovación en Europa, para la inclusión de estas terapias tan prometedoras en respuesta a las limitadas opciones de tratamiento existentes y las muchas necesidades por cubrir”.                   (Yago Álvarez Barba , El Salto, 02/02/25)

24.11.24

El avance del uso terapéutico de las drogas psicodélicas en España: un "futuro muy prometedor" pese a las barreras... Varios ensayos clínicos en marcha en centros sanitarios calibran la eficacia de la psilocibina de los hongos o la ibogaína contra la depresión resistente, el estrés postraumático o las adicciones

 "El uso de las drogas psicodélicas está rompiendo cada vez más barreras en España y en el resto del mundo de la mano de la investigación científica y la medicina, que se sirven de ellas para el tratamiento de diversos problemas de salud mental y adicciones. En Fuerteventura se reúnen este fin de semana unas 300 personas, la mayoría profesionales de la psiquiatría y la psicología, que participan en un encuentro internacional sobre las terapias psicodélicas en el que se abordan los avances en un campo que busca evidencias científicas en medio de muchas trabas legales al uso de sustancias prohibidas.  

Cada vez acuden más personas a ese encuentro, denominado Fuertedélica y que cumple su tercera edición, atraídas por las posibilidades que ofrece la psicodelia en el campo de la salud mental desde diferentes ámbitos y puntos de vista. Este año van a hablar durante dos días de los diferentes usos e investigaciones que se están haciendo con MDMA, ibogaína, ayahuasca o ketamina. "Vivimos en una sociedad cada vez más polarizada, enajenada, y debemos tener en cuenta que la salud comunitaria empieza siempre por la individual. Los psicodélicos ayudan a salir también de esa realidad, a verla desde otra perspectiva. Nos ayudan a resolver conflictos", dice Raúl del Pino, uno de los organizadores del congreso.

La misma Agencia de la Unión Europea sobre Drogas (EUDA), muy reticente a los avances regulatorios, admite que en los últimos años se ha producido "un creciente interés público y clínico" por el posible uso terapéutico de una serie de sustancias psicodélicas. En concreto, la agencia señala que desde 2010 se han llevado a cabo ensayos clínicos y otros estudios en el campo médico con este tipo de drogas, para trastornos de salud mental, en particular aquellos que son resistentes al tratamiento convencional.

Ketamina o esketamina, psilocibina (alcaloide de hongos), MDMA o éxtasis, DMT (componente de la ayahuasca) y LSD son las sustancias psicodélicas que se han investigado y probado con mayor frecuencia, según esta agencia de la UE, para tratar la depresión resistente a otros tratamientos, el trastorno obsesivo compulsivo, los trastornos alimentarios y los causados por consumo de tabaco y alcohol. Y el organismo comunitario afirma que, de acuerdo con los datos disponibles de los ensayos clínicos realizados con estas drogas, "algunos psicodélicos han demostrado ser prometedores para aliviar síntomas específicos asociados con trastornos psiquiátricos difíciles de tratar".

Hasta el momento, sin embargo, los mayores avances en la regulación del uso médico de los psicodélicos han tenido lugar fuera de Europa, fundamentalmente en algunos estados de EEUU y en Australia, que en 2023 autorizó la prescripción médica de MDMA para el trastorno de estrés postraumático y de psilocibina para el de la depresión resistente al tratamiento. En la UE, según la EUDA, se han producido algunos avances en la financiación de los ensayos, sobre todo a principios de este año, cuando el programa Horizonte Europa concedió 6,5 millones de euros para investigar terapias psicodélicas para trastornos mentales resistentes al tratamiento en cuidados paliativos.

El ensayo pionero con MDMA abortado en España

España no es ajena a estas tendencia. Hay en marcha varios ensayos clínicos en diferentes fases sobre la efectividad terapéutica de diversos psicodélicos y también centros de salud mental donde se aplica la medicina psicodélica con terapias en las que se utiliza la ketamina. Esta es una droga disociativa con potencial alucinógeno que está aprobada como anestésico y que también se puede utilizar fuera de indicación por su gran similitud con la esketamina, el único fármaco psicodélico atípico autorizado para su comercialización por la Agencia Europea de Medicamentos, bajo la denominación comercial de Spravato, para el tratamiento de la depresión resistente.

España fue, además, el primer país donde se llevó a cabo un ensayo clínico con MDMA para el tratamiento del estrés postraumático, mucho antes de que se emprendieran trabajos similares en EEUU, Israel, Canadá y Suiza, que ahora se encuentran en la última fase, ya previa a la aprobación definitiva. El psicólogo clínico José Carlos Bouso era, como doctorando de la Universidad Autónoma de Madrid, uno de los investigadores de aquel ensayo que se hizo en 1999 con pacientes del entonces hospital psiquiátrico de la capital de España que sufrían un estrés postraumático. Y aún no se le olvida el enorme chasco que supuso la intromisión de la política en los caminos de la ciencia.

Una información en un periódico sobre el ensayo, con el titular "Sanidad autoriza un ensayo con éxtasis para terapias de violadas", publicado un par de meses después de que dos jóvenes hubiesen muerto por sobredosis de esa droga en una fiesta en Málaga, desató el pánico en las autoridades de entonces en la comunidad madrileña y suspendieron la investigación, según Bouso. "El MDMA hace diez años que podía haber estado en el mercado mundial como tratamiento si nos hubieran dejado trabajar entonces. Nosotros ya vimos que para las personas que sufren un estrés postraumático, con una experiencia fuerte de miedo, el MDMA les permite colocarse en una situación de seguridad emocional: el mundo deja de ser un lugar amenazante para ellas, pueden hacer una introspección sobre lo sucedido, tomar el control, controlando sus emociones desde dentro y no desde fuera", explica a Público el psicólogo clínico y director científico de Iceers.

Los resultados preliminares de aquel ensayo abortado hace 25 años fueron publicados en una revista científica internacional y sirvieron de base para los posteriores trabajos de investigación que se han realizado en EEUU y otros países y que se encuentran ya en su fase final. "Los resultados de los ensayos clínicos son espectaculares, demuestran que el MDMA es un facilitador del proceso terapéutico", asegura Bouso, que también participa como ponente en el encuentro internacional Fuertedélica.

Este psicólogo clínico y doctorado en farmacología terminó el pasado mayo otro ensayo clínico novedoso en el campo de los psicodélicos, en este caso con ibogaína para el tratamiento de personas con adicción a la metadona, un opiáceo utilizado para la deshabituación de la heroína. La ibogaína es el principio activo de un arbusto originario de África central y el estudio se llevó a cabo en el hospital Sant Joan de Reus, Tarragona, con la colaboración de Iceers, con un total de 20 pacientes y durante seis semanas. Sus resultados han sido ya presentados en varios congresos internacionales.

Según José Carlos Bouso, todos los pacientes que participaron en el ensayo redujeron la dosis de metadona y la mayoría incluso dejó de tomarla, pese a tratarse de un opiáceo con un elevado poder adictivo por su larga permanencia en el organismo. "Hemos encontrado -explica- que la ibogaína revierte la tolerancia a los opiáceos y elimina su síndrome de abstinencia. Cada vez necesitan menos cantidad de metadona".

El siguiente paso sería, según Bouso, hacer un estudio con una muestra más amplia de pacientes y con adicciones a diferentes opiáceos, no sólo a la metadona. Si se continuase la investigación clínica, la ibogaína -añade este investigador-, podría llegar a utilizarse incluso de forma preventiva, es decir, que personas adictas a la heroína la tomasen antes de comenzar un tratamiento con metadona para evitar de esa forma que se enganchen a este sustitutivo opiáceo.

Centros con tratamiento con ketamina

En España ya hay centros sanitarios donde se utiliza un psicodélico, la ketamina, para el tratamiento de problemas de salud mental, fundamentalmente la depresión resistente a otras terapias. La clínica privada Synaptica de Barcelona es la primera que puso en marcha en nuestro país un tratamiento que combina la farmacoterapia psicodélica con la psicoterapia. Y en los últimos tres, cuatro años han atendido ya a cerca de 400 pacientes procedentes de muchas partes de España y de otros países, pese a que cada sesión, de unas tres horas de duración, cuesta unos 350 euros.

"La ketamina genera neuroplasticidad, que es, digamos, la capacidad del cerebro para aprender, para generar nuevos circuitos; abre una ventana en la que los cambios pueden ser más fáciles", explica a Público Estefanía Moreno, licenciada en Medicina y psicoterapeuta de Synaptica.

La ketamina se suministra por vía intravenosa, inyectada, y luego un terapeuta acompaña en todo momento al paciente para que explique su vivencia. "Cada viaje es una experiencia única. No hay dos viajes iguales. Accedes a memorias difíciles, contenidos simbólicos, a veces son viajes más metafísicos, pero todo te permite comprender la naturaleza desde otro punto, a comprender el proceso y entender el dolor desde otro punto. El estado modificado de conciencia tiene una función terapéutica, está demostrado. Permite el acceso a recuerdos que, bien trabajado, es muy interesante desde el punto de vista terapéutico", dice Estefanía Moreno.

Según esta psicoterapeuta, la mayoría de los pacientes consiguen mejoras clínicas, unos más modestas y otros de mayor alcance, después de haber fracasado todos ellos con otras terapias y medicamentos. Tan sólo un pequeño porcentaje, asegura, no responde al tratamiento. "Es un cambio de paradigma respecto al tratamiento más tradicional, el sintomático. Aquí lo que se pretende es transformar, con un enfoque más profundo, ir más allá del simple fármaco, y tratar de que el paciente se acerque a un estado de bienestar", añade Moreno.

El avance que ha experimentado el uso médico de los psicodélicos lo prueba también el hecho de que haya una Sociedad Española de Medicina Psicodélica (Sempsi), una organización integrada por más de 50 profesionales en el campo de las neurociencias, principalmente psicólogos, psiquiatras y farmacólogos. Su objetivo, dicen, es funcionar como una plataforma de intercambio para estos profesionales, impulsar la investigación, la formación, la divulgación y la cooperación para "promover las mejores y más seguras prácticas con el uso de psicodélicos como herramienta de tratamiento".

Un futuro “muy prometedor”

Juan Paris, médico especialista en psiquiatría general, de la infancia y la adolescencia y miembro de la junta directiva de Sempsi, destaca que los psicodélicos parten del conocimiento y sabiduría de culturas milenarias que los han utilizado para diferentes motivos desde tiempos ancestrales e incorporan las evidencias que se han obtenido entre el siglo pasado y el actual. Los psicodélicos, a su entender, han planteado un cambio de paradigma en la manera de tratar problemas de salud mental, con experiencias que permiten, por ejemplo, a personas que padecen depresión salir de la prisión interior en la que se encuentran y conectar con el resto de personas y del mundo.

En España se están realizando varios ensayos clínicos en sus última fase, previa a la producción, con psicolocibina y con 5MeO para el tratamiento de depresión resistente a otras terapias, con el objetivo de comprobar si son eficaces, con qué dosis y con qué tipos de protocolo. "El futuro es muy prometedor, porque hay varios centros hospitalarios españoles que están haciendo investigación. Y hay una aceptación mucho mayor a estos trabajos con psicodélicos, tanto de usuarios como de profesionales, lo que podría llevar a su inclusión en el sistema, aunque puedan haber aún barreras", asegura Paris, que participa como investigador en un ensayo en el hospital Parc Sanitari San Joan de Deu.

José Carlos Bouso también ve un futuro prometedor en España con la investigación y el uso terapéutico de los psicodélicos. "La situación -afirma- la veo mejor que nunca, cada día mejor, aunque no deje de haber barreras, porque aunque en el mercado hay medicaciones más peligrosas que el MDMA, al MDMA se le sigue juzgando no por los resultados de los ensayos, sino por lo que ha hecho en el mercado recreativo".

La última barrera cayó como un mazazo el pasado mes de junio, cuando la Agencia del Medicamento de EEUU (FDA) rechazó los resultados de un ensayo con MDMA para autorizar a una empresa farmacéutica su futura comercialización como tratamiento del estrés postraumático, cuya aprobación hubiera abierto las puertas a este psicodélico en buena parte de los sistemas sanitarios del mundo.

No obstante, el director científico de Iceers recela también del poder de la industria farmacéutica, de la llamada Big Pharma, que, a su juicio, es la que tiene secuestrada a las agencias reguladoras de todo el mundo para que regulen a favor de los intereses económicos de ese sector: "me gustaría que el Ministerio de Sanidad empezara a financiar investigación independiente en España para que la investigación no estuviera solo en manos de la industria farmacéutica. Y que luego esa investigación sirviera para promover regulaciones y controlar los precios de los medicamentos que se comercializan. Por ejemplo, un gramo de esketamina no cuesta más de un euro fabricarlo, pero la dosis de 36 miligramos la venden a 300 euros. Si tomamos esto como ejemplo, lo que puede venir es un tremendo negocio con otros productos", concluye Bouso."                  ( Santiago F. Reviejo , Público, 23/11/24) 

1.10.24

Sanidad permitirá usar el cannabis como último recurso contra el dolor crónico y los efectos de la quimioterapia

 "Un paso más cerca del uso terapéutico (muy moderado) del cannabis. El Ministerio de Sanidad ha sacado a consulta pública el texto íntegro del Real Decreto por el que el departamento que dirige Mónica García pretende crear por fin un programa de cannabis medicinal. Siguiendo los postulados que adelantó en el proyecto de Real Decreto publicado hace casi ocho meses, la propuesta del Ministerio limita los usos de la planta a las “fórmulas magistrales” (aceites a partir de principios activos del cannabis) y deja fuera las flores de la marihuana (los cogollos), una decisión que no ha sentado bien a las principales asociaciones de pacientes.

De hecho, el ministerio solo habla de un “real decreto que regula la dispensación de formulas magistrales de estandarizados de cannabis con fines terapéuticos”; no utiliza el término programa ni alguno similar. En el texto se especifican las patologías que podrán beneficiarse de los preparados a base de aceites, única forma de consumo de cannabis terapéutico contemplada por el momento. Las patologías incluidas en el texto son “aquellas para las que existe evidencia científica de beneficio terapéutico del cannabis y sus extractos”, según Sanidad.

En concreto, se permitirá su uso para espasticidad por esclerosis múltiple: rigidez y espasmos musculares asociados a la esclerosis múltiple; para formas graves de epilepsia refractaria (ciertos tipos de epilepsia que no responden a los tratamientos convencionales); contra las náuseas y vómitos por quimioterapia; y contra el dolor crónico refractario (dolor persistente que no se alivia con los tratamientos habituales).

La lista, añade el ministerio, “podría ampliarse o modificarse, con la necesaria agilidad en función de la evidencia científica”. Además, explica el ministerio, se creará un registro de los preparados estandarizados. Pero –y este es un “pero” en el que los pacientes ponen mucho énfasis– las “fórmulas magistrales tipificadas se usarán cuando no existan medicamentos autorizados o estos no se ajusten a las necesidades del paciente”.

En España ya existen al menos un par de medicamentos basados en cannabis aprobados y de venta al público (el más famoso es Sativex). Los médicos solo podrán recetar preparados magistrales cuando el Sativex no funcione o no aplique, y habrán de justificar su decisión. “Deberá documentarse en la historia clínica la justificación del tratamiento con fórmulas magistrales tipificadas de preparados estandarizados de cannabis, en relación con otros tratamientos que haya recibido el paciente. Deberá igualmente informarse al paciente sobre la evidencia clínica disponible, los beneficios esperables y los posibles riesgos”, según el RD.

El RD también confirma otras cuestiones relevantes que ya figuraban en el primer borrador, como que el cannabis solo podrá ser recetado por médicos especialistas y no de atención primaria y que solo se dispensará en farmacias hospitalarias, no en las comunitarias, ambas cuestiones un error para las asociaciones de pacientes porque suponen, afirman, limitar el acceso.

Avance, pero lento

Con la publicación del Real Decreto, el Ministerio sigue quemando etapas hacia una regulación del cannabis medicinal, un proceso que empezó en 2021 con una subcomisión en el Congreso de los Diputados. Pero la regulación avanza a un ritmo más lento de lo que los pacientes querrían y también con menor ambición de la deseada por las asociaciones, que señalan cómo otro países europeos están legalizando ya el uso lúdico de la planta mientras aquí el uso de las flores (los cogollos) ni siquiera pasa el corte de un programa médico.

También hay protestas con las escasas indicaciones de uso aceptadas por Sanidad. “Nos congratulamos por este primer paso, pero esperamos que las indicaciones y las vías de administración se puedan abrir pronto”, valora Carola Pérez, presidenta del Observatorio Español del Cannabis Medicinal (OECM), una de las asociaciones de pacientes que más lobby ha hecho por una regulación. “Duele ver que enfermedades neurodegenerativas como la ELA o los cuidados paliativos se quedan fuera. Es gente que no tiene ninguna opción más y hay que darle toda la calidad de vida posible”, añade.

Tampoco están de acuerdo desde el OECM con que solo los especialistas puedan recetar y las farmacias hospitalarias dispensar. “Esperamos que tanto las listas de espera de especialistas como la farmacia hospitalaria cuenten con la formación adecuada y tengan la capacidad suficiente para dar abasto con este asunto”, espera Pérez. De lo contrario, estos límites al acceso puede empujar a los posibles usuarios a seguir en el mercado negro como hasta ahora, advierte."             (Daniel Sánchez Caballero / Sofía Pérez Mendoza , eldiario.es, 30/09/24)

17.5.24

La decisión del Gobierno federal de reconocer finalmente el cannabis como agente terapéutico legítimo es histórica... es el principio del fin de la prohibición del cannabis... este cambio de política modifica radicalmente el debate político en torno al cannabis. En concreto, deslegitima muchos de los tropos históricamente explotados por los opositores a la reforma de la política sobre la marihuana. Las afirmaciones de que el cannabis plantea daños únicos para la salud, o que no es útil para tratar el dolor crónico y otras dolencias, ahora han sido rechazadas por las mismas agencias federales que anteriormente las perpetuaron

 "Por primera vez en su historia, el Departamento de Justicia está pidiendo un cambio en el estatus legal federal del cannabis, que actualmente está clasificado como una de las drogas más peligrosas de Estados Unidos.

La oficina del Fiscal General confirmó recientemente que está haciendo circular una propuesta para reclasificar la marihuana de la Lista I a la Lista III de la Ley Federal de Sustancias Controladas. La medida, que confirma una recomendación anterior del Departamento de Salud y Servicios Humanos y de la FDA, supone un giro radical para las burocracias que tradicionalmente han mantenido una perspectiva «plana» de todo lo relacionado con el cannabis.

Según las directrices federales, las sustancias de la Lista I «no tienen un uso médico aceptado actualmente en Estados Unidos» y «carecen de seguridad aceptada para su uso bajo supervisión médica». Por el contrario, las sustancias de la Lista III, como la ketamina y los esteroides anabolizantes, tienen un uso médico bien establecido y un perfil de seguridad aceptable para los pacientes.

La decisión del Gobierno federal de reconocer finalmente el cannabis como agente terapéutico legítimo es histórica.

Durante décadas, los funcionarios federales difamaron a los pacientes y médicos que hablaban de los beneficios del cannabis. Un antiguo zar federal de la droga llegó a acusar a los médicos que apoyaban la marihuana medicinal de practicar la «medicina de Cheech & Chong».

 Durante años, el gobierno hizo campaña activamente contra las iniciativas de legalización del cannabis medicinal en todo el estado, e incluso llegó a intentar privar a los médicos de sus licencias médicas por atreverse a hablar de la terapia con cannabis con los enfermos y moribundos.

Ya no es así.

Según el HHS, se calcula que unos 30.000 profesionales de la salud en Estados Unidos autorizan actualmente la marihuana medicinal para sus pacientes. El departamento también reconoció que «la gran mayoría de las personas que consumen marihuana lo hacen de una manera que no conduce a resultados peligrosos para sí mismos o para otros.»

La sorprendente marcha atrás del gobierno valida las experiencias de decenas de millones de estadounidenses. Pero sigue estando muy lejos de los cambios necesarios para llevar la política federal sobre la marihuana al siglo XXI. En concreto, el cambio propuesto no armoniza la política federal sobre la marihuana con las leyes sobre el cannabis de la mayoría de los estados de EE.UU., en particular los 24 estados que han legalizado su consumo y venta a adultos.

Estas jurisdicciones regulan la marihuana de una manera mucho más parecida al alcohol -una sustancia omitida en la Ley de Sustancias Controladas- que a un medicamento de venta con receta. Como resultado, la industria del cannabis para adultos con licencia estatal -y quienes la patrocinan- seguirá operando en un limbo legal, sin ninguna orientación clara por parte del gobierno federal.

No obstante, como primer paso adelante, este cambio de política modifica radicalmente el debate político en torno al cannabis.

 En concreto, deslegitima muchos de los tropos históricamente explotados por los opositores a la reforma de la política sobre la marihuana. Las afirmaciones de que el cannabis plantea daños únicos para la salud, o que no es útil para tratar el dolor crónico y otras dolencias, ahora han sido rechazadas por las mismas agencias federales que anteriormente las perpetuaron. En el futuro, estas alegaciones engañosas deberían estar ausentes de cualquier conversación seria en torno al cannabis y a la mejor forma de regular su uso.

Por supuesto, la prolongada politización del cannabis no desaparecerá de la noche a la mañana. Durante décadas, los críticos de la marihuana se han burlado tanto de la planta como de sus consumidores. Sin duda, algunos seguirán intentándolo a pesar de la decisión del gobierno federal de cambiar de rumbo. Pero sus afirmaciones caerán cada vez más en saco roto.

Tras casi un siglo de criminalización del cannabis, la prohibición está llegando a su fin."

(

10.1.23

Los planes de legalización del cannabis en Alemania obligan a Bruselas a revisar su postura sobre la hierba

 "Es la hora de la verdad en Bruselas.

En octubre de 2022, Alemania presentó un audaz plan para legalizar totalmente el cannabis recreativo para mayores de 18 años. Pero las leyes de todo el bloque, desde el mercado único hasta el contrabando de drogas, amenazan con aguar la fiesta, a menos que Alemania consiga convencer a la UE para que se suba al carro.

La Europa socialmente liberal se ha mostrado tímida a la hora de legalizar el cannabis psicoactivo para uso recreativo. La droga está prohibida en casi todo el bloque y las pocas iniciativas de legalización son movimientos nacionales. Incluso el cannabis medicinal sigue estando fuera de la mesa en muchos países.

Ahora, el impulso de Alemania a favor de la legalización, liderado por la coalición progresista del semáforo actualmente en el poder, desafía a la UE a resolver exactamente cómo podría encajar la hierba recreativa en las normas del bloque.

Si la Comisión, que actualmente está realizando una revisión preliminar de la hoja de ruta de la marihuana de Berlín, desaprueba el plan, entonces Alemania "no desarrollará ningún proyecto de ley", dijo el ministro alemán de Sanidad, Karl Lauterbach, al presentar el proyecto de legalización en Berlín el 26 de octubre. Sin proyecto de ley no hay hierba legal.

Las palabras de Lauterbach demuestran que Alemania no hará realidad su ambiciosa visión sobre el cannabis -el cannabis procedente de cultivos controlados se venderá en tiendas autorizadas y se permitirán entre 20 y 30 gramos para consumo personal- sin la UE.

La pregunta es, ¿se adaptará Bruselas y allanará el camino para la legalización del cannabis recreativo en toda la UE? ¿O se esfumarán los planes de Alemania?

La UE se enfrenta a una tendencia mundial hacia la liberalización.

En la última década, varios países han liderado la legalización del uso recreativo y terapéutico: Canadá, México, Sudáfrica y Tailandia.

Ahora, Alemania quiere legalizar toda la cadena de valor de la producción de cannabis, lo que implica el cultivo, el refinamiento, el comercio y la venta. Es mucho más que el país europeo más favorable a la hierba, Holanda, donde sólo se tolera el punto de venta.

Y como Alemania quiere asegurarse de que sus planes de legalización se ajustan a la legislación de la UE, Bruselas debe reaccionar.

De momento, Alemania y la Comisión mantienen conversaciones preliminares intercambiando argumentos. El procedimiento de notificación oficial -una herramienta para que los gobiernos garanticen que su legislación respeta la legislación de la UE- empezará en 2023. Solo entonces, la Comisión comentará públicamente la posición de Berlín.

Tras el procedimiento de notificación, la Comisión podrá decir a los países miembros de la UE si piensa tratar el cannabis recreativo en el futuro y cómo: Qué se permitirá, cómo se regulará y cómo se gravará. 

¿Cómo están las cosas?

La UE restringe actualmente la mayoría de las iniciativas relacionadas con el cannabis recreativo. En virtud de una decisión del Consejo de 2004 sobre tráfico de drogas, muchas actividades relacionadas con la hierba están tipificadas como delito. Sin embargo, esto no se aplica a la marihuana medicinal.

Algunos países europeos se han acogido a esta exención médica, y 16 países de la UE permiten el uso de la sustancia psicoactiva con fines sanitarios. Algunos países, como los Países Bajos y Portugal, han ido más allá y han despenalizado el consumo recreativo de cannabis. Recientemente, Malta y Luxemburgo han emprendido políticas de legalización recreativa para uso personal, pero no han llegado a establecer un mercado recreativo legal, como quiere Alemania.

Mientras que los Países Bajos se han hecho un nombre por el consumo recreativo de cannabis, y el gobierno tolera la venta de hierba en los coffee shops, el cultivo y el comercio siguen estando prohibidos. Esto significa que el modelo holandés es técnicamente conforme a la legislación de la UE, pero ha creado un mercado negro al no estar regulada la producción. 

¿Cuál es la competencia de Bruselas?

Dado que el cultivo de cannabis es actualmente ilegal en la UE, los planes de legalización de Alemania requerirían un cambio en la legislación comunitaria. El gobierno alemán ha dicho que está comprometido "con cambios/actualizaciones individuales a nivel de la UE", para acomodar su política.

Sin embargo, Bruselas debe equilibrar muchos objetivos: mantener la integridad del mercado único, proteger el Estado de Derecho, respetar los intereses de los países fronterizos y garantizar el futuro de la política antidroga de la UE.

El tráfico de drogas será una gran preocupación. El Acuerdo de Schengen de 1985, que eliminó las fronteras nacionales, compromete a los signatarios, entre ellos Alemania, a "impedir la exportación ilícita de estupefacientes de todo tipo, incluidos los productos derivados del cannabis, así como la venta, adquisición y distribución de dichas drogas". Los nueve países vecinos de Alemania forman parte de Schengen.

Pero este es un terreno nuevo para la UE, ya que no hay precedentes de que un país miembro establezca un mercado para una sustancia que antes estaba prohibida en el espacio Schengen. Los países fronterizos prestarán especial atención a la postura de la Comisión al respecto, y es probable que las posturas liberales y prohibicionistas entren en conflicto.

¿Hay problemas de salud?

El bienestar y la salud pública son dos de los objetivos de la actual Estrategia Antidroga de la UE, por lo que, además de las cuestiones jurídicas y normativas, Berlín debe abordar cuestiones de salud pública.

Consumir cannabis "no suele plantear problemas" para los adultos siempre que el consumo sea "ocasional", según declaró el Ministerio de Sanidad alemán a POLITICO. De hecho, los principales riesgos provienen de la hierba no regulada y de mala calidad y de la falta de protección de los niños, añadió el ministerio, dos aspectos que Berlín espera frenar con la legalización. Berlín también está llevando a cabo una evaluación del impacto del consumo de cannabis en los países donde es legal, cuyos resultados se esperan para principios de 2023.

Sin embargo, las propias conclusiones de la UE demuestran riesgos para la salud. Según el último Informe Europeo sobre Drogas, el cannabis representó el 45% de todas las personas que iniciaron por primera vez un tratamiento especializado contra las drogas en Europa en 2020. En cifras absolutas, son 43.000 personas. Según el mismo informe, 22 millones de europeos consumirán cannabis en 2021.

Los resultados del otro lado del Atlántico muestran que la legalización también impulsa el consumo. En Norteamérica, los adultos más jóvenes tienden a consumir productos de cannabis más potentes después de la legalización, según el Informe Mundial sobre las Drogas 2022 de la ONU.

¿Quién podría ser el próximo?

Si la Comisión da luz verde al plan de Berlín, Alemania podrá seguir adelante con la legalización, una medida que podrían seguir otros países europeos. El partido finlandés Liga Verde, por ejemplo, mencionó en su plataforma que "utilizará [las] experiencias de Alemania" para sus propias políticas sobre la hierba en el futuro.

"Piensa en ello como si cayeran fichas de dominó", dijo Lewis Koski, director de estrategia de Metrc, un proveedor estadounidense de software de seguimiento y localización de cannabis, que sigue el debate en Bruselas y Berlín.

Incluso si la Comisión dice no a la hierba esta vez, las conversaciones sobre la liberalización del cannabis "motivarán a la UE a reflexionar sobre los cambios necesarios para permitirlo", añadió."             

(Louis Westendarp , POLITICO, 29/12/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

31.8.22

El cannabis legal se abre paso... España se encamina a entrar en el club de los más de 30 países del mundo que han regulado el uso del cannabis, fundamentalmente con fines medicinales, entre ellos la mayoría de la UE... Alemania ha anunciado que aprobará la legalización integral de la marihuana que ahora restringe al ámbito medicinal. El gigante económico europeo podría convertirse en un tractor que tiraría del resto de la UE hacia posiciones más aperturistas

 "(...) El acuerdo de la Comisión de Estupefacientes de la ONU, aconsejada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), de suavizar la fiscalización internacional de la marihuana para permitir su utilización científica y terapéutica es lo que más ha pesado para que España se haya decidido finalmente a dar el paso. 

 Como en tantos otros campos, la política ha ido aquí también por detrás de la sociedad. La opinión pública española ya venía mostrando desde hace unos años un cambio de tendencia cada vez más favorable a la legalización del cannabis. El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en el que se preguntó por este asunto, el de abril de 2021, reflejó que un 49,7% de las personas encuestadas apoyaba la regulación integral de la marihuana, un punto y medio más que en 2018. El porcentaje aumentaba hasta un aplastante 90,1% en el caso de los partidarios de legalizar solo su uso medicinal, que suponía, a su vez, un incremento de siete puntos con respecto al sondeo de tres años antes.

Hay opinión pública a favor y también muchos usuarios y usuarias, puesto que el cannabis es la tercera sustancia más consumida en España, por detrás del tabaco y el alcohol, según la última Encuesta EDADES del Plan Nacional sobre Drogas, publicada en 2020: un 10,5% de la población de 15 a 64 años, es decir, más de tres millones de personas, dice haber consumido marihuana en el último año; y un 8% –más de 2,5 millones–, en el último mes, o sea, de forma más habitual.

Y, además, hay negocio, no el negro de los traficantes, sino el de la industria legal que florece con el cultivo de esta planta y sus diferentes usos. Un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona estimó en 2018 que el Estado podría ingresar 3.312 millones de euros al año en pago de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social con la regulación de cerca de 102.000 empleos para producir los 820.000 kilos necesarios para abastecer una demanda legal de cannabis. Y la Confederación de Asociaciones Cannábicas (Confac) calculó que el reconocimiento legal de las más de 1.500 entidades que fomentan en España un consumo responsable y compartido permitiría generar el pago de 220 millones en impuestos y otras tasas regulando 7.500 empleos.

 Prueba de que el negocio va hacia arriba es que la Agencia Española de Medicamentos del Ministerio de Sanidad ha multiplicado este año por diez las previsiones de necesidades de cannabis medicinal lícito en España, que ha comunicado a la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE). Son seis toneladas que abarcan la producción de los dos únicos medicamentos hechos con compuestos cannábicos autorizados aquí (Sativex y Epidiolex) y los cultivos de las 22 entidades públicas y privadas que disponen de licencia para plantar marihuana con fines medicinales, cuya producción, parodójicamente, tiene que ser exportada al completo a otros países porque su uso todavía no está autorizado en España.

El destino de esa producción, sin embargo, está a punto de cambiar tras la subcomisión que durante tres meses ha estudiado la regulación del uso medicinal del cannabis en el Congreso y que dio su visto bueno el pasado mes de junio. Las comparecencias de científicos, organizaciones médicas y farmacéuticas, responsables de programas regulatorios de siete países de la UE y asociaciones de pacientes y usuarios han determinado la decisión de los grupos parlamentarios sobre la utilización terapéutica de la marihuana en España. En el ámbito internacional, ese uso se cimenta en un estudio de la Academia de Ciencias de EEUU, que ya en 2017 dictaminó la existencia de “evidencias concluyentes” para afirmar que los cannabinoides (componentes del cannabis) son efectivos, al menos, en el tratamiento del dolor crónico, como antieméticos para paliar los efectos de la quimioterapia y para mejorar los síntomas de espasticidad muscular de la esclerosis múltiple.

En España, a falta de datos oficiales sobre un uso aún ilegal, las organizaciones de pacientes estiman que hay entre 300.000 y medio millón de personas que utilizan el cannabis con fines medicinales para tratarse o aliviar dolencias como las referidas, y otras muchas, como la artritis, algunas epilepsias o la fibromialgia. Son miles de pacientes que ahora deben recurrir al cultivo de plantas en sus casas, a las asociaciones de cannabis que hacen un cultivo compartido para abastecer a sus socios o, en el peor de los casos, al mercado negro para conseguir su medicina, con lo que se arriesgan a ser multados con la Ley de Seguridad Ciudadana o la conocida Ley Mordaza, que sanciona con un mínimo de 600 euros la tenencia de drogas en un lugar público.

 La regulación del uso medicinal solo soluciona, sin embargo, una parte del problema. Queda por resolver el uso recreativo que hacen de la marihuana la mayoría de sus al menos tres millones de consumidores en España, según la encuesta EDADES. El grupo de Unidas Podemos ha presentado un proyecto de ley en el Congreso para regular ese consumo, algo que también ha hecho el de ERC, pero la posición contraria que ya mostró el PSOE al desestimar el año pasado una propuesta similar de Más País, sumada al rechazo que muestran PP y Vox a casi cualquier avance en este terreno, hacen aventurar un fracaso de ambas iniciativas.

Actualmente, en el mundo hay cuatro países que han regulado el uso recreativo del cannabis: Canadá, Uruguay, varios Estados de EEUU y, recientemente, Malta, cuyo parlamento aprobó en diciembre una ley en ese sentido. Pero en breve podría haber otro, y mucho más importante, Alemania, ya que su nuevo gobierno de coalición de socialistas, verdes y liberales ha anunciado que aprobará la legalización integral de la marihuana que ahora restringe al ámbito medicinal. El gigante económico europeo podría convertirse, en ese caso, en un tractor que tiraría del resto de la UE hacia posiciones más aperturistas, sobre todo de países con gobiernos progresistas, como es el caso ahora de España."                    (Santi F. Reviejo, La Marea, 30/08/22)

30.6.22

“El cannabis medicinal no es fumarse un porro, es un medicamento más”... María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor, pide abrir la mano en el uso de estos tratamientos... El cannabis medicinal parece funcionar en algunos tipos de dolor crónico... Tenemos que estar en condiciones reales para saber cuánto tiempo recomendarlo, a qué dosis, en qué patología, qué efectos adversos podemos encontrar y cómo tratarlos como médicos que somos. Ahora mismo el paciente se surte fuera del sistema sanitario, en internet, buscan amigos, vecinos. Todo es una locura

 "Una subcomisión del Congreso de los Diputados aprobará este martes, previsiblemente, un informe para aprobar el uso en España del cannabis terapéutico. A falta de los detalles sobre cómo se aplicará, el paso adelante es inminente: el Ministerio de Sanidad ya se comprometió a asumir las recomendaciones que acuerden parlamentarios. 

La regulación de esta sustancia como medicamento cuenta con el visto bueno de la Sociedad Española del Dolor (SED), que muy recientemente ha cambiado su postura tradicional para posicionarse a favor para determinados casos. Su presidenta, María Madariaga (Madrid, 49 años), coordinadora de las unidades del dolor del Hospital Universitario Santa Sofía y del Hospital HM Torrelodones, pide “abrir la mano” para dar nuevas alternativas a los pacientes y seguir generando conocimiento en su ámbito, el mayor nicho para el cannabis medicinal.

Pregunta. ¿A qué se debe este cambio de posicionamiento de la SED? ¿Por qué ahora sí son favorables al cannabis medicinal?

Respuesta. Es un posicionamiento que aboga por una laxitud en el reconocimiento de la evidencia científica que pueda soportar el uso del cannabis medicinal para determinados tipos de dolor crónico, en determinados pacientes, con un seguimiento exhaustivo, riguroso, que tiene que ver con el cambio de postura de la Federación Europea del Dolor a tenor de los cambios legislativos en España y otros países.

P. Entonces, ¿el cambio de postura no viene motivado por nuevas evidencias?

R. Es lo que necesitamos: abrir la mano con el sistema de clasificación de la evidencia. Es decir, utilizas [el cannabis medicinal] para una patología, con un determinado grupo, con un tratamiento de X y valoras la evolución en el tiempo, la respuesta al dolor, los efectos adversos, la mejoría de la calidad de vida… Eso requiere tiempo y dinero. Si quieres tener evidencia y estudios de calidad que te permitan recomendar el cannabis medicinal de manera segura para un grupo de pacientes, necesitas más de esos estudios y si no abrimos la mano no podremos [tenerlos]. 

Ese es el problema, que no es como el sistema de ensayo clínico con una sola molécula [con el que se prueban la mayoría de los medicamentos en el mercado]. Es mucho más difícil y supone mucho más tiempo. Es la pescadilla que se muerde la cola. El dolor crónico es muy difícil de tratar. Tenemos pocos fármacos y los que tenemos dan dos problemas fundamentales: el riesgo cardiovascular de los antiinflamatorios, además de su falta de potencia, y el riesgo que conlleva el uso de opioides mayores.

Los pacientes graves, con un dolor crónico intenso, refractario, que requieren dispositivos, rehabilitación, fármacos... se quedan cortos con todo eso y siguen con dolor. El cannabis medicinal parece funcionar en algunos tipos de dolor crónico. No siempre, pero parece funcionar y desde luego es un buen fármaco analgésico que tiene sus riesgos y sus beneficios. 

Tenemos que estar en condiciones reales para saber cuánto tiempo recomendarlo, a qué dosis, en qué patología, qué efectos adversos podemos encontrar y cómo tratarlos como médicos que somos. Ahora mismo el paciente se surte fuera [del sistema sanitario]: en internet, buscan amigos, vecinos. Todo es una locura.

P. ¿La regulación sería aplicar el principio de realidad?

R. Intentar aplicar el método científico a la realidad del uso y a la presión por encontrar nuevas alternativas al tratamiento del dolor crónico, que es tan difícil de tratar. Pero tenemos que conocer mejor los cannabinoides. No nos pueden contar cómo funcionan los propios pacientes, eso es absurdo porque lo están combinando con otros fármacos. Necesitamos datos.

P. ¿Será como hacer un ensayo clínico en el mundo real?

R. Hay que ir valorando cuál es la respuesta del paciente a determinadas combinaciones de cannabinoides, de THC y CBD [los dos principios activos] combinados con otros, y valorar cuál es la respuesta en el dolor articular, por ejemplo, para el ciático crónico o dolor por una lesión del sistema nervioso central a nivel medular; y cómo influye en la calidad de vida, la calidad de sueño. Sabemos positivamente que los cannabinoides mejoran las náuseas, los vómitos en el contexto de la quimioterapia; también mejoran el apetito en pacientes oncológicos, terminales o con el trastorno de la inmunodeficiencia adquirida. Estos son potenciales beneficios, pero también hay efectos adversos. Sabemos que los cannabinoides no siempre se combinan bien. Cuanto más potentes son como analgésicos, más efectos adversos producen. Pero, desde luego, mirando para otro lado, lo único que conseguimos es agrandar el problema.

 P. Otros colegas suyos señalan que al no ser patentables, la industria farmacéutica no está interesada en gastar dinero en ensayos clínicos.

R. Yo creo que hay empresas que tienen bastante interés en el cannabis medicinal, pero es algo que no puedo valorar, no me compete. Nuestro interés es avanzar en el conocimiento del dolor, en su tratamiento y en la mejora de la calidad de vida de nuestros pacientes. ¿Cómo lo podemos hacer? Se puede poner en marcha los estudios observacionales y seguirlos; eso cuesta mucho dinero. Pero se debe hacer y tener una financiación no interesada para obtener datos reales de lo que sucede a corto y largo plazo.

 P. En el nuevo posicionamiento de la SED recomiendan estos medicamentos como tercera línea de tratamiento, ¿qué quiere decir esto?

R. [Es para] los pacientes que ya toman todo a dosis altas, o que se han mostrado refractarios y tienen un dolor intenso, un dolor incontrolable... Gracias a Dios es un porcentaje muy pequeño de nuestros pacientes. Con el tiempo, quizás otros pueden encontrar alivio aunque no tengan ese grado de gravedad, pero para eso necesitamos esos datos de indicación. Porque si funciona para ese tipo de dolor, puede funcionar para otro.

P. ¿En principio, cuáles son las dos líneas de tratamientos que los pacientes deberían agotar para acceder al cannabis medicinal?

R. La base serían los analgésicos y los antiinflamatorios. En segundo lugar estarían los opioides menores y luego los opioides mayores. Vamos a intentar buscar alternativas a los ensayos clínicos controlados y esto nos va a dar [la posibilidad de estudiar a] una gran cantidad de pacientes con distintas patologías y valorar realmente qué es lo que les pasa a largo plazo. Es el mismo tipo de estudios que se pusieron en marcha en Estados Unidos cuando empezó la epidemia de opioides. Se dieron cuenta que los opioides mayores no funcionaban pasados tres meses de uso continuado. Estos datos que son de oro y se han conseguido hace muy poquito tiempo, y realmente es algo que nosotros podríamos intentar realizar en España también [con el cannabis].

P. Por su uso en países donde está más consolidado, se podría deducir que en España se pueden beneficiar más de 200.000 personas.

 R. Sí, se habla a veces de 200.000, de 400.000. Son muchos. Y si funcionan en estos que están más graves, podremos valorar la respuesta en otros. Pero claro, necesitamos datos de seguridad, no queremos que los pacientes piensen que esto es fumarse un porro; hablamos de una vía oral y, como mucho, vía inhalada, autorizada y todo controlado con dosificador. No se trata de fumarse un porro, eso es muy importante que se sepa. Es un fármaco más. Habrá que valorar cuál es el riesgo de desarrollar otros problemas por el uso de cannabinoides a largo plazo, igual que hemos hecho con los opioides.

P. Hay quien opina que abrir la mano al cannabis medicinal puede ser el caballo de Troya para la entrada del uso recreativo.

R. Eso lo tenemos claro. Pero seguimos pensando en que la regulación del cannabis medicinal no puede ser mala, sino todo lo contrario. Lo que necesitamos son los mecanismos de control y las indicaciones de seguimiento al paciente y un control muy estricto. Tenemos que estar todos a la altura: nuestros gestores políticos y también los médicos que, por cierto, necesitamos mucha formación en cannabis medicinal."                         (Pablo Linde , El País, 20/06/22)

20.6.22

Esta mañana he comprado cannabis en la farmacia... como una aspirina o un omeprazol. Para uso terapéutico solamente, claro está: nada de buscar divertirse, eso es pecado o sea malo para la salud... Una amiga me recomendó el jugo de cannabis para aliviar mis dolores artrósicos... pero lo cierto es que he comprado mi bote de cápsulas sin objetivo específico... Los que solo disfrutan manipulando nos lo prohíben todo por nuestro bien, incluso por nuestra dignidad, los más hipócritas. Yo tomaré cápsulas de cannabis para curarme del puritanismo

 "Esta mañana he comprado cannabis en la farmacia. ¡Me encanta cómo suena esa frase! Cannabis sativa, es decir, aceite de semillas de cáñamo 100% puro, en cómodas cápsulas manufacturadas por una marca conocida. La sustancia ayer prohibida y perseguida, hoy aún ilegal en algunos de sus avatares, adquirida de la forma más sencilla, como una aspirina o un omeprazol.

 Para uso terapéutico solamente, claro está: nada de buscar divertirse, eso es pecado o sea malo para la salud, que es la forma de decir pecado en jerga contemporánea. Después de haberla fumado tanto por vicio (sin resultados demasiado grandiosos, la verdad, a mí lo que me va es el whisky) ahora llega la yerba legal para curarme algo.

 ¿Qué? Pues la verdad aún no lo he pensado. Una amiga que me cura de casi todo con solo tocarme me recomendó el jugo de cannabis para aliviar mis dolores artrósicos. No dudo de su eficacia para este menester sanador, pero lo cierto es que he comprado mi bote de cápsulas sin objetivo específico. Por darme el gustazo, nada más, como un brindis a los viejos tiempos clandestinos...

Por cierto que todo lo que injerimos (sea un copazo de algo fuerte, el humo que fumamos entre protestas inquisitoriales, la fabada asturiana o la ración de patatas bravas, el jugo indecente de cuyo origen no debo hablar, etc.) pretende curarnos de algo.

 El hambre, la sed, el agobio de lo finito, los dolores existenciales o la simple jaqueca... ¿Acaso alguien puede decir de qué es lícito sanarse y de que no?. Quien bien nos quiere aconseja, pero nunca prohíbe. Los que solo disfrutan manipulando nos lo prohíben todo por nuestro bien, incluso por nuestra dignidad, los más hipócritas. Yo tomaré cápsulas de cannabis para curarme del puritanismo."                   (Fernando Savater ,  El País, 18/06/22)

9.6.22

Más de 200.000 personas se podrán beneficiar de la legalización del cannabis medicinal en España... existe evidencia “rigurosa” para cinco indicaciones: inhibición de náuseas y vómitos en pacientes de cáncer; aumento de apetito y atenuación de pérdida de peso, sobre todo para enfermos de cáncer y sida; inhibición de dolor, especialmente crónico, ya sea neuropático, de tipo oncológico, migrañas o posoperatorios; inhibición de rigidez muscular, lo que puede tener utilidad en esclerosis, y acción inhibidora de convulsiones en epilepsias refractarias a otros tratamientos... Tanto para la esclerosis como para la epilepsia ya hay dos medicamentos derivados del cannabis en el mercado español... el público diana más numeroso serán los pacientes que sufren dolor crónico, que se calcula que afecta a ocho millones de personas. De ellas, casi 1,5 millones no tienen un tratamiento que les alivie, lo que les convertiría en potenciales beneficiarios

 "El cannabis medicinal está a un paso de aprobarse en España. Lo que no queda aún del todo claro es qué magnitud tendrá y en qué condiciones se podrán beneficiar los pacientes para los que esta sustancia puede estar indicada.

 Por la experiencia de otros países con larga tradición en su uso terapéutico, como Israel o Canadá, se calcula que en España podrían beneficiarse de su regulación más de 200.000 personas; sobre todo, para paliar dolores crónicos, el uso mayoritario, pero no legalizado todavía.

El Congreso de los Diputados está ultimando un informe para pedir al Ministerio de Sanidad que autorice la comercialización de derivados de la planta; y el Gobierno se comprometió a seguir sus recomendaciones. España se sumaría así a una cuarentena de países (diez en la Unión Europea) donde esto ya sucede. EL PAÍS ha hablado con algunos de los mayores expertos en la materia, consumidores y sociedades médicas sobre los pros y contras de esta nueva regulación.

Está muy equivocado quien piense que la comercialización del cannabis con fines terapéuticos se traducirá en que el médico puede firmar una receta que permita a alguien comprar marihuana para fumarse un porro. También quien imagine que podrá recurrir a esta sustancia para cualquier dolor. Su uso quedará muy tasado, incluso excesivamente, en opinión de los defensores de su utilización médica.

El borrador del informe solo contempla que se dispense en farmacia hospitalaria, ya sea con fórmulas magistrales o, preferentemente, medicamentos industriales que ya existen, pero que no están aprobados en España. De ahí, parece descartada la autorización a la inhalación de la flor, aunque es algo que no queda del todo claro. Es un método que vaporiza la sustancia a una temperatura menor que la combustión (lo que sería fumar, que está completamente descartado) y puede proporcionar un alivio casi inmediato del dolor, lo que se conoce como una dosis de rescate.

¿A quién puede ayudar el cannabis medicinal? Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Complutense de Madrid, y una de las voces autorizadas en la materia en España, aclara que no es un producto milagroso. “Es un medicamento con sus ventajas, que puede mejorar la calidad de vida para personas a las que no les funcionan otros, pero también con sus posibles efectos secundarios”, matiza.

Los estudios con cannabis tienen ciertas limitaciones, por no ser una sustancia legal y porque, al no ser patentable, las farmacéuticas no suelen estar interesadas en hacer grandes ensayos clínicos. Hasta ahora, existe evidencia “rigurosa”, en palabras de Guzmán, para cinco indicaciones: inhibición de náuseas y vómitos en pacientes de cáncer; aumento de apetito y atenuación de pérdida de peso, sobre todo para enfermos de cáncer y sida; inhibición de dolor, especialmente crónico, ya sea neuropático, de tipo oncológico, migrañas o posoperatorios; inhibición de rigidez muscular, lo que puede tener utilidad en esclerosis, y acción inhibidora de convulsiones en epilepsias refractarias a otros tratamientos.

La nueva norma no permitiría que estos pacientes acudieran al cannabis como primera opción. Guzmán cree que a priori pueden ser un tratamiento de segunda línea, una vez que han fallado los más convencionales. La Sociedad Española del Dolor (SED) lo contempla para una tercera, al mismo nivel de los opioides, a los que se recurre cuando han fallado analgésicos menos potentes o incluso antidepresivos, en algunas dolencias.

El borrador del informe, además, restringe a tres los supuestos de uso: “Las indicaciones para las que parecen existir indicios más sólidos de utilidad del uso del cannabis o sus productos son limitadas. En el momento actual parecen concentrarse en la espasticidad en pacientes con esclerosis múltiple, algunas formas de epilepsia, y el dolor crónico no oncológico (incluido el dolor neuropático)”. Esto dejaría fuera a los pacientes con cáncer, tanto para tratar el dolor como para mejorar el apetito, un error, al parecer de Guzmán, quien considera que podrían ser uno de los grandes grupos beneficiados y que sí pueden ser tratados con cannabis en otros países donde está regulado su uso, como Canadá o Alemania.

 Tanto para la esclerosis como para la epilepsia ya hay dos medicamentos derivados del cannabis en el mercado español. La principal novedad y el público diana más numeroso serán los pacientes que sufren dolor crónico, que se calcula que afecta a ocho millones de personas. De ellas, casi 1,5 millones no tienen un tratamiento que les alivie, lo que les convertiría en potenciales beneficiarios, según explica Jesús de Santiago, coordinador del Grupo de Trabajo de Cannabinoides de la SED. Pero los requisitos para acceder a estos medicamentos, que tienen que estudiarse en cada paciente, lo reducen a un porcentaje menor de la población. En Israel y Canadá lo usan entre un 0,6% y un 0,7% de sus habitantes, lo que llevado a España se quedaría en más de 200.000 personas. En Alemania, que reguló el cannabis medicinal en 2017, lo consumen 128.000 personas al año, pero más de un millón tendrán acceso a estos fármacos en 2024, según la revista Forbes.

Sin embargo, la regulación española, por lo que se desprende del borrador, será algo más restrictiva que en estos países. Como están haciendo otros estados europeos, están explorando un universo que hasta ahora estaba vetado, y se hará poco a poco. “Se trata de un primer paso. Creemos que es bueno que se usen fármacos que puedan ser administrados como un medicamento cualquiera para facilitar su uso. Se debe permitir que el médico especialista pueda recetar una dosificación correcta, así que lo más aconsejable es prescribir fármacos comerciales con distintas concentraciones de CBD o THC (los dos principales principios activos del cannabis)”, expone De Santiago.

No en farmacias comunitarias

Uno de los puntos del borrador que suscita más rechazo entre pacientes y expertos es que el cannabis solo se pueda dispensar en farmacia hospitalaria. “El paciente ya va a tener que cumplir un montón de requisitos de no contraindicaciones y licencias. Una vez que se le autoriza, ¿le vas a poner más trabas?”, se pregunta De Santiago. La norma será una “burocratización” del uso, en palabras de Rafael Maldonado, catedrático de Farmacología de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y experto en cannabis medicinal.

Maldonado es partidario de una regulación más amplia: “Ya tenemos medicamentos para dos de los supuestos que contempla el borrador, para eso no hace falta una comisión del Congreso. La idea es que más pacientes a los que no les vale nada tengan una oportunidad. Es cierto que la evidencia del cannabis tiene limitaciones. Pero no se puede tratar como cualquier fármaco porque ninguna farmacéutica va a hacer ensayos clínicos. Estaríamos cerrando la puerta a una opción que puede ser muy buena y cuyo perfil de seguridad sí conocemos bien”.

Coincide en este punto de vista Carola Pérez, presidenta del Observatorio Español del Cannabis Medicinal, que aúna investigadores y asociaciones de pacientes. “Por lo que sabemos del borrador, deja a muchos potenciales beneficiarios fuera. Cuanto más restrictivo sea el modelo, más gente volverá al mercado negro”, señala.

La Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria dice estar preparada para formular estos nuevos compuestos, pese a que se trata de sustancias con las que los profesionales no vienen trabajando hasta ahora. “Si no es un número muy elevado de pacientes, es asumible hacer formulaciones como ya hacemos con la metadona”, asegura Olga Delgado, su presidenta.

La otra gran polémica sobre el cannabis son sus contraindicaciones. Uno de los comparecientes en la subcomisión del Congreso fue Néstor Szerman, presidente Fundador de la Sociedad Española de Patología Dual, centrada en las patologías mentales y las adicciones. Desde su punto de vista, el debate del cannabis medicinal (también el recreativo) es muy complicado. Cree que está muy polarizado: “Quienes están a favor suelen exagerar sus beneficios y los que están en contra, sus peligros. También hay una ideologización. Parece que estar a favor del cannabis medicinal es de izquierdas y en contra, de derechas, algo que es completamente absurdo”.

Porque el cannabis, que puede mejorar las vidas de ciertos pacientes, también tiene sus efectos secundarios. “El THC es una de las sustancias con mayor capacidad para producir patologías psicóticas. Tenemos claro también que el cannabis no es ni necesario ni suficiente para tener psicosis, pero en personas vulnerables aumenta el riesgo”, apunta Szerman. (...)

Szerman cree, sin embargo, que los profesionales se van a tener que adaptar a esta nueva realidad: “Es una demanda social que se está instaurando en cada vez más países. Hay que enfrentarse a esa realidad. Los profesionales de salud mental debemos estar preparados para lo que la sociedad demanda. También podríamos pedir que se prohíban sustancias como el alcohol, que genera grandes problemas, pero no lo hacemos: nos enfrentamos a ello”. Y el cannabis terapéutico es, desde su punto de vista, solo un primer paso, al que seguirá más tarde o más temprano el uso recreativo de esta sustancia. Ese será otro debate."            (Pablo Linde , El País, 07/06/22)

7.6.22

La salud mental está en crisis y las psicoterapias asistidas con psicodélicos podrían ser una solución... La humanidad lleva milenios usando psicodélicos. Nos parece algo nuevo porque en Occidente los abandonamos. Ahora lo estamos retomando adaptándolos a nuestros modelos de salud mental... El hachís y la marihuana pueden tener algunos efectos parecidos... El cannabis es de administración habitual durante el tratamiento, como un antidepresivo o un ansiolítico, e incluso podría llegar a venderse en farmacias

 "Antón Gómez-Escolar (Madrid, 33 años) es máster en Psicofarmacología y Drogas de Abuso, consultor científico y asesor especializado en psicodélicos, nootrópicos y otras sustancias psicoactivas. (...)

P. ¿Y qué son los psicodélicos?

R. Sustancias como la psilocibina, LSD, MDMA o ketamina, capaces de manifestar procesos mentales subconscientes y relajar algunos patrones mentales aprendidos, facilitando su cambio. Y esto es tremendamente útil cuando se está trabajando en conocer y tratar un trastorno mental.

P. ¿Manifiestan la mente o son alucinaciones?

R. Las alucinaciones son una forma más de manifestación de la mente y pueden ser parte del proceso. Los viajes introspectivos o interiores son alucinaciones útiles en terapia.

P. Defina “renacimiento psicodélico”.

R. Es el proceso en el que estamos inmersos desde finales del siglo XX, en el que un número creciente de investigadores en salud mental y neurociencias están sumergiéndose en el estudio de los psicodélicos para aplicarlos en salud mental. Es un renacimiento, porque en los años cincuenta y sesenta ya pasó.

P. ¿Qué despertó el renacimiento precisamente entonces?

R. Entre otras cosas, que llevamos muchos años sin fármacos nuevos para los trastornos mentales, los que tenemos no resultan del todo efectivos en muchas ocasiones y las enfermedades de salud mental están alcanzando dimensiones pandémicas. La salud mental está en crisis y las psicoterapias asistidas con psicodélicos podrían ser una solución.

 

P. ¿Están creciendo o somos más conscientes de ellas?

R. Diría que ambas. Cada vez las vemos más, pero también se extienden más porque la vida moderna nos expone a factores de riesgo, sobre todo durante la pandemia de covid-19.

P. ¿Entonces el objetivo de este renacimiento es encontrar fármacos?

R. Es algo diferente. Es como un catalizador que busca inducir una experiencia psicodélica transformadora de resultados terapéuticos muy duraderos, no tapar los síntomas, y por ello se deben administrar a personas preparadas y en un contexto determinado, siempre bajo supervisión profesional. Lo importante de la psicoterapia asistida con psicodélicos es que es un pack indivisible que incluye ambas cosas.

P. ¿Con “persona preparada” quiere decir gurú?

R. A día de hoy en Occidente lo llamamos terapeuta. No interviene tanto durante la experiencia, sino en la preparación previa e integración posterior, pero mientras acompaña y apoya.

P. ¿Esto no es lo que hacían los hippies en los sesenta?

R. Protocolizado y en un contexto muy diferente. La humanidad lleva milenios usando psicodélicos. Nos parece algo nuevo porque en Occidente los abandonamos. Ahora lo estamos retomando adaptándolos a nuestros modelos de salud mental.

 P. Hasta ahora el pionero en ilegalizar era Estados Unidos, pero da la impresión de que en este momento la legislación en EE UU y Canadá es más progresista que la europea.

R. Fueron pioneros en la ilegalización, pero ahora que han visto que pueden ser una respuesta a la crisis, se han lanzado a investigar para aprovecharlo.

P. En los sesenta la investigación era igual de prometedora y las ilegalizaron.

R. Entonces una serie de movimientos contraculturales contrarios al status quo tomaron los psicodélicos como una herramienta y seña de identidad y se convirtieron en un chivo expiatorio. Tampoco se conocían estas sustancias tan bien como ahora.

P. Se les atribuía una capacidad revolucionaria. ¿Eso se ha perdido?

R. Están apareciendo muchas empresas que están adaptando el uso de los psicodélicos al modelo capitalista. Es un proceso inevitable. De los psicodélicos para romper con el sistema en los sesenta a las “microdosis” para aumentar la productividad en Silicon Valley ahora. Pero estas sustancias tienen algo intrínseco que las hace revolucionarias. Deconstruyen muchas cosas y eso no se puede quitar de los psicodélicos.

P. ¿Y qué pasa en Europa?

R. Europa y, concretamente, España han sido pioneros en esta investigación, pero, como suele pasar, en EEUU apoyaron más el desarrollo y ahora todo apunta a que la FDA aprobará primero estos tratamientos, y luego ya lo hará aquí la Agencia Europea del Medicamento.

P. ¿El hachís y la marihuana son un psicodélico?

R. Pueden tener algunos efectos parecidos. Pero con los psicodélicos hablamos de una o dos administraciones puntuales en un entorno clínico controlado y que tienen efectos durante meses o incluso años, pero el paciente nunca se lo llevaría a casa. El cannabis es de administración habitual durante el tratamiento, como un antidepresivo o un ansiolítico, e incluso podría llegar a venderse en farmacias.

 P. ¿Tan efectivas son?

R. En muchos casos, sí. Son sustancias que han recibido la calificación de “terapia innovadora” por la FDA (agencia de alimentos y medicamentos) estadounidense. Una calificación solo para sustancias con un grandísimo potencial, que están funcionando muy bien, son seguras y que tratan un trastorno que está muy extendido y para el que no hay un tratamiento muy efectivo. Es el caso de la depresión, la ansiedad, las adicciones o el estrés postraumático.

P. ¿40 años clasificadas como inútiles y ahora resulta que son todo lo contrario?

R. Cuando se produce una innovación, al principio hay expectativas infladas, pero luego se ve que no es la panacea. Es lo que se llama un ciclo de sobreexpectación. Pero todo indica que estas sustancias, aun reduciendo su efectividad cuando se empiecen a usar en muchos pacientes, van a seguir siendo más eficaces que los tratamientos actuales.

P. ¿No ha habido aún ensayos a gran escala?

R. Es el momento en el que estamos entrando ahora.

P. ¿A quién se dirigirán los tratamientos?

R. En principio, sería un tratamiento de segunda línea, para pacientes que no hayan experimentado mejoras con los convencionales. Y no serían para cualquiera, porque tienen riesgos psicológicos y psiquiátricos que hay que conocer muy bien para prevenir.

P. Después de medio siglo tratando los psicodélicos como veneno ¿Está la sociedad preparada para esto?

R. Por eso hemos decidido sacar la colección. Queremos que la gente sepa que un psicodélico es una sustancia que se alimenta del contexto y que no es lo mismo un contexto terapéutico, que uno ritual o uno recreativo. Y que los efectos y riesgos son distintos. En uno de ocio la persona se enfrenta a más peligros, porque suele haber menos conocimiento, control y preparación. Las posturas en contra de la investigación clínica con psicodélicos cada vez se están quedando más huérfanas.

P. ¿Esto es un paso antes de una legalización total?

R. No creo. Ahora mismo el renacimiento psicodélico está enfocado en el uso clínico que es el más urgente para Occidente hoy: tener mejores herramientas para combatir y prevenir los problemas de salud mental. Se aboga por un uso terapéutico controlado para no cometer los errores de los años cincuenta y sesenta, que llevaron a la ilegalización y el tabú social.

P. ¿En cuántos años tendremos fármacos psicodélicos?

R. En EE UU todo apunta a que un psicodélico atípico como el MDMA podría estar autorizado en 2023. La Psilocibina, poco después. Canadá ya ha autorizado a determinados médicos a acceder a estas sustancias. En Europa llevamos pocos años de distancia con EE UU. Estamos hablando de que de aquí a cinco años podría haber algún psicodélico autorizado para uso médico. De hecho, ya hay uno que se usa, la ketamina.

P. Si hubiera que prohibir una droga por dañina, ¿sería el alcohol?

R. Las drogas más dañinas son aquellas sobre las que menos sabemos. La ignorancia es lo más peligroso ante cualquier sustancia, y en este sentido la prohibición y el tabú traen más problemas que beneficios. Estoy de acuerdo en que el alcohol o el tabaco son drogas sobre las que la población tiene una percepción de riesgo muy baja para lo tóxicas que son, y que son más peligrosas que algunas drogas ilegales, pero todo siempre depende de muchos factores de persona, contexto y sustancia. Por eso creo que deberíamos tener más información sobre todas las sustancias, legales e ilegales."            (Iñigo López Palacios , El País, 21/05/22)