"(...) 3. La España de Juan Roig
Durante la anterior crisis, Juan Roig
reunió a su equipo para trasladarle una idea clara acerca de cuáles
eran los riesgos del momento. Afirmó algo parecido a lo siguiente: a
nuestra empresa le va bien, pero vivimos en un ático; si el edificio
comienza a sufrir problemas y se deteriora, nosotros caeremos con él,
por lo que debemos poner de nuestra parte para cerrar las grietas.(...) El problema de las élites españolas era que
tenían otra perspectiva: creían que, como iban a cambiarse de edificio, no debían preocuparse por las reparaciones.
Es cierto que Roig es un empresario atípico, ya que tiene las manos mucho más libres
que los directivos de las empresas del Ibex. La estructura de propiedad
de su compañía le permite contar con todo el poder, con lo que la
presión de los accionistas es mínima o inexistente. Su firma, además,
está anclada en el territorio, por lo que esa huida al exterior tan
típica es difícilmente realizable, y depende de la venta de bienes, lo
que requiere de infraestructuras adecuadas y de una población con dinero
suficiente para gastar.
No se trata, pues, de la validez del modelo
Mercadona, de si su compañía hace bien o mal las cosas, sino de
constatar que la perspectiva de Roig, su capacidad de acción y sus
intereses son muy distintos de los de la gran mayoría de las élites
nacionales.
Entre otras cosas, porque entiende la necesidad de contextos robustos. Roig piensa en términos nacionales, no solo regionales. Es uno de los principales impulsores
del corredor mediterráneo como eje y arranque de una España diferente.
Con esa iniciativa, no se trata solo de establecer vínculos entre
Valencia y Cataluña, abiertos a Baleares y Aragón, sino de conectar
Algeciras con Girona y desde ahí proyectarse a Europa. Pero la idea va
más allá, porque trata de dar cuerpo a otro diseño de nuestro país, de
conseguir la coexistencia da la España radial con la circular, también
mediante la puesta en marcha de otras iniciativas, como el corredor
cantábrico.
En el pasado mes de diciembre, Ximo Puig visitó
el Circle de Economía catalán con una propuesta, la creación de una
mancomunidad de intereses entre la Comunidad Valenciana y Cataluña, a la
que nombró con una expresión llamativa, la "". Puig y Roig coinciden en
este objetivo, y se han entendido bien en muchos asuntos, más allá de
las divergencias políticas que puedan mantener.
La propuesta que lanzó
Puig en Barcelona, y con éxito entre el empresariado, según Enric Juliana,
fue dejar de lado las reivindicaciones territoriales y conformar una
comunidad de intereses que les permitiera multiplicar la actividad
económica de la zona. Era una idea doblemente útil, ya que permitía centrarse en el futuro económico y ofrecía un camino de salida del 'procés' para las élites catalanas. Y es una visión que podría verse favorecida por un peso fuerte de Illa en la política barcelonesa.
En un sentido, la propuesta de Puig (y de Roig y de los
empresarios valencianos) viene bien, más allá del pragmatismo político,
ya que subraya la necesidad de cambiar el rumbo económico de España. Que
la Comunidad Valenciana, el estereotipo del ladrillo y el pelotazo, se
dirija hacia un papel mayor en el terreno de la logística y la
tecnología tiene mucho de simbólico.
Es necesaria una
transformación que no pase por destruir lo existente, sino por potenciar
lo que hay, incluido el turismo, y por abrir nuevas áreas de actividad;
hace falta salir de la y . Este tipo de construcción periférica
permitiría a sus territorios encontrar nuevas oportunidades, así como
crear redes que activaran diferentes regiones y el conjunto de España.
Y, además, podría impulsar los en estos momentos, el logístico, el
tecnológico y el energético.
4. La partida de ajedrez
En el sentido político, también podría implicar un viraje
profundo, porque facilitaría, más que nuevas alianzas, un cambio de eje.
La experiencia de Ximo Puig en la Comunidad Valenciana y esa idea
circular de España podrían ser el punto de partida del afianzamiento del PSOE,
ya que podría ganar peso en Cataluña y entenderse con el empresariado
cansado del 'procés', y relanzaría a los socialistas andaluces con la
propuesta del corredor mediterráneo, a lo que sumaría su presencia
actual en Valencia.
Por así decir, el PSOE seguiría el camino opuesto a Unidas Podemos.
Iglesias, con su insistencia en asuntos identitarios, favorece el voto
de los partidos de las izquierdas independentistas en el Congreso
(Bildu, ERC, BNG), pero lleva su formación a perder cada vez más apoyo
en esos territorios; afianza el Gobierno y se desangra electoralmente al
mismo tiempo.
El PSOE, mediante la propuesta expresada por Puig, la de
conexión de intereses, estaría en disposición de ganar votos en
Cataluña, Andalucía y Valencia, y desde ahí, de entenderse con las
élites económicas de toda la periferia española (empezando por la
vasca), lo que le permitiría pactar en Madrid con partidos de diferente
orientación ideológica, al relegar lo identitario y colaborar desde los intereses. Y desde una perspectiva, no lo olvidemos, que entronca con los planes europeos para la recuperación y que apuesta por una reconversión de España.
Estamos en la época del coronavirus, y los problemas que España tiene
que afrontar son muy importantes, empezando por el fundamental, el
sanitario. La UE vivirá tiempos de cambio,
aunque no sabemos todavía en qué dirección y qué consecuencias tendrán
para España. La recuperación económica va a ser muy incierta y
complicada, y todo apunta a que tendrá lugar en términos muy desiguales.
Todos estos factores hacen difícil anticipar el futuro con precisión,
siquiera mínima, pero la partida de ajedrez política ya se está jugando.
Y, desde luego, la económica, entre las élites españolas y sus diferentes visiones de nuestro país,
y no solo para ver quiénes se llevan los fondos de recuperación. Lo que
está por concretarse es cómo terminarán afectándonos tales pugnas, y
hasta qué punto los caminos de salida irán en beneficio del común de los
españoles o si, como de costumbre, marcharán en la dirección de
ponernos las cosas todavía más difíciles." (Esteban Hernández, El Confidencial, 21/01/21)