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20.10.25

Cómo el FMI y Estados Unidos ayudaron a saquear y atrapar a Argentina con deuda... El apoyo a Milei debe entenderse como una continuación de los préstamos anteriores a los presidentes Macri (2015-2019) y Menem (1989-1999). El propósito es consolidar el neoliberalismo en Argentina y atraparlo con deuda en dólares, apoyado por las élites locales porque pueden saquear al estado argentino a través del proceso de trampa de deuda... El proceso de saqueo se centra en el tipo de cambio sobrevalorado que artificialmente hace que el peso sea más valioso. Eso significa que aquellos con exceso de pesos (es decir, la élite argentina) pueden beneficiarse de la sobrevaloración comprando dólares a un precio subsidiado. La factura la paga el estado argentino, que vende dólares que ha tomado prestados y se endeuda en dólares. Este proceso ha sido utilizado repetidamente por los gobiernos argentinos pro-empresariales y pro-estadounidenses del pasado. Explica cómo el préstamo anterior del FMI de $40 mil millones al presidente Macri en 2019 se evaporó sin dejar rastro... Argentina suspendió temporalmente el impuesto a la exportación de granos y soja, y hubo una inundación masiva de exportaciones de inmediato... Dado el debilitamiento de los controles de capital, esas ventas de exportación récord podrían luego convertirse en dólares, lo que representaría un doble golpe. Los exportadores agrícolas evitaron impuestos y compraron dólares subsidiados. El estado argentino perdió ingresos fiscales y se endeudó en dólares... para detener el saqueo adicional y la trampa de la deuda en dólares de Argentina, la oposición política debería declarar que las nuevas deudas con el FMI y Estados Unidos serán tratadas como odiosas y no se pagarán. Incluso si la declaración carece de fuerza legal inmediata, debería desalentar el préstamo adicional y deslegitimar aún más cualquier préstamo adicional que se lleve a cabo (Thomas Palley)

 "Argentina vuelve a estar en las noticias con una renovada agitación financiera impulsada por la mala situación política del presidente Milei. Ese mal estado es producto de la ira por el pésimo desempeño económico de Argentina y la masiva corrupción dentro de la administración de Milei, y augura un mal desempeño para su partido en las próximas elecciones de octubre de 2025.

En respuesta, el FMI y Estados Unidos han tomado medidas para salvar al gobierno de Milei. El FMI ya había proporcionado un rescate de 0 mil millones en abril de 2025. Ahora, el gobierno de los Estados Unidos ha proporcionado otros 0 mil millones (en forma de una línea de intercambio de divisas del banco central). Además, Estados Unidos ha expresado su disposición a proporcionar crédito adicional de respaldo e incluso a comprar deuda del gobierno argentino.

Los medios se han centrado en la larga y problemática historia financiera de Argentina, la difícil situación inflacionaria que el presidente Milei heredó y la afinidad política del presidente Trump con Milei. Sin embargo, eso no explica por qué el FMI y Estados Unidos han proporcionado una ayuda tan enorme a Argentina, dada su falta de solvencia crediticia.

El apoyo a Milei debe entenderse como una continuación de los préstamos anteriores a los presidentes Macri (2015-2019) y Menem (1989-1999). El propósito es consolidar el neoliberalismo en Argentina y atraparlo con deuda en dólares. Es apoyado por las élites locales porque son los beneficiarios del Neoliberalismo, y también pueden saquear al estado argentino a través del proceso de trampa de deuda.

1. La complicada verdad en Argentina

Llegar a la verdad en Argentina es como "pelar una cebolla." Primero hay que descubrir la verdadera situación económica, que es fundamentalmente diferente de la descrita por los medios de comunicación convencionales. A continuación, se debe introducir la política y sacar a la luz las verdaderas agendas que impulsan los eventos. Luego, se debe explicar cómo funcionan esos eventos y sus consecuencias.

Una vez pelada la cebolla, la imagen que emerge es que la asistencia financiera del FMI y de EE. UU. es una interferencia electoral destinada a salvar al presidente Milei y su programa neoliberal extremo; disminuir la influencia económica de China; y poner a Argentina en una situación financiera comprometida mediante la trampa de la deuda en dólares. Además, la asistencia permite el saqueo tácito del estado argentino por parte de las élites argentinas y las multinacionales estadounidenses. Ese es un panorama muy diferente al presentado por los medios de comunicación y los economistas convencionales.

2. El mito de un milagro económico de Milei

El punto de partida es el desempeño económico de Argentina, que ha sido descrito efusivamente por los medios de comunicación convencionales como un "milagro económico." Por ejemplo, The New York Times declara que Milei estaba "al borde de lograr un milagro económico" antes de la reciente agitación financiera. Ese encuadre es crítico porque distorsiona la percepción pública, otorgando legitimidad económica a los préstamos del FMI y de Estados Unidos.

La verdad es que no ha habido ningún milagro. Las políticas de Milei han sido una catástrofe tanto para los argentinos comunes como para el futuro de Argentina. Esa realidad explica la impopularidad política de Milei, que ha desencadenado temores en los mercados financieros.

Milei asumió el cargo en diciembre de 2023, y Argentina ha estado en una profunda recesión desde entonces. La recesión ha sido causada por una austeridad fiscal extrema que recortó los servicios públicos y la inversión; un tipo de cambio enormemente sobrevaluado que debilitó la balanza comercial; y la desregulación que aumentó las ganancias a expensas de los salarios.

La recesión es visible en el colapso de la producción industrial y el crecimiento del PIB. La producción industrial sigue baja, pero finalmente ha regresado algo de crecimiento del PIB (como siempre iba a suceder porque las economías no se contraen para siempre). Sin embargo, la recuperación ha sido débil y la economía se ha contraído.

Además, la situación es aún peor porque el PIB no captura la miseria, el hambre y la inseguridad. La inseguridad alimentaria y el hambre inicialmente aumentaron, con el escorbuto incrementándose entre los pobres. La tasa oficial de pobreza ha vuelto a bajar, pero subestima la situación al no reconocer los precios masivos de agua, gas y electricidad. Las pensiones de los jubilados han sido diezmadas, los precios de los medicamentos recetados han aumentado enormemente, y el gobierno de Milei también ha reprimido brutalmente las protestas de los jubilados.

No solo las políticas de Milei han causado una recesión económica, sino que también han saboteado el futuro de Argentina. El colapso de la inversión pública y privada significa un menor stock de capital. El recorte del gasto en educación y salud significa una población menos educada y más enferma. Y el recorte de apoyo a las universidades y las artes es un ataque a las industrias de alto valor del futuro (como la tecnología de la información, las ciencias médicas y la producción cinematográfica), y ha contribuido a una mayor fuga de cerebros de Argentina.

El endeudamiento externo de Milei también significa un aumento en los pagos de intereses futuros, lo que pesará sobre el presupuesto del gobierno, limitará las posibilidades de política económica y amenazará perpetuamente con una crisis financiera.

El único resultado económico positivo es la tasa de inflación, que ha disminuido significativamente, pero incluso aquí la historia es complicada. La inflación inicialmente aumentó significativamente bajo Milei. Aunque ha bajado, todavía se mantiene en un 35 por ciento anual. El gobierno anterior de Fernández perdió el control de la inflación, pero también heredó una tasa de inflación del 50 por ciento del gobierno anterior de Macri. Además, la inflación solo se aceleró en 2022 cuando comenzaron a sentirse las consecuencias de la pandemia de Covid. La tasa de inflación de Argentina se quintuplicó, como también ocurrió en otros países. Sin embargo, dada la alta inflación inicial de Argentina y su vulnerabilidad estructural a la inflación, el aumento absoluto fue mucho mayor.

En resumen, no ha habido ningún "milagro económico." El programa de Milei nunca pudo ni tuvo la intención de producir prosperidad compartida en Argentina. En cambio, es un programa ultra-neoliberal destinado a reducir la inflación mediante una profunda recesión y un tipo de cambio sobrevalorado; aumentar las ganancias a expensas de los salarios mediante la desregulación y el debilitamiento del trabajo; permitir que el capital explote los recursos naturales de Argentina; y utilizar la austeridad fiscal para desmantelar las instituciones sociales que promueven el bienestar y el progreso de la sociedad.

3. El FMI y EE. UU.: la política del saqueo y la trampa de la deuda

El carácter desastroso del programa económico de Milei plantea la pregunta de por qué el FMI y Estados Unidos se han apresurado a proporcionar un rescate. Eso introduce la política. Para Milei, un rescate es esencial para su futuro político. Las élites argentinas también apoyan, ya que son las beneficiarias del programa. ¿Pero qué pasa con el FMI y Estados Unidos?

3.a El FMI como una herramienta útil para EE.UU.

El FMI es el más fácil de entender. Está dominado por los Estados Unidos y ha sido durante mucho tiempo un bastión neoliberal, ayudando a difundir y hacer cumplir el neoliberalismo global durante los últimos cuarenta años. Eso hace que sea fácil apoyar a Milei, quien es tanto sumiso a los Estados Unidos como alineado con el neoliberalismo extremo.

El aspecto inusual del momento actual es la apertura de la complicidad del FMI, que lo lleva a violar sus propios protocolos de maneras que lo ponen en peligro legal en el futuro. Las huellas de la corrupción política están por todas partes en el préstamo de 20 mil millones de dólares del FMI.

Primero, a pesar de la significativa oposición al préstamo dentro del Consejo Ejecutivo del FMI por el hecho de que el préstamo no cumplía con los estándares de crédito, aún así fue impulsado por los Estados Unidos y sus aliados. Cuando se suman a los préstamos preexistentes, más del 40 por ciento del total de los préstamos del FMI será para Argentina, lo que potencialmente pone en riesgo la solvencia financiera del FMI.

En segundo lugar, el nuevo préstamo se otorgó sin las duras condiciones económicas que son una parte estándar de los paquetes de préstamos del FMI. Esa ausencia no se debe a que el FMI haya cambiado su disposición neoliberal. Es porque tal condicionalidad habría socavado la economía argentina, socavando así el propósito político del préstamo, que es ayudar a Milei a ganar las elecciones de octubre de 2025.

El propósito abiertamente político del préstamo del FMI es evidente en los comentarios de abril de 2025 de la Directora Gerente del FMI, Kristalina Georgieva, quien declaró públicamente en la reunión anual de primavera del FMI: "El país va a ir a elecciones en octubre y es muy importante que no descarrilen la voluntad de cambio." Hasta ahora, no vemos que el riesgo se materialice, pero instaría a Argentina: mantengan el rumbo. Sus declaraciones infringen los protocolos fundamentales del FMI que prohíben la interferencia política.

3.b Estados Unidos y la interferencia electoral en Argentina

La provisión de asistencia financiera por parte de EE. UU. no cumple con las pruebas económicas convencionales, y su propósito es político. El objetivo es salvar al gobierno de Milei, excluir a China y atrapar a Argentina con deuda en dólares.

Estados Unidos ha intervenido en favor de Milei porque es ideológicamente pro-estadounidense y pro-negocios estadounidenses, mientras que sus rivales son nacionalistas argentinos pragmáticos. Creen que los negocios (incluidas las multinacionales estadounidenses) deben rendir cuentas al estado argentino, y están dispuestos a tratar con China si es beneficioso para Argentina. Eso es anatema para Washington DC.

Para Estados Unidos, Milei es "nuestro tipo" que se alinea con Estados Unidos y trata favorablemente a las corporaciones multinacionales estadounidenses. Prestarle a Argentina es una interferencia electoral. La esperanza es que un préstamo masivo pueda evitar una crisis financiera hasta después de las elecciones legislativas de octubre, salvando así al gobierno de Milei.

Inicialmente, Estados Unidos pensó que podría llevar a Milei a la meta con préstamos del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sin embargo, eso ha resultado insuficiente, lo que ha obligado al Tesoro de EE. UU. a intervenir directamente.

A modo de paréntesis, este proceso de préstamos del FMI (y del Banco Mundial y del BID) con fines de interferencia electoral no es nuevo. Las mismas tácticas se utilizaron en 2019 para apoyar al presidente Macri, quien era el candidato favorito de Estados Unidos en ese momento. El FMI prestó $40 mil millones al gobierno de Macri, que fue el préstamo más grande en la historia del FMI. Macri perdió las elecciones, los 40 mil millones de dólares se evaporaron, y la siguiente administración se vio cargada con la carga resultante.

El animus anti-chino que motiva la política de EE. UU. es evidente en la condición de que la asistencia de EE. UU. está condicionada a que Argentina reemplace su acuerdo de intercambio de divisas existente con China por un acuerdo respaldado por EE. UU. El acuerdo de intercambio entre China y Argentina se estableció en 2009. Está arraigado en la lógica comercial, ya que los países tienen un comercio masivo y mutuamente beneficioso que involucra productos manufacturados y productos agrícolas argentinos. Estados Unidos quiere sabotear esa relación ya que protege a Argentina de Estados Unidos, reduciendo así el poder de Estados Unidos.

Por último, hay sugerencias de tratos privados inapropiados por parte del Secretario del Tesoro de EE. UU., Bessent. Se informa que Bessent impulsó tanto el préstamo del FMI de abril como la propuesta de rescate de EE. UU. de septiembre para su socio comercial de Wall Street, Robert Citrone, y otros fondos de Wall Street que habían apostado especulativamente en bonos argentinos. Esas apuestas se habían desplomado con las crecientes dificultades políticas de Milei. El rescate de Bessent impulsó un repunte en el precio de los bonos argentinos que ha salvado y beneficiado a Wall Street.

4. La mecánica del saqueo y la trampa de la deuda en Argentina

La parte obvia de estos tratos es la interferencia electoral y la trampa de la deuda en dólares. La parte menos obvia son las mecánicas del saqueo.

El proceso de saqueo se centra en el tipo de cambio sobrevalorado que artificialmente hace que el peso sea más valioso. Eso significa que aquellos con exceso de pesos (es decir, la élite argentina) pueden beneficiarse de la sobrevaloración comprando dólares a un precio subsidiado. La factura la paga el estado argentino, que vende dólares que ha tomado prestados y se endeuda en dólares. Este proceso ha sido utilizado repetidamente por los gobiernos argentinos pro-empresariales y pro-estadounidenses del pasado. Explica cómo el préstamo anterior del FMI de $40 mil millones al presidente Macri en 2019 se evaporó sin dejar rastro.

El proceso estuvo en exhibición tras el nuevo préstamo del FMI. Argentina suspendió inmediatamente la mayoría de sus controles de capital, permitiendo a las empresas y a los individuos adinerados comprar dólares subsidiados.

El proceso también se mostró tras la declaración de apoyo de Estados Unidos. Argentina suspendió temporalmente el impuesto a la exportación de granos y soja, y hubo una inundación masiva de exportaciones de inmediato. Esas exportaciones salieron libres de impuestos, beneficiando a los grandes exportadores agrícolas que apoyan a Milei. El estado argentino perdió una gran cantidad de ingresos por impuestos a la exportación, que son centrales para las finanzas públicas de Argentina. Dado el debilitamiento de los controles de capital, esas ventas de exportación récord podrían luego convertirse en dólares, lo que representaría un doble golpe. Los exportadores agrícolas evitaron impuestos y compraron dólares subsidiados. El estado argentino perdió ingresos fiscales y se endeudó en dólares.

El dólar sobrevaluado también ha sido utilizado para saquear a la clase media de Argentina. Esas familias acumulan dólares como una forma de fondo para "días de lluvia". La recesión económica causada por las políticas de Milei los ha obligado a vender dólares para llegar a fin de mes. El tipo de cambio sobrevalorado significa que han recibido menos, y sus dólares han sido absorbidos por aquellos con exceso de pesos. De esta manera, ha contribuido a una mayor redistribución adversa de la riqueza en Argentina.

5. Los préstamos del FMI y de EE. UU. son "deuda odiosa"

La deuda odiosa, también conocida como deuda ilegítima, es una doctrina en el derecho internacional según la cual la deuda contraída ilegítimamente no necesita ser reembolsada. Por lo general, se ve a través del prisma del carácter del prestatario, pero el fraude también puede ser cometido por prestamistas y prestatarios que colaboran. De hecho, es más fácil cuando lo hacen.

Para asegurar el uso adecuado del crédito, los prestamistas tienen una responsabilidad y un deber legal de garantizar que los fondos se utilicen correctamente y que los prestatarios sean capaces de reembolsar. Los préstamos del FMI y de Estados Unidos no cumplen con esa prueba fundamental, convirtiéndolos en una deuda odiosa. Los préstamos se han hecho explícitamente con fines políticos en lugar de comerciales, y no cumplen con las pruebas adecuadas de solvencia.

Además, el préstamo del FMI de abril de 2025 eludió una ley argentina de 2021 que requería la aprobación del congreso para los préstamos del FMI. Esa ley se aprobó explícitamente para evitar una repetición del saqueo que ocurrió con el préstamo del FMI de $40 mil millones al presidente Macri en 2019. Sin embargo, Milei autorizó las negociaciones mediante un decreto ejecutivo que solo puede ser anulado por una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso. El FMI y Estados Unidos son conscientes de esa maniobra política, lo que los incrimina aún más.

En esta etapa, para detener el saqueo adicional y la trampa de la deuda en dólares de Argentina, la oposición política debería declarar que las nuevas deudas con el FMI y Estados Unidos serán tratadas como odiosas y no se pagarán. Incluso si la declaración carece de fuerza legal inmediata, debería desalentar el préstamo adicional y deslegitimar aún más cualquier préstamo adicional que se lleve a cabo.

6. Colonización por deuda: ¿quo vadis Argentina?

La historia de Milei es la historia de los presidentes Macri y Menem, solo que más cruel. Cada uno persiguió políticas neoliberales extremas basadas en un tipo de cambio sobrevaluado, endeudamiento externo, estrangulamiento de la clase trabajadora y privatización y desregulación.

Cada uno fue presentado como un "milagro económico", pero nunca fue así. Cada vez se pintaba al estado argentino como el problema fundamental, y cada vez el estado era saqueado y atrapado aún más con deuda en dólares, mientras su riqueza se transfería a las élites económicas. Y cada vez, el FMI y Estados Unidos fueron los principales facilitadores.

Los presidentes Milei, Macri y Menem son parte de una historia común. Esa historia es el saqueo neoliberal y la trampa de la deuda de Argentina. La interferencia del FMI y de las elecciones de EE. UU. podría asegurar la victoria de Milei. Si eso sucede, Argentina se convertirá en una colonia de deuda de EE. UU. También se volverá aún más desigual con el neoliberalismo extremo arraigado. Los medios de comunicación convencionales y los economistas lo describirán como un milagro, pero será una miseria para quienes vivan el milagro." 

(Thomas Palley, economista postkeynesiano, blog, 13/10/25, traducción Quillbot, enlaces en el original) 

3.6.25

Argentina, un año y medio después de Milei... la política comunicativa presidencial se caracteriza por el 'discurso del odio', y la política de la “crueldad” como dispositivo de gestión gubernamental, “no solo se despide a la gente de su trabajo, dejando a una familia sin ingreso, sino que además se burlan públicamente de ella”... En el plano económico, el reciente acuerdo con el FMI es la decisión más trascendental, implicará de nuevo un gran endeudamiento acompañado de recortes drásticos... y activará el tradicional mecanismo de acumulación de capital que utiliza la oligarquía argentina para recibir dólares, apropiárselos y luego practicar la fuga de capitales... La salvaje reducción del gasto público ha ido acompañado de la desinversión estatal en obra pública, ciencia, etc. A su vez, los despidos masivos de personal estatal han sido draconianos. Hasta el momento alrededor de 35.000 personas se han quedado sin trabajo... con la semi-demolición de la estructura ministerial, suprimiendo más de la mitad de los ministerios (11 de 20)... La medida “exitosa” por excelencia ha sido la bajada de la inflación, a costa de una reducción salarial brutal... Los impactos de todo esto son ya evidentes en las condiciones de vida de algunos sectores sociales: pérdida de poder adquisitivo de la masa asalariada, siendo especialmente sangrante entre las y los jubilados; incremento exponencial de personas durmiendo en la calle… Hay otros impactos que ahora no se perciben, pero que se sentirán a medio plazo y serán devastadores, como el deterioro de la red viaria o del sistema científico del país (Luismi Uharte)

 "Ha pasado menos de año y medio desde que Javier Milei ganara las elecciones presidenciales en Argentina, a finales de 2023, supuestamente contra todo pronóstico, derrotando al candidato peronista, Sergio Massa, y después de haber dejado en la primera vuelta fuera de la contienda a la candidata de la derecha tradicional, Patricia Bullrich. Es tiempo suficiente para evaluar lo ocurrido hasta ahora: identificar las claves de su victoria, las principales medidas de gobierno, el sustancial apoyo que tiene y las perspectivas a medio plazo. En este primer artículo, vamos a abordar dos temas: las claves de su victoria y un balance de su proyecto de gobierno.

Claves de la victoria

Para entender la victoria de Milei, hay que subrayar que un conjunto de factores, algunos coyunturales y otros de carácter más estructural, configuraron una especie de tormenta perfecta que posibilitó el triunfo de un candidato prácticamente desconocido, que lideraba un partido nuevo, ajeno al sistema de partidos tradicionales y que traía bajo el brazo un programa ultra, que a priori parecía marginal en la centralidad política del país.

Entre los factores coyunturales destacan especialmente dos: la alta inflación y los efectos de la pandemia. Ambos configuraron una bomba de relojería en un contexto de gran malestar social tras los dos últimos Gobiernos: el de Macri (derecha convencional) y el Alberto Fernández (progresista-peronista). La profunda decepción que provocó en el campo progresista el mandato de Fernández, como indican diversas personas entrevistadas, abrió la puerta para el desembarco del partido de Milei, La Libertad Avanza.

La alta y creciente inflación que la ciudadanía venía sufriendo desde hacía más de una década —dos últimos años de Cristina F. Kirchner, y los mandatos de Macri y Fernández—, fue un factor trascendental. Los impactos en la cotidianidad, especialmente de las clases populares, fueron devastadores y múltiples, ya que no solo implicaron deterioro de las condiciones de vida materiales, sino que provocaron afectaciones de orden sociológico —ruptura de la sociabilidad— y emocional —incertidumbre, angustia, rabia—. El recuerdo de la pesadilla hiperinflacionaria de los años 80 también planeaba en la memoria histórica. Por eso, con tal de frenarla, “la gente está dispuesta a cualquier cosa”, como subraya el politólogo Sergio Morresi. La “astucia” del peronismo de presentar como candidato presidencial al que había sido el último ministro de Economía, Sergio Massa, considerado por amplios sectores sociales como el “símbolo” del fracaso de la lucha contra la inflación, fue el broche.

La pandemia fue otro factor de gran impacto, ya que la larga cuarentena impidió salir a “laburar” a un alto porcentaje de la clase trabajadora que vive del trabajo informal y que no recibió un salario como sí lo hizo la franja de trabajadores formales. Aunque recibieron un subsidio, este fue sentido como muy precario. De facto, como señala Gonzalo Armúa, dirigente del Frente Patria Grande, “se pedía a la gente que no se moviera de sus casas, pero era irreal, porque necesitaban salir para conseguir lo básico. Esto genero mucho enfado”.

Factores estructurales

La crisis de la clase política es un factor de orden estructural de gran relevancia, que no era nuevo, ya que tenía sus orígenes en el Argentinazo de 2001, con aquel lema inolvidable “¡Que se vayan Todos!”. Una consigna capitalizada por la izquierda en aquel momento, que ahora se revolvía contra esta, abriendo la puerta a la extrema derecha. Con un hábil manejo discursivo, Milei —profesor, economista, tertuliano— prometía ir contra la “casta”, en un contexto en el que la sociedad concebía a la clase política como corrupta, privilegiada e incapaz. Milei supo proyectarse como el símbolo del cambio frente a un orden cada vez más deslegitimado.

Otro factor estructural es el avance silencioso de la derecha en los últimos años. Diversas investigaciones, según Morresi, apuntan a cambios sociológicos, sobre todo entre la juventud en zonas rurales del interior del país. Los resultados de las citadas investigaciones muestran reclamos de fuerte carácter conservador: contra lo público, anti-feminista, de mano dura, etc. Si a todo esto, sumamos un contexto internacional de auge de las extremas derechas, la síntesis era que había caldo de cultivo para que ganara una candidatura como la de Milei.

La nueva derecha argentina, motosierra en mano, en poco más de un año ha llevado a cabo un programa de gobierno que debe ser analizado en varios planos: ¿el qué?, ¿el cómo?, ¿hacia dónde?

¿Qué ha hecho?

Las medidas aplicadas por Milei desde el inicio de su Gobierno han sido cuantiosas y contundentes. El punto de partida fue el Decreto de Necesidad de Urgencia (DNU), aprobado apenas diez días después de asumir su mandato, el 20 de diciembre de 2023, que otorgaba al presidente facultades especiales para legislar por encima del Congreso durante dos años. Dicho decreto, proponía en sus 336 artículos, un cambio radical del modelo económico y del papel del Estado.

La medida “exitosa” por excelencia ha sido la bajada de la inflación, a costa de una reducción salarial brutal. Los principales afectados han sido los que dependen de un salario, sobre todo empleados públicos, un sector social que, en gran medida, según Daniel Feierstein, sociólogo de la Universidad de Buenos Aires, no era la base de Milei, además de ser un componente de la clase trabajadora en retroceso porcentual por el incremento constante del trabajo informal.

La salvaje reducción del gasto público es uno de los ejes centrales del programa gubernamental. Reivindicando el vieja dogma ultraliberal de la austeridad fiscal, el recorte masivo de programas sociales ha ido acompañado de la desinversión estatal en obra pública, ciencia, etc. A su vez, los despidos masivos de personal estatal han sido draconianos. Hasta el momento alrededor de 35.000 personas se han quedado sin trabajo. Paralelamente, la creación del Ministerio de ‘Desregulación del Estado’, ha traído la semi-demolición de la estructura ministerial, suprimiendo más de la mitad de los ministerios (11 de 20). Esto ha venido acompañado de una política anti-sindical, como denuncian delegados del sindicato estatal ATE entrevistados. La persecución de representantes sindicales está siendo combinada con amenazas de despido a quien pretenda afiliarse, subrayan desde ATE.

En el plano económico, el reciente acuerdo con el FMI es la decisión más trascendental por dos razones. En primera instancia, porque implicará de nuevo un gran endeudamiento acompañado de recortes drásticos. En segundo lugar, porque activa el tradicional mecanismo de acumulación de capital que utiliza la oligarquía argentina para recibir dólares, apropiárselos y luego practicar la fuga de capitales.

El ataque a las políticas de memoria y reparación de la dictadura es otro frente abierto por Milei. Rompiendo el consenso de cuatro décadas, no sólo puso en cuestión el genocidio, sino que está intentando ahogar a los centros de memoria, reduciendo al mínimo su personal, como recuerda la historiadora Paula Klachko. En nuestra visita al icónico Museo de la Memoria ESMA, situado en la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada, así nos lo transmitió su personal.

Los impactos de todo esto son ya evidentes en las condiciones de vida de algunos sectores sociales: pérdida de poder adquisitivo de la masa asalariada, siendo especialmente sangrante entre las y los jubilados; incremento exponencial de personas durmiendo en la calle… Hay otros impactos que ahora no se perciben, pero que se sentirán a medio plazo y serán devastadores, según Feierstein, como el deterioro de la red viaria o del sistema científico del país.

¿Cómo lo está haciendo?

Las innumerables medidas aplicadas por Milei desde el inicio de su Gobierno han operado bajo la lógica de la “doctrina del shock” (Naomi Klein), por su profundidad y su velocidad, buscando noquear al campo popular y progresista. Esto viene aceitado con un incremento de la represión bajo el paraguas del ‘Protocolo Bullrich’, instrumento legal para reprimir con contundencia la protesta social. La violencia desproporcionada empleada semanalmente contra la movilización de jubilados/as es el ejemplo más paradigmático.

¿Neofascismo? Lo más novedoso y preocupante del modus operandi de Milei y su Gobierno es el salto cualitativo en cuanto al modo de relacionarse con el adversario político, lo cual ha abierto el debate sobre su posible carácter neofascista. Para el filósofo italo-argentino Rocco Carbone, Milei se diferencia de la derecha tradicional (del ‘macrismo’) porque no reconoce al antagonista político. Le suprime sus derechos, representando una experiencia política no democrática, lo cual plantea en su libro Fascismo psicotizante. Esto explica el discurso del odio hacia el diferente que caracteriza la política comunicativa presidencial y la política de la “crueldad” como dispositivo de gestión gubernamental. Como dice Gervasio Ramos, “no solo se despide a la gente de su trabajo, dejando a una familia sin ingreso, sino que además se burlan públicamente de ella”."         (Luismi Uharte  , El Salto, 25/05/25) 

13.5.25

Michael Roberts: La economía argentina bajo Milei... del anarcocapitalismo a la austeridad... con el préstamo del FM y otros prestamistas, el gobierno planea «liberar» el peso argentino de los controles y permitir que fluctúe libremente dentro de una banda móvil... de modo que los especuladores financieros y los inversores creerán que el peso era lo suficientemente fuerte como para ser totalmente convertible al dólar sin tener que ser devaluado... Eso no ha sido posible durante décadas, debido a las enormes deudas en dólares del gobierno y a la falta de reservas de divisas para respaldar el peso... Milei seguirá reduciendo el gasto público y subiendo los impuestos para obtener superávits en los próximos años, de forma similar al programa de austeridad fiscal que la «troika» de la UE impuso a Grecia hace diez años para pagar sus préstamos (que todavía está pagando)... Todos los préstamos anteriores del FMI terminaron siendo objeto de contrabando o invertidos en el extranjero o utilizados para la especulación financiera. Ni los gobiernos de derecha ni los peronistas hicieron nada para detener este robo especulativo del pueblo y los recursos argentinos... Solo hay dos sectores económicos importantes que han prosperado bajo el gobierno de Milei: el financiero y el minero. Estos sectores aportan pocos ingresos fiscales y emplean a relativamente pocos trabajadores (el 4 % del total). Por el contrario, los tres sectores principales que aún se encuentran en plena recesión son la construcción, la industria y el comercio, que representan casi la mitad (44,5 %) del mercado laboral... Argentina podría salir de su situación si se produjera un auge de los precios de las materias primas, como ocurrió a principios de la década de 2000... pero la subida del 10 % de los aranceles de Trump a todas las importaciones estadounidenses no hará más que agravar los problemas de exportación de Argentina (Michael Roberts)

 "El lunes, el FMI anunció que había acordado prestar al gobierno de Alberto Fernández otros 20 000 millones de dólares (además de las deudas existentes) para ayudar al gobierno a cumplir con sus obligaciones de deuda y restaurar sus reservas de divisas, que están cayendo rápidamente. El acuerdo de préstamo de dinero liberará inicialmente 12 000 millones de dólares, y otros 3000 millones de dólares llegarán más adelante en el año. El gobierno afirma que está previsto que reciba 28 000 millones de dólares solo en 2025, incluidos los 15 000 millones de dólares del FMI, 6000 millones de dólares de otros prestamistas multinacionales, 2000 millones de dólares de bancos globales y 5000 millones de dólares de la ampliación de un swap de divisas con China. Milei se jactó de que «lo que tendrán es una montaña de dólares», con el objetivo de duplicar las reservas brutas de divisas hasta los 50 000 millones de dólares.

Con estos fondos, el gobierno planea «liberar» el peso argentino de los controles y permitir que fluctúe libremente dentro de una banda móvil. El objetivo es ampliar la banda actual en un 1 % cada mes. El gobierno y el FMI afirman que esto logrará finalmente «un tipo de cambio totalmente flexible en el contexto de un sistema bimonetario, en el que coexisten el peso y el dólar estadounidense». En otras palabras, los especuladores financieros y los inversores creerán que el peso era lo suficientemente fuerte como para ser totalmente convertible al dólar sin tener que ser devaluado.

Eso no ha sido posible durante décadas, debido a las enormes deudas en dólares del gobierno y a la falta de reservas de divisas para respaldar el peso. Milei se ha fijado como objetivo el final de año para deshacer los controles de divisas, o antes si el FMI acelera los pagos. «Los controles de divisas dejarán de existir el 1 de enero (2026). Quizás antes», dijo. Como resultado de la noticia, el tipo de cambio oficial del peso «liberado» cayó alrededor de un 9 % hasta 1170 por dólar estadounidense, mientras que, en cambio, el tipo de cambio del mercado negro se fortaleció, cerrando casi la brecha entre los tipos de cambio oficiales e informales que se había ampliado considerablemente en los últimos años. A pesar de esto, el tipo de cambio del peso frente al dólar no mejora con respecto a cuando Milei llegó al poder a principios de 2024.

A pesar de las fanfarronadas de Milei, hasta que el FMI acudió al rescate, las reservas de divisas habían caído rápidamente, con unas reservas netas (es decir, después de las obligaciones y flujos de deuda) de 7000 millones de dólares negativos. Eso no está muy lejos del déficit que Milei heredó del anterior gobierno peronista.

Milei llegó al poder en 2024, con la imagen de ser un libertario del «libre mercado», un «anarcocapitalista». Iba a cerrar el banco central y dolarizar la economía, y a liberar el peso y la industria argentina a las fuerzas del mercado. Pero pronto toda esta charla anarcocapitalista se desvaneció y, en su lugar, Milei se vio obligado a adoptar el paquete económico neoliberal estándar para una economía emergente en dificultades de deuda y con hiperinflación; a saber, recortes despiadados en el gasto y los servicios públicos junto con incentivos a las grandes empresas y a los inversores extranjeros y, por supuesto, el respaldo de otro paquete del FMI. Milei aplicó una motosierra a los empleos del sector público y privado y, en solo unos meses bajo su mandato, Argentina se enfrentó a las mismas pérdidas de empleo que se produjeron durante los cuatro años del anterior presidente de derecha, Macri.

El FMI, bajo la dirección de Kristalina Georgieva, ha quedado debidamente impresionado, con muchas oportunidades para hacerse fotos con Milei y escribiendo que «el país parece más cerca de una apariencia de estabilidad macroeconómica que en ningún otro momento desde la década de 2000». Lo que le gusta al FMI es que Milei se ha comprometido a un presupuesto gubernamental de «cero neto». Tras haber «cortado en pedazos» los servicios públicos y despedido a miles de trabajadores del gobierno, al tiempo que aumentaba las contribuciones de los empleados a la seguridad social, el gobierno aspira a un superávit en el presupuesto gubernamental (antes de los pagos de intereses) y a un equilibrio general en 2025. Seguirá reduciendo el gasto público y subiendo los impuestos para obtener superávits en los próximos años, de forma similar al programa de austeridad fiscal que la «troika» de la UE impuso a Grecia hace diez años para pagar sus préstamos (que todavía está pagando), pero esta vez con el apoyo entusiasta del gobierno en funciones.

En 2018, el FMI aprobó un préstamo de 57 000 millones de dólares al entonces gobierno de derechas de Argentina, el mayor que ha concedido a un solo país, del que se desembolsaron casi 45 000 millones. La mayor parte de esta cantidad financió la fuga de capitales de unos 24 000 millones de dólares por parte de especuladores de carry trade, es decir, que utilizaron los fondos para comprar bonos extranjeros. El resto se utilizó para amortizar unos 21 000 millones de dólares en bonos soberanos impagables, deuda que finalmente tuvo que ser «reestructurada» en 2020.

Ahora el FMI está prestando aún más dinero, violando sus propias reglas de préstamo. Esto se debe a que, a diferencia de 2018, Argentina tiene ahora una ley que, aprobada casi por unanimidad por ambas cámaras del Congreso en 2021, exige la aprobación del Congreso para cualquier programa de financiación del FMI, con el objetivo de evitar que los futuros gobiernos pidan préstamos masivos en moneda extranjera sin la debida supervisión legislativa. Pero el gobierno de Milei ha eludido la ley emitiendo un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) —el equivalente argentino a las órdenes ejecutivas de emergencia de Trump— para evitar por completo la aprobación del Senado.

Y el FMI está encantado de seguirle la corriente. Esto se debe a que el FMI quiere que el gobierno de Milei sobreviva a las elecciones legislativas de mitad de mandato demostrando que la inflación ha bajado, la economía está en auge y el peso es estable. Como dice el FMI en su informe, esto será posible gracias a «la disciplina de gasto, las medidas de eficiencia y las reformas bien secuenciadas de los sistemas tributario, de reparto de ingresos y de pensiones» y «basándose en los impresionantes esfuerzos en curso para desregular la economía, el programa pretende profundizar las reformas estructurales para impulsar el crecimiento de Argentina, incluso a través de su vasto potencial en energía y minería. Los esfuerzos se centrarán en (i) fortalecer aún más la flexibilidad de los productos y del mercado laboral, y abrir gradualmente la economía; (ii) mejorar la eficiencia del Estado y su previsibilidad regulatoria; y (iii) mejorar la gobernanza y la transparencia, incluso alineando aún más los marcos anticorrupción y ALD/CFT con los estándares internacionales».

Es cierto que la inflación ha retrocedido desde niveles astronómicos. Esto se ha logrado mediante la reducción del gasto público y el mantenimiento del peso artificialmente por encima de su tipo real frente al dólar, lo que ha abaratado las importaciones. En efecto, la hiperinflación fue sustituida por una importante recesión.

La tasa de inflación ha caído del 300 % anual a alrededor del 50 % (aún alta). Pero eso ha significado un aumento de los salarios reales en el último semestre de 2024, lo que ha devuelto la media a finales de 2023. Sin embargo, durante todo 2024, los salarios reales medios siguieron cayendo un 12 % y los trabajadores del sector público sufrieron un golpe del 20 %, con un 30 % para los trabajadores informales sin derechos, etc. El aumento desde mediados de 2024 se debe enteramente a la mejora de los ingresos de los trabajadores informales del sector privado; los trabajadores asalariados del sector público siguen bajando un 20 %, los del sector privado un 5 %, y todos los trabajadores siguen estando peor que a principios de 2023.

Durante la recesión inducida por el Milei de 2024, la tasa oficial de pobreza alcanzó un récord del 51 %. Esa tasa oficial ha descendido ahora al 38 %, debido a una combinación de la caída de la inflación, el aumento relativo de los salarios informales y las prestaciones adicionales en el subsidio universal por hijo y la ayuda alimentaria para cubrir la inflación, dirigida principalmente a los niños y las madres pobres. Sin eso, el Banco Mundial calcula que la pobreza extrema podría haber sido un 20 % mayor. Aun así, la tasa de pobreza sigue siendo tan alta como cuando Milei llegó al poder.

Dos tercios de los niños argentinos menores de 14 años viven en la pobreza. La pobreza multidimensional (medida como ingresos más falta de acceso a factores clave de bienestar) aumentó interanualmente del 39,8 al 41,6 por ciento y, dentro de esa cifra, la pobreza estructural (tres carencias o más) aumentó del 22,4 al 23,9 por ciento. En resumen, entre el 25 y el 40 % de las familias argentinas se encuentran en una situación de pobreza extrema. Y ha habido un aumento adicional en la desigualdad. El 10 % de los que más ingresos perciben ahora ganan 23 veces más que el decil más pobre, en comparación con 19 veces hace un año. La caída de los ingresos alcanzó el 33,5 % interanual en términos reales entre el decil más pobre, pero solo el 20,2 % entre los más ricos. El índice de desigualdad de Gini ha alcanzado un máximo histórico de 0,47.

Pero a partir de aquí, Milei y el FMI están llenos de optimismo. Según el FMI, se espera que el crecimiento del PIB real se expanda alrededor de un 5,5 % este año y converja a alrededor del 3 % a medio plazo. Pero después de la caída de 2024, tal aumento del PIB real en 2025 solo devolvería el PIB per cápita al nivel de 2021, cuando la economía estaba saliendo de la pandemia. Y, de hecho, el índice del PIB per cápita seguiría estando muy por debajo de su máximo de 2011, unos 15 años después.

Se espera que la inflación caiga a alrededor del 18-23 % a finales de 2025 y alcance un dígito para 2027, siempre que haya «un estricto cumplimiento del ancla fiscal, junto con un régimen monetario/de divisas más robusto con mayor flexibilidad del tipo de cambio para hacer frente a las perturbaciones y reforzar la gestión de la demanda agregada». En otras palabras, austeridad indefinida.

Martin Guzmán, exministro de Economía del bloque peronista, dijo que el riesgo de un nuevo acuerdo con el FMI era que los fondos se utilizaran simplemente para «contrarrestar» la caída del peso, lo que a la larga conduciría a una mayor carga de la deuda. «El aspecto positivo de un nuevo acuerdo sería la refinanciación de la deuda con el FMI, que comienza a vencer en septiembre de 2026. El aspecto negativo es más deuda». Contrariamente a lo que afirma Milei, Guzmán considera que es «muy poco probable» que se levanten pronto los controles de divisas, ya que permitiría a las empresas globales huir de unos 9000 millones de dólares que se han quedado atascados en el país, presionando a la baja el tipo de cambio y a la alza la inflación.

La clave del éxito económico en Argentina, como en todas las economías, es un aumento de la productividad del trabajo mediante una mayor inversión en los sectores productivos de la economía. Todos los préstamos anteriores del FMI terminaron siendo objeto de contrabando o invertidos en el extranjero o utilizados para la especulación financiera. Ni los gobiernos de derecha ni los peronistas hicieron nada para detener este robo especulativo del pueblo y los recursos argentinos.

Solo hay dos sectores económicos importantes que han prosperado bajo el gobierno de Milei: el financiero y el minero. Estos sectores aportan pocos ingresos fiscales y emplean a relativamente pocos trabajadores (el 4 % del total). Por el contrario, los tres sectores principales que aún se encuentran en plena recesión son la construcción, la industria y el comercio, que representan casi la mitad (44,5 %) del mercado laboral. El mayor sector de exportación de Argentina y fuente de divisas son los productos agrícolas, y este sector está sufriendo una oleada de impagos de deudas.

Argentina podría salir de su situación si se produjera un auge de los precios de las materias primas, como ocurrió a principios de la década de 2000. Argentina es el mayor exportador mundial de aceite y harina de soja, el segundo exportador de maíz y el tercer mayor exportador de soja. Sin embargo, por ahora, los precios de la soja y el maíz no son muy boyantes. Argentina tiene la tercera reserva de litio más grande del mundo, lo que la convierte en un actor clave en la transición energética global. Sin embargo, los precios del litio se han desplomado recientemente. Argentina también tiene considerables reservas de gas de esquisto. El yacimiento petrolífero de Vaca Muerta es uno de los mayores recursos de hidrocarburos no convencionales del mundo, con unos 16 000 millones de barriles de petróleo y 308 billones de pies cúbicos de gas natural estimados y recién empezando a explotarse. Pero los precios del petróleo han caído. Y la subida del 10 % de los aranceles de Trump a todas las importaciones estadounidenses no hará más que agravar los problemas de exportación de Argentina."

(  , blog, 15/04/25, traducción DEEPL, gráficos en el original)

26.4.25

La Argentina de Milei: El mejor alumno del FMI con trabajos más precarios y peores pagos... En un año y medio de gestión, el gobierno de Javier Milei comenzó a implementar muchas de las reformas que el FMI elogia... El Gobierno ya hizo todo lo que podía hacer y más, pero con un efecto negativo en condiciones laborales y sin un efecto positivo sobre el crecimiento del empleo... Los datos de 2024 revelan que la flexibilización laboral no sirve para bajar la informalidad sino que por el contrario, puede incrementarla, empeorando la calidad del trabajo en todas sus formas. Posiblemente la figura del colaborador promovió esto último, por el que un “trabajador independiente” puede contratar hasta tres colaboradores que deberán hacerse cargo individualmente de sus aportes previsionales, a la obra social y a la ART y se eliminan las multas por incumplimiento en el registro de trabajadores contratados... ...

 "Vieron que ando buscando trabajo, no saben lo que me pasó”, empieza el video que en febrero pasado publicó la tiktoker Anahí Cejas. “Voy a una entrevista y me dicen que mi jornada laboral sería de lunes a lunes de 10 a 20.30, excepto los sábados, de 10 a 21.30. Es decir, 64 horas semanales. Les contesto que bajo el convenio de trabajo que rige en nuestro país el máximo de horas semanales es de 48. Y la chabona me dice sí pero tendrías otras flexibilidades, como media hora para almorzar y flexibilidad para pedir horas si necesitás hacer trámites. Me ofreció $750.000 y, con total impunidad, se atrevió a decir: Bueno, ¿empezás el lunes?”. [1]

Mientras el staff técnico del FMI evalúa positivamente lo realizado hasta ahora por el gobierno de Javier Milei en materia laboral, se viralizan cada vez más videos de TikTok de jóvenes volviendo frustrados de entrevistas de trabajo en las que les plantean exigencias laborales muy altas y salarios muy bajos.

A pesar del pedido formal del Fondo de “profundizar las flexibilizaciones en materia de empleo”,las medidas impulsadas por el Gobierno parecen haber llegado antes de tiempo, llevando a un escenario de empleos más precarios, peores pagos y un creciente pluriempleo en condiciones poco favorables.

Qué dice el Staff Report

“El staff celebra la implementación de la histórica legislación estructural (Ley Bases). Los esfuerzos deben continuar con la aplicación de más reformas orientadas a aumentar la flexibilización del mercado laboral”, consigna el informe que el staff técnico del FMI publicó acerca del Acuerdo con Argentina.

El documento presenta no solo las metas cuantitativas en materia de reservas, emisión monetaria y gasto público que el Gobierno debe cumplir para acceder a los desembolsos acordados. Les da un gran espacio a las reformas estructurales, cuya implementación recomienda, en algunos casos, con plazos como la impositiva –deberá ser presentada al staff a fines de 2025– o la previsional –para finales de diciembre de 2026–.

En materia laboral, el organismo es particularmente elogioso de las reformas impulsadas por el gobierno de Javier Milei. Menciona la implementación de “reformas orientadas a permitir mayor flexibilidad para negociar salarios y el régimen de despido a nivel sectorial”, o el fondo de cese laboral que aún no tuvo adhesión de ningún convenio colectivo de trabajo. “No es mensurable su impacto real, pero definitivamente da un mensaje claro de flexibilización”, comenta en diálogo con este diario el abogado laboralista e investigador Juan Manuel Ottaviano.

Pero el FMI también deja en claro su diagnóstico estructural: “El mercado laboral argentino sigue siendo altamente inflexible, con serios obstáculos a la formalización del empleo, entre ellos las elevadas cargas sociales, los costos de contratación y despido, y las trabas burocráticas y administrativas”, y sugiere “continuar con los esfuerzos” en este sentido.

La tarea hecha

“Yo no leo una imposición de una nueva agenda en el Staff Report. De hecho, el FMI le está reconociendo al Gobierno que sobrecumplió también las metas laborales. El Gobierno ya hizo todo lo que podía hacer y más, pero con un efecto negativo en condiciones laborales y sin un efecto positivo sobre el crecimiento del empleo”, explica Ottaviano.

En un año y medio de gestión, el gobierno de Javier Milei comenzó a implementar muchas de las reformas que el FMI elogia. Las principales fueron aprobadas a través de la “Ley Bases” a fines de junio del 2024 y están comprendidas en título IV “Promoción del empleo registrado” y en el título V “modernización laboral”.

• Extensión del periodo de prueba de 3 a 6 meses o hasta 1 año en función del tamaño de la empresa, lo que permite los despidos sin causa ni indemnización a los trabajadores durante ese periodo. Esta medida generó una aceleración en la rotación laboral, sobre todo, en sectores que ya contaban con ese tipo de esquemas como el comercio, turismo o algunos administrativos que no requieren tiempo de entrenamiento. En un contexto en el que estas actividades mercado internistas se encuentran en recesión, se utiliza como un mecanismo de ajuste de los empleadores para mantener plantillas que no aumenten la antigüedad. “Es el tema de consulta actual como laboralista: quienes pierden el trabajo o buscan su primer empleo, entran a un nuevo laburo y saben que tienen medio año de inestabilidad. Llegando a ese mes los despiden y, generalmente, los contratan en otro local del mismo rubro”, explica Ottaviano.

• Crea la figura del “colaborador”. De esta manera un “trabajador independiente” puede contratar hasta tres colaboradores que deberán hacerse cargo individualmente de sus aportes previsionales, a la obra social y a la ART y se eliminan las multas por incumplimiento en el registro de trabajadores contratados.

Sobre estas medidas, Ottaviano no ve un gran cambio aunque sí admite que “produce impacto por el mensaje de flexibilización laboral”. “Lo que sí es cierto es que a 1 año de la gestión de Milei bajó la cantidad de asalariados (con mejores esquemas de protección laboral) y aumentó la cantidad de no asalariados particularmente monotributistas, lo cual implica una mayor precarización del mercado de trabajo argentino. Posiblemente la figura del colaborador promovió esto último”, complementa Dario Romano, coordinador del Área de Trabajo y Producción del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM).

• Crea un fondo de cese laboral que pretende terminar las indemnizaciones por despido. Éstas serían reemplazadas por un fondo sostenido por el empleador a lo largo del período en el que el empleado está activo. A pesar de ser mencionada especialmente como una de las medidas elogiadas por el FMI, la norma no tuvo efecto en las negociaciones colectivas de trabajo –hasta ahora, ningún convenio la tomó–; y es difícil de medir en términos de negociaciones individuales.

• Se incorpora como causal de despido con causa medidas o acciones llevadas adelante por los empleados en el marco de conflictos laborales. Si bien el gobierno atribuye a esta normativa una merma de la conflictividad salarial en documentos oficiales, Ottaviano propone hacer un “zoom out”, y agrega otros factores como el disciplinamiento salarial, el desempleo, o las condiciones laborales precarias que, desde 2017, generaron una baja en las manifestaciones en este sentido.

• Se promovió un “blanqueo laboral” que estipula la condonación de las infracciones, multas y sanciones de cualquier naturaleza correspondientes a la regularización de relaciones laborales que, sin embargo, no fue exitoso.

“Los datos de 2024 revelan que la flexibilización laboral no sirve para bajar la informalidad sino que por el contrario, puede incrementarla, empeorando la calidad del trabajo en todas sus formas”, asegura Romano sobre el último informe sobre informalidad que publicó el INDEC.

La verdadera reforma: disciplinamiento salarial

Si bien el Gobierno se pega al proyecto de “Promoción de Inversiones y Empleo” presentado por la diputada libertaria Romina Diez como la hoja de ruta a seguir en el camino de la flexibilización, aplica un disciplinamiento en el mercado laboral a través de una medida no regulatoria: el techo sobre las paritarias que intenta evitar que las negociaciones superen el “ancla” fiscal y cambiaria.

“La agenda de reformas (NdR: impulsadas en el proyecto de ley) es una reposición del dnu 70/23, que tendría pocas chances de ser aprobado por el Congreso después de ser declarado inaplicable por la justicia”, comenta Ottaviano. Y agrega que una reducción de las contribuciones patronales no es consistente con otra de las exigencias del FMI, que es ajustar jubilaciones a la vez que se extienda la seguridad social a los trabajadores informales sin hijos (los que no cobran la AUH). “El mayor problema de la agenda acordada con el Fondo es que además de profundizar una flexibilización que no arrojaría resultados positivos en la creación de empleo de calidad, es que es inconsistente, contradictorio como política”, remata.

Nota de CdP

Aunque no figura en ninguna ley, la Secretaría de Trabajo interfiere sobre los Convenios Colectivos, que a la vez disciplinan la negociación de los contratos fuera de convenio.

Desde enero, los salarios de convenio, que se adaptaron al ancla de cerca del 1% mensual, aumentaron por debajo de la inflación. En enero, aumentaron 1,1% frente al 2,2% de inflación, en febrero 1,8% versus el 2,4% de aumento de precios y en marzo 1,9% versus 3,7%, según consigna el director del centro de investigación y estudios sobre el mundo del trabajo (Cetyd) de la UNSAM Matías Maito.

La reforma laboral ya está en marcha, y no hubo necesidad de votarla.

El apoyo del FMI a la reforma laboral parece más una justificación para la flexibilización que una verdadera apuesta por la creación de empleo de calidad. Lo que se está consolidando es un modelo de empleo que profundiza las desigualdades y limita las oportunidades de los trabajadores."                    (Natalí Risso , CADTM, 25/04/25)

17.4.25

De la austeridad a la pobreza: 15 meses de caída libre en la era Milei de Argentina... Trabajadores de rodillas, precios por las nubes... el círculo vicioso de una economía diseñada para enriquecer a los acreedores... El desplome del consumo refleja el empobrecimiento acelerado de la población... la gente ya no tiene liquidez para las compras esenciales. Sectores como las bebidas alcohólicas (-18%) o la limpieza del hogar (-2%) revelan una sociedad obligada a renunciar a bienes que no son estrictamente necesarios... sectores clave como la construcción y la automoción registran subidas de precios de dos dígitos... Milei intentó disfrazar el desastre cambiando la fórmula de cálculo de la inflación... las recetas del FMI siempre han agravado las crisis. Milei repite el mismo guión: devaluación, inflación importada, contracción de la demanda interna y dependencia de los acreedores externos. Un círculo vicioso que convierte la deuda en una camisa de fuerza que estrangula cualquier perspectiva de crecimiento... Sin consumo, sin producción, sin demanda, la economía se contrae, reduciendo los ingresos fiscales y haciendo insostenible cualquier ajuste contable. ¿Cuál es el resultado? Un país donde los pobres superan el 50% de la población, la industria local se asfixia y el único «éxito» es la aprobación de las instituciones financieras internacionales cómplices de la devastación... Argentina, una vez más, demuestra que el fanatismo neoliberal -con su odio al Estado, su culto a la austeridad y su subordinación a las finanzas mundiales- no es una política económica, sino un acto de violencia social

 "La economía argentina navega en aguas procelosas bajo la presidencia de Javier Milei, convirtiéndose en un caso emblemático de los efectos destructivos de un neoliberalismo dogmático y desconectado de la realidad. Los datos del consumo interno, recogidos por el diario Página|12, dibujan un panorama dramático: 15 meses consecutivos de caída libre de las ventas, con un descenso interanual del 5,4% en marzo de 2024. Un derrumbe sin precedentes, incluso peor que los períodos más duros del gobierno de Macri, que marca el fracaso total de las políticas económicas de Milei.

El desplome del consumo, medido por Scentia sobre datos actualizados de venta de tickets, refleja el empobrecimiento acelerado de la población. Los hipermercados (-7,1%) y las pequeñas tiendas de barrio (-3,7%) están desiertos: la gente ya no tiene liquidez para las compras esenciales. Sectores como las bebidas alcohólicas (-18%) o la limpieza del hogar (-2%) revelan una sociedad obligada a renunciar a bienes que no son estrictamente necesarios. La retórica de la «libertad económica» choca con una realidad en la que los salarios, negociados a la baja bajo presión gubernamental, ya no cubren los precios de los alimentos, que ya se han disparado tras la devaluación de 2023 impuesta por el Fondo Monetario Internacional.

 Milei intentó disfrazar el desastre con una maniobra digna de un libro de texto de manipulación estadística: cambiar la fórmula de cálculo de la inflación, reduciendo artificialmente el peso de los alimentos (en alza) en favor de los servicios (menos dinámicos). Una estafa política, no una solución económica.

El gobierno celebró la supresión del «cepo cambiario», condición impuesta por el FMI para acceder a préstamos multimillonarios. ¿Pero a qué precio? Las reservas del Banco Central de Argentina, infladas artificialmente un +50% gracias a los primeros fondos del FMI, esconden una trampa: el acuerdo ata al país hasta 2029, con nuevos tramos de deuda (3.000 millones en 2024 y 5.000 millones hasta 2029) condicionados al cumplimiento de recortes fiscales suicidas. Mientras tanto, sectores clave como la construcción y la automoción registran subidas de precios de dos dígitos, mientras el poder adquisitivo de los ciudadanos se evapora.

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner dio en el clavo al calificar estas políticas de «estafa»: un déjà-vu de fracasos históricos, desde el «blindaje» de De la Rúa (2001) hasta las recetas del FMI que siempre han agravado las crisis. Milei repite el mismo guión: devaluación, inflación importada, contracción de la demanda interna y dependencia de los acreedores externos. Un círculo vicioso que convierte la deuda en una camisa de fuerza que estrangula cualquier perspectiva de crecimiento.

 La narrativa de Milei, centrada en el equilibrio fiscal a expensas del bienestar social -al igual que ocurre en Europa- ignora deliberadamente el hecho de que la recesión autoinfligida es el verdadero motor del déficit. Sin consumo, sin producción, sin demanda, la economía se contrae, reduciendo los ingresos fiscales y haciendo insostenible cualquier ajuste contable. ¿Cuál es el resultado? Un país donde los pobres superan el 50% de la población, la industria local se asfixia y el único «éxito» es la aprobación de las instituciones financieras internacionales cómplices de la devastación.

El anticuado neoliberalismo de Milei no sólo está en quiebra: es criminal. Prometió libertad y entregó pobreza; presumió de estabilidad y desató el caos inflacionista; celebró el libre mercado mientras vendía el país al FMI. Argentina, una vez más, demuestra que el fanatismo neoliberal -con su odio al Estado, su culto a la austeridad y su subordinación a las finanzas mundiales- no es una política económica, sino un acto de violencia social."

(L'Antidiplomatico, 17/04/25, traducción DEEPL) 

15.4.25

Nadie salva a Argentina... Un nuevo rescate multimillonario, una nueva crisis social. Washington aprieta mientras Milei entrega soberanía a cambio de aplausos... Argentina vuelve a convertirse en campo de pruebas de un fundamentalismo económico que ya ha fracasado demasiadas veces... el Gobierno eliminó parcialmente el llamado “cepo” cambiario, abriendo la puerta a una devaluación del 25%, reconocida de forma tácita aunque negada en público... las previsiones apuntan a una rápida depreciación que acelerará la inflación. Se reactiva así una lógica que la población argentina conoce demasiado bien: ajustar, devaluar, endeudarse y repetir el ciclo del colapso... no hay inversión productiva... no hay plan industrial... hay una hipoteca sobre el futuro, disfrazada de “confianza internacional”... Este nuevo endeudamiento se superpone al préstamo anterior de 44.000 millones de dólares que el FMI otorgó a Macri, violando incluso sus propias normas internas. El Fondo Monetario se convirtió en un actor político, una herramienta de disciplinamiento neoliberal, al servicio de las derechas globales. La misma receta de siempre: austeridad brutal, entrega de soberanía y un saqueo sistemático disfrazado de tecnocracia... Estados Unidos exigió cortar el swap de 18.000 millones de dólares con Beijing como condición para sostener el acuerdo con el Fondo... en 2024 la inflación interanual fue del 211% y el poder adquisitivo cayó un 40% (Javier F. Ferrero)

"Un nuevo rescate multimillonario, una nueva crisis social. Washington aprieta mientras Milei entrega soberanía a cambio de aplausos

Argentina vuelve a convertirse en campo de pruebas de un fundamentalismo económico que ya ha fracasado demasiadas veces. El primer desembolso del nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional —12.000 millones de dólares— llegó mientras la inflación de marzo escalaba al 3,7% y la canasta básica subía un 6%, pulverizando salarios y ahorros. Pero no parece haber tiempo para preocuparse por la vida de las argentinas y los argentinos de a pie. Todo lo contrario: lo urgente es contentar a los mercados y obedecer las órdenes de los acreedores.

El respaldo explícito del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, marca una inflexión política: el ultraderechista Javier Milei cuenta ahora con el aval abierto de Donald Trump, en plena guerra comercial contra China y mientras se negocian privilegios para las empresas de Amcham. Es el precio del “apoyo”: convertir a Argentina en peón de una nueva guerra fría en versión económica.

Desde este lunes, el Gobierno eliminó parcialmente el llamado “cepo” cambiario, abriendo la puerta a una devaluación del 25%, reconocida de forma tácita aunque negada en público. El dólar oficial ya se movió en la primera jornada entre los 1.200 y los 1.250 pesos, y las previsiones apuntan a una rápida depreciación que acelerará la inflación. Se reactiva así una lógica que la población argentina conoce demasiado bien: ajustar, devaluar, endeudarse y repetir el ciclo del colapso.

En total, el acuerdo firmado por el ministro Luis Caputo —el mismo que endeudó al país durante la presidencia de Mauricio Macri— suma 20.000 millones del FMI, a los que se añadirán 2.500 millones más del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Pero no hay inversión productiva. No hay plan industrial. Hay una hipoteca sobre el futuro, disfrazada de “confianza internacional”. 
 
MILEI, EL “ALUMNO EJEMPLAR” DE LA DESTRUCCIÓN

El propio Milei no esconde su entusiasmo por ser el favorito del FMI. “Pasamos de ser el peor alumno a ser el alumno ejemplar”, declaró mientras prometía más ajuste si la situación se complica. Una amenaza para la mayoría social convertida en carta de presentación para las élites.

El trasfondo es revelador. Este nuevo endeudamiento se superpone al préstamo anterior de 44.000 millones de dólares que el FMI otorgó a Macri, violando incluso sus propias normas internas. El Fondo Monetario se convirtió en un actor político, una herramienta de disciplinamiento neoliberal, al servicio de las derechas globales. La misma receta de siempre: austeridad brutal, entrega de soberanía y un saqueo sistemático disfrazado de tecnocracia.

La motosierra de Milei ya ha devastado el gasto público, paralizado programas sociales y vaciado servicios esenciales. El recorte sobre jubilaciones, subsidios, transporte o salud pública no ha sido suficiente para estabilizar la economía, pero sí ha tenido consecuencias dramáticas sobre la vida de millones de personas. Los datos lo confirman: según el INDEC, en 2024 la inflación interanual fue del 211% y el poder adquisitivo cayó un 40%.

Este nuevo acuerdo impone además condiciones precisas: liberar las remesas de dividendos para empresas estadounidenses, reconfigurar las relaciones comerciales y poner fin —de forma gradual— a los vínculos financieros con China. En palabras del enviado especial de EE.UU. para América Latina, Mauricio Claver Carone, Estados Unidos exigió cortar el swap de 18.000 millones de dólares con Beijing como condición para sostener el acuerdo con el Fondo.

El Gobierno argentino, acorralado, aceptó un compromiso envenenado: renovar el swap solo por un año, con el compromiso de cancelarlo en 2026. Un giro geopolítico forzado, disfrazado de política económica.

En paralelo, la política interior estalla. Mientras se anunciaban estos acuerdos, Argentina vivía la tercera huelga general contra el Gobierno de Milei. La consigna, un grito que recorre fábricas, barrios, escuelas y hospitales: “Hay que apagar la motosierra”. Según datos de la Confederación General del Trabajo (CGT), la participación fue masiva en todo el país, con cortes, marchas y protestas en más de 20 provincias. La represión no tardó en aparecer.

Nada de esto es casual. El proyecto de Milei no es sólo económico, es ideológico: destruir al Estado para someter la sociedad al mercado, a la fuerza si hace falta. La entrega al capital extranjero no es una consecuencia, sino un objetivo. Por eso se recibe con honores a Scott Bessent, mientras se criminaliza a las y los sindicalistas.

El modelo que se impone es un experimento neoliberal en versión radical, al servicio del capital financiero y del poder imperial. No tiene base social, pero sí apoyo internacional. No tiene horizonte de justicia, pero sí el respaldo de los dueños del mundo.

Milei no gobierna, liquida. Y no será el FMI quien salve a Argentina."

12.4.25

Pues finalmente ha ocurrido: el FMI ha tenido que rescatar a la Argentina de Milei... A cambio, le ha exigido muchas cosas, entre ellas la depreciación del peso, que provocará un fogonazo inflacionario importante. La estabilidad monetaria y financiera de Milei llegó a su fin... Sólo al gobierno de Milei se le ocurre devaluar la moneda argentina en mitad del huracán monetario y financiero global que ha provocado Trump y que tendrá consecuencias absolutamente imprevisibles… ¿Qué puede salir mal? (Eduardo Garzón)

Eduardo Garzón ‪@edugaresp.bsky.social‬

Pues finalmente ha ocurrido: el FMI ha tenido que rescatar a la Argentina de Milei. A cambio, le ha exigido muchas cosas, entre ellas la depreciación del peso, que provocará un fogonazo inflacionario importante. La estabilidad monetaria y financiera de Milei llegó a su fin.

 Sólo al gobierno de Milei se le ocurre devaluar la moneda argentina en mitad del huracán monetario y financiero global que ha provocado Trump y que tendrá consecuencias absolutamente imprevisibles… ¿Qué puede salir mal?

11 de abril de 2025, 23:40. 94 republicaciones. 6 citas. 214 me gusta

 

 

 

22.3.25

Argentina: Ejemplos y alternativas para entender la crisis de la deuda en el Sur... Macri se “benefició” de un préstamo histórico del FMI de más de 44 mil millones de dólares... Argentina todavía debe 40 mil millones de dólares al FMI... Macri “ofreció” al menos una década de austeridad a su país, dado que el gobierno de izquierda de Alberto Fernández no tuvo el valor de cuestionar los reembolsos. Fue en parte esta falta de coraje lo que condujo a la llegada de Javier Milei al poder... La deuda que empobrece a la población y que solo agrava las desigualdades debe ser auditada y cancelada. La población argentina no debe pagar un acuerdo por razones electoralistas... por una legitimidad derivada del derecho internacional para resistir a los acreedores y las condicionalidades impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial... Es posible. Por ejemplo, el gobierno maliense no dudó en detener a los líderes de grandes empresas mineras extranjeras instaladas en su suelo para recuperar los impuestos impagados... Esta resistencia debería adoptar la forma de un impago acompañado de la organización de una auditoría ciudadana de la deuda y la cancelación de su parte ilegítima (Maxime Perriot, CADTM)

 "En 2001, Argentina incumplió sus pagos de más de 70 mil millones de dólares debidos a acreedores privados. Este episodio provocó la caída de cuatro presidentes en una semana, una terrible situación económica y social durante varios meses, enormes manifestaciones y, finalmente, un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Argentina redujo luego considerablemente su deuda con el FMI durante una década (2007-2017), hasta la decisión del muy neoliberal Mauricio Macri en 2018. En grandes dificultades económicas, con un aumento de la desigualdad, la pobreza y una inflación galopante, Mauricio Macri se “benefició” de un préstamo histórico del FMI de más de 44 mil millones de dólares. Un préstamo que debía permitir a Macri salvar su mandato y ser reelegido gracias a los gastos permitidos por este préstamo desmesurado, aunque eso sumergiera a Argentina en décadas de reembolsos e imposición de las condicionalidades políticas habituales de la institución de Bretton Woods.

Mauricio Macri no fue reelegido, su sucesor, Alberto Fernández, que había prometido liberar al país de las políticas impuestas por el FMI, finalmente continuó negociando con él. (...), Argentina volvió a pedir prestado al Fondo Monetario Internacional (23.400 millones de dólares en 2022 y 12.700 millones de dólares en 2023) para reembolsar parte de los 44 mil millones de dólares prestados en 2018 y 2019. Este préstamo de 23.400 millones de dólares se utilizó para pagar los reembolsos de 18.600 millones de dólares en 2022 y 21 mil millones de dólares en 2023 (...).

El acuerdo histórico firmado por el FMI con Argentina en 2018 -y la dosis de austeridad que le acompañó- tuvo consecuencias muy concretas en las clases populares y específicamente en las mujeres. He aquí algunos ejemplos: :

  • Despido de funcionarios
  • Supresión de las pensiones de jubilacion de las mujeres que habían trabajado en el hogar toda su vida (a demanda del FMI) [1]
  • Recortes en los presupuestos públicos
  • Multiplicación de comedores populares
  • Subida de la tasa de pobreza del 27% al 40% durante el mandato de Mauricio Macri

Y esto no ha terminado, ya que Argentina todavía debe 40 mil millones de dólares al FMI (...). Al tomar una decisión para salvar su mandato, Mauricio Macri “ofreció” al menos una década de austeridad a su país, dado que el gobierno de izquierda de Alberto Fernández no tuvo el valor de cuestionar los reembolsos. Fue en parte esta falta de coraje lo que condujo a la llegada de Javier Milei al poder. Este último, partidario de un neoliberalismo llevado al extremo, sin ninguna regla, se adapta muy bien a las condicionalidades del Fondo Monetario Internacional. La deuda que empobrece a la población y que solo agrava las desigualdades debe ser auditada y cancelada. La población argentina no debe pagar un acuerdo por razones electoralistas. 

Conclusión y alternativas

El Sur global atraviesa una crisis de la deuda comparable a la de la década de 1980 porque se desprenden las mismas características: como en la década de 1970, se alentó a los países del Sur a endeudarse porque los capitalistas del Norte buscaban remuneraciones más importantes que en el Norte, el FMI y/o el Banco Mundial están en la maniobra, se aplican condicionalidades neoliberales... Como en la crisis de la deuda de la década de 1980, fue un aumento repentino de los tipos de interés lo que participó en desencadenar la crisis de la deuda. Si bien esta crisis afecta al Sur global en su conjunto, zonas o países se ven particularmente afectados, como Sri Lanka, el África subsahariana o Argentina.

Ante las consecuencias de la pandemia mundial de Covid-19 en 2020, la invasión de Ucrania por parte de Rusia en febrero de 2022 y la decisión unilateral de los principales bancos centrales occidentales de aumentar repentinamente los tipos de interés en junio de 2022, los gobiernos del Sur podrían haber movilizado el cambio fundamental de circunstancias. Este argumento de derecho internacional podría haberles permitido suspender el pago de su deuda y situarse en una correlación de fuerzas favorable frente a los acreedores para renegociar sus deudas, organizar auditorías y cancelar parte de su deuda.

Podrían haberse apoyado en movimientos sociales muy poderosos que han tenido lugar en Sri Lanka, Nigeria, Kenia o Bangladesh desde 2022. En Nigeria y Kenia, los manifestantes apuntaron directamente al Fondo Monetario Internacional, una gran oportunidad para poner fin al sistema de dominio de las instituciones de Bretton Woods sobre los países del Sur.

Movilizar el cambio fundamental de circunstancias basándose en los movimientos sociales habría proporcionado una legitimidad popular y una legitimidad derivada del derecho internacional para resistir a los acreedores y las condicionalidades impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Es posible. Por ejemplo, el gobierno maliense no dudó en detener a los líderes de grandes empresas mineras extranjeras (https://www.cadtm.org/Mali-La-detencion-de-directivos-de-empresas-mineras-recuperar-los-impuestos) instaladas en su suelo para recuperar los impuestos impagados. No hay que dudar en tomar tales medidas contra los poderosos que saquean los países del Sur, utilizando el dinero recuperado para mejorar las condiciones de vida de las poblaciones, no para pagar las deudas ilegítimas.

Esta resistencia debería adoptar la forma de un impago acompañado de la organización de una auditoría ciudadana de la deuda y la cancelación de su parte ilegítima. La cancelación de la deuda debe ir acompañada de medidas sociales, ecológicas y feministas radicales. Los presupuestos de educación, salud, bifurcación ecológica y lucha contra el patriarcado deben aumentar drásticamente. La cancelación de parte de la deuda pública permitirá liberar recursos en este sentido, al igual que la tributación de los más ricos y de las grandes empresas del norte que saquean los países del Sur. Estas medidas de justicia fiscal deberán ir acompañadas de una nueva disciplina financiera, estableciendo controles estrictos sobre los movimientos de capital y mercancías, levantando el secreto bancario, prohibiendo los paraísos fiscales, la especulación y la usura.

La deuda pública podría constituir un instrumento de financiación de un amplio programa de bifurcación ecologista-feminista-socialista, en lugar de servir para imponer políticas antisociales, extractivistas, productivistas, favoreciendo la competencia entre los pueblos [2]. Las autoridades públicas pueden recurrir al préstamo para:

  • Socializar las actividades de reproducción social mediante el desarrollo de servicios públicos gratuitos (educación, salud, cultura...);
  • Financiar el cierre completo de las centrales nucleares y térmicas;
  • Sustituir los combustibles fósiles por energías renovables respetuosas con el medio ambiente;
  • Garantizar la soberanía alimentaria y financiar una reconversión de la agricultura actual que contribuye de manera significativa a la crisis ecológica. Se trata de dar a las actividades agrícolas una orientación compatible con la lucha contra el cambio climático y con la promoción de la biodiversidad, favoreciendo en particular los circuitos cortos y produciendo en un modelo agroecológico;
  • Reducir radicaldmente el transporte por carretera y aéreo en favor del transporte público por ferrocarril;
  • Financiar un amplio programa para el desarrollo de un hábitat de mejor calidad y que consuma mucha menos energía;
  • Poner fin a la discriminación y a la criminalización de las personas migrantes, y financiar una política para su acogida respetuosa con el derecho de circulación y residencia."

( Maxime Perriot , CADTM, 21/03/25, gráficos y notas en el original)

12.1.25

Deuda y austeridad: el legado de violencia estructural del FMI en el Sur Global... El dominio de la austeridad sobre el Sur Global no es sólo una cuestión política, sino un síntoma de violencia sistémica con orígenes en el colonialismo... las campañas mundiales para acabar con la austeridad están desafiando el statu quo e impulsando sistemas financieros que den prioridad a la equidad y la sostenibilidad, ya que la cuestión no es solo cómo desmantelar la deuda y los ciclos de austeridad, sino cómo construir un futuro más justo en su lugar... sistemas de pago multilaterales basados en el Sur y de monedas alternativas para reducir la dependencia de la infraestructura financiera dominada por el Norte... reformas como las reservas de estabilización de productos básicos, los clubes de compras y la coordinación de la cadena de valor en todo el Sur podrían reforzar las economías regionales, estabilizar los mercados y fomentar la cooperación Sur-Sur, creando resistencia frente a la volatilidad y la explotación inherentes al sistema actual... Los ciclos de deuda y austeridad no son inevitables; son producto de políticas deliberadas que dan prioridad a los intereses extranjeros sobre las comunidades locales. Para romper con estos ciclos, las naciones del Sur deben reclamar su soberanía económica y construir sistemas resilientes que sirvan a sus pueblos, y convertir esta visión en realidad requerirá una solidaridad mundial inquebrantable, movimientos de base y una reinvención de lo que significa la justicia política y económica. En el fondo, la lucha contra la austeridad es una lucha por la dignidad y la libertad, que exige desmantelar el legado colonial y construir un nuevo orden en el que la prosperidad sea compartida... mientras, las políticas del FMI desestabilizan Argentina & Kenia…otra vez (Rea Maci)

"A la luz de las protestas masivas contra la austeridad en Kenia y Argentina en 2024, Rea Maci ofrece un análisis histórico de la relación neocolonial entre el Fondo Monetario Internacional (FMI) y estos dos países. Expone el ciclo de deuda, austeridad, pobreza y negligencia gubernamental impuesto por esta institución del imperialismo occidental a las naciones del Sur Global. Maci denuncia las políticas del FMI como una forma de violencia estructural implacable infligida a las poblaciones más vulnerables. Pide una solidaridad mundial renovada para desmantelar las instituciones que perpetúan las estructuras coloniales de poder y la dependencia económica.

Introducción

A la sombra de las instituciones mundiales, las medidas de austeridad impuestas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en todo el Sur Global son una manifestación descarnada de neocolonialismo, que producen violencia estructural y desmantelan las economías locales. Estas políticas, lejos de fomentar la estabilidad, exacerban la pobreza extrema, profundizan la dependencia económica, privatizan los recursos naturales y alimentan el malestar político en comunidades ya de por sí vulnerables.[1] A lo largo de los años, tres oleadas distintas de protestas antiglobalización han surgido en todo el mundo en respuesta a las políticas del FMI: primero en 1976, a finales de la década de 1990 y tras la crisis financiera de 2008.

El pasado verano, con sólo unas semanas de diferencia, el mundo volvió a ser testigo de las consecuencias de la gobernanza impulsada por la austeridad. En Kenia, las protestas lideradas por jóvenes contra las medidas económicas respaldadas por el FMI se tornaron violentas, con el resultado de al menos 39 muertos, cientos de heridos, 32 casos de desapariciones forzadas y 627 detenciones. Del mismo modo, la dura represión estatal en Buenos Aires se enfrentó a oleadas de manifestantes que desafiaban los recortes presupuestarios de Javier Milei mientras se celebraban debates en el edificio del Congreso.

Para muchos en el Sur Global, estos acontecimientos forman parte de un ciclo familiar de austeridad, pobreza y negligencia gubernamental. Tanto Kenia como Argentina han experimentado repetidos levantamientos contra las políticas que priorizan el pago de la deuda sobre el bienestar público. La austeridad en el Sur Global no es nada nuevo, pero sus efectos siguen siendo igual de violentos y devastadores, lo que suscita serias dudas sobre el papel que sigue desempeñando el FMI en los países prestatarios.

A pesar de los amplios estudios que documentan cómo las condiciones de los préstamos del FMI conducen a un empeoramiento de la pobreza, explotan los recursos y la mano de obra locales para los mercados globales con poco o ningún beneficio para la economía local, y afianzan el malestar social, la austeridad en el Sur Global rara vez se considera violencia estructural. Además, a menudo se pasa por alto su conexión con la historia más amplia de la explotación colonial y la dinámica de poder neocolonial. En su lugar, la austeridad se presenta como una reforma económica necesaria causada únicamente por la corrupción y la mala gestión financiera de los gobiernos del Sur Global, ocultando el contexto más amplio de la explotación por parte de las potencias coloniales.

Este artículo analiza las historias de Kenia y Argentina para ilustrar una relación neocolonial más amplia entre el FMI y los países prestatarios del Sur Global, trazando cómo la austeridad del FMI conduce a una violencia estructural que perjudica desproporcionadamente a las poblaciones vulnerables. Aunque Kenia y Argentina ponen de relieve las consecuencias más recientes de los ciclos de ajuste estructural y deuda, estos casos representan una tendencia más amplia de inestabilidad y represión estatal inducida por la austeridad que se extiende por todo el Sur Global. Al replantear la austeridad como una forma de violencia con múltiples capas, el artículo hace hincapié en el daño causado por el FMI y en la lucha compartida de los países del Sur bajo un régimen de austeridad. Hace un llamamiento a la rendición de cuentas y a políticas alternativas que den prioridad al crecimiento económico soberano, a la autodeterminación y a futuros independientes para el Sur Global. El «Programa para la Construcción de un Nuevo Orden Económico Internacional» de la Internacional Progresista ofrece una vía concreta para que las naciones resistan colectivamente la hegemonía del FMI y reclamen autonomía económica, subrayando la urgente necesidad de solidaridad mundial para desmantelar las instituciones que perpetúan las estructuras de poder coloniales.

Neocolonialismo y deuda

Raíces históricas de las intervenciones del FMI

Mientras que el colonialismo tradicional se basaba en el poder militar y la ocupación directa, el neocolonialismo ejerce una influencia más sutil a través del control económico. Utiliza como arma la deuda, los préstamos y la retención de la ayuda para mantener la influencia geopolítica sobre el Sur Global. En este marco, los ajustes estructurales del FMI reflejan las mismas estructuras coloniales impuestas anteriormente mediante la ocupación directa. Thomas Sankara comprendió bien la relación entre deuda, explotación y control, señalando que «el imperialismo es un sistema de explotación que se da no sólo en la forma brutal de quienes vienen con armas a conquistar un territorio. El imperialismo se da a menudo en formas más sutiles, un préstamo, ayuda alimentaria, chantaje». Sus observaciones siguen siendo tan pertinentes hoy como durante su presidencia en Burkina Faso, al poner de relieve cómo las políticas del FMI se convirtieron en herramientas para mantener las desigualdades mundiales.

Recientemente, el Instituto Tricontinental de Investigación Social publicó un dossier titulado Vida o deuda, en el que examina los orígenes de la crisis de la deuda en el Sur Global y el papel del FMI en el empeoramiento de la crisis. Cuando se creó el FMI en la Conferencia de Bretton Woods de 1944, su objetivo declarado era estabilizar la economía mundial. Sin embargo, durante su creación, la ausencia de una participación significativa de las naciones entonces colonizadas presagiaba su marginación en la gobernanza mundial.

La misión inicial del FMI, esbozada en su Convenio Constitutivo, era promover «la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional» y contribuir a elevar los niveles de empleo e ingresos. El FMI debía proporcionar apoyo financiero a corto plazo a los países que experimentaban crisis de balanza de pagos, evitando así que los problemas temporales se convirtieran en crisis a largo plazo. A pesar del mandato original del FMI de promover el comercio mundial y evitar que las crisis financieras a corto plazo se convirtieran en desastres sistémicos, su estructura y sus procesos de toma de decisiones siguieron estando dominados principalmente por Estados Unidos y el Reino Unido.

A medida que las guerras de independencia establecían nuevos Estados-nación independientes en todo el Sur Global, muchas naciones anteriormente colonizadas se convirtieron en miembros del FMI. En sus primeros años, el FMI desempeñó un papel limitado en estas regiones, proporcionando principalmente modestos préstamos a corto plazo a través del Servicio de Financiamiento Compensatorio (1963) y el Servicio de Financiamiento de Reservas (1969). Sin embargo, esta situación cambió tras el impago de México en 1982, que marcó el inicio de la crisis de la deuda del Tercer Mundo. En respuesta, el FMI experimentó una transformación, que su director gerente Michel Camdessus denominó «revolución silenciosa», que alteró fundamentalmente su enfoque de la concesión de préstamos.[2]

El FMI empezó a exigir que los países prestatarios emprendieran importantes reformas económicas internas como condición para recibir ayuda financiera. Estas reformas cristalizaron en los Programas de Ajuste Estructural (PAE), aplicados primero a través del Servicio de Ajuste Estructural (1986) y más tarde del Servicio Reforzado de Ajuste Estructural (1987). El núcleo de estos programas exigía que los países prestatarios privatizaran sus sectores estatales, mercantilizaran bienes públicos como la educación y la sanidad, eliminaran la financiación del déficit público y suprimieran las barreras al capital extranjero y al comercio.

Vida o deuda subraya cómo las políticas del FMI en la década de 1980 y posteriores se centraron desproporcionadamente en países de África, Asia y América Latina, regiones que ya luchaban contra los efectos del colonialismo y la explotación capitalista. Al imponer reformas, el FMI atrapó de hecho a estas localidades en un ciclo de dependencia, en el que se veían obligadas a depender de préstamos externos para satisfacer sus necesidades financieras básicas, lo que se traducía en repetidos préstamos, una deuda cada vez mayor y una menor autonomía económica. A menudo, esto provocaba espirales de deuda, en las que los países se veían obligados a recortar el gasto social, priorizar el pago de la deuda sobre su desarrollo soberano y depender de las exportaciones de materias primas, lo que desencadenaba una carrera a la baja de los precios mundiales de los productos básicos.

Además, en su libro The Meddlers: Sovereignty, Empire, and the Birth of Global Governance, James Martin sostiene que los poderes intervencionistas del FMI no se originaron a finales del siglo XX. Por el contrario, se remontan a las instituciones internacionales posteriores a la Primera Guerra Mundial, como la Sociedad de Naciones y el Banco de Pagos Internacionales. Estas instituciones otorgaron a «banqueros, autoridades coloniales y funcionarios de Europa y Estados Unidos el extraordinario poder de imponer la austeridad, regular los precios de los productos básicos y supervisar los programas de desarrollo en Estados soberanos.» [3] Estas primeras políticas económicas tenían sus raíces en el imperialismo financiero, donde los actores europeos y estadounidenses interferían en las economías de las naciones prestatarias, especialmente en el Sur Global, bajo el pretexto del desarrollo o el alivio de la deuda.

Los posteriores programas de ajuste estructural del FMI se hicieron eco de estas prácticas anteriores. Martin sostiene que estas políticas no son únicamente un subproducto de la revolución neoliberal de los años ochenta, sino que tienen raíces coloniales más profundas. Los poderes que el FMI ejerció en la década de 1980 eran una extensión de las anteriores estructuras imperiales de gobernanza económica que pretendían mantener el control sobre las economías de los Estados más débiles, envueltas en una retórica paternalista o civilizadora.

En la época de la crisis de la deuda del Tercer Mundo y de las crisis financieras posteriores, la exigencia de austeridad y reformas del mercado a cambio de préstamos por parte del FMI revivió muchas de estas antiguas prácticas. Las políticas del FMI reforzaron un sistema económico mundial que favorecía a los países poderosos del Norte mientras afianzaba la desigualdad y la dependencia en el Sur Global. El análisis de Martin cuestiona la opinión de que estas políticas fueran únicamente el producto de un cambio neoliberal en la década de 1970, demostrando que las raíces de esta gobernanza mundial intervencionista siempre han estado enraizadas en el colonialismo.

Dadas las raíces coloniales de la arquitectura del FMI, las protestas de este verano en Argentina y Kenia en respuesta a las políticas del FMI no son ni sorprendentes ni incidentes aislados. Más bien, forman parte de una tendencia más amplia y continua en la que las políticas de austeridad dejan sistemáticamente a comunidades de todo el Sur Global en una perpetua inestabilidad y precariedad socioeconómica.

Tendencias de austeridad en el Sur Global

Además de fabricar ciclos de pobreza e inestabilidad socioeconómica, estas políticas aseguran los intereses financieros de las naciones acreedoras, los bancos y las corporaciones multinacionales ubicadas principalmente en el Norte. La observación de Esteban Almiron de que «la práctica actual de atrapar a las antiguas colonias en deudas impagables es el resultado de estrategias financieras, diplomáticas, políticas y legales bien diseñadas» refuerza la naturaleza estructural e intencionada de la austeridad al utilizar el atrapamiento estratégico de la deuda para mantener el legado de la explotación colonial.

El alcance mundial de esta nueva ola de austeridad, destacado en el artículo «Bienvenidos a la nueva era de la austeridad», muestra que el Sur global está experimentando de forma desproporcionada duras medidas fiscales impuestas por acreedores externos. Nigeria, Pakistán, Kenia, Sri Lanka y Argentina, por nombrar algunos países, están devaluando sus monedas y reduciendo el gasto público, lo que está creando una situación de penuria generalizada para los ciudadanos.[4]

El reembolso de la deuda a los acreedores extranjeros suele preceder a las inversiones locales en desarrollo, sanidad o educación. Como la mayoría de las naciones prestatarias son antiguas colonias cuyos sistemas políticos y económicos fueron desestabilizados por siglos de dominio colonial, las políticas de austeridad perpetúan la misma dinámica colonial, aunque ahora se logre mediante políticas económicas en lugar de la ocupación militar.

En esta era de austeridad, los recortes fiscales se han convertido en la norma, dejando a los gobiernos sin apenas otra opción que cumplir las exigencias del FMI. Las naciones se han visto obligadas a tomar medidas drásticas -bajar el valor de su moneda y recortar subsidios esenciales-, lo que ha provocado protestas masivas contra políticas en las que la deuda come primero y el pueblo muere de hambre. Como señaló Binaifer Nowrojee, presidente de Open Society Foundations, «más de 3.000 millones de personas en todo el mundo viven en países que gastan más en el servicio de su deuda que en gasto público en educación o sanidad». Este patrón sigue una tendencia global en todo el Sur, donde las instituciones mundiales obligan a los gobiernos a priorizar los intereses de los acreedores a expensas de sus poblaciones, la autodeterminación, la soberanía de los recursos y el medio ambiente.

Además, las implicaciones más amplias de la austeridad no se limitan a equilibrar los presupuestos, sino que refuerzan una estructura de poder mundial que beneficia al Norte global. Clara Mattei, autora de El orden del capital, subraya que la austeridad es más que un cálculo económico: es una herramienta para desplazar recursos de los trabajadores a las manos de la élite rica. Haciéndose eco de este sentimiento, Eduardo Belliboni, líder del grupo izquierdista argentino Polo Obrero, señaló que «la austeridad es para los trabajadores, no para los millonarios», haciendo hincapié en cómo estas políticas están diseñadas para salvaguardar los intereses de los ricos, dejando a millones de personas a cargo de las consecuencias.

Un informe de 2023 de Development Finance International revela que el Sur global se enfrenta ahora a «la peor crisis de deuda desde que hay registros mundiales». Por término medio, más de un tercio de los ingresos públicos (38%) en el Sur se destina al servicio de la deuda, y en África esa cifra se eleva a más de la mitad (54%). Esto significa que los gobiernos africanos destinan más recursos al pago de la deuda que a sectores críticos como la educación, la sanidad y el gasto social. Mientras tanto, los tipos de interés -que han subido en todo el mundo en un esfuerzo por controlar la inflación- se han mantenido altos y se espera que sigan así en un futuro próximo. Esta proyección incrementa aún más el coste de los préstamos para el Sur Global, al tiempo que infla sus obligaciones de reembolso de la deuda, haciendo aún más inalcanzable la recuperación económica. El informe también destaca una asombrosa comparación: hace dos años, los países de renta baja gastaban cinco veces más en el pago de la deuda externa que en hacer frente al cambio climático; hoy, esa proporción se ha disparado hasta 12 veces.[5].

Como explica Luiz Vieira, coordinador del Proyecto Bretton Woods, «la mayor parte del Norte global ya está experimentando la recuperación en diferentes grados, con Estados Unidos haciéndolo bastante bien y absorbiendo todo el capital que había afluido al Sur global durante el periodo de bajos tipos de interés». Esta dinámica agrava una tendencia ya de por sí cruda: la riqueza y los recursos se extraen del Sur Global hacia los mercados financieros del Norte, intensificando la desigualdad entre ambos.

Un estudio de Isabel Ortiz y Matthew Cummins revela además que la mayoría de los gobiernos empezaron a reducir el gasto público en 2021, una tendencia que se espera que persista al menos hasta 2025. Esto ha obligado a más del 85% de la población mundial a adoptar alguna forma de austeridad. Para el Sur Global, que ya está lidiando con los impactos del colonialismo, la pesada carga de la deuda y la limitada inversión pública, estas políticas agravan aún más las ya graves condiciones socioeconómicas, contribuyendo al ciclo de dependencia económica y extracción continua.

En lugar de abordar los déficits fiscales mediante una tributación justa de los ricos, los programas de austeridad trasladan la carga a los pobres, garantizando que los acreedores internacionales y las empresas multinacionales sigan beneficiándose a costa de los trabajadores pobres.

Convocatoria de protesta contra el FMI el 11 de diciembre de 2021 en primera página de Prensa Obrera, semanario del Partido Obrero (PO) Argentina.

Las políticas del FMI desestabilizan Argentina & Kenia…otra vez

Como mayor acreedor del país, la larga y problemática historia de Argentina con el FMI muestra la realidad de las trampas de la deuda. Los problemas financieros del país se remontan a su primer préstamo exterior en 1824, empañado por la corrupción y vinculado a los intereses británicos. Este préstamo inicial sentó las bases para casi dos siglos de dependencia financiera y control neocolonial. La deuda externa de la nación (deuda), denominada en gran parte en divisas extranjeras como el dólar estadounidense, impide a Argentina imprimir su propio dinero para pagar las deudas, lo que obliga al país a pedir más préstamos o aumentar las exportaciones.[6].

Un ejemplo clave de la experiencia argentina con la deuda neocolonial se produjo en 2001, cuando el país dejó de pagar 95.000 millones de dólares en préstamos, el mayor impago de la historia. Impulsada por los insostenibles reembolsos de la deuda, la crisis se vio exacerbada por las medidas de austeridad del FMI, que exigían severos recortes en los servicios públicos, los salarios y la protección del empleo. El malestar social desembocó en el Argentinazo de diciembre de 2001, con disturbios mortales en Buenos Aires y otras ciudades en los que murieron 39 personas después de que el gobierno impusiera la política del «Corralito», que restringía la retirada de efectivo. La negativa del FMI a refinanciar la deuda argentina aceleró el colapso. Más del 25% de los depósitos bancarios fueron retirados, lo que provocó una crisis financiera en toda regla. El Presidente Fernando de la Rúa declaró el estado de emergencia, pero las protestas se intensificaron y acabaron forzando su dimisión. La decisión del FMI de retener más apoyo financiero aumentó la dependencia de Argentina de los acreedores externos, hundiendo a la nación en la inestabilidad política y el colapso económico.

El ciclo se repitió en 2018, cuando Argentina solicitó un préstamo de 57.000 millones de dólares al FMI, sumiendo al país en otro periodo de austeridad y endeudamiento. Estos préstamos priorizaron sistemáticamente el reembolso a los acreedores sobre el bienestar público, empeorando la desigualdad social y ahogando el crecimiento económico. Las políticas neoliberales, impulsadas por figuras como Domingo Cavallo, devaluaron los salarios, alimentaron la inflación y sumieron a millones de personas en la pobreza. Para complicar aún más las cosas, la oleada de privatizaciones y desregulaciones del Presidente Mauricio Macri, en particular la eliminación de los controles de divisas, provocó una importante fuga de capitales, desestabilizando el sistema financiero argentino. Estas políticas, a menudo intensificadas durante periodos de dictaduras militares y gobiernos conservadores, han contribuido a la desindustrialización de Argentina, al aumento del desempleo y al empeoramiento de las disparidades de riqueza.

En este contexto, la reciente aprobación del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) bajo el gobierno del presidente Javier Milei representa un capítulo más del continuo sometimiento de Argentina a las presiones económicas externas Aunque no ha sido impuesto directamente por el FMI, el RIGI refleja el mismo modelo económico neoliberal que instituciones internacionales como el FMI han promovido durante mucho tiempo. Al dar prioridad a los intereses de las empresas multinacionales, el RIGI sigue el mismo marco de austeridad y desregulación que ha caracterizado la política económica de Argentina en el marco de los acuerdos con el FMI. El RIGI permite a las empresas extranjeras retener el 100% de los beneficios de las exportaciones al extranjero, legalizando de hecho la expatriación total de los beneficios. Esta disposición, rara vez vista fuera de países como Angola y Nigeria, personifica la naturaleza explotadora de las actuales políticas económicas en Argentina.

Críticos como Emmanuel Álvarez Agis han denunciado que el RIGI otorga a las multinacionales más concesiones de las solicitadas, lo que indica que el gobierno da prioridad a los intereses de las empresas extranjeras. El RIGI reduce los impuestos a las empresas y les permite impugnar las leyes locales a través de organismos de arbitraje como el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI) del Banco Mundial, lo que les permite demandar a los gobiernos por lucro cesante. Esto otorga a las corporaciones externas un mayor control sobre los recursos nacionales. Como describió acertadamente el senador Oscar Parrilli, el RIGI encarna el «anarcocolonialismo», permitiendo que las industrias extractivas drenen riqueza del país sin contribuir a la economía argentina.[7]

Kenia y los PAE

Del mismo modo, Kenia se enfrenta a una grave crisis financiera moldeada por décadas de mala gestión económica y políticas estructurales del FMI. El proyecto de ley de finanzas de Kenia para 2024 pretendía aumentar los ingresos públicos mediante el aumento de los impuestos, cumpliendo así una condición del préstamo del FMI. Sin embargo, la ley provocó protestas masivas en ciudades como Nairobi, Mombasa y Kisumu, ya que los kenianos, que ya estaban luchando contra la inflación, condenaron la carga financiera adicional. Los manifestantes irrumpieron en el Parlamento, incendiaron parte del edificio y se enfrentaron a la policía.

La ley de finanzas se hace eco de la historia de Kenia de programas de ajuste estructural (PAE) en los años 80 y 90, cuando el país se vio obligado a adoptar políticas neoliberales que daban prioridad a los mercados de exportación y recortaban drásticamente el gasto social en servicios públicos. A medida que la deuda de Kenia crecía en el periodo posterior a la independencia, instituciones como el FMI y el Banco Mundial impusieron los PAE como condición para recibir más ayuda financiera. Estos programas, arraigados en principios económicos neoliberales, exigían que Kenia adoptara reformas orientadas al mercado que reestructuraban drásticamente la economía.

Los PAE obligaron al gobierno a recortar el gasto en servicios esenciales y a aplicar políticas de reparto de costes, lo que se tradujo en una reducción del gasto en sanidad y educación, con el consiguiente aumento de las tasas de abandono escolar y la reducción del acceso a la atención médica, sobre todo para las poblaciones pobres y rurales. También se exigió al gobierno keniano que privatizara las empresas estatales, desregulara la economía y abriera sus mercados a la competencia extranjera.

Los resultados de los PAE fueron catastróficos. Se produjo un desempleo generalizado al reducirse drásticamente los puestos de trabajo en el sector público, y los servicios esenciales se volvieron inaccesibles para muchos debido a la supresión de las subvenciones y al aumento de las tarifas para los usuarios. El desempleo afectó especialmente a los jóvenes y a las mujeres, y muchos de los empleos creados en el sector informal eran precarios y mal pagados. Las tasas de pobreza se dispararon a medida que aumentaba la desigualdad de ingresos, y a finales de la década de 1990, más de la mitad de la población de Kenia vivía por debajo del umbral de la pobreza, frente a sólo el 35% a principios de la década de 1980. Los precios de los alimentos se dispararon y el PIB cayó en picado, dejando a más de la mitad de la población de Kenia en la pobreza y consolidando al país como una de las sociedades más desiguales del mundo. La brecha entre ricos y pobres aumentó: el 20% más pobre de la población recibía sólo el 3,5% de la renta nacional, mientras que el 10% más rico controlaba casi la mitad.[8]

Los PAE también reorientaron la economía de Kenia hacia un crecimiento orientado a la exportación, con el país dependiendo en gran medida de exportaciones agrícolas como el té, el café y las flores. Este cambio dejó a Kenia vulnerable a las fluctuaciones de los precios mundiales de los productos básicos, desestabilizando aún más su economía. Además, la reducción de aranceles y otras barreras comerciales permitió que las importaciones inundaran el mercado nacional, socavando las industrias locales y provocando más pérdidas de empleo.[9]

La situación actual de Kenia no puede separarse de su historia colonial, en la que la dominación británica afianzó sistemas de amiguismo y clientelismo, estableciendo una cultura política que se basaba en gran medida en el favoritismo, el nepotismo y la concesión de ventajas económicas a las élites locales leales a la administración colonial. Estos sistemas, heredados y perpetuados por los gobiernos posteriores a la independencia, no hicieron sino exacerbarse con las reformas neoliberales del FMI. En la actualidad, a medida que aumenta la carga de la deuda y se introducen nuevas medidas de austeridad, el legado del colonialismo y del ajuste estructural sigue configurando el panorama socioeconómico de Kenia.

La austeridad como violencia estructural

En su libro La violencia de la austeridad, Vicky Cooper y David Whyte destacan cómo las políticas de austeridad infligen lo que ellos describen como «violencia lenta», una forma de daño que se desarrolla gradualmente y se incrusta dentro de los sistemas burocráticos. Este tipo de violencia agrava la pobreza, la falta de vivienda y la inestabilidad social, al tiempo que permanece en gran medida invisible porque está mediada por procesos gubernamentales e institucionales en lugar de por la fuerza física manifiesta. Cooper y Whyte sostienen que los efectos de la austeridad se normalizan y justifican como reforma económica, convirtiendo el daño resultante en un subproducto desafortunado pero inevitable y necesario de la disciplina fiscal. Esta normalización oculta el daño infligido a las personas vulnerables a medida que la austeridad despoja de recursos esenciales para el bienestar y la supervivencia.

Aunque el análisis de Cooper y Whyte se centra principalmente en el Reino Unido y Estados Unidos, la austeridad en el Sur Global conlleva una dimensión adicional de violencia neocolonial. El daño infligido por estas políticas es una extensión directa de la historia colonial, perpetuando la explotación y el control que caracterizaron el dominio colonial. Para comprender plenamente el impacto de la austeridad en el Sur Global, debe entenderse como una forma de violencia de múltiples capas, que combina el daño lento y burocrático con el legado innato de la explotación colonial y, por extensión, capitalista. Esta perspectiva más amplia revela cómo estas políticas sostienen desigualdades globales justificadas a través de narrativas de reforma económica.

Las intervenciones del FMI, arraigadas en estructuras de poder coloniales, siguen configurando el panorama socioeconómico y político del Sur Global. Más allá de los cambios macroeconómicos, la austeridad genera violencia estructural al arraigar la injusticia y la desigualdad en sistemas, políticas e instituciones que refuerzan la opresión y restringen el acceso a recursos esenciales, lo que provoca muertes, enfermedades y sufrimiento evitables. La violencia estructural opera a través de marcos económicos y políticos que marginan a las poblaciones vulnerables, limitando sus capacidades, su capacidad de acción y su dignidad. Esta violencia no se experimenta de forma aislada, sino que se dirige a clases enteras de personas, arraigando el sufrimiento social a medida que sus realidades vividas son moldeadas por estos sistemas opresivos. Además, la violencia estructural se centra específicamente en la maquinaria social y a menudo global de la explotación y la opresión y en cómo «la pobreza y la desigualdad épicas, con sus profundas historias, se encarnan y se experimentan como violencia».[10] Al normalizar la desigualdad mediante instituciones estables, la violencia estructural perpetúa los ciclos de privación y explotación, haciéndose eco del control de la época colonial.

En países como Argentina y Kenia, la austeridad impuesta por el FMI desmantela visiblemente los servicios públicos y agrava la precariedad, ilustrando cómo opera la violencia estructural. Los préstamos del FMI se desembolsan a plazos, supeditados a medidas de austeridad como el recorte de empleos y salarios en el sector público, la desregulación de las industrias nacionales y la reducción del gasto social en sanidad, educación y bienestar. Estas medidas se presentan como esenciales para la recuperación económica, con el fin de garantizar el crecimiento y proteger los recursos del FMI. Sin embargo, el coste humano es asombroso.

Cuando los gobiernos desmantelan las redes de seguridad social y las infraestructuras públicas para satisfacer las condiciones de los préstamos del FMI, las comunidades más pobres se llevan la peor parte. Privadas de atención sanitaria, educación, pensiones, empleo estable y servicios esenciales que sustenten sus medios de vida, estas comunidades se ven sumidas en una precariedad aún mayor. En Argentina, se han creado tres millones de nuevos pobres en menos de un año, y gran parte de la población ya no puede permitirse cubrir necesidades como la alimentación debido a subidas de precios de más del 50%. Como resultado, muchos se ven obligados a depender de comedores sociales, que luchan por permanecer abiertos y mantener el ritmo de las crecientes demandas y las largas colas en medio de una creciente crisis de hambre. Al mismo tiempo, se han suprimido 21 de las 43 políticas nacionales de asistencia, que benefician principalmente a mujeres, niños y ancianos. El desmantelamiento de sistemas sociales críticos y la creación de grandes franjas de pobreza es nada menos que un acto de violencia. A pesar de los devastadores costes sociales, las declaraciones del FMI afirman que «las autoridades han realizado importantes esfuerzos para aumentar el apoyo social a las madres jóvenes y los niños vulnerables y proteger el poder adquisitivo de las pensiones», ignorando en gran medida la realidad de estas políticas.[11].

Del mismo modo, el verano pasado el gobierno de Ruto en Kenia, bajo las directrices del FMI, intentó eliminar las subvenciones a productos básicos como el maíz, la harina y el combustible, además de promulgar un impuesto especial del 25% sobre el aceite vegetal, que podría haber elevado el precio del jabón en un 80%. En Kibera, el barrio marginal más grande de Nairobi, los residentes se enfrentan a diario a unos costes de vida cada vez mayores, agravados por una fiscalidad regresiva que afecta desproporcionadamente a los pobres. Un artículo de Human Rights Watch cuenta la historia de Alfredo Akeyo, reparador de electrónica en Mathare, otra barriada de Nairobi, cuyos ingresos se han reducido a la mitad, de 12.000 chelines kenianos (unos 80 dólares) a menos de la mitad, debido al aumento de los costes del combustible y la electricidad, combinado con el incremento de los impuestos sobre el combustible en el marco del programa del FMI de Kenia. Esto le obliga a él y a su familia a sobrevivir con una sola comida al día.

A pesar de que el FMI afirma en un comunicado de prensa que «la carga del ajuste no debe recaer desproporcionadamente en las familias trabajadoras», la realidad es que lo hace de forma abrumadora. Human Rights Watch descubrió que más de la mitad de los programas del FMI aprobados en todo el mundo desde la pandemia del COVID-19, incluido el de Kenia, se centran en aumentar los ingresos a través de impuestos regresivos como el impuesto sobre el valor añadido (IVA), que gravan desproporcionadamente a los pobres. Además, muchos de estos programas suprimen las subvenciones a productos esenciales como el combustible y la electricidad, provocando fuertes subidas de precios que presionan aún más a los hogares con bajos ingresos. En Kenia, esto ha provocado que personas como Alfredo pasen días enteros sin electricidad porque no pueden permitírsela, y que sus hijos se queden en casa sin ir a la escuela debido a la duplicación de los costes del transporte público. La supresión de las subvenciones, unida a un gasto social insuficiente para contrarrestar estos efectos, pone de manifiesto una vez más la violencia estructural de la austeridad impuesta a quienes menos pueden resistir los embates económicos.

Los efectos agravados de las políticas de austeridad a lo largo del tiempo llevan inevitablemente a la gente a protestar en las calles, donde se enfrentan a la violencia autorizada por el Estado: gases lacrimógenos, balas y la militarización de los espacios públicos. La transición de la violencia «lenta» a la «rápida» utilizada por el Estado muestra cómo las mismas políticas que exacerban silenciosamente la desigualdad provocan medidas represivas inmediatas y contundentes. El uso de la fuerza por parte del Estado se convierte en una extensión de la violencia estructural que ya está en juego, reforzando el control sistémico impuesto por la austeridad. Mientras la austeridad erosiona de forma invisible el bienestar de las comunidades, la represión violenta de las protestas mantiene este sistema subyacente de explotación, castigando la resistencia y disuadiendo la disidencia. De este modo, la violencia estructural y la sancionada por el Estado son mecanismos de control interconectados, que demuestran cómo la austeridad perjudica no solo a través de la privación socioeconómica, sino también mediante la imposición de su cumplimiento, empujando a las comunidades marginadas aún más a los márgenes de la supervivencia.

Hacia un futuro de autodeterminación

El dominio de la austeridad sobre el Sur Global no es sólo una cuestión política, sino un síntoma de violencia sistémica con orígenes en el colonialismo. Este artículo ha examinado cómo la deuda y la austeridad erosionan las redes de seguridad social, intensifican la pobreza e impulsan el malestar social. Reconoce que el camino para acabar con la austeridad puede parecer desalentador, ya que las instituciones que imponen estas condiciones parecen a la vez inflexibles y en constante adaptación. Aun así, las campañas mundiales para acabar con la austeridad están desafiando el statu quo e impulsando sistemas financieros que den prioridad a la equidad y la sostenibilidad, ya que la cuestión no es solo cómo desmantelar la deuda y los ciclos de austeridad, sino cómo construir un futuro más justo en su lugar.

Más recientemente, la Internacional Progresista publicó un «Programa sobre la construcción de un nuevo orden económico internacional», que pretende poner fin a la austeridad y promover un sistema basado en la equidad y la soberanía. Hace un llamamiento a la reestructuración de los sistemas monetarios y financieros internacionales para dar prioridad a la soberanía monetaria, la insubordinación financiera y la interdependencia desarmada, alejando el poder del Norte global y permitiendo a las economías del Sur prosperar en sus propios términos. Al abogar por la redefinición de la deuda, la justicia fiscal y la abundancia de programas sociales, el plan ofrece una vía para aflojar las garras de los ajustes estructurales al tiempo que se fomenta una cooperación económica mundial basada en la justicia. Esta visión exige nada menos que una reordenación integral del sistema económico mundial, que valore el bienestar humano por encima de los intereses financieros y garantice la autodeterminación de las naciones del Sur.

Como subraya el programa, el dominio permanente de los sistemas financieros controlados por el Norte sigue hundiendo a las economías del Sur en la deuda y la desigualdad. El programa reclama medidas concretas, como el desarrollo de sistemas de pago multilaterales basados en el Sur y de monedas alternativas para reducir la dependencia de la infraestructura financiera dominada por el Norte. Además, las agencias de calificación crediticia independientes dirigidas por el Sur desafiarían el dominio de las actuales agencias basadas en el Norte, garantizando que las naciones del Sur tengan un mayor control sobre sus evaluaciones de solvencia y condiciones de financiación. Por otra parte, reformas como las reservas de estabilización de productos básicos, los clubes de compras y la coordinación de la cadena de valor en todo el Sur podrían reforzar las economías regionales, estabilizar los mercados y fomentar la cooperación Sur-Sur, creando resistencia frente a la volatilidad y la explotación inherentes al sistema actual.

Hacer frente a la austeridad exige un cambio fundamental en el funcionamiento de los sistemas económicos mundiales. Los ciclos de deuda y austeridad no son inevitables; son producto de políticas deliberadas que dan prioridad a los intereses extranjeros sobre las comunidades locales. Para romper con estos ciclos, las naciones del Sur deben reclamar su soberanía económica y construir sistemas resilientes que sirvan a sus pueblos, y convertir esta visión en realidad requerirá una solidaridad mundial inquebrantable, movimientos de base y una reinvención de lo que significa la justicia política y económica. En el fondo, la lucha contra la austeridad es una lucha por la dignidad y la libertad, que exige desmantelar el legado colonial y construir un nuevo orden en el que la prosperidad sea compartida."

( Rea Maci , Review of African Political Economy, 08/01/25, traducción DEEPL, notas y enlaces en el original)