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17.10.19

¿Y si los bancos centrales dieran dinero a la gente? Distribuir dinero entre los ricos no es ni de lejos un estímulo tan poderoso para el gasto como dárselo a la gente normal... su despilfarro en yates y ropa de lujo no impulsa la economía real al darse en un espacio muy limitado de la misma...

"No se han podido empezar prácticamente a retirar los estímulos aplicados desde la crisis y ya se espera que el próximo día 12 de septiembre los miembros del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) anuncien nuevas medidas de expansión económica. 

Su presidente, Mario Draghi, no podrá acabar su mandato de la manera triunfal que deseaba, desactivando las potentes medidas no convencionales que ha aplicado durante la crisis y dirigiendo la progresiva subida de tipos, ya que esta ni ha podido empezar. (...)

Hoy no solo el BCE, sino el resto de bancos centrales con la Reserva Federal a la cabeza reinician la senda de los estímulos monetarios. También surgen voces que plantean alternativas que puedan servir para algo más que para lo que sirvieron las anteriores rondas de dinero gratis para bancos e instituciones financieras. 

Una de estas propuestas es la defendida por la especialista en finanzas, Frances Coppola, en su The case for People’s Quantitative Easing (algo así como En defensa del Quantitative Easing para la gente).

El libro presenta la posibilidad de que dejen de ser bancos y grandes corporaciones los rescatados y sea, al fin, la gente convencional.  (...)

Es más, la autora destaca la injusta paradoja de que, mientras se regaban los balances bancarios con millones de dólares, los gobiernos sometían a las poblaciones de muchos países a dramáticas agendas de recortes y privatizaciones del sector público. Parecía haber dinero solo para algunos: justo para los causantes de la crisis.

Además, los QE aplicados por los bancos centrales, a pesar de ser el mayor programa de creación de dinero en la historia, no consiguieron su objetivo principal y “la inflación continuó tercamente por debajo del objetivo en la mayor parte de los países desarrollados”, en palabras de la autora, para quien el QE simplemente fue un fracaso. Pero, ¿por qué fracasó?

La interpretación de Coppola tiene que ver con cómo se han distribuido los estímulos económicos: “El QE ha inflado masivamente el precio de los activos [como] acciones, bonos, inmobiliario, arte e incluso buenos vinos, beneficiando directamente a los poseedores de esos activos, que son mayoritariamente ricos”.

Más a allá de la mitología del trickle down neoliberal, Coppola explica que “distribuir dinero entre la gente rica no es ni de lejos un estímulo tan poderoso para el gasto como dárselo a la gente normal. Ello se debe a que los ricos no necesitan el dinero”. Tienen lo que los economistas llaman una ‘propensión marginal al gasto’ muy baja, su despilfarro en yates y ropa de lujo no impulsa la economía real al darse en un espacio muy limitado de la misma.

En definitiva, para la británica “el dinero creado por el QE se ha agitado en los mercados financieros y ha hecho estallar burbujas por todo el mundo”. Ante tal situación,la autora nos propone una nueva versión del QE, una dirigida a la gente y no a las instituciones financieras, y no solo por motivos de justicia económica sino también de eficacia política, para que las políticas monetarias no vuelvan a ser un fracaso.

En realidad, cualquier QE está inspirado en una idea del economista Milton Friedman llamada el “helicóptero del dinero”, según la cual, en momentos de depresión económica, las autoridades monetarias deben poner dinero directamente en la economía. Con la potente imagen de un helicóptero lanzando dinero por la calle, Friedman buscaba presentar una medida de política monetaria que animara el gasto de forma extraordinaria y excepcional y fuese un revulsivo para una economía deprimida.

Es en esta idea en la que se basan tanto el QE empleado los últimos años como el propuesto por Coppola, con la diferencia de que, en el QE para la gente, el helicóptero volaría por toda la economía, buscando los lugares donde más se necesita y no solo sobre los centros financieros. En el libro se describen más de una docena de tipos de QE para la gente, distinguiendo entre los programas que darían dinero a la gente directamente para su gasto a corto plazo, que llegaría a sus cuentas corrientes o por medio de recortes de impuestos según las versiones; y los programas de inversión a largo plazo, entre los que contempla un QE verde o un jubileo de deuda.

Coppola también recoge las posibles objeciones que pueden hacerse al QE para la gente, y discute tanto los efectos de cada una de las versiones como ciertos mitos económicos detrás de las algunas de estas críticas, como el miedo atroz a la hiperinflación o la vaca sagrada de la independencia de los bancos centrales. Al respecto, la autora admite que la única objeción fuerte que puede hacerse al QE para la gente: que no sería necesario si se pusieran en marcha las medidas fiscales necesarias y complementarias a la política monetaria y si los Estados recuperasen el control de sus finanzas, algo absolutamente deseable pero más que dudoso."                  (Marta Luengo, El Salto, 30/08/19)

11.10.19

Los bancos centrales han creado 18 billones de dólares de nuevo dinero desde 2009 que en gran parte, se ha quedado “atascado” en el sistema financiero... es un tipo de helicóptero monetario que despega desde los bancos centrales, pero solo descarga dinero en el sistema financiero... ante una nueva crisis habrá que hacerlo despegar otra vez pero esta vez para dárselo a la gente.. si la nueva ronda de QE del BCE durara un año, alcanzaría 240.000 millones. Si ese dinero se entregara a los ciudadanos, o para invertir en infraestructuras, gasto social o luchar contra el cambio climático, sería más justo y más eficiente...

"La QE es el mayor experimento monetario de las últimas décadas. La quantitative easing o “expansión cuantitativa”, vaya término, es la creación de dinero por el banco central para comprar activos financieros. Sobre todo, deuda pública, pero también hipotecas, bonos de empresas e incluso acciones. 

Esto se hizo otras veces en la historia, como antes de 1980 cuando los bancos centrales no tenían prohibido financiar a los Estados, pero la QE es conocida por haberse aplicado con intensidad después de la gran crisis de 2008.

 Los activos financieros comprados con ese dinero creado por los bancos centrales siguen en sus balances, los más grandes de la historia, y les ha convertido en los principales actores del mercado financiero, adquiriendo un protagonismo en las sociedades nunca visto. Todo ello ha abierto encendidos debates sobre la rendición de cuentas de estas instituciones. Pero también ha generado desafección y desconfianza entre los ciudadanos que, mayoritariamente, no ven los beneficios de esta enorme operación.

Las cifras son de vértigo, los bancos centrales han creado unos 18 billones de dólares de nuevo dinero desde 2009. Aproximadamente el 22% del PIB mundial. Si ese dinero se hubiera podido repartir entre todos los habitantes del planeta, tocaríamos a unos 2.300 dólares por cabeza.  

Se dijo que la QE era temporal, pero los balances de los bancos centrales siguen bastante gordos diez años después y parece que la dieta de engorde va a seguir. Este año el banco central de EE. UU. ha dejado de reducir su balance y el de Japón sigue aplicando una intensa QE. La semana pasada el BCE ha vuelto a activar una nueva ronda.  No fue una decisión fácil dadas las enconadas posiciones dentro de su Consejo. Lo mismo ocurre en la comunidad financiera y académica.

 Y esto es comprensible porque sus efectos en la actualidad son muy discutibles. 
Pocos niegan su eficacia a la hora de impedir que la gran crisis mutara en una gran recesión. Pero hoy en día sabemos que la QE no es muy útil para aumentar la inflación (principal objetivo de los bancos centrales), que una gran parte del dinero creado se ha quedado “atascado” en el sistema financiero y que tiene efectos secundarios preocupantes. Entre otros:
  • aumenta la desigualdad al elevar el precio de los activos financieros, ya que estos mayoritariamente son poseídos por los que más tienen (en EE. UU. el 10% de la población posee el 85% de las acciones y fondos de inversión). Y no solo eleva el precio de bonos y acciones. También de la vivienda, cuyo precio está otra vez muy alto, y como los salarios no se han visto igual de beneficiados por la QE, la vivienda es casi inaccesible para mucha gente.
  • genera tipos de interés demasiado bajos, incluso negativos, cómo estamos viendo en Europa, con inquietantes consecuencias para la estabilidad financiera.
  • aletarga a los Estados, que no abordan reformas, y facilita la supervivencia de empresas zombis (empresas que sin financiación tan barata posiblemente no sobrevivirían). Ambas cosas no favorecen el crecimiento ni la productividad.
  • devalúa el valor de la moneda, generando tensiones, explícitas o no, entre países por cuenta del valor de sus divisas y afectando a los flujos comerciales.
Crear dinero (billetes y monedas y reservas bancarias, la llamada base monetaria) es un enorme poder. El dinero, entre otras características, es sobre todo poder de compra. Y desde que se otorgó la independencia a los bancos centrales (algo relativamente reciente) es de su única competencia. La oferta monetaria (el efectivo y los depósitos bancarios) es otra historia ya que depende de los bancos privados.

Economistas como Friedman, Keynes o Bernanke hablaron en el pasado de “helicópteros monetarios” y de su utilidad ante crisis severas. De hecho, la QE aplicada hasta ahora es un tipo de helicóptero monetario, que despega desde los bancos centrales, pero solo descarga su carga, dinero, en el sistema financiero.

Este año se ha publicado (en inglés por el momento) un breve, didáctico e interesante libro que aboga por un tipo de QE diferente. Lo ha escrito Frances Coppola y se titula “The case for people’s quantitative easing”. Su mayor mérito es exponer a la luz pública, en términos comprensibles, un asunto que se mueve bastante en las sombras. 

Su tesis es que, ante una nueva crisis habrá que hacer despegar otra vez los helicópteros monetarios pero que esta vez no deben descargar el dinero solo en el sector financiero, sino dárselo a la gente. Explica las diversas maneras de hacerlo y argumenta que este tipo de QE tiene más ventajas y menos inconvenientes que la realizada hasta ahora.

Las ventajas de una QE para la gente, dependiendo de su diseño, permitirían entre otras:
  • aumentar el crecimiento económico más rápidamente al llegar el dinero directamente a todos los ciudadanos, que tienen una propensión al consumo mayor que la minoría más pudiente.
  • corregir parcialmente los niveles de desigualdad alcanzados
  • reducir el endeudamiento, pues la cantidad de dinero creada no iría asociada a la creación de deuda (ya muy alta) como sucede en el sistema financiero actual.
La frontera entre política monetaria y política fiscal es borrosa cuando hablamos de creación de dinero o QE. Pero dado que la mayor parte se ha destinado a la compra de deuda pública, ambas políticas van unidas en el caso de la QE. Para que funcione bien es imprescindible que tanto el gobierno (política fiscal) como el banco central (política monetaria) colaboren intensa y lealmente. A Draghi se le preguntó sobre el QE para la gente en su última rueda de prensa. Respondió lacónicamente que eso era un asunto de política fiscal.

Por poner algún número, si la nueva ronda de QE aprobada por el BCE durara un año, este compraría activos (deuda pública y privada) por valor de 240.000 millones de euros. Si ese dinero se entregara a los ciudadanos de la zona euro tocaríamos a 700 euros por persona. O podría invertirse en infraestructuras, gasto social o luchar contra el cambio climático.

Las ideas que explica el libro están siendo debatidas en la arena política y académica solo en el mundo anglosajón. Una pena, porque el tema, merece ser debatido global.

El mundo que conocíamos hasta 2008 cambió con la gran crisis. Hubo que aplicar medidas excepcionales, medidas que después de diez años ya no lo parecen tanto. Si otra crisis golpeara, y lo hará en algún momento, deberíamos ser valientes y prácticos y perseverar en la innovación en política económica. Una opción podría ser la QE para todos, para el sistema financiero y para la gente. Muchos piensan que sería más justo y, añado, más eficiente, como nos gusta decir a los economistas."                   (Carlos Arenillas, Agenda Pública para El País, 15/09/19)

4.2.15

Por qué crece EE UU y no la eurozona: porque el sector público prestó a las empresas 4 billones

"(...) la economía norteamericana acumula casi seis años de crecimiento mientras que la de la zona euro sigue estancada, por lo que es obligado preguntarse, ¿qué han hecho en los EE UU que no se haya hecho en Europa? 

¿Han capitalizado los bancos (y compañías de seguros) desde el sector público? Sí, lo mismo que a este lado del Atlántico y con cantidades parecidas: unos 750.000 millones de dólares (ahí habría que incluir el rescate de las cajas de ahorro españolas).

La clave no está por tanto en las medidas de los respectivos bancos centrales o en la inyección de capital a los bancos sino en lo que contundentemente un reciente artículo de PoliticoMagazine ha llamado “El auténtico banco de América”: el sector público. 

Y es que, según información de Thomson Reuters, tras la recesión de 2008/2009 el sector público de los EE UU incrementó sus activos financieros en 4 billones de dólares (además de los ya mencionados de la Reserva Federal). 

Esta actividad crediticia y de transferencia de riesgos al sector público se ha llevado a cabo mediante un tipo de instituciones para-públicas creadas por Roosevelt, o inspiradas por él, las llamadas empresas patrocinadas por el gobierno (GSEs, por sus siglas en inglés) de las que el artículo de Politico menciona hasta 30 diferentes con 120 programas de crédito.

 ¡Sorpresas de la historia el que Roosevelt haya sacado otra vez a los EE UU de una grave recesión!

Algo parecido ha hecho el Banco de Inglaterra prestando casi directamente a las empresas. En la Eurozona lo único comparable serían los activos que han ido a parar al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), la SAREB o a los bancos malos alemanes. 

Nada de una magnitud comparable a los cuatro billones de los EE UU. Esos cuatro billones son los que marcan la diferencia entre el casi pleno empleo y la cifra récord de paro. No será porque no se conozca la receta. Con todas sus contraindicaciones y efectos secundarios."            (   , El País,  17 ENE 2015)

29.6.10

Un banquero agradecido... de que le quitaran las castañas del fuego... las autoridades

"La conversación se produce bajo una premisa implícita por las dos partes, la de que lo peor de la crisis ha quedado atrás, también para España. "Pero no ha sido buena suerte. Los Gobiernos y las autoridades económicas de todo el mundo han fraguado la recuperación que el mundo necesitaba y ha sido bastante rápida", advierte. Una recuperación que atribuye a la combinación de la política de tipos de interés y a la masiva liquidez ofertada por los bancos centrales.

"Y porque han hecho lo que han hecho, creo que tenemos cierta confianza en su capacidad para urdir una recuperación de la crisis que hoy nos afecta, que es una crisis de confianza. Aunque eso es algo que no puedes hacer chascando los dedos". Tanto elogia el papel de las autoridades económicas en todo el mundo que no duda en afirmar que "como banquero siempre estaré agradecido a las decisiones que tomaron por aquel entonces", a finales de 2008." (JOHN VARLEY: "El euro es un pacto político y el mercado puede romperlo". El País, Negocios, 27/06/2010, p. 10)

26.6.09

Manguerazo de liquidez sobre la banca europea...

"...para tratar de desatascar el crédito y, a la postre, plantar cara a una crisis que se está ganando a pulso esa etiqueta que la define como la mayor de los últimos ochenta años. El Banco Central Europeo (BCE) avanzó ayer un paso más en las medidas no convencionales contra el vendaval financiero con una inyección récord de 442.240 millones de euros para la banca en su primera subasta a un plazo de un año. Hasta ahora, la mayor operación alcanzó casi 350.000 millones en diciembre de 2007, en los albores de la crisis y con las finanzas internacionales marcadas por una incertidumbre enorme.

La situación es muy diferente ahora, pero las turbulencias no acaban de amainar. Más de un millar de entidades acudieron ayer al eurobanco en busca de unas condiciones excepcionales, que por algo se conocen como barra libre de liquidez. A saber: un precio imbatible (préstamos a un tipo fijo del 1%, cuando en el mercado se paga medio punto más), a un plazo de un año (hasta ahora el máximo era de seis meses), por una cuantía ilimitada y únicamente a cambio de dejar como aval una serie de activos que prácticamente carecen de mercado a causa de la crisis." (El País, ed. Galicia, Economía, 25/06/2009, p. 22)