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19.11.10

La única solución para salir de la crisis es crear empleo... o ...

"Parece que es unánime, o al menos lo que quiere transmitirse, que la situación irlandesa dista mucho de lo que está sucediendo en España.

Vamos a ver, aquí no hay crisis bancaria, de momento. En Irlanda el Estado tiene que recuperar, salvar a la banca. Ese escenario no es realista en el caso español a corto plazo, son cosas muy diferentes. Estoy de acuerdo en que no es comparable.

Claro está, pasar de superávit a déficit público fue muy drástico, y este cambio es lo que hizo preocuparse a los mercados. Lo más grave es, sin duda, nuestra tasa de desempleo. Un paro del 20%, si se mantiene muchos años, acabaría impactando en el sector bancario. Esto es la ley de la historia, no es sostenible que un sistema financiero esté exento de problemas en un escenario de muy bajo crecimiento económico y muy alto desempleo.

Por eso el gobernador del Banco de España siempre insiste en la necesidad de acometer reformas para recuperar la senda del crecimiento. El binomio buena situación bancaria, nulo crecimiento… no es sostenible.

Vamos, que seguirá subiendo la morosidad…

Claro está, tiene que subir. Hay refinanciaciones, la banca refinanció muchas deudas… pero una refinanciación es viable cuando cambia el ciclo económico y la persona que estaba en desempleo encuentra trabajo.

Si esa persona sigue sin poder devolver el préstamo, va a seguir en la misma situación. Lo mismo que una empresa.

Ahora mismo, con la tasa de mora actual, con más de 100.000 millones en activos dudosos… ¿Hasta qué punto es sostenible el incremento de la morosidad, hasta cuándo puede soportar la banca un aumento progresivo del nivel de dudosos?

De seguir así, entramos seguro en un escenario muy complicado. Si no hay recuperación en los próximos tres años… Vamos, si no hay recuperación buena, de la que crea empleo. Si llamamos recuperación a pasar de un -3% del PIB al cero, claro que mejoramos… Pero no estaríamos ante una recuperación sólida y generadora de empleo. Crecer por debajo del 2% no hará que crees puestos de trabajo.

Estaríamos en una situación muy compleja para la banca, insisto. Las refinanciaciones acabarán por ser morosas y las personas que pierdan su trabajo no van a poder pagar sus préstamos. Todavía estamos aplazando el problema, esperando una recuperación. Algunos analistas dicen que estamos ganando tiempo, porque todavía el nivel de provisiones que tiene la banca es relativamente alto, tranquilizador.

Pero estamos en una situación de equilibrio inestable, pero podemos llegar a estar mal.

Usted menciona que debemos alcanzar esa tasa de crecimiento que posibilite la creación neta de empleo. El problema es que no hay un solo estudio u organismo que diga, con un horizonte hasta 2015, cuándo España podrá crecer por encima del 2% interanual…

Claro, ese es el problema. Usted me habla del verdadero problema. Los mercados están más negativos en el caso español por una cuestión de expectativas, estamos hablando de pura incertidumbre. El mercado, ahora mismo, se mueve más sobre futuros que sobre la realidad actual.

Si analiza la morosidad, cobertura de provisiones, aún hay beneficios… si vemos la realidad no hace falta estar tan negativos. Como no hay expectativas de un crecimiento sólido y de generación de empleo, pues los mercados reaccionan de manera negativa.

Lo que están haciendo es anticipar problemas, no actuar en base a la realidad." (Antonio Carrascosa: “A corto plazo es muy difícil ser optimista sobre la situación económica española”. Xornal.com, 19/11/2010)

10.5.10

Somos una economía sobrediagnosticada... así que hay que dejar de producir diagnósticos... para hacer otras cosas más productivas

"Hay una particularmente relevante: la que nos dice que la suma de la capacidad financiera -es decir, el exceso del ahorro respecto a la inversión en activos reales- del sector privado y del sector público necesariamente tiene que ser igual a la importación de ahorro externo de la economía. A finales de 2009, nuestros números para esa identidad eran muy contundentes: unas necesidades de financiación del sector público del 11% del PIB, una capacidad de financiación del sector privado del 6% del PIB y un déficit corriente del 5% del PIB.

Tomando esos números como punto de partida se puede pensar en qué tiene que ocurrir para que el Gobierno sea capaz de reducir sus necesidades de financiación al 3% del PIB en 2013, tal y como nos hemos comprometido con Bruselas y los mercados financieros.

Para hacer fácil el ejercicio, supongamos inicialmente que no cambia el déficit exterior. En ese escenario llegar al 3% de necesidades de financiación pública inevitablemente implicaría que el sector privado español tendría que volver a ser un "deudor" por el equivalente al 2% del PIB.

¿Es esto razonable? Me temo que no. Necesitaríamos un inmenso shock de confianza para que las empresas decidieran invertir más, y las familias optasen por gastar más de lo que ingresan. Y aunque tuvieran tal confianza habría que ver si el sistema financiero estaría dispuesto a financiarles.

Los últimos datos del INE son inapelables: en relación a la media de la última década, las familias están ahorrando cinco puntos porcentuales del PIB más e invirtiendo dos puntos del PIB menos, mientras que las empresas no financieras ahorran un punto porcentual del PIB más e invierten tres puntos del PIB menos. Para que el sector privado volviese a exhibir esa necesidad de financiación habría que volver a las combinaciones de ahorro e inversión de los años 2001-2004 y esto hoy parece poco probable. ¿Por qué? Porque las familias ahorran menos cuando el empleo crece como lo hizo en aquel periodo -dos millones de puestos de trabajo en cuatro años- o sus activos inmobiliarios se revalorizan en un 85% acumulado, y tienden a ahorrar más cuando, como ahora, la incertidumbre sobre el empleo es alta y fuerte la caída del valor del stock de riqueza mobiliaria y financiera.

Y las empresas invierten cuando la capacidad instalada está cercana al pleno empleo, las expectativas de beneficios son atractivas y la seguridad jurídica está a salvo de medidas de última hora. (...)

¿Cuál es el problema? Que en los últimos 10 años nunca hemos sido capaces de conseguir que el déficit corriente fuese cero. (...)

Salvo que nos salve el mundo exterior -lo que no parece: quienes crecen son los emergentes, no los países desarrollados que son los que nos compran y de donde viene los turistas- para conseguir este shock de crecimiento basado en la demanda externa neta la demanda interna tendría que crecer muy moderadamente. Exactamente esta es la razón -que nada tiene que ver con ninguna conjura internacional- por la que desde "fuera" se mira con tanto escepticismo los escenarios macro que apuestan por crecimientos sostenidos de la economía española cercanos al 3% a partir del año próximo.

¿Estamos necesariamente condenados bien a no honrar los compromisos con Bruselas, bien a volver a re-endeudarnos, o bien a languidecer durante los próximos años? No.

Pero hay que actuar ya. Somos una economía sobrediagnosticada. Se sabe qué hay que hacer y quién lo impide. Se sabe que el reparto de los costes sociales no es un tema "tecnocrático" sino político. Se sabe que antes de repartir hay que crear la riqueza. Se sabe que el crecimiento sólo se consigue si existe un compromiso con el mercado, la productividad y la educación." (JOSÉ JUAN RUIZ: Miénteme, dime que podemos. El País, ed. Galicia, opinión, 07 /05/2010, p. 33)

12.2.10

"Cuando aún no hemos salido de la recesión, y mucho menos de la primera crisis (para simplificar, la inmobiliaria), ésta rebota, y España afronta la segunda. Hay que digerir las dos a la vez. Como en el circo, más difícil todavía.

Primero, en coincidencia con el estallido financiero mundial, pinchó la burbuja del ladrillo local. Afectó a los balances bancarios, secó el crédito, contrajo la demanda, multiplicó el desempleo y empobreció a (casi) todos. Luego, los planes de estímulo reactivador y el gasto social para paliar el drama de quienes quedaban en la cuneta, mientras bajaban los ingresos, hincharon el déficit público y acrecentaron la deuda. Esta segunda crisis es, pues, la de la deuda. (...)

El problema de la deuda ¿es de cuantía, de tamaño? No. En 2009 quedó en el 55,2% del PIB, menos que el 60% fijado en Maastricht. Mucho menos, casi 20 puntos menos, que el 84% que registró como media la eurozona. Muchísimo menos que el 115% de un país que se está yendo de rositas, como Italia.

No. El problema es la velocidad de su crecimiento. En 2008 estaba sólo en el 39,7%, subirá este año al 65,9% y llegará, calcula Hacienda, al 74,3% en 2012: casi se duplicará en el periodo. Esta velocidad genera tensiones para financiarla.

Las tensiones vienen porque este año el Estado tiene que devolver 120.000 millones (en torno a un 10% del PIB) contratados anteriormente y deberá emitir bonos y letras por 201.000 millones a corto, a medio y a largo plazo. A más necesidad de tesorería demandada en un periodo corto, más cara la prestan los acreedores. De ahí el diferencial de los bonos españoles con los alemanes (cerca de un punto), un sobrecoste que implica una factura adicional de 2.000 millones por punto: mayor desequilibrio. El problema, sin embargo, es manejable.

Como sucede en la economía doméstica, para atajar el endeudamiento hay que aumentar ingresos o reducir gastos. O ambas cosas a la vez, como pretende el Plan de austeridad, mientras se siguen inyectando algunos estímulos sectoriales al relanzamiento. La cuestión es si sus previsiones son creíbles." (XAVIER VIDAL-FOLCH: La segunda crisis. el País, ed. Galicia, economía, 11/02/2010, p. 24)

7.2.10

"Lo hicimos bien, muy bien. Hasta que nos lo creímos. Hasta que algún político pretendió que el producto del esfuerzo de todos era en realidad obra suya. Hasta que otros comenzaron a desvincularse de la ambición de país y priorizaron sus particulares intereses de partido o se concentraron en los intereses locales, en el confortable calorcito de su terruño.

Supimos dar lo mejor de nosotros mismos mientras nos mantuvimos unidos y con un proyecto común. Antes de que la propia sociedad se fragmentara a su vez en la cultura del pelotazo, la insolidaridad y la fiebre privatista. Antes de que se diluyera nuestra creatividad bajo el peso de la banalidad de la cultura de masas.

Si, como se dice, nuestra identidad se forja a través de la mirada de los otros, ésta que ahora nos arrojan debería hacernos reaccionar. Gracias a ella al fin hemos podido vernos en nuestra relativa desnudez. Bienvenida sea, a pesar de sus distorsiones, si al menos sirve para ponernos en nuestro sitio, para disipar nuestra pretenciosidad de nuevos ricos y emplearnos a fondo, con humildad, en la reconstrucción de eso que hemos perdido.

Pero no vamos bien cuando esas críticas que vienen de fuera se utilizan exclusivamente como crítica al Gobierno, ignorándose que de este desastre somos responsables todos, cada uno a nuestro nivel. El Gobierno tendrá su parte, pero no sólo él. Bien pensado, nuestro gran pecado puede que no haya sido sólo el luciferino de la soberbia; ha sido el de la irresponsabilidad generalizada. Es importante que no erremos al hacer el diagnóstico.

No desesperen, quienes ahora nos miran con displicencia ignoran que tenemos una importante ventaja comparativa. Fuimos uno de los pocos países que supieron reinventarse en un tiempo récord y bajo condiciones tremendamente difíciles. Quién sabe, si nos sirve para reencontrar el camino igual esto de la crisis acaba siendo una oportunidad. Pero no nos equivoquemos, nada ni nadie nos va a salvar si no nos sentimos todos aludidos." (FERNANDO VALLESPÍN: La mirada de los otros. El País, ed. Galicia, España, 05/02/2010, p. 17 )

5.2.10

La sociedad española está confusa porque, aunque comprende algunos problemas, no entiende la dirección de la marcha ante la crisis

"La crisis actual va a afectar a la sociedad española de un modo tan profundo y duradero que no puede por menos que suscitar esperanza. La crisis puede traernos una repetición de aquella experiencia de 13 años de los ochenta a mediados de los noventa, con su media de 18% de tasa de paro y su agitada retórica del cambio.

También puede situar a España en una larga senda de crecimiento insuficiente, proporcionado al modesto nivel (logrado tras 30 años de turnos de izquierdas y derechas) de su competitividad, su innovación tecnológica, su educación superior, su unidad interna y su influencia geoestratégica. Ante ello, deberíamos adoptar una actitud de prudente optimismo. Porque aunque es dudoso que aprendamos de la experiencia, en cambio es seguro que podemos aprender de ella.

No es fácil aprender de la experiencia. En estos años pasados, era evidente que el país tenía una política económica de dejarse llevar, vivía en la irrelevancia de su papel internacional, se dividía cada día un poco más, no acometía reforma alguna y, en definitiva, estaba yendo a ninguna parte. Pero como cada uno iba a lo suyo, y lo suyo iba en la dirección del viento, pocos creían que fuera cosa de aguzar la mirada y dejar de darse buenas noticias.

El poder disfrutaba del poder, la oposición tampoco sufría tanto en la oposición, las clases dirigentes representaban su papel en la feria de los discretos, todos se quejaban un poco pero marchaban en línea recta, y el país de a pie funcionaba. En ese ambiente, que la casa común se quedara pequeña pasó de ser evidente a ser invisible. Era como si, a fuerza de cortedad de miras (sobre los asuntos comunes, no los propios) de unos y otros, se hubieran quedado todos ciegos, y, en consecuencia, como si la habitación de lo común se hubiera quedado a oscuras." (VÍCTOR PÉREZ-DÍAZ : La desconexión. El País, ed. Galicia, opinión, 04/02/2020, p. 27)