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22.10.26

En los últimos 10 años diferentes movimientos populares o sindicales surgieron para enfrentarse a las distintas reformas. En 2016 contra la reforma del código laboral, en 2018 los chalecos amarillos y en 2019 y 2023 el movimiento contra las reformas de las pensiones... En cada ocasión, los diferentes gobiernos respondieron con más represión... Desde hace una década que los servicios públicos se vienen deteriorando a ritmo acelerado, que muchas empresas, sobre todo industriales, cierran, despidiendo a miles de trabajadores. Que el paro aumenta, al igual que el costo de la vida y que las grandes fortunas aumentan sus patrimonios y ganancias... El movimiento social actual comenzó a finales de septiembre en los liceos de la periferia parisina y de otras grandes ciudades... fue la represión feroz, con imágenes que circularon rápidamente por la redes sociales, la que generó la rápida expansión del movimiento a la mayoría de las escuelas secundarias... el movimiento sindical, padres y madres de alumnos y asociaciones ciudadanas se organizaron para proteger de la policía las protestas de las y los estudiantes: desde llevar comida a los bloqueos hasta organizar barreras humanas para protegerlos de la represión policial... El aumento de la pobreza y las dificultades para llegar a fin de mes, con el precio de las viviendas por la nubes, implicaban la posibilidad del resurgimiento de un movimiento como el de los chalecos amarillos... Y lo que podía pasar, pasó. Las manifestaciones fueron masivas... su masividad, hacen casi imposible de hacer una estimación correcta. Pero muchas ciudades, incluso pequeñas, informan que las manifestaciones han sido las más grandes en años... La estrategia del gobierno fue de reprimir desde bien temprano toda manifestación o concentración no declarada, creando un clima de violencia desde la mañana. Por ello, no es de extrañar las acciones violentas que que se dieron a la tarde y a la noche del sábado. La policía se vio desbordada, incluso fueron incapaces de proteger un local de Dior. Solamente 10 000 policías en todo el país, cuando, por ejemplo, durante la visita del papa, solo en Paris se desplegaron 15 000 policías... No existe un estallido social en el que no haya situaciones como las vividas el sábado 17. No existe un estallido controlado. El descontento social se expresa como puede, y a veces pasa por saqueos y enfrentamientos con la policía... La potencialidad de este movimiento radica principalmente en sus reivindicaciones. A las enumeradas más arriba hay que sumarles otras que demuestran un nivel de politización importante. La lucha contra la extrema derecha es un elemento central y la crítica de la miseria de este mundo está bien presente. La ideas anticapitalistas está presente. El futuro de la movilización está abierto (Martín Hache)

"Las imágenes de las protestas y de la rebelión popular circulan por los medios internacionales. Manifestaciones masivas, enfrentamientos con la policía, barricadas, saqueos, gases y fuego en París y otras ciudades del país. Los medios hablan de violencia, de la violencia de los manifestantes, de saqueos y degradaciones, como si estos elementos fueran el corazón de las protestas, sus objetivos centrales. Sin embargo éstos no son otra cosa que la consecuencia inevitable de una exploción social que se venía gestando desde hace meses e incluso años.

Una década de contrarreformas neoliberales
El descontento social se venía acumulando desde hacía una década, desde que el presidente Fraçois Hollande, del Partido Socialista, impulsó varias reformas neoliberales. Varias de ellas llevadas adelante por el entonces ministro de economía, y actual presidente, Emmanuel Macron. Desde hace una década que los servicios públicos se vienen deteriorando a ritmo acelerado, que muchas empresas, sobre todo industriales, cierran, despidiendo a miles de trabajadores. Que el paro aumenta, al igual que el costo de la vida y que las grandes fortunas aumentan sus patrimonios y ganancias.

La lucha contra la reformas y las respuestas del gobierno
En los últimos 10 años diferentes movimientos populares o sindicales surgieron para enfrentarse a las distintas reformas. En 2016 contra la reforma del código laboral, en 2018 los chalecos amarillos y en 2019 y 2023 el movimiento contra las reformas de las pensiones.

En cada ocasión, los diferentes gobiernos respondieron con más represión, desoyendo las reivindicaciones más allá del apoyo mayoritario a las mismas, e imponiendo las leyes por decreto [el al famoso art. 49.3 de la constitución que permite al presidente del gobierno imponer una medida] cuando no disponían de la mayoría necesaria en el parlamento cuando no dispone de la mayoría necesaria en el parlamento].

Así, el poder se viene manteniendo más por la fuerza represiva que por su legitimidad democrática. Para entender el fuerte descontento y la ausencia de legitimidad del gobierno, hay que sumarle el hecho de que tras la disolución del parlamento en 2024 Macron nombró como primer ministros a políticos cuyas fuerzas llegaron en tercer o cuarto lugar en las elecciones legislativas, poniendo fin a la costumbre de nombrar primer ministro al partido que llega en cabeza: en aquel momento, la coalición de izquierdas Nuevo Frente Popular, impulsado por la France Insoumise; así como el aumento de las violencias policiales, el racismo cada vez más explícito de los medios de comunicación y en las fuerzas represivas, y las distintas expresiones de desprecio hacia el malestar social.

Todo comienza con la juventud
El movimiento social actual comenzó a finales de septiembre en los liceos de la periferia parisina y de otras grandes ciudades. Un movimiento de la juventud de los barrios populares reivindicando poner fin a las pésimas condiciones en la enseñanza (sobre todo en las zonas populares): edificios en pésimas condiciones, falta de mesas y sillas, ratas en los pasillos, temperaturas extremas en verano y en invierno, insuficiente número de docentes. Pero también contra el filtro de acceso a la educación superior a través de la plataforma Parcoursup, impuesto en 2018, que tanto los estudios sociológicos como los sindicatos de la enseñanza califican como una plataforma de discriminación social.

Estas reivindicaciones de las y los estudiantes son compartidos por la gran mayoría de la juventud, incluso en barrios menos desfavorecidos. Pero fue la represión feroz, con imágenes que circularon rápidamente por la redes sociales, la que generó la rápida expansión del movimiento a la mayoría de las escuelas secundarias. Por primera vez en décadas, el movimiento no sólo alcanzó los liceos (a partir de 15 años) sino también varios colegios (entre 11 y 15 años). Y a las reivindicaciones por una educación de calidad, se le sumaron las consignas contra la represión

La solidaridad no tardó en hacerse oír
Frente a la represión, el movimiento sindical, padres y madres de alumnos y asociaciones ciudadanas se organizaron para proteger de la policía las protestas de las y los estudiantes: desde llevar comida a los bloqueos hasta organizar barreras humanas para protegerlos de la represión policial. El movimiento se extendió rápidamente a las universidades y las marchas organizadas empezaron a masificarse.

La juventud demostró que no les amedentraba la violenta represión y que era necesario seguir luchando por sus reivindicaciones. Durante dos semanas el gobierno se negó a hablar de las reivindicaciones del movimiento y puso el foco en los disturbios que generaba la protesta (basureros quemados...) y en la supuesta violencia de la juventud. La represión fue la única respuesta a las reivindicaciones del movimiento, convirtiendo al Ministro del interior en la principal figura del gobierno. El que parece gobernar, es el jefe mayor de la policía.

La vida cara y el descontento social generalizado
Desde principios de septiembre, distintas figuras de lo que fue el moviemento de los chalecos amarillos, hicieron un llamamiento a la mobilización para el 17 de octubre. Una fecha iba cogiendo fuerza incluso antes del inicio del movimiento de la juventud. Desde el inicio de la invasión a Ucrania, y más aún con los ataques estadounidenses a Irán, los precios se han disparado sin que los salarios aumenten de manera significativa. El aumento de la pobreza y las dificultades para llegar a fin de mes, con el precio de las viviendas por la nubes, implicaban la posibilidad del resurgimiento de un movimiento como el de los chalecos amarillos. Por ello, flotaba en el aire la posible convergencia entre estas dos luchas, que se dio de manera instantánea y se perfiló la posibilidad de un estallido social el 17 de octubre.

17-O: un verdadero estallido social
Y lo que podía pasar, pasó. Las manifestaciones fueron masivas. La policía estima 500 000 manifestantes en todo el país, las organizaciones sindicales 800 000. Pero incluso ésta última parece estar subvaluada. La cantidad de manifestaciones no declaradas y su masividad, hacen casi imposible de hacer una estimación correcta. Pero muchas ciudades, incluso pequeñas, informan que las manifestaciones han sido las más grandes en años.

La estrategia del gobierno fue de reprimir desde bien temprano toda manifestación o concentración no declarada, creando un clima de violencia desde la mañana. Por ello, no es de extrañar las acciones violentas que que se dieron a la tarde y a la noche del sábado.

Policía desbordada y represión
La plaza de la República estuvo llena de gases desde el mediodía y la manifestación debía empezar a las 14h. La policía impidió que muchos manifestantes entrasen a la plaza y se vieron obligados a deambular por la calles aledañas para sumarse a la manifestación. Los enfrentamientos comenzaron simplemente porque la policía bloqueaba las entradas.

Mientras miles y miles de personas intentaban avanzar por el recorrido oficial de la manifestación, los enfrentamientos se intensificaron en la plaza, con barricadas, autos incendiados y el saqueo de algunos comercios. Los medios de comunicación solo mostraban estas escenas.

Muchas y muchos manifestantes intentaron tomar otras direcciones, y las escenas de la plaza de la República se repitieron en otras calles y otros barrios de la ciudad. Incluso en lugares alejados del recorrido oficial, pero cercanos al Palacio presidencial o a Los Campos Eliseos, epicentro de los disturbios durante el movimiento de los chalecos amarillos. Escenas similares se vieron en otras ciudades, y las más marcantes fueron el incendio de la alcaldía en Limoges o la intrusión en la alcaldía de Marsella.

La policía se vio desbordada, incluso fueron incapaces de proteger un local de Dior. Este desbordamiento se debió a la masividad de las manifestaciones y al nivel de cólera en la población, pero también a la incapacidad del ministerio del interior de prever la situación: Solamente 10 000 policías en todo el país, cuando, por ejemplo, durante la visita del papa, solo en Paris se desplegaron 15 000 policías.

La policía usó y abusó de gases lacrimógenos, de matracas, granadas ensordecedoras o con proyectiles de goma. El saldo es un manifestante muerto por un paro cardíaco en París, otro perdió una mano en Saint-Etienne y otro un ojo en Mulhouse.

La cuestión de la violencia
El propio sábado y los días siguientes, los medios de comunicación y el gobierno se han focalizado en estas escenas de violencia, diciendo que los que saquean le han robado la manifestación a los jóvenes. Exigen un llamado a la calma y reconocen por primera vez la legitimidad de las reivindicaciones, pero sin darles una mínima respuesta. Básicamente están diciendo “si quieren protestar, háganlo, pero civilizadamente”, y sin aportar ninguna solución.

Por su parte, la extrema derecha aprovecha la situación para acusar de la violencia a la población inmigrante, y el gobierno a la izquierda (LFI, NPA...), sin explicar la razones del estallido.

Como todo estallido social, éste pasa por caminos sinuosos. No existe un estallido social en el que no haya situaciones como las vividas el sábado 17. No existe un estallido controlado. El descontento social se expresa como puede, y a veces pasa por saqueos y enfrentamientos con la policía. Los llamamientos a condenar la violencia y las amenazas de procesos por apología sólo tienen por objetivo de disciplinar y amordazar la contestación social.

Par nosotros y nosotras, la cuestión no es de hacer la criba entre buenos y malos manifestantes, entre métodos moralmente aceptables o condenables, sino plantear cómo mantener la unidad y la radicalidad de lo movimiento, como trabajar para ampliarlo y estructurarlo.

Un movimiento politizado con reivindicaciones claras
La potencialidad de este movimiento radica principalmente en sus reivindicaciones. A las enumeradas más arriba hay que sumarles otras que demuestran un nivel de politización importante. La lucha contra la extrema derecha es un elemento central y la crítica de la miseria de este mundo está bien presente. La ideas anticapitalistas está presente o tiene un buen eco en el movimiento.

¿Qué perspectivas?
El futuro de la movilización está abierto. El gobierno apuesta a que las vacaciones escolares y las medidas represivas impuestas este domingo (toque de queda parcial, represión judicial) hagan bajar la presión y que todo vuelva a una pseudonormalidad sin tener que realizar concesiones.

Pero aunque esto sea siempre una posibilidad, todo indica que, más allá de que estemos frente a dos semanas relativamente calmas, la lucha vaya a continuar. Ya existen llamamientos a un acto II para el sábado 24 y está en marcha una importante movilización contra el congreso del RN de Marine Le Pen en Orleans .

Lo que hay que ver es si el movimiento estudiantil puede aprovechar las vacaciones para estructurarse de manera perenne y si empieza a contagiarse en las empresas y el movimiento sindical, con el 5 de noviembre, día de huelgas y movilizaciones convocada por la intersindical, como objetivo."

(Martin Hache, Viento Sur, 21/10/26)

20.10.26

La revuelta es un ya basta... la expresión de una crisis y situación desesperada y un tipo de lenguaje político radical de los no escuchados... las protestas no surgen simplemente de una generación inconforme, sino de la contradicción entre las promesas de igualdad republicana y las condiciones materiales de vida. Entre las reformas tecnocráticas a favor de los ricos y las fuerzas armadas y el abandono de la educación y la segregación y represión de los jovenes migrantes... La derecha mundial agita su odio contra los migrantes como origen de la revuelta. Pero las protestas cuyo epicentro es Francia se extienden a Bélgica y Albania e Italia con el fuego de la indignación generalizada que surge por las democracias europeas de mercado que abandonaron lo público, junto a la corrupción, el rearme y la desigualdad. En Portugal y España se presenta como protesta por la captura de las ciudades por el capital inmobiliario, como crisis de vivienda... La derecha mundial agita su odio contra los migrantes como origen de la revuelta. Pero las protestas cuyo epicentro es Francia se extienden a Bélgica y Albania e Italia con el fuego de la indignación generalizada que surge por las democracias europeas de mercado que abandonaron lo público, junto a la corrupción, el rearme y la desigualdad... En Portugal y España se presenta como protesta por la captura de las ciudades por el capital inmobiliario, como crisis de vivienda... La revuelta fue engendrada por tanto por las condiciones materiales precarias del neoliberalismo, como por las condiciones políticas de absoluto cierre de las mediaciones ante gobiernos arrogantes que creyeron que podían imponer el orden del capital. La revuelta es la respuesta a ello... también pesa entre la juventud el horizonte catastrófico para su generación que ha terminado con cualquier promesa de futuro, empleo y bienestar; pesa la claridad en muchos de ellos del cambio climático como anuncio del fracaso civilizatorio; y moviliza entre muchos de ellos la rabia por el genocidio en Gaza, que se ha convertido junto a la bandera palestina, en el símbolo mundial de resistencia ante lo abominable... Pero la revuelta es un festin de energía y politicidad, una explosión de energía y pasión alegre... En medio del oscuro momento que vive la humanidad, esa energía de la juventud, esa radicalidad de la revuelta, esa compulsión de un ya basta incontrolable, ingobernable, ese mensaje político que anuncian los estudiantes franceses con su ya basta ha comenzado a voltear por completo el destino catastrófico dominado por la extrema derecha... Los estudiantes franceses no solo dan muestra de dignidad, sino también señal de que la batalla por la humanidad no está perdida, porque sus jovenes, están dispuestos a luchar por la vida, por el futuro y por la libertad (César Pineda)

"La revuelta es un ya basta: ruptura de la relación mando-obediencia, desbordamiento de la capacidad policiaca de sostener el orden. Expresión de una crisis y situación desesperada y un tipo de performatividad y lenguaje político radical de los no escuchados: HILO

las protestas no surgen simplemente de una generación inconforme, sino de la contradicción entre las promesas de igualdad republicana y las condiciones materiales de vida. Entre las reformas tecnocráticas a favor de los ricos y las fuerzas armadas y el abandono de la educación y la segregación y represión de los jovenes migrantes. No se trata solo de edificios escolares con ratas, sino de la indignación generalizada de que el gobierno de Macron y en general los gobiernos franceses trabajan a favor del capital y la elites, abandonando a su suerte a los más pobres y a la educación pública. El hechizo que Macron había producido entre los franceses se ha roto, y ese rompimiento implica un cuestionamiento más radical que la queja sobre aulas con demasiados estudiantes: lo que ha venido a cuestionar el movimiento estudiantil, es la democracia de mercado macroniana, ya que lo que viven los estudiantes y los jovenes estudiantes migrantes es una realidad cotidiana desesperanzadora, represión policial y condiciones degradantes e intolerables en sus escuelas. El abismo entre la gerencia tecnocrática de las finanzas de los gobiernos y sus discursos huecos y la realidad juvenil es absoluta. La crisis se ha producido en esa brecha

La derecha mundial agita su odio contra los migrantes como origen de la revuelta. Pero las protestas cuyo epicentro es Francia se extienden a Bélgica y Albania  e Italia con el fuego de la indignación generalizada que surge por las democracias europeas de mercado que abandonaron lo público, junto a la corrupción, el rearme y la desigualdad.
En Portugal y España se presenta como protesta por la captura de las ciudades por el capital inmobiliario, como crisis de vivienda.

Así como se vivieron los estallidos en LATAM (Chile-Colombia-Ecuador) en 2019, y como hundimiento electoral de los partidos de la globalización neoliberal en Estados Unidos girando hacia la derecha trumpiana, las revueltas europeas son la otra forma de expresión del hundimiento final del neoliberalismo y sus regímenes desacreditados (Macron tiene niveles de aprobación de menos del 20%, es decir menos que Peña Nieto en el momento de su colapso).

Pero si la revuelta se presenta como lucha de clases multitudinaria en las calles es por la crisis de representación generalizada de los partidos y por la debilidad de las estructuras de clase que ya no median ni regulan la relación capital trabajo.

La revuelta, siguiendo a Joshua Clover, está de regreso porque es imposible protestar y frenar al poder del capital financiero intangible e inalcanzable, mientras que el poder represivo del estado es el único modo de relación con quien dice ya basta. La revuelta fue engendrada por tanto por las condiciones materiales precarias del neoliberalismo, como por las condiciones políticas de absoluto cierre de las mediaciones ante gobiernos arrogantes que creyeron que podían imponer el orden del capital. La revuelta es la respuesta a ello.

Pero si la indignación emerge de acontecimientos precipitantes como la indignación y luego la represión policiaca, (que es casi siempre el origen de la radicalización de protestas pacíficas y su deriva en enfrentamientos defensivos que escalan aún más la indignación original, como el caso del joven francés de 14 años que perdió la mano por las granadas antimotines policiacos), y está motivada por condiciones materiales reales, también pesa entre la juventud el horizonte catastrófico para su generación que ha terminado con cualquier promesa de futuro, empleo y bienestar; pesa la claridad en muchos de ellos del cambio climático como anuncio del fracaso civilizatorio; y moviliza entre muchos de ellos la rabia por el genocidio en Gaza, que se ha convertido junto a la bandera palestina, en el símbolo mundial de resistencia ante lo abominable, la complicidad de sus gobiernos y símbolo de la derrota no de la causa Palestina, no de Hamás, sino de la humanidad misma, rota por la ignominia del asesinato en masa.

Pero la revuelta es, además de la ingobernabilidad provocada por la pérdida del control del espacio público por la policía por la acción multitudinaria, un festin de energía y politicidad, una explosión como plantea Enzo Traverso de energía y pasión alegre:

«Cuando la vitalidad y la inteligencia de la multitud convergen en una unidad consciente – lo opuesto de una masa heterogénea o una muchedumbre urbana reunida a partir de elementos atomizados- , todo resulta posible, en la revuelta hay un extasis de liberación».

A pesar de que en realidad la mayorías de las protestas en Francia han sido pacíficas, muchas de ellas son abiertamente antifascistas, ante el peligro de Lepen. Igual que en brasil, la juventud se decanta por frenar también a los partidos de derechas, pero expresa en mil formas creativas un nuevo modo de politización de su generación: ponen en altavoces They Don’t Care About Us, de Michael Jackson, porque su generación ha sido politizada a través de reels de instagram donde la canción de hace 30 años se ha renovado como símbolo de lo que sucede alrededor del mundo; cantan frente a la policía cuando se acerca la marcha imperial de Star Wars, porque su generación ha sido definida por la cultura pop del mainstream pero la resignifican haciendo reír a todos; pero también interpretan La Marsellesa como reivindicación nacional ante las acusaciones de agitación migrante o de la extrema izquierda, y como símbolo de lucha francesa y de la memoria histórica (cuando cantan sobre que ya le han cortado la cabeza al rey en el pasado y pueden volver a pasar) y también cantan la internacional. Esa generación despreciada por buena parte de la izquierda, ignorada por los gobiernos, segregada por la discriminación, ha estallado dando un manotazo de violencia performativa contra una policía muy odiada, pero también con la oleada de irreverencia, creatividad, festividad y lucha de una generación que igual se disfraza de dinosaurio, ondea la bandera francesa y palestina o pinta sobre un edificio escolar ¡VIVA LA COMUNA!

En medio del oscuro momento que vive la humanidad, esa energía de la juventud, esa radicalidad de la revuelta, esa compulsión de un ya basta incontrolable, ingobernable, ese mensaje político que anuncian los estudiantes franceses con su ya basta ha comenzado a voltear por completo el destino catastrófico dominado por la extrema derecha.
Al ver como los jovenes arrastran al resto de la sociedad francesa a las calles, al ver a los alcaldes progresistas interponerse entre la policía y los jovenes, al ver una sociedad conmocionada por la revuelta, solo podemos decir que la revuelta estudiantil de 2026, aunque no sabemos a donde llegará, ya ha dejado a través de su radicalidad el fuego de la esperanza que desde París, como lo fue la Comuna, como lo fue el mayo de 68, una irradiación que permite asegurar que la lucha continúa y que la resistencia a lo intolerable surge, en donde menos se esperaba.

Los estudiantes franceses no solo dan muestra de dignidad, sino también señal de que la batalla por la humanidad no está perdida, porque sus jovenes, están dispuestos a luchar por la vida, por el futuro y por la libertad."

(César Pineda, X, 19/10/26) 

11.10.26

En Francia, la revuelta comienza dentro de una escuela que se está cayendo a pedazos... España ha descubierto que una casa todavía puede ser política... ¿Qué relación existe entre estas protestas? Tengo la vaga sospecha de que las guerras coloniales en Oriente Medio (incluido un genocidio), las sanciones contra Rusia, la financiación ilimitada de Ucrania y el temerario rearme propuesto por la clase dirigente y criminal de Europa podrían tener algo que ver. Pero es solo una corazonada... La Unión Europea está movilizando hasta 800 mil millones de euros para la iniciativa Preparación 2030... En 2026, ha finalizado otros 90 mil millones de euros en préstamos a Ucrania, con aproximadamente 60 mil millones destinados a asistencia militar. Estas son decisiones presupuestarias, tomadas por gobiernos que llevan años explicándonos lo difícil que es encontrar dinero para los servicios públicos. ¿Cuál es la respuesta del gobierno a demandas legítimas y necesarias? Es obvio. Estado policial y prohibiciones... La respuesta represiva de Francia dice mucho sobre la Europa que estamos construyendo... se trata de una «guerra interna», una guerra contra los jóvenes que piensan en su futuro, y a cambio reciben el habitual discurso de seguridad. ¿Acaso la paz pública debe significar obediencia? Esta semana, Francia ofrece un caso de estudio bastante brutal (Lavinia Marchetti)

"No quiero aventurar hipótesis sin pruebas, pero tengo la vaga sospecha de que las guerras coloniales en Oriente Medio (incluido un genocidio), las sanciones contra Rusia, la financiación ilimitada de Ucrania y el temerario rearme propuesto por la clase dirigente y criminal de Europa podrían tener algo que ver. Pero es solo una corazonada. Ya veremos qué pasa. 

1. En Francia, la revuelta comienza dentro de una escuela que se está cayendo a pedazos.

Seine-Saint-Denis es un departamento joven y pobre que, durante años, ha sufrido un sistema de educación pública peor que el prometido por la República. Hay escasez de profesores, se pierden semanas de clase, los edificios tienen goteras y están infestados de ratas, e incluso los falsos techos se están derrumbando. Un informe parlamentario, citado en el Manifiesto de ayer , estima que un estudiante del departamento pierde el equivalente a dieciocho meses de clase durante su trayectoria académica debido a las ausencias de los profesores y la dificultad para sustituirlos.

Estudiantes de secundaria bloquearon las entradas y las protestas se extendieron mucho más allá de París, convirtiéndose en un movimiento nacional. El tema del rearme se incluyó directamente entre las demandas. Marius Mesnil, un joven de dieciocho años líder de la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria, lo expresó con claridad: «Somos una generación que no quiere morir en la guerra, sino estudiar».

Me resultaría difícil explicarle que un profesor de francés es fiscalmente insostenible, mientras que el gasto militar pertenece al ámbito de la necesidad metafísica. Reducirlo todo a vertederos y escuelas incendiadas, o a estudiantes contra policía, no tiene sentido. Una parte importante del trabajo público francés se centra en los jóvenes. El 29 de septiembre, más de 170 manifestaciones recorrieron el país contra el presupuesto de 2027 y la congelación de los salarios del sector público. 

Participaron 206.000 personas, según el Ministerio del Interior, y más de 300.000 según la CGT. Profesores, trabajadores sanitarios y empleados de la administración local salieron a las calles, mientras que los bomberos estaban en huelga nacional. El sindicato de bomberos ha presentado un aviso de huelga que abarcará casi todo septiembre y octubre, hasta el día 20. Exige compromisos sobre la ley de modernización de la seguridad civil, los recursos para el presupuesto de 2027 y las condiciones de salud y seguridad de los bomberos.

2. La respuesta represiva de Francia dice mucho sobre la Europa q estamos construyendo.

Según el ministro del Interior, Laurent Nuñez, se han producido más de cinco mil detenciones desde el inicio de las protestas. Muchos de los detenidos son menores de edad. La policía ha utilizado gases lacrimógenos y balas de goma, tristemente célebres durante las protestas de los Chalecos Amarillos. 

Un joven de dieciséis años resultó gravemente herido en un ojo. Otro de catorce, alcanzado en la cara por una granada de gas lacrimógeno, sufrió lesiones en la boca y los dientes. El gobierno ha prohibido las manifestaciones en los alrededores de cientos de escuelas. Se han producido incendios provocados y ataques contra agentes de policía. Es inevitable. 

Pero basta con observar la magnitud del problema para comprender su gravedad: adolescentes que exigen profesores y escuelas dignas se enfrentan a la policía antidisturbios y a miles de detenciones. Se trata de una «guerra interna», una guerra contra los jóvenes que piensan en su futuro, y a cambio reciben el habitual discurso de seguridad. ¿Acaso la paz pública debe significar obediencia? Esta semana, Francia ofrece un caso de estudio bastante brutal.

3. España ha descubierto que una casa todavía puede ser política.

María del Carmen Abascal tiene 87 años y vivió setenta años en el mismo piso de Madrid. Su caso de desahucio fue uno de los detonantes de la movilización contra los alquileres desorbitados. La Puerta del Sol se llenó de tiendas de campaña. La acampada resistió durante días, y hoy decenas de miles de personas salieron a las calles en más de cincuenta ciudades. Reuters calcula que en Madrid hubo alrededor de 70.000 manifestantes. Mientras tanto, el Parlamento español rechazó, por 178 votos contra 172, los dos decretos del gobierno de Sánchez destinados a frenar los desahucios y reforzar ciertas protecciones para los inquilinos. 

Junts votó junto con PP y Vox. Pablo Bustinduy, ministro de Sumar, utilizó un término que no se oía en la política europea desde hacía mucho tiempo. Dijo, para nuestra absoluta consternación: «Hoy hay conflicto de clases» en el Parlamento, acusando a quienes votaron en contra de proteger a «una oligarquía internacional» que obtiene dividendos de los salarios de los trabajadores. 

Poco a poco, ellos también están llegando a ese punto. Una protesta que comenzó en torno a la casa de una mujer se está organizando actualmente en una huelga general. Así, el conflicto se extenderá más allá del tema de la vivienda y afectará el equilibrio de poder económico. El Sindicato de Inquilinos está considerando una posible reunión nacional con organizaciones laborales; aún no se ha fijado una fecha.

Durante años, nos han contado la misma vieja historia sobre los alquileres altísimos, con gráficos, inflación, especulación y alojamientos turísticos. En un momento dado, una pensionista es desalojada de la casa donde ha vivido toda su vida, y pocas semanas después, una capital europea se llena de gente que exige la paralización del país. Sí, la clase social influye. En Francia, también influye la clase escolar; en España, es una cuestión de justicia social. 

4. Mientras tanto, Calabria. Sí, la propia Calabria.

Desde el lunes, aproximadamente dos mil personas han participado en protestas y bloqueos intermitentes en varias partes de la región. Agricultores y camioneros protestan por el alto precio del combustible y el desequilibrio entre los precios al productor y al consumidor. En Cosenza, más de cien manifestantes dejaron estiércol frente a la Prefectura. 

La protesta se convirtió en una marcha y el tráfico de la ciudad quedó paralizado durante horas. Las protestas continúan en Spezzano, Firmo y Davoli. Está prevista una manifestación frente a la Ciudadela Regional de Catanzaro el lunes. Los organizadores han anunciado una manifestación nacional en Cosenza para el 10 de octubre. El alto precio del combustible es el detonante declarado. 

Los organizadores hablan abiertamente del costo de vida y los bajos ingresos. Y es importante que esto suceda en el Sur, donde durante décadas las dificultades sociales se han expresado casi exclusivamente a través de la emigración individual: irse, arreglárselas, encontrar trabajo en otro lugar, arremangarse. Esta vez, alguien ha puesto un tractor en el camino. 

5. ¿Qué relación existe entre estas protestas?

En Francia, la gente exige escuelas públicas dignas, bomberos que puedan operar con seguridad y otras mil preocupaciones sociales. En España, el conflicto surgió por los alquileres inmobiliarios y se ha extendido a los derechos laborales y sociales. En Calabria, el precio del combustible impacta directamente en los costos de quienes producen y trabajan. 

Actualmente, no existe un movimiento europeo unificado; espero que se pueda coordinar y que ninguna fuerza política esté dispuesta a actuar para silenciarlo. La coincidencia política es difícil de ignorar: sectores de la sociedad que durante años recibieron respuestas técnicas están volviendo al conflicto colectivo, que antes se habría llamado «lucha de clases». La Unión Europea está movilizando hasta 800 mil millones de euros para la iniciativa Preparación 2030. 

En 2026, ha finalizado otros 90 mil millones de euros en préstamos a Ucrania, con aproximadamente 60 mil millones destinados a asistencia militar. Estas son decisiones presupuestarias, tomadas por gobiernos que llevan años explicándonos lo difícil que es encontrar dinero para los servicios públicos. ¿Cuál es la respuesta del gobierno a demandas legítimas y necesarias? Pero es obvio. Estado policial y prohibiciones. Ya veremos…"

(Lavinia Marchetti, bióloga molecular y escritora italiana, Observatorio de la crisis, 09/10/26)

30.9.25

¿Qué está pasando en Francia? Algo más que un problema de deuda... Francia ha pasado en muy poco tiempo de la negación a la constatación de que el problema es serio. Los mantras que culpabilizan a los de siempre no faltan a la cita: “Los jubilados cobran demasiado”, “los emigrantes viven de las paguitas”, “los jóvenes no saben lo que es trabajar”... Francia aparece más que nunca como el mal alumno de la clase europea. Aquel que ya no tiene derecho a indulgencia... Mientras España ha sabido aprovechar la nueva coyuntura, el motor de la economía francesa parece estar gripado. La retórica oficial oculta un ángulo decisivo del problema. No estamos ante un Estado que simplemente gaste demasiado, sino de un Estado empobrecido mientras la riqueza privada se dispara y, cada vez, se concentra más... Francia nunca fue tan rica y, al mismo tiempo, su Gobierno nunca fue tan pobre. La desigualdad es abismal... No sorprenden, por tanto, los lemas del movimiento Bloquons tout: “que paguen los millonarios y no las abuelas”... el “bloque central” impone una austeridad selectiva contra el trabajo y el Estado social... se llama la “gestión de la ruina”: dar oxígeno a un capitalismo en crisis a costa de destruir las condiciones de vida de la mayoría... Quien ha gobernado a golpe de decretazo por el 49.3 y sin mayoría parlamentaria durante casi una década responsabiliza a otros de su fracaso... Francia no necesita más sacrificios ni sermones televisivos, sino justicia fiscal y una salida política a la profunda crisis de la V República. Sacrificar a Bayrou no cambiará nada, si Francia se deja arrastrar al camino de la penitencia (Lilith Verstrynge)

 "¿Qué está pasando en Francia? La pregunta se repite allá donde vayas. Porque Francia ha sido, históricamente, objeto de deseo o animadversión, pero nunca antes de tanta incomprensión. Ante el desconcierto, se señala a los sospechosos habituales: economía en decadencia, política sin horizonte. Y el insoportable vacío corren a llenarlo los diagnósticos rápidos: la sobredimensión del Estado, el infierno fiscal, el bloqueo de “los extremos”... Francia ha pasado en muy poco tiempo de la negación a la constatación de que el problema es serio. Los mantras que culpabilizan a los de siempre, por supuesto, no faltan a la cita: “Los jubilados cobran demasiado”, “los emigrantes viven de las paguitas”, “los jóvenes no saben lo que es trabajar”... Entonces, acudimos a escenas que hace poco más de una década habrían parecido inconcebibles y que, sin embargo, se han vuelto parte de nuestra cotidianidad. Hace unos días, en el telediario de TF1, un economista desplegaba un cuadro comparativo con los niveles de deuda de los países del sur de Europa. Portugal, Grecia, España e Italia —los antaño denostados PIGS— aparecían ahora como ejemplos de disciplina por haber reducido su deuda. Francia, en cambio, quedaba en evidencia: un rendimiento deficiente y una conclusión obvia. Si los países del sur expiaron sus pecados con austeridad, a Francia le ha llegado su San Martín.

Esos días, la agencia Fitch rebajó la calificación de la deuda francesa por la crisis política. Por primera vez en la historia, la prima de riesgo francesa superó a la italiana. “En el plano financiero, Francia aparece más que nunca como el mal alumno de la clase europea. Aquel que debe demostrar sus capacidades y ya no tiene derecho a indulgencia”, sentenciaba Le Monde. Según el relato, la inestabilidad, los extremos y la polarización empujaban a la segunda economía del euro hacia el abismo. La economía se convertía en la víctima perfecta de la política.

Emergía entonces François Bayrou, el ya dimitido primer ministro, como figura moralizante de la grandeur francesa. Bayrou que habría aceptado sacrificarse para mostrar al pueblo su reflejo en el espejo ― “habéis vivido por encima de vuestras posibilidades”― pretendía mirar más allá de intereses personales o políticos. Y avisaba de que la penitencia colectiva sería inevitable.

El Gobierno insistió durante semanas en un mismo argumento: “Francia lleva 50 años sin aprobar un presupuesto equilibrado”. Décadas de irresponsabilidad habrían dejado una deuda insostenible y, por lo tanto, como si de la ley de la gravedad se tratase, solo quedaría reducir el Estado, retrasar jubilaciones o eliminar días festivos. Como en una familia, el Estado no puede gastar más de lo que ingresa. Sin embargo, casi inevitablemente, irrumpe el sentido común con un contraargumento keynesiano: ¿cómo es posible que un país mal gestionado durante cinco décadas siga en pie sin haber sucumbido antes a la quiebra? ¿No será que un Estado no funciona como el hogar de una familia parisina o marsellesa? ¿No será que las reglas de la contabilidad doméstica no pueden aplicarse mecánicamente a la economía nacional?

Es evidente que la explicación de la actual crisis francesa no puede reducirse solo a la deuda. De hecho, la mayoría de los países europeos se endeudó durante los últimos años debido a la pandemia. Durante esa crisis, los gobiernos europeos adoptaron medidas de gasto sin precedentes. Como subrayó el economista francés Olivier Blanchard, las respuestas fiscales fueron rápidas y contundentes: ayudas equivalentes al 5,9% del PIB en Francia, frente al 7,8% en Estados Unidos y al 11,3% en Alemania. Esa intervención masiva ―subvenciones directas, moratorias, protección del empleo― evitó un desastre social y económico. El contraste con 2008 es revelador. Mientras las políticas de austeridad impuestas en Europa condenaron a países como España a una década perdida, tras la crisis de la covid-19, la recuperación ha sido mucho más veloz. Por primera vez en años, la respuesta europea a una crisis fue coordinada, dejó atrás la Europa a dos velocidades y apostó decididamente por la protección estatal de trabajadores y empresas.

Superada la emergencia, sin embargo, los datos de recuperación de unos y otros divergen. En 2024, España creció un 3,2%, casi el triple que Francia (1,1%). Este año, las estimaciones apuntan a que España rozará el 2,5%-2,7%, mientras Francia apenas alcanzará el 0,6%-0,8%. Mientras España ha sabido aprovechar la nueva coyuntura, el motor de la economía francesa parece estar gripado. La retórica oficial oculta un ángulo decisivo del problema. No estamos ante un Estado que simplemente gaste demasiado, sino de un Estado empobrecido mientras la riqueza privada se dispara y, cada vez, se concentra más. Como recuerda Thomas Piketty, la deuda pública francesa —120% del PIB, esto es, actualmente unos tres billones de euros— equivale a la de antes de la Revolución francesa. Sin embargo, los patrimonios privados han pasado en medio siglo del 300% al 500% del PIB, unos 15 billones. Francia nunca fue tan rica y, al mismo tiempo, su Gobierno nunca fue tan pobre. La desigualdad es abismal: en 2023, el 20% más rico ingresaba de media 4.700 euros al mes frente a los 1.000 del 20% más pobre; el patrimonio del 40% superior casi se duplicó en dos décadas, mientras el de los más humildes permanecía estancado o caía. No sorprenden, por tanto, los lemas del movimiento Bloquons tout, aunque su lucidez supera a la de muchos analistas: “Macron, presidente de los ricos”, “vuestros privilegios, nuestra cólera”, “que paguen los millonarios y no las abuelas”.

 La crisis francesa no responde a la inestabilidad de la política, sino que es la fragilidad económica y los malestares sociales los que explican la situación de impasse. Lo que ocurre hoy entre Matignon y el Elíseo responde menos a un proyecto político para el país que a la pura supervivencia de Macron, cuyo mandato se ha caracterizado por favorecer a las élites —con, entre otras cosas, notables rebajas fiscales— y erosionar la confianza ciudadana.

El “bloque central” busca mantener a toda costa la unidad del capital, imponiendo una austeridad selectiva contra el trabajo y el Estado social. Es lo que el filósofo Alfred Sohn-Rethel ha llamado la “gestión de la ruina”: dar oxígeno a un capitalismo en crisis a costa de destruir las condiciones de vida de la mayoría. Quien ha gobernado a golpe de decretazo por el 49.3 y sin mayoría parlamentaria durante casi una década responsabiliza a otros de su fracaso.

Y el marco internacional no da tregua. Los aranceles de Trump añaden presión a una Europa que ya arrastra déficits estructurales en sectores industriales como el automovilístico y en ámbitos estratégicos como la inteligencia artificial. Frente a China y a Estados Unidos, Francia y la UE carecen de una estrategia industrial. La crisis energética, derivada de la guerra de Ucrania, y los costes de la dependencia energética solo agravan el diagnóstico. Por contraste, España se beneficia de un diferencial competitivo en precios de la energía: la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) estima que se mantendrán un 30% por debajo de Francia y Alemania en la próxima década.

Más que mirar al Sur para repetir errores del pasado, Francia y Europa deberían hacerlo para encarar las transformaciones presentes. Lo que está en juego no es la deuda, sino quién paga la factura de la crisis y con qué proyecto de futuro. Francia no necesita más sacrificios ni sermones televisivos, sino justicia fiscal y una salida política a la profunda crisis de la V República. Sacrificar a Bayrou no cambiará nada, si Francia se deja arrastrar al camino de la penitencia."                               ( Lilith Verstrynge , El País, 29/09/25)

4.8.24

Frédéric Lordon: Crisis total en Francia... Es difícil imaginar con qué rapidez puede destruirse una sociedad una vez que está en manos de una camarilla de pervertidos e idiotas... el proceso de destrucción que primero se hizo visible en la esfera material, con la explosión de la pobreza y la demolición de los servicios públicos, acaba por alcanzar las altas esferas... La crisis se hace total en el momento en que ninguna de las instituciones, ninguna de las mediaciones, es capaz de asumir las tensiones económicas y sociales... ni la mediación política, ni la mediación mediática, ni la mediación sindical están a la altura de la tarea de «regular» el curso de la vida colectiva... en la cúspide de las instituciones autocráticas de la V República, y autorizado por ellas, hay un tipo especial. Que, llevado por las necesidades de su complexión psíquica, ya no responde ante nadie... y así, sin pestañear, planea dejar en funciones al gobierno dos veces derrotado por tiempo indefinido, y multiplicar los escándalos democráticos hasta el golpe de Estado... De todas las destrucciones de las que Macron y el macronismo son culpables, quizá la peor sea la destrucción de toda moral política, sin la cual no puede haber legitimidad... Y mientras, los medios de comunicación lo avalan todo... Cuando ya no queda ningún lugar al que acudir, ni en las instituciones superiores (Arcom, Consejo Constitucional) ni en las «inferiores » (sindicatos), entonces sí, la crisis es total... hay procesos de desbordamiento del orden institucional. Esto lo entendieron los 'chalecos amarillos', en su triple rechazo de la «política», los medios de comunicación y los sindicatos, y en su salida a la calle, ante la ausencia de alguien que escuchara sus problemas, y mucho menos que los resolviera... sabemos de dónde debe venir la dirección del desbordamiento: del trabajo, de la producción y de los bastiones de combatividad que todavía existen... y planteando las cuestiones fundamentales, las del control de los trabajadores y la soberanía de los productores

" Desde los cirujanos ortopédicos del Hospital Georges Pompidou que, por falta de medios, tuvieron que improvisar fémures con clavos de tibia, hasta la elección de Braun-Pivet por personas que a su vez se habían convertido en ministros y diputados (sin la ayuda de Schrödinger): el mismo arco de una crisis. Una crisis total.

Es difícil imaginar con qué rapidez puede destruirse una sociedad una vez que está en manos de una camarilla de pervertidos e idiotas. Lógicamente, el proceso de destrucción que primero se hizo visible en la esfera material, con la explosión de la pobreza y la demolición metódica de los servicios públicos, acaba por alcanzar las altas esferas, la de las instituciones políticas, cuando el cuerpo social, expresando electoralmente su rechazo, produce un acuerdo parlamentario-gubernamental que envía a todo el régimen al error-sistema.

Epifenómeno de una crisis ante todo material, la crisis política cristaliza todas sus contradicciones en el lugar donde normalmente tienen cabida, y donde evidentemente ya no pueden tenerlo. La crisis se hace total en el momento preciso en que ninguna de las instituciones, ninguna de las mediaciones, es capaz de asumir las tensiones económicas y sociales que ahora han superado su capacidad para alojarlas: ni la mediación propiamente política, ni la mediación mediática, ni la mediación sindical están a la altura de la tarea de «regular » el curso de la vida colectiva. La fenomenal formación de energía política enfurecida se ve ahora privada de toda solución de recuperación institucional. Como la naturaleza aborrece el vacío, esta energía no se evaporará: inevitablemente encontrará un medio alternativo de expresión – pero, de nuevo lógicamente, fuera de las instituciones. Dicho de otro modo: demasiadas fuerzas conspiran ahora para que las cosas exploten, aunque nadie pueda decir todavía dónde ni cuándo, ni de qué forma ni cómo. 

La «democracia» de la confiscación

La esfera político-institucional, donde se registran las tensiones y contradicciones del conjunto de la sociedad, es la que está en quiebra más espectacular. Sabemos que esta mediación ya no medita nada, ni registra nada, ni reprocesa nada, desde la secuencia 2005-2008 del «no-ECT » convertido en el «sí-Tratado de Lisboa » . Pero las tensiones no han dejado de aumentar desde entonces. Incluso se han elevado a niveles sin precedentes bajo el gobierno de los matones que violan a la sociedad con el mismo candor e indiferencia que arrancan dos briznas de hierba, y hemos experimentado el gobierno de las sonrisas estúpidas.

También trata de la psicosis y la perversión en sus formas más agresivas, y de algo más que «hacer trampas en el Monopoly » o » niños temperamentales» . Porque en la cúspide de las instituciones autocráticas de la V República, y autorizado por ellas, hay un tipo especial. Que, llevado por las necesidades de su complexión psíquica, ya no responde ante nadie. Ya no conoce ninguna norma social, ya no se somete a ningún «espíritu » (el de las leyes, o el de las instituciones), ya no acata ninguna decencia… y así, sin pestañear, planea dejar en funciones al gobierno dos veces derrotado por tiempo indefinido, hacer votar a sus ministros-parlamentarios en la Asamblea y multiplicar los escándalos democráticos hasta el golpe de Estado.

De todas las destrucciones de las que Macron y el macronismo son culpables, las de las construcciones invisibles que sustituyen a las instituciones formales, y que de hecho condicionan su buen funcionamiento, están quizá entre las peores: la destrucción de los principios que, si no están escritos, deberían regir los comportamientos; la destrucción de toda moral política, sin la cual no puede haber legitimidad de la institución política. No es casual que se mencionara el escándalo del TCE de 2005: el escándalo del robo de las elecciones legislativas de 2024 -pues no hay otra forma de decirlo- lo confirma, aunque a un nivel que nos hace preguntarnos si una sola papeleta podrá sobrevivir a él. ¿No ven el «espíritu de la ley»? No ocurrirá exactamente lo mismo con los efectos de su ruina.


Medios fascistas

Y mientras todo esto ocurre, los medios de comunicación lo avalan todo: todas las demoliciones, todos los cambios de rumbo, todas las regresiones democráticas: Desde los procedimientos más lamentables -los «inevitables códigos QR » para las Olimpiadas- hasta las tropelías más formidables -al negarse a nombrar primer ministro a quien el FNP ganó el título por su resultado electoral-, Macron no está dando un golpe de Estado: está «dando largas». El » diario de referencia » ha llegado a ese punto. Puede imaginarse el resto.

El resto es la cloaca audiovisual. Cómo se le puede seguir aplicando la categoría de «periodismo » es un misterio. ¿Quién puede sostener decentemente que Ruth- » Je suis à votre disposition » -Elkrief es periodista? ¿Que Nathalie-«JLM1PB » -Saint Criq es periodista? Todos son directores de medios de propaganda. Mélenchon declara que «Tub iana es el mejor situado para entender que estamos en contra de su candidatura «, la cabecera de BFM titula: «Mélenchon : Tubiana ‘el mejor situado ‘». LCI muestra gráficos de tarta con el reparto de escaños, en los que el CCN, primero, se lleva una tajada menor que RN, tercero. Un multimillonario católico pone en marcha una máquina de guerra abiertamente dedicada a promover ideas de extrema derecha, France Info titula que quiere «hacer ganar a la derecha» . Pone una foto de Ruffin cuando Mathilde Panot presenta un proyecto de ley para derogar la edad de jubilación de 64 años. Nos sorprende la extraordinaria bajeza de estos procedimientos, que muestran a qué se ha reducido una hegemonía para mantenerse cuando se ha vuelto odiosa para todos. Hay algo más franco, y de hecho más recto, en la televisión norcoreana. En el mundo libre no reina más que la manipulación desvergonzada, la difamación abierta, las mentiras de una crudeza ilimitada… y literalmente, si llegamos a Gaza, el delirio.

Probablemente hace mucho tiempo que «los medios de comunicación», normalmente encargados de esa mediación llamada » debate público», y por tanto de representar en él las diversas corrientes de opinión, ya no median más que los intereses de la burguesía dominante. Pero la profundización de la crisis orgánica ha llevado el devenir-oficioso de los medios de comunicación a un punto que difícilmente hubiera previsto una distopía razonablemente imaginativa. Se ha establecido, por tanto, que ninguna vida mínimamente democrática puede pasar por ellos.

La imagen global de esta degradación otorga un lugar de honor al «regulador » : Arcom. No regula nada, pero lo fomenta todo. Se ha convertido en la institución de la vergüenza por excelencia, y en colaboradora del proceso de fascistización. Manteniendo la concesión de CNews y el delicioso grado de desprecio mostrado tanto por sus obligaciones de «pluralismo » como por los comités solicitados para escuchar a sus directores; rechazando la única solicitud de un medio de comunicación de izquierdas (Le Média); preferir añadir, en la cadena Kretinsky-Printemps républicain, una cadena más abiertamente islamófoba -un punto de vista, es cierto, injustamente infrarrepresentado en el panorama mediático actual-, todo ello constituye una especie de hazaña que habrá que analizar seria y metódicamente: Habrá que analizar seria y metódicamente a cada uno de los miembros del consejo de administración de Arcom, empezando por su presidente, sus intereses y redes sociales, las trayectorias y lealtades anteriores que han conducido a tales desplomes individuales, las relaciones de poder y el vicioso funcionamiento colectivo de la propia institución, etc. El fracaso institucional general puede verse en el fracaso de aquellas instituciones que se colocan en una posición de » apelación», o de último recurso. En Arcom, no ofrecemos ni apelación ni recurso a nada, y no hacemos nada para detener el deslizamiento hacia el desastre: ¡al contrario! ¡Petróleo, mucho petróleo, en el tobogán de los medios de comunicación racistas y fascistas! Una vocación – y una responsabilidad.

El colapso de las instituciones de rango superior, las mismas que se supone deben ponerse al día con las desviaciones de las instituciones ordinarias, es el punto final de la catástrofe institucional – en el ámbito de las instituciones políticas como en el de las instituciones mediáticas: al igual que Arcom sólo trabaja para renovar lo peor, el Consejo Constitucional así como el Consejo de Estado se declaran incompetentes para juzgar a los ministros-parlamentarios. Pero entonces, sin recurso en ninguna parte, ¿quién queda para salvar a los ciudadanos de la consternación… y de la rabia? 

Sindicalismo de dirección

Normalmente, la tercera y última forma de mediación es la sindical, una institución de tipo especial, que ciertamente también forma parte del sistema institucional general, pero que procede por su propia vía singular: la manifestación, la huelga. Sobre el papel, se trata de vías extrainstitucionales, pero se han codificado tan estrechamente y están tan desprovistas de toda combatividad real que la palabra «extra » ya no tiene sustancia. Por su propia naturaleza, el sindicalismo era una institución «liminal» , una institución al margen, al borde del sistema institucional «estándar «. Se ha convertido en una institución intermedia. Se dice que Sophie Binet y la CGT están logrando avances sin precedentes en el terreno político – Le Monde lo considera «un giro importante«, y está un poco asustado por ello. Es cierto: Binet ha dicho algo más que » Ni un voto para la RN «, ha dicho: «Votad por el CCN » . Estamos petrificados.

Digamos que el aprendizaje de Sophie Binet de la » política » es gradual, muy gradual. Por el momento, la » política » sólo se entiende en términos institucionales-electorales; ésa es realmente la primera lección. La siguiente lección es que existe otro significado de la palabra » política» y que es hacia este significado hacia el que debe progresar el aprendizaje, bastante rápido si es posible dadas las condiciones actuales. Pero todavía está muy lejos. Así que la dirección confederal se va de vacaciones. Un golpe de Estado está en marcha, pero «JO» significa «vacaciones» . La CGT Cheminots y la UD CGT-Paris salvan su honor. En cuanto a la dirección confederal, emitió comunicados, pidió a Macron que, declaró que tenía que – bajo qué amenaza seria, qué equilibrio real de poder, sin duda lo sabremos después de los Juegos Olímpicos, después de las vacaciones.

Ahora, cuando la democracia ha sido pisoteada hasta tal punto, cuando todas las demás instituciones han quebrado y ya no existe ninguna fuerza reguladora en el sistema general aparte de un movimiento de masas, cuando dicho movimiento tiene a la institución sindical como iniciadora y coordinadora, y cuando la institución sindical también ha fracasado hasta tal punto, se ha llegado al fondo de la cuestión: una incomprensión radical de una situación y una responsabilidad históricas, y una incapacidad para afrontarlas empantanándose en las prácticas de la maquinaria institucional. La historia abre ventanas: el sindicalismo institucional mira pasar los trenes. 2023, 49,3, 90% (de empleados opuestos a la reforma de las pensiones): una ventana, nada. Stefano Palombarini 2024, claramente dirigido a la CGT: esta vez, si no os ponéis las pilas, tendréis la agenda de Wauquiez. Y os lo tendréis merecido.

La propia naturaleza de las osificaciones institucionales es hacer que la gente pierda todo sentido de sus intereses vitales. Puede que haya habido un «despertar» en las urnas, pero está claro que no en la dirección del sindicato -aunque éste sería un buen momento para pensar en hacer algo diferente. Algo distinto a la única jornada de acción de septiembre que ahora toma cuerpo -bajamos, no cuela, nos vamos a casa, estuvo bien-. Perderse las ventanas abiertas por la historia es no tener percepción de las colosales oleadas de energía política que allí se están formando, de la relativa pequeñez que bastaría para coordinarlas y ponerlas en marcha – y no tener previsión tampoco de los sensacionales efectos que podrían sobrevenir, si tan sólo lo intentáramos.

Está claro que tampoco podemos contar con la última mediación sindical para intentarlo. A su manera, sin embargo, también tiene el estatus de último recurso, el que se activa para volver a poner en marcha los procedimientos ordinarios cuando empiezan a descarrilar. Pero el sindicalismo institucional se ha convertido en un procedimiento ordinario entre los procedimientos ordinarios, a despecho de lo que era originalmente su fuerza: su capacidad para poner en movimiento multitudes, es decir, para remodelar la base preinstitucional de toda política institucional.

Cuando ya no queda ningún lugar al que acudir, ni en las instituciones superiores (Arcom, Consejo Constitucional) ni en las «inferiores » (sindicatos), entonces sí, la crisis es total.

Irrupción

«Crisis total» no significa en absoluto que no ocurra nada. Lo que ocurre es que entran en juego procesos completamente distintos. Por construcción: procesos de desbordamiento del orden institucional -ya que éste ha fracasado. Esto lo entendieron perfectamente los gilets jaunes en su triple rechazo de la «política», los medios de comunicación y los sindicatos – y en su salida autoautorizada a la calle, ante la ausencia de alguien que escuchara sus problemas, y mucho menos que los resolviera. Eso fue en 2018, y su movimiento fue clarividente. Cinco años más tarde, el macronismo se hundiría definitivamente en la violencia de los poderes policiales, para júbilo de los medios de comunicación; y el sindicalismo institucional, animado por una movilización sin precedentes, sufriría su derrota más amarga por no haber comprendido a qué persona y situación extraordinarias se enfrentaba. 

Los chalecos amarillos: un ensayo general.

La «primera » tendrá lugar. Ocurrirá porque la acumulación de energía furiosa sigue creciendo, alimentada por la negación del capital, la negación del último encanto legitimador en la «democracia » de la captura: la negación de las urnas. Como en la química de las recombinaciones moleculares, nada se pierde, nada se crea, todo se transforma: esta energía política, que se está volviendo fenomenal, no se disipará suavemente y, puesto que sus soluciones institucionales de expresión han desaparecido, encontrará otras: transformarse. Dónde, cuándo y de qué forma, nadie puede decirlo. En cierto modo, eso es bueno: esta indeterminación deja espacio para la intervención, es decir, para la configuración. Para que la furiosa inundación fluya al menos en una dirección políticamente ventajosa.

¿Quién estaba implicado? Tampoco lo sabemos. Pero sí sabemos de dónde debe venir la dirección. Del trabajo, de la producción y de los bastiones de combatividad que todavía existen. Así que por iniciativa de un sindicalismo de base, no confederal, político y no de gestión, que no se sienta atado por las buenas maneras institucionales y sus censuras, no se detendrá en la cristalería, en un Gran Debate o en una Convención Ciudadana, planteará las cuestiones que resurgen cuando la crisis es total, las cuestiones fundamentales, vedadas por el curso ordinario, las del control de los trabajadores y la soberanía de los productores.

Desde este punto de partida, el desbordamiento encontrará inmediatamente sus coordenadas correctas -las mismas que el movimiento de las pensiones, por su propia naturaleza, había establecido: las que invierten todas las alienaciones electorales, todas las desfiguraciones mediáticas de la vida colectiva, y garantizan que cuando el país se levanta, es para ir a la izquierda. "

( Frédéric Lordon, blog Salvador López Arnal, fuente Le Monde Diplomatique)

2.7.24

Si Macron es tan impopular, ¿cómo es que la que se está beneficiando es extrema derecha y no la izquierda? Parte de la respuesta reside aparentemente en la derrota de los recientes movimientos sociales y el consiguiente escepticismo ante la perspectiva de revertir la remodelación de la legislación social y laboral francesa llevada a cabo por Macron. Si el movimiento del año pasado contra las reformas de las pensiones fue impresionante, su composición real (huelgas continuas en los sectores más afectados, además de manifestaciones socialmente más amplias) no demostró concretamente que el trabajo organizado puede ganar... Le Pen se benefició de la derrota de la resistencia (David Broder)

 "(...) deberíamos enfrentarnos a otro problema clave: si Macron es tan impopular, ¿cómo es que se está beneficiando la extrema derecha y no la izquierda? Y si Le Pen suele ganar gracias a la abstención masiva, ¿por qué no ha ayudado esta vez el aumento masivo de la participación? El moderado aumento del resultado de la izquierda (del 25,7 al 28%) desde la primera vuelta de la contienda de 2022 es mejor de lo que una izquierda dividida podía temer hace unos meses, pero queda empequeñecido por la subida paralela de la RN (del 18,7 al 33).

Parte de la respuesta reside aparentemente en la derrota de los recientes movimientos sociales y el consiguiente escepticismo ante la perspectiva de revertir la remodelación de la legislación social y laboral francesa llevada a cabo por Macron. Si el movimiento del año pasado contra las reformas de las pensiones fue impresionante, su composición real (huelgas continuas en los sectores más afectados, además de manifestaciones socialmente más amplias) no demostró concretamente que el trabajo organizado puede ganar. Como ha señalado Ugo Palheta, Le Pen se benefició tanto de la medida antisocial de Macron como de la derrota de la resistencia.

Esto está relacionado con un giro más profundo en los planteamientos de una parte del electorado, mal captado por ideas como el «populismo económico». Explica la base sobre la que, más allá de políticas concretas, la extrema derecha ha construido una especie de contrahegemonía, que acepta muchos postulados ya mainstream. De nuevo, una gran parte de los obreros (el 51% de los que votaron, según el sondeo de Ipsos de anoche) apoyaron a la candidata Le Pen, pero lo hicieron junto con un número creciente de la clase media más estable, así como de pensionistas, antes más escépticos respecto al partido.

Como muestra el politólogo Luc Rouban con datos de sondeos recientes en su La vraie victoire du RN, los supuestos de los votantes de este partido son, de hecho, cada vez menos fuertemente antisistémicos, menos diferentes de los de otros partidos, y expresan una confianza creciente en la empresa privada en particular. Lo que Bardella y Le Pen reivindican es la meritocracia y el mercado, pero no «sesgados» políticamente contra los franceses y los pequeños productores. Esto se plantea en términos nacionalistas y racializados: es decir, que las minorías y los extranjeros se ven hoy favorecidos por los políticos de izquierdas y necesitan que se les muestre su lugar (subordinado). Pero se imagina como una lucha contra la competencia desleal y las élites que trabajan contra la mayoría. Este es el llamamiento de Bardella a los propietarios de viviendas, a los autónomos y a los votantes de clase media que temen la presión social a la baja, no sólo a los «dejados atrás». (...)

Un gobierno dominado por la Agrupación Nacional, o dirigido por Bardella, no aceptará dócilmente una condición subordinada, sino que se opondrá a la presidencia de Macron, rechazando las restricciones a su propia autoridad, en la larga campaña para las elecciones presidenciales de 2027. Puede entablar batallas sobre la ciudadanía por derecho de nacimiento, los poderes policiales, la «preferencia nacional» y la contratación de ciudadanos con doble nacionalidad, también con la esperanza de que la resistencia de los jueces superiores o de las autoridades de la UE alimente su impulso.

Aún queda mucho por decidir. La segunda vuelta del 7 de julio puede privar a Le Pen de una mayoría absoluta, y sus números podrían reducirse más seriamente si otros partidos se unen contra ella. Pero no cuenten con ello. El llamado centro de Francia está haciendo las paces con la perspectiva de un gobierno dominado por Le Pen."                      ( , JACOBINLAT, 01/07/24)

26.1.24

Es el momento de los campesinos en Francia... Han estallado acciones espontáneas en todo el país y una movilización más estructurada está en camino. Su rencor no es sólo contra los altos costos, sino también contra la avalancha de regulaciones del gobierno y de Bruselas. Por ejemplo, para levantar un seto alrededor de un campo, lo que ayuda al cultivo y protege los hábitats, tendrían que consultar 10 leyes diferentes para cumplir con la ley

 "(...)  Los agricultores están pasando por un momento en Francia. Han estallado acciones espontáneas en todo el país y una movilización más estructurada está en camino. Su rencor no es sólo contra los altos costos, sino también contra la avalancha de regulaciones del gobierno y de Bruselas.  

Por ejemplo, para levantar un seto alrededor de un campo, lo que ayuda al cultivo y protege los hábitats, tendrían que consultar 10 leyes diferentes para cumplir con la ley. La sobrerregulación y la reducción de los ingresos debido a los altos costos y los bajos precios llevaron recientemente a las calles a los agricultores de varios países de la UE. 

 A sólo cuatro meses de las elecciones, esos agravios agrícolas ya están pasando a formar parte de la agenda de campaña. Se espera que el conservador PPE se incline fuertemente en este tema, en competencia con los partidos de extrema derecha, que afirman ser defensores de la vida tradicional.  

Los liberales también buscan redescubrir los valores rurales. Hay una larga historia de liberalismo europeo proagrario. Renew todavía incluye numerosos partidos de centro nórdicos y bálticos. Obtienen gran parte de su apoyo de las zonas rurales y su objetivo es defender a los agricultores y la vida agrícola. El grupo ha consolidado esto más recientemente al elegir ayer a la eurodiputada francesa Valérie Hayer como su nueva líder.

 Los liberales no podrían haber encontrado un mejor candidato para abordar el mundo rural. "Soy hija de un granjero, hermana de un granjero, cuñada de un granjero y nieta de un granjero", dijo Hayer ayer tras su elección por 100 eurodiputados de 24 países. Es la segunda mujer que dirige a los liberales después de Simone Veil, y es la líder más joven, con 37 años. Originaria de Mayenne, pasaba todos los fines de semana en la cercana Laval, en la región del Loira, donde consultaba con representantes locales de la agricultura, las empresas, gobierno local, escuelas y el ejército de forma regular. En el Parlamento Europeo, rápidamente se hizo conocida por ser una diputada que trabaja duro, aborda temas complicados y posee una memoria fenomenal. Ella será la lugarteniente de Emmanuel Macron en Bruselas, mientras que Gabriel Attal liderará los esfuerzos en París en esta campaña."               (Wolfgang Münchau , eurointelligence, 26/01/24)

8.8.23

Piketty: Francia y sus divisiones territoriales... Los suburbios que se incendian actualmente tienen mucho más en común con los pueblos abandonados y las ciudades medianas de lo que a veces se imagina... existen desigualdades considerables entre los municipios de todo el país, tanto dentro de las grandes conurbaciones como entre las ciudades y pueblos medianos... Las distintas zonas desfavorecidas se caracterizan también por su integración específica en la estructura productiva. Los suburbios más pobres incluyen a un gran número de trabajadores de los servicios (comercio minorista, restauración, limpieza, sanidad, etc.) que siguen votando a la izquierda. Por el contrario, en las ciudades y pueblos más pobres hay más obreros expuestos a la competencia internacional.Muchos de ellos se han sentido abandonados por los gobiernos de izquierda y de derecha de las últimas décadas (acusados de haber apostado todo a la integración comercial europea y mundial, sin límites ni reglas) y se han unido al FN-RN.Pero contrariamente a lo que imaginan los dirigentes políticos del bloque nacionalista, estos electores esperan ante todo respuestas socioeconómicas a sus problemas, y no una estrategia de confrontación identitaria, que no corresponde en absoluto al estado real de la sociedad francesa, como demuestran los elevadísimos niveles de mestizaje y de matrimonios mixtos... en lo que se refiere al acceso a los servicios públicos y a los presupuestos municipales, las autoridades locales dependen ante todo de las bases impositivas locales, y las medidas nacionales supuestamente puestas en marcha para atajar estas desigualdades abismales sólo han reducido una pequeña parte de las mismas... y el bloque liberal sigue explicando hoy que no es concebible una mayor redistribución... corresponde ahora al bloque de izquierdas reunir a los territorios desfavorecidos en torno a una plataforma común

 "Francia y sus divisiones territoriales

Para analizar los disturbios urbanos de 2023 -con mucho, los más graves desde los de 2005- y los malentendidos políticos a los que dan lugar, es esencial remontarse a las raíces del malestar territorial de Francia. Los suburbios que se incendian actualmente tienen mucho más en común con los pueblos abandonados y las ciudades medianas de lo que a veces se imagina. La única manera de salir de las contradicciones actuales es unir políticamente estas diferentes zonas desfavorecidas.

 Echemos la vista atrás. Entre 1900-1910 y 1980-1990, las desigualdades territoriales disminuyeron en Francia, tanto en términos de diferencias de producto interior bruto per cápita entre departamentos como de desigualdades de riqueza inmobiliaria o de renta media entre municipios y departamentos. Desde 1980-1990 ocurre lo contrario (J. Cagé et T. Piketty, Une histoire du conflit politique, Seuil, 2023). La relación entre el PIB per cápita de los 5 departamentos más ricos y más pobres, que había bajado de 3,5 en 1900 a 2,5 en 1985, ha pasado a 3,4 en 2022. Estamos asistiendo a una concentración sin precedentes del PIB en unos pocos departamentos de la región de Île-de-France (sobre todo París y Hauts-de-Seine), vinculada a la expansión sin precedentes del sector financiero y de las sedes de grandes empresas, y en detrimento de los centros industriales provinciales. Esta espectacular evolución se ha visto agravada por la desregulación financiera y la liberalización del comercio, así como por las inversiones públicas en beneficio de la región capital y las grandes ciudades (TGV frente a trenes regionales).

 Se observan tendencias similares en las desigualdades entre municipios. La relación entre la riqueza inmobiliaria media del 1% de los municipios más ricos y más pobres ha pasado de 10 en 1985 a 16 en 2022. En Vierzon, Aubusson y Château-Chinon, el valor inmobiliario medio es de apenas 60.000 euros. Supera los 1,2 millones de euros en el distrito 7 de París, así como en Marne-la-Coquette, Saint-Jean-Cap-Ferrat y Saint-Marc-Jaumegarde. La relación entre la renta media del 1% de los municipios más ricos y más pobres ha pasado de 5 en 1990 a más de 8 en 2022. La renta media en Creil, Grigny, Grande-Synthe y Roubaix es de apenas 8.000-9.000 euros por habitante y año. Alcanza los 70.000-80.000 euros en Neuilly-sur-Seine, Le Vésinet o Le Touquet. Incluso supera los 100.000 euros por habitante (¡incluidos los niños!) en los distritos 7 y 8 de la capital.

 El punto central es que existen desigualdades considerables entre los municipios de todo el país, tanto dentro de las grandes conurbaciones como entre las ciudades y pueblos medianos.
 
En la cúspide de la jerarquía territorial se encuentran los suburbios más ricos de las grandes metrópolis, algunos de los centros urbanos y varias ciudades y pueblos ricos.En la base de la pirámide, los suburbios más pobres se han visto duramente afectados por la desindustrialización.Ahora son tan pobres como las ciudades y pueblos más pobres, lo que no era el caso históricamente.Estas diferentes zonas desfavorecidas se enfrentan sin duda a retos específicos.Los suburbios pobres tienen mucha más experiencia de diversidad de origen y discriminación probada en las prácticas policiales y el acceso a la vivienda y el empleo.Es urgente que las autoridades públicas se doten por fin de los medios necesarios para objetivar y medir con rigor la evolución de esta discriminación, cuya existencia ha sido demostrada por multitud de estudios de investigación.

 Las distintas zonas desfavorecidas se caracterizan también por su integración específica en la estructura productiva.

 Los suburbios más pobres incluyen a un gran número de trabajadores de los servicios (comercio minorista, restauración, limpieza, sanidad, etc.) que siguen votando a la izquierda.
 
Por el contrario, en las ciudades y pueblos más pobres hay más obreros expuestos a la competencia internacional.Muchos de ellos se han sentido abandonados por los gobiernos de izquierda y de derecha de las últimas décadas (acusados de haber apostado todo a la integración comercial europea y mundial, sin límites ni reglas) y se han unido al FN-RN.Pero contrariamente a lo que imaginan los dirigentes políticos del bloque nacionalista, estos electores esperan ante todo respuestas socioeconómicas a sus problemas, y no una estrategia de confrontación identitaria, que no corresponde en absoluto al estado real de la sociedad francesa, como demuestran los elevadísimos niveles de mestizaje y de matrimonios mixtos.

 La verdad es que los suburbios pobres y las ciudades y pueblos pobres tienen mucho en común con las zonas más ricas, sobre todo en lo que se refiere al acceso a los servicios públicos y a los presupuestos municipales.

 La razón es sencilla: los recursos de que disponen las autoridades locales dependen ante todo de las bases impositivas locales, y las medidas nacionales supuestamente puestas en marcha para atajar estas desigualdades abismales sólo han reducido una pequeña parte de las mismas.
 
Al final, el presupuesto per cápita es mayor en los municipios más ricos que en los más pobres, de modo que el dinero público agrava las desigualdades de partida en lugar de corregirlas, a conciencia. Las propuestas realizadas en 2018 por el informe Borloo para objetivar esta realidad y acabar con ella han sido abandonadas, y el bloque liberal sigue explicando hoy que no es concebible una mayor redistribución.Ante el callejón sin salida de los otros dos bloques, corresponde ahora al bloque de izquierdas reunir a los territorios desfavorecidos en torno a una plataforma común."                      (

7.7.23

Eran los años 60 y 70. El crecimiento económico estaba en pleno apogeo, los salarios se disparaban y la industria necesitaba mano de obra. La patronal exigió una política de inmigración masiva para reducir el aumento de los sueldos. Renault, Peugeot, Citroën, Talbot… todas las grandes empresas recorrieron el Magreb para contratar trabajadores... la empresa automovilística llegaba al pueblo, montaba casas prefabricadas en una esquina y plantaba césped delante de ellas, con un camino de grava que las unía. Y los jóvenes iban de cabeza. Tenían entre 18 y 20 años. Soñaban con salir de su agujero, soñaban con un futuro distinto al que les esperaba en los campos rocosos de un pueblucho sofocante. Cuando llegaban, les medían y les pesaban, les miraban los dientes... En Peugeot, Citroën y Talbot el racismo estaba institucionalizado. Tenían que llevar regalos al capataz cuando volvían de las vacaciones. Y la humillación era la norma... en 1994, durante las huelgas contra el CIP, "bandas de alborotadores" lo destruyeron todo en la plaza Bellecour de Lyon... Tenían un deseo inconsciente de vengar el exilio y los sueños humillados de sus padres

 "Hoy, cuando las calles de los suburbios vuelven a arder, me gustaría hablar de los "cero-uno".

Aunque sea un acontecimiento del pasado y, sin embargo, esté muy presente estos días en Mantes o Vénissieux.

Aunque todavía me duela un poco.

Eran los años 60 y 70. El crecimiento económico estaba en pleno apogeo, los salarios se disparaban y la industria necesitaba mano de obra. La patronal exigió una política de inmigración masiva, que debía consagrarse en la Planificación francesa. Así pues, el VI Plan y el VII Plan optaron por esta solución para reducir el aumento de los sueldos. Renault, Peugeot, Citroën, Talbot… todas las grandes empresas del sector automovilístico recorrieron el Magreb para contratar trabajadores.

Cuando empecé en el periodismo hice el seguimiento de las grandes huelgas de la industria automotriz de 1982 y 1983. Por las noches, en las fábricas ocupadas, todos me contaban la misma historia: la empresa automovilística llegaba al pueblo, montaba casas prefabricadas en una esquina y plantaba césped delante de ellas, con un camino de grava que las unía. Y los jóvenes iban de cabeza. Tenían entre 18 y 20 años. Soñaban con salir de su agujero, soñaban con la canción 'Salut les copains', con música y con chicas. Y con un futuro distinto al que les esperaba en los campos rocosos de un pueblucho sofocante.

Cuando llegaban, les medían y les pesaban. Les miraban los dientes, separándoles los labios con el pulgar y el índice. Los jóvenes sabían que era una técnica que usaban con los caballos y no les gustaba, pero querían irse de allí. Me dijeron que también les miraban las manos: si las tenían demasiado limpias o lisas eran rechazados. Por eso, al salir, se lo decían al siguiente que, antes de entrar, se hería las manos con gravilla hasta que sangraban. Finalmente, les preguntaban su fecha de nacimiento. Por lo general no había registro civil en el pueblo. Solo sabían el año. Lo decían tímidamente. "Pero, ¿qué día?", insistía el médico, pero ellos repetían el año. Entonces el médico, cansado, le decía a la secretaria: "Vale, apúntalo como cero-uno/cero-uno". El 1 de enero del año indicado. Sus papeles llevarían siempre esa fecha de nacimiento.

Si queremos saber dónde están los suburbios que arden estos días, solo hay que averiguar cuántos de los abuelos de quienes les prenden fuego son "cero-uno".

Cuando llegaron a Francia fueron alojados en barrios de chabolas, donde los niños se hacían pis encima por la noche, porque ir al baño significaba salir al barro con las ratas. Después, cuando los barrios de chabolas fueron arrasados, los trasladaron a los albergues de Sonacotra. Los crearon en aquella época, lejos del centro de la ciudad, porque tras la guerra de Argelia, estas poblaciones se consideraban "peligrosas". Luego, en las ciudades, también estaban lejos de todo. Así me lo contaron. Les hicieron trabajar en Flins, Mantes, Berliet y Vénissieux. La situación era mejor en Renault. En Peugeot, Citroën y Talbot el racismo estaba institucionalizado. Tenían que llevar regalos al capataz cuando volvían de las vacaciones. Y la humillación era la norma.

Akka Ghazi, líder de la CGT en la Citroën de Aulnay, me contó su historia en 1983. Era un coronel del ejército que había huido de Marruecos por razones políticas. No era un "cero-uno", pero como tenía fama de intelectual, sus superiores le obligaban a subirse a una máquina, delante de todos, y a tocar la flauta para ellos. En 1982 se pusieron en huelga, a pesar de la CGT "blanca". Se la llamó la "primavera de la dignidad". En 1984 fueron despedidos con expedientes de regulación de empleo que afectaron a miles de personas. Todo ello en nombre de la "modernización" de la que alardeaba el gobierno de Laurent Fabius. Por lo general, los "cero-uno" no volvieron a encontrar trabajo. Se quedaron su vivienda social y han perdido el estatus frente a sus hijos.

Recuerdo que en 1994, durante las huelgas contra el CIP, "bandas de alborotadores" lo destruyeron todo en la plaza Bellecour de Lyon. "Bandas de alborotadores", así fue el titular de la TF1 durante semenas en su telediario de las 20:00h. Como reportero del diario Libération, me propuse averiguar quiénes eran esos "alborotadores". Tuve que dejar que los antidisturbios me apalearan varias veces y tuve que pelearme con algunos de los "grandes" alborotadores para que los jóvenes me aceptaran. Pero, al final, me pude unir a una banda y seguirlos durante varios días.

A veces tenía problemas porque ellos corrían rápido, rompían escaparates... y yo era mayor. Pero por la noche, en lo alto de las oscuras escaleras de Vénissieux, mientras fumaban canutos, me hablaban en voz baja. Excepto uno, que se hacía llamar Rachid para encajar. En realidad, era de origen normando y se llamaba André. Estos seis chicos y dos chicas eran chavales simpáticos, pero tenían una rabia en el estómago que no sabían analizar. Una de las primeras cosas que me dijeron fue: "Somos hijos de cero-uno". Lo decían con desprecio hacia sus padres, que ni siquiera sabían su fecha de nacimiento. Pero, a la vez, les tenían mucho respeto. El peor de los alborotadores me dijo: "Nunca me atrevería a fumar delante de mi padre". Tenían un deseo inconsciente de vengar el exilio y los sueños humillados de sus padres.

Les leí el artículo antes de lanzarlo. No estaban de acuerdo con algunas cosas, pero no se sintieron traicionados, así que lo publiqué. De los ocho miembros de la banda, dos murieron. Otros dos fueron a prisión y tuvieron una vida problemática hasta que se casaron. Las dos chicas, quizás a raíz de mi reportaje, se hicieron periodistas y se dedican a la radio en el Magreb. No tengo noticias del resto. Puede que también tengan hijos, que ahora toman las calles por la noche con una rabia que no quieren analizar. Porque por la noche, quizá, todavía está en el aire esa vieja historia: las casas prefabricadas en el pueblo, los sueños de música y chicas, la gravilla y el gesto del pulgar y el índice para ver los dientes.

En mi artículo de 1994 sobre los "alborotadores", también señalé que eran hijos de "cero-uno". Cuando se lo leí se avergonzaron un poco y me pidieron que lo quitara. Al final me dijeron: "No, déjalo. Es importante". Así que, no sé por qué, pero hoy vuelvo a repetirlo."       (François Camé , Kamchatka, 04/07/23)

1.7.23

Francia está en llamas... ante esto, el principal bloque sindical de la policía francesa ha publicado hoy un comunicado que impresiona... uno cree encontrarse ante un panfleto redactado por un grupo de extrema derecha cuya violencia iría unida a su marginalidad. Pero no es así: "Frente a estas hordas salvajes, ya no basta con pedir calma, ¡hay que imponerla!... No es el momento de la acción sindical, sino de la lucha contra esos «parásitos»... Por estas razones, la Alliance Police Nationale y UNSA Police asumirán sus responsabilidades y advierten ahora mismo al gobierno que, al final, estaremos en acción y sin medidas concretas para la protección jurídica del Policía, una respuesta penal adecuada, recursos sustanciales, serán los Policías los que juzgarán el alcance de la consideración. Hoy, los policías están en combate porque estamos en guerra... Mañana estaremos en resistencia, y el gobierno tendrá que darse cuenta de ello"... El término «resistencia» sugiere que los sindicatos policiales podrían optar por desobedecer al gobierno si no se satisfacen sus demandas... este comunicado lleva la retórica un paso más allá y, en nombre de la presión sobre el gobierno, roza la amenaza

 "Desde hace tres noches, tras el asesinato de un joven francés de 17 años durante un control policial, Francia está en llamas. De los suburbios de París a Vaulx-en-Velin, miles de fuegos y coches han sido incendiados, casi mil personas han sido detenidas y unos quinientos policías han resultado heridos. 

Esta fase de violencia extrema ha provocado una respuesta en la confluencia de problemas casi sin precedentes, tanto en lo que se refiere al mantenimiento del orden público como a los procedimientos judiciales –en un momento en que el Gobierno anuncia la movilización de vehículos blindados, toques de queda sectoriales y el Presidente de la República hace un llamamiento a la responsabilidad de los padres. En efecto, una parte muy importante de las detenciones afecta a menores («adolescentes muy, muy jóvenes: entre 13 y 18 años»): el Ministro de Justicia ha anunciado que espera que plataformas como Snapchat ayuden a la fiscalía a identificar a los menores implicados, y que los padres podrían ser considerados penalmente responsables por no ejercer la patria potestad cuando están en condiciones de hacerlo. Esta estrategia es representativa de la singularidad del momento.

Al leer este comunicado, ampliamente comentado por la tarde, uno tiene la impresión de encontrarse ante un panfleto redactado por un grupo de extrema derecha cuya violencia iría unida a su marginalidad. Pero no es así. El bloque sindical Alliance-UNSA Police, firmante de este texto, ganó las elecciones de la policía nacional con casi el 50% de los votos el pasado mes de diciembre. La policía tiene la mayor densidad sindical de la función pública francesa, casi el 90%. Se trata, por tanto, de un poderoso bloque sindical capaz de entablar una lucha de poder con el Ministerio del Interior, expresando una posición política que debe ser leída y comprendida más allá de las fronteras de Francia. Lo traducimos y comentamos por primera vez en español:

 "Ahora ya basta…

Frente a estas hordas salvajes, ya no basta con pedir calma, ¡hay que imponerla!

 Las únicas señales políticas que hay que enviar deben ser restablecer el orden republicano y neutralizar a los detenidos.

Ante tales abusos, la familia policía debe debe ser solidaria.

 Nuestros colegas, como la mayoría de los ciudadanos, están hartos de sufrir los dictados de esas violentas minorías.

 No es el momento de la acción sindical, sino de la lucha contra esos «parásitos».

 Someterse, capitular y complacerles deponiendo las armas no son las soluciones dada la gravedad de la situación.

Hay que poner todos los medios para restablecer el Estado de derecho lo antes posible. 

Una vez restablecido, ya sabemos que tendremos que revivir el desmadre (“chienlit”) que sufrimos desde hace décadas.

 Por estas razones, la Alliance Police Nationale y UNSA Police asumirán sus responsabilidades y advierten ahora mismo al gobierno que, al final, estaremos en acción y sin medidas concretas para la protección jurídica del Policía, una respuesta penal adecuada, recursos sustanciales, serán los Policías los que juzgarán el alcance de la consideración. 

Hoy, los policías están en combate porque estamos en guerra.

 Mañana estaremos en resistencia, y el gobierno tendrá que darse cuenta de ello.

 Las oficinas nacionales Alliance Police Nationale y UNSA Police.

París, 30 de junio de 2023"

- «Hordas salvajes» reaviva el imaginario sedentario característico del neo-nacionalismo contemporáneo, que juega en particular con la proyección en las antiguas metrópolis de un imaginario colonial que enfrenta a los representantes de una sociedad civilizada con «salvajes» violentos e inquietantes. De entrada, este texto introduce un argumento que llevará hasta el final: la policía es la única institución capaz de defender la civilización amenazada.

- Al calificar a la policía de «familia», los dos sindicatos policiales llevan al extremo la lógica corporativista cada vez más extendida en el seno de la policía francesa. Por un lado, existe un cuerpo organizado que refleja una unidad familiar estructurada; por otro, una sociedad amenazante al borde de la guerra civil. Obsérvese cómo el horizonte performativo del paratexto («Ahora ya basta») propone una visión de la autoridad vacilante. Como escribió Alexandre Kojève: «un Poder fundado en la Autoridad puede, por supuesto, hacer uso de la fuerza; pero si la autoridad engendra la fuerza, la fuerza nunca podrá, por definición, engendrar ningún tipo de Autoridad».

 - ("violentas minorías") Aquí, los autores del comunicado juegan claramente con la ambigüedad del término «minoría». ¿Se trata simplemente de señalar que los alborotadores sólo representan una pequeña proporción de la población francesa? ¿O es una forma de promover la idea de que la mayoría de ellos son inmigrantes?

- ("parásitos")  Este término, sin duda entrecomillado para matizar su fuerza, es una referencia deliberada a la retórica de la extrema derecha violenta. Fue durante el periodo de entreguerras cuando se generalizó en toda Europa la comparación sistemática de extranjeros y judíos con parásitos, alimañas o nocivos. Como han señalado historiadores como Pierre-André Taguieff y Johann Chapoutot, al aplicar un discurso biológico al cuerpo social, esta retórica deshumaniza y allana el camino para la eliminación de los grupos objetivo. Después de la Segunda Guerra Mundial, esta retórica nunca desapareció de las franjas más violentas de la extrema derecha –resurge en este comunicado–.

- (“chienlit”) Originalmente, chienlit se refería a un personaje del carnaval de París –por extensión, el término se utilizaba para describir el desorden–. Entró en el léxico político en 1968, cuando se citó a Charles de Gaulle diciendo: «Reforma, sí; chienlit, no». Charles de Gaulle no era ajeno a este término de argot anticuado, ya que lo había utilizado en 1944 en relación con el desfile de la Liberación de París en los Campos Elíseos. 

Para los redactores de este texto, esta referencia es evidentemente una manera de situarse del lado del orden y, como ocurre a menudo en la política francesa, de reivindicar una parte de la herencia gaullista en una connotación particular de «la herencia gaullista».

 - ("estamos en guerra.") Esta última frase parece una referencia al discurso de Emmanuel Macron anunciando el primer confinamiento en marzo de 2020. Pero también es una forma de difundir un tropo habitual en los círculos de extrema derecha sobre la guerra civil que amenaza –o que ya está en marcha– en territorio francés: enfrentaría a jóvenes de barrios populares, en su mayoría de origen inmigrante, con una población «autóctona» que se vería físicamente amenazada. Eric Zemmour ha declarado que Francia está en «una guerra civil, étnica, racial».

 - ("estaremos en resistencia") Aunque los policías franceses no tienen derecho a la huelga, pueden manifestar en determinadas condiciones. Los sindicatos Alianza y UNSA fueron algunas de las organizaciones policiales que manifestaron en masa frente a la Asamblea Nacional en el verano de 2021 –marchas a las que se unieron entonces parte de la clase política y el Ministro del Interior, Gérald Darmanin–. Los movimientos de indignación de policías y gendarmes no son nada nuevo. En 2001, por primera vez en la historia reciente de Francia, un movimiento de descontento vio marchas de gendarmes portando armas y uniformes en varias ciudades francesas –mientras que las manifestaciones policiales de 2021 estuvieron marcadas por silbidos–. Al utilizar recursos militares para apoyar una manifestación –desde uniformes hasta vehículos y equipos de comunicaciones–, estos gendarmes se habían situado al margen de la ley, que les impone un deber absoluto de reserva como personal militar.

Si bien es cierto que los policías no son militares, este comunicado de prensa de los dos principales sindicatos nacionales de policía lleva la retórica un paso más allá y, en nombre de la presión sobre el gobierno, roza la amenaza. El término «resistencia» sugiere que los sindicatos policiales podrían optar por desobedecer al gobierno si no se satisfacen sus demandas.

Tal vez como reacción a este texto, el Ministro del Interior emitió un comunicado de prensa una hora más tarde, reafirmando su apoyo a los policías, pero también refiriéndose al respeto de las normas deontológicas y de la ley: «Estas próximas horas serán decisivas y sé que puedo contar con vuestro compromiso inquebrantable con el respeto de la ley y de las normas deontológicas. Los refuerzos humanos y materiales que estamos enviando en estos momentos os darán, junto con los alcaldes, y bajo la autoridad de los prefectos que he reunido una vez más, los medios para defender la República y sus valores.»"         (El Grand Continent, 30/06/23)

23.6.23

Macron disuelve un movimiento ecologista y abre la puerta a la ilegalización de la protesta climática en Europa... Es la primera vez que Francia utiliza los medios antiterroristas contra activistas ambientales... la policía realizó un gigantesco operativo en varias ciudades para detener a 18 integrantes de la organización... 100.000 personas se identifican con este movimiento

 "Al calor (literal) de una crisis ecosocial que es más palpable y tangible que nunca, las protestas climáticas empiezan a extenderse con fuerza por toda Europa. Estos movimientos,  liderados en muchos casos por profesionales y científicos, se enfrentan en la mayoría de los países a causas judiciales y penas de prisión por la desobediencia civil de sus acciones. 

En el caso de España, como ya contó LPO, quince investigadores están siendo juzgados (el expediente está en fase de instrucción) por el lanzamiento de tinta roja biodegradable (zumo de remolacha) a la fachada del Congreso en abril del año pasado. 

La Fiscalía los acusa por el delito de "daños a bienes de valor histórico, artístico, científico, cultural o monumental" agravado "por tratarse de daños de especial gravedad por lo "relevante" del inmueble. 

En Francia, el gobierno de Emmanuel Macron ha intensificado esta persecución con una decisión política sin precedente: la ilegalización de un colectivo ecologista. 

Este miércoles, el Consejo de Ministros resolvió la disolución de "Soulèvements de la terre" (Levantamientos de la tierra), una agrupación formada en 2021 que aglutina a grupos ecologistas, agricultores y habitantes de territorios amenazados por la sobreexplotación de recursos naturales.

Se trata de un movimiento que gana cada vez más adhesiones. En su primera convocatoria de protesta, juntaron 700 personas. El 25 de marzo, en una multitudinaria acción por el agua en la localidad de Sainte-Soline, reunieron a 30 mil manifestantes. Actualmente, el grupo está disperso por 180 comités locales a la largo de todo el país.

La queja tiene cierta analogía con el conflicto político en España por los regadíos de Doñana. El movimiento se opone a las llamadas "reservas de sustitución", un trasvase que el Gobierno quiere habilitar en unos embalses de gran envergadura, alimentados por el agua de las capas freáticas. La medida pretende que los agricultores puedan regar sus campos en los periodos de sequía. Para los ecologistas es totalmente "insostenible".  

En esa acción de protesta -prohibida por el Gobierno-, la policía francesa intervino y reprimió al tener orden de desalojar el espacio público. El enfrentamiento dejó un saldo de 28 gendarmes y 200 manifestantes heridos, siete de los cuales tuvieron que ser hospitalizadas, tres de ellas de gravedad.

 El Ejecutivo de Macron acusó al movimiento de "acciones violentas e insurrección". Y amparándose en la llamada ley de "separatismo" anunció su disolución. 

Esta normativa se sancionó en 2021 como herramienta política y jurídica para poder perseguir a milicias armadas o grupos terroristas ante el auge del radicalismo islamista. Más tarde se agregó un controvertido artículo que fue cuestionado por el Defensor de los Derechos Humanos: la atribución a una asociación de la responsabilidad por actos cometidos por uno de sus miembros.

La represión antiecologista gana terreno en una Europa cada vez más entregada a la ultraderecha, cuyas políticas asumen progresivamente incluso los gobiernos "de centro", como muestra el caso francés

"Un arsenal legislativo utilizado contra los ecologistas cuando estaba reservado a la lucha contra el terrorismo", sintetiza Greenpeace Francia.

La ilegalización de "Soulèvements de la terre" se consumó este miércoles tras un decreto firmado por el Consejo de Ministros. "Bajo el pretexto de defender la preservación del medio ambiente este movimiento incita a la comisión de sabotajes y daños materiales, incluso con violencia", reza la resolución gubernamental. 

El Ministro del Interior, Gérald Darmanin, impulsor de la medida, acusó al movimiento de "eco-terrorista" para justificar la inédita persecución. Es la primera vez que Francia utiliza los medios antiterroristas contra activistas ambientales.

El martes, antes del Consejo de Ministros, la policía realizó un gigantesco operativo en varias ciudades para detener a 18 integrantes de la organización. "Estos arrestos confirman la fiebre del gobierno y su temor a un movimiento cada vez más popular y legítimo", denunció el colectivo, que emitió un comunicado tras el decreto de disolución.

"Intentar silenciarnos es un intento inútil de romper el termómetro en lugar de preocuparse por la temperatura. Un movimiento supuestamente prohibido pero colectivamente imparable apuntado por el poder pero anclado en los territorios, presente en lugares de trabajo y estudio, galpones y trastiendas, incluso dentro de las administraciones. El gobierno pretendía hacernos desaparecer, en realidad seremos cada día más visibles", repudiaron sus miembros.

 "Ni las detenciones masivas ni la amenaza de disolución administrativa disuadirán a las más de 100.000 personas que hoy se identifican con este movimiento de continuar su acción en favor de la posibilidad misma de un futuro en la Tierra, llevando a cabo acciones de ocupación de tierras, bloqueo y desarme de las infraestructuras tóxicas que, hoy por hoy, están en proceso de asolar completamente el mundo", agregó Basile Dutertre, representante del colectivo.

Por lo pronto, los abogados de la organización ya anunciaron la interposición de un recurso ante el Consejo de Estado. Y los portavoces convocaron a nuevas manifestaciones para denunciar una "decisión política que forma parte de un movimiento más amplio para criminalizar a los ecologistas".

Para Greenpeace, hay una tendencia creciente de "estigmatizar y criminalizar a las personas y organizaciones de la sociedad civil que trabajan por la defensa de los derechos humanos y el medio ambiente". 

Los "discursos manipuladores y sin fundamento ("ecoterrorismo", "terrorismo intelectual"...) están, a juicio de esta organización internacional, dando paso a una "represión cada vez más violenta": "En su escalada represiva, el gobierno acaba de dar un paso peligroso. Más que nunca, debemos movilizarnos para defender las libertades fundamentales y apoyar a quienes denuncian los ataques al medio ambiente".

El arsenal legislativo utilizado contra los ecologistas cuando estaba reservado a la lucha contra el terrorismo, va acompañado de discursos manipuladores y sin fundamento ("ecoterrorismo", "terrorismo intelectual"...) y una represión cada vez más violenta

Un actor clave -pero oculto- en la ilegalización es la Federación Nacional de Campesinos (FNSEA), denuncian los ecologistas franceses. El lobby agroindustrial encabezó una "ofensiva sin cuartel" para conseguir que el Gobierno tomara esta decisión. 

A la presión estatal se le sumó una campaña masiva de desprestigio en los principales medios de comunicación. "Este grupo nos llevará a una guerra civil", repite desde hace semanas Arnaud Rousseau, presidente de este poderoso sindicato.

Las reacciones en España

El ecologismo español se ha volcado a las redes sociales para repudiar la decisión del Gobierno de Francia y alertar de una escalada en la persecución de quienes, con datos científicos en la mano, están advirtiendo de la gravedad de la crisis climática y exigiendo reformas estructurales para evitar escenarios catastróficos. 

"Es extremadamente grave que en Francia se haya decretado por vía gubernamental (ni siquiera judicial) la disolución de una alianza de grupos ecologistas, agricultores y habitantes de territorios amenazados, tras una represión brutal", afirmó en su cuenta de Twitter Helios Escalante Moreno, licenciado en Ciencias Ambientales y Geografía y miembro de Ecologista en Acción, organización que emitió un comunicado en solidaridad con Les Soulèvements de la Terre.

"La represión antiecologista gana terreno en una Europa cada vez más entregada a la ultraderecha, cuyas políticas asumen progresivamente incluso los gobiernos "de centro", como muestra el caso francés", agregó el filósofo Jorge Riechmann.

Para el investigador social -también integrante de Ecologistas en Acción, Tom Kucharz, es inaceptable que "en un momento de grandes desafíos para preservar los bienes comunes (crisis climática, pérdida de biodiversidad, pobreza) un gobierna debe mejorar las políticas públicas y promover el debate en la sociedad en lugar de intentar disolver a sus oponentes".

"El intento de disolución de este colectivo marca otro giro autoritario y peligroso del gobierno Macron que ya se vio con la represión a los "Chalecos Amarillos", las movilizaciones contra la reforma de pensiones o las personas migrantes", reflexionó. 

Es extremadamente grave que en Francia se haya decretado por vía gubernamental (ni siquiera judicial) la disolución de una alianza de grupos ecologistas, agricultores y habitantes de territorios amenazados, tras una represión brutal

Un análisis similar hace Serlinda Vigara, licenciada en Periodismo y especializada en Política Internacional por la Universidad Complutense de Madrid, miembro del Instituto Internacional para la Acción No Violenta. 

La activista climática disertó esta semana en la ONU para denunciar, justamente, la persecución al activismo climático. 

"En Europa, activistas ambientales son etiquetados de eco-terroristas. Es preocupante que algunos líderes políticos hayan empezado a adoptar este concepto con el objetivo de deslegitimar a estos movimientos climáticos, como el caso de Francia, Alemania, Reino Unido y España". "                      (Andrés Actis, LPO, 21/06/23)