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7.1.22

2022: La feminización de la política española... en el PP sólo queda Ayuso (Casado, desapareciendo) ... en Vox, Olona (Abascal, desaparecido)... y Yolanda Díaz lidera la izquierda y el centro izquierda... ¿el PSOE debería planteárselo?

 "(...) Rivera e Iglesias ya se han echado a un lado y se han apeado de la cuadriga testosterónica. ¿Cree que cambia la política nuevos liderazgos femeninos como el de Yolanda Díaz?

Sí, sí lo creo. Tampoco Pablo Casado atraviesa su mejor momento. Y el otro que ya no está es Santiago Abascal, que, desde el turno de cierre de su moción de censura, lleno de un extraño patetismo, ha desaparecido de la vida pública española. 

Alguien en Vox piensa con la cabeza y se ha dado cuenta de que su futuro crecimiento está ligado al liderazgo de Macarena Olona, que ha logrado sintetizar los elementos idiosincráticos de la ultraderecha española, tradicionalista, nacional-católica, iliberal, ofensiva, retadora…, con algunos rasgos de la ultraderecha contemporánea europea de raíz lepenista. 

Y en el PP hoy no hay nada más que Isabel Díaz Ayuso, todo lo demás carece de cualquier vínculo con el electorado. Así que la feminización no se va a quedar solo en el proceso de Unidas Podemos y sus socios sino que alcanza a todo el espectro político. Si yo fuera el PSOE, estaría pensando ya en ello."            (Entrevista a Pedro Vallín, Sato Díaz, Público, 04/01/22)

24.2.20

La izquierda claudicante. Más allá de la expulsión del partido feminista de Izquierda Unida. ¿Cuál es el punto central del debate? Una lectura del concepto de género basada en la teoría 'queer' fabricada en las universidades norteamericanas... el género pasaría a ser una construcción social que determinaría al sexo... que incluso podría ser cambiante por periodos y no se limitaría al de hombre o mujer, sino a decenas de géneros que el sujeto elegiría según sus apetencias

"El sábado 22 de febrero se conoció la expulsión del Partido Feminista de la coalición Izquierda Unida por "mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU", tras aprobarlo su asamblea por el 85% de los votos, fundamentalmente por la oposición pública del partido de Lidia Falcón a la Proposición de Ley sobre la protección jurídica de las personas trans y el derecho a la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género.

Legalmente, en cuanto a los estatutos internos de la coalición, la decisión parece impecable, ya que una organización vinculada a IU debe acatar los acuerdos internos y las posiciones aprobadas en los órganos de IU. (...)

El Partido Feminista es una organización política que data de 1981 cuya vinculación a Izquierda Unida se produjo en 2015, momento en que Cayo Lara era coordinador pero Garzón ya se perfilaba para encabezar la siguiente dirección. Sus perspectivas ideológicas no han variado desde el momento de la firma del acuerdo, sí la de la coalición de izquierdas que eliminó su área de la mujer en 2018 y ha ido aceptando, de forma solapada, la tendencia de preponderar el género sobre el sexo y la autodeterminación individualista del mismo.

La decisión de IU ha provocado durante el fin de semana una cascada de reacciones enfrentadas en redes sociales con una fuerte división dentro del movimiento feminista y en general en el ecosistema digital de izquierda. La Plataforma Trans ha manifestado su satisfacción por la expulsión y en palabras de su presidenta, Mar Cambrollé, se han felicitado por el "ejercicio de limpieza higiénica". 

Una expresión al menos cuestionable y de resonancias ultras en boca de alguien que, tras ser candidata en los anteriores comicios autonómicos por Adelante Andalucía y no obtener su escaño, opinó que "el transexual ha sufrido un 'apartheid'. Con Vox no será peor", tras los buenos resultados del partido de extrema derecha. Parece que la dureza expresiva siempre tiene objetivos prioritarios. 

El Partido Feminista es una pequeña organización cuya líder, Falcón, no ha sido precisamente diplomática en sus artículos y comunicados acerca del debate que se está produciendo en el movimiento feminista sobre cuál es el sujeto político de esta ideología. Aunque la espita se ha abierto este fin de semana con la expulsión, este es sólo el inicio formal de las hostilidades, que ya se han manifestado en las asambleas feministas de la preparación del 8M de este año y de las anteriores citas. La regulación de la prostitución fue en este caso el objeto de conflicto ya que un par de activistas leyeron un manifiesto que afirmaba que "la revuelta será puteril o no será".

Probablemente para el gran público y los medios generalistas esta sea la primera noticia de tales divergencias en la izquierda. Lo cierto es que dentro del feminismo en especial, probablemente por ser uno de los movimientos más masivos en los últimos tiempos, existe una auténtica guerra civil cuyas disputas se han hecho sentir en los temas ya citados, la prostitución como una actividad económica más y la desaparición del concepto de mujer como sujeto único del feminismo, así como en el apoyo al vestir rigorista islámico como un ejemplo de empoderamiento y la llamada eufemísticamente gestación subrogada. Temas que no coinciden ni con la tradición ideológica de la izquierda ni con los postulados feministas y sí con la abundante literatura fabricada en los departamentos de género de las universidades norteamericanas.


No es casual que anglicismos como queer, que considera el género como una expresión cultural individual y elegible, o terf, un acrónimo que se utiliza como adjetivo punitivo contra las feministas que siguen considerando a la mujer el sujeto del feminismo, hayan salido a relucir de nuevo en las redes estos días. No es tampoco casual que en anteriores convocatorias del 8M hubiera manifiestos que citaran a una pléyade de colectivos en virtud de la diversidad, palabra fetiche en todo este embrollo, pero que olvidaran intencionadamente a la mujer, protagonista de este día de lucha del que ya se borró convenientemente el apellido de "trabajadora" para negar su inspiración de clase.

¿Cuál es el punto central del debate? Precisamente uno que inspira y recoge la propuesta de ley que Unidas Podemos presentó en marzo de 2018, la postergación del sexo masculino y femenino, especialmente este último, privilegiando una lectura del concepto de género basada no en las lecturas del feminismo clásico, sino en la teoría queer

Así el género pasaría de ser una construcción social que determinaría al sexo, con un fuerte componente machista, ya que atribuiría a las mujeres características negativas que el capitalismo aprovechó para facilitar su explotación económica, a una elección que los individuos realizarían libremente y que incluso podría ser cambiante por periodos y no se limitaría a la expresión cultural en sociedad del hombre o la mujer, sino a decenas de géneros que, como productos, el consumidor elegiría según sus apetencias.


No parece casual que muchas feministas tachen a esta teoría de misógina, al negar la realidad material de la mujer, hembra de la especie humana, y de neoliberal al transformar una construcción cultural impuesta socialmente en una mercancía que se performa. Así en el mejor de los casos la mujer pasa a ser un colectivo más de la diversidad y en el peor una incomodidad lingüística, que bajo la excusa de la transfobia, se hace desaparecer sustituyéndola por apelativos tan ocurrentes como "progenitor gestante" o "persona con vagina". Y esto, en un país donde la violencia machista es una lacra, debería ponernos en alerta de las consecuencias de estos experimentos llevados de los ensayos a las leyes sin una reflexión en profundidad.


Algunas expresiones utilizadas en redes por feministas contrarias a lo queer, como la de "hombres con falda" para referirse a los transexuales no parecen las más adecuadas, como tampoco lo son las constantes amenazas, en algunos casos de muerte, que estas feministas reciben por parte de autodenomidados activistes trans.

 Los constantes ataques a estas feministas comparándolas con grupos ultracatólicos como HazteOír tienen como único objetivo su escarnio público, algo que estos grupos de radicales queer parecen dominar con gran soltura al manejarse en redes sociales bastante mejor que algunas líderes feministas de mayor edad, cuya lucha política en muchos casos se remonta al final del franquismo. Resulta cuando menos desconcertante que la izquierda abrace a los primeros y repudie a las segundas.

La propia propuesta de Ley de Unidas Podemos tiene aspectos que al menos deberían ser discutibles, más allá de confiar en dogmatismos posmodernos que a menudo no pasan de ser artillería publicitaria para engrandecer a exitosas conferenciantes. Asuntos como la autodeterminación de género implican, como recoge la propuesta de ley, que menores de 16 años que sean considerados intelectual y emocionalmente capaces puedan cambiar de sexo sin impedimentos, algo que a todas luces suena, al menos, como una abstracción difícil de mesurar.

 Así mismo la ley tendría consecuencias en las partidas presupuestarias destinadas a las políticas en favor de la igualdad de la mujer, que se basarían en unas estadísticas tan cambiantes como los deseos de los hombres que decidieran ser mujeres autoafirmándose como tal. Asuntos como el sistema penitenciario dividido en sexos o las competiciones deportivas quedarían de igual manera alterados significativamente.


Las personas transexuales tienen deficiencias en cuanto a sus derechos civiles, sufren agresiones por su condición y son sin duda un colectivo con graves problemas en el ámbito laboral. El Estado ha dado decisivos pasos adelante al incluir en la seguridad social los programas de reasignación de sexo, las facilidades para cambiar el nombre en documentos oficiales o ha invertido cuantiosas subvenciones a iniciativas de integración y asociaciones afines. Ninguna feminista se ha pronunciado en contra de estas medidas. 

Sí de que bajo el paraguas del avance de los derechos civiles LGTB se cuelen contradicciones que afecten sustancialmente a la mujer como sujeto político. Todos los ciudadanos deben tener los mismos derechos y obligaciones, ese es un principio demócrata que la izquierda debe apoyar, no por contra reducir a la mujer, algo más de la mitad de la población, a una identidad que compita en el mercado de la diversidad utilizando las monedas de los privilegios y las opresiones.


Los vientres de alquiler, la compra de mujeres en países pobres para que gesten como probetas humanas a niños que posteriormente les serán sustraídos tras un pago, es una de las consecuencias más indeseables de reducir a la mujer en una simple identidad. Son habituales las fotos de hombres posando con los críos, recién paridos de sus madres, vestidos de parturientas simulando ser ellos mismos el xadre, neologismo para no ofender tampoco su posible género alterno. Cuando algo tan concreto como ser una mujer se transforma en una abstracción cultural al gusto del consumidor, el mercado capitalista no duda en crear un nicho comercial más.

Efectivamente la ultraderecha está jugando sus cartas para aparecer como los únicos garantes de las familias, algo que parece no importarles tanto cuando se sitúan al lado de los recortes neoliberales al Estado del Bienestar. Lo extraño es que la izquierda ha asumido que su papel no es fomentar la igualdad, sino inmiscuirse en el inasible reino de la diferencia, precisamente lo que Margaret Thatcher proponía como modelo cultural para su restauración neoconservadora. 

Hace casi un par de años cuando publiqué mi libro La trampa de la diversidad intenté advertir desde la prudencia y el respeto sobre las contradicciones que el progresismo se iba a encontrar en este camino. Recibí duros ataques personales y una indescriptible campaña de desprestigio. Hoy les toca a las feministas que han osado contravenir las modas ideológicas imperantes. La excusa siempre es la misma, llamar progreso a lo que no es más que individualismo, negocio y claudicación."                (Daniel Bernabé, Público, 24/02/20)


 "La Plataforma Trans celebra “la limpieza higiénica” del Partido Feminista en IU.

 La Federación Plataforma Trans, que había recogido más de 2.000 firmas para pedir a IU la expulsión del Partido Feminista, ha celebrado que finalmente se haya escuchado su demanda. (...)

La presidenta de la Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé, ha celebrado “el ejercicio de limpieza higiénica” en IU y ha pedido que las organizaciones como el PSOE y Podemos hagan lo mismo para expulsar “la transfobia” de sus filas, como "cordón sanitario" a la ultraderecha. “Consideramos que es un triunfo frente al discurso de odio, que nace en el seno de la izquierda, pero que no se distingue de Vox o cualquier fundamentalismo religioso”, ha apuntado la activista. “La transfobia no es feminismo”, ha manifestado a cuartopoder.es.

Los últimos comunicados de la formación de Lidia Falcón habían sido especialmente polémicos. En diciembre emitió un escrito que se posicionaba en contra de la ley trans propuesta por Podemos, y acusaba a este colectivo de “invisibilizar a las mujeres”, de “propaganda ideológica” contra menores y de estar promoviendo los vientres de alquiler, entre otras críticas. (...)
“Parece que (el Partido Feminista) hace el trabajo teórico a la ultraderecha. Está desvirtuando las bases del feminismo que hablan de inclusión, de interseccionalidad y de sororidad. Han ido a la caza de las personas trans y, sobre todo, de las mujeres trans. El peligro está en que la juventud no sepa distinguir de donde viene el discurso de odio”, ha explicado Cambrollé, quien denuncia "la demonización" del colectivo para oprimirlo todavía más". Aquí recuerda la discriminación laboral de las personas trans, que se ven abocadas a la prostitución, y su alta tasa de suicidio.

Por su parte, el Partido Feminista ha contestado duramente en sus redes sociales a su expulsión de IU y ha anunciado un Congreso que se desarrollará entre el 28 de febrero y el 1 de marzo."IU e IU Madrid han liquidado el feminismo en su organización. Primero hizo que las más veteranas dirigentes disolvieran el Área de la Mujer. Después han expulsado al Partido Feministas, y ya los engreídos dirigentes se han quedado solos con sus desagradables acólitas, cómplices y sumistas para darle satisfacción al lobby trans, que es ahora el que rige los destinos de la izquierda”, han indicado a través de Twitter."                     (Mª F. Sánchez, Cuarto Poder, 23/02/20)

16.1.19

¿Por qué las mujeres votan a los partidos de extrema derecha en Polonia, en Hungría, en Estados Unidos?

"«¿Qué les pasa?», se preguntaba un columnista de The Guardian que cuestionaba el apoyo sostenido de las mujeres al Partido Republicano en Estados Unidos. El tema tiene poco de novedoso, pero aun así la pregunta se reitera con frecuencia entre los analistas progresistas, casi siempre acompañada de una noticia sombría sobre algún contragolpe patriarcal en el marco de gobiernos populistas de derecha.  (...)

Por definición, la pregunta misma trata a las mujeres como víctimas o dobles agentes del patriarcado, en lugar de llevarnos a tomar a las mujeres y sus vidas en serio. También pasa por alto la complejidad ideológica de los proyectos de derecha, que no son únicamente anti-mujeres, sino que combinan elementos reaccionarios con la promoción de algunos intereses de las mujeres. 

Al presentar a las mujeres de derecha como un problema que requiere una respuesta inmediata, también desvía la atención de las causas estructurales que nutren el apoyo a las políticas de derecha entre las mujeres.

En lugar de preguntar qué les pasa a las mujeres de derecha, deberíamos preguntarnos qué pasa con el sistema político-económico en el que están inmersas y con las alternativas políticas de las que disponen. Polonia y Hungría pueden darnos alguna pista al respecto. 

 (...) ambos partidos llegaron al poder gracias a un porcentaje ligeramente mayor de votantes mujeres que de varones y cuentan con su apoyo constante. 39,7% de las mujeres polacas apoyaron al PiS en 2015, en comparación con 38,5% de hombres, y esta cifra solo disminuyó ligeramente después de dos años de gobierno, pese a las amenazas en curso contra los derechos reproductivos. 

En 2018, en el contexto de un récord de participación electoral, 52% de las mujeres votaron por Fidesz-KDNP, contra 46% de hombres. ¿Cómo podemos entender este apoyo sostenido?

No votan únicamente como mujeres

Primero y principal: la realidad política que el discurso feminista corriente oscurece es que los problemas de los votantes traspasan las líneas de género y con frecuencia están determinados por divisiones socioeconómicas más amplias. 

Las mujeres votan por estos partidos no solo como mujeres, sino a causa de problemas y deseos que comparten con los hombres de su colectivo nacional o clase social, lo que nos recuerda las limitaciones de los proyectos políticos basados únicamente en una construcción a partir de los intereses de las mujeres. 

Un estudio húngaro reciente señala que los problemas más apremiantes que destacan las mujeres son la explotación en el mercado de trabajo y el deplorable estado de los sistemas de atención sanitaria y de educación.  (...)

Tanto el PiS como Fidesz-KNDP han revertido ciertas consecuencias socioeconómicas de la transformación post-1989 que afectaron en particular a las mujeres, en tanto responsables primarias del presupuesto de los hogares, de los hijos y de otros trabajos de cuidados.  (...)

El ejemplo paradigmático es Familia 500+, un programa emblemático que el PiS lanzó inmediatamente después de llegar al poder, que ofrece a las familias una transferencia no condicionada de efectivo de 500 eslotis (el equivalente a 120 euros) por cada segundo hijo y los subsiguientes hasta que cumplen 18 años, y por cada primer hijo en familias cuyo ingreso mensual está por debajo de 190 euros por integrante de la familia.

Este programa, la mayor política redistributiva desde 1989, disminuyó la pobreza en forma sustancial entre las familias con hijos y recibió apoyo popular. Mientras la oposición señala atinadamente sus limitaciones –en particular, una dependencia del modelo familiar tradicional que desfavorece a familias monoparentales–, la medida le demuestra al electorado que su gobierno realmente gobierna y que tiene la capacidad de presionar en favor de un nuevo contrato social que respete su dignidad.

En Hungría, se otorga una fuerte prioridad a la política familiar al servicio de la política demográfica. Los beneficios ligados al empleo remunerado –que muestran una clara preferencia por familias heterosexuales, no romaníes, con un ingreso decente– se han incrementado. 

En cuanto a las clases más bajas, tres medidas resaltan por su efecto tangible en la vida cotidiana de las mujeres: la expansión del programa de trabajo público, que provee un ingreso mensual inferior a un sueldo mínimo pero mayor que los subsidios; la intervención estatal en el sector energético, que resulta en menores costos de los servicios, y un incremento importante en el salario mínimo, que redujo también la brecha salarial por género –las mujeres representan una amplia porción de los sectores peor remunerados–.

Sin alternativas a la vista

¿A quién deberían votar las mujeres?  (...) en la campaña electoral reciente, la oposición húngara se concentró en las limitaciones del sistema electoral de una sola vuelta y en saber si se necesitan coaliciones técnicas y cuáles serían estas coaliciones. No hicieron ningún esfuerzo por construir apoyo de las bases en los ocho años previos, ni desarrollaron una alternativa que fuera más allá de la oposición «Orbán o Europa». (...) no es sorprendente que la derecha iliberal capte tanto a hombres como a mujeres.  (...)

En lugar de ver el familiarismo y el tradicionalismo promovidos por la política de derecha iliberal como meramente reaccionarios y patriarcales, quizás sea beneficioso verlos como políticas emancipatorias moderadas para algunos, en un momento en que la política progresista enfrenta una crisis de legitimidad más amplia  (...)

Aprovechando los fracasos en la transformación y la capacidad limitada de los movimientos y partidos progresistas para producir una emancipación real, la derecha populista de Europa central logró momentáneamente sumar mujeres a su proyecto. Esto va en contra de la ilusión de que las mujeres son quienes nos pueden salvar de la derecha.

Sin embargo, el hecho de que tanto el paradigma neoliberal dominante como los puntos ciegos del feminismo identitario o cultural que no pueden lidiar con los problemas estructurales sean el problema y no la solución no hace que la respuesta iliberal se vuelva correcta. De hecho, Jarosław Kaczyński y Viktor Orbán no están construyendo una democracia social, sino un capitalismo nacional de amigos con ayuda social familiar.

(...)  para subsanar los males, se necesita algo más que etiquetar de manera condescendiente al electorado femenino como aliado del patriarcado. Se necesita una política que aprenda de sus fracasos y que combine los intereses prácticos de las votantes con objetivos feministas estratégicos: una política que aborde los problemas socioeconómicos de las mujeres de manera tal que transforme, en lugar de petrificar, las relaciones de género."                     (Eszter Kováts / Weronika Grzebalska , Nueva Sociedad, Emero, 2019)

15.3.18

“Las mujeres están a la vanguardia de la nueva política de la clase trabajadora”. Respecto al futuro de la izquierda, las mujeres están en el asiento del conductor

"Jodi Dean (1962) es filósofa, profesora de Ciencia Política en Nueva York y miembro del Comité Nacional de Planificación del Paro Internacional de Mujeres.  (...)

Dean aboga por el feminismo socialista antirracista, que “busca derrocar las estructuras de opresión de las mujeres”, y coloca a la mujer en la cima de la nueva política de las clases obreras. “Lo vemos en las iniciativas de trabajadoras de hoteles, trabajadoras domésticas, de restaurantes, profesoras y enfermeras. Todas estas luchas son hoy en día frentes de la lucha de clases”.

Hay un movimiento político que impulsa el Paro Internacional del 8M. ¿Cómo son las mujeres que lo integran?

Son fieras, están movilizadas y están radicalmente en contra de dejar que el feminismo blanco liberal corporativo de las celebridades y del Partido Demócrata dirija el movimiento. (...)

Por otra parte, hay algo específico y emocionante sobre la forma en la que el Paro Internacional de Mujeres ha tomado forma en Estados Unidos: el componente de oposición a Trump el año pasado, y las manifestaciones del 20 y 21 de enero de este año, donde vimos a mujeres protestando a una escala que no habíamos visto en el movimiento desde hace mucho tiempo. Las mujeres están molestas. Hartas.

Y se han sentido inspiradas por las campañas #MeToo (#YoTambién), #UsToo (#NosotrasTambién) y #TimesUp (#SeAcabóelTiempo). Para muchas mujeres esta es la primera vez que participan en manifestaciones masivas, la primera vez que protestan. No es un paso fácil: se están moviendo para entenderse a sí mismas, para entender la política como algo nuevo.  (...)

¿Sería equivocado o ingenuo decir que, en lo que respecta al futuro de la izquierda, las mujeres están en el asiento del conductor?

¡Sería correcto, sí! Ahora, esta es la parte compleja: ¿significa esto que los hombres de izquierda están finalmente reconociendo el trabajo que las mujeres de la izquierda más combativa han hecho durante años? Una forma de aproximarnos a esta cuestión es considerar qué ha cambiado. 

Un análisis materialista señalaría los cambios concretos en la composición de la fuerza de trabajo, en la educación universitaria, etcétera, y esto nos llevaría a la manera en la que un gran número de mujeres a través del trabajo remunerado han generado condiciones en las que su liderazgo es necesario para la supervivencia.

 Desde este ángulo, parecería que los cambios en las circunstancias económicas y educativas de las mujeres nos han puesto en una posición de mayor oportunidad y capacidad para el liderazgo. Las mujeres están tomando la delantera en tantos sectores del movimiento. Estamos llenando un vacío.  (...)

¿Diría que la izquierda actualmente tiene más potencial del que muchos, incluida la gente de izquierda, se dan cuenta?

¡Sí, sí, sí! Tenemos que ver la “rebelión trumpiana” como una reacción. En efecto, esta marca una reacción al poder de izquierdas, pero, para ser honesta, podríamos caer en un optimismo infundado. En realidad la derecha sí reacciona al poder de izquierda. 

De hecho, ¡la derecha percibe a la izquierda con más poder de lo que la izquierda se percibe a sí misma! Podemos decir que la “rebelión trumpiana” es una reacción a un conjunto de desarrollos diferentes y combinados. 

Sí, están las fuerzas de la desigualdad extrema y el fracaso de la izquierda en mantener una visión despierta, extendida y clara del socialismo, junto a una decadencia en las percepciones del hombre blanco sobre sus oportunidades de vida, esto es, la menor probabilidad de que sus vidas sean mejores que las vidas de sus padres y la sensación de que Hollywood y las élites demócratas se están burlando de ellos.

 Entonces sí, la izquierda tiene más potencial y más capacidad de la que nos damos cuenta, y debemos entender “darse cuenta” como “reconocer” y como “hacer posible”. Nuestra capacidad tiene que ser realizada en la práctica, esto es, a través de la organización, que es exactamente lo que intenta el Paro Internacional de Mujeres.

Cuando Nancy Fraser –intelectual feminista e integrantes del Comité Nacional de Planificación del Paro– advierte de que, en la estela de la crisis estructural del neoliberalismo, el feminismo podría emerger radicalmente transformado, como un movimiento social pero también como “un significante vacío del bien”, ¿qué piensa? 

Mi primera reacción sería decir que fue el feminismo de Hillary Clinton el que funcionaba como un “significante vacío del bien”, que era el feminismo blanco, mainstream, liberal, capitalista y carcelario del “neoliberalismo progresista” (el término adecuado que propone Fraser) que circula sin esfuerzo a través de la cultura popular como un marcador débil de lo “progre”. 

Funciona ideológicamente como un refuerzo del capitalismo, da a la brutalidad capitalista un rostro de mujer. Tenemos entonces el feminismo de Lena Dunham, el feminismo de Katy Perry, y la reducción de la lucha política al desarrollo personal. Pero ¡no me gustaría asociar la Huelga Internacional de Mujeres con este tipo de feminismo!  (...)

“Feminismo” siempre significa una política enfocada a mejorar la vida de las mujeres. El significante no está vacío. Al contrario, la posiciones políticas necesarias para llevarlo a cabo son discutidas, divergentes, en conflicto unas con otras. 

Puesto en los términos de la vieja escuela de los Woman Studies de los años 80: hay diferentes feminismos, feminismo liberal, feminismo radical, feminismo socialista, etcétera. El feminismo del Paro Internacional de Mujeres para el 99 por ciento es un feminismo socialista y antirracista. 

En vez de pensar que el feminismo puede ser reducido al énfasis liberal sobre la meritocracia y la igualdad de oportunidades, el feminismo socialista antirracista busca derrocar las estructuras de opresión de las mujeres –supremacismo blanco, capitalismo, heteropatriarcado, el estado imperalista y carcelario–. 

Reconoce que forman parte de una misma estructura y que las posturas políticas que movilizan son frentes diferentes de una lucha común.  (...)

Mi segunda reacción me lleva a pensar por qué es el feminismo precisamente el que está a la vanguardia de la política contemporánea.  (...)

La reproducción se está volviendo incluso una fuerza para colectivos en pequeñas ciudades y comunidades rurales. Por ejemplo, la Asamblea de Mujeres de Ginebra ha colocado la reproducción social en el centro de la organización de nuestro paro y de nuestro trabajo político.

 La misma Fraser ha escrito un par de excelentes artículos sobre la actual crisis de la reproducción social. Como yo lo veo, la reproducción social es el área más emocionante de trabajo teórico y práctico tanto para feministas como para socialistas. 

¿Es entonces la reproducción social la que estructura el movimiento que sostiene el Paro Internacional de Mujeres?

Un paro de mujeres pone al frente el trabajo invisible que ha sostenido el sistema y que está siendo atacado. Nos hace a todos concienciarnos de cuánto trabajo es requerido solamente para sobrevivir y cómo los capitalistas hacen cualquier cosa para despojarnos de todo –vida social, tiempo con amigos y familia, salud, ocio, un futuro–. 

La plataforma del paro reclama servicios sociales plenos, lo que significa hacer frente a las necesidades sociales y asegurar los medios de vida. Este reclamo surge de un análisis de la reproducción social.  (...)

¿Qué significa –o qué debería significar– la solidaridad aquí? ¿Podemos llamarla solidaridad de clase o es algo más?

La huelga está construyendo solidaridad de clase a través del feminismo. En este punto recuerdo la perspectiva de Claudia Jones sobre la triple opresión de la mujer negra –como negra, mujer y trabajadora–. 

Es el análisis de la triple opresión el que nos permite ver cómo trabajadores diferentes están conectados, cómo el sistema capitalista despliega racismo y patriarcado para dividir a la clase trabajadora, controla los salarios, otorga a algunos trabajadores pequeñas ventajas sobre otros (el hombre que viene a casa donde está su esposa, la mujer blanca que puede mandar a la mujer negra que limpia su hogar).  (...)

Cuando el dinero compra la libertad, cuando el dinero es necesario para el ejercicio de la libertad o los derechos de uno, solamente son los ricos los que son libres.
Las mujeres están a la vanguardia de la nueva política de la clase trabajadora, que es la política que se desenvuelve de manera transversal al campo social, desde los espacios de trabajo y vecindarios hasta las prisiones y gasoductos. 

Lo vemos en las iniciativas de trabajadoras de hoteles, trabajadoras domésticas, de restaurantes, profesoras y enfermeras. Lo vemos en la lucha contra el estado carcelario. Lo vemos en las campañas por la justicia ambiental. Todas estas luchas son hoy en día frentes de la lucha de clases. La burguesía, la clase dominante, el uno por ciento no tiene que juntarse en las calles. Las corporaciones son dueñas del sistema político.

 Los ricos no protestan; sino que compran a los políticos que necesitan (pregúntenle a Charles Koch y Rebekah Mercer). Bajo el capitalismo, la solidaridad no es automática. Los trabajadores tienen que mantenerse juntos, tienen que apoyarse unos a otros para continuar unidos incluso de cara a las dificultades reales materiales de la huelga. 

Y las huelgas dependen de las familias y comunidades de trabajadores también –los trabajadores necesitan ver que otros también los ven como si lucharan en el bando de los buenos–. La solidaridad, entonces, es la unidad en la lucha –mantenerse juntos y cuidarse las espaldas–. Significa no dejar que los capitalistas, con sus ideologías de individualismo y competencia, nos dividan. 

La Huelga Internacional de Mujeres representa una posición política de izquierdas amplia, de múltiples tendencias, que reconoce las diversas formas y espacios de trabajo y la naturaleza entrelazada de la opresión. 

 Apunta a hacer visible el trabajo de las mujeres, se opone a las variadas y profundas formas de violencia que atraviesan nuestra sociedad, y ejerce presión hacia la reorganización de la sociedad para que “el libre desarrollo de cada uno sea la condición para el libre desarrollo de todos”.                  (Entrevista a Jodi Dean, filósofa, CTXT, 07/03/18, Maximillian Alvarez, (The Baffler),