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7.7.25

Varoufakis: ¿Las minorías que viven en Occidente deben asimilarse para que no acabemos siendo una sociedad de extraños? El joven Marx declaró "¿El punto de vista de la emancipación política da derecho a exigir del judío la abolición del judaísmo y del hombre la abolición de la religión? ... Así como el Estado evangeliza cuando ... adopta una actitud cristiana hacia los judíos, así el judío actúa políticamente cuando, siendo judío, exige derechos cívicos"... sobre los efectos de la inmigración, Marx reconoce plenamente que los empresarios norteamericanos e ingleses estaban explotando a propósito la mano de obra barata de los inmigrantes irlandeses, enfrentándolos a los trabajadores nativos y debilitando la solidaridad laboral. Pero para Marx era contraproducente que los sindicatos se volvieran contra los inmigrantes irlandeses y adoptaran postulados antiinmigración. No, la solución nunca consistía en desterrar a los trabajadores inmigrantes, sino en organizarlos... sobre los sindicatos Marx dice que "Los sindicatos funcionan bien como centros de resistencia contra las invasiones del capital. [Pero] generalmente fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en lugar de intentar también cambiarlo." ¿Cambiarlo en qué? En una nueva estructura corporativa basada en el principio de un empleado, una acción, un voto, el tipo de programa que realmente puede inspirar a los jóvenes que ansían liberarse tanto del estatismo como de las corporaciones dirigidas por los resultados de las empresas de capital riesgo o de un propietario ausente

 "Una joven a la que conocí no hace mucho me comentó que no era tanto la existencia del mal en estado puro lo que le sacaba de quicio, sino más bien las personas o instituciones con capacidad para hacer el bien que, por el contrario, acababan perjudicando a la humanidad. Su reflexión me hizo pensar en Karl Marx, cuya disputa con el capitalismo era precisamente esa: no tanto el que fuera explotador como el que nos deshumanizara y alienara a despecho de ser una fuerza tan progresista.

Los sistemas sociales anteriores podían ser más opresivos o explotadores que el capitalismo. Sin embargo, sólo bajo el capitalismo hemos estado los seres humanos tan completamente alienados respecto a nuestros productos y nuestro entorno, tan divorciados de nuestro trabajo, tan despojados incluso de un mínimo de control sobre lo que pensamos y hacemos. El capitalismo, especialmente después de su fase tecnofeudal, nos ha convertido a todos en una versión de Calibán o Shylock: mónadas en un archipiélago de seres aislados, cuya calidad de vida está inversamente relacionada con la abundancia de artilugios que produce nuestra maquinaria de última generación.

Esta semana, junto con otros políticos, escritores y pensadores, participaré en el festival Marxism 2025 en Londres, y una de las cuestiones que me ocupan es la forma en que los jóvenes de hoy sienten claramente esta alienación que identificó Marx. Pero la reacción contra los inmigrantes y las políticas identitarias -por no mencionar la distorsión algorítmica de sus voces- les paraliza. Y aquí puede volver a entrar Marx con consejos sobre cómo superar esta parálisis, buenos consejos que yacen enterrados bajo las arenas del tiempo.

Tomemos el argumento de que las minorías que viven en Occidente deben asimilarse para que no acabemos siendo una sociedad de extraños. Cuando tenía Marx 25 años, leyó un libro de Bruno Bauer, pensador al que respetaba, en el que defendía que, para acceder al derecho a la ciudadanía, debían los judíos alemanes renunciar al judaísmo.

Marx se puso furioso. Aunque el joven Marx no tenía mucha paciencia con el judaísmo, y de hecho con ninguna religión, su apasionada demolición del argumento de Bauer es un festín para la vista: "¿El punto de vista de la emancipación política da derecho a exigir del judío la abolición del judaísmo y del hombre la abolición de la religión? ... Así como el Estado evangeliza cuando ... adopta una actitud cristiana hacia los judíos, así el judío actúa políticamente cuando, siendo judío, exige derechos cívicos".

El truco que Marx nos está enseñando aquí es cómo combinar un compromiso con la libertad religiosa de judíos, musulmanes, cristianos, etc. con el rechazo total de la presunción de que, en una sociedad de clases, el Estado puede representar el interés general. Sí, los judíos, los musulmanes, las personas de creencias que quizá no compartamos -o que ni siquiera nos gusten mucho- deben emanciparse de inmediato. Sí, las mujeres, los negros y las personas LGBTQ+ deben obtener igualdad de derechos mucho antes de que aparezca en el horizonte cualquier revolución socialista. Pero la libertad exigirá mucho más que eso.

Pasando al tema de los trabajadores inmigrantes que aplastan los salarios de los trabajadores locales, otro campo minado para los jóvenes de hoy, una carta que Marx envió en 1870 a dos asociados de la ciudad de Nueva York ofrece brillantes pistas sobre cómo tratar no sólo con los Nigel Farage de este mundo, sino también con algunos izquierdistas que han mordido el anzuelo de la antiinmigración.

En su carta, Marx reconoce plenamente que los empresarios norteamericanos e ingleses estaban explotando a propósito la mano de obra barata de los inmigrantes irlandeses, enfrentándolos a los trabajadores nativos y debilitando la solidaridad laboral. Pero para Marx era contraproducente que los sindicatos se volvieran contra los inmigrantes irlandeses y adoptaran postulados antiinmigración. No, la solución nunca consistía en desterrar a los trabajadores inmigrantes, sino en organizarlos. Y si el problema es la debilidad de los sindicatos, o la austeridad fiscal, entonces la solución no puede consistir nunca en convertir a los trabajadores inmigrantes en chivos expiatorios.

Hablando de sindicatos, Marx tiene también algunos espléndidos consejos para ellos. Sí, es crucial que aumenten los salarios para reducir la explotación de los trabajadores. Pero no caigamos en la fantasía del salario justo. La única manera de hacer que el lugar de trabajo sea justo es acabar con un sistema irracional basado en la estricta separación entre los que trabajan, pero no poseen, y la ínfima minoría de los que son poseedores, pero no trabajan.

En palabras suyas: "Los sindicatos funcionan bien como centros de resistencia contra las invasiones del capital. [Pero] generalmente fracasan por limitarse a una guerra de guerrillas contra los efectos del sistema existente, en lugar de intentar también cambiarlo."

¿Cambiarlo en qué? En una nueva estructura corporativa basada en el principio de un empleado, una acción, un voto, el tipo de programa que realmente puede inspirar a los jóvenes que ansían liberarse tanto del estatismo como de las corporaciones dirigidas por los resultados de las empresas de capital riesgo o de un propietario ausente que ni siquiera sabe que posee parte de la empresa para la que trabaja.

Por último, la frescura de Marx reluce cuando tratamos de dar sentido al mundo tecnofeudal en el que la gran tecnología, junto con las grandes finanzas y nuestros Estados, nos han encerrado subrepticiamente. Para entender por qué se trata de una forma de tecnofeudalismo, algo mucho peor que el capitalismo de vigilancia, tenemos que pensar como habría pensado Marx en relación a nuestros teléfonos inteligentes, tablillas, etc. Verlos como una mutación del capital -o «capital nube»- que modifica directamente nuestro comportamiento. Para comprender de qué modo los alucinantes avances científicos, las fantásticas redes neuronales y esos programas de inteligencia artificial que desafían la imaginación han creado un mundo en el que, mientras la privatización y el capital de riesgo vacían los activos de toda la riqueza física que nos rodea, el capital en nube se dedica a vaciar los activos de nuestros cerebros.

Sólo a través de la lente de Marx podemos entenderlo realmente: para poseer nuestras mentes individualmente, debemos poseer el capital en nube colectivamente." 

( Yanis Varoufakis, Jaque al imperialismo , 06/07/25,  fuente SinPermiso

3.3.25

Un engaño cruel: la economía política de la lucha contra la inmigración... Una mirada al papel histórico y actual de los inmigrantes en la economía estadounidense... esta deportación tiene poco sentido desde el punto de vista económico. Representa un programa autodestructivo a nivel nacional basado en una comprensión errónea de la economía de la inmigración... Lo que una vez «hizo grande» a Estados Unidos (al menos para la población blanca mayoritaria) fueron sus sucesivas oleadas de inmigrantes... La mayoría de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos son adultos jóvenes... su educación fue financiada por sus países de origen. Sus familias y gobiernos gastaron sumas considerables en alimentarles, vestirles, darles cobijo, educarles... Sus años de productividad beneficiaron a la economía estadounidense, no a la de los países que invirtieron en ellos. Por el contrario, las personas nacidas y criadas en Estados Unidos afrontan grandes costes económicos para la economía estadounidense antes de convertirse en adultos trabajadores... Los países de origen de los emigrantes pierden la productividad adulta que más necesitan. La migración transfiere esos beneficios a los países ricos que menos los necesitan... Las primeras oleadas de inmigrantes estimularon el crecimiento económico que, a su vez, atrajo, acogió e incorporó a las oleadas posteriores... La inmigración y el crecimiento se facilitaron mutuamente en un ciclo que muchos consideraron «excepcional»... El crecimiento económico al que contribuyeron las primeras oleadas de inmigrantes permitió que sus luchas por conseguir mejores empleos, salarios y viviendas tuvieran éxito... Estados Unidos podía presumir de un notable grado de «movilidad social»... Durante varias décadas recientes, un crecimiento económico lento y desigual redistribuyó la riqueza y la renta de Estados Unidos hacia arriba. El declive del imperio estadounidense unido a la creciente competencia mundial (especialmente de China), los efectos cada vez mayores del cambio climático y los consiguientes conflictos mundiales impulsaron grandes migraciones a Estados Unidos justo cuando sus empleos, ingresos y oportunidades se reducían. Los efectos negativos percibidos de la inmigración llegaron a superar a los positivos. La simpatía y el aprecio de la clase trabajadora estadounidense por la inmigración disminuyeron lo suficiente como para dar a los demagogos de derechas su última gran oportunidad.... Trump los incorporó a sus campañas y presidencias... La inmigración se convirtió en un punto álgido, una forma de definir una nueva dirección política para salir del declive que ningún político de partido se atrevía a admitir... dado que pronto se hará evidente que deportar inmigrantes resuelve poco y empeora el declive de Estados Unidos, las perspectivas del proyecto político son dudosas ((Richard D. Wolff, Un. Massachusetts)

 "Deportar a los inmigrantes puede dar victorias electorales a los políticos si los votantes han sido suficientemente cultivados durante años de demonizarlos y convertirlos en chivos expiatorios. Para sus víctimas, las crueldades que conlleva son horribles. Sin embargo, esta deportación tiene poco sentido desde el punto de vista económico. Representa un programa autodestructivo a nivel nacional basado en una comprensión errónea de la economía de la inmigración. Lo que una vez «hizo grande» a Estados Unidos (al menos para la población blanca mayoritaria) fueron sus sucesivas oleadas de inmigrantes. Lo que subrayó la fortaleza de la economía estadounidense fue su capacidad para absorber e integrar esas oleadas a pesar de las fricciones entre ellas: un crisol de culturas genuinamente productivo. Mi educación en Estados Unidos hasta mi doctorado hizo hincapié en estos puntos.

¿Qué fue lo que dio al traste con esa visión positiva de la inmigración? ¿Qué convirtió la inmigración en un peligro urgente para la grandeza estadounidense? ¿Qué permite a Trump hacernos creer que nos «protege» reduciendo drásticamente la inmigración y deportando masivamente a los inmigrantes? (Por «inmigrantes» me refiero a la inmensa mayoría de personas que son pobres y se incorporan a la clase trabajadora con bajos niveles salariales. Los estadounidenses nacidos en el extranjero representan alrededor del 14% de la población total, unos 46 millones. De ellos, unos 12 millones son indocumentados).

 Las respuestas a estas preguntas se encuentran en la economía política de la inmigración. Sin embargo, esas respuestas y la economía política que las genera están asombrosamente ausentes de los debates y la conciencia populares. Los últimos años de retórica antiinmigración del Partido Republicano y las políticas de deportación de inmigrantes aplicadas en las tres últimas presidencias ilustran esa ausencia. Muchos políticos, tanto del partido republicano como del demócrata, apoyan la deportación como respuesta necesaria a las «costosas invasiones» de inmigrantes (a menudo equiparados a delincuentes). Sin embargo, las pruebas de este programa de demonización han sido muy escasas. Sus defensores parecen desconocer en gran medida la economía real de la inmigración.

La mayoría de los inmigrantes que llegan a Estados Unidos son adultos jóvenes. Los jóvenes pueden gestionar mejor las dificultades y peligros de la migración. Son los que mejor pueden desempeñar los trabajos más duros y peor pagados a los que les obligan sus circunstancias desesperadas y vulnerables. Los indocumentados son los más vulnerables. No se atreven a quejarse a la policía o a otros funcionarios del gobierno cuando los empleadores se aprovechan de ellos y abusan de ellos. Los inmigrantes suelen enviar parte de sus salarios («remesas») a los países que dejaron. Las remesas ayudan a cuidar de los niños, los ancianos y otras personas que se quedaron allí y compensan parcialmente a esos países de origen por la pérdida de productividad de sus emigrantes.

 Antes de que los inmigrantes adultos llegaran a Estados Unidos, su educación era financiada por sus países de origen. Sus familias y gobiernos gastaban sumas considerables en alimentarles, vestirles, darles cobijo, educarles, etc., desde el nacimiento hasta los 15-18 años. Invirtieron» en sus jóvenes, pero obtuvieron pocos ingresos de esa inversión porque los jóvenes adultos emigraron a Estados Unidos. Sus años de productividad beneficiaron a la economía estadounidense, no a la de los países que invirtieron en ellos.

Por el contrario, las personas nacidas y criadas en Estados Unidos afrontan grandes costes económicos para la economía estadounidense antes de convertirse en adultos trabajadores. Las familias estadounidenses sufragan en parte esos costes (comida, ropa y alojamiento). Los gobiernos federal, estatales y locales sufragan otras partes de esos costes (escolarización pública, servicios públicos, etc.). Dado que son relativamente pocos los adultos estadounidenses que emigran, la economía de Estados Unidos recoge su productividad adulta como rendimiento de su inversión en su educación. Además, Estados Unidos se asegura la productividad de los inmigrantes en los que no invirtió.

Dado que muchos de los países a los que pertenecen los inmigrantes suelen encontrarse entre los países más pobres, la inmigración de sus ciudadanos a Estados Unidos representa una subvención de y por las naciones pobres. La inmigración no sólo refleja las desigualdades internacionales del capitalismo global, sino que las agrava. Los países de origen de los emigrantes pierden la productividad adulta que más necesitan. La migración transfiere esos beneficios a los países ricos que menos los necesitan.

Ese «gran» pasado estadounidense que celebra MAGA comprendió muchas décadas de oleadas masivas y sucesivas de inmigrantes. El impresionante crecimiento del PIB estadounidense en los siglos XIX y XX debió más que un poco a los subsidios aportados por los inmigrantes. Las primeras oleadas de inmigrantes estimularon el crecimiento económico que, a su vez, atrajo, acogió e incorporó a las oleadas posteriores. Cada oleada de inmigrantes luchó, y la mayoría de ellos acabaron consiguiendo salarios crecientes; algunos incluso salieron de la clase trabajadora para convertirse en empresarios. La inmigración y el crecimiento se facilitaron mutuamente en un ciclo que muchos consideraron «excepcional».

 A medida que llegaba cada oleada de inmigrantes, sus miembros soportaban en su mayoría los peores trabajos y los salarios más bajos y vivían en las peores viviendas y en barrios desatendidos por los servicios públicos, como escuelas de calidad inferior para sus hijos. Cuando llegó la siguiente oleada, sus miembros aceptaron lo mismo. El crecimiento económico al que contribuyeron las primeras oleadas de inmigrantes permitió que sus luchas por conseguir mejores empleos, salarios y viviendas tuvieran éxito. Ese crecimiento también permitió a las oleadas posteriores de inmigrantes que sustituyeron a las anteriores en los peldaños más bajos de la escala social de la nación.

Así, casi todos los inmigrantes podían prever razonablemente años mejores en el futuro. Estados Unidos podía presumir de un notable grado de «movilidad social». La creencia de la clase trabajadora en la movilidad social, cuidadosamente exagerada por las fábulas de «harapos para enriquecerse» como las de las numerosas novelas de Horatio Adler (1832-1899), sirvió a la paz social y a menudo embotó el atractivo del socialismo.

Este análisis ha tratado hasta ahora la migración en términos de sus efectos nacionales o macroeconómicos. La migración también tiene efectos microeconómicos: su impacto en la relación empleado-empleador. Los inmigrantes suelen trabajar por un salario inferior al que aceptan los nativos. Los inmigrantes indocumentados aceptan aún menos. Como los inmigrantes pueden representar una amenaza competitiva real, los trabajadores nativos mejor pagados pueden temer, resentirse y oponerse a su presencia. Los demagogos suelen ver oportunidades de obtener votos reflejando y reforzando ese resentimiento y esa oposición. Si los inmigrantes muestran diferencias «raciales», los demagogos pueden integrar el racismo (tradicional o nuevo) para agravar la competencia entre empleados inmigrantes y nativos.

Los empresarios han enfrentado a menudo a los inmigrantes con los empleados nativos y a los inmigrantes indocumentados con ambos. Los métodos de «divide y vencerás» de la patronal han impedido acciones conjuntas de empleados nativos e inmigrantes y han bloqueado o destruido sindicatos y huelgas. Por otra parte, en los últimos años, importantes sectores del movimiento obrero estadounidense han resurgido en parte unificando claramente a los empleados inmigrantes (documentados e indocumentados) y no inmigrantes y, de este modo, derrotando a los empresarios. No es de extrañar que algunos empresarios, preocupados por el resurgimiento del movimiento obrero, cultivaran una reacción para reforzar las divisiones entre los empleados. La demonización de la inmigración les resultaba atractiva. Las denuncias y las exigencias de eliminar los compromisos en materia de diversidad, equidad e inclusión (DEI) se convirtieron en tapaderas populares y acompañantes de la agitación antiinmigración.

En Estados Unidos, los últimos presidentes han buscado votos utilizando palabras y acciones hostiles contra los inmigrantes. Los planes de esos presidentes y las consiguientes deportaciones respondieron a varios años de gran inmigración. Los demagogos políticos y los racistas desempeñaron sus papeles habituales. Trump los incorporó a sus campañas y presidencias. Su segundo mandato apunta a la deportación más masiva de la historia de Estados Unidos.

Los empresarios estadounidenses lamentarán que las deportaciones reduzcan el número de empleados inmigrantes rentables y con salarios bajos (y especialmente de empleados indocumentados). Por supuesto, los empresarios conservan su alternativa habitual de automatización: sustituir cada vez más trabajadores por ordenadores, robots e IA. Millones de personas privadas de empleos públicos (vía Trump, Musk y DOGE) se unirán a los desplazados tecnológicos para competir por las cada vez menores oportunidades de empleo en el sector privado estadounidense. El objetivo trumpiano es una clase trabajadora limpia de inmigrantes, sindicatos y sensibilidades DEI. Es un mundo MAGA que ha resubordinado con éxito a la mayoría de los no blancos, las mujeres, los inmigrantes y todos los demás considerados inferiores por gente como Trump y Musk, y aquellos que ellos seleccionan.

 La inmigración siempre sirvió principalmente a las necesidades del capitalismo estadounidense. La emigración siempre fue costosa, peligrosa y dolorosa para los emigrantes que, en su mayoría, carecían de otras formas de sobrevivir. La clase obrera estadounidense se vio a menudo amenazada por la inmigración y, por tanto, la vio negativamente, pero carecía de poder político para detenerla. Por otro lado, la clase trabajadora también apreciaba la supervivencia y las oportunidades que la inmigración ofrecía a sus familias y antepasados. En ese sentido, veían la inmigración de forma positiva.

Durante varias décadas recientes, un crecimiento económico lento y desigual redistribuyó la riqueza y la renta de Estados Unidos hacia arriba. El declive del imperio estadounidense unido a la creciente competencia mundial (especialmente de China), los efectos cada vez mayores del cambio climático y los consiguientes conflictos mundiales impulsaron grandes migraciones a Estados Unidos justo cuando sus empleos, ingresos y oportunidades se reducían. Los efectos negativos percibidos de la inmigración llegaron a superar a los positivos. La simpatía y el aprecio de la clase trabajadora estadounidense por la inmigración disminuyeron lo suficiente como para dar a los demagogos de derechas su última gran oportunidad.

Los demagogos explotaron el cambio de las condiciones y actitudes de la clase trabajadora estadounidense para sacudir la política de Estados Unidos. Las órdenes ejecutivas diarias han deshecho el consenso político, antes estable, de la alternancia de gobiernos republicanos y demócratas durante el auge del imperio estadounidense en los siglos XIX y XX. Desde entonces, cuando el imperio estadounidense y el capitalismo iniciaron su declive reforzándose mutuamente, republicanos y demócratas se volvieron cada vez más duros entre sí. Su antiguo establishment político se desmoronó en amargos conflictos.

La inmigración se convirtió en un punto álgido, una forma de definir una nueva dirección política para salir del declive que ningún político de partido se atrevía a admitir. Hasta ahora, Trump ha aprovechado mejor la oportunidad de llevar al poder una posición extrema en materia de inmigración: la deportación masiva. Sin embargo, dado que pronto se hará evidente que deportar inmigrantes resuelve poco y empeora el declive de Estados Unidos, las perspectivas del proyecto político son dudosas.

Lo mismo puede decirse de otros proyectos previstos por él y Elon Musk. Entre ellos figuran los planes neocolonialistas de apoderarse del Canal de Panamá, Groenlandia y Gaza, y convertir Canadá en el 51º Estado de Estados Unidos. Estos también incluyen imponer aranceles en todo el mundo y desconectar a Estados Unidos de los esfuerzos globales relacionados con el cambio climático y las iniciativas de salud (OMS). Abandonar la guerra de Ucrania y trasladar sus costes a los europeos puede provocar su resistencia y reacciones que frustren a Trump y Musk de formas imprevistas.

Al igual que con la inmigración, la economía política de otros proyectos de Trump y Musk (y gran parte del Proyecto 2025) plantean profundas cuestiones similares sobre su lógica, sus puntos ciegos y sus consecuencias imprevistas. Las profundas contradicciones de la antiinmigración -y de otros proyectos- no se superan escondiéndolas bajo el barniz de eslóganes como «América primero». Seguimos experimentando la versión estadounidense de lo que significa «imperio en declive»."

(Richard D. Wolff, Un. Massachusetts, Brave New Europe, 27/02/25, traducción DEEPL, enlaces en el original, fuente Economy for All,)

13.9.18

Alianza Global contra la Trata de Mujeres: “La autoorganización de las trabajadoras sexuales contribuye a la lucha contra la trata”. Todas las trabajadoras sexuales que se han organizado con otras son mucho más fuertes ante situaciones de explotación. Esto no significa que sean inmunes a los abusos, sino que tienen más herramientas para prevenirlos, verlos venir y, si suceden, poder enfrentarlos con sus compañeras. Sabemos que las políticas de penalización al cliente de modelo sueco están afectando negativamente a las trabajadoras sexuales y tampoco tenemos tan claro que estén beneficiando a las víctimas de trata

"La Alianza Global contra la Trata de Mujeres (GAATW por sus siglas en inglés) nació en 1994. Mujeres migrantes, estudiantes y trabajadoras que vivían en Holanda se unieron para analizar sus distintas vivencias. 

Las interpelaba entender las realidades del proceso migratorio y el papel que sus diferentes situaciones de partida jugaban a la hora de convertirse en trabajadoras sexuales sin papeles o estudiantes con documentos. De ahí fue brotando la urgencia de vincular las cuestiones migratorias con la trata de personas.  (...)

Chus Álvarez (Ávila, 1979) forma parte del equipo de GAATW y ha participado en una de los últimos estudios realizado por esta red, una investigación en siete países acerca de cómo la organización de las mujeres trabajadoras sexuales puede mejorar sus condiciones de vida y luchar contra la trata de personas. Los sietes países elegidos representan posiciones, estrategias y políticas dispares en el abordaje de la prostitución, desde la despenalización hasta la criminalización total.  (...)

¿Por qué las mujeres migrantes que crean GAATW deciden centrarse en la trata?

Su realidad migratoria les permitió entender que la migración y la trata van unidas, se entrecruzan, aunque las políticas globales y de migración las separen. Mientras hay un discurso de protección a las víctimas de trata y de defensa de sus derechos, también existen unas políticas migratorias cada vez más restrictivas que cierran las fronteras y dificultan el movimiento de personas.

 Una de nuestras principales líneas de acción para combatir la trata es trabajar por una migración segura, con derechos. Este es uno de los modos más realistas de luchar contra la trata. 

¿Hay fondos y medidas que se dicen destinados a la lucha contra la trata y en realidad la favorecen? 

Sí. En GAATW hemos documentado cómo las políticas de lucha contra la trata perjudican mucho a quienes migran, especialmente a las personas más vulnerables. El problema es que la cuestión de la trata no es tan sencilla como nos quieren vender, que hay un tipo malvado o una mafia que mete a una persona en un país donde hay otro tipo que la explota. Por lo tanto, las medidas para abordarla tampoco deberían simplificarse. 

 Hay un montón de situaciones económicas, políticas, sociales, históricas que están provocando migraciones en situaciones de mucha vulnerabilidad y es esta vulnerabilidad creada la que favorece los casos de trata. Crear políticas contra la trata destinadas principalmente a fortalecer las fronteras solo dificulta la migración y la hace más peligrosa.

¿Qué consecuencias tiene la asociación sistemática de trata y tráfico? ¿Deberían abordarse por separado?

Sí. El tráfico es un crimen contra el Estado, pero es la única opción que las políticas migratorias restrictivas dejan a ciertas personas que quieren migrar.  No es que pensemos que el tráfico es algo paradisíaco, en muchas ocasiones también se dan situaciones de explotación, pero son esas situaciones las que se deberían criminalizar. 

En la trata está clarísimo que hay una situación de explotación. Y eso es un crimen contra las personas. En ambos casos la prioridad debería ser la protección y garantía de los derechos humanos.  

¿Y qué políticas serían más adecuadas a la realidad que ven ustedes y las asociaciones con las que trabajan?

Por un lado, existe la necesidad de fortalecer a las personas trabajadoras para defender sus derechos laborales. Romper con la precariedad y la explotación que se está aceptando como norma, ya seas nacional o migrante. Por otro lado, están las políticas migratorias. 

 Habría que tratar de hacer políticas que no cierren las puertas, sino que las abran y organicen esa migración, que se vea cómo pueden entrar esas personas sin estar en continuo peligro, sin vivir en la necesidad de aceptar condiciones de explotación porque lo que les puede pasar si no las aceptan es peor, y en muchas ocasiones implica ser deportadas.  

Como temas concretos, por ejemplo, durante la realización del informe, vimos que, en algunos países, como Nueva Zelanda, la policía que trabaja contra la trata y con trabajadoras sexuales no está también intentando localizar a personas sin documentación. Esta es una de las medidas que se reclama en España.

 Si no tengo documentos y la policía, que supuestamente me tiene que proteger y en la que tengo que confiar para denunciar un caso de explotación, es la misma que me puede deportar, no va a haber denuncia porque no se me va a proteger. Hay una falta administrativa que se pone por encima de los derechos humanos de la persona a la que se está atendiendo.

En la GAATW trabajamos con las organizaciones para que las personas cuando migran tengan el mayor número de herramientas para poder defenderse de situaciones de explotación, que conozcan sus derechos, la realidad del país al que van a emigrar, las organizaciones con las que pueden contar, las situaciones con las que se pueden encontrar y cuál es la red que puede tener en su país de origen o de destino.

Cuando se habla de trata, se suele hablar de trata asociada a la prostitución o con fines de explotación sexual. ¿Hay diferencia entre la prostitución y la trata?

La Alianza reconoce que la prostitución es un trabajo y por lo tanto si hay una explotación, es una explotación laboral. Evidentemente sabemos que hay situaciones de trata y explotación dentro de la industria del sexo. Pero no tiene ningún sentido que se identifique prostitución con trata y que se considere que erradicando la primera se termina con la segunda. 

La trata y la explotación tiene causas más complejas. Para erradicar la trata hay que abordar esas causas. Cuando se persigue y criminaliza el trabajo sexual, lo único que haces es perseguir y criminalizar a quienes lo ejercen y amenazar su fuente de recursos económicos. Otra de las consecuencias de identificar una cosa con la otra es que se invisibilizan los casos de trata que se dan en otros sectores. 

Además, se hacen políticas y actividades que no abordan el problema. En España, por ejemplo, mucho del dinero que debería ser para luchar contra la trata y atender a las personas que han sido explotadas se gasta en hacer campañas de sensibilización contra la prostitución.  

¿Cuáles son esos otros sectores más desconocidos en los que se dan casos de trata?

El sector textil, por ejemplo, es muy común en Asia y América Latina. En la agricultura, donde al pasar lejos de las grandes ciudades es más difícil de ver, también ocurre aquí en España. En los barcos pesqueros también hay bastantes casos. En el trabajo doméstico. La GAATW trabaja con muchas asociaciones en Asia y Oriente Medio que detectan muchísimos casos de trabajadoras del hogar que están yendo a países como Líbano, Qatar o Emiratos donde se dan situaciones muy muy duras.

Se habla sobre todo de trata de mujeres, ¿hay trata de hombres o de niños?

Esa es otra gran frase que se repite, que la mayoría de las víctimas de trata son mujeres. Y no es así. Los datos estadísticos bailan un poco y, a veces, no hay datos muy fiables, pero el informe de la OIT del 2012 muestra un número muy igualado entre mujeres (55%) y hombres (45%). Un 90% del total serían explotadas por personas o empresas, de estas el 22%, con fines de explotación sexual y el 68%, con fines de explotación laboral. 

El 10% restante serían personas en trabajo forzoso impuesto por el gobierno o estados militares. Lo que ocurre es que, dentro de los casos de trata con fines de explotación sexual, la mayoría son mujeres. Respecto al número de mujeres en prostitución que son víctimas de trata, también estas cifras bailan. 

Por ejemplo, te metes a buscar en internet y se repiten cifras altísimas, pero ninguna tiene una base, una fuente fiable. La más fiable sería la del informe de 2010 sobre trata, de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito: aproximadamente el 14%.  

A lo largo del año pasado llevasteis a cabo un informe en siete países acerca del papel que puede jugar la autoorganización de las trabajadoras sexuales en la lucha contra la trata. ¿Cuáles son las principales conclusiones?

Nada de lo que decimos es, en realidad, novedoso. Ya lo han dicho antes las organizaciones de trabajadoras del sexo, pero no se quiere escuchar. Una de las conclusiones es que el discurso popular sobre la trata de personas y el trabajo sexual funde los dos conceptos e intenta abordar las dos realidades como si fueran una sola. 

Esto perjudica tanto a las personas que ejercen el trabajo sexual como a las que son objeto de trata. En todos los países que hemos investigado las trabajadoras sexuales hacen una diferencia clara entre las situaciones de trata, que conocían y que reconocían claramente como un crimen, y el discurso contra la trata, políticas y afirmaciones que les han afectado directamente, influyendo en sus condiciones laborales, en la imagen que los medios muestran de ellas, etc.  

Otra de las conclusiones es que las trabajadoras están unidas contra todas las formas de violencia, coacción y explotación que existan en el trabajo sexual, bien sea trata, un abuso de un cliente o de alguien que regenta un local, o incluso un conflicto entre ellas mismas. Esto es importante porque el imaginario que se construye alrededor de la trata de personas invisibiliza y desoye el resto de situaciones precarias y de explotación que pueden darse en el sector.

También se destaca que hay una contribución de las organizaciones de trabajadoras sexuales que no se está teniendo en cuenta. No se las está escuchando ni se las está invitando a las mesas donde se negocian políticas públicas o estrategias contra la trata. Así que por una parte muchas voces generalizadas dicen que la trata es solo prostitución, pero cuando tienen que decidir sobre estrategias para abordarla no cuentan con las organizaciones de trabajadoras sexuales. 

En otros sectores como el textil o de trabajadoras del hogar se trata de incluir a las personas que trabajan en él, pero esto no ocurre con el trabajo sexual. Sin embargo, estas organizaciones ya están utilizando estrategias para luchar contra la explotación que están funcionando. En nuestra investigación veíamos, por ejemplo, que todas estas organizaciones coinciden en que lo principal es escuchar a las personas, ver qué está pasando y qué deciden y apoyarlas.

 Y, sin embargo, eso no se está haciendo. Hay muchísimas políticas contra la trata que se centran en el denunciar, denunciar, denunciar, para poder entrar dentro de los procesos de protección, cuando, aunque denuncien, las mujeres en situación de trata no están teniendo protección. Es más una cuestión de pillar a un criminal que de proteger derechos.

Las trabajadoras sexuales ya están contribuyendo a la lucha contra la trata, a la prevención y a la protección frente a esta, mediante la autoorganización y por eso es clave apoyarlas en ese proceso.

¿Cómo ocurre esto?

Como en cualquier otro sector laboral, cuando las personas trabajadoras están organizadas tienen mucha más fuerza para protegerse frente a abusos. En todas las entrevistas que hemos hecho con las asociaciones lo que hemos ido viendo es que todas las trabajadoras sexuales que se han organizado con otras son mucho más fuertes ante situaciones de explotación. 

Esto no significa que sean inmunes a los abusos, sino que tienen más herramientas para prevenirlos, verlos venir y, si suceden, poder enfrentarlos con sus compañeras.

Cuando las organizaciones nos contaban los servicios que ofrecen, hablaban de asistencia u orientación. El dar esa información de lo que sí se puede o no hacer, el informar de los derechos que tienen, del entorno laboral en el que están, de las políticas públicas y las leyes que pueden afectarles, el explicarles que pueden negociar y que son ellas las que tienen el poder, eso es fortalecer a una persona para enfrentar una situación de explotación que, a veces, no es tan fácil de identificar. El crear un espacio donde las trabajadoras sexuales puedan organizarse, hablar, compartir, las fortalece y las hace más conscientes de cuáles son sus derechos y de cuándo no se están respetando. Eso es otra forma de luchar contra la explotación.

¿Algo más a destacar?

En el informe se señala también que las etiquetas no tienen ningún sentido. Todo el rato se intenta ver en qué casillas encajas, si eres una víctima de trata, si eres una víctima de tráfico, si eres una prostituta. 

En vez de centrarse en qué le pasa a esa persona, qué está demandando, qué derechos han sido violados... Las etiquetas no tienen ningún sentido, porque además se cruzan. Por ejemplo, en el estudio hay un ejemplo de Sudáfrica, donde muchas mujeres habían sido objeto de trata, pero ellas no lo identificaban así. Tras saldar la deuda, ya no tenían que seguir ejerciendo el trabajo sexual y sin embargo decidían hacerlo frente a otras opciones. 

Es decir, que vivas una situación de trata no significa que te quedes siempre en ella, es un proceso, puedes comenzar en una situación de tráfico, caer luego en una de trata, salir de esta situación, caer después en otra situación de explotación. No tiene mucho sentido intentar poner etiquetas para decidir qué tipo de atención darles en vez de escuchar atentamente lo que esas personas dicen.

¿Hasta qué punto esas etiquetas estigmatizan y nos hacen mirar a las mujeres de determinadas zonas siempre como víctimas de trata y por lo tanto como prostitutas?

Sí, estigmatizan muchísimo. Las trabajadoras sexuales nos contaban cómo les afecta la imagen que los medios dan de lo que significa ser una víctima de trata: una mujer atada a una cama, que no tiene ningún derecho, abusada sexualmente... Es otra forma de estigmatización. 

Por una parte, hace creer que todas las personas ejerciendo el trabajo sexual están siendo explotadas y a la vez crea un imaginario sobre lo que significa explotación que impide a las trabajadoras sexuales y a quienes pretenden apoyarlas identificar abusos más cotidianos. Como decía una de las trabajadoras sexuales, todo lo demás que nos pasa, las largas horas de trabajo, si se quedan con nuestro dinero o nos están sisando una parte, a nadie le interesa. 

Lo único que interesa es si estoy siendo agarrada por el cuello o si estoy siendo violada o se está yendo en contra de mi voluntad, todas las demás cosas que me pasan y que también son explotación a nadie le importan. La etiqueta se ha puesto tan alta que todas las otras situaciones de explotación que están por debajo se invisibilizan.

Pero si se elimina la etiqueta, ¿cómo se puede ayudar a estas mujeres a nivel judicial si no tienes un delito identificado?

Lo que nosotras vemos en nuestro trabajo es que hay muchas organizaciones que están dando esa asistencia sin entrar a adjudicar la etiqueta de víctima de trata. Están dando asistencia a esas personas por las situaciones que han vivido, por la violación de derechos. Desde ahí es de donde debería empezar la asistencia a las víctimas, empezar por restituir derechos. 

Es cierto que a nivel judicial es necesario tener un delito que perseguir, pero existe una confusión terminológica (e ideológica) que no ayuda mucho. En este tema siempre se está haciendo una simplificación: o eres una trabajadora sexual súper empoderada y no te pasa nada malo o eres una víctima de trata a la que le pasa todo lo malo y sin capacidad alguna de acción. Estos dos extremos no representan la amalgama de situaciones que hay en el medio y a las que hay que dar respuesta.

¿Cuándo vinculamos siempre trata con prostitución se está victimizando a las mujeres que ejercen esta de manera voluntaria? ¿Se las está desempoderando?

Sí, está identificación las está afectando, pero a todas, a las víctimas de trata y a las trabajadoras sexuales. Se ofrecen medidas a las trabajadoras sexuales que no necesitan. Ellas necesitan una promoción de sus derechos, romper con el estigma, poder ejercer su profesión en libertad, sin ser juzgadas ni estigmatizadas.

 Y a mujeres en situación de trata se les están ofreciendo opciones que no tienen en cuenta su situación personal porque se están centrando únicamente en “sacarlas” de la prostitución. Por ejemplo, en el grupo de discusión que hicimos en Madrid una de las trabajadoras sexuales nos comentaba que había estado asistiendo a unos cursos ofrecidos por organizaciones contra la trata y que la opción laboral que les ofrecían eran camareras de piso, cuando en España este es uno de los entornos laborales donde más explotación existe.

 ¿Cuál es el problema entonces con la prostitución? ¿Es una cuestión de explotación o de moral? Tenemos que empezar a hablar más claro y ver cuál es el debate que tenemos. No se pueden poner los derechos de las personas por debajo de nuestra moralidad, de nuestra ideología. 

Al final estás dando alternativas que llevan a condiciones muy precarias, a condiciones de explotación. Si el problema con la prostitución es que explota a las mujeres, entonces la solución propuesta no cuadra. Es hipócrita.  

En el estudio han abordado siete países con situaciones diferenciadas en cuanto al abordaje de la prostitución. ¿Han analizado cómo estas diferentes realidades contribuyen o no a la lucha contra la trata?

Sí, por ejemplo, en Nueva Zelanda hay despenalización. Lo que sale durante toda la investigación es que las condiciones de vida y laborales de las trabajadoras sexuales eran mejores. En los servicios sociales, en los de salud o en la policía el estigma pesa menos a la hora de hablar con una trabajadora sexual y así pueden obtener información clave para abordar casos de explotación.

 Y, sin embargo, es muy llamativo lo que ocurre con las mujeres migrantes. Como medida de prevención contra la trata, dicen, las mujeres migrantes en Nueva Zelanda no pueden ejercer el trabajo sexual legalmente. Así que siguen haciéndolo, pero sin estar protegidas por el marco legal de aquellas que son nacionales. 

Esto es muy significativo y nos ha permitido ver cómo los problemas identificados por las trabajadoras sexuales en otros países donde se criminaliza el trabajo sexual, en Nueva Zelanda solo afectan a las mujeres migrantes.

¿Estas mujeres migrantes podrían caer en situaciones de trata, pero al mismo tiempo la justificación para excluirlas es evitar la trata?

Sí, se basa en que si pudieran legalizar su situación mediante el trabajo sexual, esto abriría las puertas a la trata y a la explotación cuando luego la evidencia lo que dice es justo lo contrario. Por eso insistimos en cómo se utilizan políticamente los diferentes conceptos. 

 Los gobiernos no están siendo sinceros con lo que quieren hacer con las leyes. Al final, y esto es lo que sale en el informe, se trata de racismo y de una ley migratoria xenófoba en la que se las deja fuera para no incluirlas en la sociedad neozelandesa.

Otro de los países estudiados es Canadá. Este, al estilo sueco, criminaliza al cliente. ¿Cuáles han sido las conclusiones en cuanto a las condiciones de las trabajadoras sexuales y las víctimas de trata?
Los resultados han sido muy parecidos a lo que ha salido en todos los otros países en los que existen políticas que criminalizan al cliente. Al final esto siempre afecta a las trabajadoras sexuales. La situación se parece mucho a la de España, donde las multas les están provocando una mordida importante en sus ingresos por lo que tienen que trabajar más horas e incluso hacer servicios más peligrosos, pero mejor pagados. 

Además tienen menos tiempo para negociar con los clientes los servicios y cómo se van a hacer porque estos tienen miedo de que les pillen o tienen que ir a lugares más alejados para realizar los servicios, lo que las coloca en una situación de mayor vulnerabilidad.

¿Entonces los modelos que penalizan al cliente están teniendo un efecto positivo contra la trata con fines de explotación sexual, están logrando disminuir esta o están provocando situaciones de mayor ocultamiento y, por tanto, de mayor vulnerabilidad?

El tema con esto es que dependiendo de la información que quieras obtener puedes obtenerla. ¿Qué quiero decir? Que hay muy pocos estudios objetivos y amplios. El nuestro, por ejemplo, es muy reducido y lo sabemos, es una muestra muy limitada. Estudios más amplios y que sean serios sobre esto que me estás preguntando no existen.

 Por ejemplo, Suecia tiene unas relaciones públicas maravillosas que te dirán que todo su proceso está funcionando genial y que los de todos los demás países, como aquellos que despenalizan, están funcionando muy mal. Para nosotras lo importante es poder hablar con las personas a las que, de verdad, afecta, las que están al final de la cadena. Sabemos que estas políticas de modelo sueco están afectando negativamente a las trabajadoras sexuales y tampoco tenemos tan claro que estén beneficiando a las víctimas de trata. 

En Tailandia, por ejemplo, donde está criminalizada completamente la prostitución, hay un montón de organizaciones internacionales que van con una capa de superhéroes a “salvar” a las mujeres, y se están realizando un montón de lo que llaman rescates. El año pasado, en una de estas redadas se detuvo a entre 80 y 90 trabajadoras sexuales. 

Estaban haciendo una redada para identificar a víctimas de trata, pero al final lo que hicieron fue detener a trabajadoras a las que ni siquiera permitieron cambiarse de ropa ni comunicarse con sus familiares. Su única comunicación fue con Empower, la organización de trabajadoras sexuales con la que realizamos la investigación. Al final no se identificó a ninguna víctima de trata entre las detenidas, pero deportaron a las que no eran nacionales y publicaron fotos en los medios sin ningún tipo de respeto por la privacidad. Esta situación se está repitiendo en muchísimos países. 

La experiencia y los datos que nos van dando las entidades nos indica que el daño que se está haciendo es muchísimo mayor que el beneficio. (...)"              

(Entrevista a Chus Álvarez, del equipo de la  Alianza Global contra la Trata de Mujeres (GAATW por sus siglas en inglés), Amanda Andrade, CTXT, 05/09/18)

20.3.18

Miseria moral europea, y española, en Lavapiés... miseria moral europea, e italiana, en el Mediterráneo...

"El pasado jueves murió Mame Mbaye; se desplomó de un ataque al corazón en la calle del Oso, en el barrio de Lavapiés de Madrid. 

Corría, huyendo de la policía que lo perseguía a él y a un grupo de manteros que ejercían la venta ambulante en la Plaza Mayor de la ciudad.
Mame Mbaye, era de Senegal, tenía 34 años y había llegado al Reino en patera hacía 12, Mame vió  rechazada por dos ocasiones su solicitud de regularización. Las razones de ambas negativas fueron sus antecedentes por venta ambulante irregular.

Mame, nunca tuvo “papeles”. En estos 12 años, vivió, trabajó y pagó facturas, pero no disfrutó de ningún derecho, tampoco de acceso a médico de atención primaria. Solo tuvo deberes. La noche después de la muerte de Mbaye, Lavapiés, el barrio en el que vivía, vio como la policía cargaba contra las personas que denunciaban su muerte y su situación administrativa irregular. 

Hubo seis detenidos, 19 heridos, vehículos y cajeros quemados, lunas y escaparates rotos. La  caverna mediática española, encabezada por ABC , La Razón y El Mundo, no perdió la oportunidad para hablar de “antisistema” y del “laboratorio de la furia de Podemos”.

 Por su parte, el Ayuntamiento de Ahora Madrid comenzó a echar balones fuera, avisando de que abriría una investigación, a la par que señalaba rápidamente que su policía municipal no estaba persiguiendo a Mbaye.  

Los medios alarmaron “sobre la violencia descontrolada”  de los sucesos, pero casi nadie mencionó lo que hay detrás de los mismos: la falta de regularización administrativa de cientos de miles de personas en el Reino, el racismo institucional existente tras esta muerte y la violencia institucional que sufren esas personas con derecho a nada.

Malick Gueye, también originario de Senegal, de 35 años y con 13 de residencia en España, portavoz del Sindicato Mantero y Latero de Madrid, y amigo de Mbaye señaló, en rueda de prensa, que el sindicato lleva desde sus inicios luchando a favor de la derogación de la Ley de Extranjería y de la despenalización de la venta ambulante de latas y del top manta. 

Hay que recordar que vender hoy en la calle está penado con hasta con dos años de cárcel. En la misma comparecencia, Malick aseguró que el colectivo se reúne todos los martes para tratar su situación y “para denunciar lo que sufrimos en la vida cotidiana: agresiones, abusos y detenciones, ingresos en los CIE y deportaciones. Hacen lo que quieren con los detenidos, saben que no pueden denunciar. Hemos llevado un registro denuncias. En julio, se lo hicimos llegar al Ayuntamiento. Eran 18 agresiones a nuestros compañeros, compañeros con brazos y piernas rotos. No es algo de ahora.” Malick igualmente explicó que lleva tres años en conversaciones con el Ayuntamiento de Madrid sin resultado alguno.

Racismo institucional

La política de la Unión Europea sobre inmigración y refugio, de la que el Reino de España es alumno aventajado, es en realidad una política de “guerra” que vulnera todo lo establecido en el derecho internacional.

 Primero, contra los que intentan llegar: existen acuerdos firmados con todos los gobiernos o incluso con señores de la guerra en Libia, destinados a repatriar al máximo posible de ellos, forzando su rechazo a través de buques militares y hostigamiento a las ongs que intentan auxiliarlos, y provocando miles de muertos en el Mediterráneo. 

En segundo lugar, contra quienes llegan, con el rechazo en frontera, la denegación de solicitud de asilo y refugio, la imposibilidad administrativa de regularización de su situación a través de leyes como la de Extranjería, las repatriaciones forzosas, la detención en centros especiales como los CIE y la persecución policial. 

El resultado de todo ello lleva a la existencia de una enorme bolsa de personas sin derechos que son sometidos por ello a todo tipo de arbitrariedades y abusos. Se trata de un racismo profundo e institucionalizado sobre el que posteriormente se alimenta la xenofobia y el propio racismo que se respira en nuestras sociedades.  (...)

En resumen, no existe ningún camino que permita comenzar a resolver los serios problemas que hay en nuestros barrios, reducir la economía sumergida y el fraccionamiento social, poner freno a los abusos que ello comporta y  posibilitar ganar derechos, igualdad y convivencia al margen de derogar leyes que amparan el racismo institucional.

  Leyes que, tras supuestos procesos administrativos para regularizar situaciones irregulares, esconden barreras profundamente discriminadoras que niegan de facto tal regularización. Lavapiés expone con sus movilizaciones que no se trata de un problema de unos pocos, sino de varios centenares de miles en todo el Reino. 

Un problema que muestra que sin ganar democracia para ese sector de la sociedad, serán imposibles medidas que permitan asegurar derechos para el resto. La máxima unidad, igualdad y libertad son imprescindibles. (...)"           (Carlos Girbau  , Sin Permiso, 18/03/2018)



"El barco de Proactiva Open Arms sigue retenido en Sicilia a la espera de una acusación.

El fundador de Proactiva Open Arms, Oscar Camps, ha explicado este lunes que el barco de la ONG sigue retenido en un puerto de la isla italiana de Sicilia , donde llegó el fin de semana tras rescatar a 218 inmigrantes que se encontraban a la deriva en el Mar Mediterráneo. (...)

(...) ha añadido que prevén que se les acuse de un delito al haber trasladado al grupo de migrantes desde aguas libias hasta territorio italiano.

“Hicimos la intervención en el mar y, una vez rescatados, pusimos rumbo al norte, hacia Italia, como hacemos siempre, e Italia no nos permitió la entrada” y obligó a que España tuviera que solicitar la entrada del barco a un puerto italiano.

 
Todavía es solo una hipótesis de delito. La toma del barco es preventiva, pero se nos acusa de asociacion criminal y fomentar la inmigración ilegal por desobedecer a los libios al no entregarles mujeres y niños pic.twitter.com/F9ww0axFMD
Proteger la vida humana en el mar debería ser la prioridad absoluta de cualquier cuerpo civil o militar que se precie, llámese Guarda Costas, Salvamento Marítimo o Armada. Así lo estipula igualmente el derecho del mar pic.twitter.com/2rF2eAwcwe
“Nos trasladaron a un protocolo que no se había usado nunca”, ha lamentado, por lo que tuvieron que contactar con el Ministerio de Asuntos Exteriores español y explicar que tenían una situación grave a bordo para que realizara el trámite.

 Camps ha dicho estar sorprendido porque se les tache de grupo criminal por el traslado y ha criticado que la acusación la lleve a cabo el fiscal de Sicilia: “Siempre viene todo del mismo lugar”. Ha recordado que cada vez hay menos organizaciones trabajando en el rescate de personas en el Mediterráneo y que el suyo no es la primera embarcación retenida en Italia. (...)

La noche del domingo a este lunes Camps ya expuso en su cuenta de Twitter que la incautación del barco podía darse por una acusación “de asociación criminal y fomentar la inmigración ilegal por desobedecer a los libios al no entregarles mujeres y niños”.  (...)

Los delitos de los que se les acusan son asociación criminal para fomentar la inmigración ilegal con el agravante de “obtener beneficio de ello”, que están castigados con penas de reclusión de cuatro a doce años, según el código penal.

 
Buenos días. Devolverlos al infierno no nos lo hubiéramos perdonado nunca. Gracias a todas y todos por el apoyo recibido.


 Open Arms defiende que proteger vidas humanas debe ser una prioridad de cualquier cuerpo --civil o militar-- y que así lo estipula el derecho, y que entregar a los rescatados a Libia “equivale a llevar una devolución en caliente”, lo que contraviene el Estatuto de los Refugiados de la ONU.  (...)"            (La Vanguardia, 19/03/18)

13.2.08

Nuevos sindicatos ¿étnicos?

“La 'huelga' de los cocineros chinos.
Los jefes de cocina paralizan sin aviso 14 restaurantes The Wok en protesta por el traslado de un compañero. La cadena los despide por ser el paro ilegal. (…)
El motivo: el conflicto entre la empresa y un jefe de cocina, que se niega a ser trasladado de restaurante.
Sin aviso ni convocatoria, más de un centenar de cocineros, liderados por 14 jefes, pusieron la fidelidad al grupo por delante de las órdenes de la compañía." (El País, ed. Galicia, Economía, 09/02/2008, p. 30)