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7.7.26

La comunidad internacional debe centrarse en crear mecanismos exigibles que puedan brindarles a los países una mayor autonomía fiscal... La arquitectura actual de la deuda obliga a países como Malaui a destinar el 43% de sus ingresos al pago de intereses. Eso cambiaría si los deudores pudieran sentarse a la mesa... un mecanismo de la ONU podría imponer requisitos que obligaran efectivamente a todos los acreedores a seguir un proceso único. Entre ellos podrían figurar moratorias automáticas de los pagos una vez iniciadas las negociaciones de reestructuración, pérdidas comparables entre acreedores públicos y privados, y una evaluación independiente de la sostenibilidad de la deuda que considere el gasto de los prestatarios en salud y clima como un crédito preferente, en lugar de subordinado... Una convención ambiciosa establecería una tasa impositiva mínima efectiva sobre las sociedades que contrarrestara el traslado de beneficios y les exigiría a todos los países el intercambio automático de información financiera... La convención también debería establecer un impuesto coordinado sobre la riqueza extrema, similar al que propuso Brasil como parte de su presidencia del G20 en 2024. Un gravamen anual del 2% a los multimillonarios del mundo permitiría recaudar cientos de miles de millones de dólares para la inversión pública. Las herramientas existen; el problema es determinar quién las controlaría... Un proceso auspiciado por la ONU para identificar y anular las deudas contraídas mediante fraude o en contra del interés público trasladaría el riesgo a quien corresponde: a los prestamistas irresponsables, no a las personas que fueron estafadas... El orden internacional se ha convertido en un sistema que le exige a la mayoría global pagar por un conjunto de reglas que no ha redactado. Diseñar uno nuevo requiere poner el bolígrafo en sus manos (Jenny Ricks)

 "El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en su intervención en la primera reunión de la Movilización Progresista Global celebrada en abril, destacó la conexión entre democracia y dignidad material. Si los ciudadanos no creen que sus vidas vayan a mejorar, la democracia seguirá viéndose amenazada por populistas y otros autoritarios que esgrimen la falsa promesa de que solo ellos pueden mejorar la situación de la gente de a pie.

Asimismo, existe una creciente conciencia de las desigualdades arraigadas en el orden internacional. A menos que las personas que soportan el costo de las decisiones y acciones ajenas puedan influir en el sistema multilateral y exigir responsabilidades a los actores poderosos, el orden internacional se considerará injusto e ilegítimo.

Afortunadamente, está cobrando impulso un reordenamiento global. En mayo, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, presentó el informe “Contar lo que cuenta”, que aborda un punto ciego de larga data a la hora de medir el progreso. Si bien reconoció que el PIB sigue siendo un indicador importante, Guterres subrayó la necesidad de un sistema de contabilidad más sofisticado y humano que “alinee conscientemente los indicadores con nuestros objetivos reales, y no con medidas sustitutivas que empañen u oculten los desafíos a los que se enfrenta nuestro mundo”.

Sin embargo, a algunos les preocupa que los esfuerzos por diseñar un sistema multilateral en torno a la mayoría global acaben preservando la arquitectura existente, solo que con nuevas figuras decorativas. Para evitar que esto suceda, la comunidad internacional debe centrarse en crear mecanismos exigibles que puedan brindarles a los países una mayor autonomía fiscal.

¿Cómo se traduciría esto en la práctica? Para empezar, un marco vinculante de la ONU para la reestructuración de la deuda soberana trasladaría la elaboración de normas y la toma de decisiones de salas a puertas cerradas a espacios donde todos se sienten alrededor de la mesa. La arquitectura actual de la deuda obliga a países como Malaui a destinar el 43% de sus ingresos al pago de intereses. Eso cambiaría si los deudores pudieran sentarse a la mesa.

A diferencia del Club de París de acreedores soberanos, al que China no se ha adherido, o del Marco Común del G-20 para el Tratamiento de la Deuda, que se ha estancado porque la participación de los tenedores de bonos privados es voluntaria, un mecanismo de la ONU podría imponer requisitos que obligaran efectivamente a todos los acreedores a seguir un proceso único. Entre ellos podrían figurar moratorias automáticas de los pagos una vez iniciadas las negociaciones de reestructuración, pérdidas comparables entre acreedores públicos y privados, y una evaluación independiente de la sostenibilidad de la deuda que considere el gasto de los prestatarios en salud y clima como un crédito preferente, en lugar de subordinado.

En materia fiscal, las negociaciones sobre la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional constituyen una importante oportunidad para establecer reglas globales. (Si bien el Marco Inclusivo de la OCDE y del G-20 sobre la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios logró avances en la adopción de un impuesto corporativo global mínimo, las multinacionales estadounidenses han quedado eximidas desde entonces). Una convención ambiciosa establecería una tasa impositiva mínima efectiva sobre las sociedades que contrarrestara el traslado de beneficios y les exigiría a todos los países el intercambio automático de información financiera.

La convención también debería establecer un impuesto coordinado sobre la riqueza extrema, similar al que propuso Brasil como parte de su presidencia del G20 en 2024. Un gravamen anual del 2% a los multimillonarios del mundo permitiría recaudar cientos de miles de millones de dólares para la inversión pública. Las herramientas existen; el problema es determinar quién las controlaría.

Por último, la comunidad internacional necesita un mecanismo permanente para evaluar la legitimidad de los reclamos soberanos antes de que las poblaciones se vean obligadas a pagarlos. Cuando un fondo como el 1MDB de Malasia es saqueado por miles de millones de dólares con la ayuda de bancos líderes, que cobran comisiones exorbitantes por gestionar las emisiones de bonos y no se hacen responsables, la pérdida recae sobre los ciudadanos. Un proceso auspiciado por la ONU para identificar y anular las deudas contraídas mediante fraude o en contra del interés público trasladaría el riesgo a quien corresponde: a los prestamistas irresponsables, no a las personas que fueron estafadas.

Nada de esto se construye de arriba hacia abajo. Los mismos gobiernos que abogan por impuestos sobre la riqueza en el ámbito internacional suelen imponer medidas de austeridad o evitan gravar a los ricos en sus propios países, como es el caso de India, Brasil y Francia. Un nuevo orden internacional debe basarse en esfuerzos para cerrar esa brecha, lo cual requiere gobiernos que lideren con sus principios y ciudadanos que definan esas promesas y les exijan a sus líderes que las cumplan.

Los movimientos nacionales también obligan a los gobiernos a comportarse de manera diferente en la escena global, y los compromisos adquiridos allí quedan plasmados en papel hasta que existan sectores de la ciudadanía que los hagan cumplir. Por lo tanto, los ciudadanos deben organizarse al mismo tiempo en las capitales y en los centros de conferencias, porque un orden que responda a sus demandas solo puede lograrse en ambos frentes.

La empleada de limpieza que destina más de la mitad de su salario al desplazamiento al trabajo, el agricultor que no puede permitirse comprar fertilizantes y la trabajadora de cuidados cuyo trabajo nunca se refleja en las cuentas nacionales hoy reconocen que sus problemas, aparentemente dispares, son el síntoma de una falla estructural. El orden internacional se ha convertido en un sistema que le exige a la mayoría global pagar por un conjunto de reglas que no ha redactado. Diseñar uno nuevo requiere poner la pluma en sus manos.

La elección no es entre el antiguo orden y el caos, sino entre un nuevo orden construido en torno a la mayoría global y otro que simplemente sustituye a un grupo de figuras decorativas por otro ligeramente diferente. Los movimientos ciudadanos no son periféricos a este orden más equitativo; son su fuerza motriz. Estos grupos comprenden la verdadera dinámica de la economía mundial. El desafío ahora es garantizar que quienes diseñen las nuevas instituciones internacionales también lo hagan."

(Jenny Ricks is General Secretary of the Fight Inequality Alliance, Project Syndicate, 02/07/26)

20.6.26

De los generales a Milei: Argentina bajo la tutela de su deuda... En 1976, los militares argentinos derrocaron al gobierno de Isabel Perón, y multiplicó por seis su deuda externa – de 7,8 a 45 mil millones de dólares entre 1975 y 1983 – con la activa participación de grandes bancos comerciales europeos. El comienzo de un engranaje financiero sin fin, que explica incluso, cincuenta años después, la llegada al poder de Javier Milei, quien es su heredero ideológico... En julio de 2000, el juez federal argentino Jorge Ballestero concluyó que la deuda contraída por la junta es en gran parte ilegal. El magistrado identificó más de 470 actos ilícitos [8], entre los que se incluían préstamos forzosos a empresas estatales, la nacionalización de deudas privadas de grandes grupos industriales y la simultánea fuga de capitales – la deuda se evaporaba del país en el mismo momento en que se contraía. Esta sentencia no tuvo ninguna consecuencia penal internacional. Hasta la fecha, ninguna instancia judicial se ha ocupado de los archivos bancarios... En 1983, el presidente Raúl Alfonsín optó por asumir la deuda contraída por la junta. Esta transferencia, de los verdugos a sus víctimas, inauguró lo que se conoce como la "década perdida": planes de ajuste impuestos por el FMI, austeridad, colapso de los niveles de vida. Desde entonces, el endeudamiento cíclico se ha convertido en un instrumento de presión permanente sobre los gobiernos argentinos, cualquiera que sea su color político... Y así es como Javier Milei pudo acceder al poder para resolver una interminable crisis financiera heredada de la dictadura. Cuidándose mucho de señalar su origen: la deuda contraída bajo la dictadura. Más simple y eficaz culpar al último gobierno – de centro-izquierda – y a la derecha neoliberal que lo precedió, que reconocer el papel de una dictadura por la que nunca ha ocultado su simpatía (Mikaël Faujour)

"De generales a Milei: Argentina bajo la tutela de su deuda.

El 24 de marzo de 1976, los militares argentinos derrocaron al gobierno de Isabel Perón. Se sabe que la dictadura que siguió hizo desaparecer hasta treinta mil personas, pero no que multiplicó por seis su deuda externa – de 7,8 a 45 mil millones de dólares entre 1975 y 1983 – con la activa participación de grandes bancos comerciales europeos. El comienzo de un engranaje financiero sin fin, que explica incluso, cincuenta años después, la llegada al poder de Javier Milei, quien es su heredero ideológico.

**Índice**

- "Dominaron el terrorismo abierto, al precio de algunos derechos humanos."
- Bancos y Estados: una complicidad de doble nivel
- Deuda ilegal, impunidad duradera y rehabilitación de la junta

Hasta el golpe de Estado de 1976, la presencia de bancos extranjeros en Argentina se había mantenido estable durante más de un siglo. En 1863, el Bank of London and South America abrió el baile. De 1863 a 1975, una quincena de entidades se establecieron en el país. Luego, con la llegada al poder de la junta militar, las cosas se aceleraron y el número de bancos extranjeros pasó de 15 a 33 entre 1976 y 1982 [1].

El mecanismo se puso en marcha en julio de 1976, cuatro meses después del golpe. José Alfredo Martínez de Hoz, ministro de Economía nombrado por la junta – un hijo de la aristocracia terrateniente argentina, educado en Eton y Cambridge –, emprendió una gira europea para convencer a las grandes plazas financieras de prestar a Buenos Aires.

En Londres, fue recibido a cenar por los directivos de Lloyds Bank y Baring Brothers en el Brooks Club, uno de los clubes más "selectos" de la ciudad, e incluso apareció en la portada de Euromoney en septiembre de 1976. La revista financiera resumió entonces el estado de ánimo del sector: "Argentina ya no es un nombre que haga estremecer a los banqueros internacionales."

Resultado de esta gira: los bancos británicos prestaron 60 millones de dólares en pocas semanas [2]. Ese mismo año se organizó un préstamo global de 970 millones de dólares, en el que participaron bancos estadounidenses, canadienses, europeos y japoneses [3].

**"Dominaron el terrorismo abierto, al precio de algunos derechos humanos."**

Los archivos de los bancos europeos, hoy accesibles para los investigadores, atestiguan una conciencia perfectamente lúcida de la situación.

Ya en julio de 1976, Guy Huntrods, director de la división de América Latina de Lloyds Bank International, redactó un informe confidencial para los directivos del banco. En él se alegraba del derrocamiento del gobierno peronista y desestimaba las acusaciones de represión, "muy de moda en ciertos círculos demasiado propensos a emitir juicios superficiales y sesgados sobre países latinoamericanos cuyas formas de gobierno no encajan en el molde gris de la socialdemocracia".

Un año después, en septiembre de 1977, el presidente de Lloyds Bank, Sir Jeremy Morse, resumió su visita de tres días a Buenos Aires: "El gobierno militar ha dominado el terrorismo abierto a un cierto precio en materia de derechos humanos." Los resultados económicos le satisfacían más: los beneficios argentinos del banco se acercaban a los 10 millones de libras esterlinas.

La Société Générale no se quedó atrás. En marzo de 1980, su economista jefe, Yves Laulan, regresó de Argentina. En su informe interno, señaló que "la seguridad en Buenos Aires es notable, tanto de día como de noche" y concluyó: "Argentina sigue representando un buen riesgo-país para nuestro banco." Entre 1978 y 1980, los compromisos de la Société Générale en Argentina habían aumentado un 446%.

Barclays, por su parte, produjo en junio de 1977 un informe interno titulado "Regímenes opresivos en América Latina", que reconocía que "prácticamente todos los gobiernos sudamericanos son tiránicos". Esto no le impidió continuar sus actividades en la región. Las violaciones de los derechos humanos eran conocidas, documentadas en la prensa internacional y denunciadas por Amnistía Internacional desde los meses posteriores al golpe de Estado. "No se descubrieron las torturas al final de la dictadura", resume hoy Altamura.

En ocho años, unas 30.000 personas fueron secuestradas, torturadas en más de 500 centros de detención clandestinos – entre ellos la infame Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos Aires –, y luego arrojadas vivas al Río de la Plata o al mar desde aviones militares, o ejecutadas sin juicio. Cientos de bebés nacidos de madres detenidas fueron robados y entregados a otras familias; las Abuelas de Plaza de Mayo han recuperado hasta la fecha a más de 130 de ellos.

**Bancos y Estados: una complicidad de doble nivel**

Los bancos comerciales no fueron los únicos implicados. Apenas cinco meses después del golpe de Estado, en agosto de 1976, el FMI firmó un acuerdo de confirmación de 260 millones de dólares con la junta. En septiembre de ese mismo año, el Banco Mundial publicó un informe sobre Argentina – sin la más mínima mención a los derechos humanos [4]. En mayo de 1978, durante una reunión del consejo del Banco Mundial sobre un préstamo de 60 millones de dólares a Buenos Aires, un administrador intentó mencionar las "condiciones sociales" del país. Robert McNamara, presidente de la institución, zanjó: "Nos estamos desviando de la cuestión que nos ocupa, que es este proyecto específico" [5].

El caso francés revela una imbricación aún más directa entre bancos y poder político. Nacionalizados desde 1945, el Crédit Lyonnais y la Société Générale fueron, durante todo el período 1976-1983, entidades públicas. Cuando estos bancos prestaban a Buenos Aires, era, por tanto, el Estado francés el que financiaba a la junta.

Como establecen Altamura y Flores Zendejas a partir de los archivos bancarios, "los grandes bancos franceses tenían al Estado como accionista único y veían cómo sus decisiones de préstamo eran a menudo impuestas directamente por el Ministerio de Finanzas […, de modo que] negarse a ciertos préstamos era casi imposible" [6]. La presión adoptaba formas explícitas: en 1980, Philippe Lagayette, director del Tesoro, advirtió a las entidades reacias que "el ministro no olvidaría a los bancos que se hubieran negado a participar".

En mayo de 1980, Martínez de Hoz fue recibido en París por el presidente Valéry Giscard d'Estaing y se reunió con los ministros de Industria, Comercio Exterior y Economía. La embajada británica comentó: Francia, "con su conocida voluntad de aumentar sus exportaciones, está a la vanguardia de los países dispuestos a hacer negocios con Argentina". Estos negocios incluían la venta de armas: aviones de combate y misiles Exocet entregados a Buenos Aires, financiados mediante operaciones bancarias garantizadas por el Estado a través de la Compañía Francesa de Seguros para el Comercio Exterior (Coface). La armada argentina figuraba en el sexto lugar entre los deudores del país, con más de dos mil millones de dólares prestados por los bancos comerciales.

En 1983, el Banco de Pagos Internacionales reconoció en su informe anual que, si bien las autoridades de supervisión fomentaban la moderación de los préstamos, "los gobiernos no siempre se oponían a solicitar la participación de los bancos en las financiaciones vinculadas a las exportaciones" [7].

**Deuda ilegal, impunidad duradera y rehabilitación de la junta**

En julio de 2000, el juez federal argentino Jorge Ballestero dictó su veredicto en el caso iniciado por el periodista Alejandro Olmos ya en 1982. Su conclusión fue contundente: la deuda contraída por la junta es en gran parte ilegal. El magistrado identificó más de 470 actos ilícitos [8], entre los que se incluían préstamos forzosos a empresas estatales, la nacionalización de deudas privadas de grandes grupos industriales y la simultánea fuga de capitales – la deuda se evaporaba del país en el mismo momento en que se contraía. Esta sentencia no tuvo ninguna consecuencia penal internacional. Hasta la fecha, ninguna instancia judicial se ha ocupado de los archivos bancarios revelados por investigadores como Carlos Edoardo Altamura.

El paralelismo entre Javier Milei, favorito de los "liberales" contemporáneos, y Martínez de Hoz viene a la mente y evoca una profunda continuidad histórica. Este último había seguido siendo "el hombre de las manos limpias" de la junta: educado en las mejores instituciones británicas, admirado por los banqueros de Wall Street y la City, había convertido a la dictadura en un interlocutor creíble para las finanzas internacionales – hasta el punto de que el magnate David Rockefeller lo saludaba públicamente como uno de los "grandes ministros de Economía" argentinos. Su foto en la portada de Euromoney en 1976 era – salvando las distancias – lo que hoy representa la cobertura mediática favorable a Javier Milei en la prensa financiera anglosajona. "Cuando Milei habla en Davos, muestra el vínculo entre las élites internacionales para defender un modelo económico que no beneficia a las poblaciones locales, con un modelo centrado en lo extranjero más que en lo doméstico", observa Altamura.

En 1983, el presidente Raúl Alfonsín optó por asumir la deuda contraída por la junta – una deuda que los acreedores se negaron a cuestionar. Esta transferencia, de los verdugos a sus víctimas, inauguró lo que se conoce como la "década perdida": planes de ajuste impuestos por el FMI, austeridad, colapso de los niveles de vida. Desde entonces, el endeudamiento cíclico se ha convertido en un instrumento de presión permanente sobre los gobiernos argentinos, cualquiera que sea su color político.

Y así es como Javier Milei, economista de televisión perentorio, que cultiva una imagen de rebelde "antisistema", pudo acceder al poder para resolver una interminable crisis financiera heredada de la dictadura. Cuidándose mucho – ¿acaso es capaz siquiera? – de señalar su origen: la deuda contraída bajo la dictadura. Más simple y eficaz culpar al último gobierno – de centro-izquierda – y a la derecha neoliberal que lo precedió (aunque sea convocando a figuras de esta última para que le apoyen en la segunda vuelta y luego ejerzan el poder...) que reconocer el papel de una dictadura por la que nunca ha ocultado su simpatía. A finales de la década de 1990, había trabajado como asesor político de un diputado que más tarde fue condenado por crímenes de lesa humanidad; su vicepresidenta, Victoria Villarruel, ha hecho de la rehabilitación de la dictadura la lucha de su vida; y el negacionismo se ha impuesto desde la cúpula del Estado tras su llegada al poder.

Un último hecho también merece ser mencionado. Bajo Milei, los presupuestos para la investigación en ciencias sociales han caído drásticamente. Así, la historiadora Victoria Basualdo, que dirigía una de las principales redes internacionales de investigadores sobre la represión y la complicidad empresarial durante la dictadura, vio interrumpido su programa al cabo de un año. Un ejemplo entre otros...

El país que aún paga las deudas de su dictadura destruye también, con un presidente que reivindica su herencia, las herramientas intelectuales que permiten comprenderla. 

Notas:

[1«  Friends in High Places  ? International Banks and the Argentinian Military Dictatorship  », Carlos Edoardo Altamura, Journal of Contemporary History, 2025.

[2«  Global Banks and Latin American Dictators, 1974-1982  », Carlo Edoardo Altamura, Business History Review, 2021.

[3«  Dirty War/Dirty Loans  », mémoire de master de David Spector, Harvard, 2026.

[4Argentina : Economic Memorandum, Banque mondiale, cité par David Spector, op. cit.

[5Procès-verbal du conseil de la Banque mondiale, cité par David Spector, op. cit.

[6«  Politics, International Banking, and the Debt Crisis of 1982  », Carlos Edoardo Altamura et Juan Flores Zendejas, Business History Review, vol. 94, n° 4, 2021.

[7BRI, Rapport annuel 1983, cité par Altamura et Flores Zendejas, art. cit.

[8«  El frente de la deuda externa en los añosde Alfonsín (1983-1985) : de la estrategiade integración internacional a laspresiones en la economía nacional  », Ignacio Andrés Rossi, Travesía, vol. 24, nº 2, juillet-décembre 2022. " 

( Mikaël Faujour , CADTM, 19/06/26, traducción Deep Seek, enlaces en el original, fuente  Elucid )

23.5.26

La crisis financiera mundial de 2026: La escasez de petróleo está elevando los niveles de los precios de las materias primas, pero esto no es consecuencia de un aumento del empleo o de unos niveles salariales más altos que incrementen la demanda... Es el resultado de la guerra de Trump para mantener el control del comercio mundial del petróleo en manos de Estados Unidos... el aumento de los precios del petróleo obligarán a cerrar a importantes industrias en todo el mundo... aumentando el paro y los impagos de sus deudas... El resultado será una deflación de los mercados y de la «demanda» de los consumidores, así como una ola de impagos de deuda... volveremos a la situación de 2009, pero sin ninguna oportunidad de acumular aún más deuda, tal y como se ha venido haciendo durante los últimos 17 años... La gran pregunta que hay que plantearse es cuánto tiempo podrá la economía estadounidense soportar tipos de interés a largo plazo superiores al 5 % para los bonos del Tesoro a 30 años... ¿Cómo pueden refinanciarse estas deudas a los tipos que se avecinan? La solución debe provenir de fuera del sistema de mercado. Y eso es algo que ni la economía académica ni la ideología de relaciones públicas de los mercados libres han reconocido... El futuro exigirá pensar en lo impensable. Requiere reconocer que las deudas que no se pueden pagar y no se pagarán (Michael Hudson)

"La crisis financiera mundial de 2026

Trump amenaza con intensificar su guerra contra Irán, y este país está dispuesto a destruir la capacidad de producción y transporte de petróleo de los países árabes de la OPEP que no actúen para detener el ataque estadounidense. El resultado será agravar la depresión mundial que ya está en marcha.

Sin embargo, el mercado bursátil ha seguido subiendo, al igual que los tipos de interés. Estos últimos no pueden mantenerse al alza sin provocar el colapso de los mercados inmobiliario y bursátil.

No obstante, los medios de comunicación y muchos inversores consideran que los tipos de interés suben para compensar a los inversores por el riesgo de inflación.

La realidad es que unos tipos de interés más altos aumentarán la incapacidad de la economía para hacer frente al colapso que ya está en marcha.

¿Cómo surgió el mito de que los tipos de interés suben en respuesta a la inflación de precios?

La justificación moral es proteger el poder adquisitivo de los créditos de los acreedores sobre los deudores, medido por el poder adquisitivo de los créditos sobre los precios al consumo.

La pretensión es que los acreedores utilizan los ingresos por intereses para adquirir bienes y servicios. Pero ya en el siglo XVIII, los críticos de la financiación mediante deuda reconocieron que los tenedores de bonos reinvierten la mayor parte de su dinero en nuevos préstamos.

Cuando gastan parte de sus ingresos por intereses en la «economía real» no financiera, lo hacen principalmente para adquirir inmuebles de prestigio, sobre todo en los principales centros financieros, y en segundo lugar en bienes de lujo —importados principalmente de Italia a mediados del siglo XVIII, al igual que hoy en día.

En el siglo XIX, los acreedores buscaron alguna excusa para justificar sus cobros de intereses, describiéndolos como una compensación por el riesgo de que pudieran sufrir una pérdida debido al impago de los préstamos o a una merma de su poder adquisitivo sobre bienes y servicios a medida que subían los precios —y, más concretamente, sobre la mano de obra que producía dichos productos.

Economistas austriacos como Böhm-Bawerk llegaron incluso a afirmar que el interés era un pago por el «servicio» de abstenerse de consumir sus ingresos, pero utilizando la «preferencia temporal» para consumir más más adelante.

Tener que pagar intereses se presentaba así como el precio de la «impaciencia».

Era como si los asalariados («consumidores») tuvieran la opción de abstenerse de endeudarse, careciendo de prudencia al hacerlo. 

Esto llevó a Marx a bromear diciendo que los banqueros Rothschild debían de ser la familia más abstinente de Europa. Era como si no existiera un sector financiero de banqueros y tenedores de bonos que actuara independientemente de la economía de la producción y el consumo.

Subir los tipos de interés para frenar el empleo y mantener bajos los salarios

La lógica más reciente del siglo XX es la de Paul Volcker cuando subió los tipos de interés por encima del 20 % al final de la administración Carter en 1980.

Consideraba que los salarios subían como resultado de la política fiscal de «pan y mantequilla» de la Guerra de Vietnam, denominada keynesianismo militar en una época en la que el objetivo era aumentar los beneficios, la inversión y el empleo. 

Volcker, antiguo banquero de Chase Manhattan, quería aumentar el desempleo para evitar que los salarios siguieran subiendo. Consiguió provocar una crisis cuando los tipos de interés bancarios subieron al 20 %.

Obviamente, ese no es el objetivo de la subida actual de los tipos de interés. Pero ese es el efecto. 

Y esto es justo lo contrario de compensar el riesgo. Aumenta drásticamente el riesgo económico en toda la economía, no solo para la industria y el empleo, sino también para el sector financiero. 

Eso es lo que hace que los elevados precios actuales del mercado bursátil resulten tan desconcertantes, ya que parecen basarse simplemente en un enfoque cortoplacista centrado en la oleada de rumores difundidos por la Administración Trump sobre la probabilidad de que la paz en el Golfo Pérsico restablezca el feliz status quo ante.

Los gobiernos bajan los tipos de interés principalmente para aumentar los precios de la riqueza financiera apalancados por la deuda

La ficción que sustenta la idea de que el aumento de los tipos de interés frenará la inflación de precios al reducir la creación de crédito bancario y, por ende, la inversión y el empleo.

La ficción se basa en el mito de que los bancos ayudan a la economía industrial creando crédito para prestarlo a las empresas con el fin de expandir la economía. Pero eso no es lo que hacen los bancos en el marco del capitalismo financiero.

Conceden préstamos contra activos ya existentes y disponibles para ser pignorados como garantía, con el propósito de comprar más inmuebles, bonos y acciones. El efecto de estos préstamos es inflar los precios de los activos, no los precios al consumo.

Los gobiernos y sus bancos centrales pueden fingir que están bajando los tipos de interés para estimular la economía, pero la razón fundamental es volver a inflar los precios de los valores financieros y los inmuebles.

Ese es, al fin y al cabo, el objetivo principal del capitalismo financiero actual. Su objetivo de aumentar las fortunas mediante la generación de ganancias en los precios de los activos apalancadas por la deuda ha convertido a las economías en una gran estafa piramidal.

Esta política está abocada al fracaso, ya que evitar que bajen los precios de las garantías en poder de los bancos y otros acreedores —lo que provocaría una pérdida de las ganancias en los precios de los activos financiarizados— exige que la economía asuma cada vez más deuda.

La respuesta de la Reserva Federal de EE. UU. a la crisis bancaria de las hipotecas basura de 2008 es reveladora de cómo el Gobierno podría intentar hacer frente a la próxima crisis financiera.

Los precios de los activos inmobiliarios y de la deuda corporativa se estaban desplomando debido a los impagos de las hipotecas basura y a la red de malas apuestas de casino en derivados financieros. La respuesta de la administración Obama fue poner en marcha la política de tipos de interés cero (ZIRP).

La Reserva Federal rescató a los bancos del patrimonio negativo cargando el sistema bancario —y, a través de él, los mercados financieros— con apalancamiento de deuda a bajo interés.

El resultado fue el mayor auge del mercado de bonos de la historia, pero no un auge para la industria y el empleo. Una economía estadounidense en forma de K vio cómo la riqueza del 1 % (y, en menor medida, del resto del 10 %) aumentaba drásticamente, pero la economía industrial ha seguido sufriendo su largo declive, ya que los salarios y los beneficios industriales se están destinando al sector FIRE: finanzas, seguros (incluido el seguro médico bajo la Obamacare privatizada) e inmobiliario.

La ingeniería financiera de la «recuperación» de los precios de los activos tras 2008 —en el sector inmobiliario, de acciones y de bonos— ha dejado a la economía tan altamente apalancada por la deuda que hay poco margen para una recesión económica provocada por las interrupciones del comercio de petróleo y gas de la OPEP. 

La escasez de petróleo está elevando, en efecto, los niveles de los precios de las materias primas, pero esto no es consecuencia de un aumento del empleo o de unos niveles salariales más altos que incrementen la demanda.

Es el resultado de la guerra de Trump para mantener el control del comercio mundial del petróleo en manos de Estados Unidos. Irán ha respondido afirmando que, si otras naciones no actúan para detener el ataque de Trump, Irán destruirá la producción petrolera árabe y el mundo entero pagará el precio de verse empujado a una prolongada depresión económica.

Y gran parte del mundo se ha mantenido al margen, como si creyera que Estados Unidos puede conquistar Irán tal y como hizo con Venezuela y, de alguna manera, restablecer las relaciones normales bajo el control estadounidense y evitar una depresión mundial.

Se dice que Trump está pensando en un último gran ataque aéreo. Independientemente de que esto ocurra o no, ahora es obvio que el efecto de la escasez mundial de petróleo y el consiguiente aumento de los precios del petróleo obligarán a cerrar a importantes industrias en todo el mundo: productores químicos, empresas de fertilizantes y mineras que dependen del ácido sulfúrico, usuarios de energía como los productores de aluminio y vidrio, fabricantes de plásticos que necesitan nafta (y los hogares que necesitan energía para calefacción, iluminación y transporte).

Las cadenas de producción de estas empresas se verán interrumpidas en puntos críticos, lo que las obligará a despedir a sus empleados y a cerrar, ya que no podrán seguir produciendo ni obteniendo beneficios.

Esto también significa que dichas empresas no podrán cumplir con sus obligaciones de servicio de la deuda programadas frente a sus bonistas y banqueros, por no hablar de la necesidad de detener sus programas de recompra de acciones. Eso es lo que ocurre en una depresión.

El resultado no será solo una deflación de los precios, sino también una deflación de los mercados y de la «demanda» de los consumidores, así como una ola de impagos de deuda.

Esto amenaza con una transferencia de garantías y otros activos de los deudores a los acreedores, cuyos problemas para cobrar podrían, no obstante, dejarlos con un patrimonio neto negativo.

Así pues, volveremos a la situación de 2009, pero sin ninguna oportunidad de acumular aún más deuda para permitir que las economías «salgan de la deuda mediante nuevos préstamos», tal y como se ha venido haciendo durante los últimos 17 años.

El aumento de los tipos de interés es una solución insostenible para la inminente depresión actual

La gran pregunta que hay que plantearse es cuánto tiempo podrá la economía estadounidense soportar tipos de interés a largo plazo superiores al 5 % para los bonos del Tesoro a 30 años, al 4,6 % o más para los bonos a 10 años y en torno al 7 % para los préstamos hipotecarios. Muchos préstamos para inmuebles comerciales y también de capital riesgo vencen pronto y deben renovarse.

¿Cómo pueden refinanciarse estas deudas a los tipos que se avecinan? Además, la nueva construcción y la venta de inmuebles se verán limitadas por la incapacidad de los nuevos prestatarios para hacer frente a los mayores costes de financiación de las viviendas u otras propiedades.

El Gobierno intentará hacer lo que suele hacer: rescatar al sector financiero, no a la economía «real», que ya está siendo crucificada en una cruz de deuda. Pero los gobiernos no están tomando medidas para proteger los salarios y el nivel de vida de los trabajadores, ni siquiera la solvencia de su industria.

Los bancos centrales pretenden salvar al sector financiero, es decir, la riqueza financiarizada que se ha inflado mediante el apalancamiento de la deuda, a medida que los precios de los inmuebles, las acciones y los bonos se han disparado gracias al crédito.

Pero la Reserva Federal ya ha estado adquiriendo una enorme cantidad de bonos del Tesoro para financiar el creciente déficit presupuestario de Trump.

¿Cómo responderán los votantes ante una administración que favorece al 1 % más rico mientras deja que el resto de la economía sufra?

¿Cómo debería reaccionar Occidente ante un problema de este tipo si viviéramos en un mundo ideal?

Existe una solución ancestral para mitigar una crisis económica derivada de las interrupciones en las cosechas, y es aplicable a la actual interrupción del comercio mundial de energía. Pero esa solución no forma parte de la forma en que la civilización occidental afronta el aumento de la deuda.

Las leyes de Hammurabi, de alrededor del 1750 a. C., ejemplificaban cómo Mesopotamia y otras civilizaciones de Asia Occidental hacían frente a tales interrupciones en la producción desde el tercer milenio hasta el primer milenio a. C., restableciendo el orden económico durante miles de años.

Hammurabi dictaminó que si el dios de la tormenta Adad provocaba una mala cosecha como consecuencia de una inundación o una sequía, se cancelarían las deudas que los agricultores hubieran contraído durante el año agrícola y que esperaban pagar en la era pública en el momento de la cosecha. (Muchas de esas deudas eran con el palacio y su burocracia, por lo que esto no provocó una revuelta de acreedores enfurecidos. Las deudas comerciales entre mercaderes se mantuvieron intactas; solo se cancelaron las deudas de grano contraídas por la población agraria afectada.)

De no haberse cancelado estas deudas personales, la población agraria de Babilonia habría quedado sometida a la servidumbre por deudas frente a los acreedores y habría perdido sus derechos de tenencia de la tierra frente a lo que se habría convertido en una oligarquía acreedora emergente. He descrito todo esto en «… y perdona sus deudas» y en Temples of Enterprise.

Tales cancelaciones de deuda por parte de los gobernantes ante desastres naturales permitieron a las economías de Asia Occidental evitar el surgimiento de oligarquías de acreedores.

Pero las sociedades occidentales nunca han tenido gobernantes centrales de ese tipo, ya fuera una «realeza divina» o emperadores confucianos, que impidieran que tales oligarquías tomaran el control de los gobiernos y provocaran un descontento público generalizado.

Tal y como he descrito este fracaso de la civilización occidental en mi Collapse of Antiquity, todos los gobiernos occidentales han sido oligarquías (como señaló Aristóteles), y estos caen invariablemente en la codicia y la adicción a la riquezaque polariza las economías entre acreedores y deudores, terratenientes y arrendatarios, lo que conduce a un colapso económico como el de Roma.

Perspectivas para las economías estadounidenses y extranjeras actuales ante la crisis del petróleo

Los mercados financieros actuales parecen esperar que la Reserva Federal siga su habitual reacción instintiva ante el aumento de los precios al consumo subiendo los tipos de interés.

Como se ha señalado anteriormente, se supone que esto frenará la economía y creará un «ejército de reserva de desempleados» para mantener bajos los salarios al provocar dificultades económicas. 

Pero la economía estadounidense no se encuentra en auge ni prospera. Tanto esta como otras economías ya se encuentran en dificultades como consecuencia de la inminente crisis del petróleo y la energía.

Además de que las empresas están reduciendo su producción, los propietarios de inmuebles comerciales y viviendas se enfrentan al vencimiento de las hipotecas inmobiliarias.

El aumento de los tipos de interés elevará el coste de la refinanciación de estas hipotecas y otras deudas más allá de la capacidad de pago de los deudores, cuyos ingresos están disminuyendo.

El resultado amenaza con ser una vasta transferencia de propiedades de los deudores a los acreedores. Por lo tanto, Estados Unidos y Europa Occidental podrían experimentar algo similar a lo que vivieron los países asiáticos en su crisis monetaria de 1997-1998. Eso supondría una bonanza para que los fondos buitre se abalanzaran y adquirieran inmuebles y empresas a precios de saldo.

Nadie propone una solución «babilónica» de suspender el servicio de la deuda para las economías que no pueden pagar a escala de toda la economía. Los sistemas jurídicos occidentales, orientados a los acreedores, exigen una transferencia de la propiedad, ya que los bancos y los tenedores de bonos se hacen cargo de las garantías que se han pignorado por la deuda o de los bienes que los deudores se ven obligados a vender.

Gran parte de estas garantías consisten en créditos de otras empresas de toda la economía, por lo que la crisis engullirá todo el sistema social y político.

Esto es lo que se vislumbraba ya en 2008-2009, cuando la crisis de las hipotecas basura y el fraude bancario provocó un colapso de los precios inmobiliarios. Pero el esquema Ponzi de la economía, consistente en aumentar la riqueza mediante el apalancamiento de la deuda mediante la concesión de nuevo crédito, ha llegado a su límite.

Ahora podemos ver que el largo periodo de bonanza desde 1945, que parecía una serie de ciclos económicos autocorrectivos, ha sido un desvío fallido del capitalismo financiero respecto al capitalismo industrial, que carece de fuerzas de mercado autocorrectivas automáticas.

La solución debe provenir de fuera del sistema de mercado. Y eso es algo que ni la economía académica ni la ideología de relaciones públicas de los mercados libres (es decir, las economías desreguladas y privatizadas al estilo Thatcher-Reagan) han reconocido.

El futuro exigirá pensar en lo impensable. Requiere reconocer que las deudas que no se pueden pagar y no se pagarán." 

(Michael Hudson, Observatorio de la crisis, 22/05/26) 

22.4.26

Thomas Piketty: 1789, 1945, 2026: Tres crisis de deuda... La primera lección de esta larga historia es que hay varias formas de salir adelante, incluso en pocos años y con deudas más elevadas que las actuales... Tanto en 1920 como en 1945, la deuda pública francesa superó en ambas ocasiones el 200 % del producto interior bruto, el nivel más alto registrado hasta la fecha. En ambos casos, la deuda se redujo considerablemente en pocos años, con una miríada de exacciones excepcionales sobre los más ricos, al igual que en 1789... en 1945, se adopta un impuesto en Alemania con un tipo que alcanza el 50 % sobre los patrimonios más elevados, y en Japón del 90 %... Pasemos al año 2026. Nadie sabe cuándo llegará la crisis... La idea de que el ajuste se llevará a cabo gravando discretamente a las clases medias y populares (a través de los impuestos o de la inflación) o reduciendo los servicios públicos y las prestaciones sociales a las que tienen derecho, no resiste un análisis riguroso. Al igual que en 1789 y 1945, los gobernantes no tendrán más remedio que recurrir a los más ricos, y esto deberá hacerse con tipos impositivos mucho más elevados que el impuesto mínimo del 2 % sobre los ultra ricos que se debatió el otoño pasado. Terminemos con una nota optimista. Francia nunca ha sido tan rica, en gran parte gracias a la igualación de condiciones. Los patrimonios privados están floreciendo, cuando en 1945 estaban exangües. Si logramos superar el conservadurismo político imperante, es posible encontrar colectivamente soluciones justas y eficaces que nos permitan volver a avanzar

 "Al igual que muchos países, Francia no es ajena a las crisis de deuda pública. Se pueden distinguir tres grandes episodios: 1789, 1945 y 2026. La primera lección de esta larga historia es que hay varias formas de salir adelante, incluso en pocos años y con deudas más elevadas que las actuales. Pero esto siempre pasa por grandes convulsiones políticas, a la altura de los intereses contradictorios en juego.  

Retrocedamos en el tiempo. La primera gran crisis de la deuda es, por supuesto, la que condujo a la Revolución Francesa. Incapaz de hacer pagar impuestos a las clases privilegiadas, el Antiguo Régimen acumuló una deuda considerable —aproximadamente un año de renta nacional, una cantidad cercana al nivel actual, pero en un contexto en el que la economía estaba poco monetizada y los impuestos no superaban unos pocos puntos porcentuales de la producción anual. 

 Luis XVI acabó convocando a los Estados Generales para salir del punto muerto. Ya se sabe lo que pasó después: fin de los privilegios, implantación de un sistema fiscal universal que gravaba todas las propiedades (impuesto sobre la propiedad y sobre sucesiones, lamentablemente proporcional y no progresivo, a pesar de las innovadoras propuestas ya formuladas en aquella época) y, sobre todo, nacionalización sin compensación de los bienes eclesiásticos, que se subastaron para sanear las arcas. En la práctica, las clases nobles y burguesas que poseían títulos de la deuda pública se convirtieron a menudo en los nuevos propietarios de los bienes de la Iglesia. Para gran disgusto de los campesinos pobres, que esperaban que la Revolución les permitiera por fin acceder a la tierra y dejar de trabajar para otros.  

La segunda gran crisis de la deuda tuvo lugar tras las guerras mundiales. Tanto en 1920 como en 1945, la deuda pública francesa superó en ambas ocasiones el 200 % del producto interior bruto, el nivel más alto registrado hasta la fecha. En ambos casos, la deuda se redujo considerablemente en pocos años, con una miríada de exacciones excepcionales sobre los más ricos, al igual que en 1789. 

En 1920, una de las mayorías más conservadoras de la historia de la República, el Bloque Nacional —procedente de las corrientes políticas que hasta 1914 se oponían al impuesto sobre la renta del 2 %—, acabó votando a favor de un tipo impositivo del 72 % para los más ricos. Prueba, si es que hace falta alguna, de que a veces es difícil prever desde la oposición lo que se hará en el poder, y de que el peso del contexto histórico puede conducir a innovaciones imprevistas. Lamentablemente, el Senado —que bajo la Tercera República usa y abusa de su derecho de veto sobre toda la legislación (tanto sobre el presupuesto como sobre el voto de las mujeres)— bloquea en 1925 el proyecto de gravar con un 10 % el capital privado, aprobado por el Cartel de las Izquierdas. Sin embargo, era la única forma de resolver el problema de la deuda sin inflación, que en el fondo no es más que un impuesto injusto y regresivo sobre las clases medias y populares.   

 En 1945, las relaciones de poder cambiaron. La deuda volvía a superar el 200 % del PIB, pero el Senado había perdido su derecho de veto, y la Asamblea Nacional, de mayoría de izquierdas, aprobó sin oposición un impuesto de solidaridad nacional (ISN) que gravaba con un tipo del 20 % los patrimonios más elevados y alcanzaba hasta el 100 % en el caso de quienes habían experimentado un enriquecimiento nominal entre 1938 y 1945. El ISN puede pagarse en títulos, que se ingresan entonces en las «sociedades de inversión nacional» (una especie de fondo soberano de la época) creadas a tal efecto. En la práctica, sin embargo, la inflación atenúa los efectos del ISN, que resulta menos eficaz que el impuesto equivalente adoptado en Alemania (con un tipo que alcanza el 50 % sobre los patrimonios más elevados) y en Japón (90 %).  

Pasemos al año 2026. Nadie sabe cuándo llegará la crisis. Es posible que los tipos de interés reales, históricamente muy bajos, de los que se benefician actualmente los países ricos (en parte debido al exceso de ahorro mundial y en parte debido a un sistema financiero que los favorece) se mantengan durante algún tiempo. Pero es probable que acaben subiendo, en cuyo caso la crisis será brutal. La idea de que el ajuste se llevará a cabo gravando discretamente a las clases medias y populares (a través de los impuestos o de la inflación) o reduciendo los servicios públicos y las prestaciones sociales a las que tienen derecho no resiste un análisis riguroso. 

 Al igual que en 1789 y 1945, los gobernantes no tendrán más remedio que recurrir a los más ricos, y esto deberá hacerse con tipos impositivos mucho más elevados que el impuesto mínimo del 2 % sobre los ultra ricos que se debatió el otoño pasado, y que, lógicamente, debería haberse aprobado por unanimidad. Quienes repiten sin cesar que un gravamen tan minúsculo sería una expropiación no hacen más que poner de manifiesto su rechazo a cualquier debate sereno y racional, basado en la historia. Al dedicar tanta energía a defender los intereses de los poderosos, contribuyen a desviar la ira social hacia los conflictos identitarios y los discursos antimigrantes y antipobres. Esto no resolverá nada en absoluto (los miles de millones no están en ese lado) y solo retrasará el momento de la verdad, pero puede ocupar la atención política durante un tiempo, causando mientras tanto daños considerables. Más allá de los juegos de roles de unos y otros, la realidad es que nacionalistas y liberales tienen intereses comunes y nos están llevando a lo peor.  

 Terminemos con una nota optimista. Francia nunca ha sido tan rica, en gran parte gracias a la igualación de condiciones, a las infraestructuras colectivas y a la democratización social y educativa que se han producido a lo largo de un extenso período. Los patrimonios privados están floreciendo, cuando en 1945 estaban exangües. Los fundamentos económicos son mucho más favorables que en crisis anteriores. Si logramos superar el conservadurismo político imperante, es posible encontrar colectivamente soluciones justas y eficaces que nos permitan volver a avanzar. "

(Thomas Piketty , blog, 14/04/26, traducción DEEPL, enlaces en el original)

4.12.25

Tenía ganas de leer algo así: La economía española, en proceso de desendeudamiento... La deuda pública está estabilizada, la deuda privada se reduce con gran intensidad y la deuda externa de España está en su cifra más baja desde hace 25 años... Estamos reduciendo —de forma intensa y rápida— el elevado nivel de deuda que se disparó en la década de la austeridad... en 2025 la deuda pública es del 103,4% del PIB, esto es, prácticamente la misma cifra que hace diez años... La mayor transferencia de fondos del Gobierno central —gracias al aumento de los ingresos públicos— explica la reducción en tres puntos de la deuda autonómica... en 2025, la deuda privada está en su cifra más baja desde hace 25 años... Los hogares están destinando una parte significativa del aumento de su renta —tienen más ingresos porque hay más gente trabajando y con mejores empleos y salarios— a desendeudarse... Y lo mismo está sucediendo con las empresas, que están reduciendo su deuda todavía con más rapidez e intensidad... Este desendeudamiento de las empresas y las familias permite que también se reduzca la deuda externa de nuestro país. Nuestra deuda neta con el exterior equivale al 44% del PIB, su cifra más baja desde 2001. En 2019 la deuda neta de España con acreedores extranjeros era del 72 % del PIB. Por lo tanto, en estos cuatro años se ha reducido en casi 30 puntos, gracias a los saldos positivos de nuestro sector exterior... conformando así un proceso de saneamiento del elevado nivel de deuda acumulado en la década anterior (Manuel Lago)

 "Uno de los bulos más recurrentes de la derecha sobre la economía española es que crecemos dopados por la deuda, esto es, que nuestro PIB crece por una supuesta explosión del endeudamiento. La realidad es exactamente la contraria: España está en un intenso proceso de desendeudamiento, tanto público como privado. Estamos reduciendo —de forma intensa y rápida— el elevado nivel de deuda que se disparó en la década de la austeridad.

Empecemos por el análisis de la deuda pública, la que es responsabilidad del conjunto de las administraciones. En 2008, la deuda pública era equivalente al 40% del PIB, pero se disparó hasta el 102,5% en 2015.  A pesar de los recortes del gasto, de la mal llamada austeridad, la deuda se disparó en 62 puntos de PIB.

Por el contrario, en 2025 la deuda pública es del 103,4% del PIB, esto es, prácticamente la misma cifra que hace diez años: en concreto, un punto porcentual más. Para que se entienda mejor: en la década de la crisis financiera, la deuda pública creció 60 veces más que entre 2015 y 2025. Es evidente que la deuda pública no es el factor que explica el crecimiento de nuestro PIB.

La positiva evolución de la deuda pública es especialmente destacable en el caso de las comunidades autónomas. En la crisis financiera, la deuda autonómica se multiplicó casi por cuatro, pasando de menos del 7% en 2008 a situarse por encima del 24% de su PIB en apenas siete años. Hoy, en 2025, la deuda de las comunidades es del 21% de su PIB: lejos de aumentar, la deuda se ha reducido en tres puntos.

La mayor transferencia de fondos del Gobierno central —gracias al aumento de los ingresos públicos— explica esta reducción de la deuda autonómica en un escenario tan complejo como el que hemos vivido desde 2020 hasta ahora.

Menos deuda publica pero, sobre todo, menos deuda privada, porque el endeudamiento del sector privado el de las empresas y los hogares se ha reducido de forma significativa. De hecho, en 2025, la deuda privada está en su cifra más baja desde hace 25 años.

Entre 1995 y 2007, la economía española vivió un ciclo expansivo —a caballo de la burbuja inmobiliaria— que se construyó sobre una montaña de deuda. Y la gran recesión posterior agravó aún más el problema, llevando la deuda de los hogares españoles hasta el 76% del PIB.

Hoy, en 2025, la deuda está por debajo del 44%, casi la mitad, porque las familias llevan diez años amortizando deuda. Los hogares están destinando una parte significativa del aumento de su renta —tienen más ingresos porque hay más gente trabajando y con mejores empleos y salarios— a desendeudarse. Hoy, el endeudamiento de las familias españolas se sitúa por debajo del valor medio de los países de la UE.

Y lo mismo está sucediendo con las empresas, que están reduciendo su deuda todavía con más rapidez e intensidad. La deuda empresarial se disparó hasta alcanzar el 97% del PIB en 2014, como resultado de los años disparatados de la especulación, primero, y de la larga recesión, después. Por el contrario, desde 2014 la deuda empresarial se ha reducido en 34 puntos hasta situarse por debajo de la media de la UE.

Este desendeudamiento de las empresas y las familias permite que también se reduzca la deuda externa de nuestro país. Nuestra deuda neta con el exterior equivale al 44% del PIB, su cifra más baja desde 2001. En 2019 la deuda neta de España con acreedores extranjeros era del 72 % del PIB. Por lo tanto, en estos cuatro años se ha reducido en casi 30 puntos, gracias a los saldos positivos de nuestro sector exterior.

Esta es la realidad de las cifras: la deuda pública está estabilizada, la deuda privada se reduce con gran intensidad y la deuda externa de España está en su cifra más baja desde hace 25 años, conformando un proceso de saneamiento del elevado nivel de deuda acumulado en la década anterior. Desde 2018, al menos, estamos resolviendo un grave problema de deuda que sufrían las empresas, los hogares, las administraciones publicas y España como país."                 (Manuel Lago , 20Minutos, 02/12/25) 

14.9.25

Marruecos: ¿Cómo se manifiesta la nueva crisis de la deuda que afecta a los países del Sur? Desde la pandemia de la Covid-19, los países del Sur se enfrentan a una explosión de su deuda pública. En Marruecos, esta situación es aún más crítica debido a una persistente sequía hídrica, que está aumentando las presiones económicas y sociales... Este aumento se explica, en particular, por el uso masivo del endeudamiento para hacer frente a la crisis sanitaria y económica en un contexto de subida de los tipos de interés en los mercados financieros internacionales. Esta deuda genera un servicio de la deuda que ha aumentado del 13% del PIB en 2019 al 19% del PIB en 2023. Esto reduce los presupuestos sociales: el servicio de la deuda equivale a más de 9 veces el presupuesto de salud pública en 2023... Marruecos se prepara para albergar dos prestigiosos eventos deportivos: la Copa Africana en 2026 y la Copa del Mundo en 2030. Detrás de estos grandes proyectos de infraestructura hay un proceso programado de disipación de recursos públicos... Estas inversiones solo sirven a los grandes inversores capitalistas, las multinacionales y para ofrecer una visión de marketing de país «emergente». Es un Marruecos falsamente modernizado, escenario de inversores extranjeros, mientras la mayoría del pueblo sufre... Nos enfrentamos a una situación en la que las prioridades se invierten, la deuda se vuelve más importante que la vida, la imagen más importante que la justicia social... En ATTAC- CADTM Marruecos consideramos que las deudas públicas y privadas de los hogares obreros son deudas ilegítimas (Asma El Mandour)

 "Situación de la deuda en Marruecos

Desde la pandemia de la Covid-19, los países del Sur se enfrentan a una explosión de su deuda pública. En Marruecos, esta situación es aún más crítica debido a una persistente sequía hídrica, que está aumentando las presiones económicas y sociales.

Marruecos, como muchos otros países, ha visto aumentar su deuda pública total (externa, interna y garantizada) del 78% del PIB en 2019 (antes de la COVID) al 91% del PIB en 2023 (datos del Ministerio de Finanzas marroquí).

Este aumento se explica, en particular, por el uso masivo del endeudamiento para hacer frente a la crisis sanitaria y económica en un contexto de subida de los tipos de interés en los mercados financieros internacionales.

Esta deuda genera un servicio de la deuda que ha aumentado del 13% del PIB en 2019 al 19% del PIB en 2023. Esto reduce los presupuestos sociales: el servicio de la deuda equivale a más de 9 veces el presupuesto de salud pública en 2023.

Una fuerte intervención de las Instituciones Financieras Internacionales (IFI)

El FMI y el Banco Mundial intervinieron en Marruecos con el pretexto de apoyar la recuperación económica y social. En realidad, sus líneas de financiación y crédito han servido principalmente para garantizar la estabilidad macroeconómica y tranquilizar a los mercados financieros, a costa de una nueva deuda masiva. Detrás de este discurso de ayuda hay condicionalidades y reformas estructurales que acentúan la liberalización, debilitan la soberanía económica y hacen que las clases trabajadoras carguen con el costo de la crisis. La intervención de estas instituciones ha reforzado el control de Marruecos sobre la deuda y la dependencia de los dictados neoliberales: recortes en los presupuestos sociales, recortes de puestos de trabajo en la función pública, generalización de los contratos de duración determinada, congelación y reducción de salarios, pensiones y subvenciones para los principales productos de consumo, desmantelamiento de los servicios públicos en beneficio de las grandes empresas extranjeras y locales a través de la gestión delegada y la asociación público-privada (APP), facilitación para que los grandes capitalistas monopolicen los recursos naturales del mar, la tierra (minas y agua) y el cielo (plantas de energía solar y eólica) en detrimento de las poblaciones locales, orientación de la producción hacia la exportación y destrucción de la agricultura de subsistencia...)

Estas dos instituciones han elegido Marruecos para acoger sus reuniones anuales celebradas en Marrakech en octubre de 2023. Es una decisión política para promover el modelo de desarrollo neoliberal seguido por el régimen de Marruecos.

ATTAC CADTM Marruecos, la red CADTM Internacional y varios socios en la lucha iniciaron una contracumbre a estas asambleas que reunió en Marrakech a más de 300 representantes de movimientos sociales de cuatro continentes: Europa, África, Asia y América. Fue un espacio real para discutir, desde el punto de vista de la gente, la dictadura financiera del FMI-BM y sus impactos sociales y ambientales, las crisis del capitalismo y las alternativas.

Una aguda crisis social: las mujeres y los jóvenes son los más afectados

Son las mujeres y los jóvenes los que están pagando el precio más alto por esta crisis. Para las mujeres, ya sobrecargadas de trabajo invisible, la eliminación de los servicios públicos, el descuido de los cuidados o de las infraestructuras básicas, es una forma constante de violencia.
En cuanto a los jóvenes, su futuro ha nacido muerto: empleos inexistentes, educación descuidada y precariedad exacerbada.

El verdadero costo de esta deuda se puede medir sobre el terreno:

  • La tasa de desempleo general alcanzó el 13,3% en 2024 [1], con un 36,7% entre los jóvenes [2]. Para los graduados, es del 19,6% [3] y para las mujeres del 19,4%. [4]
  • En el mercado laboral, casi 8 millones de mujeres no tienen un empleo remunerado, a pesar de tener a veces un alto nivel de educación.
  • Los jóvenes son víctimas de las políticas públicas fallidas y las mujeres se ven afectadas por los recortes en los servicios sociales, ya sea salud, educación o asistencia básica.

Los microcréditos en Marruecos

Los dictados neoliberales impuestos por las instituciones financieras internacionales y aplicados por el régimen en beneficio de una minoría, han acentuado el deterioro de las condiciones de vida de amplias capas populares: aumento del desempleo, caída de los ingresos, precariedad, colapso de microproyectos y pequeñas actividades de subsistencia... Todo ello en un contexto marcado por el aumento de los precios de los alimentos y los servicios esenciales. Hoy en día, la mayoría de los hogares de clase trabajadora luchan para satisfacer sus necesidades diarias más básicas y se encuentran sobreendeudados con las instituciones de microcrédito.

En 2011, el sector del microcrédito experimentó un gran movimiento de protesta con una mayoría de mujeres (más de 4.500), particularmente en el sureste de Marruecos, una de las regiones más pobres del país. Estas víctimas denunciaron las tasas de interés exorbitantes (30 a 40% y a veces más) y los abusos de las instituciones de microcrédito.

ATTAC-CADTM Marruecos y la red internacional CADTM llevaron a cabo grandes muestras de solidaridad y apoyo a las luchas de las víctimas de microcréditos de 2011 a 2015. ATTAC- CADTM Marruecos ha realizado y publicado un estudio sobre el sistema de microcréditos en Marruecos. La red CADTM ha producido un gran número de análisis publicados en su sitio web y ha organizado varios seminarios internacionales, regionales y nacionales en África y Asia del Sur para consolidar la formación, compartir experiencias de lucha y estudiar alternativas contra el microcrédito y las deudas ilegítimas.

Costosas puestas en escena: eventos deportivos y deudas

Marruecos se prepara para albergar dos prestigiosos eventos deportivos: la Copa Africana en 2026 y la Copa del Mundo en 2030. Detrás de estos grandes proyectos de infraestructura hay un proceso programado de disipación de recursos públicos.

Estas inversiones solo sirven a los grandes inversores capitalistas, las multinacionales y para ofrecer una visión de marketing de país «emergente». Es un Marruecos falsamente modernizado, escenario de inversores extranjeros, mientras la mayoría del pueblo sufre.

Es esta puesta en escena la que nos asfixia, un desarrollo de fachada, financiado por una deuda que las generaciones tendrán que pagar.

Hacia un cambio radical

Nos enfrentamos a una situación en la que las prioridades se invierten: la deuda se vuelve más importante que la vida, la imagen más importante que la justicia social.

Deudas ilegímas

En ATTAC- CADTM Marruecos consideramos que las deudas públicas y privadas de los hogares obreros son deudas ilegítimas. Exigimos la cancelación de estas deudas ilegítimas para recuperar nuestra soberanía popular y alimentaria. También exigimos la ruptura de los vínculos de dependencia con los centros de decisión externos, ya sean instituciones financieras y comerciales internacionales o las diversas fuerzas imperialistas.

Auditar la deuda para abolirla

El papel de la auditoría de la deuda pública es determinar sus diversas partes para repudiarlas. La auditoría de la deuda es un paso necesario para una amplia movilización contra la deuda y sus implicaciones y para preparar las condiciones subjetivas para exigir la cancelación de la deuda pública.

Anclar la demanda de abolición de la deuda en el centro de las protestas populares y obreras.

Nuestro desafío fundamental en ATTAC- CADTM Marruecos sigue siendo nuestra capacidad y la de las organizaciones obreras y populares de lucha para anclar la demanda de auditoría de la deuda, para abolirla, en el corazón de las protestas y luchas populares y obreras contra el despotismo, el alto costo de la vida y la austeridad y trabajar para que sea asimilada por las diversas víctimas del sistema de la deuda. ATTAC- CADTM Marruecos está tratando de contribuir a este trabajo con sus modestas capacidades."

(Asma El Mandour , CADTM, 11/09/25) 

17.7.25

La motosierra se pone en marcha en Francia, allí también con mentiras... El recorte afectará al gasto en educación, sanidad, pensiones y ayudas sociales y a la creación de empleo público, aunque no al gasto militar, pues se ha anunciado que este aumentará en 6.000 millones de euros en los próximos dos años... se nos hace creer que con recortes en el gasto social se va a reducir la deuda pública de 3,3 billones de euros, un 114% de su PIB... En 1973, Francia tenía una deuda pública muy baja, unos 80.000 euros de la época equivalentes a menos del 20’% del PIB... desde 1973 a la actualidad ha crecido 3,2 billones... Francia ha pagado 2,33 billones de euros de intereses desde 1995... En 2024, fueron 60.200 millones de euros, 16.200 millones más de lo que se quiere recortar... Francia ha pagado esa cantidad astronómica de intereses no como efecto de una ley natural e inevitable, sino por una ley de Pompidou, que prohibió que el Banco de Francia siguiera financiando sin interés al Estado, como hasta entonces había hecho... Sin esa ley, y si el Estado francés hubiera gastado lo mismo que ha gastado desde 1973, pero sin pagar intereses, la deuda pública francesa no sería hoy día del 114% del PIB que preocupa a Bayrou, sino que estaría entre el 17 y el 20% del PIB... lo que hace que la deuda francesa crezca sin cesar (como la de los demás países que renunciaron a la financiación del banco central) es el pago de intereses y no que el Estado gaste mucho en otras partidas. Y si eso ocurre es porque se concedió a las finanzas privadas el mayor negocio de todos los tiempos: financiar a los gobiernos a intereses de mercado... Al aplicar la motosierra a su economía para llevar a cabo un recorte tan brutal del gasto público social, lo que Bayrou provocará será una recesión, una importante caída de la actividad económica, puesto que cada euro recortado se convertirá en una caída mayor en el ingreso de las empresas privadas y en la renta de los hogares... Bayrou lo sabe y por eso miente. Lo que busca el presidente francés con su motosierra no es reducir la deuda, sino provocar un shock para producir desmovilización social y favorecer la privatización de servicios públicos... Si el presidente francés estuviera de verdad preocupado por la deuda actuaría de otra forma. En primer lugar, tomaría medidas para evitar la sangría permanente que supone en pago de intereses, y trataría de reducirla como se ha hecho en otras ocasiones, sin necesidad de recortar gasto esencial para el bienestar o la inversión, con más equidad y racionalidad... Bayrou se dispone a poner en marcha la nueva economía de la motosierra que no es exclusiva de Milei o Trump, sino el signo de nuestros tiempos, los de un capitalismo cada vez más degenerado e incompatible con la democracia (Juan Torres López)

 "El primer ministro francés, François Bayrou, acaba de anunciar un recorte de 44.000 millones de euros en el Presupuesto de 2025 que presentará el próximo mes de octubre.

El recorte afectará al gasto en educación, sanidad, pensiones y ayudas sociales y a la creación de empleo público, aunque no al gasto militar pues. Prácticamente al mismo tiempo, se ha anunciado que este aumentará en 6.000 millones de euros en los próximos dos años.

Como ocurre siempre que los políticos y economistas neoliberales hablan de deuda, ahora en Francia se vuelve a engañar a la gente. Se le hace creer que, con recortes como los de Bayrou, se va a reducir y que lo más adecuado para lograrlo es disminuir el gasto social.

Vayamos por parte y supongamos por un momento que de verdad fuese necesario reducir la deuda.

El presidente Bayrou ha justificado los recortes por el enorme volumen de deuda que acumula Francia: 3,3 billones de euros, un 114% de su PIB. Sin embargo, no ha hecho referencia a algo fundamental.

En 1973, Francia tenía una deuda pública muy baja, unos 80.000 euros de la época equivalentes a menos del 20’% del PIB. En 1995, ya era de 696.236 millones de euros, según Eurostat. En total, por lo tanto, desde 1973 a la actualidad ha crecido 3,2 billones y, desde 1995, 2,6 billones. Lo que olvida Bayrou es que Francia ha pagado 2,33 billones de euros de intereses desde 1995 y unos 2,75 billones desde 1973, siempre según Eurostat y los datos oficiales franceses. En 2024, fueron 60.200 millones de euros, 16.200 millones más de lo que se quiere recortar.

El presidente francés se queja de que la deuda pública de su país es muy elevada, pero no menciona que el 86% de su incremento desde 1973 y el 89,6% desde 1995 se debe al pago de intereses. Y, por supuesto, olvida también que Francia ha pagado esa cantidad astronómica de intereses no como efecto de una ley natural e inevitable, sino por una de 3 de enero de 1973, impulsada por el gobierno del presidente Georges Pompidou, que prohibió que el Banco de Francia siguiera financiando sin interés al Estado, como hasta entonces había hecho.

Sin esa ley, y si el Estado francés hubiera gastado lo mismo que ha gastado desde 1973, pero sin pagar intereses, la deuda pública francesa no sería hoy día del 114% del PIB que preocupa a Bayrou, sino que estaría entre el 17 y el 20% del PIB, según las diferentes estimaciones.

En resumen, lo que hace que la deuda francesa crezca sin cesar (como la de los demás países que renunciaron a la financiación del banco central) es el pago de intereses y no que el Estado gaste mucho en otras partidas. Y si eso ocurre es porque se concedió a las finanzas privadas el mayor negocio de todos los tiempos: financiar a los gobiernos a intereses de mercado. No es casualidad que Georges Pompidou hubiese sido director general del Banco Rothschild antes que presidente de la República.

El segundo engaño de Bayrou a su pueblo consiste en decirle que reduciendo el gasto público con su motosierra disminuirá la deuda.

Al aplicar la motosierra a su economía para llevar a cabo un recorte tan brutal del gasto público social, lo que Bayrou provocará será una recesión, una importante caída de la actividad económica, puesto que cada euro recortado se convertirá en una caída mayor en el ingreso de las empresas privadas y en la renta de los hogares. Esto último y el desempleo en aumento, forzosamente obligarán a que empresas y hogares aumenten su endeudamiento y provocarán,  a la postre, que siga aumentando la deuda pública, pues disminuirán los ingresos del Estado. Ha sucedido siempre y volverá a ocurrir ahora en Francia, sin ningún tipo de duda.

Bayrou lo sabe y por eso miente. Lo que busca el presidente francés con su motosierra no es reducir la deuda, sino provocar un shock para producir desmovilización social y favorecer la privatización de servicios públicos que van a empezar a funcionar aún peor cuando tengan menos financiación, manteniendo a salvo el negocio financiero.

No se trata de defender el incremento de la deuda pública como un fin en sí mismo. La deuda es una esclavitud y el gasto público debe realizarse con austeridad auténtica, con transparencia y eficacia, no con la corrupción propia del capitalismo de amiguetes y extractivo de nuestros días. Pero eso es una cosa y otra no entender que el gasto del Estado es un motor fundamental de la economía y que, cuando se frena, esta se viene abajo. O que si la deuda aumenta tanto es, como he dicho, a causa del pago de intereses.

Si el presidente francés estuviera de verdad preocupado por la deuda actuaría de otra forma. En primer lugar, tomaría medidas para evitar la sangría permanente que supone en pago de intereses, y trataría de reducirla como se ha hecho en otras ocasiones, sin necesidad de recortar gasto esencial para el bienestar o la inversión, con más equidad y racionalidad. Y, en segundo lugar, se preocuparía por otra deuda mucho más peligosa para la economía francesa y el planeta, la climática que podría llegar a suponer el 61 % del PIB de Francia en 2050, según un estudio reciente.

Bayrou se dispone a poner en marcha la nueva economía de la motosierra que no es exclusiva de Milei o Trump, sino el signo de nuestros tiempos, los de un capitalismo cada vez más degenerado e incompatible con la democracia, como explico en el libro que pronto estará en la calle publicado por Ediciones Deusto."              (Juan Torres López, blog, 16/07/25

18.4.25

¿Podemos salir de un mundo de deuda? La deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023)... este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de sus ingresos por exportaciones... La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto al pago de intereses de la deuda que a la educación o la salud... los países del Sur Global simplemente venden sus bienes y servicios para saldar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el desplome de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de covid-19 y la inflación derivada de la guerra de Ucrania... La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, dispuesto a devorar los restos de nuestras sociedades... Atrapados en la red de deuda, austeridad, bajo crecimiento, endeudamiento externo y deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en aras de la supervivencia a corto plazo... Con la inestabilidad del orden global, ahora podría existir la oportunidad de crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo centrada en cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social... si un país invierte para aumentar su capital fijo, experimentará un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esta es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, los del Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (Vijay Prashad)

 "En las últimas dos décadas la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado, hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante comprender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de sus ingresos por exportaciones. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco o tenedor de bonos extranjero. Por lo tanto, los países del Sur Global simplemente venden sus bienes y servicios para saldar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el desplome de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de covid-19 y la inflación derivada de la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto al pago de intereses de la deuda que a la educación o la salud. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, dispuesto a devorar los restos de nuestras sociedades.

¿Por qué están endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
  • Pidieron prestado dinero a sus antiguos gobernantes coloniales a tasas elevadas para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible devolverlo ya que los fondos se utilizaban para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • Los términos comerciales desiguales (exportación de materias primas a bajo precio a cambio de importación de productos terminados a alto precio) agravaron aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de organismos multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional – FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público interno, tanto en consumo como en inversión, y en su lugar a pagar la deuda externa. Esto desencadenó un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la red de deuda, austeridad, bajo crecimiento, endeudamiento externo y deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en aras de la supervivencia a corto plazo. La agenda a su disposición para lidiar con esta trampa de la deuda estaba motivada exclusivamente por la conveniencia del pago y no del desarrollo. Típicamente, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio y reestructuración de la deuda . Buscamos reducir la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos a largo plazo.
  2. Un llamado a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones . Aumentando la capacidad de los países para generar ingresos para pagar esta deuda, pero sin un cambio real en la capacidad productiva nacional.
  3. Recortes al gasto público , en gran medida una reducción del gasto social . Modificar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar una mayor proporción de su riqueza social para pagar a sus tenedores de deuda extranjeros y ganarse la confianza en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficiaron a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudicaron a los trabajadores . Recortes de impuestos para incentivar la inversión de los ricos en la sociedad —algo que rara vez ocurre— y una modificación de las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra y así aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para reducir la corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Ninguno de estos planteamientos por separado ni todos ellos en conjunto proporcionaron una evaluación de los problemas subyacentes que produjeron la deuda ni ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.

En efecto, si este es el mejor planteamiento disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

Ya se entiende que la entrada de IED y la exportación de materias primas de bajo precio no incrementan por sí solas el producto interno bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una era de liberalización financiera y sin control de capitales, puede generar enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de capital especulativo.

Una investigación de Global South Insights (GSI) y el Instituto Tricontinental de Investigación Social muestra que no es la IED la que incrementa el PIB a largo plazo, sino que existe una alta correlación entre el aumento de la inversión neta en capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta en capital fijo es el aumento del gasto en capital fijo por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte para aumentar su capital fijo, experimentará un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esta es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, los del Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (en particular, considerando el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial coincide en que la salida de la «trampa del ingreso medio» pasa por aumentar la inversión, incorporar tecnologías extranjeras e innovar en tecnologías internamente (lo que denominan el «método 3i»). El eje central del proyecto debe ser un aumento de la inversión neta en capital fijo.

Nuestra investigación muestra que, a medida que crece el PIB, también aumenta la esperanza de vida. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué impacto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB implica plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de relieve la importancia de una planificación económica sólida y una política fiscal adecuada, motivada no por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la creación de capital fijo neto en un país a largo plazo.

Pero ¿cómo se consigue la financiación necesaria tanto para el servicio de la deuda como para la creación de capital? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las desiguales relaciones de poder en el mundo. Con la inestabilidad del orden global, ahora podría existir la oportunidad de crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. Debería, en cambio, centrarse en cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta perspectiva la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de esta o aquella política económica para salvar una situación difícil, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto."               

( Vijay Prashad , Rebelión, 18/04/25, fuente peoples dispach)

29.3.25

Cuando, tras la crisis de 2008, se anunció el primer plan de austeridad la deuda estaba en 46,4% del PIB y cuando se puso fin a los recortes superaba el 100% del PIB. Las falsas intuiciones ('si estamos en crisis, el Estado tiene que reducir el gasto') pueden salir muy caras (Daniel Fuentes Castro)

Daniel Fuentes Castro @dfuentescastro

Cuando, tras la crisis de 2008, se anunció el primer plan de austeridad la deuda estaba en 46,4% del PIB y cuando se puso fin a los recortes superaba el 100% del PIB. Las falsas intuiciones ('si estamos en crisis, el Estado tiene que reducir el gasto') pueden salir muy caras.



4:17 p. m. · 28 mar. 2025    6.254 Visualizaciones

¿Podemos salir de un mundo de deuda? En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo... los países del Sur Global se limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación debida a la guerra de Ucrania... La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades... Atrapados en la red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la supervivencia a corto plazo... debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social (Vijay Prashad)

 "En las últimas dos décadas, la deuda externa de los países en desarrollo se ha cuadruplicado hasta alcanzar los 11,4 billones de dólares (2023). Es importante entender que este dinero adeudado a acreedores extranjeros equivale al 99 % de los ingresos por exportaciones de los países en desarrollo. Esto significa que casi cada dólar ganado por la exportación de bienes y servicios es un dólar adeudado a un banco extranjero o a un tenedor de bonos. Por lo tanto, los países del Sur Global se limitan a vender sus bienes y servicios para pagar las deudas contraídas por proyectos de desarrollo, el colapso de los precios de las materias primas, los déficits públicos, la pandemia de COVID-19 y la inflación debida a la guerra de Ucrania. La mitad de la población mundial (3300 millones) vive en países que destinan una mayor parte de su presupuesto a pagar los intereses de la deuda que a financiar la educación o los servicios sanitarios. En el continente africano, de los cincuenta y cuatro países, treinta y cuatro gastan más en el servicio de la deuda que en la sanidad pública. La deuda se cierne sobre el Sur Global como un buitre, listo para devorar el cadáver de nuestras sociedades.

¿Por qué están endeudados los países? La mayoría de los países están endeudados por varias razones:

  • Cuando obtuvieron la independencia hace aproximadamente un siglo, sus antiguos gobernantes coloniales los dejaron empobrecidos.
  • Pidieron dinero prestado a sus antiguos gobernantes coloniales a tipos de interés elevados para proyectos de desarrollo, lo que hizo imposible el reembolso, ya que los fondos se utilizaron para proyectos públicos como puentes, escuelas y hospitales.
  • Las desiguales condiciones comerciales (exportación de materias primas a bajo precio para importar productos acabados a alto precio) agravaron aún más su débil situación financiera.
  • Las políticas despiadadas de las organizaciones multilaterales (como el Fondo Monetario Internacional, FMI) obligaron a estos países a recortar el gasto público nacional tanto para consumo como para inversión y, en su lugar, pagar la deuda externa. Esto puso en marcha un ciclo de bajas tasas de crecimiento, empobrecimiento y endeudamiento.

Atrapados en la red de deuda-austeridad-bajo crecimiento-endeudamiento externo-deuda, los países del Sur Global abandonaron casi por completo el desarrollo a largo plazo en favor de la supervivencia a corto plazo. La agenda de la que disponían para hacer frente a esta trampa de la deuda estaba totalmente motivada por la conveniencia del reembolso y no del desarrollo. Por lo general, se promovieron los siguientes métodos en lugar de una teoría del desarrollo:

  1. Alivio y reestructuración de la deuda. Buscar una reducción de la carga de la deuda y una gestión más sostenible de los pagos de la deuda a largo plazo.
  2. Un llamamiento a la inversión extranjera directa (IED) y un intento de impulsar las exportaciones. Aumentar la capacidad de los países para obtener ingresos para pagar esta deuda, pero sin ningún cambio real en la capacidad productiva del país.
  3. Recortes en el gasto público, en gran medida una merma del gasto social. Cambiar el panorama fiscal para que un país pueda utilizar más de su riqueza social para pagar a sus tenedores de bonos extranjeros y ganarse la «confianza» en el mercado internacional, pero a expensas de la vida y el bienestar de sus ciudadanos.
  4. Reformas fiscales que beneficien a los ricos y reformas del mercado laboral que perjudiquen a los trabajadores. Recortes de impuestos para animar a los ricos a invertir en su sociedad, lo que ocurre muy pocas veces, y un cambio en las leyes sindicales para permitir una mayor explotación de la mano de obra a fin de aumentar el capital para la inversión.
  5. Reforma institucional para garantizar una menor corrupción mediante un mayor control internacional de los sistemas financieros. Abrir el proceso presupuestario de un país a la gestión internacional (a través del FMI) y permitir que economistas extranjeros controlen la toma de decisiones fiscales.

Cada uno de estos enfoques por separado y todos ellos juntos no proporcionaron ninguna evaluación de los problemas subyacentes que produjeron la deuda, ni ofrecieron una vía para salir de la dependencia de la deuda.

Efectivamente, si este es el mejor enfoque disponible, entonces los países en desarrollo necesitan una nueva teoría del desarrollo.

Una nueva teoría del desarrollo

A estas alturas se entiende que la entrada de IED y la exportación de productos básicos a bajo precio no aumentan por sí solas el producto interior bruto (PIB) de un país en desarrollo. De hecho, la IED, en una época de liberalización financiera y sin control de capitales, puede crear enormes problemas para un país pobre, ya que el dinero puede desestabilizar la economía. Esto último requiere inversiones a largo plazo en lugar de transacciones de dinero especulativo.

La investigación de Global South Insights (GSI) y Tricontinental: Instituto de Investigación Social muestra que no es la IED la que aumenta el PIB a largo plazo, sino que existe una alta correlación entre el aumento de la inversión neta de capital fijo y el crecimiento del PIB (la inversión neta de capital fijo es el aumento del gasto en capital social por encima de la depreciación). En otras palabras, si un país invierte dinero para aumentar su capital social, verá un aumento secular en su tasa de crecimiento. Esa es la razón por la que países como China, Vietnam, India e Indonesia han mantenido altas tasas de crecimiento en un período en el que la mayoría de los países (por ejemplo, en el Norte Global) han tenido tasas de crecimiento bajas o negativas (sobre todo si se tiene en cuenta el aumento de la inflación). Incluso el Banco Mundial está de acuerdo en que la salida de la «trampa del ingreso medio» consiste en aumentar la inversión, introducir tecnologías del extranjero e innovar internamente en materia de tecnología (lo llaman el «método 3i»). En el centro del proyecto debe haber un aumento de la inversión neta de capital fijo.

Nuestra investigación muestra que a medida que el PIB crece, la esperanza de vida también aumenta. Hay muchos elementos que requieren investigación: por ejemplo, si la calidad del crecimiento del PIB mejora (más industria, mejor gasto social), ¿qué efecto tiene esto en los resultados sociales? Hablar de la calidad del PIB es plantear cuestiones de asignación de la riqueza social a sectores específicos, lo que pone de manifiesto la importancia tanto de una planificación económica sólida como de una política fiscal adecuada que no esté motivada por el pago a los tenedores de bonos extranjeros, sino por la construcción del capital fijo neto en un país a largo plazo.

Pero, ¿cómo se consigue la financiación necesaria para pagar las deudas y crear capital social? No es imposible, ya que la mayoría de los países en desarrollo son ricos en recursos y solo necesitan desarrollar la capacidad para gestionarlos. Las respuestas podrían encontrarse menos en las leyes de la economía que en las relaciones desiguales de poder en el mundo. Con la agitación del orden mundial, ahora podría haber una oportunidad para crear nuevas estrategias financieras para el desarrollo.

La base de una conversación sobre la teoría del desarrollo no debería ser cómo sostener una economía en una espiral de deuda permanente que conduce a la desindustrialización y la desesperación. En su lugar, debería tratarse de cómo romper ese ciclo y entrar en un período de industrialización, reforma agraria, crecimiento y progreso social. Es esta idea la que nos motiva a iniciar una nueva conversación, no sobre la necesidad de esta o aquella política económica para salvar una mala situación, sino sobre una nueva teoría del desarrollo en su conjunto."                     (