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26.3.26

El programa piloto de semana laboral de cuatro días en Suecia demuestra que los empleados están más felices y son más productivos... el cambio también ha demostrado ser económicamente viable: 10 de las 11 organizaciones ahora tienen la intención de mantener las horas de trabajo más cortas... Ninguna empresa participante reportó peores resultados económicos... Además de reducir la jornada laboral, las empresas han cambiado fundamentalmente sus organizaciones... Bloquear tiempo en el calendario permitió un trabajo concentrado. En algunos casos, las empresas mejoraron su programación y logística. Lo que más me sorprendió fue lo fácil que resultó ser la implementación y lo poderoso que resultó ser el efecto. "Vimos resultados de inmediato, tanto en cifras como en el ambiente de trabajo" (Kontrast.at)

 "Cada vez más países están experimentando con jornadas laborales más cortas por el mismo salario. En Suecia, once organizaciones también han introducido una semana laboral de cuatro días a modo de prueba, incluyendo residencias de ancianos, servicios sociales, proveedores de energía y ONG. El resultado: tanto la salud como el bienestar de los empleados mejoraron notablemente, y el cambio también ha demostrado ser económicamente viable: 10 de las 11 organizaciones ahora tienen la intención de mantener las horas de trabajo más cortas.

En diciembre de 2023, once organizaciones de Malmö, Gotemburgo, Jönköping y Bålsta lanzaron un proyecto piloto monitoreado científicamente sobre la semana laboral de cuatro días. El estudio involucró a organizaciones públicas, privadas y sin fines de lucro. Estos incluían residencias de ancianos, proveedores de energía, servicios sociales, empresas de consultoría y ONG. Todas las organizaciones probaron el modelo 100:80:100 durante seis meses: los empleados trabajaron alrededor de un 20 por ciento menos pero recibieron el 100 por ciento de su salario, manteniendo la misma productividad.
https://youtube.com/watch?v=MyVfUaXyyqo%3Ffeature%3Doembed
Más sueño, menos estrés y menos ansiedad gracias a las horas de trabajo más cortas.

Los resultados del proyecto piloto son claros. La reducción de la jornada laboral mejoró notablemente las condiciones de vida de muchos empleados. Los efectos en la salud y el bienestar son particularmente significativos:

Los niveles de estrés medidos cayeron un 19 por ciento.
Los participantes durmieron un promedio de 24 minutos más por noche.
Los problemas de sueño se redujeron a la mitad.
Los síntomas de ansiedad disminuyeron. La proporción de quienes no sentían ansiedad aumentó del 46,5 al 64,6 por ciento.
Tanto la salud mental como la física mejoraron significativamente.

Estos efectos afectan principalmente a los empleados en trabajos de alta presión. En los sectores de cuidados y social, en particular, el aumento de la carga de trabajo (es decir, más trabajo en el mismo o menos tiempo) y el agotamiento resultante se consideran problemas clave. Los efectos positivos logrados a través de la reducción de la jornada laboral también están relacionados con un mejor ambiente de trabajo y un equilibrio más equilibrado entre la vida laboral y personal. Según los hallazgos del estudio, la interacción social dentro del equipo aumentó en un 10 por ciento y la satisfacción laboral en un 8 por ciento. La satisfacción general con la vida incluso aumentó en un 25 por ciento, mientras que el tiempo para actividades de ocio se incrementó en un 44 por ciento. Los niveles de energía para familiares y amigos aumentaron en un 22 por ciento.

Alta productividad gracias a la reducción de las horas de trabajo

Los indicadores económicos también pintan un panorama positivo para la semana laboral de cuatro días en Suecia. A pesar de la reducción de las horas de trabajo, el rendimiento empresarial –incluida la facturación– se mantuvo estable o incluso mejoró:

La productividad percibida aumentó en un 13 por ciento.
La capacidad de trabajo aumentó en un 10 por ciento.
La intensidad del trabajo se mantuvo sin cambios.
La creatividad y la innovación aumentaron en todas las áreas medidas.
Ninguna empresa participante reportó peores resultados económicos. Cinco empresas registraron cifras estables, y otras cinco incluso vieron mejoras. Solo falta información de una pequeña empresa.

Menos reuniones, mejor programación y logística mejorada

Además de reducir la jornada laboral, las empresas han cambiado fundamentalmente sus organizaciones. Muchos introdujeron períodos de enfoque fijo. Las reuniones se redujeron o acortaron. Bloquear tiempo en el calendario permitió un trabajo concentrado. En algunos casos, las empresas mejoraron su programación y logística.

Lo que más me sorprendió fue lo fácil que resultó ser la implementación y lo poderoso que resultó ser el efecto. "Vimos resultados de inmediato, tanto en cifras como en el ambiente de trabajo", dice la directora gerente Erica Wärmé Ekblom de Evolve Redovisning AB, una de las empresas participantes.

Según la directora del proyecto, Sarah Uldal, es importante que cada empresa encuentre sus propias soluciones:

El estudio confirma que no existe una solución única para todos, sino que las semanas laborales más cortas deben adaptarse a cada organización individual. Fue increíblemente emocionante apoyar a las empresas durante la fase piloto y ver cómo probaron, ajustaron y llegaron a soluciones que son realistas para ellas.

Reino Unido, Alemania, Austria: Cada vez más países están probando la semana laboral de cuatro días

Los hallazgos confirman estudios internacionales de países como el Reino Unido, Alemania y Australia. Los resultados de los ensayos son casi siempre los mismos: los empleados están más motivados, son más productivos y felices, y también es beneficioso para las empresas."

20.10.25

Diego Fusaro: El Parlamento griego aprobó recientemente una ley que introduce la jornada laboral de 13 horas. Una vez más, por lo tanto, Grecia figura como el laboratorio de las políticas neoliberales más infames, y también como el conejillo de indias elegido para los experimentos de la nueva razón del mundo turbocapitalista... Debe quedar claro: Grecia no es una excepción ni una anomalía; Es solo en el laboratorio donde se produce la puesta en forma del nuevo paradigma socioeconómico funcional a la dominación del sanedrín liberal-financiero... No debe entonces pasarse por alto el hecho de que "La Repubblica", semanario turbomundialista y voz del empresariado cosmopolita, en lugar de condenar incondicionalmente el caso griego, tituló así: ¿Trabajar 13 horas al día? Por eso la receta griega ya es posible en Italia

 "El Parlamento griego aprobó recientemente una ley que introduce la jornada laboral de 13 horas. Una vez más, por lo tanto, Grecia figura como el laboratorio de las políticas neoliberales más infames, y también como el conejillo de indias elegido para los experimentos de la nueva razón del mundo turbocapitalista. Lo fue ya en la época de la impactante crisis de 2007, cuando fue sometida a una verdadera masacre económica planificada por los euroinmaníacos de las brumas de Bruselas. 

Y ahora vuelve a serlo, dictando una vez más las líneas de tendencia para las políticas neoliberales que pronto podrían extenderse a otros países europeos. No debe entonces pasarse por alto el hecho de que "La Repubblica", semanario turbomundialista y voz del empresariado cosmopolita, en lugar de condenar incondicionalmente el caso griego, tituló así: ¿Trabajar 13 horas al día? Por eso la receta griega ya es posible en Italia. 

Como siempre, se introduce por decreto lo que originalmente parecía inimaginable, para luego transformarlo gradualmente en inevitable, abriendo todas las posibles ventanas de Overton. Lo hemos destacado infinitas veces: Estamos en medio de una majestuosa contrarrevolución capitalista (Badiou habló de una Segunda Restauración), iniciada en 1989 y caracterizada por la reconfiguración del conflicto de clases como una masacre de clase unilateral gestionada de arriba abajo, por el bloque oligárquico neoliberal contra las masas precarizadas. 

Poco a poco, los amos del mundo recuperan todo lo que había sido conquistado mediante el conflicto de clases: derechos sociales y conquistas laborales, protecciones sociales y dignidad social. Al hacerlo, justifican su nefando proceder explicando que estábamos indebidamente acostumbrados a "vivir por encima de nuestras posibilidades": Es la fórmula predilecta de los dueños del discurso, con la cual transforman los derechos en privilegios y, de esta manera, presentan su infame lucha contra los derechos como si fuera una justa lucha contra inaceptables privilegios. 

Debe quedar claro: Grecia no es una excepción ni una anomalía; Es solo en el laboratorio donde se produce la puesta en forma del nuevo paradigma socioeconómico funcional a la dominación del sanedrín liberal-financiero. También a nivel simbólico, la cuestión no debe ser descuidada: la Grecia – de Sócrates a Aristóteles, de Esquilo a Tucídides – representa la cuna de la civilización europea y su destrucción planificada contemporánea se convierte en la imagen perfecta de la Unión Europea como aniquilación de nuestra propia civilización."

(Diego Fusaro, blog, 19/10/25, traducción Quillbot) 

20.9.25

La negativa de la derecha a reducir la jornada laboral genera paro y estancamiento económico... También votó en contra en 1983, cuando el gobierno socialista de Felipe González la redujo hasta las 40 horas actuales... estamos viviendo una revolución tecnológica... la historia del capitalismo es la historia de un cambio tecnológico prácticamente continuado y lo que ha podido evitar que ese proceso no se haya traducido en un desempleo masivo ha sido o bien la disminución de la jornada laboral o la aplicación de políticas económicas que impulsaran el gasto (no digo que eso sea bueno, digo que es así como funciona el capitalismo). Cuando las políticas económicas han sido restrictivas, como las neoliberales, y la jornada se ha mantenido, el paro ha sido mucho mayor. Cuando se está produciendo un cambio tecnológico tan acelerado como el actual, proponer políticas restrictivas del gasto y al mismo tiempo no disminuir la jornada laboral, como hace la derecha, es hacer una apuesta sobre seguro por el paro y el estancamiento económico... ¿por qué la derecha iba a querer algo tan negativo para todos? Defiende los intereses de las empresas que innovan y sólo buscan aumentar sus ganancias a toda costa: con más paro, los trabajadores serán más dóciles y lo salarios más bajos, de modo que el beneficio que lleve consigo el incremento de productividad se lo podrán apropiar más fácilmente los propietarios del capital. Por otro lado, defiende los intereses de las empresas que, en lugar de invertir e innovar, hacen negocio usando mano de obra más barata y durante más horas, intensificando la explotación del trabajo... la derecha defiende una economía que produce más desigualdad y que terminará frenándose por deterioro del mercado interno, en el primer caso; o atrasada y sin capacidad de generar el valor añadido que proporciona la innovación tecnológica, en el segundo. Como dije, paro y estancamiento a medio y largo plazo (Juan Torres López)

 "Los partidos de derechas españoles (PP, Vox y Junts) han impedido con su voto mayoritario en el Congreso la tramitación del proyecto de ley para reducir la jornada máxima de trabajo a 37 horas y media a la semana.

También votaron en contra en 1983, cuando el gobierno socialista de Felipe González la redujo hasta las 40 horas actuales, y en ambos casos diciendo que provocaría desempleo, disminuiría la productividad y, en general, que perjudicaría a las empresas.

Es sabido que la derecha española mantiene constantemente una estrategia de desgaste que le lleva a votar en contra de cualquier cosa que proponga el gobierno y siempre con argumentos apocalípticos. En este caso, sin embargo, hay más: ignorancia de cuestiones económicas básicas y una servidumbre extrema hacia el empresariado más rentista y menos competitivo que hace mucho daño al resto de la economía y a la inmensa mayoría de los españoles.

En concreto, oponerse hoy día a reducir la jornada laboral es apostar por el paro y el estancamiento económico a medio y largo plazo. Te lo voy a demostrar del modo más claro posible recurriendo a un modelo sencillo que utilizó el inolvidable David Anisi, catedrático de Economía de la Universidad de Salamanca, y que me permito simplificar para explicarlo en pocas palabras.

El rechazo a reducir la jornada laboral se produce cuando estamos viviendo una revolución tecnológica. Quizá, la más grandiosa de la historia de la humanidad por la introducción cada vez más intensa y en todos los campos de la vida económica de la digitalización y, sobre todo, de la inteligencia artificial.

Todo el mundo sabe que la introducción de nuevas tecnologías produce aumentos en la productividad, es decir, en la cantidad de producto que se puede obtener por cada unidad de trabajo o de capital empleados.

Por tanto, en términos algebraicos muy sencillos se puede establecer que la productividad del trabajo (la llamaremos z) es el resultado de dividir el producto obtenido (llamémosle Y) entre el tiempo dedicado a producir (lo denominamos L). Es decir:

      Y
z = —
       L

Por otro lado, el tiempo efectivo destinado a obtener el producto (L) depende del número de individuos contratados para el trabajo (lo denominaremos N) y de la jornada laboral (j). El profesor Anisi también incluía la eficiencia en el trabajo, pero aquí podemos dejarla de lado para hacer más fácil la explicación. Por tanto, la expresión anterior sería:

        Y
z = ——
      N * j

Para explicar el efecto de no reducir la jornada de trabajo, David Anisi hacía una operación sencilla: introducía en el denominador (N*j) la población activa (la vamos a llamarla A) sin que cambiara la expresión, es decir, multiplicando y al mismo tiempo dividiendo. Entonces, tendríamos una nueva expresión que quedaría así:

             Y
z = —————
      (N/A)*j*A

En esta última expresión, (N/A) es el número de personas empleadas dividido por todas aquellas que están en condiciones de trabajar, están empleadas o buscan trabajo (población activa). Es decir,  la tasa de empleo de la economía.

A partir de este cambio sencillo, se puede deducir la clave de todo lo que queríamos plantear, siguiendo el razonamiento de David Anisi. Veamos.

Como hemos dicho, el cambio tecnológico hace que aumente la productividad. Naturalmente, en mayor medida en las empresas o economías más innovadoras y avanzadas, y con menor intensidad en las que se basan en modelos productivos viejos o en la mera explotación de la mano de obra, y no en el uso de nuevas tecnologías o procedimientos más avanzados.

En España, por supuesto, la productividad aumenta. Aunque no lo haga en todos los sectores o empresas por igual, y aunque sea más lentamente que en otras economías que nos superan en innovación y diversidad, en todo caso, la productividad en la economía española está creciendo.

Pues bien, si ahora volvemos a la última expresión que utilizamos, es fácil comprobar que si se produce un aumento de la productividad (z) como consecuencia del cambio técnico, esa igualdad sólo se mantiene si se da alguna de las siguientes condiciones o las dos al mismo tiempo:

– Aumento del numerador, es decir, del producto Y.

– Disminución del denominador, es decir, de la tasa de empleo o de la jornada laboral

Por tanto, si la jornada laboral se mantiene constante, para que esté aumentando la productividad o aumenta el producto (numerador) o disminuye el empleo (denominador)

Y el problema es que la derecha, además de oponerse a que se reduzca la jornada, viene proponiendo desde hace años medidas de recorte del gasto público, moderación salarial o disminución de ayudas sociales que limitan mucho el crecimiento del producto porque frenan sus motores: directamente, el de los dos más potentes (el consumo familiar, y el consumo e inversión de las administraciones públicas), e indirectamente la inversión de las empresas (cuanto menos gasto en consumo privado y público haya, menos demanda tendrán de sus productos e invertirán menos).

Como es bien sabido, la historia del capitalismo es la historia de un cambio tecnológico prácticamente continuado y lo que ha podido evitar que ese proceso no se haya traducido en un desempleo masivo ha sido o bien la disminución de la jornada laboral o la aplicación de políticas económicas que impulsaran el gasto (no digo que eso sea bueno, digo que es así como funciona el capitalismo). Cuando las políticas económicas han sido restrictivas, como las neoliberales, y la jornada se ha mantenido, el paro ha sido mucho mayor.

Cuando se está produciendo un cambio tecnológico tan acelerado como el actual, proponer políticas restrictivas del gasto y al mismo tiempo no disminuir la jornada laboral, como hace la derecha, es hacer una apuesta sobre seguro por el paro y el estancamiento económico.

La pregunta que se harán muchas personas de buena voluntad es ¿por qué la derecha iba a querer algo tan negativo para todos? La respuesta también es fácil de entender: esa negativa no es mala para todos.

Por un lado, defiende los intereses de las empresas que innovan y sólo buscan aumentar sus ganancias a toda costa: con más paro, los trabajadores serán más dóciles y lo salarios más bajos, de modo que el beneficio que lleve consigo el incremento de productividad se lo podrán apropiar más fácilmente los propietarios del capital. Por otro lado, defiende los intereses de las empresas que, en lugar de invertir e innovar, hacen negocio usando mano de obra más barata y durante más horas, intensificando la explotación del trabajo. En ambos casos, a costa de la mayoría de la población y del conjunto de la economía. El resultado de esa doble defensa es evidente: la derecha defiende una economía que produce más desigualdad y que terminará frenándose por deterioro del mercado interno, en el primer caso; o atrasada y sin capacidad de generar el valor añadido que proporciona la innovación tecnológica, en el segundo. Como dije, paro y estancamiento a medio y largo plazo. "

(Juan Torres López, blog, 19/09/25) 

9.7.25

Un Referéndum Popular en Brasil impulsa una votación para gravar a los superricos y reducir la jornada laboral... El referéndum, organizado por movimientos populares, busca presionar al Congreso para una jornada laboral más justa y el fin de los privilegios para los ricos... la presión popular es fundamental para que el gobierno Lula (PT) logre cumplir las promesas de campaña, que han enfrentado la resistencia del Congreso y del gran capital. "Estamos proponiendo jugar con los intereses de las minorías. Son los súper ricos, millonarios, multimillonarios, la alta cúpula del Poder Judicial, las jubilaciones de los militares. Ya la derecha y la extrema derecha quieren sacar dinero de los hospitales, de las escuelas, de las universidades, de la jubilación"... "Los que pagan mucho impuesto en este país son los trabajadores y trabajadoras y los sectores medios. Los que no pagan son los súper ricos, los multimillonarios, que tienen una serie de privilegios en nuestro sistema tributario" ( Adele Robichez)

 "La votación es presencial y puede ocurrir en urnas físicas o digitales, organizadas por voluntarios en los barrios y ciudades del país-Caio Jardim El Plebiscito popular comenzó este martes (1º) con el objetivo de movilizar a la población brasileña a votar dos temas centrales para la vida de los trabajadores: el fin de la escala 6 1 1 y la tributación de los super-ricos. La iniciativa está organizada por movimientos populares, centrales sindicales, partidos progresistas y entidades de la sociedad civil, y busca fortalecer el debate público sobre propuestas que, según los organizadores, han sido prohibidas por un congreso conservador. 

En la cartilla del Plebiscito Popular, hay una detallada explicación de los ejes principales de la movilización, de los temas que serán votados y orientaciones para la realización de la votación. El documento también reúne sugerencias prácticas para que movimientos populares en todo el país consigan articularse en sus espacios de lucha para realizar actividades de concientización política y, especialmente, logren involucrarse para la realización de la votación, que es voluntaria. El período de votación se extiende hasta el siete de septiembre y la publicación de los resultados está prevista para el seis de octubre. Sin embargo, se están organizando mutirones para que, semanalmente, las votaciones sucedan y la movilización vaya ganando adhesión cada vez mayor de la población. 

"Nuestro interés es, sobre todo, hacer un debate con la sociedad sobre dos pautas estructurales en relación a los temas del trabajo y de la tributación", explica Igor Felipe, representante de la Comisión Ejecutiva Nacional del Plebiscito. La votación es presencial y puede realizarse en urnas físicas o digitales, organizadas por voluntarios en los barrios y ciudades del país. En la página central del Plebiscito Popular, hay una serie de opciones, como enlace para participar en el grupo, acceso al sitio con las informaciones principales y también una forma de registrar una urna de votación. Esto puede ser hecho por una persona o entidad y cada registro podrá representar una o más urnas, según el territorio o base social. Según Felipe, el objetivo va más allá del conteo de votos: se trata de movilizar y unificar a la clase trabajadora en torno a demandas concretas. "Nosotros tenemos Condiciones de retomar un proceso de organización, movilización y lucha para presionar, sobre todo, al Congreso Nacional. El Congreso teme a la población. Es por eso que ellos quieren quitar ese sistema de pautas: no quieren apretar el botoncito diciendo que están en contra de que la gente trabaje menos y que quien gana más pague más impuesto", dice. 

El representante cree que la presión popular es fundamental para que el gobierno Lula (PT) logre cumplir las promesas de campaña, que han enfrentado la resistencia del Congreso y del gran capital. "Estamos proponiendo jugar con los intereses de las minorías. Son los súper ricos, millonarios, multimillonarios, la alta cúpula del Poder Judicial, las jubilaciones de los militares. Ya la derecha y la extrema derecha quieren sacar dinero de los hospitales, de las escuelas, de las universidades, de la jubilación", compara. El plebiscito popular es usado por los movimientos sociales desde finales de los años 1990 y ha debatido temas como la deuda externa, el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), la reestatización de Vale y la convocatoria de una Constituyente exclusiva. "Nosotros tenemos una tradición, desde hace 25 años, del plebiscito popular con esa metodología. Y nosotros conseguimos, este año, construir una unidad del conjunto de las fuerzas populares para retomar esa experiencia", celebra el activista. 

Viaje más justo: fin de la escala 6 1 1 

La propuesta de reducción de la jornada de trabajo sin reducción salarial y el fin de la escala 6 1 1 ganó visibilidad el año pasado, con el movimiento vida más allá del trabajo (Vat), encabezado por el hoy concejal Rick Azevedo (Psol-RJ). "El desarrollo tecnológico no se ha utilizado para mejorar la vida de las personas, sino para aumentar el nivel de explotación de las personas. [Hoje] hoy las personas llegan a casa y están respondiendo al jefe en la aplicación, preocupados con la dinámica de trabajo, ya se despiertan con el celular sonando", relata Igor Felipe. La escala en la que se trabaja seis días a la semana con sólo uno de descanso es vista como un símbolo de la precarización. "La gente trabaja seis días a la semana, se divierte uno, que ni siquiera sabe cuál es, no tiene horas extras. Es un viaje extremadamente inhumano", puntualiza. El final de este modelo es visto por los trabajadores como una forma de garantizar el bienestar y una mejor distribución del tiempo de vida entre el trabajo y el juego. 

Impuesto más justo: gravar a los más ricos 

La segunda pauta del plebiscito trata de la tributación, relativa a la propuesta del gobierno, que quiere que quien gana más de R.50 mil por mes pague más Impuesto de renta (IR), permitiendo la exención para quien recibe Hasta R R 5 mil mensuales. "Los que pagan mucho impuesto en este país son los trabajadores y trabajadoras y los sectores medios. Los que no pagan son los súper ricos, los multimillonarios, que tienen una serie de privilegios en nuestro sistema tributario", denuncia Felipe. 

Afirma que la propuesta de gravar a los más ricos busca corregir distorsiones históricas en el sistema tributario brasileño, que se basa fuertemente en el consumo, penalizando a quienes tienen menores ingresos, a diferencia de otros países más desarrollados. "Queremos que la gente pague un impuesto justo. Quien gana menos, no paga nada o paga menos. Quien gana más, paga más. Y queremos acabar, sobre todo, con los privilegios", argumenta. 

El organizador espera que el plebiscito popular logre presionar al Congreso que, a su juicio, ha tenido hasta "más poder que el propio Poder Ejecutivo" con las enmiendas parlamentarias, para que voten a favor de los trabajadores. Para Igor Felipe, la acción puede significar una "reanudación de las luchas y el avance de la clase trabajadora"."

16.12.24

Daniel Bernabé: la creación de empresas ha marcado este octubre su mejor registro en 18 años, 10700 nuevas sociedades... Los márgenes empresariales están a su vez en máximos históricos... The Economist situaba a España como la economía más pujante en 2024 de las 37 que conforman la OCDE... La buena marcha de la economía es un esfuerzo conjunto de país auspiciado por decisiones correctas en lo político. Salimos del periodo de crisis 2020-2022 de manera muy diferente a como lo hicimos de la Gran Recesión... Nuestro Gobierno apostó por la protección del empleo, interviniendo millones de sueldos, una nueva política energética y defendiendo en Europa la mutualización de la deuda. Se llama ideología, para quien lo dude... ¿Cuál está siendo la respuesta de los empresarios ante escenario? Foment amenazaba esta semana a los partidos "de la que se les viene encima" si apoyan la reducción de jornada... El agujero negro es la vivienda... cada euro que se come la especulación es un euro que no se gasta en economía productiva... Es el momento de subir los salarios y reducir la jornada, así como de poner freno al desmesurado precio de la vivienda. La alternativa es la señora Pluripluri

Daniel Bernabé @diasasaigonados

1. Este pasado miércoles, The Economist situaba a España como la economía más pujante en 2024 de las 37 que conforman la OCDE. La realidad de los números del Gobierno progresista que se analiza fuera frente al aparato de las tormentas de las derechas que atruena dentro. 

2. También hemos conocido que la creación de empresas ha marcado este octubre su mejor registro en 18 años, 10700 nuevas sociedades, según cifras del INE. 

3. Los márgenes empresariales están a su vez en máximos históricos, con un aumento acumulado entre 2018 y 2023 del valor añadido empresarial de un 46% nominal y un 21% real. 

4. La buena marcha de la economía es un esfuerzo conjunto de país auspiciado por decisiones correctas en lo político. Salimos del periodo de crisis 2020-2022 de manera muy diferente a como lo hicimos de la Gran Recesión. 

5. Nuestro Gobierno apostó por la protección del empleo, interviniendo millones de sueldos, una nueva política energética y defendiendo en Europa la mutualización de la deuda. Se llama ideología, para quien lo dude. 

6. ¿Cuál está siendo la respuesta de los empresarios ante escenario? Foment amenazaba esta semana a los partidos "de la que se les viene encima" si apoyan la reducción de jornada. 

7. Mientras los sindicatos han hecho su trabajo. Los convenios, que cubren a 10'3 millones de personas, ganan poder adquisitivo, con una subida salarial media pactada de entre el 3% y el 5%. Las pensiones, que cubren a otros 10 millones de ciudadanos, subirán un 2'8%. 

8. El agujero negro es la vivienda. Con una subida de un 8,1% interanual en el 3 trimestre de 2024 afecta a los hogares desbordando su capacidad de pago y lastrando su ahorro. 

9. Y esto hay que recordarlo: cada euro que se come la especulación es un euro que no se gasta en economía productiva. El gabinete de estudios de CCOO lo explica en su nuevo informe: https://estudios.ccoo.es/e221a959c3a384ae2994b9315990d194000001.pdf

10. Es el momento de subir los salarios y reducir la jornada, así como de poner freno al desmesurado precio de la vivienda. La alternativa es la señora Pluripluri tartamudeando y los otros exigiendo más villancicos en español.

2:36 p. m. · 14 dic. 2024 29 mil Visualizaciones

El primer estudio global sobre la reducción de la semana laboral confirma un aumento del bienestar en los trabajadores Mejor rendimiento, menos fatiga y mejor salud son algunos de los impactos positivos de la jornada de cuatro días

 "En 2022, un grupo de científicos empezó a elaborar el primer estudio transnacional a gran escala del sector privado sobre la reducción de la semana laboral sin quita salarial, una política que dejó de ser tabú y que tras la pandemia empezó a expandirse por la agenda política de muchos países. A finales de noviembre, los investigadores publicaron la última actualización del trabajo con una muestra de casi 3.000 trabajadores de 141 empresas ubicadas en distintos puntos del mapa. La conclusión es que la medida “conduce a mejoras en múltiples medidas de bienestar”, incluido el menor agotamiento, la satisfacción laboral, la salud mental y la salud física.

Los resultados coinciden con los obtenidos en las pruebas pilotos realizadas en Reino Unido, Islandia, Portugal o España, donde el Gobierno, a través de su vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, quiere que la semana laboral de cuatro días sea una realidad a partir de 2025. 

La fortaleza de esta investigación, titulada ¿La reducción del tiempo de trabajo mejora el bienestar de los trabajadores? Evidencias de ensayos globales de semanas laborales de cuatro días, es su escala mundial, con datos recopilados en Canadá y Estados Unidos, Europa continental, Irlanda y el Reino Unido, Australia y Sudáfrica. 

La investigadora principal es Juliet Schor, economista y profesora de Sociología en el Boston College, quien ha dedicado toda su carrera a estudiar las tendencias del tiempo de trabajo, el consumismo, la relación entre el trabajo y la familia, los problemas de las mujeres y la desigualdad económica, entre otras tantas aristas vinculadas a este campo de estudio. “El punto clave es que estamos ante hallazgos reales y duraderos. Entierran la idea de moda pasajera que se quiere instalar”, sentencia sobre la trascendencia del estudio.

Schor y su equipo han tomado como base el trabajo de la ONG 4 Day Week Global, fundada después de la pandemia por el empresario neozelandés Andrew Barnes y su esposa Charlotte Lockhart, tras aplicar con éxito, de forma voluntaria, una semana de cuatro días sin reducción de salario en su empresa. 

En 2021, la organización comenzó a reclutar empresas para pruebas piloto a través del boca a boca y mediante formularios online. Las compañías que aceptaron el reto habilitaron que los empleados trabajasen el 80% de su jornada laboral por el 100% del salario

Sin embargo, en estos experimentos, las empresas no estaban obligadas a implementar una semana laboral de cuatro días. La premisa consistía en mantener el salario constante y ofrecer una reducción “significativa” del tiempo de trabajo. 

En la muestra de esta nueva investigación, el 82% de las firmas sí ofreció una semana laboral de cuatro días con procesos de reorganización del trabajo –eliminación de «reuniones innecesarias», por ejemplo– para no afectar a la productividad

“Las pruebas de la semana laboral de cuatro días ofrecen una oportunidad única para desarrollar un modelo estructural, un enfoque para comprender cómo se relacionan las horas de trabajo con la salud mental y la calidad de vida”, explican los autores. 

Una de las claves es el “proceso de reorganización de trabajo”. Por lo general, según los datos obtenidos, “mejora tanto el sentido colectivo como el individual sobre cómo los empleados desempeñan su trabajo”, optimizando tareas, logrando mayor eficiencia y limitando la improductividad. 

Tras este primer paso –la reorganización-, las empresas se sometieron a un ensayo de semana laboral de cuatro días de entre seis y doce meses. “Se identificaron tres factores que contribuyen significativamente a la relación entre la reducción de horas y el aumento del bienestar: mejoras en la capacidad laboral autodeclarada, reducciones en los problemas de sueño y disminución de los niveles de fatiga”, revelan los resultados.

El trabajo: determinante social fundamental de la salud

La investigación explica que un componente primordial de las exigencias laborales es la duración de las horas de trabajo. Un periodo extenso “puede activar un proceso de deterioro del bienestar que agota la capacidad física, emocional y recursos cognitivos, lo que conduce a una mayor tensión laboral, agotamiento y angustia”. 

Por el contrario, se aclara, “la reducción de horas a través de cambios organizacionales puede verse como un tipo de recurso laboral que, a su vez, fomenta el bienestar de los empleados”.

Schor explica que la pandemia de COVID-19 provocó “cambios profundos en los mercados laborales de todo el mundo, incluyendo mayores tasas de estrés y agotamiento entre los empleados”. No obstante, también fomentó “una nueva comprensión de los desafíos de los trabajadores en la gestión de la interfaz entre el trabajo, la familia y la vida personal”.

Por tanto, tras la “vuelta a la normalidad”, una respuesta innovadora de algunos empleadores ha sido ofrecer un día libre adicional sin reducción de salario. Los autores se propusieron medir el cambio en el “bienestar subjetivo” (agotamiento, satisfacción laboral, salud mental y salud física) de los trabajadores con encuestas realizadas antes y después del ensayo.

El agotamiento se redujo de 2,83 a 2,38 en una escala de 1 a 5, mientras que la salud mental y física aumentó de 2,93 a 3,32 y de 3,01 a 3,29, respectivamente. En tanto, la satisfacción laboral se incrementó de 7,07 a 7,59 en una escala de 0 a 10.

Los resultados arrojan “una evidencia más sólida” para las dos medidas relacionadas con el trabajo: el agotamiento y la satisfacción laboral. La salud física es la que muestra los “efectos más débiles”, un “patrón comprensible”, ya que los estos cambios pueden manifestarse más tarde, explican los investigadores.

También permiten concluir que la semana de cuatro días no consiste únicamente en reducir el tiempo de trabajo, sino que “conlleva cambios profundos en el trabajo mismo, mejorando la calidad de vida de los trabajadores”.

Productividad

Respecto a la productividad de las empresas tras reducir la semana laboral de 40 a 32 horas, la investigación no aporta evidencias concluyentes. Se aclara que la mayoría de las empresas que participaron del ensayo “carecen de una productividad sólida”, lo que no permite medir los “efectos” de la reorganización de tareas. 

De las encuestas realizadas, se desprende que las “empresas de cuello blanco” (de oficina) tienen más probabilidades de reducir las ineficiencias, mientras que los sectores de atención de salud y de servicios tradicionales reducen costes debido a la reducción de la deserción, “una tendencia prevalente” en toda la muestra. Los resultados sí permiten “desafiar” el imaginario colectivo del “trabajador productivo” que combina largas horas de trabajo e “intensidad y dureza” en todas sus labores.  

Otra limitación del estudio, reconocen los investigadores, es la geográfica. La mayoría de las compañías que han participado del ensayo pertenecen a países de altos ingresos. El tamaño, organizaciones pequeñas, es otro factor que impide una contundente generalización. “Representa oportunidades para futuras investigaciones”, se aclara.

“A pesar de sus limitaciones, este estudio tiene implicaciones importantes para comprender el futuro del trabajo, siendo la semana laboral de cuatro días un componente clave”, resume Schor. 

“En definitiva, todos los resultados de bienestar han mejorado: estrés, ansiedad, agotamiento, salud física, salud mental, cansancio, más ejercicios, menores problemas de sueño, más satisfacción con el tiempo y con la vida, menos conflicto con las familias. Hemos medido muchos aspectos y todos han mejorado. En paralelo, el ritmo de trabajo no ha aumentado, lo que demuestra que la reorganización laboral funciona”, asevera."

(Andrés Actis , Climática, 11/11/24)

24.7.24

Martín Urriza: Robots, IA, digitalización y una energía renovable gratuita, limpia y almacenable nos librarán en breve del trabajo peligroso, repetitivo y monótono. Esto disparará la productividad y tendremos que repartirla entre todos... ¿Cómo? Duplicando el salario/hora, recortando la jornada laboral primero a 32 horas semanales y después a 20 horas... Esto no es nuevo ya nos ha pasado antes. Nos pasó con la introducción de la máquina de vapor y la electricidad que terminaron con el trabajo penoso y elevaron el nivel de vida de la población... Esto ya lo avanzó Keynes en su conferencia de 1930, “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” donde predijo que en 100 años el problema económico de acumulación de capital para atender las necesidades básicas se habría resuelto y solo quedaría hacer un buen reparto... Hoy el reparto de la renta y la riqueza es excesivamente desigual... Como ya sucedió en el s.XIX con la superación de los regímenes absolutistas, saltar a esta nueva pantalla de desarrollo no será un proceso pacífico pues requerirá hacer la democracia más ancha mientras los enemigos del progreso intentarán estrecharla y suspenderla

Carlos Martín Urriza @carlosurriza

(1/5) Robots, IA, digitalización y una energía renovable gratuita, limpia y almacenable nos librarán en breve del trabajo peligroso, repetitivo y monótono. Esto disparará la productividad y tendremos que repartirla entre todos

(2/5) ¿Cómo? Duplicando el salario/hora, recortando la jornada laboral primero a 32 horas semanales y después a 20 horas e introduciendo una renta universal que permita atender las necesidades básicas; que serán baratas gracias al uso de la IA en su producción y abastecimiento

 (3/5) Esto no es nuevo ya nos ha pasado antes. Nos pasó con la introducción de la máquina de vapor y la electricidad que terminaron con el trabajo penoso y elevaron el nivel de vida de la población. También con el descubrimiento del fuego, la agricultura, navegación, …

 (4/5) Liberados de la maldición del trabajo para poder vivir. Nos podremos dedicar solo a trabajos creativos, las bellas artes y el ocio. Habremos superado el problema económico de tener que dedicar largas jornadas a trabajos tediosos para cubrir nuestras necesidades básicas

 (5/5) Esto ya lo avanzó Keynes en su conferencia de 1930, “Las posibilidades económicas de nuestros nietos” donde predijo que en 100 años el problema económico de acumulación de capital para atender las necesidades básicas se habría resuelto y solo quedaría hacer un buen reparto

 (6/6) Keynes tenía razón. Hoy el reparto de la renta y la riqueza es excesivamente desigual. El 10% más rico se queda con el 52% de la renta mundial y el 76% de la riqueza. En España con el 25% y el 54% respectivamente. Esta concentración crecerá con la revolución digital.

 (7/7) El acierto de Keynes sobre una acumulación de capital suficiente es doble porque ahora también sabemos que la acumulación tiene límites si no queremos desequilibrar el planeta en términos ecológicos y climáticos.

 (8/8) Como ya sucedió en el s.XIX con la superación de los regímenes absolutistas, saltar a esta nueva pantalla de desarrollo no será un proceso pacífico pues requerirá hacer la democracia más ancha mientras los enemigos del progreso intentarán estrecharla y suspenderla

De publico.es

7:25 p. m. · 7 jul. 2024 13,6 mil Reproducciones

Eduardo Garzón: La derecha ha salido en tromba a criticar la propuesta de reducción de la jornada laboral a 35 horas aludiendo a que se perderían muchos empleos. ¿En qué se basan? No sabemos. Pero lo que sí sabemos es lo que ocurrió en Francia cuando se aplicó la misma medida... En 1998 Francia redujo la jornada laboral a 35 horas semanales, tal y como se quiere hacer aquí en España... ¿Resultado? El empleo creció con más fuerza que nunca... En otras palabras, se produjo un reparto del tiempo trabajado: trabajar menos tiempo cada persona para que trabajen más personas. Esto obviamente redujo notablemente la tasa de paro, que pasó de un 12% a un 9% en estos cuatro años

Eduardo Garzón  @edugaresp

La derecha ha salido en tromba a criticar la propuesta de reducción de la jornada laboral a 35 horas aludiendo a que se perderían muchos empleos. ¿En qué se basan? No sabemos. Pero lo que sí sabemos es lo que ocurrió en Francia cuando se aplicó la misma medida. Mini hilo

En 1998 Francia redujo la jornada laboral a 35 horas semanales, tal y como se quiere hacer aquí en España. Primero de forma obligatoria para las grandes empresas, luego para el resto. También se aplicaron incentivos a las empresas para que bajaran la jornada. Duró hasta 2003.

 ¿Resultado? El empleo creció con más fuerza que nunca. En el gráfico tenéis en rojo los años en los que estuvo vigente esta reducción de la jornada laboral y sus incentivos. Valores por encima del 0% suponen creación de empleo.

 La fuerte creación de empleo vino acompañada de una notable reducción del tiempo de trabajo promedio. En otras palabras, se produjo un reparto del tiempo trabajado: trabajar menos tiempo cada persona para que trabajen más personas.

 Esto obviamente redujo notablemente la tasa de paro, que pasó de un 12% a un 9% en estos cuatro años.

 ¿Qué opinaron los trabajadores afectados? La mayoría citaron mejoras en su calidad de vida. Esto no quita que algunos trabajadores, en su mayoría con salarios bajos y menos cualificados, reportaran desventajas y problemas. Pero el balance total fue claramente positivo.

 La reducción de la jornada laboral también tuvo efectos muy positivos en la conciliación de la vida laboral y familiar: seis de cada diez padres y madres con un hijo menor de 6 años reportaron un impacto positivo de la medida en su equilibrio entre trabajo y familia.

 Es importante tener en cuenta que es difícil valorar esta experiencia porque no llegó a aplicarse del todo (se deshizo antes de completarse), y hubo cosas muy mejorables. Pero lo que no se puede decir (como hace la derecha) es que esta medida destruya empleo, porque no es así.

 En este vídeo desarrollo la experiencia francesa de la reducción de la jornada laboral y analizo si se puede aplicar en España:



(gráficos en el original)

10:31 a. m. · 27 jun. 2024 449,8 mil Reproducciones

14.7.24

Hay margen para reducir la jornada laboral... un problemas es la anomalía que supone una jornada laboral presencial mayor que en gran parte de nuestros homólogos europeos, consecuencia de unos horarios de trabajo irracionales que provocan serios problemas de salud física y mental. Ello está condicionando y lastrando, en parte, la salida definitiva del pozo del desempleo... la economía lleva creando empleo los últimos cincuenta meses, en cifras desestacionalizadas, algo que poca gente puede explicar... el empleo no turístico, más centrado en la tecnología y con elevado valor añadido, comienza a tener cifras muy halagüeñas, lo que permite ser optimistas, respecto a nuestra capacidad de formar empleo cualificado. Las grandes sombras del empleo están en la tasa de paro, sin bajar del 11% a pesar del ciclo alcista... la modificación de horarios de trabajo en línea con las mejores prácticas europeas supondría un incremento de la productividad de algo más del 2% anual. Esto debería ir acompañado con la elaboración de una norma similar a la británica Ley del Tiempo de Trabajo, que obliga a las empresas a facilitar modificaciones de entrada y salida del puesto de trabajo, e incluso de organización del tiempo semanal, llegando a modificar incluso qué días de descanso se pueden disfrutar... Junto a todo esto, hay que poner en marcha planes de empleo garantizado que permitan ocupar a más de 1,5 millones de personas, lo que podría llevarnos a la primera división de las políticas socialdemócratas de verdad (Alejandro Inurrieta)

"En España los grandes debates siempre llegan tarde, o no llegan, lo cual caracteriza a una sociedad más pendiente de discusiones estériles que de alumbrar fórmulas para solucionar los grandes problemas que nos asolan.

Uno de estos problemas es la anomalía que supone una jornada laboral presencial mayor que en gran parte de nuestros homólogos europeos, consecuencia de unos horarios de trabajo irracionales que provocan serios problemas de salud física y mental. Ello está condicionando y lastrando, en parte, la salida definitiva del pozo del desempleo que, a pesar de las buenas cifras, sigue demostrando que nuestro paro estructural es una de las grandes asignaturas pendientes.

Los grandes números del empleo en España muestran una fortaleza no esperada por algunos gurús de televisión, pero también por algunas instituciones de clara ideología neoclásica, como la Airef o el Banco de España, cuyos augurios en octubre hoy deberían sonrojarles (algo que, obviamente no ocurrirá). El número de afiliados supera los 21,3 millones, se sigue reduciendo el trabajo a tiempo parcial, salvo en el sector público, donde la querencia por los despidos en verano raya lo irracional y desmonta muchos discursos de la propia vicepresidenta del Gobierno, cuyo desempeño, en cualquier caso, hay que alabar. En conjunto, la economía lleva creando empleo los últimos cincuenta meses, en cifras desestacionalizadas, algo que poca gente puede explicar, y sobre todo sigue sorprendiendo a las autoridades europeas. Junto a esto, y mirando la Balanza de Pagos, el empleo no turístico, más centrado en la tecnología y con elevado valor añadido, comienza a tener cifras muy halagüeñas, lo que permite ser optimistas, respecto a nuestra capacidad de formar empleo cualificado.

Las grandes sombras del empleo están en la tasa de paro, sin bajar del 11% a pesar del ciclo alcista, próximo a su cenit, lo cual nos dice que existen cuellos de botella que tienen que ver con la obsesión por el déficit público y la deuda. Su control irracional por parte de la Comisión Europea se demostró muy peligroso y doloso durante la crisis del 2008, siendo corregido a lo largo de la pandemia, decisión que debería ser el faro para desmontar las reglas fiscales.

La estructura del paro estructural se asienta en cuatro elementos. Por un lado, una población joven desencantada, aunque en franca reducción, en la que coexistien jóvenes formados y no formados. En segundo lugar, una enorme bolsa de mujeres que siguen sin encontrar empleo, a pesar de tener las mujeres su récord de ocupación, siempre por debajo de la jornada deseada. En tercer lugar, fruto del edadismo galopante de nuestras empresas, mayores de 45 años que, una vez salen de las empresas, su empleabilidad y nivel de actividad quedan en mínimos respecto a la media europea. Por último, seguimos muy lejos de las tasas de empleo y actividad de las grandes economías del norte de Europa, lo que permite aseverar que faltan políticas audaces y empresas más grandes y modernas.

Estas grandes cifras de empleo, sin embargo, chocan con otra realidad más sombría. La desigualdad sigue creciendo, a pesar de que las subidas del salario mínimo han ayudado a más de un millón de personas a salir de las cifras –cuestionables– de la pobreza severa, según una entidad bastante sospechosa como es el FMI. Esta desigualdad, muy presente en países con baja densidad sindical y escaso peso del empleo industrial, se acrecienta por el pésimo diseño y ejecución de las escasas ayudas familiares que tenemos en España. Otorgar la responsabilidad de uno de los pilares fundamentales del Estado del Bienestar al cuerpo de funcionarios de élite del país, cuya fobia y animadversión hacia el combate de la desigualdad es manifiesta, explica el escaso impacto del Ingreso Mínimo Vital, por ejemplo. España es uno de los países más regresivos en el diseño de ayudas públicas y resulta grotesco que las rentas medias, e incluso altas, reciban más ayudas, que las rentas más bajas.

Junto a la desigualdad creciente, la formación de salarios sigue adoleciendo de una visión racional de lo que supone la demanda efectiva, frente al chamanismo irracional de las políticas de oferta (supply side). Aquí, lo que subyace es la dirección de causalidad entre crecimiento salarial y productividad. Para los economistas de oferta, la dirección está clara. Solo si aumenta la productividad se podrá mejorar el salario. Por el contrario, hay mucha literatura, que obviamente no se enseña en las universidades, que demuestra que es al contrario. Un mayor salario mejora nítidamente las cifras de productividad, por lo que sin duda estamos ante un fracaso de las políticas neoclásicas que preconizan la austeridad expansiva, fruto de la negación de que hay otro marco conceptual que podría cambiar la estructura salarial de nuestro país.

Este empecinamiento sobre las bondades de pagar mal en España, obliga a muchos compatriotas a emigrar hacia economías donde sí se valora la formación en España y se remunera conforme al valor creado, no como aquí. Parece un contrasentido que un médico en España sobre tres veces menos que en otro país, con la misma formación. Lo mismo habría que decir de ingenieros y muchas otras profesiones. En consecuencia, las teorías sobre qué es la productividad, lo que permite subir los salarios, tiene muchos contraejemplos.

Esta misma aproximación neoclásica también se aplica al debate surgido sobre la duración de la jornada laboral. Este debate, que tiene varias aproximaciones, no se puede desligar de otro adyacente, que es la estructura de horarios de trabajo en España. El abuso de la presencialidad en muchas profesiones, junto a las jornadas partidas y tiempo de comida de dos horas, supone una anomalía histórica que las empresas se resisten a modificar, lo que convierte a la CEOE en un actor más de la serie Cuéntame. Ello puede hacer gracia a quienes le apoyan, pero está causando un grave problema económico –baja productividad por descenso de ciclos circadianos a partir de un punto–, pero también de salud física y mental. Existen numerosos estudios, yo mismo hice uno para el Ministerio de Trabajo hace años, que demuestran que la modificación de horarios de trabajo en línea con las mejores prácticas europeas supondría un incremento de la productividad de algo más del 2% anual. Esto debería ir acompañado con la elaboración de una norma similar a la británica Ley del Tiempo de Trabajo, que obliga a las empresas a facilitar modificaciones de entrada y salida del puesto de trabajo, e incluso de organización del tiempo semanal, llegando a modificar incluso qué días de descanso se pueden disfrutar.

Este tipo de políticas las debe de pilotar el Estado, y no quedar al albur de la negociación colectiva, dada la menguante densidad sindical que dejaría a muchos trabajadores fuera de poder acceder a este tipo de cambios en la jornada laboral.

En conclusión, en España hay margen para un cambio drástico en los horarios de trabajo, con jornadas más flexibles y más cortas, que podrían incrementar la productividad y deberían ir acompañadas con mejores salarios. Hay que desterrar las políticas de oferta y la obsesión por el desarrollismo y la presencialidad para deleite de bares y restaurantes, que son, a la postre, los que frenan, junto con una CEOE muy alejada de la modernidad, este cambio estructural en los horarios de trabajo. Junto a todo esto, hay que poner en marcha planes de empleo garantizado que permitan ocupar a más de 1,5 millones de personas, lo que podría llevarnos a la primera división de las políticas socialdemócratas de verdad."                    (Alejandro Inurrieta , eldiario.es, 06/07/24)

6.4.24

Los consejeros de la productividad... el tal déficit de productividad media de España, respecto a las ocho economías líderes de la UE, apenas existe para las empresas de más de veinte trabajadores... Una tendencia creciente de la productividad del trabajo que contrasta con la decreciente que los mismos autores certifican, en relación a la productividad del capital derivada de los esfuerzos inversores de las empresas... en el año 2018 se trabajaron en España las mismas horas que en 2004 (treinta y tres mil millones) aunque la riqueza real generada era un 20 % mayor que en aquél año. Y, con la misma fuente de datos, se confirma que el PIB industrial de España es semejante al de tres décadas antes pero ocupando a 800.000 trabajadores menos (un -27 %). Dos cosas que sin duda debieran suponer una excelente noticia para el conjunto de nuestra sociedad... pero, “las mejoras de productividad del trabajo no garantizan por sí solas que haya mejoras en la productividad total pues podrían verse compensadas por el retroceso en la productividad de los capitales”

 "El Gobierno del Reino de España va a poner en marcha de forma urgente un Consejo de la Productividad según informa el Ministerio de Economía en una nota en la que presenta la motivación y el borrador de proyecto de un real decreto sobre el particular, remitiéndose a una recomendación del año 2016 del Consejo de la Unión Europea.

Como quiera que en el citado borrador se usa el concepto de “productividad” hasta cuarenta y siete veces, pero no se define nunca, parece conveniente consultar el documento de referencia[1] (Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del año 2021) que se cita en su preámbulo y exposición de motivos por ver de aclarar esta cuestión, sin duda central, para tal Consejo.

Tanto para las tareas de dicho Consejo como para la sociedad española porque es un concepto que se usa de manera reiterada para desaconsejar mejoras en el trabajo decente de los ciudadanos (por ejemplo reducciones de la jornada laboral o incrementos salariales por encima del IPC), o para adoptar medidas que supuestamente mejorarían tal “productividad” (por ejemplo, ahora sí, financiar con fondos públicos inversiones empresariales o relajar restricciones ambientales). Como se observa estamos ante un comodín que igual vale para un roto que para un descosido, siempre dentro del llamado consenso neoliberal que entre nosotros capitanea desde hace décadas el Banco de España y la larga lista de Ministros de Economía del bipartidismo que con los Gobernadores de aquél siempre andan en buena armonía.

Ya de entrada hay que anotar que el concepto “productividad” es borroso y sujeto a muchas cautelas sobre su definición y cuantificación[2]. Para empezar decir que siempre remite a un cociente o división entre el valor de lo producido y los recursos empleados, siendo así que en el denominador un problema no fácil es la agregación de horas de trabajo de muy diferente cualificación, mientras en el numerador lo será la valoración relativa de los servicios (hoy dominantes) respecto a las actividades de producción material. Aunque lo cierto es que muy lejos de estas prevenciones los creyentes en la disciplina de la “productividad” suelen tirar para adelante con simplificaciones y resultados que coinciden con sus intereses.

Como no podría ser de otra forma el citado Plan de Recuperación asume como central el concepto de “productividad” pues se usa en dicho documento más de ochenta veces. En la mayoría de las ocasiones se hace como un mantra positivo (para el crecimiento, para la competitividad, la renta per cápita, la resiliencia, etc.) lo que lo sitúa en el centro de diez políticas palanca para “aumentar la productividad y el crecimiento potencial de la economía española” (página 24). Pero cuando uno busca concretar que sea eso de la “productividad”, más allá de las cosas que presuntamente la favorecen, la impulsan. la dificultan o lastran en mayor o menor medida, se queda con las manos vacías. Apenas una referencia  incompleta a un trabajo de FEDEA (2019) en la página 305 del documento, como fuente de un gráfico en el que se pondera -pero no se cuantifica- la importancia de la productividad[3].

Al acabar con las manos vacías después de la revisión de este documento, pasé a indagar en otro  documento del año 2021 del Ministerio de la Presidencia (Oficina Nacional de Prospectiva) titulado “España 2050” de casi setecientas páginas. De nuevo resulta patente que el enigmático concepto de “productividad” no es ningún secundario en este relato, porque aparece nada menos que doscientas diecinueve veces. Pero al menos en dos páginas (61-62) aparecen cuatro gráficos relativos a la “productividad”. Ahora sí cuantificada, por lo que conviene detenerse en este nudo argumental del que dependen nada menos que esas doscientas referencias en el texto completo.

En el primero de dichos gráficos se presenta la evolución histórica de la “productividad” en España en el contexto de tres referentes internacionales. Y en la nota que acompaña la fuente de dicha gráfico si se concreta -al fin- el concepto de “productividad”. Para dicha fuente[4] (OCDE): “La productividad laboral se define como la rateo entre el PIB (en euros constantes de 2015 y corregido por diferencias de poder adquisitivo) y las horas totales trabajadas”. Aplicando esta definición se deduce, en relación a la media de la UE, que la “productividad” del trabajo no sería un problema de primera magnitud en la actualidad, tal como también se recoge en un recuadro de la página 81 del documento que estamos citando para el valor medio[5] de dicho indicador entre 2015-2019. (...)

Más aún. En este informe se deja muy claro (en la figura 25 que aquí también reproducimos) que el tal déficit de productividad media de España, respecto a las ocho economías líderes de la UE, apenas existe para las empresas de más de veinte trabajadores.

Este diagnóstico se refuerza y actualiza con los datos más recientes divulgados por el Banco de España[6] certifican una senda de la productividad del trabajo en España en recuperación y convergencia con la media de la Unión Europea (...)

Por su parte el Gabinete Económico de Comisiones Obreras estima -para un panel estable de empresas- un crecimiento entre 2018-2023 del 16 % de la productividad por ocupado en términos reales[7].

Sobre la evolución de la productividad del factor trabajo en el Reino de España en el largo plazo, entre 2000-2018, recogía por mi parte en una reciente publicación[8] dos datos básicos de lo que llevamos de siglo según nuestra Contabilidad Nacional del Instituto Nacional de Estadística[9]. Por un lado el valor del producto interior bruto (PIB, riqueza nacional) generado, en unidades monetarias constantes (descontada la inflación), para evaluar la evolución del nivel real de riqueza. Y, por otro lado, el número de horas trabajadas por el conjunto de todos los ocupados del país[10]. Ambos datos –el PIB y las horas necesarias- se transforman previamente en dos series que toman el valor 100 en el año 2000 para así evaluar mejor su evolución relativa.

En relación al PIB se observa un crecimiento imparable hasta 2007, un retroceso entre ese año y 2013, y nueva recuperación desde entonces (hasta la irrupción de la pandemia Covid-19). Algo semejante sucede con las horas necesarias de trabajo. Aunque debe repararse, en la representación gráfica, en cómo se va abriendo una brecha entre ambas series que es crucial para lo que aquí nos interesa analizar.

La brecha que señalo puede resumirse diciendo que en el año 2018 se trabajaron en España las mismas horas que en 2004 (treinta y tres mil millones) aunque la riqueza real generada era un 20 % mayor que en aquél año. Y, con la misma fuente de datos, se confirma que el PIB industrial de España es semejante al de tres décadas antes pero ocupando a 800.000 trabajadores menos (un -27 %). Dos cosas que sin duda debieran suponer una excelente noticia para el conjunto de nuestra sociedad[11].

Sin embargo la jornada laboral media semanal (a tiempo completo) apenas se redujo en dicho período y, por tal motivo, mientras en 2004 contábamos dos millones doscientos mil parados, en 2018 ya ascendían a tres millones trescientos mil. Más producción con las mismas horas, semejante jornada para los ocupados[12] a tiempo completo y un millón de parados a mayores. Sin duda la proliferación de empleo a tiempo parcial (con frecuencia femenino) permite reducir esta contradicción, aunque no deja de ser una “solución” neoliberal y precarizante para maquillarla. Siendo así que las horas medias de trabajo en España aún están por encima de la media europea[13] y su disminución (para el conjunto de los trabajadores) se asocia a un creciente empleo femenino a tiempo parcial[14].

En un estudio reciente[15], sobre la productividad del trabajo en España en los últimos treinta y cinco años las conclusiones son similares, a la luz del gráfico que reproducimos de su página 71, con una permanente tendencia al alza de este indicador, siempre en relación a las horas trabajadas.

Una tendencia creciente de la productividad del trabajo que contrasta con la decreciente que los mismos autores certifican, en la página siguiente de dicha publicación, en relación a la productividad del capital derivada de los esfuerzos inversores de las empresas[16]. Con lo que, concluyen: “las mejoras de productividad del trabajo no garantizan por sí solas que haya mejoras en la productividad total pues podrían verse compensadas por el retroceso en la productividad de los capitales”.

De lo que hasta aquí revisado y evaluado sobre la evolución de la productividad en España no se deriva ninguna línea roja para mejorar los salarios reales de los trabajadores y para, al mismo tiempo, poder reducir su jornada laboral. Menos aún en los sectores más intensivos en capital tecnológico y automatización. Y, sin embargo, el lector encontrará con mucha frecuencia afirmaciones sobre  que cualquiera de esas medidas es una amenaza para la mejora de la productividad y, por ello, para la competitividad de nuestra economía y al potencial exportador y de crecimiento de la misma[17].

Es el caso reciente del Gobernador del Banco de España cuando después de reconocer que la ligera reducción de la jornada media de todos los ocupados tiene no poco que ver con el creciente empleo a tiempo parcial, reconoce preferir[18] esta tendencia a “la posibilidad de efectuar una reducción de la jornada laboral legal”. Lo que supone reforzar una subordinación selectiva de los trabajadores (sobre todo mujeres a tiempo parcial) a los empresarios, en vez de traducir la creciente productividad en una menor jornada a tiempo completo. Esa mayor subordinación se nombra, en  argot neoliberal, como adecuarse a “las preferencias de los trabajadores”. Una subordinación también refuerza proponiendo un mayor control de los perceptores de subsidios de desempleo para no “limitar los incentivos de los desempleados a la búsqueda de empleo”. Sin comentarios

Es obvio que no estamos ante un planteamiento científico ni objetivo, sino ante un conflicto de intereses en el que unos pocos quieren seguir llenandose el bolsillo a costa de la creciente subordinación laboral de los muchos, que deben sacrificarse sin reducir su jornada laboral para que la “productividad” goce de buena salud[19]. Aunque la tal “productividad” esté en realidad lastrada por una capitalización insuficiente en muchos sectores económicos, así como por una especialización del empleo en sectores con una creciente cuota del mismo (femenino, de extranjeros, en servicios) a tiempo parcial.

En el trasfondo de estas recomendaciones de los consejeros de la productividad, cuando descalifican la reducción de la jornada laboral o las mejoras salariales como una amenaza para la misma, subyace una posición de clase social. Pues aunque reconocen que los factores determinantes para su mejora son las innovaciones tecnológicas, la aplicación del conocimiento (lo que llaman capital humano), las mejoras en las infraestructuras colectivas o el capital social e institucional, asumen  que esos logros deben ser apropiados por las rentas empresariales, y -en parte- para la acumulación capitalista (la inversión) en favor del crecimiento económico. No para reducir la jornada o mejorar los salarios que según ellos, a diferencia de aquella apropiación, empeorarían la productividad y la competitividad[20]. Siendo así, como sostenían hace más de cuarenta años los citados Sweezy y Magdoff refiriéndose a la productividad que “lo que en realidad no es más que un crudo fetiche se ha convertido en una de las armas más potentes en la lucha del capital contra los trabajadores”.

Esos consejeros además suponen que las mejoras de la productividad son sobre todo mérito de la lógica del capital y no del trabajo, lo que pareciera deducirse -paradójicamente- del que seamos capaces de producir cada vez más riqueza social con menos horas de trabajo humano agregado. Un conflicto de intereses y una lucha en los que los pocos quieren seguir ganando y engordando por goleada (Warren Buffett dixit) como viene a todas luces sucediendo desde los años 70 del pasado siglo.

Son argumentos ideológicos de fondo (tras el fetiche de la productividad) que de nuevo proliferan en recientes ensayos de perfil neoliberal[21] -como los de Fukuyama (1992, 2022), Pinker (2022) o Shafik (2022)- que, junto a la abducción neoliberal de la nueva socialdemocracia, intento desmontar en mi reciente ensayo[22]Sociedad de mercado o sociedad decente”."               (Albino Prada  , Sin Permiso, 12/03/2024, gráficos en el original)

6.3.24

El debate de los horarios nocturnos de los restaurantes abierto por Yolanda Diaz es una oportunidad para mantener una conversación pública serena sobre el modelo de sociedad que queremos... No hay nada que impida hacer compatibles el derecho al ocio de la ciudadanía con el derecho al descanso de las personas trabajadoras... otras sociedades lo hacen. El argumento de que “Spain is diferent” no vale... Ahora el derecho a ocio aparece como valor absoluto y por encima de cualquier derecho a la conciliación de las personas que trabajan en restaurantes... La derecha se ha apropiado de la bandera de la libertad, la libertad de mercado, la libertad de los deseos propios como valores absolutos por encima de las otras personas y la comunidad... Ha llegado el momento de plantar cara a esa libertad del “individuo tirano” de Ayuso y Aznar. Eso requiere asumir riesgos políticos, pero sobre todo dar la batalla ideológica para construir otro imaginario en que libertad y comunidad no sean incompatibles (Coscubiela)

J.Coscu @jcoscu

1/10 El debate de los horarios nocturnos de los restaurantes abierto por
@Yolanda_Diaz_ ha suscitado controversias que no deberíamos despachar alegre o frívolamente. Es una oportunidad para mantener una conversación pública serena sobre el modelo de sociedad que queremos. 

2/10 Confrontar el derecho al ocio de la ciudadanía con el derecho al descanso de las personas trabajadoras, puede ser rentable para Ayuso, pero es simplista. No hay nada que impida hacerlos compatibles. Otras sociedades lo hacen. El argumento de que “Spain is diferent” no vale.

 3/10 En nuestra sociedad, la conversación pública es muy farisaica. Nos llenamos la boca de conciliación, de conciliar trabajo con vida y cuando alguien suscita una reflexión o una propuesta para avanzar en ello, se destapa la caja de los truenos y de los intereses.

 4/10 Avanzar el final de los horarios laborales para mejorar nuestra calidad de vida es compatible con mantener actividades de ocio. Para que sea útil y aceptable para los diferentes intereses en juego debería ser un ajuste de todos los horarios y sectores no solo de algunos.

 5/10 Existen experiencias en diferentes países, también en España, sobre cómo generar amplios acuerdos sociales. Se hacen bajo el paraguas de programas de “Uso del tiempo”. La premisa es que el tiempo es un derecho de ciudadanía. Existen proyectos locales muy interesantes.

 6/10 Como sucede a menudo, Ayuso ha aprovechado para lanzar su guerra cultural. Y este es quizás el aspecto más preocupante. Una vez más se dibuja un escenario social en el que solo priman los deseos de unos, por encima de los derechos. Y un concepto de libertad absolutista.

 7/10 Para Ayuso, como para Aznar, el derecho a fumar donde se quiera prima sobre el derecho del resto de la ciudadanía a no enfermar con tabaco ajeno. El derecho a conducir después de beber sin límite prima sobre la seguridad vial. Y así todo

 8/10 Ahora el derecho a ocio aparece como valor absoluto y por encima de cualquier derecho a la conciliación de las personas que trabajan en restaurantes. Son derechos que se puede hacer compatibles. Lo que no es viable es la concepción de “libertad sin comunidad” de la derecha

9/10 Este es quizás el aspecto más importante de la polémica. La derecha se ha apropiado de la bandera de la libertad, la libertad de mercado, la libertad de los deseos propios como valores absolutos por encima de las otras personas y la comunidad.

10/10 Ha llegado el momento de plantar cara a esa libertad del “individuo tirano” de Ayuso y Aznar. Eso requiere asumir riesgos políticos, pero sobre todo dar la batalla ideológica para construir otro imaginario en que libertad y comunidad no sean incompatibles.

7:23 a. m. · 6 mar. 2024 17 mil Reproducciones