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26.8.21

POLITICO: España: El portador de la antorcha socialista de Europa. La política económica de Pedro Sánchez es un modelo para la izquierda europea. Al rechazar la austeridad, la izquierda no sólo ha mantenido su base de votos y su crucial inversión social, sino que también ha evitado el ascenso de un partido verde competidor... los salarios han aumentado para casi 240.000 personas y se está ayudando a las empresas españolas a realizar inversiones estratégicas, tecnológicas y operativas a largo plazo, que de otro modo no podrían permitirse

 "En la política europea se tiene la impresión de que la socialdemocracia está prácticamente muerta. En Francia, el otrora triunfante y poderoso Partido Socialista prácticamente ha desaparecido. En Alemania, después de haber llegado a gobernar con la conservadora Unión Demócrata Cristiana, el Partido Socialdemócrata corre el riesgo de ser desplazado por los Verdes como principal partido de la izquierda. Pero en España, la historia es diferente.

Desde que llegó al poder, el Partido Socialista Obrero Español de Pedro Sánchez ha superado lo que ha sido un reto casi universal para los socialdemócratas europeos: evitar la desconexión con los trabajadores.

Sánchez llegó al poder en junio de 2018 tras forzar una moción de censura que destituyó al presidente del gobierno conservador Mariano Rajoy. Sacudida por los escándalos de corrupción y el separatismo catalán, España había llegado a un estancamiento político y a una crisis institucional sin precedentes, ya que el enfoque de la derecha para gobernar había dejado al país sufriendo una de las peores desigualdades de riqueza de Europa.

Sánchez consiguió formar una coalición con el partido de izquierdas Podemos, que fue apoyado en el parlamento por pequeños partidos, incluido un partido independentista catalán. Con estos partidos de protesta -que anteriormente buscaban trabajar fuera del marco constitucional de España- ahora capaces de entrar constructivamente en el gobierno, los socialistas se convirtieron en el partido del compromiso democrático, y en el único recurso para aquellos que buscaban un retorno a la calma social.

Al rechazar la austeridad desde el principio, Sánchez ha mantenido al partido conectado con los trabajadores, las mujeres y los votantes de fuera de los grandes centros urbanos. Mientras tanto, su gobierno ha priorizado más fondos en áreas como la sanidad, la educación y la igualdad salarial, y ha insistido en que todas las políticas cumplan con las normas y objetivos ecológicos. Así, la izquierda no sólo ha mantenido su base de votos y su crucial inversión social, sino que también ha evitado el ascenso de un partido verde competidor.

Con la pandemia del COVID-19, hay un creciente consenso internacional de que la desigualdad de ingresos y la falta de inversión social socavan las economías. Y Sánchez se ha propuesto hacer frente a la desigualdad en España invirtiendo en el desarrollo económico español para salir de la crisis, pidiendo también lo que comparó con un moderno Fondo Marshall para la UE.

Su gobierno utilizó su propio presupuesto de respuesta COVID para disminuir la pobreza, siendo la mayoría de los afectados positivos las mujeres. También ha subido el salario mínimo un 29% desde 2018, ha aprobado una ley para dar contratos indefinidos a muchos trabajadores temporales de la Administración y, con su "Ley Riders", ha ampliado los derechos laborales plenos a los trabajadores de la economía gig, llegando a asegurar que tienen acceso a entender los algoritmos que controlan su trabajo y sus salarios. Como resultado, los salarios han aumentado para casi 240.000 personas.

Al mismo tiempo, el gobierno también pretende ayudar a las pequeñas y medianas empresas, que representan el 70% de todo el empleo. Las empresas más pequeñas a veces tienen dificultades para adoptar la tecnología para seguir siendo competitivas y hacer la transición a modelos más sostenibles. Ayudar a estas empresas a crecer, con 465.000 millones de euros destinados a ayudar a modernizar 1,5 millones de empresas con la transformación digital, es hacer una economía moderna y progresista.

El Gobierno también se está centrando en apoyar el emprendimiento mediante la flexibilización de las leyes de quiebra y la reducción de la burocracia. En otras palabras, Sánchez está ayudando a las empresas españolas a realizar inversiones estratégicas, tecnológicas y operativas a largo plazo, que de otro modo no podrían permitirse.

El economista sueco Gunnar Myrdal ganó el Premio Nobel en 1974 por demostrar que los mercados suelen dejar fuera a grandes sectores de la población, lo que significa que para que los mercados funcionen, las sociedades tienen que eliminar las barreras de entrada. En España, esto ha tomado la forma de proporcionar dinero a los pobres, eliminando regulaciones gravosas para las pequeñas empresas y restaurando la estabilidad social en Cataluña.

Hasta ahora, los planes de Sánchez parecen estar funcionando. La previsión de crecimiento de España para 2022 es la más alta de la UE, y el país es actualmente uno de los líderes mundiales en tasas de vacunación contra el COVID.

En medio de todo lo que se dice sobre el declive de la socialdemocracia europea, bajo Sánchez, la izquierda española es un éxito. Los progresistas europeos deberían mirar más de cerca. A medida que el consenso económico pasa de la austeridad a la inversión social, los logros del partido proporcionan un modelo para que los partidos socialdemócratas de toda Europa renueven su compromiso con los votantes trabajadores, contrarresten las políticas nacionalistas y populistas y vuelvan a poner el progreso en la agenda europea." 
               

(Jacob Soll es profesor universitario y catedrático de filosofía, historia y contabilidad en el Dornsife College de la Universidad del Sur de California. Es autor de "The Reckoning: Financial Accountability and the Rise and Fall of Nations". POLITICO, 25/08/21; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

27.11.19

La política económica del Laborismo

"Sea el que sea el gobierno que se forme en el Reino Unido después de las elecciones del 12 de diciembre, se enfrenta a un inmenso desafío. La economía británica está hecha un desastre y su sociedad está completamente dividida.

Después de diez años de políticas de austeridad bajo gobiernos conservadores / liberal-demócratas, los servicios públicos y los beneficios del estado de bienestar se han reducido hasta la médula. ¡La pensión estatal británica es la más baja de Europa! La sanidad pública, el NHS, después de haber sido vaciado a golpe de subcontrataciones y privatizaciones de servicios,  y asfixiado financieramente, está de rodillas. 

La atención social a ancianos y enfermos ha sido diezmada y / o es terriblemente costosa. El tamaño de las aulas escolares es mayor que nunca, las universidades están en bancarrota y los estudiantes acumulan enormes deudas. 

La escasez de viviendas es tan grave que los jóvenes se ven obligados a vivir en casa de sus padres o en alojamiento de alquiler privados, abarrotados e inadecuados. El transporte es una pesadilla cara: los precios del ferrocarril, la energía y el combustible se encuentran entre los más altos de Europa.

La desigualdad de riqueza e ingresos es tan alta como en la década de 1930. Mientras que Gran Bretaña se jacta de tener 135 mil millonarios, 14 millones de británicos están oficialmente clasificados como pobres y 4 millones de niños viven en la pobreza. (...)

Millones trabajan como autónomos mal remunerados en la nueva ‘gig’ economía, y un millón de personas trabajan con contratos precarios por debajo del salario mínimo oficial; mientras que los discapacitados y enfermos se ven obligados a trabajar con salarios bajos porque se les eliminan los beneficios.

Todo esto mientras la gente en Gran Bretaña se divide sobre si es mejor abandonar la Unión Europea o no; si Escocia e Irlanda del Norte deberían romper con la Unión; y si la inmigración es buena o mala para la economía y la sociedad.

Más importante aun, en el frente económico, el crecimiento de la producción nacional de 
Gran Bretaña se está desacelerando aunque la población crece, lo que hace cada vez más difícil proporcionar los recursos para enfrentar estos desafíos. El crecimiento económico de Gran Bretaña está desapareciendo rápidamente.  (...)

Esto se debe a que la inversión de las grandes empresas se está contrayendo, en parte debido a la incertidumbre de lo que sucederá después del Brexit y en parte porque los inversores nacionales y extranjeros ya no esperan un gran retorno de su inversión en Gran Bretaña. Con la caída de la inversión viene un bajo crecimiento de lo que cada trabajador en Gran Bretaña puede producir. Y el bajo crecimiento de la productividad significa un bajo crecimiento económico permanente. (...)

El capitalismo británico es una "economía rentista", concentrada en servicios financieros, inmobiliarios y comerciales, más que cualquier otra economía importante. Después de haber ayudado a desencadenar el colapso financiero mundial y la Gran Depresión en 2008-2009, la ciudad de Londres no ha hecho nada desde entonces para apoyar a las empresas del Reino Unido, especialmente las más pequeñas. Los préstamos a pequeñas empresas han caído. En cambio, los préstamos bancarios se han volcado en bienes raíces. 

Así que, ¿qué hacer? El manifiesto electoral del Partido Laborista del Reino Unido asume el desafío. La cuestión subyacente clave de la que todo depende es encontrar la manera de aumentar la inversión en proyectos que mejoren la productividad y en una fuerza laboral mejor capacitada y cualificada, con trabajo decente y salarios que permitan vivir dignamente. En este sentido, los laboristas están haciendo serios intentos para revertir el declive de la industria británica.

Primero, buscan lanzar un New Deal verde que redirija recursos de las actividades improductivas y, en cambio, sirvan para frenar la aceleración del calentamiento global invirtiendo en proyectos de energía renovable que faciliten cientos de miles de trabajos que permitan especializarse en proyectos ecológicos.

En segundo lugar, buscan recuperar la propiedad pública de las compañías clave de energía y agua, poniendo fin a la estafa del público por parte de los actuales monopolios privados. El transporte ferroviario y en autobús también volverá a ser público, terminando así con la derrochadora anarquía de las rutas franquiciadas y unos servicios de autobuses locales ineficientes y costosos. 
Y los laboristas prometen ofrecer Internet de banda ancha súper rápido y gratuito a cada hogar dentro de diez años, a la mitad del coste del sector privado, al hacerse cargo del departamento de banda ancha de BT. Y Royal Mail volvería a ser la propiedad pública. Las compañías más grandes tendrán que repartir a sus trabajadores acciones de la compañía con derechos de representación en sus directorios. Y se restablecerían los derechos de negociación colectiva, revirtiendo las leyes antisindicales de Thatcher. Estas medidas proporcionarían un nuevo impulso para la inversión y el empleo.

Y tercero, los laboristas ampliarían la inversión pública para compensar la falta de inversión de las empresas privadas. El Partido Laborista crearía una Junta de Inversión Estratégica para coordinar I + D, servicios comerciales y flujos de información. Establecería un banco de inversión estatal para invertir £ 25 mil millones al año en proyectos e infraestructura. Introduciría un nuevo servicio bancario para pequeñas empresas basado en las oficinas de correos.

¿Cómo se pagará todo esto? En las condiciones existentes, el Partido Laborista planea aumentar los impuestos de IRPF al 5% más rico (es decir, más de £ 80,000 al año); y quiere recuperar los impuestos que actualmente no pagan las grandes empresas y los ricos a través de paraísos fiscales y la evasión, ¡que se estima en unos 25 mil millones de dólares al año! Los laboristas estarían dispuestos a aumentar la deuda del gobierno para financiar más gastos en salud, educación y algunos de los proyectos a más largo plazo. 

Dado que las tasas de interés están en su punto más bajo en 60 años, el coste de esta nueva deuda supondría poco a los costes del presupuesto anual. Además, las inversiones planificadas deberían generar mayor productividad y crecimiento y, por lo tanto, más ingresos fiscales. Se estima que el coste de nacionalizar la energía, los ferrocarriles, el agua y las telecomunicaciones se cubriría con los ingresos de estos sectores dentro de siete años.

Contrariamente a la reacción de los medios, esto no supondría que el Reino Unido tuviera el mayor gasto público de las principales economías. Como demuestra la Fundación Resolución, elevaría el tamaño del gasto público como parte del gasto anual total a alrededor del 45% del PIB, en el rango medio de las economías de la OCDE.

Como dice Simon Wren-Lewis, en un artículo bastante explicativo, "otra forma de decirlo es que el Reino Unido se acercará más al promedio europeo y se distanciará del nivel de EEUU / Canadá".

¿Puede funcionar este plan para convertir a Gran Bretaña en una sociedad más próspera, más igualitaria y más unida? Mucho depende de tres cosas. 

Primero, ¿bastará un banco estatal y una junta de inversión para reconvertir la economía rentista de Gran Bretaña y reorientarla hacia áreas más productivas para el empleo? El Partido Laborista no propone nacionalizar y controlar los cinco grandes bancos o las principales compañías de seguros y fondos de pensiones

Sin embargo, estos continuarán proporcionando la mayor parte de los posibles fondos de inversión (alrededor del 15% del PIB en comparación con el 4% del estado, en el mejor de los casos). Eso debilitará la capacidad de un gobierno laborista para ofrecer mejoras reales en inversiones, servicios e ingresos. La reforma fiscal y otras medidas laboristas para redistribuir los ingresos y la riqueza de los súper ricos al resto también son muy limitados. 

De hecho, aunque el Partido Laborista planea aumentar el gasto en el NHS un 4% anual, sigue siendo menos que bajo el gobierno de Blair y apenas es suficiente para satisfacer las necesidades de una población que envejece rápidamente. Las medidas laboristas solo harían una pequeña mella en los niveles extremos de desigualdad.

En segundo lugar, está la reacción inevitable de las grandes empresas y los medios de comunicación. Harán lo imposible para bloquear y revertir los planes laboristas y aprovecharán cualquier señal de fracaso para ello. Por lo tanto, existe un grave riesgo de que los planes relativamente modestos del Partido Laborista para reequilibrar la riqueza y el poder dentro del país puedan fracasar 

Las grandes empresas y los ricos ya han amenazado con llevarse su inversión y dinero a otra parte y la llegada al poder de un gobierno laborista radical puede provocar lo que se llama una 'fuga de capitales', provocando una caída del valor de la libra y elevando las tasas de interés. El Partido Laborista quizás tenga que tomar medidas más drásticas como controles de capital. Pero sin el control de los principales bancos, la moneda estaría amenazada por este terrorismo financiero.

Y tercero, y más importante, es la alta probabilidad de una nueva caída mundial de la producción, la inversión y el empleo. Han pasado diez años desde el final de la Gran Recesión, la mayor depresión mundial desde la década de 1930.

 Se avecina una nueva recesión, ya que las principales economías se están desacelerando significativamente y la guerra comercial y tecnológica entre Estados Unidos y China se está intensificando, destruyendo el crecimiento del comercio mundial. Para el año próximo, el nuevo gobierno británico podría enfrentarse a la quiebra de empresas británicas, el despido de trabajadores y una huelga de inversiones.

La única forma de reducirse el impacto de semejante recesión sería que los laboristas tomaran el control de lo que solía llamarse “los puestos de mando de la economía": los bancos, las compañías de seguros, los fondos de pensiones y las compañías estratégicas manufactureras clave en Gran Bretaña, la energía y otros sectores productivos. Solo entonces sería posible un plan nacional de inversión y empleo y para combatir el cambio climático, porque no dependería de la inversión capitalista. 

Las políticas económicas actuales del Partido Laborista se quedan muy cortas. En cambio, los líderes y asesores del Partido Laborista descartan de antemano medidas tan drásticas porque piensan que no serán necesarias y, en cambio, que "un capitalismo regulado y administrado" aún puede satisfacer las necesidades de los británicos. La historia nos dice lo contrario."                     (Michael Roberts , Sin Permiso, 23/11/19

31.10.19

El camino del laborismo a la reducción de jornada El partido se compromete a conseguir 32 horas semanales para los trabajadores a tiempo completo en el plazo de una década y sin reducción salarial

"En artículos anteriores defendimos la reducción de jornada como una vía hacia la igualdad. Aunque esta propuesta había perdido protagonismo en el debate público, cada vez hay más iniciativas en este sentido. La última ha sido la del Partido Laborista del Reino Unido que, en palabras de su candidato a ministro de Economía y Hacienda (John McDonnell), se compromete a conseguir una jornada laboral semanal a tiempo completo de 32 horas en el plazo de una década y sin reducción salarial.


La estrategia laborista para conseguirlo se basa en tres puntos. En primer lugar, eliminar la posibilidad de descuelgue de la directiva europea sobre el tiempo de trabajo, la cual incluye elementos básicos como el límite de 48 horas de trabajo semanal (incluyendo horas extraordinarias), un período mínimo de descanso diario de 11 horas consecutivas cada 24 horas y de 24 horas de descanso semanal, el derecho a pausa en las jornadas superiores a las 6 horas o al menos cuatro semanas de vacaciones anuales retribuidas. A ello se suma la promesa de añadir cuatro días festivos más al calendario laboral.

En segundo lugar, proponen reforzar la negociación colectiva sectorial, derogando la Ley de Sindicatos (Trade Union Act), e incluir en las negociaciones sobre los convenios colectivos las horas de trabajo, de tal forma que estas se incluyan en los acuerdos sectoriales legalmente vinculantes pero dando autonomía a empleadores y sindicatos para encontrar las fórmulas de reducción de jornada que mejor se adaptan a cada sector.


Por último, proponen crear una Comisión del Tiempo de Trabajo (Working Time Commission) con la capacidad de analizar la situación del mercado laboral y proponer medidas legales para conseguir la reducción de jornada sin incrementar el desempleo.


Este plan se enmarca dentro de un programa más amplio de medidas para abordar la precariedad laboral. Entre ellas se encuentra la prohibición de los contratos de cero-horas, en los que los empleadores no se comprometen a garantizar ningún número de horas a la semana mientras que los empleados tienen que estar disponibles para trabajar. De esta forma se pretende reequilibrar el tiempo de trabajo entre los que se encuentran sobreempleados (largas jornadas) y los que se encuentran subempleados (contratos a tiempo parcial involuntario).


Junto con otras como equipar los derechos de todos los tipos de contratos, elevar el salario mínimo interprofesional para todos los trabajadores mayores de 18 años al nivel mínimo para garantizar que los trabajadores cubren todas sus necesidades básicas (al menos 10 libras por hora para 2020). Incrementar la prestación de los permisos de paternidad y ampliarlos hasta cuatro semanas o reforzar la protección frente al despido improcedente de las mujeres, así como la ampliación de los servicios públicos universales (Universal Basic Services) mediante un fuerte programa de inversiones."                     (Luis Cárdenas del Rey, CTXT, 09/10/19)

8.6.17

Manifiesto de profesores universitarios por Corbyn: El Reino Unido necesita de forma urgente un gobierno como el laborista, comprometido con la construcción de una economía que trabaje “para la mayoría, no para unos pocos”

"El 8 de junio los votantes acudirán a las urnas para participar en las elecciones generales quizá más importantes para el Reino Unido desde 1945. Su importancia se deriva, en gran parte, de las profundas diferencias con respecto a la política económica, que reflejan visiones diferentes de la naturaleza y la salud de la economía británica.

El manifiesto conservador propone continuar con la austeridad, que tiende a ralentizar la economía en esta decisiva tesitura, enmarcada en las negociaciones del brexit. Los recortes de gasto han perjudicado a las personas más indefensas y no consiguieron lograr sus objetivos previstos de reducción de deuda y déficit.

Por el contrario, las propuestas del programa laborista están mucho mejor diseñadas para reforzar y desarrollar la economía, garantizar que los beneficios se distribuyan de manera más justa y sostenible, y además son fiscalmente responsables y están basados en sólidos cálculos.

Nos referimos al incremento propuesto de la inversión en el futuro del Reino Unido y su gente, con políticas del mercado laboral enfocadas a reducir la desigualdad y proteger a los que menos cobran y a los que están en trabajos inseguros, y con cambios justos y progresivos en el sistema tributario.

El Reino Unido carece de futuro si continúa esta carrera a la baja, que solo servirá para incrementar la desigualdad social y económica y deteriorar aún más nuestro tejido social. En cambio, el Reino Unido necesita de forma urgente un gobierno como el laborista, comprometido con la construcción de una economía que trabaje “para la mayoría, no para unos pocos”."              (Este manifiesto se publicó en The Guardian. ,  Ann Pettifor / James K. Galbraith y 120 firmas más, CTXT, 06/06/17)

7.6.17

El programa del Partido Laborista inglés es extremadamente popular. Se basa en tres ejes: nacionalizar las principales empresas de servicios públicos, reformar las condiciones laborales degradadas y construir una economía social

"El Partido Laborista nunca ha sido un partido socialista, pero siempre ha tenido socialistas, y por primera vez están en el asiento del conductor. Esto se ha reflejado en el manifiesto-programa del partido de 2017.

 Con el título “For the Many, Not the Few” (Para la Mayoría, No la Minoría)*, representa el máximo logro del corbynismo hasta la fecha y ofrece al pueblo británico la primera oportunidad en una generación de votar por políticas que significarían un cambio fundamental hacia la izquierda.
 
Aunque moderadas en el lenguaje, las propuestas programáticas son radicales; basándose en las promesas de las dos campañas de primarias de Jeremy Corbyn, sostiene una visión que pondría fin a la era de la austeridad y daría forma a un nuevo marco económico, que acercaría la riqueza y el poder del capital a los trabajadores.

Todo indica que este programa es extremadamente popular. La semana en la que se lanzó el manifiesto completo de 128 páginas, se convirtió en viral en la red, compartido decenas de miles de veces. Fue mucho mejor recibido que el equivalente conservador y ha catapultado al Partido Laborista en algunas encuestas a cinco puntos del partido gobernante. (...)

El manifiesto tiene tres ejes fundamentales: nacionalizar las principales empresas de servicios públicos cuya privatización ha aumentado el coste de la vida; reformar las condiciones laborales, deteniendo el proceso de degradación en términos y condiciones; y construir una economía social en la que los elementos básicos necesarios para vivir una vida digna - desde la educación y la vivienda hasta la asistencia social y las ayudas sociales - mejoren y, en muchos casos, sean de libre acceso.

El Partido Laborista propone revertir en propiedad pública no sólo el ferrocarril sino también el servicio postal, la energía y el suministro de agua. Aumentaría el salario mínimo a diez libras por hora, aboliría los contratos de cero horas, prohibiría las prácticas no remunerados, otorgaría a la gente autónoma los mismos derechos que a las personas empleadas y otorgaría a los sindicato el derecho de acceder a los centros de trabajo.

Bajo el gobierno laborista se construirían un millón de viviendas, la mitad de ellas de propiedad pública. Se introducirían controles de alquiler. Los gastos de matrícula de las universidades serían desechados, habría guardería gratis a partir los dos años, comedores escolares gratuitos durante la etapa de primaria y un servicio de educación nacional que invertiría 6 300 millones de libras en mejorar las escuelas.

 El Servicio Nacional de Salud sería renacionalizado, eliminando los servicios privatizados, y los hospitales ya no cobrarían por el aparcamiento de coches. Las personas mayores tendrían garantizada la pensión y se invertirían dos mil millones de libras en atención social. Se invertirían los recortes en bienestar.

Para lograr este programa de transformación social, el manifiesto vuelve al viejo principio de la tradición laboralista y socialdemócrata: la redistribución de la riqueza. Los 52 500 millones de libras  esterlinas necesarios para financiarlo vendrían de los impuestos sobre las empresas y de quienes ganan más de 80 000 libras al año, así como de propuestas como una campaña contra la evasión fiscal y el fraude, el impuesto Robin Hood sobre las instituciones financieras y un impuesto sobre las tasas de la escuela privada.

 La gran mayoría de la gente británica se beneficiaría de un programa pagado por el 5 % que más gana. De la minoría para la mayoría. (...)

Si el Brexit apareció como un vago y contradictorio llamamiento a "retomar el control", el programa del Partido Laborista es el camino para lograrlo, recuperando una alternativa enterrada por el Thatcherismo. 

Se inspira en el aspecto más radical de la política socialdemócrata, la desmercantalización, y apunta a sacar del mercado los productos básicos de la vida cotidiana, haciéndolos públicos, universales y libres en el punto de acceso.

Al hacerlo, el programa del partido reduciría radicalmente el costo de vida, poniendo a la gente trabajadora bajo menos presión para ceder a la exigencia de sus jefes de trabajar más tiempo por menos salario.  (...)

Una encuesta reciente de ComRes muestra que el 52 por ciento del electorado está a favor de la renacionalización de los ferrocarriles de Gran Bretaña, con sólo 22 por ciento en contra. La misma encuesta muestra el apoyo de exactamente la mitad del electorado para que la Royal Mail (correos) vuelva a ser de propiedad pública. Otro 71 por ciento apoyaban que los contratos de hora cero sean ilegales, y el 64 por ciento apoya la petición del Partido Laborista de aumentar el impuesto sobre la renta para los que ganan más de 80 000 libras al año. 

 La única medida encuestada por ComRes que no contaba con el apoyo de una mayoría absoluta era la promesa de publificar la industria energética, pero aun así la propuesta gozaba de un 49 por ciento de apoyo y solo un 24 por ciento en contra.  (...)

Finalmente, si el Partido Laborista es derrotado en las elecciones, la derecha del partido argumentará, sin dilación, que fue porque el liderazgo de Corbyn ha sido demasiado izquierdista. Pero ahora sabemos que esto no es cierto. La inmensa mayoría del país apoya las políticas de izquierda, es la derecha laborista y sus aliados en la élite política, empresarial y mediática los que están en minoría.(...)"                    (Max Shanly/ Roman Burtenshaw, Viento Sur, 06/06/17)

10.10.16

Olof Palme, en 1984, repartió una parte del capital de nueva creación de las empresas suecas entre los trabajadores suecos, bajo una gestión colectiva. Una solución... ahora

"¿Cuáles es el principal reto que hoy deben afrontar las fuerzas políticas progresistas si quieren recuperar la hegemonía cultural perdida hace décadas? (...)

La democratización de la economía es la cuestión nuclear para consolidar sociedades ricas e igualitarias, desde el cálculo privado sobre beneficios y pérdidas es imposible lograr una sociedad de pleno empleo con altos grados de equidad social. 

Construir esas “utopías cercanas” exige que las decisiones sobre el destino de la inversión pública, y de una parte sustancial de la inversión privada, se tomen teniendo en cuenta los intereses de la mayoría de la población. Por eso los consejos de administración de las empresas tienen que ir pareciéndose al resto de instituciones democráticas de la sociedad, donde los intereses y opiniones de todos están representados. No al revés.(...) 

Desde el cálculo privado sobre beneficios y pérdidas es imposible lograr una sociedad de pleno empleo con equidad social. El país del mundo donde más se avanzó en la democratización de la economía fue en la Suecia de los años ochenta. 

La socialdemocracia sueca consideraba que el camino para transformar la sociedad capitalista no era una extensa nacionalización de la propiedad de gran parte de los medios de producción, centralizando en el Estado la gestión de la actividad económica, por ello plantearon la creación de un espacio intermedio entre el capital individual y el capital público: el capital colectivo, lo que ellos denominaron Fondos de Inversión Colectivos de los Trabajadores.

La ley que el gobierno sueco de Olof Palme aprobó en 1984 repartía una parte del capital de nueva creación de las empresas suecas entre los trabajadores suecas pero bajo una gestión colectiva. Estos Fondos ofrecieron un innovador marco de relaciones laborales en el que los trabajadores paulatinamente se fueron convirtiendo en accionistas de sus propias empresas. 

En 1991 el volumen total que habían alcanzado estos Fondos era de 2.000 millones de euros, un 7% del valor total de las acciones cotizadas en la Bolsa sueca.

Lo interesante de la original experiencia sueca, además de su tranquila gradualidad, es que fue capaz de hacer compatible un profundo reparto de la riqueza en términos colectivos con el incremento de la riqueza individual. 

Ello tuvo positivos efectos en el conjunto de la sociedad, en los siete años en los que estos Fondos estuvieron vigentes el PIB per cápita de Suecia, según datos del Banco Mundial, se multiplicó dos veces y media, pasando de 12.914 $ en 1984 a 31.374 $ en 1991.

 El PIB per cápita sueco en 1984 representaba el 75,4% del PIB per cápita estadounidense, y en 1991 ya era del 128,6%. El desempleo en Suecia en 1990 alcanzó la ridícula cifra del 1,7%.

Como bien detectaron los impulsores del proyecto, Meidner y Rehn economistas del sindicato sueco LO, el principal problema de Suecia era la excesiva acumulación del capital en muy pocas personas, lo que suponía un freno para que el propio capital fluyera hacia la financiación de actividades productivas, hacia la creación de empleo. 

Un problema que hoy se ha extendido por todo el planeta y al que la nueva socialdemocracia surgida al calor de la crisis debe enfrentarse si quiere recuperar la hegemonía cultural perdida, si quiere seguir construyendo “utopías cercanas”.                (Bruno Estrada, Economistas frente a la crisis, 13/09/16)

8.10.12

La ‘tasa Tobin’ hunde a los brokers franceses y desata el temor en España... que pena me dan

"Apenas dos meses después de la introducción en Francia de la tasa Tobin sobre las transacciones bursátiles, los agentes del mercado galo empiezan a sacar las primeras conclusiones. 

 Aunque no es fácil concretar qué parte de la caída de las cifras de contratación se deben exclusivamente a la introducción del impuesto, la compra venta de acciones ha caído en torno a un 15% según arroja la comparación con la evolución de la actividad del resto de los mercados europeos. (...)

Aunque las primeras cifras oficiales sobre el impacto de la medida no se conocerán hasta noviembre, los intermediarios bursátiles españoles están muy atentos a la evolución de las cifras. 

El temor a que España adopte la tasa Tobin a imagen y semejanza de Francia ha provocado una ofensiva de las entidades financieras y las casas de bolsa para paliar en lo posible los efectos de una hipotética aplicación el impuesto."           (El Confidencial, 08/10/2012)

20.7.12

Esto es lo que ha hecho Hollande en sus primeros 56 días...o lo que debería haber hecho

"Esto es lo que ha hecho François Hollande. Presidente Socialista de Francia (no palabras, hechos) en 56 días en el cargo:

- Ha suprimido 100% de los coches oficiales y los ha subastado; y lo recaudado se destina al Fondo de Bienestar para ser distribuido a las regiones con el mayor número de centros urbanos con los suburbios ruinosos.

- Ha hecho enviar un documento (doce líneas) a todos los organismos estatales dependientes de la administración central en el cual les comunicaba la abolición de los “vehículos de empresa” desafiando de manera provocativa e insultando a los altos funcionarios, con frases como “si un ejecutivo que gana 650.000 euros año, no puede permitirse el lujo de comprar un buen coche con sus ingresos del trabajo, quiere decir que es demasiado ambicioso, que es estúpido, o que es deshonesto.

 La nación no necesita ninguna de estas tres figuras”. Touchè. Fuera los Peugeot y los Citroen. 345 millones de euros salvados de inmediato, y trasladados a crear (apertura 15 de agosto 2012) 175 institutos de investigación científica avanzada de alta tecnología, asumiendo la contratación de 2560 jóvenes científicos desempleados “para aumentar la competitividad y la productividad de la nación”.

- Ha abolido el concepto de paraíso fiscal (definido “socialmente inmoral”) y promulgó un decreto presidencial de urgencia estableciendo un porcentaje del 75% de aumento en la tributación para todas las familias que, netos, ganan más de 5 millones de euros al año. 

Con ese dinero (manteniendo así el pacto fiscal) sin que ello afecte un euro al presupuesto, ha contratado a 59,870 licenciados desempleados, de los cuales 6.900 desde el 1 de julio de 2012, y luego otros 12.500 el 1 de septiembre como profesores en la educación pública.

- Ha privado a la Iglesia de subsidios estatales por valor de 2,3 millones de euros que financiaban exclusivos colegios privados, y ha puesto en marcha (con ese dinero) un plan para la construcción de 4.500 jardines de infancia y 3.700 escuelas primarias, iniciando un plan de recuperación la inversión en la infraestructura nacional.

- Ha establecido el “bono-cultura” presidencial, un mecanismo que permite a cualquiera pagar cero impuestos si se constituye como cooperativa y abre una librería independiente contratando al menos dos licenciados desempleados de la lista de desempleados, con el fin de ahorrar dinero del gasto público y realizar una contribución mínima al empleo y al relanzamiento de nuevas posiciones sociales.

- Ha abolido todos los subsidios gubernamentales a las revistas, fundaciones y editoriales, sustituyéndolos por comités de “emprendedores estatales” que financian acciones culturales sobre la base de la presentación de planes de negocio relacionados con estrategias de mercado avanzadas.

- Ha puesto en marcha un procedimiento muy complejo en el que ofrece a los bancos una elección (sin impuestos): Quien proporcione préstamos blandos a empresas francesas que produzcan bienes recibe beneficios fiscales, quien ofrece instrumentos financieros paga una tarifa adicional: lo tomas o lo dejas.

- Ha reducido en un 25% el sueldo de todos los funcionarios del gobierno, el 32% de todos los diputados y el 40% de todos los funcionarios estatales de alto nivel que ganan más de 800 000 € por año. 

 Con esa cantidad (alrededor de 4 millones de euros) ha establecido un fondo que ofrece garantías de bienestar a las “madres solteras” en condiciones financieras difíciles garantizándoles un salario mensual por un período de cinco años, hasta que el niño vaya a la escuela primaria, y tres años si el niño es mayor. Todo ello sin modificar el equilibrio del presupuesto.

Resultado: pero miren qué SORPRESA! El diferencial con los bonos alemanes cayó, por arte de magia. Ha llegado a 101 (el nuestro viajando por 570). La inflación no ha aumentado. La competitividad de la productividad nacional se ha incrementado en el mes de junio por primera vez en tres años. ¿Hollande es un genio de la economía?"       (Eco Republicanoi, 18/07/2012)

18.6.11

El viejo PSOE el instrumento principal, sino el único en nuestro país, para alcanzar los objetivos que proponen los 'indignados' en la Puerta del Sol

"Si analizamos el documento aprobado por la asamblea de Sol hace algunos días, vemos que al lado de cuestiones ciertamente ingenuas que muchas veces no van más allá del eslogan, de otras discutibles, y de otras a mi juício disparatadas, contiene una serie de medidas muy plausibles para mejorar la calidad de nuestra democracia, y para avanzar a una sociedad más redistributiva.

Veamos.

Uno. Eliminación de los privilegios de la clase política (de sus privilegios, no de los políticos, que sería la posición tradicional libertaria o anarquista). (...)

Dos. Medidas contra el desempleo. Discutibles tecnicamente, pero que no son tonterías.

Tres. Derecho a la vivienda, con medidas que están ahora en la agenda política, como las relacionadas con la cancelación de hipotecas.

Cuatro. Servicios públicos de calidad, con referencias a listas de espera, ratio de alumnos por aula, transporte público, ley de dependencia, y otras.

Cinco. Control de las entidades bancarias, con medidas concretas

Seis. Fiscalidad progresiva, control del fraude, tasa a las transacciones financieras internacionales, etc.

Siete. Libertades ciudadanas y democracia participativa, con propuestas como la modificación de la Ley electoral para aumentar la proporcionalidad, medidas para aumentar la independencia del Poder Judicial, garantía de democracia interna en los partidos políticos.

Yo no estoy de acuerdo con todas y cada una de las medidas que proponen, pero en su conjunto constituyen un programa reformista, un programa socialdemócrata. (...)

El viejo PSOE sigue siendo un instrumento, el principal sino el único útil en nuestro país, para alcanzar los objetivos que proponen en el Obradoiro o en Sol.

Pero tenemos que afinarlo, afinarlo con las notas que llegan de la calle, que no son otra cosa que el antiguo son, modernizado con la música electrónica e Internet, que hace más de un siglo entonaron Pablo Iglesias y sus compañeros." (FRANCISCO CERVIÑO: Socialismo y Movimiento 15-M. El País, Galicia, 08/06/2011, p. 5)

4.11.09

La traición de la socialdemocracia

"Resulta paradójico que la socialdemocracia viva el acmé de su crisis precisamente cuando más favorables son las condiciones para la critica hacia el establishment y para plantear propuestas de reformas radicales en ámbito financiero y económico, dado que está a la vista de todos o, mejor dicho, está siendo padecido y sufrido por las grandes masas, el desastre social provocado por la deriva de los privilegios sin freno y por el dominio sin control ni contrapeso del liberalismo salvaje, de los "espíritus animales" del beneficio.

Y es que la crisis provoca incertidumbre ante el futuro y el miedo empuja a las masas hacia la derecha, según se dice. Pero eso ocurre solo porque la socialdemocracia no ha sabido dar respuestas en términos de reformismo, es decir, de justicia social creciente, a la necesidad de seguridad y de "futuro" de esos millones de ciudadanos. Pongamos algún ejemplo concreto. El miedo ante el futuro adquiere fácilmente los rasgos del "otro", el inmigrante, que nos "roba" el trabajo. Pero si el inmigrante puede "robarnos" el trabajo es solo porque acepta salarios más bajos. ¿Ha intentado llevar a cabo alguna vez la socialdemocracia una política de sistemático castigo de los empresarios, grandes y pequeños, que emplean a inmigrantes con salarios más bajos y sin el resto de costosas garantías normativas obtenidas tras decenios de luchas sindicales?

Algo análogo ocurre con la deslocalización de las empresas, el fenómeno más vistoso de la globalización. El empresario alemán, o francés, o italiano, o español, al trasladar su actividad productiva hacia el tercer mundo, se lucraba con enormes beneficios explotando mano de obra con salarios ínfimos y sin tutela sindical (por no hablar de la libertad de contaminar en forma devastadora). Pero los gobiernos poseen potentes instrumentos, si así lo quieren, para "disuadir" a sus propios empresarios en su carrera hacia la deslocalización, instrumentos que la política de la Unión Europea puede hacer incluso más convincentes o reforzar en buena medida.

La socialdemocracia, por el contrario, se ha doblegado ante esta mundialización, cuando no la ha exaltado, cuando si el empresario puede pagar menos por el trabajo, deslocalizando la fábrica o pagando en negro al clandestino, se crean las condiciones para un "ejército salarial de reserva" potencialmente infinito, que irá reduciendo cada vez más los salarios, restituyendo actualidad a categorías marxistas que el estado del bienestar -y luchas de generaciones (no la espontánea evolución del mercado)- habían vuelto obsoletas. Y sin embargo la socialdemocracia está organizada nada menos que en una "Internacional", y ha gozado durante mucho tiempo en las instituciones europeas de un peso preponderante. No es por lo tanto que no pudiera hacerse una política diversa. Es que no quiso hacerse.

Los ejemplos podrían multiplicarse. La socialdemocracia ha llegado a aceptar las más "tóxicas" invenciones financieras, y no ha hecho nada concreto para acabar con los "paraísos fiscales" o el secreto bancario, instrumentos del entramado económico-mafioso a nivel internacional, con el resultado de que el poder de las mafias se extiende por toda Europa, desde Moscú a Madrid, desde Sicilia hasta el Báltico, y ni siquiera se habla de ello. Y dejemos correr el problema de los medios de comunicación, absolutamente crucial, dado que "una opinión pública bien informada" debería constituir para los ciudadanos "la corte suprema", a la que poder "apelar siempre contra las públicas injusticias, la corrupción, la indiferencia popular o los errores del gobierno", como escribía Joseph Pulitzer (¡hace ya más de un siglo!), mientras que nada han hecho las socialdemocracias por aproximarse a este irrenunciable ideal." (PAOLO FLORES D'ARCAIS: La traición de la socialdemocracia. El País, ed. Galicia, Opinión, 25/10/2009, p. 31)

26.10.09

El origen del fin, y el fin, de la socialdemocracia europea

"En Francia, la crisis comenzó a principios del año 2000 con el fracaso estrepitoso del experimento de la "izquierda plural". La aplicación de una política de recuperación económica en 1997 había sido seguida a partir de 1999 de una política de adaptación liberal contraria al programa inicial. Simbólicamente, este cambio se encarnó en la célebre frase del entonces líder socialista Lionel Jospin -"no puedo hacer nada"- en el momento en que la empresa multinacional Michelin anunció superbeneficios y, a la vez, dejaba en el paro a miles de trabajadores debido a las deslocalizaciones. Ahí es donde el Partido Socialista Francés perdió al pueblo. (...)

En segundo lugar, en todas partes de Europa occidental, los partidos socialistas no saben cómo reaccionar ante la tendencia a la "derechización" de la sociedad, que es el resultado de la inestabilidad creada por la desregularización económica y social de estos últimos años y que se encarna en una fuerte demanda de seguridad (social, económica e identitaria), y en una vuelta a los nacionalismos. Estas dos tendencias de fondo, que podemos observar en todas partes, expresan en realidad una grave crisis de identidad de la socialdemocracia: ya no tiene ningún proyecto específico. Así que la victoria del liberalismo en estos últimos 15 años no sólo ha sido económica; ha sido también y, sobre todo, ideológica y cultural.

La izquierda ya no tiene ni conceptos, ni métodos, ni visión para entender el mundo y actuar. Tiene cada vez más dificultades para diferenciarse cualitativamente de la derecha." (SAMI NAÏR: El dilema del socialismo europeo. El País, ed. Galicia, Opinión, 13/10/2009, p. 29 )