Mostrando entradas con la etiqueta b. Relaciones España- China. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta b. Relaciones España- China. Mostrar todas las entradas

7.7.26

La empresa china Gotion High-Tech, en colaboración con la eslovaca Inobat, ha presentado este miércoles su proyecto de construcción en Valladolid de dos gigafactorías pioneras destinadas a cubrir toda la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos en territorio europeo... la producción de cátodos permitirá completar la cadena de valor del vehículo eléctrico en el continente y reforzar la competitividad de la industria europea gracias a una estrategia que combinará el reciclaje de baterías con el aprovechamiento de materias primas procedentes de Marruecos... Óscar Puente ha atribuido el éxito de la operación al trabajo desarrollado durante estos años, pero también a factores como la disponibilidad de energía limpia y competitiva en Castilla y León, el ecosistema industrial de la automoción, los fondos europeos y una estrategia de colaboración con China... la implantación del grupo chino convertirá a Valladolid en uno de los grandes “hubs” europeos de la movilidad eléctrica y permitirá completar en España toda la cadena de valor de las baterías, “el corazón del vehículo eléctrico” (EFE)... o sea, reindustrialización

"Gotion presenta sus plantas de baterías de Valladolid, en las que invertirá mil millones de euros.

La empresa china Gotion High-Tech, en colaboración con la eslovaca Inobat, ha presentado este miércoles su proyecto de construcción en Valladolid de dos gigafactorías pioneras destinadas a cubrir toda la cadena de suministro de baterías para vehículos eléctricos en territorio europeo y que tendrán un valor cercano a los mil millones de euros, con mil empleos estables.

Una delegación de la tecnológica llegada de China ha expuesto, junto a los ministros de Transportes y de Industria, Óscar Puente y Jordi Hereu, respectivamente, un proyecto que ha obtenido subvenciones públicas que suman 138,21 millones de euros a cargo del PERTE VEC V de 2026.

A largo plazo

«Los peces no van solos del mar a la cesta, hay que tirar la caña. Muchos se escapan y vuelven al mar, pero no es el caso. Este pez ya está en la cesta», ha afirmado durante la presentación el ministro y exalcalde de Valladolid, Óscar Puente, en alusión al proyecto empresarial de Gotion.

El vicepresidente de Gotion, Fu Zhou, ha asegurado que tienen una «visión a largo plazo en España», de la mano de las administraciones, para convertir a este proyecto en una «referencia en Europa de la transición energética».

El complejo, que comenzará a construirse en 2027, ocupará una superficie de 700.000 metros cuadrados y se desarrollará en dos fases: una primera destinada al reciclaje de hasta 200.000 toneladas anuales de baterías y una segunda para fabricar otras 200.000 toneladas de cátodos, el componente que concentra alrededor del 60 % del valor de una batería.

La empresa prevé crear unos 2.500 empleos durante la construcción de las instalaciones y un millar de puestos de trabajo estables en la primera fase de explotación, con el objetivo de levantar una planta “con cero emisiones” y convertir Valladolid en un referente europeo de la movilidad eléctrica.

Una planta “única” en Europa

Puente ha defendido que el proyecto no consiste simplemente en construir “dos fábricas de baterías”, sino en implantar una instalación que “no existe en ningún otro lugar de Europa”.

Según ha detallado, la producción de cátodos permitirá completar la cadena de valor del vehículo eléctrico en el continente y reforzar la competitividad de la industria europea gracias a una estrategia que combinará el reciclaje de baterías con el aprovechamiento de materias primas procedentes de Marruecos.

Puente ha atribuido el éxito de la operación al trabajo desarrollado durante estos años, pero también a factores como la disponibilidad de energía limpia y competitiva en Castilla y León, el ecosistema industrial de la automoción, los fondos europeos y una estrategia de colaboración con China.

«A vosotros os toca cocinar el pez y ponerlo en la mesa», ha afirmado dirigiéndose al Ayuntamiento de Valladolid y a la Junta de Castilla y León, de quienes ha dicho no tener dudas sobre su implicación para hacer realidad el proyecto.

El Gobierno destaca la “solvencia” del proyecto

El ministro de Industria, Jordi Hereu, ha subrayado que las ayudas concedidas a Gotion responden exclusivamente a la elevada calidad técnica de una iniciativa que ha obtenido de forma definitiva 138,2 millones de euros del PERTE del Vehículo Eléctrico y Conectado.

De esa cantidad, 82,3 millones se destinarán a la planta de reciclaje y recuperación de materiales, y otros 55,9 millones a la futura fábrica de cátodos.

Hereu ha considerado que la implantación del grupo chino convertirá a Valladolid en uno de los grandes “hubs” europeos de la movilidad eléctrica y permitirá completar en España toda la cadena de valor de las baterías, “el corazón del vehículo eléctrico”.

 (EFE, 01/07/26) 

23.6.26

Los dos últimos viajes de Sánchez a China han tenido como contrapartida varios proyectos de fábricas de automóviles chinos en España... pero ahora vienen tiempos más complicados para la relación con China. La balanza comercial Unión Europea-China se está desequilibrando mucho en favor de los chinos... Habrá una reacción adversa de la UE ante la invasión de productos chinos. Habrá tensiones y esa tensión repercutirá en España... Creo que el próximo Gobierno español, sea cual sea su composición, recibirá fuertes presiones para corregir la actual política de aproximación a China. Creo que ese será uno de los ejes fundamentales de la política exterior. Sin el tema China creo que no se acaban de entender algunas cosas que están pasando actualmente en España. Cuando hay una Guerra Fría, y estamos en una Guerra Fría, acercarse al otro lado tiene sus riesgos. ¿Era consciente José Luis Rodríguez Zapatero de los riesgos que corría acercándose al otro lado en Venezuela y China? (Enric Juliana)... Washington planteó que, para la batalla en el Pacífico, necesitaba recuperar su esfera de influencia. Lo que vemos en Latinoamérica es una sucesión de gobiernos de derecha o de extrema derecha. En esa esfera de influencia, una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa... El problema es que China es una potencia inversora. Estados Unidos está exigiendo que las inversiones vayan a parar a su territorio, y buena parte del capital se dirige a la esfera financiera estadounidense en lugar de a la esfera europea para producir inversión. En la brecha entre una gran potencia que exige y otra que ofrece, aunque sea con condiciones discutibles, muchos países se acercan a la potencia que ofrece. Esa ha sido la esencia del desarrollo chino fuera de sus fronteras (Esteban Hernández)

 "El adjunto al director de 'La Vanguardia', Enric Juliana, y el periodista en 'El Confidencial' y ensayista Esteban Hernández, autores del libro 'Viaje a un Nuevo Mundo', analizan la posición internacional de España en un mundo atravesado por China, Trump, Alemania y la crisis de la socialdemocracia. "El problema es que a veces, teniendo razón, te pueden descalabrar", advierte Juliana sobre la política exterior de Pedro Sánchez y sus costes posibles.

Hay libros que ayudan a entender un momento, y otros que obligan a ordenar el desorden. Viaje a un Nuevo Mundo, de Enric Juliana y Esteban Hernández, publicado por el excelente sello Arpa –una editorial que se ha vuelto imprescindible hoy en día para el ensayo, el pensamiento crítico y el debate político–, pertenece más bien a esta segunda categoría. Durante mi conversación en Madrid, el adjunto al director de La Vanguardia y el periodista y ensayista de El Confidencial acaban haciendo una cartografía de ese cambio de época: Juliana y Hernández van de la política exterior de Pedro Sánchez a la presión de China, de la crisis alemana a Marruecos, y de la recomposición de la derecha europea al agotamiento de la socialdemocracia. "En el orden internacional se han roto muchos conceptos", advierte Juliana, antes de situar la política exterior española dentro de una tensión más amplia entre la política interna y el nuevo equilibrio global.

El diálogo gira también sobre Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Vox y el papel que puede jugar España en una Europa cada vez menos cohesionada. Hernández recuerda que "la política exterior ofrece pocos réditos en la política interna", mientras Juliana alerta de que el próximo Gobierno español se enfrentará a la política que viene: "Europa pedirá a Feijóo no incendiar Catalunya y que una fórmula portuguesa —un PP en minoría sostenido de algún modo por PSOE, PNV o sectores catalanes— podría aparecer si el PSOE queda muy debilitado". Hernández, en cambio, ve una derecha europea cada vez más convergente en inmigración, atlantismo, austeridad, defensa y energía, y cree que PP y Vox podrían encajar en ese marco. En el fondo, ambos describen un escenario en el que España ya no puede pensar su política nacional al margen del mundo: "la geopolítica no puede aislarse de la política nacional", resume Hernández.
 
  ¿Qué imagen internacional creen que tiene hoy España?

Enric Juliana (E. J.): En una reciente portada del dominical de The Guardian aparecían varios primeros ministros europeos flotando con salvavidas en el mar. España llama la atención en algunas cosas, pero no está en un foco muy permanente. Quizá en Italia, donde la izquierda reivindica a Pedro Sánchez, Meloni ha buceado en el interior de la política española para poder crear un discurso alternativo al del presidente del Gobierno español. En Francia he visto en fechas recientes algunos artículos en la prensa conservadora que dicen que España no es lo que parece y que también tiene sus problemas.

Este ensayo de política exterior semiautónoma que se está haciendo llama un poco la atención y, a la vez que llama la atención, preocupa a algunas instancias. Pensemos, por ejemplo, en la cuestión de China. Evidentemente, los alemanes no están tranquilos con esto. Y no sé si los franceses tampoco.

Esteban Hernández (E. H.): La valoración de la acción exterior española variará a medida que cambie Europa. Conforme la política europea adopte otra configuración, la posición española quedará más fuera de juego o más integrada, sobre todo porque el Gobierno español ha basado buena parte de su acción exterior en la buena relación con la Comisión.
"Conforme la política europea adopte otra configuración, la posición española quedará más fuera de juego o más integrada"
Esteban Hernández - Periodista y ensayista
También hay un papel simbólico en el plano internacional, cuya valoración depende del entorno en el que se reciba. Para los progresistas latinoamericanos, es una baza interesante; para la derecha latinoamericana, un problema que hay que superar. En todo caso, refleja tendencias de la esfera occidental que ya están presentes en España.

En tiempos de agitación, una postura interesante en un momento puede volverse complicada en otro y volver a adquirir interés más adelante. Existe, además, una tensión político-ideológica significativa orientada a restar espacio a los partidos socioliberales dentro y fuera de Europa. Es muy difícil que Sánchez se sustraiga a esa tendencia.

¿Están los dos grandes partidos políticos de España más lejos que nunca en cuanto a elementos fundamentales de la política exterior?

E. J.: En el orden internacional se han roto muchos conceptos. Lo que ha pasado en España no es ajeno a lo que está ocurriendo en la escena internacional. Si hace un año nos explican que Estados Unidos lanza una guerra y al cabo de tres meses la tiene que cerrar deprisa porque se le cae el andamiaje de las elecciones de noviembre, no nos lo creemos. Y unos que tenían que desaparecer de la faz de la tierra ahora están celebrando la victoria. Nos sentimos confusos en la asimilación de lo que está pasando.

En lo que se refiere a la política exterior española, pienso que hay un viejo principio, que citan mucho los diplomáticos, según el cual no puede haber una política exterior sólida si no hay solidez en la política interna. La política interna determina la política exterior y viceversa: si la política exterior tiene fuerza, refleja la política interior.

Pedro Sánchez ha querido jugar un papel de capitán de lo que queda de la socialdemocracia e intenta maximizar este capital político en la escena internacional sin acabar de traspasar las líneas peligrosas, pero forzando. Jugar al límite sin traspasar la línea.

E. H.: A partir de 2004 se produce una ruptura muy significativa en la política exterior española, que se corresponde con la ruptura interna. El giro hacia Estados Unidos y hacia Bush que había tejido Aznar queda interrumpido con la llegada de Zapatero al poder, y España vuelve a resituarse en el eje europeo franco-alemán. Esto perdura en la memoria de muchas instituciones, mientras se quiebra también la política interna.

Desde entonces, ya no ha sido igual. Llega la crisis, aparecen nuevos partidos, se acumula toda la agitación y resulta muy difícil construir una mirada hacia fuera, porque casi todos los partidos han mirado hacia dentro, hacia la conservación del poder nacional. Esa ha sido la prioridad fundamental hasta que Sánchez ha intentado jugar un papel autónomo de España, también en el ámbito ideológico y fuera de nuestras fronteras, como capitán de la socialdemocracia.

Pero llevamos ya más de veinte años de ruptura. Este momento, además, es especial porque la fractura ya no se da únicamente entre partidos. No solo se ha roto el consenso entre partidos, que ya era bastante inestable antes, sino que hay movimientos de fondo en el plano internacional, como vemos en Europa. Hay un desplazamiento significativo que está dejando poco espacio a los socialdemócratas. A ello se suma un deterioro institucional y político muy relevante en Occidente y también en España: el alejamiento de la ciudadanía respecto de la política, el descontento y, por tanto, la posibilidad de que surjan movimientos perturbadores frente a los consensos establecidos. Durante un tiempo tuvimos una ruptura más o menos controlada, con la aparición de nuevos partidos y consensos débiles; ahora aparece también la amenaza de la inestabilidad inherente a sociedades descontentas.
"Pedro Sánchez ha querido jugar un papel de capitán de lo que queda de la socialdemocracia"
Enric Juliana - Periodista
E. J.: Esta política autónoma, semiautónoma, presenta riesgos objetivos. Y yo la pregunta que me hago a la luz de los acontecimientos actuales es: ¿ha hecho el presidente una evaluación realista y de riesgos del mundo? Será uno de los elementos que se deberá tener en el balance del mandato. Es algo fundamental en todos los ámbitos, en la vida de las personas, de las organizaciones y de las instancias de todo tipo. 


En este sentido, ¿cuáles son los costes que están por llegar?

E. H.: Comenzaría refutando la idea de que Sánchez sigue una política plenamente autónoma. Está vinculado a corrientes políticas e ideológicas estadounidenses, aunque son las corrientes perdedoras. Hemos visto su relación con Soros y con distintas figuras del ámbito demócrata estadounidense, un espacio que ahora podría tener alguna opción de resurgir por la debilidad interna de Trump.

Sánchez no ha hecho una política en el vacío. Su orientación coincide con la de buena parte de los demócratas estadounidenses, especialmente los situados alrededor de Kamala Harris y Biden. Por tanto, las consecuencias dependerán también de los cambios en el orden estadounidense y europeo durante los próximos años. Resulta muy difícil que Estados Unidos cambie de dirección, incluso si los demócratas vuelven al Gobierno. Las transformaciones ya están en marcha y la historia reciente muestra que, cuando se consolidan, es difícil revertirlas.
"[Sánchez] está vinculado a corrientes políticas e ideológicas estadounidenses, aunque son las corrientes perdedoras"
Esteban Hernández
Sánchez, además, no está solo. Según el nivel de apoyos que tenga, las consecuencias serán unas u otras. Ese es un primer factor. El segundo es qué tipo de política harán PP y Vox si llegan al poder. Damos por descontado que ambos girarían las posiciones internacionales, y eso también tendría consecuencias para España. Si ese giro implica una integración fuerte en la tendencia dominante, esas consecuencias pueden ser mucho menos agresivas. Es un escenario muy abierto.

E. J.: Hay un aspecto concreto, pero me parece significativo de estos días. Posiblemente, cuando aparezca publicada la entrevista, solo faltará el voto en el Senado –ya se habrá votado favorablemente en el Congreso– para la ratificación del Tratado de Amistad con Francia, firmado en enero de 2023. Han pasado tres años y no ha sido ratificado por España todavía. Francia lo hizo, no sin alguna discusión parlamentaria, y en España queda rechazado porque quería incluir como novedad simbólica la posibilidad de que los ministros de ambos países puedan participar periódicamente en reuniones de los consejos de ministros del otro país.

Vox clava la bandera soberana y el PP se mueve en esa dirección. Puigdemont le quiso hacer pagar a Sánchez aquello: Sánchez quiso firmar el tratado en Barcelona y en la montaña de Montjuïc. De manera simbólica, le decía a Macron: "tengo a Barcelona a mis pies, el independentismo ha sido derrotado". Ahora imaginémonos si esto sigue bloqueado. En tal caso, se abre casi un conflicto diplomático con Francia, que es uno de nuestros principales aliados.

¿Marruecos podría ser una de las próximas consecuencias de la política autónoma o semiautónoma? Esta pregunta me la suscita la entrevista en ABC al líder del Frente Polisario.

E. J.: Permítame una ironía: creo que el líder del Frente Polisario, hace un año, ni en sueños podía imaginar que sería entrevistado por un diario como ABC. Y eso también nos da una medida de cómo están las cosas. No sé hasta qué punto Marruecos está hoy interesado en la caída abrupta de Sánchez, sinceramente. Por un motivo: porque yo creo que el Partido Popular, incluso Vox, pero sobre todo el Partido Popular, mantendrá básicamente inalterada la política relacionada con Marruecos.
"El líder del Frente Polisario, hace un año, ni en sueños podía imaginar que sería entrevistado por un diario como 'ABC'"
Enric Juliana
Es verdad que cuando te has puesto el vestido de torero frente a Rabat, pues algún pase de torero tendrías que hacer, ¿no? Marruecos es un país que está creciendo, que está adquiriendo fuerza, que tiene un aparato estatal que funciona y que sabe procesar la información; tiene mucha información. La pregunta para mí es si hoy el Gobierno de Marruecos quiere al PSOE destruido.
 
  ¿Ven una vinculación clara entre estar haciendo una política semiautónoma o autónoma y el hecho de que quien la hace considera que esto puede tener un rédito electoral para él?

E. H.: En general, la política exterior ofrece pocos réditos en la política interna. Lo relevante aquí es hasta qué punto Sánchez logra plantear estas elecciones como algo existencial, incluso para la izquierda y no solo para él. También importa en qué condiciones llega a esos comicios para defender esa postura. Si llega con la expectativa de que es posible repetir gobierno, los resultados serán unos. Si llega en un escenario en el que la derrota ya se da por descontada, el golpe puede ser revelador. Desde ese punto de vista, salvo que consiga elevar el debate a un plano existencial, una política exterior autónoma no le dará rédito interno, o le dará muy poco.

E. J.: En la Unión Europea hoy cada país tiene más prioridad nacional. El propio concepto de política autónoma es equívoco, porque viene a dar por supuesto que todos los demás están disciplinados alrededor de una única línea, y hoy en Europa vemos que no es exactamente así. Cada uno de los países europeos tiene su política exterior y esta cuestión se ha acentuado.

Alemania empieza a decir: "Alemania primero". En Francia tenemos el ejemplo reciente del fracaso del avión de combate europeo. Dicen: "Yo no puedo rebajar la presencia de mis intereses en este proyecto a partir de aquí y este ha de ser un avión de combate que se base en el Rafale francés". Hasta hace dos o tres meses la política italiana decía: "Oye, nosotros somos el puente con Estados Unidos". España lo que ha hecho es una política exterior autónoma a la izquierda, mientras que los otros la hacían a la derecha, para decirlo en términos que nos podamos entender. Y todas tienen una clave interna.

Este es el mosaico. La cuestión es cuál de estos virajes acaba teniendo éxito y cuál fracasa y choca contra la pared. En el plano discursivo, podríamos decir que, en algunos elementos básicos de su diagnóstico, los hechos le dan la razón a Sánchez. Ya sea con Irán, ya sea la relación con Israel. El problema es que a veces, teniendo razón, te pueden descalabrar. Y esta es la disyuntiva en la que se encuentra.
"Salvo que consiga elevar el debate a un plano existencial, una política exterior autónoma no le dará rédito interno"
Esteban Hernández
E. H.: España está desarrollando una política autónoma limitada en lo que se refiere al fortalecimiento interno del país. Mientras Alemania, Francia e Italia, dentro de sus posibilidades, intentan impulsar los elementos de su economía y de su futuro con mayor recorrido, España ha apostado por una política en la que el exterior pesa mucho. El crecimiento español depende fundamentalmente de dos factores: la atracción de turistas y la atracción de mano de obra. Los vínculos exteriores están siendo sólidos, tanto con Europa como con China, pero no hay un fortalecimiento interno equivalente. A medida que varíe la coyuntura general, esto puede complicarse. La política exterior autónoma de España se dirige a generar más lazos hacia fuera. Alemania y Francia no están haciendo exactamente eso.

En segundo lugar, conviene preguntarse qué tipo de política autónoma puede hacer Europa y qué margen tienen los países europeos. El caso de Irán es significativo, porque es otro ejemplo de lo ocurrido hasta ahora con Trump. Los grandes perdedores de la guerra con Irán han sido los países aliados de Estados Unidos en el Golfo. Del mismo modo, en la guerra arancelaria los grandes perjudicados no han sido China ni Rusia, sino los europeos. Por eso también hay cierta desconfianza: ser aliado estadounidense ya no genera réditos especiales. En la Guerra Fría sí los generaba, pero en este momento de inestabilidad todos miran con desconfianza, y los países con cierta potencia y rigor intentan modular su posición.

En tercer lugar, Enric señalaba antes la necesidad de unir la política exterior con la interna. Si no hay una política interna fuerte, es muy difícil tener una política exterior fuerte.

Eso suele ser así salvo para los imperios. El Imperio romano tuvo épocas de enormes debilidades interiores que compensaba con la expansión exterior. También le ocurrió al Imperio británico. Estados Unidos no puede expandirse territorialmente, pero sí puede expandir sus capacidades. Es decir, sus capacidades de conquista ya no son únicamente militares ni consisten en llegar a un territorio, tomarlo y quedarse con él. Sus capacidades de expansión ya no consisten en una conquista militar clásica —llegar a un territorio, tomarlo y quedarse con él—, sino en una expansión tecnológica: "Vas a utilizar mis plataformas militares, vas a estar conectado con mi ejército y con mis finanzas". Eso es lo que está intentando fundamentalmente Trump.

En este contexto, en el que las finanzas, la tecnología, las armas y la energía provienen, en gran medida, de Estados Unidos, ¿qué capacidad de acción autónoma tiene un país si depende de Estados Unidos? Esa es la pregunta que se están haciendo en Alemania y también en Argentina, aunque de una manera distinta. Argentina está absolutamente vinculada a la tecnología estadounidense, pero ese es el juego en el que estamos todos.

En el caso de España, la estrategia ha consistido en desarrollar una política relativamente autónoma orientada hacia la actividad exterior, con el objetivo de conservar y diversificar sus conexiones internacionales. Según esas conexiones se cierren o se amplíen en los próximos años, España tendrá una capacidad de actuación mayor o menor.
 
  ¿Por qué habíamos hablado tan poco de China en España hasta hace relativamente poco? ¿Ha ido colocándose en una esfera pro-China?

E. J.: Es un factor que también sucede con otros temas como el de Ucrania y Rusia. Aquí influye la lejanía geográfica. España no vive con la misma intensidad algunas percepciones sobre la política internacional que se tienen en la gran Unión Europea. No creo que pueda decirse que España haya sido silenciosamente pro-China hasta hace dos años.

Pongamos un ejemplo: el primer gobierno de Giuseppe Conte en Italia firmó un acuerdo para formar parte de la Ruta de la Seda. Los americanos entraron en shock. Entonces era el primer mandato de Trump, que daba apoyo a un Salvini que lo adulaba constantemente. Pompeo, el secretario de Estado en aquel momento, dijo: "Esto no puede ser". Bueno, este gobierno de coalición duró un año y medio. Después de este, se formó otro gobierno del M5S con el Partito Democratico. Algunas de esas cosas empezaron a corregirse. Luego vino el Gobierno Draghi. Las primeras palabras de Draghi en el Parlamento italiano cuando pide la confianza son: "Italia va a volver a tener una política exterior rigurosamente atlántica". Y, cuando llega Meloni, se ve obligada a ponerse a los americanos a los pies, por lo que el acuerdo con China quedó cancelado. Para ellos era complicado, pues significaba entrar en una cierta tensión con China siendo la italiana una economía exportadora.

En paralelo a la adhesión de Italia a la Ruta de la Seda, los chinos ofrecieron a España entrar. Y, durante los primeros meses del Gobierno Sánchez, con Josep Borrell como ministro de Exteriores, lo descartó. Este me parece que es un dato interesante, porque es verdad que España ha hecho aproximaciones muy claras a China, pero no ha hecho bandazos. Porque, ¿cuál es la impronta de la política de la economía española? La búsqueda de inversiones exteriores.
"El primer gobierno de Giuseppe Conte en Italia firmó un acuerdo para formar parte de la Ruta de la Seda. Los americanos entraron en 'shock'"
Enric Juliana
Los dos últimos viajes de Sánchez a China han tenido además como contrapartida varios proyectos de fábricas de automóviles chinos en España. Estamos en otra fase y ahora vienen tiempos más complicados para la relación con China. La balanza comercial Unión Europea-China se está desequilibrando mucho en favor de la economía china. Ellos venden cada vez más en Europa. Habrá una reacción adversa de la UE ante la invasión de productos chinos. Habrá tensiones y esa tensión repercutirá en España. Atención, atención.

Creo que el próximo Gobierno español, sea cual sea su composición, recibirá fuertes presiones para corregir la actual política de aproximación a China. Creo que ese será uno de los ejes fundamentales de la política exterior. Sin el tema China creo que no se acaban de entender algunas cosas que están pasando actualmente en España. Cuando hay una Guerra Fría, y estamos en una Guerra Fría, acercarse al otro lado tiene sus riesgos. ¿Era consciente José Luis Rodríguez Zapatero de los riesgos que corría acercándose al otro lado en Venezuela y China?

El PSOE de 1977 nunca se acercó al otro lado. Insinuó de manera equívoca que estaba en contra de la permanencia en la OTAN y después dio el volantazo. Insisto: estamos ya en la Segunda Guerra Fría y lo que está pasando hoy en España tiene que ver con ello.

E. H.: Conviene situarlo en un contexto determinado. Antes China no era un peligro, sino una oportunidad. No fue un problema cuando entró en Latinoamérica a través de las materias primas, y Estados Unidos no ejerció una presión especial para evitarlo. Pero llegó un momento en que Washington planteó que, para la batalla en el Pacífico, necesitaba recuperar su esfera de influencia. Lo que vemos en Latinoamérica es una sucesión de gobiernos de derecha o de extrema derecha. En esa esfera de influencia, una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa.
"Una de las exigencias de Estados Unidos es el alejamiento de China, no solo de Latinoamérica, sino también de Europa"
Esteban Hernández
El problema es que China no solo es una potencia exportadora, sino también inversora. Estados Unidos está exigiendo que las inversiones vayan a parar a su territorio, y buena parte del capital se dirige a la esfera financiera estadounidense en lugar de a la esfera europea para producir inversión. En la brecha entre una gran potencia que exige y otra que ofrece, aunque sea con condiciones discutibles, muchos países se acercan a la potencia que ofrece. Esa ha sido la esencia del desarrollo chino fuera de sus fronteras.


¿En qué medida les preocupa la situación de Alemania en el marco del contexto europeo y de la capacidad de Europa de tener más cuotas de unidad en ciertos ámbitos?

E. J.: No debemos olvidar nunca que, al concluir la Segunda Guerra Mundial, había opiniones de sectores de peso en Estados Unidos coincidentes con los soviéticos, incluso con los franceses, de que se tenía que impedir que Alemania volviese a ser potencia industrial. Esta era una manera de impedir el rearme alemán, pero la propia situación de ruina europea aconsejó a los norteamericanos ayudar a Alemania para poder recuperar la situación social europea, para evitar conflictos sociales, para no tener que pagar ellos o pagar menos.

Alemania, a medida que va recuperando fuerza en términos económicos, no ha dejado nunca de operar en base a sus intereses. El proceso de la Unión Europea es un proceso que le interesa para fortalecerse. La reunificación se hace aceleradamente, aprovechando la emoción del momento histórico.
"Alemania, a medida que va recuperando fuerza en términos económicos, no ha dejado nunca de operar en base a sus intereses"
Enric Juliana
Por lo tanto, Alemania fue haciendo políticas que la fortalecían y les ponía la bandera de Europa. Hoy esto es muy complicado de hacer por dos motivos. Uno, objetivo, podríamos decir, es que en un lapso de tres años se han encontrado con unos problemas descomunales. Ha fallado la base energética, ya que, después de Ucrania, la segunda víctima de la guerra de Ucrania es la economía alemana. Además, la relación comercial con China se complica. En lugar de vender hoy coches eléctricos alemanes a las puertas de China ocurre lo contrario. Los chinos están vendiendo en Alemania.

Se dan cuenta de que han invertido poco en infraestructuras y de que es el país de la ingeniería, pero no es el país de la tecnología digital. Además, desde el punto de vista social, la vieja división existente entre este y oeste se agudiza, adquiere una traducción política explícita con la Alternativa por Alemania, AfD, que se convierte en el partido de la protesta primero del este y ya de toda Alemania.

También se produce otro proceso que a mí me cuesta más descifrar, pero que creo que es muy importante: la actual generación joven ya no acaba de entender por qué el peso de la culpa ha de seguir pesando sobre sus hombros. Todo esto lo ponemos en la coctelera, lo agitamos y nos sale una Alemania nerviosa, inquieta, insegura, que lo que necesita ahora sobre todo es fortalecer su musculatura. La cuestión es si Alemania podrá seguir siendo en los próximos veinticinco años la potencia económica que ha sido.
"Si en algún momento en Alemania llegan a la conclusión o creen que no tienen otra opción que desvincularse de la Unión Europea, la Unión Europea se puede despedir"
Enric Juliana
En caso de que no lo pudiese ser, ¿qué pasa? 80 millones de habitantes en el centro, con área de influencia en el corazón del este de Europa y en el norte. Es la tentación que podría tener Alemania de convertirse en una potencia regional circunscrita al centro, norte y parte del este de Europa. Si en algún momento en Alemania llegan a la conclusión o creen que no tienen otra opción que desvincularse de la Unión Europea, la Unión Europea se puede despedir.

E. H.: La actitud de Estados Unidos ha consistido en imponer las reglas del juego para exigir más a sus aliados, especialmente a Alemania, uno de sus socios más prósperos. El mensaje de Washington es claro: recibir más sin ceder nada. A su vez, Alemania reproduce esa misma dinámica con sus socios europeos tradicionales, adoptando una postura de "menos Europa y más Alemania".

Apostar verdaderamente por "más Europa" exigiría alcanzar la llamada autonomía estratégica: independencia en áreas clave como la tecnología, los recursos y la capacidad militar. Esto implicaría, necesariamente, poner límites y entablar una negociación firme —incluso rebelde— con Estados Unidos. Sin embargo, es un coste político que Alemania no está dispuesta a asumir en este momento.

También hay que tener en cuenta un tercer factor: durante la globalización, Alemania no solo fue la gran ganadora económica, sino que también se erigió en referente de superioridad ética y moral por sus valores y su visión del mundo.

Nadie creyó tanto en la globalización como Alemania. Mientras potencias como China o Estados Unidos actuaban siempre pensando en sus propios intereses, Alemania asumió que podía hacer lo mismo apoyándose en su dominio sobre Europa, que le proporcionaba un entorno a medida.
"El mensaje de Washington es claro: recibir más sin ceder nada. A su vez, Alemania reproduce esa misma dinámica con sus socios europeos tradicionales"
Esteban Hernández
Sin embargo, cuando se han puesto a prueba sus capacidades, han quedado al descubierto sus debilidades actuales: la falta de capacidad militar, la fuerte dependencia energética del gas exterior y el hecho de que China siga enfocada únicamente en su propia expansión comercial. Como señalaba Enric, esta vulnerabilidad alemana es un dardo directo al corazón de Europa.

Llegados a este punto, existe un riesgo real de fragmentación. Al igual que la Unión Soviética acabó desintegrándose porque Rusia decidió que le resultaba más rentable caminar sola que cargar con el resto de las repúblicas, a la Unión Europea podría ocurrirle exactamente lo mismo si Alemania opta por esa vía.
 
  Creo que Europa pidió a Pedro Sánchez, cuando llegó al Gobierno, dos cosas importantes. Una era que Podemos no siguiera subiendo. La otra era Catalunya. Considero que Pedro Sánchez ha tenido éxito en las dos. ¿A qué se enfrenta Feijóo en el ámbito europeo e internacional con Vox en los sesenta diputados en las encuestas?

E. J.: Efectivamente, Sánchez tenía dos demandas estratégicas con sello europeo: frenar a Podemos y calmar la situación de Catalunya. Sánchez ha neutralizado a Podemos y ha calmado Catalunya. En el primer caso, basta ver la actual aritmética parlamentaria. En el segundo, la ley de amnistía está a punto de ser validada por la justicia europea. Puigdemont aún sigue en Bruselas, pero ya vemos a Junts haciendo vuelos acrobáticos con el PP en el Congreso. Eso era inimaginable hace dos años. Bueno, he de decir que hace dos años avisé: entre la bruma ya se veía venir un acercamiento Junts-PP.

Otra cosa es que Junts no pueda hoy votar una moción de censura encabezada por Núñez Feijóo, y este aún tiene reparos a la hora de viajar a Catalunya. No quiere mostrarse amable: ahí está Vox, vigilando.

Sánchez ha serenado Catalunya, la historia se lo reconocerá, pero la ley de amnistía ha tenido costes para el PSOE. Amnistía significa "todos dentro". Y este "todos dentro" lo estamos viendo estos días: esas ganas de pactar de nuevo entre Junts y el PP. He ahí un acontecimiento histórico.

Europa le pedirá a Feijóo que no estropee lo que se ha arreglado en Catalunya. Es decir: "No le pegues fuego a Catalunya".
"Me llamó mucho la atención el hecho de que Feijóo no asistiera al acto de la Sagrada Familia hace unos días en Barcelona. Es inexplicable"
Enric Juliana
En este aspecto me llamó mucho la atención el hecho de que Feijóo no asistiera al acto de la Sagrada Familia hace unos días en Barcelona. Es inexplicable. Está muy claro que aquello no era solo un acto religioso. Resultó ser muchísimo más y el líder de la derecha española no está en ese instante. Y luego aquí va a haber una cuestión de alineamientos. Considero que, de entrada, en el caso de que Feijóo presidiese el Gobierno de España, buscaría básicamente una fuerte sintonía con el canciller alemán.

E. H.: Actualmente, Occidente atraviesa un proceso de tensión interna dentro del bloque conservador para definir qué facción lidera la derecha. Sin embargo, en toda Europa se observa una clara convergencia de posturas. En Italia, Giorgia Meloni proviene de la derecha radical, pero ha forjado acuerdos estables con el sector tradicional. En Alemania, Friedrich Merz representa a la derecha clásica, pero está adoptando medidas propias de la derecha radical. Y en Francia, Jordan Bardella busca exactamente lo mismo: integrar a la derecha moderada en su proyecto político.

Más allá de las diferencias de intensidad, todas estas corrientes comparten una agenda común: políticas más duras contra la inmigración, alineamiento exterior inequívocamente atlantista y un programa económico basado en la austeridad, el saneamiento de las cuentas públicas y el aumento del gasto en defensa. En el ámbito energético, ambas facciones muestran reticencias hacia las políticas verdes y defienden la energía nuclear, así como un uso prolongado de los combustibles fósiles.
"Más allá de las diferencias de intensidad, todas estas corrientes comparten una agenda común"
Esteban Hernández
En España, tanto el Partido Popular como Vox suscribirían estas líneas generales. Por tanto, el peso específico de cada partido en una hipotética coalición no alteraría el rumbo general de la economía o de la política exterior; solo cambiarían la intensidad o los portavoces concretos. La única excepción relevante sería la política interior, por ejemplo la gestión de Catalunya, donde una mayor influencia de Vox sí marcaría una diferencia sustancial.

E. J.: Existían dos demandas tácitas, de esas que nunca figuran en los documentos oficiales, pero que son muy reales: "Frenen esto y resuélvanlo", en aras de la estabilidad. Durante un tiempo, Pedro Sánchez y la línea política que representa el Partido Socialista resultaron ser muy funcionales para dar respuesta a esa exigencia estructural.

Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos ahora es si los problemas que atraviesa Sánchez actualmente se deben, al menos en parte, a que esa "funcionalidad" se ha agotado. El trabajo que se le pedía ya está hecho. Ahora, los elementos que él introduce en la ecuación política europea resultan contradictorios con los intereses de Bruselas.

La Europa que en su momento le exigió ciertas políticas a Pedro Sánchez ya no es la misma de hoy. Se trataba de un ciclo con una lógica particular, donde existía un consenso europeo y el Gobierno español nadaba a favor de la corriente. Sin embargo, una vez cumplido ese cometido inicial, las nuevas medidas que intenta impulsar van contra la corriente actual, lo que explica las fuertes resistencias que está encontrando.

En este contexto, y dependiendo del resultado de las elecciones, es muy probable que se ponga sobre la mesa la "fórmula portuguesa": un gobierno minoritario del Partido Popular apoyado, de una u otra forma, por el PSOE, el PNV y ciertos sectores de Catalunya. Evidentemente, ya no estamos en el escenario de los pactos de 1996, por lo que articular algo así no será nada fácil y dependerá de la fuerza que obtenga el PSOE en las urnas. Si el PSOE resiste y Sánchez se mantiene en la oposición, esta opción queda descartada.
 
En cambio, si el PSOE sale debilitado y se abre una crisis interna, puede pasar de todo. De hecho, esta gran coalición tácita podría ser la fórmula preferida por los centros de poder europeos. Aun así, hay que hablar en condicional, porque el intenso calendario electoral del próximo año —con elecciones presidenciales en Francia y comicios legislativos en España, Polonia e Italia— podría volver a cambiar el tablero por completo.

E. H.: Los dos puntos señalados por Enric convergen en una misma idea central: la crisis de la socialdemocracia en el entorno europeo actual. Ya no se trata solo de evaluar si Pedro Sánchez resulta útil o no al sistema, sino de cuestionar la viabilidad de toda una ideología que construyó el consenso europeo en las últimas décadas y que ahora parece estar quedando obsoleta.

De hecho, si Europa avanza hacia la derecha, un Gobierno español formado por PP y Vox resultaría mucho más funcional y afín al bloque que un Gobierno del PP apoyado desde fuera por el PSOE. Las opciones socioliberales están perdiendo tanta fuerza que incluso El País ha dedicado editoriales a reivindicar su valor histórico.
"Ya no se trata solo de evaluar si Pedro Sánchez resulta útil o no al sistema, sino de cuestionar la viabilidad de toda una ideología"
Esteban Hernández
Por otro lado, es esencial entender la extrema tensión que atraviesan nuestras sociedades. Venimos de una década con fugas hacia posiciones políticas impensables y una fuerte tendencia al voto de castigo: hoy las elecciones las suele ganar la oposición, como muestra el vaivén cíclico entre Trump, Biden y Trump. En un momento económico en el que "las costuras se resquebrajan", resulta muy difícil que gobiernos como el de Donald Trump o el del actual canciller alemán, Friedrich Merz, logren generar consenso. Lo más probable es que provoquen fuertes reacciones en contra.

En definitiva, la geopolítica no puede aislarse de la política nacional; los valores, ideales y expectativas de la ciudadanía están cambiando radicalmente. Si la sociedad alemana, por ejemplo, da la espalda a Merz y este sale del Gobierno, Europa afrontará años de profunda inestabilidad. Debemos tomarnos muy en serio este clima de agitación, una advertencia sobre la importancia de la vida en común que, curiosamente, hoy casi solo pone sobre la mesa el Papa.

Una última pregunta. La respuesta tiene que ser lo que piensan, no lo que creen que es mejor, y tiene que ser sí o no. ¿Vox entrará en el Gobierno del PP?

E. J.: No.

E. H.: Sí.

Muchas gracias a los dos." 

(Marc López Plana , Agenda Pública, 21/06/26)  

14.6.26

O galego Miguel Otero Iglesias, Real Instituto Elcano dí que España estao facendo ben porque soubo adiantarse a outros países na transición enerxética, por exemplo facilitando unha electricidade máis barata. Esta cuestión é clave no desembarco do grupo chinés de automoción SAIC en Galicia... En moitos países da UE, desde hai meses, había ese pensamento de que España se estaba a achegar demasiado á China... Chegouse a dicir que España era unha especie de nova Hungría, un cabalo de Troia na Unión... España está noutra pantalla. Fíxoo ben, mantén unha estratexia que coido que é acertada... España ten unha experiencia previa porque leva máis tempo convivindo e navegando co que supón a competencia chinesa. Por iso aquí non hai tanto medo, porque xa a sufrimos pero tamén soubemos, historicamente, absorber tecnoloxía e producir. Pola súa bagaxe histórica, España sabe que o proteccionismo non é a solución e vaise adaptando... Como me dixo un empresario un día: interésanos que China produza aquí e nos venda tecnoloxía barata porque nunca antes houbo tanta alta tecnoloxía e tan barata... É unha cuestión de equilibrio. Ter aranceis altos cómprennos para que as empresas chinesas veñan producir aquí, pero non nos cómpre unha guerra comercial para que acaben deixando de vir... No caso de España, China é unha oportunidade en canto a investimentos e desenvolvemento industrial, sobre todo no que ten que ver coa transición verde e o sector do vehículo eléctrico, onde China é líder mundial... Galicia é un sitio ideal e levo tres ou catro anos advertindo da conveniencia de que algunha destas empresas chinesas viñese producir a Galicia, polo ecosistema que no sector da automoción ten o país, con experiencia, unha enorme industria auxiliar e de compoñentes, a fábrica de Stellantis, as infraestruturas portuarias... As empresas chinesas non teñen tanta experiencia á hora de producir en Europa, tamén precisan saber como facelo

"O galego Miguel Otero Iglesias (Basilea, Suíza, 1979) é investigador principal do Real Instituto Elcano en economía política internacional e experto nas relacións UE-China. Fundador e coordinador, ademais, da ETNC (Rede Europea de Think Tanks sobre China), é un dos maiores coñecedores do sistema económico e empresarial de Pequín e do seu desenvolvemento e expansión exterior nos últimos anos. 

Licenciado en Xornalismo pola USC hai máis de dúas décadas, doutor en economía política internacional e actualmente Profesor da IE School of Politics, Economics and Global Affairs, reflexiona aquí sobre o desembarco do grupo chinés de automoción SAIC en Galicia cunha ollada máis fonda no contexto internacional e na estratexia das administracións ante o potencial tecnolóxico chinés, tamén no sector do vehículo eléctrico. 

Que lle parece a chegada de SAIC a Ferrol e As Pontes?

Hai xa tempo que digo que España ten que atraer investimento de China e máis nun sector estratéxico como o da automoción, no que é o segundo maior produtor e exportador de coches da Unión Europea e que representa entre un 10 e un 12% do seu PIB. China é líder no vehículo eléctrico e España sempre foi un dos mellores países para a produción, ademais de apostar ben e moito pola transición e a economía verde que marca a UE.  

Pero Pedro Sánchez recibiu moitas críticas polo seu achegamento á China, non só desde a oposición en España, senón mesmo desde Bruxelas...

En moitos países da UE, desde hai meses, había ese pensamento de que España se estaba a achegar demasiado á China... Empezaron a arquearse moitas cellas en relación á postura do Goberno de España con Pequín, acusándoo mesmo de desmarcarse da liña estratéxica da UE, máis aínda cando Pedro Sánchez amosou con contundencia o seu rexeitamento ás políticas de Donald Trump. Chegouse a dicir que España era unha especie de nova Hungría, un cabalo de Troia na Unión. 

Non é así, logo?

No contexto actual, onde hai moitas dúbidas e debate sobre o aumento da interdependencia ou a crecente dependencia de China, España está noutra pantalla. Fíxoo ben, mantén unha estratexia que coido que é acertada. 

A que se refire?

Nos últimos 150 anos houbo varios países na vangarda tecnolóxica e outros que non. Os Estados Unidos, Reino Unido, Alemaña, Xapón, Corea, algún país nórdico e, en menor medida, Holanda ou Francia... pero España nunca estivo aí. Aquí sempre se apostou máis por absorber esa tecnoloxía que por producila pero, ao tempo, no último medio século o avance económico no Estado veu tamén impulsado pola apertura económica, por atraer investimento estranxeiro. Despois chegou o século XXI, e España, por estar máis abaixo na cadea de valor, foi dos que máis sufriu o China shock dos 90 e 2000, o impacto que tivo sobre a industria e o emprego a entrada masiva de produto chinés barato nos mercados globais desde a entrada dese país na Organización Mundial do Comercio (OMC). Afectou no sector téxtil e do calzado, nos mobles, nos xoguetes, nos paneis solares, nas turbinas eólicas... Denunciábase a competencia desleal que iso supuña e reclamábanse máis aranceis, pero as grandes potencias, daquela, obviaban estas demandas e apostaban polo libre mercado e reivindicábano. Tiveron pouca empatía. 

Daquela, serviulle aquilo a España adaptarse a esta nova era?

Agora chegou o China shock 2.0, a aposta do goberno chinés por subsidios estatais á industria pesada e tecnolóxica e por produtos de alto valor engadido e tecnolóxico e de economía verde, como os coches eléctricos ou as baterías. Neste contexto, son aquelas potencias económicas as que se ven afectadas máis, países que antes apostaban polo libre mercado tornáronse agora nos máis proteccionistas, poñendo ou reclamando aranceis ante unha sobrecapacidade global que provoca que China exporte o seu excedente a prezos moi competitivos. España ten unha experiencia previa porque leva máis tempo convivindo e navegando co que supón a competencia chinesa. Por iso aquí non hai tanto medo, porque xa a sufrimos pero tamén soubemos, historicamente, absorber tecnoloxía e producir. Pola súa bagaxe histórica, España sabe que o proteccionismo non é a solución e vaise adaptando. 

A importancia é saber adaptarse mesmo ás contradicións, saber navegar neste contexto mundial?

Hai un debate, claro. Como me dixo un empresario un día: interésanos que China produza aquí e nos venda tecnoloxía barata porque nunca antes houbo tanta alta tecnoloxía e tan barata. E engadía outra reflexión: tería sido mellor ter protexido o sector dos paneis solares ou é mellor importalos cinco veces máis baratos e con eses paneis solares crear enerxía barata para producir de maneira rendible e sostible produtos con máis valor engadido e atraer investimentos? 

Cal é a resposta, logo...

É unha cuestión de equilibrio. Ter aranceis altos cómprennos para que as empresas chinesas veñan producir aquí, pero non nos cómpre unha guerra comercial para que acaben deixando de vir. A estratexia oficial da UE cara a Pequín considera á China socio estratéxico, competidor económico e rival sistémico. A aposta de España aquí é que iso está moi ben, pero que non podemos deixar de lado a parte de socio no contexto actual porque é fundamental. 



E cal é a súa recomendación?

Insisto. É unha cuestión de pragmatismo: nin idealizar a China como socio perfecto nin percibila como unha ameaza excepcional. No caso de España, China é unha oportunidade en canto a investimentos e desenvolvemento industrial, sobre todo no que ten que ver coa transición verde e o sector do vehículo eléctrico, onde China é líder mundial. 

Cal é a situación na China deste sector?

Na China apostaron polo coche eléctrico hai 15 anos, cunha política industrial que fomentou e impulsou este sector. Falamos dun capitalismo salvaxe, con 120 empresas de vehículos eléctricos nun mercado de 1.400 millóns de habitantes, cunha eficiencia produtiva enorme, unha cadea de traballo de gran precisión e unha importante competencia. Moitas destas empresas, con sobrecapacidade e sobreprodución, xa non poden vender máis aló e lanzáronse ao mercado exterior. Igual que lle pasou antes aos xaponeses, saben que exportar desde China a ese nivel é inviable e teñen que producir en Europa e deixar certo valor engadido no territorio. 

É aí onde Galicia e España deben aproveitar as oportunidades, logo?

España ten un déficit comercial enorme con China, tanto que representa o 75% do seu déficit total. Benvida sexa a produción chinesa aquí sempre que xere valor engadido. Obviamente, o maior valor engadido non está onde se ensamblan os coches, pero a presenza destas fábricas xera emprego e entre ter ou non ter estas factorías, mellor telas. España ten cada vez máis experiencia en atraer investimento estranxeiro que deixou e deixa valor aquí, por moito que aínda deixe máis nos Estados Unidos, en Francia ou no Reino Unido. Pero se os xaponeses, os alemáns ou os americanos trouxeron valor engadido, por que non o van traer os chineses?

Daquela, cre que España soubo aproveitar ben esta situación e a transición verde que impulsou a UE?

España estao facendo ben porque soubo adiantarse a outros países na transición enerxética, por exemplo facilitando unha electricidade máis barata. Esta cuestión é clave e fai que a China vexa en España un lugar atractivo onde investir e posicionarse, máis tendo en conta a importancia da industria da automoción, a segunda  máis importante de Europa. É un sitio atractivo para eles. 

"España é atractiva para o investimento de China: soubo adiantarse na transición enerxética, ten electricidade máis barata e unha importante industria da automoción"

Deu SAIC en Galicia cun sitio idóneo para o seu proxecto?

Claro, ben seguro. Galicia é un sitio ideal e levo tres ou catro anos advertindo da conveniencia de que algunha destas empresas chinesas viñese producir a Galicia, polo ecosistema que no sector da automoción ten o país, con experiencia, unha enorme industria auxiliar e de compoñentes, a fábrica de Stellantis, as infraestruturas portuarias... Galicia é un sitio idóneo como outros en España, como Barcelona, como Valencia, como Zaragoza, Navarra... Son moitos os sitios que devecen por un investimento deste tipo. 

Que hai que agardar da relación de SAIC coas administracións e o resto de actores sociais e económicos en Galicia?

Se SAIC vén a Galicia é porque ve valor no que aquí hai. O que si é esperable é que a relación da compañía coas administracións e o sector sexa dunha negociación e control constante, pero tamén de colaboración e asociación cotiá. Falamos dunha cultura que desembarca aquí, nun lugar cunha economía e cun contexto social diferente... As empresas chinesas non teñen tanta experiencia á hora de producir en Europa, tamén precisan saber como facelo. 

Terán moita importancia as negociacións entre partes, mesmo as relacións que se creen?

A iso me refiro, a que é unha cuestión de negociar, adquirir compromisos e facelos cumprir... O empresariado chinés é un negociador moi duro, pero gústalle negociar. Digamos que é moi diferente ao europeo, é máis latino, e nas negociacións con eles importa moito a presión que desde aquí se poida exercer. 

"A presión social, sindical, da prensa ou da Xunta é clave na relación con SAIC e para que as empresas chinesas acheguen máis e máis valor engadido a Galicia"

O debate aberto en Galicia é sobre o lugar onde se fabriquen os compoñentes para eses coches que se montarán aquí. A conselleira de Economía fala dun compromiso para que a metade procedan da industria local...

Se a conselleira di que hai un compromiso de que o 50% dos compoñentes dos vehículos se fabriquen en Galicia, supoñemos que se basea nalgún tipo de acordo que hai que exixir cumprir. Obviamente, unha empresa chinesa, de primeiras, vai intentar traer todos os compoñentes que poida da China porque sempre lles vai ser máis barato, máis aínda nun caso coma este, onde non falamos dunha joint venture, senón dunha compañía chinesa e dun investimento chinés ao completo. Pero as administracións, as facilidades que poñan e os acordos aos que se cheguen e as presións que se exerzan son fundamentais. E unha vez montada a fábrica, hai circunstancias claves que na China non se dan e hai que ter moi en conta. 

Como cales?

A presión social, dos sindicatos, da prensa, da propia Xunta... Iso é determinante para facer cumprir os acordos e para que as empresas chinesas acheguen máis e máis valor engadido a Galicia. O contexto e o ecosistema social e económico aquí non ten nada que ver co que eles teñen na China. 

En que sentido?

Poño un exemplo: o embaixador da China en España sempre ten que explicarlles aos empresarios que chegan o contexto de aquí, a importancia da reputación social, que non chegan a un país emerxente senón a unha economía consolidada onde a prensa, os sindicatos e as administracións controlan e fan presión. Por iso digo que a chegada dun grupo industrial así a España ou a Galicia trae tamén moitas oportunidades no que ten que ver cos labores de mediación, de asesoría, mesmo de tradución... Non é só producir, senón crear a contorna necesaria para que ambas partes se entendan, coñezan e traballen mellor. Eles son moi bos en producir cousas, pero en Galicia van xurdir tamén moitas oportunidades no márketing, por exemplo... Non van ser eles os que fagan os anuncios dos seus coches para os medios de comunicación, nin os que monten os concesionarios... A creación de emprego indirecto é moi importante nestes casos. 

"O novo regulamento que prepara a UE é clave para forzar á fabricación de compoñentes en Galicia; antes non había base legal para facelo"

No caso da exixencia de fabricación local a SAIC, a lexislación que se prepara na UE semella clave.

É fundamental e supón un cambio moi importante. Ata practicamente antonte non había base legal, nin en España nin na UE, para forzar un mínimo de fabricación local de compoñentes, de emprego da zona ou de transferencia de coñecemento e tecnoloxía. En Bruxelas estase a debater e preparar a denominada Lei de Aceleración Industrial, un novo regulamento que si establece condicións ao investimento estranxeiro e é evidente que a UE vai nese camiño, no de exixir unha participación importante da industria europea nestes proxectos chegados de fóra. España estivo e está moi activa nestas negociacións porque lle interesa que se establezan estes condicionantes. Loxicamente, á China non lle fai ningunha graza, como non llela facía ás empresas europeas cando lles impoñían certas condicións ao investir no seu país. 

Xunta e Estado destacaron a excelente colaboración que tiveron á hora de pular pola chegada de SAIC, unhas declaracións que mesmo soaron estrañas no clima político actual.

A colaboración que houbo entre a Xunta e o Goberno de España para atraer este investimento a Ferrol é un exemplo do que se debe facer e unha forma tamén de desmontar certos discursos. O executivo autonómico, liderado polo PP desde hai anos, intentou atraer e axudar na chegada de SAIC exactamente coa mesma intensidade coa que o fixo o executivo central, do PSOE. Levo tempo explicando en moitos foros o exemplar que son moitas iniciativas conxuntas pero que semella que se queren agochar ou non destacar. 

Algún exemplo?

O Plan España Auto 2030, a estratexia estatal para impulsar a descarbonización e a industria do automóbil, é un dos casos. Un exercicio de colaboración público-privado, privado-privado e público-público exemplar, onde estiveron implicados gobernos e administracións de distinta cor, fabricantes, empresas de compoñentes, sindicatos... Foi un exercicio á alemá de economía coordinada que debemos poñer en valor."

(Entrevista a Miguel Otero Iglesias, Real Instituto Elcano, Praza Gal, 14/06/26)

7.6.26

Laudatio a Pedro Sánchez del The New York Times: "Están pasando cosas buenas en España"... Más allá del impacto del anuncio, el mensaje conecta con una percepción cada vez más extendida sobre el papel de España en el escenario global... el reconocimiento llega en un momento en el que la política exterior impulsada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha situado a España como un actor cada vez más visible en el escenario internacional, especialmente en cuestiones relacionadas con la diplomacia, la cooperación y la defensa de los organismos multilaterales...

"No es habitual que uno de los periódicos más influyentes del mundo dedique un mensaje tan explícito a España. Por eso, la imagen publicada estos días en la edición digital de The New York Times no ha pasado desapercibida. Sin embargo, no es la primera vez que medios internacionales ponen el foco en España por motivos alejados del turismo o la gastronomía. En los últimos años, cabeceras de referencia como The EconomistFinancial Times o la propia prensa estadounidense han destacado el crecimiento económico del país, su capacidad para atraer inversión extranjera y el auge de sectores como las energías renovables o la tecnología.

El diario estadounidense acompaña una fotografía de la Sagrada Familia de Barcelona con una frase sencilla pero cargada de simbolismo: "We build peace" ("Construimos paz"). Justo debajo aparece otra declaración aún más llamativa: "Good things are happening in Spain", es decir, "Están pasando cosas buenas en España".

El anuncio ha generado numerosos comentarios en redes sociales, donde muchos usuarios han destacado que el reconocimiento llega desde el exterior en un momento de fuerte polarización política dentro del país. A su vez, el reconocimiento llega, además, en un momento en el que la política exterior impulsada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha situado a España como un actor cada vez más visible en el escenario internacional, especialmente en cuestiones relacionadas con la diplomacia, la cooperación y la defensa de los organismos multilaterales.

Uno de los primeros en hacerse eco fue el escritor y periodista Javier Sierra, que ha compartido la imagen junto a un breve mensaje: "España en positivo, hoy en las páginas de The New York Times".

También el periodista Guillermo Fesser ha reaccionado a la publicación con una reflexión cargada de ironía: "Mientras tanto, en el New York Times...", una frase que muchos han interpretado como una comparación entre la percepción internacional de España y el clima de crítica permanente que suele dominar el debate interno.

Una imagen internacional reforzada

Más allá del impacto del anuncio, el mensaje conecta con una percepción cada vez más extendida sobre el papel de España en el escenario global. En las últimas décadas, el país ha ido consolidando una presencia internacional más relevante, participando activamente en los principales foros multilaterales y aumentando su capacidad de influencia en cuestiones diplomáticas y geopolíticas." 

(El Plural, 06/06/26) 

12.5.26

La industria europea del automóvil vive un momento dramático, con masivos recortes de empleo, pero España resiste... China elige a España como su gran fábrica de coches en Europa... Varias empresas automovilísticas chinas preparan su llegada al país para producir en plantas nacionales infrautilizadas o construir nuevas... España se ha posicionado como uno de los pocos lugares de la Unión capaz de atraer nuevas inversiones en un sector que simboliza la industrialización del continente (Manu Granda)

 "La industria europea del automóvil vive un momento dramático, con masivos recortes de empleo, pero España resiste. En medio de las tensiones generadas por la fuerte competencia china, la caída de ventas en el continente, el desafiante paso al vehículo eléctrico y el control de la cadena de valor de esta tecnología, España se ha posicionado como uno de los pocos lugares de la Unión capaz de atraer nuevas inversiones en un sector que simboliza la industrialización del continente.

Las próximas grandes inversiones vendrán, precisamente, del país que ha puesto a Europa de rodillas en el automóvil: China. El gigante asiático ha elegido a España como su gran fábrica europea, desde la que vender al resto del continente sin pagar aranceles, y ha puesto a sus marcas a negociar su desembarco en el país, siguiendo el ejemplo de Chery en 2024.

Uno de los que está más cerca de cerrar un acuerdo de producción es el gigante SAIC Motor. El dueño de la marca MG comercializa el vehículo chino más vendido en España —el MG ZS de gasolina— y planea levantar una fábrica nueva en Galicia. SAIC, que es el fabricante más afectado por los aranceles europeos al vehículo eléctrico made in China, mantiene negociaciones con la comunidad regida por el PP, la cual se convertiría, en caso de confirmarse, en el referente industrial del automóvil nacional. Esto se debe a que a día de hoy Galicia ya cuenta con la mayor fábrica del país, propiedad del grupo Stellantis (Citroën, Peugeot o Fiat, entre otras), que el año pasado ensambló casi 560.000 vehículos.

A diferencia de otros grupos automovilísticos chinos, SAIC tiene una oferta más diversificada y no tan centrada en el automóvil eléctrico. “Invertir en nuestra tierra es una excelente idea”, señaló el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, tras su visita institucional a China en abril, en la que se reunió con la cúpula de SAIC. Fuentes conocedoras de las conversaciones dan casi por hecho que MG terminará desembarcando en Galicia. Si bien aún no hay confirmada una localización exacta, la Xunta ofreció a MG el megaparque industrial de Plisan, al sur de Pontevedra, pero otros medios de comunicación apuntan a que la agraciada podría ser Ferrol. La Xunta reconoce a este medio las conversaciones, pero asegura que siguen negociando.

Otro fabricante de coches que saltó a los medios en las últimas semanas por su supuesto interés en producir en España es Changan, marca que acaba de aterrizar en España con dos SUV eléctricos. En su caso, la planta se situaría en Aragón, según Bloomberg.

Para Mathieu Bernard, responsable de automoción en Iberia en la consultora Roland Berger, este interés de China en el país se explica por el “acceso sin fricciones al mercado europeo, una base industrial competitiva, costes más bajos que en el norte europeo y una posición geográfica estratégica”, gracias a la cual España tiene acceso no solo a los mercados europeos, sino también a Latinoamérica y África.

Utilización de fábricas ya existentes

A las marcas ya mencionadas se suma el interés de otras automovilísticas que estudian producir en las instalaciones de otros grupos ya presentes en España. Ese sería el caso de la marca de lujo Hongqi, que negocia con Stellantis para fabricar en la planta que el consorcio tiene en Zaragoza, según Reuters. Estas instalaciones ya cuentan con inversión china comprometida por parte de CATL, el mayor productor de baterías del mundo, quien está levantando una gigafactoría al lado de la mencionada planta de coches, con un coste estimado de 4.100 millones de euros.

Lo que sí es seguro es que Leapmotor, marca china de la que Stellantis compró una parte en 2023 —junto con los derechos para comercializarla en Europa—, fabricará en dicha factoría zaragozana. La compañía confirmó este viernes que hará allí el B10 desde este mismo año y aportará su tecnología para un modelo eléctrico de Opel del segmento C. Fuentes conocedoras de los planes de la marca apuntan a que también producirá el B05 y el B03X en España.

La firma china será, a su vez, el salvavidas de la fábrica de Stellantis en Villaverde (Madrid), la cual produce a día de hoy los Citroën C4 y C4 X, pero que no tenía nuevos modelos en el horizonte. Leapmotor informó el viernes de que dicha planta “podría” pasar a ser propiedad de la joint venture (empresa conjunta) que tiene con Stellantis, y que hará allí un modelo eléctrico a partir del primer semestre de 2028.

Por su parte, Geely también negocia con Ford la utilización de parte de la planta de Almussafes, la cual vive actualmente con la respiración asistida del Mecanismo RED aprobado por el Gobierno en diciembre de 2024, que permite a la compañía usar un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) rotatorio para toda la plantilla. Ford solo hace allí un modelo, el Kuga, y anunciará en las próximas semanas el esperado modelo multienergía llamado a revitalizar la fábrica. Geely aportará carga de trabajo extra en las instalaciones de montaje de vehículos Body 3 de la factoría, un área hoy sin usar, donde hará un modelo propio y otro para Ford, según La Tribuna de Automoción. Ante las preguntas de este medio, la compañía estadounidense se limita a señalar que mantiene conversaciones con varias empresas y no confirma que hayan cerrado un acuerdo con Geely.

El contraste con el resto de Europa

El contraste entre España y las noticias que llegan del resto del continente es notable. Alemania, por ejemplo, cuna europea del automóvil, sufrirá el recorte de 50.000 puestos de trabajo hasta 2030 en Volkswagen, compañía que en paralelo está invirtiendo 10.000 millones en España para levantar una planta de baterías en Sagunto (Valencia) y convertir sus fábricas de coches españolas para que puedan producir vehículos eléctricos.

A la ya mencionada inversión de CATL en Zaragoza, se suman otras (que han de ser llevadas aún a la práctica) de fabricantes chinos de baterías como Envision, en Extremadura, o la de Gotion e Inobat en Valladolid. Mientras, ACC, empresa participada por Stellantis, Mercedes-Benz y TotalEnergies, suspendió definitivamente en febrero sus planes de levantar plantas de baterías en Italia y Alemania.

El único fabricante de coches chino que produce actualmente en España es Chery, que eligió asentarse en la antigua planta de Nissan en la Zona Franca de Barcelona junto a su socio local EV Motors, para el ensamblaje de la firma española Ebro y de marcas propias de Chery como Omoda y Jaecoo. Ebro monta sus coches con piezas que vienen desde China, un modelo de fabricación que ha sido criticado por voces del sector como Josep Maria Recasens, presidente de Anfac (la patronal nacional de automovilísticas) y máximo directivo de Renault España.

“Aquí [a Europa] no se puede venir y construir cuatro chapas con ruedas y asientos con poco valor añadido. Lo que hay que hacer es comprometerlas [a las marcas] a que nos enseñen, que vengan con productos con valor añadido. No lo hicimos así nosotros cuando fuimos a China, no deben hacerlo ellos cuando vienen a Europa”, afirmó Recasens en noviembre en una declaración en la que no mencionó expresamente a Chery, pero en la que apuntó directamente a su modelo de fabricación.

“En el corto plazo, el modelo dominante es el ensamblaje de vehículos a partir de kits importados desde China. Es una forma de reducir riesgos y acelerar la entrada en el mercado. A medida que aumenta el volumen, los fabricantes empiezan a integrar proveedores locales y a producir más componentes en Europa”, señala Bernard, de la consultora Roland Berger, quien ve “poco probable” que China transfiera completamente tecnologías clave como baterías o software, pero sí puede haber cierto desarrollo local y adaptación al mercado europeo." 

(Manu Granda , El País, 11/05/26)  

22.4.26

¿Por qué España apuesta por una mayor relación con China? El sostenido compromiso de alto nivel de España con China puede interpretarse como una divergencia estratégica por parte de Madrid. Sin embargo, esa lectura interpreta erróneamente tanto las intenciones de España como su lógica estratégica. El enfoque español responde a una evaluación pragmática de lo que Europa debe hacer para proteger mejor la prosperidad y la seguridad de su población... El diálogo de Sánchez con los líderes chinos no fue de cooperación incondicional... se ha subrayado la necesidad de una relación con China que refuerce la reciprocidad, fortalezca la resiliencia y reduzca el atractivo de enfoques más proteccionistas dentro de la UE... existen varias áreas en las que ese progreso podría materializarse. En primer lugar, garantizar un acceso estable a insumos críticos es esencial. Evitar restricciones a la exportación de tierras raras e imanes para los socios europeos... En segundo lugar, Pekín debería abordar cuestiones relativas al acceso al mercado, la transparencia regulatoria y unas condiciones de competencia equitativas... En tercer lugar, la apertura del sector servicios a las empresas europeas representa una gran oportunidad... Para Sánchez, relacionarse con China no es una alternativa a la protección de la seguridad y la prosperidad europeas; forma parte de cómo debe llevarse a cabo esa protección (Miguel Otero Iglesias, Real Instituto Elcano)

 "La cuarta visita en cuatro años del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, a Pekín ha vuelto a suscitar recelos tanto en Europa como al otro lado del Atlántico. En un contexto marcado por el aumento de las tensiones entre China y Estados Unidos (EEUU) y por el énfasis de la Unión Europea (UE) en la reducción de riesgos (de-risking), el sostenido compromiso de alto nivel de España con China puede interpretarse como una divergencia estratégica por parte de Madrid.

Sin embargo, esa lectura interpreta erróneamente tanto las intenciones de España como su lógica estratégica.

El enfoque español no pretende cuestionar la relación transatlántica ni alinearse con China frente a EEUU. Más bien, responde a una evaluación pragmática de lo que Europa debe hacer para proteger mejor la prosperidad y la seguridad de su población. Desde la perspectiva de Madrid, esto exige algo más que una estrategia defensiva de reducción de riesgos. Requiere reforzar las capacidades europeas y relacionarse con China de forma que amplíe el margen de maniobra de Europa en lugar de restringirlo.

China no es un actor marginal que Europa pueda permitirse relegar. Es un pilar central de la producción industrial global, un actor clave en las tecnologías verdes y un socio indispensable para abordar desafíos globales. Para España, por tanto, la cuestión no es si relacionarse con China o no, sino cómo hacerlo de una manera que refuerce la resiliencia económica y contribuya a la autonomía estratégica europea en un sentido más amplio.

Este pragmatismo se basa en la experiencia histórica de España. Los periodos de cierre han coincidido con el estancamiento, mientras que la apertura al comercio, la inversión y las ideas han impulsado la modernización y el crecimiento. Este legado sostiene una preferencia clara: el proteccionismo no se percibe como una estrategia viable a largo plazo, sino como una fuente de debilitamiento.

Al mismo tiempo, España es ante todo un actor firmemente comprometido con Europa. El gobierno apoya plenamente el marco de la UE que define a China como socio, competidor y rival sistémico, y participa en los esfuerzos para reforzar la seguridad económica. España no busca romper filas con Bruselas; aspira a influir en la política europea hacia China desde dentro.

Lo que sí cuestiona España es la tendencia a reducir el debate europeo sobre China exclusivamente a la reducción de riesgos. Si el objetivo es proteger mejor la prosperidad y la seguridad, centrarse únicamente en disminuir las dependencias de China resulta demasiado limitado y, en última instancia, miope. La autonomía estratégica no equivale a autarquía. Europa seguirá siendo interdependiente con el exterior y su tarea consiste en gestionar esas interdependencias de forma que reduzcan la vulnerabilidad, al tiempo que generan capacidad de influencia, resiliencia y oportunidades.

En este contexto, el acercamiento de España a China representa un intento de recalibrar el actual énfasis en el de-risking hacia un enfoque más eficaz que combine iniciativas reactivas y proactivas: proteger sectores críticos cuando sea necesario, pero también invertir, negociar y cooperar allí donde el compromiso pueda ayudar a Europa a mejorar sus capacidades.

La alternativa española no es, por tanto, una apertura ingenua, sino un compromiso estructurado y condicionado. Aunque acoge la inversión china, especialmente en energías renovables y vehículos eléctricos, para reforzar su capacidad industrial, también reconoce los riesgos asociados a las asimetrías, las dependencias y la competencia industrial.

Sin embargo, la respuesta no puede limitarse a la retirada. Europa también debe aprovechar las oportunidades que ofrece China, especialmente en sectores donde España y la UE pueden ganar escala, tecnología, acceso a mercados o mayor relevancia en las cadenas globales de valor. Si Europa quiere proteger su prosperidad y su seguridad a largo plazo, debe volverse más capaz y más estratégicamente indispensable, no simplemente menos expuesta.

Precisamente por estas preocupaciones y oportunidades, el compromiso debe ir acompañado de expectativas claras.

El diálogo de Sánchez con los líderes chinos lo sitúa en una buena posición no sólo para trasladar directamente las preocupaciones europeas, sino también para explorar posibles avances que hagan la relación más equilibrada y productiva. Su mensaje en Pekín, por tanto, no fue de cooperación incondicional. Más bien, se ha subrayado la necesidad de una relación con China que refuerce la reciprocidad, fortalezca la resiliencia y reduzca el atractivo de enfoques más proteccionistas dentro de la UE.

En el futuro, existen varias áreas en las que ese progreso podría materializarse y es muy probable que se abordaran por Sánchez y Xi.

En primer lugar, garantizar un acceso estable a insumos críticos es esencial. Evitar restricciones a la exportación de tierras raras e imanes para los socios europeos reduciría la incertidumbre en las cadenas de suministro y generaría confianza.

En segundo lugar, Pekín debería abordar las preocupaciones planteadas por la comunidad empresarial europea, lo cual enviaría una señal clara. Las cuestiones relativas al acceso al mercado, la transparencia regulatoria y unas condiciones de competencia equitativas siguen siendo esenciales. Los avances en estos ámbitos demostrarían el compromiso de China con la reciprocidad.

En tercer lugar, la apertura del sector servicios a las empresas europeas representa una gran oportunidad. Europa, y España en particular, cuenta con ventajas competitivas en ámbitos como los seguros, la sanidad, el turismo, la ingeniería y la logística.

Por último, no puede ignorarse el contexto geopolítico más amplio. El entorno de seguridad europeo está marcado por la guerra de Rusia en Ucrania y la posición de China es objeto de estrecha atención. Un mayor compromiso chino para contribuir al fin del conflicto de una forma aceptable para la parte invadida tendría un efecto positivo significativo en Europa.

Las frecuentes visitas del presidente del gobierno español a China reflejan un esfuerzo por preservar margen de maniobra, diversificar alianzas y contribuir a una posición europea más equilibrada y autónoma. Para Sánchez, relacionarse con China no es una alternativa a la protección de la seguridad y la prosperidad europeas; forma parte de cómo debe llevarse a cabo esa protección, siempre que esté guiada por el principio de la reciprocidad, el realismo y unos intereses europeos claramente definidos.

Que este enfoque se convierta en un paradigma europeo más amplio dependerá tanto de la evolución de las propias políticas chinas como de la capacidad de Madrid para persuadir a otras capitales. Una relación productiva debe construirse, en última instancia, en ambas direcciones."

(Miguel Otero Iglesias, Mario Esteban, Real Instituto Elcano, 21/04/26) 

18.4.26

¿Qué quiso hacer Sánchez en China? Articular un eje sino-europeo de responsabilidad climática, que permita acelerar la transición energética ¿Cómo entender el proyecto de Sánchez de acercamiento en nombre de la ecología? La energía ha pasado a ocupar, una vez más en la historia, el centro del tablero... las alternativas tecnológicas son ya una realidad tangible, están disponibles en generación eléctrica, edificación y movilidad... sin embargo, esta misma coyuntura revela con crudeza hasta qué punto esa gran transición necesita un nuevo impulso geopolítico, pues, una alternativa tecnológica superior en términos costo-eficientes, ha desatado la furia en sus centros de poder político: Washington, Moscú y Riad... Se ha conformado, así, una nueva Santa Alianza que persigue prolongar el control sobre una de las bases materiales que han sostenido la arquitectura geopolítica de los siglos XX y XXI... la descarbonización supone una profunda reorganización de las bases materiales del poder. De llevarse a cabo con éxito, supondría el mayor proceso de descapitalización de la historia económica por los ingentes recursos fósiles que se quedarían varados... Quienes se benefician de las ingentes rentas y activos patrimoniales derivadas de los recursos fósiles se han conjurado para hacer fracasar por todos los medios la transición global de la energía. Y la Unión Europea, con sus políticas climáticas y de transición energética, se erige como un obstáculo prioritario a debilitar, cuando no a derribar... así pues, la relación de Europa con China adquiere un significado renovado que trasciende la lógica convencional de competencia entre potencias, para pasar a una cooperación de largo recorrido y orientación pragmática entre dos polos geopolíticos, económicos y tecnológicos que concentran capacidades decisivas para evitar el caos climático y reconfigurar el sistema energético global. Europa aporta un marco normativo avanzado, una experiencia pionera en políticas de descarbonización y un modelo social que integra cohesión y sostenibilidad. China, por su parte, dispone de la escala industrial, la capacidad de despliegue y el control de las cadenas de valor tecnológicas que hoy determinan el ritmo de la transición... El interés de ambas converge, además, en su vulnerabilidad compartida ante un orden fósil que no sólo no controlan, sino que se erige como grave amenaza a su seguridad... Se trata de esquivar los peores escenarios climáticos y contribuir al fortalecimiento del sistema multilateral y al papel central de las Naciones Unidas (Emilio Santiago Muíño)

 "Durante una gran ceremonia celebrada en el Gran Palacio del Pueblo, en Pekín, Xi Jinping declaró con cierta solemnidad que el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, se encontraba «en el lado correcto de la Historia».

De trasfondo una delicada reconfiguracion de las relaciones internacionales en las que España, actuando como avanzadilla consciente de las posiciones europeas, busca fortalecer de manera significativa la colaboración entre Europa y China, dejando atrás años de desconfianza y recelo.

¿Cómo entender el proyecto de Sánchez de acercamiento en nombre de la ecología? Este texto, cuyos análisis son fundamentales para definir la política española, revela un contexto general de la cuarta visita de Sánchez a China en cuatro años y cómo los retos globales necesitan más que nunca como condición imprescindible un gran acuerdo de largo recorrido entre ambas potencias.

El orden mundial vigente en las últimas décadas se encuentra en plena reconfiguración y el horizonte estratégico europeo precisa ser reformulado. El retorno de las lógicas imperiales —nostálgicas de un “gran ayer” glorioso—en las dos grandes potencias nucleares, Rusia y Estados Unidos, junto al ascenso de China y la regresión democrática global, están redibujando en profundidad los contornos de dicho orden.

La Unión Europea precisa leer acertadamente las nuevas tendencias globales y el poder inherente en la disposición específica de los elementos.

Hay sobrados motivos para creer que el proyecto político que representa la Unión Europea se encuentra sometido a un creciente cerco estratégico.
El incendio de Oriente Medio provocado por la guerra unilateral e ilegal de Estados Unidos e Israel contra Irán es el último episodio de dicha reconfiguración. Y la energía ha pasado a ocupar, una vez más en la historia, el centro del tablero.

El Estrecho de Ormuz se ha convertido en dramático símbolo del paso muy angosto no solo geográfico sino geopolítico, económico y de seguridad, que supone la dependencia energética de unos combustibles fósiles utilizados como vectores de poder. El contraataque iraní sobre las infraestructuras energéticas del Golfo y, sobre todo, el cierre del mencionado estrecho —por donde transita la mitad de las exportaciones mundiales de petróleo— han situado al sistema económico global al borde de un shock de grandes dimensiones. La disrupción del suministro ha sido descrita, de hecho, por la Agencia Internacional de la Energía como potencialmente más grave que la crisis de 1973.

Es probable, por tanto, que la guerra provoque un profundo punto de inflexión en el sistema energético mundial. Acelerará en el medio plazo el abandono de la dependencia del petróleo y el gas, en especial en países asiáticos que están viviendo una emergencia energética que afecta de lleno no sólo a su economía sino a su seguridad nacional. La razón es simple: las alternativas tecnológicas son ya una realidad tangible, están disponibles en generación eléctrica, edificación y movilidad. Y, sin embargo, esta misma coyuntura revela con crudeza hasta qué punto esa gran transición necesita un nuevo impulso geopolítico que permita quebrar la estructura de dependencia fósil que sigue atenazando a la mayoría de la humanidad.

Para Europa la lección es clara y contundente. Tras la crisis derivada de la invasión rusa de Ucrania y tras la agresión militar a Irán, la política energética ya no puede pensarse solo en términos de eficiencia y sostenibilidad climática, sino como el eje central de la seguridad y la soberanía estratégica.
Esta es, en última instancia, la cuestión de fondo del este ensayo: en un momento en que la transición energética empieza a perfilarse como una alternativa real al orden fósil global, los centros de poder que se benefician de él redoblan sus esfuerzos por prolongar su dominio económico y geopolítico. Urge, en consecuencia, una reformulación estratégica que sitúe la energía y el clima en el corazón del proyecto político europeo. Y es que ya no se trata sólo de preservar las bases naturales/ climáticas de la existencia, sino de garantizar la autonomía material de nuestras sociedades en un mundo peligrosamente inestable.

Hacia el caos climático

El importante informe científico publicado en febrero de 2026, The risk of a hothouse Earth trajectory, 1 ofrece una conclusión contundente a la vez que preocupante: tras doce meses consecutivos habiendo superado el incremento de la temperatura media de la atmósfera en 1,5 grados, el objetivo más ambicioso fijado en el Acuerdo de París ha sido ya superado o lo será en breve.

Lo que es aún más grave, dada la actual dinámica de las emisiones globales y el contexto geopolítico internacional, hay muchas posibilidades de que el umbral de seguridad de los 2 grados se supere hacia 2045. Y es que el incremento de la temperatura de la atmósfera se ha acelerado. Mientras que entre 1880 y 1970 el aumento por década fue de 0,05 grados y entre 1970 y 2010 de 0,19 grados, entre 2010 y 2025 ha sido ya de 0,31 grados, un salto significativo. De no mediar una reducción drástica de las emisiones globales en el horizonte temporal 2026-2035, algo relativamente poco probable a la vista de los débiles compromisos adoptados por los grandes emisores, el incremento de los 2 grados su superará en apenas veinte años.

Ese escenario supondría el fracaso de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) aprobada en 1992 en la cumbre celebrada en Río de Janeiro. Dicha convención ha vertebrado la respuesta climática internacional, incluyendo el Protocolo de Kioto en 1997 y el Acuerdo de París en 2015.

Desde el primer informe de síntesis del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), publicado en 1990, el umbral de los 2 grados ha sido la referencia que ha guiado a la comunidad científica. De hecho, cuando la CMNUCC formuló su objetivo central de “evitar una interferencia antropogénica grave sobre el clima de la Tierra”, ese nivel de aumento era el que definía la interferencia.

Respecto a la dinámica de las emisiones conviene destacar tres aspectos.

Primero, once años después del Acuerdo de París, éstas continúan aumentando, no se ha producido aún el punto de inflexión. Segundo, China principal emisor mundial, responsable de aproximadamente el 30 por ciento de las emisiones anuales, se ha fijado objetivos de mitigación poco ambiciosos en el horizonte 2035, del orden del 7-10 por ciento respecto al máximo que alcance a lo largo de esta década, por lo que su reducción será “neutralizada” por los incrementos esperados en otros países intensivos en el uso de carbón como India, Indonesia o Vietnam. Tercero, Estados Unidos, principal emisor en términos históricos y segundo emisor en la actualidad, no sólo se ha desentendido de sus responsabilidades adquiridas, sino que ha puesto en marcha una ofensiva contra los acuerdos climáticos y la transición energética y en defensa del poder fósil.

Como consecuencia de dichos factores, el escenario más realista entre 2026 y 2035 es una relativa meseta (plateau) de las emisiones globales, o quizás una pequeña disminución de las mismas, en lugar de la pronunciada curva de descenso que se precisaría para situar su trayectoria en una dirección compatible con los 2 grados.

La trayectoria de emisiones entre 1980 y 2025 que finaliza en dicho punto, sitúa como escenario más probable, dadas las actuales circunstancias, el denominado SSP2-4.5, línea de color amarillo ocre, que conduciría a un incremento de la temperatura media a finales del presente siglo de 2,7 grados.

Otro mensaje importante que se desprende de la mencionada figura es que, como consecuencia del Acuerdo de París y de la transición energética global, los dos peores escenarios climáticos, el SSP5-8.5 y el SSP3-7.0, contemplados por la comunidad de la ciencia del clima como posibles hace apenas una década, se puede decir, con bastante seguridad, que han quedado descartados. Asimismo, también se desprende que, dada la situación actual, acceder al escenario climático más optimista, la línea violeta SSP1-1.9, es ya virtualmente imposible.

Partiendo de los actuales compromisos adoptados por los diferentes países, las modelizaciones llevadas a cabo tanto por la Agencia Internacional de la Energía, como por el centro de investigación Climate Tracker Initiative prevén también un ascenso de la temperatura a finales de este siglo en torno a los 2,7 grados sobre la existente en la época preindustrial. Y ello sin tener en cuenta los posibles efectos de retroalimentación positiva que se pueden activar en el sistema climático global, una vez que los umbrales 1,5 y 2,0 grados queden desbordados, que es lo que proporciona el título al estudio arriba citado (The risk of a hothouse Earth trajectory). Por ello, no es exagerado afirmar que la actual trayectoria conduce hacia el caos climático.

Transición energética: una revolución retrasada

Una de las paradojas del siglo XXI es que el agravamiento de la crisis climática coincide con un avanzado nivel de madurez de las posibilidades tecnológicas para la descarbonización, prerrequisito fundamental —aunque no único— para estabilizar el clima planetario. La “revolución electrotécnica”, en términos del centro de investigación EMBER, está produciendo la transformación energética más disruptiva y prometedora desde la revolución industrial.

Sin embargo, dicha revolución está teniendo lugar con una generación de retraso para poder cumplir con el mandato de la CMNUCC. Además, se está viendo confrontada por poderosos intereses fósiles que han conformado un bloque histórico —en el sentido gramsciano— de alcance internacional que trabaja incansablemente para hacer descarrilar dicha transición.

En las últimas décadas la energía solar fotovoltaica, la energía eólica y, más recientemente, los sistemas de almacenamiento de baterías han conocido una de las curvas de abaratamiento de costes más impresionantes de la historia económica de la energía. En el 80 por ciento de las latitudes del mundo apuntar hoy con un panel al sol se ha convertido en la forma más económica de generar electricidad.

A ello se añade la notable ampliación de los procesos económicos electrificables en términos coste-eficientes. Mientras que a comienzos de este siglo XXI apenas un 25 por ciento de los consumos energéticos finales eran electrificables, hoy alcanzan el 70 por ciento, incluyendo edificación, movilidad y, de modo incipiente, algunos procesos industriales.

Dos son las razones clave que explican esa disrupción en los costes. En primer lugar, la morfología de las tecnologías es modular, lo que las hace muy sensibles a las economías de escala que se obtienen con políticas industriales decididas, una cualidad que hace de la descarbonización un cambio tecnológico más parecido al que supuso la informática que al de las transiciones energéticas del pasado. En segundo lugar, el hecho de  mover electrones es mucho más eficiente que quemar moléculas. La electricidad obtenida del proceso fotovoltaico supone una ganancia en captación de energía solar de un orden de magnitud respecto a la fotosíntesis.

No estamos, por tanto, ante un pequeño avance ambiental, sino ante un cambio disruptivo en la historia de la energía.

Las potencias centrales del imperio de los combustibles fósiles contraatacan

El que los intereses del complejo fósil se enfrenten no solo a un amplio cuestionamiento derivado de la crisis climática y la contaminación atmosférica de las ciudades, sino a una alternativa tecnológica superior en términos costo-eficientes, ha desatado la furia en sus centros de poder político: Washington, Moscú y Riad. Por casualidad (¿o no?), Rusia y Arabia Saudí están a la cola a nivel mundial en calidad democrática, según el último informe de 2026 del instituto de investigación Varieties of Democracy, de la Universidad de Gotemburgo (los puestos 162 y 167, respectivamente, de un total de 179 países). El proceso de autocratización que atraviesa Estados Unidos con Trump lo ha llevado a ocupar el puesto 51, cuando en 2017 estaba veinte puestos por encima. 2

Se ha conformado, así, una nueva Santa Alianza que persigue prolongar el control sobre una de las bases materiales que han sostenido la arquitectura geopolítica de los siglos XX y XXI. Y es que los combustibles fósiles han conformado, desde la revolución industrial, la columna vertebral energética que ha sostenido el desarrollo de la economía-mundo. La transformación en curso se percibe como una amenaza a ese dominio global.

Para comprender en toda su dimensión lo que está en juego es preciso tener presentes algunos datos. Estados Unidos, con 20 millones de barriles diarios, es el primer país productor de petróleo del mundo y el mayor productor de gas. Arabia Saudí, con 12 millones de barriles, el segundo, y Rusia, con 10 millones, el tercero, además de ser la segunda potencia gasística.

No se trata solo mantener intactas rentas económicas y activos patrimoniales de gran magnitud. El gas y el petróleo se utilizan como vectores de poder, es decir como instrumentos de coacción estratégica en un mundo en el que la mayoría de las naciones son dependientes de los combustibles fósiles. La actual crisis energética, derivada del ataque norteamericano-israelí a Irán, constituye el enésimo ejemplo de la gran vulnerabilidad de los países obligados a importar petróleo y gas.

La magnitud de los intereses en juego es difícil de exagerar. Según la organización experta en este ámbito Carbon Tracker Initiative, el tamaño del capital fósil mundial, incluyendo las reservas probadas comercialmente explotables, así como las infraestructuras de oferta y demanda y los activos financieros implicados, supera los 90 billones (europeos) de dólares, una cifra cercana PIB mundial.

A la vista de las magnitudes económicas y los reajustes geopolíticos implicados, se comprende que la descarbonización del sistema energético global sea mucho más que un cambio tecnológico. Supone una profunda reorganización de las bases materiales del poder. De llevarse a cabo con éxito, supondría el mayor proceso de descapitalización de la historia económica por los ingentes recursos fósiles que se quedarían varados.

En los últimos años el núcleo de la transición energética se ha desplazado a Asia, concretamente a China. Tecnologías diseñadas en su día en los Estados Unidos y que, posteriormente, alcanzaron su madurez coste-eficiente en la Unión Europea gracias a las políticas públicas desplegadas por la Erneuerbare-Energien-Gesetz del gobierno de coalición rojiverde alemán, han alcanzado en China su desarrollo industrial a gran escala. De hecho, el país asiático ejerce, no sólo el liderazgo en innovación, sino que domina entre el 60 y el 90 por ciento de la capacidad industrial global en tecnologías clave como paneles solares y baterías, así como el refinado de minerales críticos. Además, uno de cada dos coches vendidos en la actualidad en el mercado chino es ya eléctrico.

Mientras que el núcleo duro del sistema fósil se encuentra en Washington, Moscú y Riad, el 80 por ciento de la humanidad incluyendo Europa, China, India, Japón y Corea del Sur, precisa importar la mayor parte de sus necesidades de petróleo y gas. Quienes se benefician de las ingentes rentas y activos patrimoniales derivadas de los recursos fósiles se han conjurado para hacer fracasar por todos los medios la transición global de la energía. Y la Unión Europea, con sus políticas climáticas y de transición energética, se erige como un obstáculo prioritario a debilitar, cuando no a derribar. Todos los medios invertidos en tal fin son bienvenidos por parte los valedores geopolíticos de las energías fósiles, incluida la inestimable colaboración de formaciones populistas de derecha que han adquirido un peso específico incontestable en nuestro continente en el último cuarto de siglo.

La «fósil-nostalgia» del populismo europeo

Los países neurálgicos de las energías fósiles, con Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudí a la cabeza, no cabalgan solos en su afán por truncar la transformación del modelo energético hacia modelos menos agresivos con el clima y con la salud de las personas. Cuentan con aliados relevantes en el propio seno de la Unión Europea, una suerte de quintacolumnistas del modelo fósil. Nos referimos, claro está, a las formaciones nacionalpopulistas que están protagonizando la regresión democrática en las sociedades liberales de nuestro entorno más inmediato.

Así, entre 2000 y 2024, partidos de ese espectro ideológico participaron en un total de 28 gabinetes de 15 países europeos. En el Parlamento Europeo los grupos Patriots for Europe (incluye a Fidesz, Rassemblement National, Vox o Chega), Europe of Sovereign Nations (con Alternativa para Alemania como partido más destacado) y European Conservatives and Reformists (con Fratelli d’Italia y los polacos de Ley y Justicia como mascarones de proa) representan a una cuarta parte del electorado.

Todos ellos comparten un hilo común: su rechazo frontal al proyecto postnacional europeo, a esa aspiración que se ha venido fraguando desde que, en 1951, con la pesadilla nazi y el Holocausto aún recientes, viese la luz la Comunidad Europea del Carbón y el Acero con el Tratado de París. Lo que nació como una comunidad económica desde intereses compartidos ha ido avanzando hacia una unidad política articulada en torno a unos principios y valores comunes, como la separación de poderes o el respeto del pluralismo.

Hoy día, los partidos populistas de derecha europeos, con el aval y la logística de la administración Trump y de no pocos tecno-oligarcas de su país, ponen palos en las ruedas de ese proyecto civilizatorio que representa la Unión Europea. Un ambicioso proyecto político que descansa normativamente en el reconocimiento y preservación de esa “ciudad entera” (por tomar prestada la expresión del primer filósofo de nuestra civilización que nos legó obra escrita, de Platón) de casi 450 millones de personas.

Las propuestas de los partidos de la derecha radical cuando están en la oposición, y sus políticas cuando gobiernan, vienen presididas por una profunda animadversión a todo aquello que signifique avanzar en la preservación de las bases naturales de existencia a partir de la evidencia científica disponible. El medio ambiente figura en sus programas y políticas incrustado en un marco nacionalista y, la gran mayoría de las veces, negacionista del cambio climático. Un marco nostálgico de la hegemonía del carbón y el petróleo como motores de la economía.

En Estados Unidos, Trump, el movimiento ultranacionalista MAGA y un Partido Republicano rendido a ambos, resultan elocuentes en ese sentido. El mismo día de su toma de posesión como presidente en su segundo mandato, el 20 de enero de 2025, Trump firmó un total de 26 órdenes ejecutivas, más que cualquier predecesor suyo en la historia del país. Nunca un presidente estadounidense se había acercado tanto a la caracterización hobbesiana del monarca como alguien que “por naturaleza, siempre está dispuesto y es capaz [in potentia proxima] de ejecutar actos de gobierno”. 3

Varias de dichas órdenes afectaban directamente a la agenda climática-ambiental, siempre en aras de un supuesto “interés nacional”. Así, una orden anunciaba la retirada de los Estados Unidos del Acuerdo de París de 2015, y posteriormente de la propia CMNUCC. Otra posibilitaba “maximizar de forma eficiente y efectiva el desarrollo y la producción de los recursos naturales ubicados en los territorios tanto federales como estatales de Alaska”, dando así vía libre al “drill, baby, drill”. Una tercera aspiraba a potenciar el aprovechamiento de los recursos energéticos y naturales disponibles en territorios y aguas federales, incluidas tierras raras. Contemplaba, asimismo, una “elección real del consumidor” eliminando las barreras regulatorias a los vehículos de combustión; o lo que es lo mismo, renunciando al impulso del vehículo eléctrico mediante “subsidios injustos y otras distorsiones del mercado impuestas por el gobierno”. 4

Los epígonos de Trump en Europa surcan la misma senda negacionista y nostálgica de los combustibles fósiles. El apartado dedicado a la política energética del programa de Alternativa para Alemania (AfD), de 2016, sostiene que el cambio climático “ocurre desde que existe la Tierra” y que “el dióxido de carbono no es un contaminante, sino un integrante indispensable de todas las formas de vida”. En abierta oposición al consenso científico, defiende que “la política climática descansa en modelos climáticos hipotéticos basados en simulaciones informáticas del IPCC”.

Los homólogos españoles de la AfD insisten en la misma línea. En su programa para las elecciones generales de 2023, Vox denunciaba a “los lobbies de la religión climática” y al “ecologismo radical” impuesto por las élites de la Unión Europea y de los organismos transnacionales. Entre las medidas que proponía figuran seguir explotando los combustibles fósiles y revertir la prohibición adoptada por la Unión Europea de vender coches de gasolina y diésel a partir de 2035, así como extender la vida útil de las centrales nucleares existentes, siempre con el horizonte de “alcanzar la soberanía energética”. 5

Estos partidos suelen hacer una encendida defensa de fuentes de energía derivadas de los combustibles fósiles en su calidad de materiales hundidos en las profundidades del territorio patrio. En cambio, según especula de forma sugerente (y provocadora) el investigador sueco Andreas Malm, las energías renovables (sol, viento, agua, olas) fluyen de un lugar a otro.

Con la salvedad parcial de la energía hidráulica, no hay equivalente renovable a nuestro carbón, nuestro petróleo, nuestro gas. Se trata “de una herencia material ultraprofunda que resulta fácil ligar a la mística del nacionalismo patrio”. Las reservas siempre estarán bajo el suelo nacional, mientras que el flujo del que se nutren las renovables guarda un vínculo débil con la patria; no pertenecen a ningún lugar particular, carecen de raíces. Para estos partidos nacionalpopulistas “la energía solar y la eólica son el judío y el musulmán de la energía”. 6

Los franceses de Agrupación Nacional (RN) se ajustan a ese imaginario. En el programa presidencial de su candidata Marine Le Pen de 2022, RN apuesta por “detener los proyectos eólicos y desmantelar progresivamente los parques existentes”. En Alemania la AfD entiende que la energía eólica presenta más inconvenientes que ventajas para humanos, animales y el paisaje. De ahí que proponga consultas ciudadanas sobre su construcción. En cambio, a modo de excepción que confirma la regla, para el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) “la transformación de nuestro sistema energético hacia energías locales y renovables constituye un elemento fundamental de una protección climática activa y es una exigencia de nuestro tiempo” que permitiría a Austria consolidar una economía descarbonizada en el horizonte de 2050. En cuanto a la energía eólica, el FPÖ admite la construcción de parques eólicos, aunque solo allí donde se minimice su impacto sobre los núcleos poblacionales y el medio ambiente. 7

El mundo de ayer no va a regresar

Las instituciones de la Unión Europea no supieron interpretar adecuadamente la situación internacional generada con la primera presidencia de Trump en 2017. Un abierto negacionista climático en la Casa Blanca suponía un disruptivo punto de inflexión. Si, tal y como afirmaban los tres últimos secretarios generales de las Naciones Unidas, la comunidad de la ciencia y el Parlamento Europeo, la emergencia climática era el problema llamado a definir el siglo XXI, lo correcto hubiese sido mantener una posición propia cuando, ese año 2017, Estados Unidos reseteó su política exterior haciendo de la contención hacia China el eje definidor de la misma (great power competition).

Europa se plegó a los nuevos vientos que llegaban del otro lado del Atlántico, en detrimento de una estrategia exterior centrada hasta entonces, en gran medida, en reconducir la crisis del clima e impulsar la transición de la energía, algo solamente viable mediante una colaboración constructiva con China. La Unión practicó un seguidismo acrítico hacia un giro geopolítico cuyo fin no era otro que preservar la hegemonía mundial estadounidense, obstaculizando, cuando no impidiendo, el despegue económico, tecnológico y militar del país asiático. No supo mantener una posición propia, autónoma, deslizándose hacia una definición confusa de sus relaciones con Pekín, en las que prevalecería la desconfianza derivada de lo que se calificaba como “rivalidad sistémica”.

Mientras que Estados Unidos protagonizaba el citado año 2017 el segundo default climático (el primero tuvo lugar con el Protocolo de Kioto) abandonando el Acuerdo de París, Pekín proyectaba estabilidad geopolítica y se atenía a los compromisos internacionales. La razón era prístina. China se había beneficiado como nadie de la globalización económica posterior a la finalización de la Guerra Fría, en especial a raíz de su incorporación a la Organización Mundial del Comercio en diciembre de 2001. El país asiático había sacado de la pobreza extrema a ochocientos millones de personas en cuatro décadas y había transitado desde los márgenes al centro del sistema económico, industrial y comercial mundial. Era una nación interesada, en consecuencia, en preservar la relevancia de la red de relaciones institucionales que vertebraban el sistema internacional. 8

La segunda presidencia de Trump ha agravado la desorientación europea.

La nueva doctrina definida por la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) dirige su hostilidad más afilada no ya hacia Pekín o Moscú, sino, sorpresa, hacia el proyecto político comunitario. Como resultado de ese asalto dialéctico de la ESN y la posterior amenaza de ocupar Groenlandia, la brújula europea se encuentra todavía en modo shock respecto a cómo perfilar su relación con Estados Unidos.

La desorientación es consecuencia de la dificultad para superar la dependencia hacia Estados Unidos que se percibe en algunas capitales, singularmente Berlín. Prevalece una fuerte nostalgia de los buenos viejos tiempos, en especial en las esferas conservadoras de Alemania.

Esa nostalgia es, sin embargo, mera ilusión. El mundo de ayer no va a regresar. Las placas tectónicas políticas del coloso norteamericano se han desplazado irreversiblemente. Europa ha de aceptar de manera realista los hechos, abandonar toda ingenuidad y mirar hacia el futuro.

No será fácil.

Existe, por un lado, una muy importante agenda de seguridad y defensa en relación con la guerra de agresión y desgaste de Rusia contra Ucrania, a la que Europa ha prestado acertadamente una gran atención. En buena parte de los países comunitarios del Este y de Centroeuropa la percepción de inseguridad respecto a la Rusia neoimperial de Vladimir Putin condiciona de manera decisiva su orientación estratégica.

Reaccionar al cerco estratégico fósil

La Unión Europea se ha situado desde hace más de tres décadas a la vanguardia mundial de la descarbonización.

Ha sido y es un actor fundamental en la diplomacia climática global. De hecho, ninguna otra región del globo ha llevado más lejos la posibilidad de combinar prosperidad económica y descarbonización.

Desde 1990 hasta 2025, el PIB real europeo ha crecido un 70 ciento en términos reales, mientras que sus emisiones de gases de efecto invernadero han disminuido un 37 por ciento. Un ejemplo empírico de desacoplamiento protagonizado por cientos de millones de personas a lo largo de 35 años. Pese a que China ha tomado el testigo de la innovación tecnológica y la capacidad industrial verde, ningún otro lugar como Europa presenta una proporción tan relativamente equilibrada entre desarrollo económico, desempeño ambiental, justicia social y compromiso climático.

En los nuevos centros imperiales, la actual Casa Blanca y Moscú, la Unión Europea se percibe como un proyecto político que precisan debilitar al objeto de que su agenda de refundación del orden mundial, basado en la completa dominación en sus respectivas esferas de influencia, pueda hacerse realidad.

En esta difícil encrucijada la dependencia energética constituye una seria vulnerabilidad estratégica.

Pese a las numerosas experiencias del pasado, y pese a haber abierto el camino a la competitividad de las renovables en la primera década de este siglo, la matriz energética de la Unión Europea sigue dependiendo todavía en un 70 por ciento de los combustibles fósiles, la inmensa mayoría de ellos importados. Una vulnerabilidad económica y de seguridad que ha regresado al primer plano a raíz de los efectos derivados de la guerra de Irán, cuando todavía estaba reciente el shock de oferta de gas provocado por la invasión de Rusia a Ucrania en 2022.

El proyecto político europeo se encuentra, así, sometido a un creciente cerco estratégico por parte de dos potencias agresivas, que buscan, en el marco más amplio de una reconfiguración del orden mundial, hacer descarrilar la transición de la energía y así preservar sus ingentes activos fósiles y el poder geopolítico que les proporciona.

Europa precisa, en consecuencia, reformular sus relaciones internacionales para sobrevivir y prosperar en un mundo post-atlantista. Tras el retorno de las lógicas imperiales encara el que posiblemente sea el mayor desafío existencial que ha conocido en las siete décadas transcurridas desde sus orígenes.

Ante este grave diagnóstico se impone una mirada realista.

Ideas contra los imperios

La descalificadora y agresiva visión sobre Europa articulada por la ESN de Estados Unidos y las pulsiones imperiales moscovitas, surgen de respectivas corrientes muy profundas de la historia. Es preciso responder. Las siguientes ideas-fuerza pueden servir de guía.

La primera, la Unión Europea ha de poner en marcha sin demora un salto cualitativo en su proceso de integración.

Es imprescindible sortear la capacidad de veto y bloqueo interno que poseen las naciones satélites del Kremlin dentro de Europa, con Hungría en un papel estelar; un país que, de la mano de un gobierno nacionalpopulista encabezado de forma ininterrumpida desde 2010 por Viktor Orbán, ha derivado en el país de la Unión Europea con la democracia más defectuosa, según informes solventes sobre calidad democrática en el mundo. Dada la dificultad para acordar por unanimidad la respuesta a los bloqueos sistemáticos ante crisis graves, la vía de la Cooperación Estructurada Permanente recogida en el acervo comunitario parece la opción más viable. En esa dirección, la reciente creación del E6 —Alemania, Francia, Italia, España, Polonia y Holanda— para acelerar la toma de decisiones, la competitividad económica y los avances en seguridad y defensa es una iniciativa muy prometedora que merece pleno apoyo.

La segunda, los informes Draghi y Letta deben reorientar el presente y futuro económico de Europa.

Se necesita un impulso expansivo sin precedentes financiado con la emisión de eurobonos, tal y como se ha hecho últimamente con la ayuda a Ucrania. Una inyección estructural de recursos que sirva para cubrir déficits críticos en materia de seguridad y defensa europea, salvar la actual brecha tecnológica con China y Estados Unidos y contribuir a reforzar el modelo social del continente, ingrediente clave de la cohesión social y expresión máxima de nuestros valores. Este enfoque económico habría de garantizar, asimismo, las inversiones requeridas por la Gran Adaptación Climática que tendrá que  desplegarse en los próximos años.

La tercera, tal y como ya hemos señalado, Europa habría de reformular sus relaciones internacionales.

En un contexto que se desplaza aceleradamente hacia lógicas de poder duro, no puede nadar sola asediada por depredadores imperiales y las relaciones con las denominadas potencias medias siendo necesarias, no son suficientes.

China es hoy día, tal y como se ha señalado, un factor de estabilidad geopolítica y epicentro de la gran transformación del sistema energético. A la Unión Europea le interesa una aproximación cooperativa de largo alcance estratégico con el país asiático, nucleada en torno a la transición energética, la acción climática responsable, relaciones comerciales en pie de igualdad y la defensa de un mundo basado en reglas, el multilateralismo y el sistema de Naciones Unidas.

Finalmente, una consideración desde la experiencia reciente de España. La economía española ha mostrado estos últimos años un desempeño notable con relación al resto de países de la OCDE. Existe consenso en que, parte del éxito, ha sido gracias a su apuesta decidida por la transición energética, en especial el formidable despliegue de energías renovables desde 2018. Ello ha favorecido precios de la electricidad más competitivos, lo que a su vez ha contribuido a atraer grandes inversiones.

Dicha apuesta no fue una improvisación. Se formuló dentro de un marco estratégico sobre clima y energía situado, desde el primer momento, en el centro del proyecto político del gobierno progresista de coalición.

Tras casi ocho años de recorrido, dicha experiencia contiene ingredientes muy aprovechables para una Europa social y climáticamente comprometida. Y ahora que los tambores de la guerra han regresado a Oriente Medio, también para una cultura de la paz.

El futuro acercamiento sino-europeo

El acercamiento de Europa a China que defendemos no supone compartir valores y modelos de sociedad. Supone compartir, de manera realista, intereses comunes derivados de la pertenencia a un mundo lleno de turbulencias, conflictos y guerras que, además, se desliza sonámbulo hacia el desastre climático.

Europa es hija de la Ilustración y de una Modernidad en la que los derechos individuales, las libertades políticas, la formación democrática de la voluntad popular, el Estado de derecho, la protección de las minorías, la propiedad privada, la cohesión social y el respeto escrupuloso a los derechos humanos forman parte de un acervo civilizatorio en el que nos reconocemos con orgullo y al que no podemos renunciar. Sin embargo, lo anterior no nos proporciona un pedestal para considerar desde una posición de superioridad filosófica o moral otros modelos de sociedad y otros valores.

Sin negar los numerosos tramos oscuros existentes en sus trayectorias históricas, Europa y China son depositarias de dos antiguas civilizaciones. Como tales han visto ascender y colapsar imperios, dinastías y regímenes políticos.

Les une el respeto hacia el conocimiento surgido de la observación empírica de la naturaleza y el aprecio por la verdad, es decir hacia la ciencia, lo que el gran reformador y estratega Deng Xiaoping llamaba “”buscar la verdad a partir de los hechos”. Sus tradiciones culturales son diferentes, pero complementarias.

La primera es heredera de la razón discursiva socrática, base de la orientación ilustrada por la deliberación democrática. La segunda es depositaria de un legado confuciano y taoísta basado en la armonía y el equilibrio entre la naturaleza y la sociedad, fuente de inspiración, por tanto, para afrontar la crisis ecológica planetaria. 9

Ambas civilizaciones han conocido en sus territorios numerosas invasiones, guerras, catástrofes, miseria y sufrimiento. Han aprendido por experiencia propia que nada hay más valioso que la paz, la prosperidad y la cohesión social de sus sociedades. Cuentan, por tanto, no sólo con los recursos económicos, industriales y tecnológicos, sino cosmovisivos y de valores para aunar esfuerzos de cara a evitar que el mundo se adentre en una espiral de autodestrucción.

En otras palabras, los liderazgos políticos, filosóficos y culturales de China y Europa atesoran la experiencia histórica necesaria para mantener las luces largas a la hora de comprender las amenazas que afronta la humanidad en este turbulento siglo XXI, entre las que la emergencia climática ocupa un lugar central.

La nueva soberanía estratégica europea

Recapitulando nuestro análisis, defendemos que Europa se encuentra ante una convergencia de riesgos sistémicos que no admiten dilación.

El riesgo climático y el energético no pueden pensarse como agendas separadas. Constituyen, en realidad, dos dimensiones complementarias de un mismo programa de emancipación de alcance civilizatorio: la transición hacia un nuevo sistema energético mundial cuya consecución permitirá tres logros históricos. Primero, estabilizar una muy peligrosa trayectoria climática planetaria; segundo, liberar inmensas posibilidades económicas de las que se beneficiarán las mayorías sociales; y, tercero, apaciguar un sistema internacional crecientemente conflictivo como consecuencia del carácter dominador con que se emplean los recursos fósiles. En otras palabras, pacificación geopolítica, estabilidad climática y fuerte impulso a la innovación y el desarrollo económico para beneficio de las mayorías sociales.

En ese sentido, la reciente crisis desencadenada en el Golfo Pérsico ha actuado como recordatorio de una verdad incómoda: mientras Europa dependa estructuralmente de flujos fósiles externos, su autonomía estratégica será siempre relativa. Sin soberanía energética Europa será vulnerable ante potencias imperiales que han situado el concepto de “dominación” en el centro de su doctrina energética.

La transición ha dejado de ser, en consecuencia, únicamente una política climática y económica. Se sitúa en el corazón mismo de la soberanía estratégica europea, al afectar al núcleo mismo de nuestra seguridad.

En este contexto, la relación de Europa con China adquiere un significado renovado que trasciende la lógica convencional de competencia entre potencias. Una cooperación de largo recorrido y orientación pragmática entre dos polos geopolíticos, económicos y tecnológicos que concentran capacidades decisivas para evitar el caos climático y reconfigurar el sistema energético global. Europa aporta un marco normativo avanzado, una experiencia pionera en políticas de descarbonización y un modelo social que integra cohesión y sostenibilidad. China, por su parte, dispone de la escala industrial, la capacidad de despliegue y el control de las cadenas de valor tecnológicas que hoy determinan el ritmo de la transición.

El interés de ambas converge, además, en su vulnerabilidad compartida ante un orden fósil que no sólo no controlan, sino que se erige como grave amenaza a su seguridad. Se trata, por tanto, de ir articulando un eje sino europeo de responsabilidad climática y cooperación energética, que permita acelerar la transición, esquivar los peores escenarios climáticos y contribuir al fortalecimiento del sistema multilateral y al papel central de las Naciones Unidas.

En última instancia, la cuestión es sencilla en su formulación y decisiva en sus consecuencias: o Europa sitúa la acción climática y la soberanía energética en el centro de su proyecto político y de su acción exterior —lo que pasa por replantear su relación con China—, o el creciente cerco estratégico fósil por parte de Rusia y Estados Unidos nos abocará no sólo al empobrecimiento relativo, sino a la continua dependencia y vulnerabilidad hacia un régimen energético desestabilizador. Lo que podría acabar provocando la involución del proyecto político europeo.

Actuar con la escala, la ambición y la inteligencia estratégica que exige este momento histórico es, probablemente, la tarea más importante a la que se ha enfrentado la Unión Europea desde su fundación.

Notas al pie
  1. William J. Ripple et al., «The risk of a hothouse Earth trajectory», One Earth, vol. 9 (2), 20 de febrero de 2026.
  2. «Unraveling The Democratic Era?», V-Dem Institute, 2026.
  3. Thomas Hobbes (1998 [1642]): On the Citizen. Cambridge: Cambridge University Press, p. 97.
  4. Executive Order 14162 of January 20, 2025: “Putting America First in International Environmental Agreements”, en: https://www.govinfo.gov/content/pkg/FR-2025-01-30/pdf/2025-02010.pdf; Executive Order 14153 of January 20, 2025: “Unleashing Alaska’s Extraordinary Resource Potential”, en: https://www.govinfo.gov/content/pkg/FR-2025-01-29/pdf/2025-01955.pdf; Executive Order 14154 of January 20, 2025: “Unleashing American Energy”, en: https://www.govinfo.gov/content/pkg/FR-2025-01-29/pdf/2025-01956.pdf.
  5. “Programm für Deutschland. Das Grundsatzprogramm der Alternative für Deutschland”, Stuttgart (2016), pp. 156, 170, en: https://www.afd.de/wp-content/uploads/2017/01/2016-06-27_afd-grundsatzprogramm_web-version.pdf; Vox. Un programa para lo que importa. Programa electoral para las Elecciones Generales del 23J de 2023, p. 117, en: https://www.voxespana.es/programa/programa-electoral-vox.
  6. Andreas Malm & Zetkin Collective (2024): Piel blanca, combustible negro. Los peligros del fascismo fósil. Madrid: Capitán Swing, pp. 333-334.
  7. “M la France. 22 mesures pour 2022”, medida nº 12. En: https://mlafrance.fr/pdfs/22-mesures-pour-2022.pdf; “Zusammen. Für unser Österreich. Regierungsprogramm 2017-2022”, p. 169 y 179. En: https://nfz.fpoe.at/fpo-ovp-regierungsprogramm-2017-2022/59887739 ; Handbuch freiheitlicher Politik (4ª ed., 2013), p. 59.
  8. Antxon Olabe Egaña, “China, la dinastía roja”, Política Exterior Vol. 32, nº 185, septiembre-octubre 2018.
  9. Antxon Olabe Egaña, “The EU-China Climate Agreement: Building Success at the Crucial Glasgow Summit”, Real Instituto Elcano. Documento de Trabajo 20, 2020. "
(Emilio Santiago Muíño, Jesus Casquete, Antxon Olabe , El Grand Continent, 16/04/26)