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5.6.24

Taylor Swift, Florentino y el Bernabeu, Gijón, Pola de Siero, Alemania y Estados Unidos: la clave de la política contemporánea... El presente político reúne a quienes defienden las necesidades del territorio y de sus habitantes frente a las necesidades del negocio... en Gijón gobierna Carmen Moriyón, de Foro, que es el partido que más está apoyando a la burguesía comercial e industrial. El PP está más del lado de la hostelería y la construcción, y el PSOE hace equilibrios entre unas, otras y sus votantes tradicionales, que provienen de los sindicatos y de las asociaciones de vecinos. Estos últimos colectivos cada vez más se acercan a la burguesía comercial e industrial, ya que comparten intereses, en cuanto a la defensa del tipo de trabajo y de la forma de vida... clases sociales distintas están coincidiendo en intereses, de forma que el hostelero de barrio, el comerciante o el industrial encuentran aliados en vecinos y sindicatos a la hora de defenderse del crecimiento amparado en grandes empresas, franquicias y constructoras... En el fondo, el dilema estadounidense es el mismo que el de Gijón, reorientar decididamente su economía desde lo financiero hacia lo productivo. Proporcionaría una ventaja estratégica adicional, ya que elevaría el nivel de vida de las clases trabajadoras, de las medias y de las medias altas estadounidenses, y sería fructífero para sus pequeñas y medianas empresas, pero Wall Street y el establishment de la política exterior se opondrán ferozmente... El territorio, el barrio, la ciudad, el Estado, ¿deben ser espacios que se adecúan para la extracción de rentas o deben convertirse en productivos? ¿Deben tener economías concentradas en muy pocos actores o deben promover una amplia pluralidad de ellos? ¿Deben generar estabilidad vital para sus poblaciones o es preferible la agitación de 'el ganador se lo lleva todo'? Cuando no solo las clases trabajadoras y medias se ven presionadas económicamente, sino que la desazón alcanza a escalones superiores, suele ser señal de que las tensiones van a ser mucho más profundas, como estamos viendo en todo Occidente (Estaben Hernández)

 "Los vecinos de las viviendas cercanas al Bernabéu se han quejado de las molestias que les causaron las actuaciones de Taylor Swift, pero esto no ha hecho más que empezar. Llega la temporada de conciertos en el estadio del Real Madrid, el próximo el de Duki. Los ingresos para el Real Madrid de Florentino Pérez y para los organizadores de los conciertos van a ser sustanciales (la de Taylor Swift va camino de ser la gira más lucrativa de la historia), y los problemas para los residentes en el barrio también.

No es una cuestión localizada y ocasional, sino que forma parte de una dinámica general, que enfrenta las necesidades de los territorios y de sus habitantes, en este caso de un barrio, con las de los negocios de masas, que requieren de espacios dedicados a la rentabilidad y desposeídos de otra vida que no sea la del consumo. Cada vez más zonas céntricas de la capital de España son lugares sin alma, un decorado para la generación de beneficios. Si quieren referencias al respecto, lean El malestar de las ciudades, de Jorge Dioni López, El corazón del presente, de quien esto firma, o el libro de Fernando Caballero, Madrid D.F., que publicará Arpa este año.

Sin embargo, dentro de esta tendencia general, el barrio del Bernabéu cuenta con un elemento específico. Está poblado por personas con alto poder adquisitivo, muchos de ellos profesionales liberales, y cuentan con recursos y conocimiento para defenderse. Eso les permite ser más combativos. Sin ir más lejos, ganaron un procedimiento judicial al Ayuntamiento de Almeida para anular el proyecto de dos parkings y un túnel en la zona. Es probable que eso no detenga nada, pero al menos, están dando la batalla.

Ambas cosas muestran, mucho más de lo que parece, un momento importante en la política contemporánea, y dice mucho de los nuevos caminos que está siguiendo, también en cuanto a sus protagonistas.

1. Las dos tendencias que se disputan el poder

En una ciudad del norte de España conocen bien estas dinámicas. La representación política en su ayuntamiento está compuesta por los habituales partidos nacionales y por uno regionalmente fuerte, como en muchos otros lugares, pero la brecha que los divide está conformada por dos tendencias que están disputándose el poder real. Por una parte, la vieja burguesía comercial e industrial, ligada al tejido productivo de la ciudad, que está en declive, pero que aporta buena parte de los puestos de trabajo y que da servicio a los habitantes de la ciudad. Por otra, está el sector hostelero y el de la construcción, cuya agenda ha quedado ligada al turismo y a los procesos especulativos, y que está en auge, puesto que la ciudad atrae a cada vez más visitantes, pero también compradores de segundas residencias, frecuentemente madrileños, que la eligen por su benigno clima veraniego.

La idea que ambas fuerzas tienen de cómo debe ser una ciudad es muy distinta. La burguesía comercial e industrial quiere evitar que se convierta en un monocultivo del sector turístico, y plantea modelos en los que las instituciones públicas intervengan para limitar los pisos turísticos, apoyen al comercio local y mantengan la actividad industrial existente. La otra facción busca transformar la ciudad a través de la libertad de horarios, la promoción del mayor número posible de eventos y la ampliación de las épocas festivas para que el turismo sea mayor.

Esta pelea no tiene un reflejo diáfano entre las fuerzas políticas, aunque sí se estén dibujando tendencias. La ciudad es Gijón, y allí gobierna Carmen Moriyón, de Foro, que es el partido que más está apoyando a la burguesía comercial e industrial. El PP está más del lado de la hostelería y la construcción, y el PSOE hace equilibrios entre unas, otras y sus votantes tradicionales, que provienen de los sindicatos y de las asociaciones de vecinos. Estos últimos colectivos, por otra parte, cada vez más se acercan a la burguesía comercial e industrial, ya que comparten intereses, en cuanto a la defensa del tipo de trabajo y de la forma de vida.

Esta cercanía dibuja también un futuro político, en la medida en que reúne a quienes defienden las necesidades del territorio y de sus habitantes frente a quienes anteponen las necesidades del capital. La iniciativa Xixón en Marcha, que se celebró el pasado jueves, cumple esa función de aliar fuerzas que tejan propuestas para la ciudad que no pasen por el ladrillo y el turismo.

2. Los "paletos de ciudad" y los vecinos pobres

Estas tensiones entre territorio y rentabilidad tienen expresiones diferentes según los lugares, y un buen ejemplo es Pola de Siero. En la localidad asturiana se está librando otra de esas batallas a raíz de la instalación de un gran hipermercado Costco. Una de las mayores reivindicaciones de los industriales y comerciantes es la de reducir el espacio a las firmas de contenedor (Amazon, Uber o Airbnb), así como a las grandes empresas y franquicias. En Gijón, Starbucks inaugurará este verano su segundo local en Asturias, tras el instalado en Oviedo. El anuncio no ha generado mucha expectación: "Todos sabemos que tomarse un café en Starbucks es de paletos de ciudad. Hay sitios aquí donde tomar un café mejor y más barato", afirma uno de los participantes en Xixón en Marcha.

En este contexto, y como era de esperar, la intención de Costco es combatida firmemente por los comerciantes asturianos, dada la concentración de ventas que puede generarse. En Francia o en EEUU, entre otros países, la instalación de grandes superficies internacionales en las provincias ha llevado al declive inevitable de las tiendas locales y ha perjudicado a su tejido laboral.

La instalación de Costco en Pola de Siero tiene un escollo jurídico: se debería modificar la ley del suelo para que la empresa pudiera construir su centro, ya que la actual no lo permite. Hay una batalla política que ha movilizado también a sindicatos como Comisiones. El alcalde, Ángel García, del PSOE, es favorable al proyecto, ya que la localidad asturiana cuenta con una gran ventaja: está situada en un lugar relativamente céntrico dentro de su comunidad y cuenta con buenas comunicaciones. Constituye un emplazamiento atractivo para la logística de las grandes empresas, como Amazon, y para los centros comerciales. Obramat (antes Bricomart, especializado en materiales de construcción) quiere instalar allí un centro, pero no se lo permiten las actuales normas. Y Decathlon pretendió situar una macrotienda, pero no lo consiguió por la misma causa. El alcalde, del que se especula que pueda abandonar su partido y montar uno propio, está intentando que su ciudad crezca a partir de la promoción de este tipo de iniciativas, que son combatidas por los comerciantes y los industriales.

En este caso, la prioridad de un territorio choca con los colindantes, en la medida en que el desarrollo por esta vía de Pola de Siero supondría la absorción de recursos de otras zonas de Asturias: el tipo de negocios que allí se instalan son mucho menos productivos para la comunidad. Pola de Siero dista mucho de ser Madrid, pero la dinámica de crecimiento es parecida, dentro de su tamaño. Su auge significa el empobrecimiento de los vecinos.

Es un ejemplo más de que la lógica política se está desplazando, porque la variable tradicional izquierda/derecha no está en el tablero como el principal elemento: priman los elementos territoriales, y la división política principal reside en esa defensa de distintos intereses en cuanto a tipos de trabajo y formas de vida. Esta ruptura, sin embargo, no se ha trasladado claramente a los partidos. No hay formaciones que se posicionen inequívocamente de un lado o de otro, y tampoco utilizan ese marco de manera explícita en sus programas. Sin embargo, sí están produciéndose desplazamientos evidentes, ya que clases sociales distintas están coincidiendo en intereses, de forma que el hostelero de barrio, el comerciante o el industrial encuentran aliados en vecinos y sindicatos a la hora de defenderse del crecimiento amparado en grandes empresas, franquicias y constructoras.

Un asturiano del ámbito progresista, que prefiere permanecer en el anonimato, por si los suyos le causan problemas, señala que la izquierda debería "hacer esta lectura del conflicto en el poder y darse cuenta de las nuevas alianzas que se pueden tejer con otros sectores sociales; esto marcaría un camino político".

3. El dinero o el territorio

La variable territorial ha dado forma a la política nacional e internacional en los últimos años, desde partidos locales como Bildu o BNG hasta las formaciones de la extrema derecha europea, y es un hecho que no termina de constatarse. Tampoco las posibilidades y las derivas políticas que contiene.

Una de las contradicciones más interesantes es la que genera entre clases sociales con poder, como le ocurre al Bernabéu con sus vecinos, o a las distintas clases de burguesía en Gijón. Recordemos que las últimas décadas han sido las de la globalización feliz, en las que el poder del capital ha funcionado por encima de los territorios, por lo que es lógico que las resistencias hayan regresado en forma de reivindicaciones locales o nacionales, y sean apoyadas en buena medida por personas con recursos que perciben claramente cómo las prácticas de los últimos años les están perjudicando. Mientras la deslocalización y la búsqueda de la máxima rentabilidad afectaba solo a los trabajadores, era justificada porque resultaba más eficiente y generaba precios más baratos, pero ahora que sus consecuencias negativas ya se han extendido a otras clases sociales, los descontentos son muchos más, tienen más poder y se les escucha con más fuerza.

Esa contradicción entre el territorio y el capital también cuenta con enormes consecuencias en el plano internacional y conduce hacia otro nivel. En el Sur Global no parece haber discusión. China, Rusia, Brasil, India, Turquía, Arabia Saudí o Sudáfrica, entre otros estados, incluido Israel, han apostado por operar en términos estatales y trazan alianzas con el capital, o lo subordinan al interés nacional, al tiempo que impulsan las relaciones comerciales que les resultan favorables. En Occidente hay más dudas porque se creyó firmemente en la bondad del orden basado en reglas, lo que hace necesario más tiempo para que el ajuste mental se produzca, pero también porque las contradicciones son mayores.

El caso más evidente es Alemania, que tiene varias opciones a la hora de encarar el futuro, pero todas dudosas. Debe optar entre apoyar su industria, que es la que le ha otorgado, junto con el euro, una posición de privilegio, o apostar por el capital. Si elige la segunda posibilidad, elimina su espacio de ventaja. Si opta por la primera, tendrá que aportar ayudas de Estado para la gran industria, con lo que eso supondría de cambio de reglas para el resto de la UE. Al mismo tiempo, trata de mantener abierta la globalización y su relación con China, justo a lo que se opone EEUU. Mantiene una postura incómodamente dubitativa sobre la necesidad de impulsar el mercado único y el mercado de capitales. Y, por si fuera poco, le sería muy conveniente llegar a buenos términos con Rusia para seguir contando con su gas barato mientras hace la transición, pero eso parece muy improbable ahora, y más dada la oposición de Washington. La ligazón de Alemania con el ámbito financiero y militar estadounidense y con la industria china, y su indefinición respecto del papel que debe jugar en la UE, está generando muchas tensiones internas, también con su Mittelstand, ese conjunto de pequeñas y medianas empresas industriales que son su gran fuerza.

4. El enredo estadounidense

Sin embargo, el caso más complicado de resolver es el de EEUU, y el hecho de que sea el país hegemónico lo vuelve aún más difícil. Entre sus élites hay lógicas enfrentadas, dado que deben elegir entre los beneficios que el capital, fundamentalmente financiero, les aporta, y las necesidades de su Estado a la hora de hacer frente al gran competidor que es China.

La mayor debilidad estadounidense proviene de su dependencia del exterior en toda clase de manufacturas, incluidas las tecnológicas, hasta el punto de que ha tenido que impulsar la fabricación autóctona de chips. Esa posición dependiente también se da en el ámbito bélico, ya que ni siquiera es capaz de producir munición y armas para abastecer a Ucrania e Israel, sus aliados en las dos guerras en curso. Los militares estadounidenses han alertado repetidamente de esta vulnerabilidad, sin demasiada suerte. Además, la fabricación nacional no solo es escasa, también ineficiente: Boeing es un ejemplo más de cómo la obsesión por lo barato ha acabado creando deficiencias en el funcionamiento de sus aviones, a veces con graves repercusiones. De fondo está el hecho estratégico: si un país hegemónico no produce, pone todas las bases para dejar de serlo, y más aún cuando ha dejado la fabricación en manos chinas (y todo para que Wall Street recogiera los dividendos).

La otra gran debilidad estadounidense es la interna. Décadas de deterioro de sus clases medias provocan que la inflación ahora sea particularmente dañina, en la medida en que su población estaba ya suficientemente presionada por los costes de los bienes básicos como para aguantar otro embate. Todo aquello de los precios baratos, justo la ventaja que parecían tener los intercambios globales, está desapareciendo. Ni siquiera las hamburguesas (como los kebabs en Alemania), lo son ya. La inestabilidad que causa la pérdida de un horizonte vital estable puede comprobarse día tras día en la política estadounidense.

A pesar de todo eso, la mayor parte del establishment de Washington apuesta por conservar el régimen de la globalización, solo que con una presencia militar más fuerte. Mantener el sistema económico en una línea similar a la vieja globalización requiere de una derrota rusa, de la contención a Irán y de volcar más recursos en el Pacífico. Recordemos que la globalización, la era de la paz mediante el comercio, lo ha sido de guerras continuas: en los Balcanes, en Afganistán, Irak, Libia, Siria, y ahora Ucrania y Gaza. El militarismo ha sido la otra cara del orden basado en reglas, y lo continuamos presenciando.

En este contexto, a EEUU le beneficiaría enormemente la recuperación de su industria, lo que solo podría producirse con la adopción de medidas proteccionistas fuertes, cuando no muy fuertes. Robert Lighthizer, consejero de comercio de Trump en la presidencia de 2016, y un nombre que se da como fijo si regresara al poder, ya ha hecho público su contundente plan al respecto. Biden ha dado pasos en esa dirección, pero limitados y acotados al área de los chips y de la tecnología verde.

Ese camino, sin embargo, no puede seguirse sin adoptar una decisión indeseada para buena parte de sus élites, la de reorientar decididamente su economía desde lo financiero hacia lo productivo. Proporcionaría una ventaja estratégica adicional, ya que elevaría el nivel de vida de las clases trabajadoras, de las medias y de las medias altas estadounidenses, y sería fructífero para sus pequeñas y medianas empresas, así como para las arraigadas en el territorio, con independencia de su tamaño. Eso supondría mayor estabilidad interna, por no hablar de las ventajas militares y de las vulnerabilidades que cerraría no depender de otros países para el abastecimiento en materias esenciales (muchos de los principios activos de sus medicinas se fabrican en China, sin ir más lejos).

5. El dilema

Este giro, como es natural, resulta incómodo para los ganadores de la globalización. Lo explica bien el economista Michael Pettis, que ha defendido desde hace tiempo políticas industriales y comerciales que reactiven la industria manufacturera de su país: "Beneficiarán a los trabajadores, las empresas y la clase media estadounidenses, pero Wall Street y el establishment de la política exterior se opondrán a ellas ferozmente. Wall Street se opondrá especialmente, entre otras cosas, porque significará una disminución del papel internacional del dólar estadounidense y el fin del papel del sistema financiero estadounidense como acomodador de último recurso del exceso de ahorro global".

En el fondo, el dilema estadounidense es el mismo que el de Gijón, y tiene que ver con la naturaleza de la economía elegida. El territorio, el barrio, la ciudad, el Estado, ¿deben ser espacios que se adecúan para la extracción de rentas o deben convertirse en productivos? ¿Deben tener economías concentradas en muy pocos actores o deben promover una amplia pluralidad de ellos? ¿Deben generar estabilidad vital para sus poblaciones o es preferible la agitación de 'el ganador se lo lleva todo'?

Son preguntas que atraviesan el eje territorio/capital sobre el que se asienta la política y que se resuelve mediante una decisión: todo depende de si la economía productiva manda sobre la financiera o de si ocurre al revés. Mientras tanto, las perturbaciones prosiguen, y están teniendo consecuencias ideológicas y electorales significativas. Cuando no solo las clases trabajadoras y medias se ven presionadas económicamente, sino que la desazón alcanza a escalones superiores, suele ser señal de que las tensiones van a ser mucho más profundas, como estamos viendo en todo Occidente."                     (Esteban Hernández , El Confidencial, 02/06/24)

4.6.24

La izquierda debe defender el territorio, sus industrias, sus comercios y sus habitantes, frente a las necidades del capital especulativo... se requiere una coalición táctica entre los trabajadores y la burguesía productiva frente al capital extractivo... En una ciudad del norte de España se están disputando el poder real dos tendencias políticas antagónicas que no hace tanto tiempo iban de la mano... A un lado aparece la vieja burguesía comercial e industrial, ligada al tejido productivo de la ciudad, que está en declive, pero que aporta buena parte de los puestos de trabajo... Por otra, está el sector hostelero y el de la construcción, cuya agenda ha quedado ligada al turismo y a los procesos especulativos, y que está en auge, puesto que la ciudad atrae a cada vez más visitantes, pero también compradores de segundas residencias... La idea que ambas fuerzas tienen de cómo debe ser una ciudad es muy distinta. La burguesía comercial e industrial quiere evitar que se convierta en un monocultivo del sector turístico, y plantea modelos en los que las instituciones públicas intervengan para limitar los pisos turísticos, apoyen al comercio local y mantengan la actividad industrial existente. La otra facción busca transformar la ciudad a través de la libertad de horarios, la promoción del mayor número posible de eventos y la ampliación de las épocas festivas para que el turismo sea mayor... En esa pelea, las asociaciones de vecinos y los sindicatos, las fuerzas de izquierda, cada vez más se acercan a la burguesía comercial e industrial, ya que comparten intereses, en cuanto a la defensa del tipo de trabajo y de la forma de vida. Esta cercanía señala una alianza política, ya que reúne a quienes defienden las necesidades del territorio y de sus habitantes frente a quienes anteponen las necesidades del capital. Esta pelea por defender el territorio es una de las constantes de la política contemporánea (Esteban Hernández, Juan Laborda)

Esteban Hernández @HdezEsteban

En una ciudad del norte de España se están disputando el poder real dos tendencias políticas antagónicas que no hace tanto tiempo iban de la mano. Es un asunto que merece atención, porque señala de manera bastante clara cambios ideológicos que reflejan el nuevo eje a partir del cual la política real se está llevando a cabo.

 A un lado de esa línea aparece la vieja burguesía comercial e industrial, ligada al tejido productivo de la ciudad, que está en declive, pero que aporta buena parte de los puestos de trabajo y que da servicio a los habitantes de la ciudad. Por otra, está el sector hostelero y el de la construcción, cuya agenda ha quedado ligada al turismo y a los procesos especulativos, y que está en auge, puesto que la ciudad atrae a cada vez más visitantes, pero también compradores de segundas residencias, frecuentemente madrileños, que la eligen por su benigno clima veraniego. 

La idea que ambas fuerzas tienen de cómo debe ser una ciudad es muy distinta. La burguesía comercial e industrial quiere evitar que se convierta en un monocultivo del sector turístico, y plantea modelos en los que las instituciones públicas intervengan para limitar los pisos turísticos, apoyen al comercio local y mantengan la actividad industrial existente. La otra facción busca transformar la ciudad a través de la libertad de horarios, la promoción del mayor número posible de eventos y la ampliación de las épocas festivas para que el turismo sea mayor. 

Una de las mayores reivindicaciones de los industriales y comerciantes es la de reducir el espacio a las firmas de contenedor (Amazon, Uber o Airbnb), así como a las grandes empresas y franquicias. En esa ciudad, Starbucks inaugurará este verano un local. El anuncio no ha generado mucha expectación: "Todos sabemos que tomarse un café en Starbucks es de paletos de ciudad. Hay sitios aquí donde tomar un café mejor y más barato". 

En esa pelea, las asociaciones de vecinos y los sindicatos, las fuerzas de izquierda, cada vez más se acercan a la burguesía comercial e industrial, ya que comparten intereses, en cuanto a la defensa del tipo de trabajo y de la forma de vida. Esta cercanía señala una alianza política, ya que reúne a quienes defienden las necesidades del territorio y de sus habitantes frente a quienes anteponen las necesidades del capital. Esta pelea por defender el territorio es una de las constantes de la política contemporánea, en sus más variadas expresiones.

10:18 a. m. · 2 jun. 2024 154,3 mil Reproducciones 

 
Juan Laborda @JuanLabordah

(1) Estimado Estebán dentro de los análisis sobre la financiarización y el aumento de poder de mercado de las empresas, destaca este paper de Barkai publicado en The Journal of Finance. Lo que dices está aquí académicamente demostrado onlinelibrary.wiley.com
Declining Labor and Capital Shares

 (2) El aumento de los beneficios puros (extracción de rentas), consecuencia del aumento de poder de mercado, debido a la financiarización (esta es la hipótesis en la que estoy trabajando académicamente), está afectando negativamente al capital productivo y al factor trabajo.

 (3) El choque de esas dos burguesías en la ciudad del norte va de eso. Por eso se requiere una coalición táctica entre los trabajadores y la burguesía productiva frente al capital extractivo. La izquierda debe buscar esa coalición táctica (no sé si sus líderes lo entenderán)!

 11:38 a. m. · 2 jun. 2024 7.054 Reproducciones

28.5.24

Cómo los políticos vascos dejaron de llevar corbata y lo que explica de España... las costumbres de las periferias (Guipuzcoa) asaltaron el centro (Bilbao). Si las prácticas no se extienden desde la urbe hacia el resto del territorio, sino al revés, es que algo se ha transformado... En muchos países la política se está haciendo contra las capitales y contra sus habitantes... una brecha que separa al usuario del caro coche eléctrico de París de la clase media baja de provincias, que se mueve en el contaminante y barato diésel... España es una anomalía en este sentido... las formaciones más jóvenes, como Podemos y Sumar, encontraron en las grandes ciudades sus principales apoyos. Vox también... eso no ha sucedido porque esa tendencia ha sido contrarrestada con un factor perturbador, el de los nacionalismos periféricos, lo que ha impedido que la tensión política entre el interior y la ciudad global se desarrollase... por la propia naturaleza de los nacionalismos periféricos, que establecían proyectos para sí mismos y se agotaban en sí mismos, y que, en consecuencia, no eran capaces de establecer alianzas con otros territorios y de vincular una oposición común al centro... Los gobernantes nacionalistas pueden insistir en que más cesiones servirán para paliar los problemas económicos de sus poblaciones, pero eso no es real. Gran parte del deterioro de su nivel de vida, de los problemas de los servicios públicos, del escaso recorrido de sus pymes, de los salarios de sus trabajadores y del aumento del precio de sus viviendas no tiene que ver con procesos autóctonos: son males estructurales... Cualquier territorio (Madrid, Cataluña, Euskadi, el que sea) que piense que aisladamente tendrá más opciones que amparándose en el conjunto del Estado, vive en la pura ilusión... en lugar de seguir negociando para obtener más, lo que difícilmente conseguirán cuando no lo hay, podrían pensar en qué pueden construir en conjunto con otras regiones o con la totalidad del país. Si cuentan con proyectos que puedan potenciar sus territorios a partir de la potenciación de lo común, es la hora de que presionen para intentar ponerlos en marcha, como le toca hacer, y más todavía en el futuro, a España en el seno de Europa... Hemos pasado demasiado tiempo actuando a partir de intereses localistas, y Madrid lo ha hecho en primer lugar, y eso dificulta enormemente pensar en una estrategia de posicionamiento común en un momento crucial. Por desgracia, seguimos enredados en discusiones sobre el pasado en lugar de comenzar a afrontar el futuro. Y es imprescindible, porque vamos tarde (Esteban Hernández)

 "Circula una explicación, probablemente cierta, acerca de cómo la corbata se dejó de utilizar por una mayoría de políticos vascos. Cuando Bildu comienza a adquirir poder institucional tras el final de ETA, la informalidad en la vestimenta se utilizó como un elemento diferencial por parte de sus representantes. La época, marcada también por el 15-M, ayudaba a esta tendencia, porque las rigideces formales comenzaban a ser mal percibidas por las poblaciones. Además, las costumbres sociales ayudaban, ya que era una prenda que se veía como incómoda y poco pragmática. En el caso vasco, hubo un elemento añadido, como fue el territorial. La capital económica de Euskadi es Bilbao, el lugar donde el mundo empresarial, el experto, el del establishment se concentra. Y en Guipúzcoa la corbata empezó a ser vista como una cosa muy de Bilbao y, por tanto, rechazable. Poco a poco, vestir sin corbata —salvo en ocasiones especiales—, fue haciéndose habitual en el espectro político vasco hasta convertirlo en la nueva norma.

Esta anécdota contiene más que una práctica estética, porque nos dice algo de los cambios en los tiempos. Normalmente, son las capitales, los centros de poder y de influencia económica y social, donde se fijan nuevas modas que después se extienden al resto de sus poblaciones: la gran urbe es el núcleo estético principal a partir del cual proliferan los gestos imitativos. En el caso de la corbata vasca, fue justo al revés: las costumbres de las periferias asaltaron el centro. Si las prácticas no se extienden desde la urbe hacia el resto del territorio, sino al revés, es que algo se ha transformado.

Así ha ocurrido electoralmente: la influencia del PNV sigue siendo grande en Vizcaya y en su capital, Bilbao, pero cada vez es menor en Guipúzcoa y Álava, donde Bildu ha ganado mucho terreno. La influencia del centro sobre las periferias es menor y estas empujan en otras direcciones.

En muchos países la política se está haciendo contra las capitales y contra sus habitantes

No es una tendencia únicamente vasca, sino general: ha recorrido insistentemente la política contemporánea en sus más amplios aspectos. Ha dado forma a muchos procesos electorales: los británicos votaron en contra de su centro, Londres, en la era del Brexit; en Francia, Macron domina París y Le Pen el interior; y esa brecha entre la capital y el resto del país la hemos percibido igual en las últimas elecciones de naciones tan dispares como Países Bajos, Argentina o Hungría. En EEUU, el interior del país contra las grandes ciudades costeras es una variable política indispensable para entender el voto.

No es un fenómeno causado por la habitual separación entre el entorno rural y el urbano, sino por la pérdida de influencia de los centros. Las sacudidas que viven los procesos electorales contemporáneos tienen en este asunto una de sus principales explicaciones. Hay muchos países donde la política se está haciendo contra las capitales y contra sus pobladores. Hay un mundo que separa a los grandes centros urbanos del resto, en cuanto a vitalidad económica, crecimiento, demografía y costumbres. Se han creado zonas cono posiciones materiales muy diferentes, pero también culturales y políticas. Si se quiere una metáfora de las distancias ideológicas, esa brecha que separa al usuario del caro coche eléctrico de París de la clase media baja de provincias, que se mueve en el contaminante y barato diésel, podría servir. En ese contexto, las opciones políticas dominantes en las periferias han ido creciendo sustancialmente.

La diana política

España es una anomalía en este sentido, porque estas variables políticas no operan, o lo hacen secundariamente, en general ligadas a comicios autonómicos, donde los grandes núcleos de población votan de una manera y los territorios alejados de ellos de otra. Cataluña y el mismo País Vasco son ejemplos recientes.

Las élites que se dan cita en Madrid son muy distintas de las que quedan en provincias

Sin embargo, la dinámica general no tiene lugar en el conjunto de España Si se hubieran seguido las tendencias internacionales, muchas de nuestras zonas en declive, esas que pierden población y cuyos jóvenes emigran, que precisan inversión que no encuentran y que ven decaer sus posibilidades de futuro, percibirían a la gran urbe española, Madrid, y a sus pobladores, como un problema. En la capital se ubican las empresas más importantes, las consultoras, los despachos de abogados, las agencias de publicidad, los medios de comunicación o las grandes universidades, por lo que las élites que en Madrid se dan cita en la capital son muy distintas de las que quedan en provincias, y desde luego, de los habitantes de estas. Madrid podría haberse convertido en una diana política, como Washington D.C. en EEUU, Londres en el Reino Unido, París en Francia o Bruselas en la UE.

Si hubiera ocurrido de esta manera, los partidos antisistema, o los políticamente más atrevidos, habrían crecido en provincias y habrían tenido menor recorrido en la ciudad. No ha sido así y las formaciones más jóvenes, como Podemos y después Sumar, encontraron en las grandes ciudades sus principales apoyos. Vox también suma un buen puñado de votos en ellas. Las condiciones parecían dadas para que se repitieran las dinámicas electorales occidentales, pero eso no ha sucedido.

Madrid D. F.

Y, en gran medida, porque esa tendencia ha sido contrarrestada con un factor perturbador, el de los nacionalismos periféricos, lo que ha impedido que la tensión política entre el interior y la ciudad global se desarrollase. Catalanes y vascos sí construyeron su política oponiéndose a Madrid: el intento de separarse de la gran urbe, cuando no de romper con ella, como ocurrió en el procés, ha vehiculado sus ofertas electorales. Esto tenía coartada ideológica, ya que Madrid era definido como el lugar en el que el franquismo y el centralismo continúan arraigados: es Madrid D.F., ese entorno que acapara los recursos, que vive en una atmósfera turbia, cuyas élites se niegan a compartir cualquier poder y que se resiste a los avances en la estructura territorial. Esta visión impulsó que en las últimas elecciones generales el voto de Cataluña y Euskadi se concentrase no solo a favor del PSOE, sino contra el previsible gobierno de PP y Vox.

El nacionalismo periférico ha ejercido de freno a la tendencia que ve la política desde la oposición entre la gran urbe y el resto del territorio

Ese discurso, sin embargo, era difícil que se extendiese por otras zonas de España y que la dinámica anticapital arraigase. En primer lugar, por la propia naturaleza de los nacionalismos periféricos, que establecían proyectos para sí mismos y se agotaban en sí mismos, y que, en consecuencia, no eran capaces de establecer alianzas con otros territorios y de vincular una oposición común al centro. Algo de eso aparece en el auge del BNG, la presencia electoral de nacionalismos como el valenciano o el balear o el ascenso de un Bildu que recibe votantes no soberanistas. Pero son movimientos todavía minoritarios y poco conectados.

En segundo lugar, el carácter de centro geográfico de Madrid, así como la organización radial de la estructura española, tiene su importancia, ya que permite que las conexiones de muchas comunidades sean de hecho más cercanas y estrechas con la capital. Eso favorece también que el sentimiento nacionalista español se rearme alrededor de Madrid. El nacionalismo periférico, pues, ha ejercido de freno en España a esa tendencia que ha construido la política internacional desde la oposición entre la gran urbe y el resto del territorio.

La principal idea nacionalista

Así las cosas, la tensión entre Madrid y las regiones rebeldes se ha articulado alrededor de una idea: las comunidades nacionalistas creían que un grado mayor de lejanía de Madrid, y, por tanto, de mayor autogobierno y más cesiones de competencias, traería un mejor nivel de vida a sus habitantes, permitiría un grado mayor de eficiencia en la gestión de los servicios públicos y aportaría más recursos para el desarrollo de su región. Cuando, como ocurrió en Cataluña, el número de cesiones no se estimaba suficiente, se lanzó el procés, en parte como instrumento de negociación para seguir avanzando por ese camino, en parte porque la crisis había generado una sensación creciente de que sus problemas económicos venían provocados por Madrid D.F., que les estaba robando sus recursos.

Al mismo tiempo, en España, había partidos que pensaban que la manera mejor de minar las bases del independentismo y de atraer a la esfera constitucional a votantes que oscilaban entre unas y otras posiciones, era conceder un mayor grado de autonomía. Esa era la posición de las formaciones progresistas: encontrar un encaje real de esas regiones mediante la negociación de un mejor marco para ellas, tejido a través del diálogo, contribuiría a que el impulso independentista disminuyera. Otros partidos afirmaban lo contrario, que no se podía seguir cediendo frente a exigencias cada vez más elevadas, pero cada vez que gobernaban y necesitaban los votos de los nacionalistas, no tenían problema en aumentar las cesiones.

En esa peculiar relación entre centro y periferia se ha movido la política española, en la que el elemento territorial ha sido el asunto nuclear durante mucho tiempo, y también ahora, por muchos motivos: de ahí parten, sin ir más lejos, los difíciles equilibrios entre el gobierno y sus socios de legislatura.

Sin embargo, han ocurrido muchas cosas durante los últimos años para que esta situación deba abordarse desde otros enfoques.

Ya no es verdad, si es que lo fue alguna vez

Esa idea del autogobierno como remedio a los males económicos y territoriales pudo ser cierta en algún momento, pero no hoy. Los gobernantes nacionalistas pueden insistir en que más cesiones servirán para paliar los problemas económicos de sus poblaciones, pero no es real. Gran parte del deterioro de su nivel de vida, de los problemas de los servicios públicos, del escaso recorrido de sus pymes, de los salarios de sus trabajadores y del aumento del precio de sus viviendas no tiene que ver con procesos autóctonos: son males estructurales. Ciertamente, Madrid D.F. puede haber salido beneficiada con estos nuevos tiempos, pero no es la causante de ellos. Se puede insistir en más cesiones y en otra articulación territorial, incluso en la independencia, pero solo servirá como instrumento electoral. Aquello en lo que estamos (y lo que viene) posee otras dimensiones.

Cualquier territorio (Madrid, Cataluña, Euskadi) que piense que en solitario tendrá más opciones que con el Estado, vive la pura ilusión

Las dificultades presentes son estructurales y parten de cambios sustanciales que están sucediéndose en la esfera internacional, con todas sus derivadas económicas, políticas y geopolíticas. En esta situación, el tamaño no es solo importante, sino que resulta crucial. En ese sentido, una iniciativa europea seria, integradora y contundente resultaría necesaria para volver a colocar al continente en el mapa de influencia mundial, y generaría muchos más beneficios si se hiciera en común que aisladamente. Hay muchas dudas de que eso ocurra. Y si no sucede, todavía serán más relevantes las iniciativas a nivel estatal para fortalecerse en una época que se adivina complicada. Cualquier territorio (Madrid, Cataluña, Euskadi, el que sea) que piense que aisladamente tendrá más opciones que amparándose en el conjunto del Estado, vive en la pura ilusión.

En esas circunstancias, los territorios periféricos e interiores de España —todos, no solo los nacionalistas— cuentan con varias opciones, que esencialmente se reducen a dos. Una consiste en continuar con la mirada pequeña y en seguir preocupándose por aumentar las competencias y gestionar en exclusiva los recursos de su territorio, pero eso provocará menor vitalidad económica, terciarización, aumento del precio de los bienes esenciales e incluso pérdida de influencia de sus élites —como les está pasando a las españolas—.

La otra posibilidad consiste en cambiar la posición. En lugar de seguir negociando para obtener más, lo que difícilmente conseguirán cuando no lo hay, podrían pensar en qué pueden construir en conjunto con otras regiones o con la totalidad del país. Si cuentan con proyectos que puedan potenciar sus territorios a partir de la potenciación de lo común, es la hora de que presionen para intentar ponerlos en marcha —como le toca hacer, y más todavía en el futuro, a España en el seno de Europa—. Hoy, las motivaciones que surgen de sentires identitarios tienen menos peso que el mero pragmatismo. En ocasiones como estas, a veces las corbatas dejan de utilizarse en las periferias y poco a poco esa costumbre se impone en el centro: lo de fuera cambia lo de dentro.

De este modo, podrían añadir energía a una España en exceso detenida en su pensamiento estratégico y en su visión a medio plazo. Hemos pasado demasiado tiempo actuando a partir de intereses localistas, y Madrid lo ha hecho en primer lugar, y eso dificulta enormemente pensar en una estrategia de posicionamiento común en un momento crucial. Por desgracia, seguimos enredados en discusiones sobre el pasado en lugar de comenzar a afrontar el futuro. Y es imprescindible, porque vamos tarde."                (Esteban Hernández , el Confidencial, 25/05/24)

27.12.21

¿Resucita Asturias? En el Principado crece la sensación de que hay motivos para el optimismo con respecto a enterrar la crisis aparentemente interminable que desangra a la región desde hace 40 años

 "(...) Puede que haya un futuro para Asturias, después de todo; el proporcionado por el boom del turismo, la conclusión de la faraónica Variante de Pajares –que, además de acortar el tiempo de los trayectos de pasajeros, mejorará destacablemente el tráfico de mercancías– o las inversiones descarbonizadoras por valor de mil millones de euros que parecen garantía –celebrada como tal por los sindicatos– del futuro de ArcelorMittal, responsable directa del 12% del PIB asturiano: la construcción, en la planta de Gijón, de una planta de DRI alimentada con mineral de hierro, pero también con hidrógeno verde, que reducirá el consumo de mineral de hierro, e instalación de un nuevo horno de arco eléctrico; inversiones que recortarán a la mitad las emisiones de carbono en cinco años.

Las perspectivas mejoran también en lo demográfico, aunque sea por motivos de los que no quepa alegrarse: la extensión del teletrabajo es uno, la COVID-19 es otro, y tal vez el principal sea el cambio climático.

Un relevo generacional

A Asturias afluyen ya de manera notable foráneos atraídos por su clima bonancible, su belleza natural o la calidad de sus servicios públicos, demostrada durante la pandemia: el Principado fue desde el primer momento la comunidad con mejor ritmo de vacunación. Aldeas remotas de concejos al borde de la extinción poblacional reverdecen ya con este aporte de neorrurales a quienes los meses de confinamiento terminaron por espantar de la gran ciudad. 

La periodista Elena Plaza, buena conocedora de este fenómeno, menciona sobre esto último “el efecto dominó de alguna avanzadilla que viene, se enamora de Asturias y lo recomienda a sus amigos, fascinados por la calidad de vida o que tengas el monte y la mar tan cerca”. Cualquier distancia asturiana parece corta a quien, acostumbrado a “hasta hora y media de transporte público en Madrid», ve que “aquí te plantas desde Oviedo en Ribadedeva”. En Ponga, un concejo recóndito de belleza abrumadora, pero que se cuenta entre los que han sufrido una sangría demográfica más brutal, acaba de abrirse una guardería municipal; algo que hubiera sido insólito hace no tantos años.

La digitalización abre a la España vaciada –y hay una España vaciada en Asturias, que concentra en una estrecha almendra central, el llamado ocho asturiano, el ochenta por ciento de su población– oportunidades que nos confirma María Torres, llegada a Asturias hace 30 años y cuya floristería, establecida en la aldea de Prelo (Boal), florece hoy, valga la redundancia, gracias al novedoso escaparate de las redes sociales y al compás de algunos cambios tanto materiales como sociológicos. 

“Antes –cuenta– pasaba meses muy malos y tenía que dedicar un día a la semana a salir a repartir, porque aquí no subía nadie, se asustaban, pero ahora llevo unos meses que ni salgo, porque la gente quiere subir aquí. Tienen curiosidad. Quieren venir a darse una vuelta en pareja o en familia, conocer la zona, ver el paisaje, comer. He notado un cambio muy grande en ese sentido”. 

La primacía del turismo de sol y playa ha dado paso a una preferencia creciente por los paisajes verdes, los climas templados y un turismo diversificado y basado en las experiencias, justamente aquel que Asturias ofrece: playa, montaña, pueblos encantadores, patrimonio histórico-artístico y una renombrada gastronomía, todo muy cerca. Los últimos veranos han arrojado escenas de masificación en lugares como la ruta del Cares, los lagos de Covadonga o las playas de Llanes. 

E incluso las más deprimidas áreas industriales van consiguiendo atraer hacia sí a las cohortes turísticas poniendo en valor un patrimonio que tiene su público y que responde bien a ofertas como la del antiguo Pozo Sotón, emblemática explotación de la cuenca del Nalón: “Un paseo por las entrañas de la tierra” durante el cual antiguos mineros ofician como guías. Juan González Ponte, concejal de Cultura y Empleo del Ayuntamiento de Mieres (IU), confirma que la cabeza de la cuenca del Caudal, uno de los epicentros de la crisis postindustrial, batió en 2020 su récord de visitantes, atraídos por un triple señuelo que combina el patrimonio industrial, un programa referente de actividades culturales y la gastronomía.

 Los economistas son cautelosos cuando se les pregunta si pueden certificar con frías estadísticas esta sensación de recuperación. “Sobre brotes verdes, creo que aún es muy pronto para afirmar algo robusto desde el punto de vista técnico”, nos dice Joaquín Lorences, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Oviedo, que llama a una prudencia atenta a comprobar cómo se concretan los proyectos condicionados a los fondos europeos, así como a no confundir un cambio cíclico –porque es cierto que “en general, la economía asturiana está recuperándose de esta última crisis más rápido que otras regiones, seguramente debido a una mejor gestión de la pandemia y de los recursos económicos empleados”– con un cambio de tendencia. 

En cualquier caso, no deja de haber “señales que anuncian que la siesta se acaba, y, además, en varias direcciones” al decir de un periodista poco sospechoso de no justipreciar la decadencia de la autonomía: Xuan Cándano, quien fuera director de la ya desaparecida revista Atlántica XXII, demonio durante años de los gobiernos socialistas de la región y del sindicato minero SOMA por su rastreo de las presuntas corruptelas y malversaciones que envolvieron la gestión de los fondos mineros. 

Cándano detecta un cambio generacional a mejor “que se nota en todos los sectores de la sociedad y también en las esferas del poder”, y que considera que el presidente Adrián Barbón encarna bien. Este lavianés de 42 años, sucesor, en 2019, del septuagenario Javier Fernández al frente de la autonomía, ha enterrado –afirma Cándano– «a la vieja guardia de la FSA, que era profundamente conservadora», y abandera “un discurso nuevo basado en impulsar la autoestima colectiva, enterrar complejos”, que encuentra su guinda en la proyectada declaración de cooficialidad de la lengua asturiana, que horroriza a Fernández.

“Ambicioso” al decir del periodista, el Gobierno Barbón tiene uno de sus pilares en el robustecimiento del sector de la investigación, objeto de un plan de ayudas y atracción de científicos cuya cabeza, Borja Sánchez, consejero de Ciencia, Innovación y Universidad, ve “una absoluta unanimidad, incluso entre sus rivales políticos”, acerca de su valía. 

Asturias acredita algunos indicadores que la sitúan en una buena posición para la atracción de inversiones en este campo y, entre ellos, un índice históricamente alto —herencia, suele analizarse, del ateneísmo obrero— de población con estudios superiores. Según datos de 2021, Asturias es la cuarta comunidad autónoma en un ranking que lideran autonomías prósperas: País Vasco (53,4%), Madrid (50,2%) y Navarra (48,2%). 

Y estos jóvenes preparados lideran hoy el abandono, en favor de la innovación, la creatividad y las soluciones mixtas, de algunos lastres que han caracterizado la gestión asturiana de su propia crisis durante años, entre los cuales Cándano cita la “mentalidad economicista”, la “obsesión por las infraestructuras” o una “mentalidad subsidiada y casi mendicante”, incapaz de imaginar soluciones que no pasaran por la empresa pública o la llegada de una multinacional extranjera que, como un deus ex machina, viniera a remediar la crisis por sí sola.

Comprar una aldea

Por supuesto, no pueden echarse aún las campanas al vuelo. Cuarenta años de anunciados remedios que no lo fueron imponen la cautela. Si bien se ha garantizado el futuro de ArcelorMittal, otras empresas, como Vauste o Alcoa, viven –denuncia Cándano– “procesos de deslocalización escandalosos, a través de empresas fantasmas y empresarios corruptos que llegan para cerrarlas en operaciones que deberían tener responsabilidad penal”. Por su parte, Juan González Ponte comenta una “gran preocupación” que hay motivos para tener: que se repita con los nuevos fondos europeos la opacidad y la corrupción que caracterizaron el reparto de los mineros. “Nadie sabe nada”, denuncia. “La información es escasísima y también detecto una falta de planificación absoluta. Tampoco hay coordinación entre los ayuntamientos. Me consta que estamos a la cola de otras comunidades autónomas que sí hicieron los deberes, como País Vasco o Catalunya”."                   (

También puede suceder, advierten los más prudentes, que el remedio sea en algún sentido peor que la enfermedad. El turismo –señalan– es un gran invento, pero no lo es una economía en la que sobrepase cierto porcentaje del PIB, se convierta en un monocultivo y la amarre a las fluctuaciones de un sector que, en un mundo de zozobras, es de esperar que las sufra cada vez más abruptas. Y en Asturias, además de la ya comentada masificación de lugares emblemáticos, ha llegado a suceder que se ponga en venta una aldea completa, El Mortorio, en el portal inmobiliario Idealista, al precio de 2.375.000 euros. 

Elena Plaza recela de estos desembarcos en el agro que no suelen parecerse a la filosofía del cohousing que a veces dicen abanderar, sino a una especie de colonialismo interior. “No se crea comunidad, ni territorio, sino que se busca una especie de atrezo rural para una vida aislada de los vecinos; abrir la ventana y ver los Picos de Europa o las vacas pasar, pero en una promoción inmobiliaria separada de los del pueblo”.

¿Resucita el Lázaro astur, o vive el espejismo de recuperación por el que pasan algunos moribundos? El tiempo proporcionará la respuesta."                (Pablo Batalla, La Marea, 23/12/21)

9.6.21

Las leyes que ponen la zancadilla al rural

 "El pasado fin de semana se dieron cita en Soria la creme de la creme de los políticos en España. En un momento muy crispado de la actualidad legislativa sorprende ver que durante la IV Feria Nacional para la repoblación de la España rural (Presura) todos los allí presentes parecían tener un objetivo claro: detener la despoblación y aunar fuerzas en torno al impulso del medio rural.

 ¿Es posible que los diferentes partidos políticos se pongan de acuerdo en cuanto a un pacto de Estado rural cuando no pueden hacerlo en otros asuntos como la educación o la pandemia?

“Por fin es un tema de Estado”, comenta Marina Fernández, consultora en innovación empresarial que estuvo en calidad de experta en Presura. 

 (...) se trata de las conclusiones que 50 expertas y 50 expertos han hecho de la legislación que se aplica en España que puede ser un lastre o una oportunidad para el rural. Una forma de ponerse las gafas no urbanitas de las leyes que se hacen desde los centros del poder y que nunca se había hecho hasta ahora de manera integral. (...)

“Será el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico quien tenga que poner en marcha estas recomendaciones para seguir los pasos que otros países en el norte de Europa ya llevan dados”, puntualiza Joaquín Alcalde, el director de la feria y del Hueco, un espacio de encuentro y coworking por el desarrollo rural en Soria.

 “Hay que legislar con las gafas de lo rural. Luego hay que legislar haciendo microcirugía, el café para todos no sirve. La realidad de las comarcas es muy diferente, un traje a la medida”, explica Alcalde en referencia al rural proofing o mecanismo rural de garantía, como se ha traducido. No es más ni menos que garantizar que las leyes se hagan para todos y todas, independientemente de donde se viva.

 “Uno de los ejemplos de legislación pensada solo para lo urbano y que más me impactó es la LOGSE”, comenta Fernández. (...) mientras para una persona que vive en la ciudad no hay problema en que sus hijos de 12 años pasen del colegio al instituto, en el rural esto es un problema. (...) en la ciudad solo implica cambiar de edificio, en el rural significa que los niños y niñas que con 12 años son aún pequeños tengan que recorrer todos los días kilómetros para ir al instituto más cercano (...)

“El sello ecológico, por ejemplo, no entiendo por qué tienen que pagarlo los productores sostenibles. Es mucho más fácil poner una industria contaminante que una sostenible y, encima, hay que pagar un sello”, comenta la socióloga, que explica que su labor en el rural llegó a girar el foco de su ONG de desarrollo para el Tercer Mundo a las zonas despobladas españolas. (...)

“Vimos que en áreas extensas de EE UU, Alemania o Finlandia, por poner solo algunos ejemplos, estaban con los mismos problemas”, cuenta. Problemas de despoblación, de falta de servicios, de malos transportes, mala conexión digital y falta de oportunidades. (...)

Más ejemplos en la legislación que lastran el desarrollo rural. “Por ejemplo, en la producción agrícola o ganadera. No puede ser que si una persona quiere poner un gallinero con 25 animales para vender a pequeña escala tenga que aplicarse la misma legislación que en una granja de 5.000 gallinas”, comenta Alcalde. Y es que el tema de la escala es algo que ya se ha intentado cambiar a nivel autonómico —por ejemplo, en Euskadi— pero no siempre es posible. El caso contrario sería la alfombra roja tendida a las macrogranjas, denunciadas por contaminantes y por ser incluso más dañinas para los animales. “Hay que evitar que una mala legislación bloquee el futuro de nuestros pueblos, no les deje crecer o, en el peor de los casos, acabe con ellos”, reclama el director de Presura.

La vivienda y las actividades mixtas, la clave

Otro de los ejes que recorre las conclusiones del G100 en rural proofing es el tema de la vivienda. “El rural ha perdido la hegemonía cultural en favor del urbano”, comenta Serafín Pazos, coordinador en el grupo de expertos y buen conocedor de la legislación europea. (...) la legislación de promoción de la construcción favorece los bloques y deja a un lado la arquitectura tradicional. “En la campiña francesa no ves bloques de pisos igual que en París, sería hasta ilegal. Y en España pasa”, indica.

 Para él, otro de los males de la Administración española es la ‘hiperlegislación’. Pone el ejemplo de la regulación propuesta por la Unión Europa en materia de los restos de la ganadería. Mientras la ley es igual en Francia, donde la han amoldado pensando en cómo hacer para no dejarlos en el medio ambiente pero tampoco perjudicar a los animales carroñeros que vivían de ellos, en España han sido “más papistas que el papa” y han sido más restrictivos que lo que la propia Europa exigía. “Muchas veces pasa eso, haciendo la vida imposible a la persona que tiene que ponerla en práctica”, señala.

 Respecto a las oportunidades de trabajo que se pueden generar en el rural, Marina Fernández tiene claro que deben ser mixtas y que hay que olvidarse de la contraposición trabajos de ciudad contra trabajos de campo. “Existen la tendencia desde hace un par de años de buscar una alternativa vital al medio urbano y, con la pandemia y el teletrabajo se ha acelerado. Nosotros creemos que hay que aprovechar esa ola, pero seguimos insistiendo que hay que seguir fomentando otras oportunidades”, comenta la experta.

 Tanto ella como Joaquín Alcalde coinciden en que esas nuevas formas de empleabilidad y riqueza no pueden limitarse a la ganadería o la agricultura, que además solo suponen un 5% del PIB. “Para ser sostenible, la economía rural debe ir hacia un mix de sectores”, indica el director de Presura. “Dentro del campo tecnológico —continúa Fernández—, estaría la oportunidad de usar terreno extenso e infrautilizado para hacer tipos de pruebas. Un ejemplo muy concreto sería los drones, si se quiere desarrollar hay que probar en el rural y no es posible en lo urbano”. (...)

El caso escocés, décadas luchando contra la despoblación

Precisamente el empezar a valorar lo que cada región, clima o comarca tiene es lo que ha salvado del despoblamiento a otros países. También el dotar de diversidad las actividades, introduciendo la cultura o la tecnología en el campo. “El ejemplo de las Tierras Altas escocesas es muy inspirador porque está lleno de lógicas. No es un milagro, es entender por qué unas cosas de una determinada manera provocan un determinado efecto. No sirve para todo los mecanismos, pero la lógica sí”. El experto Miguel Martínez Tomey explica de esta manera la posibilidad que supone para España y otros países entender cómo se logró revertir la despoblación en las Highlands. En 1965 el Gobierno puso en marcha un programa para revertir una tendencia que venía de 1747, cuando empezó el éxodo rural. Partían de una situación complicada —ya que las tierras estaban en manos de muy pocos propietarios— pero establecieron lo que llamaron ‘territorios funcionales’. Aldeas, pequeños pueblos y otros núcleos de población se unieron en algo como comarcas que juntas tenían todos los servicios necesarios. “La comarca se considera como una ciudad rural, de manera adaptada”, indica.

Un plan de movilidad adaptado al territorio como el transporte a demanda, un desarrollo holístico en el que se mira caso a caso y la implicación de las personas afectadas. “Cuando implicamos de verdad a toda la población, hombres y mujeres, la implicación es que se aprovechan todos los recursos, hay un plus de creatividad y se comprometen a atajar esos problemas identificados”, comenta a la vez que indica que muchas de las empresas de economía social que hoy triunfan en las Tierras Altas fueron en su inicio asociaciones y el 67% de estas está dirigido por mujeres.

 Además, la Administración contó con agencias repartidas por todo el territorio y lo que ellos llaman ‘catalizadores’. “Son personas en las que tienen confianza los demás. Si no existía ese detonante, no actuaban en las Highlands. Esos pueblos, al ver los cambios en los otros, eran ellos quienes lo pedían, sin provocarlo o forzarlo”, detalla. Estas agencias sobre el terreno, cuenta, también tenían un valor al adaptar cualquier indicación al terreno. Por ejemplo, las inversiones públicas. “Igual —ejemplifica Martínez— en la ciudad no tenía sentido, pero invertir dinero en poner una peluquería en una aldea de 200 habitantes es estratégico. No solo para generar empleo, mantener las escuelas, sino para que los ciudadanos se sientan mejor, valorados”.

De abajo arriba y con consensos sostenidos en el tiempo

Además del trabajo de análisis de la situación actual, el G100 ha puesto sobre la mesa recomendaciones concretas que ayudarían al mundo rural. “Una de las conclusiones de este rural proofing más importante es muy clara: hacer las política de abajo a arriba”, explica Ana Gómez. La socióloga y experta en desarrollo rural considera que hay herramientas suficientes para lograr la participación de la ciudadanía, pero otra cosa es que las personas sigan creyendo que al participarán se tendrá en cuenta su opinión.

Un ejemplo de por dónde deberían ir las cosas es la ley de Castilla-La Mancha de desarrollo urbano territorial y contra el despoblamiento. Se trata de una ley que intenta blindar los servicios públicos, ajustar la fiscalidad, que la norma sea en función del territorio y no la población o generar un pacto de las administraciones a todos los niveles. Una ley tachada de pionera, que además ha llevado un sistema de participación previo.

 “Lo que hay que hacer es integrar todos estos análisis en un mecanismo de coordinación o una agencia, que implique a los diferentes ministerios, los consejos, las comunidades autónomas y los ayuntamientos”, explica Pazos, que además añade el elemento de la gestión profesionalizada y la unión de territorios en entidades como la FEMP.

Pazos, pensando en las Highlands también recuerda que la unión de los políticos de determinado territorio es crucial. También cuando la ideología es diferente. “En Escocia les llamaban ‘la mafia’ porque iban de camino al parlamento y, en el tren, llegaban a acuerdos. Luego, en sus asientos se peleaban, pero habían llegado a acuerdos para sus vecinos”, explica.

 “Escocia lleva desde 1965 trabajando en esto y no han resuelto todos los problemas y otros nuevos”, advierte Martínez, que recuerda el efecto del ‘Brexit’ en los planes de repoblación con extranjeros. “Somos capaces de llegar a acuerdos —comenta el experto— y más cuando hablamos de la sociedad rural. Nadie se puede presentar ahora en el medio rural y decir que no merece invertir en esos lugares. Ahora debemos encontrar buenos anclajes, consensos de Estado”.               (Laura L. Ruiz, El Salto, 05/06/21)

1.6.21

¿Pero de verdad vamos a echar de menos la España de los 80? Yo, que me crié en los 80 del siglo pasado en un barrio del extrarradio de Madrid, no quiero que eso vuelva. Nunca... Bueno, yo en los 80, con 21 años, cobraba un sueldo de 600 euros y me compré una vivienda en Madrid por 6.000 euros. Mi hijo hoy, con 22 años, no puede conseguir nada de eso

Aitor Riveiro @ikaitor

 ¿Pero de verdad vamos a echar de menos la España de los 80? Yo, que me crié en los 80 del siglo pasado en un barrio del extrarradio de Madrid, no quiero que eso vuelva. Nunca. Para nadie. 

12:10 p. m. · 24 may. 2021
65 Retweets 13 Tweets citados 457 Me gusta

Pascual Serrano @pascual_serrano

 Bueno, yo en los 80, con 21 años, cobraba un sueldo de 600 euros y me compré una vivienda en Madrid por 6.000 euros. Mi hijo hoy, con 22 años, no puede conseguir nada de eso.
Y con seis meses trabajados tenías derecho a tres meses de subsidio de desempleo. 

2:34 p. m. · 24 may. 2021
16 Retweets 4 Tweets citados 62 Me gusta

Óscar Guardingo @oguardingo
En respuesta a @pascual_serrano

 ¿¿ Pero ha habido alguna década en España donde más haya subido el gasto social y la renta del trabajo que los años 80??? Es que yo ya no sé dónde hemos vivido.

Inma @Inmapaleo
En respuesta a @ikaitor 

Yo echo de menos los sueldos. Pagué hipoteca, tuve a mi hija y compré coche con dos sueldos normales. Sin grandes lujos pero sin ningún problema. Hoy no lo podría hacer. Y lo que más me duele es que la siguiente generación va a vivir mucho peor que sus padres.

noe Bah @noebah
En respuesta a @ikaitor

 Nadie ha propuesto romantizar el pasado.El diagnóstico viene de mirar al presente y de tener miedo al futuro. Va de precariedad,una que no tenían las familias en los 80.Mis padres(clase trabajadora)pagaron en los 80 una hipoteca de un piso de 3 hab. en 10 años con un solo sueldo

R.Segarra @RSegarra_
En respuesta a @ikaitor

 En esa época se hacían huelgas generales, se paraban reformas laborales firmadas, se mejoraba la vida de la gente Que había una parte jodidamente jodida por la heroína y demás, también Pero se luchaba. Hoy en día no se lucha nada más que para decirle al teleoperador "¡Qué no!"

Errejón siempre pierde @pelandusko
En respuesta a @ikaitor

 Los derechos laborales de los trabajadores, eran muy superiores a los que tienen ahora. Y no había Ley Mordaza, y…. En fin…no se trata de que algo vuelva, sino que algo perdure y no se pierda, porque era bueno.

Jonetxu @Jonetxuruma
En respuesta a @ikaitor

 Los 80 fueron malos años, a partir de ahí los sueldos empezaron a subir (la llamada burbuja), en los primeros años del 2000 el que cobraba 1000 € era mirado como un "pobre", ahora 20 años después ese "pobre" produce envidia

RaulRipense @RaulRipense
En respuesta a @ikaitor

 Díselo a uno de Ferrol (vale mil ejemplos más) emigrado a Madrid por no tener trabajo, si era mejor el ferrol anterior a la desindustrialización. Tengamos cuidado en negar algunas cuestiones q es entonces cuando si nos comeran elnterreno otros y ahí lo pasaremos mal.

25.5.21

Si las ciudades con mayor calidad de vida son las medianas, ¿dónde está el problema? En cuanto sales de Madrid, te das cuenta de que todo es mejor... las ciudades con mayor calidad de vida (Vigo, Zaragoza, Bilbao, Valladolid, Córdoba) son las ciudades de mediano tamaño. Logroño es todo lo que hemos terminado creyendo que era Madrid, solo que encontrándote a los ex. La gente está contenta, las calles limpias, el vino es excelente y la pandemia se está acabando... entonces, ¿dónde está el problema? “Se vive bien porque es un concepto muy vinculado a la sociabilidad en la calle, pero detrás de la estructura, ¿qué queda?”

 "1. El final del asombro

Son las 12 del mediodía en Logroño y la sirena no suena en el Espolón. El visitante casual no echará nada en falta si no ha leído previamente el periódico local, que recuerda que unas quejas vecinales han silenciado la alarma que durante los últimos 70 años recordaba el momento de salida de los trabajadores riojanos de las fábricas de la capital. Ahora no hay ni fábricas, ni sirena, y por no haber, cada vez hay menos sucursales de Ibercaja, el banco que alberga la polémica alarma.

Como diría Sergio Andrés Cabello, son señales de que bajo la superficie pulida de la ciudad donde vive hay mecanismos que están dejando de funcionar. Andrés acaba de publicar ‘La España en la que nunca pasa nada. Periferias, territorios intermedios y ciudades medias y pequeñas’ (Akal), un ensayo llamado a convertirse en referencia. 

Lo que el sociólogo de la Universidad de La Rioja propone es que, entre las grandes metrópolis (Madrid o Barcelona, pero también otros focos como Bilbao) y la España rural, “vaciada”, hay una tercera España de la que nadie se acuerda y que sirve de magnífico ejemplo para comprender algunos de los problemas a los que las sociedades occidentales deberán enfrentarse en las próximas décadas, paralelos al declive de las clases medias. 

 La desaparición de la sirena es uno de esos acontecimientos que tan bien definieron las ciudades intermedias durante décadas, solo que en sentido negativo. El acontecimiento, vinculado al asombro. “Por el crecimiento de la ciudad, por las nuevas edificaciones, por los turistas que vienen, por los centros comerciales y por las tiendas”, explica. “No tenías una estación de AVE, no tenías un aeropuerto, no tenías un palacio de congresos, no tenías un festival de música… Ahora lo tienes”. Pero hace tiempo que ya no ocurre nada. Ha pasado mucho desde los ochenta y los noventa. Es una nueva era en que las ciudades intermedias del interior de España se han quedado sin relato.

Ese asombro lo transmite a la perfección el director del Hotel Gran Vía, Carlos López Melón, con un simple gesto en el ‘hall’ de su hotel. “Hace 40 años estábamos aquí”, señala, apuntando al suelo, “y ahora estamos aquí”, mientras eleva su mano hacia las alturas. Y desde ahí arriba, ¿hacia dónde? No parece que se pueda ir a más. En todo caso, aspirar a mantenerse, a medida que la población envejece. Andrés recuerda que a Logroño, como a León, Salamanca, Toledo, Ciudad Real, Albacete, Santander, Vitoria, Soria, Jaén, Cuenca o Huesca, se les está quedando cara de ser las próximas víctimas de un efecto Mateo que ya es patente en Francia, como ha recordado Christophe Guilluy, citado con frecuencia por Andrés en su trabajo. 

 Es decir, regiones que concentran gran parte de la población española pero que quedan al margen de los flujos globales de inversión, capital humano y económico y atención mediática (“salimos en prensa solo cuando se produce un suceso luctuoso”): quien más tiene más recibe, y por no tener, la España intermedia, la tercera, no tiene ni quien le escriba, como sí ocurre con la España vaciada.

 El libro no es tanto una queja en plan 'qué hay de lo mío' como una reivindicación de la importancia de las ciudades intermedias, punto de paso entre el campo y la gran ciudad, y un aviso sobre las señales que no estamos atendiendo. No es destructivo: Andrés Cabello trata a sus ciudades, así como a la clase media, con cariño, porque ve en ellas el signo de que la movilidad social funcionó.

Sin embargo, cuesta encontrar en Logroño a alguien que diga que vive mal. A las 12 de la noche de un domingo con chirimiri, el centro está lleno de familias, parejas y grupos de veinteañeros poteando en la calle. Conviene aquí citar a la actriz Carmen Maura, como hace Andrés: “Tenía una idea de Logroño que no era. De repente, una marcha, unas calles tan limpias, la gente superagradable… Una tiene una idea poco atrayente de Logroño… Pues error. En cuanto sales de Madrid, te das cuenta de que todo es mejor. Hay mucha menos tensión”.

 2. Charla entre el camarero y el sociólogo

Vicente, dueño histórico del Lorca, antes pub, ahora cafetería, saca de un sobre unas fotos de principios de los años ochenta que muestran otra era fronteriza en el centro oeste de Logroño. Una época en la que 11 pubs y una discoteca se repartían la vida nocturna de la ciudad. Ahora quedan muchos menos: la movida se ha trasladado al centro después del saneamiento del casco viejo y el ‘boom’ de la calle Laurel. El Lorca fue el último bar donde el sociólogo trabajó en 2007, refugiándose de una mala experiencia laboral, lo que da una buena muestra de qué puede hacer un licenciado en las ciudades medianas cuando no tiene trabajo de lo suyo.

Fue en ese mismo bar donde Andrés le dijo a su madre que lo normal habría sido que estuviese al otro lado de la barra, y no trabajando en la universidad mientras publica libros. Que por su origen social, lo lógico habría sido que terminase sirviendo cafés. Le gusta contarlo porque también es el ejemplo de que la movilidad social encarnada en la clase media funcionó en España y en La Rioja, y que, como sospecha el sociólogo, ya no funcionará para sus propios hijos.

 “Aquí se vive muy bien porque la gente es muy abierta”, incide en la respuesta Vicente, que tiene en la cabeza la jubilación. “Lo único, que aquí llegaba todo más tarde que a Madrid. Aquí, la Movida llegaba, pero después y en pequeño”. Pero la época que todos recuerdan con mayor claridad son los años noventa, en que toda España, cada región a su manera, vivió su ‘boom’. En el caso de La Rioja, gracias al vino y a los beneficios de haber ganado la lotería de ser una comunidad uniprovincial, lo que le da una categoría de la que no pueden presumir las vecinas Soria, Vitoria o Burgos. De repente, Logroño se convirtió en lo más.

VICENTE: "En los pueblos, había mucho dinero de los viñedos, hubo un momento en que se llegaban a pagar 500 pesetas por un kilo de uvas [el precio es ahora al menos tres veces inferior]. Muchos tenían dos trabajos, en las industrias y en las viñas de su campo. En los ochenta y los noventa, había curro, y se ganaba bien si tenías viñas. Entonces se abrió la universidad y, claro, miles de personas en una ciudad como esta se notan mucho".

 S.A.C. "En el 95, 96, 97, ganaba 100.000 pelas de camarero. Cuando se abre la universidad en el 92, hay gente de la región que viene a estudiar, de Navarra, de País Vasco. A estas ciudades les pasa como a la clase media, la movilidad funciona, va bien, el vino vende y el nivel de vida se mantiene. Pero, claro, como se dice, luego llega el tío Paco con las rebajas. Los noventa y todavía los primeros dos mil son años con empleo a punta pala".

V. "¿Sabes que va a cerrar la sucursal de Ibercaja? En el Espolón, antes no veías un local vacío y ahora hay un montón. Ves muchos bancos cerrados. Y bares que han cerrado este último año y que ya no van a volver a abrir. Los que no tenemos terraza lo tenemos muy fastidiado. He tenido a mis hijos, que me echan una mano, en ERTE".

S.A.C. "Esa gente que trabajaba en banca también tomaba cafés aquí, en otras circunstancias tendrías esto lleno, ¿no, Vicente? La gente venía de Bilbao o de Vitoria a las tiendas. Era una ciudad muy pija, los años noventa, una ciudad a la que le gustaba vivir bien, había dinero y movimiento de gente que venía a comprar".

V. "¿Te acuerdas de La Muñeca de Trapo? Venía mucha gente de Navarra y País Vasco solo para comprar ahí".

 Como ocurre con otras ciudades intermedias, Logroño tenía un potente sector secundario que daba empleo a gran parte de la población a través de multinacionales. Como la tabacalera Altadis, que cerró en 2017, Zanussi (después Electrolux) durante los dos mil, Lear en 2011, además de la fugaz Schweppes, que apenas duró unos meses en los años noventa. Ahora está sobre la mesa el ERE de MASA (Mecanizaciones Aeronáuticas). Además del progresivo cierre de oficinas bancarias, unas 200 en los últimos años en toda la región. Más señales.

Cuando Vicente saca las fotos, lo hace sin nostalgia, al menos esa clase de melancolía que sí se nota en otras capitales de la región, como la desindustrializada León o la envejecida Palencia. Andrés lo denomina “ciclotimia” y cita a Joan Laporta y su "¡que no estamos tan mal!". Insiste en que hay incansables signos que señalan una insostensibilidad del modelo en el medio plazo, algo que ha revelado la crisis del covid. “Se vive bien porque es un concepto muy vinculado a la sociabilidad en la calle, algo muy identitario en La Rioja, pero detrás de la estructura, ¿qué queda?”, se pregunta. “Si lo fías todo al turismo, ¿qué haces si se te cae?”.

 Carlos López nos da la respuesta. Durante el último año, han cerrado la mitad de los cerca de 15 hoteles de la ciudad. El Gran Vía ha sobrevivido gracias a ello, aunque “lo hemos pasado mal no, lo siguiente”. El turismo riojano, del que el empresario ha formado primera línea desde los ochenta, se benefició de la “nebulosa del terrorismo” de los años ochenta y noventa, que convirtió La Rioja en un destino más solicitado que País Vasco y Navarra. Fueron los años de un ‘boom’ que se reflejó en pasar de una demanda de domingo a jueves a otra de jueves a domingo. La primera, más cultural; ahora, de comer y beber. “Raro es el que te pregunta por Valvanera o San Millán de la Cogolla”, bromea López. “La gente quiere divertirse”.

“El modelo es ese”, replica Cabello, pero el hostelero matiza. “Yo prefiero que haya 100 bodegas a que haya 10, porque eso nos ha salvado de la crisis de 1986, de la de 1993, de la de 2001. No hay que engañarse, somos el balneario de Europa para lo bueno y para lo malo. Ojalá no tuviésemos esa dependencia, pero las perspectivas en 2020 eran increíbles, teníamos reservas hasta octubre. Pero entonces llegó el 28 de febrero de 2020”. Los síntomas son buenos. En el último fin de semana, han pasado 140 clientes por el hotel, el mejor dato desde agosto del año pasado. La gran pregunta es si tras el turismo interior cultural, el turismo gastronómico y el 'impasse' del turismo de borrachera que llevó a los bares a prohibir la entrada a los establecimientos de las despedidas de soltero, hay margen para nuevos acontecimientos, nuevos asombros. 

 La situación se agudiza cuando eres joven. Isabel Abad es una ingeniera agrónoma de 25 años que acaba de terminar su máster. Cuando se le pregunta por los pros y contras de vivir en Logroño, los pros son comunes a los de sus mayores: “En comparación con otras ciudades como Madrid o Barcelona, la calidad de vida es mejor, he vivido en Madrid y la diferencia en precios o distancias es clara”, explica. Además, como ocurre con tantos riojanos, está orgullosa de serlo. “Es un punto estratégico, muy rico culturalmente y con instituciones importantes como la Universidad de La rioja. Es donde tengo mis raíces, donde he obtenido mi educación, y donde me gustaría quedarme”.

Ahora llegan los contras, precisamente la dificultad para lograr esto último. “Es una comunidad que vive ante todo del sector vitivinícola, y el sector secundario está muy centralizado en Madrid o Barcelona, aquí hay industrias de pequeño o mediano tamaño cuya sede está allí”, explica. En otras palabras, “pocas oportunidades para los jóvenes”. “Las ofertas de empleo son nulas o muy bajas, y las condiciones tanto en ofertas como en remuneración son bajas. Si quieres ascender todo lo que te gustaría, tienes que plantearte marcharte. Habría que intentar incentivar que ciertas empresas realizasen inversiones en nuestra región, aunque fuesen algunos servicios. Me planteo tener estabilidad a los 32 y lo veo impensable”.

 3. De zona de las 100 tiendas a zona de las 50

Mientras paseamos con Andrés por el Espolón y Portales, donde se rodó ‘Calle mayor’, no deja de apuntar señales del desastre. Grandes locales donde habían estado sucursales de banco, cerrados a cal y canto. A unos metros del Palacete del Gobierno de la Rioja, el Coté, una tienda de moda 'top' que llevaba abierta desde los años en que Juan Antonio Bardem rodó en la ciudad, cerrada desde el otoño. Algo muy llamativo en una ciudad que, como recuerda el sociólogo, siempre presumió de no tener Corte Inglés. A diferencia de otras, el comercio local era tan potente que no lo necesitaban. Hoy, como tantas otras ciudades, está rodeada por tres centros comerciales.

 En el libro, Andrés se detiene a describir la zona de las 100 tiendas, que es un poco como los pasajes de Walter Benjamin. Hoy son más bien 50 tiendas: casi la mitad ha cerrado. Es una de esas zonas peatonales, cerca de los centros urbanos, tan características de las ciudades intermedias y que tras el covid parecen haber sido heridas de muerte. “Situada en uno de los ensanches de la ciudad, era un área que se peatonalizó a mediados de los años noventa y que contaba con un tejido comercial reconocible y consolidado, con muchas tiendas que incluso llevaban décadas de funcionamiento”, cuenta. Hoy hay negocios que no superan los seis meses de vida.

En la introducción del libro, el periodista de El Confidencial Esteban Hernández recuerda que para comprender las ciudades intermedias no hay que ser turista, es decir, no hay que visitar sus centros urbanos en un fin de semana, sino sus periferias una mañana laboral de otoño. Ni siquiera hace falta irse tan lejos para comprobar que esos escenarios tan atractivos para el turista son resacosos restos de fiesta a la mañana siguiente. “Ya me dirás”, sugiere Andrés, situándose en mitad de una Calle Mayor vacía, medio abandonada, y donde una incansable furgoneta de Amazon Prime, el trasiego de mensajeros y algún ocasional anciano muestran el modelo al que nos dirigimos. Calles muertas, un país de ‘riders’.

 

En una de las esquinas de la Calle Mayor se encuentra el CCR, el Centro de Cultura de la Rioja, que Andrés utiliza de ejemplo en el libro como uno de esos símbolos de estatus (como los aeropuertos, los museos o los festivales musicales) que durante la bonanza empezaron a brotar como setas en las ciudades intermedias. Inaugurado en 2012, “permanece como una herida en la ciudad y también como una muestra de la banalización del uso de lo cultural, que cae en una especie de cajón de sastre donde cabe de todo. Seguro que muchas ciudades tienen su propio CCR. Bonito queda, utilidad… hasta la fecha, poca o ninguna. La competencia, el ‘yo también’ y el ‘yo más’ han llevado a este tipo de actuaciones”.

Hoy, en su fachada, conviven dos carteles que lo dicen todo: uno, anunciando su clausura; otro, que solicita que no se orine en la entrada. Su situación lo convierte en un lugar bastante socorrido ante incontinencias de fin de semana. El centro muestra algunos de los problemas más comunes a los que han tenido que enfrentarse las ciudades medianas, un mimetismo que ha derivado en inversiones en infraestructuras o servicios que no han sido particularmente rentables ni han servido para crear empleo. Más bien se trata de símbolos de estatus de otra era que han generado más enfrentamiento político que capital simbólico.

4. El castillo de naipes

Tras el ocio de domingo noche y la gris monotonía del lunes mañana, es hora de volver a Madrid. Uno de los personajes de ‘Calle mayor’ le espetaba al protagonista que “el Madrid donde vivimos es falso, las luces de neón, la Gran Vía, los cines y el Villa Rosa. La verdad está aquí”. Lo mismo podría decirse 65 años después. 'Aquí' es Logroño, pero también todas las ciudades del interior que han perdido capacidad de influencia, población y relato, el mejor resumen de una tendencia global en la que cada vez más territorios se sentirán de segunda, anhelando tal vez un bienestar perdido, lo que pondrá en marcha movimientos de resistencia y rebelión frente a los acaparadores beneficiarios del efecto Mateo. Una vez más, Guilluy y los chalecos amarillos, los perdedores frente a los ganadores de la globalización.

 Desde las ventanillas del coche de Andrés, se ven por igual símbolos de estatus y signos de alarma, el pasado y el futuro, lo que uno desea ser y en lo que uno puede convertirse. El fantasma de las navidades pasadas y futuras. Entre los primeros, se encuentra el edificio de la UNIR, que significativamente fue en su día Fernández Mueblistas, “una tienda expositor de muebles, uno de esos edificios donde subías a ver las exposiciones de muebles como Ikea”. Hoy, la UNIR es uno de los principales contratadores privados de la comunidad, aunque el principal es, claro está, el sector público. Entre los signos de alarma, infraviviendas y barrios que se caen a trozos, una decadencia a espaldas del centro urbano que muestra que la crisis no está tan lejos.

“Es como un castillo de naipes”, recuerda antes de marcharnos. “La gente vivía bien porque había mucha industria y el vino proporcionaba poder adquisitivo a la gente que vivía en los pueblos, y esa gente podía venir a la ciudad a gastarse su dinero los fines de semana o a estudiar”. Una de las anécdotas más recordadas es que algunos de los primeros estudiantes de la Universidad de La Rioja que llegaban a la ciudad en los noventa no necesitaban quedarse en residencias, porque “sus padres tenían dos o tres pisos vacíos en la capital que habían comprado a tocateja con el dinero del vino”. Mientras conduce, a Andrés no se le quita de la cabeza que el modelo no funciona. 

 “Lo que no se ven son las señales del desastre, y es lo mismo que le ha pasado a España. Hemos tenido la posibilidad de cambiar el modelo, y no lo hemos hecho. Estamos guapos, eso sí, yo también prefiero estar guapo a estar feo. Pero mira todo esto, poco a poco se ven señales que estamos infravalorando. Hay que tenerlas en cuenta: si tienes una desindustrialización tardía, un sector primario con el que ya no puedes contar, con síntomas de concentración en muy pocas manos y sin remplazo en el agricultor, y la pandemia te ha mostrado que tampoco puedes depender únicamente del turismo y el sector servicios, ¿qué camino tomas?”.

En el horizonte más oscuro, ejemplos como Asturias y su muerte dulce, con una de las pirámides demográficas más envejecidas de toda Europa. Aún queda mucho para eso, pero Andrés no lo ve claro. “Puede elegirse la vía simbólica, cortoplacista, bienintencionada y autocomplaciente, con una foto que transmite una imagen positiva pero vacía”, recuerda aludiendo a los ingenuos discursos voluntariosos sobre la repoblación rural. “O puede optarse por el camino complejo y difícil, por tomar decisiones que son estructurales y generales, por apostar por un equilibrio más general”.

 Llegamos a la estación de tren, frente a la cual se alza otro símbolo de estatus, una estación de autobuses que no abrirá hasta 2022, tras años de disputa. Será un acontecimiento, pero no muy asombroso. Está a punto de salir el último tren a Madrid a las tres y 10 de la tarde, como el de Yuma, una hora poco propicia para los viajes de negocios de un día. La pérdida de categoría que sugiere Andrés se puede identificar en el empeoramiento de la movilidad y las conexiones, en la dificultad para acceder a toda una capital de comunidad autónoma. “A lo mejor duermo un poco en el tren”, me despido. “No lo creo: es un tren regional. Que te sea leve”.

Me marcho con la incógnita de si la sirena de Espolón volverá a sonar mañana, o pasado, o algún día, o si ni siquiera le importa a nadie. Es anecdótico, me han dicho. Pero es una anécdota interesante para los forasteros. Como le ocurre a la clase media, el mayor acontecimiento puede ser perder su estatus, dejar de estar guapos, perder la partida. Que la única novedad sea que las sirenas dejen de sonar."                 (Héctor G. Barnés, El Confidencial, 21/05/21)