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15.6.26

En Europa y Estados Unidos, un precio del petróleo de 150 dólares desencadena una reacción en cadena: aumento de los precios en las gasolineras, inflación galopante impulsada por los costos... Es un sistema que prospera gracias al apalancamiento financiero, mediante apuestas arriesgadas sobre el futuro llamados derivados, y artilugios similares que infestan los mercados de valores occidentales... Fuera de este perímetro respira otra economía mundial. Un subsistema liderado por los países BRICS+ que ahora produce más del 60% del PIB mundial... Este es el mundo de la economía real. Es el mundo del Gran Sur, que se ha convertido en el centro de gravedad de la economía global. Cuando un barril de petróleo alcanza cifras astronómicas en los mercados euroamericanos, una gigantesca parte de ese petróleo continúa circulando en el resto del mundo a precios radicalmente diferentes... Pekín, Teherán, Nueva Delhi y Moscú han estructurado desde hace mucho tiempo un circuito protegido. Rusia e Irán no venden su petróleo crudo siguiendo los índices de referencia del ICE con sede en Londres; Lo negocian mediante contratos a largo plazo, a menudo garantizados por importantes descuentos geopolíticos. Además, estos flujos están prácticamente desdolarizados... Este circuito cerrado neutraliza las perturbaciones cambiarias en su origen, evitando la destrucción de la demanda en los países emergentes y garantizando la continuidad operativa de las cadenas de valor físicas... Si la crisis de Ormuz se agrava, presenciaremos una creciente bifurcación de la economía mundial. Por un lado, tendremos a Occidente, financiarizado, obligado a sufrir los embates de la crisis energética y la recesión. Por otro lado, el subsistema de la economía real, protegido por la planificación estatal y el comercio Sur-Sur, continuará produciendo, intercambiando y creciendo (Pino Arlacchi )

"¿Por qué China y el Sur Global nos están salvando de una crisis global?

Predicho por las fuentes más autorizadas, el espectro de los 150 dólares por barril de petróleo crudo acecha los pasillos de las bolsas occidentales. Si se materializaran los modelos predictivos de las principales petroleras y bancos de inversión, la crisis energética provocada por el prolongado bloqueo del estrecho de Ormuz —que transporta aproximadamente una quinta parte de las necesidades petroleras mundiales diarias— podría amenazar con asestar el golpe final a una economía atlántica ya estructuralmente frágil.

En la lógica del siglo pasado, tal escenario tendría un solo significado: una recesión global profunda, inmediata e inevitable. Pero la lógica del siglo XXI ha cambiado. Si el auge energético no resulta en el colapso económico mundial, no se deberá a las maniobras de la Reserva Federal ni a los acuerdos diplomáticos tardíos en Oriente Medio. Se deberá a que, por primera vez en la historia contemporánea, existe un subsistema económico alternativo, paralelo al occidental, dominado por la economía real y el llamado Estado desarrollista. Este conjunto está impulsado por el eje entre China y el Sur Global, y es capaz de actuar como un potente amortiguador universal.

No es fácil comprender este punto de inflexión trascendental, y si logro delinear sus características y dinámicas, se lo debo a que no estoy cegado por la ilusión eurocéntrica y atlantista que plaga toda la narrativa de la crisis actual que prevalece en Occidente.

El capital financiero que esclaviza a Occidente tiende a proyectar sus vulnerabilidades sobre el resto del mundo. En Europa y Estados Unidos, un precio del petróleo de 150 dólares desencadena una reacción en cadena: aumento de los precios en las gasolineras, inflación galopante impulsada por los costos, una fuerte respuesta de los bancos centrales mediante el aumento de las tasas de interés y una consiguiente contracción del crédito, el consumo y la inversión. Es el cortocircuito de un sistema que prospera gracias al apalancamiento financiero, donde los precios de los bienes físicos se determinan mediante apuestas arriesgadas sobre el futuro llamadas derivados, y artilugios similares que infestan los mercados de valores occidentales. El resultado es la exposición del PIB de las naciones del G7 a una volatilidad alimentada por la especulación y el capital «caliente» y apátrida, dispuesto a huir al otro lado del planeta ante el más mínimo cambio en los datos económicos o en las circunstancias geopolíticas.

Pero la historia de hoy ya no termina aquí. Fuera de este perímetro respira otra economía mundial. Un subsistema liderado por los países BRICS+ que ahora produce más del 60% del PIB mundial cuando se calcula en paridad de poder adquisitivo, superando significativamente el escaso 29% que poseen las naciones del G7. Este es el mundo de la economía real, de las antifinanzas arraigadas en la materialidad de la producción, la infraestructura y el intercambio de bienes y servicios. Es el mundo del Gran Sur, que se ha convertido en el centro de gravedad de la economía global. Cuando un barril de petróleo alcanza cifras astronómicas en los mercados euroamericanos, una gigantesca parte de ese petróleo continúa circulando en el resto del mundo a precios radicalmente diferentes.

No encontrará rastro alguno, en los medios occidentales ni en las pontificaciones de los gurús neoliberales, del simple hecho de que Pekín, Teherán, Nueva Delhi y Moscú han estructurado desde hace mucho tiempo un circuito protegido. Rusia e Irán no venden su petróleo crudo siguiendo los índices de referencia del ICE con sede en Londres; Lo negocian mediante contratos a largo plazo, a menudo garantizados por importantes descuentos geopolíticos. Además, estos flujos están prácticamente desdolarizados: la proporción del comercio transfronterizo de China liquidado en renminbi ha superado el récord del 50%, superando al dólar estadounidense. Para el gigante manufacturero chino, el petróleo no cuesta «150 dólares», sino el equivalente previamente acordado en bienes industriales, tecnología o moneda nacional. Este circuito cerrado neutraliza las perturbaciones cambiarias en su origen, evitando la destrucción de la demanda en los países emergentes y garantizando la continuidad operativa de las cadenas de valor físicas.

Pero la defensa definitiva contra una crisis global reside en superar la dependencia del Sur respecto del consumo occidental. Durante décadas, la ortodoxia económica ha sostenido que si Occidente estornuda, Asia enferma, debido a su naturaleza puramente orientada a la exportación hacia los ricos mercados del Norte Global. Esta visión está obsoleta. El punto de no retorno ya se ha superado: el volumen del comercio Sur-Sur (comercio entre economías emergentes) ha superado históricamente el valor de las rutas Norte-Sur, sobrepasando la barrera anual de 5,3 billones de dólares. Los países emergentes ya no son la periferia que trabaja para satisfacer al centro atlántico; se han convertido en el centro en sí mismos.

China lidera este tablero de ajedrez y disfruta de una economía planificada que experimentó un giro estratégico con la doctrina de la «Doble Circulación» lanzada en 2020. Consciente de las crecientes sanciones, aranceles y derechos del proteccionismo occidental, Pekín ha desplazado gradualmente el foco de su desarrollo económico hacia el interior, centrándose en el crecimiento del consumo interno, que ahora representa más del 50% de su PIB, y en la expansión de la productividad mediante la automatización y la inteligencia artificial.

Mientras que el subsistema occidental responde a la innovación tecnológica con la «destrucción creativa» de Schumpeter —generando desempleo, inseguridad laboral y una consiguiente disminución del consumo—, el gobierno chino reubica a los trabajadores desplazados en sectores y servicios altamente cualificados, manteniendo la estabilidad social y el poder adquisitivo interno con una tasa de desempleo urbano estrictamente controlada por debajo del 5,5 %.

Al mismo tiempo, la diversificación de las exportaciones chinas ha transformado la geografía del consumo global. Pekín ya no exporta baratijas, sino infraestructura estratégica, redes de telecomunicaciones, fuentes de energía limpia y movilidad eléctrica. Los destinatarios ya no son los consumidores cansados ​​y empobrecidos de Roma, París o Washington, sino la constelación de países de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, América Latina, África y el Sudeste Asiático. Este último está compuesto por 11 países miembros de la ASEAN: 700 millones de habitantes que impulsan la quinta economía más grande del mundo. La ASEAN ha consolidado su papel como principal socio comercial de Pekín, superando tanto a la Unión Europea como a Estados Unidos.

El surgimiento de una vasta clase media en el Sur Global, estimada en más de 2 mil millones de personas, está absorbiendo la producción industrial de Asia Oriental y China a un ritmo que podría compensar cualquier caída de la demanda inducida por la estanflación occidental. Se trata de una simbiosis funcional: el Sur Global proporciona materias primas y energía, Asia las transforma en bienes tecnológicos e infraestructura para el desarrollo, y todo esto ocurre fuera del control del dólar y del sistema SWIFT.

Si la crisis de Ormuz se agrava, no presenciaremos una crisis global generalizada, sino una creciente bifurcación de la economía mundial. Por un lado, tendremos a Occidente, financiarizado, con sus reservas de divisas denominadas en dólares por debajo del 58%, atrapado en sus dogmas de libre mercado, obligado a sufrir los embates de la crisis energética y la recesión. Por otro lado, el subsistema de la economía real, protegido por la planificación estatal y el comercio Sur-Sur, continuará produciendo, intercambiando y creciendo.

China y el Sur Global no detendrán la disolución de Occidente, ni remediarán las deficiencias del tecnocapitalismo financiero estadounidense. Harán algo más limitado, pero no por ello menos crucial: impedirán que las toxinas de ese sistema envenenen al planeta entero.

Demostrarán que la producción física autónoma, la independencia del dólar y la solidez de las rutas comerciales terrestres y euroasiáticas constituyen una vía de escape mucho más fiable ante las crisis que cualquier artimaña de Wall Street o cualquier política de emergencia de los bancos centrales y gobiernos occidentales."

(Pino Arlacchi , El Viejo Topo, 15/06/26, Fuente: lantidiplomatico)

22.5.26

Mariana Mazzucato: “Los años de hegemonía de Estados Unidos han terminado, estamos viendo el final del Imperio Romano”... vivimos un choque energético, vuelve a subir la inflación, las previsiones se revisan a la baja... estos problemas han sido creados por el hombre. Y, en este caso, en la actualidad, creados principalmente por Estados Unidos. Y necesitamos una coalición mucho más fuerte entre los BRICS y también España, países que se resistan a asumir que las crisis simplemente ocurren. Es una pena que no tengamos a más líderes como Pedro Sánchez hablando de Gaza o de Irán. Me parece interesante el orgullo por resistir que se está produciendo en España, en lugar de reaccionar a cada mensaje de Trump en redes sociales... hay un cierto modelo de capitalismo que, no solo no ha funcionado, sino que ha revivido el imperialismo en los últimos tiempos, como muestran las conversaciones sobre Venezuela o sobre Groenlandia. Ahora vemos una reacción en contra de las cosas que Trump ha hecho, sobre todo con relación a la subida de los precios de la energía, pero también por sus ataques al Papa. Creo que va a haber una realineación global, algo que no es necesariamente ni bueno ni malo, pero desde luego está lejos de Estados Unidos. Está China, están los países del BRICS pensando en nuevos sistemas de pagos… El mundo pasa página... distanciarse de Estados Unidos es positivo. A dónde acercarse, no creo que deba ser solo China, creo que debe ser una coalición de países voluntarios. China es el país que más está gastando en reducir las emisiones de carbono y algunos países en Europa lo ven como una oportunidad

 "Mariana Mazzucato es una polvorilla. La economista italo-americana (nacida en Roma hace 57 años, criada en Estados Unidos y afincada en Londres) forma parte de ese grupo de reputados académicos progresistas que ejercen una oposición desacomplejada al neoliberalismo y al trumpismo posterior a este, pero lo hace sin afectación ni solemnidad. Habla con pasión y optimismo de otra forma de hacer y ver la economía. Mazzucato, profesora de la University College of London, defiende el papel innovador del sector público y pone como ejemplo idóneo de colaboración público-privada la primera misión a la luna ideada por Kennedy, ahora tan de actualidad. Su obra escrita es vibrante y títulos como El Estado Emprendedor o Misión Economía (editados por Taurus en España) dan buena cuenta de ello. En esta entrevista, concedida en el marco de la Global Progressive Mobilisation (GPM) en Barcelona, está exultante por la creación de un Consejo Global para una Economía del Bien Común junto al Gobierno español. Sin embargo, aborda el impacto estructural de la era Trump en la economía mundial con menos euforia.

Pregunta. Llevamos desde 2008 reinventando el capitalismo. ¿Qué le hace pensar que esta vez es diferente?

Respuesta. No lo hemos hecho, ese es el problema. En 2008 hubo una crisis financiera y lo primero que hizo Europa, y fue su principal error, fue no entender de dónde venía. Impusimos austeridad cuando el gran problema era la deuda privada. Deberíamos haber aprendido y haber reformado de veras las finanzas y abrir una gran conversación sobre la forma en que crecemos. Crecemos de una forma problemática, muchas compañías ni siquiera estaban invirtiendo en economía real, sino en finanzas. Creo que la diferencia, ahora, es la situación geopolítica y climática. Aunque Trump ha intentado convertir en algo impopular hablar del clima, la conversación de los últimos seis años ha generado una sensación de urgencia para pasar a la acción que antes no existía. El problema es que no hay suficiente liderazgo. Lo que es alucinante que está ocurriendo en España, en Brasil y un poco en Sudáfrica, es que tienes a unos líderes que están diciendo: “Ya basta”. El Papa actual, y el papa Francisco también, han dicho también que ya basta. Necesitamos reestructurar el capitalismo y las asunciones sobre cómo funciona y cómo no funciona.

P. Mencionaba la situación geopolítica. Hay una guerra en Oriente Próximo, sigue la de Ucrania, vivimos un choque energético, vuelve a subir la inflación, las previsiones se revisan a la baja… ¿Cuál cree que es el principal riesgo ahora mismo?

R. Para empezar, no pensemos en todo ello como crisis inevitables. Estos problemas han sido creados por el hombre. Y, en este caso, en la actualidad, creados principalmente por Estados Unidos. Y necesitamos una coalición mucho más fuerte entre los BRICS y también España, países que se resistan a asumir que las crisis simplemente ocurren. Es una pena que no tengamos a más líderes como [Pedro] Sánchez hablando de Gaza o de Irán. Me parece interesante el orgullo por resistir que se está produciendo en España, en lugar de reaccionar a cada mensaje de Trump en redes sociales.

P. La incertidumbre puede ser ese gran riesgo.

R. Recuerde que cada vez que Trump cambia de opinión sobre lo que hará o no en Irán, hay volatilidad en los mercados, y con esa volatilidad hay gente ganando mucho dinero. Así que la incertidumbre es un eufemismo, es una incertidumbre fabricada que está beneficiando a determinadas compañías.

P. ¿Qué va a significar Trump en la economía global, no a corto plazo, sino de cara a los próximos años?

R. Creo que los años de hegemonía estadounidense han terminado. Estamos viendo el final del Imperio Romano, y no son buenas noticias. Yo no quiero que ningún país caiga porque la gente sufre. Pero sí es una buena noticia la llamada de atención sobre el hecho de que hay un cierto modelo de capitalismo que, no solo no ha funcionado, sino que ha revivido el imperialismo en los últimos tiempos, como muestran las conversaciones sobre Venezuela o sobre Groenlandia. Ahora vemos una reacción en contra de las cosas que Trump ha hecho, sobre todo con relación a la subida de los precios de la energía, pero también por sus ataques al Papa. Creo que va a haber una realineación global, algo que no es necesariamente ni bueno ni malo, pero desde luego está lejos de Estados Unidos. Está China, están los países del BRICS pensando en nuevos sistemas de pagos… El mundo pasa página.

P. ¿Que China pueda tomar el espacio que deja Estados Unidos lo ve como una buena noticia?

R. No lo veo como una buena o una mala noticia, lo veo como noticia. Y si estuviesen tomando el lugar de EE UU cuando teníamos un líder como Roosevelt o incluso como Biden, o incluso Obama, estaríamos en otra situación. Pero ahora tenemos un Gobierno disfuncional, que daña a su propia gente. Los aranceles, a quien más están perjudicando es a los trabajadores estadounidenses. Además, está el retroceso en las inversiones reales en materia climática. Así que distanciarse de Estados Unidos es positivo. A dónde acercarse, no creo que deba ser solo China, creo que debe ser una coalición de países voluntarios. China es el país que más está gastando en reducir las emisiones de carbono y algunos países en Europa lo ven como una oportunidad.

P. Tiene muy buenas palabras para la dirección económica que lleva España, pero más allá de los grandes números, hay una gran frustración entre la gente por el coste de la vida y los problemas de acceso a la vivienda. ¿Qué opina de eso?

R. Ese malestar que describe para España ocurre en la mayoría de países, la pregunta es qué está haciendo el Gobierno al respecto. Yo creo que ustedes, aquí, al menos intentan ir hacia la raíz del problema, por ejemplo, asegurándose de que los precios de la energía están limitados a los que debería ser el precio mayorista del gas. Se han gravado los beneficios extraordinarios, no los beneficios, que son algo bueno, sino los excesos. A esto me refiero con ser proactivo. En cuanto a la vivienda, el asunto va más allá de la vivienda en sí. Va de inclusión y sostenibilidad, de cómo diseñamos las comunidades, lo que no queremos son las banlieues de Francia: crear periferias de gente que no siente que tiene acceso a lo que debería ser una comunidad. Para eso necesitas una agenda progresista." 

(Entrevista a Mariana Mazzucato, Amanda Mars, El País, 28/05/26) 

14.4.26

PIX, el sistema público de pagos de Brasil odiado por Trump, pues ha arrebatado el liderazgo de los pagos electrónicos en Brasil a VISA y Mastercard... Las transacciones en PIX son casi instantáneas, es gratuito para personas físicas y cobra apenas el 0,33% del valor transferido para empresas... PIX ha mostrado ser práctico, rápido y más seguro, especialmente evitando la necesidad de sacar dinero en los cajeros de los bancos... se prepara una especie “PIX internacional” (Proyecto Nexus) y una expansión de PIX al universo económico de los BRICS, el bloque de economías emergentes que busca contrapesar la influencia financiera y política de Occidente... PIX es totalmente público... Con la instauración de un PIX global, 45.000 millones de dólares retenidos por las empresas de envío de remesas internacionales podrían volver a los más pobres... el Proyecto Nexus, bautizado como el “PIX internacional”, ya está siendo implementado en cinco países asiáticos (India, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia)... Algunos establecimientos comerciales en Portugal, Italia, Francia, Estados Unidos, Argentina, Uruguay y España también aceptan pagar con códigos QR vía PIX, con conversión inmediata para el real brasileño

 "El FMI ha fichado al ‘padre’ de PIX para incorporar el ‘know how’ brasileño a las finanzas globales. Los intermediarios bancarios están en el punto de mira: con la instauración de un PIX global, 45.000 millones de dólares retenidos por las empresas de envío de remesas internacionales podrían volver a los más pobres

En julio de 2025, unos días después de que Donald Trump anunciara el tarifazo del 50% a Brasil, el presidente brasileño, Lula da Silva, divulgó en sus redes un mensaje con una frase: “O PIX é nosso, my friend”. PIX, el sistema público de pagos digitales desarrollado por el Banco Central de Brasil (BCB), estaba en el epicentro de la disputa comercial entre los dos países.

Un día antes del post de Lula, la agencia federal responsable de la política comercial internacional del Gobierno estadounidense había incluido a PIX en su investigación por “perjudicar la competitividad de empresas estadounidenses que actúan en esos sectores”, en alusión velada a las corporaciones de tarjetas de crédito VISA y Mastercard, a las que PIX ha arrebatado el liderazgo de los pagos electrónicos en Brasil.

Una semana después del tarifazo de Trump, el premio Nobel de economía Paul Krugman escribió un artículo en defensa de PIX, tecnología que definió como el dinero del futuro del mundo: “Las transacciones en PIX son casi instantáneas (tardan 3 segundos, frente a los dos días de las tarjetas de débito y 28 de las tarjetas de crédito). Los costes son bajos: el sistema es gratuito para personas físicas y cobra apenas el 0,33% del valor transferido para empresas (frente al 1,13% de la tarjeta de débito y el 2,34% de las de crédito)”.

En su texto, Paul Krugman destacaba que PIX “parece estar substituyendo rápidamente tanto el dinero como las tarjetas”. En efecto, el dinero físico casi ha desaparecido de Brasil. En las tiendas nadie tiene cambio. Apenas el 6% de los brasileños usa billetes y monedas, frente al 90,9% que utiliza PIX. En 2025, PIX pulverizó todos los récords: 35,32 billones de reales en transacciones (58,69 billones de euros) y 63.500 millones de operaciones. Además, PIX está incorporando nuevas funcionalidades, como el pago automático de la cuenta de la luz, el agua o Internet, entre otras cosas. “Como medio de pago preferido de los brasileños, PIX ha mostrado ser práctico, rápido y más seguro, especialmente evitando la necesidad de sacar dinero en los cajeros de los bancos”, explica a elDiario.es Frederico Glitz, abogado especialista en derecho internacional, fundador de Glitz & Gondim Consultoría Jurídica. Por si fuera poco, PIX va consolidándose como medio de pago en el mundo empresas. Las transacciones entre personas y empresas han aumentado del 30% a finales de 2022 al 55%, informa el Banco Central de Brasil a este medio.

PIX muere de éxito. Y su proyección internacional, a pesar de Donald Trump, es imparable: se prepara una especie “PIX internacional” (Proyecto Nexus) y una expansión de PIX al universo económico de los BRICS, el bloque de economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que busca contrapesar la influencia financiera y política de Occidente. 

Sistema público

Krugman destacaba en su artículo el carácter público de PIX: “La industria financiera de Estados Unidos no permitiría nunca que un sistema público compita con sus servicios, especialmente si el sistema público es superior”. Aunque otros países de los BRICS tienen sistemas de pago electrónico parecidos a PIX (SBP en Rusia, UPI en India, WeChat Pay en China), ninguno es 100% público. Por su parte, el Bizum de España fue lanzado por un consorcio de bancos. En la mayoría de los casos, las operadoras privadas acaban siendo favorecidas. En el UPI indio, la participación de empresas privadas acabó provocando la concentración de los pagos instantáneos en multinacionales como Google o Walmart.

Carlos Eduardo Brandt, considerado el padre del PIX, que en 2025 dejó el Banco Central do Brasil (BCB) para incorporarse al Fondo Monetario Internacional (FMI), considera imprescindible el carácter público de los sistemas de pago. “Para alcanzar un ecosistema de pagos realmente inclusivo, lo más apropiado es tener un agente neutro. En el caso brasileño, el agente neutro por excelencia es el Banco Central de Brasil”, aseguró Brant a la BBC

Para la economista Carla Beni, profesora de la Fundação Getúlio Vargas de São Paulo (FGV-SP), la administración Trump está incomodada con PIX porque no solo compite con las empresas de tarjetas de crédito, sino con las big tech, las grandes tecnológicas. “Sustituye gran parte del uso de tarjetas de débito y de crédito, especialmente tras el lanzamiento de servicios como PIX crédito (crédito) o Pix parcelado (pagar a plazos). También hubo reclamaciones de que el Banco Central habría impuesto barreras al WhatsApp Pay, algo que fue muy bueno para PIX y para Brasil, y eso acabó impactando negativamente también a Apple Pay y Google Pay”, asegura Beni en una conversación con elDiario.es.

¿Hacia un PIX global?

Una de las funciones de Carlos Eduardo Brandt como Experto Senior del Sector Financiero del FMI es estudiar cómo PIX puede aplicarse en una escala global. Simplificar los pagos instantáneos entre diferentes países es uno de sus cometidos. Los intermediarios bancarios están en el punto de mira. Con la instauración de un PIX global, 45.000 millones de dólares retenidos por las empresas de envío de remesas internacionales podrían volver a los más pobres, según Tobias Adrian, director del departamento de Mercados Monetarios y de Capitales del FMI.

Brandt ha acompañado de cerca el sistema que pretende intercomunicar el sistema de pago de los dieciséis países de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC) y el Proyecto Nexus, bautizado como el “PIX internacional”, que ya está siendo implementado en cinco países asiáticos (India, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia). Carla Beni considera que 2026 es el año de transición en el que PIX va a pasar de ser un sistema de efectuar pagos domésticos para ser una herramienta de integración global y geopolítica. La especialista cita como referencia el Proyecto Nexus, del Banco de Compensaciones Internacionales (BIS). “Va a interconectar los sistemas de pagos instantáneos de más de sesenta países, incluso algunos como Italia, de la zona euro”, matiza.

Frederico Glitz considera que, al margen de decisiones geopolíticas, la expansión internacional de PIX ya está en marcha. “El consumidor brasileño ya encuentra establecimientos extranjeros que aceptan PIX, porque permite una mayor simplificación de operaciones internacionales”, sostiene Glitz. En Argentina, existen incluso aplicativos como Belo o PagBrasil que ya permiten pagar vía PIX. Carla Beni también destaca el crecimiento del PIX en el exterior por medio del sector privado. “Algunos establecimientos comerciales en Portugal, Italia, Francia, Estados Unidos, Argentina, Uruguay y España también aceptan pagar con códigos QR vía PIX, con conversión inmediata para el real brasileño”, afirma Beni

Por si fuera poco, para desconsuelo de Trump, PIX ha sido el primer sistema de pagos digitales que tiene la tecnología lista para conectarse al sistema de pago BRICSPay, una especie de “Pix de los BRICS”, que aspira a acabar con la hegemonía mundial del dólar."

( Bernardo Gutiérrez , Rebelión, 11/04/26) 

21.3.26

Los contactos que mantengo con operadores (EAU, Moscú y Houston) confirman el colapso total del mercado. Ahora se negocia carga por carga, y el mercado de «futuros» está, de hecho, paralizado, ya que nadie quiere comprometerse más allá del momento actual... Las «reservas flotantes» se están reduciendo rápidamente y, por lo tanto, la inestabilidad va en aumento. IV. La tentación especulativa es, naturalmente, muy fuerte, pero los bancos «serios» (sí, sí, existen…) se retiran del mercado... El impacto derivado comienza a afectar a los bancos a través de las aseguradoras (que se ven gravemente afectadas). Los daños materiales en las infraestructuras petroleras y gasísticas hacen pensar, en realidad, en una crisis que durará al menos hasta el primer semestre de 2027... en EE. UU., que normalmente está protegido por importantes reservas, el precio de los combustibles ha aumentado un 60 %. Sin embargo, en algunos países (Asia) ya se está produciendo una escasez, de ahí el desbocamiento de los mercados asiáticos... Más grave aún: las siembras de primavera e invierno se verán seriamente comprometidas por la falta de fertilizantes. Tras la crisis energética, tendremos una crisis alimentaria. El potencial de subida de los precios es de al menos un 2 % en Europa, y mayor en los países del sur... No hay forma de detener la crisis. Solo se puede calmar progresivamente... el aumento de los ingresos fiscales rusos será del 25 % o del 30 % si se alcanza un precio estabilizado en 150 $/b... Las consecuencias políticas (Rusia está negociando acuerdos con Japón, Corea, Malasia y Tailandia) son difíciles de cuantificar. Es probable que se cree un «mercado BRICS» de productos agrícolas (Jacques Sapir)

 "I. Un breve #Thread sobre lo que está sucediendo en el mercado del petróleo.

II. Los contactos que mantengo con operadores (EAU, Moscú y Houston) confirman el colapso total del mercado. Ahora se negocia carga por carga, y el mercado de «futuros» está, de hecho, paralizado, ya que nadie quiere comprometerse más allá del momento actual.

III. El petróleo ha alcanzado los 170 $/b en Dubái, pero el Sokol ruso se negociaba a las 17:30 (Moscú) entre 172 y 178 $/b. Las «reservas flotantes» se están reduciendo rápidamente y, por lo tanto, la inestabilidad va en aumento.

IV. La tentación especulativa es, naturalmente, muy fuerte, pero los bancos «serios» (sí, sí, existen…) se retiran del mercado. Se prevé una división del índice Brent en dos, entre el mercado «atlántico» y el mercado «asiático», con una diferencia de al menos 30 $ entre ambos.

V. Comienzan a circular estimaciones de las consecuencias, y en el CEMI y en el Instituto de Previsiones (Moscú)

VI. Si la crisis se prolonga hasta junio y los precios vuelven a la normalidad a partir de entonces (es decir, a finales de año), la pérdida de crecimiento mundial será de al menos un 1,1 %, un 1,9 % en Alemania y, sin duda, entre un 0,6 % y un 0,8 % en Francia. Se trata de estimaciones medias.

VII. El impacto derivado comienza a afectar a los bancos a través de las aseguradoras (que se ven gravemente afectadas). Los daños materiales en las infraestructuras petroleras y gasísticas hacen pensar, en realidad, en una crisis que durará al menos hasta el primer semestre de 2027

VIII Incluso en EE. UU., que normalmente está protegido por importantes reservas, el precio de los combustibles ha aumentado un 60 %. Sin embargo, en algunos países (Asia) ya se está produciendo una escasez, de ahí el desbocamiento de los mercados asiáticos.

IX. Más grave aún: las siembras de primavera e invierno se verán seriamente comprometidas por la falta de fertilizantes. Tras la crisis energética, tendremos una crisis alimentaria. El potencial de subida de los precios es de al menos un 2 % en Europa, y mayor en los países del sur

X. No hay forma de detener la crisis. Solo se puede calmar progresivamente. Rusia obtendrá sumas considerables, pero no podrá reemplazar toda la producción perdida a causa de la guerra.

XI. En la actualidad, el aumento de los ingresos fiscales rusos debería ser del 20 % con respecto a las previsiones de noviembre de 2025. En realidad, sin duda será del 25 % o del 30 % si se alcanza un precio estabilizado en 150 $/b

XII. Nos encontramos, por tanto, ante una crisis grave Y multifacética, que superará, con creces, la mera crisis energética. La cuestión del helio, esencial para la fabricación de microprocesadores, es un ejemplo de ello.

XIII. Las consecuencias políticas (Rusia está negociando acuerdos con Japón, Corea, Malasia y Tailandia) son difíciles de cuantificar. Es probable que se cree un «mercado BRICS» de productos agrícolas."

(Jacques Sapir , Twitter, 20/03/26, traducción DEEPL)

18.2.26

Una ruta estable e inteligente de los BRICS hacia la desdolarización. Una canasta de los BRICS o una unidad de compensación digital respaldada por monedas y materias primas podría reemplazar al dólar y hacer realidad la visión del 'bancor' de Keynes... Keynes propuso una moneda internacional neutral, conocida como "bancor", gestionada a través de una unión de compensación que disciplinara tanto a los países con superávit comercial como a los que tienen déficit... La verdadera alternativa no es otra moneda nacional, sino una no nacional. Por eso, tanto el Sur Global como el Norte Global deberían considerar una moneda BRICS para fines de liquidación en lugar de como moneda de reserva... Un activo de reserva liderado por los BRICS, estructurado como una cesta o unidad de compensación digital anclada en un conjunto diversificado de monedas y materias primas, podría aproximarse a la visión de Keynes para el bancor. Su propósito no sería desplazar las monedas nacionales, sino actuar como una unidad de cuenta y liquidación neutral para el comercio y las finanzas internacionales. Crucialmente, se gobernaría multilateralmente, sin que ningún país pudiera utilizarlo como arma para fines internos o geopolíticos, como ha estado haciendo Estados Unidos con el dólar... Esta no es una idea utópica. Ya existen elementos en los swaps de divisas bilaterales, los mecanismos de liquidación en moneda local y los acuerdos de reservas mancomunadas. Lo que falta es la integración en un sistema de compensación coherente con estabilizadores automáticos, precisamente lo que Keynes propuso hace 80 años... Bajo una unión de compensación moderna, los países con superávit persistente enfrentarían cargos por reservas excesivas, lo que los incentivaría a expandir la demanda interna o invertir en el extranjero. Los países deficitarios, por su parte, tendrían acceso a facilidades de sobregiro que evitarían una contracción repentina. Esto no es simplemente una solución técnica. Reequilibraría la economía global, alejándola del subconsumo crónico y el sesgo deflacionario hacia un crecimiento económico estable impulsado por la demanda... El Sur Global, a través de los BRICS+ y más allá, ahora tiene tanto el incentivo como la capacidad para liderar ese esfuerzo (Bhim Bhurtel)

 "Por cualquier lectura honesta de la historia, el sistema monetario internacional nunca fue neutral. Fue un acuerdo político, forjado en 1944 en Bretton Woods, el que elevó la moneda de un país al estatus de dinero global.

Ese acuerdo, moldeado por las ideas de Harry Dexter White y aceptado a pesar de las objeciones de John Maynard Keynes, sirvió bien al mundo durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Pero su asimetría fundamental ha sobrevivido a su legitimidad.

La economía global actual es multipolar en producción, consumo y distribución, pero unipolar en su sistema financiero. La dominancia del dólar estadounidense ha creado un desequilibrio estructural: el emisor de la moneda de reserva puede incurrir en déficits persistentes, mientras que el resto del mundo debe luchar por ajustarse a través de una dolorosa austeridad, acumulación de reservas o flujos de capital volátiles.

Esto ha creado un desafío persistente para la economía global: los dólares son estadounidenses, pero sus problemas son compartidos por los países en desarrollo. Este es el mismo dilema contra el que advirtió Keynes cuando propuso una moneda internacional neutral, conocida como "bancor", gestionada a través de una unión de compensación que disciplinara tanto a los países con superávit comercial como a los que tienen déficit.

Ochenta años después, el caso de un bancor moderno ha resurgido, no como un revival nostálgico, sino como una necesidad práctica del momento. El impulso más creíble para la reforma no surge de Washington ni de Bruselas, sino del Sur Global, particularmente del grupo BRICS en expansión y su Nuevo Banco de Desarrollo.

Más allá de la hegemonía del dólar

El debate a menudo se caricaturiza como una contienda geopolítica entre el dólar y las monedas nacionales rivales. Ese es el marco equivocado.

Reemplazar una moneda hegemónica por otra simplemente reproduciría la inestabilidad del sistema actual. Un orden dominado por el renminbi chino, por ejemplo, plantearía las mismas preocupaciones sobre asimetría, restricción externa y apalancamiento político que ahora rodean al dólar estadounidense.

Parece que China, como el mayor exportador mundial de bienes manufacturados y tecnología, no quiere que su moneda se convierta en una moneda de reserva global. Hacerlo probablemente haría que el renminbi se apreciara, encareciendo las exportaciones chinas y reduciendo potencialmente la demanda global de sus bienes, servicios y tecnología.

La verdadera alternativa no es otra moneda nacional, sino una no nacional. Por eso, tanto el Sur Global como el Norte Global deberían considerar una moneda BRICS para fines de liquidación en lugar de como moneda de reserva.

Un activo de reserva liderado por los BRICS, estructurado como una cesta o unidad de compensación digital anclada en un conjunto diversificado de monedas y materias primas, podría aproximarse a la visión de Keynes para el bancor.

Su propósito no sería desplazar las monedas nacionales, sino actuar como una unidad de cuenta y liquidación neutral para el comercio y las finanzas internacionales. Crucialmente, se gobernaría multilateralmente, sin que ningún país pudiera utilizarlo como arma para fines internos o geopolíticos, como ha estado haciendo Estados Unidos con el dólar.

Esta no es una idea utópica. Ya existen elementos en los swaps de divisas bilaterales, los mecanismos de liquidación en moneda local y los acuerdos de reservas mancomunadas. Lo que falta es la integración en un sistema de compensación coherente con estabilizadores automáticos, precisamente lo que Keynes propuso hace 80 años.

Restaurando la simetría y la estabilidad

En el corazón del diseño de Keynes estaba un principio aún ausente del sistema actual: la simetría de ajuste.

Bajo una unión de compensación moderna, los países con superávit persistente enfrentarían cargos por reservas excesivas, lo que los incentivaría a expandir la demanda interna o invertir en el extranjero. Los países deficitarios, por su parte, tendrían acceso a facilidades de sobregiro que evitarían una contracción repentina.

Esto no es simplemente una solución técnica. Reequilibraría la economía global, alejándola del subconsumo crónico y el sesgo deflacionario hacia un crecimiento económico estable impulsado por la demanda. También reduciría la necesidad de que los países en desarrollo acumulen vastas reservas de dólares como autoseguro para el pago de las importaciones y el servicio de la deuda externa, una práctica que desvía recursos de la inversión interna y el desarrollo social que necesitan desesperadamente.

Para muchos países de África, Asia y América Latina, un sistema así ofrecería lo que el actual no: espacio de política macroeconómica para sus economías. Los gobiernos podrían buscar la creación de empleo, la industrialización y la inversión climática sin la amenaza constante de crisis monetarias, choques económicos del Norte global o medidas de austeridad impuestas por el Banco Mundial y el FMI.

Los críticos de la reforma a menudo argumentan que el sistema del dólar respalda el comercio global y la apertura financiera.

Sin embargo, en la práctica, se ha utilizado cada vez más como un instrumento de coerción, a través de sanciones, exclusión financiera y extralimitación regulatoria. Esto erosiona la confianza y fragmenta la propia globalización que dice apoyar. Es imperativo responder a la inestabilidad de la política estadounidense cada cuatro años y, recientemente, a su creciente proteccionismo.

Una moneda de compensación neutral desvincularía el comercio del apalancamiento geopolítico. Haría que las sanciones fueran más específicas y legítimas en lugar de recurrir a interrupciones en todo el sistema. También fomentaría el comercio libre genuino al reducir los costos de transacción y la volatilidad del tipo de cambio en diversas zonas monetarias.

Este no es un argumento en contra de los mercados abiertos. Por el contrario, es un argumento a favor de una infraestructura más justa para los mercados globales abiertos, una que no priorice las necesidades de política interna de un solo país sobre la estabilidad del sistema financiero global en su conjunto.
Orden multipolar

Si Bretton Woods reflejaba las realidades de poder de 1945, un nuevo acuerdo debe reflejar las de 2026. Las economías emergentes representan ahora la mayoría del crecimiento mundial y una proporción creciente del comercio, el ahorro y la inversión. Sin embargo, siguen estando subrepresentados en la gobernanza de instituciones heredadas dominadas por Occidente, como el FMI y el Banco Mundial.

Una unión de compensación anclada en los BRICS no reemplazaría estas instituciones de la noche a la mañana. Pero crearía un pilar paralelo, uno que es más representativo, más orientado al desarrollo y menos impulsado por la condicionalidad de los préstamos. Con el tiempo, podría catalizar la reforma dentro de las instituciones más antiguas, obligándolas a ser más inclusivas y receptivas a las preocupaciones de las naciones del Sur Global.

Para tener éxito, cualquier nuevo sistema debe evitar convertirse en un vehículo para el dominio de su miembro más grande. Eso requiere reglas transparentes, liderazgo rotatorio y estructuras de votación que equilibren el peso económico con la representación regional.

El principio debe ser claro: ningún país, por grande que sea, puede monopolizar o militarizar el sistema financiero global. Eso solo iguala las condiciones para los países del Sur Global.

Los escépticos señalarán que los órdenes financieros globales no cambian fácilmente. Están integrados en contratos legales, mercados financieros y alianzas políticas. Pero la historia demuestra que sí cambian, a menudo en respuesta a las crisis. El colapso del patrón oro, la creación de Bretton Woods y el cambio a tipos de cambio flotantes fueron considerados improbables antes de 1944. Ahora estamos en el mismo momento.

La transición a un bancor del siglo XXI no tiene por qué ser abrupta. Puede comenzar con pasos incrementales de expansión del comercio en moneda local dentro de los BRICS y los países socios; la emisión de bonos y préstamos para el desarrollo denominados en una unidad común; la creación de una plataforma digital de compensación para pagos transfronterizos; y la ampliación gradual de la membresía para incluir a otras economías emergentes y avanzadas dispuestas a participar en el sistema.

Lo que importa es la dirección de la trayectoria: alejándose de un sistema definido por el privilegio de una nación poderosa y acercándose a uno basado en el equilibrio multilateral.
Momento neokeynesiano

Al final del día, la elección no es entre el statu quo y el caos en el sistema financiero global. Está entre un sistema envejecido que genera inestabilidad recurrente y uno reformado que internaliza las lecciones que Keynes enseñó hace ocho décadas.

Sin duda, un orden financiero neutral, basado en reglas y simétrico no eliminaría las crisis. Pero los haría menos frecuentes, menos contagiosos y menos injustos para todos los países. Permitiría a los países comerciar más libremente, invertir de manera más productiva y crecer de manera más inclusiva juntos de maneras que mejor sirvan a sus ciudadanos.

Durante demasiado tiempo, la arquitectura del sistema financiero global se ha escrito en el lenguaje del poder. Es hora de reescribirlo en el lenguaje de la justicia, la equidad y la inclusión.

El Sur Global, a través de los BRICS+ y más allá, ahora tiene tanto el incentivo como la capacidad para liderar ese esfuerzo. La pregunta ya no es si un nuevo bancor es deseable. Es si el mundo puede permitirse esperar más tiempo para crearlo." 

( 

11.2.26

Zambia acaba de aceptar la divisa china para el pago de impuestos y otras regalías, reflejando la creciente tendencia de buscar poner fin a la dependencia del dólar estadounidense... La desdolarización se ha consolidado como un eje central del debate económico y geopolítico global. Para muchos países, más allá de una consigna ideológica, se trata de una cuestión de soberanía económica y autonomía política frente a un sistema monetario impuesto y controlado por una potencia extranjera cada vez más agresiva, inestable y dispuesta a utilizar su moneda como arma... La congelación de reservas soberanas, como ocurrió con Rusia en 2022, ha reforzado la idea de que ninguna nación es plenamente soberana mientras sus activos dependan de la voluntad de Washington... No estamos ante una crisis inmediata del dólar, estamos ante una reconfiguración lenta pero profunda hacia un sistema monetario más fragmentado y menos subordinado. La caída gradual del dólar en las reservas, el auge del oro, la estrategia china y la proliferación de acuerdos en monedas locales señalan una transformación que ya está en marcha... La desdolarización no es, por tanto, una reacción coyuntural. Es la expresión financiera de un mundo que empieza a rechazar abiertamente la subordinación impuesta y busca un mayor equilibrio, una mayor autonomía y una mayor capacidad de decisión. El proceso está abierto, y su desenlace será una de las batallas centrales del siglo XXI (Pedro Barragán)

 "En este comienzo de 2026, la desdolarización se ha consolidado como un eje central del debate económico y geopolítico global. Para muchos países, más allá de una consigna ideológica, se trata de una cuestión de soberanía económica y autonomía política frente a un sistema monetario impuesto y controlado por una potencia extranjera cada vez más agresiva, inestable y dispuesta a utilizar su moneda como arma. Durante décadas, el dominio del dólar estadounidense ha funcionado como un mecanismo estructural de subordinación financiera, drenando recursos, condicionando políticas internas y limitando márgenes de desarrollo. Hoy, ese orden muestra grietas visibles y permanentes, y la desdolarización, aunque incompleta, aparece como una oportunidad histórica para cuestionar una arquitectura diseñada en beneficio de unos pocos y reequilibrar el sistema internacional.  

(Pedro Barragán , Público, 07/02/26)

3.2.26

Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, ha tejido una red de sanciones que trasciende lo financiero para convertirse en coerción política total... según el Relator Especial de la ONU, estas sanciones equivalen a un “castigo colectivo”. Generan un fenómeno de “sobrecumplimiento” bancario que bloquea incluso transacciones permitidas para alimentos y medicinas... Los costos humanitarios son la página más negra, sistemáticamente subestimada. La “sobreconformidad” bancaria significa que pacientes con cáncer o enfermedades raras se ven privados de medicamentos porque ningún banco europeo se atreve a procesar el pago... La designación del Banco Central de Irán como entidad terrorista en 2019 ha resultado en el congelamiento de entre 100.000 y 120.000 millones en activos en el extranjero. Esto ha elevado el costo de las transacciones internacionales y ha provocado una depreciación del rial cercana al 500% desde 2018, alimentando una inflación proyectada en el 60% para 2026... Las protestas de finales de 2025, que llevaron a cierres masivos del Gran Bazar de Teherán, tuvieron un catalizador inmediato, el rechazo al presupuesto nacional para 2026, que muchos analistas calificaron de «neoliberal»... Jamenei, significativamente, no condenó las protestas en su esencia, sino que instó al gobierno a «escuchar las quejas legítimas del pueblo»... Las protestas funcionan, así como una “válvula de escape” para demandas económicas específicas, desactivando la narrativa occidental que sueña con una revolución de colores... Occidente ignora tanto los costos humanitarios como la capacidad de resistencia de la sociedad iraní, perpetuando un ciclo que solo fortalece a los más duros en Teherán... Irán emerge no como víctima pasiva, sino como un faro complejo de resistencia nacional, donde incluso las protestas masivas se articulan como un debate económico interno sobre cómo distribuir los costos de un asedio externo, no como un desafío a la soberanía revolucionaria (Alejandro Marcó del Pont)

 "En el corazón de Persia, cuna de “Las mil y una noches”, se libra una batalla silenciosa con algoritmos, sanciones y narrativas diseñadas para sofocar. Cuando señalamos que la nube digital global reposa en manos de corporaciones occidentales, no podíamos omitir una verdad incómoda: el control de la información también es un instrumento de soberanía para los estados, más si estan sitiados.

No es mal visto que la mitad de la humanidad dependa de seis empresas estadounidenses; se celebra como triunfo de un ecosistema abierto. Pero cuando el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán gestiona el flujo digital durante un apagón de internet de semanas, Occidente lo tacha de censura totalitaria. La paradoja es reveladora: el monopolio es una cuestión de perspectiva geopolítica. Lo que para unos es infraestructura global, para el otro es un arma; lo que para Teherán es un cortafuegos de supervivencia, para Washington es prueba de tiranía.

En las calles de Teherán, Isfahán y Mashhad, el eco de las protestas que han resurgido a finales de 2025 no resuena como un guito contra los pilares de la Revolución, sino como un rechazo directo y enfocado a políticas económicas específicas percibidas como de corte neoliberal, particularmente el presupuesto nacional vetado en diciembre de ese año que recortaba subsidios históricos y aumentaba impuestos indirectos. Es un clamor por justicia económica en medio de un temporal desatado desde fuera, pero con un detonante interno claro y preciso.

La hiperinflación que devora salarios, la devaluación del Rial y la escasez de medicinas se exacerban ante lo que gran parte de la población ve como una capitulación del gobierno electo a recetas externas de austeridad. Este artículo busca navegar más allá de la simplificación mediática para explorar las raíces de esta crisis, los sectores que sangran bajo el embargo, y cómo la compleja red de alianzas internas y la colaboración con China y Rusia tejen un colchón de resistencia, mientras las protestas se centran en un desacuerdo de política económica, no en un cuestionamiento al sistema.

Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, ha tejido una red de sanciones que trasciende lo financiero para convertirse en coerción política total. No solo se congelan activos por más de 100.000 millones de dólares; se busca asfixiar la economía en su nivel más básico. Estas medidas, reimpuestas en 2018 y escaladas en 2025, se visten con el ropaje de la no proliferación nuclear. En la práctica, constituyen una guerra económica no declarada, una violación flagrante de principios humanitarios que, lejos de debilitar al establishment, alimentan su narrativa antiimperialista.

Como documentó el Relator Especial de la ONU, estas sanciones equivalen a un “castigo colectivo”. Generan un fenómeno de “sobrecumplimiento” bancario que bloquea incluso transacciones permitidas para alimentos y medicinas. En un mundo donde Occidente estrecha la mano de regímenes autoritarios en Riad o El Cairo, el caso de Irán muestra un orden internacional profundamente sesgado.

La economía iraní, dependiente en un 40-50% de los hidrocarburos, ha sido golpeada por sanciones desde su revolución, con una escalada destructiva en las últimas dos décadas. El congelamiento de fondos dibuja un patrón de agresión financiera sistemática. Tras 1979, Washington congeló unos 12.000 millones de dólares. Entre 2006 y 2015, resoluciones de la ONU y la UE sumaron entre 50.000 y 70.000 millones más. La reimposición de sanciones en 2018 añadió otros 40.000 millones. Y la reactivación de 2025 agregó al menos 20.000 millones más. Estas cifras tienen una traducción humana devastadora. El costo acumulativo se estima en más de 1,2 billones de dólares desde 2011. Por ciudadano, esto representa una pérdida de aproximadamente 14.000 dólares en ingresos per cápita potenciales.

Los sectores más castigados constituyen un mapa de la devastación estratégica. El sector energético ha visto cómo sus exportaciones de crudo caían de 2,5 millones de barriles diarios en 2011 a poco más de 1,5 millones en 2025. La producción se ha contraído entre un 16% y un 26%, dejando infraestructura obsoleta y causando apagones recurrentes. El sector financiero vive una asfixia paralela. La designación del Banco Central de Irán como entidad terrorista en 2019 ha resultado en el congelamiento de entre 100.000 y 120.000 millones en activos en el extranjero. Esto ha elevado el costo de las transacciones internacionales y ha provocado una depreciación del rial cercana al 500% desde 2018, alimentando una inflación proyectada en el 60% para 2026. La manufactura opera a menos de la mitad de su capacidad, con un desempleo juvenil que roza el 30%. Sectores como la construcción, la minería y la agricultura no escapan a la lógica del colapso.

Es en este contexto de asfixia externa donde las decisiones económicas internas adquieren una dimensión explosiva. Las protestas de finales de 2025, que llevaron a cierres masivos del Gran Bazar de Teherán y de mercados clave en otras ciudades, tuvieron un catalizador inmediato y concreto: el rechazo al presupuesto nacional propuesto para 2026, un documento que muchos analistas y actores económicos internos calificaron de «neoliberal» por su paquete de ajuste. Dicho presupuesto, negociado bajo la inmensa presión de la crisis fiscal agravada por las sanciones, proponía reducciones significativas en los subsidios a la energía y los alimentos –pilares del contrato social post-revolucionario–, junto con aumentos en los impuestos al consumo (IVA) y a las transacciones financieras y un ajuste de salarios por debajo de la inflación.

Para la base social de la República, desde los comerciantes bazaaris hasta las clases populares urbanas, esto representaba un doble castigo: el impuesto por las sanciones occidentales, más un ajuste interno que cargaba el peso de la crisis sobre los hombros de la mayoría. Por ello, las consignas en las calles no apuntaban al Líder Supremo ni al sistema teocrático, sino al gobierno del presidente Pezeshkian y a su gabinete económico, acusándolos de implementar las recetas del Fondo Monetario Internacional bajo otro nombre. La ira, por tanto, estaba perfectamente dirigida: era una revuelta fiscal, un rechazo a un modelo económico específico percibido como ajeno y lesivo, no una insurrección existencial.

Esta crisis no es solo resultado de políticas domésticas erráticas, sino la consecuencia calculada de una campaña de desestabilización geopolítica que luego encuentra un punto de ignición interno. Israel, con respaldo estadounidense, ha llevado a cabo una guerra en la sombra de ciberataques y sabotajes. Estados Unidos utiliza las sanciones con el pretexto de contener el programa nuclear iraní, pero el efecto real es perpetuar un ciclo de inestabilidad que beneficia a los complejos militar-industriales occidentales. La hipocresía es descarnada: Washington condena el programa nuclear iraní, sometido a inspecciones intrusivas, mientras hace la vista gorda ante el arsenal nuclear no declarado de Israel y firma megacontratos de armamento con Arabia Saudita.

Los costos humanitarios son la página más negra, sistemáticamente subestimada. La “sobreconformidad” bancaria significa que pacientes con cáncer o enfermedades raras se ven privados de medicamentos porque ningún banco europeo se atreve a procesar el pago. Estudios en The Lancet han asociado las sanciones unilaterales con aumentos en las tasas de mortalidad. En Irán, esto se traduce en miles de muertes evitables al año. La pobreza afecta a entre un tercio y más de la mitad de la población. Las protestas nacen de esta privación material extrema, agravada por la percepción de que el gobierno responde con políticas de austeridad impopulares. El núcleo del malestar es la lucha por la supervivencia diaria y el rechazo a un ajuste considerado injusto.

En medio de esta tormenta, surge un fenómeno crucial: la solidez de las relaciones entre los grandes comerciantes (bazaaris), el Líder Supremo Ali Jamenei, y los objetivos de la Revolución. Esta es una alianza histórica forjada en 1979. Los bazaaris vieron en la Revolución un baluarte contra la dominación económica extranjera. Su lealtad a Jamenei se sustenta en un entendimiento mutuo: protección estatal y acceso a redes que priorizan la soberanía económica.

Cuando protestan, sus consignas no son “Abajo la República Islámica”. Son “Reforma o nada”, y se dirigen de manera precisa contra el gobierno y su presupuesto de corte neoliberal. Es un reclamo dentro del sistema, una presión para rectificar el rumbo económico. Jamenei, significativamente, no condenó las protestas en su esencia, sino que instó al gobierno a «escuchar las quejas legítimas del pueblo», posicionándose como árbitro por encima del debate económico cotidiano.

Maneja este descontento canalizando recursos hacia instituciones leales como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán CGRI. Este rentismo actúa como un mecanismo de cohesión. Las protestas funcionan, así como una “válvula de escape” para demandas económicas específicas, desactivando la narrativa occidental que sueña con una revolución de colores.

Frente al aislamiento, Irán ha ejecutado un “giro hacia el Este” estratégico. China, principal socio comercial, ha tendido un cable de vida a través del Acuerdo Estratégico de 25 años. Hasta 2025, las inversiones chinas superaban los 4.700 millones de dólares. China compra más de un millón de barriles diarios de petróleo iraní con descuentos, proporcionando un flujo vital de divisas. Esta colaboración es pragmática: China obtiene energía segura, e Irán recibe tecnología y un aliado en el Consejo de Seguridad.

Rusia ha consolidado una alianza que trasciende lo circunstancial. El Tratado de Asociación Estratégica Integral de 2025 formaliza la cooperación en economía, energía y seguridad. El comercio bilateral planea duplicarse mediante el uso de monedas locales y el desarrollo del Corredor Internacional Norte-Sur. En defensa, los ejercicios conjuntos y la transferencia de tecnología fortalecen las capacidades de disuasión. Unidos en los BRICS, Teherán, Moscú y Pekín presentan un frente común que contrarresta el unilateralismo occidental.

Irán se encuentra en una encrucijada definida por la presión externa y la resiliencia interna. Asediado por sanciones que congelan su riqueza, encuentra fortaleza en alianzas orientales y en una cohesión social donde el descontento se canaliza hacia reclamos económicos precisos, como el rechazo a un presupuesto neoliberal, dentro del marco del sistema. Occidente ignora tanto los costos humanitarios como la capacidad de resistencia de la sociedad iraní, perpetuando un ciclo que solo fortalece a los más duros en Teherán.

La lección es clara: las sanciones económicas maximalistas no promueven la democracia; son armas de guerra que empobrecen a pueblos soberanos y a menudo precipitan medidas de austeridad interna que generan inestabilidad. Irán emerge no como víctima pasiva, sino como un faro complejo de resistencia nacional, donde incluso las protestas masivas se articulan como un debate económico interno sobre cómo distribuir los costos de un asedio externo, no como un desafío a la soberanía revolucionaria.

En el naciente orden multipolar, la verdadera fuente de desestabilización no emana de Teherán, sino de aquellos centros de poder que pretenden dictar, mediante el hambre y la coerción financiera, el futuro de las naciones que osan defender su independencia. La pared de cristal del asedio es alta, pero desde dentro, Irán sigue escribiendo su propia historia, y sus ciudadanos, al protestar contra un presupuesto, están definiendo los términos de su propia resistencia económica." 

(Alejandro Marcó del Pont, blog, 14/01/26) 

26.1.26

Cómo el Sur Global está desmantelando la supremacía del dólar... El dólar aún reina, pero su control se está aflojando... Una rebelión coordinada está remodelando silenciosamente las finanzas globales, una que pretende no solo escapar de la tiranía del dólar, sino enterrarla... las monedas digitales de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés) –versiones digitales basadas en blockchain de las monedas nacionales emitidas y reguladas por los bancos centrales– ofrecen un camino transformador. A diferencia de las criptomonedas, las CBDC están totalmente respaldadas y controladas por autoridades monetarias soberanas, combinando velocidad digital con supervisión estatal... las CBDC pueden reducir los costos de transacción hasta en un 50 por ciento y liquidar pagos transfronterizos en segundos. SWIFT, por el contrario, depende de un modelo bancario de corresponsal lento y por capas que puede llevar días e impone altas tarifas... Es por eso que el yuan digital chino (e-CNY) ha crecido más del 800 por ciento desde 2023... el e-CNY sigue siendo el experimento de moneda digital de banco central más grande del mundo. Y su éxito está reformulando las suposiciones sobre quién puede marcar el ritmo en la innovación financiera... La Organización Árabe de Compensación y Liquidación de Pagos Regional, conocida como BUNA, es otra pieza crítica de la arquitectura de pagos emergente. Con sede en los EAU y operada por el Fondo Monetario Árabe, BUNA es una plataforma de pagos transfronterizos y multimoneda creada para facilitar los flujos comerciales y de inversión dentro y más allá del mundo árabe... Para enero de 2025, países como Rusia, Irán, Venezuela, Arabia Saudita, China, los EAU y Egipto habían comenzado a utilizar el "petroyuan" en transacciones energéticas transfronterizas... El conflicto de Groenlandia está abriendo nuevas oportunidades para el Sur Global, ya que la presión geopolítica estadounidense y los riesgos del mercado financiero podrían empujar a Europa a reducir la dependencia del dólar y alejarse de los activos estadounidenses... Están naciendo nuevas instituciones, los sistemas antiguos se están deshilachando y las ilusiones de inevitabilidad que una vez sostuvieron la primacía financiera de EE.UU. se están rompiendo. El orden monetario que emerja a continuación no será dictado desde Washington ( Suleyman Karan)

 " Nueva moneda del poder: Cómo el Sur Global está desmantelando la supremacía del dólar

Una rebelión coordinada está remodelando silenciosamente las finanzas globales: una que pretende no solo escapar de la tiranía del dólar, sino enterrarla.

*    “La hegemonía estadounidense ayudó a proporcionar bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas … Participamos en los rituales y en gran medida evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad … Este pacto ya no funciona. Déjenme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición”. – Primer ministro canadiense Mark Carney, discurso especial en el Foro Económico Mundial (FEM), Davos 2026.

La era de la supremacía global indiscutida del dólar se está deshilachando por los bordes. Lo que una vez fue una piedra angular de las finanzas y el comercio globales ahora es un dominio disputado, a medida que un número creciente de estados busca alternativas a la moneda utilizada durante mucho tiempo para hacer cumplir los dictados occidentales. La centralidad del dólar estadounidense en las transacciones transfronterizas y su papel como moneda de reserva mundial ya no están garantizados, y este cambio ya no es teórico.

Durante décadas, el dólar sirvió como medio de cambio universal, depósito de valor y unidad de cuenta. Pero estos beneficios vinieron con costos elevados. La dependencia del sistema de las políticas de un solo estado y su confianza en conversiones intermedias generaron capas de riesgo y fricción. Hoy, esos riesgos se han convertido en obstáculos para la expansión del comercio global. Y a medida que las economías emergentes ganan confianza y peso, Washington se ve obligado a ceder su trono monetario.

 El dólar aún reina, pero su control se está aflojando

El dólar continúa dominando las transacciones transfronterizas, ya sea en cuentas corrientes o mercados financieros. Sigue siendo un depósito de valor confiable tanto para inversionistas institucionales como individuales. Pero la marea está cambiando. Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, los bancos centrales y el capital privado han reducido constantemente sus tenencias de dólares, redirigiendo valor hacia el oro y otros activos tangibles.

Si bien el dólar todavía se usa para estandarizar la contabilidad global, la utilidad de la inteligencia artificial (IA) y la innovación tecnológica ahora permite que canastas de monedas, como las compuestas por las naciones BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), sustituyan fácilmente muchas de las funciones del dólar. En resumen, la era en la que no existía una alternativa creíble ha terminado.

 BRICS y el auge de las monedas contrapeso

A medida que el Sur Global expande su participación en el comercio y el PIB mundial, el uso práctico de monedas no estadounidenses está ganando terreno. Dentro del bloque BRICS, las transacciones se realizan cada vez más en monedas nacionales.

SWIFT (Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales), la red de mensajería dominada por Occidente utilizada por los bancos para pagos transfronterizos, sigue siendo dominante, pero las alternativas están ganando terreno. Los datos muestran que para mayo de 2025, el yuan chino, que representaba solo el 2 por ciento de los pagos globales, ya facilitaba el 50 por ciento del comercio interno de los BRICS.

Si bien el sistema de pagos de los BRICS aún está lejos de la aceptación global, su presencia está creciendo. Y detrás de este impulso hay una comprensión estratégica: la verdadera soberanía monetaria no puede coexistir con la dependencia de sistemas financieros hostiles.

 CBDC: Un salto digital hacia las finanzas multipolares

La mayor barrera para construir alternativas multipolares no es la voluntad política, sino la infraestructura. Reemplazar a SWIFT requiere plataformas seguras, escalables e interoperables. Aquí, las monedas digitales de banco central (CBDC, por sus siglas en inglés) –versiones digitales basadas en blockchain de las monedas nacionales emitidas y reguladas por los bancos centrales– ofrecen un camino transformador. A diferencia de las criptomonedas, las CBDC están totalmente respaldadas y controladas por autoridades monetarias soberanas, combinando velocidad digital con supervisión estatal.

Beijing está liderando la carga. El Banco Popular de China ha expandido su Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS, por sus siglas en inglés), una alternativa a SWIFT diseñada para transacciones en yuanes y cada vez más integrada con plataformas de CBDC.

Según sus estimaciones, las CBDC pueden reducir los costos de transacción hasta en un 50 por ciento y liquidar pagos transfronterizos en segundos. SWIFT, por el contrario, depende de un modelo bancario de corresponsal lento y por capas que puede llevar días e impone altas tarifas.

 El yuan digital supera los 2 billones de dólares

Es por eso que el yuan digital chino (e-CNY) ha crecido más del 800 por ciento desde 2023, superando los 2,3 billones de dólares en volumen de transacciones a fines de 2025. Para aumentar la adopción nacional, China está empleando una estrategia que preserva la soberanía y regulación del e-CNY mientras incorpora características generadoras de interés y funcionalidad similar a las monedas estables.

Project mBridge –abreviatura de "multiple CBDC Bridge" (Puente Múltiple de CBDC)– es una iniciativa conjunta desarrollada por el Centro de Innovación del Banco de Pagos Internacionales y los bancos centrales de China, Hong Kong, Tailandia y los Emiratos Árabes Unidos. Permite pagos transfronterizos en tiempo real utilizando CBDC en una plataforma blockchain compartida sin necesidad de bancos corresponsales o mensajería SWIFT.

En 2025, mBridge procesó 55.490 millones de dólares en transacciones, un aumento de 2.500 veces desde las pruebas iniciales de 2022. Más del 95 por ciento de su volumen está en e-CNY, desafiando los pronósticos tempranos de que las CBDC, y especialmente la de China, sufrirían de escepticismo público y casos de uso limitados.

Cinco años después de su lanzamiento, el e-CNY sigue siendo el experimento de moneda digital de banco central más grande del mundo. Y su éxito está reformulando las suposiciones sobre quién puede marcar el ritmo en la innovación financiera.

 Los frentes de fintech de Asia Occidental

El cambio no se limita a Asia Oriental y Meridional. En Asia Occidental, los Emiratos Árabes Unidos están tomando la delantera en pagos digitales. Una nueva plataforma respaldada por China y probada por los bancos centrales de los EAU, Arabia Saudita, Hong Kong y Tailandia ya ha ejecutado más de 4.000 transacciones transfronterizas. El Ministerio de Finanzas de los EAU completó recientemente la primera transacción estatal utilizando dírhams digitales mayoristas.

La designación por parte de Beijing del First Abu Dhabi Bank como su segunda institución de compensación de yuanes en los Emiratos marca un paso más profundo en la integración monetaria regional. A diferencia de los nombramientos anteriores de instituciones chinas en el extranjero, este movimiento eleva a un banco local, señalando tanto confianza estratégica como la intención de construir nodos regionales de autonomía financiera.

Esto se basa en cambios anteriores, incluido el histórico acuerdo de 2023 en el que los EAU y China liquidaron un comercio de gas natural licuado (GNL) en yuanes, el primero de su tipo y una ruptura simbólica del sistema del petrodólar.
 BUNA y la arquitectura de la autonomía monetaria

La Organización Árabe de Compensación y Liquidación de Pagos Regional, conocida como BUNA, es otra pieza crítica de la arquitectura de pagos emergente. Con sede en los EAU y operada por el Fondo Monetario Árabe, BUNA es una plataforma de pagos transfronterizos y multimoneda creada para facilitar los flujos comerciales y de inversión dentro y más allá del mundo árabe.

Permite a bancos centrales y comerciales enviar y recibir pagos en múltiples monedas en la región árabe y con socios globales. Los volúmenes de transacciones mensuales han crecido a miles, y BUNA continúa expandiendo la participación. Si bien su estrategia a largo plazo incluye la interoperabilidad con otros sistemas regionales y globales, como el UPI de India o el CIPS de China, no se ha anunciado oficialmente un cronograma fijo ni una lista confirmada de nuevas monedas.

Ren Haiping, subjefe de Investigación Estratégica del Centro China de Intercambios Económicos Internacionales, ha señalado que expandir el alcance de monedas de BUNA, incluyendo la adición de la rupia y el yuan, podría mejorar la infraestructura del mercado financiero y profundizar los lazos económicos cooperativos, incluidos los vínculos comerciales y de inversión transfronterizos entre los participantes.

Esto se hace eco de iniciativas más amplias del Golfo como AFAQ, el Sistema de Pago Instantáneo del Golfo lanzado por el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que conecta a los bancos de los estados miembros y facilita transacciones transfronterizas en tiempo real sin depender de bancos de compensación en dólares. AFAQ está diseñado para crear un ecosistema de pago regional unificado que ofrezca liquidación rápida, segura y eficiente de transacciones dentro de los estados árabes del Golfo Pérsico.

 No hay revolución monetaria sin transformación institucional

A pesar de los avances digitales de China, ningún estado por sí solo puede anclar un nuevo sistema global. La transformación requerirá una arquitectura institucional, una cámara de compensación como la Unión Europea de Pagos (UEP) de posguerra, que ayudó a estabilizar el comercio intraeuropeo liquidando los desequilibrios multilateralmente en lugar de bilateralmente en dólares estadounidenses escasos.

El Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) dentro de los BRICS es el mejor posicionado para liderar esto. Pero las dinámicas de poder global arraigadas, no solo la inercia financiera, siguen siendo el obstáculo real. Bajo el gobierno estadounidense del presidente Donald Trump, Washington intensificó la presión tanto económica como militar para sofocar tales cambios. Su utilización de sanciones como arma en Venezuela e Irán fue una advertencia clara.

Trump enmarca abiertamente el dominio del dólar como un asunto de seguridad nacional, e incluso un *casus belli* legítimo. Esta mentalidad persiste en ambos partidos políticos de EE.UU. y se ha convertido en una piedra angular de la política atlantista.

 El dólar aún domina las finanzas, pero las grietas se están ampliando

A pesar de perder terreno en el comercio, el dólar aún domina las finanzas transfronterizas. En 2024, el comercio mundial de bienes y servicios alcanzó los 33 billones de dólares, aproximadamente un tercio del PIB mundial. Sin embargo, según el Banco de Pagos Internacionales, la facturación diaria de divisas se situó en 7,5 billones de dólares, más de cinco veces el volumen comercial anual. Ese mercado sigue siendo abrumadoramente basado en dólares.

En 2022, el dólar estuvo presente en el 88 por ciento de todas las transacciones de divisas. Para abril de 2025, su participación incluso había aumentado ligeramente al 89,2 por ciento. El euro cayó al 28,9 por ciento (frente al 30,6 por ciento en 2022). El yen se mantuvo estable en 16,8 por ciento. Mientras tanto, el yuan subió al 8,5 por ciento, un ascenso constante desde 2013. Sin embargo, gran parte del dominio del dólar ahora proviene no de la fuerza, sino de la debilidad en otros lugares: la disminución del euro y la libra solo ha reforzado su posición.

 Desde evitar SWIFT hasta construir el futuro

China sabe que no puede desmantelar el dominio del dólar por sí sola. Los BRICS y el Sur Global en general deben liderar la carga. La arquitectura ya está tomando forma. Para enero de 2025, países como Rusia, Irán, Venezuela, Arabia Saudita, China, los EAU y Egipto habían comenzado a utilizar el "petroyuan" en transacciones energéticas transfronterizas.

Para Moscú, este cambio es una respuesta directa a las sanciones y un esfuerzo por escapar del control de SWIFT y el comercio basado en dólares. El movimiento ha funcionado, no simbólicamente, sino materialmente. Y a medida que otros siguen, lo que una vez fue una estrategia de desvío se está convirtiendo en el núcleo de un nuevo sistema.

 Una apertura para el momento multipolar

El conflicto de Groenlandia está abriendo nuevas oportunidades para el Sur Global, ya que la presión geopolítica estadounidense y los riesgos del mercado financiero podrían empujar a Europa a reducir la dependencia del dólar y alejarse de los activos estadounidenses. Los inversores pueden desplazarse hacia refugios seguros como el franco suizo o fortalecer los lazos económicos con Beijing. Estas dinámicas podrían acelerar el desarrollo de sistemas de pago alternativos.

Esta crisis en evolución de la supremacía del dólar ha expuesto una ruptura política más profunda debajo de la superficie de los cambiantes equilibrios financieros. El Sur Global ya no está dispuesto a financiar, facilitar o permanecer vulnerable a un sistema imperial que sirve a su propia subyugación económica.

Están naciendo nuevas instituciones, los sistemas antiguos se están deshilachando y las ilusiones de inevitabilidad que una vez sostuvieron la primacía financiera de EE.UU. se están rompiendo. El orden monetario que emerja a continuación no será dictado desde Washington, sino forjado en el interés compartido de aquellos durante mucho tiempo excluidos de sus beneficios."

Suleyman Karan , The Craddle, 23/01/26, traducción DeepSeek, enlaces y gráficos en el original) 

20.1.26

India propone interconectar las monedas digitales de los bancos centrales de los países Brics para eludir al dólar... El banco recomienda que este tema sea el central de la próxima cumbre de los Brics, lo que podría marcar la primera vez que una propuesta de este tipo se debata oficialmente a nivel de jefes de estado y de gobierno del bloque... La interconexión permitiría que las monedas digitales emitidas por los bancos centrales de los distintos miembros se comunicaran entre sí, creando así una red de pagos transfronterizos directa... Varios países del bloque ya han logrado avances significativos en el desarrollo de sus propias monedas digitales emitidas por bancos centrales. China lleva varios años experimentando con su yuan digital, mientras que India ha lanzado su rupia digital en fase piloto. Estos experimentos están creando las condiciones técnicas necesarias para considerar la integración regional de los sistemas (mpr21)

 "El Banco de la Reserva de India ha presentado una propuesta al gobierno de Nueva Delhi para vincular las monedas digitales de los bancos centrales de los países Brics, facilitando así las transacciones comerciales y turísticas entre las economías emergentes. La iniciativa, que podría estar en la agenda de la cumbre Brics de este años que se celebrará en India, representa un paso más en la búsqueda del bloque de autonomía financiera respecto del sistema monetario internacional dominado por el dólar.

La propuesta del banco indio llega en un momento en que las tecnologías financieras digitales se están posicionando como alternativas creíbles a los sistemas de pago tradicionales. El banco recomienda que este tema sea el central de la próxima cumbre de los Brics, lo que podría marcar la primera vez que una propuesta de este tipo se debata oficialmente a nivel de jefes de estado y de gobierno del bloque.

La interconexión permitiría que las monedas digitales emitidas por los bancos centrales de los distintos miembros se comunicaran entre sí, creando así una red de pagos transfronterizos directa. Los sectores del comercio bilateral y el turismo se encuentran entre los potenciales beneficiarios inmediatos de este sistema, que elimina las múltiples conversiones de divisas y reduce los costos de transacción para las empresas y los viajeros que se desplazan entre estos países.

La iniciativa forma parte de un movimiento más amplio hacia una mayor independencia de los mecanismos financieros establecidos. Desde su creación, los países miembros del bloque han compartido el deseo común de construir un orden mundial separado, desafiando la hegemonía de las potencias occidentales en los asuntos internacionales. Su objetivo principal es reequilibrar la dinámica de poder dentro de las instituciones financieras mundiales, en particular el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, donde su peso económico y demográfico real no se refleja proporcionalmente en los procesos de toma de decisiones.

Los países del bloque defienden los principios de soberanía y no injerencia, oponiéndose en particular al uso de los sistemas de pago internacionales como instrumentos de presión política. Las sanciones económicas occidentales, que dependen en gran medida del control de los flujos financieros en dólares, han fortalecido la determinación de los Brics de desarrollar su propia infraestructura. La creación del Nuevo Banco de Desarrollo en 2014 ya fue una manifestación concreta de esta estrategia de autonomía financiera, permitiendo a los países emergentes financiar sus proyectos de desarrollo sin depender exclusivamente de instituciones occidentales.

Este tipo de cooperación trasciende las cuestiones puramente monetarias y busca establecer plataformas alternativas para el intercambio económico y político, reduciendo gradualmente la dependencia estructural de las monedas y sistemas de pago tradicionalmente dominantes.

La propuesta india se basa en las conclusiones de la cumbre de los Brics de 2025 en Río de Janeiro, donde los países pidieron explícitamente fortalecer la interoperabilidad entre los sistemas de pago nacionales de los Estados miembros. Esta declaración colectiva sentó las bases para una mayor coordinación en el ámbito de la infraestructura financiera digital, reconociendo el potencial transformador de las tecnologías de las monedas digitales.

Varios países del bloque ya han logrado avances significativos en el desarrollo de sus propias monedas digitales emitidas por bancos centrales. China lleva varios años experimentando con su yuan digital, mientras que India ha lanzado su rupia digital en fase piloto. Estos experimentos están creando las condiciones técnicas necesarias para considerar la integración regional de los sistemas.

El Banco Central de la India ha declarado públicamente que estos esfuerzos no buscan promover la desdolarización del comercio internacional, una declaración muy cautelosa que contrasta con el evidente impacto potencial de dicho sistema en el uso del dólar estadounidense en el comercio entre economías emergentes. Es una estrategia diplomática destinada a evitar un choque directo con Washington."

(mpr21, 20/01/26) 

16.1.26

Los bricks acaban de dar el paso que Estados Unidos intentó evitar durante dos décadas... Lo que acaba de ocurrir es la creación de una arquitectura financiera alternativa, un sistema paralelo diseñado específicamente para funcionar sin el dólar, sin el sistema Swift controlado por Occidente, sin el Fondo Monetario Internacional, sin el Banco Mundial. Un sistema que si funciona deja a Estados Unidos sin su arma más poderosa la capacidad de imprimir la moneda que el mundo entero necesita para comerciar... El petróleo, el recurso más importante del planeta, solo se vende en dólares... Así nació el petrodólar y con él la demanda global de dólares quedó asegurada para siempre... este sistema le permitió a Estados Unidos algo que ningún otro país del mundo puede hacer. Imprimir dinero para pagar sus deudas... Estados Unidos sí puede porque el mundo entero necesita sus dólares. Mientras exista esa demanda, Estados Unidos puede crear dólares de la nada, comprar lo que quiera del mundo, financiar guerras, mantener 800 bases militares en el planeta y simplemente agregar los números a su deuda nacional... el sistema Brics permite que los países miembros comercien entre sí. usando sus propias monedas o una canasta de monedas respaldada parcialmente en oro y en commodities. Incluye un sistema de mensajería financiera propio que reemplaza a Swift. propone mecanismos de compensación que permiten equilibrar los balances comerciales sin necesidad de reservas en dólares... Antes necesitabas convertir tus reales brasileños a dólares, hacer la transacción a través de bancos que operan en dólares y pagar comisiones en cada paso del camino. Ahora puedes hacer esa transacción directamente en reales y yuanes usando un sistema que no pasa por Nueva York, que no está sujeto a sanciones estadounidenses y que probablemente tenga costos de transacción más bajos. ¿Qué pasa cuando el mundo ya no necesita tantos dólares? Cada año el porcentaje del comercio mundial que pasa por el dólar disminuye... es el desafío más serio que el dólar ha enfrentado desde su establecimiento como moneda de reserva mundial (Richard D. Wolff)

 "El mundo está cambiando más rápido de lo que muchos imaginan. 

En este discurso motivacional de 27 minutos, se revela cómo BRICS ha dado el golpe económico que Estados Unidos más temía, alterando el equilibrio global de poder y desafiando la hegemonía del dólar.  

Durante décadas, EE.UU. dominó el sistema financiero mundial, pero hoy nuevas alianzas están redefiniendo el orden económico internacional. Este análisis profundo explica por qué la economía global está en un punto de inflexión y cómo afectará al futuro de todos.  Si quieres entender el ascenso del Sur Global, el declive del imperio estadounidense y la crisis del capitalismo, este video es imprescindible. 

 Lo que voy a contarte hoy no salió en las noticias de la noche, no apareció en los titulares principales y sin embargo lo que acaba de ocurrir en la última cumbre de los bricks representa probablemente el momento más peligroso para la hegemonía estadounidense desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. 

Estamos hablando de un golpe económico, financiero y geopolítico que Washington veía venir desde hace años, que intentó prevenir con sanciones, con presiones diplomáticas, con amenazas veladas y que a pesar de todo acaba de materializarse frente a sus ojos. Déjame explicarte exactamente qué pasó, por qué importa y sobre todo significa esto para tu bolsillo, para tu moneda, para el precio de lo que compras cada semana en el supermercado. He dedicado décadas al estudio de la economía política, de los sistemas monetarios, de cómo los imperios construyen su poder y de cómo lo pierden. ha analizado archivos, debates legislativos, informes de bancos centrales, flujos comerciales, movimientos de reservas y te puedo decir con absoluta certeza que lo que estamos presenciando no es una noticia más, es el principio del fin de un orden mundial que ha durado 80 años. 

La tesis es simple, pero demoledora. Los bricks acaban de dar el paso que Estados Unidos intentó evitar durante dos décadas, el paso que representa la mayor amenaza existencial para el dólar como moneda de reserva mundial y por extensión para todo el andamiaje de poder económico y militar que Estados Unidos ha construido desde 1944. Pero esto es lo que casi nadie entiende. No se trata solo de una alianza comercial, no se trata solo de un bloque que quiere más voz en los organismos internacionales.

 Lo que acaba de ocurrir es la creación de una arquitectura financiera alternativa, un sistema paralelo diseñado específicamente para funcionar sin el dólar, sin el sistema Swift controlado por Occidente, sin el Fondo Monetario Internacional, sin el Banco Mundial. Un sistema que si funciona deja a Estados Unidos sin su arma más poderosa la capacidad de imprimir la moneda que el mundo entero necesita para comerciar. 

Para que entiendas la magnitud de esto, necesito llevarte atrás en el tiempo a un hotel en New Hampshire llamado Breton Woods en 1944. Ahí, mientras la Segunda Guerra Mundial todavía no terminaba, los países aliados se reunieron para diseñar el sistema monetario que regiría el mundo de la posguerra. Y Estados Unidos, que en ese momento tenía dos tercios de todo el oro del mundo en sus bóvedas, impuso una condición muy simple. El dólar sería la moneda central del sistema convertible en oro a $5 la onza y todas las demás monedas se vincularían al dólar. Fue un golpe maestro. 

De un plumazo Estados Unidos se convirtió en el banquero del mundo. Cada país que quisiera comerciar internacionalmente necesitaba dólares y para conseguir dólares tenía que venderle algo a Estados Unidos o pedir prestado. El dólar dejó de ser solo la moneda de un país. Se convirtió en la sangre del sistema económico global. Y aquí viene lo importante. Cuando en 1971 Nixon rompió la convertibilidad del dólar en oro porque Estados Unidos ya no tenía suficiente oro para respaldar todos los dólares que había impreso. El sistema debería haber colapsado. 

Pero no colapsó. ¿Por qué? Porque Estados Unidos hizo un acuerdo brillante y secreto con Arabia Saudita. El petróleo, el recurso más importante del planeta, solo se vendería en dólares. A cambio, Estados Unidos garantizaba la seguridad militar de la monarquía saudí. Así nació el petrodólar y con él la demanda global de dólares quedó asegurada para siempre. Oh, eso creían. 

Durante 50 años, este sistema le permitió a Estados Unidos algo que ningún otro país del mundo puede hacer. Imprimir dinero para pagar sus deudas. Piénsalo así. Si tú tienes una deuda de $1,000 con tu banco, no puedes simplemente imprimir $1,000 en tu casa y pagarla. irías a la cárcel, pero Estados Unidos sí puede porque el mundo entero necesita sus dólares. Mientras exista esa demanda, Estados Unidos puede crear dólares de la nada, comprar lo que quiera del mundo, financiar guerras, mantener 800 bases militares en el planeta y simplemente agregar los números a su deuda nacional. 

Esto es lo que los economistas llaman el privilegio exorbitante. Es la capacidad de vivir por encima de tus medios porque controlas la moneda que todos necesitan. Es como si fueras el dueño de la única gasolinera en 1000 km a la redonda. Puedes cobrar lo que quieras porque no hay alternativa, pero ahora sí la hay. Y eso es exactamente lo que acaba de cambiar. 

Los bricks que originalmente eran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica acaban de expandirse de una manera que Washington no anticipó. Irán, Arabia Saudita, Emiratos, Árabes Unidos, Egipto, Etiopía, Argentina y la lista sigue creciendo. Más de 40 países han expresado interés en unirse y esto ya no es un club de países descontentos. Es una masa crítica que representa casi la mitad de la población mundial, más de un tercio del producto interno bruto global y lo más importante, una parte enorme de los recursos naturales del planeta. Pero el número de países no es lo que asustó a Washington. 

Lo que asustó a Washington es lo que estos países acaban de anunciar, la creación de un sistema de pagos alternativo que no pasa por el dólar ni por Swift. Déjame explicarte qué es Swift, porque es fundamental para entender el poder que Estados Unidos está perdiendo. Swift es básicamente el sistema nervioso del comercio internacional. Es la red de mensajería que los bancos usan para transferir dinero entre países. Si tu banco en México quiere pagarle a un proveedor en Alemania, esa transacción pasa por Swift y Swift está controlado por Occidente, principalmente por Estados Unidos y Europa. Esto le ha dado a Estados Unidos un poder extraordinario. Cuando quiere castigar a un país, simplemente lo desconecta de Swift.

 Es lo que hicieron con Irán, es lo que intentaron hacer con Rusia después de la invasión a Ucrania y es devastador. Imagina que de un día para otro tu tarjeta de crédito deja de funcionar, tu cuenta bancaria queda congelada, no puedes recibir ni enviar dinero. Eso es lo que significa ser desconectado de Swift a nivel nacional. Durante años esta amenaza fue suficiente para mantener a los países en línea. Nadie quería arriesgarse a quedar fuera del sistema, pero Rusia demostró algo crucial. Se puede sobrevivir. 

Las sanciones que Occidente le impuso a Rusia fueron las más severas de la historia. Desconectaron a los principales bancos rusos de Swift. congelaron 300,000 millones de dólares en reservas rusas en bancos occidentales. Prohibieron exportaciones de tecnología y el rublo debería haber colapsado, pero no colapsó. De hecho, el rublo se recuperó en cuestión de meses. La economía rusa, lejos de hundirse, creció. ¿Cómo es posible? Porque Rusia tenía algo que el mundo necesita, petróleo y gas. y encontró compradores dispuestos a pagar en otras monedas. China pagó en yuanes, India pagó en rupias, se establecieron mecanismos bilaterales de intercambio que no necesitaban dólares ni Swift. 

Y si creías que terminaba ahí, no. Esto es precisamente lo que demostró a docenas de países que las sanciones estadounidenses pueden ser esquivadas, que el dólar no es indispensable, que existe vida fuera del sistema controlado por Washington. Lo que los bricks acaban de anunciar es la institucionalización de esa alternativa. No es improvisación, no es un parche temporal, es una infraestructura financiera diseñada para funcionar permanentemente sin el dólar. El sistema se llama de varias maneras en diferentes documentos, pero lo importante es lo que hace. 

Permite que los países miembros comercien entre sí. usando sus propias monedas o una canasta de monedas respaldada parcialmente en oro y en commodities. Incluye un sistema de mensajería financiera propio que reemplaza a Swift. propone mecanismos de compensación que permiten equilibrar los balances comerciales sin necesidad de reservas en dólares. 

Para que entiendas lo que esto significa en términos prácticos, imagina que eres una fábrica en Brasil que quiere comprar componentes electrónicos de China. Antes necesitabas convertir tus reales brasileños a dólares, hacer la transacción a través de bancos que operan en dólares y pagar comisiones en cada paso del camino. Ahora puedes hacer esa transacción directamente en reales y yuanes usando un sistema que no pasa por Nueva York, que no está sujeto a sanciones estadounidenses y que probablemente tenga costos de transacción más bajos. Multiplica esto por millones de transacciones diarias y empieza a saber el problema para Estados Unidos. 

Pero aquí es donde la cosa se pone verdaderamente seria. El golpe no es solo comercial, es monetario en el sentido más profundo. Los bricks están discutiendo y en algunos casos ya implementando un movimiento masivo hacia el oro. Los bancos centrales de China, Rusia, India y otros países del bloque han estado comprando oro a un ritmo sin precedentes. Los registros muestran que solo el Banco Central Chino ha adquirido cientos de toneladas en los últimos dos años. Rusia ha más que duplicado sus reservas de oro desde que comenzaron las tensiones con Occidente y lo más significativo, están repatriando oro que tenían almacenado en bóvedas en Londres y Nueva York. 

¿Por qué importa esto? Porque el oro es el único dinero que no es deuda de nadie. Cuando tienes dólares en reserva, en realidad tienes un pagaré del gobierno estadounidense. Si Estados Unidos decide congelar esos dólares como hizo con Rusia, te quedas sin nada. Pero si tienes oro físico en tu propio territorio, nadie te lo puede quitar con un teclazo. Lo que los bricks están construyendo es un sistema monetario con anclaje real, no completamente respaldado en oro, porque no hay suficiente oro en el mundo para eso, pero sí con un componente de respaldo físico que el dólar perdió hace más de 50 años. 

Y ahora déjame hablarte del ingrediente que hace todo esto posible. Arabia Saudita. Cuando Arabia Saudita fue invitada a unirse a los bricks, muchos analistas pensaron que era simbólico. Pensaron que los saudíes jamás traicionarían su alianza de medio siglo con Estados Unidos. Después de todo, el acuerdo del petrodólar fue lo que mantuvo a la monarquía saudí en el poder durante décadas. Estados Unidos les vendía armas, les garantizaba protección militar y a cambio los Saudíes vendían petróleo exclusivamente en dólares. Pero algo cambió y los indicios están en todas partes para quien quiera verlos.

Arabia Saudita ha anunciado que está dispuesta a vender petróleo en yuanes. Ya lo está haciendo con China, su mayor cliente ha firmado acuerdos de cooperación con Rusia en el marco de la OPEP Plus. Ha establecido relaciones diplomáticas con Irán mediadas por China, sin siquiera informar a Washington. Y en la última cumbre de los bricks, el príncipe heredero saudí fue recibido con honores de jefe de estado. Esto es el equivalente geopolítico de un terremoto.

 El petrodólar, el pilar fundamental del poder financiero estadounidense desde 1973 está siendo erosionado por el mismo país que lo hizo posible. Y aquí viene la pregunta que deberías estar haciéndote. ¿Qué pasa cuando el mundo ya no necesita tantos dólares? Te lo explico con una analogía simple. Imagina que tienes una tienda y la única forma de pago que aceptas es una moneda especial que solo tú produces. Todos en el pueblo necesitan esa moneda para comprarte cosas, así que la demandan. Tú puedes producir más moneda cuando quieras porque controlas la imprenta, vives muy bien. Pero un día un grupo de comerciantes del pueblo decide crear su propia moneda y otros negocios empiezan a aceptarla. De repente la demanda por tu moneda cae, tienes montañas de moneda que ya nadie quiere y lo que antes era un privilegio, ahora es un problema. Toda esa moneda extra que imprimiste empieza a perder valor. Lo que ayer compraba 10 cosas, hoy compra cinco. Eso es exactamente lo que le puede pasar al dólar y los síntomas ya son visibles.

 La participación del dólar en las reservas mundiales de divisas ha caído del 70% en 1999 a menos del 60% hoy. Parece poco, pero en términos absolutos estamos hablando de billones de dólares que los bancos centrales del mundo han decidido mantener en otras monedas, el yuan, el euro, el oro físico. Mientras tanto, la deuda nacional de Estados Unidos ha superado los 34 billones de dólares. Solo los intereses de esa deuda ya consumen casi un billón de dólares al año. Más que el presupuesto de defensa, más que Medicare, es el gasto que más rápido está creciendo en el presupuesto federal. 

Y aquí está el dilema mortal que Washington enfrenta. Si sube las tasas de interés para defender el dólar, el costo de la deuda se vuelve insostenible. Si baja las tasas para aliviar la deuda, el dólar se debilita y la inflación se dispara. Es una trampa de la que no hay salida fácil. Los bricks lo saben y por eso este golpe fue tan calculado. No es un ataque frontal, no es una declaración de guerra, es simplemente la construcción paciente de una alternativa, una alternativa que cada día será más atractiva para los países cansados de las sanciones estadounidenses, de la volatilidad del dólar, de las condiciones del FMI. 

Ahora, déjame mostrarte la capa psicológica de todo esto, porque es fundamental para entender por qué Estados Unidos está tan paralizado. Durante 80 años, la élite política y económica estadounidense ha operado bajo la suposición de que el dólar es indispensable. Esta suposición está tan profundamente arraigada que ni siquiera se cuestiona. Es como el oxígeno. Nadie piensa en el oxígeno hasta que empieza a faltar. Por eso las señales de advertencia han sido ignoradas sistemáticamente. Cuando China empezó a promover el yuan en el comercio internacional, se descartó como un proyecto que tardaría décadas cuando Rusia empezó a acumular oro. se interpretó como nostalgia soviética. Cuando los bricks hablaron de un nuevo sistema de pagos, se calificó de fantasía. 

La negación es una fuerza poderosa y en Washington la negación respecto al declive del dólar es casi total, pero los mercados no mienten y los bancos centrales, que son los jugadores más conservadores y cautelosos del sistema, están votando con sus reservas, están comprando oro, están diversificando hacia otras monedas, están firmando acuerdos de intercambio bilateral. que evitan el dólar. El momento presente es particularmente peligroso porque estamos en una fase de transición. El viejo sistema todavía funciona, pero el nuevo sistema ya está tomando forma y en estas transiciones es donde ocurren las crisis más severas. 

Déjame darte algunos escenarios de lo que podría pasar en los próximos 5 a 10 años. El primer escenario es una transición negociada. Estados Unidos reconoce la nueva realidad multipolar, acepta un papel reducido para el dólar y negocia un nuevo sistema monetario internacional que incluya al yuan al euro y posiblemente a una moneda digital de los bricks. Este escenario es el menos disruptivo, pero también el menos probable porque requiere que Washington acepte una pérdida de poder que su clase política no está preparada para digerir. La probabilidad de este escenario es baja, quizás un 15%. 

El segundo escenario es una resistencia moderada. Estados Unidos intenta frenar el avance de los bricks con sanciones selectivas. presión diplomática y ofertas de concesiones a países clave como India o Brasil para fragmentar el bloque. Este escenario prolonga la transición, genera turbulencia en los mercados, pero eventualmente conduce al mismo resultado, un sistema multipolar. La probabilidad es media, alrededor de 30%. 

El tercer escenario es una crisis financiera severa. La pérdida de confianza en el dólar se acelera. Los tenedores extranjeros de deuda estadounidense empiezan a vender. Las tasas de interés se disparan, Estados Unidos entra en una recesión profunda y el sistema financiero global pasa por una reestructuración caótica similar a lo que ocurrió en 2008, pero a mayor escala. La probabilidad es media alta, quizás 35%. 

El cuarto escenario es el más oscuro. Estados Unidos, enfrentado a la pérdida irreversible de su hegemonía financiera, escala las tensiones geopolíticas, posiblemente provocando un conflicto militar con China o una confrontación directa con Rusia. En este escenario, el sistema financiero se fragmenta por completo, las cadenas de suministro globales se rompen y entramos en una nueva era de bloques económicos cerrados y hostiles. La probabilidad es menor, quizás 20%, pero las consecuencias serían catastróficas. 

Ninguno de estos escenarios es completamente predecible. La historia siempre encuentra caminos inesperados, pero lo que sí es predecible es que el estatu cuo no se puede mantener. El golpe que los bricks acaban de dar no se puede revertir con un comunicado de prensa o una reunión del G7. Y ahora viene la pregunta que probablemente te estás haciendo. ¿Qué significa todo esto para mí? Si vives en Estados Unidos, significa que los precios de lo que importas van a subir. El dólar a largo plazo va a comprar menos, el costo de vida va a seguir aumentando más rápido que los salarios, las tasas de interés van a ser volátiles y la prosperidad que muchos dieron por sentada va a ser más difícil de alcanzar para la próxima generación. 

Si vives en Latinoamérica significa que tienes una decisión que tomar. ¿Sigues atado al dólar vulnerable a las decisiones de la Reserva Federal y a los caprichos de Washington? ¿O empiezas a mirar hacia las alternativas que están surgiendo? Los países que se posicionen inteligentemente en esta transición van a tener ventajas. Los que se queden dormidos van a pagar el precio. Si vives en cualquier parte del mundo, significa que las reglas del juego económico global están cambiando. Y los que entienden el cambio pueden adaptarse. Los que lo ignoran van a ser sorprendidos.

 Lo que estamos presenciando no es simplemente una noticia económica, es un cambio de era. Durante 80 años, el mundo funcionó bajo reglas escritas en Washington. Esas reglas están siendo reescritas y el nuevo orden todavía no tiene forma definida, pero una cosa es clara, no será unipolar. Permíteme recapitular lo que hemos cubierto hoy. 

Primero, el conflicto. Los bricks han pasado de ser un foro de discusión a hacer una alternativa institucional al sistema financiero occidental. Este no es un desarrollo menor, es el desafío más serio que el dólar ha enfrentado desde su establecimiento como moneda de reserva mundial. 

Segundo, el papel. El sistema de Breton Woods y el acuerdo del petrodólar le dieron a Estados Unidos un privilegio extraordinario, la capacidad de imprimir la moneda que el mundo necesita. Ese privilegio está siendo erosionado por acuerdos bilaterales, sistemas de pago alternativos y una acumulación masiva de oro por parte de los países del bloque. 

Tercero, las instituciones. El FMI, el Banco Mundial y el sistema Swift están siendo desafiados por instituciones paralelas que no responden a Washington. El nuevo Banco de Desarrollo de los Bricks, el sistema de pagos alternativo, los acuerdos de intercambio de divisas,

Cuarto la economía real. Los recursos naturales, el petróleo, los minerales, las tierras raras están en gran medida en territorios de países bricks o aliados. La manufactura global está concentrada en China. Las cadenas de suministro dependen de países que ya no están completamente alineados con Occidente. 

Quinto, la psicología. La negación en Washington es profunda. La creencia en la indispensabilidad del dólar impide ver las señales de advertencia y la respuesta política hasta ahora ha sido más confrontación en lugar de adaptación. 

Sexto, el presente. Este no es un escenario futuro, está ocurriendo ahora. Cada día transacciones que antes se hacían en dólares se hacen en otras monedas. Cada mes los bancos centrales ajustan sus reservas. Cada año el porcentaje del comercio mundial que pasa por el dólar disminuye. La idea que quiero que te lleves es esta. Cuando un sistema de poder empieza a agrietarse, las grietas se aceleran. Lo que parece estable puede volverse inestable rápidamente y los que entienden la dinámica pueden prepararse. El golpe que los bricks acaban de dar no es el final de la historia, es el principio de un nuevo capítulo, un capítulo que va a determinar quién prospera y quién sufre en las próximas décadas.

 La pregunta no es si el mundo está cambiando, la pregunta es si estás prestando atención. Si este análisis te resultó útil, te pido que lo compartas con alguien que necesite entender lo que está pasando. Guárdalo para volver a él cuando las noticias te muestren fragmentos de esta historia sin contexto. Y déjame en los comentarios tu perspectiva. ¿Crees que el dólar puede mantener su posición dominante o estamos presenciando el inicio de su declive? Mantente alerta, mantente informado, porque lo que ocurre en las cumbres de los bricks, en los bancos centrales de Asia, en las rutas comerciales que conectan continentes, todo eso eventualmente llega a tu mesa, a tu trabajo, a tu futuro. Y esto apenas comienza. 

 00:00  Introducción: el golpe que temía EE.UU.  

02:30  Qué es BRICS y por qué importa ahora  

05:10  El miedo estadounidense al colapso del dólar  

08:00  La crisis silenciosa del capitalismo  

11:00  El declive del poder económico estadounidense 

 14:00  Nuevas alianzas, nuevo orden mundial 

 17:10  Por qué Occidente no puede detener este cambio 

 20:00  Consecuencias globales para la economía 

 23:30  Predicciones futuras para EE.UU. y el mundo  

26:00  Reflexión final: despertar económico y político"

( Richard D. Wolff , You Tube)