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27.10.22

El debate de la legalización de la cocaína se abre paso en Colombia... El fracaso de la lucha contra el narcotráfico lleva a algunos políticos y organizaciones a defender la despenalización de su consumo... El mercado negro alrededor del polvo blanco ha creado bandas criminales capaces de enfrentarse con armamento pesado al Ejército, como ha ocurrido en México o en Colombia... La legalización podría debilitar a los cárteles, que perderían su principal fuente de financiación. “No acabaría con ellos, aunque sufrirían un choque fuerte en sus finanzas”... la experiencia que da haber legalizado el uso recreativo de la marihuana sirve como guía de lo que podría ocurrir llegado el momento. “No se trata de que se venda en supermercados, sino de que exista una regulación clara y firme y genere riqueza legalizada”... Su consumo se asocia al placer de los ricos, aunque en realidad llega a una franja de la población mucho más amplia. “A medida que se vuelve más barata y accesible, el desafío de regulación se vuelve más apremiante. Un enfoque de salud pública debe centrarse en reducir los daños potenciales de su uso”

 "En lugar de una caja registradora, sobre los mostradores descansan básculas. En un puñado de pueblitos aislados de Colombia, en mitad de la selva, la gente compra en las tiendas con gramos de pasta de coca en vez de dinero. Los billetes y las monedas son una rareza, un producto más de la televisión. ¿Cuánto cuesta una cerveza? 1,4 gramos, unos 60 céntimos de dólar. ¿Una libra de carne? El doble, 2,8. ¿Un teléfono móvil? 194 gramos, algo más de 80 dólares. 

Los habitantes de estas zonas remotas en las que se cultiva y produce cocaína acumulan kilos y kilos que más tarde venderán al intermediario de un cártel, que colocará la mercancía en discotecas de Nueva York, Madrid o Roma tras multiplicar por 100 su valor. La droga parece legalizada de facto en este pequeño universo campesino al que se tarda en llegar varios días por río. ¿Podría extenderse esa frontera de legitimación al resto del país? ¿Y al mundo?

En las últimas semanas se ha abierto el debate en el primer productor mundial de cocaína. “Si alguien tiene que comenzar esta discusión es Colombia. ¡Nadie más lo va a hacer!”, asegura Catalina Gil Pinzón, oficial en política de drogas de la Open Society Foundations. El momento resulta propicio. El nuevo presidente colombiano, Gustavo Petro, habla con insistencia de cambiar el paradigma de la guerra contra las drogas que inició el presidente Richard Nixon hace medio siglo. La conclusión general es que utilizar el presupuesto para perseguir a los capos de la droga y erradicar de manera forzosa las plantaciones de hoja de coca no ha funcionado. Cuando se fumiga un sembradío en un monte, se traslada al de enfrente. El resultado es que el flujo de cocaína hacia Estados Unidos alcanzó su récord en 2021, mientras que Colombia produce más que nunca. Washington ha dilapidado 10.000 millones de dólares en los últimos 20 años en políticas fracasadas.

Los primeros en verle la ventaja a la legalización han sido los encargados de las arcas públicas. El director de los impuestos y las aduanas colombianas, Luis Carlos Reyes, lo dijo sin rodeos: “Hay que legalizar y gravar la cocaína”. Poco antes, Petro había compartido con entusiasmo un editorial de The Economist en el que se acusaba a Joseph Biden de ser demasiado tímido respecto al problema de las drogas. El presidente de Estados Unidos.

 acababa de indultar a 6.000 estadounidenses condenados por posesión de una pequeña cantidad de marihuana, pero la revista veía difícil que se atreviera a hacer algo así con presos relacionados con la cocaína. A Petro le ha ocurrido algo parecido. Su excitación inicial no se ha traducido en una apuesta firme por la legalización. El exguerrillero confía en la compra masiva de tierras improductivas a ganaderos para dárselas a los campesinos —la primera gran reforma agraria que ejecutaría el país— y con eso crear una industria de los alimentos que sustituya la tentación de participar en el negocio de la cocaína. Su ministro de Justicia ha negado tajantemente que el Gobierno vaya a aventurarse en algo semejante. Ningún gobernante, por ahora, quiere mostrarse como un amigo de las drogas.

Esas políticas de sustitución no siempre han sido exitosas en el pasado. “No va a funcionar mientras haya un gran mercado mundial de cocaína. El consumo no se puede frenar, hagamos lo que hagamos. Las drogas no siempre llevan a un consumo problemático, ni a una sobredosis ni a una muerte”, agrega Gil Pinzón, que considera fundamental desestigmatizar los narcóticos. Si la cocaína fuese legal la gente tendría la opción de consumirla o no, como con el alcohol o el tabaco. Existen muy pocos estudios sobre la adicción que produce. Las enormes cantidades de dinero que se destinan en armamento para enfrentar a los cárteles, cree la investigadora, podría destinarse a investigar los efectos de la sustancia, a campañas de información y accesos a servicios de salud.

 El mercado negro alrededor del polvo blanco ha creado bandas criminales capaces de enfrentarse con armamento pesado al Ejército, como ha ocurrido en México o en Colombia. Criminales como El Chapo Guzmán o Pablo Escobar son legendarios. Los funcionarios públicos y los políticos de las regiones productoras de cocaína quedan a merced de estos poderes en la sombra, que levantan un Estado paralelo. La legalización podría debilitar a los cárteles, que perderían su principal fuente de financiación. “No acabaría con ellos, aunque sufrirían un choque fuerte en sus finanzas”, se suma a la conversación desde Estados Unidos Juan Carlos Garzón, investigador asociado de Ideas para la Paz. A su modo de ver, la experiencia que da haber legalizado el uso recreativo de la marihuana sirve como guía de lo que podría ocurrir llegado el momento. “No se trata de que se venda en supermercados, sino de que exista una regulación clara y firme y genere riqueza legalizada”.

La cocaína es seguramente la más molesta de todas las drogas cuando se trata de regulación. En un estudio de la Transform Drug Policy Foundation, se señala que el desafío se complica por el hecho de que exista una amplia gama de productos a base de coca, desde la hoja sin procesar hasta la cocaína en polvo y el crack fumable. Y que tenga una cadena de producción y suministro tan compleja.

 Su consumo se asocia al placer de los ricos, aunque en realidad llega a una franja de la población mucho más amplia. “A medida que se vuelve más barata y accesible, el desafío de regulación se vuelve más apremiante. Un enfoque de salud pública debe centrarse en reducir los daños potenciales de su uso”, se lee en el texto.

 A menudo se dice en Colombia que si Estados Unidos tuviera plantaciones de coca el mundo estaría inundado de establecimientos de MCcocaine’s. Pero es al revés. Los países productores y consumidores ven el problema desde diferente óptica. Norteamérica ha puesto las sobredosis, pero América Latina los muertos por la violencia y la desestabilización de sus democracias. Por eso se trata de un asunto binacional. La regulación en Colombia no tendría mucho sentido si no se hiciera en los países consumidores. El mercado local es muy pequeño y las bandas criminales seguirían teniendo los mismos ingresos millonarios por transportar la droga de forma clandestina. La regulación, a día de hoy, todavía resulta lejana, pero el hecho de que se debata sobre un tema que hasta hace nada era tabú abre una compuerta. Llegado el día, esos pueblitos colombianos en mitad de la nada podrán decir que fueron pioneros."                  (Juan Diego Quesada, El País, 22/10/22)

26.3.19

La legalización de la marihuana en España crearía un mercado de 5.000 millones...

"(...) Hoy, paradójicamente, algunos de los equipos más punteros del estudio del cannabis en el mundo se encuentran en España, donde, por contra, su uso medicinal y lúdico está prohibido. Y ni el Gobierno saliente ni los anteriores han dado nunca la menor muestra de pretender regularlo. Jamás ha habido una masa crítica de presión política. Ni movilizaciones en la calle. Ni consenso social. Ni liderazgo. 

Una subcomisión parlamentaria propiciada por Ciudadanos y Podemos para promover su regulación ha agonizado en el Congreso antes de nacer. Y mientras, las cosas han comenzado a moverse a nivel mundial. La marihuana está saliendo del armario.  

Sigue siendo una desconocida. Apenas desde los sesenta (gracias al químico israelí Raphael Mechoulam) sabemos que en su estructura dominan dos principios activos: el THC (responsable del colocón) y el CBD (que no es psicoactivo, no sube, pero atesora multitud de aplicaciones terapéuticas).

 “El equilibrio entre ambos es clave para el bienestar del consumidor. Por ejemplo, para no padecer brotes psicóticos, que pueden ser el mayor peligro de esta planta, que, sin embargo, no mata por sobredosis, como la morfina”, explica Manuel Guzmán, catedrático de Bioquímica en la Universidad Complutense de Madrid y un número uno global del cannabis.

 “Cuando lo consumes, es importante saber qué estás tomando, de qué variedad, en qué cantidad y conocer su trazabilidad. Y qué efectos secundarios e interacciones tiene. Y eso se logra con una regulación estricta; con un producto estándar, seguro, controlado y bien envasado y etiquetado. Y de calidad farmacéutica. En España existe un mercado normalizado en torno al cannabis. Pero está desregulado porque es ilegal

 Es la ley más infringida de nuestro país. Y eso es muy peligroso para el que lo adquiere en el mercado negro. Y no sabe lo que toma. Yo hablo, por ejemplo, de los pacientes. De 120.000 personas en España con esclerosis múltiple, epilepsia, cáncer o dolor crónico que se lo autoadministran. Y de los miles que aspiran a hacerlo. Necesitan lo mejor. Y se les está negando. Pero se les recetan opioides. Que matan”.

Lo que tampoco conocía este periodista es que en torno a la imparable legalización de su uso medicinal y recreativo (principalmente en Canadá y Estados Unidos, pero con un creciente uso terapéutico en la UE, desde Italia a Portugal y Alemania) ha surgido un suculento negocio global que prevé mover en 2025 unos 50.000 millones de euros en todo el mundo. Y 5.000 millones en España. 

Alrededor de ese cuerno de la abundancia se está creando una industria que en cinco años ha pasado de la ilegalidad y las rastas a cotizar en Bolsa con capitalizaciones superiores a las de muchos valores del Ibex 35. Y donde las grandes corporaciones de la distribución, alimentación, bebidas, tabaco, fármacos, software, biotecnología y fertilizantes, desde Coca-Cola hasta Philip Morris o Pernod, están tomando posiciones.

Nadie se quiere perder la fiebre del oro verde. Ya no hablamos de camellos trapicheando maría casera o chocolate culero, sino de un nuevo sector económico, entre la industria médica, la del ocio y la del bienestar, que ya cuenta con 75 millones de consumidores legales (la ONU calcula el número de consumidores habituales en algo más de 200 millones) y empieza a disponer de genetistas, químicos, logísticos, contables, abogados, comunicadores, lobbies y fondos de inversión. Olvídense de los fumetas; desembarcan las corbatas.

Puro business. Todo está por hacer. Para empezar, satisfacer la demanda. El punto más débil del nuevo negocio. Al igual que la carencia de equipos de gestión. Y de profesionales con habilidades en cada escalón del proceso, agrícola, industrial y comercial. Las proyecciones de beneficio asimilan los ingresos del negocio de la marihuana cuando alcance su madurez al de la industria cervecera. Los financieros dicen que es la mayor disrupción en el mercado desde el nacimiento de Amazon.

En el redescubrimiento científico de esta planta, el cambio de percepción de la sociedad hacia su uso y su boom económico, ha sido clave la autorización hace tan solo cinco meses de su consumo en Canadá. Es el primer Estado en regularlo en su conjunto (medicinal y recreacionalmente) tras Uruguay (que lo hizo en 2013). Con una diferencia: Canadá, icono de progresismo y modernidad, tiene uno de los mayores PIB del mundo, forma parte del G 8, cuenta con una población de 37 millones de habitantes (de los que 5 millones consumen cannabis) y una cifra de negocio en torno a la marihuana que ya supera los 6.000 millones de euros.

 Su modelo de regulación es más liberal, más enfocado al negocio y la captación de impuestos (que representan la mitad de la facturación) que el estatista uruguayo. El modelo capitalista también domina en EE UU, donde en 33 Estados ya es legal su uso medicinal, y en 10, además de en Washington DC, el lúdico (también denominado adulto). Hoy, el cannabis emplea a 160.000 personas en EE UU.

Canadá no ha perdido el tiempo. Siguiendo el modelo de Noruega en el sector del petróleo. Ya no se trata de bombear crudo o cultivar millones de plantas, sino de crear una industria. “Tener el conocimiento y las patentes (ya hay más de 600 en este negocio)”, como afirma Eduardo Muñoz, catedrático de Inmunología y fundador de VivaCell, una pequeña empresa cordobesa de biotecnología que investiga las capacidades farmacológicas del cannabis en dolencias neurodegenerativas. Esta compañía ha sido adquirida por Emerald, una multinacional canadiense de la marihuana.

Canadá se ha hecho con el control del negocio. Ha alumbrado en un lustro una veintena de corporaciones con una estructura vertical que cubre todo el proceso del negocio del cannabis, desde el científico hasta el agrícola, industrial y logístico: desde el cultivo hasta la recogida, extracción, purificación, manufactura en las distintas presentaciones (flores secas, aceites y cápsulas de gel) y su distribución a través de los dispensarios, farmacias, clubes o páginas web (también de su propiedad).

Todo en manos de un puñado de multinacionales. Nuevos oligopolios. Que crean nuevas variedades botánicas rigurosamente registradas (y que son víctimas incluso del espionaje industrial), adquieren y promueven cultivos desde Colombia hasta Malta y Grecia, y desde Siria hasta Portugal, Andalucía o Murcia (sin olvidar China, con plantaciones del tamaño de 10.000 campos de fútbol), y engrasan su maquinaria para el día en que se legalice el consumo recreacional en todo el mundo y no solo el medicinal (que únicamente representa un tercio de los ingresos).

Será el gran pelotazo. En simbiosis con la industria del tabaco y el alcohol, que cuenta con los canales de distribución; las herramientas de marketing, publicidad y diseño, y los lobbies para cabildear entre los políticos. Y sobrevivir. Como han hecho hasta ahora. Juntos pueden convertir el cannabis en el negocio de la historia.

España se está quedando fuera de juego. “Podríamos ser la gran plantación de Europa, la California del sur”, sentencia Pedro Pérez, presidente de la asociación cannábica La Santa, en Madrid, fundada en 2011, una de las más veteranas y más machacadas por la policía. 

Especialmente a partir de las sentencias del Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional entre 2015 y 2018 contra este tipo de clubes de consumidores de cannabis, que han provocado el cierre de centenares de ellos. “Sabemos cómo hacerlo; tenemos el sol y la tradición y los mejores bancos de semillas, y dimos una lección con nuestras asociaciones, que suponían una apuesta por la regulación responsable, pero seguimos estancados en la prohibición. Puede ser una ocasión perdida”.

La empresa más poderosa del cannabis mundial es Canopy, creada en Canadá en 2014 y con una capitalización bursátil superior a los 15.000 millones de euros. Tiene como principal accionista a la estadounidense Constellation, una de las mayores compañías de bebidas del mundo. Canopy tiene una presencia monopolística en la UE a través de un abanico de pactos y adquisiciones en España, Alemania, Dinamarca y República Checa.

 A continuación, por valor en Bolsa, Tilray, con relaciones con la farmacéutica Novartis y participada por la primera cervecera mundial, Anheuser-Busch InBev. Y detrás, Aurora (la primera productora de marihuana, con 500 toneladas al año), Cronos (en cuyo accionariado está Altria, la propietaria de la tabaquera Marlboro) y otra docena de firmas cuyo valor no baja de la cota de los 1.000 millones. (...)

Ha entrado en juego una nueva raza de profesionales, los breeders, los criadores, los magos de la alquimia cannábica. Son los más anhelados por los oligarcas de la industria, que pagan por ellos fichajes millonarios. Los breeders responden a cada demanda del mercado. A la del gran público, que busca un producto básico, barato, de hipermercado, y a la de un consumidor selecto, los sibaritas de la marihuana, un nicho al que ya se compara con el exquisito sector de las cervezas artesanales.

“Yo pretendo hacer el Vega Sicilia de la marihuana”, explica Sergio González, breeder y responsable de la asociación cannábica Nuestra Señora del Agua, de Zaragoza, y presidente de la plataforma Regulación Responsable, el lobby por la legalización del cannabis, cuyo inspirador es el abogado madrileño Bernardo Soriano.

Sergio González tiene 35 años y una barba de Rasputín; estudió teleco, trabajó en Google y cultiva desde los 17. Mientras hablamos, rodeados de macetas con esquejes de nuevas variedades, fuma rosin, uno de los extractos más puros del cannabis, con una concentración de THC del 80%. Capaz de tumbar a un elefante. Lo produce él mismo. “Yo tengo un perfil comercial. Y trabajo para que esto sea profesional. De cara a la regulación, tenemos en España los conocimientos que nadie posee. Procedemos de la ilegalidad, pero somos necesarios”.

—¿Por qué?

—Porque las corporaciones del cannabis necesitan cubrir una demanda que se les está yendo de las manos. Y no saben cómo hacerlo. Aquí va a pasar como con las tecnológicas y los hackers, que no contaban con formación académica, pero tenían interés, pasión, conocimientos prácticos y se sabían todos los trucos. 

Y al final Telefónica y las otras multinacionales han tenido que contratar a sus viejos enemigos por una pasta. Eso está ocurriendo con nuestros bancos de semillas de Barcelona o Málaga, una veintena de firmas (como Positronics Seeds o CBD Crew) que han pasado de la alegalidad a facturar entre 10 y 20 millones y representar un tercio del negocio mundial de semillas. España se puede convertir en el vivero del mundo.

—¿Tanto?

—El 90% de lo que se vende en los coffee shop de Holanda ya llega de Granada, Almería, Murcia o Cataluña. Y lo de Uruguay se ha desarrollado aquí. Y en Alemania, que no tiene capacidad de producción, están esperando nuestra marihuana. Hay inmensos cultivos ilegales en España. De una docena de hectáreas en Teruel. 

Y de 25.000 o 30.000 plantas en laderas de montes y naves abandonadas. Y parejas a las que les pagan el alquiler y la luz para que cultiven. El negocio está ahí. Hay que darse prisa. El problema es que se lo queden las farmacéuticas. Tenemos que crear en España un modelo de economía social que beneficie a todos y no solo a Wall Street.

¿Cómo debe ser el modelo de regulación del cannabis en España? ¿Debe basarse en los derechos civiles, o en el negocio puro y duro? Con el foco puesto en los ingresos fiscales de la industria, un informe de David Pere Martínez Oró, coordinador de la Unidad de Políticas de Drogas de la Universidad Autónoma de Barcelona, concluye que el Estado español ingresaría hoy más de 3.300 millones de euros anuales en concepto de impuestos y cotizaciones a la Seguridad Social. Esa cifra supera el presupuesto en sanidad de Castilla-La Mancha.

Pablo Iglesias, líder de Podemos, la única formación política que apuesta por la regulación integral, no accede a retratarse con un porro en los labios, pero reconoce que se los fumó en sus años universitarios: “Pero no me sentaba bien. Prefiero unas cervezas. Y no me siento orgulloso. Los del alcohol no les podemos dar lecciones a los de la marihuana. Fumarse un canuto es como entrar en un bar y tomarse una copa. Ni más, ni menos”.

Curiosamente, en los razonamientos de Iglesias para apoyar la legalización en España prevalecen los motivos económicos a los derechos fundamentales. “Tengo claro que va a haber regulación, especialmente si logramos un cogobierno con Pedro Sánchez tras las elecciones. Es un tema trasversal en el que también podría estar Ciudadanos. La legalización médica es de justicia.

 El problema ya no es ese, sino que tenemos que hacerlo antes que otros países. ¡Hacerlo ya! Si somos listos, España podría tener unos grandes ingresos de explotación y fiscales. Se lo arrebataría a los narcos. Y permitiría a la policía dedicarse a otra cosa. España podría ser como Canadá pero en Europa: una referencia. Y lograr que eso favorezca a todos y no a cuatro millonarios farmacéuticos”.

El Gobierno saliente, presidido por Pedro Sánchez, al parecer no ha tenido tan clara la certeza de Iglesias. La legalización no ha estado en su hoja de ruta. Ni de lejos. Ante una reciente pregunta parlamentaria de Ciudadanos al Gobierno a propósito de la posible regulación del uso medicinal del cannabis, el Ejecutivo contestaba que la evidencia científica para la legalización medicinal “es insuficiente y se está esperando a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se pronuncie sobre la cuestión”.

De regulación lúdica, ni una palabra. Y en cuanto a la medicinal, se limitaba a ceñirse a los dictámenes negativos de la Agencia Española de Medicamentos, uno de los organismos más opacos de la Administración, refractario al uso medicinal del cannabis; es decir, a la utilización terapéutica de la planta, en forma de flores o extractos, con receta médica.

 Que no es lo mismo que los medicamentos a base de cannabis, apenas media docena en todo el mundo, de los que solo uno está aprobado en España, el Sativex (para personas con esclerosis múltiple, de la multinacional británica GW Pharma, cuyo tratamiento puede alcanzar los 30.000 euros al año y solo se suministra con receta de estupefacientes).

Situada en un edificio anónimo a las afueras de Madrid y con una plantilla de 600 personas, la Agencia de Medicamentos, que dirige la doctora en Farmacia María Jesús Lamas, está encargada de autorizar todos los medicamentos y vigilar el sector en España. Incluidos los estupefacientes. 

“Nuestro trabajo consiste en determinar la ratio beneficio/riesgo de cada nuevo medicamento que se nos presenta a examen, es decir, que sus beneficios superen a sus efectos secundarios. Y ninguno de los principios activos del cannabis ha demostrado en un ensayo clínico (que puede durar 10 años y costar 1.000 millones) ser superior que su alternativa farmacológica. Hacen falta ensayos. El cannabis carece de evidencia científica. Y no tiene la necesaria calidad, seguridad y eficacia”.

—Pero otros países de nuestro entorno han legalizado su uso, como en Alemania hace un año…

—Que otros hagan lo que quieran. Pero su eficacia no se ha valorado de forma objetivable, medible, reproducible y cuantificable. Algo que sienta bien no tiene que ser necesariamente un medicamento.

—Luego no van a legalizar su uso medicinal…

—No hay evidencia científica que justifique que el cannabis sea un medicamento. Somos un organismo técnico. Y que el Gobierno de turno decida.

Cerrojazo. Se acabó el encuentro. Lo paradójico es que, al tiempo que la Agencia rechazaba de plano el uso medicinal del cannabis, autorizó en octubre de 2016 la plantación de cannabis para su uso terapéutico destinado a la exportación a una compañía española con una larga tradición en la producción de opioides de uso farmacéutico. Es la empresa más importante del mundo en cultivo de adormidera y su transformación en derivados del opio.

 Y su entrada en el sector del cannabis es, de lejos, la operación más importante realizada en España en el negocio de la marihuana. Nació en 1934 importando y transformando opio y en 1973 se convirtió en una industria integral: desde el campo hasta las farmacéuticas. Hoy produce un tercio de la morfina que se consume en todo el planeta. Se llama Alcaliber. Detrás está el millonario Juan Abelló.

Abelló, de 78 años, no concede entrevistas. Pero el ceo de Alcaliber, José Antonio de la Puente, accede. Es la mejor muestra de los nuevos tiempos del negocio del cannabis. No va en camiseta. Se trata de un abogado especializado en finanzas, impecable en su traje gris a medida y con un discurso profesional. 

Desde el verano de 2018 Alcaliber ya no es propiedad de Abelló, sino del fondo británico GHO Capital, domiciliado en las islas Caimán y especializado en las inversiones en el sector sanitario. Sin embargo, en una fulgurante operación paralela, el mismo día que vendió Alcaliber, Abelló fundó Linneo Health, que atesora esa única y preciada licencia otorgada por la Agencia de los Medicamentos para cultivar y producir cannabis en España. Una mina de oro.

En septiembre de 2017 ya había cerrado un acuerdo con la canadiense Canopy, la primera multinacional de la marihuana, para suministrarle durante tres años materia prima y el principio activo purificado del cannabis para usos farmacéuticos. “Es la evolución natural de nuestra empresa; otra línea de negocio”, explica De la Puente. 

“Siempre hemos suministrado a grandes laboratorios. Exportábamos más de un 90%. Somos los más importantes del mundo en opiáceos y ahora queremos serlo del cannabis. Nuestro reto es convertir esa planta con propiedades farmacéuticas en algo estándar para la industria, con destino a Alemania, Canadá y EE UU. Y en el futuro, poner nosotros mismos esos extractos en un espray o una cápsula de gelatina, desarrollar nuestras variedades y hacer el proceso completo”.

—¿Cómo han conseguido el permiso para cultivar cannabis en España por parte de la Agencia, cuando ha denegado más de un centenar de licencias desde 2016 y algunas, como Phytoplant, se encuentra a la espera?

—Somos una compañía industrial farmacéutica, no agrícola, que es lo que abunda en este sector que está naciendo. Somos industria y tenemos plantaciones. Ya contamos con un invernadero del tamaño de ocho campos de fútbol. Pero jugar en este negocio exige una calidad muy grande. Nosotros la tenemos. Es un negocio muy regulado, muy discreto, porque trabajas con un producto atípico. 

Nosotros tenemos experiencia y equipos. Y sabemos hacerlo bajo criterios farmacéuticos de máxima calidad, bajo la certificación GMP (Good Manufacturing Practices). Vamos cinco años por delante de nuestra competencia del cannabis. Jugamos en otra liga.

En marzo de 2018, Linneo Health recibió 1.500 clones cedidos por la canadiense Canopy. Llegaban en unos discretos contenedores con luz y temperatura regulada. La compañía ya ha realizado su primera cosecha, que se encuentra en proceso de extracción y purificación en su planta de Toledo. “A finales de este año nos encontraremos en disposición de entregar a nuestro cliente un producto válido y homologado. El mejor cannabis”.

Su cliente no es exactamente Canopy, sino la filial alemana de esta, la distribuidora de cannabis medicinal Spektrum. En estos tres años de acuerdo con Canopy, Linneo Health aprenderá el negocio y Alemania, que en 2017 legalizó el uso medicinal del cannabis, logrará cubrir una gran demanda, financiada por su seguridad social, que las proyecciones sitúan en un millón de consumidores al año. 

Alemania (con un modelo de regulación medicinal en el que se podría basar España) ha creado una Agencia del Cannabis que no cultiva, sino que selecciona empresas que lo hagan bajo estrictos estándares “y monitoriza el cultivo, producción, cosecha, procesamiento, calidad, empaquetado y distribución del cannabis a los mayoristas, las farmacias y los fabricantes. 

Solo el cannabis de calidad farmacéutica está autorizado para suministrarse a las farmacias”, según el director de la agencia alemana, Werner Knöss.

Carola Pérez tiene 40 años y un enorme triángulo equilátero de cicatrices en su espalda. Es el resultado de 13 operaciones. Desde niña ha convivido con el dolor. Estuvo enganchada a la morfina. Hoy es presidenta del Observatorio Español de Cannabis Medicinal y dirige la Asociación Dosemociones, de usuarios terapéuticos de la marihuana. Cultiva sus plantas y duerme gracias al THC.

 Es el icono de la regulación medicinal en España y la comparan con el papel que tuvo Pedro Zerolo en la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo. A su lado en la lucha, otra mujer, Araceli Manjón-Cabeza, profesora de Derecho Penal y directora de la cátedra Drogas Siglo XXI de la Universidad Complutense de Madrid. Carola Pérez concluye: “El pastel se lo van a repartir las grandes corporaciones. 

Y los que lo han cultivado en la ilegalidad y creado nuevas variedades, y han estado en la cárcel, se pueden quedar fuera en la hora del éxito. El lobby farmacéutico tiene mucho poder. Y la lucha del cannabis no ha sido profesional ni política. Ahora estamos organizados en torno a Regulación Responsable. Y la próxima legislatura se nos tiene que escuchar. No es un capricho. No es cuestión de colocarme. Es mera cuestión de supervivencia”.                 (Jesús Rodríguez, El País Semanal, 25/03/19)

8.3.19

El negocio de la legalización del cannabis, el caso de Canadá

"La legalización de cualquier droga implica conjugar los beneficios frente a los potenciales riesgos que puedan vincularse a la despenalización y la persecución del mercado negro para que los global de productores y consumidores puedan organizarse.

En este caso nos referiremos al cannabis, una droga que poco a poco se está abriendo el debate sobre su legalización. En Estados Unidos diversos estados ya permiten su consumo para uso recreativo y Canadá se abandera como el segundo país (Uruguay fue el primero en 2013) que ha legalizado su consumo recreativo a finales de 2018.

En las siguientes líneas explicaremos cuáles son los objetivos de su legalización y qué consecuencias económicas está repercutiendo en Canadá.

 

Canadá y su legalización del cannabis para uso recreativo


En el caso canadiense, legalizaron el cannabis para uso recreativo en adultos, apenas unos meses, el 17 de octubre de 2018. La legislación establece un nuevo marco para controlar la producción, distribución, venta y posesión de cannabis en Canadá.

Esta ley vino seguida de un análisis por parte de un Grupo de expertos en materia de legalización y regulación del cannabis que elaboraron un documento con las diferentes recomendaciones para impulsar la ley que ha permitido la venta legal de cannabis una vez que se establezcan los controles regulatorios. Dar a los adultos acceso legal ayudará a lograr el objetivo del Gobierno de combatir el mercado negro y mantener los beneficios fuera del alcance de los delincuentes y el crimen organizado.

Su legislación estable un etiquetado en el paquete. El sello tiene características de seguridad para evitar la falsificación, como pasaportes y billetes. Cada provincia y territorio tiene un sello especial de color diferente. Los productos legales de cannabis también llevan el símbolo de cannabis estandarizado y mensajes de advertencia de salud obligatorios para proporcionar información sobre los riesgos de uso.

Para los productores, se necesita estar autorizado por Health Canada para poder cultivar cannabis para la venta. Y, en algunos casos, es posible que también necesite una licencia de la Agencia de Ingresos de Canadá para vender cannabis. Los productos legales de cannabis deben llevar un sello especial.

Como todo proceso de legalización de un producto que anteriormente se encontraba fuera de la ley existe un periodo de transición para productores y consumidores. Después de la legalización del cannabis, en términos porcentuales, las ventas ilegales representaron el 79% del mercado general, menos que el 90% en el tercer trimestre (ese 10% se daba por el cannabis con fines terapéuticos legalizado desde 1999). El desarrollo del mercado legal se vio obstaculizado por la escasez de productos después de que muchas provincias subestimaron la demanda y tuvieron que demandar en el mercado negro.

El negocio canadiense del cannabis

Hay muchas actividades económicas relacionadas con el cannabis. Los hogares compran productos para el consumo. Las empresas de cannabis contratan y pagan a los empleados, compran insumos intermedios como electricidad y servicios de alojamiento, cultivan, procesan y distribuyen productos, invierten en plantas, equipos y la acumulación de inventarios y obtienen excedentes operativos brutos o ingresos mixtos. 

También recaudan y remiten impuestos especiales, impuestos sobre bienes y servicios, impuestos de ventas armonizados recaudados en nombre de los gobiernos. Los gobiernos regulan los productos y en algunas provincias los venden

Todo ello, se refleja en las cuentas económicas nacionales permiten ver esta actividad económica desde tres perspectivas, las de ingresos, gastos y producción. Seguidamente vemos el PIB trimestral de 2018, desde la perspectiva del gasto, desglosado en una estimación de la actividad económica relacionada con el cannabis en el PIB y la parte que excluye el cannabis

Cómo se puede apreciar en la tabla, antes de la legalización del cannabis en el tercer trimestre el PIB vinculado a esta actividad económica era de 7692 millón de dólares canadienses, y tras su legalización, se incorporó mil millones en su actividad hasta alcanzar los 8.636 millones de dólares canadienses.

Deloitte estima que el mercado recreativo solo podría alcanzar los 8.700 millones de dólares canadienses (5.758 millones de euros) al año, con un "impacto económico general" de 22.600 millones de dólares canadienes (que incluye a las empresas que suministran productos relacionados con el cultivo de cannabis, como cultivar lámparas y fertilizantes, fabricantes de vaporizadores y demás).

En Canadá existe una creciente demanda de mano de obra en el sector de cannabis de cinco años de Canadá, donde las aperturas se han triplicado en el último año a 34 de cada 10.000 puestos de trabajo, según el buscador de empleo Indeed.com.

Los productores con licencia de Canadá emplearon a unos 2.400 trabajadores a fines de 2017, según Statistics Canada, y BMO Capital Markets estimó que el empleo en la industria era de alrededor de 3.500 personas cuando la legalización entró en vigencia a mediados de octubre.

Entre ellos, ocho de las compañías de cannabis más grandes de Canadá ahora están reclutando activamente para aproximadamente 1.700 puestos, según datos reclutados por Bloomberg. Muchas compañías dicen que esperan que ese número crezca a medida que expanden las instalaciones de producción después de que Canadá legalizó

Un negocio que España debería explorar

En España, a día de hoy el consumo, el cultivo, la posesión y la compra de cannabis está fuera de la ley a no ser de que se lleve a cabo en un entorno de privacidad y sin ánimo de lucro que quede enfocado únicamente para el consumo propio. En específico no podemos hablar de que sea ilegal, simplemente no está penalizado. Los grandes partidos son reacios a cambiar la legislación, únicamente Ciudadanos y Unidos Podemos hacen hincapié en la legalización del cannabis para usos recreativos. (...)

Liberalizar el negocio que del cannabis se traduce en crear certidumbre para los consumidores a través de un etiquetado que responsabiliza a productores, y ejercería un factor deflacionista en los precios actuales del cannabis por la actual prima de riesgo legal que se establece en cualquier negocio ilícito a través de los mercados negros.

Como hemos visto en el caso canadiense, su legalización implicará un impacto en la actividad económica que tendrá consecuencias en materia de creación de empleos, algo que ningún país debería renunciar y más uno con una tasa de desempleo del 13%."                (Marc Fortuña, El blog salmón, 06/03/19)

25.1.18

Ventajas económicas de legalizar las drogas

"(...) La ilegalización: Un cheque en blanco para las mafias.

No existe nadie más interesado que las mafias para que los Estados establezcan y mantengan leyes contrarias a la legalización de las diferentes drogas. Es un sueño hecho realidad para que cualquier tipo de organización que se dedica al comercio de un determinado producto.  (...)

Fruto de esta prohibición, nacen mafias que se dedican a la producción y distribución de drogas en el mercado negro. Estas mafias operan en zonas determinadas, por lo cual se establece un monopolio.

Los beneficios para un monopolio son claros, se convierte en el productor único, y en consecuencia podrá establecer los precios de distribución y venta sustancialmente más elevados, frente a una alternativa de mercado competitivo en la que múltiples ofertantes estuvieran dispuestos a producir las diferentes drogas.

En el mercado se compite y el más ineficiente quiebra... Sin embargo, en las mafias las reglas de juego son diferentes: Al que compite se le elimina (literalmente). De hecho, es frecuente que las diferentes mafias vivan en convivencia cuando “controlan” un territorio y existan “disputas” cuando una mafia ve que en su territorio ha entrado en juego otra mafia.

En consecuencia, surge un monopolio que recibe beneficios extraordinarios que reinvinvierte en la acumulación de armas o diferentes sobornos para mantenerse como productor y distribuidor en exclusiva. Por ello, aparecen los altos niveles de criminalidad.

Consecuencias económicas de la legalización de las drogas

La consecuencia económica en la legalización de las drogas sería un descenso generalizado de los precios frente a la alternativa del mercado negro ya que muchos empresarios se pondrían a producir, de la manera más eficientemente posible. No obstante, está afirmación es temporal ya que los Estados tienen cierta fijación con estos productos y gravarlos con Impuestos Especiales.

Las mafias no tienen sentido en un entorno de legalización, por lo que su negocio se vería seríamente dañado por el descenso de los ingresos que hundiría parcial o fatalmente la estructura criminal que se genera en su entorno. Veríamos por lo tanto, un descenso en los niveles de criminalidad.  (...)

Desd el punto de vista del Estado, la legalización de las drogas implicaría un ahorro para los contribuyentes, tanto por el coste de la identificación y sanción al consumidor como por la persecución de las mafias.  (...)

¿Qué aprendimos con la Ley Seca?


La prohibición del alcohol en los Estados Unidos duró 13 años desde el año 1920 hasta finales de 1933. Mintras que la intención era reducir el consumo de alcohol eliminando los negocios que lo fabricaban, distribuían y vendían, el plan fracasó estrepitosamente. 


La tasa de mortalidad por alcoholismo se redujo en un 80% en 1921 con respecto a los niveles anteriores a la guerra, mientras que los delitos relacionados con el alcohol disminuyeron notablemente. Sin embargo, siete años después de su entrada en vigor, el total de muertes por licor adulterado se disparó superando las cifras iniciales y hubo muchos más casos de ceguera y parálisis.

Hacer cumplir la ley resultó ser casi imposible con el surgimiento y la extensión del contrabando. La asignación original del Congreso para la aplicación de la ley fue de 5 millones de dólares. Varios años después, el Gobierno estimó que la aplicación de la ley costaría 300 millones de dólares.


La imposibilidad de restringir el contrabando y la inevitable corrupción que lo acompañaba, finalmente condujo a un desencanto público generalizado con la Ley Seca y a su abolición el 5 de diciembre de 1933."              (Marc Fortuña, El Blog Salmón, 19/01/18)

10.11.16

California, Nevada y Massachussets legalizan su consumo recreativo de la marihuana

"(...) A la vez que EEUU elegía al Donald Trump como presidente, tres estados (California, Nevada y Massachussetts) han aprobado mediante voto directo de sus ciudadanos la legalización del cannabis con uso recreativo. En Maine el recuento, sin concluir a las 9.45 hora española, apuntaba a una victoria, mientras el quinto estado donde se votaba, Arizona, tendía hacia el no. (...)

Sin paliativos, fumar marihuana porque sí ya es legal en ocho estados del país norteamericano. Otros cuatro estados (Arkansas, Florida, Dakota del Norte y Montana) también han aprobado el uso medicinal del cannabis, y ya son 29 los Gobiernos regionales que lo permiten. Soplan vientos de cambio para la yerba en EEUU.

California aprobó la medida con un 55% de apoyos, un dato similar al de Nevada y Massachussetts. La proposición 64 permitirá a quien lo desee desde este mismo miércoles fumar en casa y algunos lugares autorizados. Cada ciudadano mayor de 21 años (misma edad que para el alcohol, por ejemplo) podrá comprar, poseer y transportar 28,5 gramos de marihuana, que será gravada con un 15% de impuestos. También se podrán cultivar hasta seis plantas por persona.

El estado del suroeste es sin duda el premio gordo para la industria cannábica. Por un lado, por el impacto económico que generará. El gigante económico –que en 2010 había rechazado la misma propuesta con un 53,5% de votos en contra– tiene 39 millones de habitantes y, si fuera un país, sería la quinta economía del mundo. 

Según los impulsores de la medida, el estado sacará un buen pellizco de la aprobación: los 2.400 millones de euros que mueve el sector actualmente en su versión medicinal, legal desde hace 20 años, pasarían a ser 5.800 millones, según algunos analistas. A nivel del país, la cifra podría subir de 7.000 millones a 22.000 millones.

Por otro, porque más que abrir una rendija para un cambio de actitud global frente a la marihuana, tiraría la puerta abajo. "[Sería] el comienzo del fin de la guerra contra la marihuana", afirmaba antes de la votación Gavin Newsom, vicegobernador de California y exalcalde de San Francisco. "Si California se mueve, pondrá más presión en México y América Latina para reactivar un debate sobre legalización". Dicho y hecho.  (...)"               (eldiario.es, 09/11/16)

12.1.15

La legalización del cannabis daría a Francia 1.800 millones al año

"Francia dispone de una durísima política represiva contra la marihuana que aplica, sin embargo, con cierta laxitud. Sus leyes contemplan altas multas de hasta 3.750 euros y cárcel incluso a perpetuidad por tráfico ilegal y la prevalencia del consumo, sin embargo, es una de las más altas de Europa.

 La Fundación Terra Nova, próxima al Partido Socialista gobernante y en la que figura como personaje destacado el ex primer ministro Michel Rocard, propone legalizar su venta, producción y consumo como monopolio del Estado.

 Los firmantes del análisis plantean diversos escenarios, pero se decantan por esta modalidad siempre que se elevara el precio en un 40% para no aumentar el consumo. El resultado: el tesoro público recaudaría cada año 1.800 millones de euros.

Según los autores del estudio publicado este viernes en la página web de Terra Nova, la prohibición del cannabis ha resultado un fracaso, una idea que se ha abierto paso hace tiempo en la ONU y en diversos países de la OCDE y de América Latina, mientras que la tolerancia social hacia esta sustancia sigue en aumento.

 Los autores -Pierre Kopp, profesor de la universidad de la Sorbona, Christian Ben Lakhdar, de la Universidad de Lille, y Romain Perez, responsable de economía y finanzas de la fundación- recuerdan, además, el alto coste de la represión en Francia: 568 millones de euros anuales. Esta factura disminuiría considerablemente en caso de que el Estado aplicara su propuesta.

El Gobierno de François Hollande, sin embargo, no prevé cambiar su política al respecto. 

 Para analistas de Terra Nova, limitarse a despenalizar el consumo impediría controlar el precio y dispararía la demanda, que calculan en un 16% más de tráfico y un 12% más de consumo. 

Legalizar el cultivo, la venta y el consumo, sin más, generando un mercado legal de libre competencia también reportaría importantes ingresos al Estado (1.700 millones) y reduciría los precios, pero ello conllevaría un aumento del consumo. La opción favorita es, por tanto, la del monopolio estatal, que habría que aplicarlo en fases, permitiendo en un primer estado la competencia ilegal actual hasta detentar el control absoluto atrayendo a los usuarios hacia un mercado legal mucho más seguro.

 La subida posterior de un 40% del precio impediría el aumento del consumo, un cálculo basado en el éxito obtenido por el alza del precio del tabaco, cuyo consumo ha disminuido en un 37% entre 2001 y 2013, a pesar del aumento de la población.  (...)

El gran argumento utilizado para defender la legalización es la alta prevalencia del consumo de cannabis en Francia, a pesar de la dura legislación al respecto. Según los datos del Observatorio Europeo de la Droga, con sede en Lisboa, Francia está entre los de mayor prevalencia de Europa, con un 8,44% de la población entre los 15 y los 64 años. 

La prevalencia en España es del 9,6%, pero lo habitual es que allá donde la permisividad es mayor dicha prevalencia sea menor. Son los casos de Holanda (7%) y Portugal (2,7%). Especialmente preocupante para Francia es que entre los jóvenes de 15 a 24 años la prevalencia se ha disparado hasta el 20,75%, solo por debajo de Dinamarca (23,9%) y ya ligeramente por encima de España (20,70%).

El análisis recuerda que la mera represión, además de no frenar el consumo, promueve de alguna forma las redes mafiosas existentes en torno a la droga. Uno de los problemas de la legislación francesa es que apenas distingue entre cannabis y otros estupefacientes mucho más peligrosos para la salud."              (   El País , París 19 DIC 2014)

4.9.14

Uruguay registra a los primeros cultivadores de marihuana legal

"Los cultivadores de marihuana de Uruguay acuden desde hace días en un lento goteo a las oficinas de Correos para legalizar su situación. Hasta el pasado viernes, eran 54 los inscritos en el fichero electrónico previsto por el Gobierno. 

Al mismo tiempo, las empresas que aspiran a cultivar a gran escala la hierba presentan sus propuestas. Hasta la fecha se han apuntado al concurso público 22 compañías —ocho uruguayas, diez extranjeras y cuatro de capital mixto—. Serán seleccionadas hasta cinco, que tendrán licencia por cinco años (renovable) y tendrán que producir más de una tonelada de marihuana al año.

El autocultivo es uno de los pilares de la ley, que prevé también la autorización a la creación de clubes de marihuana, y tiene como punto más novedoso la venta controlada de la sustancia en las farmacias, que podría empezar a valer a principios del 2015. Para ese entonces se espera una fuerte afluencia a los registros, ya que el autocultivo se limita a los consumidores con cierta dedicación y espacio para las plantas.

Los cultivadores registrados podrán tener hasta seis plantas de cannabis en sus casas y deberán renovar su licencia cada tres años. La empleada de una oficina de Correos del barrio de Pocitos, en Montevideo, calcula que cada día llegan unas seis personas a realizar el trámite. 

Los requisitos son presentar un documento de identidad y una factura que indique el lugar de domicilio del solicitante. Esta trabajadora se dice sorprendida por “lo fácil y natural que está resultando” el proceso. “Lo más curioso es que la mayoría de los que vienen tienen por encima de los 60 años”, añade.

El modelo de negocio de las empresas que aspiran a fabricar cannabis es novedoso a escala mundial. El Gobierno valora la inversión inicial en más de un millón de dólares. El retorno dependerá del precio de venta que determinen las autoridades. 

“Nuestro grupo está compuesto por empresarios uruguayos vinculados al agronegocio, que tienen conocimientos de cultivos protegidos (en invernadero), con 40 años de experiencia como floricultores”, señala Rafael Rünnitz, que trabaja en una de las compañías que se han presentado a la licitación, y que pide no mencionar el nombre del negocio.

La empresa maneja varios escenarios de rentabilidad. Si el Gobierno fija el gramo de marihuana a 0,6 centavos de dólar, sería posible recuperar la inversión en un plazo de 10 a 14 meses, asegura Rünnitz. El objetivo de las autoridades es mantener los precios por debajo de las tarifas del mercado negro.

Una de las preocupaciones de este sector es la seguridad. Existe el temor a ataques por parte del narcotráfico, de modo que algunas propuestas incluyen el transporte de la marihuana en camiones blindados como los que llevan el dinero de los bancos.  (...)

La inversión de otra de las empresas uruguayas que pretenden cultivar el cannabis supera con creces el millón de dólares, y la rentabilidad no se espera antes de los cinco años, asegura su coordinador, Gastón Rodríguez. 

Mientras algunas empresas plantean varias cosechas anuales, el suyo “es un modelo de negocio de producción continua”, que consiste en “un ciclo permanente de trabajo y cosecha, acumulando marihuana para poder entregar cada quince días, tal y como exigen las autoridades”, afirma. “Está en juego toda la industria que puede estar detrás de la planta a nivel mundial. Si esto fracasa en Uruguay, difícilmente se repetirá en otros países”, opina Rodríguez.

La implementación de la ley avanza paso por paso y sin contratiempos, en un país donde el 65% de la población está en contra de la legalización de la marihuana, según un sondeo realizado en julio. En plena campaña electoral, el presidente José Mujica advirtió que la medida “ni por asomo es un viva la pepa”, y que “ante la realidad, mejor que esconderla es tratar de conducirla y agarrar a tiempo los efectos más nocivos que tiene. Espero que algún día el país lo pueda comprender”.             ( , El País, Montevideo 4 SEP 2014)

11.3.14

Colorado recauda 3,5 millones en impuestos, desde enero, gracias a la venta de marihuana

"El Estado de Colorado recaudó en enero un total de 3,5 millones de dólares en impuestos y tasas relacionadas con la venta de marihuana, tanto para su uso médico como recreativo, después de que su comercialización para fines distintos a los terapeúticos se legalizara a principios de año, según informó el Departamento de Hacienda del Estado.

En concreto, las arcas del Estado de Colorado recibieron 2 millones de dólares en enero por los impuestos a la venta de marihuana recreativa, cuya comercialización para los mayores de 21 años sólo es legal desde enero, aunque su uso médico estaba autorizado desde el año 2000.

Por su parte, la recaudación en el mismo periodo relacionada con el uso terapeútico de la sustancia ascendió a 913.519 dólares, lo que eleva el total de impuestos recaudados por venta de marihuana en enero a unos 3 millones de dólares.

Esta cifra aumenta hasta los 3,5 millones de dólares al incorporar las tasas recaudadas por el Estado por comisiones y licencias para la comercialización.

"El primer mes de ventas de marihuana para uso recreativo cumplió las expectativas", indicó Barbara Brohl, directora ejecutiva del Departamento de Hacienda de Colorado, en declaraciones recogidas por la prensa local. "Esperamos apreciar para abril una tendencia más clara en los ingresos e incorporarla a futuras previsiones", añadió.

Durante el pasado mes de enero, las ventas de marihuana para uso recreativo en Colorado sumaron un total de 14,02 millones de dólares repartidos entre los 59 establecimientos con licencia.

La venta de marihuana se ve gravada en Colorado con un impuesto del 12,9%, así como por una tasa especial del 15% cuya recaudación se destinará a la construcción de escuelas estatales, señala The Washington Post."               (Info Libre, 11/03/2014)

9.2.10

La marihuana quiere ser legal

"California evalúa convocar un referéndum para permitir su consumo libre - Calcula que recaudaría 730 millones de euros en concepto de impuestos.

"La mitad de la población adulta ha experimentado con marihuana", calcula Stroup. Igual de importante es la actual crisis financiera y la nueva actitud ante la marihuana de la Administración de Obama. "Muchos legisladores y el público se han dado cuenta de que no sólo no es una amenaza, pues es menos dañina que el alcohol y el tabaco, sino que además puede ser una fuente de ingresos", señala Mike Meno, de la organización Marijuana Policy Project.

En California, donde se ha vivido una seria crisis presupuestaria que ha obligado a realizar severos recortes, no es fácil descartar la idea de obtener millones de dólares en impuestos por las diversas actividades en torno a la marihuana.

Un análisis oficial revela que con un impuesto de 50 dólares (37 euros) por onza (28,3 gramos), el Estado obtendría alrededor de 1.000 millones de dólares anuales (730 millones de euros), cifra que, aunque los críticos consideran inflada, sigue siendo significativa. Se calcula que la marihuana cultivada en California tiene un valor de 14.000 millones de dólares al año. Su comercio en EE UU mueve unos 113.000 millones de dólares anuales (unos 83.000 millones de euros)." (El País, ed. Galicia, sociedad, 08/02/2010, p. 37)