"1.000 días de genocidio. Cuatro palabras que encierran muchas décadas de apartheid
más o menos silencioso, algún conflicto como respuesta a la resistencia
de un pueblo que no quiere ser aniquilado y, sobre todo, una forma de
relacionarse con el mundo muy propia de quienes hoy soplan un millar de
velas por cada noche que se han ido a dormir siendo plenamente
conscientes de que se está cometiendo una limpieza étnica con su
complicidad.
Las autoridades palestinas cifran en más de 73.000 las personas
asesinadas por el sionismo que encabeza Benjamin Netanyahu, mientras que
la cifra de heridos y heridas ronda los 173.500. Los ataques de Israel
han obligado a huir de sus hogares a 1,9 millones de gazatíes, alrededor
del 85% de la población total de la Franja de Gaza, que en 2023 se
estimaba en unos 2,2 millones de habitantes. Y, con el paso de los meses
y los años, la ofensiva se ha ido expandiendo sin pudor ni
consecuencias hacia otros lugares como Cisjordania o Líbano. La realidad
es que el número de víctimas difícilmente se sabrá con exactitud, pero
nadie con un mínimo de información sobre el tema duda de que la cantidad
de personas masacradas supera por mucho las cifras oficiales. Ya en
septiembre de 2025, Francesca Albanese –relatora de la ONU sobre los
territorios palestinos ocupados– advertía de que la cifra real de
muertes podría rondar los 680.000.
CTXT ha mantenido durante todo este tiempo una cobertura fija del
genocidio en su portada y ha ofrecido información de primera mano
gracias al periodista gazatí Mahmoud Mushtaha. El 29 de octubre de 2023
publicamos su primera ‘Crónica desde el infierno’,
y desde ese momento Mushtaha escribió con regularidad para contar al
mundo lo que se estaba viviendo en Gaza. Meses después, en abril de
2024, consiguió huir de allí y pudo retirarse a escribir su libro, Sobrevivir al genocidio en Gaza, un testimonio inigualable del sufrimiento que supone un intento de exterminio.
Eficacia inhumana
El 7 de octubre de 2023, tras el ataque de Hamás, Israel desató sobre
Palestina todo su potencial destructivo. Lo hizo abiertamente, sin
ambages, porque más de siete décadas de deshumanización sistemática
del pueblo palestino lo hicieron posible. Yoav Gallant, entonces
ministro de Defensa, les calificó de “animales humanos” apenas unos días
después de aquel 7 de octubre. Desde ese momento, la limpieza étnica se
ha desarrollado siguiendo criterios de productividad y eficacia propios
de la fabricación en masa capitalista.
El ejército ha puesto en práctica estrategias de exterminio que traspasan todos los límites
La frialdad distópica del sionismo quedó rápidamente plasmada en ‘Lavender’,
un sistema informático que utiliza la Inteligencia Artificial para
configurar listas de objetivos para el ejército israelí. Las primeras
fases del genocidio estuvieron regidas casi exclusivamente por este software
que, según fuentes del servicio de inteligencia de Israel, falla en
alrededor del 10% de los casos y puede marcar objetivos que no tienen
conexión en absoluto con grupos como Hamás.
En estos casi tres años, las investigaciones han arrojado luz sobre
la miseria moral israelí, cuya inhumanidad alcanza cotas del todo
inimaginables. Más allá de la utilización de tecnologías de muerte sin
apenas supervisión, el ejército ha puesto en práctica estrategias de
exterminio que traspasan todos los límites. Una de las más crueles es la
de los ataques de “doble golpe”,
que consiste en volver a bombardear una zona ya arrasada con poco
tiempo de diferencia para asesinar a quienes hayan acudido a socorrer a
las personas heridas.
Otra de las prácticas desveladas por fuentes del ejército israelí
certifica la completa despreocupación por las víctimas civiles. Cuando
no es posible identificar la ubicación exacta de algún militante de
Hamás, la solución es autorizar la matanza de civiles hasta “cifras de
tres números” y gasear los túneles en los que puede haber gente escondida.
Mayor ensañamiento y obscenidad mostraron las FDI en marzo de 2025, cuando asesinaron a sangre fría
a un equipo de rescate de la Media Luna Roja y de Defensa Civil. Los
cuerpos aparecieron maniatados y mutilados, aún con los uniformes
sanitarios puestos. La OMS cifra en más de 1.700 los y las trabajadoras
sanitarias asesinadas en Palestina entre octubre de 2023 y diciembre de
2025. Además, la Oficina de Medios de Comunicación de Gaza denuncia la
destrucción de 34 hospitales, 240 instalaciones sanitarias y 142
ambulancias; un desmoronamiento provocado del sistema de salud que
conlleva inevitablemente muertes que deberían sumarse al saldo genocida
de Israel, aunque no se hayan producido directamente a manos del
ejército.
La información también está siendo masacrada
Este genocidio presenta una característica muy diferencial que, a
priori, debería imposibilitar la impunidad con la que se está
cometiendo. Se trata de la retransmisión en directo, y para todo el
planeta, incluso de las mayores atrocidades cometidas por el régimen de
Benjamin Netanyahu. Si bien el trabajo minucioso de adoctrinamiento
llevado a cabo, al menos, desde los años cuarenta del siglo pasado,
predispone a la población israelí a mirar para otro lado, cuando las
imágenes llegan hasta el último rincón del mundo hay que hacer mucho más
que eso. De ahí el esfuerzo propagandístico y censor de Israel.
El atentado de Hamás el 7 de octubre de 2023 sirvió como caldo de
cultivo a innumerables bulos que demonizaron al extremo no solo a dicha
organización, sino a toda la sociedad palestina. De hecho, varias
organizaciones se dedicaron expresamente a inventar y expandir
desinformación, siempre beneficiosa para las intenciones genocidas del
sionismo. Bebés decapitados, familias torturadas y otras muchas
historias fabricadas para ser especialmente desagradables e impactantes.
El culmen de la operación llegó con la publicación del vídeo ‘Testigos
de la masacre del 7 de octubre’, que muestra, durante casi 50 minutos,
atrocidades, una detrás de otra, sin contexto ni censura para evitar
imágenes sensibles. La estrategia fue un éxito: el entonces secretario
de Estado estadounidense Antony Blinken reprodujo una de estas falsedades como argumento contra un posible alto el fuego, en una sesión del Senado de EEUU el 31 de octubre de aquel año.
El atentado de Hamás el 7 de octubre de 2023 sirvió como caldo de cultivo a innumerables bulos
Según cifras del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ),
hasta el 11 de junio de 2026 Israel había asesinado al menos a 263
trabajadores y trabajadoras de los medios de comunicación. La propia
organización define como pendiente de confirmación el fallecimiento de
otros 130 y califica el genocidio palestino como el evento más letal
para la profesión periodística desde 1992, año en el que empezó a
recoger información al respecto.
Casos como el de Issam Abdallah
demuestran que, lejos de ser algo accidental, la maquinaria de muerte
de Netanyahu tiene a los y las periodistas como objetivo prioritario.
Abdallah, que trabajaba para la agencia Reuters, fue asesinado por el
ejército israelí mientras vestía su chaleco identificativo de prensa en
Líbano. La zona en la que se encontraba había sido sobrevolada por
helicópteros de las FDI durante 46 minutos, lo que certifica que los dos
obuses fueron disparados deliberadamente para intentar acabar con su
vida y la de seis colegas que se encontraban con él.
Hay voces dentro del ejército que reconocen la existencia de un “impulso obsesivo por controlar el discurso público”
y “una cultura organizativa basada en el engaño”. Tanto el Gobierno
como la fuerzas armadas pusieron en marcha un entramado de
organizaciones, pseudomedios de comunicación y perfiles de redes
sociales para tener el dominio de lo que se dice sobre el genocidio.
El hambre, la sed y las enfermedades llegan a donde las bombas no alcanzan
La población palestina está siendo exterminada. Es la única
conclusión viable tras comprobar que, además de los bombardeos y los
disparos cada vez más indiscriminados, Israel se está afanando en matar
de hambre, sed y enfermedades a todos y todas las habitantes de Gaza. De
hecho, la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la
ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado ha presentado un informe muy detallado en el que respalda la definición de genocidio.
Según Médicos Sin Fronteras,
para agosto de 2025 ya se habían dañado dos de las tres vías de llegada
de agua a la Franja, provocando que alrededor de un 70% del agua que
circula a través de ellas se pierda por las fugas. Además, más del 60%
de las desalinizadoras gestionadas por el sector público y las ONG ya no
funcionan por los destrozos causados.
El hambre se ha convertido en una de las principales armas sionistas.
Los bloqueos sistemáticos de la ayuda humanitaria desde el inicio del
genocidio tienen como objetivo la inanición de la población gazatí, y lo
están logrando. De nuevo Médicos Sin Fronteras pone datos a la
catástrofe: más del 25% de las criaturas menores de cinco años y de las
mujeres embarazadas o en periodo de lactancia sufren desnutrición aguda.
La carencia de alimentos se ceba especialmente con las personas más
débiles y con los niños y las niñas. Quienes sufren alguna enfermedad
empeoran con gravedad y las infancias quedan cercenadas por la muerte.
Existen ejemplos descorazonadores como el de una niña de 12 años con
celiaquía que murió de desnutrición por no poder recibir alimentos sin
gluten ni el tratamiento adecuado. En los dos primeros años de
genocidio, hasta octubre de 2025, la Comisión Internacional
Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino
Ocupado ha registrado 151 muertes de niños y niñas por desnutrición.
Quienes no fallecen por la falta de alimentos son tiroteados mientras
acuden desesperadamente a por algo con lo que llenar sus estómagos y
los de sus familias. La “masacre de la harina”
es uno de los episodios más funestos de estos 1.000 días de limpieza
étnica, con más de 110 asesinados en la madrugada del 29 de febrero de
2024 cuando trataban de alcanzar algo de harina de un convoy de
abastecimiento en el norte de Gaza.
Más del 80% de los campamentos de desplazados presentan plagas visibles
La sed, la desnutrición y las paupérrimas condiciones de vida son un
caldo de cultivo excepcional para infecciones y enfermedades de todo
tipo. La destrucción de los centros sanitarios y el bloqueo de los
suministros médicos culmina la operación. El Ministerio de Salud de Gaza
advirtió en mayo de 2026 de que el 47% de los medicamentos esenciales,
el 59% de los suministros médicos y el 87% de los materiales para
pruebas de laboratorio están agotados.
En cifras de la ONU,
desde enero hasta abril de 2026 se registraron más de 70.000 casos de
enfermedades relacionadas con las malas condiciones de los campamentos
en Gaza; y más del 80% de estos campamentos de desplazados presentan
plagas visibles e infecciones de la piel como sarna, piojos o chinches.
Todas estas afecciones van deteriorando la salud de la población y
pueden ser responsables directas de muchas muertes.
La inacción cómplice de los gobiernos del mundo…
La humanidad lleva 1.000 días viendo un genocidio ante sus ojos; es
innegable que sabemos lo que está ocurriendo. Evidentemente, la
responsabilidad de la ciudadanía no puede equipararse en ningún caso a
la que tienen quienes ocupan puestos con capacidad de decisión, que son
los principales culpables de que todo esto siga ocurriendo.
En todos estos meses ha habido algunos posicionamientos y ciertas
decisiones que, visto el impacto que han tenido, no pasan de meramente
estéticas. Por ejemplo, en noviembre de 2024 la Corte Penal
Internacional emitió orden de arresto contra Benjamin Netanyahu y Yoav
Gallant, ex ministro de Defensa. Más de un año y medio después, esto no
se ha traducido en nada.
La República de Sudáfrica abrió un camino de oposición simbólica al
genocidio que algunos Estados, como España, han ido siguiendo. Su querella contra Israel
por la vulneración de la Convención para Prevención y Sanción del
delito de Genocidio de Naciones Unidas supuso un cierto despertar
internacional que, de nuevo, no se ha traducido en nada contundente más
allá de lo discursivo.
Cuando mejor se ha podido detectar la radical impunidad con la que
actúa el Estado de Israel ha sido durante los supuestos acuerdos de alto
el fuego alcanzados. El primero, el 15 de enero de 2025, no impidió al
sionismo asesinar con francotiradores al menos a tres palestinos solo
cinco días después de firmar la tregua. Este acuerdo se terminó el 18 de
marzo, cuando Israel decidió romperlo unilateralmente con un bombardeo
sorpresa sobre Gaza que se cobró más de 400 vidas, más de la mitad de
las cuales eran mujeres, niños y niñas.
Meses después, en octubre, Donald Trump anunció un plan para terminar
con “la guerra”. Si bien entró en vigor el día 9, Israel no ha dejado
de asesinar a población palestina en ningún momento. De hecho, desde esa
fecha se han reportado más de 750 víctimas mortales a manos del sionismo, además de múltiples bombardeos.
Más allá de los ataques directos, Netanyahu sigue profundizando en el régimen de apartheid con medidas como la aprobación de la pena de muerte solo para palestinos en los territorios ocupados de Cisjordania.
… y los intentos de la sociedad civil por evitarlo
Los pocos posicionamientos institucionales que se han podido ver en
los últimos meses están claramente impulsados por un contexto social
cada vez más movilizado. En el transcurso de estos 1.000 días, las
protestas contra el genocidio han desbordado el ámbito de las
organizaciones más politizadas, o específicamente dedicadas a la
cuestión palestina, y se han instalado en una parte significativa de la
sociedad. La asistencia a las manifestaciones en apoyo a Gaza ha ido
creciendo y ha dado paso a acciones más sólidas y con mayor incidencia.
Las universidades también se volcaron en la lucha antisionista
Posiblemente la más mediática haya sido la Global Sumud Flotilla. En agosto de 2025 empezó a configurarse una flota de barcos de todo el mundo
que pusieron rumbo a Gaza para tratar de romper el bloqueo sionista. La
misión terminó el 3 de octubre con el arresto de las 462 personas
voluntarias que viajaban a bordo de las 42 embarcaciones, que habían
sido previamente atacadas con drones. El pasado mes de marzo se volvió a
intentar, con 3.000 personas participantes en más de 100 embarcaciones,
y el resultado fue el mismo: Israel interceptó la flota y detuvo a los y
las tripulantes, en ambas ocasiones con malos tratos y torturas
incluidos.
Las universidades también se volcaron en la lucha antisionista siguiendo el ejemplo de la neoyorquina Universidad de Columbia.
Allí, las movilizaciones y las acampadas en el recinto contagiaron a
otras universidades de EEUU y del resto del mundo. En España fue
especialmente exitosa la convocatoria en la Universidad Complutense de Madrid, que llegó a acumular más de 500 tiendas de campaña durante 31 días, entre mayo y junio de 2024.
Poco más de un año después, activistas proPalestina lograron interrumpir la Vuelta Ciclista a España
en protesta por la participación de un equipo israelí, lo que demuestra
que la movilización sigue activa a pesar de la inacción institucional.
La respuesta de los gobiernos está dejando ver las costuras de un
sistema podrido, que prefiere blindar a un genocida antes que poner en
riesgo intereses económicos y estratégicos. En el Reino Unido, por
ejemplo, el dimitido primer ministro Keir Starmer intentó clasificar a Palestine Action como una organización terrorista.
La dinámica es compartida en todo el mundo, y el Estado español no se
salva por mucho que parezca haberse colocado como punta de lanza del
antisionismo: la extrema violencia mostrada por la Ertzaintza
contra activistas de la Global Sumud Flotilla en el aeropuerto de
Bilbao borra cualquier declaración institucional a favor de los derechos
del pueblo palestino.
Alemania es, quizá, el país europeo más claramente inclinado en favor
de Netanyahu; y allí, en la región de Hesse, el partido conservador CDU
ha presentado un proyecto de ley que sancionará a quienes nieguen el
derecho a existir del Estado de Israel.
En 1.000 días, el proyecto genocida sionista ha ofrecido una
infinidad de pruebas que demuestran hasta dónde es capaz de llegar la
mentalidad colonialista. En 1.000 días, todo el Norte Global –que,
desgraciadamente, son quienes tienen la capacidad de detener esta
masacre– ha aceptado, protegido o promovido un exterminio retransmitido
en directo, certificando que comparte esa mentalidad. Lo que ocurre en Gaza es solo un adelanto
de lo que ocurrirá en otros lugares del mundo cuando el declive de la
hegemonía capitalista occidental y el colapso climático vayan provocando
crisis cada vez más agudas."
(Diego Delgado
, CTXT, 03/07/2026)